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17 3 Ricardo Mar y J. Javier Guidi-Sánchez (Universitat Rovira i Virgili, Tarragona) José Alejandro Beltrán-Caballero (Dibujos)

ESPACIOS URBANOS EN EL OCCIDENTE MEDITERRÁNEO (S. VI - VIII) / 173 - 182

FORMACIÓN Y USOS DEL ESPACIO URBANO TARDOANTIGUO EN TARRACO

INTRODUCCIÓN: TARRACO El desarrollo urbanístico de la ciudad de Tarraco en época tardorepublicana y altoimperial sintetizó y emuló las grandes estructuras arquitectónicas de Roma (Simulacra Romae), sirviendo de exemplum a las restantes civitates y poleis de toda la geografía del Imperio. En un largo proceso de evolución urbanística que abarca los siglos II a.C.-III d.C. la capital tarraconense se dotó de murallas, foros, templos, plazas, vías monumentales porticadas, edificios de espectáculos como el teatro, circo y anfiteatro, ninfeos, ricas domus y un paisaje suburbano que alternaba espacios productivos y residenciales1 (Fig. 1, A). Durante las centurias tardorromanas (IV-V d.C.) la ciudad mantuvo su capitalidad en la Tarraconensis pese a las reformas dioclecianaeas y la escisión de la Gallaecia. Especialmente significativo es el hecho de que fuese la sede escogida como capital por parte del usurpador Máximo y su general britano Geroncio (410/411 d.C.). Durante todo el siglo V d.C., hasta la desaparición de facto de la Pars Occidentalis del Imperio en el 473 d.C., Tarraco se convirtió en la base militar de Rávena en su último y fallido intento por reestablecer un orden romanorum en la Península Ibérica2. En definitiva, fue en la última capital provincial de Hispania. Del 473 al 714 d.C. la ciudad continuó siendo capital, ahora de la provincia tarraconensis del Regnum Gothorum (primero de Tolosa y luego de Toledo). Finalmente, a principios del s. VIII d.C., Tarragona acabó abandonada en el complejo proceso de consolidación de dos nuevos actores políticos: el conglomerado de condados cristianos del norte y sobre todo al-Andalus. Detrás de esta evolución política podemos identificar y definir profundos cambios económicos, sociales e ideológicos que motivaron la transformación radical del paisaje urbano y suburbano de Tarraco. En el contexto 1. RUIZ DE ARBULO, JOAQUIN, “Edificios públicos, poder imperial y evolución de las élites urbanas en Tarraco (s. II-IV dC.)”, Ciudad y comunidad cívica en Hispania (Madrid, 1990) Madrid, (1994), pp. 93-113. MAR, RICARDO; RUIZ DE ARBULO, JOAQUÍN; VIVÓ, DAVID, “El capitolio de Tárraco. Identificación y primeras observaciones”, en (Vaquerizo, D.; Murillo, J.F. Eds.), El concepto de lo provincial en el mundo antiguo. Homenaje a la profesora Pilar León Alonso, Cordoba, (2006), pp. 391-417. 2. Fundamental la consulta e interpretaciones de ARCE, JAVIER, El último siglo de la Hispania romana (284-409 d.C.), Madrid (segunda edición de 2009); Bárbaros y romanos en Hispania (400-507 d.C.), Madrid (2007), ambos con abundante bibliografía.

de la actividad edilicia relativa a los siglos postclásicos o tardoantiguos una característica común de nuestra civitas y las restantes ciudades de Occidente (ahora disgregadas en distintos regna) y en buena parte del Imperium Orientalis es la readaptación de espacios arquitectónicos y uso de material constructivo (spolia) procedente de época altoimperial3. A partir de la segunda mitad del s. V d.C. la trama urbana de Tarraco evoluciona desde su Simulacra o Imitatio Romae originaria hasta consolidarse como una nueva realidad ideológica y material: la Civitas Christiana. Casos análogos los reconocemos en la propia Roma o en las megalópolis orientales de Alejandría y Antioquía4. Resulta paradigmática la urbanización de la acrópolis de Tarraco. Un sistema de tres terrazas culminada por el Templo de Augusto, que incluía una explanada monumental decorada con porticados y un circo ubicado a los pies del conjunto. Un extenso complejo arquitectónico que daba cobertura a la manifestación cívico-religiosa más importante del imperio: el culto al emperador. A partir del s. V d.C. se erigen diversos complejos de carácter cristiano, los porticados son desmontados o readaptados en la construcción de nuevos edificios, y entorno al monumental themenos del templo de Augusto se construyen espacios de hábitat y cisternas. Los espacios del circo participan en esta nueva dinámica funcional y edilicia: sus bóvedas son compartimentadas y readaptadas como residencia. Pese a los pocos datos con los que contamos, podemos plantear que el Templo de Augusto fue desmontado en cronologías tardoantiguas y entre su posición y la sala axial flavia se constituyó un edificio cristiano con una necrópolis privilegiada anexa5. 3. BRENK, BEAT, “Spolia da Constantino a Carlo Magno: estetica versus idologia”, Architettura e immagini del sacro nella tarda antichità, Centro Italiano di Studi Sull’Alto Medioevo, Spoleto, (2005), p. 197 y ss; en el mismo volumen “Spolia e il loro effectto sull’estetica della varietas. Attorno al problema dei capitelli alternanti”, p. 205 y ss. 4. HAAS, CHRISTOPHER, Alexandria in late antiquity, topography and social conflict, Baltimore (1997). 5. MAR, RICARDO (ed.), Els monuments provincials de Tarrco, Documents d´Arqueologia Classica, 1, URV, Tarragona (1993), MAR, RICARDO y PENSABENE, PATRIZIO, “Dos frisos marmóreos en la Acrópolis de Tarraco, el Templo de Augusto y el complejo provincial de culto imperial”, Simulacra Romae (J. Ruiz de Arbulo ed.), Tarragona, (2004), pp. 73-86, con bibliografía precedente.


