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06-A General

Tijuana

Jueves 26 de julio del 2012

Historia

del padecimiento

Cesar”, tiene 14 años de edad, es originario y residente de esta ciudad, actualmente estudia la secundaria; vive con sus padres y tiene un hermano menor, ambos estudian en la misma escuela. A su corta edad inició con una enfermedad que desconcertó a los padres y alteró la rutina de su vida. Hace siete meses iniciaron los síntomas y estos se presentaron de la siguiente manera: empezó a mostrarse más alegre y platicador de lo habitual, bromista, hacía muchos planes, algunos no muy realistas, y parecía tener más energía. Sus familiares dedujeron que era algo pasajero y que seguramente por alguna razón estaba contento o que tal vez era propio de su edad. Al tercer día empezó a hablar más rápido, pasaba de un tema a otro y lo veían desesperado, quería hacer muchas cosas a la vez y parecía no cansarse, en las noches casi no dormía. Sus padres preocupados, trataron de hablar con él y tranquilizarlo pero fue inútil, contrariamente sólo lograron irritarlo más. Sus progenitores de esta manera recordaron aquellos momentos estresantes: “empezó a principios de diciembre, estaba agitado, desesperado, no podía dormir, no le daba sueño, leía mucho la Biblia y hablaba bien rápido, pero todo se le entendía, incluso se expresaba mejor. Se veía muy activo, contento y con mucha energía. Un día le ayudó a su tío a hacer un pozo, agarró la pala y lo hizo como si fuera una persona adulta, no se cansaba. En la escuela se desesperaba, no estaba quieto, se la pasaba platicando y todos estaban sorprendidos. Cuando los maestros trataban de hablar con él, se molestaba y les gritaba, por eso nos mandaron llamar algunas veces. En las noches se la pasaba despierto y se echaba a correr, se desesperaba y le pegaba al colchón, como que quería llorar y gritaba. Decía que tenía mucho dinero, que conocía a gente famosa y que iba a viajar por todo el mundo, puras cosas fuera de lo normal”. Al no tener control sobre él, los familiares decidieron llevarlo a un hospital público, allí se tornó más agitado, no seguía las indicaciones, gritaba y forcejeaba con el personal, hasta tuvieron que aplicarle medicamentos sedantes y sujetarlo a la cama; esto ante la mirada angustiosa de los padres quienes no alcanzaban a entender lo que ocurría. Estuvo 10 días hospitalizado y a menudo

“Cesar” empezó a estar más inquieto, hablaba mucho y parecía tener mucha energía. Los padres desconcertados, pensaban que se estaba drogando…

TENÍA MUCHA ENERGÍA, creían que estaba drogado tenían que repetir el procedimiento para poderlo contener. Los médicos del hospital pensaron en que había consumido drogas o que tenía una infección cerebral por lo que le hicieron diversos estudios tales como tomografía, punción lumbar (muestra de líquido de la medula espinal), estudios de sangre, de orina y un antidoping, pero para su desconcierto, todo resultó normal. Al no encontrar una causa física, solicitaron valoración psiquiátrica. El especialista del centro le instaló tratamiento al determinar que se trataba de una enfermedad mental. Fue mejorando paulatinamente hasta que lo dieron de alta, aunque no recuperado del todo, pues aun seguía “hablantín” o muy activo. Después que lo egresaron continúo su tratamiento conmigo y dos semanas después estaba recuperado completamente: estaba con un mejor ánimo, tal como solía ser normalmente, ya dormía, platicaba pausado, tranquilo durante el día y sus ideas fuera de la realidad desaparecieron. En la entrevista, al recordar su conducta se mostró contrariado y preguntaba sobre las causas de “su acelere”. Se le explicó sobre su enfermedad, los planes terapéuticos y el pronóstico en su vida. En la actualidad lleva su tratamiento de control y asiste a su escuela sin problema. En su historial, no se encontraron antecedentes de importancia relacionados con su padecimiento. Su

desarrollo infantil transcurrió con normalidad, en la primaria fue buen estudiante, de carácter tranquilo, amistoso, atento con todas las personas –“era un niño normal, nunca tuvimos problemas con él”, afirmó su mamá. Un dato relevante es que su abuela materna padece de trastorno bipolar, toma medicinas y asiste a tratamiento psiquiátrico. El diagnóstico de “Cesar” fue el mismo que su abuela: enfermedad bipolar de inicio en la adolescencia, tal vez por herencia. Este trastorno bipolar, antes llamado enfermedad maníaco-depresiva, es una enfermedad del cerebro que causa cambios del estado del ánimo y del comportamiento. Inicia generalmente al final de la adolescencia o en la etapa de adulto joven y es poco frecuente en la infancia o adulto mayor. Se caracteriza por episodios de depresión (ánimo triste, llanto, baja energía o pérdida del interés e ideas de suicidio), episodios de manía (euforia o alegría excesiva, inquietud, insomnio, hablar mucho, aumento de la actividad física, delirios de grandeza o alucinaciones) y períodos libre de síntomas. Algunas personas tienen un estado bipolar mixto, en el cual se tienen tanto síntomas de euforia como depresivos al mismo tiempo y, existe otra forma conocida como ciclotimia; son cambios de humor como la enfermedad bipolar, pero

menos severos. La existencia de un solo episodio de ánimo alterado es suficiente para diagnosticar un trastorno bipolar, como fue el caso del paciente que presentó un episodio de manía. Cuanto más pequeño es el niño, mayores son las dificultades de llegar a un diagnóstico correcto, pero en los adolescentes, los sínto-

mas suelen presentarse de manera similar a los de los adultos. Para el tratamiento se utilizan medicamentos llamados estabilizadores del humor que ayudan a normalizarlo y previenen recaídas. La terapia psicológica en la fase aguda no ayuda, pero después de las crisis se puede proporcionar soporte para enfrentar su enfermedad y sus consecuencias. En esos casos, es común que el diagnóstico se demore excesivamente y que los pacientes hayan recorrido con varios profesionales para llegar al diagnóstico de este trastorno. El retraso en el tratamiento trae serias consecuencias, como son: empeoramiento de los síntomas siendo más severos y frecuentes, expulsión del colegio, adicción a drogas o alcohol, promiscuidad sexual por su mismo estado eufórico o falta de juicio y alto riesgo de suicidio en la fase depresiva (un 15 % lo consuma). Para los padres, es duro aceptar que su hijo tiene esta enfermedad y que requiere medicamentos, pero deben entenderla y enfrentarla; la información que reciben es trascendental. Es importante recalcar que con un tratamiento adecuado, del apoyo en casa y la escuela, a muchos pacientes con la enfermedad bipolar se les puede reducir la gravedad de los síntomas y mejorar su pronóstico. La educación que reciben es similar a la de otras enfermedades como epilepsia o diabetes y los niños o adolescentes afectados aprenden a manejar y monitorizar sus síntomas mientras crecen. También es importante sensibilizar a los maestros y mantener un contacto continuo; ellos deben ser parte integral del tratamiento y evitar el estigma o discriminación… Los padres del paciente autorizaron la publicación de su expediente, sin embargo se omite el nombre real por fines de confidencialidad. Dudas o comentarios: info@hospitalmentaltijuana.com Derechos reservados HSMT

Dr. Jorge Octavio Maldonado Nodal Médico Siquiatra del Hospital de Salud Mental de Tijuana Éste es un espacio compartido con el Hospital de Salud Mental de Tijuana Tel: (664) 607 9090 www.hospitalmentaltijuana.com


Tenia mucha energia pensaban que estaba drogado