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Latinoamericana La filosofía latinoamericana, como la ciencia, no es regionalista, y uno de los rasgos que distinguen al auténtico filósofo del simple moralista, hacedor de máximas o pensador reflexivo, es precisamente su ubicación en el marco filosófico que le toca vivir. Debe asimilar las doctrinas prevalecientes en su época y reaccionar ante estas tendencias, pero sin desatenderse de la herencia filosófica que le corresponde recibir. Entablar un diálogo con el pasado plenamente consciente de los problemas inherentes a su realidad presente.

HISTORIA Y EVOLUCIÓN DE LAS IDEAS FILOSÓFICAS EN AMÉRICA LATINA En Iberoamérica la filosofía ha adquirido un carácter social impuesto por el desarrollo histórico, cultural, económico y político de nuestro continente, cuyo advenimiento a la civilización occidental es relativamente reciente. Así, cuando en América se inicia la actividad filosófica, la filosofía tiene ya en Europa una historia que comprende más de veinte siglos. A finales del siglo XVI se inició una etapa de controversia doctrinal. Hay lucha ideológica entre las órdenes religiosas y como una débil proyección del Renacimiento hacen su aparición el platonismo y el neoplatonismo. La filosofía del siglo XVII es ajena a los avances logrados en Europa. La política de España tiene aisladas a sus colonias de América y es sólo en las últimas décadas de ese siglo cuando se advierten algunos indicios del pensamiento moderno. Para la segunda mitad del siglo XVIII, los jesuitas, originalmente enemigos de Descartes, rectifican su opinión y propician el cambio intelectual a favor del modernismo. Al terminar la primera mitad del siglo XIX los países de América habían logrado su independencia política, sin embargo, persisten las ataduras que subordinan el pensamiento de los latinoamericanos a su pasado colonial. En búsqueda de la emancipación intelectual, es el venezolano Andrés Bello, el primero en declarar una segunda independencia: la ideológica. El idealismo y el positivismo aparecen en América Latina con cierto retraso. La filosofía latinoamericana ha existido durante la colonia y en el siglo XIX, pero debemos aclarar que esta filosofía no se realizó de manera exclusiva por los pensadores de aquellos tiempos. Hubo intelectuales que reflexionaron filosóficamente, aunque su actividad principal no era filosofar. Su labor filosófica estuvo siempre supeditada a intereses religiosos o políticos. Actualmente el ejercicio de la actividad filosófica en los países Iberoamericanos exige una formación más profesional y técnica. Durante las últimas décadas, las tendencias de mayor influencia en latinoamérica han sido: 1. La filosofía Cristiana-Tomista 2. El Marxismo 3. El existencialismo 4. La filosofía analítica 5. El movimiento americanista Sobre el movimiento americanista se presenta a continuación algunos conceptos fundamentales.

Movimiento americanista

Desde 1842, cuando el argentino Juan Bautista Alberdi se planteó la interrogante sobre la posibilidad de una filosofía latinoamericana auténtica, la mera pregunta ponía de manifiesto una peculiaridad de nuestra filosofía, pues ésta es la única que se cuestiona a sí misma y con ello ya tenemos una característica distintiva del pensamiento filosófico iberoamenricano. Nuestra filosofía se caracteriza por su hondo contenido social. La política, la educación, la moral, el derecho, la antropología y la religión, han proporcionado constantemente temas de interés para la reflexión filosófica.