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En líneas generales, se podría afirmar que Tarraco en los siglos postclásicos retorna a una fisonomía urbana análoga a la existente durante el periodo III-II a.C., cuando la acrópolis estaba ocupada por el campamento romano fundado por los Escipiones y entre éste y la costa marítima y el río Tulcis se extendía el oppidum indígena ibérico de Kesse. En época republicana entre el campamento y el oppidum se construyen las insulae que constituyen la malla urbana de la civitas6 (Fig. 1, A). A partir del s. V d.C. esta trama de insulae intramuros es abandonada paulatinamente de forma no violenta y la población se concentra en la acrópolis por una parte y en el suburbium del Tulcis y el área del portus. No debemos hablar de decadencia o regresión, sino más bien definir estas transformaciones como consecuentes de una nueva realidad económica, social e ideológica. Durante las centurias que discurren del s. V al VIII d.C. existe una potente élite urbana que será la responsable de las nuevas iniciativas edilicias. Evidentemente tras la desaparición del aparato estatal romano los nuevos promotores no contarán con la capacidad económica de sus predecesores altoimperiales7, sin embargo no podemos entender estos fenómenos diacrónicos en términos de decadencia. Recordemos como a finales del s. II d.C. el teatro ya había sido abandonado como tal y ocupado parcialmente por estructuras que reaprovechan material constructivo del mismo8. El forum coloniae estaba ya colapsado entorno al 360 d.C.9 y su material arquitectónico y epigráfico reutilizado de forma masiva en la construcción de los monumentales complejos cristianos del río Tulcis, en la Basílica de los Mártires Fructuoso, Augurio y Eulogio, en la construcción del palatium episcopalis anexo a dicha basílica y en el templo ad monasterium que ocupaba un área septentrional respecto al conjunto funerario del Francolí (Fig. 1, B). Pese al colapso del foro de la Colonia a mediados 6. MAR, RICARDO, “De Kesse a Tarraco: L’assentament militar i la construcció d’una ciutat republicana”, Tarraco: Construcción y arquitectura de una capital provincial romana, Congreso en Homanaje a Theodor Hauschild, Tarragona (2009), en prensa. 7. RUIZ DE ARBULO, JOAQUIN, “Edificios públicos, poder imperial y evolución de las élites urbanas en Tarraco (s. II-IV dC.)”, Ciudad y comunidad cívica en Hispania (Madrid, 1990) Madrid, (1994), pp. 93-113; MAR, RICARDO y PENSABENE, PATRIZIO, “Arquitectura i organització d’obres al Fòrum Provincial de Tarraco”, RODRÍGUEZ NEILA, JUAN FRANCISCO, “Administración municipal y construcción pública en la ciudad romana” ambos en Tarraco: Construcción y arquitectura de una capital provincial romana, Congreso en Homenaje a Theodor Hauschild, Tarragona, (2009), en prensa. 8. MAR, RICARDO; ROCA, MERCÉ y RUIZ DE ARBULO, JOAQUÍN, “El teatro romano de Tarraco: un problema pendiente”, Teatros Romanos de Hispania, Cuadernos de Arquitectura Romana Vol. II, (1993), pp. 11-23. 9. MAR, RICARDO; RUIZ DE ARBULO, JOAQUÍN, “La Basílica de la Colonia Tarraco. Una nueva interpretación del llamado Foro Bajo de Tarragona”, Los foros romanos de las provincias occidentales, Murcia, (1986), pp. 31-44. RUIZ DE ARBULO, JOAQUÍN, “El foro de Tarraco”, Cypsela, VIII, Girona, (1990), pp. 119-138.

Fig. 1: La ciudad romana de Tarraco. A: Planta general. B: El puerto y el suburbio del Tulcis. 1. Basílica jurídica y forum coloniae, 2. Capitolium, 3. Teatro y ninfeo, 4. Thermae monumentales, 5. Tholos y grandes domus, 6. Gran domus con balnea tardoantiguas, 7. Residencia aristocrática visigótica analizada, 8 y 9. zonas de enterramientos y hábitat, 10. vía funeraria altoimperial, 11. Basílica cristiana de los Mártires Fructuoso, Augurio y Eulogio y palatium episcopalis, 12. Basílica cristiana ad monasterium.

del s. IV d.C. el material que lo constituía “volvía a la vida” en las nuevas construcciones. Esta actividad expoliadora no sólo la identificamos en el suburbium meridionalis. En la construcción de la basílica en memoria de Fructuoso en el


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anfiteatro (datada a mediados del s. VI d.C.) también se hizo servir dicho material: todas las basas de las columnas están constituidas por pedestales recortados y trabajados para servir de apoyo a los fustes graníticos, también provenientes de un entorno foral, que separaban la nave central de las laterales10. También los capiteles que coronaban las columnas proceden del expolio general de la ciudad romana. El anfiteatro, que estuvo en uso hasta el s. V d.C. pudo haber acogido una Cella Memoria precedente que debió de ser arrasada en la nueva construcción visigótica. El edificio basilical monumentalizaba el espacio sagrado en el que tuvo lugar la ejecución pública del obispo Fructuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio11. En la composición del edificio, en la construcción de las cimentaciones y en su aparejo, en el orden arquitectónico de los pórticos y en la “marmolización” de la cabecera y el altar reconocemos una arquitectura que remite a los precedentes tardoromanos “clásicos”, pero que incorpora novedades como el arco de herradura y que prescinde de elementos como el atrium12. En la Tarragona actual numerosos de estos restos arquitectónicos han quedado fosilizados en la trama urbana siendo actualmente visibles, como el complejo cristiano que debía extenderse entorno a las plazas de Rovellat y Dels Angels13 en la acrópolis frente a las instalaciones del Institut Català d’Arqueología Clàsica o en la Catedral, ubicada sobre el hipotético emplazamiento de Sancta Iherusalem a su vez construida sobre los restos del Templo de Augusto14. Sin embargo, son los resultados provenientes de una larga tradición anticuaria encabezada por la Real Sociedad Arqueológica Tarraconense y más de treinta años de excavaciones urbanas las que nos ayudan a definir la Tarraco antigua y postclásica. La brevedad del presente trabajo no nos permite sino exponer a grandes rasgos las dinámicas de transformación urbana y actividad edilicia propia de las centurias visigóticas15. Atendiendo al marco del presente Congreso e intentando establecer modelos, analogías y diferencias, entre el excepcional yacimiento de la Vega Baja de Toledo y el suburbium meridionalis de Tarraco hemos seleccionado un conjunto arqueológico cuyo estudio pretendemos que facilite una mayor comprensión entorno al fenómeno suburbial y edilicio en cronologías postclásicas. EL SUBURBIO DEL RÍO TULCIS El denominado suburbio del río Tulcis corresponde al crecimiento extramuros de la ciudad, entre la línea de costa, el puerto y la desembocadura del propio río (Fig. 1, B). Es una de las áreas arqueológicas más ricas de Tarraco, documentada en 30 años de arqueología urbana. Esta abundancia de evidencias nos permite restituir una evolución urbana que discurre desde el s. III a.C. hasta el VIII d.C. En época altoimperial la densa malla suburbial articulaba un espacio urbano discontinuo en el que se alternaban vías funerarias, stationes, almacenes, espacios residenciales, etc., que quedaban integrados en la monumentalización de la fachada marítima de la

