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10-A General

Historia

Expediente

Jueves 29 de agosto del 2013

del padecimiento

“Juan” tiene 37 años de edad, es originario y residente de esta ciudad, se dedica al comercio y está divorciado de su esposa desde hace más de un año. Decidió buscar ayuda porque desde hacía varios meses cursaba con la sensación de que iba a morir o a caer en la “locura”. El día de su entrevista pude observar a un hombre de estatura media y complexión con ligero sobrepeso. Estaba intranquilo, se movía constantemente y hablaba presuroso, parecía asustado. Aun no terminaba de tomar sus datos generales cuando me empezó a hablar sobre su problema: -“¡Vengo tremendamente mal, creo que ya se me salió de las manos la ansiedad! Se me nubla la vista y siento como que me voy a morir, que ahí voy a quedar. Hace cinco minutos me dio un ataque fuerte, tenía el corazón bastante acelerado y sentía como un escalofrío que me recorría hasta abajo, como si tuviera un miedo tremendo. Hoy ya van tres veces que me dan estas crisis”. Y continuó describiendo, mientras se frotaba las manos con inquietud: “Si voy manejando, me estreso mucho, me sudan las manos de tanta presión y como que mis reflejos se paralizan, mejor me salgo de la carretera. Todos los días ando como zombi y ya nada me importa, nomás estoy pensando en qué momento me va a dar otro ataque, hasta pienso que ya me estoy volviendo loco”. También me platicó que antes de asistir conmigo, había ido con médicos familiares y de otras especialidades. Ellos sospecharon de algún problema cardiaco u hormonal y le habían hecho diversos estudios como electrocardiograma, de la tiroides y otros más de sangre u orina. Hasta le pidieron un antidoping pensando que “a lo mejor se estaba drogando”. Los resultados siempre fueron normales, ante el desconcierto de todos y mayor preocupación del paciente porque las crisis iban en aumento. Pasaron más de dos meses y los días se hacían más difíciles, tormentosos. En los momentos menos esperados empezaba a experimentar los mismos síntomas. Se daba cuenta porque sus manos sudaban, se sentía mareado y el corazón se aceleraba y percibía las palpitaciones. La sensación de ahogo o falta de aire le angustiaba muchísimo y pensaba que iba a morir de un infarto, pero después de cinco minutos se tranquilizaba, sólo le quedaba ese miedo a volver a sentir lo mismo; esto le sucedía varias veces al día. A veces, cuando iba manejando, tenía que orillarse porque temía perder el control, se recargaba sobre el volante y esperaba que pasara la crisis. Algunos médicos le prescribieron vitaminas, medicinas naturales y le decían que no tenía nada, que sólo eran sus nervios. Ya estaba muy desesperado y los síntomas de depresión lo

‘SUFRO DE ATAQUES

DE PÁNICO’

‘Juan’ sentía que le faltaba el aire, sudaba y su corazón se aceleraba; los médicos no encontraban la causa y él creía que iba a morir o se estaba volviendo ‘loco’, hasta que buscó ayuda psiquiátrica iban invadiendo: Se sentía triste, sin ánimo de hacer nada, evitaba salir y empezó a descuidar su trabajo. Le daba vergüenza hablar de ello a su familia o compañeros. “¿Qué les voy a decir, si no sé qué tengo y los médico no me han encontrado nada?”; pensaba reiteradamente. El último doctor que lo vio lo animó a buscar ayuda psiquiátrica y no lo pensó mucho pues quería encontrar alivio a como diera lugar. “Juan” no tiene antecedentes de haber consumido drogas, alcohol ni de otras enfermedades que pudieran relacionarse. Se describió de carácter rígido y aprehensivo, algo obsesivo: -“Soy muy exigente, todo es orden y responsabilidades, muy rutinario en todo lo que hago, haga de cuenta que mi vida es como un hámster en su ruedita”. Al buscar otros elementos que pudieran tener relación con su problema, me habló de la separación de su esposa, situación que le fue bastante estresante y que aún no ha lograba superar. Dijo que ella lo demandó mintiendo falta de apoyo en la manutención de sus

