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Relatos en Cadena -Un historia en 100 palabras-

Temporada 2012-2013

El año que fui finalista semanal dos veces y me colé en una final mensual. Gracias a todos los que habéis hecho vuestro mi sueño, me habéis acompañado, me habéis apoyado y habéis leído mis historias.


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Semana 1: «Se escucha un rítmico puf puf de fantasmas paridos»

Ganador del 20/09 ■ Voraz progreso ■

Autor: Carlos García Burgos

Se oye un rítmico puf puf de fantasmas paridos, porque ¿cómo va a moverse semejante artilugio si no es cosa de fantasmas? El maquinista, que se engrasa el bigote con dos dedos fingiendo que está acostumbrado, nos dice que semejante artilugio se llama: Locomotora. -Claro, ¿cómo se iba a llamar, si es visible que es cosa de locos? Y cuando nos dice que alimentándola bien puede alcanzar hasta quince millas inglesas por hora en pendiente, todos nos quedamos pasmados esperando a que alguien se atreva a preguntárselo: -¿Alimentarla con qué? -dice uno que ha ido retrocediendo hasta chocarse contra una pila de maderos.

Finalistas del 20/09 ■ Conversaciones ■

Autor: Javier Sánchez Campos

-Se oye un rítmico puf puf de fantasmas paridos -dijo él con fastidio, removiendo la sopa. -Las perdices piensan lo mismo al comer papel -replicó ella alzando el tono de voz. Él empezaba a perder los nervios. No era la primera vez que sucedía. Se levantó de la silla, apoyó los brazos en la mesa y dijo mirándola a los ojos: -El botijo expulsa letras, casete. -La vela agita el calendario -replicó ella señalándole con la cuchara. -¡Esturión! -bramó él golpeando la mesa con el puño. -¡Pozo, antibiótico, rodilla! -contestó ella ofendida, marchándose del salón; él se quedó allí, fumando con desespero. Hacía meses que no se entendían.

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■ Mientras le arropa ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

-Se oye un rítmico puf puf de fantasmas paridos. Engendros cejijuntos de cabezas pelonas hacen cola en un perfecto orden cerrado al compás de los ladridos de enormes cimarrones ávidos de carnaza que poder llevarse a la boca. Una vez están todos dentro solo hay que esperar el ruido de los cuerpos desplomarse para sentirse orgulloso de haber hecho de este mundo un lugar un poco más limpio. -No consigo imaginármelo Papá. -Mañana le diré al sargento que te deje estar allí para que lo puedas ver con tus propios ojos. -¿De verdad? ¿Y estará nuestro Führer? -No hijo. Él tiene cosas más importantes que hacer.

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Semana 2: «Hasta chocarse con una pila de maderos»

Ganadores del 27/09 ■ Descubriendo a Newton ■

Autor: Miguel Pereira Rodrigo

Hasta chocarse con una pila de maderos, sobrevolar el muro en un eterno predecir dolores y colisionar de forma brusca sobre un suelo de tierra árida, Bruno no entendió la "Ley de la Inercia" postulada por Newton. No obstante resultó más hiriente comprobar como la gravedad atrajo a la bicicleta, que suspendida en el aire, cayó sobre su frente con esa exactitud tan característica de la ciencia. ■ El chulito ■

Autor: Enrique Romero Pascual

Hasta chocarse contra una pila de maderos, después de volar por encima de la carretilla y el montón de arena, había conseguido sortear todos los baches, socavones y charcos de barro que fue encontrando por el camino. Parecía que, una vez más, iba a dejar a las chicas embelesadas y a nosotros, con otros dos palmos de narices. Cuando empezó a salir sangre de su frente y a mover la pierna en espasmos, dejé caer disimuladamente las tijeras detrás de un arbusto y corrí cuesta abajo a socorrerle.

Finalistas del 27/09 ■ El experimento ■

Autor: Alberto Corujo Corteguera

Hasta chocarse contra una pila de maderos había albergado esperanzas de que solo se tratase de una ilusión óptica, pero ya no podía negar la evidencia. Donde antes se alineaban cubetas, tubos de ensayo y el alambique, una choza ruinosa proyectaba su sombra sobre un suelo de terrones sedientos. En lugar de la ratita blanca enjaulada un perrazo enorme y feo como un demonio gruñía enseñando los dientes. Un olor acre saturaba la atmósfera. Había moscas zumbando por

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todas partes. Tampoco el gigante que empuñaba el hacha le resultaba familiar. «Ven conmigo, gallinita», dijo aquel. El investigador reaccionó emitiendo un cloqueo nervioso. ■ Más difícil todavía ■

Autor: Alfonso Carabias Antunez

-Hasta chocarse con una pila de maderos todo iba bien, pero con el golpe la pelota salió por un lado, él por otro y todo se vino abajo. -¿Ha declarado algo más? -Solo que creía que esta vez lo iba a conseguir; en fin, esta gente lleva lo de "el más difícil todavía" a unos extremos increíbles. -¿Daños? -El elefante presenta esguince de trompa en grado 2. Daños materiales; todos. -¿Y el dueño de la cacharrería? -Pues aún sigue en shock y repitiendo aquello de "el espectáculo debe continuar".

Participación del 27/09 ■ Gamberro ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Hasta chocarse contra una pila de maderos aparentó mantener la calma. Luego avanzó dando bastonazos sin encontrar esa vieja tortuga metálica que durante tantos años había utilizado como lazarillo. El golpe y el posterior e inconfundible tañido de la hojalata le hizo respirar aliviado. Echó a caminar seguro de que la línea recta lo llevaría a casa mientras el niño, aún con las manos sucias por haberla movido de sitio, lo observaba conteniendo una risa que apuntaba a carcajada a medida que el viejo se acercaba cada vez más al borde del muelle.

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Semana 3: «Con esa exactitud tan característica de la ciencia»

Ganadores del 11/10 ■ La explicación ■

Autor: Miguel Ángel Flores Martínez

Con esa exactitud tan característica de la ciencia, lo que no flota, se hunde sin remedio; lo que no vuela, cae al suelo. La energía, pura o no, nunca se destruye, pero sí se transforma. Y mucho. Y se convierte en otra cosa. Y aunque la recta tiene una dirección, no olvidemos que también posee dos sentidos. De ida, y de vuelta. Todo lo que sube, baja; lo que entra, sale. Y lo infinito sólo está en el cielo. Sólo. Por inercia, todo se mueve o reposa. Y la inercia, créeme, es lo peor. Vamos, para que me entiendas, que he dejado de quererte. De corazón y científicamente. Finalistas del 11/10 ■ Recuerdos de juventud ■

Autor: Xavier Blanco Luque

Con esa exactitud tan característica de la ciencia, así amanecía en mi pueblo: el sol dibujaba una circunferencia perfecta, de tonalidades púrpuras. Hasta que un lunes el cielo clareó de un color inédito, un verde esmeralda que pronto fue jade; después un melón gigante emergió detrás del horizonte. Desde la plaza observábamos las bandadas de pájaros picotear el nuevo astro rey, luego llegó la oscuridad. Había cierta preocupación, pero al día siguiente el alba despuntó de color salmón, coral decían los más atrevidos; los vecinos hacían apuestas, entonces apareció la zanahoria tiñéndolo todo de naranja. Recuerdo ese día porque, con tanto alboroto, llegamos tarde a la escuela. ■ La fórmula ■

Autor: Ferrán Valera Navarro

Con esa exactitud tan característica de la ciencia, números, símbolos y letras se sucedían en ese caos ordenado que solo entienden los genios. David desarrollaba la complicada

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fórmula en la pizarra, desembocando en una solución tan sencilla como elegante. Elena observaba el espectáculo con una sonrisa en el rostro. -¿Ves? -dijo David-. He tenido en cuenta las variables de complicidad, satisfacción y estímulo, asignándoles un valor del uno al diez en función de su importancia dentro de nuestra relación. En la ecuación de nuestro matrimonio, equis, la felicidad, es igual a tres. -David -contestó Elena-, da igual lo bien que me lo presentes, no pienso hacer un trío. Participación del 11/10 ■ Maldita la hora ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Con esa exactitud tan característica de la ciencia apareció como cada noche a las once horas, dos minutos y trece segundos. Mientras flotaba hacia mi cama con ese halo a medio camino entre algodón de azúcar e imagen mal sintonizada no pude evitar recordar la primera vez que lo vi. Podría haberme desmayado de miedo. Podría haberme tapado con la sábana. Podría haber gritado. ¡Más fácil! Podría haber encendido la luz. Pero no. Tuve que reaccionar cómo lo hice y desde entonces, cada noche, la misma historia. Cogió el mazo y con su tétrica voz dijo «Yo reparto» . Y lo peor era que encima se enfadaba cuando perdía. ■ Se le olvidará tomarlas ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Con esa exactitud tan característica de la ciencia vertió las últimas gotas en la probeta y dejó que la fórmula cristalizara en forma de pequeñas pastillas blancas. Cuando le visitó por primera vez y le explicó su problema para recordar las cosas intentó darle largas conocedor de que su trastorno tenía difícil solución. Pero la perfecta caligrafía de aquel nueve flanqueado por ese ejército de ceros que Mr. Green escribió en el cheque y su innata habilidad para las químicas le invitó a ponderarlo de nuevo. Su ayudante, un perfecto idiota a pesar de ser el marido de su hermana, se rió anticipando la inutilidad de su esfuerzo.

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Semana 4: «De corazón y científicamente» Ganadores del 18/10 ■ Opuestos complementarios ■

Autor: Nieves Torres Alonso

De corazón y científicamente, cada uno a su manera. A mamá la crisis la envió a casa con cincuenta años y para despistar a la depresión se entregó a la cocina. Ahora mide temperaturas y calcula nutrientes. Poco acostumbrada a ambigüedades, sustituyó pizcas por gramos y chorros por centilitros. Aprendió así a elaborar platos correctos pero sin alma. Papá, en cambio, es puro corazón; cada domingo explora maridajes imposibles y se saca de la manga sabores sorprendentes, mientras sueña con un golpe de suerte que devuelva a mamá al laboratorio y lo rescate a él de la rutina insípida de su oficina.

Finalistas del 18/10 ■ Postoperatorio ■

Autor: Juan Enrique Vión

-De corazón y científicamente. Así murió su marido, señora. -¿Científicamente? ¿preguntó la viuda?. -Sí ¿asintió el cirujano-. Su corazón se detuvo. -Pero...¿por qué "científicamente"? -Verá -asintió el matasanos-. La ciencia explica que todo cuerpo conserva su estado reposado o movimiento rectilíneo uniforme, a menos que haya una fuerza actuando... La mujer suspendió el gesto de llevarse a los húmedos ojos el pañuelo y miró anonadada al médico. -Se nos cayó al suelo el corazón, mientras lo transportábamos a la mesa de operaciones. Ya sabe usted, lo que se viene llamando desde siempre "inercia"...

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■ Rojo sobre blanco ■

Autor: Sandra Santos García

De corazón y científicamente. Así hemos estado preparando todos los detalles de la expedición que nos ha llevado a alcanzar la cima de la montaña más alta del mundo. Hace un momento, a nuestro alrededor la nieve lo pintaba todo de blanco, confundiéndose con la bruma. Ahora, cuando miro hacia abajo, el color rojo de tu anorak ilustra el paisaje nevado al fondo del valle. Un pequeño empujón ha sido suficiente para arrojarte al abismo. Después de todo, siempre te gustó destacar. Participación del 18/10 ■ Oxímoromanía contagiosa ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

–De corazón y científicamente –apuntilló orgulloso. –¿Lo ve, doctor? Siempre igual –se enervó Dª. Florencia. –Pero vamos a ver, hombre de Dios –concilió el matasanos – ¿Por qué hablas así? –¿No lo sabe? ¡Pero si es un secreto a voces! –se defendió el aludido. –¿Se da cuenta? –volvió a la carga Dª. Florencia. –¡Claudio! –protestó el médico. –¿No se encontrará perdido con este caso? –se jactó con sorna el supuesto enfermo. –Doctor –suplicó la mujer al borde del colapso –. ¿Tiene cura? –Sus discursos están llenos de vacíos. Hablando claro…lo veo muy negro –concluyó el médico. Y la poblre Dª. Florencia, acto seguido, murió desesperada.

