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06-A General

Expediente

Jueves 19 de septiembre del 2013

Historia

del padecimiento

“E

n esta ocasión voy a exponer el caso de un hombre cuyo estado emocional recientemente se afectó sobremanera, a tal grado que deseó morir, perdió el contacto con la realidad y finalmente terminó internado en el Hospital Mental. “Eduardo” tiene 44 años de edad y es originario de Tijuana. Está casado, tiene cuatro hijos, todos menores de edad y se dedica al comercio, actividad que ha desarrollado la mayor parte de su vida. Antes de detallar su padecimiento, expondré algunos antecedentes de su historia de vida; datos por demás relevantes y que explican, en cierta medida, el riesgo que tenía de desarrollar una enfermedad mental. No tiene buenos recuerdos de su etapa infantil. A su padre lo recuerda como un hombre autoritario, estricto o demasiado exigente: “Quería que no dijéramos malas palabras, pero él sí las decía. Desde muy pequeños nos ponía a trabajar, ‘¡órale cabrones, ya es hora, levántense!’, nos decía en la madrugada. Cuando hacíamos algo indebido, nos golpeaba con un cinto sin misericordia… antes le guardaba rencor, pero ya lo perdoné, yo me imagino que también él me perdonó”; expuso el paciente, sin poder ocultar ese rencor que dijo ya no tener. De su madre no habló mucho, sólo comentó que ella era “muy sumisa”, refriéndose a que era muy callada y parecía resignada a los maltratos o golpizas que le propinaba su padre cuando llegaba ebrio; ellos se separaron cuando el paciente tenía 26 años de edad. Con dificultades terminó la secundaria. No siguió estudiando porque en casa era lo que menos importaba; trabajar y aportar para los gastos era una regla que su padre había impuesto. Recuerda que solía ser un niño muy tímido, inseguro y enfermizo. Aún de grande, dice que su carácter es aprensivo, preocupado de padecer alguna enfermedad y siempre les ha tenido mucho temor a los médicos; su madre era igual, seguramente le transmitió sus inseguridades. Se casó joven, como a los 20 años. La relación duró poco, tres años aproximadamente, cuando ella decidió abandonarlo. Dijo que al principio vivían bien, se querían, se respetaban y planeaban estar siempre juntos, pero al poco tiempo ella empezó a cambiar: “Ya no quería atenderme en todos los aspectos, ni siquiera como hombre, pues no quería tener relaciones, decía que ya no me quería, pero yo me aferraba. Discutíamos mucho, la llegué a golpear y hasta a la cárcel fui a parar. Me desesperaba,

EL ESTRÉS LO LLEVÓ

AL SIQUIÁTRICO

“Eduardo” experimentó una serie de situaciones estresantes que le generó depresión grave, ansiedad y perdió el contacto con la realidad hasta que fue hospitalizado yo pensaba que el matrimonio era para toda la vida”. Procrearon un hijo, al cual, después de separarse lo veía a escondidas pues ella no aceptaba que se contactaran. Esta serie de situaciones orilló a que el paciente por primera vez experimentara una depresión en grado severo; fue la primera vez que por su mente cruzó el pensamiento de morir. Sin recibir tratamiento, progresivamente fue adaptándose y a sentirse mejor, pero tardó más de un año: “Quedé lastimado por lo que me pasó, tengo como una herida, pero ya no siento nada por mi ex pareja”. La relación con su pareja actual había sido estable, con armonía y buena comunicación. Su esposa lo describió como un hombre de familia, preocupado por su bienestar y de fuertes creencias religiosas. Durante más de 20 años habían estado estables, hasta que la crisis actual desestabilizó el ambiente familiar. Fue a principios del presente año que tuvo nuevamente síntomas depresivos, pero esta vez muy graves, alterando su vida y la dinámica familiar. La causa estuvo relacionada con una serie de situaciones estresantes para el paciente, tal como él lo relató: “En enero fui a intentar sacar mi pasaporte y me lo negaron, se me vino una depresión, pues tenía ilusiones de ir a conocer Estados Unidos, ir a conocer nada más. Poco después me robaron mi

