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PÁGINA 7 / DICIEMBRE 1998

scrbe,, is de 2 de 8()1' Se trataba de continuar un tema que se iniciaba así: "Durante un rato permanecimos callados'>. interrogándonos con la mirada, envueltos en un silencio acogedor en el que se columpiaban aquellas palabras cálidas

que nunca habíamos dejado escapar de nuestros labios. Era tal la profundidad de sus ojos, que creía perderme reflejada en aquellas playas de arena dorada, fina, brillante. No había nadie más, pues, aislados de todo, paseábamos por los jardines que habíamos plantado de pequeños detalles y que ahora florecían llenos de vida. Recé

para que no pasaran aquellos instantes mágicos y supe con seguridad que no permitiría que nada marchitara aquel momento de silencio entre los dos.

inguno de nosotros esperábamos que aquellos días tan felices se podían interrumpir tan bruscamente. La noche an-

terior, al despedirse, no dijo más que un simple adiós. Ni siquiera nos avisé de que no volveríamos a disfrutar de su sonrisa. ¿Por qué? ¿Qué habíamos hecho mal? Al principio no lo podía creer. Era imposible. Pero mientras mis ojos se desbordaban co-

de los buenos momentos, de las sonrisas, de la sencilla alegría de estar juntos. Y comenzamos a hablar como si fuera la última vez que podríamos hacerlo. Todas tus pa-

labras me parecieron llenas de ti, de tu aroma, de tu calor, si bien lo que mejor recuerdo son tus dulces miradas. Sé que con ellas me decías todo lo que tus labios no se atrevían a comunicarme. Y me gustó.

de mi vida. Todo se había acabado. Era en

lo único que pensaba. Cuanto habíamos trabajado hasta ese momento se estaba deshaciendo, Habíamos recibido muchas noticias, pero ninguna como esa, y yo en lo único que pensaba era en que todo había terminado. En ese momento, Carlos volvió a leer atentamente la noticia: "Por

orden de nuestro gran Jefe queda terminantemente prohibido enseñar. Y queda prohibido, también, leer y enriquecerse culturalmente". Fue entonces cuando dejé de escucharle. Desde que llegó el gran Jefe, esa

mo ríos, me di cuenta de que la muerte siempre ataca a traición, sin avisar. ¿Por qué, pues, no le dije aquella noche que la amaba?

mos a luchar por lo que creíamos. Y la Ii-

estaba consiguiendo. Pero nosotros íbateratura sería nuestro patrimonio, al que podría acceder todo el mundo.

¿sLejberíe uws'e sé muy bien por cuánto tiempo, pero aquel pequeño instante en que todos guardamos un momento de silencio me hizo pensar largo y tendido sobre las cosas

importantes de este mundo. Dios mío, el mundo está tan lleno de injusticia y, a la vez, tan falto de cariño! ¿Por qué somos así? ¿Acaso Tú nos has dado esa libertad tan soñada para que pensemos sólo en nosotros mismos? Sinceramente no lo entien-

os quedamos perplejos cuando conocimos la noticia. Nunca he sabido cómo reaccionar ante situaciones tan amargas. Lo primero que pensé en ese instante fue en cómo una persona tan alegre y con tantas ganas de vivir podía tener leucemia.

Nos lo había ocultado durante meses. ¿Cómo nos pasó desapercibido? Era siem-

pre el primero en apuntarse a nuestras

niños que veo, día tras día y hora tras hora,

juergas nocturnas. Parecía el chico más feliz de toda la tierra, libre de penas y de sufrimientos. Ahora me doy cuenta de que, a pesar de su enfermedad, siempre estuvo a nuestro lado apoyándonos e invitándonos a vivir, ¿De dónde sacaría tanta vitalidad?

sentada cómodamente en el salón de mi casa. Qué ironía, ¿verdad? La vida es tan

¿De dónde sacaría fuerzas para seguir adelante?