hijos y estuvo en la penitenciaria un par de días. “Juan” salió sin problema porque demostró lo contrario con los recibos que tuvo la precaución de conservar, sin embargo esta situación le resultó humillante, desgastante y le afectó emocionalmente que sus tres hijos vivieran esta experiencia. Finalmente llegaron a un acuerdo legal y en la actualidad él los cuida el fin de semana; se siente bien por ello. Desde la primera consulta le diagnostiqué Trastorno de Pánico. Este trastorno entra en la categoría de los trastornos de ansiedad y se refiere a los siguientes síntomas: Sensaciones repetidas de terror o miedo intenso sin motivo aparente, con síntomas físicos como los mencionados por el paciente. Estos ataques pueden presentarse en cualquier momento y en cualquier lugar sin previo aviso, alcanzando su máxima intensidad a los dos o tres minutos, 10 como máximo. Los pacientes quedan con el temor de volver a presentar otra crisis y luego se cae en un círculo vicioso. Este

miedo puede dominar la vida de las personas y generarles temor para salir de su casa (agorafobia). Se le inició tratamiento con un medicamento del grupo de los antidepresivos y otro para disminuir la ansiedad; ambas medicinas no son controladas ni adictivas. También se le proporcionó terapia de apoyo y se le dio la información necesaria sobre su padecimiento. Se le explicó que “sí tiene algo”, que tiene nombre, causas y que se considera enfermedad porque afectaba la vida de cualquier persona. Siguió las indicaciones y paulatinamente

fue mejorando. Este comentario lo hizo tres semanas después de iniciar su manejo: -“Me siento muy bien, ya casi completamente, ya no ando pensando que me va a dar un infarto o que me voy a volver loco. Ya puedo manejar sin sentir el vértigo, a veces sí lo siento un poco, pero yo mismo pienso que sólo es nerviosismo y que no pasa nada”. Enfermedades físicas, estrés por dificultades económicas o inseguridad, conflictos intrafamiliares, consumo de algunas sustancias sin moderación (café, energizantes, anorexígenos, etcétera), el abuso de alcohol o drogas, entre otras, son algunos de los causantes del trastorno. Hasta hace algunos años se creía que este trastorno no era frecuente y que sólo se trataba de estrés normal o “nervios”; por lo tanto no se le daba la debida importancia. Ahora se ha descubierto que es muy frecuente y que ocasiona serios problemas a las personas cuando no se tratan. Estos pacientes, con frecuencia son llevados a las salas de emergencias pensando que se trata de algo físico, y es común que el personal médico, al no encontrar ningún problema, traten de tranquilizarlos usando expresiones tales como: “no es algo serio”, “es cosa de su imaginación” o “no tiene de qué preocuparse”. Comentarios que pueden desalentar al paciente y generarle más ansiedad al no encontrarle una solución o alivio a su problema. En estos casos, es recomendable decirles que sí tienen algo, que es real su sufrimiento y que se trata de una enfermedad bastante común, la cual va en incremento porque cada día la gente vive con mayor tensión. Es bueno explicarles que se puede tratar adecuadamente y que para esto se requiere medicamentos, no necesariamente adictivos; también se les da la información necesaria sobre dicho padecimiento y cómo prevenirlo; finalmente, cuando existen conflictos o dificultades interpersonales, debe llevar algunos meses de psicoterapia, principalmente la cognitiva-conductual. El pronóstico generalmente es bueno y las personas recuperan su funcionalidad previa. El temor a la burla o la crítica, la idea equivocada de que se van a hacer adictos con las medicinas o que sólo los “locos” acuden con los psiquiatras, siguen siendo los principales factores que atrasan el tratamiento. No dude en buscar ayuda; infórmese.

Dr. Jorge Octavio Maldonado Nodal Médico Siquiatra del Hospital de Salud Mental de Tijuana

Éste es un espacio compartido con el Hospital de Salud Mental de Tijuana Tel: (664) 607 9090 www.hospitalmentaltijuana.com


Sufro de ataques de panico