ciudad. Se trata de un sistema urbano que se genera a partir de una serie de establecimientos rurales, de origen republicano, que explotan los campos situados en la inmediata periferia de la ciudad. Progresivamente, las necrópolis se van extendiendo alineadas en la fachada de las vías que permitían el acceso al originario sistema de explotación agraria. En época imperial, la densificación de las actividades portuarias produce un incremento de edificación en el sector del suburbio cercano a los muelles de descarga de las naves procedentes de los principales puertos del Mediterráneo. Crecen los almacenes abiertos a las vías principales que discurren en sentido este-oeste, paralelas a la línea de costa. Durante los siglos I y II d.C. el suburbio se densifica con la construcción de grandes residencias aristocráticas dotadas de jardines aterrazados. Este conjunto heterogéneo de actividades consolida un sistema urbano cuyo origen se remonta a la época prerromana. La implantación en el s. V d.C. de un extenso conjunto cristiano que integra la Basílica de los Mártires Fructuoso, Augurio y Eulogio con baptisterio y palacio anexos, una residencia aristocrática y una segunda basílica probablemente monacal ha de relacionarse con la extensa necrópolis vinculada 10. GUIDI-SÁNCHEZ, JOSÉ JAVIER, “Spolia et varietas. la construcción de los complejos cristianos de Tarraco. El caso de la basílica del anfiteatro”, Tarraco: Construcción y arquitectura de una capital provincial romana, Congreso en Homenaje a Theodor Hauschild, Tarragona (2009), en prensa. 11. GODOY, CRISTINA, “La memoria de Fructuoso, Augurio y Eulogio en la arena del anfiteatro de Tarragona”, Bolletí Arqueológic, Tarragona, 16, (1995), pp. 181-210; Arqueología y litúrgia: Iglesias hispánicas (siglos IV al VIII), Barcelona, (1995); PRUDENCIO, AURELIO, Libro de las Coronas o Peristephanon. Barcelona, (1984). Maurice P. Cunningham, Nolas Rebull y Miquel Dolç (edición y comentarios). FRANCHI DEI CAVALIERI, PIERO, “Las actas de San Fructuoso de Tarragona”, Boletín Arqueológico, Tarragona, (1959), pp. 1-70. 12. TED’A, L’anfiteatre romà de Tarragona, la basílica visigòtica i l’església romànica, Memòries d’excavació 3, Tarragona, (1990); RUIZ DE ARBULO, JOAQUÍN, L’anfiteatre de Tarraco i els espectacles de gladiadors al món romà, Biblioteca Tarraco d’Arqueologia, Tarragona, (2006), pp. 34-53; GUIDI-SÁNCHEZ, JOSÉ JAVIER, “Spolia et varietas. la construcción de los complejos cristianos de Tarraco. El caso de la basílica del anfiteatro”, Tarraco: Construcción y arquitectura de una capital provincial romana, Congreso en Homenaje a Theodor Hauschild, Tarragona (2009), en prensa. 13. Carecemos de estudios monográficos que integren los datos de hallazgos arqueológicos en relación a dichas estructuras y su contextualización urbana. AQUILUÉ ABADÍAS, XAVIER, “Referent a les estructures de l’antiguitat tardana de la Plaça Rovellat (Tarragona)”, Annals de l’Institut d’Estudis Gironins, núm. 37, (1996-1997), pp. 1169-1185. BERGES SORIANO, PEDRO MANUEL, “Columnas romanas y cruces visigóticas en la plaza de Rovellat de Tarragona”, Miscelania Arqueológica, vol. I, Barcelona, (1974), pp. 153-167. 14. HAUSCHILD, THEODOR, “Hallazgos de la época visigoda en la parte alta de Tarragona”, III Reunió d’Arqueologia Cristiana Hispánica, (Maó, 1988), Barcelona, (1992), pp. 151-156, del mismo autor Arquitectura Romana de Tarragona, Tarragona, (1983), p. 16. 15. Siendo en la actualidad objeto de un estudio más amplio que está identificando y definiendo la evolución urbana de Tarragona desde su fundación a la conquista islámica, cuyos resultados esperemos puedan ver pronto la luz.


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a la memoria de los mártires16. Fecha que coincide con la relativa recesión en la superficie urbana ocupada intramuros. Efectivamente, la cristianización del suburbium coincide con la polarización del poblamiento entre la acrópolis y el suburbio portuario. Es cierto que la arqueología demuestra que este suburbium perdió superficie a partir de la segunda mitad del s. V d.C., sin embargo, los datos materiales muestran que continuó siendo objeto de una importante actividad edilicia: el suburbio acoge no sólo los complejos cristianos, mausoleos y grandes cementerios, sino que en la línea portuaria se ubican una serie de espacios residenciales que en algunos casos constituyen auténticas viviendas aristocráticas dotadas de conjuntos termales privados. Algunos ejes viarios son privatizados en este proceso e integrados en las nuevas construcciones. Sin embargo, siempre se trata de calles secundarías que discurren en sentido norte-sur, perpendiculares a la línea de costa. Las calles principales cuyo origen se remonta al período republicano y que circulan en paralelo a la línea de costa, transformadas y a veces disminuidas, son mantenidas en uso. Es precisamente en una de estas calles donde se sitúa el yacimiento objeto de análisis que comentaremos a continuación. Como veremos, el registro arqueológico muestra la continuidad funcional del suburbio hasta por lo menos finales del siglo VII d.C. LOS ALMACENES PORTUARIOS DE LA c/PERE MARTELL 48-5017 El solar se ubica en el área central del suburbio portuario, a escasos metros de los muelles del puerto, en el eje central de las actividades mercantiles de la Colonia. Su posición extramuros coincide con el área de mayor actividad comercial de la ciudad antigua: próximo al teatro y a las termas monumentales tardorromanas, edificios ya expoliados y transformados en lugares de hábitat en cronologías visigóticas. Los restos arqueológicos estudiados se ubican en el solar de las calles Pere Martell 48-50 y Felip Pedrell 3-5, cuyos trabajos arqueológicos se llevaron a cabo entre los años 1998 y 200118 en el contexto de las numerosas intervenciones de carácter urbano llevadas a cabo en el área para la construcción de nuevos edificios residenciales (Fig. 2, Fase I, II y III). 16. SERRA I VILARÓ, JOAN, Excavaciones en la necrópolis romano-cristiana de Tarragona, Madrid (1928, 1929, 1930, 1932, 1935), AMO, M. D., Estudio crítico de la necrópolis paleocristiana de Tarraco, Tarragona (1981); LÓPEZ VILAR, JORDI, Les basíliques paleocristianes del suburbi occidental de Tarraco. El temple septentrional i el complex martirial de Sant Fructuós, Tarragona (2006). 17. Hemos de agradecer a J.A. Remolà las informaciones facilitadas en torno a esta excavación. 18. Las intervenciones arqueológicas fueron llevadas a cabo por la empresa CODEX, dirigidas por C.A. Pociña. FIZ FERNÁNDEZ, IGNACI et alii (dirección científica), Planimetría arqueològica de Tarraco, Tarragona, (2007), pp. 150-151, núm. de ficha 609, con sucinta descripción de los restos arqueológicos y sin análisis interpretativo de éstos.

