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Número 10- Noviembre 2011

El bullying: Matoneo o acoso escolar

Educación Desvalorizada ¿Quién es el culpable?

Quien nos enseña ¿sabe enseñarnos?

Javier H Mazo Mejía

Claudia Morales Cuevas

Clao López


EDUCACIÓN de CALIDAD

ÍNDICE

EDITORIAL

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COLUMNA INVITADA

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Dirección Frontal

Alejandro García Rueda

El bullying: Matoneo o acoso escolar

Javier H Mazo Mejía

COLUMNA INVITADA

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COLUMNA INVITADA COLUMNA INVITADA COLUMNA TRANSMIGRANTE

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La perspectiva de un actor sobre la educación en México

L.C.E. Leticia López Cázares

El sector educativo mexicano

Lic. José Antonio Rodríguez Arce

Mejorar la calidad de la educación en México... Más que un sueño Ma. Goreti Morales Cuevas

Quien nos enseña ¿sabe enseñarnos? Clao López

COLUMNA TRANSMIGRANTE

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Mas Escuelas = Menos Cárceles Isabel Ochoa

COLUMNA TRANSMIGRANTE COLUMNA TRANSMIGRANTE

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Mala y Enojona

Angélica Nieto

Educación Desvalorizada ¿Quién es el culpable? Claudia Morales Cuevas

COLUMNA TRANSMIGRANTE COLUMNA TRANSMIGRANTE

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Tiempo de Sobremesa Alejandro García Rueda

25 ¿Educación casera o escolar? 26

Mariana Marrufo

Contacto


DIRECCIÓN FRONTAL

Alejandro García Rueda

El error más grande que tiene el sistema educativo en cualquier latitud es pretender moldear mentes convirtiéndolas en presa fácil de la adicción a la cafeína. Sin importar los costos, dejando de lado el mínimo indicio de escrúpulos, las instituciones roban la creatividad a diestra y siniestra. ¿Dónde queda entonces nuestra capacidad creadora? ¿Cuándo elegimos ser pasivos? ¿En qué momento decidimos que lo mejor era olvidarnos de ser activos? Pensemos un poco. ¿Para qué surgieron los centros de estudio? La respuesta es clara, aunque no la reconocemos del todo: las escuelas primarias, secundarias, bachilleratos y universidades nacieron para albergar a personas con deseos de superarse. Maestros y alumnos deberían coexistir en el marco del descubrimiento de ciertas verdades enfrentándose con un mundo lleno de posibilidades disponibles en cualquier momento, así de fácil, así de sencillo. Cómodo sería seguir pensando en América Latina como un ejemplo claro del héroe que sabe cómo morir de pie. Estamos preocupados, es imposible hacer caso omiso a la resignación que se “respira en el aire”. Desafortunadamente las pesadillas son una realidad: antes que ver perdido el futuro por otras circunstancias, se prefiere arriesgar desaprovechando oportunidades de oro. En el ámbito educativo –por ejemplo– preferimos ver egresados poco preparados a un cúmulo de personajes capacitados para enfrentar los retos venideros. Tal parece

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que alimentamos la mediocridad. Los resultados hablan de cantidad pero ¿dónde quedó la calidad educativa? Pensemos un poco en lo siguiente: fortaleceremos la vida democrática de la región si incentivamos la formación de ciudadanos ilustrados que alimenten nuestra diversidad ideológica. Con ello, daremos el salto que hace falta para acceder a nuevas condiciones de vida generando cambios pertinentes para el desarrollo social. Si la opinión pública desaprueba el nivel académico, algo debe estar fallando, pero no es cuestión de mantener a los alumnos prisioneros en sus aulas, la idea real es permitirles aprender para ser miembros productivos de la sociedad. Hoy, con la acción ciudadana, se puede hablar de un entorno diferente: con maniobras concretas alcanzaremos la absoluta certeza de un futuro alentador. El punto es cambiar esa Latinoamérica que dice no a los estudiantes, necesitamos una América Latina que dice sí a las esperanzas y sueños de los alumnos, todos queremos contar con personas que encaran al mundo de forma racional. Estamos conscientes de que la sociedad paga cuando la educación falla. Si ya nos ha defraudado antes, ¿por qué no atrevernos a cambiar el status quo? ¿Por qué no preguntar a los alumnos qué quieren aprender antes de imponerles un programa que pocas veces se ve cubierto? ¡Abramos la puerta al conocimiento sin reservas! Atentamente Alejandro García Rueda Director General Revista Transmigración


COLUMNA INVITADA

El bullying:

Matoneo o acoso escolar Javier H. Mazo Mejía

Director S.O.S. Fundación Bullying Colombia

Nunca ha sido fácil

para el ser humano asumir conciencia de una situación, cualquiera que ella sea. Parece existir por naturaleza una condición de rechazo, de superioridad, solvencia personal o profesional. De ahí la dificultad de posicionar un tema en un medio donde el conocimiento y el saber está de por medio. Sin embargo, seguiremos insistiendo con tenacidad, pasión y convicción porque en algún “terreno abonado” la semilla florecerá. Pensando en la calidad de vida del niño y niña de cualquier parte del mundo -en especial de Colombia- y en la necesidad de proyectarles una sana juventud y una sólida estructura de persona adulta, la Fundación S.O.S Bullying Colombia viene empeñada a “destapar” y hacer visible el problema del bullying o “acoso escolar” que -aunque no es un hecho o situación nueva- viene horadando el ambiente educativo y haciendo daño al estudiante, al docente, al padre y madre de familia. Somos conscientes que no es tarea fácil pero estamos convencidos de que tampoco es misión imposible. La pregunta que muchos de nuestros lectores se pueden estar haciendo es: ¿De qué están hablando? Y les diré: Estamos hablando de la situación más abominable, injusta, indeseable que le puede pasar a un estudiante, por lo regular, entre los 10 y 13 años y que muchas veces los ha llevado al suicidio; estamos hablando de bullying o “acoso

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Columna Invitada escolar” también conocido como matoneo u hostigamiento escolar.

de ser un juego más en el diario acontecer del ámbito educativo.

Se explica como diversos tipos de comportamientos no deseados por niños y niñas adolescentes, que abarcan desde esas bromas pesadas, el ignorar o dejar deliberadamente de hacer caso a alguien, los ataques personales, incluso los abusos sexuales. A veces es un individuo quien hace el “bullying”, a veces, un grupo (pandilla).

En Medellín, Colombia, una investigación realizada en el 2009 por el médico cirujano Luis Enrique Montalvo y Tony Sarmiento -especialistas en salud mental infantil- con 879 estudiantes de estratos altos, evidenció que el 30% de éstos han sido víctimas de acoso o bullying. El problema del acoso escolar es que es necesario identificarlo en la institución educativa para intervenirlo con procesos de convicción y toma de conciencia, prevenirlo con estrategias pedagógicas y metodológicas y comprometer a la alta dirección, docentes, padres y madres de familia. Es un problema en el que debe intervenir y participar toda la comunidad educativa. Además, como es una situación que se manifiesta permanentemente, amerita por un proyecto institucional que sea transversal al Proyecto Educativo Institucional.

Otro autor lo define como: “Hostigamiento escolar, intimidación, acorralamiento, atosigamiento, arrinconamiento, pisar los talones, aislar, desconocer, ignorar, o incluso, por su término inglés bullying) es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado”.1 El psicólogo Noruego Dan Olweus, quien más ha investigado el tema y quien fue el primero en denominarlo bullying, afirma: “Un alumno se convierte en víctima cuando está expuesto de forma repetida y durante un tiempo a acciones negativas que lleva a cabo otro alumno o varios de ellos.

Trabajar por la calidad de la educación y el bienestar de la niñez es una responsabilidad que nos atañe a todos. ¡Bienvenida sea la integración de voluntades en bien de una educación con calidad, inclusión y equidad!

La victimización entre iguales es una conducta de persecución física o psicológica que realiza el alumno o alumna contra otro u otra al que elige como víctima de ataques repetidos. Esta acción intencionada sitúa a la víctima en posiciones de las que difícilmente puede salir por sus propios medios”. La violencia en el aula, concretamente el bullying, no es nuevo en la historia de la educación. Lo que sí es una novedad son las diferentes formas de generar violencia, acarrea graves consecuencias en nuestra época debido a las alternativas tan variadas, los medios utilizados tan sofisticados y tan al alcance de los estudiantes de los diferentes estratos sociales. Esto hace que la violencia en el aula nos preocupe, aunque más alarmante sea la indiferencia de las Directivas Educativas. Éstas, desde sus despachos, no pasan del análisis cuantitativo de las estadísticas y de asumir medidas punibles, represivas o de simple registro para identificar y reprender, como por ejemplo, el introducir sanciones y castigos en el Manual de Convivencia o gastar ingentes sumas de dinero en cámaras escondidas para captar a los violentos o “victimarios”, como se les llama. La violencia escolar nos está atropellando y el bullying puede ser el origen, pero por ser acciones tan repetitivas y comunes no se les presta la atención debida y no pasan

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Beance, Allan L. Bullying. Aulas libres de acoso. Imprimex. 2006

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BIBLIOGRAFÍA: Davis, Stan. Davis Julia. Crecer sin miedo. Grupo norma.2008 Matamala, Antonio. Huertas Helena. El maltrato escolar. Machadolibros. 2005


COLUMNA INVITADA

La perspectiva

de un actor sobre la educación en

México

L.C.E. Leticia López Cázares

En este mundo en constante cambio tenemos la certeza de que el conocimiento no se queda estático, sino que siempre está transformándose y va adquiriendo nuevos significados, lo que automáticamente impacta a la educación. El Sistema Educativo Mexicano se ha visto envuelto en diversos cambios a cada momento, durante cada sexenio y con los Planes Nacionales de Desarrollo que, a pesar de estar llenos de buenas intenciones, en su mayoría se han quedado en eso, proyectos que no se concretan a pesar del esfuerzo de los que formamos parte del mismo. No vanaglorio en este escrito a los actores del proceso educativo en su totalidad, pues el generalizar sólo logra que exista una venda en mis ojos que no me permite ver lo que es. Precisamente esa realidad de la que formamos parte cada día, hace que sea un trago amargo leer resultados a nivel internacional en donde México está muy por debajo de ser un país “bien educado”, debido a la casi nula educación de calidad y a la falta de equidad en los diferentes niveles educativos. Pero no sólo a eso, sino también al poco compromiso de los profesores con su labor y, por supuesto, al desinteresado actuar de los estudiantes.

