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El verano extranjero Carlos Varena

El verano extranjero

T R AV I E S A S D E P O E S Ă? A

Carlos Varena


El verano extranjero © Carlos Varena Colección: TRAVIESAS DE POESÍA Edición al cuidado de: Eloísa Otero Imagen: Rafa Murciego 1º Edición. León (España), mayo de 2014. TAM TAM PRESS (tamtampress.es)

El verano extranjero

Carlos Varena


Mi nombre es Carlos Varena, seudónimo, tal vez homónimo. Soy médico fronterizo, pues me dedico a esa parte del cuerpo que deja de serlo para convertirse en habla. Mi tiempo se reparte así entre emergencias propias y ajenas, donde la poesía es siempre voz superviviente que late y se palpa. Mis versos no explican: como la vida, suceden, prosiguen, pasan.

El verano extranjero

Carlos Varena


El verano extranjero Carlos Varena

El verano extranjero

Carlos Varena


En la paleta del tiempo los nombres del aire y su medida, las exactas formas de lo efímero, con su extraña luz perviven, en una inercia inexorable que en su alternancia nos devuelve el vacío. El rastro se prolonga hasta donde se agota la memoria del sabio. La cifra prosigue y es extensa, como glosa tendida a la orilla del camino saludando al viajero imaginario, o la línea en la cordillera que cae profundamente al olvido. Así se añade el principio de incertidumbre, que circunda valles y límites: también en el blanco encuentra el hombre razones para la historia.

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Carlos Varena


Tu mirada ultravioleta cruza el Egeo como augurio apátrida. Los astros marinos perecen persuadidos de un antiguo fulgor, regresando al ámbito de lo extinguido. En la profundidad del sol el hotel olvido responde sólo de las nieves idas. Todo es húmedo, y plata, y estrago. Yo busco en mis interrogantes manos la inestable extremidad del oleaje. Después, en el equilibrio universo, tu invisible luz se aleja, desterrada de esta penumbra translativa.

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Carlos Varena


Tienes el olvido presente, y es una estancia negra donde nada cabe, una hoja, de tinta toda, ahogada en la plenitud perecida, un rastro de ti que no acontece ya sino en la extinta propiedad del silencio. Tu nombre es una evocación ajena. Pertenece a los arcos del tiempo en torno a tu cuerpo, a la frágil distancia incorruptible que sin embargo traspasas, y así proscribes. Nada te incumbe allí. Sólo el cerrado élitro de otro invierno, rezagado para siempre en la curva de lo ausente. Desconocido transitas, impronunciado devienes. Ahora comparezco ante ti, pasado insólito, clamando en el vacío insomne de tu alma, en la coartada que tu propia sombra guarece, hasta el sorbo último que anega la paz con la tempestad de la boca.

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Carlos Varena


Entre amarte y saber caminar sin tu rostro en cada instante aĂşn mis manos te alumbran y el aire es soĂąar que en mi pecho tiemblas todavĂ­a.

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Carlos Varena


Algunas noches, en la madrugada clara, oigo al farero pasar con su acopio de sueños caídos como leña. Después en el susurro propicio del fuego, mi pecho se entrega hacia estrelladas sendas, o avistamientos de tierra cuando el cielo calla.

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Carlos Varena


Entre tú y yo, en la distancia que salvan tus apartados ojos a contracorriente de los míos, la oquedad resulta irreconciliable, el espacio tiende a ser obstinadamente unívoco. Crece y decrece en su cerco, se anuncia como nave en la gavia de mi frente, y es ave de paso que acaso perdura. En la hora crepuscular que rinde el heliotropo concluyo ensimismado que es la historia la que se inclina y no nuestra propia vida. La envolvente del tiempo es una misma y distante línea de sal que entreteje tu silencio con el mío.

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Carlos Varena


La luz es una estancia abandonada. Con el tiempo hemos cegado las últimas ventanas que sabían nuestro nombre. En la equidistancia heredada no temeremos más la noche: nunca un hombre será más que otro hombre.

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Carlos Varena


La articulaciĂłn primera del lenguaje oral es que tĂş tĂĄcitamente me ames y yo entonces sonoramente quiera de un bocado dejarte sin palabras.

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Hoy tengo ganas de llover. Hoy estoy Trieste.