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Semana 5: «De la rutina insípida de su oficina»

Ganadores del 25/10 ■ Furia ■

Autor: David Botija Ibáñez

De la rutina insípida de su oficina de burócrata quemado; de los recortes de sueldo; de las deprimentes y reiteradas noticias sobre la crisis; de las colas en el supermercado; de los atascos en el metro... Estaba tan harto de todo que había tomado una decisión, una aspirina, una pistola de fogueo y un taxi. Entrando con decisión en el banco, sacó su pistola y encañonó al vigilante de seguridad. Éste señaló despectivamente con la cabeza hacia la interminable cola de clientes que, a su izquierda, aguardaban con la mano en el bolsillo de la chaqueta y contestó: -A la cola, como todo el mundo.

Finalistas del 25/10 ■ Paquetes ■

Autor: Xavier Blanco Luque

De la rutina insípida de su oficina se olvida pronto: el tiempo que tarda en llegar a casa. Con una sonrisa en los ojos apura las últimas zancadas, traspasa el umbral y abre el buzón. Nada. Hace meses que fantasea con ese último paquete. Meses construyendo, en el patio, la piscina, la isla y luego la palmera. Especula que, tal vez, le han engañado. Que no importa. Que él ya es feliz. Que, acaso, solo necesite un poco de compañía. Que debería aceptar ese cachorro de dálmata que ofrece el vecino. Que, cualquier día, aparecerá el cartero con el paquete y, dentro, vendrá la sirena. Quizás mañana. ■

Autor: Miguel Jiménez Salvador

■ Redecora tu vida

De la rutina insípida de su oficina no parecía poderse salir así que, tras almorzar, llenó portalápices de diferentes especias. La impresora ahora expelía calamares en su tinta.

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Cambió folios por hojas de gelatina y algas desecadas. Preparó una base de galleta picada, con la que forró el fondo de los cajones, sobre la que untó una mezcla de miel y piñones, que luego cubrió de nata montada y fresas. Sobre el suelo preparó una alfombra de pétalos de rosas salteados con canela... Finalmente, a golpes de cucharón, rompió todos los cristales de seguridad, para que el aire fresco expandiera la buena nueva por todo el edificio. Participación del 25/10 ■ Todo por la pasta ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

De la rutina insípida de su oficina pasó a la sinrazón de los exabruptos de la Sala de Juntas: cuatro encorbatados histéricos se revolcaban por la alfombra como si no existiera un mañana mientras Úrsula, la secretaria, sujetaba temblorosa la bandeja con las tazas al lado del samovar. Su padre, el decrépito joker de siempre al que había odiado desde que murió su madre, disfrutaba desde su sillón. Tal y como había amenazado, el mismo día de su jubilación lanzó un hueso al aire y prometió que heredaría aquel que lo trajera en la boca. Juan se comió su orgullo, apretó los dientes y comenzó a ladrar. ■ La fuerza de la costumbre ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

De la rutina insípida de su oficina pasó al concurrido ambiente del sucio tugurio que solía frecuentar los viernes noche para tomar un trago y olvidarse de que, como siempre, nadie le esperaba en casa. Le llamó la atención un niño de cara churretosa que esperaba sentado en la barra jugueteando con la chapa de una botella y al que le demacraban las ojeras. «¿Qué haces aquí?» le preguntó curioso. El niño señaló una mesa donde un borracho baboso maldecía una mala mano de cartas. «Espero a papá» contestó lacónicamente. «Si gana al menos hoy no nos pegará» concluyó con la entereza del hábito bien aprendido.

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Semana 6: «A la cola cómo todo el mundo»

Ganadores del 8/11 ■ Obsolescencia ■

Autor: Víctor Lorenzo Silca

A la cola, como todo el mundo, me ordena la cajera. Miro a mi alrededor, ofendido. Estoy solo. Es más, en los pasillos del supermercado no me he cruzado con nadie. Es una broma, pregunto. Qué broma ni qué ocho cuartos. Espere su turno y déjese de tonterías, dice mientras hace avanzar la cinta sin nada encima. Coloco mi carro vacío detrás de donde imagino que aguarda el último y me quedo observándola con desconfianza. Cada vez que pasa las manos por delante del lector, sus labios perfilados se contraen para dejar escapar un silbido corto.

Finalistas del 8/11 ■ Apuntes póstumos de Gedeón ■

Autor: Ricardo J. Gómez Tovar

"A la cola como todo el mundo" era la frase más empleada en el asteroide Gedeón. Constituía nuestro deporte nacional instar al prójimo a que se situase detrás de nosotros; la vista más común, la espalda ajena. Nacíamos uno tras otro en filas de 100, cortejábamos esperando pacientemente nuestro turno, nos casábamos por docenas, una pareja después de otra, siempre en escrupulosa fila, siempre en riguroso orden de llegada. Si una anciana se caía de bruces, nadie la ayudaba a levantarse por no perder la vez en la cola... Vimos la luz del misil, pero ninguno quiso abandonar la fila. ■ La felicidad ■

Autor: Mercedes Sans Boga

"A la cola, como todo el mundo", se repetía mentalmente Zacarías Zaldívar, el menor de siete hermanos, sin importarle ser el último esta vez. Sostenía en su mano temblorosa el billete, sobre el que fijaba una mirada eternamente

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expectante. Mientras esperaba, sus recuerdos lo trasladaron al último puesto que ocupaba en la fila de parvulario, detrás de María Vázquez y sus dos coletas, tensas, la derecha más alta que la izquierda, la raya del pelo escrupulosamente recta desembocando en el cuello blanco, despejado. Mientras esperaba, Zacarías se preguntó de qué le valdría aquel billete de lotería premiado si frente a él solo veía una nuca casposa.

Participación del 8/11 ■ Cuando la fe no mueve montañas ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

-¡A la cola, como todo el mundo! -dijo la decrépita cacatúa mirándome por encima de las gafas. Yo, consumado ajedrecista, que había pasado toda la noche anticipando posibles pretextos y ensayando ingeniosas réplicas me sentí de nuevo ofuscado y tristemente impotente. Sabía que no sería fácil pero iluso de mí, que además de ajedrecista era optimista hasta rozar lo fantasioso, pensé que saldría bien parado del reto de conseguir el permiso a pesar de la displicente actitud de la funcionaria. Siempre que había puesto una nueva cortapisa yo la había solucionado adjuntando un nuevo certificado, sin embargo aquello definitivamente era jaque y mate: allí solo estaba yo. ■ Nada más lejos de la realidad ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

-¡A la cola, como todo el mundo! El ser alado estiró su huesudo dedo indicándome que ocupara de nuevo mi lugar en la interminable fila al tiempo que acariciaba el látigo de su talabarte como sugiriendo que lo mejor era no contradecirle. Un lozano querubín me propinó una patada en la espinilla y se largó corriendo mientras la yaya María me recriminaba por vigésima vez que ella ya advirtió que los aviones no eran de fiar porque flotan sin que nadie los sujete. Algunos demonios, por eso de captar, repartían “flyers 2x1” y yo no dejaba de preguntarme de dónde había salido eso del «descanse en paz»

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Semana 7: «Sus labios perfilados se contraen para dejar escapar un silbido corto»

Ganadores del 15/11 ■ Locura familiar ■

Autor: Mar Horno García

Sus labios perfilados se contraen para dejar escapar un silbido corto. Parece fortuito pero sabemos que después se pasará un buen rato cantando. Seguimos a lo nuestro. Papá pega una nueva pieza en su maqueta absurda. Cándida enjuaga cansancio y platos en el fregadero. Mi hermana perfecciona su maledicencia con la vecina. Yo escribo. De pronto se deja oír un trino largo, un gorjeo maravilloso, quiebros imposibles, floreos, cascabeles, y, como todas las mañanas, vemos salir a mamá volando por la ventana. Volverá al atardecer para dormir en el perchero del dormitorio. Yo quería internarla pero papá fue categórico. -¿Acaso no quieres ser tú poeta? Déjala a ella que sea pájaro.

Finalistas del 15/11 ■ Momento vivos en 10x15 ■

Autor: Enrique Moreno Martínez

Sus labios perfilados se contraen para dejar escapar un silbido corto y una pompa de jabón aparece y se escapa de la fotografía que miro. La exploto con el dedo y escucho un te quiero. Vuelve a introducir el palito en el bote... y otro silbido, y otra pompa, y otro te quiero. Acaricio la silueta de su larga melena y dejo caer una lágrima que vuelve a llenar el tarro de las pompas de jabón. Y la beso; y ella sonríe; y yo sonrío; y guardo la fotografía en la cartera, junto a los otros recuerdos. ■ Mentiras ■

Autor: Paloma HIdalgo Díez

Sus labios perfilados se contraen para dejar escapar un silbido corto cuando le digo que tengo un nueve en inglés,

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después me sonríen. Me pregunta por las matemáticas. He sacado un cuatro, aunque ahora me invento que tengo un siete. Sonríe otra vez. Por eso miento, porque quiero verla contenta y ya me he dado cuenta de que hoy también está triste: hace un buen rato que se ha puesto a llover y ella todavía no se ha quitado las gafas de sol. Participación del 15/11 ■ Caprichos de noche ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Sus labios perfilados se contraen para dejar escapar un silbido corto ¡Cómo no verla! Para y la recoge. La mujer: joven, rubia y guapa; el rimel tizna su mirada. Cuando explica al taxista por qué llora él le reprocha que no hay hombre que merezca una sola lágrima ¡Lo sabe bien! Se postula entonces como altruista paladín de la única venganza posible y aún desnudos en el asiento trasero conspiran buscar al consorte para que vea que ella tampoco está sola. Le encuentran: borracho, baboso y en brazos de una atractiva muchacha. El taxista no da crédito. Pero mira que es grande el destino y esta ciudad chica: es su mujer.

