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Emir Abdel Kader Breve estudio de su vida y obra


Emir Abdel Kader Breve estudio de su vida y obra


Literatura Árabe Moderna Grado en Estudios Árabes, Universidad de Sevilla, curso 2011-12 Tomás Mateo Cubero


รndice

- Bio - 5 - Obra literaria - 7 - Otras obras - 8 - Appendix: Los Caballos del Sรกhara - 9

Emir Abdel Kader


1.

Bio

Argelia. Abdel Kader se crió y formó en la zaouiya dirigida por su padre, Abdel Kader ibn Muhyi ad-Din al-Hassani, de quien recibió una educación y cultura teológica y filosófica. Y sería con su padre, con quien viajara en peregrinación a la Meca cuando contaba con veintidós años, pasando por Damasco, El Cairo y Bagdad, ciudades de gran peso cultural y en las que el emir sin duda adquirió mayores conocimientos, pues su padre siempre gustaba de estr rodeado de otros maestros sufíes. En 1830 recibe el título de emir de las tribus del Oeste argelino, y uno de sus grandes méritos radicaba en conciliar los intereses de las tribus puramente argelinas de origen bereber con las formadas por árabes. El buen nombre del que prono gozó en Argelia, se debía no solo a gestos como estos, sino que era además reconocido por ir enjaezado sencillamente, como un simple sheij, en lugar de llevar los ricos ropajes que otros emires vestían. No obstante, y a pesar de su sólida formación religiosa, parece que el emir no se achicaba ante ciertas cuestiones, y el coronel E. Daumas nos cuenta en Los caballos del Sáhara – obra que contó con la colaboración del emir – que Abdel Kader “castigaba rigurosamente a muerte a todo creyente (musulmán) convencido de haber vendido un caballo a los cristianos”. Esto solo puede entenderse una vez se conoce el amor y el orgullo que para los árabes representa el caballo árabe de pura raza, para ellos un auténtico regalo de Dios y que por ello, no debía venderse a la ligera ni permitir que se hiciera un uso incorrecto del mismo. Ante la invasión francesa, proclama la guerra santa en 1832, organizando a la par un estado argelino con gobierno y ejército propios, y que contaba con un sistema de recaudación de impuestos y un aparato legal encargado de la administración de justicia. Las dotes políticas y organizativas del emir, quedaron sobradamente demostradas en años tan turbulentos. La guerra contra Francia se prolongó quince años. Hubo un momento en que las tropas francesas pusieron al emir en jaque y hubo de huir a Marruecos, donde pidió apoyo al sultán marroquí. Pero Francia reaccionó bombardeando y atacando importantes plazas marroquíes, por lo que el sultán hubo de rendirse en 1847. El emir sería exiliado a Toulon, más tarde iría a Pau y finalmente a Amboise. En todos estos lugares, se consagraría al estudio y la escritura. Francia. Abdel Kader pasó cuatro años en Amboise, en una suerte de residencias prisión en las que contó con numerosas visitas de diferentes personajes franceses, y permaneciendo siempre acompañado por una cohorte compuesta de sus más íntimos allegados. En cierta ocasión, algunos de aquellos que le visitaban, le preguntaron sobre si prefería la vida en el desierto a la de la ciudad, a lo que el emir respondió que “no hay defectos en la vida nómada”. La exaltación de la vida beduina siempre será uno de los ejes temáticos de su obra.


En 1852 Napoléon III accede a la petición de Abdel-Kader y el emir embarca haca Turquía, donde permanece tres años, hasta que se traslada a Siria. Ya en Damasco, se le concede el enorme privilegio de habitar en la casa del andalusí Ibn Arabi.

