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Volumen 1, nº 45. Libélula Libros. Boletín Bibliográfico. Fecha del boletín Septiembre 8 de 2008.

NOTAS (pfa) En una revista de construcción y decoración que circuló con el periódico La Patria, el día sábado 22 de junio de 2008, formulan los siguientes consejos para organizar la biblioteca: “1. Haga una selección de los libros, de los más nuevos a los más antiguos. 2. Acomódelos por tamaño y ubique los más grandes en la parte superior de la biblioteca. 3. Los colores y la pasta son importantes, así que defínalos por cualquiera de estas categorías. 4. Es bueno que la biblioteca (sea de madera o metálica) tenga un toque de color. Utilice flores o pinturas de tonos fuertes para generar este efecto.” Habrá quien. *** Alguien leyó La montaña mágica como si se tratara de una obra de ciencia ficción. Aquellos seres sentados en tumbonas en el balcón de una habitación, cubiertos por mantas, fueron vistos casi como fantasmas o individuos traídos de otra dimensión. Los relatos morosos y densos fueron ciencia ficción o irrealidad absoluta. ¿La extrañeza de un mundo casi quieto? , o ¿la lectura de un texto ya escrito en la mente del lector, bajo la apariencia de una novela de Mann?

Boletín Bibliográfico. Cra. 23 A No. 59-104. Teléfono 8854201. Manizales. Colombia. libelulalibros@une.net.co - CAROLINA ARANGO * PABLO FELIPE ARANGO

ISSN 1909-0110

De festivales y mendigos Festival de poesía (acaba de pasar), Festival de jazz (que comienza), Festival de Teatro (ya pronto), Festival de piano (¿en él?), Festival de la imagen (hace apenas unos meses), Manizales grita rock (no fueron muy ruidosos), Feria del libro (que amenaza siempre). Y seguramente dejo por fuera muchos que no conozco, o de los que no me acuerdo, pues ni falta que hace, pero si fuera un poco más juicioso iría a la vitrina de cualquier venta de desastrosas comidas rápidas y haría la lista de eventos culturales que se realizan en la ciudad. Cada uno además tiene un gestor que se hace acompañar de un grupo de señores y señoras con algún grado de reconocimiento social, que aprovechan la oportunidad que se les brinda para procurarse un barniz que suponen ellos, los hace interesantes o cultos. Un derroche de recursos públicos y eventualmente privados, que no resiste el más mínimo análisis económico y social. Habrá quien advierta la lista de festivales que ya hice, para señalar que Manizales es una ciudad culta, y debería serlo si tales eventos tuvieran siquiera un centímetro de profundidad, si ellos en

vez de ser epidérmicos, estuvieran realmente enraizados en la ciudad y sus habitantes y los afectara realmente. Pero no es así, en muchos casos los festivales sirven apenas para que unos pocos gestores mendiguen su sustento, recojan limosnas que dan vergüenza y se lamenten de que a otros les den más. El resto son apenas el espacio propicio para que otros mendiguen boletas o se vanaglorien de un conocimiento del que carecen. Deben rescatarse sin embargo el Festival de Teatro, porque es quizá el único que ha sabido crear una relación duradera e histórica con la ciudad, y el Festival de la imagen, porque es genuino y libre de manoseos sociales, el resto podrían guardarse, y solo surgir de nuevo cuando demuestren que la ciudad y sus habitantes los requieren. No cuatro o cinco individuos, digo la ciudad. Seamos sinceros, por lo pronto esto es mero decorado, insípida y costosa patraña. Quien me refute, que se aventure a emprender una tarea como la que implica cualquiera de estos eventos sin el apoyo del estado, o de las cuatro empresas que siempre aportan: solo vendan entradas y verán el arraigo social que tienen sus proyectos. Ya escucho los gritos que advierten que el Estado ―esta en la obligación de …‖, y será cierto en la medida que promueva, no en cuanto se reduzca a satisfacer a unos cuantos pretensiosos. (pfa)