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Semana 8: «Déjala a ella que sea pájaro»

Ganadores del 22/11 ■ Cosas de niños ■

Autor: Cayetano Mingorance García

Déjala a ella que sea pájaro, dijo el padre para zanjar la discusión entre hermanos. Mientras sonaba la alarma del horno, hubo tiempo suficiente para subirse al poyete de la ventana. -¿Estás lista? preguntó a su hermana. -¿Seguro que estas alas de cartón no son muy pequeñas? -¡Salta! Antes de que vuelva papá. Finalistas del 22/11 ■ El disfraz ■

Autor: Manuel Nicolás Andreu

-Déjala a ella que sea pájaro. -Pero es que la niña ha pedido un disfraz de buitre carroñero y no sé de dónde ha sacado esa idea. El año pasado ya se quiso disfrazar de hiena y no la dejé. -Es una niña, tampoco sabe muy bien lo que quiere. Que se disfrace de buitre, que más da. -De acuerdo, como quieras. -¡Oye! No te había dicho que Fernández lo está pasando mal con su mujer y la ha cagado en el trabajo varias veces. -Pues es el momento perfecto para pedir su puesto a tu jefe, ¿no crees? -Cariño, creo que tienes toda la razón. ■ Metamorfosis rebelde ■

Autor: Luís Serrano Lasa

-Déjala a ella que sea pájaro; seguro que solo es una etapa. -¡No puede ser! ¿No ves que somos el hazmerreír? Anoche, sin ir más lejos, salió con todas esas plumas de colores, trinando y pavoneándose delante de todos. -¿Si es lo que le gusta? -¡Pero es que nosotros siempre hemos sido de gestos discretos

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y negro riguroso! Si hasta se para delante de todos los espejos, que tú ya me dirás. -Mientras vuelva a su hora a mí no me importa. -¿Sí? Pues a ver como la convences de que no acabe yendo a que le arranque los colmillos cualquier dentista de guardia. Participación del 22/11 ■ Acto de contrición ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

―Déjala a ella que sea pájaro. Tú puedes ser vaca –dijo con su sonrisa más conciliadora. Juanín pensó que mamá no podría haber buscado peor animal: torpe, maloliente y con una brocha en el culo que espanta las moscas. ―¿Y no puedo ser zorro? –preguntó. ―Claro que sí, hijo. Puedes ser lo que tú quieras. Al final dejó que su hermana fuera pájaro, y él, lleno de culpabilidad por no haber dejado que se sintiera útil, jugó toda la tarde sin mirar ni una sola vez a la silla desde la que madre les vigilaba y que incordiaba el espacio con esas enormes y aparatosas ruedas.

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Semana 9: «Antes de que vuelva papá»

Ganadores del 6/12 ■ Hacer los deberes ■

Autor: Elena Casero Viana

Antes de que vuelva papá termina de hacer los deberes, recoge la habitación, prepárate la mochila para mañana, cepíllate los zapatos, saca a pasear al perro, baja la basura y lávate las manos antes de cenar. Y recuerda que hoy te toca poner la mesa. La niña se encoge de hombros y se marcha a su habitación. Recoge los muñecos del suelo. Le gusta mucho el parecido que tienen con sus padres. Después los guarda en una caja de cartón, con cuidado para que no se les caigan los alfileres. Finalistas del 6/12 ■ Cumpleaños feliz ■

Autor: Joaquín Suárez Guerra

-Antes de que vuelva papá tiene que estar terminada la tarta de cumpleaños -les dice su madre mientras se pinta las uñas-. Ana, bate con más ganas la mantequilla y el chocolate. -Sí, mamá. -Y tú, Pablo, mezcla el azúcar con los polvos de ese frasco. -¿Cuál? ¿El de la calavera? -regunta el niño. -Sí, échalo entero -contesta su madre mientras se mira en un espejo, comparando el color de los labios con el de las uñas. ■ Cena feliz ■

Autor: Joaquín Villas Labrador

Antes de que vuelva papá con la furgoneta, mamá se pondrá las zapatillas, la bata y el delantal para preparar la cena. Casi todos los días toca sopa o verdura, pero como hoy está contenta, seguro que hará tortilla de patata y en vez de un vaso de leche me dará una cuajada. El hombre de esta tarde llevaba corbata y le ha dicho cariño.

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Participación del 6/12 ■ Padre y palestino ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

-Antes de que vuelva papá quiero que recojas, le pongas el pijama a tu hermana y hagas los deberes –ordenó mamá sincronizando la aburrida lista de mandamientos al compás de cada golpe de martillo que propinaba a la contraventana. Mamá poseía la gracia de la musicalidad y el ritmo, no como papá, que cuando nos abrazaba y se empeñaba en gritar canciones destrozaba las octavas como si fuera un perro rabioso con una zapatilla en la boca. Sé que lo hacía para intentar escamotear los silbidos que cada noche salpicaban nuestro cielo aunque yo le quería igual. Con explosiones y todo. ■ Soliloquios compartidos ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

‹‹Antes de que vuelva papá›› . Mamá siempre coronaba cualquier imperativo con la muletilla que nos vio jugar, crecer e incluso hacerla abuela. Recuerdo recoger los juguetes mientras ella le planchaba las camisas que luego arrugaba a escondidas, o prepararle esos jugosos pies de cerdo que tanto decía que le gustaban y que siempre terminaban en la nevera. Lo peor, sin duda, era cuando se maquillaba para esperarlo y al final se pasaba las horas llorando encerrada en el baño. ‹‹Otra vez llega tarde››, lo excusaba. Me hubiera gustado conocer algo más de él que ese viejo nicho que visitábamos todos los domingos por la tarde.

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Semana 10: «Con cuidado para que no se le caigan los alfileres»

Ganadores del 13/12 ■ Costurera de medianoche ■

Autor: Karina Echevarría

-Con cuidado para que no se les caigan los alfileres. Una vez hecho el hilván se sacan, pero sin olvidar ninguno. No queremos que la señora se pinche, ¿no? La señora era un alma caritativa que recogía a abandonados del destino, como ella, y les daba trabajo, techo y comida, sin pedir nada a cambio. ¿Que no pagaba tampoco? Sí, es cierto, pero una tenía colchón y un plato caliente. ¿Que el plato era de restos y el colchón, viejo? Sí, puede ser, pero era algo. ¿Que la jornada empezaba a las seis y pasaba de medianoche? Y bueno, no tenía otra cosa que hacer. -No, claro que no queremos. Finalistas del 13/12 ■ Amor maniquí ■

Autor: Antonio Díaz Fernández

Con cuidado para que no se les caigan los alfileres camina la pareja de maniquíes cada noche hasta el rincón más oscuro de la trastienda. Lo más difícil es quitarse los jirones de ropa que el sastre ha ido componiendo sobre ellos. Allí se regalan en secreto con besos y caricias de dulce plástico. Saben que en unos meses quedarán vestidos con elegantes ropas de diseño que alguien comprará. También llegará más o menos por entonces el día en que el bulto peuvecé en el vientre de ella sea imposible de disimular. Será entonces cuando escapen juntos. ■ El porteador ■

Autor: Manuel Barros Campoy

"Con cuidado para que no se les caigan alfileres?"; y aupamos la silla en donde los siameses estaban sentados. Eran como si dos erizos de mar se deslizaran sobre una ola. El público aplaudió enloquecido. Según el speaker, la proeza

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consistía en la imperturbabilidad de los gemelos ante el dolor. De repente cayó una lágrima sobre uno de mis hombros. Entonces pensé que todo era un engaño. Pero una voz me corrigió: "Compartimos muchas cosas: un riñón, parte del torso? Pero la indignación solo es cosa de mi hermano. El memo aún cree que no es un monstruo".

Participación del 13/12 ■ Muñecas rotas ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Con cuidado para que no se les caigan los alfileres –ordenó Monsieur Barthélemy a su ayudante. El siempre obediente Pascal agitó la seda pensando que si los ajustaba más clavaría en hueso; mientras tanto, la chica hacía ímprobos esfuerzos en contener la respiración a sabiendas que más le valía no chistar. De sobra conocía la respuesta del tirano invertido si presentaba objeción alguna: «si quieres estar más gorda, bonita, te haces jardinera»

■ Cuando nadie la ve ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

«Con cuidado para que no se les caigan los alfileres ». Era la única consigna que le había dado el modisto para su primer recado. Llevar trajes de un lado para otro no era un trabajo del que sentirse orgulloso pero menos daba una piedra. Llegado al domicilio, para su sorpresa, le recibió Don Emiliano quién cogió el paquete y le cerró la puerta en las narices ¡Cómo sintió entonces el ínclito director que en el colegio todos supieran que vivía solo y no tenía familia! Tanto, que comenzó a idear agobiado por unas manecillas que parecían devorar los minutos excusas para explicar para qué querría él un traje de novia.

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Semana 11: «No, claro que no queremos»

Ganadores del 20/12 ■ Trillizos ■

Autor: Íñigo Ortíz de Apodaca

No, claro que no queremos pensarlo demasiado ni tampoco llevarle la contraria a nadie pero si papá ha dicho que nunca va a volver y mamá que está en el cielo, ¿qué hace ahí fuera Lucas arañando la ventana? Finalistas del 20/12 ■ La cena ■

Autor: Marta Currás Martínez

No, claro que no queremos que se vaya, joven. Con gusto le comparemos esa enciclopedia, pero antes debe aceptar nuestra invitación. Pase, pase. Los vecinos hace tiempo que se marcharon ¿sabe? Menos mal que, cada cierto tiempo, recibimos visitas como la suya, de esas que nos hacen felices durante varios días. Entre hasta la cocina, joven, que allí se prepara la cena. No se preocupe, el fuego ya está encendido y la crisis, de momento, no ha podido con nosotros, ¿verdad Fifí, Micifuz, Zapirón? Dejad ya de restregaros en la pierna de este joven, no sea que se asuste como el último que vino. ■ Balones fuera ■

Autor: Paloma Hidalgo Díez

No, claro que no queremos que siga triste hijo; pero esa no es la solución. A ti no te gustaría que otro niño se adueñara del tuyo, ¿verdad?, pues venga, ponte el abrigo y la bufanda y llévalo al parque, al banco donde lo encontraste. Al abuelo, ahora que se ha muerto la abuela, le hace falta saber que no está solo, que le queremos, no que le traigas otros abuelos para que se divierta.

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Participación del 20/12 ■ Bar de carretera 1937 ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

«No, claro que no queremos». Fueron las palabras que descolocaron al camarero. Edd le había llenado la cabeza de topicazos trasnochados como lo de «el cliente siempre manda» y ahora no acertaba a desenredar el entuerto. -¿Por qué no quiere que sirva los platos? Es lo que pidieron. -No te esfuerces –contestó mientras estiraba del brazo de los niños para llevarlos a empellones camino del Sedan –. No me quedo ni un segundo más. Salió por donde había entrado no sin antes escupir en el platillo de las propinas mientras el cocinero escamoteó lo único blanco que lucía en su cara y dejó de sonreír. ■ Desmantelando el sopor ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

-No, claro que no queremos que haya heridos. Así que vas a dejar de rodar y vas a pararte justo ahí. Eso es, despacio. No, no, no… no quiero que vuelvas hacia atrás. Ahí estás bien. Escúchame. Ahora voy a estirar mi brazo derecho muuuy despacio. Así. ¿Lo ves? Voy a cogerte para que no te caigas. No queremos que nadie se haga daño ¿verdad? Un poco más, aguanta, casi te tengo… -¿Qué haces querido? -Nada cariño. Solo cogía el jabón que estaba a punto de caerse del estante.