Fig. 2: Fases constructivas documentadas en la excavación residencia C/Pere Martell 48-50: de los horrea altoimperiales al palatium visigótico.

Los primeros testimonios arqueológicos ofrecen un horizonte cronológico republicano en el que se documentaron una serie estructuras realizadas con ánforas, posiblemente vinculadas a la actividad de las primeras canabae de colonos y negotiatores romanos. La excavación puso al descubierto una importante vía en sentido E-W, paralela por tanto a la línea de costa así como una vía N-S, de menores dimensiones, que sirvió para el desarrollo de espacios funerarios, como demuestra el mausoleo que ha podido ser


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reconstruido a partir de las escuetas improntas dejadas en la roca después de su integral expolio. El originario edificio funerario estaba formado por un cuerpo de planta circular forrado con sillares. En época visigótica, los sillares habían sido ya expoliados, sin embargo, la cámara interior, posiblemente en opus caementicium, fue incorporada a las construcciones del siglo VI d.C. Aunque las excavaciones sólo descubrieron las improntas del edificio, ambos elementos, vía y edificio funerario, deberían datarse en época altoimperial (Fig. 2, Fase I). El tejido urbano de carácter productivo se consolida en cronologías flavias (finales del I d.C. / principios del II d.C.) con la construcción de dos horrea monumentales formados por sendas hileras de naves de almacenamiento, cuya fachada se abría hacia la vía principal. La citada vía menor separaba ambos edificios. Carecemos de datos para poder definir el número de naves de almacenamiento en estos horrea debido al carácter limitado de la excavación. Sin embargo, podemos contabilizar hasta seis naves en el edificio oriental (Fig. 2, Fase I, núms. 1-6) y dos en el occidental (Fig. 2, Fase I, núms. 7-8). Las naves denominadas como 5 y 6 presentan una profundidad menor que las restantes para poder respetar y conservar el mausoleo preexistente (Fig. 2, Fase I). Los horrea hallados en este sector siguen los modelos bien conocidos de estructuras de almacenamiento de gran capacidad documentados en toda la geografía del Imperio como los de Portus (Ostia), Roma, Leptis Magna, etc19. Los almacenes monumentales fueron construidos con un zócalo de opus caementicium sobre el que se apoyan grandes pilares compuestos por sillares para sostener la estructura de cubierta y un cerramiento formado por muros de tapial. El pavimento esta formado por un lecho de guijarros apoyado en un estrato arcilloso20. Las naves, que como ya hemos apuntado eran de distintas dimensiones, se articulaban en batería y en una segunda fase fueron precedidas por un pórtico constituido por pilares. Este conjunto de horrea estaban orientados hacia la paleocosta, es decir, al portus. Frente a los porticados discurría una amplia vía de cómo mínimo 11 metros de achura que discurría en paralelo al propio puerto y que debía de constituir uno de los principales ejes viarios mercantiles de la Tarraco altoimperial21. Las primeras transformaciones en el edificio se han de ubicar presumiblemente en un momento indeterminado entre finales del II y la primera mitad del s. III d.C. Un caso análogo al que encontramos en el teatro, situado también frente al portus, que hemos de interpretar como una consecuencia directa del incremento de las actividades edilicias en una zona intensamente vinculada al comercio. En este caso, tres de las naves (Fig. 2, Fase II, núms. 2, 3 y 4) del horreum septentrional, el mejor documentado arqueológicamente, experimentaron una transformación general. Particularmente evidente en la nave numero 3: las originales paredes de tapial fueron sustituidas por muros de mampostería, se colocó un pavimento

