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POLA no. 3

agosto 2016

Víctor del Moral, A-rtifugio, Lago de Chapultepec, Lecto-escultura 7, 2016

Esa lágrima proviene de la profundidad de mi garganta: su oscilación en descenso se pausa con el espasmo seminal de la marcha de las estrellas a mi boca • Desde la más remota antigüedad, los ojos han servido de tema para poemas, ensayos, proverbios, leyendas, etcétera. • Flores Raras es el nombre del más reciente libro de la escritora Francia Perales, título que fue editado por La Shula Cartonera. • Reacciones a breves situaciones • La ensoñación es un efecto natural de las carreteras. Su tendencia a la ondulación llega a movimientos difíciles de superar por su revés: las autopistas. • Algofilia • ¿Qué es la paz? • Mientrastanto • Despertar a una vida emocionante • ¿Es el arte contemporáneo un bien común? • La sublimación ha vivido su momento. •


La piel del deseo por Elia Martínez-Rodarte

Pompino Esa lágrima proviene de la profundidad de mi garganta: su oscilación en descenso se pausa con el espasmo seminal de la marcha de las estrellas a mi boca… ……………….. Es osa porque trae moño Es imperiosa como el deseo esa osa que pelea con Leonardo Di Caprio: la que le jala una pierna y le desolla la espalda: arriba meneando unas inmensas caderas de peluche como un par de planetas chocando violentos sobre el cuerpo inane de ese desdichado cuero sangriento que se aferra a la tierra arrastrándose y busca enterrar el dolor. ………………………………………………. Coito Cerrar los ojos para estar contigo me hace chocar con las paredes que me acotan a la sombra de tu memoria de lumbre invasora de tu cuerpo contento de ti. …………………………………………….. Son drones los mecos dijiste ante la vía láctea ……………………………………… Saturación (i) beso a mitad del muslo en insistente tránsito hacia la boca de todas las bocas. Un conecte, de los ocho mil, se prende en el clítoris, y ése enciende al otro y al otro y todas las siete mil novecientas noventa y nueve terminaciones nerviosas serán un campo de flores evanescentes gracias a un par de labios que se bajaron a lamer. …………………………………….. ¿Por qué caminas después de que me vengo? Es el agua del amor mixta de nuestras fuentes la que moja a los alegres muslos que la reciben de vuelta. ………………………….. Pero me acostumbré… me desborro de mis labios los besos pajaritos que me diste y no querías darme porque no sabes besar. Yo te besaba porque entendía el idioma de las aves cuyas lenguas están hechas para alimentar y no invaden la boca hasta el ahogo como mientras opones tus besos pájaros picos fuertes.

……………………………… Lesbianeando ash… espejo es mujer con mujer que sale y se revela como es por cómoda: ningún colchón es más blando que el de una mujer que yace con mujer hundidas en su indulgencia. ………….. Tú y yo “Hay cosas que es mejor ignorar” Lenny, en Los Simpson No perderé el tiempo guardando los detalles de esta historia que parece nunca sucedió. Amasamos el amor entre los corchos y copas rotas, muchas, rotos vidrios, como boda griega on acid. Buenas lunas en las cogidas del patio, aguas pródigas en nuestra genitalia y la del cielo que nos inundaba los cuerpos. La lujuria también nos salva de nosotros. ……………….. Esto sí es amor No se la mamo a nadie como a ti No pienso en mamársela a nadie como a ti Tú tienes el mismo dios entre los muslos que Carlos Drummond de Andrade cuando se hala su presuntuosa verga chupada gostosamente. …………… 38 grados sin clima a las 0400 Ciegos mis ojos de sal al desaguarse tu cuerpo encima del mío que desagua en el tapete e inunda el piso de holanes olas sobre el océano vaivén de nuestros barcos de madrugada.