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Semana 12: «Que hace ahí fuera Lucas arañando la ventana»

Ganadores del 3/1 ■ Benefactores ■

Autor: Mónica Sempere Creus

¿Qué hace ahí fuera Lucas arañando la ventana? Es jueves, me toca a mi cuidar de mama, él vino el lunes y papá vendrá el domingo. Es extraño andar por casa sin andar, Lucas dice que me acostumbraré a esto de ser etéreo. Desde hace seis meses mamá habita en el sillón. Le susurro que no fue culpa suya. Le digo que hay mil motivos para seguir adelante aunque no me viene ninguno a la memoria. Está desaliñada, en las muñecas luce unas tiritas muy grandes, tengo ganas de abrazarla, la aprieto con fuerza, ella se acurruca bajo mi manta. Hoy mamá va a probar con la pistola. Finalistas del 3/1 ■ Luna llena ■

Autor: Ricardo Alonso Molina

Qué hace ahí fuera Lucas arañando la ventana si no vamos a abrirle. Escondeos bien que parece que últimamente ve mejor a oscuras. Y callaos, que todo lo que ha perdido en modales lo ha afinado en oído. La última noche que vino a cenar, como no le dejamos salirse con esa manía suya de orinar por todos los rincones del jardín, se puso a gritar, casi a dar aullidos. Al final, acabó desgarrando el felpudo con esa uñazas tan mal cuidadas que tiene. Y es que está muy raro desde que se ha vuelto tan peludo. ■ Uno más ■

Autor: Francisco García Oblanca

-¿Qué hace ahí fuera Lucas arañando la ventana? -No es posible, lo hice todo según tus instrucciones. Lo juro. -Eso es lo que más odio de ti, que además de incompetente, seas mentiroso. -Claro, yo soy el incapaz, el inepto, el inútil. La señora es perfecta... Nunca tiene culpa de nada. Pero si me dejaras

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enterrarlos al nacer en vez de estar tres años jugando a la mamá, todo sería más sencillo. -Mira, no me vengas con monsergas, si hubieras clavado correctamente la caja y la hubieras sepultado como Dios manda, no pasarían estas cosas. Participación del 3/1 ■ Tres son multitud ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

-¿Qué hace ahí fuera Lucas arañando la ventana? -Calla ¡desagradecido! –espetó colérica. -¿No deberíamos ayudarlo? -No y no –ratificó con vehemencia. -Pensaba que solo ibas a romper ¿No te da pena? -Fuiste tú quién se quejó de que no quería ser el segundo plato de nadie –insistió. -Claro que sí ¿Pero no te parece un poco excesivo? -No –dijo por fin con una sonrisa de satisfacción dibujada en el rostro. -Está claro que no –respondió mirándola de soslayo y temiendo contradecirla –.Al oso parece que tampoco. ■ Reencuentro ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

-¿Qué hace ahí fuera Lucas arañando la ventana? La madre dio un respingo de la silla, se ayudó de las muletas y llegó hasta la cama para apretar el pulsador rojo. «Díganle al doctor que vuelve a delirar. Está hablando de su hermano; el que falleció en el accidente». El interfono le devolvió un molesto ruido estático y a los pocos segundos escuchó los pasos atropellados del equipo médico dirigiéndose hacia la habitación. Lucas desde el otro lado de la ventana sabía que su hermano no estaba delirando y que pronto volverían a jugar.

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Semana 13: «Hoy mamá va a probar con la pistola»

Ganadores del 10/1 ■ Far West ■

Autor: Paloma Casado Blanco

Hoy mamá va a probar con la pistola, las esposas, y la estrella de sheriff que me trajeron los Reyes. Dice que a ver si consigue así que papá no haga más el indio. Finalistas del 10/1 ■ Supervivencia ■

Autor: Nieves Torres Alonso

Hoy mamá va a probar con la pistola. Con el brazo izquierdo entablillado, el rifle y el arco quedan descartados. Apostada detrás del árbol le disparará. Nosotros desde casa veremos otra vez nuestra cena pasar corriendo seguida de dos crías. Mamá entrará diciendo "fallé" y abrirá la última lata. Mañana cuando le apunte no tendrá más remedio que abrir los ojos. ■ Miami Cool ■

Autor: Miguel Montanés Esquíroz

Hoy mamá va a probar con la pistola. Los cuchillos y la motosierra ya no le gustan. A estas alturas no sirve de nada ocultarlo: mamá mata gente. Sale a la calle y, si la cosa se da bien, alguien termina cayendo. No, por favor. No intentéis encontrar ningún antecedente escabroso en su biografía que explique este comportamiento. Porque no lo hay. Mamá es una persona normal. Mata gente, eso es todo. ¿Qué está bien y qué está mal? Matar está mal, pero que tu madre esté contenta está bien. Así que, ¿hasta qué punto es malo lo que hace, eh?

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Participación del 10/1 ■ Lo que Dios ha unido... ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Hoy mamá va a probar con la pistola. Desde que regresó papá ya no sabe qué inventarse. -¡Y pensar lo tranquila que ha estado durante años! Desde que precipitó el coche por aquel barranco se la veía como en una segunda juventud. -Ya, pero ha sido aparecer él y comenzar a derramar tuercas. Ha intentado ahogarse, electrocutarse, envenenarse… como si no supiera ya que solo se puede morir una vez. ■ Justos por pecadores ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

-Hoy mamá va a probar con la pistola -¿Y cómo lo sabes? -Se lo he escuchado decir. -¿A quién va a matar?-No lo sé. Solo sé que le dijo a papá que de hoy no pasaba y hoy mandaba ella. -Oye ¿Y tú sabes para que son esos trajes de cuero negro que esconden el armario? -Ni idea. Pero pienso fisgar por la cerradura. En cuánto sepa donde esconden la pistola mañana tú y yo jugamos a cowboys. -Me pido ser indio -Vale. Así yo te disparo primero.

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Semana 14: «A ver si consigue así que papá no haga más el indio»

Ganadores del 17/1 ■ Pío ■

Autor: Ángel de Blas Palomares

A ver si consigue así que papá no haga mas el indio, piensa el niño al ver a mamá saltar desde el tejado vestida de golondrina y gritando pío. ■ El castigo ■

Autor: Conchi Peláez Mateos

A ver si consigue así que papá no haga más el indio. Porque vamos, menuda semanita, flirteando con todas las mujeres a su paso, se cree que no nos damos cuenta. No sé qué es, matarratas, creo. Se lo echa un día sí y otro no en el café del desayuno, para que no se note tanto. Mamá dice que así se calmará y se portará como Dios manda, que es un hombre impío y debe ser castigado. Yo rezo mis oraciones y obedezco siempre a mamá. Y de momento no he notado nada raro. Finalistas del 17/1 ■

Autor: Este relato ganó pero fue descalificado posteriormente por exceder las 100 palabras ■ Un nuevo papá

A ver si consigue así que papá no haga más el indio y se baje del árbol. Salgo al jardín cumpliendo la orden. —Dice mamá que bajes. Te ha hecho tus tortitas. —No. ¿Quién sois? ¿Un pirata que viene a saquear mi casa? Mamá casi llora cuando me dice que le suba las tortitas y su medicación. Pobre mamá. Nunca tuvo a Papá. Estaba demasiado ocupado en sus negocios. Tampoco me ayudó a construir la cabaña del árbol ni le gustaban las tortitas. Pero eso fue antes. Antes de la enfermedad. —Traigo alimentos. ¿Me ofrecéis vuestra hospitalidad? —Subid. Contaremos historias de miedo mientras compartimos esas viandas.

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—Perfecto —digo mientras suelto las pastillas en las hierbas altas.

Participación del 17/1 ■ Por omisión ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

A ver si consigue así que papá no haga más el indio… aunque adivino que lo hace por mí, para que esté contenta. Ella, mamá, es diferente; me anima a su manera: me explica chismorreos, me peina… Al que echo de menos es a mí tete… pero tampoco le culpo. Está por salir y sé lo que tiran los amigos. Yo también pasé por eso. No sufro por qué papá haga bufonadas o mamá me lea por cuarta vez ese libro que tanto me gustó. Sufro por no poder decirles que les quiero y puedo escucharles; que el coma hace parecer que no estoy, que solo duermo… pero que no es así.

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Semana 15: «Mientras subo las pastillas en las hierbas altas»

Ganadores del 24/1 ■ Pastillas para soñar ■

Autor: Marta García Valdés

Mientras suelto las pastillas en las hierbas altas hago caminar a mi muñeca a través del caminito de colores. Las encontré esta mañana en la mesita de noche de mamá; al principio pensé que eran caramelos y cogí un buen puñado para compartir con Jorge. A él parece que le han gustado más porque, tras el atracón, lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel. Finalistas del 24/1 ■ Superhéroes de alucine ■

Autor: Eva María Cardona

Mientras suelto las pastillas en las hierbas altas me pregunto qué les ocurrirá a estos pastos cuando engullan las píldoras ya fundidas con la tierra. ¿Se transformarán en vegetales inteligentes? ¿Crecerán de forma desorbitada y descontrolada hasta colonizar el planeta? No, probablemente no ocurra nada. Al fin y al cabo yo llevo años tomando estas pastillas y estoy aquí razonando y conjeturando tranquilamente junto a Supermán y Spiderman. ■ Insectos ■

Autor: Gonzalo Arias Barrientos

Mientras suelto las pastillas en las hierbas altas, observo cómo una hilera ordenada de hormigas cargan semillas que servirán de alimento a toda la colonia en el invierno próximo. Otro grupo, las guerreras, están en la boca del hormiguero dispuestas a protegerlo a costa de su vida. Ya dentro, una reina asegura la supervivencia de su colonia y en una cavidad cercana me imagino montones de huevos a punto de eclosionar. Mañana, en cambio, habrán muerto miles con este potente insecticida. Decididamente, no me siento contento.

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Para olvidarlo, abro el periódico y leo algo sobre una amnistía fiscal.

Participación del 24/1 ■ Montserrat ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Mientras suelto las pastillas en las hierbas altas contemplo a la joven de afectuosa mirada que me regala una sonrisa amable mientras intenta arrastrarme a jugar con las marionetas que hace danzar en sus manos al compás de un fingido y disparatado diálogo que no entiendo. Miro las pastillas, los títeres y el parque y todo me parece extraño. Pero en realidad lo que más me intriga es saber quién es esa mujer mayor y arrugada de aspecto cansado y despistado esmero que tanto se asemeja a la extraña que juguetea con las marionetas y que aparece en el agua cada vez que me asomo a ese charco.

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Semana 16: «Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel»

Ganadores del 7/2 ■ Arrullo ■

Autor: David Andrés Figueroa

Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel, debe ser que lo arrulla el leve crujir de la viga de la que cuelga su padre. Finalistas del 7/2 ■ Mi pequeño ángel ■

Autor: Marc Deosdad Díez

Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel. Nadie en toda la casa lo sabe. Tampoco los vecinos, las maestras de la guardería, ni las mascotas de sus amigos. Él tampoco sabe que dos manzanas más allá, su primera víctima está aprendiendo a andar. ■ Seis dedos ■

Autor: Ricardo Álamo

Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel, pero nada me gustaría más que cogerle su manita de seis dedos, igual que la mía, y explicarle que no es verdad lo que le dicen sus padres todas las noches acerca de que no hay ningún monstruo viviendo en su cuarto.

Participación del 7/2 ■ Padres modernos ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel. El día ha sido duro: pintar todas esas fichas y luego romper los lápices, jugar con Plablito en el patio y dejarle el ojo morado, re-ubicar esas irreductibles lentejas por el suelo del

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comedor, cortarle el flequillo a Pilarín en clase de plástica, pintarrajear las paredes del despacho del director mientras el muy incompetente le tenía desatendido por hablar conmigo por teléfono… mañana será otro día. Pobrecito mío. Si él no tiene la culpa. Ya lo dijo el doctor: es hiperactivo. Lo que pasa es que los profesores le tienen manía

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Semana 17: «El leve crujir de la viga de la que cuelga su padre»

Ganadores del 14/2 ■ En vela ■

Autor: Javier Armentía

El leve crujir de la viga de la que cuelga su padre se funde en su memoria con el ruido que tantas noches había oído venir desde la habitación de su hermanita. Finalistas del 14/2 ■ Spanish Horror History ■

Autor: Plácido Romero Sanjuán

El leve crujir de la viga de la que cuelga su padre le saca de su ensimismamiento. —¿Bajarás de ahí alguna vez? Su padre no le hace caso. —Están por llegar. Sí, ellos, los nuevos inquilinos. Decidimos que esperaríamos a saber algo de ellos. La cuerda desaparece. Su padre baja al suelo y trata de hablar. —Grrr, grrr. —Será mejor que no te vean. ¡Y no digas nada! —Grrr, grrr. —¿Qué? He dicho que te calles. Vamos, vete al desván. Allí está mamá. Se escucha un frenazo en la calle. Alguien prueba llaves en la cerradura. —¿No los oyes? Ya han llegado. ¡Vete arriba! ■ Ya es tarde ■

Autor: Víctor González Izquierdo

El leve crujir de la viga de la que cuelga su padre llama mi atención. Me ha invitado al rito iniciático y yo he soltado mi pelo y desabrochado dos botones de mi blusa a sabiendas de que le atraigo. Su carraspeo varonil a mi espalda me sorprende un poco. Me vuelvo y la broma es perfecta. Vestido de vampiro a la vieja usanza, pelo negrísimo, ojos con

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lentillas rojas, e incluso una capa hasta los pies. Entonces el murciélago de atrezo revolotea frente a mi cara, él sonríe y sus colmillos me parecen verdaderos.