en mosaico formado por gruesas teselas de mármol blanco, se construyó en el interior de la nave un impluvium rodeado por seis pilastras de base cuadrada y se introdujeron algunos muros de compartimentación interior. Estas evidencias nos aparecen cubiertas y muy alteradas por las construcciones posteriores del siglo VI d.C. A pesar de ello, es posible reconocer la transformación de dicha nave en el núcleo de una domus de atrio exástilo. Los muros internos documentados, aunque muy arrasados, nos permiten proponer una hipótesis de compartimentación interna de los espacios de la casa (tablinum, cubicula…). Resulta especialmente significativo que en el centro de la primitiva nave de almacenamiento se edificó, en perfecta ordenación axial, el impluvium exástilo, en definitiva un atrium central entorno al cual se articularían las distintas estancias. En la habitación que hemos reconstruido en el extremo NW de la casa se documentó un hogar y diversos hallazgos de estucado que nos hace plantear que las paredes fueron pintadas. Asimismo, es posible proponer que el reducido ámbito delimitado en el extremo NE de la casa correspondía a una caja de escaleras para acceder a un probable segundo piso, en particular si tenemos en cuenta el refuerzo estructural de los primitivos muros (Fig. 2, Fase II). Las naves contiguas (Fig. 2, Fase II, núms. 2 y 4) experimentaron también transformaciones en este mismo momento. Es posible que ambas fuesen incorporadas a la domus de atrio exástilo como espacios productivos o comerciales, sin embargo, el estado de los restos documentados no permite afirmarlo con certeza. El resto de las naves continuaron dando soporte a la ingente actividad mercantil asociada al área portuaria. LA CONSTRUCCIÓN DE UNA RESIDENCIA ARISTOCRÁTICA (S. VI D.C.) Se ha planteado a partir del registro arqueológico de la excavación que a mediados del s. III d.C. el edificio padeció un colapso que implicó el derrumbe de buena parte de las estructuras y el abandono parcial de los viales que las circundaban22. Este colapso estaría vinculado a las invasiones bárbaras de mediados de la centuria. Sin embargo una lectura alternativa de los restos arqueológicos y arquitectónicos nos hace plantear una hipótesis menos catastrofista. En nuestra opinión debemos interpretar el supuesto colapso del s. III d.C. como niveles de arrasamiento, desmonte e ingente destrucción consecuente con los profundos cambios que padeció 19. RICKMAN, GEOFFREY, Roman granaries and store buildings, Cambridge, (1971). 20. FIZ FERNÁNDEZ, IGNACI et alii (dirección científica), Planimetría arqueològica de Tarraco, Tarragona, (2007), pp. 150-151, núm. de ficha 609. 21. Similar a los casos ostienses, MAR, RICARDO, “Ostia, una ciudad modelada por el comercio”, Mélanges de l’Ecole française de Rome, Vol. 114, nº 1, (2002), pp. 111-180. 22. FIZ FERNÁNDEZ, IGNACI et alii (dirección científica), Planimetría arqueològica de Tarraco, Tarragona, (2007), pp. 150-151, núm. de ficha 609.


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el edificio en época tardorromana tardía y visigótica (Fig. 2, Fase III). Si el horreum-domus hubiese sido totalmente arrasado los arquitectos y operarios postclásicos no hubiesen podido readaptar las estructuras conservadas a las nuevas funcionalidades del edificio. Por otro lado, los niveles de colmatación y arrasamiento pueden ser también interpretados como rellenos intencionales destinados a producir un cambio en la cota de circulación. Este planteamiento considera que no hubo una destrucción sistemática del horreum en el s. III d.C., sino su radical transformación asociada con las posteriores reformas del edificio. En definitiva, creemos que el argumento de las destrucciones provocadas por las invasiones del siglo III d.C. debería ser utilizado con mayor cautela a la hora de interpretar un registro arqueológico concreto. Como hemos apuntando anteriormente en cronologías tardorromanas se inicia la radical transformación del conjunto arquitectónico de origen altoimperial. En el s. VI d.C. el solar objeto de esta reseña fue ocupado con la construcción de un gran complejo edilicio que podemos catalogar como palatium o gran domus residencial de carácter aristocrático. El cambio material y funcional de las estructuras afectaron a los dos horrea, la vía funeraria y al mausoleo. Siguiendo una tendencia documentada en numerosas ciudades la vía funeraria (N-S) es privatizada y literalmente “devorada” por las nuevas construcciones. En cambio, la gran vía porticada de 11 metros de anchura paralela a la costa y el puerto mantuvo su funcionalidad23 (Fig. 2, Fase III y Fig. 3). La fachada principal del nuevo edificio residencial, con su vanos de acceso, se orientaron hacia este importante vial, que continuó siendo un eje de comunicaciones de primer orden hasta principios del s. VIII d.C24. Destaca en todo el complejo la construcción de unas termas (Fig. 3, núm. 4). El atrio exástilo de la domus es readaptado en la construcción del balneum y el estanque del impluvium se transforma en la piscina del frigidarium Este sofisticado edificio del que tenemos numerosos datos arqueológicos permaneció en pie hasta el s. VIII d.C., cuando se documenta el paulatino espolio de los materiales constructivos; hecho que incide en la existencia de una relativa actividad edilicia en cronologías tardovisigóticas. Por otro lado el horreum meridional fue compartimentado en el espacio interno anexo al porticus, siendo tapiada la entrada monumental dejando como única vía de acceso una puerta de dimensiones mucho más reducidas. Queremos destacar que en paralelo a la compartimentación interna de la

23. En este sentido ver las interesantes reflexiones de LAVAN, LUKE, “Streets of late antiquity”, en este mismo volumen, cuyas conclusiones pese a sustentarse principalmente en ejemplos de Oriente, puede ser aplicada (aunque con matices) al caso tarraconense. 24. Las calles comerciales como modeladoras del urbanismo ostiense en MAR, RICARDO, “Ostia, una ciudad modelada por el comercio”, Mélanges de l’Ecole française de Rome, Vol. 114, nº 1, (2002), pp. 111-180.

Fig. 3: Reconstrucción de los principales espacios que definen la residencia visigótica. 1 y 2: aula/cementerio sub tegulae; 3: restitución de las escaleras de acceso al segundo piso; 4: restitución del conjunto termal.

nave en diversos espacios se erigieron una serie de contrafuertes internos a modo de pilastras, hecho que induce a plantear de un segundo piso. En relación al crecimiento vertical de la construcción tenemos un par de escalones de piedra muy arrasados que discurrían junto al antiguo horreum (Fig. 3, núm. 3). Estos peldaños y el muro anexo apuntan de nuevo en la dirección de la existencia de un piso superior en este espacio (Fig. 4, restituciones).


