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06-A General

Tijuana

Jueves 5 de septiembre del 2013

Historia

del padecimiento

“K

arina” es una mujer de 25 años, casada y tiene dos hijos pequeños, se dedica al hogar. Su padecimiento inició siete meses antes de que asistiera a consulta conmigo. El síntoma predominante era un temor persistente ante la posibilidad de ser contagiada por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) o morir de SIDA. No podía dejar de pensar en esta enfermedad y adquirir la infección de alguna manera, por este motivo evitaba el contacto en forma exagerada con objetos o personas que ella sospechaba pudieran contagiarla. Relató que este temor al contagio inició poco después de haber utilizado una pinza saca cejas, pues recordó que el esposo de una amiga, quien era adicto a drogas, lo había usado, y pensó: ¿Y si tiene SIDA? Ese día dio inicio su tormento, su duda obsesiva y un gran malestar emocional. Todo lo que estuviera relacionado con la enfermedad le causaba temor y hacía todo lo posible por no tocar objetos como tijeras o cuchillos, y de esta manera evitar el riesgo de cortarse y “contagiarse”. Cuando iba al sanitario limpiaba la taza con mucho papel, se gastaba varios rollos y nunca quedaba conforme de su higiene. Lo mismo ocurría con la ropa o toallas para el baño; no permitía que nadie las tocara. Las manos se las lavaba infinidad de veces al día y evitaba el contacto con otras personas, incluyendo sentir su respiración, pues creía que podía inhalar los virus. Llegó al extremo de evitar cualquier tipo de acercamientos, hasta su propia familia o la de sus hijos; inevitablemente empezó a aislarse ante el desconcierto de su familia. “Karina” estaba cada vez más triste y desesperada, con frecuencia lloraba y a veces se jalaba el pelo con ansiedad. En una de las entrevistas recordó esos momentos y su expresión de angustia o vergüenza, evidenciaron su sufrimiento: “Me lavaba todo el día las manos, como unas 40 veces y no quería que nadie me tocara, ni que usaran mis toallas. Me aislé de mi familia, creía que ellos me iba a contagiar, ni siquiera a mis hijos quería tocar, les decía: ¡Me van a infectar, aléjense!, y entonces mi familia los quitaba. Si alguien me tocaba empezaba a llorar y les gritaba que se fueran. Tampoco me bañaba, duraba hasta una semana sin bañarme por temor a que el jabón estuviera infectado. No quería comer

‘¡TENGO MIEDO DE CONTAGIARME DE SIDA!’ ‘Karina’ se lavaba compulsivamente las manos, evitaba el contacto con otras personas y se aislaba; desarrolló un temor enfermizo al contagio del VIH/SIDA

por no tocar la comida, hasta adelgacé mucho. Mis papás lloraban bastante... todos lloraba conmigo; mi papá me decía: ‘¡Hija, voy a agotar todos los recursos, pero tú te vas a aliviar, voy a vender todo lo que tengo, no me importa quedarme sin nada!’. Un día me llevaron con una curandera y ella me dijo que tenían un mal, que me tenían que llevar a la playa para hacerme como ‘una limpia’ y que me cobraría 3 mil pesos, pero que por sanarme completamente iban a ser 10 mil”. Su esposo, quien la había acompañado a las consultas, fue testigo del grado de descontrol de la paciente. Inicialmente él no entendía lo que pasaba con su mujer. Pensaba, como es habitual, que se estaba volviendo “loca” o que sólo estaba inventando los síntomas para llamar la aten-

ción. Pero al pasar el tiempo y verla cada vez peor la desesperación lo invadió y la relación entre ellos empezó a quebrantarse, aun así, no desistió en su empeño por apoyarla en todo momento. Algunos antecedentes importantes de la paciente: Una semana antes de empezar con sus síntomas, asesinaron a una persona frente a su casa, ella fue a ver el cadáver y se impresionó bastante. Poco después su mascota murió; era un perro que se infectó de parvovirus. A causa de ello, tuvo miedo de contraer la enfermedad del animal y limpió exhaustivamente su casa con cloro. Aunque sabía que el contagio de este virus sólo se da en animales, no pudo quitarse de su mente que ella pudiera enfermar; más tarde cambiaria su temor al contagio del VIH, como se menciono anteriormente. “Karina” fue evaluada si-

quiátricamente y recibió tratamiento con medicinas y terapia sicológica. Siguió bien las indicaciones y fue mejorando paulatinamente. Ahora ya es capaz de bañarse, de tocar objetos metálicos, se lava las manos con menor frecuencia y se acerca con mayor confianza a la gente. La idea del contagio ha disminuido y le preocupa menos la enfermedad, de igual manera, la ansiedad mejoró bastante. Después de evaluarla, determiné que cursaba con un tipo de fobia llamada ‘Sidafobia’, y significa: miedo persistente, anormal e injustificado a infectarse del virus del SIDA. Es una de las tantas fobias que pueden desarrollar algunas personas a ciertas enfermedades, como al

cáncer, diabetes, del corazón, etc. También existen otros tipos de fobias las cuales son comunes: La agorafobia (temor a salir de casa), fobia social (temor a actuar de un modo vergonzoso ante un grupo de personas), acrofobia (miedo a las alturas), fobia a la sangre, a las inyecciones, a los animales, a la oscuridad, entre otros. Para considerarse una fobia, debe reunir dos características: a) la intensidad del miedo es desproporcionado, absurdo e irracional y la persona está consciente de ello, pero no puede controlarlo. B) la persona evita el contacto, generador de su fobia, para no sufrir una crisis de ansiedad a pesar de que su vida se vea seriamente afectada. Comentario final: El miedo normal es una reacción del organismo ante la presencia de algo peligroso o que atemoriza, y es una forma de adaptación en la cual se elige entre afrontar el peligro o huir. En la fobia, el miedo es intenso, irracional y paralizante, y puede cambiar la vida de quien la sufre, limitándolo en todos los aspectos; éstas son las diferencias que marcan el límite entre normalidad y la enfermedad mental. Las fobias son un problema frecuente, hasta siete de cada diez personas pueden padecerlas, aunque la mayoría no son incapacitantes. Y a pesar de la alta prevalencia, son muy pocos los individuos que se atreven a hablar de sus miedos enfermizos o de buscar ayuda por temor a ser señalados de “locos”, o por su misma inseguridad, evaden ser evaluados siquiátricamente. Cualquier fobia que afecte la vida diaria de una persona, como sucedió con “Karina”, debe ser tratada por un profesionista en salud mental. Es importante recalcar que en la actualidad se cuentan con amplios recursos sicoterapéuticos y medicamentosos eficaces y que se ajustan al tipo de paciente y/o tipo de fobia, y más del 95 % de los afectados se liberan de sus síntomas completamente. La mejor manera de superar los miedos, es enfrentarlos. Si usted tiene alguna fobia, no dude en buscar ayuda. ¿Dudas o comentarios? Escríbame: info@hospitalmentaltijuana.com drmaldonadohsmt@gmail.com Derechos reservados HSMT.

Dr. Jorge Octavio Maldonado Nodal Médico Siquiatra del Hospital de Salud Mental de Tijuana

Éste es un espacio compartido con el Hospital de Salud Mental de Tijuana Tel: (664) 607 9090 www.hospitalmentaltijuana.com


Tengo miedo de contagiarme de sida