La dependencia

El dominio ibérico en América implantó entre otras manifestaciones culturales una manera de hacer filosofía acorde a los intereses de la colonización. En las primeras décadas del siglo XIX, los pueblos americanos alcanzan su independencia política, sin embargo, ésta no trae consigo la emancipación ideológica, pues el orden intelectual, social y económico impuesto durante tres siglos de dominación no desaparece de las nuevas nociones. Los emancipadores latinoamericanos deseosos de cambiar la mentalidad colonial e incorporar sus pueblos a la modernidad, hicieron suyo el pensamiento de otros pueblos que lucharon y alcanzaron su plena independencia. Con este propósito buscaron, por medio de la educación, eliminar desde sus raíces la cultura colonial, siguiendo los lineamientos ideológicos de la filosofía positivista. El positivismo se presenta así como el medio más apropiado para abolir por completo la dependencia mental. Sin embargo, la implantación de esta doctrina no condujo a la anhelada libertad ni propició el desarrollo para nuestros pueblos, pues la adopción de modelos ajenos a la realidad social iberoamericana sólo condujo a nuevas formas de subordinación. La conciencia de esta dependencia, así como el interés por cambiar esa situación y propiciar un orden acorde a la naturaleza de los iberoamericanos, habrán de ser el primer paso para la superar la subordinación cultural de los pueblos americanos.

Filosofía de la liberación

Se ha dado el nombre de filosofía de la liberación al movimiento que durante los últimos años se ha propuesto determinar la relación entre el pensar filosófico y la realidad latinoamericana. En esta filosofía el pensamiento debe unirse a la acción para eliminar toda manifestación de dependencia y lograr la auténtica libertad. Conviene señalar la compatibilidad de esta tendencia con otras doctrinas, siempre que su aceptación no conduzca a una nueva subordinación ideológica. FILOSOFÍA EN MÉXICO Hablar de una filosofía en México es plantear un tema sujeto a discusión, ya que se ha llegado a poner en duda la existencia de una filosofía mexicana. Por tal motivo es importante aclarar que aquí se hará una narración de los hombres que se han destacado en su estudio.

Antecedentes

Los antecedentes de la historia de la filosofía los encontramos en los antiguos mexicanos, en su pensamiento, su visión del mundo y del hombre. Todo esto a través de su arte, códices, inscripciones y textos. Además, tenemos conocimiento de los tlamatinime, a quienes consideraban portadores de la filosofía y que llegaron a influir bastante, tanto en la vida como en los ideales de los aztecas. Los tlamatinime transcribían las ideas de algunos de ellos, como Netzahulacóyotl considerado poeta y filósofo. Los temas que le preocupaban eran: el tiempo, el devenir y la divinidad. El tlamatinime, también tenía su cargo la educación que se impartía en centros de estudio destinados a educar a los hijos de la gente de clase noble y acomodada. Eran formados con la idea de hacer de ellos dirigentes políticos o religiosos. El lema de los tlamatinime era: que los hombres fueran formados con un rostro sabio y un corazón firme como la piedra.

Transformación histórica de la filosofía en México

La transformación se debe a la llegada de los españoles a México. Terminada la guerra de la conquista nos encontramos con dos culturas: la de los aztecas, una sociedad bien organizada, con reglas, tradiciones y una convivencia en donde había jerarquías rígidas; la otra, con diferente organización social, que los españoles querían implantar de acuerdo con sus tradiciones europeas. El resultado fu que las dos culturas, nació otra nueva, cuya estructura sirvió de base para alimentar brotes de filosofía matices diferentes que, sin embargo, se encuadraron en la escolástica. El 5 de junio de 1553 comienza a trabajar la Universidad de México, que desde sus inicios tuvo maestros de gran calidad. Uno de ellos fue Alonso de la Vera Cruz, el primer filósofo de América.


Al sistematizarse el estudio de la filosofía en la Universidad, la corriente filosófica que se impone es la de escolástica.

La escolástica en México

Desde que se inicia la Universidad hasta la segunda mitad del siglo XVIII, ésta será la corriente filosófica que se cultive en la Nueva España. Mientras que en Europa se encuentra en decadencia, en España y México florece. Filósofos y teólogos españoles revisaban y ampliaban su problemática. Sin embargo, es la filosofía Aristotélica la que impera en todos los centros de estudio. Las órdenes religiosas fueron muy eficaces auxiliando a las universidades en la enseñanza de la filosofía. Poco a poco la escolástica va arraigando y creciendo definitivamente en el país, el nivel cultural es más elevado; sin embargo, durante el siglo XVII entran en un período de cambio; siguen aumentando los alumnos y las escuelas; los requisitos para determinados grados son rigurosos y ya no hay creatividad. Es a finales de siglo cuando comienzan a manifestarse los primeros signos de cambio con Carlos Sigüenza y Góngora a quien se considera, junto con Juana de Asbaje precursores de la Filosofía Moderna en México.

