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ALMOC.AREN REVISTA DLL riNTRO TEOLOGlCO DE LAS PALIIIr

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JUNIO 1993 N: 11

El Sínodo visto por el Pastor de la Diócesis por RAMON ECHARREN YSTURIZ

Un regalo del Espíritu a nuestra Iglesia de Canarias por JOSE A RODRIGUEZ ROCA

Nuestro camino de Emaús por FELIPE BERMUDEZ SUAREZ

La Iglesia y los pobres en el Sínodo m por CARMEN LANAO Y GOTZONE ARANCIBIA Extranjeros

J.

derechos humanos: Un pacto por la humanidad

m por ARCADIO DIAZ TEJERA para la Memoria m Notas por JOSE LUIS G U E R R A DE A R M A S m

El Sínodo en la Prensa por JESUS VEGA M E S A


ALMOGAREN Revista del Centro Teol贸gico de Las Palmas

N? 11 JUNIO 1993


Edita:

Director:

Secretaria:

Consejo de Redacción:

Centro Teológico de Las Palmas

Felipe Bermudez Suárez

Maria José Campoy Rosa

Jose Luis José José Jose

A. Rodriguez Roca Maria Guerra Suárez Lavandera López Luis Guerra de Armas Alonso Morales

Administración:

Campus Universitario de Tafira 35017 Las Palmas d e Gran Canaria Teléfonos: (928) 45 29 46 - 45 29 48 Fax: (928) 45 29 47

Diseño cubierta:

Elias Zait León Javier Alzugaray Garcia

Imprime:

Imprenta Pérez Galdós. S.L. Profesor Lozano, 25 (El Cebadal) 35008 Las Palmas d e Gran Canaria

Dep. Legal G.C. 451-1988


S U M A R I O pags.

Editorial .................... .................................................

7

PRESENTACION

El Sínodo Diocesano visto por el Pastor de la Iglesia por RAMON E C H A R R E NYSTURIZ................................................... 13

ESTUDIOS

U n regalo del Espíritu a nuestra Iglesia de Canarias por JOSE A. RODRIGUEZROCA ........................................................

37

Nuestro camino de Emaús por F E I I P EBERMUDEZSUAREZ.....

53

La Iglesia y los pobres en el Sínodo por C A R M E NLANAOY COTZONEARANCIBIA ........... . . ......................................

65

Extranjeros y derechos humanos: U n pacto por la humanidad por ARCADIODIAZTEJERA.................................................... 89

EXPERIENCIAS

Una experiencia profunda de confianza en el Padre por LUIS LABORDASANTESTEBAN ...................................................105 La Iglesia somos todos por MARYC A R M E NPRIETOBARBEITO 111 La riqueza del diálogo Eclesial por SEGUNDOD I A ZSANTANA .. 117


La fidelidad al Espíritu ha dado su fruto por FERNANDO MORALES DE LOS RIOS PINAR................................................... 121

Una opción prioritaria por los pobres por EDUARDOGARCIA BERENGUER ............................................................. 125 Una lluvia temprana, un aire fresco por ANGELICADENIZDIAZ 131 Una propuesta de solidaridad por CARMELORAMIREZMARRERO 133 El futuro está en la Familia por M A R I ADEL CARMENSANCHEZ~ TEMBLEQUE DORESTEY OCTAVIOCARDOSOSUAREZ............. 137 Hacia una Iglesia con un nuevo rostro por JOSE LUISALBERTOS CABAÑERO .....................................................................139 Una Iglesia que crece hacia dentro y hacia fuera por JUAN BAUTISTAROBLEDILLO ORTEGA 143 Experiencia de conversión y acontecimiento público por ANA MARIA DIAZ SANTANA ..................................................... 145 Se percibe el impulso del Espíritu por SIMONPEREZREYES.... 151 DOCUMENTOS

Anuncio oficial del Sínodo Diocesano

.................................

159

Homilía de San Antonio María Claret ................................

171

Homilía de clausura del Sínodo Diocesano. Festividad de la lnmaculada Concepción de Santa María Virgen .....................

177

CRONICAS

Notas para la Memoria por JOSE LUIS G U E R R ADE ARMAS.... 189 E1 Sínodo en la Prensa por JESUSVEGA MESA.....................

211

RECENSIONES ..............................................................227


Con este numero once, comienza una nueva etapa de nuestra revista ALMOGAREN. Etapa anunciada y que esperamos cubrir con la participación de todos: los que escribimos y los que, cada vez en mayor cantidad, nos leen. El tema monográfico es el SINODO DIOCESANO, felizmente concluido el pasado 8 de diciembre de 1992, bajo la presidencia de nuestro Obispo, Ramón Echarren, el cual, por lo mismo, tiene una presencia especial en las páginas de esta revista. Valga como homenaje de gratitud y de reconocimiento por sus desvelos de pastor, amigo y compañero de camino. El Sinodo podrá ser considerado, en los años venideros, como el acontecimiento del siglo para nuestra Iglesia particular de Canarias. Desde 1947 no se convocaba a la Iglesia diocesana bajo esta figura de asamblea sinodal. Las circunstancias sociales, políticas, culturales y eclesiales habian cambiado de tal forma que hacian necesaria y conveniente la convocatoria de tal asamblea, que desde todos los puntos de vista ha significado tanto para el caminar de nuestra Comunidad diocesana. En este volumen podemos encontrar algunos comentarios, reflexiones, experiencias, documentos, imágenes para la historia ... que nos ayuden a ir realizando nuestro propio comentario. Y, sobre todo, nuestra propia aportación a este momento sinodal, de acogida, recepción y puesta en práctica de tantas intuiciones y deseos de nuestra Iglesia. Algunas aportaciones pedidas no pudieron salir a la luz, por múltiples razones, pero estimamos que ha valido la pena el esfuerzo realizado y agradecemos a todos los que han colaborado con su valiosa contribución.


Los que siguen desde fuera, con mirada de simpatía o critica, los pasos de nuestra Iglesia de Canarias, podrán encontrar en el texto sinodal, y en este número de ALMOGAREN, elementos para conocernos mejor y comprender nuestras opciones y sus motivaciones de fondo.

A partir de este número, incluimos la sección "Experiencias", que esperamos continuar en todos los números siguientes, dando la posibilidad de enriquecer los estudios con la experiencia viva de los protagonistas en los diferentes temas que desfilarán, Dios mediante, por la revista. Seguimos ilusionados con el proyecto de ALMOGAREN y seguimos pidiendo a nviestros lectores su apoyo y colaboración, para el bien de la misión de la iglesia en nuestras islas queridas y en todo el mundo.


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ALMOCAREN. 11.1911 PBgs. 13

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o CENTRO T E O W G I C O DE LAS PALMAS

EL SINODO VISTO POR EL PASTOR DE LA DlOCESlS

RAMON ECHARRENYSTURIZ OBISPO DE CANARIAS

El Sínodo Diocesano es ya una realidad en forma de libro. Pero tal vez más realidad que esas páginas escritas por más de quinientos cristianos de nuestra Diócesis de Canarias, con la colaboración de varios miles que anteriormente aportaron ideas, sugerencias, experiencias vida, intuiciones cristianas, ilusiones evangelizadoras, huellas que Dios habia dejado impresas en sus corazones en momentos de oración o en vivencias de entrega evangélica, anhelos de una Iglesia mejor y más entregada a la misión, más realidad que esas páginas impresas, repito, sea el Sínodo como experiencia comunitaria de una Diócesis que supo romper con su instalación y ponerse en camino de búsqueda, fiándose del Señor y de su Evangelio, sin saber muy bien qué es lo que iba a buscar, qué es lo que iba a encontrar, qué caminos tenía que recorrer, qué dificultades tendría que superar. Es cierto que ha sido una experiencia comunitaria ya vivida, que ya ha pasado, que comienza a ser recuerdo para todos los que componemos nuestra Diócesis, para los que intervinimos en el Sínodo directamente, para los que colaboraron en su larga etapa preparatoria, para los que rezaron por él sin participar apenas, e incluso para los que se limitaron a seguirlo desde lejos, a observarlo sin demasiado interés, o a vivir totalmente a su margen.


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RAMON FCHARREN YSTURIZ

Sin embargo esa experiencia nos ha marcado de tal forma que todos seguimos hablando del Sínodo como si todavia estuviera en marcha, fuera algo con vida, se mantuviera como una realidad abierta al hoy y al mañana, como posibilidad de vivir el futuro con ilusión, con alegría ilusionada, como tarea todavia perfeccionable a la que todos podemos aportar algo nuevo, para bien de toda nuestra Iglesia y su misión, para bien de toda nuestra gente, creyente o no creyente. Tal vez sea asi porque el Sinodo ha sido, con independencia de sus resultados escritos, una preciosa experiencia comunitaria de un gran amor, amor a Dios y amor a todos los hombres de nuestras islas, amor a la Iglesia y amor a los más pobres y marginados, amor a los que creemos y a los alejados ... Y el amor no pasa, no muere, permanece. Particularmente cuando ese amor, como todo auténtico amor cristiano, como toda caridad, se ha empapado de humildad, de comprensión, de diálogo, de deseo de acercarse a todos, cercanos y lejanos. Y más particularmente cuando ese amor se ha vivido cargado de esperanza, cn el convencimiento de que, como el Señor, no estamos aqui para juzgar y para condenar, sino para dar vida; con el convencimiento también de que el Señor y el Evangelio pueden hacer maravillas y transformar -desde nuestra fidelidad y aun desde nuestra pequeñez- conciencias y estructuras; con el convencimiento, por último, de que en nuestra sociedad, fuera de la Iglesia, no todo es malo, no todo es pecado, sino que en ella hay cristianos anónimos, signos del Reino, chispazos de bondad y de justicia, anhelos de salvación, entregas a los más pobres ..., etc., etc. Esa experiencia comunitaria, eclesial, cargada de amor, de amor que no muere y permanece, reflejo del Dios que es Amor, ha hecho que en nuestra Iglesia Diocesana se hayan libremente sumido en el silencio algunos que ejercían de "profetas de calamidades", y siga viva una esperanza profundamente apoyada en el Señor. Esa esperanza ha hecho ese "milagro" de que el Sínodo, ya acabado, continúe como vivencia compartida de una ilusión alegre de que nuestra Iglesia puede ser más fiel al Señor y a su Evangelio, y de que nuestra sociedad, aun cargada de pecado y de injusticia, está compuesta de hermanos a los que se puede ilusionar desde el Señor y con el Señor, hermanos a los que hay que amar y que muchos de los cuales, aparentemente adversarios de la Iglesia, ansian, aun sin saberlo, encontrarse con Jesús y su Buena Noticia, y esperan de nosotros un gesto de acogida y comprensión, esos gestos de acogida y comprensión que el Señor jamás negó a ningún pecador con los que se encontró en su vida.


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El Sínodo Diocesano es ya una realidad escrita, un libro, que ahora hemos de llevar a la vida, o, mejor, convertir en vida de nuestra Iglesia de Canarias. El Sínodo tuvo un principio casi casual. Todavía no sé muy bien la razón última por la que en aquella ya relativamente lejana reunión del Consejo Pastoral de la Dibcesis, propuse la celebración de un Sínodo Diocesano. Pero tampoco fue una improvisación o el fruto de una "corazonada", salvo a lo que acaso se refiera a que habia llegado el momento de celebrarlo. Desde 1979, primero en el Colegio Arciprestal y, después, en el Consejo Pastoral, todos los años evaluábamos las realizaciones pastorales y programábamos las actividades pastorales a realizar, por años, por trienios o por quinquenios. En estas reuniones del Consejo, específicamente destinadas a programar, se aportaban no sólo la visión de cada consejero,.de cada delegado diocesano o director de Secretariado, de los representantes de Movimientos, Pastorales especializadas, Asociaciones y Arciprestazgos, del Seminario y del CET, de la CONFER ... etc., sino lo que ellos habian recogido en sus respectivos ámbitos a los que representaban. Y también, en un momento dado, se decidía por votación los temas a tratar durante el siguiente curso por el propio Consejo Pastoral. Fue en una de esas reuniones en las que propuse a votación la idea de celebrar el Sínodo Diocesano. La sugerencia fue recogida casi por unanimidad. Algo parecido ocurrió también en el Consejo Presbiteral. En mi propuesta, repito, había mucho de una de esas intuiciones, no del todo suficientemente maduradas o sintetizadas en lo que al momento se refiere, en las que el Señor, su Espíritu, tienen sin duda una parte importante de colaboración. Pero también es cierto que detrás de aquella "intuición", habia muchas horas de reflexión y de oración, habia anos de Evaluación de la pastoral y de sacar conclusiones desde los datos aportados por la base eclesial; habia un grandísimo número de horas de reflexión y diálogo en el Consejo Pastoral y Presbiteral, y, particularmente en el Consejo Episcopal, en cuyas reuniones semanales se habian abordado incansablemente problemas y situaciones, logros y fracasos de nuestra Pastoral. Detrás de aquella "intuición" habia también una reflexión, no sólo personal del obispo, sino participada por muchos en constante diálogo, cuyo fruto era el convencimiento de que habia llegado la hora de un trabajo comunitario que constituyera el Sínodo. Dicho de otra manera, detrás de aquella "intuición" habia una larga reflexión y no pocas horas de oración; habia un


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serio esfuerzo de racionalización y de sistematización de una multitud de datos (experiencias, esfuerzos, sacrificios, tensiones, fracasos, éxitos ... etc.), procedentes de mi experiencia y de la de mis colaboradores, de nuestra pastoral (o de nuestras pastorales...); de los resultados de más de diez evaluaciones anuales de la pastoral; de la preparación de tres "memorias" sobre la situación de la Diócesis para la visita "ad limina"; de un continuo contacto con sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares; con parroquias, Movimientos, delegaciones y asociaciones; con jóvenes y adultos; con Colegios, Institutos y Centros de F.P.; con cristianos comprometidos en politica y con no comprometidos en nada; con colaboradores de Cáritas y con cristianos y no cristianos viviendo en la miseria; con politicos de todas las tendencias y con intelectuales ..., etc., etc. La oración, la reflexión, la sistematización de unos datos, junto con la experiencia de multitud de intentos por encontrar un camino claro para nuestra Pastoral, un camino evangelizador que nos diera luz a todos y que nos pusiera en situación de afrontar los problemas de identidad de nuestros sacerdotes, religiosos/as y seglares, intentos que apenas habían tenido fruto duradero alguno, o que difícilmente eran percibidos como solución por una mayoría, fue sin duda la razón de pensar y proponer un Sínodo. Porque detrás de todo tratamiento sectorial de los problemas, siempre aparecian condicionantes más globales y más profundos. Difícilmente podrá definirse o clarificarse la identidad ministerial del presbítero, por poner un ejemplo, sin clarificar una Pastoral que sirva de referencia a su ser y a su quehacer sacerdotales, sin unos programas y unos objetivos que le ilusionen y le den luz, sin una definición clara y realista de lo que supone la corresponsabilidad, la Pastoral de Conjunto, una Iglesia Misionera, el papel del laico ..., sin unos ideales pastorales que le abran horizontes de sentido para su oración, su trabajo ministerial, para su quehacer litúrgico, para su animación de Cáritas y su opción por los pobres, para su servicio como presidente de una comunidad, para sus Retiros Espirituales y Ejercicios, para su estudio y actualización teológica, para su disponibilidad y su desprendimiento ... ipara toda su vida! Y si detrás de cualquier problema pastoral sectorial aparecían condicionantes y problemas más profundos y globales, era preciso que toda nuestra Iglesia Diocesana rezara y dialogara sobre ellos; deliberara y colaborara en un esfuerzo común por encontrar soluciones, luces, caminos hacia el futuro; en una palabra, que toda la Iglesia Diocesana volviera, durante un tiempo, los


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ojos al Señor y a su Revelación, al Concilio Vaticano 11, a la Doctrina de la Iglesia, a la Teología Conciliar y post-Conciliar ... lo cual difícilmente podía hacerse sin un Sínodo Diocesano. Porque el hecho es que cualquier esfuerzo tendente a vigorizar una pastoral misionera, a crear una ilusión evangélica y evangelizadora en los agentes de nuestra pastoral, a promover contenidos vivos y esperanzados para las diferentes actividades pastorales y apostólicas, a pesar de contar ya la Diócesis con unas estructuras y una organización plenamente adecuadas respecto a las exigencias del Vaticano 11 y respecto a lo que podía ser una pastoral evangelizadora, se estrellaban ante una gran diversidad de Eclesiologías, Cristologias y Pastorales Fundamentales; fracasaban ante la persistencia de viejas divisiones. viejos aislamientos, antiguos prejuicios, estereotipos y etiquetas ... que habian nacido hace alrededor de veinte o veinticinco años, y que permanecían casi idénticos desde entonces. Y este problema resultaba más preocupante cuando los ánimos, durante los últimos diez años en lo que se habian multiplicado las ocasiones de encuentro, se habian ido serenando, el respeto mutuo se habia ido acentuando, el diálogo se había ido haciendo más fraterno y tranquilo o menos agresivo, habia crecido la capacidad de escucha y el respeto en relación con los que mantenían posturas diferentes, la comunión mutua se comenzaba a vivir aceptando un legítimo pluralismo, la oración comunitaria participada por sacerdotes y seglares de muy diferentes tendencias era cada día más frecuente, las ideologías temporales aparecian más relativizadas por todos y menos condicionantes de la aparición de conflictos y rupturas en la vida de la Iglesia y en las decisiones pastorales ... En una palabra, se habia avanzado en el campo de la reconciliación que podríamos llamar "pasiva", es decir, en la superación de conflictos y agresividades; se habia avanzado y mucho en el campo de las estructuras pastorales y de la organización de la Diócesis. Pero apenas se habia avanzado en el campo de la reconciliación que podríamos llamar "activa", es decir, en llegar a una situación en la que, admitidas las diferencias, se construyera corresponsablemente con los demás, una pastoral evangélica y evangelizadora, misionera, que fuera fruto de un consenso alegre e ilusionado, a la luz del Concilio y de la Palabra, a la luz de los signos de los tiempos escrutados con fe y esperanza, con amor, en la vivencia compartida de una Iglesia también evangélica y evangelizadora. Se habia avanzado y no poco, sin duda, pero lo que faltaba por hacer, lo que quedaba por recorrer (y admitiendo, por supuesto, que siempre quedará mucho por hacer, un gran trecho de camino por recorrer...), los problemas


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que era preciso resolver, jamás seria posible sin un diálogo largo, sereno y profundo; sin un tiempo de oración y de reflexión en el que participáramos todos los agentes de la Pastoral; sin un tiempo en que todos escucháramos a todos y en el que todos habláramos a todos; sin un espacio en que cada uno se sintiera libre para decir lo que pensaba del pasado, del presente y del futuro; sin una mirada tranquila del mundo, una mirada exenta de juicios precipitados e inmisericordes, exenta también de prejuicios, sin falsos optimismos y sin falsos pesimismos, una mirada realmente cristiana de nuestra sociedad contemporánea en general y de nuestra sociedad canaria en particular, una mirada capaz de ver lo bueno y lo malo del mundo y de nuestra sociedad canaria, dejando a un lado "escándalos farisaicos" y condenas tantas veces poco cristianas; sin una mirada que penetrara, llena de amor y comprensión, en nuestra propia vida cristiana y eclesial, para descubrir valores y contravalores, con el corazón cargado de un sincero deseo de conversión y de una gran comprensión también llena de amor de nuestra Iglesia. Todo ello parecía constituir una llamada de Dios a celebrar, en nuestra Iglesia Diocesana, un Sinodo que abriera horizontes de ilusión y esperanza a todos los que, desde nuestra libertad, nos sentimos parte responsable de la Misión que el Señor ha encomendado a su Iglesia. Asi nació el proyecto, la idea, la decisión compartida, de celebrar el Sinodo Diocesano. Todos éramos conscientes de que no era una "aventura" sencilla: jcómo hacer un Sinodo que unos pedían fuera estrictamente "democrático" y otros, realmente "jerárquico", que "pusiera orden" en el "caos" en que -según decían- vivia la Iglesia? ¿Cómo hacer un Sinodo realmente participativo, activamente participado por todos, y, al mismo tiempo, que no supusiera una especie de referendum abierto en el que las mayorías se impusieran a las minorias sin más razón que la fuerza del número de votos, olvidándonos de que, a veces, la voz profética es minoritaria, o prescindiendo incluso de la identidad eclesial y cristiana que deberían tener las conclusiones? ¿Cómo hacer un Sinodo realmente participado por todos y en el que no se pusieran en marcha "mecanismos de presión" de grupos, tendencias, ideologias.. . que rompieran en mil trozos la comunión eclesial? Detrás de la decisión de celebrar el Sinodo también existia una constatación de gran importancia: durante más de diez años, la Diócesis había trabajado en una linea acentuadamente corresponsable. Muchisimos cristianos se habían ido incorporando activamente a la Pastoral. Entre no pocas


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dificultades y una infinidad de diversidades, un número importante de cristianos, una parte también importante de los sacerdotes, muchos religiosos y religiosas, habían trabajado, con una impresionante generosidad, con la idea clara que habia que ir perfilando una Iglesia misionera que desarrollara simultáneamente y en plenitud, una Catequesis seria y que abarcara todas las situaciones del cristiano (adultos, tercera edad, jóvenes, adolescentes, pre-adolescentes, niños...), unas Catequesis pre-sacramentales que fueran mucho más que un mero trámite, una Liturgia viva y participada, espacios de oración comunitaria, unas Cáritas que expresaran el amor de las comunidades por los más pobres y que potenciara la defensa de las exigencias de la justicia en favor de los indigentes y marginados, la presencia testificadora e evangelizadora de los cristianos en todos los ambientes, la corresponsabilidad y sus organismos capaces de hacerla realidad, la comunicación de bienes entre todas las comunidades de la Iglesia, el compromiso temporal de los cristianos..., etc., etc. Y, sin duda, se habia ido avanzando en este camino, se habían logrado no pocos objetivos, se habían creado actitudes y comportamientos coherentes con esa búsqueda, existían ya realidades admirables en todos los campos de la Pastoral. Tal vez por ello el Sínodo fue aceptado prácticamente por toda la Diócesis, aunque en cada cristiano (fuera sacerdote, religioso, religiosa o seglar; fuera militante o fuera un simple "cumplidor" o, incluso, un "alejado" ...) hubiera un modelo de Sínodo a celebrar absolutamente diferente.

No puedo negar que percibiera desconfianzas junto con entusiasmos. Desconfianzas, sobre todo, respecto al método que se iba a seguir: para unos, "iba a ser, una vez más, un acto de Iglesia jalonado de imposiciones jerárquicas"; para otros, una experiencia más de cómo unos gmpos de presión pueden manipular a la mayoría, al propio Obispo, imponiendo sus personales ideologías ... Con este ambiente de fondo, se creó la Secretaría del Sínodo (cuyo estupendo trabajo nunca podremos agradecer suficientemente...), se creó la Comisión pre-Sinodal, se organizó la consulta a la base sobre los temas a tratar prioritariamente se comenzaron a estudiar reglamentos, "reglas de juego", métodos de participación, estapas, calendarios ... toda la estructura metodológica sobre la que en alguno de los trabajos de este Almogaren o en el mismo libro del Sínodo se da cumplida información. Mi experiencia ciertamente es que iniciamos la preparación del Sínodo fiándonos del Señor y confiando en el Señor, sin grandes claridades, ni sobre


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cómo tenía que ser, ni a dónde exactamente nos debía conducir. lniciamos la preparación del Sínodo si prejuicios, con una ilusión generalizada, con una gran expectativa, pero también con no pocas desconfianzas y algunos miedos. ¿Qué teníamos claro en aquel momento, con independencia de la necesidad del Sinodo? Prácticamente todo lo que ya he expuesto en las páginas anteriores. Y aun eso, sin una perfecta unanimidad en cuanto al diagnóstico de situaciones (sociales y eclesiales) y en cuanto a objetivos a conseguir (eclesiales y pastorales). Como he indicado antes, no voy a hablar de la metodología que se estableció, sino más bien de mi visión del Sínodo, de mis sentimientos, de los criterios que fui ofreciendo en su inmensa mayoría (por no decir en su totalidad ...) como sugerencia5 que, incluso fueron discutidas en más de una ocasión aunque siempre dentro de un clima de respeto, de escucha y de amistad que siempre admiré y agradecí, y que difícilmente podré olvidar nunca. La personalidad del canario es inmensamente rica. Cargado de una buena afectividad, desconfiando por razones históricas y sociales, en ocasiones -y salvo excepciones- con un nivel cultural insuficiente (no por su culpa, sino por el hecho de la insularidad y de las distancias no fáciles de salvar), el canario es un hombre muy emotivo (lo que le supondrá más de una vez problemas y también dificultades a la hora de objetivar, de razonar y de dialogar) pero extraordinariamente inclinado a la bondad, a la comprensión, al diálogo, a la amistad. Llevado por esa emotividad, podrá ser hasta rencoroso (en el sentido de "no olvidar" fácilmente) pero también fácilmente capaz de querer, perdonar, acoger ... cuando ve "en el otro" unas actitudes de cercanía y de servicio, de amistad y de humildad. Le producirá un gran dolor que le llevará a una radical desconfianza, si se siente herido en sus sentimientos, si percibe que no se "juega limpio", si se piensa engañoso. Pero se entregará con todo su corazón a los demás, a una tarea, a un esfuerzo, por muy sacrificado que sea, si percibe "juego limpio", sinceridad y humildad, reconocimiento de los fallos y cariño, deseo de lo mejor para todos ... Y cuando siente o percibe que se juega limpio, todo son facilidades, todo es ~ o n f i a ren los demás, todo es humildad en el sentido más noble y hasta cristiano de la palabra, todo es apertura "al otro", a sus ideas y sugerencias, a su saber. Y es entonces cuando, bajo la luz de esa estupenda afectividad, surge el canario inteligente, vivaz e intuitivo, dialogante y crítico-constructivo, capaz de aportar lo mejor de su "ser" y de su "saber", acogedor y alegre, fraternal y "hambriento" de un cariño que él no escatima en absoluto.


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Sirva este esbozo, lleno de amor a ésta mi gente canaria, para comprender que desde el inicio del Sínodo, puse como condición "sine qua non" que en la metodología todo fuera transparencia, todo fueran reglas de juego absolutamente limpias y claras, nadie se pudiera sentir en ningún momento ni engañado, ni marginado, ni víctima de maniobras tendentes a buscar objetivos que no fueran conocidos de todos. Y las razones para ello fueron siempre evangélicas y no de una mera estrategia: amor, verdad, sinceridad, transparencia, confianza en la acción del Espíritu en el Pueblo de Dios. .., etc., etc., pero razones evangélicas inculturizadas en Canarias, contando con la manera de ser del canario, respetando su idiosincrasia. Ya en las reuniones preparatorias, en aquella comisión "de los cien",

la mayoría elegidos como representantes por los diferentes sectores de la Pastoral Diocesana, en la que estaban representados prácticamente todos los ministerios, movimientos, asociaciones, delegaciones, tendencias, profesiones más características de nuestra sociedad canaria, ideologías políticas, obreros y patronos, adminitrativos y profesores, periodistas y cónsules, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, miembros de la tercera edad y enfermos... ya en aquella comisión, repito, comenzó un trabajo en línea de total corresponsabilidad y dejando claros los criterios de fondo de lo que es un Sínodo Diocesano, de sus objetivos, tal como lo perfila el Directorio de los Obispos, el C.I.C. y el mismo Concilio. Desde el primer momento establecí claramente que nuestras competencias y nuestra total libertad tenían sus limites: nos teníamos que mover dentro de la Diócesis, en plena sintonía con la Revelación, con el Magisterio en lo que éste tiene de definitorio de nuestra identidad cristiana y eclesial, con el Concilio Vaticano 11 como fuente de exigencias para cada cristiano y para la Diócesis en cuanto tal (en sus estructuras y en sus funciones o Misión). Allí comenzó la etapa preparatoria que había de durar hasta el inicio del Sínodo propiamente dicho. Toda decisión, fuera metodológica o de cualquier otro tipo, pasó por aquella Comisión cuyos miembros actuaron con plena responsabilidad y con total libertad. Las decisiones se tomaban por votación y fue una primera experiencia de algo de lo que siempre he estado convencido, pero que pudimos constatar plenamente: los cristianos han alcanzado una madurez suficiente como para que se les permita decidir, o, si se quiere, para que se les permita aportar, desde una gran libertad de iniciativa, lo que el Obispo sellará posteriormente con su aprobación definitiva. Habia muchas tendencias, incluso contrapuestas. Pero el diálogo y unas actitudes de búsqueda coincidentes en lo fundamental, conducían hacia una unidad final de propuestas que personalmente compartí plenamente.


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Hay que sañalar como un hecho de gran valor que aquellos cien cristianos supieron, con una inteligencia profundamente cristiana, evitar la tentación de convertirse en ideólogos, en políticos, en sociólogos (en el "mal" sentido de la palabra) o en adivinos. Por el contrario, desde el inicio predominó un ambiente de oración, de escucha de la Palabra, de esfuerzo por discenir los signos de los tiempos, de talante profético lleno de libertad evangélica, de apertura al mundo para descubrir, con ojos de creyentes, el camino del Evangelio y de la Evangelización. Y ese ambiente perduró durante todo el Sínodo.. . El punto de partida fue muy sencillo y fácil de aceptar por todos, dada su "limpieza ideológica": examinar lo que nuestra Iglesia hace, lo que hacemos, como evangelización, para descubrir si está de acuerdo con las necesidades del hombre y de la sociedad canaria; revisar si nuestro esfuerzo evangelizador está en conformidad con el Concilio Vaticano 11; desde esas dos revisiones, buscar las grandes líneas de acción pastoral para el futuro, a medio y largo plazo, y establecer mecanismos correctores e incluso normativos respecto a lo que no hacemos bien o simplemente no hacemos; convertir en legislación diocesana lo suficientemente probado por nuestra práctica pastoral. Todo ello lo convertiría la Comisión Preparatoria en los cuatro grandes objetivos del Sínodo: analizar la situación de nuestro pueblo para percibir la llamada que Dios nos hace; contrastar la vida y la acción de nuestra Diócesis con las orientaciones del Vaticano 11; establecer las normas necesarias para la mejor realización de nuestra tarea evangelizadora y concretar las orientaciones pastorales para el futuro de la Iglesia en nuestra Diócesis de Canarias. Debo confesar con alegría que la síntesis de "inducción" y "deducción", con el trasfondo del "ver, juzgar y actuar", me pareció perfectamente lograda y de un inmenso valor para afrontar el trabajo a realizar, una ayuda inestimable para que todos superaran temores a posibles manipulaciones ideológicas, una ayuda también para que el diálogo, desde el inicio del Sinodo, fuera fluido y exento de grandes dificultades o de "bloqueos" causados por prejuicios de diferentes órdenes. La campaña de información al Pueblo de Dios representó otro momento importante en la etapa preparatoria. La "recepción" del Sínodo por parte de la inmensa mayoría de los cristianos (incluso de no pocos alejados ...) fue impresionante y un motivo de alegría y de esperanza para todos. Fue algo así como la corroboración de que el trabajo pastoral de muchos años no había caido en el vacío. Y aunque se advertía con toda claridad que el Sínodo


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propiamente dicho vendría más tarde y que en él no podrían participar todos los cristianos sino los elegidos por los grupos de trabajo o por razón de su ministerio, la respuesta fue de lo más amplia y positiva. Expresión de ello fue, sin duda, la acogida de la consulta que se hizo a toda la sociedad (militantes, practicantes, creyentes alejados, no creyentes, personas pertenecientes a otras confesiones ...) para que nos orientaran sobre los temas que opinaban eran los más importantes para que reflexionara el Sínodo. Se recibieron 21.000 respuestas individuales, un numero importante dada la metodología seguida (79,6% practicantes, 19,31% no practicantes y un 1% no creyentes) y 270 grupos cristianos (unas 3.690 personas). En total, cerca de 25.000 personas. Sobre su disposición a trabajar en el Sínodo, también es digno de señalarse que un 50% de los cristianos practicantes estaban dispuestos a hacerlo, un 36% de los no practicantes y, lo que es más llamativo y representa un dato importante de la cercanía de nuestra Iglesia a sectores profudamente alejados de ella, un 53% de los no creyentes mostraban su disposición a colaborar con su trabajo en nuestro Sínodo. A la luz de las aportaciones, nace el primer esquema sinodal o conjunto de temas que debían ser abordados por el Sinodo.

Hay tres grandes temas que debian ser estudiados por todos los grupos: - La identidad cristiana o ser cristiano, hoy. - La corresponsabilidad en la Iglesia. - Las principales necesidades y problemas de nuestra sociedad y qué tenemos que hacer los cristianos para colaborar en su solución. Como puede verse, no había una especie de servidumbre a la letra del Concilio, sino más bien una relectura del "espíritu" del Vaticano 11, a la luz de nuestra realidad, eclesial y social. Todavía aparece con mayor claridad este profundo sentido evangélico de buscar luz para asumir lo que debe ser, hoy, nuestro vivir cristiano y eclesial, si se tienen en cuenta los temas sectoriales elegidos para que los grupos estudiaran eligiendo al menos uno de ellos: la juventud, la evangelización de los alejados, la catequesis (niíios, jóvenes y adultos), la familia, preparación y celebración de los sacramentos, la preferencia por los pobres y sus consecuencias para nuestra Iglesia, actitud de la Diócesis ante personas en situación irregular (divorciados, casados civilmente, secularizados. ..), los enfermos y minusválidos, la enseííanza, presencia y vida moral de los cristianos en un mundo en cambio ...


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Realmente nuestra Iglesia Diocesana abría de par en par sus ventanas al mundo, en una sincera búsqueda de conversión, llena de amor a todos, con un deseo de evangelizar ofreciendo la Buena Noticia de Jesús a todos los hombres.

700 grupos, unas 9.000 personas, comienzan a trabajar teniendo como base unos documentos de estudio (uno por tema), que para muchos resultaban demasiado complejos en tanto que para otros parecían demasiado simples. Y sin embargo, la gente trabaja, trabaja con no pocas dificultades, pero llenos todos de fe, de confianza en Dios, venciendo mil dificultades. Los hay que apenas saben leer y escribir. Hay también profesores de Instituto y Catedráticos de Universidad. Hay jóvenes y mayores, hombres y mujeres, trabajadores en paro y empresarios. Están todos los sacerdotes, casi todos los Religiosos y Religiosas, muchos militantes y también alejados. Realmente hace pensar en un milagro ... Porque lo que se pide no es la asistencia pasiva a una reunión. Se trata de trabajar temas nada fáciles a personas en su mayoría poco preparadas. Se trata de trabajar semana tras semana, mes tras mes. Se trata de aportar sugerencias, ideas, propuestas, posibles normas, líneas de acción. .. Por supuesto que fue una etapa larga y difícil. Tal vez por ello la oración de toda nuestra Iglesia Diocesana se hizo intensa y continua. Tal vez por ello rezábamos por el Sínodo todos, sin distinción de tendencias, grupos, ministerios, ideologías ... Tal vez por ello aprendimos a confiar en Dios y a purificar nuestras intenciones. Tal vez por ello fuimos capaces de olvidar nuestros personales proyectos y nuestras personales ilusiones, para hacernos "un poco más Iglesia de Jesús", "un poco más hermanos los unos de los otros", "un poco más Evangelio", "un poco más discípulos de Jesús en obediencia a la voluntad del Padre". No quiero caer en "pías expresiones" o en "piadosos tópicos". Pero realmente Dios nos escuchó. María intercedió por nosotros. El Espiritu nos iluminó. Jesús nos acompañó. La participación fue espléndida, el trabajo un milagro de constancia, la entrega tan generosa que sólo desde la acción de Dios se puede explicar. Fue, además, un trabajo que todavía no nos permitía ver "hacia dónde íbamos", con claridad. Fue cruzar un desierto, sabiendo de quién nos habíamos fiado. Dejando ese pudor que todos tenemos para hablar de los sentimientos más profundos, he de decir que me sentí más "enamorado" de nuestra Diócesis


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que nunca. Se vio que es realmente una porción del Pueblo de Dios aquí, en Canarias. Porque hubo desánimos, momentos de desconcierto, oscuridades, tensiones (que, sin embargo, se superaban...), parones, algún abandono (poquísimos...), situaciones que parecían sin salida ... Y, a pesar de todo ello, los grupos aportan 17.103 propuestas que las Comisiones convertirían (elminando repeticiones) en 2.036 proposiciones. Una preocupación constante había sido la de cómo pasar de este trabajo, a las tareas propiamente sinodales, sin caer en la tentanción, ni dar siquiera la impresión de que a través de ese paso se prescindía del trabajo realizado, se manipulaban las propuestas nacidas de los grupos, se "inventaba" un nuevo material aunque fuera con la lógica sana intención de "hacer un Sínodo mejor", de "construir un texto de mayor altura", de "procurar un mayor prestigio para la Diócesis.. .". Ya he indicado antes que un principio fundamental, cuya base estará siempre en La confianza de que el Espiritu actúa también en el Pueblo de Dios y a través de ese Pueblo de Dios, por sencillo y limitado que pueda parecer a los más preparados, era que "había que jugar limpio" y con unas "reglas de juego" perfectamente claras y conocidas por todos. Y así se siguió haciendo, aunque hubiera personas que, con la mejor voluntad, no lo vieran o temieran lo peor. La nueva fase consistió en volver a entregar a todos los grupos las 2.036 propuestas para que expresaran su conformidad o disconformidad y para que hicieran todo tipo de sugerencias. Además, los grupos deberían elegir las que consideraran más importantes y proponerlas a los arciprestazgos o a las coordinadoras de movimientos, donde se votarían hasta 25 propuestas que serian las especialmente apoyadas por los mismos. Acabado este trabajo, el Sínodo comienza a asomarse a su etapa final, es decir, a su celebración propiamente dicha. Los arciprestazgos, los movimientos, las asociaciones e instituciones de la Diócesis, eligen sus representantes. El Obispo los nombra "sinodales". Junto a ellos todos los sacerdotes en activo y cuatro representantes de los jubilados o retirados. También los que, segun Derecho. deben participar: Vicarios, Canónigos, el Rector del Seminario, el Director de CET, el Ecónomo de la Diócesis, los Delegados y Directores de Secretariados y los Arciprestes. También los Superiores Mayores de Institutos Religiosos o Sociedades de Vida Apóstolica presentes en la Diócesis, los presidentes de la CONFER, los seglares miembros


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del Consejo Pastoral de la Diócesis, seis seminaristas mayores elegidos por sus compañeros ...,etc. La elección de religiosos y religiosas se hace de forma que los elegidos representen la variedad real existente en la Diócesis: religiosos sacerdotes, religiosos no presbíteros; religiosas dedicadas a la enseñanza, al mundo sanitario, o la acción social; miembros de Institutos Seculares... Al Obispo se le pide elija hasta 50 fieles (seglares, religiosos, religiosas o sacerdotes). La elección se hizo en diálogo con el Consejo Episcopal, procurando que ningún sector social, ideológico, político, económico, laboral.. etc. quedara sin representación en el Sinodo. Al final el Sínodo quedó constituido por 558 miembros que suponía, además, una buena representación de la realidad social constitutiva de nuestra Iglesia Diocesana: 260 laicos, 193 sacerdotes, 105 religiosas/as. Sus edades oscilaban entre los 18 y los 92 años. Había cristianos de la casi totalidad de profesiones, de las más variadas tendencias, de todos los partidos políticos, de todos lo lugares geográficos de la Diócesis ... el número de varones duplicaba al de mujeres, realidad que se explica fácilmente por el hecho de que todos los sacerdotes habían sido constituidos Sinodales (193). Sin ellos la proporción hubiera sido prácticamente del 50%; de 365, 184 varones y 181 mujeres, dato importante si se tiene en cuenta que en nuestra Diócesis son muchos los cargos de responsabilidad pastoral, incluso directivos, que están ocupados por mujeres (religiosas o seglares). Por edades, 81 tenian entre 18 y 30 años, 101 de 62 a 92, y el resto entre 31 y 61 años, predominando relativamente los que tenían d e 4 2 a 51. Debo señalar que tal vez debido a "mi deformación profesional", el análisis de estos datos me produjo un alto nivel de satisfacción puesto que siendo la mayoría de los sinodales elegidos democráticamente, el resultado final era de lo más representativo de la realidad de nuestra Iglesia Diocesana: creo que ningún sector minimamente significativo quedó marginado del Sinodo. Debo también indicar que la decisión personal de que todos los sacerdotes fueran sinodales, no fue resultado de un simplista y fácil "clericalismo". El hecho constatable es que, en toda la Iglesia, el "peso especifico" de los sacerdotes es "de facto" importante. Y ello aun en los casos en que haya no pocos laicos formados y marcadamente militantes. Asi es y por mucho que hablemos "la terquedad" de la realidad acaba siempre imponiéndose, al menos hoy por hoy y sin entrar en discusiones si debe ser asi o no. También era un hecho que el Sinodo iba a definir multitud de decisiones que iban a afectar de forma más particular y directa a los sacerdotes. Y difícilmente asumirán


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ellos unas orientaciones de las que iban a ser protagonistas para su aplicación en no pocos casos, y directamente afectados en muchos, si no participaban directamente a la hora de decidir de deliberar. Si a ello añadimos el hecho del hoy normal pluralismo del presbiterio, se comprenderá fácilmente la importancia de que todos los sacerdotes estuvieran presentes en el Sinodo sin que ello supusiera que los resultados se vieran demasiado afectados o aparecieron sesgados por razón de su presencia. Nombrados por el Obispo los 558 miembros de la Asamblea Sinodal, se les pide que elijan la Comisión a la que desean pertenecer, sugieran el nombre del que debe presidir cada Comisión y, posteriormente, elijan (por votación estricta) el Consejo de Presidencia, los miembros del equipo de la Secretaria General y los de la Comisión de Redacción. Aprobado el Reglamento del Sínodo, elaborado el Documento-Base para el Sínodo conteniendo 508 proposiciones de las 621 propuestas hechas por los grupos y estudiadas en las Asambleas Arciprestales y de Movimientos e Instituciones, llegamos ya a la celebración del Sínodo propiamente dicho o Asambleas Sinodales. Las siete Comisiones de Estudio creadas, compuestas cada una por 70 u 80 sinodales, respondían a los siguientes temas: La Iglesia, misterio de Comunión; La misión de la Iglesia: presencia de los cristianos en nuestra realidad; La Iglesia Diocesana anuncia el Evangelio, fundamenta la fe y forma a los creyentes; La Iglesia Diocesana celebra la fe; La Iglesia Diocesana vive el amor a los más necesitados y se organiza para ello; Los jóvenes; La familia. No es el clásico planteamiento "de laboratorio". No es un esquema que arranque de un saber sistemático fruto de una reflexión teórica. Realmente es llamativa la capacidad de intuición teológico-pastoral de unos cristianos, la mayoría de los cuales no cuentan más que con la formación proveniente de una catequesis. Porque el esquema, no demasiado racionalmente sintetizado, responde, sin embargo, a una estupenda reflexión (y, sin duda, también a una oración) de lo que se intentaba conseguir con el Sinodo en esa búsqueda, llena de amor, de una Iglesia fiel al Señor, fiel al amor de Dios, y fiel a su misión, fiel a la tarea de abrirse al mundo para llevar la salvación de Jesús a todos los hombres. Desde ahí se entra de lleno en la celebración de la etapa final o propiamente sinodal. Cuatro sesiones jalonan esta etapa. No se trata simplemente de votar. Todos los que lo desean, participan (en los grupos y


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en las sesiones plenarias). A nadie se le niega su palabra. Cualquiera puede hacer la aportación que desee. Sólo se limita el tiempo de intervención. Todos pueden, si lo desean, defender una proposición o defender una enmienda, aportar un matiz o dar razones para que la Asamblea rechace una afirmación o una propuesta, hacer una crítica o defender algo que estime se debe añadir. Incluso pueden defender en sesión plenaria una propuesta que había sido rechazada en la Comisión. El engarce de lo que ha sido un largo trabajo de miles de cristianos, con lo que se debate en estas sesiones conserva su más estricta pureza. Si alguien piensa que una sugerencia no fue recogida en su momento, ahora la vuelve a plantear y a defender con toda libertad. Debo decir con toda sinceridad que todavía doy gracias a Dios de lo que fue el debate sinodal, algo que probablemente sólo puede ser posible hecho por cristianos convencidos y en el ámbito de un espíritu eclesial, de un espíritu realmente comunitario. Tal vez fue el resultado de la superación de una de las tentaciones más sutiles y peligrosas que siempre ponen en peligro la vida eclesial, las relaciones comunitarias de los cristianos: el miedo, ese miedo que tantas veces expresa falta de fe y de esperanza, falta de confianza en el Señor y en el Espíritu.

El Señor nos condujo de la mano. Tal vez porque nos habíamos fiado de El. Las Asambleas fueron realmente una explosión de diálogo sereno, de comprensión mutua, de sinceridad total, de libertad evangélica, de respeto mutuo, de valentía o audacia evangélica, de humildad profunda, de alegría ... También de superación admirable de años de división y de incornpresión, de negativas de diálogo. Superación también de "ismos", de prejuicios, de tópicos y estereotipos, de incomunicaciones ... Superación de la prepotencia de la ideología de diferentes signos, sobre la fe. Superación de que las "opciones de partido" ("intra" y "extra" eclesiales) se impusieran a la comunión eclesial. Superación d r viejos dualismos. Superación, también, de toda tentación de absolutizar visiones subjetivas o ideológicas del mundo y de la Iglesia ... La fe y la comunión se impusieron incluso a todo "saber humano", a toda "seguridad humana", a toda "instalación humana".

Y junto a todo ello pudimos percibir cómo afloraba un gran amor a la Iglesia, a la Iglesia local sin contraponerla a la universal, una comunión viva y sincera con toda la Iglesia de Jeslis. Y un gran amor a nuestra gente, a Canarias, a todos los que viven, sufren, ríen, lloran, esperan y desesperan en nuestras islas ... pero sin olvidar a todos los indigentes del mundo entero, y a toda la humanidad.


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Hubo, por supuesto, intervenciones acertadas y no tan acertadas, momentos de tensión, alguna crispación (poquísima...), posturas distanciadas ... Pero se podía comprobar con alegría cómo en las mismas sesiones o en los pasillos, se restablecía el diálogo, se aceptaba (hasta públicamente ...) el haberse equivocado, se seguían los cauces establecidos sin rupturas de ningún tipo, se apelaba a la corrección fraterna con exquisito respeto al otro, se superaban "tabúes" y se hablaba de todo en voz alta ... Y todo dentro de un clima de oración, de fe y de esperanza, de comunión y de amor. ¿Cómo no dar gracias a Dios cuando se escuchaban intervenciones de cristianos pertenecientes cualificados del mundo político y situados en partidos absolutamente divergentes que sabían dejar a un lado sus opciones temporales para hablar desde motivaciones genuinamente evangélicas? ¿Cómo no dar gracias a Dios cuando se escuchaban intervenciones de hombres o mujeres que siempre se habían movido en un radical "temporalismo" en las que hablaban de "la trascendencia", de la oración y de la contemplación? ¿O de hombres y mujeres que siempre se habían movido en un acusado "espiritualismo desencarnado" y que hablaban del amor preferencial a los pobres y del compromiso? ¿O intervenciones de los que reconocían errores cometidos en el pasado? El trabajo sinodal fue transcurriendo. La entrega al trabajo de los sinodales fue un ejemplo admirable de amor y de fe. Pero también de fidelidad a Dios y de búsqueda de su voluntad. Poco a poco se fue perfilando hacia dónde marchaba el Sinodo. Las "declaraciones", "las líneas de acción", "las normas", el mismo esquema inicial, iban ~odificándosedesde el diálogo y gracias al diálogo. Curiosamente (si es que se puede hablar así tratándose de una "aventura cristiana" ...) fue aflorando un esquema y unos contenidos en estupenda sintonía, no sólo con el Concilio Vaticano 11, sino con toda la Teología postconciliar, con la misma doctrina pontificia en sus rasgos más fundamentales, y, al mismo tiempo en plena sintonía con nuestra gente y con sus anhelos y necesidades, sean o no cristianos. Llegado aquí, no puedo menos que hacer una referencia, al extraordinario trabajo realizado por los teólogos de la Diócesis, teólogos de diferentes tendencias, pero todos unidos por una ilusión común: ayudar, servir, ofrecer su saber, sin escatimar esfuerzos y con una inmensa humildad, sin "prepotencia" alguna, respetando a los que sin duda sabían menos, sabiendo escuchar, esforzándose por respetar y comprender ... Y algo parecido que decir de los miembros de las demás Comisiones: juristas, redactores ...


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En la última Sesión se vota la Introducción y las 740 propuestas fruto de los trabajos sinodales. Posteriormente se votará el "Saludo del Sínodo". Me atreveria a hablar de "milagro" si no hubiera asistido a las largas jornadas de deliberación. El hecho es que todo se aprueba con más de 2/3 de votos exigidos. La votación se ha hecho, además, punto por punto y no de forma global. Se ha hecho a través de voto secreto. La que más obtiene (referente a la santidad y sus exigencias) es la 015 (430 votos sobre 434 sinodales presentes) y la que menos (referente al órgano como instrumento musical litúrgico), es la 504 (331 votos). Decía que me atreveria a hablar de "milagro": realmente, dado el pluralismo de la Asamblea y dadas las deliberaciones, parecía imposible que se llegara a una tal unanimidad. Sin duda el Espíritu había "tocado" nuestros corazones y nuestras inteligencias, María habia intercedido, el Señor nos habia acompañado.. . En su evolución, el esquema sinodal se ha convertido en una preciosa sistematización teológico-pastoral, con una armónica coherencia Cristológica, Eclesiológica y Pastoral, en la que nuestra Iglesia Diocesana aparece como protagonista: 1.11.-

Nuestra Iglesia Diocesana, misterio de Comunión Nuestra Iglesia Diocesana, enviada por el Señor a evangelizar:

a) La Misión de la Iglesia: evangelizar. b) Nuestra Iglesia Diocesana opta por la evangelización de los jóvenes. c) Nuestra Iglesia Diocesana afronta pastoralmente la problemática familiar. 111.- Nuestra Iglesia Diocesana vive la misión y la comunión en el triple ministerio: a) Escuchando y proclamando la Palabra. b) Celebrando el Misterio de Cristo en la Liturgia. c) Compartiendo los bienes con los pobres en actitud de Servicio. El texto afronta y desarrolla todos los temas que nuestra Iglesia vive como realidad y como exigencia. Las claves podrían enumerarse esquemáticamente así: - La Comunión late en todo el texto sinodal. Ese latido comunitario se puede escuchar a lo largo y a lo ancho de todo el texto, se hable del tema que se hable: la referencia a la comunión con Dios y a la comunidad de los hermanos es una constante en todo el Sínodo.

-


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Desde ahí se tratará de la corresponsabilidad, como algo a vivir y a realizar, personalmente y en todas nuestras estructuras pastorales (Consejos Pastorales, Consejo Presbiteral, Consejo Episcopal, Arciprestazgos, Vicarías, equipos sacerdotales, equipos de Catequesis, equipos de Liturgia, equipos de Cáritas, Colegio Arciprestal, Comisiones Económicas ... etc., etc.). También desde ahí surgirá una manera de vivir la vida económica con una clara llamada a la Comunicación Cristiana de Bienes. Siempre desde ahí, tendremos que vivir una Iglesia reconciliada y reconciliadora, como fundamento y, al mismo tiempo, consecuencia de una Iglesia evangelizadora y evangelizada.