Mi muy querido Pablo, y Carolina: reviso los estantes de la biblioteca y encuentro la huella de Libélula en mi casa. Pero reviso los libros comprados y leídos y encuentro la huella de la librería en, voy a decirlo –por qué no—, mi alma. Y cuando digo ‗la librería‘ me refiero a lo que todos sabemos: los sábados por la tarde con el Dr. Calle, los Octavios, Mariohernanes, Carlosaugustos, Misaeles y demás; nuestras niñas, mis vulgaridades recibidas no sólo con tolerancia sino hasta con regocijo, algunas veces, porque otras se reciben con un poco de vergüenza, como corresponde. En todos estos años Libélula ha sido para mí lo que las estaciones del metro, los hogares de paso y los ejemplares tirados a la basura del Times eran para Joe Gould (a propósito, ¿recuerda,

Pablo, que leí El secreto de Joe Gould por recomendación suya –porque, todo hay que decirlo, algunas de sus sugerencias resultaron francamente despreciables –César Aira, por ejemplo— ?). Siete años en los que la librería ha sido para mí como un templo, donde he paseado mis pretensiones de poeta maldito que a duras penas llega a ser de muérgano bien prosaico; allí precisamente donde Ud. ha erigido una iglesia para una literatura caballeresca, sin aspavientos ni griteríos ni trago, más o menos como si un musulmán perdido en Manizales encontrara en La Catedral el lugar propicio para la oración. Y no me extiendo más porque ya estoy muy llorón y esto es un cumpleaños y ya casi llega el límite riguroso pero sabroso de las trescientas palabras que tanto bien le ha hecho a este hablamierda, de verdad se lo digo Pablo. Pablo R. Arango –Libélula libros.


Volumen 1, nº 45. Libélula Libros. Boletín Bibliográfico. Manizales. Colombia.

El alma al diablo Un revelador perfil sobre Paulo Coelho escrito por Dana Goodyear en la reciente edición del Malpensante, vuelve a poner sobre el tapete algo que desde hace rato dejó de ser secreto: la enorme celebridad de los escritores modernos. Aunque con Coelho, digamos, es poco lo que se puede hacer: el tipo tiene muy claro cómo aprovecharse de la ingenuidad de sus lectores, y además le encanta. El problema es que el síndrome de Coelho se refleja en toda la industria editorial, empeñada desde hace tiempo en sacar a los escritores de su entorno y ponerlos a brillar como estrellas de rock. Firmas de libros, charlas, conferencias, festivales y entrevistas, hacen ahora parte de sus rutinas. "Uno escribe dos o tres libros y luego se pasa la vida respondiendo a preguntas y dando explicaciones sobre estos libros. Lo que prueba que a la gente le interesa tanto o más las opiniones del autor sobre sus libros que sus propios libros", decía el peruano Julio Ramón Ribeyro. Quizá para los escritores es muy difícil dejar de caer en este juego, pero creo que deberían evitar la tentación de convertirse en

celebridades. Menos charla, menos firmas y menos pompa extra-literaria, serían un buen comienzo. En mi opinión un escritor escribe y no 'moja pantalla'; en ese sentido, me parece más valiosa la labor de narradores callados como Tomás González o Antonio García, que la alharaca de aquellos que aprovechan cualquier oportunidad para hablar de sus libros. Por lo demás están demostrados los efectos nocivos de la fama sobre los egos de los escritores, que de por sí –y sin ninguna razón evidente–, suelen ser un tanto abultados. Siempre que pienso en los narradores que le venden el alma al diablo por un pedazo de fama, me acuerdo de la inolvidable Simpathy for the Devil, cuando Sir Jagger canta: So if you meet me/ have some courtesy /have some sympathy, and some taste /use all your well-learned politesse /or I'll lay your soul to waste (Entonces, si te encuentras conmigo/ ten un poco de cortesía/ un poco de simpatía y tacto/ usa toda tu gentileza aprendida/ o mandaré tu alma al trasto). Ponga esa frase en la boca de un escritor con ínfulas de estrella y lo entenderá mejor. Martin Franco—Libélula libros

Ilustración de Felipe Calderón V.