Los espejos del alma por Clarice Lispector

En Sólo para mujeres, ediciones Siruela, traducción Elena Losada. Desde la más remota antigüedad, los ojos han servido de tema para poemas, ensayos, proverbios, leyendas, etcétera. Los de Cleopatra (que se los maquillaba mucho, como las elegantes modernas) eran tan célebres como su nariz y de­ben de haber desempeñado también un papel importante en el cambio de destino de la humanidad. La moda actual —insensata en tantos aspectos—, al menos por lo que se refiere a los ojos, demuestra haber compren­dido su importancia para destacar la belleza de un rostro. En efecto, nunca ha habido tanto refinamiento en el ma­quillaje de los ojos como ahora. Su forma es subrayada y alargada con trazos de lápiz; el rímel, que hasta hace bien poco tiempo se limitaba al negro y al marrón, hoy se en­cuentra en los más variados matices de verde, azul, violeta o gris, y un muestrario de sombras para ojos recuerda la paleta de un pintor abstracto. Pero no sólo eso. Recientemente en París han salido som­ bras doradas y plateadas para la noche. Y Josephine Baker, la famosa cantante y bailarina «café au lait», ha lanzado la moda de pegarse sobre cada párpado una pequeña piedra preciosa. De esta manera, cualquiera que quiera tomarse esa molestia (un trabajo casi de orfebre) podrá exhibir una mirada refulgente... En cuanto a las pestañas postizas, en otro tiempo usadas sólo por las actrices en el escenario o en la pantalla, su uso se está difundiendo cada vez más, incluso de día. Para que los ojos sean bellos, no basta, sin embargo, que sean grandes, que tengan un color especial o que estén ma­quillados con cuidado. Es necesario que en ellos haya algo más. Porque, al ser «los espejos del alma», deben reflejar dulzura, comprensión, inteligencia. En resumen, más importante que los ojos es la mirada.

Aromas de rareza por Melissa García Aguirre

Flores Raras es el nombre del más reciente libro de la escritora Francia Perales, título que fue editado por La Shula Cartonera, como su segunda publicación e ilustrado por el artista visual Carlos Limas. A lo largo de siete relatos, Perales utiliza la narrativa para dirigir un tránsito por cuestionamientos íntimos alrededor del cuerpo, el género y la identidad, constructos que nos muestra atravesados por el paso del tiempo y la transición entre diversas etapas de la vida, pero sobre todo, que se nos narran a través de un deseo de vuelta hacia ese lugar de la infancia donde los roles vinculados al sexo parecían más bien disueltos para ser explorados, que dispuestos para ser ejecutados sin posibilidad de tregua. Leer por primera vez Flores Raras puede hacer que estos cuestionamientos nos lleven hacia espacios entre etapas transitorias de la vida, momentos que guardamos porque representan confrontaciones y hallazgos, o porque se manifestaron como profundas repulsiones, goces o deseos profundos de algo que aún no entendíamos. Espacios que nos mantuvieron suspendi-

das, como fuera del mundo. Estadios en los que la realidad se tornó un misterio, algo lejano y con lo que definitivamente no nos identificábamos. Para mí se trata de un punto exacto. Ese, en el que me di cuenta de que no encajaría nunca en el mundo tal como se fue dado, que nadie debería hacerlo y que todas somos, posiblemente, reaccionarias por naturaleza. Me lleva al momento exacto en el que me sentí, por primera vez, desterrada de mí misma. No creo que todas nos hayamos sentido desterradas alguna vez (por el hecho de ser mujeres), aunque yo me he sentido así en más de una ocasión. Y tampoco es que Flores raras hable del destierro, sino de un tiempo posterior. Del impacto, el descubrimiento y la madurez. Las letras que Perales despliega no sólo representan una mirada hacía estos estadios, sino que plantean una resistencia. Sí, una resistencia a través de tres estrategias principales: la búsqueda de sentidos desde lo personal y lo autobiográfico, el encuentro de estas búsquedas con los sentidos construidos por otras mujeres de la historia y la utilización de imágenes que visibilizan la existencia de una sensación cíclica entre la determinación y la flaqueza, sentimientos que se encuentran en continuo conflicto en la vida de muchas mujeres.

Reacciones a breves situaciones por Margot

Él tomaba café todos los días. A la misma hora. En el mismo lugar. No podía empezar su mañana sin él. Aunque no siempre tomaba el mismo café. Había días que pedía un espresso. Otros pedía un cappuccino (sólo en la mañana como un buen italiano aunque era más mexicano que el nopal). A veces pedía un latte con canela. Un día decidió probar algo nuevo por sugerencia. Pidió un té earl grey con vainilla. Al día siguiente regresó por un café. No era por el gusto del café ni tampoco por la adicción a la cafeína. Era simplemente que llevaba una relación muy íntima y por años con él. El café era su amante. Y éste nunca le fallaba. Disfrazado con endulzantes, jarabes o al desnudo, por años lo acompañó en sus mañanas. Y así, su amor por el café era una atadura, una aventura sin riesgos, un apego.

Dorá Mauer, Seven Twists, 1979. De una serie de 6 imágenes, 20 x 20 cm, Colección de Zsolt Somlói y Katalin Spengler, Budapest.


