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MEMORIA

14 de ENERO al 3 de FEBRERO de 2016

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Nº 2.955 |

José Martí: “Ser cultos para ser libres” Enrique García Rojas. Especial para TP Licenciado en Literatura y profesor de bolivarianismo

“A

sí, armado de amor, vengo a ocupar mi puesto en este aire sagrado, cargado de los soles del mar libre y del espíritu potente e inspirador de hombres egregios; a pedir vengo a los hijos de Bolívar un puesto en la milicia de la paz (…) Deme Venezuela en que servirla: ella tiene en mí un hijo”; son palabras del memorable discurso pronunciado por José Martí, el 21 de marzo de 1881, desde el balcón del prestigioso Club del Comercio de Caracas. El prócer cubano, procedente de Nueva York, llega el 20 de enero y vive seis meses en nuestro país, observa atentamente las costumbres, estilo de vida y todo cuanto estimó sorprendente; durante este tiempo ejerce como maestro, periodista, político y hombre de cultura.

Alterna con los más sobresalientes intelectuales: Cecilio Acosta, Gil Fortoul, César Zumeta, entre otros destacados hombres de letras. De igual manera, el acontecimiento cultural más importante del apóstol cubano fue la publicación de La Revista Venezolana, de la que se editaron dos números, siendo considerada por algunos especialistas como el inicio del movimiento literario modernista. Martí, plenamente dedicado a la organización de la independencia que él llamó «Guerra necesaria», viene a Venezuela con fines políticos, animado por la ayuda económica que procuró el gobierno venezolano a los patriotas cubanos. Cuando el pueblo de Cuba inicia su primera gran insurrección en octubre de 1868, el gobierno de

Antonio Guzmán Blanco favoreció a la expedición venezolana de vanguardia que llega a las costas orientales, el 17 de junio de 1871, comandada por el brigadier cubano Rafael de Quesada; fueron 200 hombres, la mayor parte venezolanos, unas 600 armas, municiones y 40 animales de carga. Los expedicionarios atravesaron los territorios de Santiago de Cuba, Holguín, Bayamo, Las Tunas, hasta llegar a Camagüey, donde libraron el sangriento combate de Sabana de Ciego; las fuerzas españolas, muy superiores, fueron derrotadas. La importancia de esta contribución fue destacada por Carlos Manuel de Céspedes, en nombre de Cuba como Presidente de la República en Armas, expresando: “Venezuela, que abrió a la América Española el camino de la independencia y lo recorrió gloriosamente hasta cerrar su marcha en Ayacucho, es nuestra ilustre maestra de la libertad”.

Martí –de cuyo nacimiento se conmemoran 163 años el próximo 28 de enero– redactó un texto en francés, inconcluso: Un voyage à Venezuela, descripción extraordinaria de nuestras aun latentes riquezas naturales:

“Venezuela es un país rico más allá de los límites naturales. Las montañas tienen vetas de oro, y de plata, y de hierro. La tierra, cual si fuera una doncella, despierta a la menor mirada de amor (…)”

Giuseppe Verdi, resonante Himno a la Libertad Claudia Herrera Sirgo. Especial para TP Socióloga

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talia tuvo múltiples confrontaciones geopolíticas en el devenir de su historia. Diferentes imperios estuvieron mezclados en la conformación de hegemonías que fueron sembrando divisiones más allá de lo territorial mellando la idiosincrasia itálica. La sensación de segmentación y opresión posterior a los poderes de las casas de Borbón y Habsburgo fue horadando el sentimiento de pertenencia aun con mayor fuerza. Este contexto es propicio para comprender parte del éxito de un grande, de un talentoso compositor de la época dorada de la ópera italiana: Giuseppe Fortunino Francesco Verdi (Le Roncole, 10-10-1813 / Milán, 27-01-1901). De familia económicamente sostenible, estudió música siendo apoyado por un comerciante de Busseto, Antonio

Barezzi, posteriormente casándose (1836) con la hija de éste. Inicia su carrera cargado de conocimientos de música antigua alemana e italiana, los cuales le convierten en un

contratos; sin embargo ocurre el fallecimiento de su esposa y sus dos hijos coincidiendo con el fracaso de su segunda obra: Un giorno de regno (1840), generando una crisis depresiva severa que impele el abandono de su vida musical. Afortunadamente cayó en sus manos un libreto que lo inmortalizará:  Nabucco (1842), no sólo

encarnando para los espectadores una suerte de espejo de vida en la despedazada Italia de la época, convirtiéndose en un rotundo éxito como himno para cada patriota, para quienes buscaban un país unido y autodeterminado del imperio austríaco: «Oh mia patria sì bella e perduta!». Era una insignia necesaria, consagrando a Verdi como

compositor cultivador del nacionalismo, la tradición y la esencia de su patria vapuleada por las guerras imperialistas. Presenta en La Scala (Teatro de ópera de Milán) su opera prima: Oberto, conte di San Bonifacio (1839), significando un éxito absoluto que le prodigó de nuevos

porque imprimió nuevos aires a su creador, sino porque la situación política supra mencionada hizo reaccionar al público, despertando un fuerte sentimiento de empatía en el pueblo, ya que el coro del 3er acto, Va, pensiero, basado en el Salmo 137, relata los padecimientos de los hebreos esclavizados,

un emblema patriótico y como un glorioso compositor dramático. Siguió una época en la que sus contratos le exigían generar óperas sin pausa para compensar satisfactoriamente a los dueños de los recintos teatrales. A partir de Rigoletto (1851), Il Trovatore y La Traviata (1853), se marca su soberana

determinación de escribir lo que quería, respetando sus ritmos creadores. Obviamente esto impactó en la cantidad de obras pero cualitativamente agregó atributos impresionantes a las nuevas, que connotaron la revolución de contenidos dramáticos y profundos, trascendiendo la convención romántica típica de la época, como con Aida (1871), de suplicante belleza; posteriormente se dedica a obras de Shakespeare:  Macbeth, Otello y Falstaff. Un accidente cerebro vascular, a los 87 años, apagó su incansable pluma, dejando respaldo económico para una casa destinada a músicos ya jubilados (Casa Verdi). Su entierro fue seguido de un pueblo espontáneo que lloraba y entonaba el coro de Nabucco: «Va pensiero sull'ali dorate». Un asteroide lleva su nombre desde 1982. Fue un extraordinario cronista del momento histórico y un intérprete de la realidad social circundante, Verdi compuso fundamentalmente para su pueblo y no para las élites.

Tribuna Popular 2.955  

14 de enero al 3 de febrero de 2016

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