- La Misi6n. Todo el texto sinodal está empapado de una llamada a la misión, a la evangelización, a una salida amorosa hacia el mundo para ofrecerle la salvación de Jesús. El Sínodo contempla nuestra Iglesia no como una realidad que exista para sí, sino para los demás, para el Señor y para el mundo. Una Iglesia "descentrada", es decir, que no es centro de sus preocupaciones y anhelos, de sus aspiraciones y trabajos. Centrada en el SeñorJesus, centrada también en la humanidad como destinataria del amor del Señor y, por tanto, del amor de su Iglesia. Esta intenta repetir su historia, la prolonga en el tiempo, cumple su mandato de ir al mundo a anunciar la Buena Noticia a todos los hombres, a la creación entera. La Iglesia será fiel a su Señor en la medida que sea una Iglesia misionera y no una Iglesia adormecida en su propia vida, en su bienestar, en un culto que satisface los "egoísmos espirituales" de sus "clientes", en una vida de relaciones satisfactorias de sus miembros que colman sus ansias y vacíos afectivos y que sólo les anima a hacer proselitismo. La Encarnación. En todo el texto sinodal resuena una llamada a la encarnación, a repetir la historia de Jesús, el cual "a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo...". (Fil. 2, 6-8). Nuestra Diócesis, en el Sínodo opta por repetir esa actitud de Cristo-Jesús, que no vino ni a juzgar, ni a condenar ni a ser servido, sino a salvar, a dar vida, a dar su vida. -

Nuestra Iglesia, en el Sínodo, opta por encarnarse, a tomar la condición de esclavo, a sintonizar llena de amor, de simpatía y de empatía, con el mundo y la sociedad, con los jóvenes y con las familias, con los pobres y los que sufren. En todo el texto sinodal resuena, pues, una llamada, a la Iglesia y a cada cristiano, a salir de sí mismo, a encarnarse, a no quedarse "mirando el cielo", a aprender a saiir del templo y ofrecer a Dios "un culto en espíritu y en verdad".


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En todo el texto resuena una llamada y un compromiso para que optemos, Iglesia y cristianos, por la pobreza evangélica y por los pobres y marginados como destinatarios privilegiados del Evangelio, para que nos acerquemos a ellos y seamos capaces de compartir nuestros bienes de todo tipo y su dolor y sus angustias, nuestra fe y esperanza y sus carencias y sufrimientos, nuestro compromiso cargado de amor y sus esfuerzos en pro de su propia liberación, nuestro hambre y sed de justicia y sus aspiraciones a una justicia que el mundo les niega sistemáticamente. La opción preferencial por los pobres se convierte en nuestro Sinodo en una llamada, en un grito, para nosotros mismos y para toda nuestra sociedad, para nuestras catequesis y para nuestras celebraciones litúrgicas, para nuestra vida de cada dia y para nuestra oración constante, para nuestros corazones y para todas nuestras estructuras diocesanas.

Y en plena coherencia con la Misión, con la Comunión y con la Encarnación, el Sínodo nos llama a una vida moral que represente un verdadero seguimiento de Jesús en conformidad con el estilo de las Bienaventuranzas. - Ministerios. El Sínodo asume plenamente el esquema ministerial del Libro de los Hechos (2,40) y del Concilio Vaticano 11; lo hace suyo, lo actualiza y lo convierte en clave de lo que debe ser un recto entendimiento de la Pastoral de Conjunto.

El punto de partida será la igual dignidad de todos los cristianos, la unidad de la misión sin prescindir de la diversidad de caminos y de ministerios, la complementariedad de todas las acciones pastorales que concretan la misión, la mutua necesidad para la evangelización de complementar en una unidad de acción evangelizadora y en una comunión profunda, lo territorial y lo especializado, parroquias y movimientos, asociaciones y comunidades, seminarios y apostolados, estructuras diocesanas y acciones pastorales, sacerdotes y seglares, vida religiosa y vida sacerdotal, contemplación y compromiso, Centro Teológico o enseñanza de la Teología y ministerios ..., etc. El punto de llegada será una Iglesia toda ella comunidad, toda ella servidora, toda ella evangelizadora, toda ella ministerial, toda ella encarnada en el mundo y para la salvación del mundo. - Carismas. El Sinodo ha contemplado con ojos cargados de amor la

diversidad de carismas que el Espíritu suscita en la Iglesia y hace Üna llamda a la fidelidad a esos carismas, en la medida que se nos dan a cada uno, y al respeto a los que ha entregado a los demás. El Sínodo ha recorrido lo que esa fidelidad entraña en el obispo, en los sacerdotes en los consagrados, en los


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laicos ... Recorre también lo que esa fidelidad entraña para los que colaboran en la Catequesis, en la enseñanza, en la Liturgia, en Cáritas, en la enseñanza de la Teología, en el compromiso temporal, en los movimientos, en los contemplativos/vas, en la administración económica, en la solidaridad con el Tercer Mundo, en las Misiones ... etc. - Espiritualidad. Todo el Sínodo está cargado de espiritualidad, de un talante oracional, contemplativo, de un talante celebrativo o de alabanza a Dios.

Nuestro Sínodo ha querido superar y de hecho los ha superado, esos viejos dualismos entre "inmanencia y transcendencia", entre "horizontalismo y verticalismo", entre contemplación y compromiso. Todo el Sinodo está transido de una síntesis de lo que durante años han sido las tesis de unos y las antítesis de otros. Todo el Sinodo es una llamada a la santidad, no una santidad alejada de los hombres, "incontaminada por estar encerrada en el Olimpo, como la de los dioses griegos", sino una santidad como la del Señor, cercana a los hombres, realizada en medio de ellos, contemplativa y comprometida. No podemos olvidar que la propuesta más votada en nuestro Sínodo fue precisamente lo de la llamada a la santidad. Como tampoco podemos olvidar que todo el Sínodo está cruzado por dos signos de convocatoria a la santidad: la llamada a la oración, pública o litúrgica y privada, y la llamada a una opción preferencial por los pobres y marginados dentro de un amor a toda la humanidad. Desde ahí nacerá una espiritualidad que hará de nuestra vida una vida cristificada, escondida en Cristo-Jesús, sin dualismos ni contradicciones, en la que la verdad y el seguimiento de Jesús, contenidos de la fe y cumplimiento de los mandatos del Señor, credo y moral, contemplación y compromiso, irán indisolublemente unidos. El Sínodo acaba con un "Saludo" que es una mano tendida a todos los que viven en nuestras islas, un gesto escrito de amor y de esperanza, de solidaridad y de cercanía, de comprensión y de amistad, incluso de petición de perdón. Y porque es una mano tendida cargada de amor, también incluye denuncias proféticas, llamadas humildes a la conversión, promesas de oración y de servicio, luces evangélicas que puedan iluminar las vidas de aquéllos a los que se dirige el "Saludo". El Sínodo llegó así al final. Maria ocupa un lugar privilegiado en él, porque "el Evangelio no se entiende sin Maria", y Maria, que llegó a nosotros con el Evangelio, ha iniciado y acompañado la configuración histórica de nuestros pueblos, islas, barrios y ciudades, con todo lo que ello significa para


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la fe de nuestra Iglesia Diocesana. Maria es, realmente, "el Evangelio del pueblo". En María, profundamente arraigada en nuestra cultura, vemos la transparencia más fiel de Jesucristo y el modelo de una Iglesia que crece y obedece, que contempla; dra y anuncia para toda generación las grandes obras de la misericordia liberadora de Dios, cumplida en ella. El Sínodo -repitollegó a su final. Pero "el clima" sinodal permanece. No ha hecho falta "el lápiz rojo" del obispo. Apenas algunas correcciones redaccionales contadisimas y votadas en el Consejo de Presidencia y sometidas a la votación de la Asamblea y allá aprobadas. El obispo, hermano de todos, sin dejar de ser Padre y Pastor, ha podido vivir el Sinodo en comunión de amor con todos, incluso con los que seguían el Sinodo sin participar directamente en él. H a podido vivir el Sínodo, rezar por el Sínodo, hablar en el Sinodo (sin necesidad de interferir autoritariamente en él), colaborar en el Sínodo, con la misma alegría e idéntico amor, sin miedo alguno, con la misma fe, esperanza y caridad de todos, sintiéndose plenamente unido a todos por esa misma comunión que conforma la Iglesia y es fruto del Espíritu.

El Sínodo, al final, resultó ser el Sinodo de todos sin ser el Sinodo de ninguno. Nadie puede hablar de "su" Sínodo. Nadie puede apropiarse del Sínodo. Todos podemos afirmar, alegres y agradecidos a Dios, que hemos hecho nuestro Sinodo, el IX Sinodo de la Diócesis de Canarias.

Ramón Echarren Ystúriz


ALMOGAREN. 11. ,931 Pdgr 37

- 12.

O

CENTROTEOLCGICO DE LAS PALMAS

UN REGALO DEL ESPIRITU A NUESTRA IGLESIA DE CANARIAS

Jos~ A. RODRIGUEZROCA DIRECTOR Y PROFESOR DE TEOLOGIA DEL C E l

Es dificil expresar adecuadamente con palabras lo que ha sido el Sínodo Diocesano, pues "tal vez su dimensión más profunda y evangélica no se pueda escribir nunca y quede en las manos del Señor "1. Como toda obra humana, tuvo sus logros y sus limitaciones. Pero, además de algo nuestro el Sínodo es algo de Dios. Y, como todas las cosas que el ser humano expresa acerca de 'las cosas de Dios, nuestras palabras se quedan siempre en balbuceos y en metáforas. Ciertamente, en pocas palabras, podemos decir que el Sínodo ha sido un espléndido regalo del Espiritu de Dios a nuestra Iglesia de Canarias. Un Sínodo es siempre una "toma de pulso" de la realidad eclesial t2', una expresión de la autocomprensión de si misma y de su misión, en la coyuntura histórica en la que vive. Así, al adentrarnos en su rica realidad, destacamos varias dimensiones que hemos percibido en este regalo de Dios, mirando las cosas desde la ladera humana, la única sobre la que nos es permitido R. ECHARREN, Contraportada, en OBISPADO DE CANARIAS, Consituciones Sinodales, Las Palmas, 1992. En adelante, este libro, que contienelos documentos del Sinodo, especialmente las Constituciones, será citado como CS. Cuando se citan estas Constituciones Dar el numero de la misma. El resto de documentos se citarán se hara como CS.. seguido . especificamente. (2) Lógicamente, el Sínodo de la Qiócesis de Canarias se enmarca en el proceso postconciliar de institucionaliración de los Sinodos en la Iglesia. Baste constatar los once habidos en la Iglesia universal (1967, 69, 71, 74, 77, 80, 83, 85, 87, 90, 93) y los innumerables de las Iglesias locales. (1)


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JOSE A . RODRIGUEZ ROCA

expresarnos. Tomamos nota también de algunas limitaciones que hemos intuido en el Sínodo. Deseamos que sea una mirada creyente, agradecida y esperanzada. 1.

LA IGLESIA DE CANARIAS EN EL MARCO Y EN LA LINEA D E PROLONGACION DEL CONCILIO VATICANO 11

Todas estas últimas décadas se encuentran caracterizadas por las repercusiones que el Concilio Vaticano 11 ha tenido en todas las Iglesias particulares, a todos los niveles. El impacto conciliar ha supuesto la mayor renovación teológica de la historia, en cuanto a producción y riqueza, tal como se constata en la evaluación realizada a sus 25 años'", pues el Concilio "se ha visto acompañado, y sobre todo seguido, de una mutación sociocultural cuya amplitud, radicalidad y carácter cósmico no tiene equivalente en ninguna otra época de la historia"

"'.

Fruto de esa renovación conciliar y de su desarrollo a lo largo de los últimos 28 años, aparece el IX Sínodo de la Diócesis de Canarias, un Sínodo postconciliar. 1.1. La eclesialidad, rasgo característico de este Sínodo. Si comparamos este Sínodo Diocesano, con el inmediatamente anterior de 1947 15), lo primero que descubrimos es que el anterior Sinodo se había realizado en otras circunstancias socio-políticas, económicas y eclesiales totalmente diferentes: bajo el pontificado de Mons. Pildain, antes del Concilio Vaticano 11, durante la dictadura del General Franco y cuando Canarias aún no conocia el nuevo modelo económico terciario, centrado en el turismo de masas. La transformación social, económica y política del Archipiélago requería ciertamente una nueva reflexión sobre La realidad, que nos situara de forma nueva ante el desafío de los tiempos. En segundo lugar, mientras que aquél, reflejando la comprensión eclesial del momento, convocó exclusivamente al clero y superiores de institutos religiosos de clérigos, en éste, reflejando a su vez la renovación eclesial del Concilio, la participación de laicos (264), religiosos (103) y sacerdotes (196) ha sido amplísima y cualificada. (3) Cf. C. FLORISTAN - J.J. TAMAYO. (Eds.),El Vaticano 11, veinfeañosdespues. Madrid, 1985. (4) Y. CONGAR, Los posconcilios. Con ocasión del décimo aniversario del Concilio: Pastoral Misionera 12 (1976) 20. (5) Sinodo Diocesano del Obispado de Canarias. Las Palmas de Gran Canaria. 1947.


U N REGALO DEL ESPlRlTU A NUESTRA IGLESIA DE CANARIAS

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Como tercera diferencia, bastante notable, el texto base del Sínodo de 1947 fue redactado íntegramente por el mismo obispo Pildain y apenas modificado por las breves sesiones sinodales. Es evidente el claro modelo directivo, típicamente preconciliar. Los redactores de este Sínodo han sido miles de personas, la mayoría laicos, que aportaron las propuestas iniciales del documento base. Luego, este documento sufrió importantes modificaciones, múltiples redacciones y enmiendas, a lo largo del prolongado debate sinodal, cuyas comisiones y sesiones plenarias trabajaban los textos con total libertad y autonomía. Ha sido un hecho enormemente significativo y trascendente la actitud y el espíritu de diálogo, corresponsabilidad, preocupación pastoral, etc. de los sinodales, todo ello propiciado por el obispo Echarren, que supo aceptar plenamente lo que decía el Reglamento: "Todas las cuestiones propuestas se someterán en las sesiones del Sínodo a la libre discusión de los miembro^'^). En ello, nuestro Obispo pone en práctica otro modelo eclesiológico, inspirado en el Concilio, conformando, en la experiencia sinodal "que sea toda la comunidad eclesial el sujeto de la fe. La cornmunio fideliurn posee el sensus fidei que le posibilita el acto verdadero de la fe"

"'.

En cuarto lugar, en cuanto a contenidos, mientras que el anterior Sínodo se organizaba en torno a la catequesis, la eucaristía, la doctrina social, la moralidad, liturgia, sacerdotes, religiosos, seminaristas, Acción Católica, familia y estipendios (cfr. capítulos); éste lo hace en torno a la comunión, la evangelización y el triple ministerio, respondiendo a dos modelos de eclesialidad diferentes. Ahora bien, la eclesialidad de este último Sínodo, unánime en la experiencia, era diversa en los planteamientos. Dependía de la comprensión de la realidad de la Iglesia en y a partir de las Iglesias (LG 23), es decir, de la articulación entre Iglesia Universal e Iglesia Local. Como sabemos, la interpretación del famoso texto conciliar "en las cuales y a base de las cuales se construye la Iglesia" (LG 23), es susceptible de una diversidad de perspectivas, en las que se expresan diversas concepciones eclesiológicas, que influyen en la misma comprensión de lo que es un Sínodo la'. ( 6 ) CS. Reglamento para el Sinodo Diocesano, art. 4, pág. 38. (7) R. ECHARREN, Alaunas cuestiones relacionadas con una Teología hecha en Canarias: Almogaren 6 (1990)pág. 1 1 1 . (8) Cf. S . DIAZ, El Sinodo Diocesano como experiencia singular de comunión eclesial: Almogaren 5 (1990) 4 3 s . Así hay quienes piensan que los "aaos pasados se han cargado de tensiones, prejuicios y disconformidades... Por eso, al hacer la evaluaciOn del período posconciliar se reconoce que el Vaticano 11 no ha superada aún la fase de acogida y de aplicación". C. MIRONES, Dela "Gaudium el spes" hasta hoy: Misión Abierta 1 (1990) 53: cf. El Vaticano 11, don de Dios. Los documentos del Sinodo extraordinario. Madrid, 1986, pigs. 37-88.


En una primera interpretación de dichas relaciones, se da preferencia a la Iglesia universal, teniendo a la centralización, con el riesgo de infravalorar el significado de la Iglesia local. La segunda orientación establece la importancia de la Iglesia local, abierta por la comunión a toda la Iglesia universal, resultando, como bien expresa S. Diaz, siguiendo el nP 11 del decreto Christus Dominus, "que en una Iglesia local diocesana está la Iglesia toda, en cuanto que esa Iglesia tiene en sí todos los elementos que la constituyen como tal, esto es: el Espíritu, el evangelio, la eucaristía y el ministerio; pero no está toda la Iglesia, ya que es la comunión de todas las Iglesias particulares la que constituye la Iglesia de Jesucristo" '9.En el Sínodo predomina esta segunda concepción, incluso por el mismo método de trabajo, que tomaba como punto de partida la realidad inmediata. De todas formas, en principio hay que rechazar toda oposición radical, que parte tanto de una concepción de la Iglesia universal como suma de las partes, como de aquella otra que haga de la Iglesia local una simple presencia del todo en la parte. Pues más bien, la presencia es mutua y en reciprocidad. Ahora bien, la afirmación global teológica no excluye, sino que al contrario lo supone, una epistemología del conocimiento teológico, es decir, el punto de partida del "interés". Sólo en este sentido se diversifican las orientaciones. 1.2. Una nueva acogida del Concilio Vaticano 11

La primera y gran constatación que debemos hacer es que estamos ante un Sínodo esencialmente eclesiológico y de orientación fundamentalmente pastoral. Lo cual refleja y manifiesta que se sitúa claramente, e intencionalmente, en el marco y en la línea de prolongación del Concilio Vaticano 11. Tal como lo refleja el segundo de sus objetivos: "Contrastar la vida y la acción de la Iglesia Diocesana con las orientaciones del Concilio Vaticano 1I""O'. Constatable, incluso, por el número de citas explícitas del mismo: unas 57 en su introducción y unas 21 en el texto. Aunque estos datos en si mismos son sólo indicativos, porque la presencia del Vaticano 11 se detecta sobre todo por muchísimas referencias implícitas, muchas veces con inclusión literal del texto conciliar, aunque no se indique la cita. Además, recoge las declaraciones y disposiciones subsiguientes del Magisterio de la Jerarquía, como desarrollo del mismo Concilio. Así las citas y referencias a enciclicas, exhortaciones, documentos de conferencias episcopales, etc ... (9) Ibidem, pág. 46. (10) CS. breve historia del 1XSinodo Diocesanodecanarias. pág. 17; cfr. consi. nP 3 , pág. 135.


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Otro de los aspectos en los que se nota la influencia del Concilio es la intencionalidad por mantener de manera armónica las diversas dimensiones de la vida cristiana, sin resquicios de dualismo: fe-vida, actividad-oración, compromiso-celebración, libertad-liberación, conversión-transformación estructural, etc... El Concilio inspiró una serie de estructuras pastorales que se hallan presentes en nuestro Sinodo: Consejos pastoral y presbiteral, de asuntos económicos, zonas y arciprestazgos, movimientos especializados ... En suma, que la significación de nuestro Sínodo supone, globalmente, la cristalización de una Iglesia posconciliar en su cuerpo normativo-pastoral. Una acogida del Vaticano 11 de manera oficial y definitiva.

2.

LA MISION PARA LA COMUNION Y LA COMUNION PARA LA MISION

Metodológicamente, el trabajo sinodal se desarrolló desde una toma de conciencia de la realidad social del pueblo canario, para desde ahí, iluminar el ser y la misión de la Iglesia. Por tanto, con una metodología eminentemente analítica, que quiso partir del análisis de la realidad'"'. Ahora bien, el documento final, en el cual no aparecen los análisis, pues responde a una perspectiva fundamentalmente orientadora de la acción pastoral y, con ello, quiere apuntar a su normatividad, el esquema se ha invertido. Aunque se puede constatar su presencia subyacente y hasta referencias y restos del mismo en el texto (CS, 227.638). Asi en el documento final, por exigencias de un esquema teológico clásico, se parte del ser de la Iglesia para ir a su misión, aunque inseparablemente unidas. Aún así, puede constatarse una diversidad entre ambas partes. Mientras que la primera responde a un esquema fundamentalmente de fijación de la doctrina, el de la segunda presenta una orientación eminentemente práxica, pastoral, que refleja otro modelo teológico. De esta forma, se manifestaban las claves fundamentales y las preocupaciones centrales del Sínodo: la articulación entre la misión y la comunión. Es decir, la búsqueda de un esquema dinámico con un doble movimiento, que recorre todo el texto: la constitución eclesial y el carácter esencialmente misionero. -

( 1 1 ) Orientación que se refleja en los objetivos trazados: lP Analizar la situacion de nuestro pueblo, 2P Contrastar con el Concilio, 3: Concrerar lar orientaciones pastorales, y 4P Establecer las normas necesarias (CS pag. 17). Dicho sinteticamente por el mismo texto: partir de la realidad, revisar las formas de evangelización, marcar grandes líneas de acción (ref. esquema ver-juzgar-actuar).


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2.1. El constitutivo esencial de la misión: "Del templo a la plaza'' Fue la expresión feliz de un periodista amigo, después a asistir, entusiasmado, a la clausura del Sínodo Diocesano. La solemne celebración se había desarrollado en el interior del templo catedralicio y habia concluido en un acto público en la plaza de Santa Ana. En dicha expresión adivinamos uno de los grandes significados de nuestro Sínodo Diocesano. Ha sido, sin lugar a dudas, un impulsó, un aliento del Espíritu que abre a nuestra Iglesia local hacia la sociedad, hacia la realidad canaria. Es el mismo Espíritu que impulsó a los obispos en el Concilio Vaticano 11 a abrirse al mundo moderno, a la problemática del hombre de hoy, en uno de los intentos más serios y fecundos que ha realizado la Iglesia Católica en nuestro siglo para sintonizar con el hombre y la mujer de hoy. Sobre todo, cuando el mismo Concilio, para definir esa relación utilizó el término "diálogo" (GS, 92). Con ello, se comulga con el mismo Espíritu que condujo a Jesús y le llevó a recorrer los caminos de la Palestina para "buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc. 19,9). Así el Sínodo se propuso, como objetivo primero, "analizar la situación de nuestro pueblo, para percibir en ella, a la luz de la Palabra, las llamadas que Dios nos hace" ( 1 2 ) . Este esfuerzo por analizar la situación de nuestro pueblo fue una de las características del Sínodo, en todos los momentos de su preparación y de su desarrollo. Las palabras de Pablo VI, escritas veinte años antes, nos orientaron en todo momento: "Ciertamente, son muy diversas las situaciones en las cuales, de buena gana o por fuerza, se encuentran comprometidos los cristianos, según las regiones, los sistemas socio-políticos y las culturas.. . Frente a situaciones tan diversas, nos es dificil pronunciar una palabra única, como también proponer una solución con valor universal. No es éste nuestro propósito ni tampoco nuestra misión. Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de su pais, esclarecerla mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción según las enseñanzas sociales de la Iglesia tal como han sido elaboradas a lo largo de la historia,. .. A estas comunidades cristianas toca discenir, con la ayuda del Espíritu Santo, en comunión con los obispos responsables, en -

(12) CS. Reglamento para el Sinodo Dioce<ano, a r i . 5 , pág. 39


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diálogo con los demás hermanos cristianos y todos los hombres de buena voluntad, las opciones y los compromisos que conviene asumir para realizar las transformaciones sociales, poliricas y económicas que se considera de urgente necesidad en cada '131

No sólo el largo periodo de preparación tuvo presente esta sensibilidad (los temas prioritarios fueron aportados en una amplia consulta al Pueblo de Dios, sc recogió pacientemente el sentir de los distintos grupos de base, etc ...), sino que la sesión inaugural se abrió con un intenso "baño de realidad": un "mirar cara a cara este mundo nuestro" "", a lo que está pasando hoy en Canarias, a nivel social, político, económico, cultural y religioso. Durante horas, los sinodales pudimos hablar y escuchar sobre la realidad canaria, con el lenguaje de la experiencia, de los datos, de los problemas vividos. Fue un verdadero debate sobre "el estado de la región" que nada tuvo que envidiar a los debates parlamentarios de este estilo. Con la diferencia, tal vez, de que en el debate sinodal predominaba el respeto, el clima de diálogo, la libertad de los participantes. Consideramos esa "mirada de la realidad" uno de los grandes regalos del Senor a su Iglesia particular de Canarias. Era verdaderamente necesaria esta toma del pulso de la realidad canaria, pues no sólo supone una recomprensión de nosotros mismos, sino que el "mundo" mismo se constituye en un locus theologicus. Asi, todos los textos emanados del Sinodo, en especial las Constituciones, respiran esta sensibilidad ante la realidad social nueva. Todas las Constituciones están impregnadas de este aliento de una Iglesia "hacia fuera". Es decir, excéntrica, proexistente'"' como el mismo Señor Jesús: "Yo estoy entre ustedes como el que sirve" (Lc. 22,27: cf. Mt. 20.28). En concreto, el capitulo dedicado al envio a evangelizar, desde el reconocimiento de la Iglesia como Sacramento Universal de Salvación, de la Const. 001, nos presenta como punto de partida la misión de evangelizar (CS, 176), que desde la acogida de la llamada y del envio (CS, 177-195), por el testimonio de la vida (CS. 196.233). nos lleva al anuncio del Evangelio (CS, 234-276). Dos son los ámbitos que se desarrollan como de especial preocupación: la opción por la evangelización de los jóvenes (CS, 277-333) y la aportación pastoral a la problemática de la familia (CS, 334-374). (13) PABLO VI, Ociogesima Adveniens, 15 de maya de 1971, números 3 ~ 4 . (14) JUAN PABLO, 11, Christifideles laici, 3 . (15) C f . H. SCHURMANN, Panorámica: El Cristo proexistente, en ¿Cómo entendió y vivió Jesús su muerte?. Salamanca, 1982, págs. 129-163.


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Así se desarrolla la misión como "exigencia íntima" (AG 1) del ser de la Iglesia: ser y misión, vida y tarea, se encuentran íntimamente unidos: "Ella existe para evangelizar" (EN 14). De forma que el envio se manifiesta por el testimonio y el anuncio de lo que se es y se oferta de parte de Dios. 2.2. El constitutivo esencial de la comunión: "desde la plaza se remodela el templo". Después de una larga década de episcopado de Mons. Echarren, en la que los distintos estamentos de la Iglesia Diocesana habíamos ido aprendiendo a programar por objetivos toda la acción pa~toral''~',muchos deseábamos un acontecimiento como el Sínodo, en el cual, constatando los grandes interrogantes que pesan sobre la sociedad canaria y las grandes necesidades de nuestro pueblo, revisáramos toda la realidad eclesial y su acción pastoral. Así, la realidad eclesial constituyó la segunda gran pregunta de la sesión inaugural, que fue "cómo vemos el momento de la Iglesia Diocesana", para que nuestra Iglesia pudiera programar, de manera realista y eficaz, la actuación pastoral para los próximos decenios. En concreto, el capítulo dedicado a la comunión eclesial, reconociendo a la Iglesia como Misterio de Comunión, de la Const. 001, concreta esta dimensión en su consecuencia que es la corresponsabilidad (CS, 004-014), ejercida por los carismas y ministerios eclesiales (CS. 015.133) y por medio de las estructuras de corresponsabilidad (CS, 134-175). Sin duda, que el concepto de comunión (koinonía) es clave para una renovada eclesiología, como lo fue en el Concilio. La comunidad eclesial, como sacramentalidad, es una realidad permanentemente abierta y dinámica'"'. Esta va más allá de si misma, hasta apuntar a la misma comunión de las Personas divinas y su proyecto de comunión con el hombre. Por tanto, la comunión, nacida del anuncio, lo es en el ser y en el obrar. Apunta, con ello, a una dualidad de aspectos que no pueden ser separados: comunión, como aspecto dinámico Puede comprobarse la continuidad del texto sinodal con los Programas Diocesanos, cf. Programas Pastorales. Diócesis de Canarias. Las Palmas 1980-81 y 81-82, donde se formulaban como objetivos prioritario, la formación de comunidades, las dimensiones evangeliradora y diaconal, y la animación de la oración. En los Programas de 1982-83, estos objetivos pasan a ser referenciales. mientras se coloca como prioritario la incorporación de los seglares para el ejercicio de la corresponsabilidad. Congregación para la Doctrina de la fe, Carta a los Obispos de la Iglesia Catdlica sobre algunos aspectos de la Iglesia considerada como comunión. Ciudad del Vaticano, 1992. Así, Y . CONGAR, Propiedades esenciales de la Iglesia, en Mysteriurn Salulis IV/I. Madrid, 1969, 418 afirmaba: "La comunión es, pues, la situación de plena vida cristiana".


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y comunidad, como constitución social .'81' Así se concentra en el tema de la unidad, "para que la comunión sea efectiva" (CS, 002). Pero el peligro de reclamar, de uno y otro signo, la unidad puede suponer un subterfugio para el uniformismo o para el funcionarismo. Pues la unidad reclama una teología dialéctica en el Espiritu, que se realiza en unidades parciales e, incluso, locales. Por eso, se reclama la corresponsabilidad, consecuencia de la comunión (CS, 004ss) y expresión de una unidad dinámica: "que sean uno" (Jn. 17,11)'19'. Es más, la unidad se estructura como misión (cf. Jn. 17,21s). Asi los carismas y los ministerios, articulados entre si, por medio de la organización eclesial, constituyen las estructuras concretas de corresponsabilidad (CS, 134ss), como servicio a la evangelización.

2.3. La referencia de los pobres, doble dirección del Sínodo La sensibilidad hacia los pobres y la denuncia de su situación y la lucha contra toda pobreza (CS, 650), orienta todo el texto sinodal, el cual toma el desde los pobres, como punto de partida (CS, 184s) y para los pobres, como referencia (CS, 197). Pero si el desde supone un planteamiento epistemológico y el para, ético: se reclama el planteamiento en el ser mismo de la Iglesia: de los pobres '20'. Pues siendo ellos los destinatarios preferentes de la evangelización, constituyen el criterio de conversión (CS, 178) y el distintivo eclesial (CS, 197). Aun más, son ellos los que nos evangelizan y, por tanto, "los pobres, como centro (principio de estructuración, organización y misión) de ese modo de ser Iglesia y como "lugar teológico de la Eclesiología""", deben convertirse en protagonistas preferentes en la Iglesia. ( I R ) Cf. A. ANTON, Eclesiologia posconciliar: esperanzas, resultados y perspectivas para el Salamarica. 1989. futuro. en R. LATOURELLE (Ed.). Vaticano 11. Balance .Y .oeresomtivas. . págs. 275-294. (19) La construcción h a osin e n , expresa el objetivo de la oración de Jesús, que tiende hacia el modelo ideal (Padre-Hijo), por tanto, siempre en permanente tensión dinámica: "alcanzando la unidad". (20) En la línea de J. SOBRINO, Resurrección de la verdadera Iglesia. Los pobres, lugar teoldgico de la eclesiologia. Santander, 1981, pág. 110 donde afirma: "Los pobres no san en modo alguno causa de "reducción" de la eclesial. sino fuente de "concreción" cristiana de todo lo-eclesial". (21) R. ECHARREN, Algunas cuestiones relacionadas con una Teologia hecha en Canarias: Almogaren 6 (1990). pag. 127. Para un mayor desarrollo de la significación de la opción por los pobres en el Sinodo, véase en este mismo número el articulo de C. L A N A 0 - C. ARANCIBIA, La Iglesia y los pobres en el Sinodo.


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2.4. El esquema del triple ministerio El modelo pastoral implantado en la Diócesis, con un largo recorrido de funcionamiento, se vio confirmado por el Sínodo. Así la tercera parte del texto sinodal se estructura según este modelo. La Iglesia Diocesana vive la misión y la comunión en el triple ministerio de la siguiente forma: 1P Escuchando y proclamando la Palabra, a través de la acción misionera, catequética y pastoral (CS, 375-458). 2P Celebrando el Misterio de Cristo en la liturgia (CS, 459-577). 3P Compartiendo los bienes en actitud de servicio (CS, 578-739). El triple ministerio, puede hacer referencia a la triple función de Jesucristo, profeta, sacerdote y rey, de la cual participa todo el Pueblo de Dios (RH, 28-21). Con ello, se realiza todo el ser eclesial como diakonia. Por medio del triple ministerio se articulan proclamación de la Palabra, celebrada en la Liturgia y realizada en el Servicio. De forma que no solamente se autoimplican, sino, incluso, uno se haya incluido en los otros. Pues entre las diversas dimensiones eclesiales existe una presencia e interioridad mutua. Igualmente, suponen a la vez realidades dadas por la obra gratuita de Dios y acciones por realizar en la tarea eclesial. Si bien el modelo del triple ministerio se adecua tanto teológica como pastoralmente a una eclesiologia postconciliar, corre una serie de peligros constatados. Entre ellos destacar el que puedan discurrir como acciones independientes, generando una parcialidad reductiva. El que deriven a un funcionalizar la pastoral. Lo cual nos plantea la necesidad de unas atenciones Y unos correctivos.

3.

LOS LOGROS COMO REFERENCIAS DE PARTIDA

A nivel de las formulaciones teológicas, en el texto sinodal, subyace la confesión en el Dios que es trino (CS, 740) y, que se nos hace reconocible a través de su manifestación en nuestra historia y en solidaridad con ella. Una ex~enenciade la gratuidad de Dios que se orienta en un teocentrismo. Pues es el Padre quien envió al Hijo (CS, 176) y siendo sólo reconocible por medio de Jesús, nos llama desde la misma realidad (CS, 181), por lo cual debemos estar en permanente búsqueda de su voluntad (CS, 214). Un encuentro personal y colectivo con Jesucristo formulado en una cristologia, que cuenta con el referente de la persona y la vida de Jesús y, su


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actual presencia como Señor de la comunidad y de la historia por su muerte y resurrección (CS, 234), como fundamento de su seguimiento (CS, 214) y del envio a continuar su misión por el Reino (CS, 234), en su estilo de vida pobre y en su prioridad por los pobres (CS, 198). Una gozosa experiencia del Espiritu y una pneumatologia "3, donde la comunión y el envío se realiza por el Espiritu (CS, 005-176). El cual, vinculado al bautismo (CS, 084), es ayuda en el seguimiento de Jesús (CS, 214) y reparte sus dones ( C S , 015), plenificando, en su caso, a los consagrados (CS, 085). Sobre todo, el Espiritu, que hace presente al Verbo en las culturas y se expresa en las actitudes de sus valores (CS, 265-243), nos ayuda a comprometernos en la misión (CS, 295), en particular, en la toma de conciencia de los animadores de jovenes de ser sus instrumentos (CS, 305). Una renovada vivencia eclesial formulada en un modelo de Iglesia, que tiene mucho que agradecer a la aportación Conciliar y a las experiencias de estos últimos años. De esta forma, a nivel de la constitución pastoral derivada del mismo, resaltar las siguientes conclusiones, como objetivos prioritarios: La gran apuesta que se hace es por la formación en general (CS, 450) y por la formación del laicado (CS, 075) y de los catequistas de forma especifica (CS, 396). En particular se hacen prioritarias la catequesis de adultos ( C S , 403) y las pastorales de jóvenes ( C S , 285) y de los alejados ( C S , 241). Así mismo, la de una pastoral litúrgica y sacramental ( C S , 460), en relación al objetivo fundamental de la catequesis (CS, 375).

4.

LAS LIMITACIONES COMO RETOS

Hay que atender a la conveniencia de constatar también las posibles limitaciones, pues reconocerlas evita el caer en ingenuidades y, con ello, promueve horizontes siempre superadores.

(22) La Introduccion del texto sinodal completa la comprensión, afirmando el hecho d e ser miembros de la Iglesia y animados por el Espiritu (pág. 106). El cual, mueve a la Diócesis a obedecer, con docilidad (pág. IZO), para actuar con libertad profetica (pág. 132) y, especificamente, a Cárilas con actitud critica (pág. 126). Por último, a traves de María, hace viva la palabra y la persona d e Jesucristo (pág. 132). El resto responde a afirmaciones biblicas (Cal. 5,19-25; Ram. 5,5; Heb. 1.1-2), conciliares (LG 5.9.13; C S 22.43; A G 11; AA 3; PO 13; PC 5; DV 2.9) y RM 21-29.


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En primer lugar, el propio texto, accediendo a una unidad final, se constituye por partes que a su vez responden a cada comisión redactora. Especialmente, divergen en este sentido, la Introducción del resto del texto, y el primer capítulo de los restantes. Pues la Introducción responde a un esquema de elaboración individual sobre el texto sinodal y de construcción a través de múltiples citas. Mientras que el capitulo primero presenta una orientación básicamente doctrinal, en el resto predomina la pre-ocupación pastoral. En segundo lugar, la dinámica de fijación del texto sinodal, por medio de acuerdos para la votación, conllevó el "consenso", que, aunque supone valiosos logros y síntesis superiores, puede "descafeinar" planteamientos y orientaciones. El proceso de preparación, en tercer lugar, fue demasiado largo y en momentos cansino. El Sínodo corrió peligro de interrumpirse por ello. Además conllevo un modelo directivo y con ciertas tensiones. En cuarto lugar, respecto a la decisión de no tratar ningún tema que no fuera competencia de nuestra Iglesia particular. Fue un tema debatido y la Comisión Preparatoria aceptó esta limitación en cuanto a temas. Pero, en una sana eclesiologia -es un punto de reflexión importante- ¿no deberían las Iglesias particulares -en acontecimientos tan plenos como el Sínodo- aportar luz en las grandes cuestiones problemáticas que afectan a toda la Iglesia? ¿No ha sucedido asi en la historia de la Iglesia? En ese sentido, constatar cómo tales cuestiones, fueron solicitadas para reflexionar, por diversos grupos del Pueblo de Dios. Por último, la falta de un estudio previo de las condiciones y medios que regulen todo programa, puede conllevar el trazar unas metas que desborden las posibilidades, generando ansiedad, cuando no apatía.

5.

UN NUEVO CLIMA ECLESIAL: IMPULSO ORIENTADOR DE FUTURO

Cuando se está planteando y concretando en toda la Iglesia una'nueva evangelización, en la cual se entronca este Sinodo, para una visión perspectivista, es necesario enmarcarlo en nuestra propia historia eclesial y en la orientación de futuro que está en nuestras manos. Y , todo ello, animado por la actitud evangélica del discernimiento (CS, 071-181).


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5.1. La memoria histórica, clave de comprensión

Para muchos de nosotros, la Asamblea Sinodal nos evocó el recuerdo (anámnesis) de otras dos asambleas anteriores de nuestra Diócesis: la Asamblea del Clero del año 1971 y la Asamblea del Estudio Socio Pastoral de 1975 i23'. La comparación global de nuestro Sínodo con ambas asambleas precedentes arroja el siguiente saldo: ha nacido un nuevo clima eclesial. Ante todo, pensamos que es pertinente la comparación, pues este tipo de eventos eclesiales permiten analizar la conciencia y la realidad eclesiales en el momento que se celebran. Son momentos especialmente densos de la experiencia eclesial, que influyen notablemente en la vida de la Diócesis, pero que a la vez expresan la realidad de la misma, son como la manifestación de lo que se vive en la Iglesia. La Asamblea del Clero de 1971 tuvo lugar en un momento concreto de la historia de nuestra Comunidad Diocesana. Después de un largo pontificado de D. Antonio Pildain, el nuevo obispo, D. José Antonio Infantes Florido emprende la puesta en marcha de las orientaciones del Vaticano 11. Enseguida, la Diócesis se divide en dos grandes bloques, uno netamente conservador y otro Uno y otro creían defender cosas legítimas y decididamente pr~gresista'~~'. ambos tuvieron muchos aciertos y muchos fallos. Sería simplista e ingenuo, a la distancia de tantos años, calificar a unos de acertados y a los otros de equivocados. En uno y otro bando había mucha generosidad y honradez. Pero, lo característico es que habían dos orientaciones, que parecían -y en gran parte lo eran- irreconciliables. La Asamblea no hizo sino manifestar esa gran fisura que existía en nuestra Iglesia local. El bloque conservador doblada en número al progresista (ochenta contra cuarenta, era el resultado de la mayoría de las votaciones, incluso cuando lo que se sometía a los votos fuera una proposición calcada de un texto del Concilio). El talante de conjunto de nuestra Asamblea, comparándola con las otras diócesis españolas, fue claramente conservador. Basándose en una propuesta aprobada, en la que se pedía realizar un estudio socio-religioso de la Diócesis, el Obispo se dispuso a celebrar una ( 2 3 ) Estudio Sociopastoral de la Diócesis de Canarias, Las Palmas, 1972. (24) Tal terminologia se adecua, por su uso, al periodo histórico que nos referirnos. Hoy en día la realidad se ha hecho mucho más compleja. Ahora bien, ¿no habría que plantearse, en perspectiva cronológica, un cierto retorno al modelo?, cf. C. FLORISTAN, La Iglesia después del Vaticano 11, en C. FLORISTAN - J.]. TAMAYO (Eds.), El Vaticano 11, veinte arios despues. Madrid, 1985, págs. 67-103. O más bien, jno estaremos en las consecuencias de indiferentismos/fundamentalismosde una cultura fragmentaria postmoderna?


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Asamblea Pastoral, precedida de un estudio socio-religioso. El estilo de la muestra, de los técnicos contratados y del grupo que acogió con entusiasmo la iniciativa se decantó enseguida hacia un tono progresista y renovador. De nuevo se produce la reacción conservadora, esta vez con mayor virulencia, porque el asunto ya no era sólo del clero, sino que se abordaban todas las cuestiones de la vida eclesial y la participación era importante por parte del pueblo de Dios. El Estudio Socio Pastoral se prolongó desde 1972 hasta 1975. Durante todo ese tiempo, la polémica eclesial arreció de forma llamativa. Los últimos años de la dictadura, conflictivos a nivel socio-político, salpicaron la Asamblea, que se celebró finalmente, pese a la prohibición gubernativa. Lo cierto es que, una vez más, la Diócesis estuvo dividida. Y el diálogo fue casi imposible. Las posturas eran rígidas y el clima eclesial enrarecido. El resultado fue que ni la Asamblea se vivió como hecha por toda la Diócesis, ni las propuestas aprobadas representaban el sentir de toda la Diócesis. Ello explica quizá que los textos redactados y votados se quedaron en el papel y no se aplicaron. Es verdad que el Estudio Socio Pastoral sirvió para muchas cosas positivas en nuestra Diócesis, pero lo que aquí nos interesa destacar es que el clima eclesial que manifestaba era de crispación y de graves dificultades para el diálogo. En este aspecto, se reprodujo la situación de la mencionada Asamblea del Clero. El Sínodo recientemente terminado, sin embargo, refleja otro ambiente bastante distinto. Sigue habiendo tensiones, no se puede negar. Pero el clima ha cambiado notablemente, para mejor. Con nuestro Obispo al frente, podemos constatar el nuevo clima de diálogo y de comunión en las diferencias. Todo el desarrollo del Sínodo lo ha testimoniado. Donde tal vez se descubrió mejor fue en los debates en las Comisiones y en las Sesiones plenarias. Esta experiencia eclesial de diálogo, está reclamando una teología del diálogo (CS. 243). que estructure la comprensión y abra vías de continuidad. Tal proyecto no es menos que reconocer una de las gracias del Sínodo y bendecir por ello al Señor, dando respuesta a la misma. 5.2. Claves de la recepción.

Si la memoria histórica es fundamental para reconstruir nuestra propia identidad, ésta solamente alcanza su plenitud cuando se completa con una mirada al futuro (mello, cf. 1 Cor. 3,22), para que también nos configure. Sobre


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todo, cuando la eficacia del Sinodo dependerá de su re~epción'~", es decir, de que todos los creyentes lo hagamos nuestro, con una actuación colectiva de comunión efectiva. El consentimiento o recepción, como aceptación de las decisiones tomadas -el "Amén" de todo el Pueblo de Dios-, aunque no crea la legitimidad sino que la reconoce, y con ello, cualifica su eficacia. Por tanto, de la fuerza que suscite el Sínodo, dependerá su prolongación en un proceso de sinodalidad y de consenso de aplicación pastoral. 1P La prolongación de la experiencia teologal del diálogo, como actitud permanente de la dimensión de sinodalidad (cf. GS 92). Y, con ello, la realización en el dia a día de las concreciones diversas y el espiritu de comunión reclamado en las asambleas sinodales. Lo cual supone la necesidad de ahondar el cambio iniciado por el Concilio, recapacitarnos constantemente a la novedad siempre radical del Evangelio y a las nuevas circunstancias que vive nuestro pueblo. Pues para evangelizar adecuadamente tenemos que ser evangelizados (cf. EN 15). 2P La exigencia de concreciones de la apuesta por una pastoral de conjunto. Que supone el esfuerzo de todos por ir alcanzando la unificación de criterios y acciones pastorales.

Y con ello, apostar decididamente por la iniciativa de los laicos, no para cubrir necesidades o solamente servicios internos, sino por su dinamismo propio bautismal. 3P La actitud abierta a una praxis pastoral creativa. Es decir, el Sínodo no cierra, sino que abre nuevas perspectivas y, con ello, debe generar experiencias nuevas de realización pastoral.

Asi, nuestra Iglesia local tiene que movilizarse, no esperando que todo se nos dé hecho, sino siendo cada uno de sus miembros actores de su configuración presente y futura. De ahi, el necesario pluralismo apostólico y la urgencia de reganar en capacidad profética. 4P La elaboración consensuada de una programación, donde se alcance la adecuación de objetivos trazados y medios disponibles para su consecución. Además, atendiendo a una pedagogia adecuada. ( 2 5 ) Cf. Y. CONCAR, La recepción como realidadeclesiológica: Concilium 77 (1972) pág. 57-86.

En nuestro caso,tomese como una referencia, la experiencia de la recepcion de la Asamblea del Estudio Socio Pastoral. Para ello, véase el anterior apartada 5.1.


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Con ello, atendiendo a la necesidad del discernimiento comunitario, pues no todo lo que se llama acción evangelizadora lo es. Contra todo restauracionismo, hay que seguir centrándose, más que en la administración de la religiosidad, en el dinamismo de las comunidades vivas de nuestra Iglesia local. 5 : Potenciar una opción decidida por los más pobres (CS, 177), evangelizando con gestos concretos de solidaridad y generando una participación activa de ellos mismos.

Se nos oferta, con este periodo postsinodal, la oportunidad de "discernir las señales de los tiempos" (Mt. 16.3; cf. GS 40.44.62; OT 16; PO 19)í26'en Canarias y en el concurso de todos los pueblos de la tierra, como la presencia siempre joven y renovadora del Señor. De forma que, asumiendo el Mensaje final, "debe brotar ahora que acabamos el Sínodo, una primera palabra anunciadora de paz y de salvación para todas nuestras gentes de nuestras islas" (CS, pág. 377s). De forma que "ahora comenzamos otra nueva aventura ... realizaf el Sinodo en nombre del S e ñ ~ r " ' ~ " .

José A. Rodriguez Roca

(2h) La fe, a través de los signos de los tiempos, hace quesu inteligencia re dirija a bucar soluciones plenamenre humanas a la situación (cf. GS 11). (27) R. ECHARREN, Contraportada. CS.


ALMOGARLN. L I . (93)Pdgr 53

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M.

, CENTRO TEOLOGICO [>E ILAS PALMAS

NUESTRO CAMINO DE EMAUS

FELIPEBERMUDEZSUAREZ PROFESOR DE TEOLOGIA DEL CET

Después de cinco largos años de trabajo y de búsqueda, el Señor nos ha regalado el precioso texto sinodal. Cuando ahora lo releemos, para intentar asimilarlo y para ver cómo lo vamos aplicando, aparecen en nuestro ánimo varias imágenes bíblicas. Muchas veces el texto evoca los Hechos de los Apóstoles. Aquellas descripciones de la vida de la primitiva comunidad de Jerusalem (2, 42-47 y 4, 32-37), que, como sabemos, no hablan tanto de lo que se vivía cuanto de lo que se veía como ideal a vivir. Es lo que uno siente cuando lee el Sínodo: se nos trazan los rasgos ideales de la Iglesia Diocesana que queremos. Esto es muy importante: caminar mirando a la utopía, al ideal que perseguimos. Tiene, con todo, un riesgo: que confundamos el ideal con la realidad. No porque una cosa se diga en el Sínodo, ya lo hacemos en la práctica. Ejemplo: lo que se dice de los movimientos especializados de Acción Católica (consiliarios liberados, apoyo económico efectivo, etc .... const. 251) dista mucho todavía de verse realizado en lo concreto. Por eso, la comparación con los Hechos de los Apóstoles es sugerente: por un lado, nos señala el ideal y, por otro, nos advierte de la distancia que hay que salvar entre lo que es y lo que debe ser. Otros paradigmas bíblicos nos aportan otros aspectos para reflexionar sobre los contenidos del Sínodo y sobre la experiencia eclesial que ha supuesto su misma celebración.


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Pero, de entre las diferentes parábolas bíblicas, destaca el episodio de los discípulos de Emaús. Quizá ha sido el tiempo pascual en que nos encontramos lo que me ha decidido a presentar esta reflexión en el marco de la experiencia pascual de los caminantes de Emaús. Aquellos dos discípulos, desconcertados por el escándalo de la cruz, se alejan del grupo de los once y del lugar del conflicto y en el camino se ven sorprendidos por el Resucitado, que se pone a caminar con ellos, les ayuda a interpretar los acontecimientos a la luz de las Escrituras y terminan reconociéndole al partir el pan. La experiencia del encuentro con el Señor cambia su estado de ánimo y sus actitudes y vuelven al grupo, al lugar del conflicto y a la misión apostólica (cfr. Lc. 24, 13-35). Este texto de Lucas describe un proceso repetido muchas veces a lo largo de la historia de la Iglesia y lo podemos ver de nuevo realizado en nuestra experiencia sinodal. Sínodo, hemos comentado hasta la saciedad, es "hacer camino juntos", como los dos caminantes del relato evangélico.. . Otra posibilidad más que nos ofrece el relato de Emaús es ayudarnos a reflexionar sobre el Sínodo en su globalidad, como acontecimiento eclesial y como texto con un rico contenido espiritual, doctrinal y pastoral, antes de hacer una lectura fragmentaria, cada uno desde la perspectiva de su Zona, Secretariado o Delegación concretos. En estos momentos, seria peligrosa una lectura parcial, cuando lo que necesitamos es ante todo resaltar las intuiciones de fondo, las grandes líneas programáticas que aporta el texto sinodal en su conjunto. Percibir, en definitiva, el paso del Señor por nuestros caminos canarios.. .

1.

UNA IGLESIA DIOCESANA EN CAMINO

"Dos de sus discipulos iban de camino hacia una aldea llamada Emaús, que dista de Jerusalem unos once kilómetros. Iban hablando de todos estos sucesos.. . " El Sínodo nos ha dado la oportunidad de conocer mejor a nuestra Iglesia diocesana, con sus logros y deficiencias. En el Sínodo ha aparecido y se ha manifestado una Iglesia en camino. El Sínodo ha sido una epifanía de nuestra Iglesia local, como el Vaticano II lo fue en su momento de la Iglesia universal.


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Los dos discípulos se separaban del grupo apostólico, rompiendo la comunión. Nuestra Iglesia diocesana experimentaba desde años atrás rupturas en la comunión eclesial. Las posturas radicalizadas de los distintos grupos y sensibilidades amenazaban a veces esclerotizarse y cristalizar en tomas de posición irreconciliables. La aplicación del Concilio Vaticano 11 se había ido realizando con ciertos traumas (Asamblea Conjunta Obispos-Clero, 1971; Asamblea del Estudio Socio Pastoral, 1972-75; trayectorias divergentes entre las dos diócesis canarias ...) cuyas heridas permanecían abiertas. Los clichés, los prejuicios, las descalificacionesmutuas eran demasiado frecuentes y dañaban la comunión eclesial. Los discípulos se alejaban también del lugar del conflicto, de Jerusalem. Se oscurecía en su conciencia la misión encomendada por el Señor. La Iglesia, en la etapa presinodal, se alejaba con frecuencia de su misión; daba la espalda a la realidad canaria, parecía refugiarse en los espacios intraeclesiales. Hemos de reconocer que nuestra Iglesia diocesana, en los últimos años había avanzado mucho en programación por objetivos, en organización, en vitalidad interior.. . Pero, desde distintas instancias se echaba de menos muchas veces el que la programación anual tuviera más en cuenta los acontecimientos cambiantes de la realidad histórica, el que hubiera una mayor incidencia de la acción eclesial en los ámbitos seculares. Hacía falta un revulsivo que nos devolviera a la vida, a la historia, al acontecer conflictivo de la sociedad. En la const. n! 191 se constata esta necesidad de unos grupos "abiertos a la problemática de la sociedad, en un esfuerzo misionero, con incidencia en los ambientes diversos y plurales de nuestra sociedad canaria".