injusta.., pero, ¿para quién? ,Qta,í>z (OiUíuuteoa

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do. No me comprendo ni a mí misma cuando soy tan egoísta, tan superficial y tan estúpida. A veces me gustaría ser un ángel para saber realmente qué es lo que pasa por las mentes de cada uno de esos

dos nos quedamos perplejos

me hacía sentirme incómoda. Parecía que el silencio me fuera a tragar con su

mientras duraba aquella puesta de sol con sus inconfundibles destellos dorados. Nin-

vagando por su estómago invisible. Pero el

gran boca y que, sin esperarlo, me viese

guno sentimos la necesidad de hablar

silencio nunca me tragó, al contrario,

mientras observábamos el baile contínuo de las olas del mar sobre la arena, teñidas

siempre fue bueno conmigo: me sumergía,

ahora por el último sol. Estuvimos tranquilos, relajados, hasta que lentamente el espectáculo de despedida se perdía en el horizonte y de todo mi entorno se adueñaban las sombras.

sueños en el que puedes ser el valiente caballero a lomos de su gran caballo blanco o el enano saltarín de la fiesta de la reina

l uno junto al otro, teniendo mil cosas de qué hablar, pero sin saber cómo decírnoslas. Aquel silencio pronto me pareció agobiante, cargado de preguntas que no sabía si alguna vez tendrían respuesta. Fue tan largo como una vida. Entonces te miré. Me invadía una gran calma. Me sentí libre y noté que tú también. Me pareció que el gran vacío que se había interpuesto entre nosotros se llenaba con el recuerdo

"Hacía tiempo que no veía un ároí decir de repente a bol como

un extraño chico después de estar diez minutos contemplando atónito aquel sabio y orgulloso ser, Aquel

muchacho no tenía la misma apariencia que los demás: era bajito, con aspecto inteligente y las numerosas pe-

cas que junto a las gafas adornaban su cara le daban un toque de gracia y originalidad; y yo, que lo contempla-

(ueron los segundos más largos

era la última y definitiva mala noticia; y lo que pretendía, terminar con la cultura. Y lo

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cada vez más, en su mundo, un barco de

de los monos. Sí,

bien me sentía

cuando llegaba ese momento! Mi cabeza se olvidaba de números y de frases y tan sólo viajaba. Ahora echo de menos esos momentos. Cada vez, según me voy haciendo mayor, deja el silencio, poco a poco, de visitarme, tan sólo me saluda como no me un susurro de vez en cuando. abre sus puertas! ¿Por qué será?, me pregunto... El rato que permanecemos callados es como mi tesoro secreto, que he perdido sin saber por qué. ¿'ix'>' >'illqáx>fr

ba asomada al balcón con la misma postura durante media hora, me preguntaba qué tendría que ver el árbol que durante años había permanecido en el mismo sitio, solemne, silencioso y acogedor, con aquel niño que a parle dedicó te de haberse fijado en

una frase que nunca olvidaré; y no por el contenido, sino por el tono de voz que utilizó, porque era melancólico pero a la vez emocionado, intelec-

tual, amigable y sobre todo real, auténtico, que salía desde el fondo del corazón, dejando entrever las alegrí-

as, aventuras, desgracias y amor

compartido entre dos seres que aunque uno de ellos no fuera humano, se comportaran a veces como dos grandes amigos, más fieles, incluso, que dos personas con los mismos pensamientos y aptitudes. Reflexioné sobre todas estas cosas durante un tiempo y mí rostro se iluminó; una pequeña hoja caía débilmente de la rama más majestuosa,

y posándose en sus raíces se podía leer claramente: "Al verte de nuevo he recordado mi niñez, mi ignorancia infantil y las

enormes ganas que me dabas de vi-

vir, y reitero la idea de volver a

contemplarte, de trepar de nuevo a tu copa para volver hacerme plenamen-

liscrihir ' leer es: literatura

uando cierro los ojos, me viene a la mente esa imagen que desde que era pequeña me gusta tanto. Aquella gran biblioteca del salón de mi casa rebosante de libros en la cual relucían montones de títulos de obras y de sus tan nombrados autores. Y cuando cojo entre mis manos una de esas maravillas literarias, la abro y siento ese olor a cuero y papel y una ola recorre todo mi cuerpo, gran tesoro es un librol Desde ese momento, en que yo me sentaba en las rodillas de mi padre a escuchar los cuentos que tan cariñosamente me leía yo comencé a sentir atracción por la tectura. Cada libro es un mundo, lleno de personajes, que seguramente alguna vez existieron y si no lo hicieron de verdad, estoy segura de que al-