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En el Plan Nacional de Desarrollo del actual sexenio se resalta: “Aún persisten rezagos de consideración en el sistema educativo nacional. Los más importantes son la falta de oportunidades de gran parte de la población para acceder a una educación de calidad, y a los avances en materia de tecnología e información. Otro reto ligado al anterior es superar la desvinculación entre la educación media superior y superior y el sistema productivo.” 1 Si tomamos en cuenta que una educación de calidad es aquella que promueve no sólo la obtención de conocimientos, sino también de habilidades, valores y actitudes (basada en el enfoque por competencias), y que además desarrolla en cada uno de los estudiantes el uso de los procesos cognitivos superiores como la comprensión, el análisis, la crítica y la reflexión, así como la construcción de su propio conocimiento, entonces nos damos cuenta que la educación en el país está fallando. Pero esto no es porque nadie esté haciendo su trabajo, sino porque son pocos los que están aportando su granito de arena ante la inmensa ola que golpea día a día a nuestro


Columna Invitada enclenque sistema educativo y, desgraciadamente, esa pequeña ayuda no se ve reflejada a gran escala en los resultados de pruebas como ENLACE (Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares), que tiene la intención de permitirnos “…Conocer qué tan eficaces estamos siendo en nuestras tareas, qué tanto nuestros niños y jóvenes dominan los conocimientos y habilidades contenidos en los planes y programas de estudio que tenemos, qué tanto contribuyen los materiales didácticos con que contamos a este logro educativo…”2, o PISA (Programme for International Student Assessment), que pretende “…Conocer el nivel de habilidades necesarias que han adquirido los estudiantes para participar plenamente en la sociedad, centrándose en dominios claves como Lectura, Ciencias y Matemáticas. Mide si los estudiantes tienen la capacidad de reproducir lo que han aprendido, de transferir sus conocimientos y aplicarlos en nuevos contextos académicos y no académicos, de identificar si son capaces de analizar, razonar y comunicar sus ideas efectivamente, y si tienen la capacidad de seguir aprendiendo durante toda la vida”3, en donde los resultados son penosos comparados con otros países y que en realidad, no nos dicen mucho sobre el verdadero aprendizaje al ser pruebas estandarizadas que llegan a resultar tediosas para los estudiantes que las contestan en muchas ocasiones al azar, sin realmente razonar sobre lo respondido, que al final, es la intención primordial de ambas pruebas. Desde mi experiencia, el profesor que no es capaz de adaptarse a esta transformación se va quedando rezagado y trabajando de la misma manera (ahora obsoleta) que no le permite conocer más a sus alumnos y planear sus clases con base en esta empatía con las personas, no solo con el contenido. Quizá lo que servía hace apenas tres años para enseñar, no tiene el mismo efecto en esta generación de estudiantes y posiblemente la falta de motivación y de empeño se ve reflejada en el aula debido a la poca actualización y disposición que el profesor posee de realizar ese proceso de cambio y adaptación. Ante esta situación, también se agrega el poco o nulo interés de los estudiantes por aprender a aprender, por ser constructores de su propio conocimiento y por el desarrollo de esas habilidades que les permitan enfrentar el mundo real al egresar de su respectivo nivel educativo. Esto, sin duda, impacta directamente a la educación en el país, pues van en considerable aumento los niveles de deserción y de rezago educativo, lo que genera que no se cumpla con esos ideales de educación que como país se necesitan.

en un país de mayor desarrollo tecnológico en y desde las aulas, la realidad en la que se vive no permite avanzar en este rubro. Muchas comunidades se encuentran incomunicadas, sea por su lejanía o por sus costumbres, que rechazan ser parte de ese cambio necesario y esto retrasa de manera significativa el avance que se pretende lograr. Sin embargo, el problema se encuentra no sólo en las comunidades, sino en la propia ciudad: escuelas que carecen de recursos tecnológicos que les permitan tanto a profesores como estudiantes desarrollar mejores condiciones de sus procesos de enseñanza–aprendizaje, son parte de esta situación de retraso y claramente impactan también en la baja eficiencia terminal que existe, sobre todo, en la educación media superior. En infinitas ocasiones hemos escuchado la frase “no es conveniente educar a México, porque si se convierte en un país educado, entonces luchará por lo que quiere”. Ciertamente, el enfrentar lo que llevamos arrastrando, permitirá un cambio de raíz que logrará una distinta proyección de nuestro país sobrepasando fronteras. Considero que si cada quien, desde su labor, se compromete a cambiar la imagen que de su escuela, comunidad, estado y país se tiene, se podrá avanzar en la mejora de las condiciones que, en general, deben ser óptimas para lograr procesos educativos de calidad que merecen todos y cada uno de nuestros estudiantes. En definitiva, este cambio no resultará si no se trabaja de manera colaborativa, desde lo más alto de la pirámide. En el momento en que se apueste por una verdadera educación para todos los mexicanos, se marcará la diferencia que tanto estamos esperando los que desde dentro vemos cómo nuestro sistema se desquebraja y pide a gritos ser llevado por el sendero correcto, el que permita ese cambio de raíz del que tanto se habla.

1 México (2007) Plan Nacional de Desarrollo. Recuperado en red en: http:// pnd.calderon.presidencia.gob.mx/index.php?page=transformacion-educativa, Consultado el 27 de agosto de 2011. 2 Secretaría de Educación Pública. Prueba ENLACE. Recuperado en red en: http://www.enlace.sep.gob.mx/gr/, Consultado el 28 de agosto de 2011. 3 Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. Proyecto PISA.

A nivel macro, nuestro sistema educativo también está permeado por el bajo presupuesto que se le apuesta. A pesar de ser muchos los esfuerzos por convertir a México

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Recuperado en red en: http://www.inee.edu.mx/index.php/proyectos-y-servicios/ pisa. Consultado el 28 de agosto de 2011.


COLUMNA INVITADA

El sector educativo mexicano

Lic. José Antonio Rodríguez Arce joseantoniora@gmail.com

La educación es sin duda, piedra angular en la transformación de las sociedades. La educación pública, por su parte, ha enmarcado nuestra historia nacional, al grado que podemos decir categóricamente que nuestra soberanía y nuestras fronteras se defienden y extienden por la fuerza de nuestra identidad nacional y no por la superioridad militar de nuestras fuerzas armadas. La educación pública mexicana ha sido y es entonces, un garante de la soberanía nacional. Por ello, resulta indispensable reivindicar el derecho a la educación. La educación es vía de superación humana, de la individual y de la colectiva. Concebirla como un derecho fundamental es uno de los mayores avances éticos de la historia. Es imposible establecer una relación directamente proporcional entre el aumento en el gasto educativo y un mayor desarrollo, ya que hay muchos factores que intervienen en el crecimiento de un país o región, pero es indudable que aquellas sociedades que cuentan con elevado capital humano , tienen más posibilidades de enfrentar las fuerzas competitivas que se originan en la globalización, la apertura de mercados y en la transición a una sociedad más participativa y acorde al tiempo postindustrial. La creación o ampliación de capital humano permite acrecentar la competitividad y producción y, por otro lado, posibilita el desarrollo de las capacidades de los individuos para alcanzar sus objetivos personales. Alentar la construcción de capital humano en nuestro

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país es y será cada vez más necesario. México tiende día a día con mayor fuerza a transformar sus características productivas, desde el cambio en su vocación productiva que demanda, trabajadores con un componente de capacitación y educación más sofisticado, para la operación de nuevas tecnologías, de rápida innovación, así como técnica depurada y especializada. La educación, además de potencializar la productividad y competitividad, también tiene un valor per se: el conocimiento permite a los individuos ampliar el entendimiento de su contexto, así como buscar caminos oportunos para lograr sus metas y objetivos. La educación, además es un medio insustituible para transmitir valores. Durante los últimos 30 años, a la par de los cambios en las políticas económicas nacional y mundial, que dieron impulso al fortalecimiento de la economía de mercado, las sociedades se han visto inmersas también en un nuevo escenario en el campo de la ciencia y la tecnología, así como en las comunicaciones y las profesiones. Se habla del imperio de la inteligencia en casi la totalidad de la actividad humana. En este sentido, la economía del conocimiento es la base del cambio y del desarrollo de las sociedades. Sin embargo, la política económica diseñada desde el sexenio de Miguel de la Madrid y que ha perdurado hasta estas fechas, se distingue por un cambio radical en el comportamiento del Estado y en la relevancia del mercado. Se creó un nuevo escenario, tanto en el ámbito de la política como en el de la economía, que indujo cambios sustanciales para el país.