La dificultad de escribir Llevo alrededor de tres años escribiendo una novela. Hoy que vuelvo sobre el archivo veo su título provisional, y me doy cuenta de que aunque se trataba de un imperativo para una mujer, hoy es un imperativo para un escritor: Tengo que escribirte (nota mental: es un mal título). Los muros de mi habitación están empapelados de notas sobre lo que quiero hacer, lo que quiero plasmar. Tres años y treinta páginas –seis capítulos-. Llegar a casa, encontrarme con mis notas, pensar que ese mismo día le he dicho a un amigo: ―estoy trabajando en una novela‖. Talvez un día esté lista, quizás en 10 años. Escribir es cada día más difícil. Hay ocupaciones, pereza, miedo, Internet, sexo, juergas… Escribir después de que se ha publicado. Mirar el libro, sentir vergüenza, entender que cada página impresa es un testimonio tuyo. Y luego ocurre que no puedes renunciar, no sabes hacer otra cosa, no elegiste

escribir, no se puede cambiar de oficio como cambiar de zapatos. Si me pagaran por lo que escribo hace días hubiera muerto de hambre. Afortunadamente tengo amigos generosos, mecenas, que se entregan con sus consejos, sus comidas, sus charlas, sus tragos, su comprensión, sus préstamos, sus fiados… No puedo renunciar, no sé renunciar. ¿Para qué escribo? Principalmente por incapacidad de hacer otra cosa, porque sirve para conquistar muchachas, para los amigos, por catarsis, para tratar de entender este extraño mundo. Mi sicóloga decía: ―tu problema es que para ser escritor debes dejar demasiado libre a tu inconciente y eso hace que la vida la veas más difícil, debes cerrar un poco esas puertas‖. No he regresado donde ella, aunque es muy hermosa, hermosa en serio. Carlos Augusto Jaramillo – Libélula Libros

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A la sombra de las hojas Leo, otra vez: después de tantos años, en Parejas, transeúntes (Alfaguara, 1986) de Botho Strauss: “Siento nostalgia de los gritos en el desierto, como se los he oído a Yukel y Sarah en los libros de Edmond Jabés.” Leer: oír las voces inventadas de manera que no se distingan de aquellas de los que confiamos ciertos; oír lo que apenas puede verse —como quería Baudelaire: “oye, querida, oye a la noche que avanza”. Y como, además: “Leer es una trampa”: Darío Jaramillo Agudelo, con el sólo estímulo de aquella cláusula salí en persecución de la única obra de Jabés publicada entonces en castellano: “El libro de las semejanzas”. La hube, ya lo habré contado, sólo cuando me había resignado a no conseguirla: me forcé en Medellín a entrar a una de esas librerías que ponen talanqueras a los clientes, y alcancé a vislumbrar muy arriba los lomos grises antes característicos de Alfaguara; una escalera de mano me permitió comprobar para mi pasmo que allí me aguardaba el libro de Jabés perseguido. No veía la hora de oír los gritos de Yukel y Sarah, así no ocurrieran en esa precisa obra. Apenas recuerdo el asombro que, seguro, transmití a mis prójimos: talvez sólo uno recibió el testigo: Pablo Felipe Arango, lector de Jabés, es decir: lector. Una digresión, como si todo lo que apunto fuera algo más que puras digresiones (torpe aprendiz de Sterne): deliberadamente empleo: prójimo; es la compasión lo que nos hace participar a otros del entusiasmo de nuestras lecturas. Otra: esta vez me había propuesto escribir de: Una lectora nada común, de Alan Bennett (Anagrama); la reina, su protagonista, pervertida —“quizá me estoy convirtiendo en un ser humano.”— por la lectura, anota: “No pones la vida en los libros. La encuentras en ellos.” Una delicia: de índole semejante: trata de la lectura, de libros y de autores, a 84, Charing Cross Road. Sigo: abro ahora, otra vez: después de tantos años, El libro de las semejanzas y caigo, preciso: ““¿Oyes desplazarse al aire o alisarse el agua?”” A la sombra de las hojas de Jabés oigo la noche que avanza, y los gritos de Yukel y Sarah: que oía Botho Strauss. “… agregó —reb Bérid, según Jabés: “Se muere siempre entre cuatro paredes de palabras...”. Amén.

José Fernando Calle Libélula libros


Volumen 1, nº 45. Libélula Libros. Boletín Bibliográfico. Manizales. Colombia.

