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06-A General

Expediente

Jueves 11 de octubre del 2012

Historia

del padecimiento

“C

armen”, es una mujer de 73 años de edad, originaria de un pueblo del estado de Sinaloa y residente de esta ciudad desde hace 15 años. Siempre se dedicó al hogar, y pese a su pobreza, pudo criar nueve hijos. Su padecimiento inició hace cuatro años, posterior al fallecimiento de su esposo. Él fumaba bastante y el cáncer pulmonar que padeció, se relacionó con lo mismo. Después de la pérdida de su cónyuge, la vida de la paciente dio un giro que cambió totalmente. Cuatro meses antes de ser evaluada, de manera progresiva fue perdiendo fuerzas en sus piernas hasta que completamente dejó de caminar. Se pasaba los días enteros sentada o acostada, y por este motivo sus hijos la llevaron con varios médicos. Le hicieron todo tipo de estudios sin encontrar las causas de su invalidez, también le recetaron medicamentos como vitaminas o estimulantes del sistema nervioso, sin tener respuesta, contrariamente, fue empeorando porque se negaba a comer y perdía peso rápidamente. Como última alternativa, sus familiares preocupados, decidieron buscarle ayuda psiquiátrica. El día de su consulta observé a una mujer con edad aparente igual a la referida. Venía en silla de ruedas, se veía flácida, casi sin moverse y con dificultad sostenía la cabeza. Su semblante era demacrado y su respirar lento; daba la impresión de estar muy enferma. Pasó a la entrevista y pude tomar una serie de datos en su historial que me dejaron claro cuál era su problema. Se centró a hablar sobre la muerte de su esposo y de cómo le había afectado; no podía evitar el llanto al recordar esos momentos que gran pesar le causaron: “Desde que murió mi esposo, me quedé solita porque mis hijos tenían que ir a trabajar, me sentía muy triste y me la pasaba llorando, casi no comía y no podía dormir, duraba hasta las cuatro de la mañana despierta. Me la pasaba encerrada en el cuarto, con aquel pesar y desespero. Sentía mi cuerpo débil, sin fuerzas y poco a poco empecé a dejar de caminar; mis hijos me llevaban al baño. El más chico me decía de cariño ¡Ándele viejita, yo la voy a llevar al baño, sin pena!”. Nostálgica recordó cómo fue la relación con él: -“Éramos una pareja que nos queríamos mucho. Él era muy dulce, cariñoso, nunca lo miré enojado como muchas parejas de ahora que se dicen cosas. Estuvimos casados durante 50 años, y muy agusto, fui muy feliz con él, no tengo nada que reprochar, sólo amor, cuidados y eso es lo que no se olvida”. “Carmen”, creció en un pequeño pueblo de Sinaloa a lado de sus siete hermanos. Su padre se dedicaba al campo y a la apicultura, a ella le gustaba ayudarle. A los 19 años de edad se casó, y con gran orgullo recalcó: “¡Me casé por la buena, de blanco! No me

FALLECIÓ SU

ESPOSO Y CAYÓ EN DEPRESIÓN “Carmen”, a raíz de la muerte de su esposo, se la pasaba llorando, dejó de comer y dejó de caminar. Casi fallece por complicaciones debidas a su depresión…

fui con él como muchas”. A los largo de su vida han fallecido varios familiares cercanos, y pudo sobrellevar su ausencia. No fue lo mismo con su marido: -“Sí sentí la muerte de mi papá, de mi mamá, de mis tres hermanos, pero la de mi esposo fue más fuerte, esa sí me llegó al corazón…no lo puedo olvidar, pero le estoy echando ganas”. Desde su primera entrevista, se inició tratamiento medicamentoso con antidepresivos y se canalizó a terapia psicológica para ayudarle a sobrellevar la pérdida de su esposo; de esta manera se dio el primer paso en su recuperación. La respuesta al tratamiento fue rápida, al poco tiempo no fue necesario continuar con la asistencia de su familia y en las próximas consultas llegó caminando y con un mejor semblante en su rostro. Tres semanas después, al pregun-