Columna Invitada De acuerdo con los datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) dados a conocer por la Comisión de Educación y Servicios Educativos del Congreso de la Unión (2008), para el ciclo escolar 2007-2008, el número de niños y jóvenes excluidos del sistema educativo es muy alarmante: • Un millón cien mil niños, que deberían estar estudiando la educación básica, no están inscritos en ninguna escuela, lo que representa el 5 % del total de los 21.8 millones del grupo de edad de 6 a 15 años (sin embargo, el gobierno de México informa a la ONU que está cumpliendo con los objetivos del milenio en materia educativa. Desde 2005, reportó una escolarización de prácticamente el 100 %). • A nivel medio superior (incluyendo todas sus modalidades), el número de adolescentes no inscritos en la escuela es de 2.5 millones, lo que representa el 40 % del total de los 6.3 millones del grupo de edad de 16 a 18 años. • A nivel superior (incluyendo todas sus modalidades), el número de jóvenes excluidos es 7.2 millones, lo que representa el 73 % del total de los 9.8 millones del grupo de edad de 19 a 23 años. • En total, 10.8 millones de niños, adolescentes y jóvenes mexicanos, de entre 6 y 23 años, están totalmente excluidos de la educación. Si aplicamos a los datos de matrícula escolar por nivel y modalidad educativa del ciclo escolar 2007-2008 los índices que se presentan de eficiencia terminal y de absorción por nivel educativo (es decir, cuántos no lo terminan y cuántos se inscriben al siguiente nivel), puede conocerse la perspectiva educativa que tienen los que sí están inscritos en el sistema educativo. El punto de partida, por lo tanto, será los 14.6 millones niños que están inscritos en educación primaria: • De ellos, 1.6 millones, es decir, el 11 %, no terminarán ese nivel. • De los que la terminen, 770 mil no continuarán estudiando. • De los que se inscriban en educación secundaria, 2.6 millones no la terminarán, es decir que el 21 % de ellos no obtendrá el certificado respectivo. • La pérdida total de estudiantes, acumulada hasta este nivel educativo, suma los 5 millones de estudiantes, es decir, el 34 % de los inscritos en educación primaria no culminarán su educación básica. • De los que terminen ese nivel educativo, 330 mil no continuarán sus estudios. • De los que se inscriban a algún tipo de bachillerato (técnico medio o bachillerato general), el 42 % no lo terminará, es decir, otros 3.8 millones más que se quedarán fuera de la escuela. • Con ello, la suma de excluidos del espacio educativo llega a 9.2 millones, es decir, el 63 % de los niños que hoy

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están en educación primaria no obtendrán ningún tipo de certificado de bachillerato. • De los que terminen el bachillerato, 900 mil no continuarán sus estudios. • De los que se inscriban en algún tipo de licenciatura (técnica superior, universitaria, tecnológica y normal), el 44 % no lo terminará, es decir, otros 2 millones más de excluidos de sistema educativo. • La suma de excluidos hasta este nivel educativo, rebasa los 12 millones, es decir, el 83 % de los niños que hoy están en la escuela primaria no podrán acceder a ningún título de licenciatura. • A nivel de posgrado (especialidad, maestría o doctorado), llegará sólo el 0.6%, lo cual, dicho en términos de la expectativa educativa, significa que el 99.4 % de los niños que hoy están en la primaria no podrán acceder a ningún tipo de posgrado. Sin embargo, el único rezago educativo que se reconoce por parte del gobierno federal es el de la falta de oportunidad de inscribirse por primera vez en la escuela, es decir que, para ellos, la deserción y la reprobación no son consideradas como parte del rezago educativo, a pesar de que tanto el no acceder como el abandonar la escuela son parte del mismo problema: la exclusión social que significa y que alimenta. El Estado mexicano está obligado legal y éticamente a garantizar el acceso y la permanencia en la escuela al mayor número posible de nuestros niños y jóvenes. Estas medidas dan como resultado que para muchos jóvenes la educación no tiene sentido, pues no les garantiza acceder a mínimos de bienestar. Siete millones de ellos, conocidos como “ninis” porque ni estudian ni trabajan, son blanco potencial de la ilegalidad. Ante ese panorama, se ha gestado entre la juventud un fenómeno de desesperanza y frustración, pero también de malestar social, que de acuerdo con expertos ya deja sentir sus efectos. De ahí que cuando a algunos se pregunta qué quieren ser, responden: “narco”. La causa es que el crimen organizado cumple funciones sociales y simbólicas que el Estado no ofrece, como dar empleo, arreglar una escuela o hacerse cargo de la educación de jóvenes que coopta para que sirvan a sus intereses. Este es el resultado de los cambios profundos en las políticas federales de educación que se acentuaron desde los años noventa. Se habla de un proceso de modernización que pone énfasis en la regulación por la vía de las decisiones presupuestales gubernamentales de los comportamientos institucionales; se establecieron mecanismos de evaluación


Columna Invitada externos para garantizar la eficiencia y calidad de las tareas institucionales; se pusieron en marcha, primero en el Sistema Nacional de Investigadores y después en el conjunto del profesorado del sistema educativo nacional; programas de estímulo al trabajo individual, con la finalidad de contener incrementos salariales que no estuvieran ligados al desempeño productivo académico, y en el caso de la educación básica, funciona –hasta estos días- como un método de clientelismo sindical que inhibe cualquier método de superación profesional de los maestros. Todo este conjunto de políticas y de intervenciones organizacionales, respaldadas con bolsas de recursos federales, se ha traducido en el desempeño que ahora tenemos tanto de maestros, como alumnos en todos los niveles de educación, desde la básica hasta el sistema de educación superior, que nos coloca en ser un país, si no de reprobados, si de excluidos. Por lo tanto, es necesario realizar una fuerte inversión que permita expandir las posibilidades de atención y permanencia de nuestros niños y jóvenes en el sistema educativo. Se requiere que la inversión en educación crezca, pero no para mayores salarios y prestaciones a la alta burocracia, ni para donaciones de tipo “sindical”, sino en la construcción de aulas, laboratorios, en mejoramiento de las condiciones de estudio y de los centros de investigación, en fin, en aquellas acciones orientadas a la transmisión del saber y sus pedagogías. Tenemos que invertir para sobresalir en lo que actualmente vivimos, en una auténtica “revolución” que ha cambiado la vida cotidiana de millones de personas, y que se ubica, en el campo de las tecnologías de la información y la comunicación, y de donde han derivado esos extraordinarios y difundidos instrumentos de nuestra época: las computadoras, internet, los teléfonos celulares, los medios de información electrónica y otros muchos sistemas y artefactos que, además, empiezan a fusionarse. Se debe combatir los viejos vicios que solo permiten el rezago educativo, en términos cualitativos y cuantitativos, que pretender eternizar la memorización automatizada, con el agravante económico de que el presupuesto educativo se ha estancado en términos reales, y amenaza con disminuir en el próximo año. En suma, en educación, se debe gastar más y mejor.

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Columna Invitada

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COLUMNA INVITADA

Mejorar la calidad de la Educación en México… más que un sueño Ma. Goretti Morales Cuevas

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s un honor para mí poder compartir con ustedes mi opinión en esta revista dirigida por un gran amigo de toda la vida: Alex García. El tema de la educación siempre ha sido de mucha controversia en mi país, México, porque gobiernos van, gobiernos vienen, y todas las promesas que se hacen al respecto se quedan en sólo eso, promesas sin cumplir, dejando al pueblo mexicano con infinidad de carencias que se ven reflejadas en los problemas que nuestra sociedad está viviendo hoy día: delincuencia, narcotráfico, desempleo, pobreza, etc. La educación en México está conformada por diversos niveles educativos: educación básica, media superior y superior, los cuales comprenden estudios en preescolar, primaria, secundaria, bachillerato, licenciatura, maestría, doctorado, y otras modalidades de educación superior como diplomados, etc. La educación básica (conformada por preescolar, primaria y secundaria) es obligatoria e impartida por el Estado en todo el territorio nacional mexicano, bajo los términos del artículo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, aunque igualmente existen colegios autónomos particulares que ofrecen estos niveles educativos. Conforme pasan los años, el sistema educativo va modificándose según las necesidades de las personas; sin embargo, por más que los dirigentes buscan el bienestar de los niños y jóvenes, no tienen el resultado que esperan. Desde hace ya varios años, las autoridades administrativas se han dado a la tarea de crear un marco nuevo de la educación de calidad basado en la globalización y la competitividad; lamentablemente, el éxito obtenido ha sido mínimo. La pregunta es: ¿por qué?, ¿por qué invierten millones de pesos en tecnología y programas sofisticados y no hay resultados positivos?.