Participación del 14/2 ■ Hijo de barro ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

El leve crujir de la viga de la que cuelga su padre extasía a decenas de niños que abarrotan la carpa y a los que la creciente expectación empuja a ignorar a los payasos con chistera que a pie de pista corretean sin descanso trompicando una improvisada camilla fabricada con papel de periódico. Mirándola sabe que está compungida y el número todavía le asusta; y que esta noche después de acostarle probablemente hablarán entre ellos, solitos, como siempre, entre húmedos besos y sonoros espasmos. Pero sabe también que si alguna vez cayera en los cuchillos en lugar de en el agua por fin ya nadie se interpondría entre él y su madre. ■ Hampones ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

El leve crujir de la viga de la que cuelga su padre le devuelve a la sucia habitación que horas antes habían intentado asaltar a golpe de pistola. No contaban que los secuaces de Joe “El Gordo” estuvieran esperándolos. Rememora el golpe en la ceja con la culata y la sangre cegándolo mientras decenas de manos le inmovilizan y le suben a padre maniatado a horcajadas. Demasiadas horas despierto; se le cierran los ojos. Ya ni el dolor puede con el sueño. Se deja. Nota como los pies de padre dejan de pisarle los hombros y el crujir de la viga se convierte en el seco chasquido de un cuello al romperse.

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Semana 18: «Desde la habitación de su hermanita»

Ganadores del 21/2 ■ Caramelos ■

Autor: Paloma Hidalgo Díez

Desde la habitación de su hermanita se ve el tobogán. Cada vez que mira por la ventana, vuelven su cabeza rizosa, su abrigo azul y sus manos pequeñas agitándose al bajar. También los columpios, en los que la empujaba flojito porque le daba miedo volar. Y el banco donde estaba sentado aquel hombre tan simpático que regalaba caramelos, sólo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban. Finalistas del 21/2 ■ Dulces sueños, mamá ■

Autor: Arantza Porabales Santomé

Desde la habitación de su hermanita hasta la de la asistenta hay apenas diez metros de distancia. David entiende que María vaya allí cada vez que tiene una pesadilla, porque mamá odia que la molesten, sobre todo si está dormida. Lo que aún no entiende es porque está castigado sin ver Pocoyó. Tan sólo le ha preguntado a papá si él tiene también pesadillas. ■ La huida ■

Autor: Ander Balzategi Juldain

Desde la habitación de su hermanita oye a los abuelos que planean fugarse. —Ponte el traje Damián, huyamos con cierta elegancia —la abuela mantiene sus prioridades. —Me han dicho que es precioso —dice el abuelo—. Allí siempre es primavera, como a ti te gusta. Oye cuchicheos, secretos susurrados que se deshacen en las paredes. Quizás besos. Le parece imposible que huyan porque su abuela está inválida, pero se equivoca, le sorprenden dos portazos que suenan rotundos. Primero se habrá fugado uno y luego el otro.

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Participación del 21/2 ■ Amor de padre ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Desde la habitación de su hermanita, con la puerta medio abierta y parapetado en las intempestivas horas en las que todos creen que duerme le ve llegar a la salita, abrir el balcón y salir afuera. Sabe que no importa el frío como en otras ocasiones tampoco le importaron la lluvia o el viento. Sabe que lo único que quiere es que nadie le escuche cuando rompa a llorar. Conoce su secreto y se siente culpable porque sabe que es por él por quién mañana lucirá una enorme sonrisa como si nada hubiera pasado.

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Semana 19: «Solo las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban»

Ganadores del 7/3 ■ Películas ■

Autor: Yolanda Nava Miguélez

Sólo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban les era permitido el acceso; mi hermana y yo siempre nos quedábamos fuera pegados a la pared a la caza de algún sonido; si escuchábamos un disparo, nuestra imaginación nos sumergía en una del oeste, si era música, nos dejábamos arrastrar por románticos salones. Cuando salían les mirábamos ansiosos, ellos pasaban a nuestro lado sin mirarnos, sus hermanas tenían la falda arrugada, el escote suelto, y restos de lágrimas en las mejillas. Finalistas del 7/3 ■ El corrido de Jaramillo ■

Autor: Juan Manuel Sánchez

Solo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban les estaba permitido asistir a los recitales de Washington Jaramillo, figura rutilante de la música melódica que, tras pagar su deuda con la sociedad y con los capos, trataba de olvidar su turbio pasado. En El Pelícano reinaban ahora la belleza y la armonía, y ni los orificios de bala dormidos en el mostrador y ocultos tras las botellas de tequila podían revelar quién había sido aquel tipo menudo y melancólico. Parecía un hombre honrado pese a su manera de secarse el sudor. ■ A las fieras que dominan el mundo ■

Autor: José Delclaux Abad

—Sólo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban... —me estaba contando Carla con su voz de fresa cuando pasó aquel camión que la arrolló y a mí me despeinó el tupé. Pobre Carla. A ella no le habría gustado

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nada verse tan tirada por el asfalto, con las vísceras tan desparramadas, tan vulgares; tan EVIDENTES, que me recordó de pronto a un luchador desnudo y vulnerable. Carlita, sólo otra de esas niñas guapas que se ofrecen como trofeos a las fieras que dominan el mundo. Qué triste, me dije arreglándome el tupé, me acerqué a mi hermana, y con un soplido, le aparté una pestaña de la cara.

Participación del 7/3 ■ Pequeño dictador ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Sólo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban. Para los demás no habría actos de generosidad. A los altos los sentaría lejos de la canasta: se mira pero no se toca ¡Ni se bota! Todas las pelotas confiscadas. Se terminó el estúpido juego de las patadas al balón ¿A quién iban a elegir último ahora? ¿Eh? La comba se acabó también. Las tontas de segundo a hacer cola para darle el bocadillo, como todos...Manuel los miraba correr por el patio y no dejaba de repetir en voz baja ‹‹delegado de clase››. Sita Isabel les había explicado que sería como un jefe ¡Pues que se vayan preparando! ■ Error de cálculo ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Sólo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban. Era la única consigna que dio en el "briefing" a la decena de imberbes promotores que cubrirían el evento. Señor Lobo recordaba entonces no sin cierto desprecio la ingente cantidad de horas que había desperdiciado en la universidad digiriendo catedralicios estofados como macrogestión o microeconomía avanzada. Papel mojado. El secreto de su éxito era gestionar la discoteca como si fuera una lonja: rubias, altas, chinas, bizcas... daba igual. Los chicos acudirían en tropel caña en mano, ilusos ellos, y él solo tendría que contar billetes, eso sí, maldiciendo el día que ofreció a su mujer un puesto en la barra.

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Semana 20: «Y restos de lágrimas en las mejillas»

Ganadores del 14/3 ■ ¡Milagro, milagro! ■

Autor: Agustín Manzano Robles

—Y restos de lágrimas en las mejillas, insiste Manuela. —Le repito que no, dice el cura cogiendo sus manos con ternura. Manuela vuelve a casa cariacontecida. Deja las llaves y se llega hasta el salón en donde la talla policromada se alza a medio metro del aparador sumida en un llanto inconsolable. —Nada, no ha habido suerte hoy tampoco, dice acariciando el busto. No hay dinero para milagros. —Pues a ver como pagamos la hipoteca este mes. —No sé, murmura Manuela compungida. Finalistas del 14/3 ■ Isabel ■

Autor: Trini Pestaña Yáñez

Y restos de lágrimas en las mejillas le churreteaban el maquillaje, pero había merecido la pena. Ella era la reina de Inglaterra, y eso ninguna monja, por muy superiora que se creyera, se lo podría quitar. Cierto es que el maquillaje y los complementos de nada valían sin unos rasgos que lo avalaran. Y ella era Elisabeth, les dijo a los guardias de seguridad de Zarzuela. Si la arrestaron, no fue su culpa. Se quitó el sombrero, el abrigo y el vestido a juego y se metió en su cama, idéntica a las otras treinta del dormitorio común del asilo. ■ Constante ■

Autor: Elisa Armas

"Y restos de lágrimas en las mejillas", anota mecánicamente, sin prestar atención a lo absurdo del hecho. Un instante después, la mujer contempla cómo dos gruesas gotas surgen de las cuencas vacías. Aterrada, abandona el pincel con el que lo limpiaba de restos de tierra y raicillas y recoloca el

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cráneo en su lugar. Un temblor estremece el conjunto de huesos. Cuando la paleontóloga, atribuyendo la visión al cansancio, abandona el laboratorio, la falange carcomida de un índice restaña el llanto del pómulo de su compañera y los amantes, estrechando su abrazo de siglos, vuelven a descansar en paz.

Participación del 14/3 ■ Modus Tollens ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

...y restos de lágrimas en las mejillas la vio partir en el tren que se alejaba del andén, de la estación y en definitiva de su vida. De regreso caminó hasta el banco sobre el puente de piedra de la Catedral y se concedió cinco minutos para recordar todas esas noches en las que la agasajó durante horas con dulces palabras con las que al final conseguía ese furtivo beso que ahora sabía nunca más humedecería sus labios. Lamentarse ya no servía. Rebuscó en su bolsillo, sacó un billete arrugado y miró la mujerzuela que fumaba apoyada en la balaustrada. En el fondo hasta se le parecía ■ Terapia infantil ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

- Y restos de lágrimas en las mejillas. - ¿Y que más le vas a dibujar? - Pues un lazo - ¿Y por qué? - Me gustan los lazos -dijo como si la respuesta fuera una obviedad. - ¿Por qué la has dibujado con una sonrisa si estaba llorando? - No sé. Mamá siempre sonríe. Aunque parezca un monstruo con toda esa pintura negra por la cara y todos esos chichones en la frente. - ¿Entonces tú que haces? - Pues lo que me pide. Que esa noche no moleste a papá y que me vaya a dormir a su cama con ella. Pero es un fastidio: ronca.

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Semana 21: «No sé, murmura Manuela compungida»

Ganadores del 21/3 ■ Las relaciones ■

Autor: Patricia García Roldán

—No sé —murmura Manuela compungida mientras mira a su marido en el lado derecho de la cama—. Creo que necesito más espacio. —¡Querida! —le espeta él—. ¿Y por qué no se lo dices al tío que tienes a tu lado izquierdo? —Pues puestos así —le contesta Manuela ofendida—, ¡dile a tu secretaria que se arrime un poco más al borde de la cama! Finalistas del 21/3 ■ Manuela ¡cambio! ■

Autor: Maria José Gómez Muñoz

—No sé —murmura Manuela compungida. —¿No quieres ser astronauta y ver cómo es el cielo? —pregunta su hermano encendiendo la última mecha y entregándole el walkie. —Sí —contesta con valentía sobre el pretil de la azotea, con el casco rosa de la bicicleta en su cabeza y su espalda llena de petardos. ■ Desenlace ■

Autor: Pedro Herrero Amorós

—No sé —murmura Manuela compungida. —¿No sabes?, insiste el cura. —No, padre. —¿No quieres a este hombre por esposo? —No lo sé. —¿Para amarlo y respetarlo todos los días de tu vida? —No hasta este punto. —¿En la salud y en la enfermedad? —Encima eso. —¿Hasta que la muerte os separe? —Ufff... no.