Crónica de viaje: Xilitla por Brenda Trejo

La ensoñación es un efecto natural de las carreteras. Su tendencia a la ondulación llega a movimientos difíciles de superar por su revés: las autopistas. Pues la velocidad de las carreteras es sensible con las curvaturas del pensamiento. Los demoran. Hay que estar dispuesto a mecerse con las curvas del camino. Mientras el cuerpo está empotrado en el asiento, y si es precisamente el que está junto a la ventana, se extiende una sensación onírica provocada por el movimiento y la luz. Se vuelve difícil reconocer la línea que divide el paisaje exterior del interior. Por otro lado, el continuo oscilamiento del coche o del autobús dispone a la náusea. Y este es un defecto de las carreteras que al mismo tiempo es su virtud, pues para aminorar el mareo, es preciso cerrar los ojos. Respirar profundo. No se puede ser insomne en las carreteras. En este autobús que va hacia Xilitla, los viajeros tienen los ojos cerrados. Desperté a unas horas de llegar a Xilitla. Allá, me dice un compañero de viaje, un extranjero se quedó para plantar orquídeas. Quería hacer un refugio en la Huasteca Potosina. Le pregunto si se refiere a Edward James y me responde que sí. Agrega: alrededor del cuello se colgaba una boa. Por mi escasa imaginación me sorprendió más la palabra refugio que la boa. Es común que en las agencias de viajes que organizan tours hacia Xilitla —este viaje es uno de esos— propongan la experiencia de visitar un paraíso. Si los turistas apreciamos los paisajes ajenos es por la promesa del desplazamiento: cualquier lugar es mejor que el nuestro. Nada más cierto que en los viajes, nos delatamos en las perfectas dimensiones que nos estimulan a salir de nosotros mismos. Los viajes son refugios temporales. Su efecto es el de la fuga. El viajero es un muchacho que escapa de casa. Edward James dejó su casa en Inglaterra y llegó al pueblo de Xilitla y no era ya un muchacho. En 1945 encontró el rancho Las Conchitas o como escriben en los folletos de viaje, Las Pozas: una construcción de concreto entre agua y vegetación que da forma al lenguaje onírico de Edward James. A cuarenta y cinco kilómetros del pueblo. Dentro de la selva tropical potosina. * El hotel se llamaba Dolores. Tuvimos que subir una calle empinadísima para llegar a él. Después de haber estado por nueve horas sentados en un asiento de autobús, teníamos las piernas acostumbradas al reposo de modo que nos temblaron. Además, cargábamos con las maletas. Las mías no tenían rueditas. Tuve que equilibrar el peso en los dos hombros. Página anterior: Tetei Cornejo, Mujer-Pájaro, tinta sobre papel, 2014.

Me dieron la habitación treinta y cuatro. En el cuarto piso del edificio. La habitación era grande y también sus ventanales. Podía ver las casas pequeñas en los cerros verdes. Ahora que escribo estos párrafos me da risa darme cuenta que quiero adjetivarlo todo. Los cerros verdes. Las casas pequeñas. El edredón gris de la cama. Los azulejos rosas del baño. El fresco del aire cuando abro la ventana. Conviene el adjetivo para individualizar. Si las crónicas de viaje todavía interesan es por la experiencia relatada. La del viajero que adjetiva al mundo. El primer “paseo” es visitar Las Pozas. Tuvimos media hora para dejar las maletas, darnos un baño y ponernos bloqueador solar. El pronóstico del clima un día antes advertía lluvias. Falla satelital. El sol hacía un agujero amarillo en el cielo. Le pregunté al guía del viaje si caminaríamos hacia Las Pozas. Me respondió que sí. Yo no sabía que el pueblo de Xilitla tiene casi todas sus calles verticales. Debí haber usado tenis para alpinismo. Me hace falta la experiencia de Perseo quien usa sandalias aladas que lo llevan por el aire. * La paciencia es algo que se aprende al escalar las calles de Xilitla. Seguro es algo que aquí todos aprenden. E. James, por ejemplo, la aprendió en su deseo de plantar dieciocho mil orquídeas y luego verlas morir en una helada. Aquí se estudia la tierra para edificar casas y calles del mismo modo que estudiar el cansancio de las piernas que caminan. Pero no logro imaginar el cansancio de los obreros y artesanos del pueblo que lo ayudaron a sacar un jardín de la tierra. Cuántas rocas tuvieron que cargar sobre estas calles elevadas mientras Milord Edward James calcaba sus imágenes en servilletas de papel durante sus viajes por los cinco continentes. «Calcar: imitar, copiar o reproducir algo con exactitud y a veces servilmente. Define la Real Academia Española.» E. James fue servil ante sus imágenes. Si dibujar es de algún modo planificar y ajustar el pensamiento cuando aparece. Si hay que dimensionar líneas en la hoja en blanco. Para calcar no existe la voluntad. La única lámina que detiene al pensamiento es la piel. * El turismo ha comercializado el deseo de E. James. El costo para entrar a caminar por los pasillos de su casa es de cincuenta pesos por persona. No soy experta en su biografía pero algunas notas en sitios de Internet mencionan su deseo de que sus muros fueran con paso del tiempo unas ruinas desvanecidas. Siendo él gran entusiasta del surrealismo puedo aventurarme a confirmar que el valor de su construcción no estaba en la lógica de la trascendencia sino en lo efímero, bajo la premisa surrealista de que el lenguaje le fue dado al hombre para usarlo como en los sueños: con libertad de las ataduras racionalistas. Si las ruinas desaparecieran no harían más que seguir la línea de los sueños: al despertar no importa no recordarlos pues ello todavía existe pero transfigurado. En la entrada me encuentro una gatita que, me dijo un vendedor de gorras, se llama Rina. Tiene una página de Facebook. Continúa di-