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Columna Invitada máximo los pocos recursos y beneficios que ofrece el gobierno para mejorar la calidad de la educación. Desgraciadamente se tiene frente a grupos de niños y jóvenes, a personas que no cubren con los rasgos que el perfil de egreso de un docente exige; por el contrario, nos encontramos con sujetos que no tienen la más mínima idea de cómo educar pedagógicamente a sus alumnos, a individuos inexpertos que no conocen el verdadero sentido de las palabras vocación, compromiso y responsabilidad. En los últimos años en nuestro país se está implementando la Reforma Integral de la Educación Básica (RIEB) la cual tiene la finalidad de atender los retos que enfrenta el país de cara al nuevo siglo, mediante la formación de ciudadanos íntegros y capaces de desarrollar todo su potencial, y coadyuvar al logro de una mayor eficiencia, articulación y continuidad entre los niveles que conforman este tipo de educación. Desde el año 2004 hasta la actualidad se ha tratado de mejorar la calidad de la educación vinculando los tres niveles educativos básicos (preescolar, primaria y secundaria) para ofrecer una educación más integral; así mismo se redactó un perfil de egreso que los jóvenes deben alcanzar al finalizar los 12 años de educación básica. A mi parecer la RIEB tiene muy buenas propuestas que, si verdaderamente se implementaran tal y como se proponen, el éxito sería rotundo; pero mientras los profesores no se informen, se capaciten ni se comprometan a cambiar sus métodos tradicionales de enseñanza, seguiremos viviendo en “la generación N-Ni1”. México necesita más Escuelas Normales en donde se prepare a profesores para combatir los problemas de la actualidad, docentes con un lugar seguro en el mundo laboral en donde puedan desempeñar su función de manera plena; así mismo se necesita el compromiso, el esfuerzo y la dedicación de los maestros en servicio para aceptar ser capacitados y comenzar a actuar como la sociedad actual lo exige. 1 La generación Ni-Ni es un término actual mundialmente para referirse a los jóvenes de entre 14 y 30 años de edad que ni estudian ni trabajan. Estimaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) señalan que son alrededor de 7 millones de jóvenes en edad productiva que pertenecen a este sector.

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omo estudiante de la Licenciatura en Educación Preescolar, y después de haber visitado varios centros educativos, puedo decir que la respuesta a estas preguntas es simple: carecemos de docentes verdaderamente capacitados y responsables que se comprometan a aprovechar al

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Combatir este problema no es tarea fácil, se necesita más que las ganas de cambiar, se necesita gente con un verdadero amor por nuestra nación. ¿Algún día podré ver a mi México entre la lista de los países con mejor calidad de educación? tal vez no, pero mis nietos sí, por eso, desde el lugar donde estoy, ya comencé a actuar.


COLUMNA TRANSMIGRANTE

Quien nos enseña ¿sabe enseñarnos? Clao López

Por Limmud http://www.flickr.com/photos/33688512@N04/3538581410 Constantemente veo anunciados cursos y talleres dirigidos a personas mayores de 18 años, que son ofrecidos por diferentes instituciones, así como organizaciones e incluso personas. Sin embargo, son muy pocos los casos en que la persona que está frente a un grupo y pretende transmitir conocimiento, realmente sabe cómo hacerlo. Claro que todos ellos -en sus propios términos y con sus propios alcances- son buenos, pero cuando les comento sobre andragogía1, pareciera que les habló de una lengua muerta. Algo que me gusta de la sociedad norteamericana es que para desarrollar prácticamente cualquier actividad laboral, requieren de una demostración de que lo sabes hacer por medio de una certificación; es decir, debes pasar por un proceso en el que demuestras tus conocimientos, habilidades y destrezas, obteniendo como resultado un certificado de validez temporal -que debe ser renovado constantemente-. Éste, además de ser un requisito de contratación, le da la seguridad a las empresas, organizaciones e instituciones de que el aspirante es perfectamente capaz de llevar a cabo esa actividad laboral. Más aún, se garantiza que se ofrecerá un producto o servicio de calidad al cliente final. En México tenemos algo similar, sin embargo, de todas las personas que presumiblemente dan cursos, prácticamente ninguna tiene esta certificación. Me gustaría saber la frecuencia con la que reflexionamos acerca de la importancia de ser orientadores del conocimiento frente a un conjunto de adultos, y me refiero no

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solamente a los que estamos al frente, sino a las personas en general: las que participan del grupo, los responsables del área de educación o aprendizaje de las instituciones, de las personas que reciben un bien o servicio que conllevó un proceso de aprendizaje o capacitación de, los padres de familia, los responsables de la política educativa del país, en fin, de todos. Y es que cada persona tiene en sus manos el acercamiento -o el alejamiento- del conocimiento de los individuos que le asignaron como responsabilidad, y si bien éste se puede dirigir a todos los niveles, mi preocupación central es en el aprendizaje de adultos principalmente, porque considero que las personas que desarrollan el trabajo de enseñanza-aprendizaje con niños pasan por un proceso de formación profesional, situación que no es una condicionante para los que trabajamos con adultos debido principalmente al enfoque de lo que enseñamos. El ser especializado requiere que nuestra formación esté en otra área, dejando a un lado los conocimientos y habilidades de la docencia; de esta forma, desde la educación media superior hasta posgrado, se le da más importancia al manejo de las áreas que se van a transmitir que al cómo se transmiten. Se han desarrollado diversos términos para denominar a la persona que dirige el conocimiento: tenemos al maestro, persona que posee cualidades especiales para compartir sus vastas habilidades y conocimientos, a la par, el desarrollo académico ha llevado a crear maestros como posgrado en la educación formal; docente, usualmente es sinónimo de maestro sin la connotación del nivel académico;


Columna Transmigrante profesor, el que se dedica profesionalmente a la enseñanza y su función principal es facilitar el aprendizaje; catedrático, término utilizado principalmente en España en donde esta función laboral se regula por la ley de la educación, tiene diferentes niveles y para acceder a ellos se atraviesa por un proceso selectivo, probablemente el enfoque que utilizamos comúnmente está más apegado a aquella persona que se ha especializado en una asignatura impartiéndola constantemente; instructor, una figura asociada con la enseñanza de actividades físicas, como aquellas que tienen una aplicación práctica a inmediato o corto plazo; facilitador, quien presenta en una forma accesible el conocimiento, debe estar especializado en la aplicación de técnicas didácticas que le permitan facilitar el aprendizaje; capacitador, su función se sitúa en el ámbito empresarial y laboral transmitiendo el cómo desempeñar una actividad a partir de una necesidad inmediata; y por último el formador, que desde mi perspectiva probablemente es quien genera el amplio espectro en que el individuo cambia o modifica sus conductas en la mayoría los de ámbitos posibles a partir de un nuevo conocimiento específico. Sea cual fuere el tipo de profesionista que tenemos o que somos, frente a grupo debemos cumplir con capacidades y cualidades muy explícitas. La experiencia que he recabado a lo largo de los años como participante en cursos -que va desde el jardín de niños hasta el posgrado, pasando por actualizaciones, capacitaciones y nuevos áreas de conocimiento- como responsable del conocimiento de las personas que asisten a mis cursos y, como evaluador de personas que desarrollan su trabajo frente a grupos, me proporcionan la información para plantear un esbozo de los requerimientos mínimos que debe tener la persona que encabeza un curso: Debe causar impacto. Desde el primer momento en el que pone un pie en el recinto debe llamar la atención -por su presencia-, debe imponer seguridad y respeto pero también cierto halo de misticismo que invite a los participantes a querer conocer cada palabra que emite, cada acción que realiza. La puntualidad debe quedarle corta, teniendo siempre dispuesto lo que se utiliza en la sesión desde antes que llegue el primer participante. En el momento que empieza a hablar su voz debe ser cálida, transmitiendo confianza reforzada con cada palabra que utiliza: buena pronunciación, lenguaje elocuente, conoce perfectamente el tema y lo expresa con narrativa evocadora, sabe de arte y cultura, está al tanto de los acontecimientos a su alrededor, maneja las herramientas y equipos de última generación en el mercado y que atañen a la sociedad en su conjunto. En general la comunicación debe ser limpia, cada movimiento

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acompañando sutilmente a que dice, cuidando su postura, gestos, ademanes, la forma en que señala hacia alguna parte o algún alumno. Inclusive tener coordinado de su vestuario, ser prolijo, algunas veces moderno, otras vanguardista, clásico o contemporáneo, pero siempre con exquisita selección para la actividad que realiza; tan adecuado que ni siquiera se percibe si son prendas de marcas reconocidas. Debe considerar a todos los integrantes involucrándolos en la dinámica y respetando al mismo tiempo la personalidad de cada uno, escuchándolos, atendiéndolos, respondiendo dudas al mismo tiempo que los convence de conocer más al respecto. La forma en que desarrolle las sesiones debe ser todo un arte: ejecutar cada actividad en su justo momento sin titubeos ni tiempos muertos, planteando la introducción correlacionando aprendizajes anteriores. Apasionado en el tema sin ser abrumador, llevar a cabo todo de forma estructurada, utilizar material que incite al aprendizaje, combinando la teoría con la practica armónicamente. Ejercitar habilidades y pensamientos que te lleven a realizar conclusiones intrínsecas, casi deslindadas de la conclusión grupal. Ante todo ser coherente y congruente, emanando acciones que refuercen sus creencias, pensamientos y palabras. Un líder, motivador nato y referente a seguir por su integridad personal. Su principal rasgo, debe ser no portar un gramo de arrogancia. Para ser de ésta forma, se debe estar consciente las áreas de oportunidad propias y, buscar los conocimientos que nos lleven a modificar aquellas malas o deficientes prácticas. Hoy en día alrededor del mundo existen distintas metodologías que llevan a que se desarrolle una eficiente y eficaz labor de la transmisión del conocimiento y, sin embargo, si no se desarrollan mínimamente los aspectos mencionados en el párrafo anterior no alcanzaremos los objetivos de modificar comportamientos.