"Ellos se detuvieron entristecidos" Nuestra Diócesis experimentaba también en los últimos años algo de cansancio, como si el modelo eclesiológico necesitara un nuevo aliento, algo de alegría, de ilusión colectiva. Quizá tampoco ayudaba mucho el aire de nos venía de fuera, de otros ámbitos eclesiales. Lo cierto es que cierta tristeza, malestar, desánimo se percibia en nuestros grupos, movimientos y comunidades. El mismo anuncio del Sínodo fue recibido por muchos con escepticismo: "¿Es que puede salir algo nuevo de todo este tinglado?", nos repetíamos a menudo. A las interpretaciones del Desconocido que se hizo el encontradizo en un recodo del camino, ellos responden desde su sabiduría humana, demasiado terrena: ¿Eres tú el único residente en Jerusalem que no sabe lo que ha pasado allí estos días? Creían saber más que el otro, tener las claves ideológicas del asunto e incluso se ponen a darle lecciones. Pero su mirada a la realidad estaba


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FELIPE BERMUDEZ SUAREZ

demasiado condicionada por su ideología mesiánico-politica y no habian entendido el misterio del Siervo sufriente. También en nuestra Iglesia, muchas veces las ideologías nos impedian entender los caminos a recorrer por nuetra pastoral, para ser de verdad evangelizadora ... También nosotros necesitábamos que alguien nos hiciera entrar en otras claves de comprensión de lo que estaba sucediendo. "Nosotros esperábamos ...". Frecuentemente, los lamentos y nostalgias de tiempos pasados eran la cantinela de muchas reuniones. Las utopias fueron desdibujándose de nuestro horizonte diocesano, abundaban los pesimismos y desesperanzas. Y ese clima se apoderaba de todos: pastores y laicos, consagrados, agentes de pastoral ...

2.

EL SEÑOR ACOMPANA A SU PUEBLO "Mientras hablaban y se hacían preguntas, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos estaban ofuscados y no eran capaces de reconocerlo"

Podemos considerar el Sínodo como la experiencia del paso del Sefior por nuestra Iglesia local de Canarias. Un momento privilegiado de nuestra andadura eclesial. Seguimos haciéndonos preguntas, confrontando posiciones, buscando las raíces de muchos de los problemas ... pero algo empezó a cambiar. El Sínodo comienza a aparecer para muchos como el remedio que necesitábamos para nuestra situación.

Y el Señor se hizo presente y el dinamismo de su Espíritu comenzó a alentar la marcha. El camino de preparación del Sínodo fue una mezcla de entusiasmo contenido y de escepticismo expectante. Poco a poco, las preguntas se van centrando en lo fundamental y entonces vamos todos intuyendo que el Sinodo era un acontecimiento necesario y que nos podría devolver ciertas ilusiones perdidas. El largo recorrido de la preparación -durante el cual algunos llegamos en determinados momentos a pensar que el Sínodo nunca se celebraría, o que sería algo para salir del paso y "cubrir el expedientem- fue un proceso en el que fuimos percibiendo progresivamente la presencia del Señor en medio de su pueblo.


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Ahora es cuando mejor nos damos cuenta: no hemos caminado solos, el Señor ha sido en todo momento nuestro compañero de camino. El texto sinodal expresa esta conciencia en su const. final: "A lo largo de este tiempo nos hemos sentido la Iglesia de Cristo que peregrina en Canarias, sabiéndonos llamados por el Padre, en su Hijo Jesucristo y unidos por la fuerza del Espíritu Santo; comprometiéndonos a caminar junto con los hermanos en la implantación del Reino de Dios, en medio de nuestro mundo.. . con la alegría de que María, nuestra Madre, camina con nosotros ..." (740).

3.

EL TRIPLE MINISTERIO "Entonces, Jesús les dijo: ;Qué torpes son para comprender.. .!¿No era necesario que el M e s h sufriera todo esto para entrar en su gloria?"

El Resucitado invita a sus discípulos de todos los tiempos a estar atentos a la historia, a saber interpretar los acontecimientos a la luz de la Palabra. El problema de los dos de Emaús era que no supieron comprender lo que estaba sucediendo y sucumbieron ante el escándalo de la cruz. Nuestro Sínodo nos invita a permanecer en esta práctica de constante atención a la vida, a la historia, para discernir los signos de los tiempos: en la situación histórica de nuestro pueblo (184-186), en los desafíos de la cultura actual (187-190) y en la propia vida de la comunidad diocesana (191-195). El mismo periodo sinodal ha sido todo él un tiempo de atención a la vida, a la realidad histórica. Recordemos las consultas y las sesiones plenarias, sobre todo las de apertura: fueron un auténtico "baño de realidad" para nuestra comunidad diocesana. Pero es sobre todo el texto de las constituciones el que expresa de manera insistente y repetitiva esta necesidad de abrir nuestra Iglesia a la realidad exterior: "Es preciso estar atentos a las llamadas de Dios que nos vienen de la misma realidad. Porque nuestro Dios actúa en la historia y desde ella nos llama a actuar con El. Una mirada teologal a la realidad es básica para que nuestra Iglesia se ponga en actitud evangelizadora" (181). Como hizo del Resucitado con los caminantes de Emaús, hoy la lglesia ha de "enseñar a hacer lectura creyente de la realidad y a ser contemplativos en la acción" (182). Todas las páginas del documento respiran esta preocupación por mirar la realidad de manera creyente: mirada critica ante el tipo de sociedad


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FELIPE BERMUDEL SUAREZ

que tenemos (215, 216, 222 y 638); realismo al tratar de percibir las características de los distintos ambientes en los que han de moverse los cristianos (250 y SS.);la situación cada vez más preocupante de los pobres en nuestra realidad canaria (184). concretando con mucho detalle las situaciones específicas de pobreza a las que hay que dar respuesta desde la fe y desde la solidaridad (641 - 712); la situación nueva que vive la juventud (277, 278 y 279); la problemática familiar en un mundo en cambio (334 - 343), etc... El Sínodo ha sido realista al concretar también una mediación operativa necesaria para estar permanentemente abiertos a la realidad social y cultural: el Secretariado de Pastoral Social, que puede ser una de las grandes aportaciones del Sínodo, si acertamos a ponerlo en práctica (183). Este es un caso paradigmático de articulación de los tres tipos de afirmaciones sinodales (declaraciones, orientaciones y normas pastorales), en el cual el texto sinodal comienza estableciendo los principios teológicos (Dios descubre luego actúa en la historia y desde ella nos habla) -declaración-, la necesidad de hacer análisis de la realidad y lectura creyente de los acontecimientos -orientación pastoral- y llega finalmente hasta decretar un medio concreto para hacer posible esa tarea: el Secretariado -norma-. "Y empezando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que decían de él las Escrituras"

"La profundización en la Palabra de Dios es fundamental en la vida del cristiano, de ella se debe alimentar. Hay que leer frecuentemente la Palabra de Dios para que ilumine nuestra vida y nuestra acción (180). El recurso a la Palabra de Dios es otra de las grandes líneas orientadoras que emana del Sínodo. Se puede releer en su conjunto el texto sinodal y encontraremos esta inspiración en todas sus páginas. Desde la Introducción, se dice que "escuchar y proclamar la Palabra de Dios" es lo primero que ha de hacer la Iglesia para evangelizar. Y ya en la const. nP 1 se habla de la Iglesia como "Sacramento universal de Salvación, que se realiza por la Palabra y la Eucaristía". Al hablar de las comunidades, del Obispo, de los presbíteros, de los laicos y consagrados, en todo momento se insiste en la necesidad de hacer "una

referencia continua a la Palabra de Dios" (35). El trabajo evangelizador con jóvenes contempla repetidamente la necesidad de cultivar la oración, el estudio


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del Evangelio, la lectura de la Palabra de Dios (cfr. nn. 287, 289, 292, 317, 331). Lo mismo se afirma en todo lo referente a la catequesis y la enseñanza religiosa. La const. nP 453 recuerda que una de las dimensiones fundamentales de la formación de todo cristiano ha de ser la formación bíblica. La 478, dedicada a la homilía, insiste en la importancia de la Palabra de Dios en la celebración; y se establecen normas sobre el lugar de la proclamación de la Palabra (495). Se desea que la oración personal y comunitaria de los cristianos esté inspirada en la Palabra de Dios, de forma que se "enseñe a orar con la Biblia, sobre todo con los salmos" (566). Cáritas reconoce que toda su acción se fundamenta en las palabras del Maestro: "Lo que hicieron con cada uno de mis hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo" (Mt. 25, 40) (588). En los métodos de formación de los grupos de acción caritativa y social el Sínodo dice que se han de cultivar "la revisión de vida, el análisis de la realidad y el estudio del Evangelio" (633). La asiduidad en acudir a la Palabra, que puede considerarse uno de los grandes logros del Concilio Vaticano 11, superando el largo destierro que la Palabra había sufrido en siglos anteriores de la historia de la Iglesia, ha sido ampliamente valorado y recogido en nuestro Sínodo. Hoy el Señor Resucitado continúa explicándonos las Escrituras en nuestro caminar como Pueblo de Dios. "Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaba sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio"

Atención a la vida, profundización en las Escrituras y, al caer la tarde, sentarse a la mesa para compartir el pan. La dimensión celebrativa de la existencia cristiana es otra clave de lectura de nuestro texto sinodal. Resulta muy provechoso recorrer de nuevo, pacientemente, todo el conjunto de las constituciones sinodales y descubrir cómo está subrayado el aspecto oracional, celebrativo en todos los lugares del documento, no sólo en el apartado referente a la liturgia (nn. 459 al 577). Ciertamente, el Sínodo Diocesano nos presenta "una Iglesia que celebra su fe dentro de la historia que vive" (460). De manera tal, que a lo largo del texto se tiene muy presente que "las celebraciones cristianas deben recoger la vida y la realidad de la comunidad en forma festiva, siendo aliento y expresión de la fe y fuerza para el compromiso" (459). Una vez más, el relato evangélico se nos muestra fecundo, en esta lectura reflexiva que estamos haciendo del mismo, pues sólo desde el esfuerzo por


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FELIPE BERMUDEZ SUAREZ

desentrañar el significado de los acontecimientos y desde la profundización en las Escrituras tiene sentido el encuentro en la cena con el Caminante de Emaús. Una liturgia llena de sentido sólo acontece cuando la comunidad eclesial comparte las dificultades del camino y se deja iluminar por la luz de la Palabra. - P o r eso, insistimos, se debe rastrear todo el documento para descubrir la presencia de la dimensión celebrativa en todas sus partes y capítulos. Sólo indico algunos trazos de esta búsqueda que somos invitados a realizar. "La Iglesia es Sacramento Universal de Salvación, que se realiza por la Palabra y la Eucaristia" (1). La corresponsabilidad se hace brotar de la fuente sacramental del Bautismo, la Confirmación, la Eucaristia y de los demás sacramentos (cfr. 4, 10 y 18). Por eso, se nos llama a "considerar la Eucaristia dominical como fuente y cima de toda corresponsabilidad e invitar desde ella a los feligreses a que se integren en los grupos y actividades pastorales" (20, e). Las parroquias y grupos han de ser espacios en los que los cristianos puedan celebrar "la experiencia de la fe, cuya expresión máxima está en la Eucaristia" (162). Los textos podrían multiplicarse. Una de las mayores impresiones, tal vez, que uno recibe de la lectura atenta de todo el documento sinodal es su integralidad; es decir, el esfuerzo constante, pretendido, por superar todo tipo de dualismo fe-vida, oración-acción, celebración-compromiso. Llama la atención que cada vez que se habla de oración o celebración se insiste en la dimensión de compromiso; y que, viceversa, cada vez que se subraya lo del compromiso se recuerda la dimensión de oración y de celebración. Mostremos tan sólo unos ejemplos. Respecto a lo primero: "Los cristianos hemos de ser hombres y mujeres de oración. Por ello, hay que favorecer en la Diócesis una experiencia personal de oración que nos comprometa con la vida y nos ayude a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos. Se debe iniciar a los cristianos en las distintas formas de oración y enriquecer la espiritualidad de los militantes, conectando oración y vida.. . Que la Diócesis potencie una escuela de oración a la que puedan acudir los cristianos de las diferentes parroquias y movimientos eclesiales, insistiendo en una oración unida al compromiso" (179). En cuanto a lo segundo: "Lo ideal es que un cristiano comprometido en acciones o instituciones socio-políticas pertenezca a un grupo o comunidad de referencia donde pueda madurar en la fe, para no sucumbir ante las ideologias y donde pueda celebrar la fe, orar y revisar sus actuaciones desde


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el Evangelio" (230). El estilo de joven que se quiere potenciar es el de un joven "que integre la fe con la vida y, por tanto, logre transformar su propia persona y la realidad que le rodea, según el proyecto de Jesús ... Con experiencia de Dios, cuidando la oración, la contemplación, la lectura del Evangelio, la reflexión, la comprensión y vivencia de la Liturgia ... Con capacidad para transformar su propia persona, el ambiente donde se mueve, la realidad que lo rodea, a la luz de los valores del Reino" (287).

4.

EL ENCUENTRO CON EL SEÑOR "Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron. .. Y se dijeron el uno a l otro: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?"

El triple trabajo del Resucitado con los desconcertados discípulos tiene su fruto: se les abren los ojos y le reconocen. Es el encuentro con Jesucristo en el camino de nuestra Iglesia lo que, finalmente, está en el centro de la celebración de nuestro Sínodo. En la medida en que nuestra Iglesia camine atenta a la vida de nuestro pueblo, para intervenir solidariamente en ella, esté dispuesta a profundizar en la Palabra y sentarse a celebrar al Dios de la vida en la mesa de la fraternidad, en esa medida el Señor nos revelará su rostro, hará que arda nuestro corazón. La experiencia sinodal nos ha permitido, por gracia suya, reconocerle y redescubrirle en nuestra larga marcha por el desierto de los siglos. Y ello nos ha hecho posible valorar el camino que realizaba ya nuestra Iglesia local, con la compañía y el aliento del Espíritu del Señor Jesús. Y esto ha quedado reflejado en el texto sinodal. Porque lo que en gran parte ha hecho el Sínodo ha sido confirmar un camino realizado a lo largo de la historia de nuestra Diócesis. El documento puede entonces releerse desde esta nueva perspectiva: ver convertido en declaraciones, orientaciones y normas lo que ya se venia viviendo gozosamente, aunque con limitaciones y fallos, en algunos lugares o por parte de algunos grupos o comunidades de nuestra geografía diocesana. Se trata de reconocer el paso del Señor y suplicarle que siga actuando en medio de nosotros, convencidos de que "sin una auténtica conversión al


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FELIPE SERMUDEZ SUAREZ

Señor no se puede vivir un cristianismo comprometido y testimonial, día a día. Esta conversión supone, al mismo tiempo, el cambio interior y el compromiso por el cambio exterior y estructural. Esta actitud nos llevará a seguir a Jesús que se pone de parte de los más necesitados, manifestándonos al Padre bueno que se inclina por los débiles, restituyéndoles en su dignidad" (178).

5.

LA COMUNION ECLESIAL

"En aquel mismo instante se pusieron en camino y regresaron a Jerusalem, donde encontraron reunidos a los once y a todos los demás" El primer resultado del encuentro con el Resucitado es la vuelta a la comunión eclesial. Cuando se hace verdaderamente la experiencia de Jesucristo, se reencuentra a los hermanos, cobra sentido de nuevo la comunidad apostólica. La Iglesia, misterio de comunión ha sido uno de los grandes descubrimientos de nuestra Iglesia diocesana en Sínodo. Se ha experimentado y se reconoce en el texto sinodal la pluralidad y variedad de grupos, comunidades, movimientos de la Diócesis. Y se ha apostado claramente por la comunión, por la corresponsabilidad. por un estilo de Iglesia Pueblo de Dios en marcha. Son las primeras palabras del documento: "La Iglesia, divina y humana, es, en Cristo, Misterio de Comunión entre Dios y los hombres y de éstos entre si" (1). Se trata de una comunión dinámica, unidad en la diversidad. Como bien se dice: "En nuestra Iglesia Diocesana se han de poner los medios necesarios para que la comunión sea efectiva, para garantizar la unidad, potenciando todo lo que nos une, en un sano y enriquecedor pluralismo, y corrigiendo lo que nos divide" (2). La comunión se entiende en el Sínodo como "un proceso que culmine en el conocimiento y reconocimiento efectivo, por parte de todos, con la conciencia de pertenencia gozosa a la comunidad de los discípulos del Señor, de los derechos y deberes que, como bautizados, tenemos dentro de la comunidad eclesial" (6).


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6.

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EL REDESCUBRIMIENTO DE LA MlSlON "Los apóstoles daban testimonio con gran energía de la Resurrección de Jesús, el Señor" (Hech. 4, 33)

Al reintegrarse los dos discípulos al grupo de los once y de los demás, donde también estaba María, la Madre de Jesús, comienza la aventura apostólica, el anuncio de la Buena Noticia a todos los pueblos. Así se vivencia en nuestro Sínodo: "Como el Padre envió al Hijo, éste envía a la Iglesia con la fuerza del Espiritu que le movía a él a recorrer 'todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias' (Mt. 9, 35). Por eso, la Iglesia no puede guardar para sí el tesoro de gracia y sentido que ha recibido del Señor, sino que lo ha de trasmitir y comunicar a todos los seres humanos" (176). Este impulso hacia fuera puede considerarse una de las caracteristicas fundamentales de nuestro Sinodo. Tal vez sea una de las gracias principales recibidas del Señor y que nos corresponde hacerla fructificar en los anos venideros. En todo el documento se encuentra uno con expresiones que, podríamos decir, casi obsesivamente, reclaman de nuestra Iglesia no quedarse recluida en sus muros intraeclesiales, sino, por el contrario, salir fuera, a la realidad del mundo, de sus estructuras y mediaciones, para: escuchar en sus problemas y aspiraciones, el latido del Espiritu, el grito de Dios en la historia; para transformar sus estructuras según los valores del Reino, a través de la presencia cristiana en lo social, en lo económico, lo político y lo cultural; para ser testigos del Resucitado y del mundo nuevo que Dios nos prepara y que ya está naciendo entre nosotros. Hay en el texto una insistencia notable en el testimonio, como "la forma privilegiada de la evangelización, tanto de los cristianos en particular como de la Iglesia en su conjunto" (196). Y , dentro de ese testimonio, "el primer signo que la Iglesia ha de presentar a todos los hombres y mujeres de nuestra tierra es la evangelización de los pobres" (197). Luego, la vida moral al estilo de la bienaventurazas, la presencia pública de la Iglesia en la sociedad canaria y el compromiso de los cristianos en la transformación de la sociedad (cfr. nn. 106 al 233).

Y, junto con el testimonio, el anuncio expreso del Señor Jesús, porque "la misión de predicar ha sido uno de los mandatos más explícitos de Jesús:


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'Vayan por todo el mundo y prediquen la Buena Noticia a toda criatura' (Mc. 16, 15)'' (324). Un anuncio que debe llegar a todos los ambientes y situaciones en que viven nuestros hermanos y hermanas (nn. 246 al 262). En esta apertura hacia fuera, nuestra Diócesis ha recibido, quizá como nunca hasta ahora, una llamada apremiante a la misión universal, con una sensibilidad exquisita hacia los pueblos pobres del Tercer Mundo, muchos de los cuales nos están visitando como inmigrantes, reclamando la parte de su pan en el convite de la humanidad. Y con la concreción de establecer lazos fraternos con alguna Diócesis pobre del Tercer Mundo, a la que podamos ayudar y de la cual podemos también recibir el Evangelio, porque, también se dice en el Sínodo, "los pobres nos evangelizan" (197). El encuentro con el Señor nos lo ha hecho descubrir como el Enviado del Padre, que a su vez nos envía a nosotros al mundo. Para discernir sus llamadas, para ser en el mundo fermento de humanidad nueva, para sembrar por todas partes la semilla del Reino. El Espíritu de Jesucristo Resucitado ha lanzado a nuestra Iglesia congregada en Asamblea sinodal a los caminos del mundo, para que, podemos apurar basta el máximo la imagen bíblica- haciéndose ella misma caminante, compañera de camino de todo ser humano, especialmente de los maltratados por la historia, proclame el Evangelio de la liberación a todos los hombres y mujeres de nuestra tierra y de todos los pueblos y haga que Cristo, luz de las naciones, alumbre el camino de la humanidad hacia los nuevos cielos y la nueva tierra que vendrán. Hasta que "todas las familias de los pueblos puedan reunirse felizmente, en paz y concordia, en un solo Pueblo de Dios y puedan sentarse a la mesa de su Reino, y reconocerle en el pan definitivamente compartido, para gloria de la Santísima e Indivisible Trinidad" (cfr. 740).


ALMOGAREN. 11. (91) Pdgs. 65

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e CENTROTEOWGICO DE LAS PALMAS

LA IGLESIA Y LOS POBRES EN EL SINODO

CARMENLANAOY GOTZONEARANCIBIA PROFESORAS DEL CET EN LANZAROTE

INTRODUCCION

Con sorpresa, hemos recibido la invitación a escribir un articulo para la Revista de Teología "Almogaren", en el que -al menos teóricamentepudiera recogerse el punto de vista de unas mujeres en torno al acontecimiento sinodal que tan intensamente se ha vivido en su última etapa y que acabamos de clausurar. Muchas criticas se dirigen a la Iglesia en relación al lugar que concede a las mujeres en su seno. También en nuestra Iglesia de Canarias. Algunas se han escuchado en la asamblea sinodal (y no precisamente procedentes de mujeres) y otras han quedado en el silencio. En esta situación, nos ha parecido importante aceptar la invitación recibida. Por ello hemos querido realizar el esfuerzo de una reflexión compartida en la que también otros, a través de la revista, puedan participar. La decisión, sin embargo, no elimina la dificultad. Hablar del Sinodo en su conjunto es algo tan complejo -cuando no se trata solamente de expresar la propia experiencia del acontecimiento- que parece imprescindible elegir algún punto de vista concreto, algún tema en el que centrar la reflexión. Podía resultar tentador algo parecido a "El Sínodo y la mujer", pero el tema como tal- no ha sido objeto de la reflexión sinodal. Algunas referencias a la mujer aparecen en el texto sinodal, que -en su conjunto- consideramos


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CARMEN LANAO Y OOTZONE ARANCIBIA

positivas, sin embargo es necesario decir que se trata de un tema cuya reflexión está aún sin abordar, o en sus inicios. No así la praxis -aspecto realmente significativo- donde la apertura al lugar de la mujer y a su aportación es un hecho en muchos de los ámbitos de la Iglesia diocesana. Parecía, pues, conveniente elegir otro tema desde el cual abordar el Sínodo y su significado para nuestra Iglesia, y nos ha parecido que la reflexión Sinodal en su conjunto ha puesto claramente de manifiesto algo que por pertenecer a la misma esencia de la Iglesia se da por adquirido, pero que sin embargo -en su realización- dista mucho de ser eviedente, tanto para quienes formamos parte de ella como para quienes nos contemplan desde "fuera". Se trata de algo tan poco novedoso como la opciónpor los pobres, de la que tan ampliamente se ha hablado en las últimas décadas. En este aspecto pretendemos fijar nuestra atención, siguiendo un sencillo esquema tripartito: 1. Relación esencial entre la identidad de la Iglesia y el anuncio de la Buena Noticia a los pobres.

11. Análisis del Documento Sinodal. Características y matices de la opción por los pobres presentes en el Documento. 111. Mirando al futuro. Antes de entrar en el tema, creemos importante hacer una aclaración que permita situar el trabajo en unas coordenadas concretas: intentamos una reflexión sencilla, no un artículo técnico. Evitaremos al máximo el recurso a las citas. En la primera parte del trabajo las sustituiremos por una pequeiia bibliografía, que pondrá de manifiesto nuestras fuentes. En la segunda parte, la pretensión de citar se traduciría en una interminable lista de números del documento sinodal. A su necesaria y reposada lectura remitimos. 1.

RELACION ESENCIAL ENTRE LA IDENTIDAD Y MISION DE LA IGLESIA Y EL ANUNCIO DE LA BUENA NOTICIA A LOS POBRES

Es evidente que la misión de la Iglesia se puede hablar desde muy diferentes puntos de partida. Igualmente es verdad que nuestra limitada capacidad de seres humanos nos lleva con cierta facilidad a una visión parcial de la realidad de las cosas. Sin embargo, nada tan cierto y tan claro, tan poco discutible como lo que se afirma en el título con el que iniciamos esta primera parte de la reflexión.


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La fundamentación podría hacerse, exclusivamente, desde los evangelios o N.T. en su conjunto. En ellos está, sin duda, la base de cuanto se pueda decir sobre el lema. Pero es importante también subrayar que esto no es algo que pertenece en exclusiva a las primeras generaciones cristianas. A lo largo de toda la liistoria de la Iglesia, y a pesar de las grandes lagunas y pecados de cuantos la hemos formado, la presencia del Espíritu -como en tantos otros aspectosse ha hecho patente en la permanente vinculación Buena Noticia-pobres. En la actualidad, las circunstancias que vive nuestro mundo han llevado a los últimos papas a la publicación de importantes documentos de Doctrina Social de la Iglesia ("casualmente" muy poco difundidos por los medios de comunicación, a excepción de sus aspectos más anecdóticos). De manera análoga, la mirada atenta a la realidad circundante ha provocado que la reflexión teológica desde la pobreza y los pobres se realice fundamentalmente en aquellos lugares que denominamos Tercer Mundo, muy especialmente América Latina, único continente que podemos designar como cristiano de los pertenecientes al empobrecido SUR. En esa reflexión basamos la nuestra, y en la de otros autores que sin vivir tan de cerca esa realidad se sienten urgidos a poner de manifiesto que la fe cristiana no puede aceptar acríticamente, ni mucho menos dar por válidas las estructuras de un mundo en el que se legitima la riqueza de unos pocos a costa de la pobreza de una inmensa mayoría. Nos acercamos a ellos no como un recurso a la autoridad, sino por creer que su discurso es una interpelación no un arma arrojadiza- a cuantos decimos ser creyentes en el Dios de Jesús. Viniendo pues, a la realidad de nuestros días y de nuestro contexto occidental y europeo, comenzamos con una sencilla constatación: es frecuente encontrarse con personas que afirman creer en Dios o en Cristo, pero que dicen no creer en la Iglesia. Esta situación se refleja, además, en los datos estadísticos de sociología religiosa, poniendo de manifiesto un hecho que no debe ser subestimado por la Iglesia. Es cierto que caben explicaciones muy variadas a esta desvinculación -a veces muy clara- entre la Iglesia y Cristo por parte de muchas personas. Es verdad, también, que la Iglesia como signo-sacramento tiene una inevitable parcela de opacidad que no puede ser superada. Pero seria peligroso detenerse en explicaciones que excluyeran nuestra propia responsabilidad en esa falta de reconocimiento. El hecho en sí supone una llamada de atención para la Iglesia, en cuanto a su identidad y en cuanto al contenido y la forma en que ejerce su labor evangelizadora: ¿qué tipo de relación establece la Iglesia con el mundo? ¿Cómo hace llegar la Buena Noticia de salvación a los pobres? Dicho en otras palabras: ¿seria la Iglesia tan poco


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"creíble" si estuviera y apareciera identificada con la causa de los pobres? Es necesario, como mínimo, ponerlo en duda. No cabría, sin embargo, la menor duda de que creceria la hostilidad hacia ella por parte de los poderes que realmente dominan el mundo ... En este contexto de sociedad europea (sin perder de vista los tradicionales vínculos con la América hispana) vive y ha de situarse la Iglesia de Canarias. Y se puede anticipar -con gozo- que los creyentes, reunidos en Sínodo, nos hemos querido dejar interpelar por la Palabra de Dios y por la realidad concreta de la sociedad a la que pertenecemos. A partir de esa mirada al mundo desde la Palabra de Dios, hemos "visto" la situación de injusticia que está en la raíz de tanta marginación y pobreza como constatamos en nuestro mundo hemos "escuchado" las voces de los distintos colectivos afectados por la pobreza y -sintiéndonos enviados- hemos intentado apostar por una Iglesia que "baje" a dar respuesta (Ex 3, 7-10) desde el servicio y la solidaridad que caracterizan toda la vida y actividad de Jesús (Mt 4,24: Lc 7, 21-23).

Algo que se puede decir en tan pocas palabras y que por otro lado es tan evidente, ¿precisa de alguna reflexión? Probablemente todas están hechas ya, sin embargo es tanto lo que la Iglesia se juega en lapuesta en obra de aquello que proclama, que no parece inútil recordarnos -una vez más- el significado y las implicaciones que tiene esta apuesta por una Iglesia de pobres. a) Optar por este modelo de Iglesia que se deja afectar por la situación de pobreza y se compromete en favor de los pobres, es decir, asume como tarea que le incumbe prioritaria y directamente el esfuerzo en la transformación de las situaciones injustas, significa -nada más y nada menos- que la comunidad cristiana es y se constituye como CUERPO DE CRISTO que actualiza su presencia en la historia. Si la Eucaristía es vida de la Iglesia, fuente de su ser y lugar privilegiado de nuestro "convertirnos" en Cuerpo de Cristo, la opción por los pobres expresa la imprescindible realización histórica que visibiliza de algún modo el misterio y que implica la capacidad de poner en el mundo los gestos salvadores que realizó Jesús. En expresión de l. Ellacuria, la Iglesia como Cuerpo de Cristo es "lugar de su presencia y mediación de su actividad". Como signo-sacramento apunta, por un lado, hacia una realidad que está más allá de ella, la transciende, y desborda toda posible captación y presentación, pero -por otro lado- es ya portadora de la realidad que significa: siendo Cuerpo de Cristo se da en ella la presencia salvadora de Cristo.


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Por ello, la comunidad cristiana será realmente mediación en la medida en que, descentrándose de si misma, se remita continuamente al Jesús histórico, a su vida y a su actividad, para transmitir su mensaje -en un esfuerzo permanente de identificación con él- asumiendo no sólo el contenido de la Buena Noticia que anunció, sino también el modo en que lo realizó en la historia con unos gestos concretos que se presentaban como salvación y que hoy día podemos traducir en clave de liberación. Liberación de lo que oprime al ser humano. Liberaciónpara que la persona se realice plenamente en su condición de hijo de Dios. b) Sin hacer aqui un recorrido por los numerosos textos del Nuevo Testamento referidos a la relación de Jesús con los pobres, si es necesario partir del hecho de que Jesús vino a traer la "Buena Noticia" a los pobres y que la transmitió apostando por ellos (Lc 7, 21-23). En Jesús, Dios se coloca incondicionalmente del lado de los humildes. Por las narraciones evangélicas sabemos que Jesús mantuvo una relación de impensable cercanía con pecadores, publicanos, samaritanos, paganos, mujeres ... mostrando su predilección por las personas menos cualificadas socialmente. Sabemos también más: que el contacto con Jesús de aquellos que poseían riquezas se traduce en conversión al Reino de Dios precisamente en la opción personal que realizan frente a su riqueza (Mc 10, 17-31; Lc 19, 1-10). Y es que Jesús no podia dejar de ponerse del lado de los pobres, porque eso es lo que habia "visto" hacer a su Padre desde la creación del mundo (Dt 7,7; Ez 16, 3-15). En este sentido no deja de sorprender que la Escritura antigua mantenga la permanente referencia a la predilección de Dios por los pequeños y los pobres, en el seno de un pueblo cuya fe y esperanza en Dios evolucionó a lo largo de los siglos desde una concepción exclusivamente intramundana de la "salvación" (que habia de consistir en bienes de este mundo) hacia la convicción de un Reino de Dios escatológico (que no todos compartían, como también muestra claramente el evangelio). Jesús no 5610 se relaciona con los pobres, sino que declara que de ellos es el Reino de Dios (Lc 6,20; Mt 5,3) estableciendo así una relación indisoluble entre la Buena Noticia y sus destinatarios privilegiados. Para acercarnos al alcance que tiene esta declaración podemos remontarnos al Antiguo Testamento, en cuyos textos se encuentran reflejados claramente dos tipos de pobreza: una referente al mundo de la limitación y miseria natural; otra al mundo de la miseria histórica, originada por la opresión de unos sobre otros. Ese mundo es el que debe ser transformado y reconciliado.


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Por ello, la utopía del Reino es vista en los profetas no sólo como superación de la miseria (1s 65, 17-24) sino como el mundo de reconciliación entre los hombres (1s 2.4; 11, 6-9). Para Jesús, podemos decir -siguiendo la exposición de J. Sobrino- que los pobres están caracterizados en una doble linea:

- Pobres son los pecadores, publicanos, prostitutas (Mc 2,6: Mt 11,19; 21, 32; Lc 15,l) - los sencillos (Mt 11,25) - los pequeños (Mc 9,2; Mt 10,42; 18, 10-14) - los más pequeños (Mt 25, 40-45) - los que ejercen profesiones despreciadas (Mt 21,31; Lc 18,11). En este sentido son las personas de baja reputación, los incultos e ignorantes, aquellos a quienes, en la mentalidad de la época, les era cerrada la puerta de acceso a la salvación. Para ellos la religiosidad vigente no era una esperanza sino una condenación. Su pobreza no se caracteriza necesariamente por la carencia de bienes materiales, sino por su condici6n de excluidos, marginados. Pobres son los que tienen una necesidad real. Los hambrientos y sedientos, los desnudos, forasteros, enfermos y encarcelados, los

que lloran, los agobiados por algún peso. En definitiva, los que están bajo algún tipo de opresión real. Cuando Jesús anuncia que el Reino de Dios es para todos esos pobres y no para los "justos" está provocando, de hecho, un grave conflicto en su entorno: los justos eran aquellos que cumplian la Ley, los que -en las circunstancias concretas de la sociedad judia de la época- podían cumplirla porque su situación social se lo permitia. Con su actitud, Jesús está cuestionando toda una situación de injusticia que, apoyándose en el cumplimiento externo de la Ley, producia insolidaridad y opresión. Pero su postura profética no se reduce a cuestionar la situación, sino a proponer una alternativa definitiva: Jesús ofrece y vive él mismo el AMOR como única ley del Reino, como única fuerza generadora de auténtica vida. El amor, en consecuencia, es esencial al mensaje cristiano. Pero el amor cristiano tiene un paradigma fundamental: la vida de Jesús, en toda su radicalidad transformadora. Lo cual quiere decir que no se trata de un amor a la manera en que cada uno de nosotros queramos entenderlo, sino del mismo C)


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amor con que Jesús amó. Este amor tiene un destinatario inequívoco: aquel que experimenta necesidad, y con el que Jesús se identifica -para sopresa y escándalo de muchos- (Mt. 25, 35-46). Y en una sociedad en la que los que están en necesidad son mayoría, es preciso que ese amor se traduzca en justicia y en defensa de los derechos del pobre (Miq. 6,8). De hecho, como muy bien apunta Simone Weil, somos nosotros los que hemos establecido las diferencias entre el amor y la justicia. El texto evangélico de Mateo que acabamos de citar no habla de personas que aman mucho o de personas caritativas, sino simplemente de "justos": ellos son los que han dado de comer, los que han vestido al desnudo, o visitado al encarcelado ... sin que en las palabras de Jesús podamos encontrar resquicio ninguno que nos permita establecer una jerarquía de atención basada en los "méritos" contraídos por aquellos que tienen necesidad. Jesús no sólo anunció a los pobres que eran los destinatarios prioritarios del amor de Dios, sino que trató de liberarlos por medio de gestos transformadores de su situación: - sus milagros son obras (signos) en favor de quien está en necesidad, cuyo significado profundo es la capacidad transformadora que posee el amor y que lo convierte en la gran característica de la presencia del Reino.

- su relación con los socialmente marginados y excluidos (Lc. 7, 39; 5,112-14; 8,2) no sólo a titulo individual, sino recreándolos como grupo social ( M t . 11,19), establece la solidaridad como fuente de liberación. - sus denuncias a los colectivos y a los individuos que causan

opresión son también gestos con una enorme carga liberadora hacia los pobres. Bien se puede afirmar que la apuesta permanente de Jesús por los pobres desencadenó el proceso de persecución que le llevó a la muerte. Persecución muy comprensible si tenemos en cuenta la profunda interrelación de todos los aspectos de la vida (religioso, político, social, económico) que se daba en el pueblo de Israel. Y más comprensible aún si pensamos que los poderes dominantes difícilmente podrán aceptar que se ponga en cuestión la legitimidad de una situación establecida, aún cuando ésta sea generadora de opresión. Sin embargo, si la vida de Jesús estaba orientada a la salvación de los afectados por una situación de injusticia, descubriendo y manifestándonos al


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mismo tiempo que en ello consiste el cumplimiento de la voluntad de Dios, es profundamente coherente que la salvación de los pobres no llegue ni se establezca desde los criterios o las claves del poder, sino por la línea del amor más radical, que es aquel que está dispuesto al desposeimiento total, al despojamiento más absoluto, al propio descentramiento para reconocer al otro en su propia identidad, haciéndose uno con él y asumiendo su situación. Por ello el camino para devolver al pobre su dignidad pasa por asumir su indignidad. Desde esta perspectiva, la contemplación de la vida de Jesús discurre ante nuestros ojos como un progresivo empobrecimiento (término tal vez no muy apropiado, porque la entrega en el amor nunca es empobrecimiento en el sentido en que habitualmente utilizamos la palabra). No cabe duda ninguna de su opción ante los bienes materiales, pero Jesús, por su actitud, va siendo privado de su seguridad, de su dignidad, y de su propia vida, que es la forma suprema de empobrecimiento. Y esto no ocurre por azar, sino que tiene su causa en el amor solidario a los pobres. La kénosis trascendente que supone la encarnación no se detiene en aquel "poner su tienda entre nosotros". Se concreta en la historia en ese bajar hasta el fondo de la limitada condición humana, asumiendo la solidaridad con los más pobres (Hb. 2.18; 4.15; 5,2.8). Por eso la cruz, "locura para los judíos, necedad para los gentiles", es la manifestación culminante e insuperable de un Dios que se "vacía" en la entrega, mostrándonos así su propia identidad": AMOR. La cruz de Jesús expresa, de manera creible, que Dios ama a los hombres, que no sólo pronuncia una palabra de amor y salvación sino que él mismo se da como amor y salvación. Captar la presencia amorosa de Dios en la cruz, es lo que en el fondo nos posibilita captar su presencia en la resurrección como amor y cercanía, no como puro poder y alteridad. Captar la presencia amorosa de Dios en la cruz es lo que nos lleva a comprender que la omnipotencia de Dios es la omnipotencia de su amor, que supera la impotencia del sufrimiento. Un sufrimiento que no desaparece ni queda abolido, pero que es transformado desde dentro, porque ahora sabemos que ya no tiene la última palabra: el amor de Dios manifestado en Jesús lo ha vencido, asumiéndolo, para llegar a la plenitud. d) A partir de esa praxis de Jesús, en la que quedan tan claramente vinculados el amor y la apuesta por los pobres, no se puede dejar de seiialar que la búsqueda activa del amor eficaz que transforma lo injusto del mundo segün el ideal del Reino es signo de la cercanía de Dios. En él el Dios lejano pasa por el hombre cercano para mediar y comunicar su presencia. Ciertamente


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que este hombre es ante todo y sobre todo Jesús. Pero Jesús ha querido incorporar a si a todos los hombres, y es la comunidad de los seguidores de Jesús quien, como Cuerpo de Cristo, ofrece la mediación adecuada para que Dios se haga presente a los hombres y para que los hombres accedan a Dios. La Iglesia, Cuerpo de Cristo, hace visible el amor del Padre cuando actualiza la preferencia del Señor por los desheradados. Si Jesús hace presente la salvación en la historia a través de sus palabras y de sus gestos liberadores, la Iglesia, sacramento de Cristo, no podrá realizar su misión sino a través de gestos y palabras que signifiquen la salvación de Jesús, en cada momento histórico, para sus destinatarios privilegiados. Esto es de tal importancia que la Iglesia no es Iglesia de Jesús sólo porque anuncia su mensaje, sino porque realiza gestos desalvación para los oprimidos, porque se compromete en la liberación de los pobres desde los pobres históricos concretos, asumiento su condición, pues, "sólo lo que es asumido es salvado". En consecuencia, tanto el ser como la misión de la Iglesia quedan profundamente afectados por el modo en que realice en la historia esta opción por los pobres, que visibiliza la opción de Dios por ellos. La propia historia, de la que es tan dificil aprender, refleja con claridad meridiana lo mismo que la reflexión teológica muestra. Podemos decir que no existe crisis alguna por la que la Iglesia haya pasado a lo largo de los siglos que no tenga, en lo profundo, una fuerte relación con el tema que nos viene ocupando. De tal modo que un estudio histórico con el único objetivo de analizar el modo en que la lglesia ha vivido la opción por los pobres en sus veinte siglos de existencia pondría de manifiesto que los momentos de mayor falta de coherencia con esta opción coinciden inevitablemente con grandes crisis eclesiales. Pero por gracia de Dios y para fortuna nuestra, también la historia nos muestra esa presencia escondida del Espiritu en la Iglesia que, mas allá de nuestras pobres realizaciones y más allá de nuestra incoherencia, ha mantenido siempre su llamada de alerta a través de las palabras y la vida de tantos creyentes que han descubierto la pobreza como aspecto esencial e irrenunciable del mensaje de Cristo. Juan XXIII, en visperas de iniciarse el Concilio Vaticano 11, decia que la Iglesia quería ser, particularmente, la Iglesia de los pobres, señalando una vez más- el proceso de conversión al que estamos llamados tras haber olvidado tantas veces, a lo largo de los siglos, esta exigencia.


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11.

CARMEN LANA0 Y OOTZONE ARANClBlA

LA IGLESIA DE CANARIAS QUIERE SER FIEL A SU MISION SIENDO "IGLESIA DE LOS POBRES".

Para abordar el tema desde una perspectiva un poco más amplia que la del texto sinodal final, hacemos una ligera referencia a la historia previa. Con ello pretendemos fijar la atención en algunos datos que son, por sí mismos, significativos, y que nos permiten comprender más globalmente unos resultados que -de manera impropia- llamaremos "finales". En primer lugar, la dinámica eclesial de los últimos años está fuertemente orientada a subrayar los contenidos del "depósito de la fe", a insistir en la indispensable unidad y a vigilar cautelosamente toda nueva forma de expresión de la fe. Todo ello es -en rigor- función indeclinable de quienes han recibido el encargo de velar por la transmisión fiel del mensaje original. Sin embargo se vive, en muchos ámbitos eclesiales, con la impresión de lo que se ha denominado como la vuelta a "los cuarteles de invierno", el apartamiento de un mundo del que -al menos en apariencia- sólo se descubren sus males, el recluimiento en el "invernadero" de nuestras verdades, nuestras seguridades, nuestras obras, nuestros grupos, nuestro trabajo ... allá donde todo está seguro y no nos exponemos a la intemperie de tantos malos vientos como corren por el ancho mundo. Es evidente que no todos los creyentes comparten esta visión de la dinámica eclesial, pero no parece honrado silenciarla cuando está en el corazón y en la mente de muchos cristianos en los lugares más diversos del planeta. En esta situación concreta, llama poderosamente la atención la convocatoria de un Sínodo Diocesano. Y lo hace porque es una llamada a todo el Pueblo de Dios para que, juntos, reflexionemos sobre todos los aspectos de nuestra fe y nuestra vida cristiana. Aún más: para que todo el Pueblo de Dios exprese lo que percibe, espera y desea de la comunidad eclesial a la que pertenece. Ejercicio de corresponsabilidad que no está exento de riesgos, pero que fue asumido por nuestro obispo, ofreciendo así a la Iglesia en Canarias la gran oportunidad de decirse a sí misma quién es, en dónde está, hacia dónde quiere caminar. En segundo lugar, es también necesaria la referencia al largo tiempo de preparación inmediata del Sínodo. A partir de unos documentos "marco" y otros monográficos -que ofrecían material para el estudio de los temas señalados como importantes- todos los creyentes de la Diócesis de Canarias fuimos invitados a participar en la reflexión, a aportar nuestros puntos de vista,


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a descubrir los problemas de nuestra sociedad y nuestra Iglesia, a señalar las prioridades o urgencias del momento presente. De esos documentos y las enmiendas realizadas por los diferentes grupos sinodales surgió -tras un largo proceso de participación- el Documento Base con el que habían de comenzar su trabajo los sinodales. El citado documento -constaba de propuestas cortas e independientes- denotaba una cierta pobreza. En el aspecto negativo, esta pobreza podía ser el resultado de la falta de dedicación suficiente para realizar el trabajo que se nos habia invitado a hacer. Tal vez, también, el reflejo de nuestra propia situación. En el aspecto positivo, el documento nos ofrecía exactamente aquello que la Diócesis habia manifestado. Tras este proceso comienzan los trabajos propiamente sinodales. Los miembros del Sinodo trabajamos repartidos en siete comisiones, cada una de las cuales habia de abordar uno de los temas que se fijaron como definitivos, a partir del Documento Base. Esto significa que -independientemente de la mayor o menor complejidad del trabajo- cada miembro del Sínodo se centró en la reflexión, enmienda y elaboración del tema cuyo estudio se había encomendado a la comisión a la que pertenecía. Desde esta perspectiva previa y global vamos a entrar en el análisis de lo que el Documento Final del Sínodo nos ofrece en torno a la Iglesia de Jesús en Canarias y los pobres. Será necesario decir que no vamos a realizar una labor estadística -que podría resultar de interés si la realizaran especialistassino simplemente sacar a la luz aquello que pone claramente de manifiesto la opción por los pobres y algunas de las caracteristicas que esa opción tiene en el documento sinodal. El modo de proceder será realizar un recorrido -que se pretende en principio breve- por los documentos emanados de las diferentes comisiones de estudio, subrayando lo que de significativo se descubra en ellos, para terminar con algunas observaciones al conjunto. Del análisis se excluye la Introducción al texto sinodal por dos motivos que lo sitúan al margen de lo que pretendemos: - no procede de la reflexión conjunta de los sinodales, sino que es una aportación personal de nuestro obispo, si bien recogiendo -en la medida de lo posible- cuantas sugerencias se le hicieron. - de todos es conocido su claro posicionamiento en favor de una Iglesia de los pobres, por lo que no vamos a descubrirlo ahora.


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CARMEN LANAO Y GOTZONE ARANCIBIA

DOCUMENTO DE

LA

COMlSlON N? 1:

NUESTRA lCLES1A DIOCESANA, MISTERIO DE COMUNION El contenido y la estructura del documento elaborado por esta comisión -que no recoge una reflexión global sobre el significado y las consecuencias de la Iglesia como misterio de comunión- deja clara constancia de la dinámica de trabajo vivida en ella: el diálogo entre diferentes puntos de vista y el esfuerzo de asumir e integrar los diversos enfoques, aún en detrimento de la pérdida de unidad y coherencia del conjunto del documento. A pesar de estas "limitaciones" de contenido y forma, la opción por los pobres aparece en él, aunque no con la relevancia que adquiere en otros capítulos. Las referencias a ella están situadas, sin embargo, en "lugares" significativos: - El capítulo dedicado a los presbíteros señala expresamente la

necesidad de una opción preferencial por los pobres. - Del mismo modo, al hablar de los laicos y su misión en la Iglesia

se explicita la urgencia de una presencia transformadora en la sociedad, haciendo especial hincapié en un análisis de la realidad que descubra las causas de la injusticia, y en el conocimiento de las enseñazas del Magisterio, sobre todo de la Doctrina Social de la Iglesia. - A l tratar la vida consagrada, la insistencia en el tema es, lógicamente, mayor. Se nos pide una opción clara por los pobres, concretada en cercanía, presencia, inserción... en los ambientes necesitados y de marginación, como consecuencia del estilo de vida asumido. - El capitulo dedicado a la vida económica subraya con claridad meridiana que l a fe conlleva la exigencia de compartir los bienes, añadiendo -ademásque es preciso un esfuerzo conjunto para ir transformando la mentalidad en torno a los dones o regalos ofrecidos para adornar las imágenes, de modo que el Pueblo de Dios comprenda y acepte que el destino prioritario de los bienes no puede ser otro que la atención a las necesidades de los más pobres.

Si bien no se puede hablar de una amplia aportación, sí subrayamos que aparece en los momentos justos: como exigencia de cada una de las vocaciones


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Y LOS POBRES EN EL SINODO

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concretas en que puede vivirse la fe cristiana, y en el concretisimo pero indispensable tema de la vida económica, que es donde en primer lugar se hace visible y -para muchos- creíble la opción por los pobres. DE LAS COMISIONES NP 2, 6 DOCUMENTO

Y

7:

NUESTRA lGLESlA DIOCESANA, ENVIADA POR EL SEÑOR A EVANGELIZAR En esta segunda parte o capitulo del texto sinodal aparecen unidos los trabajos de tres comisiones diferentes: la nP 2 que trabajó globalmente la misión de la Iglesia; las comisiones nP 6 y 7 , que afrontaron el estudio de los temas sobre los que la comunidad diocesana en su conjunto había manifestado la necesidad de una reflexión especial (evangelización de los jóvenes, problemática de la familia cristiana). Se analizan separadamente por corresponder al trabajo de tres grupos diferentes de sinodales.

La lectura del documento emanado de esta comisión produce la impresión de una unidad y coherencia profundas. Y , tratándose de la misión de la Iglesia, no ha de sorprender que la opción por los pobres haga su aparición en él desde el primer momento. Sin embargo, creemos poder afirmar que se trata de algo más que una "aparición". Por expresarlo de algún modo, la opción por los pobres es el "lugar" desde el que se plantea la misión de la Iglesia. Y esto resulta tan evidente al leer con detenimiento el texto, que no cabe ni siquiera la posibilidad de intentar una relación de referencias explicitas, por lo numerosas. Asi nos vamos a encontrar con la paradoja de que aquellos documentos que más y mejor expresan la postura de la Iglesia de Canarias respecto a su opción por una Iglesia de los pobres no pueden ser analizados de manera pormenorizada en un trabajo de las características del que nos hemos propuesto, pues necesitarían mucho más espacio del disponible, o una dedicación exclusiva a ellos. La primera consideración, por tanto, en torno a este documento, ha de consistir en reconocerlo como el pilar básico en el que se sustenta esa opción por los pobres realizada por el Sinodo, y que tratamos de mostrar. Algunas de las razones que justifican esta afirmación podrían ser: La referencia explícita y continuada a lo largo de todo el documento.


CARMEN LANA0 Y GOTZONE A R A N C I I A

La conciencia lúcida del cada vez más amplio espectro de pobrezas que afectan a la persona humana, no sólo en nuestra realidad sino a nivel mundial. El reconocimiento de las dificultades e insuficiencias de la Iglesia en su relación con el mundo de los pobres y la pobreza. Su clara opción por una Iglesia que es pobre, sencilla, despojada de poder, y que como tal se presenta y ofrece su servicio al mundo. Las implicaciones concretas que señala para todo creyente y para la Iglesia como tal, en su vida y en su misión. La apuesta por un compromiso fundamentado en un profundo análisis de la realidad y dirigido -desde la escucha y la puesta en obra de la Palabra de Dios- a una acción coherente y organizada que denuncie, cuestione y ofrezca alternativas a unas estructuras como las vigentes, generadoras de opresión y muerte. La relación podría ampliarse, pero es suficientemente indicadora. Nos encontramos ante una toma de postura decidida e inequívoca. Tanto que, si probáramos a suprimir del documento todas las referencias al tema, nos quedaríamos sin "columna vertebral", sin eje sobre el cual articular la reflexión que se realiza sobre la misión de la Iglesia. Lo cual significa, en consecuencia, una autocomprensión de la Iglesia y de su misión vinculada necesariamente a la opción por los pobres.

Dedicado a una reflexión global sobre la situación del joven -aquí y ahora- y sobre la urgencia de su evangelización, el documento de esta comisión de trabajo aparece impregnado de esa opción por los pobres entendida como exigencia -y no apéndice- de toda vida cristiana. Seiialamos los aspectos que ponen de relieve la afirmación anterior: - En el análisis de la situación se comienza constatando una realidad (la mayoría de los jóvenes que tienen algún tipo de viBculación con la Iglesia son de clase media-alta) y reconociendo una carencia (no hemos encontrado aún medios adecuados de acercamiento a los jóvenes considerados como "marginales"). - Cuando el documento se pronuncia sobre las opciones de la Iglesia respecto a los jóvenes, se señala "especial atención a


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marginados y alejados" como urgencia insoslayable, condicionando la posibilidad de plantear de manera auténtica una "nueva evangelización" a la consideración de la creciente pobreza entre los jóvenes. Entre los valores esenciales en la evangelización de los jóvenes aparecen nuevamente la opción por los últimos de la sociedad y por un estilo de vida austero y pobre. La Doctrina Social de la Iglesia debe formar parte de todo proceso pastoral en el que se encuentren insertos los jóvenes. -Entre los objetivos, acciones y normas propuestas por el documento se encuentran múltiples alusiones al tema, que simplemente enumeramos: cercanía al mundo obrero, preparación específica para actuar en proyectos de atención a personas marginadas (alcohol, drogas, cárceles...), cercanía y acompañamiento de quienes viven esas situaciones, compromiso humano y económico, creación de espacios preventivos, sensibilización respecto a la realidad del Tercer Mundo ...