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Tras la nave anteriormente descrita, en el área nordoccidental se documentó un espacio cerrado con diversos enterramientos en su interior (Fig. 3, núms 1 y 2). El conjunto conservaba, muy arrasados, los basamentos de un conjunto de pilares cuyo ritmo en relación a los escasos restos murarios interpretamos como una aula o conjunto basilical dividido en tres naves, siendo la central el doble de amplia que las laterales, separadas éstas por tres pilares de planta cuadrangular. La solución arquitectónica de cubierta podría ser en arcadas o arquitrabada, sin embargo no tenemos datos arqueológicos para poder definirla con exactitud. En el interior de esta aula basilical se documentaron una serie de enterramientos perfectamente alineados en relación a los muros que delimitan la estructura. El hallazgo de este conjunto de tumbas nos fuerza a hipotetizar si el aula se construyó con una función inicial funeraria o fue reutilizada en un momento posterior como un cementerio cubierto, sub tegulae (Fig. 2, Fase III y Fig. 3, núms. 1 y 2). Ya hemos apuntado anteriormente como el mausoleo altoimperial padeció un espolio sistemático de los sillares que forraban la estructura de caementicium de planta circular. Probablemente estos sillares fueron reutilizados en la construcción de las nuevas estructuras. El núcleo de caementicium del mausoleo se integró en la residencia aristocrática formando parte de un sistema de evacuación de líquidos. La existencia de este conjunto de desagües así como los de las estancias del horreum septentrional hemos de vincularla a la constitución de espacios productivos. Por otro lado el horreum septentrional cambió formal y funcionalmente de forma radical. Las antiguas naves de almacenamiento flavias fueron tapiadas cara la vía porticada principal y sus espacios internos fueron compartimentados, albergando el conjunto termal (Fig. 2, Fase III y Figs. 3 y 4). El esquema urbanístico que reconocemos en el yacimiento analizado responde a los palatia et domus ad portus documentados en lugares como Ravena y su puerto de Classe25, en Portus (Ostia)26 o en Constantinopla27. Si bien podría plantearse la insalubridad de la ubicación escogida por par-

25. AUGENTI, ANDREA, “Ravenna e Classe: archeologia di due città tra la tarda antichità e l’alto medioevo”, Le città italiane tra la tarda antichità e l’alto medioevo.Atti del convegno Ravenna, Ravena, 2006. 26. El propio puerto de Roma (Portus) se constituyó ascendió institucionalmente a Civitas Flavia Constantiniana en época de Constantino, como apunta la inscripción Thylander B336, con un episcopus que asistió al Concilio de Arlés del 314. BAUER, F.A. , HEINZELMANN, M. Y MARTIN A., “Ostia. Ein urbanistisches Forschungsprojekt in den unausgegrabenen Bereichen des Stadtgebietes. Vorbericht zur 2. Grabungskampagne 1999”, RM 107, 2000, pp. 375-416. 27. MAGDALINO, PAUL, “The maritime Neighborhoods of Constantinople: Commercial and residential functions, Sixth to twelfth centuries”, Dumbarton Oaks Papers, Vol. 54, (2000), pp. 209-226.

te del dominus o senior propietario, los datos cerámicos así como la configuración de la nueva realidad postclásica nos induce a argumentar un conjunto de hipótesis que subrayan el excepcional emplazamiento de esta residencia aristocrática. A nivel urbano su situación junto al puerto, el corazón comercial de Tarraco hasta la segunda mitad del s. VIII d.C., conectada con el levante Peninsular, el sur de la Galia, Italia, el Norte de África y Oriente Próximo tal y como revelan las fuentes textuales y cerámicas. Desde el punto de vista arquitectónico el complejo edilicio aquí brevemente esbozada nos permite vislumbrar características de la arquitectura residencial de carácter áulico y señorial de la alta edad media. La existencia de espacios con funcionalidad de almacenaje y carácter productivo nos induce a plantear la residencia del propietario y su espacio de representación social en el piso superior del recinto meridional. Salvando las distancias este sistema arquitectónico resulta embrionario del hall en altura que vemos ya plenamente definido en el palacio de Alfonso III en Oviedo de Santa María del Naranco o en los denominados palatia altomedievales de los siglos X-XI d.C. de los condados catalanes28. En definitiva se trata de un nuevo modelo de residencia (palatium o domus) aristocrática urbana en el que ya ha desaparecido el atrio o peristilo como elemento articulador y cuyo crecimiento vertical incorpora las nuevas fórmulas arquitectónicas propias de la alta edad media de los que encontramos numerosos ejemplos en Recópolis, el palacio anexo a la basílica del Tolmo de Minateda o en la Mérida emiral29. En la alternancia de paisajes residenciales, funerarios, productivos, religiosos, etc, propios de la Tarraco postclásica esta residencia quedaba integrada en su contexto urbano y suburbial mediante las ceremonias y procesiones militares y religiosas30. La dinámica y compleja vida urbana de Tarraco se desarrollaba en estas residencias, pero también en plazas abiertas, calles y espacios públicos31.

28. Ejemplo paradigmático lo constituye la residencia (domicilium) de Arnau Mir Test, señor feudal que controlaba un amplio territorium y del que conservamos su residencia en Llordà (Pallars Jussà, Cataluña). La estructura más que definirse como un castellum o castillo ha de ser interpretada como una confortable residencia a doble altura, construido en la primera mitad del s. XI d.C. 29. GUTIÉRREZ LLORET, SONIA, “Algunas consideraciones sobre la cultura material de las épocas visigoda y emiral en el territorio de Tudmir”, Visigodos y Omeyas, Anejos AespA XXIII, (2000), pp. 95-116; ALBA, MIGUEL, “Mérida entre la Tardoantigüedad y el Islam: Datos documentados en el Área Arqueológica de Morería”, La islamización de Extremadura, Cuadernos Emeritenses núm. 17, MNAR, (2001). 30. BAUER, FRANZ ALTO, “Urban space and ritual: Constantinople in Late Antiquity”, Acta ad archaeologiam et artium historiam pertinentia 15, (2001), pp. 27-61. 31. Ver en este volumen, LAVAN, LUKE, “Streets of late antiquity”; BAUER, FRANZ ALTO, Stadt, Platz und Denkmal in der Spätantike. Untersuchungen zur Ausstattung des öffentlichen Raums in den spätantiken Städten Rom, Konstantinopel und Ephesos, Mainz 1996.