1 Andragogía. Del griego Anere Adulto y Agocus; conductor de la enseñanza, indicando con ello el término que se designa al estudio y aplicación de la educación de los adultos. Alexander Kapp fue el primero en utilizarlo en 1833 para describir la teoría educativa de Platón, aunque su uso no se generaliza y con el tiempo se olvida. A principios del siglo XX, lo retomar Eugen Rosenback, para referirse al conjunto de elementos curriculares propios de la educación de adultos, como son: profesores, métodos y filosofía; sin embargo, es hasta la década de los sesenta que se utiliza este concepto con cierta frecuencia tanto en Europa como en América del Norte, para referirse específicamente a los métodos, técnicas, fines y en general, a todo el currículum diseñado para llevar a cabo la educación integral en la población adulta. Los intentos por sistematizar este cuerpo de conocimientos son bastante actuales y uno de los más complejos es el realizado por el grupo andragógico de Nottingham en el año de 1983.


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Mas Escuelas = Menos Cárceles Isabel Ochoa

Me gusta comenzar mis escritos citando a personajes importantes, y qué mejor oportunidad que este artículo sobre educación para citar a Pitágoras: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. ¿Quién o quiénes son los responsables de lo que en un futuro serán nuestros hijos? No es cuestión de echarle la culpa a alguien, de evadir nuestra responsabilidad como padres, tíos, hermanos o guías de vida, sino de analizar el camino y las herramientas que les proporcionamos a quienes dependen de nosotros para crecer como personas. He escuchado en varias ocasiones: “Abre más escuelas y comenzarás a cerrar las cárceles”. Esta frase me encantaría que la conocieran todos los gobernantes, pues en lo personal y haciéndome responsable de mi opinión, creo que es inútil el hecho de invertir en programas para la regeneración de quienes llevan un historial gordo de entradas a la cárcel con muertes y todo tipo de crímenes al hombro; la esencia de todo está en atacar el problema de raíz; ¿cómo?, enfocándonos en la formación de los niños que, aunque parezca repetitivo, son el futuro de la humanidad. La educación como base de la humanidad es el problema y también la solución. El inicio de todo es entender que la clave para el surgimiento de nuestra sociedad es educarnos y permitirnos desarrollar el potencial de la persona. Al contar con inteligencia se abren un sinfín de oportunidades, a la vez que diversidades de pensamiento, siendo éstas las que

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Ilustración: Ana Paula Tello


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traen consigo nuevas perspectivas, así como la certeza de que nuestro criterio del bien y del mal es correcto, luego entran la libertad y la voluntad. El hombre sabio se puede considerar libre de las ataduras de la ignorancia que lo obligan a estar sembrado en el mismo sitio, por eso quien goza de educación, gozará de libertad, y es allí donde el hombre realmente se dignifica, donde pone a prueba su conciencia y su verdad para actuar a favor del bien propio y del prójimo. Es increíble el cambio que puede hacer la inserción de un sorbo de educación en nuestras vidas, para ejemplo un botón; hay un municipio de Caracas (Capital de Venezuela) al que se le conoce como una “zona roja”, al grado que ni la policía entraba. Allí existían las cifras más elevadas en el ámbito nacional en cuanto a delincuencia, asalto a mano armada y asesinatos, así como altas tasas de embarazo precoz y abortos. El alcalde de este municipio, un hombre de corta edad pero larga trayectoria política y con ideas muy frescas y novedosas, decidió construir un centro recreativo multifuncional, donde los jóvenes podrían llevar a cabo actividades físicas y recreativas, torneos deportivos, así como contar con una biblioteca y un espacio para escuchar música. Pues bien, a lo largo de los meses del funcionamiento de este centro de recreación, los porcentajes delictivos y de embarazos precoces se redujeron casi a la mitad. Se hace evidente la necesidad de renovación y actualización de los sistemas educativos, no sólo refiriéndose a las escuelas, si no a enseñanza del hogar y del entorno donde nos desenvolvemos. Hay que trabajar y generar ideas que produzcan un contexto para nuestras familias en donde el aprendizaje sea el pan de cada día, donde la recreación en actividades sanas sean más que una visión, una alternativa para los jóvenes que por no tener mejores opciones son consumidos por el ocio y caen en la perversión de las drogas y el delito. Nuestra sociedad tiene mucho que explotar en muchos ámbitos, incluyendo al hombre como ciudadano luchador y generador de desarrollo. Como decía Facundo Cabral, somos más buenos que malos, lo que ocurre es que el bien no hace tanta bulla como el mal.

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Mala y Enojona

Angélica Nieto

Ilustración: Patricia López –Buenos días doctora, perdón, mh… ¿debo llamarla “doctora”?– Preguntó apenada Macarena, pues nunca había tenido necesidad de solicitar los servicios de un psicoanalista, y no sabía cómo dirigirse a ella. –Buenos días Macarena, me llamo Lucía, y no tienes que decirme doctora si no quieres, llámame por mi nombre. Adelante, siéntate. A Macarena le sorprendió la calidez de Lucía, pues cuando le informaron en el trabajo que debía visitar a un “psicoloco” pensó que sería extraño y tenía desconfianza. Imaginaba que los analistas conductuales no eran personas “normales”, y le aterraba la idea de acudir a uno de ellos. –Dime Macarena, ¿por qué estás aquí? Macarena era una mujer físicamente sencilla, sin un ápice de gracia femenina ni belleza. Rondaba los 50 años y nunca se casó ni tuvo hijos, una “solterona” como la llamaban sus compañeras. Vio perder su juventud casi sin darse cuenta de ello. –Bueno, eh… Lucía… verá… – titubeó con más miedo que vergüenza– es que… me han enviado del trabajo. El sindicato me ha enviado. –Ya veo –asintió la psicóloga mientras se acomodaba las gafas y hacía anotaciones en el expediente– El trabajo dices. Bien, ¿a qué te dedicas? –Soy maestra –susurró Macarena agachando la cabeza, como si a un maestro no se le permitieran locuras de vez en vez, como si debieran ser ejemplos de salud y pulcritud mental. –Dime Macarena, ¿te gusta tu trabajo? –Pues le mentiría si digo que sí –respondió

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cabizbaja–. Bueno, en un principio sí, me encantaba. Me sentía orgullosa de ser maestra. Era una profesión respetable, además de bien remunerada. En cuanto a las prestaciones y vacaciones y el sueldo también era bueno, dependiendo del nivel y de la escuela. Me preparaba mucho, iba a congresos, participaba en las marchas, conferencias, festivales y reuniones. Adoraba estar en el aula… –¿Adorabas? –Pues… sí –titubeó como sorprendida de su comentario– Pero eso fue hace mucho tiempo, cuando aún era joven y tenía esperanza de que mi labor hiciera alguna diferencia. Creía que si me esforzaba podía lograr un cambio en los alumnos, que los hiciera hombres y mujeres honestos y trabajadores y que, tal vez, alguno experimentara la vocación de ser maestro, con la misma esperanza que yo tenía. Pero… –se detuvo Macarena, con los ojos húmedos y una mueca de amargura– eso no pasó. –Bien, es evidente que algo cambió ese ideal en tu vida. Dime, ¿qué fue lo que te llevó a no concluir tu objetivo? –Primeramente, la decepción. –¿Decepción? –Sí. En una ocasión acudí a una conferencia que nada tenía que ver con la educación. Fui invitada para conocer unos productos naturistas que prometían acabar con las enfermedades, además de ser, según el conferencista, una excelente oportunidad de negocio. El sujeto preguntó: “A ver señores, ¿a quién de ustedes les gustaría que sus hijos fueran maestros de primaria?” Y presta estaba para levantar la mano, cuando una risa colectiva de burla me tulló el brazo, y horrorizada vi que