Aunque con una explicitación mínima, también en este documento encontramos la referencia a la pobreza y la opción por los pobres. Por un lado, se muestra con claridad que muchas de las dificultades de la familia actual provienen de las diversas pobrezas y marginaciones presentes en nuestra realidad. Por otro lado, se hace una llamada al necesario cultivo de la solidaridad y al compromiso ante los diferentes problemas sociales, invitando concretamente a una presencia activa -con la preparación adecuada- en proyectos de acogida y rehabilitación. DE L A S COMISIONES NP 3, 4 Y 5 : DOCUMENTOS

NUESTRA IGLESIA DIOCESANA VIVE LA MlSlON Y LA COMUNION EN EL TRIPLE MINISTERIO Como ocurría en el capitulo nP 2, el tercer capitulo del texto sinodal ha sido trabajado y elaborado por tres comisiones, por lo que su estudio se hace también de forma diferenciada.


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COMISION N! 3:

ESCUCHANDO Y

PROCLAMANDO LA PALABRA

Además de todo lo aportado en el capitulo dos al tratar de la misión de la Iglesia, este documento abunda en el tema de la opción por los pobres, en lo dos aspectos específicos que contempla al tratar la proclamación del mensaje: l. Acción catequética.

Desde la afirmación global de la necesidad de promover creyentes más comprometidos en el amor y la solidaridad, sobre todo con los más pobres, se enuncian algunas concreciones a tener en cuenta: Necesidad de que los catequistas vivan la solidaridad con los más pobres. Necesidad de atención especial a los niños con problemáticas sociales, así como a los afectados por minusvalías psíquicas o físicas. Necesidad de reforzar el planteamiento de la diócesis sobre la celebración de la Primera Comunión, a través de un proceso catequético que tenga muy en cuenta el compromiso de solidaridad con los pobres, a fin de evitar el despilfarro y el consumismo que, con frecuencia, rodean a esta celebración. 2. Acción pastoral

Limitado al aspecto de la formación, el documento contiene algunas exigencias Íntimamente vinculadas al tema de estudio: Refiriéndose a la formación en general, aparece la preocupación por ofrecerla a los pobres, con la conciencia de que ellos también pueden ser fuente de formación para todos. Además se señala que la Doctrina Social de la Iglesia debe estar incluida en los planes de formación. En el campo más definido de la enseñanza encontramos dos referencias: una llamada a las instituciones confesionalespresentes en la enseñanza para que se preocupen por los más pobres y busquen la inserción en zonas necesitadas, y la petición de que la enseñanza religiosa escolar enseñe a amar a los más pobres. COMISION N! 4:

CELEBRANDO EL MISTERIO

DE

CRISTO EN

LA LITURGIA

El tema objeto de reflexión parece ofrecer pocas oportunidades para que que se haga explícita la opción por los pobres. Y así sucede en el texto, aunque


LA IGLESIA Y LOS POBRES EN EL SINODO

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se puede anticipar que en él encontramos una de las "perlas" del Sínodo en la relación Iglesia-pobres que venimos estudiando. El documento pide que desaparezcan de nuestras celebraciones todos aquellos signos que puedan poner de relieve diferencias sociales, o que corran el riesgo de ser comprendidos como un reconocimiento de que hay personas más importantes que otras. También se señala la necesidad de evitar gastos suntuosos y de canalizar ofrendas, donativos ... en ayudas a los más pobres (incluida la condición de poder enajenar las joyas recibidas para adornar imágenes). Sin embargo, lo decisivo de este documento se encuentra en una doble referencia a la Eucaristía, presentándola como denunciadora, por amor, de las injustas desigualdades sociales y más aún, como incompatible con dichas desigualdades. En consecuencia pide que, tanto la predicación como la catequesis, subrayen que la comunicación de bienes es exigencia de la celebración de la eucaristía. Esas dos frases del documento valen por todo un tratado. Si profundizamos en ellas descubriremos que la Iglesia se juega su propio ser en su modo de situarse ante un mundo injusto. COMlSlON

N? 5 :

COMPARTIENDO LOS BIENES EN ACTITUD DE SERVICIO

El trabajo correspondiente a esta comisión era, por su contenido, el que habia de afrontar directamente el posicionamiento eclesial en el tema que nos ocupa. Y por lo mismo, el que más riesgo habia de asumir ante las diferentes posibilidades de enfoque con que este ministerio puede ser contemplado y entendido. El documento final muestra que la prueba se ha superado con éxito. Del +. mismo modo que ocurría con el texto de la comisión nP 2, y con mayor razón aqui, la imposibilidad de citar los textos resulta evidente. Sin embargo, tan evidente como esto es la necesidad de urgir a una lectura profundizadora del documento y sus implicaciones, por parte del pueblo de Dios. El motivo de esta urgencia parece bastante claro: aceptando que todos los aspectos que constituyen la vida cristiana están íntimamente vinculados entre sí y que no se trata aqui de establecer jerarquías, no será dificil caer en la cuenta de que la exigencia cristiana de compartir los bienes y luchar por la justicia es la más directamente "amenazada" -aunque pudiera parecer lo contrario- por La mentalidad imperante, de la que todos, en mayor o menor medida, vamos participando. En efecto, el culto al tener y el culto al poder, estrechamente unidos a una absolutización de la libertad en todos los ámbitos que hacen referencia


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a las estructuras económicas y al mercado, son totalmente incompatibles con la búsqueda de una solidaridad real (aunque ésta se proclame en los discursos). En consecuencia, el sistema se defiende de todo aquello que pueda poner en tela de juicio sus fundamentos y principios. Y no existe mejor defensa que aquella que consigue convencer a la sociedad de la "razonabilidad" y la "bondad" de sus planteamientos. Esto es lo que está ocurriendo entre nosotros en torno a todo lo relacionado con la producción, la distribución y el uso de los bienes, y ahi es donde la Iglesia está particularmente llamada a convertirse en instancia activa de critica y dinamización. Para ello tenemos en el Sinodo, y más concretamente en este documento, un buen instrumento que debería llegar a todos los rincones de nuestra Iglesia diocesana y convertirse de algún modo en el texto común de reflexión y profundización de todo tipo de grupos cristianos, orientando desde él la toma de conciencia y el compromiso personal y colectivo de los creyentes en este aspecto de la misión de la Iglesia. Y es que, aunque un documento de estas características nunca podrá convertirse en un "tratado", si se puede asegurar que contiene las instituciones y las pistas básicas sobre las que iniciar el camino:

Declaración inicial de que compartir los bienes y colaborar en la solución de los problemas sociales es exigencia de la caridad que procede de la fe, y signo de la presencia del amor salvador de Dios en el mundo. Por ello, distintivo de toda la comunidad cristiana. Presentación y enfoque de CARITAS que implica a cada cristiano y a la comunidad en s u cojunto. Comprensión de la función y actividad de Cáritas en unas claves que apuntan hacia el conocimiento real y profundo de las situaciones, la formación adecuada para afontarlas en sus causas y de manera organizada, la acción dirigida a una transformación de la realidad de injusticia, con la participación activa de aquellos que la padecen. Sensibilidadpara captar los múltiples problemas sociales que nos afectan, asicomo para subrayar sectores que están más necesitados de una atención y ayuda urgentes. Conocimiento real de los diferentes rostros de la pobreza: inserción con los pobres, acción desde los pobres, estilo de vida pobre.


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Opción clara p o r la presencia, participación y colaboración d e los cristianos en todas las plataformas e instituciones sociales, para luchar por la solidaridad desde los valores evangélicos. Denuncia de las estructuras injustas y de todos aquellos organismos, instituciones y administraciones cuyo fin es el servicio al bien común, y cuyas carencias y mal funcionamiento repercuten de manera sistemática en los más pobres. Todo ello constituye un magnífico punto de partida, orientador de la urgente revitalización que la comunidad cristiana necesita en su opción por los pobres. Después de este recorrido por los textos del Sínodo, que pretendiamos breve pero que tal vez no lo ha sido tanto, nos permitimos realizar algunas observaciones de conjunto. La profusión de lugares del texto sinodal en que se hace presente la opción por los pobres muestra claramente que no se trata de una cuestión casual o de una "lección aprendida". Siete comisiones de trabajo, con más de quinientas personas participando en ellas, con diferentes temas de reflexión elaborados en total independencia unos de otros, significan algo más que la recurrencia a un lugar común. Podriamos decir que la opción del Sínodo por los pobres y por una Iglesia de los pobres nace de la "abundancia y de la carencia". La abundancia es manifiesta en el mismo texto; todos nos hemos sentido urgidos a expresarla como aspecto irrenunciable de nuestra fe. La carencia, con toda probabilidad, se deduce también de la misma insistencia. Si estuviéramos viviendo plenamente esta opción, como Iglesia de Jesús, no hubiéramos sentido la urgencia de recordárnoslo con tanto apremio. La conciencia de nuestras insuficiencias ha sido, sin duda, parte importante en este ejercicio de "memoria colectiva" realizado por el Sínodo. Como dato significativo se puede comprobar que la referencia explícita a la necesidad de conocer la Doctrina Social de la Iglesia supera con creces a la de cualquier otro tipo de documento del magisterio. En otro orden de cosas, merece destacarse en esta apreciación global la concepción que el Sínodo tiene de la opción por los pobres. No se trata de una cuestión marginal, parcial o restringida a ciertas personas o grupos eclesiales, con una vocación especifica. Tampoco, fundamentalmente, de una labor de "parcheo" que la Iglesia asume. Es, por un lado, la comunidad eclesial en su totalidad la llamada a ser una Iglesia de los pobres y pobre. Es, por otro lado, una opción que implica situarse de un modo lúcido y crítico en un mundo cuyas estructuras y funcionamiento no responden al plan salvador de Dios. O dicho


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de otro modo, un mundo en el cual se produce opresión, pobreza, marginación, atropello de los derechos y la dignidad de millones de personas. En un mundo así será necesario "curar heridas", pero lo es mucho más aportar todas nuestras capacidades para colaborar en el establecimiento de nuevas condiciones de vida y relación en las cuales no se produzcan las heridas.

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MIRANDO AL FUTURO

Hasta aquí nos hemos movido, por decirlo de algún modo, en el terreno de la "teoría". Puede, ciertamente, nuestro Sínodo de Canarias haber planteado en la línea y medida adecuadas la opción por los pobres que la Iglesia de Jesús está llamada a hacer. Sin embargo, es posible la permanencia de ciertos interrogantes que también merecen una atención.

* ¿Tiene la Iglesia derecho a presentarse como sacramento de Cristo, pobre y servidor? Una mirada serena a la historia no nos permite ignorar, aún con todos los matices que se puedan hacer, que la Iglesia ha experimentado muchas dificultades y cometido no pocos errores en su dilatada andadura: búsqueda de poder, prestigio y riqueza; pacto con los poderes de este mundo y -en consecuencia- complicidad en la opresión e injusticia que generan; incluso injusticia y opresión ejercidas en su propio seno... Esta realidad innegable puede llevar a pensar a algunos que la pretensión de la Iglesia, además de encerrar un cierto sarcasmo, es incoherente e improcedente. A pesar de todo ello, creemos necesario afirmar rotundamente que la Iglesia no sólo tiene el derecho sino también el deber de presentarse como signo de Cristo, pobre y servidor. No por sus méritos, sino en razón de un principio irrenunciable: es portadora de la promesa del Señor y cuenta con la fuerza transformadora del Espíritu en ella. Por ello hemos de decir que su propia incoherencia y limitación no son excusa válida para dejar de anunciar el auténtico mensaje recibido de su Señor. En ese mensaje, recordado y transmitido fielmente, está la posibilidad de evangelización, no sólo para los "gentiles" sino para ella misma. De otro lado, el Espiritu presente en ella es garantía de gracia para poder llevar a cabo la permanente conversión a la que está llamada y fundamento de su esperanza. Decíamos, sin embargo, al comienzo del trabajo que no es suficiente con la proclamación del mensaje. Ha de haber, además, una realización histórica


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del mismo. La Iglesia debe presentarse ante los hombres y mujeres de este mundo anunciando claramente su misión, pero para ser signo eficaz tendrá que situarse en una dinámica de conversión no exenta de implicaciones concretas. De un lado, será preciso reconocer todo aquello en lo que no ha sido signo esplendoroso de la justicia de Dios y del anonadamiento de Jesucristo, así como su contribución a la opresión injusta de los hombres y su distanciamiento de los marginados, pidiendo perdón por ello. De otro lado, su conversión habrá de expresarse realizando gestos de justicia que rompan sus alianzas o connivencia con las injusticia, en un proceso efectivo de alejamiento del pecado. Si es cierto que la Iglesia, por su carácter institucional, está sometida al riesgo de configurar su vida de acuerdo con los valores del mundo en que vive, también es cierto que la causa de que la Iglesia pueda desvirtuar -sobre todo en su praxis- el mensaje de su Señor no está tanto en su carácter institucional como en su falta de dedicación a los más necesitados, en el seguimiento de lo que fue y lo que hizo Jesús. Por ello, sólo una puesta al servicio de los más pobres puede "desmundanizarla", conducirla a adoptar modos y formas más acordes con los adoptados por Jesús. Ahí está el camino para dejar de caer en los defectos naturales de la institución y convertirse en una Iglesia plenamente misionera, abierta a la realidad de un mundo que la obligará a sacar de si misma sus mejores reservas espirituales. Una Iglesia capaz de descubrir a Jesucristo realmente presente en todos aquellos que son víctimas de la opresión, la injusticia, la pobreza, y capaz de comprometerse en la transformación de estas situaciones. Y aunque este compromiso no se pueda entender como el ofrecimiento de una alternativa técnica frente a otras, sí es necesario decir que la Iglesia no puede sustraerse al compromiso de ser "fermento en la masa". La cuestión, entonces, será jcómo ser fermento en la masa? Seria quimérico -lo sabemos por experiencia propia e histórica- soñar con que la transformación de la situación de injusticia está vinculada en exclusiva al cambio de las estructuras de este mundo. Muchas estructuras han cambiado a lo largo de la historia. La transformación de la realidad de injusticia pasa, para el creyente, por la transformación que el Espíritu opera en la interioridad de ser humano, afectado en lo más hondo de si mismo por la injusticia, y que se pone de manifiesto en una solidaridad efectiva con los oprimidos que buscan la liberación.


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Actuando de este modo, la realidad se irá transformando progresivamente en una determinada dirección, operándose ya en la historia algo de lo que esperamos, de modo pleno, más allá de la historia: el cumplimiento de la voluntad salvífica de Dios en los seres humanos.

*

¿No se convertirá la opción por los pobres proclamada por el Sínodo en discurso muerto? Será necesario comenzar reconociendo que siempre estamos expuestos a ese peligro. Pero queremos, sin embargo, remitirnos a la capacidad de acción de la palabra, a la que tanta referencia hacen los especialistas del lenguaje, y que responde plenamente al "dabar" bíblico. La fecundidad de lo que hemos dicho, como la de la palabra profética, está en relación con nuestra capacidad de dejarnos transformar por aquello que proclamamos. S610 así nos cabe esperar frutos -no siempre visibles a corto plazo- que, sin duda, se hacen presentes en la realización de los más humildes gestos salvadores en la historia. Como botón de muestra, podemos remitirnos a nuestra más reciente historia eclesial. En vísperas del Concilio, Juan XXIIl hablaba de la lglesia de los pobres. Varios padres conciliares intervinieron en el mismo sentido en el aula conciliar (Segundo Diaz, en la lección inaugural del curso 1987-1988 del Centro Teológico, sobre "La teología de las aportaciones de Mons. Pildain al Concilio Vaticano 11", da cumplida cuenta de las aportaciones en este tema del, por entonces, obispo de nuestra diócesis), e incluso una intervención del cardenal Lercaro sobre el tema fue de las mejor recibidas entre los miembros del Concilio. Sin embargo, la pobreza y la opción por los pobres de la Iglesia recibieron en los propios textos del Concilio una atención que podemos calificar de secundaria. No así sus frutos. Como auténtica palabra profética pronunciada en ese momento, ha producido múltiples frutos en documentos posteriores de la Iglesia (Sínodo de Obispos 1971, Puebla, Medellín, Conferencias episcopales diversas, Sínodo de Evangelización...) y en la praxis de muchas Iglesias locales y grupos de creyentes. Hasta el punto, lo sabemos muy bien, de que este proceso de conversión a una Iglesia de los pobres está llevando a muchas comunidades cristianas a vivir el martirio en sus propios miembros, compartiendo hasta el final la condición de opresión y de exterminio que sufre su pueblo. Si esto ocurre hoy, en nuestro mundo, con hermanos nuestros jvamos nosotros a negar la posibilidad de hacer realidad aquello que hemos proclamado? jno será mas bien la hora de abrir todas nuestras puertas al Espíritu, fuerza transformadora de nuestros corazones?


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En esta etapa de la historia de la salvación que nos ha sido dado vivir en Iglesia, en la que estamos llamados a transmitir con gozo la Buena Noticia a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, anunciando y realizando el proyecto de liberación del Dios de Jesucristo, es preciso: creer en 1s fuerza del Espíritu, en la fuerza de la misma Buena Noticia, en su virtualidad transformadora. creer en los destinatarios privilegiados del proyecto liberador de Dios (los pobres), como sujetos en cuya debilidad se manifiesta la fuerza de Dios, fuente de esperanza. creer que las fuerzas del bien son más poderosas que las del mal, porque la vida ha triunfado sobre la muerte en la resurrección d e Jesucristo. Con estas actitudes, el empeño de la Iglesia por cambiar los valores de este mundo por los valores del Reino de Dios llevará a la comunidad de creyentes en Jesús a ir descubriendo un "nuevo estilo de vida" que se pondrá de manifiesto en cada uno de los ámbitos de su acción ministerial: la celebración litúrgica, la proclamación del mensaje, el servicio de la caridad, se configurarán de manera cada vez más adecuada a la tarea evangelizadora que identifica a la Iglesia como Iglesia de Jesús. Estilo de vida que no podrá olvidar que la presencia de Dios, hoy, está con los pobres y excluidos. 0, en expresión de C. Duquoc, "Dios está siempre fuera, con los que el mundo ha arrojado lejos de sí".

BIBLIOGRAFIA SOBRINO. J., "Jesús en América Latina". Ed. Sal Terrae. Santander, 1982. ELLACURIA, l., "Conversión de la Iglesia al Reino de Dios". Ed. Sal Terrae. Santander. 1984. GONZALEZKARVAJAL, l... "Con los pobrer conrra la pobreza". Ediciones Paulina,. Madrid, 1991.

Carmen Lanao y Gotzone Arancibia


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@ CENTRO TEOLOOICO DE LAS PALMAS

EXTRANJEROS Y DERECHOS HUMANOS: UN PACTO POR LA HUMANIDAD

ARCADIODinz TEJERA J U E Z DE 1. INSTANCIA E INSTRUCCION Y PROFESOR DE DERECHO ADMINISTRATIVO

El cariño personal ha sido el único título, creo, en el que se ha amparado Felipe Bermúdez para pedirme algunas reflexiones sobre diversas materias abordadas por ese magnífico encuentro entre seres humanos que se ha llamado Sínodo.

Y si en el cariño personal se ha apoyado el amigo Felipe para pedir, también en el cariño personal se abraza el amigo de Felipe para tratar de dar. Pero no sólo ha sido un compromiso, también es una oportunidad, que agradezco, para transmitir sentires y pensares, pensares y sentires -¿qué estará antes?- acerca de una convicción que anima a Luis Cobiella, mi maestro, y que yo también comparto, y es que "Dios se metió en política", es decir, participó, se mojó, se comprometió con el ser humano bajando a la tierra, sufriendo y viviendo, o sea, compartiendo con sus semejantes.


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El material que aquí se aporta forma parte del conjunto de preocupaciones que suscita trabajar en el campo de los Derechos Humanos. No se aborda con la intención de ser exhaustivo, ni con el propósito de proporcionar definiciones académicas en torno a los asuntos que se plantean. Su intención es proporcionar materiales para el trabajo y la reflexión de los que se interesan por el devenir de la familia humana y sólo representa la opinión de quien los suscribe.

El Archipiélago canario se encuentra situado a 100 kms. (desde el Faro de la Entallada en Fuerteventura) a la costa más cercana a Africa y a 1 .S00 kms. del Viejo Continente. De formación cultural europea, los canarios han emigrado a lo largo de los siglos tanto a América (Venezuela, Cuba, Argentina, Uruguay; 150 familias canarias fundaron la ciudad de San Antonio de Texas, en Estados Unidos) y Africa, como a Europa. Es raro encontrar un canario cuyos abuelos o bisabuelos no hayan emigrado a buscar el sustento que no encontraban en su tierra. En contrapartida, también han ido arribando a nuestras costas muy diferentes razas, culturas y pueblos, con inclinaciones comerciales, los menos, o por las mismas razones de supervivencia que lo han hecho nuestros ascendientes a lo largo del tiempo, acuciados y estimulados por una poderosa razón: el hambre. Quizás por este elemento de mestizaje cultural hacia afuera y hacia dentro, y por nuestra propia situación actual, observamos con especial preocupación lo que está aconteciendo en Europa con los extranjeros que no son ricos. Con la caída del muro de Berlín, la migración económica adquiere unas dimensiones continentales, mayores y más complejas. Con mayor o menor virulencia se está desarrollando últimamente una escalada de desprecio, agresividad e incluso violencia en muchos Estados hacia los no nacionales pobres, particularmente en Francia, Alemania, Italia y España que, si bien no es todavía generalizada en toda la Europa comunitaria, no parece que tienda a remitir; antes bien, da la impresión de que el fenómeno empieza a extenderse por todo el continente. Este fenómeno es una reacción primitiva y visceral que asocia lo nopropio, lo no-nacional, lo extranjero, a lo intrínsecamente negativo y perverso que sólo atrae males poniendo en peligro la identidad de las culturas patrias;


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se hace uso de conceptos tan equívocos y acientíficos como lo puro y lo impuro, lo nacional y lo foráneo, la raza"' y la necesidad de su preservación, tan propios de interpretaciones no democráticas de la realidad que ya creíamos superadas por el tiempo y la Historia y que, sin embargo, parecen resurgir al calor de este falso debate. Se argumenta, de igual manera, que los trabajadores foráneos fomentan el paro de los nacionales, cuando lo cierto es que los inmigrantes económicos suelen realizar los trabajos que aquéllos consideran indeseables. Desde un punto de vista sociológico y antropológico, por una parte, lo "extraño", lo diferente puede fracturar el sentimiento de identidad individual o de grupo, especialmente si esta identidad está debilitada por diversas circunstancias: crisis económica, política, ética (de valores), religiosa ...; por otra parte, el "diverso", el más frágil, puede recibir sobre sí todas las iras y frustaciones que tales crisis generan en el grupo receptor, convirtiéndose en el chivo expiatorio, el "culpable" de todas las contradicciones y carencias que han emergido en el grupo social por causas que le son ajenas y que, en último caso, su presencia, si acaso, todo lo más, ha podido contribuir a agravar. Así, se le culpa también de generar delincuencia, a pesar de que los mayores indices de peligrosidad los tienen las bandas organizadas procedentes del mundo desarrollado (franceses, ingleses, alemanes, italianos, españoles), con unos medios técnicos y un nivel de organización y cualificación muy superiores a aquéllos de que disponen los que provienen del mundo subdesarrollado (senegaleses, ghaneses, nigerianos), según ha acreditado el estudio realizado por Cáritas Española y se ha publicado bajo el titulo "La emigración en España", al tratar los índices de participación de los ciudadanos del denominado Tercer Mundo en los delitos de sangre: asesinatos, robos con homicidio, etc. En nuestro país, la mayoría de los extranjeros detenidos no lo son por comisión de delito alguno sino por problemas de documentación o por residencia ilegal. Paralelamente, las legislaciones nacionales en materia de extranjería han ido endureciendo sus medidas, de tal manera que parecieran querer convertir (1) El criterio moderno para indentificar raras se basa en lar diferencias geneticas. Una posible vía es la de investigar genes que estan presentes en todos los individuos de una rara y ausentes de todas las demás; reciben el nombre de "genes marcadores". Pues bien, en los grupos raciales humanos no existe ninguno de estos genes; todas los seres humanos somos idénticos para aproximadamente el 90% de nuestros genes, presentando variacidn para el 10% restante. Pero no hay ninguna variante que sea exclusiva y caracteristica de todos los individuos de un solo grupo.


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a Europa en una fortaleza amurallada, especialmente con respecto a Africa. Como botón de muestra, la Orden de 22 de febrero de 1989 del Ministerio del Interior español parece referirse especialmente al flanco de la costa del Mediterráneo, por ser la más cercana a Africa, al aludir "especialmente a los nacionales de países estadísticamente más sensibles a la emigración ilegal en España". Es menester, por tanto, resistirse a las oleadas de "hordas bárbaras" que nos "asedian" y quieren invadir el "Imperio" para matar la hambruna. (Se calcula que en el año 2000 habrá mil millones de hambrientos en Africa, amén de los 40.000 niños que en todo el mundo mueren diariamente de hambre). Mientras Europa tiende a suprimir sus fronteras interiores, las leyes de extranjería de los diversos Estados que la componen van construyendo un muro insalvable para marroquíes, argelinos, gambianos, senegaleses, latinoamericanos. La aplicación de tales leyes permite una implacable persecución sin derecho a réplica de ningún tipo. El racismo, primer síntoma del despertar de "la bestia inmunda" de Brecht, vuelve a aflorar en Europa con un alto contenido de clasismo: no son los artistas, intelectuales, profesionales y comerciantes extranjeros los que la Policía pone en la frontera de la noche a la mañana; en Inglaterra, Francia y España son trabajadores que ya ni sirven, como hasta hace unos años, para "hacer el trabajo que no quieren hacer los europeos". Según el informe de la Comisión Europea de 1989 "no es el estatuto de extranjero, sino más bien el hecho de pertenecer a una categoría étnica lo que condiciona la pertenencia de los emigrantes no comunitarios a las categorías más desfavorecidas del país de acogida". En la cultura urbana occidental resulta significativo el que ya parezca obvio que la expresión "el Sur" equivale a decir miseria e indigencia, mientras que la expresión "el Norte" corresponde a riqueza y abundancia. El Sur, que en gran medida Io ha sido y lo es porque así lo ha ha querido el Norte, está queriendo devolver la visita que durante siglos han efectuado, a su vez, las potencias coloniales europeas, que acudieron a los otros dos tercios del mundo en busca de recursos naturales, mano de obra barata y mercados. De acuerdo con el informe de 1992 del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), la relación de desigualdad para el miindo en su totalidad puede ser bastante superior a 150 a 1. La brecha entre países ricos y pobres no sólo es considerable sino que se está ensanchando. Entre 1960 y 1989, los paises con el 20% más rico de la población mundial crecieron a un ritmo 2.7 veces superior al del 20% más pobre.


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Bien es verdad que en el hemisferio sur del planeta no se han efectuado las reformas económicas y politicas necesarias para acometer vias de desarrollo centradas en sus propias necesidades y sin duda es mejor que las naciones pobres sean capaces de ganarse la vida por si mismos a que tengan que confiar en la imprecisa caridad internacional, pero a menos que su acceso a las oportunidades de mercado aumente, la gente pobre o los países pobres tienen pocas posibilidades de escapar de la trampa de su pobreza. Y el Norte no es ajeno a tales dificultades, aunque ahora aparente mayor indiferencia hacia sus respectivos procesos internos, debido a que sus recursos naturales están a la baja en el mercado internacional y que la mano de obra barata desempeña hoy una función menos relevante en las relaciones económicas internacionales. El coste de la negación de oportunidades de mercado, con las barreras existentes al movimiento de créditos y de personas y con el alto porcentaje de intereses reales que pagan las naciones pobres -hasta cuatro veces más altos que las ricas- excede con mucho a los niveles de ayuda extranjera. En cuanto a los desequilibrios en los niveles de educación superior, tecnología y sistemas de información, el PNUD es concluyente en lo que se refiere al sorprendente impacto en un contexto mundial en que el progreso tecnológico desempeña un papel cada vez más importante y que representa, en la actualidad, desde un tercio hasta la mitad del crecimiento de la producción nacional. La combinación de disparidad tecnológica con oportunidades de mercado limitadas puede ser devastadora. Igualmente, ponen en evidencia los investigadores de las Naciones Unidas que la responsabilidad primordial recae sobre los países en vías de desarrollo y que las reformas globales nunca podrán sustituir a las reformas nacionales. Así, en la mayoría de estos países ya se han sentado las bases para un progreso futuro, gracias a un rápido avance de la educación básica y en la asistencia sanitaria elemental. El informe del PNUD de 1992 documenta los casos estudiados de paises que optaron por la via de la inversión humana orientada hacia el desarrollo -Japón, Singapur, Corea, Malasia y Tailandia-, los cuales consiguieron registrar espectaculares aumentos en su cuota de participación en los mercados mundiales entre 1970 y 1990. Sin embargo, la cuota del Africa subsahariana, donde hay una inversión mínima en desarrollo humano, se redujo en una cuarta parte durante el mismo periodo. No se trata sólo, por tanto, de facilitar el acceso a las oportunidades de mercado: las naciones muy pobres de Africa ni siquiera pueden empezar a aprovechar plenamente las oportunidades del mercado sin una ayuda


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económica adicional. la eficiencia del mercado debe, pues, verse equilibrada con la igualdad social. Según el referido informe, en el Norte unos 100 millones de personas están por debajo del umbral oficial de pobreza, situado en torno a 5.000 dólares de ingresos al año, mientras que en los paises en vías de desarrollo, 1.200 millones de personas apenas logran sobrevivir por debajo del mínimo vital de unos 400 dólares anuales. Las naciones ricas pueden dedicar sólo una tercera parte del 1% del PNB para ayuda oficial al desarrollo y menos de un 7 % de la ayuda global se destina a prioridades humanas como la educación básica, la asistencia sanitaria básica, la educación familiar, asegurar agua potable o programas de nutrición. Incluso poderosas instituciones internacionales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la actualidad están sacando del mundo en vías de desarrollo más dinero del que están introduciendo en él. Así, el actual modelo de cooperación para el desarrollo, procedente de la guerra fria, está altamente influenciado. Sin duda alguna, hace falta un nuevo marco de cooperación para el desarrollo que se centre de manera más directa en la gente. En este contexto, Africa ha sido la región más afectada por la emigración. En 1987, casi una tercera parte de su personal cualificado se había marchado a Europa. Además de sustraer a las personas cualificadas, esta emigración también reduce la capacidad de Africa de entrenar a una nueva generación de profesionales. Irónicamente, esta tarea recae cada vez más sobre expertos extranjeros importados y extremadamente costosos (PNUD). La tendencia actual en Europa de restringir las entradas, a no ser que se acrediten los suficientes medios económicos para la supervivencia o la posibilidad de invertir, evidencia que no hay memoria histórica ni hay solidaridad. Sólo leyes, reglamentos y órdenes para cerrar el paso a quienes quieren acceder a "la Roma de la abundancia". Los "trabajadores invitados", como se les denominan legalmente en la República Alemana, fueron bien recibidos mientras fueron necesarios; ahora no lo son tanto y por eso no se les "invita", no se les deja entrar y se les expulsa. Tales leyes parecen no tener en cuenta el espíritu y la letra de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948, cuya Declaración la expresa: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos", y su articulo 2:: "Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole,


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origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición". En los mismos términos se expresa el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 19 de diciembre de 1966 (Nueva York) que, también en su articulo 2P, señala: "Cada uno de los Estados miembros en el presente Pacto se compromete a respetar y a garantizar a todos los individuos que se encuentren en su territorio y estén sujetos a su jurisdicción los derechos reconocidos en el presente Pacto, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición". Recoge igualmente el citado Pacto el derecho de todo ser humano a "un nivel de vida adecuado para si y su familia, incluso alimentación, vestido y vivienda adecuados, y a una mejora continua en sus condiciones de existencia". De igual manera, los respectivos textos constitucionales'" que, con el sentido del artículo 10 de la Constitución Española de 1978, plantean que: "La dignidad de la persona, los derechos inviolahles que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la Ley y a los derechos de los demás, son fundamento del orden político y de la paz social", y que "Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce, se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España". Lo paradójico de la situación es que estas violaciones que los paises avanzados critican a los más atrasados se reproducen en aquéllos cuando estos ciudadanos acuden a protegerse dentro de sus fronteras: expulsión de refugiados, detenciones injustificadas de extranjeros... O'. Junto a este comportamiento a la defensiva con el Sur, el Norte invierte y se preocupa por el Este, no sólo por razones de mercado, el interés y el beneficio, sino por solidaridad, dada la pobreza y el escaso nivel de renta per cápita que se dan en la mayoría de dichos paises, olvidando que, si bien es verdad que hoy aflora la pobreza que alli exsitía, la miseria e indigencia del Sur es endémica, en gran medida provocada por los desmedidos afanes de crecimiento del Norte. ( 2 ) Arts. 1 , 2 , 12, 13 y 14 dela Constituci6n dela Republica Portuguesa de 2 deabril de 1976; los arts. 1 y 2, así como el preámbulo de la Ley Fundamental de Bonn, de la República Federal Alemana, de 23 de mayo de 1949; los arts. 2 y 3 de la Constitución de la República Italiana de 27 de diciembre de 1947; el preámbulo de la Constitución de la V Republica de Francia de 4 de octubre de 1948. (3) Thorvald STOLTENBERG, Nuestro futuro común. Madrid, 1992.


Los espectaculares cambios acontencidos en la Europa del Este, merecedores de apoyo y ayuda en todo caso, no deberían obstaculizar, sin embargo, el mantenimiento de los programas de solidaridad con el mundo subdesarrollado (", ni mucho menos implicar su disminución. Difuminado el eje de tensión ideológica entre el Este y el Oeste, y en espera de que ningún otro "demonio" (¿poder energético? ¿Islam?) pueda justificar el que se sigan derivando ingentes recursos a la guerra y la muerte, por ninguno de los bandos; gran cantidad de esos medios podrían destinarse a fomentar eldesarrollo del Sur, pues, no en vano, si el Sur nos devuelve la visita, lo hace por necesidades de supervivencia, como lo prueba el que las peticiones de asilo y refugio politico son infinitamente menores que las que provoca la miseria. Y es eso lo que hay que atajar: la pobreza y el subdesarrollo. La pugna que de forma eufemística se viene denominando "conflicto Norte-Sur" no es, ni más ni menos, que la lucha entre las zonas del Hemisferio Norte que se han desarrollado a costa del Hemisferio Sur, y los esfuerzos de las poblaciones del segundo por salir del atraso secular en que las han sumido. Es decir, la lucha descarnada entre la riqueza y la probreza. La filosofía y los planteamientos políticos democráticos que inspiran el orden jurídico internacional se han basado en la concepción del ser humano individual como razón y eje de su pensamiento y práctica, sin preguntar a nadie por su anecdótico y casual lugar de nacimiento, el color de su piel, o el idioma que usa para amar y vivir '*l. La práctica de la represión jurídico-legal, como único instrumento para impedir las oleadas de extranjeros pobres del mundo subdesarrollado que arriban a las costas de Europa huyendo del hambre: a) está destinada al fracaso: es prácticamente imposible impedir las arribadas clandestinas, como se puede comprobar por el progresivo avance de los extranjeros ilegales en toda Europa, incluso dedicándose gran cantidad de recursos públicos a sellar todas las fronteras europeas con las zonas en las que existe hambre, sobre todo en las que son costeras, como es el caso del Archipiélago canario. Francisco FERNANDEZ ORDONEZ,El siglo de los refugiados, en "El Pais", 28-Vl-90. ( 5 ) "Todo hombre, por el hecho de serlo, tiene una categoría superior a la de cualquier otro ser, una dignidad que no puede serle arrebatada, y es titular de unos derechos inalienables inherentes a ella. El estado no puede desconocerlos ni abstenerse de promover las condiciones que permitan su plena realización". (Jesús GONZALEZ PEREZ, La dignidad de la persona. Madrid, 1986). (4)


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b) justifica el avance de las ideas facistas ("el vientre de la bestia es aún fecundo", Bertold Brecht), camufladas de defensa de la identidad nacional, como se puede comprobar en los paises en los que hay una presencia importante de extranjeros, tal y como acreditan los últimos resultados electorales en algunos paises del continente europeo. C) generan tensiones internas en las sociedades receptoras, con todo el corolario de conflictos sociales entre los que defienden lo puro y los que reconocen que en "la aldea global", que es hoy el mundo, casi todo está maravillosamente mezclado y "se enriquece con sus diferencias". Por ello, es necesario que los juristas de cultura democrittica recaben de las autoridades europeas y las administraciones públicas nacionales una reorientación de su política de extranjería y de relaciones con el Sur, pues en ello nos va incluso la propia estabilidad del proceso de unión comunitaria, y nuestras relaciones con los paises que, desde fuera de la Europa geográfica, quieren entrar en las Comunidades Europeas y de los que, en gran medida, son originarios gran parte de los inmigrantes económicos que arriban a nuestros paises: Marruecos y Turquía. Es imprescindible consensuar con los paises de los que parten estas personas las condiciones y el número de ellas que pueden ser progresivamente asimiladas por el país receptor, a fin de que tal proceso se haga en el mayor y mutuo interés posible, teniendo en cuenta la realidad económica y social de cada país. Hay que ser conscientes de que, de los 322 millones de europeos, el 15% son pobres y que crecen nuevas bolsas de miseria y pobreza en los barrios periféricos de las grandes ciudades europeas, y ello requiere planes y programas de intervención inmediata para erradicarla. No es tanto una cuestión de que exista o no riqueza para repartir, como de los criterios de distribución de la misma entre todos los europeos, a fin de que no se haga realidad la seria advertencia que Gerard de Selys efectuó en Bruselas, aún no desmentida, respecto a que "si no se toman medidas drásticas, en 1993 tendremos el gran mercado de la pobreza con más de 54 millones de pobres en los 12 paises de la CEE", teniendo los extranjeros pobres que residen en Europa el nivel más bajo dentro de esta pobreza. La Europa que cimentó su prosperidad en siglos de explotación colonial, la que exportó su miseria, no puede ahora dar la espalda a sus compromisos politicos, culturales y morales.


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ARCADIO DIAZ TEJERA

La discriminación práctica en el respeto y amparo de los Derechos Humanos, según se apliquen a los de dentro de las fronteras, es decir, a los nacionales o a los de fuera, está dentro del discurso que eleva a categoría definitoria lo que en la lógica de los revolucionarios franceses de finales del siglo XVIII, en su calidad de inspiradores teóricos de nuestro sistema político, era anecdótico: la pigmentación de la piel y el lugar en donde nuestra madre nos trajo al mundo. No obstante, así como es cierto que los inmigrantes son ahora los primeros chivos expiatorios de los problemas económicos y sociales que provoca el progresivo desmantelamiento de los Estados del Bienestar europeos, también lo es que éstos no podrán recibir indefinidamente el flujo migratorio del Tercer Mundo. Europa también tiene problemas y de lo que se trata es de eliminar las causas que provocan la emigración desde Africa, Asia y América Latina. No sólo es un asunto ético sino también de supervivencia: si la presión inmigratoria continúa, el racismo seguirá creciendo, y ¿está preparada la Europa liberal para resistir la tentación del racismo hacia la inmigración? Se trataría de empezar a revisar que la nacionalidad no debe ser el sustrato o requisito previo para el goce de los Derechos Humanos, ya que tanto la Declaración del Buen Pueblo de Virginia de 12 de junio de 1776, como la Declaración de la Asamblea Nacional de Francia de 26 de agosto de 1789, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948, los artículos 5 , 6, 9, 11, 13 y 14 de la Convención Europea para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales, aprobada en Roma por los Estados miembros del Consejo de Europa el 4 de noviembre de 1950 y ratificada por el Estado español el 10 de octubre de 1979 (BOE nP 243 de la misma fecha), y los artículos 2, 3, 14, 18 y 2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas, aprobado por la misma Organización el 15 de diciembre de 1966 y ratificado por España el 27 de abril de 1977 (BOE nP 103 del día 30 del mismo mes y año), son un conjunto de textos jurídicos vigentes y vinculantes, en los que nunca se menciona a "la persona francesa", "el hombre alemán" o "la mujer inglesa", sino que aluden estrictamente a las personas, sin ninguna otra consideración a barreras de tipo alguno. El espíritu de nuestra época viene caracterizado por una constante pugna entre el pensar globalmente sobre asuntos que nos afectan a todos y que desbordan los estrechos márgenes de las fronteras jurídicas, como podemos


EXTRANJEROS Y DERECHOS HUMANOS: UN PACTO POR LA HUMANIDAD

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ejemplificar en los valores culturales que emergen con la preocupación por la Ecologia y un medio ambiente sano y el reduccionismo local y nacionalista sobre asuntos que tienen una extensión y un calado mucho más profundo que el ámbito a que está reducida una nación. Aún cuando subsiste un elemento de competitividad, los gobiernos están adquiriendo un nuevo interés en el tema de la cooperación: el enemigo es cada vez menos otro pais; los seres humanos están enfrentados a los mismos peligros: contaminación, pobreza y violación de derechos fundamentales. El problema de los refugiados es uno de los que más precisan ser tenidos en cuenta en un proyecto de estrategias globales de los Estados '6'. Si nuestras economías son el mundo entero ¿por qué la solidaridad debe fragmentarse en pequeñas y emotivas dosis y supeditarse a una legislación cuya única fundamentación son las fronteras del Estado? Un día Europa deberá mirar a Africa si quiere ser un proyecto capaz de acoger compromisos más allá de sí misma y capaz de aglutinar la fuerza humanística que posee. El mito de Europa como tierra de asilo se ha caído y hay que volver a lenvatarlo. Para España, en concreto, pais de exiliados, el asilo es una obligación ética. Si el feudalismo habia implicado la ruptura de las concepciones personalistas en la aplicación de las leyes, constituyéndose el territorio en elemento determinante del Estado, los tiempos que corren exigen profundizar en el elemento personal como criterio definidor de las necesidades y carencias de los seres humanos, asi como en sus soluciones, pues ello es lo que requiere un mundo tan interdependiente como el nuestro, donde el pensar localmente es por completo insuficiente para abordar con rigor los problemas del hombre y la mujer contemporáneos. El territorio y la nacionalidad son elementos de escasa utilidad para encarar las carencias del mundo de hoy y el futuro. El Pacto por el Estado y la Nación que en su día suscribieron distintas clases sociales requiere hoy ser integrado por un Pacto por la Humanidad donde ésta se ponga en condiciones de poder abordar los retos que el siglo XXI le depara. Esta preocupación ya la'ha manifestado el Parlamento Europeo en la petición y llamada a que se busquen "remedios urgentes contra el recrudecimiento de la xenofobia y el racismo en la CEE". En esta línea de interés reclaman los representantes de la soberanía popular de los pueblos de Europa, en la que se proponen, como medidas concretas, las siguientes: ( 6 ) Tharvald STOLTENBERG, cit. iupra


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ARCADIO DlAZ TElERA

1 . Interesar de la Presidencia del Consejo de Ministros de la CEE la necesidad de recoger la sensibilidad mostrada por el Parlamento Europeo y su traducción en una profunda reflexión sobre la posibilidad de reorientar e intensificar la politica de integración de los extranjeros, y la necesidad de negociar cupos con los paises remitentes de emigrantes, a fin de atajar los brotes de xenofobia y racismo que se están extendiendo por toda Europa.

2. Solicitar de los medios de comunicación social una especial sensibilidad en el tratamiento de las noticias sobre hechos delictivos en los que se hallen implicados extranjeros, sensibilidad de la que no todos han crecido, para que no se contribuya al clima xenofóbico elevando a categoría lo que sólo es la anécdota de la piel y la nacionalidad de las personas que han sido detenidas o que, si, no obstante, estimasen necesario hacer tales precisiones, lo hagan igualmente respecto a hombres y mujeres de raza blanca y nacionales del Estado en que se produce la noticia. 3. Hacer patente nuestra satisfacción como continente multicultural, pues

ello es una manifestación más del pluralismo que le es propio a los seres humanos en todos los aspectos, llamando a la conveniencia de enriquecer nuestras culturas con los aportes que nos lleguen de cualquier lugar del mundo. Pero, sobre todo, debemos ser conscientes, con el PNUD, de que las presiones de migración desde el Sur proseguirán a menos que avance el desarrollo en el área. Las oportunidades económicas tienen que migrar hacia las personas si las personas no pueden migrar hacia las oportunidades económicas,

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Un mundo injusto es, por definición, insostenible. Y no es posible que el entorno mundial sea seguro para unos cuantos a menos que sea seguro para todos. El entorno global y la pobreza global están estrechamente vinculados. Al mismo tiempo el Sur debe reconocer la necesidad de un diálogo más fructífero sobre nuevos modelos de cooperación para el desarrollo en un mundo cambiante. Un nuevo orden mundial sólo puede ser construido sobre la justicia y la responsabilidad compartida. Así, el informe del PNUD de 1992 aboga por un nuevo diálogo global que redefina la seguridad global como seguridad de la gente, no sólo de los paises, y que garantice que ni un solo ser humano se vea condenado por el fortuito accidente de su nacimiento, sino que tenga igualdad de acceso a la totalidad de las oportunidades nacionales y globales, que le permita desarrollar plenamente su potencial humano. S610 esto hará que la idea de un sólo planeta


EXTRANJEROS Y DERECHOS HUMANOS: UN PACTO POR LA HUMANIDAD

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se identifique con la de una sola humanidad. Sólo esto creará un nuevo orden humano. El mundo tiene ahora una oportunidad única de romper en gran parte con el pasado.

Por su parte, estas líneas pretenden ser una aportación desde la sensibilidad ante hechos como la aparición de cuerpos de raza negra ahogados frente a nuestras costas como consecuencia de que barcos mercantes están actuando cual modernos negreros, que abandonan su carga humana en las cercanías de Canarias; así como ante la evidencia, a través de las manifestaciones recibidas de ciudadanos de Gambia, Nigeria, Senegal, Ghana, etc., de que de estos emigrantes se ven precisados, aún a riesgo de sus vidas, a ingerir hasta dos y tres preservativos llenos de droga para transportarla a Canarias y tratar de sobrevivir con el producto de su venta ... Al Oeste de una América con quien tenemos intensos vínculos culturales y familiares, al Sur de una Europa con la que nos hemos formado, y al Norte de un Africa con la que compartimos la geografía y el siroco del Sahara, el Archipiélago Canario puede desempenar una labor de puente y lugar de encuentro entre la cultura europea de los Derechos Humanos y las necesidades económicas y sociales del Sur, sobre todo de Africa y Latinoamérica. Ha llegado el momento de concertar un nuevo pacto internacional sobre desarrollo humano: un acuerdo que coloque a las personas en primer lugar en las políticas nacionales y en la cooperación internacional para el desarrolo (PNUD). Sé que para ese acuerdo están trabajando los hombres y mujeres que se encontraron y compartieron pensares y sentires en el Sínodo. Algo les pido: Déjenme vivirlo con ustedes.

Arcadio Díaz Tejera


ALMOCAREN I I . ,931 Pbgr 101

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CENTRO TEOLCGICO DE LAS PALMAS

UNA EXPERIENCIA PROFUNDA DE CONFIANZA EN EL PADRE

Luis LneoRon SANTESTEBAN SECRETARIO GENERAL DEL SINODO

Aunque suene a tópico, resulta muy difícil poner por escrito la experiencia de trabajo durante cinco años alrededor del Sínodo Diocesano. La dificultad consiste en concretar y sistetizar lo que de forma impronta ta va viniendo a la mente sin que, aún, hayas expresado el pensamiento anterior. No siquiera sé por dónde empezar. A lo largo de estos cinco años el Sínodo ha supuesto para mí momentos impresionantemente bellos y momentos bien difíciles. He sentido de cerca la pequeñez, que no de tamaño, y la responsabilidad de coordinar una tarea que, claramente, era inmensa y que se debía hacer con unos medios sencillos.

Desde el primer momento una de las principales preocupaciones para mí fue cómo promover la participación de la mayor cantidad posible de personas en todas las etapas, sin que nos desbordase el número, controlando la organización. Se recibieron 21.000 encuestas. Las máquinas no funcionan. 100 miembros en la Comisión Preparatoria. 720 grupos. 13 temas a elaborar. 17.000 propuestas a sintetizar. 2.032 propuestas síntesis a valorar por los grupos. Contabilizar 420 respuestas a esta valoración y 3.100 modos. Resumir estas 2.032 propuestas, eliminando las rechazadas, atendiendo los modos, sintetizando y reorganizando los textos hasta llegar a 580 propuestas, que


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LUIS LABORDA SANTESTEBAN

conformarían el Documento de Trabajo. Organizar material, comisiones, consultas para todos los organismos, funcionamiento, transporte, almuerzos ... para 557 sinodales. Recibir 3.210 enmiendas de primer nivel y 42 de segundo nivel (llamadas singulares). Preparar el trabajo de las siete Mesas de las siete Comisiones, a veces en tres días. En otros dos, plasmar por escrito y fotocopiar ejemplares para todos los miembros de la Comisión (la primera con 102 miembros). Unificar textos. Informes de las Comisiones Técnicas. Acuerdos del Consejo de Presidencia. 173 enmiendas de tercer nivel, presentadas al Pleno. Actas. Organización de actos solemnes. Detalles. Correcciones de estilo. Publicación.. . 20 encuentros informativos en 15 días por toda la Diócesis.. . Reparto de material por todos los sitios ... Sobra todo comentario. Sin la generosidad de muchas personas, no se habría podido hacer. Momentos de nerviosismo no han faltado. Cualquiera que me conozca un poco a fondo, lo sabe; casi, hasta de histerismo. En alguna ocasión la soledad y la impotencia salían a flote. Pero el apoyo ha sido de "quitarse el sombrero". Las personas más cercanas en Secretaría (permitaseme que los nombre: Paqui, Luis e Inma), en la Organización (Jaime, Andrés, Elvira, Tere, Sabrina, Fernando, Sandra, Raúl, José Manuel, Paco, Eduardo, Elisa, Stanis,...), la Comisión Ejecutiva, los presidentes de Comisión, los miembros del Consejo de Presidencia, los Claretianos, José Moñivas ... el Consejo Episcopal, Isidoro, nuestro Obispo Ramón. Seguro que debería poner aquí nombres con letras grandes porque en más de una ocasión su palabra, su aliento, su sugerencia, su discrepancia, su empuje ... han configurado una de mis experiencias más ricas del Sínodo: caminamos entre todos. Mis cálculos dicen esto de unas 170 personas. Una experiencia curiosa que yo creo vive todo coordinador de una acción colegial es encontrarse defendiendo ante la opinión pública cosas que no han apoyado en los colectivos que tienen que decidir, al revés, ha defendido lo contrario, pero se aprobó lo primero y lo debes defender. La experiencia no es tanto defender lo contrario a lo que tú piensas, sino que sientas cómo un colectivo te achaca exclusivamante a ti, y en ti lo personaliza, esas decisiones del colectivo con las que tú no estabas de acuerdo y sólo obtuviste cinco votos en un pleno de la Comisión Preparatoria, frente a 48 de los contrarios. Te produce una clara sensación de participación de camino común, de garantía de no hacer y vivir y construir una acción a tu puro capricho o modo de ver (por otro lado, peligro siempre presente contra el que en más de un momento ha habido que luchar).