Época moderna en México

La decadencia de la escolástica, fue motivada por el hecho de aferrarse a una filosofía ya hecha, un método obsoleto, ideas tradicionales y el desconocimiento de las corrientes modernas. Es con Sor Juana Inés de la Cruz y Carlos de Sigüenza y Góngora que vuelve la actividad intelectual. Después de Sor Juana y Carlos de Sigüenza, inexplicablemente hay 50 años de quietud, antes de que un grupo de jesuitas intelectuales aparezcan. Es un grupo con ideas nuevas. Ellos son: Rafael Campoy, Francisco Clavijero, Diego Abad, Raymundo Cerdán y Andrés de Guevara y Basoazábal. Posteriormente deciden intentar la modernización de los estudiso en los Colegios de la Compañía de Jesús haciendo un lado el método escolástico que se seguía imponiendo en otras instituciones. Esta ardua empresa no pudo lograr su objetivo, porque en julio de 1767, el rey de España, Carlos III, decretó la expulsión de sus dominios de los integrantes de la Compañía de Jesús. Así la situación, la Filosofía Moderna alcanza su plenitud en México con Juan Benito Díaz de Gamarra, José Ignacio Bartolache. Ellos pretenden cambiar la forma de enseñar la filosofía, ya que los exámenes eran una recitación al pie de la letra de los textos escolares. Sus propósitos son proporcionar al alumno ideas para utilizar su inteligencia y reflexionar.

La filosofía en los siglos XIX y XX

La filosofía en la época de la Independencia desaparece como especulación abstracta, ya no puede limitarse a contemplar la realidad, debe intentar transformarla. Los criollos sentían el rechazo del español, puesto que ellos no podían ascender a los primeros puestos de gobierno, la milicia o la iglesia. Sin embargo, ellos sabían que culturalmente estaban preparados, ya demás como descendientes de los conquistadores se creían con ese derecho. Miguel Hidalgo, criollo e iniciador de este movimiento, fue profesor de Filosofía y Teología en el Colegio de San Nicolás de Morelia, y más tarde rector del mismo. Lograda la independencia política, poco a poco los mexicanos emprenden la tarea de alcanzar una vida más racional, libre y perfecta. Ahora su idea es la libertad.

El liberalismo

Es una de las ideologías más importantes del siglo XIX. Se constituye en la base para abolir todo lo que les parece negativo de la época de la Colonia. El liberalismo no es una ideología ni atea ni religiosa, sino simplemente laica. 1. derivado del pensamiento cartesiano propone la autonomía de la razón. 2. se aplica a manifestaciones de filosofía práctica como:


a) El Derecho: Sostiene un naturalismo que defiende los derechos naturales en la existencia del individuo, en especial: • Tolerancia religiosa • Limitación de los poderes del Estado. b) La política. Afirma un contractualismo. Este deberá tener como base el pacto o “contrato social” de los individuos quienes transfieren parte de sus derechos al Estado. c) La economía: para el equilibrio de la sociedad el Estado deberá abstenerse de intervenir y permitir la libre competencia. El principal representante de la doctrina liberal fue José Ma. Luis Mora.

El positivismo

El positivismo fue una ideología importante del siglo XIX. El positivismo y los postulados prácticos de A. Comte. tenían un atractivo para el desarrollo del progreso en México, es una filosofía optimista que tiene como base el progreso y se encamina a una organización fundamentada en la sicología, las ciencias naturales y la observación. Gabino Barreda, discípulo de Comte., en París adopta la filosofía positiva de su maestro, considerándola el instrumento apropiado para encauzar a la sociedad mexicana y reorganizarla. Sin embargo, pronto se eliminó uno de los postulados básicos del positivismo: el progreso; y la burguesía mexicana se convirtió en una clase conservadora.