Columna Transmigrante nadie levantó la mano. Luego el tipo continuó: “¿A cuántos de ustedes les gustaría que sus hijos fueran maestros de secundaria?” Otro murmullo burlón y una que otra mano se levantó de entre los mil asistentes a la conferencia. Yo quedé muda. Sentí que un calor sofocante me subía por la espalda hasta la nuca y la cara. Continuó el tipejo: “¿Y de prepa? ¿Y de universidad? Pues claro ¿verdad? quisiéramos que nuestros hijos fuesen profesionistas, ingenieros, licenciados, doctores...” Se me vino el mundo encima. ¿Se imagina Lucía? si nadie quiere ser maestro de primaria, o nadie quiere que sus hijos lo sean, en 30 años no habrá quien enseñe a los niños. Eso me escandalizó, pero me hirió en lo más hondo, me dio mucho coraje y, ya no volví a ser ni la misma maestra ni la misma mujer. –¿Qué pasó entonces? –Pues nada, el lunes siguiente le jalé los cabellos a más de uno de mis alumnos. Como sabe, antes se nos permitía aplicar correctivos. Yo jamás había tocado a ninguno de mis niños, pero ese día comencé a hacerlo. Jalón de oreja, de patilla, de trenza, soplamocos, pellizco; me volví muy hábil. Pronto me hice fama de mala y enojona, pero no me importó. Cuando las quejas se hicieron más y más constantes, el sindicato decidió darme la oportunidad de una plaza en secundaria. Me dijeron que ya tenía las aptitudes para eso y que sería una buena profesora. Me la dieron de maestra de Español. –Entonces –interrumpió Lucía– ¿te otorgaron la plaza cuando te volviste “mala y enojona”? –Así es, según ellos, para maestro de secundaria se necesita carácter y yo ya lo había adquirido. Fue fácil, demasiado fácil. Ya no sonreía, ya no aconsejaba, ya no me preocupaba por los alumnos. Si alguno me rezongaba le daba un zape. Se puso de moda entre los demás maestros el bajar puntos, eso era más satisfactorio. Si me caían mal los reprobaba, así nada más. Venían mamás a llorarme y yo me daba mi importancia e inclemente los mandaba a “extras”. –¿Y no tenías problemas por eso? –inquirió Lucía. –No. Mi padrino de bautizo estaba bien parado en el sindicato y nunca tuve problemas fuera de la escuela. Así pasó el tiempo, y sin darme cuenta, un día tenía casi 40 años y nunca me había dado oportunidad de tener una familia. –¿Por qué? –No lo sé, creo que me gustaba ser “mala y enojona”. Un día a la hora de la salida, me encontré con un par de mamás muy enojadas por mi trato hacia sus hijos –hizo una pausa–. Me golpearon mucho, me dieron con un bat y me rompieron la nariz y las costillas. Estuve en el hospital varios días. –¿Qué hiciste después de eso?

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–Nada, el sindicato lo resolvió por mí. Como en esos años hubo reforma educativa, ya no podía dar clases en secundaria sin tener licenciatura. Así que me regresaron a la primaria. –¿Cómo viviste ese cambio Macarena? –Fue como entrar al túnel del tiempo, hacia atrás, sólo que ya no era joven y, obviamente, no era una buena maestra, ya no. Entonces decidí callar. Ya no golpear, pues ahora ya no está permitido. Me limité a ser una maestra como muchas: repetitiva, tediosa, monótona, seca, sin pasión… Macarena se detuvo en su relato. Parecía haberse dado cuenta de alguna verdad que no había vislumbrado. Lucía la veía y anotaba. El silencio se hizo incómodo para Macarena, pero no se atrevía a seguir hablando de esa verdad atroz que había descubierto. Lucía habló por fin. –Macarena, –dijo suspirando– Veo el problema. Sin embargo, aún no tengo del todo claro el por qué te han enviado a terapia. –Ah si, eso –salió del ensueño– Pues es la condición que me pusieron los del sindicato para no perder mi plaza. –¿Por qué habrías de perderla? –cuestionó Lucía. –Porque alguien me denunció. Pero afortunadamente, mi padrino, aunque ya no vive, dejó en su lugar a su hijo en el sindicato y él me está ayudando con esto. –¿Te denunciaron? –Si, verá, un día… un niño… yo estaba muy nerviosa y enojada… no quería hacerlo, pero… el niño tuvo la culpa… –¿De qué Macarena? ¿Qué pasó? –Me enojé y lo agarré por el cuello y lo empecé a ahorcar –chilló Macarena–. No quería, sabía que estaba mal pero, no podía dejar de apretar… Lucía abrió tanto los ojos que se asemejó a una lechuza, con los lentes enmarcando su rostro. Llevó sus manos instintivamente al cuello imaginando el desenlace. –Pero… Macarena! ¡¿Qué hiciste?! –Los niños comenzaron a gritar y la maestra del salón contiguo corrió a quitarme al niño de las manos. No supe y no me di cuenta en qué momento le rompí el pequeño cuello. Solo vi horrorizada que el pequeño estaba inmóvil y todos los demás niños gritaban… –¿Fuiste a prisión Macarena? ¿Qué pasó después? –Si, fui a prisión, pero salí después de 3 años y de que el sindicato pagara una multa. Ahora para seguir trabajando necesito tomar terapia y estar supervisada un tiempo, mientras todo se olvida. Lucía no podía creer lo que acababa de escuchar. Sintió rabia, impotencia ante el cinismo de esa mujer a la que


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prejuiciosamente había descrito como “insulsa”. Macarena tampoco creía todo lo que había dicho. Se dio cuenta de que nunca lograría su objetivo: cambiar el mundo. Por un momento pasó por su cabeza la idea de mejor retirarse de la enseñanza, claro, no sin antes quedar pensionada por enfermedad mental y discapacitada para el trabajo. Pensó que, lejos de cambiar al mundo, lo único que había logrado era traumar a muchos niños y adolescentes, quitándoles las ganas de estudiar y sobre todo de ser algún día maestros como ella. Macarena había comprendido. No regresaría a la terapia. Sería mejor irse lejos. Tal vez a un pueblo a morir sola, sin que nadie la atendiera o cuidara. Eso merecía, sí, la soledad. O mejor no, ahorcarse en el baño de su apartamento sería mejor, “el que a hierro mata…” Si, eso sería bueno. Ahora lo entendía. –Se ha terminado el tiempo Macarena –comentó Lucía apesadumbrada– Nos veremos la semana próxima a la misma hora. ¿Vendrás? –Seguro…

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Educación Desvalorizada ¿Quién es el culpable?

Claudia Carolina Morales Cuevas “-¿Y qué hiciste hoy en el kínder Pablito? -¡Estuvo bien divertido! primero vimos cómo están creciendo nuestras plantitas y platicamos de eso, luego hicimos ejercicios, salimos al recreo, ya después leímos unos que parecen cuentos pero que no son cuentos, se llaman revistas, ¿tú sabías eso? Yo pensaba que eran cuentos… -Sí Pablo pero ¿qué hiciste de trabajito?¿Apoco la maestra no los puso a recortar o a pintar? -Mmm no. -Bueno pero de seguro te encargó alguna plana de tarea ¿no? ¿A ver tu libreta? -No mami, sólo me traje esta revista, me tienes que ayudar a leer un pedacito para que mañana yo les diga a mis amigos lo que me gustó, pero tú me tienes que ayudar ¿eh? -Ay mijo, qué maestra te vino a tocar, pobres de ustedes, se supone que van a divertirse… no a estar platicando de cosas que ni entienden todavía. Ustedes están chiquitos, dile a tu maestra que les enseñe canciones, tu hermana se aprendió muchas en el kínder y están bien bonitas ¿apoco no? Ya ves que te enseñó la del trenecito…” _________________________ Quisiera poder decir que éste es un casoque me saqué de la manga, que para nada he visto situaciones como ésta y que por supuesto aquí en México eso no sucede y jamás sucederá. Soy Licenciada en Educación Preescolar con apenas un año de servicio, sin embargo el tiempo que ha transcurrido desde el inicio de mi formación hasta la actualidad, ha sido suficiente para darme cuenta de que ésta es la realidad en la que vivimos; el título de “situación difícil” le queda pequeño. Nos encontramos ante un problema que tiene nombre y apellido: educación desvalorizada. Pero ¿por qué desvalorizada?, ¿cuándo decimos que algo

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pierde su valor ante los demás? Simple y sencillamente, cuando no lo conocen. Es como si un padre quisiera que su hijo cuidara el juguete que con mucha dificultad adquirió para él, pero el niño no lo hace porque nadie le ha explicado que no fue fácil conseguirlo, lo ve como algo simple. El padre entra entonces en la tarea de hacerle ver esta situación al pequeño para que le dé el valor que en realidad merece. Lo mismo exactamente sucede con el tema en cuestión; la sociedad no ha logrado comprender cuál es la finalidad de la educación básica, no sabe qué es lo ideal que los niños y jóvenes logren al cursar por los diferentes niveles educativos, no conoce lo que pueden y deben exigir a los maestros, ni mucho menos cuál es la verdadera función de los padres de familia en el proceso educativo. Con “conocer” no me refiero a “tener una idea”, pues entonces caemos en conceptos falsos como los que leímos al principio de este artículo: pensar que al preescolar los niños van únicamente a jugar, desconocimiento del enfoque de los niveles educativos, no saber por qué se les piden determinadas tareas, entre otras. Saber implica observar, analizar, reflexionar, comprender a profundidad el proceso. Políticas educativas, reformas, decretos y un sin número de programas han surgido en los últimos años con el supuesto fin de dar solución a este problema, sin embargo persiste. Surge entonces aquí la pregunta obligada: ¿Quién es el culpable? Podríamos decir que los niños y jóvenes. Claro, ellos deberían preguntar a los maestros por qué tienen que ir a la escuela, para qué les sirve estar tantos años en un aula, qué se espera de ellos… Deben exigirles a sus maestros experiencias enriquecedoras que proporcionen aprendizajes significativos. Pero ¿saben siquiera lo que eso significa? ¿Algún maestro se ha tomado la amabilidad