UNA EXPERIENCIAPROFUNDA DE CONFIANZA EN EL PADRE

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Muy en relación con todo ello, ha estado una de las tensiones más cruciales del desarrollo de la etapa preparatoria del Sínodo. Más de una persona, y en varios momentos incluso de los más activas y cercanas, han pensado que el Sinodo, que su etapa preparatoria, era algo personal que gravitaba excesivamente sobre una persona. El peligro fue evidente; en más de un momento fue así. Pero es uno de esos asuntos en los que la impotencia también se hacía más evidente para mí. Muchas veces he recordado un par de reuniones de la Comisión Ejecutiva en las que, incluso yo mismo planteé el problema. ¿Cómo darle respuesta? Estábamos realizando una acción extraordinaria sin dejar lo ordinario. Yo mismo sentí muchas veces tener abandonadas las cosas de la catequesis por el Sinodo. ¿Quién podía? ¿Cómo organizarlo? ... Siempre saldábamos la cuestión con un doble compromiso: por mi parte, procurar consultar lo más posible las cosas y aportar todo lo posible por parte de la Comisión Ejecutiva. Ciertamente que el compromiso de la Comisión fue total y de apoyo y paciencia incondicional. Horas, horas y horas. Otra vez tengo que decir que no era fácil. Uno estaba más metido en la cuestión. Tenía más presente todo el proceso que llevábamos. Tomábamos decisiones a cuatro meses vista. Yo las recordaba, los demás se habían olvidado. Yo me ponía nervioso si volvíamos sobre lo mismo sin tener presente aquella decisión, los demás caían en la cuenta, retomábamos el tema, la mayoría de las veces decidíamos lo mismo. Lógico y así es como van funcionando los colectivos. Cierto que nuestra Diócesis realizó el Sinodo, una acción claramente extraordinaria, sin dejar para nada o muy poco lo ordinario, todo el inmenso trabajo pastoral que realiza. Esto tenía que producir tensiones inevitables. Fue demasiado esfuerzo junto. Otro elemento que debemos tener en cuenta es la complejidad de todo. Me explico. Nació el Reglamento en el que se recogía hasta el último detalle del proceso como garantia de claridad. Se intentó explicar este proceso con gráficos. No era sencillo comprender todos los pasos, cómo iba a ser el desarrollo hasta que no estuvimos en marcha. Esta situación pone nerviosas a las personas. No se sabe bien a dónde vamos. Muchos me lo fueron diciendo en el desarrollo, se fueron excusando porque habían dudado o no entendian. Hubo personas que, cuando les di a leer el Reglamento, me pidieron insistentemente simplificarlo y no entendían cómo mi respuesta siempre era explicarles el proceso e insistir en la necesidad de los detalles. Me dejaban por imposible. Recuerdo el silencio elocuente de la misma Comisión Ejecutiva cuando, de un tirón, leímos el borrador primero del Reglamento. Sorprendidos.


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LUIS LABORDA SANTESTEBAN

Imposible decir nada. Surgió la pregunta "qué hay que hacer ahora con esto". Fui planteando aquellas cuestiones puntuales que me parecían más "políticas" que técnicas y tomando las decisiones oportunas antes de presentarlo al Consejo Episcopal y a la Comisión Preparatoria. Era complicado entender el juego Mesa - Comisión, Consejo de Presidencia - Pleno, sin estar metido en ello, sólo en el papel frío de un reglamento. Np se podía comprender la cantidad de posibles enmiendas a presentar (normales, singulares, ante el pleno, sugerencias...), pero era necesario todos estos niveles para garantizar que todo el que lo desease pudiese exponer su opinión. Fue un vivir en adelanto lo que iba a ser el Sínodo, su desarrollo, intentando que los demás te comprendan y no saber qué más decir para ello. Otra vez la generosidad de todos hizo posible superar la dificultad: "si tú lo tienes claro". Otros momentos muy difíciles fueron las interrupciones, los parones de los grupos, los retrasos en salir el material, la impotencia que se siente cuando no sabes a quién acudir para que termine un trabajo que hay que hacer y no lo entregan los que se comprometieron, no porque no quisieran, sino por el montante de trabajo que tienen, en la mayoría de los casos. Llevaron al desaliento a más de un grupo y una persona. Es una de las cosas en las que más superados nos vimos, más sufrimos y más complejo de solucionar. En algunas ocasiones nos llevó a la angustia. Y utilizo el plural porque no lo viví, solo sino con otras personas que lo comprendían e incluso pusieron todas sus manos para ello.

Y estamos de momentos difíciles, El comienzo de las sesiones de las Comisiones. Acoplar el Reglamento a la realidad.

IX ó X Sínodo "Montar" la Catedral para las sesiones solemnes. Algunos seglares portestan de que ellos están todas las sesiones y algunos sacerdotes se van para celebrar misas. Qué hacer con los que no vienen a las sesiones de las Comisiones si luego van al Pleno. La gente no entiende que tienen derecho a votar. Cómo hacer la votación final Pero por encima de todo, la gran experiencia de ver la acción de Dios en todo el Sínodo. Intesamente vivida, especialmente en las sesiones inaugurales


UNA EXPERIENCIA PROFUNDA DE CONFIANZA EN EL PADRE

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de los días 1, 2 y 3 de mayo. Todos te felicitaban y surgia una pregunta: ¿pero qué he hecho? Viví la experiencia profunda de confianza en el Padre. Lo senti totalmente cerca. Sin El, imposible. Precioso momento. Ver cómo van avanzando los documentos, los textos, se va logrando la meta. Coge cuerpo el Sínodo. Uno va palpando la comunión, el espíritu de caridad y búsqueda común. Siente vivo al Senor Jesús en medio de su pueblo. Todos hablamos, nos respetamos, cedemos, buscamos ... ¿con qué fuerza cuentan estos hombres y mujeres para "echar el resto" como los están haciendo? Yo me admiro de las horas que dedican las Mesas y las Comisiones al trabajo. De los grupos espontáneos que se reunen para preparar las sesiones. De las reclamaciones y escritos que llegan a Secretaría ... Crece el interés social. No hay reunión social o eclesial en que no se me pregunte por el Sínodo. Se me va poniendo cara de anagrama. Siempre se dice que "una hora más tarde en Canarias", el aplatanamiento, el retraso ... Muchas veces pensé en ello al pensar en la organización. Me parecía que podía meternos en un callejón sin salida. Si se repetían los retrasos en el desarrollo del Sinodo, seria fatal. Experiencia: todas las enmiendas a su tiempo (sólo se dudaron de unas cuarenta venidas la mayoría de las islas) y todas las sesiones comenzaron y terminaron con "quorum" amplísimo a la hora en punto. Admirable. Dia 24 de octubre. El Espíritu Santo está presente desde que se abre el salón. Y lo noto mientras ultimo preparar las papeletas de votación con la gente de organización. Nuevamente impresionante la Asamblea puesta en pie cantando la invocación al Espiritu. Ha sido el momento más emotivo para mi en todo el Sínodo. Sin comentario. Recuento de votos. Me dan los primeros datos. Hacemos sumas. Es imposible. ¿Cómo puede ser que todas las propuestas sean aprobadas y con tan amplio margen? Vivo una Eucaristía diferente. Estoy contando votos y "presente" en el Salón. Llego con los resultados y el aplauso. Sin comentario. Presentación del Documento final a nuestro Obispo. Sesión de Clausura y firma del Documento. Sin comentario. Gracias, Señor, por tu presencia. Gracias por la generosidad de tantas personas y gracias por la paciencia que tantos han tenido conmigo en este tiempo en el que ha intentado responder, con lo poco que tengo, a la misión que tu Iglesia me ha encomendado, si saber aún muy bien por qué.

Luis Laborda Santesteban


ALMOGAREN. 11. (91) Pdgr L L L

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O CENTRO TEOLCGICO DE LAS PALMAS

LA IGLESIA SOMOS TODOS

MARYCARMENPRIETOBARBEITO SECRETARIA DE LA 2! COMlSlON

Creo que procede, en primer lugar, que me presente: Me llamo Mary Carmen, soy gallega, llevo casi veintitrés muy importantes anos, en Gáldar; soy esposa, madre de cuatro hijos; trabajo en la parroquia, aunque ahora un poco menos pues estoy estudiando primer curso de Institucionales en el Centro Teológico y me encuentro en el "apuro" de intentar contarles qué ha supuesto para mi todo este largo periodo de preparación y realización del acontecimiento tan importante vivido en nuestra Diócesis, que ha sido el Sínodo. Llegué a él de una manera muy sencilla: Se necesitaba una persona que representase el Arciprestazgo en la Comisión Preparatoria del Sínodo. Y fui la primera persona que aceptó el compromiso; aunque no les voy a negar que varias pensé "quién me mandaría decir si", estoy contenta de haberlo hecho, pues ha sido un periodo denso y fecundo de mi vida. Formé y fui responsable de un Grupo de Trabajo del Sínodo, creado exclusivamente con ese fin. Lo formamos diez personas, entre las que se encontraba mi marido, todos casados. Nos reuníamos los sábados cada quince días, pero hubo muchos sábados "extras" para poder terminar a tiempo lo que nos habíamos propuesto. Se trabajó duro, a veces con tensiones, pero todos llegamos a la conclusión de que valió la pena, pues fue una experiencia muy rica y muy satisfactoria para todos nosotros.


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MARY CARMEN PRIETO BARBEITO

De la Comisión pasé a formar parte del grupo de Sinodales, como representante del Arciprestazgo; posteriormente fui "enganchada" como secretaria de la Mesa de la Segunda Comisión: "La misión de la Iglesia. Presencia de los cristianos en nuestra realidad". Muchos de mis sentimientos fueron experimentados en la comisión preparatoria, en el grupo, en la comisión de estudio ... pero al mismo tiempo se fueron dando en los tres lugares unos antes y otros después. Yo destacaría como muy importante el sentimiento experimentado de camino, de proceso. Las cosas van encajando. Muchas personas comenzamos porque: lo manda el Obispo, es lo que necesita la diócesis, porque alguien tiene que representarnos; poco a poco todas estas motivaciones se fueron transformando en una toma de conciencia, en ver que era importante el participar, lograr que se fuese aceptando el Sínodo en las parroquias, en el Arciprestazgo, en la gente. Este proceso, o toma de conciencia lo he palpado a mi alrededor, fue un cambio sutil e imparable una vez que comenzó a desarrollarse. Nos decían: Sínodo significa caminar juntos; en mi opinión este fue el primer logro importante. Dénse cuenta de toda la gente que estuvo implicada en esa primera fase, promocionando; explicando lo que significaba el Sínodo; para lo que servía; convencer a sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos; implicarlos. Los reajustes que fue necesario hacer en las parroquias, nuevos horarios, reducción del tiempo de catequesis. Todos unidos con una tarea común: El Sínodo; fue una época de efervescencia. En la comisión tomabas conciencia y ... a trabajar en el Arciprestazgo y en el grupo. Luego vino otro momento; largo, a veces muy pesado, con desánimos y vuelta a caminar, de todo lo que significó el trabajo de los grupos. Primero la etapa de consolidación, sobre todo para los que eran nuevos. Entrar en diálogo, en discusión, en contacto con problemas que desconoces por completo, tener una idea más real de los grupos y tendencias que hay en la Diócesis, saber cómo trabajan, a qué se dedican. Todo esto es reflejo en las propuestas y posteriormente en el trabajo que realizaron los grupos en la selección de todas las propuestas recibidas. Por fin, la etapa realmente sinodal había llegado. Para qué voy a contar los nervios, la curiosidad y la emoción que se experimentó el día de la apertura. Yo lo viví como creo que la gran mayoría de los que nos encontrábamos allí, con plena conciencia de la importancia de lo que comenzaba en la Catedral,

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LA IGLESIA SOMOS TODOS

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pidiendo fervorosamente que el Espíritu de Jesús viniese en nuestra ayuda, que nos diese fortaleza y nos mostrase su camino; que fuésemos capaces de dejarnos guiar. AL mismo tiempo una sensación de grandiosidad, de anonadamiento por lo que se venía encima, sentí mis limitaciones, mi pequeñez; pero al mismo tiempo alegría, gozo, la cercanía de los otros. Tomé una decisión: Poner de mi parte todo lo posible, sacando todo lo positivo que puede haber en mí y dejar el resto en manos del que todo lo puede. El trabajo en la comisión fue duro pero enriquecedor. Destacaría en primer lugar la libertad de expresión. Creo que todo el mundo pudo decir lo que pensaba y sentía; a los tímidos les costaría más trabajo; se valoró mucho el pequeño grupo, precisamente por ser un espacio en dónde era más fácil conseguir que todo el mundo se pronunciase y además, mediante la puesta en común pasaban las opiniones a toda la comisión. Hubo didogo en todos los momentos y niveles; entre las personas pertenecientes a la comisión y entre ésta y la Mesa. Se escuchó a todo el mundo y se aclararon todas las preguntas. Existieron momentos tensos, sobre todo creo que al principio, la gente estaba como un poco en guardia, como si la Mesa se fuese a poner en plan autoritario; poco a poco se fueron abandonando esas posturas y se fueron haciendo las relaciones más distendidas. Existió confrontación. Una cosa se puso de manifiesto desde el principio, la comisión era muy variada; con personas, formas de pensar, situaciones, carismas, trabajos, edades, etc. muy diversas y de toda esa amalgama tenía que salir un documento que nos sirviera a todos, que lo pudiésemos aceptar todos. Destacaría también el respeto mutuo, sobre todo cuando no coincidían nuestras opiniones. Hubo posturas diversas incluso encontradas, pero al final creo que llegamos todos con la satisfacción del deber cumplido y contentos con el documento que entre todos habíamos hecho. Otro rasgo que me gustaría destacar es la amistad; no hubo "corrillos"; si, grupos de trabajo; se pudo hablar con todo el mundo, siempre me sentí escuchada y acogida. Espero haber tratado de igual forma a las personas con las cuales tuve contacto. Se trabajó duro, intensamente, con responsabilidad; a veces cuando veíamos otras comisiones que habían terminado su trabajo, nos entraba el gusanillo de la duda, si seríamos capaces de terminar. Creo que siempre pesó más en nuestro ánimo el hacerlo bien aunque fuese a costa de dedicarle más tiempo.


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Una cosa interesante fue ver cómo posturas muy marcadas en el punto de partida, poco a poco y por medio del diálogo se fueron acercando y se llegó al documento final. He de abrir un apartado de limitaciones o defectos, alguno hubo. Pero ni los más preocupantes fueron las faltas de asistencia de algunas personas, no muchas, pero sí eran reiteradas. Eso he de confesar que fue una de las cosas que me costó más trabajo aceptar y es más, creo no lo tengo del todo olvidado. Me parecía algo tan importante lo que estábamos haciendo, además todos los que asistían día a día, en nuestra comisión y en las otras, me daban la razón, que no entedían cómo podía haber alguien que reiteradamente faltase. Sólo se explica pensando que en su fuero interno no tenían de verdad asumido que en ese momento, el Sínodo era prioritario en la Diócesis. Se podría poner de manifiesto una cierta polarización de la palabra por parte de algunas personas; que las opiniones de algunos pesaban en la asamblea; que algunos tenían obsesión por sacar sus propuestas. Pero todas esas cosas son inevitables en un trabajo de grupo, sobre todo en uno tan numeroso como el nuestro; por otra parte, poco a poco se fueron limando esas asperezas por la misma dinámica que se desarrolló a lo largo de las sesiones. En las Plenarias en algunos momentos hubo reiteración de ideas, no en cuanto a las de apoyo de opinión, y a veces las personas se iban un poco por las ramas, no tenían la "cuestión" muy clara. Personalmente para mí fue un período importante, agotador y con tensión; sobre todo los meses de Mayo y Junio; me vinieron muy bien las vacaciones. Pero al mismo tiempo fue muy fructífero y enriquecedor. Entré en contacto con realidades de la Diócesis que desconocía por completo, de otras habia oído hablar pero no sabía mucho. Traté gran cantidad de gente, escuché las más diversas opiniones y modos de ver la vida. Vi comportamientos y actitudes que me llamaron la atención, unas buenas y otras menos buenas. Ejercité algo que me cuesta muchísimo, ser paciente. Valoro positivamente el rato de las comidas, pues eran momentos de encuentro con personas de otras comisiones y de otros lugares. Así como los momentos de descanso que había en la comisión que nos sirvieron para estrechar lazos de amistad. Algunas personas ya las conocía, pero ahora parece que por haber pasado esa experienci juntos tengo mucha más confianza y amistad con ellas; les tengo más cariño.


LA IGLESIASOMOS TODOS

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Me sentí aceptada, apoyada. Era la primera vez que había seglares en un Sínodo Diocesano y sobre todo mujeres; era la gran novedad. Tengo que decirles que también hubo momentos de "paternalismo" y no me los tomé mal, sino con humor. Como parte de la Iglesia, creo que cada etapa por sí sola ha tenido su importancia. Solamente por una de ellas hubiese merecido la pena celebrar el Sínodo. Todas juntas, creo que nos desbordan, por lo menos a mi; no soy capaz de abarcarlo todo. Se ve cómo toma cuerpo, cada vez más en mayor número de cristianos, la idea de que la Iglesia "somos todos"; poco a poco va calando esa sensación en el corazón y en las actitudes de las personas. Creo que el Sínodo a este nivel, ha sido una gran llamada; hemos de aprovecharla. Se ha puesto ante los cristianos y ante la sociedad, el abanico de tendencias y carismas que hay en nuestra Diócesis. Siempre hay un lugar dónde puedes trabajar, ayudar y econtrarte con el prójimo. Creo que el papel del laico se ha puesto de manifiesto, para todo el que quiera entender, con nuevas dimensiones y actitudes. Otra cuestión que me preocupó es, ese desconocimiento, que en general, tenemos los laicos del mundo religioso; como si fuesen dos mundos aparte, sin conexión; que no sabemos, ni nos corresponde trabajar juntos; como si ellos fuesen mejores y nosotros menos buenos. Creo que a este nivel la Iglesia va dando pasos para que exista mayor comprensión y entendimiento. El acercamiento ha de ser mutuo. A partir del Sínodo.., ¿qué? Muchas puertas abiertas. Ahora que cada cual, desde su lugar venga poco a poco, pero sin pararse, poniendo su granito de arena. Entre todos hay que llevarlo adelante. Creo que para los laicos todo este proceso ha sido una llamada de atención sobre todo lo que podemos y debemos hacer en un campo que nos es propicio: Sindicatos, Asociaciones de Vecinos, Sociedades Culturales, Apas, Ayuntamientos, Partidos, etc. Se nos ha llamado la atención sobre lo importante que es llevar unida la teoría y la práctica cristianas. Que somos cristianos, en todos los momentos de nuestra vida y como tales hemos de comportarnos. Los gestos suntuosos, por ejemplo, siempre estuvieron fuera de tono, pero en estos momentos de crisis, son más llamativos, menos deseables.


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MARY CARMEN PRIETO BARBEITO

Otro campo de trabajo, el turismo; el diálogo con los otros; la acogida a los emigrantes. En fin creo que el Sínodo fue un abrir puertas y ahora es tarea nuestra el darle realidad. Ya van surgiendo pequeños cambios que nos indican que se está poniendo en marcha. Antes de terminar, querría tener un recuerdo para todas las personas que estuvieron trabajando voluntariamente en la organización. En todo momento estuvieron dispuestos para ayudarno? y hacernos la vida más agradable. Muchas gracias. Me gustaría que esta reflexión fuese acogida con benevolencia por todos ustedes, lectores de la revista ALMOGAREN, y querría transmitirles dos cuestiones: Ahora entiendo más ampliamente el verdadero sentido de las palabras del Evangelio "la mies es mucha y los obreros pocos" y creo firmemente que en el Sínodo SI estuvo presente, se pudo palpar, el Espíritu de Jesús.

Marv Carmen Prieto Barbeito


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120.

@ CENTRO TEOLWICO DE LAS PALMAS

LA RIQUEZA DEL DIALOGO ECLESIAL

SEGUNDODIAZ SANTANA PRESIDENTE DE LA 1: COMlSlON

Nuestra Iglesia Dimesana, misterio de comunión, es el título de la primera Comisión de las que se constituyeron para realizar el trabajo sinodal. Si hacemos una primera observación entre el documento base, o material que fue entregado a los sinodales para el comienzo del trabajo, que incluye las introducciones teológicas convenientemente enmarcadas, y en el que se partía de un conjunto de 176 propuestas para ser estudiadas y votadas, y las 175 que definitivamente quedaron aprobadas en el documento final, puede parecer que el trabajo de la Comisión debió resultar bastante simple y que entre uno y otro documento apenas hay diferencias. Sin embargo hemos de decir que hay un gran trecho recorrido entre el texto inicial y el definitivamente promulgado. Si numéricamente no se aprecia la diferencia por ser prácticamente igual, si es totalmente evidente la transformación y la mejora lograda en cuanto al contenido. En medio se acumulan muchas horas de trabajo, estudio, oración, discusiones y debates no exentos de tensiones, pero siempre animados de un espíritu eclesial en el ejercicio de la corresponsabilidad a la que todos habiamos sido convocados.


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SEGUNDO D I A Z SANTANA

La Comisión contaba con el mayor número de miembros de todas las comisiones, 105 en total, de los cuales 43 eran presbíteros. El número de mujeres, era de 35, notablemente inferior al de varones. El documento también era el más amplio de todos, ya que partíamos con un conjunto de 176 propuestas de trabajo. La asistencia media a las sesiones fue buena, situándose muy cerca de un 70%. En la misma sesión constitutiva del día tres de mayo, la mesa sometió a la consideración de toda la Comisión un plan de trabajo con el que pudiésemos abarcar razonablemente todo el material partiendo de las fechas disponibles. Ese mismo día quedó establecido dicho plan. De tal manera que las 176 propuestas quedaron dividas en seis bloques a estudiar en sus correspondientes sesiones. 1. La Iglesia. Misterio de Comunión. (19).

2. El ministerio ordenado. (41). 3. Los laicos. (15). 4. La vida consagrada. (42).

5. Pastoral vocacional. (1 1). 6. Estructuras de corresponsabilidad y organización. (48).

Los temas ocuparon siete jornadas distribuidas desde el 16 de mayo al 11 de julio que fue la última. De una semana a la otra los sinodales podían hacer las enmiendas que estimasen oportunas a la parte correspondiente, y la mesa con todo el material que iba llegando fijaba el texto para su discusión y votación. Hay que decir que desde el principio el número de aportaciones fue muy alto, y que por lo mismo la participación de los miembros de la Comisión fue muy activa. El número total de enmiendas presentadas al texto fue de 824. Desde el primer momento todos tuvimos muy claro que entrábamos en un periodo importante de diálogo y discusión sobre la materia que se nos proponía estudiar y decidir. Se destacó siempre, y así se repitió, el espíritu de libertad y responsabilidad con el que todos debíamos actuar. Se trataba de alcanzar propuestas operativas y pastorales. No estábamos allí para elaborar un tratado teológico, aunque algunas veces los debates


LA RIOUEZA DEL DIALOGO ECLESIAL

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discurrían por cauces de precisiones teológicas y de matices de cierta especialización, lo que daba la sensación a algunos miembros de que nos perdíamos un poco. El hecho de ser un tema que desde el principio se denominó "marco", le daba al trabajo de la Comisión un cariz algo más teórico y globalizador que al de las otras Comisiones. Sin duda por la misma naturaleza de la materia de la que se trataba, la misma se prestaba a discusiones y a apreciaciones donde se hacían presentes los diferentes enfoques teológicos que existen dentro de la legitima comunión eclesial. Lo cierto es que la Comisión primera era una muestra muy ajustada de la composición real de nuestra Iglesia Diocesana, y por lo tanto reflejaba en su funcionamiento las ideas, las tensiones, los acentos, las preferencias que se dan en el tejido real de lo que constituye nuestra Diócesis. Pero aún dejando esto muy claro, conviene resaltar el alto nivel de coincidencia en la mayoría de los aspectos, sabiendo que cuando avanzamos hacia la intención profunda, más allá de la letra, las posturas se acercaban entre sí, y estaban menos distanciadas de lo que paredan. Lo cual, volvemos a repetir, no niega para nada los distintos talantes eclesiológicos que continuamente se expresaban entre los miembros de la comisión, y que, curiosamente, desde la segunda sesión de trabajo se fueron ubicando geográficamente en el salón de reuniones por preferencia y afinidades "ideológicas". Muchas de las discusiones que nos empantanaron durante algún tiempo, no tenían como origen la ortodoxia de un determinado texto, sobre el que no podía haber discusión al tratarse de un documento del magisterio, o de una doctrina común, sino la oportunidad o no de que ese texto pasara a formar parte del documento sinodal. Lo cual, como es obvio, estaba siempre en función de las mentalidades y de las prioridades que los distintos sinodales teníamos. De todos modos en ese trabajo se hizo patente la riqueza que supuso el intercambio de pareceres, la manifestación de los distintos puntos de vista, y las preferencias defendidas con calor a la hora de una determinada formulación. Las distintas sesiones de trabajo nos dieron la oportunidad de tomar conciencia de aquellos temas que encontraban en nosotros mayor resonancia, y para los que existía una sensibilidad más aguda. Por ejemplo el ministerio ordenado, la corresponsabilidad eclesial, el Seminario Diocesano, la necesidad de la preparación y la formación de los distintos agentes de pastoral. Después del trabajo de las jornadas, nos fuimos dando cuenta de que en lo fundamental había un acuerdo básico, como no podía ser de otra manera,


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SEGUNDO DIAZ SANTANA

y que el acercamiento entre los distintos miembros que constituíamos la

Comisión, con las diversas formas de pensar sobre muchos de los temas, habia ayudado a derribar prejui&os y a establecer una saludable corriente de comunión que resultó muy positiva. Tal vez sea oportuno destacar también las coincidencias que al final se obervan con los resultados de otras comisiones, en temas concurrentes como la opción por la Iglesia de los pobres, la prioridad evangelizadora y misionera de nuestra Iglesia, la valoración de todo lo comunitario y participativo. El clima de respeto y delicadeza en las relaciones de todos no faltó en nuestro trabajo de la Comisión, lo que no niega para nada las diferencias y debates que sobre algunos puntos permanecen pendientes entre nosotros, y que con toda seguridad son fuente de problemas y situaciones dispares en la realidad pastoral de nuestra Diócesis. Pero es precisamente en ese esfuerzo tenaz por la búsqueda en común, donde seguimos haciendo "sínodo", y en el empeño por pasar de una uniformidad imposible y en ningún caso deseable, a una unidad de cooperación pastoral en unión con nuestro Obispo y con los planes de pastoral que se vayan estableciendo en conformidad con lo que han sido las conclusiones de nuestro Sínodo Diocesano.

Segundo Díaz Santana


ALMOGAREN. 11. (931 Mgs. 121 - 124. O CENTRO T E O W G l C O DE LAS PALMAS

LA FIDELIDAD AL ESPIRITU HA DADO SU FRUTO

FERNANDO MORALES DE LOS

RlOS

PINAR

MIEMBRO DE LA 2. COMlSlON

Puedo adelantar que, globalmente, la experiencia ha sido bastante positiva: por la participación y la manera de participar; por el discernimiento que ha ido surgiendo; por los temas que se han ido planteando; por el deseo sincero de fidelidad al compromiso cristiano.

LA PARTICIPACION

Desde el momento en que fui llamado a la Comisión Preparatoria comencé a respirar un ambiente de participación responsable: no se trataba de decir amén a esquemas hechos en un despacho: sino de descubrir entre todos, bajo la luz del Espiritu, la situación real de la Diócesis, las necesidades verdaderas del pueblo cristiano; y, entre todos, buscar, con la ayuda del Espiritu, los cauces y métodos pastorales para atenderlas. Se creó, desde el primer momento, un ambiente fraternal, respetuoso con lo "distinto", esperanzado de que se hace camino al andar, sobre todo si se camina tras las huellas del Señor. Entre los miembros de la Comisión Preparatoria fue quedando claro que las consultas y el trabajo de discernimiento debían llegar a todo el que quisiera oír y colaborar, cualquiera que fuera su mentalidad o situación.


Y así fueron muchos miles de personas las que pusieron la mano en el arado y comenzaron a roturar... La perseverancia y la constancia, a pesar de alguna situación de indefinición, han sido llamativas en muchos de los grupos de trabajo a lo largo de los años del Sinodo.

EL DISCERNIMIENTO

Lo que comenzó como un búsqueda voluntariosa, pero más o menos aleatoria, de problemas y soluciones, fue cuajando en un auténtico discernimiento espiritual. Se ha ido pasando de ciertos protagonistas ideológicos a una conciencia común de que el Espiritu actúa. Y se han ido abriendo las mentes y los corazones a su acción. De manera que todo el que ha querido ha tenido libertad para opinar y múltiples ocasiones y plataformas para hacerlo. Ha aparecido la variedad y pluralismo de problemas y situaciones reales: y la riqueza de posturas y soluciones posibles. Ha ido desapareciendo la actitud y los atishos de intolerencia, y se ha ido formando un ambiente esperanzado de que, colaborando y siendo fieles al Espiritu, hay caminos y soluciones ...

LOS TEMAS

De unas primeras listas interminables de temas, sacados con la buena voluntad del que busca, pero muchos de ellos inapropiados, inconexos, secundarios ... se ha llegado a un Documento coherente: en el que se plantea la situación real de nuestra Iglesia diocesana, con los problemas más actuales e importantes que requieren la atención del cristiano y con unas lineas de acción claras. Ha sido un camino largo. Pero la fidelidad al Espiritu ha dado su fruto. Subrayo algunos Temas del Documento en los que, a lo largo del trabajo, creo que más ha influido el Espiritu y más fidelidad he apreciado a sus directrices: Eclesialidad y localidad: Iglesia universal e Iglesia local: somos una única Iglesia, la de Jesús. El amor a la Iglesia creo que ha sido una característica importante, que ha ido destacando a lo largo del trabajo. Y, en comunión con la Iglesia universal, la atención y el desarrollo de nuestra Iglesia diocesana: somos cristianos por y para aquélla, pero somos cristianos aqui y ahora, en ésta. Papel del laico-Papel del sacerdote-Papel del consagrado: Ha ido surgiendo una conciencia respetuosa, pero firme, de las responsabilidades de


LA FIDELIDAD AL ESPIRITU HA DAW SU FRUTO

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cada cual en la Iglesia. Ni el laico es un monaguillo, ni el sacerdote un rey, ni el consagrado un francotirador. La gravedad de los problemas que afligen al hombre y a la Sociedad actual urge que cada cristiano asuma sus responsabilidades consciente e iluminadamente. La adultez del laico que plantea el Vaticano 11 requiere un cambio de actitud en el sacerdote. La complejidad de los problemas y la necesidad de la creación de la Comunidad Cristiana pide un cambio de actitud en los consagrados. La adultez del laico debe mostrarse con su compromiso en la sociedad. Nuevas necesidades y problemas: Nuevas soluciones pastorales: nuevas posturas, sacadas del Evangelio y de la rica Tradición de la Iglesia. Se ha ido abriendo camino la conciencia de problemas, no sólo urgentes, sino importantes y transcendentes para el futuro de nuestra Iglesia y de nuestra Sociedad: la familia, la formación de los jóvenes, la marginación en todas sus dolorosas facetas, el latrocinio del primer mundo al tercero y la situación extrema en que éste se encuentra ... Y se ha ido planteando la necesidad de nuevas soluciones: una catequesis ininterrumpida a todas las edades, adaptada en contenidos y métodos, realmente evangélica, que lleve a una formación seria del cristiano y favorezca la vivencia de la fe en todas sus dimensiones, sin eludir el compromiso con la Sociedad. El testimonio cristiano, fruto de una vida en el Espíritu, como base de cualquier acción pastoral. En ese sentido el Documento final es muy rico en líneas de acción y sugerencias concretas.

Opción preferencial por los pobres: creo que ha sido, en la vivencia sinodal, algo más profundo que un mero sentimentalismo: nos tenemos que dejar evangelizar por los pobres: ellos nos interpelan llamándonos a la conversión. El documento sugiere formas concretas para darles el protagonismo que les corresponde, para que su llamada pueda ser formulada y, así, oida y aceptada.

Desde el principio ha habido grandes expectativas y no pocos escepticismos y reticencias a todos los niveles. Es evidente que las conclusiones a que se ha llegado son esperanzadoras, ricas, sugerentes. Pero también es evidente que su aplicación no es fácil. Requieren un análisis serio de la realidad desde criterios evangélicos, con los ojos de Jesús. Requieren una sensibilidad


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F E R N A N W MORALES DE LOS RlOS PlfiAR

del corazón, que nos lleve a superar individualismos, capillismos, comodidad: en una palabra, a descubrir a Cristo en el hermano y sus problemas: a tener los sentimientos de Cristo. Todo esto requiere un esfuerzo, un cambio de actitud, una conversión. No es fácil. Y menos si sigue predominando la costumbre de ser cristiano en los tiempos libres... Gracias a Dios se ha respirado en el ambiente que hay ser cristiano todo el día. Se ha ido abriendo camino el convencimiento de que hay que vivir en cristiano. El Espíritu nos ha llevado a sentir que ser cristiano es esforzarse por vivir la vida toda como Jesús.

Fernando Morales da los Ríos Piííar


ALMOGAREN. 11. (93) Pdgs 125

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CENTRO TEOWOICO DE LAS PALMAS

UNA OPCION PRIORITARIA POR LOS POBRES

EDUARDOGARCIA BERENGUER PRESIDENTE DE LA 5: COMISION

TODO UN PREVILEGIO

Referirse a la experiencia del Sínodo, supone hacerlo desde el reconocimiento del privilegio histórico que representa la participación en el mismo. A la innegable inspiración de su convocatoria en la actual encrucijada social y eclesial, se ha producido una respuesta intensa y profunda de la Iglesia particular, pero la riqueza de todo el proceso de trabajo es irrepetible y no ha podido vivirse de la misma forma desde "fuera".

Pienso que para la sociedad, como era de esperar. tan importante acontecimiento ha pasado sin gran trascendencia a pesar de que, paradójicamente, haya de ser ella misma, en gran medida, la destinataria de una buena parte del esfuerzo, por cuanto los frutos de la revisión van a depender mucho de la forma de situarnos, como Iglesia, dentro de aquélla. Atrás han quedado muchas reuniones, nervios, sofocos, horas y horas de trabajo robadas a otras ocupaciones, a la familia o al descanso, debates que a veces parecían interminables.. . y también enormes satisfacciones, nuevas esperanzas en el futuro, ilusión, intensas y gratificantes celebraciones, profundos momentos de oración y la oportunidad de sentir de nuevo en varias ocasiones la presencia del Espíritu.


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EDUARW OARCIA BERENOUER

Recuerdo que para no perderme el gran momento de la sesión solemne de apertura, tuve que viajar precipitadamente desde Sevilla, para regresar a los tres días y creo que mereció la pena, porque después de haber "vivido" la solemnidad de la Catedral sé que no hubiera podido conocerla ni por relatos ni por referencias. La designación para prestar el servicio de la presidencia de la Comisión de trabajo nP 5, que tenía encomendado el estudio del tema del Compartir de la Iglesia con los más necesitados, me produjo, en principio, cierto temor, aunque lo afronté, desde esa dimensión de servicio, con talante confiado y humilde, de respuesta al reto que representaba trabajar con un pobre material de partida, junto a un numeroso y heterogéneo grupo de personas de muy variada naturaleza, origen y compromiso, que han supuesto una confrontación continua de diferentes ópticas teológicas y de diversos modelos de Iglesia. POBRE DOCUMENTO BASE La primera cuestión a destacar es la probreza del documento base. La forma en que hasta ahora se ha vivido en nuestra Iglesia el compromiso social, quedó reflejada en la debilidad, de sus 39 propuestas iniciales (el número más reducido de los siete documentos), cuya aprobación mayoritaria por el Pleno sólo puede interpretarse como necesidad de una base de partida (en algo habia que apoyarse) y no como satisfacción o conformidad con su contenido, como ha quedado de manifiesto no sólo a lo largo de todas las sesiones de trabajo, en todos los niveles, sino en el resultado final de las propias Constituciones. AFRONTANDOLAREALIDAD El reto, por lo tanto, en principio, era infundir vida, color y espíritu en un documento inerte, pálido y superficial. Para ello habia que comenzar exponiendo, sin disfraz, la dureza de la realidad política, social y económica de las Islas, las repercusiones de la integración de España en la C.E., el progresivo incremento de los índices de pobreza, la debilidad de las respuestas institucionales a la crisis, la desinformación, el desencanto y la creciente pérdida de ilusión de nuestra gente. Y la ocasión se presentó precisamente en la primera sesión plenaria. Fueron precisas muchas horas para sintetizar un informe cuya exposición no podía ocupar más de veinte minutos, pero que fue magníficamente acogido y sembró la inquietud necesaria. Alguien criticó su tono negativo, pero


UNA OPCION PR~ORITARIA POR LOS POBRES

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la realidad lo es aún más y es preciso tomar conciencia de ella para adecuar las respuestas, desde el Evangelio, a la sociedad a la que pertenecemos. CATEQUESIS SOBRE CARITAS

La presencia de Cáritas en las comisiones de trabajo, en la mesa y en el Consejo, hizo posible llevar a cabo esa "catequesis" sobre la menos potenciada de las tres ramas de la pastoral. Esta es la segunda gran cuestión que cabe destacar: el Sínodo ha sido un gran espacio de comunicación, el momento que ha permitido a muchos miembros de la Iglesia desmontar perjuicios, abrir perspectivas y completar su información. Podria decirse que Cáritas ha ejercido de Cáritas durante el Sínodo. Pero sobre todo han existido diferentes oportunidades de confrontación y el trabajo ha sido rico e intenso. ANTE TODO: RESPETO

Debo referirme, en tercer lugar, al envidiable clima de respeto que presidió en todo momento las sesiones de trabajo. Hubo debates importantes, se cuestionaron conceptos y se llegó, incluso, a criticar la propia terminología y hasta el lenguaje, tachado de subversivo; se produjeron auténticos momentos de tensión, pero en ningún momento se perdieron las formas, ni se produjo violencia. Todos aceptamos la decisión de la mayoria, si no plenamente convencidos, sí, al menos, conformes desde un profundo respeto que para mí, junto al sentido de la responsabilidad, es uno de los dos soportes fundamentales de las relaciones humanas. UN DOCUMENTO DE DOCUMENTOS

Al principio, parece que costó entender que el documento final, habria de ser UNICO y se insistió excesivamente, al igual que en otras comisiones, en su encuadre, en su estructura aislada, en las introducciones, en su carácter de completo en si mismo. Poco a poco, los debates plenarios fueron abriendo las puertas de ese relativismo de cada comisión, que habria de quedar anulado para dejar nacer las constituciones sinodales. Pero fue a nivel del Consejo de Presidencia, en la fase en que se estudiaron las repeticiones y las contradicciones entre las propuestas de las diferentes comisiones, cuando alumbraron las relaciones entre diferentes temas, que en el caso de la Comisión nP 5 encontraron un bello


paralelo, como era de esperar, en la Comisión nP 2, que estudiaba el tema de la evangelización. TRABAJO INTENSO, CONSTANTE Y EFICAZ Es preciso destacar también la constancia en la asistencia, con una media de sesenta personas y la intensidad del trabajo, la formación de grupos de estudio dentro de la propia comisión, la riqueza y diversidad de las intervenciones, con aislados intentos de monopolización o insistencias sobre cuestiones de segundo orden que resultaron perfectamente canalizados gracias a los turnos cerrados de palabra. Está claro que ningún documento debe medirse por el número de propuestas, pero aún con esa reserva, merece la pena dejar constancia no sólo de que las 39 propuestas del documento base se trasformaron en 162 (uno de los más nutridos) sino también de que la ligereza o superficialidad iniciales fueron adquiriendo hasta el final incisiva y progresiva profundidad. GLOBALIDAD DE LAS CONSTITUCIONES No se puede "desencuadenar" el documento y de nada sirven los intentos de síntesis. Es preciso leerlo completo para descubrir su riqueza y su complementariedad. Espero que lo hagan así todos aquellos que tengan la intención de someterlo a crítica. Se ha cuestionado que destaque repetidamente el nombre de Cáritas. También la utilización insistente de los términos "pobres" y "pobreza". Se han pretendido reducir las propuestas a las catorce obras de misericordia del antiguo catecismo del P. Ripalda. Pero al final, la fuerza de la realidad ha permitido recuperar la dimensión social de la pastoral de la caridad, concretando no sólo la misión y la razón de ser de Cáritas y la exigencia de su existencia en cualquier ámbito de la comunidad cristiana, sino también su universalidad, la imperiosa necesidad de la formación, el desarrollo del plan de comunicación cristiana de bienes, el estudio de la realidad y de los sectores de marginación y, de forma decidida, brillante y valiente, la OPCION PRIORITARIA POR LOS POBRES. Pero si tuviera que hacer, sin intención de elegir, alguna mención especial de entre las Constituciones que corresponden al compromiso de la Iglesia con los más necesitados, destacaría la invitación a la participación de éstos en los grupos de acción social, como nuestro mayor reto.


UNA OPCION PRIORITARIAPOR LOS POBRES

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El Sínodo ha fortalecido así nuestra esperanza en la vida, en la posibilidad del cambio radical del sistema injusto que domina el mundo y causa la pobreza y la marginación, de la restauración de la dignidad rota de tanta gente y de llevar a todos el Evangelio de Jesús, que es la misión que deja ahora en nuestras manos.

Eduardo Garcfa Berenguer


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CENTRO TEOLD<IICO DE LAS PALMAS

UNA LLUVIA TEMPRANA, UN AIRE FRESCO

ANGELICADENIZDIAZ SECRETARIA DE LA 1: COMlSlON

Después de un tiempo de reflexión, me sigue resultando difícil expresar lo que para mi significó nuestro SINODO DIOCESANO. A pesar de ello, intentaré plasmar en unas líneas mis impresiones, sabiendo que quedarán muy pobres al compararlas con la realidad de esta experiencia de vida. Me he considerado afortunada y doy gracias a Dios por ello, de haber podido estar presente desde el principio en las reuniones de la Comisión Preparatoria donde se programaba y se revisaba el trabajo que los distintos grupos de Parroquias y Movimientos iban realizando. Es cierto, que en algunos momentos los ánimos decayeron, el cansancio llegó a mi puerta, y grandes interrogantes aparecieron, ''¿qué pasará con todo esto? ¿servirá para algo? ¿llegaremos al final?...". Así, entre altos y bajos, cambiando impresiones con unos y con.otros, seguí adelante con ilusión y esperanza, quería ver el final, agotar todas mis posibilidades, porque siempre pensé que me había empeñado en algo que valía la pena y podía ser muy significativo para nuestra Diócesis. Los temas ofrecidos para el trabajo en grupos fueron enriquecedores, el diálogo, la diversidad de opiniones, etc. pero nada de esto puede compararse con lo que fueron las Asambleas Sinodales. Mi ilusión, desde que se comenzó a hablar del Sínodo, era poder participar en dichas Asambleas, ya que me imaginaba que seria algo extraordinario, y así fue.


Viví la experiencia de IGLESIA GRANDE donde todos tenemos cabida, donde hay un sitio para cada uno, donde existe el respeto, la apertura, la escucha, la fidelidad a convicciones propias, donde todo es importante porque importante es la persona humana. Me sirvió para conocer más profundamente la Iglesia en la que vivo y celebro mi fe. Una Iglesia viva, rica de valores, con un potencial enorme de hermanos que han hecho y hacen un camino de entrega, solidaridad y servicio a los más necesitados, desde cualquier estado y condición de vida. Una Iglesia que se deja conducir por el Espíritu y que intenta rejuvenecerse día a día. En ella, la figura de María, primera mujer creyente, vitaliza y anima este camino de fe. Otra cosa que me impactó sobremanera fue la responsabilidad de los sinodales a la hora de hacer aportaciones a los diferentes temas; buena documentación, estudio serio y profundo, etc., con el deseo de buscar "lo mejor" siendo fieles a las directrices del Magisterio de la Iglesia y a los signos de los tiempos. No cabe duda de que el Sínodo, para nuestra Diócesis de Canarias, ha sido y seguirá siendo como una lluvia temprana que purifica y limpia, como un aire fresco que vigoriza y hace nuevas todas las cosas. Destacaría dos momentos claves donde viví con más intensidad la presencia del Espíritu: LA CELEBRACION DE APERTURA en la que el pueblo de Dios reunido hace oración pidiendo luz y sabiduría para decidir sobre el futuro de nuestra Diócesis. LA CELEBRACION DE CLAUSURA donde, después de haber trabajado y sacado conclusiones, se nos envía por el mundo a ser sal y luz de los hombres. Con el Salmista, quiero seguir repitiendo la oración que tantas veces pronuncié durante el tiempo sinodal "ME HA TOCADO UN LOTE HERMOSO, ME ENCANTA MI HEREDAD". Continúo dando gracias al Señor por esta experiencia de Iglesia y también a todos los hermanos que me han dado la posibilidad de poder participar de lleno en este magnífico acontecimiento, donde el trabajo ha sido intenso, es verdad, pero el gozo y la alegría de vivirlo, no tiene límites. Gracias. Angblica DBniz Diaz


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b CENTRO TEOWGICO DE LAS PALMAS

UNA PROPUESTA DE SOLIDARIDAD

CARMELO RAMIREZ MARRERO MIEMBRO DE 19i 2? COMISION

Los cristianos que hemos participado en las reuniones, debates y vivencias de este IX Sínodo Diocesano hemos experimentado cómo nuestra Iglesia de Canarias tiene en estos momentos unas realidades internas extraordinarias, unos grupos comprometidos con los sectores más empobrecidos de nuestra tierra y que desde ahi, con una paciencia infinita, con una alegría contagiosa y con una esperanza extraordinaria se lanzan por el camino de la promoción, de la liberación y de la justicia. Para muchos de nosotros ha sido una verdadera gracia de Dios lo que hemos vivido en el Sínodo. El ambiente de unidad y de pluralismo ha sido una demostración de lo que debe ser el verdadero espíritu de fraternidad cristiana. Es fantástico comprobar la variadisima presencia de los cristianos en nuestra sociedad canaria: en el mundo de la educación, de la política, de la economia, de los jóvenes, de los marginados sociales, de los enfermos, de la información, de los trabajadores, ... y de cada uno con un deseo de mejorar ese ambiente, de cambiarlo para que sea al menos más humano. Es natural que cada uno estemos en nuestro ambiente con "nuestras propuestas", con "nuestras especificaciones" y ahí viene la enorme riqueza del pluralismo. El Evangelio debe ser la fuente de nuestra inspiración cristiana, de donde debemos extraer las actitudes y los valores que luego desarrollamos y los concretamos con nuestro testimonio. Sin lugar a dudas, el clima de respeto y de escucha vivido en el Sínodo es un factor esencial para reforzar esa unidad de los cristianos a la hora de comunicarnos y de valorar no sólo lo que "hago yo" sino principalmente lo que "haces tú".


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CARMELO RAMIREZ MARRERO

Pero unidad no quiere decir uniformidad, sino que ese respeto a lo unitario crea un ambiente de pluralismo y de planteamientos diversos, válidos en la medida que sean fieles al mensaje de Jesús de Nazaret y servicio a los hermanos más empobrecidos, a su promoción y liberación. Cuando "nuestro cristianismo" sirve para acomodarnos y tranquilizar nuestras conciencias estamos negando la presencia liberadora del mensaje cristiano y posiblemente estemos traicionando nuestros propios principios. Valorando las propuestas del Sínodo me atrevería a destacar tres cuestiones esenciales: 1) La Iglesia en Canarias es un testimonio vivo de compromiso, de lucha emancipada y promocionante de los sectores más desvalidos de nuestra tierra. Es entusiasmante comprobar la renovación de nuestra Iglesia, la existencia de miles de cristianos que se preocupan por los demás, con acciones de todo tipo, grandes y pequetias, pero todas válidas para la Gloria de Dios, para la Justicia.

Sin lugar a dudas, la Iglesia es la Institución más dinámica de nuestra sociedad y la que "por opción y vocación" es esperanza para los sectores más empobrecidos. Las propuestas del Sinodo son un instrumento extraordinario para concretar nuestros compromisos por la transformación de esta sociedad injusta por otra más humana y solidaria. Es cierto que todavía tenemos que cambiar muchas cosas en el interior de nuestra Iglesia, pero son nuestros comportamientos y forma de vida los que muchas veces contribuyeron a que la Iglesia no sea un testimonio de lucha y compromiso. Cada vez más, en una sociedad marcada por la crisis de valores morales, el papel de la Iglesia y de los cristianos se torna esencial. 2) La tarea del laico cristiano es fundamental en la transformación de nuestro mundo. Debe ser su tarea prioritaria. En los documentos eclesiales, desde el Vaticano 11, se le da al laico esa función especifica: TRANSFORMAR EL MUNDO. En el Sinodo hemos afirmado que vivimos en un mundo marcado por la injusticia que refleja el hecho de que más de 4.000 millones de hermanos sufran la muerte diaria por el hambre, las guerras, las represiones, la incultura, o la carencia de lo indispensable para vivir. El rostro del Cristo crucificado en nuestro siglo se refleja en el nitio' que matamos por hambre, en la mujer que sufre todo tipo de violencias, en el joven que muere en la guerra, en el anciano que padece sufrimientos sin fin. Ese es el mundo que tenemos que


UNA PROPUESTA DE SOLIDARIDAD

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cambiar y lo debemos hacer desde nuestra fe, desde nuestra fidelidad al Crucificado, desde nuestra solidaridad con los que sufren. Igualmente esos hechos se dan no por casualidad sino porque existe una estructura económica, política, militar, cultural, y social que la provoca y la mantiene. Las causas son de este orden, y por eso el laico debe comprometerse en los ámbitos económicos, políticos, sociales y culturales para combatir esta sociedad injusta y que avancemos hacia la justicia y la fraternidad. A esto nos invita el Sínodo, a comprometernos a fondo perdido, sin esperar nada a cambio, a ser luz y esperanza para los desheredados. 3) LA SOLIDARIDAD es el motor que debe animar y nuestra vida y nuestro compromiso. El Sínodo ha sido una maravillosa experiencia solidaria dentro de la Iglesia. La solidaridad, es decir, el amor a los sencillos, el ser levadura de la masa, el encarnar nuestra vida en el servicio a los hermanos forma parte de la utopía cristiana.

El planteamiento solidario con los más pobres es el punto de encuentro y de unidad de los laicos cristianos. Cada uno desde su opción, pero creciendo hacia abajo, vamos a encontrarnos en un mismo camino. En esta sociedad radicalmente insolidaria e injusta los cristianos debemos luchar por romper las cadenas de la opresión, por eliminar las causas y los hechos que oprimen y envilecen al ser humano. Creo que el Sinodo plantea, con absoluta claridad, que nuestra Iglesia en Canarias debe caminar por este sendero. Sus propuestas están impregnadas de solidaridad cristiana, de invitación a que nos esforcemos por mantener la utopia viva con nuestras acciones diarias y permanentes. El lograr esa nueva sociedad, ese nuevo orden político, económico y social, esa nueva cultura liberadora, en definitiva, ese HOMBRE NUEVO, sólo será posible si desde la solidaridad con los que sufren, tanto en el primer mundo como sobre todo en el tercer mundo, nosotros aportamos nuestro grano de arena, nuestro esfuerzo y nuestra ilusión. Las Proposiciones de este Sínodo son una invitación clarísima y radical a vivir la solidaridad. Sólo hace falta que nosotros queramos. Sólo asi podemos ser fieles a la Iglesia y demostrar nuestros deseos de justicia y amor a los más pobres.

Carmelo Ramírez Marrero


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O CENTRO TEOLaclCO DE LAS PALMAS

EL FUTURO ESTA EN LA FAMILIA

MARIADEL CARMENSANCHEZ-TEMBLEQUE DORESTE Y OCTAVIOCARDOSO SUAREZ PRESIDENTES DE LA 7: COMlSlON

Reconocemos que para nosotros el Sínodo ha sido muy enriquecedor, ha valido la pena haber trabajado en él. No obstante queriendo analizarlo a nivel personal y ser auténticos, podríamos establecer tres etapas. La primera fue nuestra designación como Presidentes de la Comisión de Familia. Al recibir la llamada telefónica de nuestro Obispo, en un primer momento nos sentimos desconcertados y abrumados por el peso y responsabilidad que se nos venia encima, no creyéndonos capaces de soportarlo, pero el Espíritu de Dios nos iluminó y el diálogo con nuestros hijos, nos hizo ver que era nuestra obligación aceptarlo y aportar la experiencia de 34 años de casados, padres de 7 hijos y estar trabajando el tema de matrimonio y familia desde hace 21 años. Por otro lado, si Dios nos metía en este trabajo suyo, El nos echaría una mano que cubriera nuestras deficiencias. La segunda fue el encontrarnos con un documento base muy pobre, ya que pocos grupos lo habían trabajado, y propuestas sin relación aparente unas con otras. Con la extraordinaria colaboración de un pequeño grupo de personas, fuimos capaces entre todos de darle forma al documento base y presentarlo en la primera reunión de la Comisión.