Siria. En sus años en Siria, el emir llevó a cabo una destacada labor pacifista, especialmente tras las matanzas del año 1860, atendiendo de buena gana las peticiones de ayuda por parte de los franceses, quienes contaban con una importante representación en la zona sirio-libanesa, y con importantes alianzas políticas y comerciales en el territorio, lo cual contribuyó a que miles de cristianos maronitas, se salvasen de una masacre. El presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, le agradeció que evitase esta catástrofe. Hasta su muerte, sucedida el 26 de mayo de 1883, el emir se dedicará a la enseñanza de la mística, filosofía, teología e historia. El emir hoy. La figura del emir, por tratarse de alguien tan especial, ha sido objeto de numerosos estudios – si bien los estudios arábigos españoles parecen haber obviado tan eminente personaje – especialmente en lengua francesa, tanto por autores galos como magrebíes. En el año 2008 se celebró el bicentenario de su nacimiento, y en Estados Unidos, hay un pueblo en el estado de Iowa (con una población algo menor de 1400 habitantes) que lleva su nombre, Elkader, en honor al emir, y que es la única población en todo el país que tiene un nombre árabe (http://www.elkader-iowa.com/). En Lyon, Francia, cuenta con una plaza, y en dicho país, han sido numerosos los actos, seminarios y publicaciones que se han celebrado con el emir como eje central. Estas son algunas de las publicaciones que se han producido más recientemente sobre su figura: – Commander of the faithful. The life and times of Emir Abd El-Kader; John W.Kiser, editorial Monkfish Book Publishing, Nueva York, 2008. – Abd El-Kader par ses contemporains; Ibis Press, 2007. – Abd El-Kader, l'harmonie des contraries; Ahmed Bouyerdene; Seuil, 2008. – L'emir Abdel Kader et la franc-maçonnerie; Bruno Etienne, Dervy, 2008.


2.

Obra literaria.

Abdel Kader fue de los pocos autores que tuvieron una destacada producción literaria en la época de conquista francesa del Magreb. La principal temática de aquellos, como era de esperar, se centraba en la lamentación por lo perdido y en la reacción a la invasión. Sus poesías estarán siempre envueltas del ambiente beduino de Argelia, y más tarde, cuando componga en su etapa en Francia, sus versos desprenderán un fuerte anhelo por la vida en el desierto. Su poema Elogio de la vida beduina, elaborado en metro basif y compuesto en su cautividad en el castillo de Amboise, es quizás el que mejor representa esta esencia. Sus poesías están reunidas en un volumen titulado: Nuzhat al-hátir (Recreation de l'espirit), publicadas en El Cairo en 1903. Su obra filosófica, contenida en Dikrá al-akil wa-tamb'ih al-jafil, fue traducida al francés por Gustave Dugat, con el título Le livre d'Abd-el-Kader intitulé: Rappel à l'intelligent, avis à O'indifférent; publicada en París, en 1858. Otras de sus obras son: El recreo; Libro de las estaciones espirituales (en el que comenta la obra de Ibn Arabi); El cinturón de los escuadrones, falanges (tratado militar). En su estancia en el castillo de Amboise escribió una autobiografía. También, compuesta en Francia es su obra La cizalla afilada para hacer callar a quién desprecia la religión del Islam, como reacción a los ataques del Islam que algunos clérigos franceses estaban lanzando. Y asimismo, en Amboise escribió Fidelidad a los musulmanes en sus tratados. Igualmente, cuenta con una amplia colección epistolar, en la que trata los más diversos temas. Los géneros que más cultivó el emir fueron la épica y el amor a la patria, de cuya tendencia es un claro ejemplo el poema: A tus órdenes, Tremecén. También cultivó uno de los géneros más propios de la poesía beduina, el autoelogio, del cual es muestra el poema titulado De nosotros se enorgullece el tiempo. Y por supuesto, el misticismo y el sufismo. Charles-André Gillis, en una selección de diecinueve poemas que extrajo del Livre des Haltes, intitulada Poèmes Métaphysiques, nos habla en su introducción de la manera tan particular con que el emir entiende el sufismo. Una serie de conceptos muy interesantes que nos intentan acercar a la compleja personalidad de Abel Kader en este sentido, pues es materia difícil de digerir para los no iniciados. Así, Gillis explica que: “el término espiritual sería insuficiente, se trata de un proceso iniciático, como consecuencia de un conocimiento de la orden más elevada: el recurso de la terminología genuina de la realización”. En dicho texto de Gillis, hay algo que nos queda claro, y es que la identidad divina de la que Abdel Kader habla, va más allá del contexto islámico o musulmán, pues tiene claro que se trata de la “Identidad Suprema”. Y así, el emir se considera un “servidor del Poderoso”, de esa fuerza divina. El emir además, hace a lo largo de todos sus poemas, una peculiar interpretación del Tawhid, la unicidad Divina, premisa básica del islam.


3.

Otras obras.

El emir fue hombre tremendamente polifacético, y los campos en los que fue hombre sabio, fueron de lo más diverso. Hemos visto en el apartado de su obra literaria que abarcó desde los tema místicos hasta los tratados de guerra. Pero su conocimiento sobre caballos y equitación hizo que su colaboración fuese solicitada por el coronel Daumas, quien le pidió ayuda al emir para su obra Los caballos del Sáhara, y para otra, más general, llamada Moeurs et cotumes de l’Algérie, en la que el emir escribe el capítulo introductorio. Sobre Los caballos del Sáhara, adjuntamos el siguiente comentario.