ciéndome el vendedor: muchas personas quieren una foto con ella. La tarde en que visité Las Pozas éramos pocos los turistas. Escuché decir al guía que han esperado al menos dos horas los turnos para entrar.

*

Tal vez hay en el nombre Las Conchitas una relación con el refugio y la casa. Una concha es la casa más pequeña del mundo. Tal como lo pensara Bachelard: un molusco vive para edificar su casa y no para edificar la casa y vivir en ella. Edward James dedicó veinticinco años a una arquitectura sin objetivos. Necesario que así fuera de acuerdo a su alma sentimental y al manifiesto surrealista. Hay pilares y escaleras interrumpidas, habitaciones sin puertas y entre otras construcciones, en la entrada, unas manos que no saludan. Hay esculturas de animales transfiguradas. Las orquídeas muertas son ahora de concreto. No pude encontrar el muro donde está escrito — aseguran algunos— la estrofa del poema “This Shell”. Quizá no es casualidad que haya nueve caracoles en el escudo de Xilitla. Según el historiador Joaquín Meade, Xilitla podría traducirse desde su origen náhuatl a “entre caracolillos”. Edward James no vivió en su casa.

*

No me causaron tanto dolor las ampollas en mis pies para recorrer el pueblo después del regreso de Las Pozas. Fui a la plaza principal donde está la biblioteca municipal y el exconvento San Agustin, lugares que me interesaron para investigar la historia del pueblo. La obvia referencia a la corriente surrealista cuando se habla de este pueblo no me deja satisfecha. Me preguntaba si acaso existe una identidad en Xilitla. Como nos sucede a las personas que a veces creemos no tener identidad o tenerla en exceso pues creemos serlo todo o parecernos demasiado a todo, Xilitla podría estar desarraigada y estar esclavizada al espectro de Edward James. Pero podría ser sólo mi alma convencional y sucede como escribe Claudio Magris en su libro El Danubio: adquirir una nueva identidad no significa traicionar la primera, sino enriquecerla con la nueva. Fue viernes por la tarde. La biblioteca estaba cerrada y también el exconvento. Me senté en una banca en la plaza. Los satélites nunca se equivocaron. Comenzó a llover. Me cubrí debajo de una lona junto a unos niños que vendían fruta. En el pueblo sonaba la lluvia como papel celofán.

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¿Qué es la paz? ¿En qué momento puede perderla una sociedad y por qué razones? ¿Cómo es la cotidianidad sin paz? ¿Qué implica recobrarla? ¿Cómo es la nueva paz posible? ¿Cómo debe asumirse el pasado en tiempos de reconciliación y reconstrucción (perdón, memoria, olvido, reparación, reinserción)? Cartel realizado como una primera aproximación a estas preguntas, Colectivo Estética Unisex en colaboración con Antanas Mockus: político colombiano que retoma estrategias del arte para el ejercicio público, y generador del concepto “cultura ciudadana”.

Algofilia

por Martín Aguilera Romero “Algofilia: tendencia a causar sensaciones dolorosas sobre sí mismo, sin connotaciones eróticas.” En mi defensa nunca se me habló de la posibilidad de tropezar así, cayendo con los cuchillos por delante. Tampoco se me comentó cómo las palabras tienen poder limitado; cómo decir “soledad” no me hace sentir menos solo. Nunca se me dijo de los domingos negros donde uno solo es más hombre solo porque los cuerpos se dilatan naturalmente; o de las piscinas donde uno solo es más hombre solo porque pide ayuda al ahogarse. Y hoy no tengo nada Hoy no tengo qué decir. Podría gritar a las tres de la mañana que el techo se me cae, que las sábanas no me dejan respirar, con la cursilería esa de no dormir y la tontería esa de tomar tragos en las rocas. Podría gritar tsunami, mar abierto, ola de tres metros, cuerpo sin salvavidas, y aún así no me acercaría en lo más mínimo a la sensación de ahogarse. Hay una cierta algofilia en escribir poemas sobre lo dulce del mar mientras pateas con todas tus fuerzas para no ahogarte, y sostienes el papel en el aire para que no se moje, y no sabes si gritar que miren tu poema, que lean tu poema o que te ayuden. Nadie le pide a un náufrago que le cuente a qué sabe el agua del mar. Nadie le pregunta al chaleco salvavidas si se está ahogando.