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MARIA DEL CARMEN SANCHEZ-TEMBLEOUE DORESTE Y OCTAVIO CARWSO SUAREZ

Las primeras reuniones de la Comisión fueron duras, al ser dificil la aceptación de algunos sinodales, las propuestas de otros. En la tercera etapa, gracias a Dios, se fue creando un clima intenso de diálogo y respeto a las diferentes opiniones, nació una voluntad unánime de conseguir un documento final entre todos, ya que nadie escatimó esfuerzos para ello. De verdad, se podia palpar en el ambiente que el Espiritu Santo nos estaba iluminando y ayudando, siendo aun más evidente en las Sesiones Plenarias, ya que nos causó una grata impresión cómo se escuchaba con respeto las intervenciones de los sinodales con sus diferentes criterios y formas de pensar, al ver que actuaban con humildad y honrandez. También fue gratificante el alto nivel de asistencia, tanto en las Comisiones como en las Sesiones Plenarias. Por todo ello, insistimos que valió la pena y fue para nosotros un regalo de Dios, haber podido trabajar en el Sinodo, presidir la Comisión de Familia y estar integrados en el Consejo de Presidencia, nos dio una mayor madurez y enriquecimiento de nuestros valores humanos y cristianos, haciéndose realidad "El que da algo por Dios, recibe el ciento en pago". Hemos salido reforzados por el Espiritu de Dios del Sinodo con una gran ilusión y bagaje para compartir con los demás. Con la esperanza que entre todos nos esforcemos en seguir trabajando por la familia y sentirnos apoyados unos de otros; porque sin lugar a dudas, EL FUTURO DE LA HUMANIDAD RADICA EN LA FAMILIA.

María del Carmen Sánchez-Tembleque Doreste v Octavio Cardoso Suárez


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C,CENTRO TEOLffilCO DE LAS

PALMAS

HACIA UNA IGLESIA CON UN NUEVO ROSTRO

JOSELUIS ALBERTOS CABANERO MIEMBRO DE LA 5! COMlSlON

Cuando me llegó la noticia de la convocatoria del Sínodo en Septiembre de 1989, pensé y creí que podia ser un acontecimiento importante para nuestra Iglesia Diocesana, el cual podría cambiar fundamentalmente el rumbo y el talante de nuestra Iglesia local. Decidí por tanto comprometerme a participar de una forma activa y entusiasta en la medida de mis posibilidades en su preparación juntamente con los demás miembros de la comunidad parroquia1 de Ntra. Sra. de La Luz. Esta convicción de lo importante que podia ser el Sínodo para la Diócesis y mi deseo de participar activamente venían fundamentalmente de mi participación de dos acontecimientos importantes, como fueron en primer lugar la Asamblea conjunta de Obispos-sacerdotes y en segundo lugar la Asamblea de los creyentes de la Vicaria IV (Vallecas) de la Diócesis de Madrid-Alcalá, la cual fue abortada, en su última fase por el Gobierno español. En esas dos Asambleas habia vivido y experimentado la experiencia del Espiritu y vi como en ellas la Iglesia se manifestaba como una Iglesia mucho más abierta a la realidad, más pendiente de la escucha del Espiritu. La presencia del Espiritu la he sentido y la he vivido una vez más en el Sínodo Diocesano. Ya en la apertura del Sínodo en la Catedral se notaba que algo habia dentro de los Sinodales que se manifestaba en sus rostros. Creo que los mismos reflejaban una ilusión inmensa. La marcha procesional hacia


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JOSE LUIS ALBERTOS CABANERO

la Catedral no era una marcha cansina, sino un caminar orante, que salía del corazón de cada uno, elevando su plegaria personal en comunidad hacia el Padre para hacer posible que el Espíritu empujara nuevos aires de rejuvenecimiento, de salir del ostracismo, de ponerse en disposición de búsqueda y de encuentro con el Señor. En la celebración eucarística de apertura se vivía y se apreciaba que allí había una Iglesia diocesana que junto a su Pastor levantaba sus ojos y sus corazones hacia el Padre y vibraba dentro de todo su cuerpo y al unísono la esperanza de que se confiaba plenamente que el Espíritu del Señor estaba con ellos y que querían emprender una marcha lenta y difícil pero que el Señor les alentara y les ayudase a superar todas las dificultades que pudieran presentarse en la última etapa sinodal. En la Comisión en que participé que era la de "COMPARTIR LOS BIENES EN ACTITUD DE SERVICIO", me encontré realmente con un grupo de personas que vivian y sintonizaban a diario con la vida de los más alejados de esta sociedad de bienestar. Había en todos ellos una gran inquietud porque la Iglesia tomara una vez más con una mayor conciencia y profundidad su misión de solidaridad y de anuncio de la Buena Noticia a los desheredados de este mundo, y de querer concretizar de una manera real cuál era la situación en que vivía nuestro pueblo y cuáles eran los problemas más urgentes y necesarios de resolver, y cómo debia ser la presencia de la Iglesia en esas situaciones. Nos pusimos a trabajar desde el principio, sabiendo que teníamos enfrente una tarea inmensa. Nos habíajlegado un documento a la Comisión muy pobre, que no reflejaba todo lo que sucedía en nuestra realidad y que no expresaba cómo debían situarse los creyentes tanto personal como colectivamente dentro de esa realidad. A la mayoría de la comision no le preocupaba las discusiones teológicas, lo único importante que estaba en juego era el sufrimiento, la marginación, la pobreza, la existencia dura, y las condiciones infrahumanas en la que vivían y se encontraban inmersos muchos de nuestros ciudadanos.

Se intentó por tanto detectar esos problemas y afrontarlos con espíritu evangélico, y además ver como la Iglesia diocesana debia salir de si misma, y ponerse en camino para poder llegar a compartir y encarnarse en ese tremendo sufrimiento, pobreza, abandono, impotencia, marginación, que padecía los pobres de Canarias.


HACIA UNA IGLESIA CON U N NUEVO ROSTRO

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Alentaba el espíritu de que era la hora de que habia que dejar "las barcas", "las redes", "las alforjas" y que habia que entregar y poner a disposición de los que sufren todas nuestras personas, todos nuestros medios a nuestro alcance, e incluso nuestros templos. Había llegado el momento no solamente de afirmar y de expresar continuamente que los pobres son la opción preferencial en la Iglesia, sino que ellos debían ser una realidad en nuestra Iglesia. Sobraban las palabras y habia que ir a los hechos. Se encontraba en muchos de los miembros de la Comisión un deseo y una mirada profunda de ver las situaciones con la mirada de Jesús, con la mirada del Padre, reflejando en sus intervenciones que lo que expresaban era vida, cercanía, comprensión, solidaridad vivida, y no mera palabra. Se había hecho real el descenso a "los infiernos", encarnándose totalmente en la vida lacerante de los pobres. En mi opinión se han puesto las bases para que nuestra Iglesia diocesana aparezca con otro rostro ante las gentes de nuestro pueblo: un rostro más evangélico, un rostro más arrugado y más sufriente que refleje y viva la realidad sangrante de nuestro pueblo. Un rostro más esperanzador y menos "talludito" que experimente la lozanía de la juventud en sus comunidades. Un rostro más dialogante y tolerante que sepa descubrir los objetivos humanitarios que se dan y que se vayan dando en los nuevos movimientos que surgen en medio de nuestra sociedad pluricultural, y que sepa estar inmersa en los desafíos de la cultura contemporánea. Un rostro menos clericalizado, donde se supere el binomio clérigos-laicos, y nos conduzca a una comunidad de iguales donde todos se sientan y se conciencien de que son miembros activos de la Iglesia y corresponsables de su misión salvadora y se sientan enviados por el Señor a evangelizar y donde los seglares dejen de ser meros colaboradores de los clérigos y de asumir solamente las tareas que los cléridos no pueden llevar, y por tanto se culmine en el conocimiento y reconocimiento efectivo, por parte de todos, con la conciencia de pertenencia gozosa de la comunidad de los discípulos del Señor, de los derechos y deberes que como bautizados tienen todos los miembros dentro de la comunidad eclesial, que lleve una participación responsable de todos los miembros de la comunidad diocesana en las decisiones que afecten a la comunidad de los creyentes.


Un rostro más comunitario con la creación de pequeñas comunidades de creyentes donde se viva con sencillez y espíritu evangélico la fe de modo más personal, crítico, comprometido y gozoso, se rece comunitariamente y en los que se programe, revise e ilumine la vida y el compromiso de los cristianos en la transformación de la sociedad. Un rostro más comprometido que presente una Iglesia inmersa en al sociedad de nuestro tiempo que salga de los templos y asuma las esperanzas, los sueños, las ilusiones, los dolores, los sufrimientos, los desencantos, las búsquedas, las libertades, las dudas, los compromisos, las transformaciones de los hombres de nuestro tiempo, y sobre todo de aquéllos que son condenados a los márgenes de la sociedad de bienestar. Un rostro de una Iglesia que presente y exprese de forma clara el mensaje de Jesucristo con su carga de denuncia de nuestra sociedad y sus poderes y no como tranquilizante de las conciencias de los ciudadanos, y sea capaz de denunciar proféticamente los derechos humanos ultrajados aunque sea a costa de perder sus propios privilegios, y de ser perseguida por permanecer fiel al Evangelio. Por último, diría que el Sínodo Diocesano en el que he participado creo que todavía ha sido un Sínodo un poco clerical y espero que si llevamos a cabo en un proceso lento pero de continuo caminar tengo la esperanza que el próximo Sínodo que se celebre en nuestra Diócesis sea el Sínodo de una Iglesia Diocesana que haya superado de una vez el clericalismo que todavía sigue presente aunque sea un poco en el inconsciente de nuestra Iglesia. Quisiera terminar con una pequeña anécdota personal, cuando entre los miembros Sinodales se ponía el entusiasmo, el corazón para que nuestra Madre, la Virgen María, la madre de Jesús de Nazaret, nuestro Salvador, estuviera presente en la Sala de Plenos y en las propuestas Sinodales. Creo que nuestra Madre, estaría sonriendo al ver a sus hijos desde arriba con nuestras pequeñas disputas, y pensaria que su presencia debería ser como lo fue en su vida con Jesús y con su Iglesia, silenciosa, sin algaradas, orante, escuchando y profundizando en su corazón, y alentando desde dentro y empujando junto al Padre para que el Espíritu del Señor lleve a cabo su misión en la Iglesia, y sonrriendo y alegrándose daría gracias a Dios porque lo importante es su hijo Jesús y no ella.

Josb Luis Albenos Cabañero


UNA IGLESIA QUE CRECE HACIA DENTRO Y HACIA FUERA

JUANBAUTISTAROBLEDILLO ORTEGA MIEMBRO DE LA 2> COMlSlON

Al hacer una breve reflexión sobre mi experiencia en el Sinodo, quisiera en primer lugar dejar constancia de mi agradecimiento a Dios y al Señor Obispo por haber podido vivir y participar en este acontecimiento eclesial de primer orden en la Diócesis de Canarias. Mirando hacia atrás recordando esas intensas jornadas sinodales me atrevo a resaltar dos aspectos, entre otros muchos que podrían señalarse, que han dejado cierto peso en mi alma. Destacaría en primer lugar, para empezar con lo más externo y tangible, el ambiente de cordialidad, de diálogo, de escucha, de sentido positivo. En definitiva, un clima de verdadera fraternidad y buen humor empaparon aquellos días de trabajo, a veces duro, y aquellos ratos de pasillo y de descanso. Pero estos detalles aparentemente superficiales revelan algo mucho más profundo e importante: durante el Sínodo, la Iglesia de la Diócesis de Canarias (representada en esos dias por los sinodales junto al obispo) ha crecido en espíritu de familia, hemos hecho familia. Ojalá pudiera llegar a decirse con verdad que todos los cristianos que componemos la Diócesis formamos una sola familia, un solo corazón y una sola alma (cfr. Hech. 4, 32) y no sólo en el sentido espiritual sino también en su aspecto humano: que seamos un poco más acogedores, comprensivos, serviciales..., cariñosos. Así crece la Iglesia hacia dentro.


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JUAN BAUTISTA ROBLEDILLO ORTEGA

En segundo lugar me llamó la atención el alto nivel de participación en las sesiones de trabajo, especialmente de los laicos. Era bien patente el interés, la dedicación, la sensibilidad ante los problemas pastorales concretos, y el esfuerzo de tantos y tantas. En esas intervenciones latía un espíritu apostólico propio de una comunidad eclesial viva. En consecuencia, quedan reflejadas en las Constituciones Sinodales numerosas iniciativas y puntualizaciones apostólicas y de orientación social que ayudan a despertar inquietudes y facilitar que todos los miembros de la Iglesia comprendan y vivan, cada uno desde su carisma, los diversos caminos vocacionales y, en especial, la opción preferencial por los pobres. Se intuye un verdadero espíritu apostólico, de preocupación por los graves problemas de la sociedad, pero sin quedarse en una mera dimensión horizontal, en un barniz superficial de inquietudes sociales, sino fundamentado en una verdadera unión con Dios. Esto queda manifiesto en la propuesta 015, la más votada del Sínodo, en la que se afirma rotundamente que "todos los cristianos estamos llamados a la santidad y al apostolado" y en la respuesta a esta llamada está la eficacia de todo trabajo eclesial, tanto de sacerdotes, religiosos o laicos. Así crece la Iglesia hacia fuera.

Juan Bautista Robledillo Ortega


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0 CENTRO TEOWGlCO DE LAS PALMAS

EXPERIENCIA DE CONVERSION Y ACONTECIMIENTO PUBLICO

ANA MARIAD I A SANTANA ~ RESPONSABLE DE LA OFICINA DE PRENSA DEL OBISPADO

Por designación personal del Obispo de la Diócesis de Canarias, estuve presente en la preparación y desarrollo del Sínodo Diocesano: como miembro de la Comisión Preparatoria, primero, y como sinodal después, donde, además, tuve ocasión de formar parte del Consejo de Presidencia. Mi presencia en este acontecimiento respondía, no sólo a mi condición de pertenencia a esta Iglesia Diocesana sino como responsable de la Oficina de Prensa del Obispado de Canarias. COMISION PREPARATORIA DEL SINODO Durante la etapa que pasé en la Comisión Preparatoria, tuve ocasión de apreciar distintos valores que, aunque consciente de ellos, nunca había tenido ocasión de constatar:

- La ilusión que se respiraba en el ambiente por hacer tangible y concreta una Iglesia más inmersa en los problemas y motivaciones de nuestra gente, de nuestro entorno ... - El concepto de "Iglesia plural", adquirió, para mi, verdadero significado al comprobar cómo se aunaban las fuerzas para lograr un objetivo común. Esto lo aprecié en el respeto que percibí, dentro de la Comisión


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ANA MARIA DIAZ SANTANA

Preparatoria, y más tarde en la Asamblea Sinodal, a la hora de expresar opiniones y de confrontarlas con quienes no pensaban de la misma manera, y en el deseo de conocimiento mutuo, valorando el ámbito eclesial donde cada uno se movía.

- La madurez que se había alcanzado en nuestra Iglesia Diocesana durante los últimos años. Se habian superado viejos complejos que inconscientemente hacían poner a unos grupos frente a otros, abanderando cada uno estar en posesión de la verdad. Todas estas apreciaciones me hicieron entender, más tarde, el ambiente que se logró crear durante el trabajo de las Comisiones de Estudio y de las Asambleas sinodales.

Han sido muchas las personas que han comentado su sorpresa al ver cómo se lograba una verdadera comunión eclesial durante aquellos meses de intensas reuniones, donde un amplio "mosaico" de grupos y comunidades, sin perder nunca su identidad, eran capaces de trabajar, codo a codo, por la realización de un Texto Sinodal que trazara las líneas de un mejor servicio pastoral diocesano. Sin embargo, mi sorpresa fue menor, a la luz de lo que ya había vivido en la Comisión Preparatoria y después de observar durante mucho tiempo como funcionaban los grupos que más tarde elaboraron las propuestas del Documento de Trabajo. Creo, que el respeto, la unión y el cariño que se respiró siempre durante las Asambleas Sinodales eran valores que se habian ido alimentando durante muchos meses. LAS COMISIONES DE ESTUDIO Me correspondió trabajar en la Comisión núm. 2. Era la que llevaba por nombre "La Iglesia Diocesana enviada por el Señor a evangelizar". Reconozco que en un principio me asustó mucho la idea de entrar en esta Comisión. La mayor parte de sus más de ochenta integrantes, eran personas relacionadas directa o indirectamente con el mundo de la política o de la cultura, y de diferentes siglas políticas. Los primeros días de trabajo -nos reuniamos los fines de semanasiempre esperé que en algún momento surgiese el tema que hiciera saltar la chispa de la discordia. Pero no pasó. Es más, ante mi asombro, aquellas personas que, con anterioridad, ante mis ojos se habian mostrando como más intolerantes y cerradas, fueron las que en muchísimas ocasiones dieron mayor ejemplo de apertura y tolerancia, de respeto y de diálogo.


EXPERIENCIA DE CONVERSION Y ACONTECIMIENTO PUBLICO

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Era difícil que todos los temas relacionados con esta Comisión -que eran muchos- estuviesen presentes, pero se intentó y pienso que se logró, no dando respuesta a acontecimientos puntuales de la realidad social, pero si estableciendo las bases para un proyecto de futuro. Lo más impresionante era observar como esas respuestas surgían, en muchas ocasiones, de aquellas personas que hablaban desde su experiencia sencilla, que no sabían de grandes retóricas, pero que tenían una sensibilidad cristiana muy fuerte. Valorar mi paso por esta Comisión de Trabajo, sólo lo puedo resumir con una palabra: fue una experiencia de auténtica conversión.

EL CONSEJO DE PRESIDENCIA Formé parte del Consejo de Presidencia por deseo de los sinodales, como uno de los cinco seglares que les representaría en el mismo. Las sesiones del Consejo solían ser prolongadas y, a veces, hasta fatigosas. Cualquier asunto digno de ser considerado por el Consejo era debatido y estudiado con bastante rigor, antes de someterlo a votación. Ningún tema, por sencillo que pareciese, dejaba de ser sometido a un proceso de análisis que a veces costaba horas. Nos salvaba la disciplina, ya que gracias a ésta ningún asunto quedó pendiente, ni se prolongó más de lo debido. El gran volumen de trabajo -recuerdo de manera especial, el fin de semana en que estudiamos propuesta por propuesta, para comprobar si existían repeticiones-, creó un buen ambiente de camaradería, aunque, si tuviese que definir con una palabra mi impresión del Consejo de la Presidencia, seria el de auténtica democracia, destacando el papel del Presidente, el Obispo de la Diócesis, quien supo respetar siempre la voluntad de la mayoría.

EL SINODO Y LOS MEDIOS DE COMUNlCAClON No puedo acabar esta breve reseña de mi experiencia en el Sínodo sin, antes, hacer mención a uno de los principales aspectos que me llevaron a ser sinodal, y es mi relación con Los medios de comunicación. Hay que establecer dos etapas en la relación de los medios de comunicación y el Sínodo.


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ANA MARIA OIAZ SANTANA

En la primera etapa, cuando estaba en marcha la Comisión Preparatoria, era una demanda continua, por parte de ésta, que los medios de comunicación hicieran saber a toda la sociedad del gran acontecimiento que la Iglesia Diocesana estaba gestando. Sin embargo, no fue fácil llegar a ellos. Las motivaciones de los medios de comunicación no iban por el mismo camino, a lo que había que aliadir su desconocimiento del tema. Desde un primer momento se organizaron ruedas de prensa, con cierto intervalo de tiempo, con la intención de ir dando a conocer los pasos que se iban dando. En muchísimas ocasiones me vi en la tarea de volver a explicar, antes de la rueda de prensa, lo que era un Sínodo, a pesar de que ya en ocasiones anteriores se les había convocado e informado debidamente. Incluso, cuando comenzó la última etapa sinodal, después de anos de trabajo, de varias ruedas de prensa, notas informativas, entrevistas, ... había que volver a explicarles qué era un Sinodo. Nunca pude entender bien cuál era la causa de desconocimiento. A veces pensaba que se trataba de desinterés, otras veces creia que era nuestro lenguaje el que no se encontraba dentro de las claves de comunicación cotidianas. Intenté por ello, adecuar el lenguaje a los conocimientos de cultura religiosa de nuestros periodistas locales, poniéndoles ejemplos que les resultaba familiares dentro de la información que, a diario, tenían que transmitir. Pero existía el riesgo, muchas veces confirmado por publicaciones posteriores, de que mezclaran conceptos que eran propios de la vida política, económica y social y diluyeran tanto el contenido cristiano del Sinodo que al final, daba más la impresión de que estábamos preparando un programa político-económico. Muchos miembros de esta Diócesis optaron por las Cartas al Director y por enviar colaboraciones para páginas de opinión. No todas fueron publicadas, y las que aparecían, lo hacían a destiempo, creando a veces un discurso repetitivo y falto de interés. La radio se prestó a varias entrevistas en aquella primera época de difusión del Sínodo. 'un hecho curioso es que, estas entrevistas, realizadas siempre con una inmejorable buena voluntad, eran realizadas -salvo algunas excepcionespor profesionales especialistas en programas de entretenimiento, aunque con una gran difusión, con lo cual, el Sinodo llegó, en un principio a todas partes, pero la gente seguía sin tener claro lo que era. La televisión no hizo acto de presencia hasta la apertura del Sínodo, aunque después de ésta, la información que proporcionó fue siempre buena, con un continuo seguimiento en todas las Asambleas Sinodales.


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La segunda etapa, es decir, a partir del 1 de mayo de 1992, cuando se abre oficialmente el Sínodo, el interés de la prensa por el mismo cambia totalmente. De los tres periódicos locales, el que lleva desde un principio un mayor seguimiento es el DIARIO DE LAS PALMAS. El encargado de cubrir esta información será el mismo periodista hasta la clausura del Sinodo. De su trabajo hay que destacar la continua coordinación con la Oficina de Prensa del Obispado, además de un seguimiento personal que le hacía desplazarse hasta el Colegio Claret en cada una de las sesiones de las Comisiones de Estudio y de las Asambleas Sinodales. Por ello, la información que ofrece este periódico es mucho más general: todas las Comisiones tienen cabida en ella y no sólo con informaciones sino con entrevistas, articu!os de opinión y reportajes. LA PROVINCIA ofreció siempre puntual información de las Asambleas Sinodales, con una página semanal. También en esta ocasión corrió a cargo del mismo periodista, pero en este caso, el periodista era además sinodal. Por esta razón, en el trabajo realizado por las Comisiones de Estudio tuvo una especial mención la Comisión a la que él pertenecía. No obstante, y siempre en coordinación con la Oficina de Prensa, se dio cabida a entrevistas que aportaron una visión general del desarrollo del trabajo del Sínodo. Por su parte, el CANARIAS7 tuvo como única fuente de información la aportada por la Oficina de Prensa. Esto hizo que, al encontrarme dentro de una Comisión de Estudio concreta, la información aparecida con más detalle fuese la que le proporcionaba a partir de lo que conocía. Mi preocupación por este hecho, me llevó a insistir en que se consultara a los Presidentes de otras Comisiones y así dar una visión más general. Sin embargo, la rapidez e inmediatez con que se actúa dentro de los medios de comunicación, no siempre hacia posible que esto sucediese. La radio se hizo presente en mayor o menor medida, y al igual que pasó con la prensa, las emisoras que más informaban del hecho fueron RADIO NACIONAL y la COPE, que contaban con periodistas sinodales, además de mi tarea informativa a través del programa religioso diocesano (COPE). En la televisión hay que destacar la labor de la Primera Cadena, durante la celebración de las Asambleas Sinodales, quien estaba en conexión continua con la Oficina de Prensa, ofreciendo puntual información, sobre todo en los informativos. Con respecto a Antena 3, hay que considerar que por aquellas fechas aún no contaban con el personal suficiente para cubrir la cantidad de acontecimientos que se generan en Canarias. Quizás fuese este el hecho de que no hiciesen mención alguna durante todo este tiempo al Sínodo.


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ANA MARIA DIAZ SANTANA

El último contacto de los medios de comunicación con el Sínodo, fue días antes de la clausura del mismo, con motivo de una rueda de prensa que concedió el Obispo de la Diócesis. Con ello se auería tener una especial atención a todos aquellos medios informativos que no tuvieron presencia de periodistas en las Asambleas sinodales. Aunque todo estaba dicho, y la atención se centró en la organización del acto de clausura, hay que destacar la preocupación general de los medios de comunicación presentes por las implicaciones que el Sínodo Diocesano tendrían para la sociedad canaria. Esta ha sido, a grandes rasgos, mi impresión del Sínodo Diocesano, muchos acontecimientos han quedado en el tintero, pero es difícil sintetizar en pocas palabras, la experiencia vivida durante tanto tiempo. Lo que me parece indudable es que ha supuesto un enriquecimiento personal en muchos aspectos, desde mi condición de creyente y desde mi actitud para entender a los profesionales de los medios de comunicación.

Ana María Dlaz Santana


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CENTRO TEOLaOlCO DE LAS PALMAS

SE PERCIBE EL IMPULSO DEL ESPlRlTU

SIMON PEREZREYES PRESIDENTE DE LA 3' COMlSlON

Me han pedido que manifieste mis impresiones sobre el desarrollo de nuestro Sínodo Diocesano. Mi experiencia la dividiría en tres momentos o etapas: 1) Trabajo de las Comisiones. 2) Asamblea sinodal. 3) Aplicación del Sínodo.

TRABAJO DE LAS COMISIONES Cuando el Obispo me llamó para que animara la Comisión tercera, sentí un cierto miedo por la responsabilidad que caía sobre mí, pero también me sentí reconfortado por la confianza que depositaban en mi persona y por el grupo magnífico de participantes y colaboradores. Además me convencí de que el Espíritu Santo estaría muy despierto y activo por la importancia para nuestra comunidad diocesana de lo que se iba a realizar. Cuando llegaron las diversas propuestas de las bases se notaba el desarrollo que la catequesis ha alcanzado en nuestra diócesis y por lo tanto nuestra principal misión era consolidar los pasos dados y abrir nuevos caminos,


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SlMON PEREZ REYES

teniendo en cuenta las luces que nos aporta el Magisterio en sus distintos niveles: universal, nacional y diocesano. Nuestro Sínodo ha sido posible por la formación y madurez que nuestros creyentes han ido acumulando en los Últimos años y que nos permiten ver con esperanza e ilusión el caminar de nuestra 1glesia;que a pesar de la escasez de clero tiene un buen número de seglares que tienen muy claro su papel en la misma. El texto primitivo ya tenía cierta calidad, pero se fue enriqueciendo con las aportaciones de los miembros de la Comisión y se tomó conciencia rápidamente en dónde habia que poner los acentos y las prioridades. El ambiente de la Comisión fue positivo, evitándose enfrentamientos estériles, intentando descubrir lo positivo que habia en todas las propuestas, pero sin que se perdiera la unidad necesaria. Existieron algunos puntos de cierta conflictividad por la dificultad de llegar a un acuerdo, pero se fueron superando, ya que la actitud de todos los miembros de la Comisión era buscar y encontrar el camino correcto, donde se notaba claramente el impulso positivo del Espíritu. La mayoría de la Comisión vio claro que habia unas prioridades a destacar como: - Clarificación

de la misión de la catequesis.

- La identidad y formación del catequista - La importancia de la catequesis de adultos. - La

consolidación del trabajo realizado en la catequesis infantil y el trabajo con padres.

- La

importancia de la formación de la fe en los centros educativos.

- El papel testimonial de los profesores cristianos, - La

elaboración de un plan orgánico de formación para los creyentes.

Como resultado final se alcanzó un documento que manifiesta la realidad actual de nuestra Iglesia en este ámbito y el recorrido a seguir en los próximos aílos.


SE PERCIBE EL IMPULSO DEL ESPlRlTU

ASAMBLEA SINODAL

Cuando la gran asamblea sinodal abrió sus debates fue para mi una verdadera gozada, al confirmar una Iglesia madura, donde cada persona podía exponer sus puntos de vista con total libertad y donde se evitaban las estridencias y las posturas cerradas. Al contemplar aquella asamblea, te dabas cuenta de la variedad de personas que allí había que reflejaban la variedad y riqueza de la Iglesia. Ya pasaron los tiempos en donde el clero era la única voz cantante y donde los seglares actuaban como menores de edad. Gracias al Espíritu esa Iglesia está bien enterrada. Hoy los seglares tienen una mejor formación y junto con las religiosas ha ido asumiendo mayores responsabilidades. Sólo un pero habría que poner: la insuficiente presencia de la mujer en la asamblea, teniendo en cuenta su masiva presencia en la vida real de la Iglesia. Cuando tuve en mis manos los docunientos de todas las comisiones, tomé conciencia del salto cualitativo que habían dado algunos de ellos. Los iniciales que habian surgido de las bases resultaban pobres en comparación con los más completos y desarrollados que han resultado finalmente. En ello se notaba la mano de los "expertos". Cuando hay una gran diferencia entre el documento inicial y el final me planteo algunos interrogantes que seria bueno que los reflexionáramos en común. Estos interrogantes los concretaría en los siguientes: ¿Realmente la mayoría ha avanzado suficientemente? ¿No estarán los deseos muy por encima de las realidades? Ante estos interrogantes habría que plantearse algunas pistas de solución que podrían ir por los siguientes caminos: - Hacer

un esfuerzo "extra" para que los planteamientos de las "vanguardias" sean asumidas por la mayoria del pueblo de Dios.

- Hacer un plan "realista" de aplicación. Lo que debemos dejar bien claro es que las constituciones sinodales no debe ser un bello documento, refugiado en las estanterías, sino una guía para nuestro quehacer diario.


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SIMON PEREZ REYES

Concluyo este apartado de la asamblea sinodal constatando que tras un largo y a veces fatigoso caminar las ideas claves del Vaticano 11 ya se han hecho realidad en una parte importante del pueblo de Dios y que nuestra Iglesia no es ya un grupo de curas que nos reunimos para organizar la pastoral, sino una verdadera comunidad que estamos unidos en lo fundamental, aunque haya un sano pluralismo en muchas cosas menos importantes.

APLICACION DEL SINODO

Ahora comienza una parte importante, aunque aparentemente menos brillante que consiste en llevar a la práctica las constituciones sinodales. En todos los grandes documentos eclesiales existe el peligro de lograr un documento "bonito" según la expresión popular, pero que queda perdido y algo olvidado en nuestras estanterías, quedando como mero libro de consulta, agobiados por la problemática del cada día y fácilmente perdemos el "norte" de lo que tenemos que hacer. Como Iglesia tenemos que hacer un importante esfuerzo para que el pueblo de Dios conozca el documento y lo haga vida. Tendríamos que plantearnos cuáles serán los pasos a dar para lograr el objetivo de llevar a la práctica las constituciones sinodales. Según mi criterio se podrían dar los siguientes pasos: 1) Hacer una campaña amplia de divulgación que alcance más allá de los grupos organizados de nuestras parroquias y sea conocido por el gran público, sin desdeñar las amplias posibilidades de los modernos medios de comunicación. 2) Que los grupos organizados de nuestras parroquias y comunidades reflexionen sobre las constituciones sinodales teniendo en cuenta la realidad concreta de las mismas sin rechazar las aportaciones de personas interesadas, aunque sea a título personal. 3) Que los diversos secretariados y organismos diocesanos hagan llegar a sus ambientes respectivos sus programaciones anuales planeadas con realismo, calmando a los que quieren quemar etapas precipitadamente y animando a los que llevan "el paso de tortuga" que no se dan cuenta de la movilidad de las sociedades modernas.


SE PERCIBEEL IMPULSODEL ESPIRITU

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4) Que se revise al final de cada curso los avances conseguidos, procurando que queden cosas consolidadas y abriendo nuevos caminos, no olvidando que los avances no serán posibles sin una "conversión" de los agentes de pastoral por muchas normas que se apliquen.

5) Que iniciemos el trabajo de cada curso con la ilusión de las personas de fe, trabajando duro como si todo dependiera de nosotros aunque sabiendo que el papel principal es obra del Espiritu. Termino estas reflexiones con el convencimiento de que dentro de unos años las grandes líneas de nuestro Sinodo se habrán incorporado al gran torrente de la vida de la Iglesia, coloreando sus aguas y enriqueciendo sus nutrientes.

Simón Pérez Reyes


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<riCENTRO

TEOLOGICO DE LAS PALMAS

ANUNCIO OFICIAL DEL SINODO DIOCESANO

NOS SR. D. RAMON ECHARREN YSTURIZ, POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SEDE APOSTOLICA OBISPO DE CANARIAS.

Han transcurrido ya varios siglos desde que la Iglesia de Cristo, peregrina "entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios" (LG, 8), se ha hecho presente y ha venido actuando en estas Islas Canarias, mediante esta Iglesia Particular, que llamamos Diócesis de Canarias. Fecundadas las Islas con la sangre de mártires misioneros, y después del también misionero Obispado de Telde, el Sucesor de Pedro erigió este Archipiélago en Diócesis, con Sede en el Rubicón (Lanzarote), accidentalmente en Betancuria (Fuerteventura), y actualmente en Las Palmas de Gran Canaria. La historia es testigo de que "los gozos y las esperanzas de los hombres, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, han sido a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo" (cf. GS, 1) que han vivido durante este medio milenio en estas Islas afortunadas. H a sido la presencia del Espíritu, quien "ora en sus fieles y da testimonio de su adopción como hijos de Dios; que guía a toda verdad, la unifica en comunión y ministerio, la provee y gobierna con diversos dones jerárquicos y carismáticos y la embellece con sus frutos" (LG, 4), la garantía de su fidelidad al Señor y de su entrega a los hombres sin distinción alguna. Y ha sido también este mismo Espíritu el que ha movido a nuestros predecesores a convocar los ocho Sínodos Diocesanos ya celebrados, y me impulsa ahora a mi a convocar el noveno Sínodo de esta nuestra Diócesis. Somos conscientes de que todo el Sínodo Diocesano es un ejercicio especial de nuestro ministerio episcopal. Es al Obispo Diocesano a quien corresponde convocarlo y presidirlo (canon 462); él es el único legislador, y


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RAMON ECHARREN YSTURlZ

a él pertenece suscribir sus declaraciones y decretos (canon 466). Pero este nuestro ejercicio pastoral quedaría infecundo sin la "ayuda" de la corresponsabilidad jerárquica de nuestros diocesanos. Entre todos nosotros, Pastores, Religiosos y Laicos, existe una cohesión profunda, interna y externa, que llamamos "comunión eclesial". El Sínodo, pues, ha de ser la respuesta de todos nuestros fieles que ayudan a su Obispo para acertar en su acción pastoral con lo que Dios quiere, en ese momento concreto, para bien de los hombres a quienes sirve en el nombre del Señor. Desde el último Sínodo, año 1947, en la lglesia se han vivido muchos acontecimientos: la celebración de un Concilio Ecuménico, la promulgación de un nuevo Código de Derecho Canónico, y en nuestra Diócesis veinticuatro años de programas pastorales, posconciliares, en un intento de aplicar las orientaciones del Vaticano 11; y en la sociedad civil, cambios socio-políticos que exigen de la Iglesia nuevas respuestas y el encuentro de su puesto profético y evangelizador que le facilite su misión de llevar la Buena Noticia al hombre de hoy.De aquí que los objetivos del próximo Sínodo consistan en analizar "la situación de nuestro pueblo para percibir en ella las llamadas que Dios nos hace", y "contrastar la vida y la acción de la Iglesia Diocesana con las orientaciones del Concilio Vaticano 11, en busca de caminos pastorales futuros, e incluso, de normas para una mejor realización de la tarea evangelizadora". EN SU VIRTUD, llamamos a todos nuestros diocesanos a que participen generosamente en esta etapa presinodal según sus posibilidades y carismas: orando, sugiriendo iniciativas, incorporándose a grupos de trabajo, etc.; y convocamos a los indicados en el c. 463 para que participen responsablemente en las tareas estrictamente sinodales, que habrán de celebrarse en 1991. Esto no obsta a que, en futuros decretos, ampliemos los miembros del Sínodo, convocando a otros fieles entre clérigos, religiosos y laicos. Hemos escogido esta fiesta de Ntra. Sra. del Pino, igual que lo haremos en la fiesta de Ntra. Sra. de los Dolores en Lanzarote y en la de la Virgen de la Peña en Fuerteventura, para hacer este anuncio oficial y convocatoria sinodal porque "María debe encontrarse en todas las vías de la vida cotidiana de la Iglesia, ya que mediante su presencia materna la Iglesia se cerciora de que vive verdaderamente la vida de su Maestro y Señor, que vive el misterio de la Redención en toda su profundidad y plenitud vivificante, y adquiere también la certeza y, se puede decir, la experiencia de estar cercana al hombre, a todo hombre, de ser "su" Iglesia: Iglesia del Pueblo de Dios" (Redemptor Hominis, 22).


ANUNCIO OFICIAL DE SINODO DIOCESANO

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Ella, San Antonio María Claret, copatrono de la Diócesis, San Pedro Mártir, San Buenaventura y San Marcial, patronos de la Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote respectivamente, sean nuestros intercesores en esta tarea pastoral para la que hoy les llamamos y convocamos. En Las Palmas de Gran Canana, a 8 de septiembre de 1989.


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, CENTRO TEOLOCIVO DE LAS PALMAS

SINODO DIOCESANO ( 1 DE MAYO DE 1992)

Ez. 36, 24-28 Sal. 117 Co. 3, 12-17 Lc. 10, 17-24. Queridos hermanos: Comienza con esta Eucaristía nuestro Sínodo Diocesano, es decir, una aventura de Iglesia, una aventura cristiana. Aventura, porque con la ayuda de Dios, vamos a intentar otear el futuro de nuestra Iglesia Diocesana, abrir caminos de fidelidad para el mañana, perfilar lo que debe ser nuestras Diócesis a la luz de la Palabra revelada, a la luz de la doctrina de la Iglesia Universal, de la tradición y del Magisterio, a la luz del Concilio Vaticano 11, a la luz por último de los signos de los tiempos que nos hablan aquí, en Canarias, y que debemos intrepretar y juzgar desde la Revelación, para descubrir qué es lo que Dios nos quiere decir a través de ellos. Aventura cristiana, porque en el centro de todo lo que pensemos, hagamos y digamos, ha de estar Cristo, el Señor, la luz que ilumina la historia, los pueblos y naciones, la humanidad entera. Cristo es siempre la luz, esa luz maravillosa de la que la Iglesia, su Iglesia, recoge el resplandor para iluminar a la humanidad. Y porque Cristo es la luz de todas las naciones, la luz de las gentes, nuestro Sínodo Diocesano, como lo hizo el Concilio Vaticano 11 reunido bajo la inspiración del Espíritu Santo, desea y se propone, con toda ilusión, iluminar a todos los que vivimos en


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Canarias, en Gran Canaria, Lanzarote, Fuerteventura y La Graciosa, con la claridad de Cristo, con esa claridad que se refleja y resplandece en la faz de la Iglesia, anunciando el Evangelio a toda criatura. Cristo, queridos amigos, es siempre la luz, lo es para nosotros, discípulos de Jesus, y deseamos lo sea para todos los que habitan en nuestras islas. Lo deseamos porque creemos que al principio era el Verbo y el Verbo era la luz verdadera que viniendo al mundo, ilumina a todo hombre (Jn. 1, 19). Lo deseamos porque creemos que Dios envió a su Hijo, la Palabra, el Verbo eterno que ilumina a todos los hombres, y lo envió para que permanezca entre nosotros los hombres y nos haga conocer las profundidades y maravillas de Dios (Cf. Jn. 1, 1-18; DV, 4). Lo deseamos porque siendo Cristo el único mediador, es la plenitud de toda revelación y lo es por sus palabras y por sus obras, por sus signos y milagros. Pero lo es, sohre todo, por su muerte y resurrección y, finalmente, por el envío del Espíritu de la Verdad (DV, 4). En la Revelación, Cristo-Jesús comprometió su propia plenitud poniéndola a disposición de todos los hombres, de toda la humanidad, porque es en Cristo en quien la revelación de Dios se ha consumado para que el amor de Dios se manifieste a todos los hombres y todos los hombres conozcan la voluntad salvífica universal de Dios. Y fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en la verdad y le sirviera santamente (LG, 9). Nuestro Señor dio comienzo a la Iglesia predicando la Buena Noticia, es decir, la llegada del Reino de Dios prometido en las Escrituras desde muchos siglos: "porque el tiempo se ha cumplido, el Reinado de Dios está cerca" (Mc. 1,15; Cf. Mt. 4,17) (LG, 5). Jesus, después de morir en la cruz por todos los hombres, resucitó de entre los muertos y se presentó ante sus discípulos constituido en Señor, Cristo y Sacerdote para siempre (Cf. Hch. 2,36; Heb. 5,6; 7, 17-21) y derramó sohre ellos el Espiritu prometido por el Padre (Cf. Hech. 2.33) (LG, 5). Así, la Iglesia, enriquecida por los dones de su Fundador y cumpliendo fielmente sus mandatos de caridad, humildad y abnegación, recibe la misión de anunciar el Reino de Cristo y el Reino de Dios, e instaurar10 en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de su Reino (LG, 5).

Cristo, el Único Mediador, instituyó y mantiene continuamente en la tierra a su lglesia santa, comunidad de fe, esperanza y caridad, como un todo visible, comunicarlo mediante ella la verdad y la gracia a todos (LG, 8). Nuestra Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica, encierra en su propio seno a pecadores,


HOMILIA DE INAUGURACION

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y, siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación (LG, 8). La condición de la Iglesia, de este pueblo mesiánico que es la Iglesia, es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo. Tiene por ley el nuevo mandato de amar como el mismo Cristo nos amó a nosotros (Cf. Jn. 13,34). Y tiene como fin el dilatar más y más el Reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra, hasta que al final de los tiempos El mismo lo consume cuando se manifieste Cristo, nuestra vida (Cf. Col. 3,4) y la misma humanidad sea liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la libertad de los hijos de Dios (Rom. 8,21), (LG, 9). Pues bien, queridos amigos, nuestra Diócesis que ahora comienza el Sínodo, es una porción de ese Pueblo de Dios, una Iglesia Particular, en la que se encuzntra y actúa verdaderamente la Iglesia de Cristo, que es una, santa, católica y apostólica; porción del Pueblo de Dios que me ha sido confiada para que la apaciente con la cooperación de mis sacerdotes, de tal forma que adherida a su Pastor y reunida por él en el Espíritu Santo, por medio del Evangelio y la Eucaristía, cumplamos, unidos todos en una misma comunión, teniendo un solo corazón y una sola alma, la misión que el Señor nos ha encomendado aquí en Canarias (Cf. ChD, 11). El Sínodo, un Sínodo Diocesano, es una de las experiencias por excelencia del amor, de la comunión que nos une a todos los cristianos de una Diócesis en el Señor-Jesús, gracias al Padre común y por la acción misteriosa del Espíritu Santo. Hablar del Sínodo es hablar, pues, de comunión y hablar de comunión es hablar del ser de la Iglesia, puesto que la comunión nos ha sido dada, ofrecida y revelada por Cristo y en Cristo. Pero al igual que el Señor, en plena comunión con el Padre, tenía como alimento el cumplir la voluntad del Padre que, desde la eternidad, es la de salvar a todos los hombres, la Iglesia, en comunión con el Señor, tiene como alimento cumplir la voluntad de Jesús que es la de servir y no ser servido, la de amar a todos los hombres, la de entregar la vida por la salvación a todos los hombres: en una palabra, realizar en el tiempo la misma misión de Jesús, anunciar la Buena Noticia a todos los hombres, a la creación entera. Jesucristo, Pastor eterno, edificó la santa Iglesia, enviando a los apóstoles como El mismo había sido enviado por el Padre (Cf. Jn. 20,21) y la misión


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divina confiada por Cristo a los apóstoles ha de durar hasta el fin del mundo (LG, 20), ya que la Persona de Jesús y el evangelio son, para siempre, principio de vida de la Iglesia y, en consecuencia, fuente de toda su actividad apostólica: lo que una vez fue predicado por el Serior y cumplido en él para la salvación del género humano, debe ser proclamado y difundido hasta los confines de la tierra (Hech. 1,8) (AG, 3). Esta misión continúa y desarrolla en el decurso de la historia la misión del propio Cristo, que fue enviado a evangelizar a los pobres. (AG, 5). Así pues, queridos hermanos, todos los que constituimos la Comunidad de Jesús, la Iglesia santa que peregrina en Canarias, somos conducidos por Cristo en el misterio pascual, y siendo guiados por El sabemos que guía a la humanidad entera en este camino, se revela al hombre, transforma la condición de todos los hombres, instaura una sociedad fraterna, dirige la historia que tiene como fin la recapitulación de todas las cosas en El. Somos un Cuerpo del cual el Señor es Cabeza y todos tenemos la misma dignidad e idéntica misión, aunque cada uno la realicemos desde funciones, carismas y ministerios diferentes. Todos somos, por tanto, responsables de la única Iglesia de Cristo, de su misión, de la prolongación en el tiempo y en un espacio, de la misma misión de Cristo. No todos tenemos que hacer todo, pero entre todos hemos de hacerlo todo. Para eso hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una es nuestra esperanza que nos abrió su llamamiento. Para eso tenemos un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos (Cf. Ef. 4,4-7). Para eso celebramos una Eucaristía y escuchamos una misma Palabra. Para eso vivimos una misma comunión que convierte, por el amor que ha sido infundido en nuestros corazones por el Espíritu que se nos ha dado, la responsabilidad de cada uno de nosotros, en responsabilidad compartida, es decir, en corresponsabilidad. La corresponsabilidad, queridos amigos, no nace de un deseo de mera eficacia, de razones prácticas o pragmáticas, de una aspiración a una democracia copiada del mundo, de un deseo de mejorar el funcionamiento de la Iglesia como si ella fuera una empresa, de una aspiración a distribuir mejor las tareas para que trabajemos más tranquilos o más eficazmente. No. La corresponsabilidad nace en función de la misión, de la misión que se apoya en el Señor, en la comunión, en el amor. La corresponsabilidad nace para la misión, para anunciar a todos la Persona y la Buena Noticia de Jesús: a los propios cristianos y a los que creen y no practican, a los que no creen, a los alejados, a los desesperados, a los que tienen el corazón roto, a los pobres y


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a los explotados, a los pecadores, a los que se creen buenos porque no son conscientes de sus pecados, a los injustos y deshonestos ... ja todos los hombres! Toda la comunidad eclesial, cristiana, es misionera (Cf. AG. 1 y 2; EN, 14). Toda la misión requiere la participación de todos los cristianos, cualquiera que sea su estado y condición (Cf. AG, 35 y 36). Por eso mismo, todos los cristianos somos responsables y corresponsables de la Misión de la Iglesia. Son importantes los organismos y estructuras de corresponsabilidad, por supuesto. Pero más importante es descubrir y vivir en comunión y en comunidad la Misión de la Iglesia que es la Misión del Señor. Más importante es contemplar nuestro rrundo con los mismos ojos, cargados de amor y de misericordia, del Señor, y ofrecerle la salvación que Jesús nos ofreció y nos sigue ofreciendo. Más importante es poner nuestros ojos en las realidades humanas en las que vivimos, en los gozos y esperanzas, en las tristezas y angustias de los hombres, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, y amarlos con el mismo amor de Cristo, ofrecerles la Buena Noticia, evangelizarlos, compartir su vida, llevarles la esperanza del Señor. Para eso hemos recibido la Buena Nueva de la salvación, para comunicarla a todos. Para eso hemos sido reunidos con Cristo en la Diócesis, y para eso somos guiados por el Espíritu Santo en nuestro peregrinar hacia el Reino del Padre (Cf. GS, 1). El Sínodo, queridos hermanos, es una expresión privilegiada de todo ello. Lo hemos de vivir, por tanto, con una mirada de fe, cargada de esperanza, llena de amor a Dios y a los hombres, nuestros hermanos. Lo hemos de vivir convencidos de que el Espíritu Santo nos purifica con agua pura de todas nuestras impurezas y basuras y que nos da un corazón nuevo, un espíritu nuevo, y transforma nuestro corazón de piedra, lleno de egoísmos y de injusticia, en un corazón de carne, lleno de amor y de paz, porque el Señor es siempre bueno, y su misericordia es eterna. Lo hemos de vivir llenos de misericordia entrañable, de bondad, de humildad, de dulzura y comprensión, sobrellevándonos mutuamente y perdonándonos unos a otros cuando tengamos quejas los unos de los otros: el Señor nos ha perdonado y nosotros hemos de hacer lo mismo, porque Dios es amor y el amor es el fundamento de nuestra comunión. Lo hemos de vivir unidos al Señor, dando gracias al Padre porque ha ocultado la sabiduría del Señor, lo que viene de lo alto, a los sabios y entendidos, y se lo ha revelado a la gente sencilla. Unidos al Señor porque ha querido revelarnos a nosotros, pobres hombres, quién es el Padre, para que todos unidos


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en Iglesia, podamos proclamar la Buena Noticia a los que todavía no la conocen y la esperan, aun sin saberlo, con un corazón sencillo y humilde, y tantas veces roto por injusticias y violencias, por marginaciones y pecados, por explotaciones injustas y por desprecios, por odios e incomprensiones, por esos "mecanismos perversos" y "estructuras de pecado" que hacen de nuestra sociedad canaria un mundo injusto y tantas veces lleno de crueldad y sufrimiento para los más pequeños y los más débiles. María, la Madre de Jesús y Madre de la Iglesia, supo asociar su vida, en una plenitud de fidelidad y de amor, a la Misión del Señor. Volvamos nuestros ojos a ella pidiéndole su intercesión en esta Eucaristía para que nuestro Sínodo Diocesano que hoy comenzamos, sea un tiempo de gracia y salvación para todos nosotros, para toda nuestra Iglesia, para todos los que vivimos en Gran Canaria, Lanzarote, La Graciosa y Fuerteventura. Pidámosle que en el corazón de cada uno de nosotros el Señor haga el milagro de crear unas actitudes que acompañen todo nuestro trabajo sinodal: que cada uno de nosotros seamos capaces de: - valorar

intensamente la comunidad y la comunión eclesial.

- tomar conciencia de que todos debemos participar en la Misión de la Iglesia, en el mundo y en la propia vida. - tener

sentido de una participación activa y comprometida en la vida de la Iglesia y en la sociedad. - "rezar" nuestras aportaciones para que todo lo que oigamos y escuchemos se convierta en alabanza a Dios y toda nuestra existencia sinodal sea, como la de Jesús, una existencia orante y contemplativa. - aportar

sugerencias pensando en el bien de nuestra Diócesis y en el bien de nuestra sociedad, más allá de nuestros egoísmos y de nuestras opiniones, amando intensamente a la Iglesia, a todos los hombres, a los pobres y marginados.

- saber poner

a disposición de la Iglesia y su misión, el carisma recibido

de Dios.

- aprender a descubrir y respetar los carismas de los demás cristianos. - vivir

en diálogo y escuchar lo que los demás cristianos nos pueden aportar.

- respetar y

acoger sin prejuicios las opiniones de todos, sin acepción de personas, corrigiendo con amor y respeto lo que puede haber de


distancia, no respecto a nuestras propias opiniones, sino respecto a la Revelación y a la Doctrina de la Iglesia, y dejándose corregir humildemente por los demás.

- aprender

a cooperar pastoralmente con todos los que componemos la Diócesis, sean cuales fueran sus tendencias, en orden a la realización de la Misión.