Los caballos del Sáhara

[Reseña]


Combat de l'Habrah; 1835. Horace Vernet.


Los Caballos del SĂĄhara La increĂ­ble historia del Emir Abdel-Kader y el coronel Daumas


Los Caballos del Sáhara La increíble historia del Emir Abdel-Kader y el coronel Daumas Horace Vernet

Tomás Mateo Cubero

En torno a los caballos siempre surgen historias increíbles. Si además hablamos de relatos en los que encontramos caballos árabes, beduinos y militares europeos, lo más probable es que creamos que nos referimos a narraciones de ficción. Pero en este reportaje vamos a hablar de dos personajes tan reales como la vivencias que protagonizaron. En los años treinta del siglo XIX, Francia decidía invadir Argelia, dando lugar a una de las ocupaciones coloniales más largas de la Historia, pues la toma del territorio se prolongó hasta 1962. Antes de que las tropas francesas pusiesen un pie en Argelia, el territorio estaba bajo dominio del Dey Otomano. El Imperio Turco, tan poderoso durante siglos, empezaba a presentar importantes grietas en sus cimientos, y las potencias europeas, conocedoras de tales debilidades, a la par que necesitadas de nuevos latifundios que alimentasen a su galopante sociedad industrial, se disponían a ejercer un control sin precedentes sobre los principales territorios africanos y orientales. En 1830, 37.000 soldados franceses desembarcan en Argelia, y el dey turco se rinde rápidamente. Esta coyuntura es aprovechada por los argelinos, quienes llevaban años soportando una política de impuestos


Le Passage des Bibans ou Le Passage des Portes de Fer; 1839. Horace Vernet.


demasiados gravosos y lanzaron diferentes ataques sobre los contingentes otomanos repartidos por el país. Argelia es un país grande, con algunas zonas de montaña y una gran inmensidad desértica. El sistema de vida tradicional beduino de la mayoría de las tribus se organizaba en torno a ciertos cultivos y el pastoreo, a la par que giraba alrededor de las caravanas que desde siglos atrás, recorría rutas por desiertos y montañas propiciando el intercambio de mercancías. Por lo tanto, nadie mejor que los propios beduinos podían organizarse en ataques de guerrilla y refugiarse en lugares que solo ellos conocían en su lucha contra Francia. En torno a estos grupos tribales, surge una figura que los acaudillará tanto a nivel bélico, como en lo espiritual. El emir (príncipe) Abdelkader era un hombre docto en religión, filosofía, equitación y cría de caballos, fue un bravo guerrero y compuso poesías que aún


siguen siendo estudiadas por su gran maestría. Su faceta como místico, es también en la actualidad objeto de numerosos trabajos. El coronel Daumas, por su parte, era un militar francés destacado en el frente argelino. De afición inconmesurable a los caballos, lo cual, le haría caer hechizado por los ejemplares criados en el Sáhara, nació en 1803 en Suiza. Eugène Daumas llega a Argelia en 1835 con el Segundo Regimiento de África. En 1853 es nombrado General de División, y más tarde fue senador y consejero de Napoleón III. Con estos preliminares, cabe pensar que el emir y el coronel, mucho distarían de tener una buena relación, pero he aquí que la afición al caballo y a la caballería, así como la desmesurada pasión del militar francés por todo lo arábigo, los llevaría a ambos a pasar mucho tiempo reunidos, una vez la resistencia argelina fue derrotada y el emir capturado. Abdel Kader fue llevado a Francia para que no volviera a promover insurrecciones contra la mère patrie, pero Daumas ya había caído, como otros tantos europeos de la época, embrujado por el fascinante mundo de los beduinos y su modo de vida, y pasó dieciséis años en el Magreb. Incluso llegó a escribir una obra llamada La mujer árabe. Como resultado de esta relación, el coronel Daumas, que publicó varios libros más sobre materias árabes, contó con la inestimable ayuda del emir, y se reunieron no pocas veces en las residencias-prisión de Francia en las que el emir vivió hasta su posterior liberación. La erudición de E.Daumas en lo ecuestre le lleva a redactar una obra harto interesante: Principes Généraux du Cavalier Arabe (Principios generales del caballero árabe) y de la que nos ocuparemos en otro momento. Otro de esos libros fue Moeurs et coutumes de l'Algerie (Usos y costumbres de Argelia), en el cual, Abdel Kader escribe la Introducción, y el último