Mientrastanto por Pau Masiques


Despertar a una vida emocionante (fragmento, publicado en Poetazos)

por Rafael Cárdenas Aldrete

Predicar con el ejemplo Un día estábamos tomando y de repente, muy serio, nos platicó haber soñado que debía dejar la bebida, enderezar su camino y difundir el mensaje, pues su vida podía servir de ejemplo. Poco después, cuando nos lo encontramos, estaba todo partido por el tren y plagado de moscas, divulgando el mensaje por todas partes.

El paraíso

Despertar a una vida emocionante

Ahora estaban juntos y todo ante sus ojos era maravilloso, era el paraíso. Esa noche sería el clímax de la creación. Adán pasó su brazo por los hombros de Eva al tiempo que ella se le acurrucaba. —Sólo un apple pie —ordenó Adán y avanzó el carro a la caja del automac.

Aún no suena el despertador. Llevo tiempo vigilando sus movimientos. Es un villano. Cierro los ojos esperando descansar en los próximos quince minutos lo que no dormí en toda la noche. Quisiera soñar a Juan Pestañas dictándome los pasos para agarrar el sueño, o de perdido el artículo de hoy. Acomodándose los lentes y mostrando con una sonrisa los tres dientes que le quedan, Juan Pestañas me invita a sentarme frente a la computadora. Acepto desconfiadamente. Coloco hojas en la charola de la impresora y me dispongo a teclear. Lo observo caminar pensativamente. Avanza y se acomoda el gorro de dormir. Siento un hormigueo en las yemas de los dedos. Juan se detiene, levanta la mano para rascarse la barba. Nada. Mis dedos duermen plácidamente: “Ojalá Juan acabe pronto para llevar a dormir mi resto” —pienso. Por fin, después de cavilar un buen rato, voltea a verme con expresión de que ha tenido la más brillante de todas las ideas. Se enfila hacia mí: “¡Qué bien, prácticamente ya tengo el trabajo hecho!” — anticipo. Juan Pestañas abre su boca para soltar de su ronco pecho el dictado y lo que sale es un espantoso chirrido. En las siguientes milésimas de segundo, con los ojos bien abiertos y fijos en la penumbra, trato de tomar conciencia de dónde viene ese ruido fierro-contra-fierro. —¡No! —abro aún más los ojos— ¡La basura! Méndigo Juan Sin Madre, sin mi artículo y anoche que no la saqué. Los tenis aprovechan mi desconcierto para correr a esconderse en la obscuridad debajo de la cama. Tropiezo con varios contratiempos más. Ya no los alcanzo. El mastodonte-traga-basura se aleja. Contemplo su marcha desde la puerta, con el pantalón a medio subir y un tenis colgando de mi boca por la agujeta mientras hago un cuatro poniéndome el otro. Así inicia una nueva era. El hombre del futuro se dirige a su cocina para preparar café: “¿Dónde están los pinchis filtros?”. Agazapado en la alacena me domina el pensamiento de que aún tengo sueño. El hombre del futuro se dirige a su habitación por la ruta del baño. A punto de sentarme en la cama recuerdo al despertador. Siento su mirada apuntándome a la nuca. Sé que hace gestos para burlarse de mí. Apenas recuesto mi humanidad para tratar de olvidar a la humanidad que seguramente en estos momentos ni me recuerda, cuando el villano me reta. No hay remedio. Ya estoy despierto. Ahora no tengo dificultades para ir de vuelta a la cocina. Empieza a clarear y ya traigo los tenis puestos. Amablemente el sol me dice que los filtros no están donde los buscaba, sino arriba del refrigerador. Con la taza de café en mano busco unos minutos de los 75 años de paz social para disfrutarlos leyendo el periódico sentado a la mesa. No puedo, no llegó el diario. —¿Cómo habrá amanecido el mundo? ¿Qué nueva tragedia nos espera? ¿Qué se van a poner los niños para ir a la escuela? ¿A quién salvaré hoy? Toda clase de cuestionamientos pasan por mi mente en las mañanas, y más cuando estoy despierto desde tan temprano. Mientras me dirijo a planchar los uniformes que se pondrán mis hijos y despertar a Supergirl para que prepare el desayuno, concluyo que este será otro más de esos días emocionantemente rutinarios para Supermán.