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—Entonces, hijos míos, ¿a qué venís los dos, vestidos para una boda? —Dígaselo a él, padre, convénzalo usted. A mí no me hace caso.

Participación del 21/3 ■ Cariño, te lo puedo explicar ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

No sé, murmura Manuela compungida. Mira el bebé que arrulla entre los brazos y levanta la vista hacia su hija que postrada en la cama tuerce el gesto y le suplica ayuda con la mirada. La ve tan frágil, tan enjuta a pesar del reciente embarazo; camina, mira por la ventana, acerca de nuevo su chata nariz a los pañales y pizpireta duda por quién de las dos debería estar más preocupada. Manuela sabe que después de cuarenta semanas de ilusión contenida y por muy gañán que sea el marido de su hija no habrá quién le convenza de que blanco con blanco da negro.

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Semana 22: «Que se arrime un poco más al borde de la cama»

Ganadores del 4/4 ■ El mentalista ■

Autor: Arantza Portabales Santomé

¿Que se arrime un poco más al borde de la cama significará algo? Quizás ya no soporta mi contacto. Hoy sólo me ha besado cuándo salió por la mañana. Un breve roce en la mejilla. Y ese beso no cuenta. Me lo da todos los días. La semana pasada olvidó mi santo, por primera vez en doce años. Esta semana sólo ha venido dos días a comer. El sábado no me acompañará a casa de mis padres. La semana que viene... —¡Julia! Para ya. Sólo tienes los pies fríos. —¡Y tú para de leerme la mente, maleducado! Finalistas del 4/4 ■ Testarudo ■

Autor: Ángeles Sánchez Gandarillas

—Que se arrime un poco más al borde de la cama. —Aún así, la gotera del tejado terminará por mojar al chiquillo. —No te apures, pronto dejará de llover. —Eso dijiste hace treinta días y el nivel del agua sigue subiendo, y ya estamos en lo más alto del desván. Teníamos que haber aceptado la invitación de Noé y subir a su arca, pero claro, además de ateo eres testarudo y eso nos traerá problemas, ya lo verás. ■

Autor: Manuel Montesinos

■ Podría ser peor

—Que se arrime un poco más al borde de la cama, joder. Así no hay quien duerma. —Ni hablar, para moverse tendría que quitarse antes el pie de Elena de la cara. —A mí que no me toque nadie, si me rozáis, acabaré con medio cuerpo sobre Esteban que con lo ligero que tiene el

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sueño y su mal carácter nos hará pasar una noche de perros si lo despertamos. —Os estoy oyendo, ni os mováis nos ha costado mucho coger la postura. —Al final me desveláis al bebé. —¿De verdad que mañana vienen más? —Sí pero el casero ha dicho que intentará poner otro colchón.

Participación del 4/4 ■ Qué bonito es el amor ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Que se arrime un poco más al borde la cama parece la excusa perfecta que andaba buscando; aunque aún tiene dudas. Recuerda entonces esos primeros años de caramelo en los que le decía cosas bonitas, hablaban hasta las tantas y querían comprar un apartamentito dónde ir a pasar juntos los veranos; también la boda, y después de la boda su inapetencia, sus innumerables reproches, sus desaires... Y conteniendo la emoción la contempla sentada en el pollete de la ventana, sonámbula perdida, con los ojos cerrados y la ajada camisola que le regaló para su primer aniversario. -Anda cariño. Échate a un lado. Que no quepo -le susurra al oído.

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Semana 23: «Y tú para de leerme la mente, maleducado»

Ganadores del 11/4 ■ Sweet Home Metrópolis ■

Autor: Gustavo Carcelén González

—¡Y tú para de leerme la mente, maleducado! —Lo siento cariño, sabes que no lo puedo evitar. —No, si ya me lo dijo mi madre, con un médico, un abogado, incluso un granjero, ¡así seguro comerás!, pero con un superhéroe sin oficio ni beneficio no te cases. ¡Que razón llevaba! Salvas al mundo y ¿cómo te lo agradecen?, ¡no tienes nómina! A veces te hacen un homenaje o te reponen ese ridículo vestidito que te empeñas en llevar con la ropa interior por fuera. ¡Pervertido! —¡Kryptonita, por compasión! —¡Calla y arregla de una vez la cisterna del váter, que gotea! Finalistas del 11/4 ■ El más común de los sentidos ■

Autor: Trini Pestaña Yáñez

—¡Y tú para de leerme la mente, maleducado! —También puedo leer las mentiras, mamá. —De puente a puente y de oca a oca, hijo, el juego es así. —No es eso, mamá. —Que sí, hijo, que me has ganado otra vez y punto. —Bueno, mami, como tú digas, pero te recuerdo que el accidente me dejó ciego, no tonto. ■ Hoy se sentó a mi lado ■

Autor: José Ramón Delgado

—Y tú para de leerme la mente, maleducado. —Te lo he dicho. Puedo hacerlo las veces que quiera. —Venga... ahora... que termine en... ón. —Un gorrión. —¡Hala! eres un mago. ¿Cómo lo haces? —Te lo podría explicar pero tu mente es muy limitada para entenderlo, Gordi.

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Yo había pensado en un corazón. El que él todavía no tiene. Además fuma, echa escupitajos verdes y se pelea con todos los chicos de clase... Pero es tan guapo. —Venga otra, Moby Dick. Que estoy en racha.

Participación del 11/4 ■ Impertinente ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

-Y tú para de leerme la mente, maleducado. Que... -¿Cansa? -¿Ves? Lo haces todo el... -¿Rato? -Sí. Eres muy... -¿Pesado? -¡Te digo que... -¿Pares? Pero si es muy divertido mujer. Además no te leo la mente. Solo acabo lo que tú empiezas. Inesperadamente Maria le subió la camiseta. Paseó sus labios por el torso desnudo de un asombrado Juan y cuando llegó al ombligo paró en seco cogiéndole la mano e introduciéndosela por dentro del pantalón. -¿Qué haces? -Pues como es tan divertido acabar lo que empieza el otro... contestó María haciendo una pausa para que él terminara la frase. -No tiene gracia -refunfuñó Juan subiéndose la bragueta.

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Semana 24: «Calla y arregla de una vez la cisterna del váter, que gotea»

Ganadores del 18/4 ■ Tirana blanca ■

Autor: Luis Serrano Lasa

—¡Calla y arregla de una vez la cisterna del váter, que gotea! — le grita a Sabio mientras fuma repantingada con los pies llenos de barro sobre la mesa. Mudito le recoge la ceniza sin atreverse a mirar su rostro pálido y Dormilón, entre cabezadas, friega el suelo de toda la cabaña. Gruñón está castigado en el sótano con los grilletes puestos por lo menos para una semana y solo Feliz se permite alguna sonrisa sibilina porque él sabe que, en algún momento de esa tarde, Mocoso va a aparecer disfrazado de vendedora de manzanas. Finalistas del 18/4 ■ Montemos una fiesta ■

Autor: Maricruz Picó Benita

—Calla y arregla de una vez la cisterna del váter, que gotea. —Vale, pero sólo si luego bajas al súper y compras cerveza. Y patatas fritas. —Uff, entonces, cuando suba espero encontrar el jacuzzi preparado. —Qué morro. Bueno, anda, pero llama a unas amigas y nos montamos una fiestecita. —¡Hecho! Al cabo de unos minutos de silencio: —Oye, yo creo que lo que tendríamos que intentar arreglar es la lancha, a lo mejor... —¡Chsss, calla! Nuevamente el silencio. Los dos hombres miran con fijeza el mar que rodea a la isla, interminable. ■ El tiempo estancado ■

Autor: Carlos Martín Arteaga

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-¡Calla y arregla de una vez la cisterna del váter, que gotea! -me ordena enfadada. Muchas noches, cuando estamos acostados, le cuento mis cosas hasta quedarme dormido, pero hoy le molesta mi cháchara y el persistente goteo que anida en su cabeza. Aunque lleva tiempo sumida en un mundo antiguo, sigue teniendo su genio. A mí, que la quiero desde que éramos críos, me gusta que siga siendo así. Para agradarla, me levanto, hago ruidillos simulando que reparo la cisterna y vuelvo junto a ella. Antes de acurrucarme de nuevo a su lado, le hago un arrumaco y coloco con cuidado los cartones, no vayamos a quedarnos, a medianoche, a la intemperie. Participación del 18/4 ■ Indefensión aprendida ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

-¡Calla y arregla de una vez la cisterna del váter, que gotea! Miró con velado resentimiento a la déspota de su mujer recordando que hace mucho tiempo llegó a pensar que dejarse humillar significaría perder pequeñas batallas que le harían ganar la guerra en la que ella al final se quedaba a su lado. Años más tarde se consoló pensando que al menos había ganado su hijo porque había tenido un padre que no aparecía solo fines de semana alternos. Cuando cogió la llave inglesa ya sabía que en realidad esos últimos dieciocho años habían perdido todos. Y que cambiaría las cosas, sí, pero para eso necesitaba recordar primero quién había sido. ■ Emulando a Alonso Quijano ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

-¡Calla y arregla de una vez la cisterna del váter, que gotea! Como si fuera tan fácil, pensó. Ya le gustaría verlo bregar a él con los malvados gigantes que escondían las sucias aguas de aquella letrina. No en vano debía andarse con cuidado y

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esgrimir con buen tino las únicas armas que la ventura le había proporcionado: una sucia escobilla y un destornillador. Antes de dar un paso más quiso asegurarse: -Sancho... -Que no me llamo Sancho. Que soy Juan y que como sigas tonteando se lo digo al encargado y mañana ya no vuelves. -¡Ladran, señal que cabalgamos! -dijo satisfecho

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Semana 25: «Disfrazado de vendedora de manzanas»

Ganadores del 2/5 ■ Manduca ■

Autor: Vicente Fernández Hurtado

Disfrazado de vendedora de manzanas salió de la trinchera. Esa noche la tropa cenó compota. Finalistas del 2/5 ■ El dèja vú del ascensor ■

Autor: César Carmelo Espí Hernández

Disfrazado de vendedora de manzanas, Zeus, contempla cómo evolucionan sus hijos en la Tierra. Eran simples muñecos de barro cuando los ideó con la cuidada apariencia de quien sería su avatar humano. Hasta ese momento, los metía en una cajita de metal que ponía al Sol sobre una ventana del jardín del Olimpo. Con el tiempo, una hiedra mágica de la floresta, los rodeaba y dejaba libres y preparados ya para vivir. Durante este proceso, las figuras contemplaban el Mundo y los cambios de las estaciones esperando, impacientes, la llegada de su planta. Es por esto que, al entrar en un ascensor, hablamos del tiempo. ■ Compraventa ■

Autor: Ricardo Hierro

Disfrazado de vendedora de manzanas, Anselmo Palmentieri viajó hasta la ciudad en día de mercado y dispuso su carromato en la zona de más tránsito. Todos los que por allí pasaban le oían vocear y hacían un alto en el camino. Miraban con interés los cestos vacíos de fruta, calibrando la frescura de todas aquellas manzanas inexistentes. Se afanaban en el regateo, en la estrategia medida que precede a un buen acuerdo. Al tiempo que Anselmo les pasaba sus bolsas sin nada dentro, los clientes simulaban un muchas gracias, el alegre tintineo de un puñado de monedas.