Chasse au faucon en Algérie, la curée.Eugène Fromentin

"El equipaje de caza de un noble en el Sáhara está completo cuando tiene el ave de raza, thair el hoor; en el Desierto las personas de alta categoría cazan aun en el dia con el halcon."


capítulo, titulado Elogio del Sáhara. En dicho libro, el coronel incluye un capítulo dedicado en exclusiva a los caballos del Sáhara. Pero será este tema, el que precisamente lo lleve a escribir un libro con el mismo título, y dedicado en exclusiva al título al que hace mención. Una obra de gran interés para el amante del caballo del desierto, y del caballo en general, ya que se tratan temas realmente significativos. El coronel pidió a Abdel Kader que respondiese a una serie de cuestiones que le enviaba a través de misiva, con la intención de incluirla en un libro, a lo que el argelino accedió de buena gana. El 8 de noviembre de 1851, en carta de vuelta, el emir contesta a cuantos puntos le plantea Daumas, relativos estos a lo concerniente a cría, alimentación y aspectos similares que los árabes del Sáhara argelino mantienen con sus caballos. El resto del libro, es un completo tratado sobre las razas, veterinaria y los diferentes usos del caballo que hacen los árabes del desierto, todo redactado con una afición y amor al caballo desmesurados, prestando atención al más mínimo de los detalles que el autor cree que pueden ser de interés para el lector. La estructura de la obra es la siguiente: Si hablamos de la versión española, que fue traducida al poco de la aparición del original francés, por el español Nicolás de Cabanillas, cuenta esta con una dedicatoria y un prólogo breve pero interesante a cargo del mismo, en el que nos habla de como cree que dicha obra merece ser traducida para interés del aficionado español. A continuación, la obra se divide en dos partes.


En Francia, el emir era visitado por militares y toda suerte de personajes principales.

La primera, cuenta con cuatro grandes apartados - Un capítulo preliminar. - Otro titulado Los Caballos del Sahara, en el que en los diferentes subcapítulos se habla de las razas, de la educación del potro, alimentación, etc. - El tercero, titulado Ciencia veterinaria de los árabes, en el que se tratan enfermedades, cojeras y otras dolencias y sus curas. - Y el cuarto y último, y no menos interesante y de prometedor título: Partido que se puede sacar del caballo indígena. La segunda parte se divide a su vez en varios subcapítulos, cuyos temas nombramos someramente, pues son numerosos: diferentes métodos de caza (con galgo, con halcón así como la caza de la gacela y


del avestruz. Se habla igualmente de las guerras y las razias, así como de las Ideas generales del desierto. Y por último, se cierra con el capítulo que contiene las cartas con las preguntas del coronel con las respuestas del emir. Dicha versión española, cuenta con 308 páginas. La verdad es que cualquier página a la que nos encaminemos del libro, nos parecerá harto interesante y nos hará difícil despegar la vista. No obstante, para aquellos que quieran leer esta joya, al final del articulo dejamos enlace para la descarga tanto del ejemplar en español como del original en francés, gracias a esta maravillosa iniciativa que ha supuesto Google Books, y que a los aficionados al caballo, nos está permitiendo acceder a mucha bibliografía que hasta entonces se nos antojaba casi imposible de conseguir. Por lo tanto, sin que desvelemos contenidos fundamentales del libro, pero siempre contribuyendo a despertar el interés del lector por el acercamiento al mismo, hablaremos de algunos párrafos de tan singular y extraordinaria obra. Así, seleccionando de entre los temas propuestos por E. Daumas, nos gusta especialmente el de Principios generales o sentencias del ginete árabe. Son estas tradiciones, no solo un tesoro antropológico ecuestre, sino que nos recuerdan especialmente a esos dichos que los abuelos y los viejos aficionados andaluces aún manejan. Y realmente, cuan significativo es el inicio de dicho capítulo: "Para llamarse verdaderamente ginete es necesario comer poco, y sobre todo beber poco. Si él no sabe aguantar la sed, jamás será hombre de guerra, sino mas bien una rana de las lagunas". Se trata de la sobriedad del jinete, que ha de ser hombre dispuesto a pasar ciertas


Le Glaour, Conquerer of d'Hassan. Horace Vernet.

"Así es que el guerrero que mata á otro en la batalla tiene derecho al caballo del muerto, á sus armas, á sus vestidos, á su enjaezamiento, á su cartuchera y á su djebira. Esto es porque ha arriesgado su vida por quitarla a otro y deberá responder delante de Dios de la muerte que ha dado con razón ó sin ella."