El dilema Una mosca, no importa de qué color, ha quedado atrapada entre el vidrio y la tela de alambre de una ventana. Por su grosor, el espacio entre vidrio y tela le queda muy justo; al volar se da en la cabeza con los barrotes de su nueva prisión y las alas se le doblan en lo transparente del nuevo y limitante cielo. —Estoy en medio de un dilema —re-flexiona mientras camina por la tela de alambre buscando, obviamente, una salida. —Estoy en un gran dilema —insiste la mosca sin dejar de rondar nerviosamente y aspirando el aire libre que la vuelve más ansiosa. Se apetece del paisaje que en sus ojos se multiplica. Restriega las patas frente a su cara como apurando un plan para salir y enseñorearse de todo en el horizonte. —Estoy en un gran, gran dilema: ¿debo continuar o poner fin al armamentismo? Intenta volar, pero ahora estrella su cabeza contra el vidrio y sus alas se desgastan en la tela de alambre. Queremos halloween Los niños Troll están aquí por suerte, pero principalmente para la de los demás. Tenerlos cerca proporciona suerte. Verlos, verlos sonreír, verlos pasar, verlos jugar da suerte. Para su propia satisfacción ellos mismos se saben afortunados. A tal grado lo reconocen que sonriendo frente al espejo se peinan diciendo “la Suerte nos sonríe” y reiteran el gesto. Con todo, la suerte del mundo se les ofrece a manos llenas los días del Niño y en noches como la de hoy, de Brujas. Hay un festín de azúcar, deleite y colores esperándolos afuera. Enseguida que tocan a su puerta escucha una perturbadora, chillante, y aún así, alegre y bien coreada demanda por dulces. Los observa a través de la mirilla. Por reflejo del antojo sus quelíceros salivan abundantemente. La tarántula se saborea mientras desliza sigilosamente el pestillo de la puerta. Química —Ay, no otra vez... ¿Qué no jugamos anoche a tu fantasía del fin del mundo y la única pareja viva con la misión de repoblar el planeta? —Si, pero ahora me visto así por un motivo muy diferente —contesta mientras se levanta la máscara antigás—. El aspecto del fruto que me diste ayer me hizo sospechar que padecemos una retorcida y perniciosa plaga en el árbol de la ciencia del bien y del mal, Eva, y voy a fumigarlo.


Arte en la provincia: ¿Es el arte contemporáneo un bien común? por Erick Vázquez

La pregunta se planteó en el nodo local del Simposio Internacional de Teoría del Arte Contemporáneo XIII, en el espacio independiente No Automático. En la mesa, Marcela Quiroga zanjó la cuestión con un par de decisivos tajos: ¿Es el arte un bien común? Sí y no, pero a fin de cuentas no nos preocupemos porque todos somos polvo de estrellas; Eliud Nava, el coordinador del espacio independiente en donde se reunieron, sugirió que podríamos resolver todos nuestros problemas sacando el total conjunto del quehacer humano del circuito del capitalismo, (Eliud aclaró, del “capitalismo agresivo”, pero hasta nuevo aviso no se ha diseñado en gobierno alguno un capitalismo que entienda de buenas maneras). ¿Porqué habríamos de escapar del capitalismo? Eliud citó al filósofo Adolfo Sánchez Vázquez para soportar la idea de que el ser humano es un ser social, y de que el arte se anula si se vuelve una mercancía. Es una idea netamente romántica -lo cual no quiere decir que sea una mala idea, los artistas románticos tuvieron un montón de buenas ideas, pero de todas ellas la idea de despreciar el aspecto comercial de su trabajo ha demostrado ser la más desastrosa, desde entonces una cifra incalculable de artistas han renunciado a su vocación para engrosar las filas del telemarketing-, aceptar el aspecto comercial del arte no le hizo daño a Rembrandt, ni a Pollock, y ciertamente tampoco a Warhol. El problema entonces no es la capitalización del arte ni si somos polvo de estrellas o no, el problema del arte como bien común es la relación de los artistas con el Estado, por lo menos en México, donde el neoliberalismo aún se distingue un poco de la política. Curiosamente, en la mesa de la CDMX respecto al tema de la cultura como bien común, Dolores Beistegui dijo: “La gestión cultural será ciudadana o no será”, sugirió que podríamos recurrir al “poder suave”, que es el que no está basado en el poder económico o militar, sino en la persuasión y el interés mutuo, del “poder suave” los recursos son las ideas, los valores, la cultura y el conocimiento. Los demás dijeron más o menos lo mismo y ese consenso resulta muy revelador en el sentido de que nadie duda de que el arte sea algo bueno, todos se preguntaron la manera en la que el arte o la cultura como un bien común podría ser posible, ya sea a través de lo gubernamental, lo ciudadano, privado o alternativo, es decir, que sin duda el arte es algo bueno, que debemos protegerlo, arrebatárselo a las garras del capitalismo o las políticas de Estado, lo que ambas mesas en No Automático y en la CDMX demuestran es que la tradición humanista que hizo posible al especismo y a las dictaduras sigue vivita y coleando en sus más brillantes exponentes, un humanismo producto directo de la ilustración francesa, de Diderot y de Voltaire y al que tan rabiosamente se opusieron Nietzsche y los románticos –una de las definitivamente buenas ideas de los románticos fue dudar del sentido común y de la hegemonía de las ciencias- y hasta el mismo Foucault, tan citado últimamente por nuestros más caros intelectuales. Foucault vio muy claramente que la noción de “ser humano” estaba en crisis y esa crisis la veía con buenos ojos porque la única manera de considerar el arte y la cultura como