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CONCLUSIÓN Los datos de la excavación, a pesar de su carácter puntual, permiten argumentar que el espacio urbano del suburbium del Tulcis continuó en uso hasta comienzos del siglo VIII d.C. Este dato arqueológico debería ser relacionado con la información disponible en la acrópolis de la ciudad. Las excavaciones de Hauschild en el jardín de Santa Tecla la Vieja, detrás del ábside de la catedral románica, descubrieron un registro arqueológico que puede ser prolongado hasta cronologías similares, en particular si consideramos el ajuar de la tumba privilegiada que contenía una jarrita litúrgica32. La falta de fósiles directores en estas cronologías tan tardías dificulta su reconocimiento en las estratigrafías modernas documentadas en la parte alta, como bien ponen de manifiesto Remolá y Macias en los estudios ceramológicos de conjunto33. Hemos de recordar además que en el siglo VII se interrumpe el comercio de importación mediterránea para nuestra área de estudio34. Con todo, disponemos de materiales datados en el siglo VII en la Torre de la Audiencia y en una de las bóvedas del Circo. Todo ello contribuye a que podamos sustentar que la ciudad dividida en dos sectores urbanos, la acrópolis y la zona portuaria con el suburbium, continuaban ocupadas hasta la llegada de los conquistadores musulmanes. En base a todo ello, debemos recalcar que a finales del s. VII y principios del VIII d.C. Tarraco continuaba siendo una civitas activa y dinámica tal y como hemos ejemplarizado con la residencia aristocrática del puerto así como de otros indicios arqueológicos. No podemos olvidar que un documento tan importante como el Oracional de Verona (Libellus orationum festiuus) esta datado en torno al año 700 d.C. y que la sede episco-

32. HAUSCHILD, THEODOR, “Hallazgos de la época visigoda en la parte alta de Tarragona”, III Reunió d’Arqueologia Cristiana Hispánica, (Maó, 1988), Barcelona, (1992), pp. 151-156. 33. MACIAS, JOSEP MARIA I REMOLÀ, JOSEP ANTON, “La cultura material de Tarraco-Tarracona (Hispania Tarraconensis-Regnum Visigothorum): cerámica común y ánforas”, GURT I BUXEDA (eds), Late Roman Coarse Wares, Cooking Wares and Amphorae in the Mediterranean: Archeology and Archaeometry, BAR International Series 1340, (2005) Oxford, pp. 125-135. 34. REMOLÀ, JOSEP ANTON, Las ánforas tardo-antiguas en Tarraco (Hispania Tarraconensis), siglos IV-VII, Col·lecció Instrumenta, núm. 7, Barcelona. 35. Para Mérida ver ARCE, JAVIER, “Augusta Emerita en la Vitas Patrum Emeritensium”, Cuadernos Emeritenses, Núm. 22, (2003), pp. 195-214. Para el caso de Toledo (la relación de fuentes documentales y excavaciones llevadas a cabo en la Vega Baja, ver RODRIGUEZMALO, JUAN MANUAL y GÓMEZ LAGUNA, ANTONIO JOSÉ,“Intervención arqueológica en la Vega Baja de Toledo. Características del centro político y religioso del reino visigodo”, CABALLERO, MATEOS, UTRERO (eds.), El siglo VII frente al siglo VII. Arquitectura (Visigodos y Omeyas, 4), Mérida, 2006. 36. ALTO BAUER, FRANZ, Stadt, Platz und Denkmal in der Spätantike. Untersuchungen zur Ausstattung des öffentlichen Raums in den spätantiken Städten Rom, Konstantinopel und Ephesos, Mainz (1996), con abundante bibliografía.

Fig. 4: 1: Restitución volumétrica de los horrrea de época flavia. 2, 3 y 4: Restitución volumétrica del palacio visigótico.

pal continuaba su vida hasta la llegada de los musulmanes. El Oracional hace referencia explícita a las procesiones religiosas urbanas que recorrían los distintos edificios de culto a través de viales que la arqueología nos muestra todavía en uso. Creemos que la procesión concebida como una auténtica liturgia ciudadana debía servir para cohesionar el paisaje urbano discontinuo de la ciudad que hemos esbozado en las páginas precedentes. Este papel, funcional a la estructura de la ciudad, nos es bien conocido en las procesiones de Mérida y Toledo35. Los trabajos de Alto Bauer respecto al papel ideológico de estas liturgias en Éfeso, Constantinopla y en Roma demuestran sin lugar a dudas que retoman las funciones de las precedentes procesiones paganas36. El espacio público urbano en la ciudad antigua y


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en la ciudad postclásica no era simplemente un espacio utilitario dedicado al comercio o a la producción. Era también un escenario público en el que se escenificaban las ceremonias que conferían cohesión a la población37. Es cierto que el espacio público de la ciudad postclásica ya no se construía con los estándares monumentales que habían caracterizado a la civitas grecoromana, sin embargo, no podemos dejar de reconocer que los atrios e interiores de las iglesias y monasterios conservaban, en buena parte gracias a la reutilización de expolia, la perdida imagen del interior porticado de los templos paganos, palestras de las termas y porticados de los foros. Los valores estéticos de la antigüedad se habían concentrado en el interior de edificios religiosos privilegiados. Algo que podemos reconocer en las pautas que guían el desarrollo del espacio urbano en la tradición musulmana que sustituye la plaza porticada del foro por el patio porticado de la mezquita38. En ambos casos, el espacio circulatorio de las vías, aunque expoliado en sentido literal de sus elementos formales más sobresalientes, continuaba siendo el escenario material del recorrido colectivo, que es en definitiva el significado que nos transmite el Oracional de Verona. Dicho texto fue redactado por Eugenio de Toledo para Protasio de Tarraco en el año 646 aproximadamente. En base a las rúbricas del Libellus referidas a la celebración de la dominica in carnes tollendas podemos definir cuatro escenarios de culto (las iglesias de San Fructuoso, Sancta Iherusalem, San Pedro y probablemente la de San Hipólito39) y reconstruir el itinerario que los relacionaba. El mantenimiento de las vías que conectaban los recintos cristianos del río Tulcis con el espacio amurallado de la civitas encuentra así su mejor argumento en la existencia de una élite y orden social propio de una ciudad tardoantigua, como queda testimoniado en el texto litúrgico. A diferencia de Mérida y de Córdoba, el final de la Tarraco postclásica se produjo cuando la Tarraconense, gobernada por los sucesores de Vitiza, cae en poder islámico. Como ya apuntaron A. Barbero y M. Vigil esto sucedió durante el gobierno de al-Samh (719-721). Hasta entonces se habría mantenido como territorio exento del pago de tributos a los conquistadores, a modo de un reducido regnum orientalis que integraría las provincias de la Tarraconense oriental y la Narbonense40. El reinado de Akhila II des-

