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¡A la lectura!

2. ¿POR QUÉ DEBEMOS PROMOVER LA LECTURA EN EL ENTORNO FAMILIAR? 

El lector no nace, se hace. A pesar de que puede haber una cierta predisposición, ya que existen los gustos y las inquietudes personales, debemos promover y propiciar desde las familias el gusto por la lectura. No hay recetas infalibles, ni pócimas mágicas, pero sí hay sugerencias, estrategias, recetas sencillas y eficaces. El entorno familiar es el elemento natural para despertar el gusto por la lectura y crear hábitos lectores, tanto como para habituarnos a seguir una buena dieta o crear pautas de higiene personal.



Lectura y afectividad. Los lazos afectivos propios del entorno familiar ayudan a crear un clima favorable que no encontramos en otro entorno: las primeras lecturas y los sentimientos están muy unidos. No debemos olvidar que nacemos «leyendo»... leyendo gestos, caras que nos transmiten sentimientos, un pequeño mundo que cada vez se va haciendo más grande. Oímos palabras... palabras, canciones, cuentos que nos abren al mundo, a los sueños y a la vida. Leemos palabras... el mundo, los sueños, la vida, también están en unas cajitas mágicas llamadas libros, donde habitan magos, tesoros, piratas, fantasía, viajes, planetas, plantas, animales, teatros, cuadros... Los primeros años son fundamentales; son los años de los libros sin páginas: la narración de historias, relatos, cuentos, canciones... (los cimientos).

3. PEQUEÑAS ESTRATEGIAS 

Leer en casa.



El gusto por la lectura no se hereda, pero se puede contagiar. Los niños son grandes imitadores. Hay que «predicar» con el ejemplo. La oferta para elegir lecturas es grande: se pueden comprar libros, revistas, periódicos o pedirlos en préstamo a la biblioteca publica.



Valorar la lectura en todas sus manifestaciones.



Mostrar entusiasmo con los avances cuando los niños y las niñas aprenden a leer o escribir (aprender las vocales es una fiesta, así como leer la primera frase seguida o leer el primer libro).



Ayudarlos a encontrar y mantener el placer de la lectura.



Disponer siempre de tiempo para dedicar a la lectura compartida, a la narración de cuentos, a escuchar sus historias, relatos de clase, a que nos lean los cuentos. Abordar estas actividades con ganas y, si es posible, con entusiasmo.



Crear la necesidad y el hábito de comprar libros.



Narrar cuentos que conocemos o cuentos inventados con ellos como protagonistas, mezclando elementos de su realidad inmediata y elementos fantásticos, historias de cuando los mayores éramos chicos.

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Leer cuentos y pedirles que nos lean los cuentos, releer los cuentos favoritos o cuentos que les encantaban cuando eran más pequeños...

A la lectura  
A la lectura  

Animación a la lectura

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