carro con todo y mercancía. Para colmo, después compré otro auto, pero le falló la transmisión y gasté mucho dinero para poder repararlo. Empecé a sentirme mal, estresado, con desesperación y muy deprimido. Empezaron a surgir recuerdos de mi infancia y pensamientos de que estaba apartado de Dios, en pecado. No podía dormir, ni comer, entraba y salía de la casa, como que no hallaba mi lugar. Empecé a oír voces, no sabía si eran voces de otras personas o era mi propio pensamiento. En los siguientes días casi no salía, tenía miedo, como si algo me fuera a pasar”. Dijo no recordar otras de sus conductas, pero sí sabe que estuvo grave y recuerda cuando lo trajeron al Hospital. Su esposa, quien estuvo todo el tiempo cerca de él, recordó perfectamente los cambios que tuvo y que tanta angustia le causaron: “Se miraba alterado, con la mirada como de enfado, molesto y empezó con falta de sueño, tenso, como cuando uno no descansa, se encerraba en su cuarto y comía muy poquito. Su estado de ánimo le cambió totalmente. Normalmente era muy amiguero y se hizo muy apartado. Y yo le decía: ‘¡Andas tomando drogas o de seguro andas con otra mujer y por eso estás así!’, pero no, él no toma ni usa drogas y siempre ha sido muy de familia. Nosotros no hemos tenido

problemas de ningún tipo, él es muy cariñoso, no me puede ver enferma porque se preocupa demasiado. Me sentí muy insegura porque nunca lo había mirado así, es algo que no te esperas, no sabes cómo manejarlo”. Y continuó con su relato, sin poder evitar que algunas lágrimas asomaran por sus ojos; era claro que los recuerdos revivían su angustia. “Un doctor que conocemos de muchos años le dio relajantes para que durmiera, pero él cada vez seguía más inquieto, con una enorme preocupación en su rostro. Una vez se despertó en la madrugada, eran como las tres de la mañana, y empezó a arreglar papeles para sus hermanos, como si ya se fuera a morir. Eran papeles como de la casa, para dejarnos protegidos y empezó a despedirse. Dijo que ya no quería vivir porque no quería que sus hijos lo estuvieran viendo así y no permitía que ellos se le acercaran. Ese día ya no

durmió y por la mañana me acompañó a llevar a la niña a la escuela. Después de dejarla, me dijo que quería caminar, traté de que no lo hiciera y se tomara sus medicinas, pero no hizo caso. Se fue y después terminó perdido, caminó por varias colonias, tardamos casi dos horas en encontrarlo. Cuando lo encontramos, se le miraba la cara como si anduviera ‘bien arriba’, como ido y se puso bien agresivo. Entre dos amigos de él, quienes me habían ayudado a buscarlo, lo subieron al carro y lo llevamos a una clínica. Ahí nos dijeron que mejor lo lleváramos al hospital siquiátrico porque ellos no tenían personal especializado”. “Eduardo”, ante la gravedad de sus síntomas y del temor de su familia de que empeorara, fue internado. Estando hospitalizado, se le practicaron entrevistas de evaluación, pruebas sicológicas y se le asignó un sicólogo para que diariamente le brindara terapia. Las medicinas también jugaron un papel importante, pues se le prescribieron antidepresivos y fármacos para disminuir la ansiedad y ayudarle a dormir. Su diagnóstico fue muy claro desde el principio: Depresión grave con síntomas sicóticos. A los pocos días recibió visita de su familia hasta que finalmente fue egresado por mejoría clínica. Su depresión y ansiedad remitió, desaparecieron las “voces”, los pensamientos de querer morir ya no estuvieron presentes, contrariamente, estaba más motivado y empezaba a hacer planes, tal como él mismo lo remarcó: “Quiero salir para seguir trabajando, y junto con la familia, abrir un negocio de una tienda de abarrotes, pero más tranquilo, sin estresarme mucho…”. Su esposa se mostró contenta de que le entregáramos a su marido recuperado y nos hizo saber su intención de seguir apoyándolo. “Cada que lo visitaba me iba más tranquila, pues iba viendo cómo se iba mejorando. Ahora ya puedo dormir tranquila, yo sé que le tiene que echar ganas a seguir su tratamiento, pero también sé que va a volver a ser el mismo de antes”; dijo con optimismo el día que se dio de alta, al mismo tiempo que sus hijos, gustosos, lo recibían con abrazos en la puerta de salida… Dudas o comentarios: info@hospitalmentaltijuana.com Derechos reservados HSMT.

Dr. Jorge Octavio Maldonado Nodal Médico Siquiatra del Hospital de Salud Mental de Tijuana

Éste es un espacio compartido con el Hospital de Salud Mental de Tijuana Tel: (664) 607 9090 www.hospitalmentaltijuana.com


El estrés lo llevó al psiquiátrico.