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Carlos Varena


Que las palabras te asedien hasta el limbo primigenio en que cesa su música. Que el baile corrompa lentamente los mecanismos de la ira, el amor como esa bala mortecina que salió del hambriento corazón de Verlaine. Que exhausto quedes en su callada bóveda, desposeído de la carne hasta el deseo máximo, hasta la exquisita concentración del vacío, y desaparecer.

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Amor es la fortuna de los pioneros en un r铆o que no desemboca. Doble negaci贸n: amor.

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Estatua sin forma la belleza. AnÊmona blanca que el tiempo moldea como el humo‌

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La casa de tu discurso es luminosa como los días de playa sin turistas. Tiene grandes ventanales de adobe que moldean el presente con la línea del horizonte de tus párpados. Toda la paz del mundo nace en la habitación de tus manos. Después tus labios, como gajos, cuando la tarde entornada invita al allanamiento.

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Carlos Varena


Sigo llevando un plano de ParĂ­s en el bolsillo, por si olvido tu nombre o no recuerdo el camino a casa.

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Era pronto cuando salimos del mar. Dijeron entonces que el sol nos secarĂ­a los ojos. Al final era ahogarse de todos modos. Todo lo demĂĄs es historia.

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Donde se pierde la pista de los sintagmas, y todo es onomatopeya evocada, del viento (silbando) bajo las copas, de la techumbre inventada sobre el paso inconexo de los hombres, o el hálito que desdice el agua dispersa de lo conocido. Allí el árbol solitario, testigo del tiempo perenne, haciendo inútiles las preguntas, enmudeciendo como el aire libertado, con la efímera luz de las aristas, en el breve calor que no debe pronunciarse.

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Mi mente pertenece a los sueños del ágora, como estancia finita de un vacío inteligible, golpeada hasta un sonido inmaterial, herida en su acabada luz, edificando su nombre entre mónadas de aire.

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En mi mano la copa se extingue como un sol de otoùo‌ La belleza esclava de otra luz, de un horizonte que no acaba.

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En la habitación última, vencido el claror de la lógica, el bálsamo del viento apura caladas sobre el cuerpo febril. La humedad en los sentidos precipita como la oscura paz de un naufragio. Mi boca es el pávido espejo que renace en la libertad de lo impuro. He de permanecer, devorado en la vacuidad, como efigie del deseo que ardiente embelesa y compasivo consume.

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Carlos Varena


Las horas de la madrugada son altas como Manhattan. La libertad de tus diagonales ojos centellea en mis cautivos รกtomos. El recuerdo de aquella noche escapa como el tren del suroeste por las fugas rasas del armonio.

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El olor verde de la lluvia en las tertulias Contrescarpe sobre luces de tungsteno, o una rúbrica de hielo sobre el candente trópico en la boca del volcán temible. Enciendan sus cigarrillos… ¡Abran juego!

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Carlos Varena


Poemas que son fragmentos de un diรกlogo inconstante misivas desapercibidas por el correo ordinario transacciones del boca a boca.

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Carlos Varena


El órgano libro que expande su lomo con alas que respiran y en la hora tardía se entrega como el fuelle que abate a Ícaro.

El verano extranjero

Carlos Varena


La cĂłpula se dirime en la espesura del tiempo, en el aire inconcluso que propala mi nombre hacia [el estrĂŠpito de la nada, como el fauno imposible que acecha en la lumbre, reconocido en la hora de sus semejantes por la indiscutible luz que no hace sombra. No queda en pie entonces mĂĄs que tu ausencia. Tu cuerpo, agostado, reclinado en el lauro inmarcesible, lejano a mis dedos como palabra pronunciada. Reniego de ti. Te evades en mi mente y eres ida, enmudeciendo largamente en el brillo de la tarde, dejando otra muerte anunciada en esta piel desposeĂ­da.

El verano extranjero

Carlos Varena


La arena era blanca como huesos de ballena‌

El verano extranjero

Carlos Varena


Desconozco el tiempo que podré permanecer en tu memoria. Cuando vuelvas el rostro sentirás impositiva la interlocución de la hojarasca. Para entonces tendré ya la lengua gastada, como el rojo envés de las hayas o el frío en la oscilación de los olmos. Tu huella gravitará brevemente en las ramas hasta el siguiente cinematógrafo.

El verano extranjero

Carlos Varena


SE TERMINÓ DE COMPONER Y EDITAR DIGITALMENTE ESTE LIBRO, EN LEÓN (ESPAÑA) EL 1 DE MAYO DE 2014.

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"El verano extranjero". Carlos Varena