- vivir siempre en humilde búsqueda de la Verdad de Dios y de la Iglesia,

de la Verdad de Jesús y de su Evangelio, sin caer jamás en la soberbia de pensarse salvador de todo e inmune a todo error. - aprender a discenir, ayudados de la Jerarquía y de los demás cristianos,

un discenir que no consista sólo en la ponderación de las realidades y acontecimientos a la luz de la fe, sino también decisión concreta y compromiso operativo en el ámbito de la Iglesia y en el de la sociedad humana (Juan Pablo 11, ChL, 51). - vivir siempre con fe y esperanza, con amor y alegría - no convertirnos nunca en "profetas de calamidades" incapaces de

descubrir lo bueno que el Espíritu suscita en la Iglesia y en el mundo. - realizar todo con una actitud de servicio humilde a todos los hombres,

y, de un modo especial, a los más pobres, marginados y explotados. - vivir de tal forma que todos los cristianos seamos simultáneamente,

plenamente contemplativos y plenamente cornprornetidos, y vivamos en plenitud la Iglesia integrados en su vida a la par que vivimos en plenitud la sociedad fraternalmente integrados en la vida de los hombres. - estar dispuestos, con un corazón humilde y limpio, a aceptar

plenamente las conclusiones del Sínodo, aunque no coincidan del todo con nuestras opiniones, y a vivirlas y realizarlas con toda ilusión y con total confianza en Dios. Todo ello se lo pedimos al Señor, en esta Eucaristía, por intercesión de María, nuestra Madre, para los que hemos de realizar el Sínodo Diocesano y para todos los cristianos de nuestra Iglesia Diocesana de Canarias. Que el Señor-Jesús nos bendiga a todos.


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iiCENTRO TEOLOGICO DE LAS PALMAS

HOMlLlA DE SAN ANTONIO MARlA CLARET (24 DE OCTUBRE DE 19921

(DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO)

Ecl. 35,lSb-37. 20-22a 2" Tim. 4,6-8.16-18 Lc. 18.9-14. Queridos amigos sinodales: Por una feliz coincidencia, celebramos la festividad de San Antonio Maria Claret, co-patrono de la Diócesis, dentro de una sesión de nuestro Sínodo Diocesano. Y lo celebramos aquí, en el Colegio Claret de Tamaraceite, en un lugar claretiano por excelencia, un lugar donde una comunidad de continuadores del carisma de San Antonio Maria, nos ha acogido con todo cariño, con total disponibilidad, ofreciéndonos no sólo unas instalaciones, sino una hospitalidad total y servicial, llena de delicadezas y llena de fraternidad. Una vez más todos los que participarnos en el Sínodo, la Diócesis misma, les damos las gracias de todo corazón y les expresamos nuestro cariño y nuestra admiración cristiana por el servicio evangelizador que realizan, tantas veces entre cansancios e incomprensiones, en un sector nada fácil de nuestra Iglesia, de nuestra sociedad y de nuestra pastoral. Todos recordamos hoy sin duda, lo que el Padrito, San Antonio Maria Claret, supo hacer en nuestra Diócesis en un momento histórico nada fácil, en un momento en el que un liberalismo anticlerical amenazaba la fe de los cristianos, intentando encerrar la Iglesia en las sacristías; en un momento en el que en nuestra Diócesis el jansenismo enturbiaba la misión de la Iglesia e infectada de doctrinas extrañas el ministerio de los sacerdotes. Todos


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recordamos con agradecimiento a Dios y agradecimiento a Antonio Maria Claret, su entrega a nuestra gente de entonces, a los más débiles y pobres, a nuestro clero de aquella época; recordamos con agradecimiento a Dios su acción incansable evangelizando, proclamando la Buena Noticia, reconduciendo la vida cristiana, impulsando la vida de piedad, la participación en la Eucaristía y en los Sacramentos, la devoción a Maria (particularmente a la Virgen del Pino), y enseñando el respeto a la moral cristiana desbordada por los rigorismos jansenistas y por las permisividades liberales. Nuestro Sínodo, el Sínodo que ya está a punto de concluir, este Sínodo que es sin duda -porque es una tarea de la Iglesia de Jesús- fruto del Espiritu; este Sínodo, en el que si lo contemplamos con ojos cristianos, podemos descubrir la inmensa ayuda que Dios nos ha ofrecido, que el Espíritu nos ha concedido, el inmenso amor con que Dios nos ha cuidado y conducido; este Sínodo que ha hecho aflorar en todos nosotros un gran amor mutuo, la superación de lejanías e incomprensiones, un gran amor al Padre, al Señor, a su Espíritu, a la Iglesia, a su Misión Pastoral, a la Virgen Maria, Madre del Señor y madre nuestra, a la oración y al compromiso, al seguimiento de Jesús, a la Eucaristía y a los Sacramentos, a los sacerdotes, a los laicos y a los consagrados, a los alejados y a todo nuestro pueblo (ricos y pobres); este Sínodo en el que hemos podido descubrir tantas riquezas ocultas que Dios ha concedido a nuestra Iglesia y, entre ellas, nuestro amor cristiano, evangélico, preferencial, por los pobres y los desgraciados, por los pecadores mal vistos y por los marginados, al estilo de la Virgen Maria la que proclamó el "Magnificat", este Sínodo representa sin duda un camino de continuidad de la acción evangelizadora que desarrolló entre nosotros San Antonio Maria Claret. Por eso mismo, hoy, en esta Eucaristía, lo seguimos poniendo en sus manos para que él siga intercediendo por el Sínodo y por nuestra Diócesis de Canarias. Lo seguimos poniendo en manos de Maria, Madre de es& y Madre de la Iglesia, a la que tanto amó San Antonio Maria Claret y a la que tanto deseamos amar nosotros. Lo seguimos poniendo de un modo especial en manos del Señor, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, para que no se quede en papel mojado y constituya, en su aplicación, tiempo de gracia y salvación para todos los que vivimos en Canarias, creyentes y no creyentes, ricos y pobres, para que todos descubran la Buena Noticia de la bienaventuranzas y la fuerza liberadora del amor de Dios, para que todos descubramos, con un corazón humilde, que sólo del Señor podemos recibir la luz de una esperanza que el mundo jamás podrá ofrecer como liberación de la injusticia, del pecado y de la muerte, que es voluntad de Dios, del que proclamamos con Maria su


H O M I L I A DE SAN ANTONIO MARIA CLARET

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grandeza, ofrecernos su misericordia, derriba del trono a los poderosos y levanta a los humildes. Hemos escuchado los textos de la Misa del Domingo, textos que debemos interiorizar para que nuestros corazones, tantas veces de piedra, se conviertan en corazones de carne; textos que nos pueden ayudar, sin duda, a alcanzar unas actitudes evangélicas que nos permitirán a todos convertir en vida lo que, entre todos, hemos elaborado como texto sinodal. Hemos hablado, en nuestro diálogo sinodal, de horizontalismo y verticalismo. Para Dios no hay dimensiones. No hay tampoco tiempo. Pero hay preferencias aunque no haya exclusivismos. Precisamente porque Dios es justo, no puede ser parcial, precisamente por ello, "no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido, no desoye los gritos del huérfano o de la viuda" como hace tantas veces nuestra sociedad. Precisamente porque no puede ser parcial, las penas de los pobres consiguen su favor y su grito alcanza a Dios. Y Dios las atiende y Dios, justo juez, les hace justicia. Por eso los pobres nos pueden evangelizar y nos evangelizan, como nos está diciendo continuamente Juan Pablo 11. Dios es incorruptible, no acepta sacrificios u oraciones en favor de la injusticia, no tiene acepción de personas (Rom. 2,ll). Si Dios manifiesta una preferencia es precisamente por los mas débiles y necesitados (Cf. DI. 15,9; Sam. 9,10; Prov. 17,15). Estaba anunciado como rasgo del Mesias el anuncio de la Buena Nueva a los pobres (1s. 61.1) y se cumplió plenamente en la persona de Nuestro Señor Jesucristo, el Ungido del Espíritu, que lo aduce, además, como signo de su venida, de la venida del Mesias (Cf. Mt. 11,5; Lc. 8,19). El mismo quiso nacer de una familia pobre. Los pobres son evangelizados y llamados dichosos en la nueva economia (Lc. 6,lO); ellos forman la primitiva Iglesia (Sant. 2,5) y constituyen una gran parte de nuestra lglesia en contra de tanto tópico y de tanta visión superficial de nuestra Iglesia. El Señor consuela a los humildes y les ofrece su gracia (2 Cor. 7,6; Sant. 4,6), escucha la oración de los pobres, sus gemidos (Cal. 11,6) y justifica al que reza con humildad. Y él quiere que su Iglesia, nosotros, sigamos sus mismos pasos como nos indica el anuncio profético del juicio final (Mt. 25). El Salmo 33 nos lo repite. Frente a la injusticia humana que explota al pobre, Dios se constituye en juez de apelación en favor del oprimido. Es un Mensaje alegre de la Palabra de Dios, es Buena Noticia o Evangelio: que los humildes lo escuchen y se alegren. Y aprendan (que les enseñemos) a gritar


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a Dios todos los que tienen sed de justicia, o porque sufren ellos la injusticia, o porque la sufren sus hermanos. Cristo se ha reservado el juicio definitivo, pero ya está actuando en la historia. Pablo, anciano, en la cárcel, pobre, en espera de la sentencia de muerte, reflexiona sobre su vida. Su experiencia de Cristo termina en un fracaso desde una perspectiva humana ... Parece que nadie lo ha entendido; en los tribunales, nadie sale en su defensa. Y Dios parece estar en silencio, parece callar. También nosotros, como Iglesia, debemos pensar cuantas veces nos ocurre lo mismo dentro de una sociedad secularizada, conflictiva, tantas veces anticlerical y hasta anticristiana. Pero Pablo (y nosotros debemos hacer lo mismo) vive en profundidad las exigencias del misterio de la cruz, las exigencias del programa de todo pobre de Yavéh. Ya dijo Dios de él: "yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre" (Hech. 9,16). Pero su fe ha sido fuerte y firme, sólidamente cimentada (Col. 1,23), operativa y constante. Como debe ser la nuestra. Ha competido por Cristo y ha sido fiel hasta la meta. Su esperanza, firme e inconmovible (Col. 1,23), le lleva a la certeza de la recompensa en Cristo. Y no sólo a él, sino a todos nosotros, los que por la causa de Jesús, intentamos entregar nuestras energías y nuestra vida por el hermano, prolongando en el mundo, en el tiempo y en la historia, el amor liberador de Cristo. Como a Pablo, tampoco a nosotros nos deben importar los desamparos y los desprecios humanos. Estamos obligados a no odiar y a perdonar (Mt. 18,22). Pero hay uno, Cristo-Jesús, el Señor, que está siempre con nosotros, que nos asiste y es nuestra fuerza para ser colaboradores de Dios (1 Cor. 3,9) a través de nuestra autenticidad de vida. La parábola que hemos escuchado en el Evangelio debiera ser algo así como "la consigna" de nuestro Sínodo. Siempre nos acecha el peligro de confundir la piedad auténtica con la falsa, cuando oramos o cuando actuamos. Y el Señor nos advierte de ese gran y real peligro. Los protagonistas de la parábola responden a tipos perfectamente conocidos de la sociedad israelita de entonces y, también, (no caigamos en la tentación de no verlo) de tipos perfectamente conocidos de nuestra Iglesia. El uno da gracias a Dios porque todo lo ha hecho bien. Y no dice el Evangelio que mienta. El otro sólo sabe pedir perdón por sus pecados. Y no dice el Evangelio que mienta.


HOMILIA DE SAN ANTONCOMARIA CLARET

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Pero la acción de gracias del primero es en realidad un pretexto para alabarse y complacerse de sí mismo por la limpieza de todo pecado y por el mérito de las buenas obras, que sin duda las hacia y por las que se creia justificado y por las que, según pensaba, podría exigir a Dios la recompensa. No pensaba que sólo Dios es santo y que todos los hombres somos pecadores, que nadie es santo ante Dios, que hasta el justo peca inumerables veces al día. El publicano, por el contrario, sólo tiene conciencia de su culpa, de sus pecados, que eran, sin duda, muy reales. No se gloriaba de nada ante Dios, ni se comparaba con nadie. Se sentía pecador (Cf. Rom. 3,9.19.23) y lo era.

Y es que, como decía Pascal, los hombres se dividen en dos: los que siendo pecadores se sienten santos y perfectos y los que siendo santos se sienten y saben pecadores. Los primeros siempre estarán lejos de Dios. Los segundos siempre alcanzarán misericordia. Y tanto los primeros como los segundos pueden acentuar en sus vidas el "horizontalismo" o el "verticalismo" ... El juicio de Dios resulta enteramente opuesto a las previsiones del fariseo (Cf. 1s. 54, 8.9), enteramente contrario a la lógica habitual de los hombres que se consideran, buenos y "religiosos". El único justificado es el que n o ha pensado ni tan siquiera en alegar título alguno de justicia (Cf. Mt. 23,13; Lc. 14,ll). El que era bueno o se creía bueno, n o recibe la justificación de Dios. El que se había pecador, recibe la justificación de Dios. Todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. También estas palabras del Señor podrán servir de consigna a nuestro Sínodo. Que nadie se enaltezca pensando que conoce todo el misterio de Dios y que él es mejor que los demás. Que todos se humillen sirviendo a los demás, ayudando a los demás, sintiéndose pequeños y pecadores, confiando sólo en Dios y no juzgando a nadie. En esta Eucaristía debemos pedir al Señor, por intercesión de María y por intercesión de San Antonio Maria Claret, que todos los cristianos de nuestra Diócesis y particularmente los que hemos trabajado más directamente en nuestro Sínodo, no caigamos en la tentación de ponernos en el centro de la Iglesia y dar gracias a Dios porque no hemos sido como los demás y porque hemos hecho cosas buenas, frente a "los desgraciados" que siguen pecando fuera ... Debemos pedir al Señor una gran humildad y, contemplando nuestro Sínodo, no olvidar que es un regalo suyo, que es obra del Espíritu, de muchísimos cristianos que han rezado, que han ofrecido sus sufrimientos, que son tan humildes que no han aportado nada, que se sienten pecadores ... Debemos pedir al Señor, con


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una gran humildad y recordando lo que somos, que tenga compasión de estos pecadores, de todos nosotros, de todos los que a pesar de nuestras limitaciones, hemos sido ayudados por El para ofrecer a nuestra Iglesia un instrumento de renovación evangélica y evangelizadora, para bien de todos los que, en Canarias, en nuestra Diócesis, ríen y lloran, esperan y se angustian, esperando, tantas veces sin saberlo, la Buena Noticia del Señor. Que el Señor-Jesús les bendiga a todos,


ALMOGAREN. 11. (93) WBS. 177 - 185. 0 CENTRO TEOLajlCO DE LAS PALMAS

HOMlLlA DE LA CLAUSURA DEL SINODO DIOCESANO. FESTIVIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCION DE SANTA MARlA VIRGEN (8 DE DICIEMBRE DE 19921

Gen. 3, 9-15.20 Ef. 1, 3-6. 11-12 Lc. 1, 26-28 Queridos hermanos y hermanas sinodales. Queridos amigos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, cristianos todos por la gracia de Dios: ¡Paz y bien a todos ustedes! ¡La paz y el favor de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo estén siempre con todos nosotros! Hace ya cinco años comenzábamos, tal vez sin saber muy bien lo que íbamos a hacer, la preparación de nuestro Sínodo Diocesano. El pasado 1 de mayo, aquí mismo, en nuestra Catedral, corazón litúrgico de nuestra Diócesis, iniciábamos la fase final, la propiamente sinodal, de nuestro Sínodo Diocesano. Aquel día, en aquella Eucaristía, a los pies del Señor-Jesús, alabando y dando gracias al Padre, pidiéndole la luz del Espíritu, rogando a María que nos acompañara uniendo su voz intercesora a nuestra plegaria suplicante, nos pusimos a caminar, con "ilusión" y con temor, con alegría y no sin dudas, con esperanza y también con algunas desconfianzas. Es cierto que nos sabíamos unidos por una sola esperanza, por un mismo Señor, por una fe, por un bautismo, por un Dios y Padre de todos. Pero acaso a nivel afectivo o emocional, iniciábamos la marcha sin vislumbrar con claridad el término. Lo hacíamos realmente fiándonos del Señor, del Padre, del Espíritu Santo; en una


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palabra, sabiendo por nuestra fe que aquel de quien nos fiábamos, no nos iba a defraudar ni nos iba a abandonar. Lo haciamos convencidos de que Maria iba a caminar con nosotros, como estrella de la mañana, como Madre cariñosa y comprensiva de la Iglesia, como espejo de justicia, trono de la sabiduría, como reina de la paz. Lo hacíamos sabedores todos que la aventura que íbamos a vivir, no era nuestra aventura sino la aventura de Dios, la aventura de su Iglesia, de esta su Iglesia Diocesana que peregrina aquí, en Canarias; una aventura del Señor que sólo con él, en él, y por él, podría tener sentido. Hoy, en esta Eucaristia, en la festividad de la lnmaculada Concepción de Maria, al final de nuestra aventura sinodal, desde el fondo de nuestro ser cristiano, brota una sola palabra emocionada: ¡Gracias! ¡Gracias, Señor, porque nos has ayudado! ¡Gracias, Señor, porque nos has conducido por el camino del deseo de una total fidelidad a ti, a tu evangelio, a tu Iglesia! ¡Gracias, Señor, porque nos has permitido superar nuestras mil limitaciones, nuestras mil debilidades, nuestras tentaciones y pecados, y nos has llevado de la mano por los caminos del amor y del diálogo, de la comprensión y de la humildad, del olvido de nosotros mismos y de la preocupación por todos; por los caminos de la superación de toda acepción de personas y por los caminos del amor a los pobres y marginados; por los caminos de la oración y de la escucha de tu Palabra; por los caminos del amor confiado al Padre y de la sumisión a las mociones del Espíritu, del cariño filial a Maria, y de un intenso amor a tu Iglesia; por los caminos de la búsqueda de la Verdad y de la Justicia, y por los de la fidelidad a tu voluntad y de la solidaridad con todos los hombres, nuestros hermanos! ¡Gracias, Señor, por estos meses de acompañamiento, de luz, de aprendizaje humilde a ser un poco mejor cristianos, a amar un poco más la comunión eclesial y el servicio humilde a los demás, a rezar con más intensidad y a contemplar con más amor el mundo, con sus gozos y esperanzas, con sus angustias y tristezas! ¡Gracias, Señor, por este Sínodo y porque, reunidos en tu nombre, has estado siempre con nosotros y nunca nos has dejado abandonados a nuestra suerte! El 1 de mayo celebrábamos la Eucaristía que abría nuestro Sínodo. Por encima del tiempo, aquella Eucaristia se funde hoy con la que ahora celebramos y que clausura nuestro Sínodo Diocesano. Celebramos, además, esta Eucaristía enmarcada en la festividad de la gloriosa Inmaculada Concepción de María. Si a María le pedimos la intercesión por el Sínodo, cuando comenzamos su andadura, con María entregamos hoy al Señor el fruto de nuestro Sínodo. Y con ese fruto del trabajo sinodal, nos ponemos a los pies del Señor, nosotros mismos, nuestras personas, intentando acercanos a la disponibilidad maravillosa


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que nos dejó como ejemplo perfecto de obediencia a Dios la Virgen María. Nos ponemos nosotros mismos a los pies del Señor y, con nosotros, todo lo que ha sido nuestro trabajo en el Sínodo, nuestros esfuerzos y dificultades, nuestras alegrías y sinsabores, las tensiones inevitables y los consuelos recibidos, las ilusiones cumplidas y también las que han quedado rotas en el camino, nuestras pequeñas pasiones, muertes y resurrecciones que, reflejando la gran pasión, la muerte y la maravillosa resurrección del Señor, han jalonado nuestra vida en estos meses sinodales. Clausuramos el Sínodo en el nombre del Señor. Comenzamos a realizar el Sínodo en nombre del Señor. Porque ser cristiano, y todas las realidades que comporta el ser cristiano, naturales y sobrenaturales, son un "sí" a la vida y un "no" a la muerte. El Señor vive, vive el Padre, vive el Espíritu Santo, vive la Iglesia y vivimos los cristianos. El Señor resucitado nos acompaña bajo la mirada amorosa del Padre y con el Espiritu Santo que se nos ha dado, integrando, en cada instante, nuestro existir, en la muerte y resurrección del Señor. Por eso, esta clausura del Sínodo, a la luz de Jesús, es principio y apertura, un intento de plenitud de fidelidad al Señor y a su Evangelio; es principio de un renovado esfuerzo hacia una vida eclesial en plenitud de fidelidad al Evangelio, apertura de una Iglesia, que puesta de rodillas, adorando a Dios, contemplando a Dios, se inserta en medio del mundo, en medio de los hombres, abierto su corazón a todos, con las rodillas manchadas por el barro en medio del cual vive el hombre por el que el Señor ha muerto en la cruz y ha resucitado de entre los muertos; con las rodillas manchadas por el polvo que ensucia la conciencia del hombre que peca y por el polvo que ensucia el rostro de los pobres y de los marginados, explotados por la injusticia y por la insolidaridad; con las rodillas manchadas con tantas desesperanzas, sufrimiento y dolores que rompen el corazón de los que sufren, pero con el rostro resplandeciente de la luz que recibe de Cristo-Jesús, su cabeza. Por eso esta clausura del Sínodo debe ser una llamada a la conversión, a un nacer de nuevo, a una vida nueva con la que Dios nos ayuda a estar siempre con los hombres y en la que el hombre sea nuestro camino hacia Dios; una vida nueva en la que los Últimos sean los primeros y los primeros los últimos; de forma tal, que rompiendo la lógica del mundo, nos hagamos esclavos, por amor, de los pobres e indigentes, de los que tienen el corazón destrozado, de los que sufren y desesperan, hasta encontrarnos tan profundamente con el Señor en el corazón de todos los que viven y trabajan, esperan y desesperan, sufren y juegan, estudian, aman y odian, enferman y sanan, nacen y mueren en Canarias, que nuestra Iglesia Diocesana ofrezca la Buena Nueva de Jesús, riendo con los que ríen y llorando con los que lloran. Por eso, queridos amigos, esta clausura es y debe ser inicio, principio,


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amanecer de vida, de vida evangélica y evangelizadora, de vida cristiana en plenitud, de vida escondida en el misterio de Cristo, para que sea luz, fermento, levadura, de una Iglesia más fiel al Señor y de una sociedad más acorde con la voluntad de Dios, esa voluntad salvifica universal de Dios que entraña un deseo infinito de salvación para todos y cada uno de los seres humanos, de Canarias y del mundo entero, una salvación para la eternidad y una salvación también para este mundo. Para eso se hizo Dios hombre y acampó entre nosotros; por eso fue y sigue siendo Camino, Verdad y Vida. Y este nuestro nacer a una vida nueva, como nuevo esfuerzo de encarnación que sea reflejo de la Encarnación del Señor, lo hemos de hacer a la sombra luminosa de María, la virgen madre de Dios concebida sin pecado original.

Porque así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyó a la vida, y de un modo maravilloso, en la madre de Jesús. Los textos que hemos escuchado representan una invitación a que contemplemos la aplicación del Sínodo a la luz del misterio de la Redención, junto a María, la concebida sin pecado, la llena de gracia, la que, obedeciendo, se convirtió en causa de salvación para si misma y para todo el género humano (San Ireneo, LG, 56). No estamos hablando, queridos amigos, de una historia mitica, de un ayer remoto transmitido desfigurado a lo largo de los siglos, una historia inventada por el hombre como fruto de su frustración que, necesita sublimar. La Escritura nos está hablando de un drama humano siempre actual y de una salvación de Dios que sabemos por experiencia que es tan real como el mar y como nuestras cumbres, como nuestros campos y nuestro cielo lleno de sol. El Génesis nos ha dicho cómo el Dios verdadero, más que castigar a los hombres, castiga al mismo mal simbolizado por la serpiente. A los hombres nos abre los ojos para que reconozcamos nuestra verdadera condición, sin disfraces ni suefios ambiciosos, y aceptemos nuestra condición limitada, capaz de padecer, mortal. El dolor y la muerte serán el castigo para aquellos de nosotros que pretendamos ser inmortales, como dioses. Y Dios interviene no tanto para condenar cuanto para anunciarnos que el pecado del hombre y la muerte, junto con sus consecuencias, serán un dia definitivamente vencidas. Y una mujer le herirá en la cabeza ... Cuando el hombre prueba los atractivos del poder, las ventajas del tener y las dulzuras del placer (estos será siempre la manzana: objeto de consumo


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y resorte de infinitos sueños de poder) escoge el camino del progreso ilimitado y salvaje, y al final se declara norma y medida de todas las cosas, soñando asi alcanzar la propia y total autonomía. Desde ahi querrá realizarse con la plena satisfacción de sus instintos y deseos, superando viejas represiones. Y querrá vivir su vida, sin trabas ni tabúes, pensando haber alcanzado la plena libertad. Es entonces cuando se construye su propio paraíso con toda clase de cosas, máquinas, aparatos, artículos de consumo ... Y es entonces cuando se siente solo y desnudo, perdido y aterrorizado. Es entonces cuando huye de Dios y se esconde, se esconde de Dios, de los demás, de sí mismo ... El hombre experimenta un inmenso desencanto existencial, porque la gran promesa de un progreso ilimitado se trunca, porque sus más hondas necesidades no se ven satisfechas, porque sus problemas se multiplican sin resolverse, porque la convivencia se hace violenta y aparecen soledades e individualismos insolidarios insospechados. El hombre se siente perdido en el centro del paraíso artificial que ha creado. Se siente desnudo, vacío y frustrado, sin dignidad, sin amistad, incapaz de amar y de sentirse amado, sin ilusión, sin conciencia, sin deseos de vivir. Y tiene miedo. Desconfía de todos y se cubre con trajes defensivos, con la coraza del propio aislamiento y del propio egoísmo, intenta evadirse a través del sexo banalizado, de la droga, del alcohol, del poder, del dinero, del éxito ... pero no logra nunca escaparse de si mismo.

Y el hombre se interroga sobre su condición y busca responsabilidades; unos a otros se culpan de la crisis y de los problemas, del sufrimiento y de la soledad. La culpa la tendrá el exceso de producción, o el exceso de mano de obra, o la máquina, o la automatización del trabajo, o la falta de programación, o las multinaciones, o la industria armamentista, o la pereza de los trabajadores, o las huelgas, o el liberalismo económico, o la corrupción de los políticos, o la falta de respeto a la naturaleza, o la socialización o el colectivismo económico y politico, o los impuestos, o la mujer y sus reivindicaciones, o los jóvenes y su pasotismo, o la publicidad ... No acaba de descubrir que todo ello puede ser causante de dolor, pero que la culpa la tiene, la tenemos, todos nosotros, el ser humano; que la raiz de los problemas no está en las cosas ni en las ideas, sino en el hombre mismo. "¿Es que has comido del árbol que te prohibí comer?. El Señor Dios nos interroga lleno de amor. Pero el hombre no se interroga ni escucha. Es el hombre el que ambiciona ser como Dios, y, asi se autodestruye. La crisis no es esta u aquella causa, no está aquí o allá, sino en el corazón. Es el corazón del hombre el que no está limpio, el que está enfermo, y el que es capaz de romper, de destruir o de manchar todo.


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San Pablo nos habla, lleno del Espíritu, de promesas y bendiciones. Porque la palabra del Génesis, no sólo es una palabra sino también una promesa, y en Cristo todo se ha cumplido. Y las bendiciones son más que palabras. Son bendiciones vivas, encarnadas, personales. Todas las bendiciones de Dios, además, se encuentran en una: la persona de Cristo, nuestro CristoJesús, nuestro Señor, Hermano y Maestro. Cristo es una bendición, es la bendición, la alabanza y la gloria de Dios. Y esta bendición se hará hombre verdadero, sin dejar de ser Dios verdadero, en aquella que sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que confiadamente esperan y reciben de El la salvación (LG, 55). aquella mujer que aparece ya perfectamente bosquejada en la promesa de victoria sobre la serpiente, la promesa que Dios hace a los primeros padres caídos en el pecado (LG, 55).

Y Dios nos bendice, no para que seamos ricos o poderosos o para que vivamos h w o s y llenos de placer, sino para que seamos cristianos, para hacernos hijos en el Hijo, para amarnos como a hijos, para que seamos imagen viva de su gloria, y no para que cantemos alegres un rato, sino para que seamos constantemente alabanza de su gloria en toda nuestra vida. Dios no maldice. Lo que Dios expresa son las propias maldiciones y castigos que el hombre se inflige a si mismo. Dios nunca ha aprendido a maldecir. Todas sus palabras son buenas y están "bien dichas". Dios ni quiere ni sabe castigar. Dios no tiene culpa de que el hombre sufra: el 90% de sus sufrimientos los origina el propio hombre, y el resto son consecuencia de la propia condición y limitación de las mismas cosas. Pero el hombre es bendecido por Dios. "Dios nos ha bendecido en la Persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales". Todas Las bendiciones de Dios se concretan y realizan en una Persona. Las buenas palabras de Dios más que palabras son presencia. La mejor bendición es el mismo Dios que se manifiesta y se acerca. Y este Dios cercano que nos habla se llama Jesús. Jesús es el Dios -palabra buena-, es el Dios todo bendición y sólo bendición, el Dios verdadero que quiere su bendición para todos los hombres. Este Jesús, "nacido de mujer" e "Hijo del hombre" es nuestra salvación. "No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" (Hech. 4, 12). No nos salvará la política, ni la ciencia, ni la técnica, ni la economía, aunque tengamos y debamos hacer, por amor, política, ciencia, técnica y economia. "Nosotros creemos que nos salvamos por la gracia del Seiior-Jesús (Hbr. 15,ll). Esta es nuestra mejor noticia. Esta es


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la Buena Noticia que hemos recibido y que debemos proclamar. Este debe ser el gran y profundo objetivo de nuestro Sinodo: que toda nuestra Diócesis se haga proclamadora de la Buena Noticia de Jesús, para la salvación de todos, para salvación de nosotros mismos, para salvación de los que el mundo y sus logros nunca salvarán. Se habla de hijos. Y si se habla de hijos cerca debe estar la madre. Y la madre aparece en el Evangelio. Aparece pequeña y escondida. Es como si hubiera costado mucho dar con Ella. Se llama Maria. Es la llena de gracia, el Señor está con ella, es la bendita por excelencia. Es una dulce muchacha de una pequeña aldea de un insignificante pueblo. Pero en ella el Adviento se hace Navidad, la promesa realidad, la esperanza alcanza la plenitud. No es fruto de un azar sino providencial; su destino es decir "sí" que es amor total, disponibilidad total, obediencia total, libertad total. Todo lo demás vendrá por añadidura: gracia sobre gracia hasta llegar a madurar el fruto bendito de su vientre, el fruto de las bendiciones, el fruto del Espíritu. Jesús empieza a desandar el camino que llevó al hombre a su más profunda tristeza. Contra el veneno del orgullo, se humilló; ante el veneno de la rebeldía, obedeció; contra el veneno de la avaricia, de la riqueza, del dinero y el consumo, se empobreció; contra el veneno del egoísmo y del ansia de poder, amó, amó a todos hasta dar la vida. Al árbol de la serpiente, opuso el árbol de la cruz. Al fruto del pecado, de la muerte, opuso la resurrección y la vida. Y todo fue posible gracias a la bendita entre las mujeres. Maria fue bendita desde el principio existencial. Fue pensada desde la gracia; fue engendrada desde el amor; fue constituida desde la benevolencia. Para ella no hubo maldición alguna. Dios está siempre en ella bendiciéndola y colmándola de gracia: es la llena de gracia, gracia sobre gracia, la llena de Dios.

Maria se ofrece como esclava del Seíior: "¡Hágase en mí según tu palabra"! Es el principio de la salvación. En ella se inicia el camino inverso escogido por Eva. Eva no guardó la palabra, Maria, la mujer nueva, la guarda en su corazón, en su mente, en su seno. Eva quiere ser como Dios. Maria se considera la esclava del Señor. Eva, duda. María se fía. Eva, egoísta, desobedece. María cuando se ofrece, hace la voluntad de Dios. Eva huye y se oculta. Maria se hace presente a Isabel, a José, a los pastores ... ja todos los hombres! Maria siempre está a nuestro lado como la nueva madre; donde hay dolor, donde hay amor, donde hay servicio, donde hay profecía, donde hay combate por el bien, allá está la mujer bendita, repitiendo siempre: "¡Hágase en mí según tu palabra!".


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El Sínodo, nuestro Sinodo, no puede quedarse en un precioso libro lleno de buenas intenciones. Ha de convertirse, a imitación del Señor, a imitación de Maria, en vida, en vida para los cristianos y en vida para los que no lo son, en vida para nuestra Iglesia y en vida para nuestra sociedad, para los pobres y los oprimidos, para los pecadores y los descarriados. Como Maria, nuestra Diócesis, a la luz del Sínodo, ha de recorrer el camino inverso al escogido por Eva. Ello será realizar el Sínodo: escuchar y proclamar la Palabra; ser todos nosotros esclavos del Señor, fiándonos de Dios; obedecer, amar, aceptar la cruz y rezar; comprometernos en la vida y participar de la Eucaristía y de los Sacramentos; ser servidores y hacernos esclavos de los demás; tener un solo corazón y una sola alma, para que el mundo crea; proclamar la Buena Noticia y desterrar el pecado; amar a todos y servir a los pobres como al Señor ... La descendencia de Maria es Jesús, "el santo que va a nacer, el Hijo de Dios". Pero somos también nosotros. También nosotros estamos bendecidos y pensados para ser santos e inmaculados. También nosotros, con la ayuda del Señor, podemos vencer a la serpiente. La lucha sigue planteada aunque la serpiente esté vencida. Podemos y debemos ponernos en manos de Dios, poner nuestro Sinodo en manos de Dios y realizarlo en obediencia a Dios y a su Iglesia, para vernos transformados en santos e inmaculados. Podemos y debemos igualmente ir transformando el mundo, nuestra sociedad canaria, en una sociedad justa, fraterna, limpia e intachable. Asi el Sínodo pasará de ser un papel escrito a ser vida, existencia escondida en Cristo, fermento y levadura para el Reino de Dios, diálogo y reconciliación para todos, semilla de fraternidad y de obediencia, escuela de amor para todos. El Sinodo nos ha de ayudar a ser fieles a lo eterno. Y ser fieles a lo eterno es ser actuales, puesto que creer en la Resurrección se ha de traducir por un mirar hacia delante y no por un volverse hacia atrás. Y mirar hacia delante, no significa estar a la moda, como detrás de cualquier novedad, sino dejar que penetre un mensaje eterno en el hoy de la historia, hablar de Dios en la longitud de onda de los hombres de nuestro tiempo que viven en Canarias, presentar nuestro testimonio cristiano sirviéndonos de "signos" que sean perceptibles, comprensibles y significativos para las personas a las que van destinados; afrontar los problemas reales, las situaciones concretas del mundo en el que vivimos; responder a las necesidades de hoy. Poner en hora nuestros relojes con el reloj del tiempo presente que también marca la hora de Dios. Inventar, día a día, nuestra acción, atendiendo a las provocaciones de la historia y de las exigencias de los acontecimientos. En una palabra, vivir,


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a la luz del Señor, la lógica de la encarnación. Asi y sólo así, rezando y comprometiéndonos, haremos vida esas palabras escritas que son nuestro Sínodo. María nos ayudará a que el Sinodo, llevado a la vida por cada uno de nosotros, nos convierta a cada uno, convierta nuestra Iglesia, en principio de reconciliación, en recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella motivo para seguir esperando. En esta clausura de nuestro Sínodo, en esta Eucaristía, abrazados por nuestra madre la Virgen del Pino, el Señor nos dice: jno se queden mirando al Cielo! ¡Volveré! ¡Vuelvo a ustedes cada vez que me llamen! ¡Estoy con ustedes! ¡Estoy en la Eucaristía y en los sacramentos, en la Palabra y en la comunidad eclesial! ¡Estoy en los pobres y en los que sufren! ¡Estoy en cada acto de amor verdadero! ¡No se queden mirando al Cielo! ¡Recen y contemplen, pero no se queden mirando al Cielo! ¡Vayan, vayan rezando de rodillas, pero vayan al mundo, anuncien la Buena Noticia a todos, anuncien la Buena Noticia a la creación entera, anuncien la Buena Noticia a los pobres y marginados! ¡Vayan y anuncien a todos los hombres y mujeres de Canarias que el Señor vive, que el Señor ha resucitado, que el Señor les ama, les perdona, les acoge! ¡Vayan y anuncien a todos los hombres y mujeres de Canarias las maravillas que el Señor ha hecho para la salvación de todos! ¡Vayan y transformen el mundo con la paz y el amor, con la verdad y la justicia del Reino de Dios! ¡Para ello el Señor nos ha regalado nuestro Sinodo Diocesano! No quiero acabar sin tener un recuerdo especial para aquéllos, sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares, que empezaron el Sínodo con nosotros, y hoy lo clausuran también con nosotros, desde el Cielo, contemplando felices el rostro de Dios.

Y tampoco quiero acabar sin tener también una palabra de homenaje y agradecimiento a los que han trabajado intensamente en esas tareas, casi invisibles pero fundamentales, de organización y realización material del Sínodo: Luis Laborda, José Luis Guerra, Luis Espi, Paqui Yuste, y tantos otros que están en la memoria de todos nosotros. Dios les premiará su esfuerzo y su entrega, como premiará a todos los que tantas horas han dedicado al Sinodo como servicio al Señor y a su Iglesia, al Evangelio y a la evangelización. ¡Que el Señor-Jesús les bendiga a todos! ¡Que nos bendiga a todos para que la salvación de Dios alcance a todos los que, en Canarias, añoramos esa felicidad que sólo El nos puede ofrecer!


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NOTAS PARA LA MEMORIA

JOSELUIS GUERRADE ARMAS PROMOTOR DEL SINODO

1.

LOS PRiMEROS PASOS

La idea del proyecto de un Sínodo Diocesano aparece por primera vez en 1986. Hace ahora siete afios. La iniciativa nace del Consejo del Presbiterio. Este organismo representativo del clero, en una de sus reuniones, siguiendo la propuesta del Obispo para que se pronuncie sobre los temas que considere más interesantes para la Iglesia local, sugiere la conveniencia de un Sínodo Diocesano. La iniciativa va tomando cuerpo poco a poco. En diciembre del mismo año se nombra Secretario General a D. Luis Laborda. Junto a él, una comisión gestora de cinco personas formada por D. Francisco Caballero, D. Serafín Hernández, D. Rafael Perdomo, D. Vicente Rivero y D. Felipe Bermúdez van lentamente poniendo a punto la marcha. A lo largo de 1987, esta comisión, -reunida por primera vez el 28 de enero y, por última vez, el 12 de noviembre- junto con el Consejo de Pastoral Diocesano y el Consejo del Presbiterio, va perfilando el estilo de Sínodo que se pretende, el metodo de trabajo, posibles objetivos a alcanzar y, sobre todo, los cristianos a tener en cuenta a la hora de formar la Comisión Preparatoria. Todo ello en diálogo con el Obispo. Desde el principio se siente la necesidad de que el Sínodo sea expresión de los diferentes estilos de comunidades presentes en la diócesis. Por ello en


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JDSE LUIS GUERRA DE ARMAS

los meses de noviembre y diciembre de 1987 se pide a todos los organismos, arciprestazgos, movimientos y grupos de la diócesis que propongan a un representante para fomar la Comisión Preparatoria. Por su parte, el Sr. Obispo, con el fin de que en este organismo estuviera presente el amplio abanico que comprende la realidad diocesana, nombra, a titulo personal, a un grupo de creyentes, que proceden, a su vez, de estamentos, profesiones y ambientes diversos.

2.

LA COMISION PREPATORIA

El día 17 de enero de 1988, Mons. Ecbarren convoca en el Centro Teológico de Las Palmas a la Comisión Preparatoria compuesta, en un primer momento, por sesenta miembros y más tarde por noventa y tres. El orden del día es único: preparar el IX Sínodo Diocesano. El Obispo, a la luz del Vaticano 11 y del Código de Derecho Canónico, presenta lo que es un Sinodo, habla de sus objetivos y alerta sobre posibles peligros: ':convertirnos en ideólogos, politicos, sociólogos o adivinos". "Esta experiencia ha de ser vivida -puntualiza el Obispo- en un ambiente de oración, de escucha y de misión para asi ser capaces de clavar la mirada en el mundo con ojos creyentes y descubrir el camino del Evangelio". Por último, concreta en cuatro claves las grandes líneas que han de estar siempre presentes en este proyecto: 1. "Examinar si lo que estamos haciendo para la evangelización está acorde con las necesidades del hombre y de la sociedad canaria y, a sli vez, si es lo más adecuado para conseguir el objetivo que nos hemos propuesto. 2. Revisar las formas de evangelización que hemos incorporado en nuestras tareas pastorales para ver si se corresponden con las líneas marcadas por el Vaticano 11. 3. Buscar, a partir de los resultados de los aspectos anteriores, las grandes lineas de acción que han de marcar, a largo plazo, el trabajo pastoral del futuro y, en su caso si fuera necesario, establecer los mecanismos correctores, incluso normativos.

4. Elevar a legislación diocesana aquello que, suficientemente experimentado en la práctica pastoral, parezca oportuno".


NOTAS PARA LA MEMORIA

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Concluye esta primera reunión con una rueda de preguntas por parte de los asistentes a las que responden el Sr. Obispo y el Secretario General del Sínodo aclarando las competencias y tareas de la Comisión preparatoria. Entre éstas se enumeran las siguientes: Preparación, organización y puesta en marcha de todo el proceso previo a la asamblea sinodal. La Comisión Preparatoria se disolverá con la constitución de dicha asamblea. Días después, con la finalidad de hacer más operativo el funcionamiento de este organismo, la Permanente de dicha Comisión elige una Ejecutiva que junto al Presidente y al Secretario General ha de recoger y llevar a cabo las decisiones tomadas en la Comisión Preparatoria. Esta Comisión Ejecutiva establece, al principio, un calendario de reuniones cada tres semanas.

3.

DEFINICION DE LOS OBJETIVOS SINODALES

En abril del mismo año 1988 la Comisión Preparatoria del Sínodo aprueba, después de un largo debate con su votación correspondiente y siguiendo la metodología del VER-JUZGAR-ACTUAR, los objetivos a alcanzar por este Sínodo: 1. Analizar la situación de nuestro pueblo para percibir en ella las llamadas que Dios nos hace.

2. Contrastar la vida y la acción de la Iglesia Diocesana con la orientación del Concilio Vaticano 11. 3. Concretar las orientaciones pastorales para el futuro de nuestra Iglesia local. 4. Establecer las normas necesarias para la mejor realización de nuestra tarea pastoral. Desde el principio se siente la necesidad de que el Sínodo llegue a todos y se difunda lo más posible entre la opinión, no sólo de los creyentes sino incluso del resto de los ciudadanos. Para ello, la Comisión Preparatoria propone una campaña de mentalización sobre el significado del Sínodo, destinada a todo el Pueblo de Dios. De cara a esta campaña se precisan los espacios preferentes para desarrollarla, y se aportan diversas iniciativas apropiadas a tal fin: Las celebraciones litúrgicas, los medios de comunicación en general, el diseño de comics y exposiciones, etc.


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JOSE LUIS GUERRA DE ARMAS

Para animar esta tarea, el Sr. Obispo nombra más adelante, como Promotor del Sínodo, a D. José Luis Guerra. En esta reunión queda también definido el anagrama del Sínodo. Desde entonces será un logotipo familiar en las puertas de nuestros templos y en todo el material editado, tanto publicitario como de trabajo. Como punto final queda fijado el calendario a seguir hasta el aDo 1990, fecha prevista para la celebración del Sínodo. El Sinodo ha comenzado a tomar cuerpo. A partir de estas fechas, la Comisión Preparatoria se sigue reuniendo y su Comisión Ejecutiva va haciendo el seguimiento de cuanto se pone en marcha. Esta Comisión Ejecutiva la componen, al principio, las personas siguientes: Doña Maria Rosa Alemán, D. Juan Artiles, D. Felipe Bermúdez, hna. Rosa Codesio, Han. Marta Garcia de Leaniz, D. Manuel García, D. José Luis Guerra, D. Luis Laborda, D. Gonzalo Marrero, D. Rafael Perdomo, D. Isidoro Sánchez, y D. Francisco J. Vega. Posteriormente, se incorpora también D. Rafael Santana, en sustitución de D. Rafael Perdomo. Entre sus primeros trabajos está perfilar y ofrecer a la Comisión Preparatoria el texto definitivo de la oración oficial de este Sínodo. Es aprobado. Desde entonces esta oración se hará familiar en nuestras asambleas y reuniones, tanto litúrgicas como de trabajo, e irá acompafiando el largo camino a recorrer: "Mira, Señor, a nuestra Iglesia Diocesana: concédenos que la celebración de este Sínodo nos ayude a comprender las situaciones de nuestro pueblo, com mirada limpia y serena, para descubrir en ellas tu presencia a la luz de tu Palabra. Danos la fuerza de tu Espíritu, que aliente nuestra esperanza, que nos haga crecer en la fe, en el amor y en la solidaridad con todos los hombres. Y conduce este esfuerzo común, para que sepamos dar una respuesta evangélica en nuestra realidad canaria. Que Maria, la Madre de Jesús y de la Iglesia, anime nuestro trabajo. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Sefior. Amén".


NOTAS PARA LA MEMORIA

4.

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LANZAROTE Y FUERTEVENTURA EN CAMINO SINODAL

Desde el primer momento, como es obvio, Fuerteventura y Lanzarote participan en esta experiencia sinodal. Pero dadas las dificultades geográficas, se intenta que esta participación sea efectiva y no sólo de nombre. Para ello se comienza informando a todos los creyentes de lo que significa un Sínodo. El 17 de abril, en el Colegio de las MM. Dominicas de Arrecife, el Secretario General del Sínodo preside un encuentro en el que se ofrece a todos los presentes, la oportunidad no sólo de informarse, sino también de aclarar las dudas y ofrecer las sugerencias que creen oportunas. Con la misma finalidad, el 20 de abril se convoca en la casa de espiritualidad de Ampuyenta en Fuerteventura una reunión extraordinaria del Consejo Pastoral Arciprestal de la isla.

5.

CAMPANA DE INFORMACION AL PUEBLO DE DIOS

Se abre este período con una carta al Sr. Obispo a todo el Pueblo de Dios que vive en las islas de Gran Canaria, La Graciosa, Fuerteventura y Lanzarote. Está fechada el día 9 de abril de 1989 y en ella se expresa así: "Queridos amigos: Todos Uds. conocen que desde hace un tiempo y tras consultar al Consejo de Pastoral y al Consejo del Presbiterio, venimos preparando la celebración en nuestra Diócesis del Sínodo diocesano que será el noveno en la historia de la Diócesis. En estos días hemos comenzado una nueva etapa en la que queremos que todo el Pueblo de Dios conozca lo que es un Sínodo Diocesano y los objetivos que nos marcamos para el que vamos a celebrar. Con tal motivo deseo expresarles ahora por escrito -ya lo he hecho en diálogos y conversaciones con grupos y personas- lo que yo creo que es la esperanza fundamental de la celebración del Sínodo: setialar las grandes líneas de actuación de nuestra Iglesia Diocesana para el futuro y concretar aquellas cosas que se consideren necesarias para que realicemos el Evangelio en medio de toda nuestra sociedad. No se trata de hacer una programación, puesto que ya lo hace el Consejo de pastoral cada aiío con los Arciprestes. Se trata de que juntos, sacerdotes,


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religiosos/as y laicos, todos miembros del Pueblo de Dios, me ayuden a ejercer mi ministerio para el bien de todos. Se trata de que todos expresemos de forma firme nuestra común responsabilidad en la edificación del mismo, al servicio de Dios y de su justicia. Aunque por su propia naturaleza, no todos los creyentes pueden participar en la fase final del Sínodo, queremos que participen cuantos más mejor en un primer momento en el que reflexionaremos sobre las cuestiones más urgentes y que más nos preocupan a todos. Pero es difícil participar con interés si no se conoce en qué consiste un Sínodo Diocesano y los objetivos concretos que nos marcamos. Por eso quiero pedirles que utilicen con interés todos los medios que se pongan a su alcance para ello. Quiero pedirles que difundan lo que Uds. conocen sobre el Sínodo entre sus amigos y familiares. En estos días de Pascua nada mejor podemos hacer que pedir al Resucitado que dé nueva vida e impulso a toda la comunidad diocesana para que el Sínodo que vamos a celebrar sea un nuevo Pentecostés para nuestra Iglesia local de Canarias. Gracias ya desde ahora a todos por su colaboración con nuestra Iglesia. Con mi bendición para todos y un fraternal abrazo". Ramón Echarren Ystúriz Obispo de Canarias.

Esta campaiía se complementa también en otras direcciones. Publicidad: Un cartel original de D. Santiago Izquierdo presenta visualmente lo que quiere ser esta iniciativa para la Iglesia local. Esta forma de captar la atención del público volverá a renovarse en otras etapas del proceso. En total se difundirán tres carteles más, diseñados por D. José Luis Guerra, Promotor del Sínodo, que van señalando con sus lemas, colorido y diseño los principales momentos del largo camino hacia el Sínodo. Encuentros: El Secretario General, el Promotor del Sínodo y otros miembros de la Comisión ejecutiva recorren todos los arciprestazgos de la Diócesis informando y contestando a las preguntas formuladas al respecto. Reflexión: La Comisión Ejecutiva elabora y difunde un cuadernillo que pretende ofrecer datos para entender lo que es un Sínodo en sus dimensiones materiales y espirituales, así como presentar el itinerario a recorrer con sus


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diversas etapas, la organización y las personas que en esos momentos integran los distintos organismos. De todo ello se hacen eco con más o menos amplitud los diversos medios de comunicación, con los que está en permanente contacto la Oficina del Obispado.

6.

CONSULTA DE LA SOCIEDAD

El criterio es implicar en la fase preparatoria del Sinodo al mayor número de personas, creyentes o no, que pueda aportar a la Iglesia una palabra que le ayude a tomar conciencia de su quehacer. Se siente, por ello, la necesidad de que la consulta llegue no sólo a los cristianos que participan. en grupos diversos de actividades cristianas, sino también a los no encuadrados en grupo alguno y que participan habitualmente en las Eucaristias dominicales. Aún más, ha de extenderse, en la medida de lo posible, a personas alejadas, a no creyentes y a miembros de otras confesiones religiosas. De ahí los diversos tipos de encuestas que se distribuyen con el fin de ser contestadas y remitidas a la Secretaria General del Sinodo. Las respuestas a la consulta sirven para indicar claramente los temas que los consultados consideran que deben ser tratados por el Sínodo. De las 21 encuestas enviadas a nivel personal al Secretariado desde las cuatro islas, 79,65% pertenecen a personas que se declaran creyentes practicantes, 19.34% a cristianos no practicantes y el 1.016% a no creyentes. De los temas propuestos, los más votados por los que se confiesan "creyentes-practicantes", por orden de votación, son: 1. La juventud.

2. Las personas alejadas de la Iglesia. Cómo anunciarles el Evangelio. 3. La catequesis de niños, jóvenes y adultos. 4. La Iglesia y la familia. Los "creyentes-no practicantes" expresan sus preferencias por: 1. La juventud. 2. La postura de la Iglesia ante las personas divorciadas, casadas por lo civil, secularizadas, etc. 3. Las personas alejadas de la Iglesia. Cómo anunciarles el Evangelio. 4. La Iglesia y la familia.


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Por su parte, "los no creyentes" optan por: 1. La juventud. 2. Postura de la Iglesia ante las personas divorciadas, casadas por lo civil, secularizadas, etc. 3. La preferencia por los pobres y sus consecuencias para nuestra Iglesia. 4. La moral de un cristiano en un mundo en cambio. De todas estas encuestas se deduce una aceptación mayoritaria de la convocatoria del Sinodo, aunque no todos están dispuestos a una participación directa y personal en el mismo a través, sobre todo, de los grupos de trabajo que han de formarse en su momento. Este deseo de participar se manifiesta en el 49.79% de los "creyentes practicantes" y en el 36,04% de los "creyentes-no practicantes". En cuanto a los "no creyentes" sólo consta su "no", en el 53,7570 de sus respuestas. De la consulta realizada a los grupos eclesiales de la Diócesis dieron su opinión 270 grupos cristianos, en los que se encuadran 3.690 personas aproximadamente. Entre los temas elegidos por estos grupos, destacan por orden de elección, los siguientes: 1. La juventud. 2. Las personas alejadas de la Iglesia. Cómo anunciarles el Evangelio. 3. Preparación y celebración de los sacramentos.

4. La Iglesia y la familia. 5. Unidad de criterios entre las parroquias.

6. La droga. 7. La ayuda a los marginados. 8. Aspectos de la vida de los sacerdotes.

7.