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Participación del 2/5 ■ Genio y figura ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

-Disfrazado de vendedora de manzanas… hay que joderse -se burló-.Y no se te ocurre otra cosa que ir de bicha. ¿Pero no ves que en cuanto te vea va a salir corriendo despavorida? Dios se mesó la barba para centrar la atención sobre su jocosa sonrisa. Le encantaba vejarlo siempre que tenía ocasión. «Segundón» dijo entre dientes. «Jamás podrás conmigo ni con nada que yo haya creado» Satanás lo miró con desprecio y sujetando la manzana con la boca comenzó a arrastrarse en dirección al más frondoso de los árboles del Paraíso. Tenía el presentimiento de que por fin ésta iba a ser la buena.

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Semana 26: «Esa noche la tropa cenó compota»

Ganadores del 9/5 ■ El cabo Hopkins ■

Autor: Ernesto Ortega Garrido

Esa noche la tropa cenó compota y el teniente nos leyó la Biblia en alto, insuflándonos valor. Cargábamos y descargábamos los fusiles con los ojos cerrados y jugábamos al póquer, esperando la batalla. Algunos mostraban fotografías y hablaban de sus familias, conscientes de que no las volverían a ver. Ahora, cada vez que tenemos invitados a cenar, alguien siempre dice: "No pareces el mismo". Ella contesta tajante: "La guerra te cambia", mientras me observa partir el filete con el cuchillo. Después, cuando se van, doy un beso a los niños y los acuesto. Solo entonces recuerdo que el cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda. Finalistas del 9/5 ■ El arte de la guerra ■

Autor: Ángel Revuelta Pérez

Esa noche la tropa cenó compota y hubo general satisfacción por la calidad del postre. Los más avezados, incluso, descubrieron un especial dulzor, un ingrediente desconocido en las anteriores ocasiones en que lo habían saboreado. El cocinero declinó las alabanzas con una impostada modestia que no ocultaba su orgullo y se negó a desvelar el secreto de la exitosa receta. Después de todo, y como había sugerido el mando del regimiento, los soldados no necesitaban conocer el destino de los prisioneros capturados durante la última escaramuza. ■ La fiesta ■

Autor: María Jesús González Rodríguez

Esa noche la tropa cenó compota en cuencos de cristal adornados con una ramita de menta y acompañada de vino afrutado. Los camareros se afanaban en rellenar las copas. Unas risas en las tiendas contiguas hacían presagiar que la

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fiesta se prolongaría. A pesar de que el líquido se vierta por los orificios de bala, con levita y levitando, los muertos también sabemos divertirnos. Participación del 9/5 ■ Valor y coraje ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Esa noche la tropa cenó compota. Agazapado en la trinchera con el estómago revuelto y el corazón arrugado escuchó silbidos de bala sobrevolar sobre su cabeza. El coronel se sacó el puro de la boca y le llamó cobarde con la mirada. «Aquí se viene a morir» -gritó mientras empuñaba la pistola de bengalas dispuesto a dar la señal. En cuanto el cielo se iluminara tendrían que correr como gallinas sin cabeza hasta la línea enemiga. Nunca antes había matado a nadie. Fue la primera vez. Después cogió la pistola de bengalas del coronel y la tiró directa a la lejana oscuridad del campo de batalla.

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Semana 27: «El cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda»

Ganadores del 16/5 ■ Necesita mejorar ■

Autor: Rafael Olivares Seguí

El cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda, con rapidez y precisión, mientras que con la derecha hacía blanco seis veces en una diana a cincuenta metros. Simultáneamente, mantenía en equilibrio, sobre su nariz, una vara de bambú sobre la que rodaba un plato a la vez que, con un pie, daba incontables toques a un balón de cuero sin que le cayera al suelo y en la otra pierna giraba un aro sin parar. No fue suficiente para ascender a Sargento. El Tribunal apreció cierta rigidez en su mirada. Finalistas del 16/5 ■ Escondiendo ■

Autor: Pablo Luna López

El cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda. Pensaba que, de esa manera, Dios no veía lo que hacía.

■ Simetrías ■

Autor: Fernando Vicente Galve

El cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda en aquellas timbas del ala de psiquiatría del hospital de veteranos. Una mina le había arrancado todo el lado derecho del cuerpo. Nunca pudimos curarle la manía de apoyarse en los espejos. Participación del 16/5 ■ Juego de tahúres ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

El cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda. Con la derecha agitaba su apestoso puro mientras martilleaba

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la moral del personal explicando por vigésima vez cómo rescató a un destacamento entero en Bahía Niong. El sargento, un tipo taciturno, nunca entraba en las timbas. No nos extrañaba ya que era vox pópuli que se odiaban mutuamente. Simplemente observaba y nos amenizaba la velada con su inagotable repertorio de canciones silbadas mientras el cabo nos iba desplumando. Un buen día vi a Hopkins entrar en el camarote del sargento y puse la oreja. Desde entonces sé que si, por ejemplo, suenan los Beatles, es que alguien lleva dobles parejas.

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Semana 28: «El tribunal apreció cierta rigidez en su mirada»

Ganadores del 23/5 ■ Escúcheme ■

Autor: Gustavo A. Romero

El tribunal apreció cierta rigidez en su mirada. Molestos, en su primer día de juicio y adelantándose a su condena, ordenaron colocarle una venda en los ojos. Finalistas del 23/5 ■ Final en tonos rosa ■

Autor: Enrique Rubio Domingo

El tribunal apreció cierta rigidez en su mirada. Todo comenzó a torcerse unos días antes. El fin del mundo no fue como pronosticaba el Apocalipsis. Ni hablar de jinetes. Tan solo aquel aroma a cantueso cada vez más intenso. Eso, Y el rosa desvaído que fue adquiriendo el horizonte a medida que todo se tornaba confuso y plácido. Nada estaba saliendo como tenía previsto. Aún no se podía creer que Jesucristo tuviera realmente ese aspecto. Pero lo peor con diferencia era ella. Ni en la peor pesadilla se hubiera imaginado que aquella mujer bajita fuera Dios en persona. Y le miraba fijamente desde hacía demasiados minutos. ■ Mágica justicia ■

Autor: Francisco J. Ramos Fernández

El tribunal apreció cierta rigidez en su mirada justo antes de que se derrumbara. Literalmente. Enseguida se formó un gran revuelo en la sala. El alguacil trasladó raudo a los doce a su despacho. Unos minutos después la noticia corrió como la pólvora: el magnate del petróleo, John Richmond, había fallecido de un colapso. El jurado se disolvió. Ahora ya no importaba el fallo por violación, decidido una hora antes, que le absolvía. Once a uno. Al rato, en la sala de debate ahora vacía, entró Luisa para limpiar. De una papelera sacó un muñequito. Le quitó un alfiler que llevaba y lo guardó. Para mi niña, pensó.

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Participación del 23/5 ■ Posesiva ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

El Tribunal apreció cierta rigidez en su mirada. Ella, sin embargo, sentada en la última fila de la abarrotada sala de exposiciones le veía tan guapo como de costumbre. Le adoraba; a él y a su mente privilegiada. Sabía que si aprobaba como todo hombre importante necesitaría una gran mujer a su lado, pero claro, temía que entonces todas le quisieran. Por eso minutos antes había cogido sus mapas conceptuales del portafolios y los había cambiado por unos dibujos del niño. Esos que ahora él miraba con incredulidad pétrea. ■ Ya es casualidad ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

El Tribunal apreció cierta rigidez en su mirada. Y es que a él la cara de satisfacción de su exmujer cuando estaba a punto de leer el veredicto no le auguraba nada bueno. ■ This is Spain ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

El Tribunal apreció cierta rigidez en su mirada justo antes de emitir el fallo y no era para menos. Aquella mujer estaba a punto de absolver a un tipo que había robado más dinero del que podría gastar en toda su vida. Nunca pensó que tantos años de profesión y su reconocimiento como jueza modelo acabarían así. En la sala, el sequito de concejales del partido esperaba impacientes para ir a celebrarlo a algún restaurante caro. Claro está, el dinero no saldría de ninguna de sus carteras. ■ Eutanasia ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

El Tribunal apreció cierta rigidez en su mirada. Fue la única evidencia de emoción que pudieron apreciar en él. La "última prueba" que había presentado la familia a la desesperada era tan explícita como dura. Integrado al respirador y agarrado con correas a la silla de ruedas para que su lánguido cuerpo no resbalase parecía más un siniestro muñeco que un niño de diez años. Durante todo el juicio les habían hablado de su dolor buscando el veredicto que le otorgase descanso y una

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muerte digna. Pero ya hab铆an tomado una decisi贸n: no ha lugar. El dolor del que hablaban era del suyo propio.

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Semana 29: «Ordenaron colocarle una venda en los ojos»

Ganadores del 6/6 ■ Nostalgia ■

Autor: Ignacio Rubio Arese

Ordenaron colocarle una venda en los ojos para que dejase de llorar anémonas y cangrejos. Desde entonces, cuando nadie puede verla, la sirena cautiva vomita pulpos de siete patas en la taza del váter. Finalistas del 6/6 ■ El truco ■

Autor: Begoña Rocandío Díaz

Ordenaron colocarle una venda en los ojos. Para asegurarse. El perro elevó su nariz, husmeó el aire y se dirigió de nuevo hacia el mismo hombre, lentamente. Se paró delante de él jadeando. No necesitaba verlo. Lo reconocería entre mil. Olía a asesino. No, ahora ya olía a muerto. Se irguió y en un segundo le seccionó la yugular de una dentellada, ante la atónita e impotente mirada del juez y de los policías.

■ Venganza ■

Autor: Arancha Álvarez Villegas

Ordenaron colocarle una venda en los ojos. Le amordazaron. Le encadenaron pies y manos. La grúa comenzó a levantarlo para introducirlo en el tanque. Su bella ayudante le dirigió una última palabra de aliento por el audífono. Concentrarse profundamente era fundamental, pero se dio cuenta de que su amada se había olvidado de desconectar el micro. La escuchó hablar con el segundo asistente, y se quedó atónito ante las palabras que se dirigían. Cuando comenzaron a besarse oyó crujir las lentejuelas de sus trajes. Sus pies comenzaron a entrar en el agua.

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Participación del 6/6 ■ Renegados ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Ordenaron colocarle una venda en los ojos. Era lo menos que podían hacer para paliar la sensación de injusticia que debía embargarle al verse apuntado por los ínclitos miembros del improvisado pelotón de fusilamiento de aquel maldito lugar perdido en medio del desierto: gente como Jack "el chivato", Ben "el carnicero" , Wild "el broncas" o aquel cobarde invertido que no podía contener las babas cada vez que le hablaban de niños y del que nadie recordaba su nombre. Desde que meses atrás habían asesinado al sheriff nadie podía decir que no habían convertido Penitence en un lugar mucho más humano. ■ Cena de oficiales 1942 ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Ordenaron colocarle una venda en los ojos. El general le puso los afilados cuchillos en la mano y apoyó con fuerza el cañón de la luger contra su cabeza. Entonces le dijo en perfecto hebreo las tres únicas palabras que sabía pronunciar: «lánzalos o muere», y contempló con satisfacción la cara de terror del otro cocinero, que maniatado e incrustado dentro de la lúgubre silueta dibujada en aquella vieja puerta de madera jaspeada artificialmente de rojo contra marrón, observaba con aflicción como la concurrencia apostaba si fallaría, si le daría en el brazo, en la cabeza, o si sencillamente tendría el coraje de no hacer nada. ■ Lapsus ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

Ordenaron colocarle una venda en los ojos y poner encima de la cabeza del niño una manzana. Guillermo, a ciegas, enarboló con firmeza la ballesta seguro de que la partiría en dos, pero algo le detuvo. El pequeño se dirigió visiblemente enfadado hacia el gobernador y le señaló que según rezaba el cuento no era a su padre sino a él a quién debía ordenar que le vendaran los ojos. El gobernador, terriblemente azorado sabedor de que sería el chascarrillo de toda la biblioteca por

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no saberse ni su propia historia, orden贸 colocarle una venda en los ojos al peque帽o mientras Guillermo, bla bla bla bla bla...