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Columna Transmigrante de explicárselos de manera clara? Si alguno lo ha hecho, realmente se lo reconozco; sin embargo, debo ser realista, esta primera opción ni siquiera pasa por mi mente. Tenemos una segunda posibilidad: los padres de familia, esos irresponsables que no cumplen con lo que les piden los maestros, con las enormes listas de útiles, las cooperaciones “voluntarias”, las cansadas e inoportunas reuniones y por supuesto, las tareas que implican gastos innecesarios. Pero ¿cómo cumplir con algo cuando muchas veces ni siquiera el maestro sabe para qué lo solicita? Echemos un vistazo entonces al Sistema Educativo en México. Podría mencionar mil cosas al respecto, sin embargo, quisiera hablar específicamente de la Reforma Integral de la Educación Básica (RIEB). Ésta es una política pública que comenzó desde el año 2004, con la Reforma al Nivel Preescolar, continuó en el 2006 con el Nivel Secundariay en el 2009 comenzó en Primaria, con el propósito de que se consolide en el año 2012. Mediante esta reforma, se pretende integrar y articular, en un mismo currículo, los programas de los tres niveles de educación básica. Promueve la cobertura y la calidad en la educación, así como una formación integral basada en el desarrollo de competencias que responda a las características, necesidades e intereses de los alumnos, reconociendo en ellos su potencial para aprender y viendo a la educación como un proceso en el que deben participar de manera conjunta directivos, docentes, alumnos, padres de familia y todos los agentes involucrados en este ámbito. Además de ello, hace una clara mención de lo que los adolescentes deben saber hacer y saber ser después de haber cursado el preescolar, la primaria y la secundaria, haciendo referencia a unos ciudadanos capaces de enfrentarse a desafíos intelectuales, que interioricen y comprendan lo que aprenden para poder así enfrentar con éxito diversas tareas de cualquier ámbito en el que se desenvuelvan. Todo esto debemos situarlo en un marco en el que ya no solo se busca brindar a los alumnos conocimientos, sino también habilidades y actitudes que les sirvan como herramientas para responder a las demandas de un mundo como el actual, en el que los avances científicos y tecnológicos, las transformaciones sociales y la rapidez con la que se produce y circula la información, ponen en evidencia la necesidad de formar generaciones de niños y jóvenes democráticos, críticos, creativos y productivos, capaces de aprender a aprender, de acceder al conocimiento y usarlo de manera creativa y eficiente. Todos estos elementos son para mí de gran importancia, que deben dirigir la labor de todo docente comprometido con la educación. Sin embargo, un elemento que a mi parecer es fundamental en el proceso enseñanza-aprendizaje, y que

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por ningún motivo debe dejarse de lado, es la evaluación, pues ésta nos permite obtener información, tanto a maestros como a alumnos, acerca de los aprendizajes alcanzados, a fin de que puedan asumir la responsabilidad de mejorar su desempeño. Para poder cumplir con su función, este proceso debe ser: permanente, gradual, colectivo y dinámico, abierto a la participación de estudiantes, maestros, padres de familia, comunidades y directivos. Debe ser objetivo y, sobre todo, permitir a los alumnos conocer sus procesos de aprendizaje y avanzar en su desarrollo con ayuda del docente, quien recurrirá a una gran variedad de instrumentos colectivos e individuales, elaborados por él mismo a partir de las características de cada uno de sus alumnos. En este sentido, la RIEB reconoce a la evaluación como algo fundamental a lo que tanto procesos educativos comoalumnos y docentes, se deben someter para lograr una enseñanza de calidad. Con este fin, se han establecido estándares curriculares, que no son más que enunciados que definen lo que los alumnos deben haber logrado al concluir un periodo escolar. Para evaluar que estos aprendizajes esperados se estén logrando, se han puesto en marcha programas como la


Columna Transmigrante prueba ENLACE (Evaluación Nacional de Logro Académico en los Centros Escolares), para los niveles de Educación Primaria, Secundaria y Media Superior, al cual han sido sometidas diversas escuelas del país, con la finalidad de valorar, de manera cuantitativa, los aprendizajes de los alumnos y la intervención de los docentes y del Sistema Educativo en general para mejorar en términos de calidad. Un examen como este, que contiene algunas decenas de reactivos de opción múltiple - mal redactados, con faltas de ortografía, confusos y alejados de la realidad de los estudiantes del país- entre quienes existe una enorme diversidad-, lo único que fomenta es la pasividad y no la búsqueda de respuestas a los interrogantes del conocimiento; la memorización y no la comprensión de los fenómenos sociales y naturales. Por ello no permite conocer realmente a fondo la situación de los estudiantes y, lo más importante, no ofrece ninguna información sobre cuáles son en concreto los problemas que tiene el grupo y cada estudiante. Pruebas como ENLACE buscan etiquetar con un valor numérico al estudiante, convirtiéndoseinevitablemente en un proceso de competencia individual entre estudiantes y maestros, entre escuelas, regiones y naciones. Maestros preparando a sus alumnos durante semanas para este tipo de evaluaciones, padres nerviosos por los resultados que obtendrán sus hijos, alumnos etiquetados con calificativos como “no sabe” o “sí sabe”, son los resultados que podemos detectar a la luz de estos programas. Claramente nos encontramos aquí con una enorme incongruencia entre lo que la RIEB pretende favorecer en los alumnos: el análisis, la argumentación, la crítica y demás habilidades del pensamiento y las medidas que está aceptando el gobierno para evaluar estos fines. No es posible continuar así, lo ideal es implementar programas que en realidad evalúen las competencias de los niños, que den cuenta del nivel de conocimientos, pero también de habilidades y actitudes que poseen en todos los ámbitos de su desarrollo, para de esta manera poder ser un referente real que le permita a los docentes brindar a cada alumno lo que necesita para avanzar en su desarrollo. Tarea muy fácil sería sentarnos a esperar que esto se haga realidad, y dejar todo en manos del gobierno. La situación no se presta para darnos el lujo de hacerlo, mucho menos si aterrizamos en la realidad y vemos que los que nos dirigen buscan únicamente satisfacer intereses particulares y que, por muy convincentes que se escuchen sus discursos, lo último en lo que están interesados es en la educación de nuestros niños y jóvenes. Niños… padres de familia… sociedad… Sistema Educativo. ¿No creen que esté excluyendo a alguien? Exacto; a los maestros. Y a pesar de las críticas que he hecho, me atrevo

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a decir que ni esas reformas, programas y estrategias incongruentes, son los responsables de que la educación en México y la labor de los maestros se encuentre carente de valor. Aquí los especialistas en la educación, los que tenemos la preparación necesaria para dirigir a un grupo de alumnos y para cambiar esta situación somos nosotros, los docentes de cada nivel educativo. Una evaluación del mismo tipo que la que se propone para los alumnos, dirigida a cada educador del país, resulta a mi parecer urgente, de manera que todo aquel “experto en educación” que no esté llevando a cabo su labor bajo los principios de calidad y equidad, y lejos de influir de manera positiva en el desarrollo de sus alumnos, lo esté entorpeciendo, sea eliminado del Sistema Educativo, cual si fuese una larva que interrumpe el pleno crecimiento de una parcela. Es labor nuestra y sólo nuestra el hacer ver a nuestros niños, a sus padres y a la sociedad en general, todo lo que implica estar en un aula y en un edificio escolar, de manera que estemos todos en una misma sintonía, encaminados hacia una meta en común. La comunicación es la base de nuestro trabajo, y en cuanto ésta se pierde, todo se derrumba. ¿De qué sirve proponer a los niños actividades retadoras y enriquecedoras, que favorezcan su desarrollo integral, si ellos no conocen el sentido que ello tiene ni los beneficios que en su persona traerán? ¿De qué sirve si los padres de familia no conocen ni siquiera el enfoque de cada nivel educativo, ni el trabajo que realizamos en el aula? ¿Y de qué sirve si mantenemos a la sociedad en la ignorancia, con ideas falsas acerca de la función de un maestro? Los maestros del país debemos perder el miedo a la crítica, a ser juzgados y evaluados, debemos defender nuestra labor a capa y espada, considerando que unos seres humanos productivos, con valores bien sentados y capaces de resolver problemas cotidianos, es lo que necesita nuestra sociedad mexicana actual, y teniendo presente que somos nosotros quienes estamos especializados para formar a este tipo de personas, con la ayuda oportuna de las familias de nuestros alumnos. La clave para lograrlo: ejercer nuestra labor de manera responsable. Cuando cada uno de nosotros: estudiantes, padres de familia, profesionistas, ciudadanos, aprendamos a mantenernos informados de lo que sucede en nuestro alrededor, a exigir lo que nos corresponde sin perder el respeto y los valores humanos que facilitan una buena convivencia, a ser seres independientes, críticos y a mantener una congruencia entre nuestros pensamientos y nuestras acciones, entonces lograremos transformar a nuestra sociedad hacia el país que todos queremos, con o sin la ayuda de nuestros dignos representantes.