LA PLEGARIA POR EL SINODO

Conscientes de que si "el Sefior no construye la casa, en vano trabajan los albañiles" (Sal. 127,1), desde el primer momento se intenta suscitar en el Pueblo de Dios una súplica "coral" para que el Espiritu guie hoy a la Iglesia local por el camino de la comunión y le muestre los nuevos caminos por los que llegar a los hombres y mujeres de este tiempo con el anuncio del Reino.


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Para Favorecer y sostener este empeño en las distintas comunidades parroquiales y religiosas, en los grupos, asociaciones y movimientos, el Secretariado Diocesano de Liturgia edita y distribuye diversos materiales vigilias de oración, oraciones universales para las Eucaristías, celebraciones de la Palabra, etc.-. Esta iniciativa es apoyada además con diversas celebraciones de oración en distintas parroquias y una vigilia en la Catedral el 17 de mayo de 1991 presidida por el Obispo a la que es convocada toda la Diócesis.

8.

LOS TEMAS A TRATAR EN LA FASE PREPARATORIA

A partir de los resultados de las encuestas, la Comisión Preparatoria, reunida el 2 de julio de 1989, propone los temas de relexión para todos los grupos. En total son trece temas a estudiar, de los cuales tres son considerados "temas marcos", obligatorios para todos los grupos, y diez optativos, a elegir según preferencias e inquietudes.

Temas obligatorios: 1 . La identidad cristiana. Ser cristiano hoy.

2. La corresponsabilidad en la Iglesia. 3. Las principales necesidades y problemas de las islas y qué han de hacer los cristianos para ayudar a su solución. Entre los temas optativos enumerados a continuación y seleccionados según la valoración realizada en la consulta de abril, el grupo de trabajo ha de elegir, al menos, uno: 1. La juventud.

2. 3. 4. 5. 6. 7.

8. 9. 10.

El anuncio del Evangelio a las personas alejadas. La catequesis de niños, jóvenes y adultos. La Iglesia y la familia. Preparación y celebración de los sacramentos. La preferencia por los pobres y sus consecuencias para la Iglesia. Postura de la Iglesia ante las personas divorciadas, casadas civilmente, secularizadas, etc. La Iglesia y los enfermos y minusválidos. La Iglesia y la enseñanza. Presencia y moral del cristiano en un mundo en cambio.


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En el mismo mes de julio se constituye para cada tema una Comisión Técnica encargada de elaborar un instrumento de trabajo con datos, textos de la Palabra de Dios y del Magisterio y pautas de reflexión que facilite a los grupos la expresión de su sentir sobre cada materia. 9.

CONVOCATORIA OFICIAL DEL SINODO

Para la convocatoria oficial del Sinodo se elige en cada isla una fecha emblemática que corresponde en el calendario litúrgico a distintas advocaciones marianas, bajo cuyo patronazgo se encuentra cada isla. El 8 de septiembre festividad de Ntra. Sra. del Pino, patrona de la Diócesis, en Teror, Gran Canaria. El 15 de septiembre, festividad de Ntra. Sra. de los Dolores, en Lanzarote y el 16 del mismo mes, festividad de Ntra. Sra. de la Peña, en Fuerteventura. El anuncio oficial es realizado por el Secretario General, D. Luis Laborda, en cada una de las Eucaristía celebradas en las fechas indicadas y presididas por el Sr. Obispo. 10.

INSCRIPCION DE GRUPOS

A partir de esta convocatoria, se abre la campaña de participación e inscripción de gmpos de trabajo. Todos ellos, sean grupos ya organizados, sean grupos formados con esta finalidad, han de elegir a un coordinador e inscribirse en la Secretaria General del Sinodo, establecida de forma permanente en el Obispado de Canarias. Con todos los coordinadores se mantendrá en su momento una reunión, previa a la puesta en marcha de los grupos. El dia 5 de noviembre, la Comisión Preparatoria del Sínodo, reunida en sesión ordinaria, decide ampliar hasta el final de noviembre la fecha de inscripción de grupos. En la misma reunión se presenta el material elaborado para el trabajo de los grupos y se lee y comenta el borrador del Reglamento de la asamblea sinodal. 11.

EL TRABAJO DE LOS GRUPOS

Los grupos inscritos en la Secretaria General en enero de 1990 son 700. En ellos están encuadrados 9.000 personas.


NOTAS PARA LA MEMORIA

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El 26 del mismo mes, el Obispo se reúne con los coordinadores de los grupos de trabajo del Sínodo en el salón de actos de los PP. Salesianos. Es un encuentro para animar y estimular la ilusión y la esperanza ante el camino a emprender. Se insiste en el significado del Sínodo y se responde a los diversos interrogantes que suscita la tarea del coordinador. D. Segundo Diaz Santana, expone en este mismo encuentro las grandes líneas que conforman el tema número uno: "La identidad cristiana" y el Secretario General concluye puntualizando algunas cuestiones de orden práctico. El trabajo de los grupos consiste en reflexionar, estudiar y proponer cuanto le sugieran los temas a estudiar. De cara a una mayor sistematización de las aportaciones, éstas han de organizarse en tres apartados: declaraciones, líneas de acción y normas. Para ello la Secretaria del Sínodo pone al servicio de los grupos fichas de diversos colores en orden a facilitar en su momento la tabulación de los resultados. Como fecha limite se propone en un primer momento el 30 de junio para la presentación de cuanto se refiere a los temas obligatorios -1, 11 y 111- y hasta el 15 de febrero de 1991 para los temas de libre elección. Los grupos de trabajo inician su itinerario. El 20 de mayo de 1990 vuelve a reunirse la Comisión Preparatoria del Sinodo en el Centro Teológico de Las Palmas. Se trata de cambiar impresiones y de compartir el seguimiento de los grupos que estudian en ese momento los dos primeros temas obligatorios. Se constata el valor pedagógico del esfuerzo por reflexionar que hacen los distintos grupos. Hay una dinámica de trabajo en equipo que para muchos resulta nueva. Muchos seglares van adquiriendo un conocimiento de la Iglesia mucho más global y profundo y en algún tema, como por ejemplo el de la vida religiosa, hay verdaderos descubrimientos, tanto en relación a lo que significa este carisma cuanto a lo que exige el mismo. Para ayudar en la metodologia de trabajo propuesta, en octubre de 1990, D. Gonzalo Marrero, miembro de la Comisión ejecutiva, ofrece a los coordinadores de grupos un cursillo de dinámica de trabajo con documentos escritos que pueden ser utilizadas en sus respectivas reuniones. El 24 de febrero de 1991 la Comisión Preparatoria convocada para evaluar la marcha de los distintos grupos, decide ampliar el plazo de entrega de propuestas hasta junio del mismo año.


200 12.

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PROPUESTAS RECIBIDAS

Dentro del plazo acordado se recibe en la Secretaría General del Sínodo 17.103 propuestas, la mayoría de ellas referidas a los temas 1 y 111. Ahora han de volver de nuevo a la base, ordenadas por materias y sintetizadas. De ello se encargan las diversas Comisiones Técnicas que han elaborado los documentos de cada tema. Al final, se convertirán en 2.036 propuestas recogidas en cuatro folletos que vuelven a distribuirse a todos y cada uno de los miembros de los grupos de trabajo.

13.

NUEVA FASE DEL TRABAJO DE GRUPOS

La tarea de los grupos en esta nueva fase consiste en leer el mayor numero posible de las 2.036 propuestas y expresar su acuerdo o desacuerdo con ellas, en las tarjetas previamente distribuidas por el Secretariado y que han de enviar debidamente cumplimentadas. En la misma tarjeta pueden razonar el voto, si así lo desean o hacer cualquier tipo de sugerencia si lo creen conveniente. Junto a ello, los grupos seleccionarán aquellas propuestas que consideren inás importantes y las presentarán a los respectivos arciprestazgos o coordinadoras de movimientos y grupos. Estos, por su parte, en asamblea, eligirán entre las propuestas presentadas, las 25 que apoyan de manera especial y las remitirán al Secretariado. No resulta posible realizar la tarea dentro del tiempo indicado y, otra vez, ha de ampliarse el plazo. El 13 de enero de 1992 se cierra definitivamente esta fase. En la Secretaría General se reciben las respuestas de 621 grupos. Ya por entonces se han incorporado al trabajo sinodal algunos grupos nuevos, mientras otros han desaparecido.

14.

ASAMBLEAS POR SECTORES

Se acerca el final de la fase preparatoria. Entre el 24 de enero y el 2 de febrero de 1992 se celebran las asambleas por arciprestazgos, movimientos e instituciones diocesanas. El orden del día comprende una doble finalidad: seleccionar las 25 propuestas que cada sector considere las más importantes y elegir las 10 ó 12 personas -esto dependerá de la extensión de cada arciprestazgo-, que se proponen al Obispo para su nombramiento como sinodales.


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Son asambleas fatigosas en algunos arciprestazgos dada la extensión de los mismos, el desconocimiento personal que hay entre los asamblearios y el marco de tiempo en que éstas han de realizarse. Algunas sesiones han de prorrogarse a varios encuentros e inventar sistemas que garantizaran una votación responsable.

15.

EL DOCUMENTO BASE DE TRABAJO DEL SINODO

Un equipo, elegido por la Comisión Ejecutiva, elabora el Documento que servirá de base para los trabajos del Sínodo, teniendo en cuenta las sugerencias y las opiniones expresadas por los grupos. Este documento se divide en siete grandes capítulos que corresponden a las Comisiones de estudio fijadas anteriormente y que reciben cada uno de los sinodales para su estudio y reflexión en orden a las plenarias. Las 508 propuestas seleccionadas entre las más de 20.000 recibidas en el secretariado del Sinodo, serán el punto de partida para el trabajo último. Unas propuestas, por otra parte, que podrán ser discutidas, enriquecidas o rechazadas según el dictamen de la asamblea final.

16.

NOMBRAMIENTO DE LOS SINODALES, COMISIONES Y ORGANISMOS.

De acuerdo con el reglamento del IX Sínodo Diocesano de Canarias, publicado en el Boletin Oficial del Obispado en marzo de 1992, el Obispo nombra a los 564 miembros que bajo su presidencia formarán la asamblea sinodal. La mayoria de ellos son presentados por los distintos sectores pastorales, otros pocos son elegidos personalmente por el Obispo. De todo ello resulta el cuadro siguiente: l . Sectores eclesiales Obispo Sacerdotes diocesanos Religiosos/as Laicodas 2. Sexo. Hombres Mujeres

1 196 103 264


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3. Situación de los seglares Solteros Casados Viudos

150 5

4. Edades

Años De 18 a 22 De 23 a 32 De 33 a 42 De 43 a 52 De 53 a 62 De 63 a 72 De 73 a 82 Más de 82

Sinodales 14 66 98 156 124 90 13 3

"lo 2,4870 11,70% 17,37% 27,66% 21,99% 55,96% 2,31% 0.53%

5. Edad media 50 años.

De inmediato, los elegidos proponen al Secretariado la Comisión de estudio a la que desean pertenecer y sugieren, al mismo tiempo, el nombre de quienes deben presidir lis distintas Comisiones. Sólo a partir de entonces se organiza el trabajo de éstas que quedan estructuradas como sigue: 1 . "La Iglesia, misterio de comunión", D. Segundo Diaz, con 106 sinodales y 176 propuestas.

2. "La misión de la Iglesia. Presencia de los cristianos en nuestra realidad", D. Felipe Bermúdez, con 84 sinodales y 71 propuestas. 3. "La Iglesia diocesana anuncia el Evangelio, fundamenta la fe y forma a los creyentes", D. Simón Pérez, con 87 sinodales y 70 propuestas. 4. "La Iglesia diocesana celebra la fe a través de los sacramentos y otras expresiones propias", D. José Luis Guerra, con 71 sinodales y 48 propuestas. 5. "Las Iglesia diocesana vive el amor a los más necesitados y se organiza para ello", D. Eduardo García, con 77 sinodales y 39 propuestas. 6. "Los jóvenes", D. Pedro Monzón, con 57 sinodales y 52 propuestas. 7. "La Faimilia", D María del Carmen Sánchez-Tembleque y D. Octavio Cardoso Suárez, con 82 sinodales y 52 propuestas.


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Durante los fines de semana de los meses de mayo, junio y julio, estas Comisiones estudian los respectivos documentos que las bases han sugerido previamente a lo largo de un lento e ilusionado trabajo. Con todo ese material se alabora el Proyecto de Documento Final que se estudia, debate y enmienda en las secciones plenarias del mes de octubre.

17.

LA EUCARISTIA DE APERTURA

1 de mayo. Aparece ante la gente el rostro del Sinodo. El largo puente favorece la huida de la ciudad, pero el rojo del calendario señala la condición emblemática del día: es la Fiesta del Trabajo. A las 10 de la mañana desde la Iglesia de San Francisco de Borja en el corazón de Vegueta, junto al antiguo edificio del Seminario, se pone en marcha una larga procesión de clérigos, religiosos y laicos que acompañan al Obispo. Invocan a los santos, entre los que resuenan con acento propio aquéllos que han tenido alguna vinculación especial con nuestra Iglesia diocesana. Cantan las letanías. Un cuidado folleto, elaborado por el Secretariado de Liturgia, permite seguir atentamente la celebración. Caminan hacia la Catedral. Allí aguarda la gran asamblea. Toda la calle se reviste del blanco de las túnicas de todos los sacerdotes de la diócesis, mientras las súplicas de todo el pueblo convocado se mezclan con las campanas y el revuelo de las palomas. Es una imagen plástica de una Iglesia que camina unida, que confluye desde las distintas tareas pastorales, ambientes y mentalidades para recorrer juntos al camino de una nueva evangelización. Han sido casi cuatro años callados, a veces tensos, siempre ilusionados, que ahora emergen en la asamblea Eucarística que el Obispo preside y que abre el IX Sínodo Diocesano.

Pintar la imagen de aquella manifestación no es fácil. Describir el magnetismo, el clima de aquella asamblea es imposible. Todos la recuerdan como una grata experiencia. La Catedral abarrotada de fieles, los sinodales situados, dentro del espacio celebrativo, en un lugar relevante, junto al único altar donde preside el pastor de la diócesis, rodeado de su presbiterio y ministros, era una expresión gozosa de esa Iglesia que somos y pretendemos ser, "un signo de la comunión en el amor" -afirma el obispo en su homilía- Dispuestos a "Abrir caminos y preparar lo que debe ser la Iglesia del mañana, a la luz del Concilio Vaticano 11, para asi descubrir qué es lo que Dios quiere en cada momento".


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Al finalizar la celebración, el Secretario del Sínodo presenta globalmente a los sinodales a todo el Pueblo de Dios y da a conocer los diversos organismos y miembros que componen el aula sinodal: 1. El Consejo de Presidencia. A él pertenecen: El Secretario General, el Promotor del Sínodo, los Presidentes de cada una de las siete Comisiones de estudio, tres sacerdotes, dos religiosos y cinco seglares nombrados directamente por los sinodales, los presidentes de las Comisiones Cordinadoras de Fuerteventura y Lanzarote elegidos en sus respectivos arciprestazgos y dos sinodales nombrados por el Sr. Obispo, que ostenta la presidencia.

2. El equipo de la Secretaria General, formado por cuatro miembros elegidos directamente por los sinodales. 3. La Comisión de Redacción, encargada de la corrección de estilo y de la redacción definitiva de las propuestas finales, formada también por cuatro miembros designados por los sinodales.

A estos organismos se añadirán más tarde otros dos: 4. La Comisión Teológica,que tiene el cometido de asesorar y discernir las propuestas de los sinodales. La integran cinco teólogos propuestos por la asamblea.

5. La Comisión Jurídica, compuesta por cuatro juristas miembros del Sínodo, encargados de velar y atender en todo aquello que afecta a su competencia. El Obispo, por último, proclama oficialmente abierto el IX Sínodo "para la gloria de Dios y la renovación cristiana de nuestra diócesis".

18.

1 ASAMBLEA PLENARIA

Concluida la celebración eucarística, los sinodales se dirigen al Colegio Claret en Tamaraceite que será, a partir de este momento, el lugar de encuentro y de trabajo de todos los sinodales. En las jornadas de los días 1.2 y 3 de mayo se desarrolla la primera asamblea plenaria que continúa alimentando el ambiente cálido y esperanzado que ya se respiraba. Comienza la sesión con las palabras de rigor del Obispo, presidente del Sínodo y la firma por parte de los sinodales del Credo Católico, expresión de


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la adhesión a la doctrina fundamental de la Iglesia. Luego se da lectura a los diversos telegramas de apoyo y felicitación recibidos en la Secretaria del Sínodo. Acto seguido se pasa a la votación del documento base del trabajo a realizar en los meses venideros. El esfuerzo sostenido de tantas horas de estudio, reflexión y diálogo, de tantas reuniones de grupos de trabajo, de oración, de tanto ir y volver de propuestas, sugerencias y resúmenes, de resultados de votaciones previas, culmina en la aceptación de este documento, respaldado por el 93.3% de los sinodales. El optimismo acelera la adrenalina y se vislumbra con esperanza el futuro inmediato. La coincidencia de la plenaria con la Fiesta del Trabajo, hace que la Asamblea baga suyo, con el acuerdo del 91,3% de los votantes, el manifiesto presentado por la delegación de Pastoral Obrera y pide que se difunda. Cubiertos estos trámites, van desarrollándose conforme al orden del día, los temas propuestos. En primer lugar es necesario tomar conciencia del momento histórico que se vive aquí y ahora. Es tiempo de leer la vida y situarse en la "Realidad social de Canarias". Difícilmente podrá un Sínodo responder a los desafíos del hombre de hoy si no tiene en cuenta a ese hombre, en el marco concreto de su existencia. Es el tema central del día que es presentado desde el ángulo social, económico y cultural por un representante de cada una de las vicarías de las islas y por un miembro de Cáritas Diocesana. Esa visión más experiencia1 que sociológica es completada o subrayada luego, durante un máximo de tiempo de diez minutos, por todos aquellos sinodales que habían pedido previamente la palabra. Son las 6,30 de la tarde cuando, rezadas Vísperas, la Asamblea se dispersa. Se respira un magnífico clima. El encuentro, el diálogo abierto y respetuoso entre diversas tendencias, la sentida celebración de la mañana y muchos otros elementos difíciles de enumerar, entre los que no cabe olvidar la perfecta organización, fue para muchos una ocasión privilegiada para tomar conciencia de corresponsabilidad y de pertenencia a una Iglesia diocesana viva y disponerse, desde el principio, al buen ánimo. El día 2 de mayo comienza la reunión a las 9.30 de la mañana con el rezo de Laudes. Están presentes 490 sinodales. En las primeras horas toman la palabra once personas que se pronuncian durante cinco minutos sobre el tema presentado el día anterior. En la tarde se presenta el segundo.tema que se ofrece a la consideración de los sinodales: "La realidad eclesial de nuestra diócesis". De nuevo, las Vicarías y Arciprestazgos exponen el tema desde su


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respectivas experiencias pastorales y el Centro Teológico cierra el turno con una ponencia más global. Seguidamente toman la palabra durante 20 miniitos D. José Hernández Almeida y D. Segundo Diaz, conforme a la solicitud que habían realizado por escrito en su momento. Luego se suceden, en intervenciones de diez y cinco minutos, más de cuarenta sinodales. Fue un ejercicio de defensa serena de lo que cada uno consideraba lo mejor o más conveniente, de debate intenso. Todo normal. La jornada concluye con la Eucaristía por el Obispo. El encuentro del 3 de mayo se dedica fundamentalmente a las Comisiones de Estudio. Por primera vez se ven juntos todos aquellos que la componen. Es la hora de profundizar, debatir y sugerir caminos concretos. El punto de partida es el capitulo correspondiente del Documento de Trabajo aprobado en la Asamblea.

19.

EL TRABAJO DE LAS COMISIONES

Los siete temas seleccionados dan origen a las siete Comisiones de Estudio del documento. Es un trabajo que cada grupo organiza con toda libertad dentro del calendario que se cierra los últimos días de junio. Son casi dos meses de debate intenso, de algún momento de tensión, siempre de búsqueda. Los grupos se reúnen los fines de semana en el Colegio Claret. Se realiza un gran esfuerzo y se enriquece el documento base, se elaboran nuevas propuestas, enmiendas, sugerencias. La mesa de cada Comisión compuesta por el presidente, el vicepresidente, el secretario y dos vocales va dándole cuerpo a todo cuanto se presenta. No es un trabajo fácil. De nuevo vuelve el material elaborado por la Mesa a la Comisión y se discute, se rechaza o se aprueba. Es un ir y venir que va, unas veces perfilando las propuestas, otras veces, diluyendo para algunos sus estridencias, para otros rebajando su mordiente profética. Toda la Comisión se siente comprometida. La Mesa hace horas extraordinarias. Es un trabajo responsable, seno, respetuoso con todos. Por ello, todo aquel que insiste en defender una propuesta, tiene la posibilidad de hacerlo, aunque la haya rechazado la Mesa de la Comisión. Necesita, sin embargo, estar respaldado por el 10% del resto de los miembros. La singladura no es fácil y por ello, mientras unas Comisiones avanzan a toda máquina, otras se ven envueltas en los remolinos de las discusiones y de las precisiones sin fin. Depende bastante del tema a estudiar. No obstante, a pesar de las dificultades, los nuevos documentos aprobados por cada una de las Comisiones están en la mesa del Consejo de Presidencia del Sínodo en las fechas prefijadas.


NOTAS PARA LA MEMORIA

20.

207

ELABORACION DEL DOCUMENTO FINAL

Es verano. El próximo octubre tendrá lugar la 11 Sesión Plenaria del Sínodo. Entra de lleno en acción del Consejo de Presidencia del Sínodo. Lee y rrlee el Documento que ha resultado del trabajo de las Comisiones, aclara las contradicciones y suprime las repeticiones existentes hasta lograr un texto final coherente que pasa a las Comisiones de Redacción, Teológica y Jurídica para que emitan sus informes correspondientes. Todo ello se realiza en varias sesiones de trabajo, la primera el 29 de junio, la última los días 17 y 18 de julio. Con los informes de las Comisiones, el Consejo de Presidencia elabora el texto definitivo. Un texto único que envía a todos los sinodales para su estudio. Sin embargo, sigue siendo un texto abierto. Por ello, si algún sinodal no encuentra recogida su propuesta en el documento, entre otros motivos porque ha sido rechazada por el Consejo de Presidencia, si insiste en presentarla, puede hacerlo en el Pleno, con el aval, al menos, de cuarenta sinodales. Por último, el Consejo de Presidencia sistematiza, cuanto puede, el Documento, determina el índice definitivo del mismo y nombra un equipo de trabajo que distribuye el material acumulado en Declaraciones, Líneas de Acción y Normas. 21.

LA 11 ASAMBLEA PLENARIA

Han pasado cinco meses y medio desde el último Pleno. En medio, el verano. Son los días 10 y 11 de octubre. Es la 11 Sesión Plenaria. De nuevo el salón de actos del Claret se llena de sinodaies. Después del rezo de Laudes y las informaciones puntuales, comienza el debate. Todos tienen la oportunidad de pronunciarse a favor o en contra de las numerosas propuestas. El documento se divide en 13 bloques para facilitar el trabajo. El diálogo, la reflexión, la matización, la defensa, se van sucediendo en una variada galería de voces que acentúan aspectos, dimensiones, prioridades no siempre coincidentes. Con la oración de Vísperas se clausura cada día una jornada fatigosa, pero apasionante. 22.

LA 111 SESION PLENARIA

El día 17 de octubre tiene lugar la 111 Sesión Plenaria. El orden del día es único: defensa ante la asamblea de aquellas propuestas presentadas por los


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JOSE LUIS GUERRA DE ARMAS

sinodales y no aprobadas por el Consejo de Presidencia. Se defienden 17 enmiendas. Ninguna alcanza los votos necesarios para ser incorporadas al Documento final. El ambiente es distendido. El camino recorrido es largo. El Documento final espera la aceptación o el rechazo de cada uno de los sinodales. El Obispo exhorta a la asamblea a la oración y a la reflexión serena para que en la próxima sesión se vote en conciencia y con responsabilidad personal. Se entra en la recta final.

23.

LA IV SESION PLENARIA. APROBACION DEL DOCUMENTO FINAL

El Documento que se presenta a la votación final comprende 740 propuestas. Es el 24 de octubre, festividad del P. Claret, copatrono de la Diócesis, cuando los 434 sinodales presentes en el aula aprueban por mayoría cada una de las propuestas. Todas obtienen más de los 2/3 exigidos. Un aplauso sostenido cierra el resultado. Junto al cuerpo del Documento se votan otros textos colaterales que entran a formar parte del Documento oficial del Sinodo: la "Introducción del Documento" que es aceptado por el 81% de los votantes y un texto, asumido por el 80% de los sinodales, en el que se condena todo lo que atenta contra la vida, alternativa a una propuesta rechazada en su momento por el Pleno. La jornada se clausura con los agradecimientos de rigor a los PP. Claretianos y la entrega de una placa conmemorativa que recuerde a las generaciones futuras la celebración en el Colegio Claret de este acontecimiento extraordinario. La Eucaristía, presidida por el Obispo, culmina y pone el punto final a este día histórico.

24.

LAS ULTIMAS PRECISIONES

El 6 de noviembre, el Consejo de Presidencia, vuelve a reunirse. Considerados los informes de las Comisiones Teológica, Jurídica y de Redacción fija definitivamente el texto. Se trata de las últimas precisiones, previas a la entrega del texto al Obispo para su consideración, aprobación y publicación. El 26 de noviembre, el Secretario General del Sínodo cumple con este requerimiento y presenta al Obispo el texto oficial del IX Sinodo de Canarias.


NOTAS PARA LA MEMORIA

25.

209

LA CLAUSURA OFICIAL

Catedral de Santa Ana, 10,15 de la mañana del 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada. En el mismo lugar de la apertura, se clausura con la Eucaristía, el IX Sínodo de la Diócesis. Las miles de personas que allí se reúnen participan en una celebración sentida y hermosa que pone de manifiesto a nuestra Iglesia diocesana. Una Iglesia que después de más de tres años de un esperanzado caminar, se reencontraba gozosa, reunida en torno a su pastor, olvidándose de los sinsabores del trayecto y expresando la alegría de haber avanzado juntos y dispuesta a reemprender el camino hacia el horizonte marcado por este Sínodo. La celebración preparada por el Secretariado de Liturgia se presenta así como el culmen de toda la actividad realizada a lo largo del itinerario sinodal, pero al mismo tiempo se impone a todos como el punto de partida de la misión a retomar. La salida hacia la Plaza de Santa Ana para proclamar por parte del Promotor del Sínodo el Mensaje Sinodal a los hombres de hoy y recibir la bendición del Obispo que envía en nombre del Señor, en medio incluso del desconcierto y de la desorganización de ese momento un tanto improvisado, se convierte de este modo en un signo de futuro.

José Luis Guerra de Armas


ALMOCAREN.

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224.

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C E N I K O TEOLMjlCO DE LAS PALMAS

EL SINODO. EN LA PRENSA

JESUS VEGAM E S A LCDO. E N TEOLOGIA PASTORAL

"La Iglesia se consideraría culpable si no usara los medios de comunicación social que la inteligencia humana perfecciona cada día; valiéndose de ellos, la Iglesiapregona desdela azotea (Mt. 10,27; Lc. 12,3) el mensaje del que es depositaria. Estos medios son la versión moderna y eficaz del púlpito. Gracias a ellos logra la Iglesia hablar a las multitudes". (Evangelii Nuntiandi, 45) Nunca un acontecimiento de la Iglesia en Canarias ha tenido tanto eco en la Prensa como el IX Sínodo Diocesano celebrado en Las Palmas de Gran Canaria. La prensa diaria dedicó numerosas páginas a informar y opinar sobre el Sínodo durante el tiempo de la celebración. En total, fueron más de cincuenta crónicas, unos veinte artículos de opinión y doce entrevistas en los tres diarios que se editan en Las Palmas de Gran Canaria. Sin duda alguna, la prensa diaria acertó en considerar de interés general la Asamblea del Sínodo Diocesano. En este trabajo voy a centrarme en lo publicado por "La Provincia", "Canarias 7" y "Diario de Las Palmas". Fue también importante la cobertura informativa de los otros medios: Radio y TV, así como algunas revistas extradiocesanas como "Vida Nueva" y los diarios de la provincia hermana de Santa Cruz de Tenerife. Pero no dispongo de los datos suficientes para el análisis


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de estos últimos. Capítulo aparte merecería la revista diocesana "Iglesia al día" que ofreció siempre una información rigurosa aunque, por su carácter mensual, mucha~veces.poco "al día". DIARIO DE LAS PALMAS, EL PRIMERO

Diario de Las Palmas, el periódico de la tarde, fue casi siempre el primero en ofrecer información. Los lunes, precisamente el día que este periódico aparece por la manana, se refirió siempre puntualmente a lo tratado en las comisiones reunidas el anterior fin de semana. Los otros periódicos, normalmente, publicaban el martes la crónica de lo debatido el domingo. También fue Diario de Las Palmas quien, adelantándose a la rueda de prensa que se ofreció para informar de la apertura del Sínodo, dio a conocer con amplitud de detalles la composición del IX Sínodo de Canarias: participantes, edades, comisiones, presidentes de las mismas, etc. Esta información apareció el 20 de abril de 1992. Ocho días más tarde, se celebró la rueda de prensa con el promotor y el secretario general del Sínodo. Los tres diarios de la provincia recogieron generosamente los datos ofrecidos y los tres con información gráfica. Canarias 7, además, publicó la información a cinco columnas y en página impar. Los otros dos diarios destinaron cuatro columnas al tema. La Provincia, en página par. Los periodistas literarios que cubrieron la información fueron Sebastián Quintana por el Canarias 7, Angeles Arencibia por La Provincia y Antonio Quintana por Diario de Las Palmas. LA APERTURA

La apertura del Sínodo Diocesano el viernes 1 de mayo era, sin duda alguna, una noticia de primera. Los tres periódicos la recogieron en portada. Para Diario de Las Palmas es la noticia principal, ocupando la primera mitad de la portada el mismo día primero de mayo. En el interior ofreció una página entera, con dos fotos del acontecimiento y un artículo de opinión. A la mañana siguiente, La Provincia y Canarias 7 ampliaron la información, deteniéndose, sobre todo, en el trabajo de la Asamblea que se inició acabada la ceremonia de apertura del Sínodo.


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Y, con información de la apertura del Sinodo, empieza también a percibirse las peculiaridades del informador. A partir de esta fecha, Antonio Cruz Dominguez toma las riendas en las crónicas de La Provincia. El, junto con Antonio Quintana en Diario de Las Palmas, conocen la marcha de la Iglesia, saben teología y dominan el lenguaje eclesiástico. Informan por tanto de la vida de un mundo que conocen, que les es familiar. Y eso se percibe desde la narración que hacen del inicio del Sínodo. Sebastián Quintana de Canarias 7 aparece, sin embargo, como perdido en un mundo que no conoce tanto. La terminologia eclesiástica debe resultarle ajena y a veces da impresión de no haberse enterado mucho de lo que pretende hacer enterar a los lectotes. Sin embargo hay algo que tiene en común con los otros periodistas: un talante respetuoso hacia la Asamblea y hacia la Iglesia en general. En los días sucesivos, Canarias 7 sigue informando de los trabajos que desarrollan las comisiones sinodales. Pero lo publicado aparece, generalmente, sin firma.

DETRAS DE CADA INFORMACION HAY UN HOMBRE Y UNAS IDEAS

Es una perogrullada, lo sé. Pero la lectura comparada de informaciones sinodales nos confirman esa realidad. El periodista no puede desentenderse de su forma de pensar, de ver el mundo, de ver la Iglesia. Y, necesariamente, refleja su modo de pensar, sus criterios o su falta de criterios. A modo de ejemplo, he aqui algunos titulares de Diario de Las Palmas, informando del trabajo de diferentes comisiones o plenarios o escuchando la voz de los que no están:

- "Pedro Armas. Deseo que en el Sínodo se escuche a los secularizados" (16 de mayo de 1992). - "Se

pide que se revise y se cuide el lenguaje sexista" (16 de de mayo).

- "La crisis de vocaciones actual es más una crisis de identidad cristiana" (22 de junio). "Proponen la creación de una Vicaria de Acción Social. Existe una alta preocupación por la solidaridad'' (1-6-92). -

- "Impulsan la presencia de los Movimientos en sus ambientes"


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- "La

Iglesia hará una opción preferencial por los jóvenes" (25-5-92).

"Hay que pasar de una pastoral de conservación a otra de evangelización" (18-5-92). -

- "Quieren que la "emoción" de la religiosidad no caiga en fanatismo" (29 de junio). Por su parte, La Provincia fija su atención en otros temas. Estos son algunos de sus titulares, en fechas coincidentes con las del Diario de Las Palmas: - "El obispo", fundamento de la unidad. "Aprobado el texto sobre la figura y actuación pastoral del Obispo" (26-5-92).

- "Se pide que se visibilice la existencia del Seminario como institución" (23-5-92). - "Rechazada

la propuesta de crear un canal de televisión de la Iglesia a nivel diocesano" (30-6-92). -

"El Sínodo y el uso del Latín" (14-6-92).

- "La Virgen, evangelio del pueblo" (20-10-92). - "Una

comisión pide que la Iglesia canaria tome postura ante el pleito

insular". Canarias 7, que fue el periódico que menos espacio dedicó al Sínodo, no acentuó ningún aspecto. Se limitó casi siempre a recoger información de segunda mano y a transcribirla con más o menos rigor y acierto. Y es que, probablemente, los redactores del más joven periódico de la provincia, no tenían una postura definida sobre lo que en los plenarios se aprobaba o se rechazaba. No les interesaba a nivel personal sino informativo. Y eso les convirtió, quizás, en los informadores más imparciales, pero también en los más faltos de garra y de convencimiento de que aquello que contaban valia la pena.

.LOS ARTICULOS DE OPINION Los dos periódicos de la Editorial Prensa Canaria (La Provincia y Diario de Las Palmas) fueron los que recogieron con más frecuencia artículos de opinión respecto al Sínodo Diocesano. Antonio Cruz Domínguez fue quien más opinó sobre temas relacionados con la Asamblea diocesana. En una sección semanal que titula "iEnvío!" escribió muchas veces a propósito del Sínodo.


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Otros articulistas de la prensa diaria fueron María José Campoy ("Por la igualdad efectiva de la mujer en la Iglesia"), José Alonso Morales ("El gran reto de nuestro Sínodo"), Jesús Vega Mesa ("El Sínodo, de interés general"), M. Franco Cárdenes ("El Sínodo Diocesano en la fase final"), Felipe Bermúdez ("El Sínodo, nuevo Pentecostés"), Pedro Fuertes ("Un Sínodo para nuestro tiempo" y "Después del Sínodo Diocesano"), etc. Llama la atención que, los que habitualmente salen a las páginas de la prensa para opinar de cualquier acontecimiento, en esta ocasión se han callado. No tenían tal vez nada que decir, o les parecía un acontecimiento sin importancia para los que no se sienten Iglesia. De hecho, todos los articulistas citados anteriormente son miembros activos en la Iglesia canaria, cuatro de ellos sacerdotes. Por esta misma razón, la voz de la prensa no ha sido voz crítica. Ha sido siempre una voz amable a la hora de informar y a la hora de opinar. Hubiera sido muy interesante escuchar la voz de "fuera". ¿O deberá bastarnos su silencio, como posible signo de que esto ni les va ni les viene?

EL PODER DE LA PRENSA La constancia informativa de los tres periódicos diarios de Las Palmas no ha sido vana. Si se hiciera un estudio, con toda seguridad reflejaría que la única información que la mayoría de los canarios tuvo del Sínodo la recibió a través de la prensa escrita. Ni a través de las parroquias ni por la revista diocesana se hubiera podido llegar a tan gran número de personas. Esto ha posibilitado que un vocablo tan extraño como sínodo o sinodal se haya hecho de uso común. La prensa ha tenido un papel irnportantísimo en la divulgación de los temas discutidos en el Sínodo. Pienso que no se valoró suficientemente su presencia en las comisiones. plenarios y en momentos claves como la apertura y clausura. La prensa prestó un valiosísimo apoyo al trabajo sinodal. Sin duda fue el mejor cauce para llegar a los no creyentes o alejados, a los que la Iglesia tiene como misión acercarse. La prensa canaria prestó un apoyo decídido a la evangelización que hay que reconocer. Fue, en expresión de la Evangelii Nuntiandi, el mejor púlpito desde donde se pregonó que la Iglesia canaria estaba en reflexión.


LA REVISTA IGLESIA AL DIA La revista Iglesia al día, la revista de la diócesis dirigida por la periodista Ana Diaz, merece capítulo aparte porque, desde la convocatoria del Sínodo, ha estado cada mes informando con imparcialidad de los preparativos, debates y conclusiones de la Asamblea eclesial. El trabajo de esta revista, que se distribuye a través de las parroquias y que tiene un público mayoritario de Iglesia, hay que estimarlo, sobre todo, por su constancia, al margen de lo que en algún momento pudiera ser sensacionalista. La revista, con su insistencia en los temas sinodales, sirvió para crear ambiente en los grupos eclesiales y favorecer a la popularización de una Asamblea y unos temas que no siempre fueron fáciles de digerir por los cristianos de a pie. Aparte de algunos artículos de opinión, hay que destacar la colaboración de Francisco Caballero Mujica con su Breve historia de los sínodos diocesanos de Canarias, que fue publicando en bastantes números de la revista a partir del anuncio del Sínodo. Cuando el Sínodo se puso en marcha y había ya clima de Iglesia viva, en movimiento, en diálogo, entonces el ritmo de aparición de la revista diocesana, una vez al mes, no podía ofrecer el calor, la viveza que, afortunadamente, ofreció la prensa escrita de la provincia. Si estuviésemos al inicio del Sínodo, con la experiencia vivida, habría que pedir que Iglesia al día, al menos en la etapa final del Sinodo, se convirtiera en periódico semanal para que, realmente pusiera al día a la comunidad cristiana. Pese a la dificultad de ser revista mensual, la revista diocesana colaboró muy positivamente en la ambientación hay en la información del Sínodo.

LA IGLESIA Y LOS MEDIOS DE COMUNICACION Las noticias de Iglesia en la prensa escrita son muchas veces ocasión de debate: ¿Debe o no debe convertirse en noticia los hechos de la comunidad eclesial? ¿No habría que optar por una Iglesia más silenciosa, humilde, sin los alardes de la letra impresa? La Iglesia no tiene razón de ser en sí misma. Debe proyectarse hacia fuera de sí misma. Es misionera por naturaleza y por vocación. Su función principal es el anuncio del Evangelio a la humanidad, la comunicación del mensaje de


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salvación a todos los hombres. Por eso la Iglesia ha sido definida como luz de las gentes. La Iglesia necesita un diálogo permanente con los destinatarios de su misión. Este diálogo hace posible la comunicación del mensaje cristiano. Y hoy día resulta imposible pensar en el diálogo y la comunicación de la Iglesia con la sociedad sin acudir a la Prensa. Si la Iglesia es "signo e instrumento de unidad" debe utilizar todos los medios a su alcance para cumplir esa misión de conducir a los hombres a la unidad completa. La instrucción pastoral Communio et progressio extiende este compromiso a todos los miembros de la Iglesia, que son invitados a que colaboren cada vez más en publicaciones (núm. 106). La misma intrucción pastoral, califica de infidelidad a la misión evangelizadora de la Iglesia el desaprovechamiento de los modernos medios de comunicación social: "Cristo mandó a sus apóstoles y a sus sucesores que enseñaran a todas las gentes, que fuesen luz del mundo, que proclamaran el Evangelio en todo tiempo y en todo lugar. Y, de la misma manera que Cristo, en su vida terrestre, presentó la forma y figura más perfecta de comunicador, y al igual que los apóstoles mismos usaron 10s medios de comunicación que tenían a mano, así también ahora debe llevarse a cabo la misión apostólica por los más modernos medios e instrumentos. Por lo que no podría considerarse fiel al mandato de Cristo quien desaprovechara las facilidades y oportunidades que estos medios proporcionan para hacer llegar las verdades y los preceptos evangélicos a los más posibles". (Communio et progressio, n. 126).

Está por tanto en juego la evangelización, que es compromiso primero de una Iglesia esencialmente misionera. Por eso es fácil deducir la importancia y la trascendencia de los medios modernos de comunicación social para que la Iglesia pueda cumplir oportunamente su misión. Por eso consideramos que el trabajo realizado por los periodistas informando y opinando de lo tratado en el Sínodo fue, en todo momento, un trabajo evangelizador, misionero. Pero que, de ninguna manera, debe finalizar con la clausura de la asamblea sinodal. La prensa tiene un papel importantísimo en la etapa actual, en la que hay que poner en práctica todo lo acordado. Ojalá, dentro de unos aiios, podamos volver


sobre las amarillentas hojas de nuestra prensa de Canarias y encontremos que en ellas tuvieron cabida n o sólo los hechos singulares de la Iglesia sino la vida cotidiana de unas comunidades que intentan seguir el camino de Jesús y anunciarlo a los demas.

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TEOLOGICO DE LAS PALMAS

H. CLARK KEE, ¿Qué podemos saber sobre Jesús? Ed. El Almendro, Córdoba, 1992. La presente obra se enmarca en la línea del acceso a Jesús, como claramente indica su titulo. Y ello, frente a críticas antiguas y modernas, que se han dado y se dan, sobre la figura de Jesús, es decir, frente a las diversas interpretaciones de su Persona y su significado. Por eso, afronta, sobre todo, un acceso a través de los datos de los diversos materiales que poseemos: las fuentes externas (F. Josefo, Plinio, Suetonio, Tácito, Rabínicas, Qumrán) y las fuentes internas (neotestamentarias no evangélicas, apócrifas, y especialmerite, fuente Q., Marcos y los otros evangelios). A través de ello aborda temáticamente el origen de Jesús, su actividad, sus predicciones, el discipulado, la redefinición de la participación en la Alianza y del Mesías, su relación con Dios y su predicación del reino, la conflictividad y el enfrentamiento, su muerte y los encuentros con el Resucitado. De este modo, a través de tal estudio sintético de las fuentes se pretende acceder a Jesús, en una fase de síntesis de la investigación contemporánea. En este sentido, presenta una visión de reconciliación con el material, no entrando en la discusión sobre los materiales secundarios, sino afrontando el texto en si mismo; y sin embargo, no perdiendo el aspecto crítico subyacente. Logra así una presentación ágil y una metodología, por la que muestra el proceso evolutivo de la redacción de la tradición sobre Jesús. La conclusión que pretende mostrar es la concurrencia básica de las fuentes y, con ello, la viabilidad del acceso a Jesús y a su pretensión, pues "tenemos acceso a un claro y sólido conjunto de datos sobre esta figura" (pág. 146). Ante Jesús nos encontramos con una misma tradición, transmitida en varias formas y en contextos diversos, que presenta perspectivas según cada comunidad, pero también, datos históricos. Pero subrayando la diferencia, a la vez que la continuidad, de un saber sobre Jesús por tradición y un conocer a Jesús por encuentro espiritual. En definitiva, un libro asequible que aporta una buena síntesis. Jos6 A. Rodriguez Roca


RAFAEL LAZCANO, Bibliographia Missionalia Augustiniana - América Latina (1533.1993). Editorial Revista Agustiniana, Madrid, 1993. Se trata de un libro de consulta excelente, imprescindible en cualquier biblioteca de un Centro de Estudios teológicos o históricos. Contiene una exhaustiva recopilación bibliográfica de todo lo publicado acerca de la presencia y actividad apostólica de los agustinos en tierras americanas a lo largo de estos cinco siglos. La obra consta de cuatro partes, perfectamente delimitadas, según un plan de conjunto sistemático: La primera, con el epígrafe de "Historia general", ofrece las fuentes bibliográficas más utilizadas por el autor (un total de 56 títulos), las crónicas e historias generales consideradas como clásicas y publicadas a lo largo de los siglos (son 61 títulos) y los estudios generales acerca del tema (119 titulos). La segunda parte, titulada "Historia local", incluye 1.131 obras, que son catalogadas y recensionadas por orden alfabético de países y de autores, constituyendo una riquisima relación referente a cada uno de los territorios con presencia de la orden. La tercera sección presenta la "Historia personal", con la bibliografia de y sobre las figuras más sobresalientes de los agustinos en América, teniendo en cuenta que la historia de la orden es en gran medida la historia de estos misioneros, teólogos, filósofos, escrituristas, pastores, literatos, etc ... cuya presencia ha sido significativa en la vida de la Iglesia latinoamericana. Es la parte más extensa de la obra (347 páginas, de las 645 que tiene el volumen), detallándose todo lo publicado por o acerca de 9 1 agustinos, que aparecen por orden cronológico, por siglos. Se añade una breve indicación de la bibliografia de y acerca de las agustinas, cuya vida y presencia en América también fue significativa. La cuarta y última parte del libro está dedicada a los indices, cuya variedad y riqueza ayudan al manejo del libro y muestran la densidad del trabajo realizado por el autor. En definitiva, una obra fundamental en el tema, con una cuidada edición. Estamos seguros que prestará un servicio inestimable a los investigadores. En Canarias, donde la labor apostólica, cultural y misionera de los agustinos ha dejado también su huella, algún investigador podrá encontrar en esta obra estímulo y muchos datos de interés para historiar la presencia de los hijos y herederos del Obispo de Hipona en nuestro Archipiélago, teniendo en cuenta que, con toda seguridad, todos esos insignes personajes pasaron por nuestra tierra y tuvieron que llenar parte de sus apasionantes biografias en nuestro suelo insular. Felipe Bermúder Subrez


OBISPADO DE CANARIAS. Constituciones Sinodales. Las Palmas de Gran Canaria, 1992. Se trata de un libro de 470 páginas, que contiene como elemento fundamental, el texto sinodal aprobado. Son las constituciones del IX" Sinodo Diocesano de la Diócesis de Canarias. La edición se presenta como número extraordinario del Boletin Oficial de la Diócesis y aporta no sólo el texto del Sínodo, sino también todos los documentos importantes relacionados con este evento eclesial tan importante. Algunos de dichos documentos han sido reproducidos en este número de ALMOGAREN. Por muchos años deseariamos que fuera el libro de consulta de los gmpos, comunidades y movimientos de la Diócesis y libro también de estudio y de lectura espiritual de los cristianos que quieran sintonizar con nuestro proyecto diocesano. A las personas que quieran saber los caminos de nuestra Iglesia local. vivan en Canarias o fuera de las islas, el volumen puede también interesarles y por eso lo recomendamos aqui. Hubiera sido deseable, por otra parte, que el texto sinodal como tal hubiera aparecido acompaiiado del aparato critico, con notas al pie de página de las innumerables citas implícitas que contiene el rico texto sinodal, asi como unos índices temáticos, que permitieran hacer una lectura selectiva, aunque no parcial del documento sinodal. Tal vez sea trabajo de algún estudioso que ponga manos a la obra y, cuando se edite por segunda vez, nos lo puedan ofrecer enriqueciendo con todo ello. De momento, la edición resulta bien hecha, un libro manejable y de gran utilidad pastoral. Un libro que nos ayudará para que, según nos dice nuestro Obispo en su presentación, "hagamos vida esas palabras escritas que son nuestro Sinodo" (pág. 8). Marisa Gonzblez


FRANCISCO CABALLERO MUJICA. Canarias hacia Castilla. Datos de un proceso histórico. Dos tomos. Ed. Caja Insular de Ahorros de Canarias. Las Palmas de Gran Canaria, 1992. Una de las inquietudes más sentidas por muchos investigadores canarios es la necesidad de realizar una buena Historia de la Iglesia en Canarias. Tarea grandiosa, que supera seguramente las posibilidades de cualquier estudioso aislado, pero que puede llegar a ser una realidad con la colaboración de muchos. Este libro de Francisco Caballero, investigador autodidacta y con enorme dedicación al estudio de nuestro pasado eclesiástico, supone una rica contribución a esa obra ingente y ambiciosa que se ha de emprender. Hemos de felicitarnos por su aparición, agradecihdole a su autor, y desde aquí queremos testimoniar la utilidad de su lectura. Lectura que resulta amena y apasionante, sobre todo en todo lo referente a la población aborigen, a la cual dedica más de doscientas páginas, de las 1.110 que tiene en sus dos gruesos volúmenes. La obra está dividida en cuatro partes, además de los índices, muy trabajados: la primera, sobre la población aborigen canaria; la segunda, acerca de las costumbres y religiosidad de los primitivos canarios; la tercera, dedicada a los primeros intentos evangelizadores de las islas, protagonizados por los mallorquines y aragoneses; la cuarta parte, titulada "De Enrique 111de Castilla a los Reyes Católicos", que estudia la conquista y evangelización realizada por normandos y castellanos a lo largo de todo el siglo XV; y, finalmente, la quinta parte, que dedica el autor a los detalles de los primeros Sinodos celebrados en la nueva cristiandad implantada en el Archipiélago. Hay que subrayar lo concienzudo de los análisis históricos y jurídicos que realiza el autor, en cuestiones en las que tanta variedad de opiniones existe. Caballero entra en todas las cuestiones espinosas y razona sus posturas, en permanente diálogo con los historiadores y cronistas. Una obra de la que hemos de sentirnos satisfechos. Desde el Centro Teológico, también agradecidos. J.M. Rodríguez


FACULTAD DE TEOLOGIA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA. Excerpta e dissertatjonjbus in Sacra Theologia, XXI y X X l l . Pamplona, 1992. Dado el carácter de la publicación, que incluye los extractos de tesis doctorales que se han defendido en la Facultad de Teología de Navarra, nos parece oportuno, para información de los que se interesen por alguno de los temas, dar a conocer los titulos y autores que contienen estos dos volúmenes de la colección: VOL. XXI 1. Juan BOHORQUEZ RAMOS, El temor a Yahweh en los profetas. Tesis Doctoral dirigida por el Prof. Santiago AUSIN.

2. Angel CAMPOSCABANAS,El modo narrativo en Hechos de los Apóstoles. Tesis Doctoral dirigida por el Prof. Vicente BALAGUER. 3. Didier van HAVRE,Unicidad o pluralidad del sacrificio Eucarístico en la Eucaristía concelebrada. Tesis Doctoral dirigida por el Prof. Angel GARCIA IBAÑEZ.

4. Carlos CHAVEZ SHELLY, Gracia y ciencia de Cristo en San Ambrosio. Tesis Doctoral dirigida por el Prof. Marcelo MERINO. 5 . Carlos E. CANTUQUINTAN~LLA, La mariologia de Francisco de

Vitoria. Tesis Doctoral dirigida por el Prof. Augusto SARMIENTO. 6. Tadeusz DZIDEK,El cristianismo y la cultura según Jaime Balmes. Tesis Doctoral dirigida por el Prof. José Luis ILLANES. 7 . Carlos MOREDADE LECEA,Don Mateo Múgica Urrestarazu. Tesis Doctoral dirigida por el Prof. Gonzalo REDONDO.

8. Manuel MARTINEZGALLARDO,Don Manuel González García (1877-1940); vida, obra y pensamiento catequético. Tesis Doctoral dirigida por el Prof. Jaime PUJOL. VOL. XX11

l . Fernando AREVALO, La presentación de la Iglesia particular en Las "Guías Diocesanas". Tesis Doctoral dirigida por el Prof. Pedro RODRIGUEZ.


2. Gregorio RUIZ-PEREZ, Problemas morales de la ingeniería genética. Tesis Doctoral dirigida por el Prof. Augusto SARMIENTO.

3. John R. MEYER,The soteriology of Saint Athanasius of Alexandria. The Conformation of the christian to Christ. Tesis doctoral dirigida por el Prof. Lucas F. MATEO-SECO.

4. Ignacio GRANADO, El matrimonio en San Francisco de Sales. Tesis Doctoral dirigida por el Prof. José MORALES. 5. Roy CIMALAGA, The Christian Concept of Man and ist Impact on Western Culture in Christopher Dawson. Tesis Doctoral dirigida por el Prof. Juan Luis LORDA.


CENTRO TEOLOGICO DE LAS PALMAS AFILIADO A LA UNIVERSIDAD PONTlFlClA COMILLAS CAMPUS UNIVERSITARIO DE TAFIRA 35017 LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

PRECIO EJEMPLAR:

1.WO PTAS.

Almogaren 11, 1993  

Revista del Instituto Superiro de Teología de las Islas Canarias Gran Canaria Almogaren 11, Junio 1993

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