guna vez han vivido en la mente de cada uno. Están llenos de lugares asombrosos y de situaciones distintas, vívidas en diferentes Lo más sorprendente de un libro es que te sientes comprendido, te identificas con los personajes y sientes que también tú has vivido esa sensación alguna vez, y te preguntas: ¿Cómo es posible que después de tantos años y de lo que ha cambiado el mundo, tú puedas sentir lo mis-

mo que la gente de dos, tres o más generaciones atrás? Este es un gran interrogante, al cual sólo puedo responder diciendo, que la vida cambia y también las personas, pero son los sentimientos de la gente los que no han cambiado y nunca lo harán. Y es en la literatura donde quedará grabado.

¿Qué hubiese pasado si no se hubiese descubierto la escritura?, ¿sabríamos todo lo que sabemos ahora?, ¿habríamos oído hablar de Jesucristo?, ¿y del incendio de Roma? Quién sabe. Lo que sí que sé es que el futuro está escrito al igual que el presente y dice así: "Todo lo que

encierra la mente humana servirá para algo mientras exista alguien capaz de plasmarlo en las páginas de un libro". ,!ka>mlzz (Vila>' &í>ekez 2 D

te feliz". 1/tzzeláé,jómez 2 D BUP

lué es rara mí la literatura alabras e ideas que pueden

cambiar el mundo, Mediante esas palabras, el hombre

expresa lo que lleva dentro, esas

emociones que no se pueden transmitir de otra forma si no es por la energía humana de la palabra. Si no existiera la literatura el mundo sería medos expresivo, más lúgubre, menos perceptible, más sombrío. Sin ella, qué haríamos; sin ella, no

sabríamos expresar nuestros sentimientos más profundos, dejándolos, encerrándolos y sobre todo olvidándolos en nuestro corazón, sin poder li-

berarlos de ninguna manera más ex-

presiva, pasional y bella, como es ella, la literatura.

¿IáFIí9I mucho tiempo que no veía un árX ac,a bol como Su grueso tronco sujeto al suelo con unas seguras y fuertes raíces, evoca una figura humana en su más alto nivel de altruismo. Esto, unido a sus fortísimas

y largas ramas, desprovistas de las hojas que el otoño lentamente fue matando, me revela una silueta rígida y fuerte que me inspira una cierta sensación de respeto. Al mirar al árbol, no puedo evitar recordar el sonido susurrante de las hojas de los árboles que, por ser perennes, no han perdido estos elementos que les dan vida, y siem-

pre parecen querer transmitir algún sentimiento interior cuando el viento las roza suavemente. Intento imaginar el árbol que me ha llevado a darle vueltas a estas ideas, pero en plena primavera, y no consigo diferenciarto de una persona que intentara susurrarme algo al oído mientras doy un paseo por el parque en el que ahora mismo me encuentro. Pero vuelvo a la realidad, en la que una figura dominante me hace dar un paso rápi-

Ella es nuestra razón de ser y una de las primeras razones para seguir en

do hacia atrás. No es una persona, es otra

esta vida, siempre intentando mejo-

muerto, que consigue ponerme un poco nervioso y que me haga la impresión de que alguien o algo me acecha. Más bien algo. Algo que hace que me aleje rápido, pero que no podré olvidar en mucho tiempo. Vka'ñia,'i/it (Vx>nbtquez 2 D BUP

rarla, para pasar este mal trago, por el que todos tenemos que atravesar, como un rayo de luz que atraviesa la oscuridad, 0i11"ie 2 D BUP

vez el árbol, ese vegetal inerte pero no

CHASCA Nº 33 - 1998 – DICIEMBRE  
CHASCA Nº 33 - 1998 – DICIEMBRE  

PERIÓDICO ESCOLAR DE LOS MARISTAS EN ALICANTE. ÉPOCA I.

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