“Sabed que cuando estábamos acampados al embocadero de la Meluia, hacíamos razzias en el Djebel-Amur, siguiendo el camino del Sahara apretando nuestros caballos el día del ataque, en una corrida á galope de 5 ó 6 horas de un solo aliento, ejecutando nuestra espedición, ida y vuelta, en 20 o 25 días.”


Prise de la smalah d’Abd-El-Kader a Taguin. 1843

“Con todo, al volver con los nuestros haciamos caracolear los caballos el dia que llegábamos, y quemábamos pólvora con varios de ellos. Muchos que no podian hacer este ejercicio, hubieran podido no obstante hacer espedicion[…] Los caballos del Sahara hacen mucho mas que todo eso.”


La chasse au lion dans le dĂŠsert, HorĂĄce Vernet.


“La verdadera caza se hace á caballo, es como entre nosotros lo que llamamos courre, diversión de gentilhombre, de rey antiguamente, y no oficio de cazador furtivo ni de infante. No se contentan con matar el animal, lo rinden.”


penalidades a cambio de ser considerado un auténtico caballero, lo cual era (y es) un verdadero orgullo para los árabes. Con respecto al manejo y monta del caballo, encontramos cantidad de dichos que aún hoy pueden sernos muy útiles. Sirva este mismo como ejemplo: "Si has puesto el caballo á galope y vienen siguiendo detrás otros caballos, mas bien debes calmar el tuyo que no escitarlo, bastante se animará de por sí mismo". No me resisto, por otra parte, a hablar del capítulo titulado Partido que se puede sacar del caballo indígena. En él, el coronel nos habla de las diferencias del caballo berberisco con el árabe. Este es tan bello que "tiene un brillo y una perfección que nada dejan desear", mientras que aquel es de "corte ordinario". Ahora bien, reconoce que "ambos son extraordinarios caballos de guerra". Para Daumas, el berberisco, más que el árabe, es el caballo que "puede con el hambre, puede con la sed", y prosigue diciendo, "los caballos que existen en África reunen un conjunto de todas las cualidades que se encuentran en el caballo nacido bajo el sol que abrasa espacios inmensos". Finalizamos este artículo con uno de los párrafos escritos por AbdelKader, que creo será del interés de cuantos lo lean, pues la sabiduría que contiene es de un inconmensurable valor, no solo en lo concerniente a los caballos, sino para el comportamiento humano:

"Me pregunta V. cómo es que los árabes montan los caballos tan pronto, siendo asi que los franceses no lo hacen mas que á los cuatro años.

Los Caballos

del Sáhara


“Sabed que los árabes dicen que el caballo, como el hombre, no puede instruirse mas que en la primera edad. He aqui su proverbio sobre el particular: Las lecciones de la niñez se graban sobre la piedra. Las lecciones de la edad madura desaparecen como los nidos de los pájaros. Tambien dicen: La rama tierna se endereza con poco trabajo, pero el árbol viejo no se endereza jamás.”


Autoretrato de Horace Vernet.


Información complementaria: Para ilustrar este reportaje, hemos escogido obras de Horace Vernet, quien vivió un tiempo en Argelia, dejándonos estos maravillosos cuadros que nos permiten viajar a la Argelia de los tiempos del emir y el coronel. No creemos que haya mejor acompañamiento posible a lo que se cuenta en el libro que nos ocupa. Los retratos que hizo de caballos, son memorables y reconocidos por su gran maestría. Puedes ver su obra en http://www.wikigallery.org/wiki/artist36966/Horace-Vernet/page-1 Y si quieres saber algo de su vida: http://es.wikipedia.org/wiki/Horace_Vernet También hemos incluido una obra de Eugene Fromentin, La caza con halcón en Argelia. Fue otro gran artista enamorado del país argelino. Más info haciendo click en Fromentin. La imagen de portada, titulada Cavaliers rouges d’Abdel Kader es de Léon Galibert. Sobre Nicolás de Cabanillas. A este gran aficionado español, debemos la traducción de esta obra. Poco hemos podido saber más de este hombre, excepto lo que él mismo cuenta en el prólogo de la obra. En las citas entrecomilladas que aparecen en este reportaje, hemos querido mantener la ortografía original de N. de Cabanillas. Puedes descargarte tu ejemplar de Los Caballos del Sahara en el siguiente enlace: http://books.google.es/books/about/Los_caballos_del_Sahara.html? hl=es&id=E1ECAAAAYAAJ Para descargar la versión original del libro en francés: http://books.google.es/ books/about/Les_chevaux_du_Sahara.html?id=FRRDAAAAIAAJ&redir_esc=y


Breve estudio sobre la figura del Emir Abdel Kader