Siglo XX

En 1896 diferentes grupos presionan a Justo Sierra para que consiga la restauración de la Pontificia Universidad de México, lográndolo hasta el 22 de septiembre de 1910. Un poco después, anuncia la apertura en la nueva universidad de una Escuela de Altos Estudios donde se incluye el estudio de la Filosofía. En 1908 los filósofos, José Vasconcelos y Antonio Caso, cada uno con su estilo, dan a los mexicanos la oportunidad de acercarse al pensamiento filosófico en la misma forma que lo hacen en Europa. Discípulo y colaborador de Antonio Caso y José Vasconcelos fue Samuel Ramos. Su obra representa otra etapa en la filosofía. Sus ideas son el antecedente de la “Filosofía de lo Mexicano”. En 1939, la inmigración de los intelectuales españoles, vinieron a dar una visión renovada de las doctrinas de Husserl, Scheler, Heidegger, Sartre. Estos filósofos españoles fueron: José Gaos, Luis Recásens, José Rocafull, Eduardo Nicol y otros.

La Filosofía actual

La Corriente Tradicional: ha evolucionado filosofía Católica; Oswaldo Robles, Agustín Basave, Antonio Gómez Robledo, José Sánchez. El Marxismo: ha arraigado en el pensamiento y la vida de México; Elí de Gortari, Adolfo Sánchez Vázquez. El Idealismo Crítico: se ha proyectado hacia una teoría cultural; Francisco Larroyo, Edmundo Escobar. El Positivismo Lógico: es un análisis conceptual de la Filosofía; Tomás Moro Simpson, Eduardo A. Rabossi, Alejandro Rossi, Wonfilio Trejo. La filosofía actual en México tiene representantes en las principales corrientes y el hecho de que a lo largo del siglo han aumentado las escuelas, institutos, etc., nos muestra como la actividad filosófica en nuestro país está plenamente integrada a la evolución del pensamiento universal.


EN EL PERU

El debate sobra la Filosofía "Precolombino" en el Perú Se debate, al teorizar sobre esta fase, la presencia o no de la filosofía, en la estructura del pensamiento andino. Al respecto existen dos tesis: 1) No existió filosofía (tesis negativa). El concepto de filosofía que manejan los autores que defienden esta tesis es el "estricto", es decir, aquella forma de conocimiento surgida en Grecia, que en la actualidad se caracteriza por totalizadora, radical, sistemática, metódica, etc. Obviamente, esas características no existieron entre los antiguos peruanos. Por ende, se concluye, sólo cabe hablar de un "pensamiento" complejo, que no deslindó nunca con las creencias mítico religiosas. Esta tesis fue postulada por Augusto Salazar Bondy, María Rivara de Tuesta y David Sobrevilla. 2) Sí existió filosofía (tesis afirmativa). El concepto de filosofía que manejan los autores que defienden esta tesis es el "amplio", es decir, como cosmovisión o concepción del mundo. Todo pueblo ha tenido y tiene cosmovisión (=filosofía). Por ende, entre los antiguos peruanos también, en consecuencia hubo filosofía. Se suele derivar esta posición de las investigaciones que el mexicano Miguel León Portilla hizo sobre el pensamiento maya. Sin embargo, recientemente se le ha dado un "giro intercultural" a esta tesis, siendo encabezada por el alemán Josef Estermann. 3) Tesis Mitocrática. Recientemente el peruano Gustavo Flores Quelopana ha sostenido la idea que la filosofía es una condición del existir humano. En este sentido, piensa que siempre hubo filosofía pero no en sentido amplio sino en sentido estricto, es decir, siempre hubo filósofos, pero la filosofía es multívoca y multiforme. De manera que acuña la categoría de lo "Mitocrático" para oponer a un modo distinto de hacer filosofía en el Occidente predominantemente "Logocrático". Gustavo Flores estaría en contraposición tanto con la tesis eurocéntrica o negativa como con las interculturalistas en sentido amplio.

Fase de Dependencia con respecto a los países occidentales Esta es la etapa en la que "propiamente" pasa a hablarse de Filosofía en el Perú. Se importa el pensamiento occidental, y es utilizado en función de la problemática social y espiritual del país.