Diccionario personal Penicilina. Como el agua bendita para los ateos. Pablo R. Arango -Libélula libros.

No es país para viejos. Cormac McCarthy. Mondadori. 2008. Es un mal guión para cine. La película salió mal, supongo que fue por eso. No importan los premios, mucho menos los que otorga una fingida academia en Hollywood. Me concentro mejor en el libro: un excelente título y una desastrosa historia, la misma, y contada casi de la misma forma, puede encontrarse en un periódico de Colombia, México o el Sur de los Estados Unidos. Sangre, asesinatos, torpes huidas, un artilugio de seguimiento con el que no se contaba, un arma extraña, y más sangre. La literatura se escabulló de este libro, o tal vez nunca estuvo presente. Un amigo lo compró porque se me ocurrió que podía gustarle, él, desacostumbrado lector, tuvo la capacidad para percibir que se trata de una historia trunca, contada con poca gracia y en un afán que irrespeta. Luego se molestó porque se enteró que hicieron una película, me dijo que la hubiera preferido. Tiene razón, aún con lo mala, solo tarda poco mas de noventa minutos, y se entiende mejor la absurda arma que utiliza el asesino. (pfa)

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El hueco que deja el diablo -Historias del nuevo siglo-. Alexander Kluge. Traductor Daniel Najmías. Anagrama. 2007 Alexander Kluge estudio derecho y ejerció. Fue alumno de Theodor Adorno, y gracias a su amigo que lo acercó a Fritz Lang decidió dedicarse al cine, arte en el cual se ha convertido en una leyenda contemporánea; es según los críticos el verdadero artífice del cine alemán contemporáneo, no solo desde el punto de vista estético, sino también desde una óptica legal, dado que gracias a sus oportunas intervenciones ante el parlamento alemán, se promulgó la ley de cine que luego muchos otros países han copiado. Para colmo recibió el premio G.E. Lessing y el texto de reconocimiento fue escrito y leído por Jûrgen Habermas. Nació en 1932, en Halberstadt, Alemania. Es decir, tiene apenas 66 años. Hoy ―hiberna‖, para emplear el término que utiliza Alan Pauls al referirse al asunto, haciendo televisión, y desafía ―a las redes más comerciales ganándose apodos como ―parásito‖ o ―asesino de ratings‖, para seguir copiando a Pauls. Dijo Sebal que Kluge tiene cierta capacidad para evidenciar ―las escombreras de nues-

tra existencia colectiva‖. Sin duda, como todos y como siempre, preferimos el decorado del centro aun cuando sea kitch, y damos la espalda al margen de nuestra existencia que poco a poco se convierte en un lugar repleto de despojos y miserias. Kluge advierte que en aquellos despojos y en las alimañas que lo pueblan esta el demonio, pero peor aun, está también en medio de aquel decorado espantoso y ficticio, quien sabe encarnado en quien o que. La naturaleza del mal, su increíble capacidad para hacernos creer que es todo lo contrario, la dificultad para entender cual es el camino, y cual nuestro deber, la sensación de extravío físico, intelectual y espiritual, le permiten a Kluge escribir los ciento setenta y tres textos que integran el volumen publicado por Anagrama, y que fueron tomados de los quinientos publicados originalmente en alemán. Los traducidos al castellano son los mismos que fueron traducidos y publicados en inglés. Textos sin género, mezclas de relatos de ficción, crónica, ensayo y entrevistas, tienen la fortuna de la brevedad, y cierta sequedad, sin la cual sería imposible lograr la sensación de desasosiego para la que fueron escritos. Si Kluge es un gran cineasta, no cabe duda de que además es un gran y extraño escritor. (pfa)