tarle sobre su respuesta al tratamiento, con buen humor dijo lo siguiente: -“Gracias a Dios ahora me siento mejor, ya duermo, hasta voy al parque y le doy tres vueltas. Mis hijas ahora se ríen porque ando caminando y le hago así (ríe y sacude un poco su cuerpo). Cuando volví con la psicóloga, ya venía andando y a ella le dio gusto”. El diagnóstico de la paciente fue Depresión Grave y Duelo no Resuelto. Llamamos duelo a la reacción emocional y física ante una muerte de un ser querido o alguna pérdida (ruptura amorosa, la pérdida de un objeto, entre otros). Como resultado, la persona vive este evento con sufrimiento o tristeza, y puede durar meses en este estado hasta que gradualmente se recupera. Sin embargo, hay personas que viven el duelo en forma permanente y con un profun-

do dolor emocional, es decir, su luto nunca termina. Llegan a sentirse tristes, enojadas, culpables o vacías. Los sentimientos se entremezclan como nunca antes y les cuesta concentrase, comer o realizar las actividades de rutina. Al no alimentarse bien y no tener interés en la vida, se debilitan y dejan de moverse, como le sucedió a “Carmen”. En estos casos, la

intervención de un especialista en psiquiatría y/o psicología debe ser primordial porque pueden morir por las complicaciones. Generalmente se prescriben medicamentos antidepresivos, que ayudan a salir más pronto de este estado, y junto con la terapia, los resultados suelen ser favorables. Se puede decir que se ha terminado el duelo (con o sin tratamiento), cuando la persona es capaz de recordar al fallecido sin sentir dolor, cuando ha aprendido a vivir sin él o ella, y cuando ha dejado de vivir en el pasado para dedicar su tiempo o energía en la vida y con los vivos. En psiquiatría decimos que no hay enfermedades, sino enfermos, es decir, cada paciente tiene sus síntomas particulares de acuerdo a su cultura, creencias o educación, por lo tanto, cada evaluación y tratamiento es diferente. En “Carmen” fue entendible el grado de afectación que tuvo ante la pérdida de su esposo. Ella tenía su propia historia, una identidad y un rol claro en su vida, y al perder a su pareja, perdió todo, sintiéndose sola y confundida. Actualmente sigue mejorando y cuenta con un fuerte soporte de sus hijos, nueras y amistades que le guardan un afecto sincero. El caso de “Carmen” recuerda al de otras parejas, ancianos principalmente, donde muere uno y poco después fallece el otro. “Murió de tristeza” o “se lo llevó”, frases comunes y aceptadas socialmente. La realidad es que estas personas no pudieron enfrentar su pérdida y cayeron en depresión. La depresión no tratada ocasiona serias complicaciones, como pudimos ver en la paciente. Antes esta situación, es necesario brindar la ayuda necesaria. Las personas que han perdido a su pareja, deben saber que, aliviar el sufrimiento y seguir adelante, no significa que tengan que olvidarlos. Volver a disfrutar de la vida, tampoco significa dejar de extrañar a ese ser querido. Y el tiempo que dura el duelo por la persona fallecida, no es el equivalente de cuanto se le amaba… Ayer, 10 de octubre, se conmemoró el Día Mundial de la Salud Mental, con la idea de sensibilizar al público sobre los problemas de salud mental y fomentar el debate sobre los trastornos mentales, inversiones, promoción, prevención y tratamiento. El tema de este año es “La depresión, una crisis mundial”. El Hospital de Salud Mental de Tijuana se une a esta conmemoración brindando conferencias y talleres todos los miércoles y viernes de 8.00 hrs a 14.00 hrs en terapia de las artes, enfermería, autismo, terpaia familiar, psicopatología entre otras. Dudas o comentario: info@hospitalmentaltijuana.com

Dr. Jorge Octavio Maldonado Nodal Médico Siquiatra del Hospital de Salud Mental de Tijuana

Éste es un espacio compartido con el Hospital de Salud Mental de Tijuana Tel: (664) 607 9090 www.hospitalmentaltijuana.com

Falleció su esposo y cayó en depresión.  
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