un bien común, incluso un bien a secas, es si consideramos un ser humano constituido a base de ciertos valores incuestionables, y esa ha sido siempre una puerta abierta de par en par para el paso del poder, un argumento que justo como el religioso ha servido para invasiones y políticas de estado opresivas o si se quiere biopolíticas; además, conociendo a los artistas, ¿a quién se le ocurre que podría encargarle su gato a Richard Strauss? Si algo se ha opuesto a toda noción moderna de utopía y progreso social eso ha sido precisamente el arte. La institución es y ha sido siempre la plataforma para pensar el bien común, y es justamente la noción de institución la que ha sido atacada invariablemente dentro de las prácticas más radicales desde las vanguardias así como las más interesantes del arte contemporáneo. Dentro del nodo de No automático, Rafael Casas-Garza fue muy específico y habló de las esculturas públicas en Monterrey que han sido usadas sin ambages para tratar de instaurar una imagen de Estado muy clara: la del poder y la prosperidad y el mal gusto –eso del mal gusto lo digo yo- con las esculturas de Sebastián, la Puerta de Monterrey, etcétera, pero además es muy interesante lo que señaló en el caso de las esculturas de Antony Gormley que también son públicas pero a diferencia de los otros proyectos no son monumentales, son a escala humana, y el hecho de que las hayan dejado por ahí arrumbadas es un claro signo de la vida pública y la cultura en la ciudad. ¿Es el arte un bien común? La pregunta ha sido respondida ya por la historia: nunca lo ha sido, no fue así en las monarquías, no fue así en la era de los imperios, la única ocasión en la que el arte fue un bien común fue como una extensión del Estado, tal como lo fue en la Alemania del Tercer Reich y la Unión Soviética de Stalin, es decir, dentro del totalitarismo, la única propuesta original como forma de gobierno que produjo el siglo XX, y no deja de ser revelador que una forma de gobierno orientada a dominar la vida privada de los individuos haya estado tan consciente de la importancia del poder del arte como algo no organizado dentro de una política cultural.

Otto Dix. Actualmente en Museo Marco de Monterrey. Exposición Violencia y Pasión, por motivo de celebración del año dual Alemania-México, curada por Ulrike Lorenz.


por Anne Dufourmantelle

“¿El fin del sublime?”