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Semana 30: «La sirena cautiva vomita pulpos de siete patas en la taza del váter»

Ganadores del 13/6 ■ Freak Show Histoy ���

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

La sirena cautiva vomita pulpos de siete patas en la taza del váter mientras la mujer barbuda gruñe exabruptos al gigantón de cabeza pequeña y brazos interminables para que deje tranquila a la mujer mono, que subida al taburete, da cómicos saltos intentando alcanzar el plátano que cuelga de la viga desde la que penden las jaulas del niño pez y la octogenaria embarazada. Izan sospecha que no le ha llevado allí solo para ver el espectáculo. Quizás por la inquietante conversación que le ha visto mantener con el tipo de la garita, quizás porque desde aquel desgraciado accidente tuvieron que amputarle los brazos y desde entonces papá ya nunca juega con él.

Finalistas del 13/6 ■ Pieza cobrada ■

Autor: Antonio Pérez Ruíz

La sirena cautiva vomita pulpos de siete patas en la taza del váter. No me importa lo que vomite. La amo y jamás la dejaré volver a su hogar. ■ Fauna marina ■

Autor: Luís Fernández de los Muros

La sirena cautiva vomita pulpos de siete patas en la taza del váter mientras llora un mar de dudas. En la sala de estar, Tritón grita con voz de trueno palabras como deshonor o vergüenza, y los cangrejos se esconden asustados en sus conchas. El besugo, amigo de la infancia, la observa con los ojos muy abiertos. Repite una y otra vez que no tiene por que

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pasar esto sola. Que a él no le importa de quién sea. A través de la ventana el tiburón, todavía excitado, vigila y sonríe.

Participación del 13/6 ■ Cosas de niños ■

Autor: Juan Antonio Vázquez Alcayada

La sirena cautiva vomita pulpos de siete patas en la taza del váter mientras él se esconde detrás del pato y la esponja esperando el momento de lanzar su temido ataque del dragón. Entonces papá se enfada y le riñe para que se esté quieto mientras acaba de ducharlo. Mañana irá a ese sitio tan maravilloso lleno de juguetes y amables mamás con batas de cuadros y le explicará a sus amigos lo sucedido. Como siempre convendrán que no entienden cómo es posible que nadie más que ellos vean hablar a sus muñecos de trapo o a los monstruos que aprovechan la oscuridad de la noche para salir de debajo de la cama.

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Semana 31: «Desde entonces papá ya no juega con él»

Ganadores del 20/6 ■ Fortaleza ■

Autor: Jorge Garcés Garrido

Desde entonces papá ya nunca juega con él ni sus abrazos son como los de antes. Los de ahora son torpes, demasiado apretados, con esas palmadas al final mientras le dice: “Somos dos tíos fuertes, ¿a que sí?” Finalistas del 20/6 ■ El último día del verano ■

Autor: Asun Gárate Iguarán

Desde entonces papá ya nunca juega con él al fútbol. Mamá no le lee un cuento por las noches. Y yo me arrepiento de haberme dejado enterrar en la arena. ■ Error de cálculo ■

Autor: Chelo Sierra

Desde entonces papá ya nunca juega con él, no lo lanza por el aire con su seguridad matemática, ni le saca brillo, ni siquiera lo afila como solía hacer por las mañanas. Lo tiene escondido en la parte más alta del armario, envuelto en el traje dorado de actuar. Pero ya no aguanta más. Hoy papá nos ha dicho que echa de menos los aplausos. Anita y yo le hemos confesado que nosotros, a mamá. Participación del 20/6 ■ No puedo enviar relato por estar pendiente de participar en la final mensual.

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Semana 32: «Somos dos tíos fuertes, ¿a que sí?»

Ganadores del 27/6 ■ Carta sin remite ■

Autor: Jorge Agustín Navarro

Somos dos tíos fuertes, ¿a que sí?: Posdata. Recibe un cordial saludo. Bueno, ya me despido. Y Wilder antes que Coixet. Mejor güisqui que diazepam. Solo un par de sugerencias más. Innegociable el arroz dominguero en casa de sus padres. Que quede limpia la encimera para que no acudan hormigas. Dos de azúcar. La leche, descremada. El café, caliente. Cuela la pulpa de la naranjada. Y tener un perro. Siempre quiso viajar a Nueva York. Anímala a maquillarse cuando llueva. Pero quizás ignores algunos detalles. A estas alturas ya sabrás que los besos en la ducha valen el doble. Querido tipo afortunado: Finalistas del 27/6 ■ Agazapados ■

Autor: Raquel Gutiérrez García

"Somos dos tíos fuertes, ¿a que sí?", susurró al oído de su hermano pequeño, que como él, se acurrucaba en el rincón tras los abrigos del armario. El pequeño asintió con la cabeza y se abrazaron, mientras les llegaban las pisadas, ruidos y voces de la habitación. ■ Liberación ■

Autor: Carlos I.Fernández Carbonell

"Somos dos tíos fuertes, ¿a que sí?" Y, envalentonado ante la respuesta, el hombre coge la pistola, la apoya en su sien y aprieta el gatillo. Su reflejo en el espejo da un respingo. Está blanco y durante unos segundos permanece inmóvil. Después, se asoma con cuidado a contemplar el cuerpo y el charco de sangre que se expande. Trata de ver si viene alguien y atraviesa presuroso el marco. Se aleja sin mirar atrás, como quien se da cuenta que le han devuelto de más en un comercio. Cada vez más rápido, cada vez más sonriente.

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ParticipaciĂłn del 27/6 â–  No puedo enviar relato por estar pendiente de participar en la final mensual.

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Ganador y Finalistas Mensuales

SEPTIEMBRE

Autor: Enrique Romero Pascual

■ El chulito

Hasta chocarse contra una pila de maderos, después de volar por encima de la carretilla y el montón de arena, había conseguido sortear todos los baches, socavones y charcos de barro que fue encontrando por el camino. Parecía que, una vez más, iba a dejar a las chicas embelesadas y a nosotros, con otros dos palmos de narices. Cuando empezó a salir sangre de su frente y a mover la pierna en espasmos, dejé caer disimuladamente las tijeras detrás de un arbusto y corrí cuesta abajo a socorrerle. OCTUBRE

Autor: Miguel Ángel Flores Martínez

■ La explicación

Con esa exactitud tan característica de la ciencia, lo que no flota, se hunde sin remedio; lo que no vuela, cae al suelo. La energía, pura o no, nunca se destruye, pero sí se transforma. Y mucho. Y se convierte en otra cosa. Y aunque la recta tiene una dirección, no olvidemos que también posee dos sentidos. De ida, y de vuelta. Todo lo que sube, baja; lo que entra, sale. Y lo infinito sólo está en el cielo. Sólo. Por inercia, todo se mueve o reposa. Y la inercia, créeme, es lo peor. Vamos, para que me entiendas, que he dejado de quererte. De corazón y científicamente. NOVIEMBRE

Autor: Mar Horno García

■ Locura familiar

Sus labios perfilados se contraen para dejar escapar un silbido corto. Parece fortuito pero sabemos que después se pasará un buen rato cantando. Seguimos a lo nuestro. Papá pega una nueva pieza en su maqueta absurda. Cándida enjuaga cansancio y platos en el fregadero. Mi hermana perfecciona su maledicencia con la vecina. Yo escribo. De

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pronto se deja oír un trino largo, un gorjeo maravilloso, quiebros imposibles, floreos, cascabeles, y, como todas las mañanas, vemos salir a mamá volando por la ventana. Volverá al atardecer para dormir en el perchero del dormitorio. Yo quería internarla pero papá fue categórico. -¿Acaso no quieres ser tú poeta? Déjala a ella que sea pájaro. DICIEMBRE

Autor: Íñigo Ortíz de Apodaca

■ Trillizos

No, claro que no queremos pensarlo demasiado ni tampoco llevarle la contraria a nadie pero si papá ha dicho que nunca va a volver y mamá que está en el cielo, ¿qué hace ahí fuera Lucas arañando la ventana? ENERO

Autor: Mónica Sempere Creus

■ Benefactores

¿Qué hace ahí fuera Lucas arañando la ventana? Es jueves, me toca a mi cuidar de mama, él vino el lunes y papá vendrá el domingo. Es extraño andar por casa sin andar, Lucas dice que me acostumbraré a esto de ser etéreo. Desde hace seis meses mamá habita en el sillón. Le susurro que no fue culpa suya. Le digo que hay mil motivos para seguir adelante aunque no me viene ninguno a la memoria. Está desaliñada, en las muñecas luce unas tiritas muy grandes, tengo ganas de abrazarla, la aprieto con fuerza, ella se acurruca bajo mi manta. Hoy mamá va a probar con la pistola. FEBRERO

Autor: David Andrés Figueroa

■ Arrullo

Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel, debe ser que lo arrulla el leve crujir de la viga de la que cuelga su padre.

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MARZO

Autor: Yolanda Nava Miguélez

■ Películas

Sólo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban les era permitido el acceso; mi hermana y yo siempre nos quedábamos fuera pegados a la pared a la caza de algún sonido; si escuchábamos un disparo, nuestra imaginación nos sumergía en una del oeste, si era música, nos dejábamos arrastrar por románticos salones. Cuando salían les mirábamos ansiosos, ellos pasaban a nuestro lado sin mirarnos, sus hermanas tenían la falda arrugada, el escote suelto, y restos de lágrimas en las mejillas. ABRIL

Autor: Arantza Portabales Santomé

■ El mentalista

¿Que se arrime un poco más al borde de la cama significará algo? Quizás ya no soporta mi contacto. Hoy sólo me ha besado cuándo salió por la mañana. Un breve roce en la mejilla. Y ese beso no cuenta. Me lo da todos los días. La semana pasada olvidó mi santo, por primera vez en doce años. Esta semana sólo ha venido dos días a comer. El sábado no me acompañará a casa de mis padres. La semana que viene... —¡Julia! Para ya. Sólo tienes los pies fríos. —¡Y tú para de leerme la mente, maleducado! MAYO

Autor: Rafael Olivares Seguí

■ Necesita mejorar

El cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda, con rapidez y precisión, mientras que con la derecha hacía blanco seis veces en una diana a cincuenta metros. Simultáneamente, mantenía en equilibrio, sobre su nariz, una vara de bambú sobre la que rodaba un plato a la vez que, con un pie, daba incontables toques a un balón de cuero sin que le cayera al suelo y en la otra pierna giraba un aro sin parar. No fue suficiente para ascender a Sargento. El Tribunal apreció cierta rigidez en su mirada.

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JUNIO

Autor: Ignacio Rubio Arese

■ Nostalgia

Ordenaron colocarle una venda en los ojos para que dejase de llorar anémonas y cangrejos. Desde entonces, cuando nadie puede verla, la sirena cautiva vomita pulpos de siete patas en la taza del váter.

MICRORRELATO GANADOR DE LA TEMPORADA ■ Autor: Ignacio Rubio Arese ■ Nostalgia

Ordenaron colocarle una venda en los ojos para que dejase de llorar anémonas y cangrejos. Desde entonces, cuando nadie puede verla, la sirena cautiva vomita pulpos de siete patas en la taza del váter

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Rec 2012 2013