Cormac McCarthy y la revistería del barrio rror. Entre los títulos se mantiene mi personaje favorito: la espía Brigitte Monfort, sensual y astuta integrante de la Agencia de Seguridad ZZ7. - ―Todavía se alquilan‖; me dijo Angelino, un esmirriado sobador de tobillos descompuestos, que por décadas ha leído los mismos libros y revistas de cómics del local que ahora también es zapatería y venta de chance -, sentado en la banca de madera pelada por el uso de futbolistas lesionados y clientes de ocasión. La lectura reciente de un par de novelas entretenidas de Cormac McCarthy - La Carretera y No es país para viejos -, me trajo a la memoria el encuentro de infancia con los libros y revistas de aventuras sentado en la banca de la vieja revistería. Guardando las proporciones comerciales y literarias, las novelas de McCarthy también logran torcerle el pescuezo al tiempo de los lectores desocupados, sosteniendo un ritmo propio de aventuras hechas para el cine con héro-

es y villanos de caricatura capaces de revelar sus flaquezas y de asesinar sin inmutarse. Los libros de la revistería de los Agustinos y las aventuras de McCarthy mantienen la tensión durante todo el relato de manera que se olvidan dos cosas francamente molestas para los lectores del barrio: los giros incomprensibles y groseros de las traducciones españolas y el molesto dolor por la rigidez de la banca de madera completamente pelada por el uso. Mario Hernán López—Libélula libros

Foto de Mario H. López

En el costado occidental de la iglesia de los agustinos en Manizales, sobrevive la última revistería en la que se alquilan libros de pequeño formato con historias de vaqueros, terror y ciencia ficción. Esa calle del viejo barrio de los Agustinos ha albergado, por más de cuarenta años, modestos negocios de alquiler y cambio de revistas y libros cuyos autores hacen parte de un extenso y olvidado índice de literatura negra. Exhibidos en una estantería de madera y protegidos con un anjeo de los ladrones, se encuentran autores célebres en el barrio como Lou Cárrigan, en ciencia ficción; V.A Carter y Marcial La Fuente Estefanía en los cuentos de viejo Oeste y Silver Cane en las historias de te-


Volumen 1, nº 45. Libélula Libros. Boletín Bibliográfico. Manizales. Colombia.

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De repente en lo profundo del bosque. Amos Oz. F.C.E.-Siruela. 2007. Un pueblo, unos niños y unos personajes asombrosos; nada distinto de lo que hablan otros escritores del mundo. Amos Oz pudo conocer este pueblo en cualquier lugar del mundo, o se lo pudo narrar una persona que lo haya visto, un poco más polvoroso en la costa colombiana o un poco más húmedo en las profundidades de cualquier país europeo, es un pueblo parecido a todos y esto hace encantadora su narración. Habla de los recuerdos que no existen, de

esas cosas que son imposibles para las personas que jamás las han conocido; era imposible la existencia de los animales en ese pueblo de donde habían desaparecido, la única imagen que tenían era dada por los recuerdos de los ancianos y por los libros de la escuela, ya que un ser extraño se los había llevado sin miramientos a lo profundo del bosque, un bosque universal también; por las noches el silencio de las calles desoladas era borrado por los tímidos pasos del monstruo que visitaba el pueblo, como en los pueblos nuestros, solo que aquí los monstruos tienen fusiles y vienen en manada. Hay un par de fugas, un par de misterios, un par de niños y un lenguaje universal

muy preciso. Salvo por el final este sería un libro exquisito, se acaba con un gesto perezoso de sus protagonistas que dicen no, eso lo podemos hacer mañana, y ya, después de esa frase la contracaratula. Ya no hay mañana, tengo sospechas acerca de lo que harán, solo que jamás estarán tan bien narradas como lo hace Oz en todo el resto del libro, es una lastima que la historia quede inconclusa, otros dirán que es una oportunidad más para la imaginación, lo que sí es seguro es que todos, desde los 7 años hasta los que puedan, deben leer este dulce libro. Humberto Posada C.—Libélula libros

Todos los Funes. Eduardo Berti. Anagrama. Debe ser terrible la sensación de querer escribir un libro toda la vida y jamás llegar a hacerlo. Jean Ives Funés –el protagonistatiene la idea, el título, las fuentes, para escribir un estudio acerca de los Funes que han pasado por la literatura (mención a personajes de Cortázar, Roa Bastos, Quiroga, Bioy); pero algo falta: su esposa, antigua alumna y