Publicado en Libération el 09 de junio de 2016

La sublimación ha vivido su momento. En su lugar, la pulsión ha aumentado su calidad todopoderosa en un mundo que ya no encuentra ningún limite para satisfacerla. Inmediatez, velocidad, fluidez, convocan a una sociedad sin frustración, o demora. Sea en el espacio público (los temas de actualidad, los sucesos cotidianos, la pornografía normativa, las actitudes “sin complejos”), o sobre el diván (paciente deprimido, descentrado, agitado por las pulsiones que no encuentran una vía fecunda en sí, vertidas en sus “humores” o reprimidas en el mejor de los casos hasta el retorno más o menos violento de esta represión), la sociedad post-industrial y post-traumática de la posguerra admite mal que se “sublime”. Todo lo que atenta a la satisfacción inmediata es percibido como un obstáculo. El sujeto narcisista necesita un campo de acción simple y directo para sus pulsiones, si no, se deprime. La frustración ya no es soportable, encontrémosle entonces y sin cesar nuevos objetos a sus apetitos. La abstracción, el estilo, la precisión se han relegado al enemigo, todas esas cosas que nos hacen “más lentos”. No poseemos ni un libro porque no es inversión o instrumento; la lectura toma tiempo, y no produce más que una mayor capacidad para soñar y pensar. En delante preferiremos pizcas de textos encontrados en la red que darán lo más pronto posible la información ad hoc. La ausencia de estilo en las producciones culturales es tan preocupante como lo son las vidas bajo presión, sombrías y funcionales- tanto más numerosas que las vidas habitadas, queridas. Freud define la sublimación por primera vez en 1905 para dar cuenta de lo que nos lleva a crear espiritual y artísticamente, sin que esa actividad tenga relación aparente con la sexualidad. Su hipótesis es que la pulsión se desplaza hacia una meta no sexual. Dicho de otra manera, se trata de un proceso inconsciente de conversión de la energía –la libido. “La sublimación comprende un juicio de valor (…) el fin de la pulsión es desviado: a diferencia del síntoma, lejos de implicar angustia y culpabilidad, se asocia a una satisfacción estética, intelectual y social.” A la función catártica del acto de creación se añade un beneficio narcisista. Esperar, imaginar, tener esperanza, es hacer frente al caos de nuestros anhelos y preocupaciones dándoles un orden simbólico. Durante mucho tiempo, el sexo, la muerte y sus diversas conjugaciones, pero también el éxtasis, el abandono místico y el pavor han sido puertas que sabíamos abiertas sobre abismos sin los cuales el humano hubiese sido reducido a una animalidad confortable. Para poner en secreto lo que en los tiempos antiguos llamábamos hubris, es decir, “el exceso”, la vida pulsional sin freno, el asesinato incluído, existía esa pareja: represión y sublimación, que operaban sin el consentimiento de nuestra voluntad. Lo que Freud ha expuesto es que la sublimación no era el revés de una represión, sino un hacer, casi un instinto de la belleza. Sí, Freud, explorando esa capacidad del ser humano, hizo un descubrimiento genial cuando designa en la sublimación no una propensión a la fantasía, o al bovarismo del espíritu, sino a uno de los destinos de la pulsión. La pulsión tiene otro talento: inventa, propone, traza arabescos ahí donde todo está cercado. Es la anamorfosis que se revela en la sombra pegada al cráneo, las revelaciones que encontramos en los paisajes. Es el delirio del loco que revela una verdad escondida, inadvertida. La cuestión del delirio es interesante, de hecho, para quien se interesa en la psiquiatría, porque el delirio también es una forma de sublimación. En este sentido, los delirios empobrecidos o condicionados por los medicamentos expresan nuestra forma actual de puritanismo, pues la pulsión de la sublimación es también propia de cada época. Así como el arte zen del tiro con arco, el arte del desorden en el jardín inglés, apelan en el sujeto un consentimiento a pasarse de lo inmediato por la belleza del gesto. Citemos algunos ejemplos de sus conquistas: el arte barroco, el trazo del espíritu, la ecuación matemática, el paso de baile, la corrida. La sublimación, para Freud, era la llave del proceso de simbolización. Articulaba pulsión y lenguaje, afectos y valor. La sublimación no niega la realidad, reconoce la restricción pero hace caso omiso y de paso, inventa un lenguaje. A Freud le gustaba citar las palabras de Pierre François Lacenaire, quien, llamado a ser decapitado al amanecer, había caído tropezándose sobre el pavimento de la corte: “He ahí una semana que inicia mal”. Y Freud, para concluir en el mismo humor: ¡He ahí el perfecto rebasamiento de la neurosis! Sublimar no es evitar la muerte, es pintar un último cuadro antes de la muerte, con ésta ya en la espalda. En la sublimación lo real no está negado, o siquiera evitado, está desbordado. ¿Qué hay en la sublimación de tan peligroso para que pase tan mal momento? ¿El par represión-sublimación, que caracterizaba el siglo XX, estará siendo reemplazado por la negación y el pasaje al acto? Un mundo que logra sublimarse es un mundo que toma una forma, que no es impreciso como la actual confusión general que destina lo nuestro a serlo.

Pola es un periódico esporádico y gratuito impreso en Monterrey, financiado por tresnubesediciones. Las invitaciones a contribuidores, las traducciones y las correcciones están a cargo de Erick Vázquez y Virginie Kastel. El tiraje de este número es de 2 000 ejemplares. Un agradecimiento a F. Moncada y J.L. Cendejas por sus valiosos consejos acerca del diseño de este número.


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POLA No3  

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