37. Ver en este volumen la aportación de LAVAN, LUKE, “Streets of Late Antiquity”. 38. GRABAR, OLEG, La formation de l’ art islamique, Paris (2000); HILLENBRAND, ROBERT, Islamic architecture, form, function, meaning, New York (1994). 39. GODOY, CRISTINA y GROS, MIQUEL SANTS, “L’Oracional de Verona i la topografia cristiana de Tàrraco a l’antiguitat tardana: possibilitats i límits”, Pyrenae, 25, (1994), pp. 245-258. 40. BARBERO, ABILIO y VIGIL, MARCELO, La formación del feudalismo en la Península Ibérica, (1978), p. 210.

de Tarraco y Narbona está bien documentado a través de las acuñaciones monetarias entre los años 711 y 720 d.C.41, así como del Latérculo de los Reyes Godos (texto conservado en el monasterio de Ripoll)42. Para entonces el metropolitano Próspero habría huido ya a Verona (Italia). Por tanto, la historia del fin urbano de Tarraco entre el 711 y el 720 d.C. comenzaría con el abandono de la élite urbana (Próspero y numerosos religiosos que huyen con las reliquias y libros), seguiría con el establecimiento de un breve poder autónomo asociado a la facción viticiana de la élite visigoda (Akhila II, Ardobasto, administración, ceca y exercitus del breve regnum) y concluiría con un enfrentamiento bélico43. Estos acontecimientos y sus consecuencias (el abandono por parte de las élites de la ciudad) encuentra su reflejo en la situación descrita en la Crónica Profética44 (en un pasaje titulado De goti qui remanserint ciuitates Ispaniensis) según la cual la guerra entre los defensores del Regnum y los conquistadores musulmanes duró siete años, se establecieron pactos entre éstos por los cuales los primeros tenían que desmantelar sus ciudades y vivir en aldeas y castillos eligiendo comites entre ellos responsabilizados de cumplir los pactos y finalmente el hecho de que los conquistados por la fuerza serían rebajados en su condición social45. Tarraco, una de las sedes de Akhila II y de los sectores de la élite hispanovisigoda que no pactó, perdía así su capitalidad tras más de nueve siglos: sin élites urbanas no sobrevive la civitas ni surge la madina. Tortosa aglutinará en las siguientes centurias el papel de última ciudad de la frontera omeya de al-Andalus mientras que Barcino se erigirá como sede del condado de Barcelona en la

41. Akhila acuñó moneda en las ciudades de Tarragona, Girona, Narbona y Zaragoza. En El Bovalar (Serós, Lleida) se documentó un conjunto de 20 temises asociados al nivel de destrucción de incendio del poblado. Una de ellas procedía de la ceca de Tarragona, PALOL, PERE, El Bovalar (Serós, Segrià). Conjunt d’època paleocristiana i visigòtica, Barcelona-Lleida, 1989. Palol, P. de, “Catàleg de les monedes visigòtiques del Bovalar”; Del Romà al romànic, Catalunya Romànica, Barcelona, (1999), p. 344. 42. Donde por cierto se excluye el reinado de Rodericus; Parisinus 4667 ca. 828. citado en numerosas ocasiones por BARBERO, ABILIO y VIGIL, MARCELO, La formación del feudalismo en la Península Ibérica, (1978), nos interesa el capítulo “La conquista islámica”. 43. Ver dicha problemática y diversos planteamientos en VIRGILI COLET, ANTONI, “La qüestió de Tarraqúna abans de la conquesta catalana”, Quaderns d’història tarraconense, núm. 4, (1984), pp. 7-38. 44. GÓMEZ MORENO, MANUEL, “Las primeras crónicas de la Reconquista”, Boletín de la Real Academia de la Historia, (1931), p. 626 y ss. 45. Situación totalmente contraria a la de Tarraco la encontramos en el territorio de Alicante gobernado por Teodomiro (Tudmir) quien sí que pacta con los conquistadores y cuyos contenidos contractuales hemos conservado, GUITIÉRREZ LLORET, SONIA, La Cora de Tudmir: de la antigüedad tardía al mundo islámico, CCV 57, Madrid-Alicante (1996); de la misma autora “La città della Spagna tra romanità e islamismo”, Early Medieval Towns in the Western Mediterranean, Mantova (1996), pp. 55-66.


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Marca Hispánica. La incorporación a escena de estos nuevos actores políticos y sociales relegaba a Tarraco a un espacio de frontera no despoblado, pero sí desprendido de toda autoridad estatal46. La población que hubiese quedado en la ciudad, sin la tutela de un estado o de una élite propia, tuvo que desarrollar nuevas estrategias residenciales que la acabarían apartando de la ciudad, que a lo largo del s. VIII d.C. se convirtió en un cadáver de piedra y mármoles. Las limitaciones de espacio a la que hemos tenido que ajustarnos no nos ha permitido examinar con mayor detenimiento los datos arqueológicos y

documentales relativos a la Tarraco postclásica y la residencia aristocrática aquí presentada, que será objeto de futuros estudios y publicaciones. Los cientos de excavaciones de urgencia realizadas en la ciudad a menudo acumulan datos que en contadas ocasiones son fruto de análisis. En la actualidad los “archivos de suelo” de Tarragona nos ofrece un dossier excepcional que nos permite identificar y definir su dilatada vida urbana47. El ejemplo paradigmático de la residencia aristocrática del portus ilustra la riqueza de esta documentación arqueológica, que habrá de seguir sujeta a nuevos planteamientos y reconsideraciones en relación a la ciudad postclásica.

46. Interesantes reflexiones en torno a la ausencia de estados en MARTÍN VISO, IÑAKI (ed.), ¿Tiempos oscuros? Territorios y sociedad en el centro de la Península Ibérica? Siglos VII-X; Madrid (2009); para algunos planteamientos novedosos GUIDI-SÁNCHEZ, JOSÉ JAVIER, “El poblamiento del Penedès altomedieval, siglos V-XI d.C. Una aproximación a la problemática residencial”, VII Congreso sobre sistemas agrarios, orgnización social y poder local, Lleida, (2010), pp. 97-124; del mismo autor “Domus ruralis penetense. Estrategias y formas de hábitat en el tránsito de la antigüedad tardía a la alta edad media entre Barcelona y Tarragona”, Revista d’Arqueologia de Ponent, Lleida, (2010), en prensa.

47. MAR, RICARDO y RUIZ DE ARBULO, JOAQUÍN, “Veinte años de arqueología urbana en Tarragona, XXV Congreso Nacional de Arqueología, Valencia (1999), pp. 240-248.


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