furtiva amante, está muerta. Ya no tiene impulso para desplomarse sobre una silla y escribir; está viejo y tose de vez en cuando flemas azules, rojas, púrpuras… Lo más bonito del libro son los renglones dedicados a Funés el memorioso, o sea a la memoria, sus variantes: ―El olvido es a la larga un arma crítica, dijo Funés, imagínese recordar a la perfección todos los libros que hemos leído, sería tan inútil como insoportable, por fortuna la memoria se encarga de seleccionar, y cuanto nos queda es una imagen, una vaga sensación, a lo sumo una frase, ni siquiera de cada libro que

leímos sino de algunos.‖ (p 45) Ni siquiera la actitud del profesor Funés es compatible con Bartleby, no sirve de curiosa excusa; porque el escribir para él no hace parte de una elección sino de una tenaz incapacidad. Carencia simplemente. Por eso Funés sólo se dedica a recordar a su esposa, a cerrar sus ojos y esperar, por encima de la copa de los árboles, reencontrarla. Recomendado: ww.eduardoberti.blogspot.com Tomas Rubio C.—Libélula libros

Estambul. Orhan Pamuk. Traductor Rafael Carpintero. Literatura Mondadori. 2006. La historia es la siguiente: el pequeño Orhan Pamuk pertenece a una familia progresista en la Turquía de Atatürk, laica y occidentalizada. Ciudad: Estambul. Orhan camina sus calles y las siente en blanco y negro [cap5]. Pelea con su hermano mayor y disfruta de la arquitectura de las antiguas mansiones otomanas, mansiones de madera que se incendian regularmente; Orhan lo disfruta, goza con el humo de los barcos que navegan el Bósforo y goza con los ojos de una rosa negra [cap35]. Por el contrario, sufre con las peleas de sus padres. Palabras y fotografías [cap34]; las casas de Estambul son remendadas, reparadas, a expensas de las murallas construidas por sultanes de un imperio muerto y enterrado en la memoria. No sé si leer un libro de memorias es querer sentirse identificado, encontrar un espejo en cada página. A mí me ocurrió. Sentí alegría

con aquello que Pamuk describe como un impulso incontrolable por escupir o tirar cosas desde un edificio muy alto. También me sentí identificado con el amor de Pamuk por la pintura; las presiones para dejarla y la forma de vivirla, con pasión y amargura o Hüzün [cap10]. Orhan Pamuk, ganador del Nobel en 2006, es un hábil escritor. No porque los esbirros de Alfred lo digan, sino por haber logrado aquello que muchos desean: disecar el alma de una ciudad, y todo esto para el deleite de los snobs que lo leemos a miles de kilómetros del Bósforo, las mezquitas y los monumentos del Imperio Otomano, que casi ningún turco respeta. Álbum de fotos. Pamuk hace una compilación de las fotografías (ver anexo "Sobre las Fotografías", al final) que producen que el lector entre mejor en la ciudad, logrando una experiencia que sobrepasa las palabras. Cuando este habla de la amargura (Hüzün) y desarrolla minuciosamente su sentido, todo se entiende mucho mejor gracias a cada fotografía. Particularmente interesante en el relato de

la ciudad es la edificación de su alma a través de las visitas y las obras de artistas occidentales: Melling [cap7], Flaubert [cap31], Nerval [cap23], Gautier [cap24], De Amicis, emulados luego por sus colegas turcos: Ahmet Rasim [cap15], Reşat Ekrem Koçu, Yahya Kemal [cap26], Tanpınar [bis], Abdülhak Şinasi Hisar [cap11]. Alguna vez –en realidad fueron varias- escuché que si destruían Dublin podrían reconstruirla con una extenuante lectura del Ulises de James Joyce. Ahora pienso que si Occidente devorara definitivamente el alma de Estambul, esta podría ser reconstruida leyendo Estambul, ciudad y recuerdos. De Ulises también se ha dicho que ni una bala puede atravesar su primer capítulo, demorando aún más la reconstrucción de Dublin si cayera en desgracia. Estambul es un libro deliciosamente escrito, entretenido y misterioso; así, cuando los bárbaros lleguen, habrá esperanza de darle nuevo aliento a una ciudad aparentemente inmortal. Creo que el alma de Dublin podemos encargársela a Bukowski. Felipe Calderón V.—Libélula libros

Boletín 45 Libélula Libros  

Libélula libros es una librería ubicada en la ciudad de Manizales - Colombia. Fundada en el mes de julio de 2001.

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