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Tiempo de sobremesa Alejandro García Rueda

Se

perciben cambios poco sustanciales en un complejo sistema que aun contempla –entre otras cosas– reprender de arcaicas formas a los educandos, coartar su individualidad y llevarlos a privilegiar la memorización como “salvavidas” de un año que probablemente haya sido una fantasía desde el primer día. La responsabilidad es compartida, no recae tan solo en la espalda de las instituciones, sino en la de los padres que dicen tener la mejor idea en cuanto a la educación ideal que sus hijos pueden recibir. Las escuelas crean un programa que cubre las necesidades básicas de todo estudiante, y éste podrá ser o no deficiente, pero por otro lado los padres no se preocupan por el aprovechamiento de los “tiempos libres” que gozan sus hijos. Hay que remitirse a la pequeña fracción de la realidad que la generalidad vive cuando se es infante o preadolescente: Los padres se reúnen con las autoridades del plantel que tienen preseleccionado; acto seguido, se detienen a escuchar la oferta educativa, misma que es un tanto halagüeña para sus oídos en cuanto se pronuncian materias como matemáticas, español e historia –en este caso–, la conversación sigue y se informa el promedio de horas que pasarán los alumnos en las aulas, pero no hay cuestionamiento alguno en relación a lo que pasará con los recesos. Estos últimos, más allá de la recreación y el descanso, son momentos cortos de la actividad escolar donde el individuo realmente utiliza su creatividad descubriendo nuevas formas de conectarse con los demás; es en esos

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Ilustración: Patricia López


Columna Transmigrante instantes donde el sujeto puede llegar a innovar cambiando los paradigmas de cualquier juego. ¿Sabe que es curioso? A estas alturas éste ha sido desvalorizado y es visto como la antítesis de lo correcto. Si las instituciones educativas se enfocaran en las bondades del receso, crearían un entorno óptimo que no permitiría la devaluación en la expresión personal; se estaría hablando de una estructura sólida creadora de seres humanos capaces de explorar su mundo fomentando –tal vez sin quererlo– personajes más críticos que sacan provecho de ventajas a su alcance, ya sean el cuestionamiento, la creatividad y el juego en sí. Las condiciones que enfrentamos en el mundo nos exigen –quieren que– hagamos algo para remediar los rezagos acumulados por mucho tiempo, demandan actitudes y aptitudes competitivas. En síntesis, es tiempo de actualizarnos viendo de frente al siglo veintiuno, no en retrospectiva al final del siglo diecinueve e inicios del veinte. Si no se logra remediar el malestar que resulta de los vicios en el pensamiento educativo, pronto nos toparemos en las calles con una tasa de desempleo cada vez más alta, todo porque fueron pocos los que trascendieron sus posibilidades para crear máquinas capaces de ahorrar tiempo, dinero y esfuerzo. Es necesaria una educación flexible, misma que no está peleada con la seriedad. Cuando estamos en la etapa escolar sobrellevamos ciertas prohibiciones que nos imposibilitan accionar de forma libre, es entonces que caemos en el libertinaje. Los alumnos necesitan ser vistos como gente confiable y capaz, no como la fuerza de trabajo “gratuita” que edificará una pirámide por mandato del faraón. Si las instituciones quieren realmente ser bastiones del aprendizaje, deberán abandonar el paradigma anticuado que tilda al alumno como tonto, es cuestión de entender que no es necesaria la instrucción a la usanza del pan y el garrote. De forma constante y persistente escribo acerca del valor que tienen grandes empresas como Google: ellos entienden dentro de su arena que el trabajo diario se ve mejor recompensado al hacer de su labor algo divertido. Eso es lo que hace falta en la trinchera educativa, imprimir un carácter divertido. Sin la serie de restricciones a las que estamos sujetos, estaríamos comenzando una nueva era, una realidad diferente en el amplio sentido de la palabra, dejando de contemplar al conocimiento como un cúmulo de conceptos escritos en blanco y negro. Si queremos mejorar nuestras habilidades de aprendizaje es importante volver a los objetivos primarios que tiene la enseñanza olvidándonos de lo negativo que impusimos a la

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palabra cambio: El cambio es bueno. Me atrevo a especular que los resultados no serán únicamente los deseados, sino que serán extraordinarios. Estaremos siendo semilleros de talentos, no de “garbanzos de a libra”. Con una visión abierta, bien podremos pensar en ubicar a los profesionales del futuro dentro de un plano internacional, mejorando en base a su aprendizaje y conocimiento de otras latitudes los esquemas de desarrollo colectivo que hasta el momento han sido insatisfactorios. Tomar el lado positivo del receso viene bien para todos, pensando colectivamente nos veremos creando sinergia con gente realizada tras conseguir la victoria en cada uno de sus retos, de ahí en más nos sentiremos en la necesidad de tener un propósito y no claudicar en el intento, creando relaciones ganar–ganar. Compartir el conocimiento sería un aliciente motivacional, si lo hacemos dejando a un lado los actuales paradigmas, seguramente tendremos una sustancial mejora en cuanto al nivel de egreso de estudiantes en cualquier escolaridad –por decirlo así–, mejoraríamos la productividad de mentes brillantes. Cuando David venció a Goliath no lo hizo tan solo con una honda y una piedra, obtuvo la victoria desde el momento en que creyó que podría hacerlo, es necesario creer para finalmente ser. La idea es reposicionar la confianza, devolverla a los alumnos y a los padres de familia para seguir tomando mejores decisiones, es así que el poder no se concentra y los remordimientos desaparecen. La culpa y el miedo al cambio atentan contra lo bueno que nos deja un pequeño lapso de receso, es por eso que es necesario erradicarlos del sistema, criticar constructivamente, desafiar la autoridad vestida con traje militar. Es necesario eliminar las restricciones. Hay que permitir a la gente utilizar los nuevos recursos tecnológicos, fomentando el uso de una jerga coloquial que sin ser irrespetuosa permita la comunicación directa que nos lleve a ideas innovadoras. ¡Lo que necesitamos en un sistema educativo lúdico! Hoy puede ser el primer día de esta movilización de mentes brillantes. Avivemos las conciencias críticas, ¡es momento de impulsar nuestras vidas!


COLUMNA TRANSMIGRANTE

¿Educación casera o escolar? Mariana Marrufo

Ilustración: Ana Paula Tello

E

n épocas antiguas no todas las personas tenían el privilegio de entrar a una escuela, mucho menos terminar una carrera profesional; sin embargo con el paso de los años las cosas han cambiado: ahora la mayoría gozan del privilegio del estudio, aunque lamentablemente no muchos pueden concluir una carrera profesional debido a sus ingresos económicos. A pesar de ello, ahora se tienen muchas soluciones para que las personas puedan estudiar aunque carezcan de recursos suficientes. Una opción es la escuela nocturna, que permite a los alumnos trabajar en el día para poder generar ingresos que costeen su educación; otra opción es la escuela para padres, que es especializada para personas mayores que desean continuar con sus estudios; y una última -en la que haré énfasis- es la educación en casa. Ésta es la enseñanza que imparten los padres de familia a sus hijos por distintas razones, ya sea porque no tengan recursos para mandar a sus hijos a la escuela, que estén en contras de las leyes escolares o porque crean que no hay un nivel de educación estable en los colegios. Aunque parezca muy liberal este modo de pensar de algunas familias, no siempre se están educando a los niños en modo libre: también pueden estar supervisadas por un centro de educación. La manera libre de educar consta en ir contracorriente de lo que se estudia normalmente en un salón de clases, se cree que de esta manera el niño se va integrando de manera mas natural a la sociedad y en la educación curricular (vigilada por un colegio), se enseña al niño como si estuviera en el salón de clases, de esta manera los padres son los intermediarios entre el colegio y el niño, además de que ellos mismos pueden aplicarle exámenes a los niños.

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En países como Australia no se lleva un registro de cuántas familias educan de esta forma, sin embargo hay un dato estadístico que nos indica que aproximadamente 26,500 estudiantes son educados de manera casera . En España no se considera inconstitucional aunque está sujeto a regulación legal -que por el momento es inexistente, por lo que según la Sentencia del Tribunal Constitucional de 2 de diciembre de 2010, bajo la normativa actual- no cabe reconocer un derecho a los padres a educar en casa. Dicho Tribunal admite que cabría una regulación legal en tal sentido; establece esa sentencia refiriéndose a la escolarización obligatoria y a la posibilidad de que exista una ley que regule la educación en el hogar . En Irlanda se estipula un total de 250 estudiantes en el hogar (aunque se estima que un aproximado de 1500 niños no estén registrados en cierto dato estadístico). En el Reino Unido hay 50,000 niños estudiando en el hogar . En Estados Unidos (a 2003) se registraron 1.1 millones de niños que son educados en su hogar. En México aunque no se tiene un registro, hay una página de internet en dónde se pueden compartir experiencias y métodos sobre estudiar en casa El debate sobre si es mejor educar a tu hijo en casa o mandarlo a la escuela siempre estará presente y el número de estudiantes en casa seguirá aumentando con el paso de los años, aunque no se tenga registro. Es entonces decisión de los padres saber cómo formar a sus hijos: ¿educación casera o escolar?

Fuentes http://www.hea.asn.au/hea/resources/disp_res. asp?type=4&id=60 http://www.asociacionolea.org/777/ http://www.home-education.org.uk/ http://learninfreedom.org/sidlifBritainhmsc.html (http://homeschoolingmexico.ning.com/ ) .


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