Etapa Colonial Aquí se desarrolla el pensamiento en el contexto de la invasión española y sus consecuencias. Se tiene las siguientes sub-etapas: A) Neoescolástica. Se importa el pensamiento escolástico más conservador, de la Contrarreforma tridentina. El objetivo de este pensamiento es justificar la invasión española, con pretextos guerreristas o humanistas. En esta etapa se produce un debate pseudo filosófico: se discute la humanidad del indígena americano. Al respecto existieron dos posiciones: 1) El indio no es humano. Tesis guerrerista. El indio no es humano, porque no acepta la doctrina cristiana, porque se resiste a "la conquista", y a aceptar al Monarca español como su autoridad política, y al Papa romano como su autoridad espiritual. Esto, postulan, se debe a que son "salvajes", habiendo nacido sólo para obedecer. Por lo tanto es justo hacerles la guerra y hacerlos esclavos. Postulada por Juan Ginés de Sepúlveda. 2) El indio sí es humano. Tesis humanista. El indio sí es humano, porque también está hecho a


imagen y semejanza divinas. Además, progresivamente acepta la doctrina cristiana. Es natural que tengan hostilidad a una verdad que no conocen. Postulada por Bartolomé de las Casas. B) Ilustración o "Emancipación Criolla" En este período la llamada "clase criolla" colonial prepara ideológicamente la independencia política. Existen influencias del pensamiento racionalista e ilustrado francés. Se fundan órganos de difusión de ideas "peruanistas". Este proceso es paralelo a las luchas indígenas por la recuperación de su Autonomía, encabezadas por Túpac Amaru II. C) Romanticismo Este período es posterior a la independencia criolla. Sin discutir cambios sobre la estructura económica colonial, se procede a elaborar un debate sobre la forma de gobierno que debe tener la nueva "República del Perú". Se tienen dos tesis: 1) Debe haber "soberanía del pueblo". Tesis liberal, propalada por Benito Laso. 2) Debe haber "soberanía de la inteligencia". Tesis conservadora, defendida por Bartolomé Herrera.

Etapa Cosmopolita Posterior a la Guerra del Guano y el Salitre. Se desarrolla un pensamiento filosófico vinculado a la necesidad de una renovación de mentalidad. Por ello los filósofos se remiten a otros productos del pensamiento europeo no español. Se tienen sobre todo influencias inglesas y francesas. A) Positivismo. Influenciado por el inglés Herbert Spencer. Se exalta la ciencia como generadora de orden y progreso. El principal representante de esta corriente fue Manuel Gonzáles Prada. Con influencias del anarquismo, Gonzáles Prada establece una crítica a los grupos de poder tradicionales en el Perú, culpables del desastre de la guerra, y de la ruina moral de las grandes mayorías indígenas. Propone ruptura total con las formas de pensamiento y colonial y, mediante la educación científica, elevar a la población a la modernidad. B) Espiritualismo. Influenciado por el francés Henri Bergson. Surge también como oposición al positivismo. Proclama "libertad académica" en los claustros universitarios, y empieza a hacer una sistematización del pensamiento europeo. Lamentablemente no se aborda con rigurosidad la problemática nacional. Los principales representantes de esta tendencia fueron Alejandro Deústua y Mariano Iberico.

Etapa Nacional A) Socialismo y Movimientos Sociales. Se desarrolla, en parte, como respuesta a la progresiva inserción de la influencia capitalista en el país, sobre todo estadounidense. Se generan abusos y la consecuente conflictividad social. En este período trata de interpretarse el carácter de la realidad nacional, y la manera de solucionar sus problemas. Tenemos las siguientes corrientes: 1) Anarquismo. Ligado al movimiento sindical. Interpreta al Perú como ligado a la lucha de los sindicatos contra la patronal. Promueve el Paro Nacional como método de lucha y cambio. Sus más conocidos representantes fueron Manuel y Delfín Lévano. 2) Aprismo. Ligado a los sectores de clase media en el Perú. Interpreta al país como una nación feudal, necesitada del inversionista extranjero para desarrollarse de modo capitalista, y generar un empresariado nacional fuerte. Promueve el Anti-Imperialismo nacionalista como método de lucha y cambio. El fundador de esta tendencia fue Víctor Raúl Haya de la Torre.


3) Marxismo-Leninismo. Ligado a los sectores proletarios urbanos. Interpreta al Perú como un país semifeudal y semicolonial, necesitado de una organización fuerte del proletariado para "crear heroicamente" el Socialismo en el Perú. Promueve la Revolución Demócratico-Nacional como método de lucha y cambio. El fundador de esta tendencia fue José Carlos Mariátegui.

ETAPA GLOBAL A) ANETISMO-MITOCRATISMO-HIPERIMPERIALISMO. Tres tesis ligadas al pensamiento de Gustavo Flores Quelopana, el primero relacionado con la filosofía no occidental, el segundo con el deterioro moral del hombre posmoderno, y el tercero con el análisis de la globalización neoliberal actual. B) Crítica del pensamiento académico en el Perú. Se establece, a partir de los años 60's, un cuestionamiento por la ligereza con la que los claustros universitarios venían procesando la realidad nacional. Se promueven maneras de integrar el trabajo académico al progreso del Perú. Tenemos como el principal representante a Augusto Salazar Bondy. Dicho autor cuestiona el carácter imitativo y carente de originalidad del pensamiento peruano y latinoamericano. La "falta de autentidad" se debe a la dominación económica y social a la que es sometido el pueblo peruano. También está Francisco Miró Quesada Cantuarias, quien desde una óptica humanista propone pautas para desarrollar el "Proyecto del filosofar latinoamericano". C) Proyectos de Filosofía de la Liberación. Recientemente se ha desarrollado la Filosofía de la liberación, cuyo principal iniciador es, nuevamente, Augusto Salazar Bondy. Se trata que la filosofía genere condiciones para la derrota de la dependencia, y se inaugure una nueva Etapa, de pensamiento libre y verdaderamente emancipado.

Andina En los postreros decenios del siglo veinte y en el nuevo siglo que clarea está sobreviniendo a la filosofía peruana una de esas decisivas circunstancias que señalan las etapas de su historia. Desde 1965, aproximadamente, con antecedentes nada menos en el lejano 1609, la filosofía peruana está alterando sus supuestos, sus temas, e incluso su propio sentido. Esta innovación tiene un gran espesor, que su realidad se impone aun a los menos sutiles; afecta al mismo tiempo, a lo que en un momento se llamó las corrientes actuales de la filosofía latinoamericana, a saber: fenomenología, existencialismo, marxismo, filosofía analítica, filosofía de la liberación, filosofía inculturada y filosofía posmoderna. Es decir, abarca todas las tendencias que tienen el mérito de enrostrarnos, a su pesar, nuestra condición de cultura dependiente, de desarrollo larvado e imitativo de otra realidad cultural, como es la filosofía occidental. El núcleo germinal de este cambio de rumbo en la filosofía peruana fue plantado por el Inca Garcilaso de la Vega, primer filósofo mestizo de nuestra historia; pero su fase de madurez abarca varios momentos: el Planteamiento en 1965, el Desarrollo en 1995 y el de la Propuesta desde 1998 hasta el presente. El nuevo protagonista es la Filosofía Andina, la cual aparece abriendo paso lentamente a la concepción no occidental de la filosofía, su enunciación multívoca, el rechazo de su proposición monocultural, la introducción del criterio mitocrático como alternativo al logocrático, la reconceptualización de lo andino y la posibilidad de revitalizar la filosofía de la liberación para que éste cumpla con su itinerario y derrotero filosófico de conectar la filosofía con la realidad histórica nacional.


Los primeros en sostener la existencia de filosofía y de filósofos en el Antiguo Perú fueron el Inca Garcilaso de la Vega y los cronistas Martín de Murúa y Guamán Poma de Ayala a comienzos del siglo XVII. Tanto Los Comentarios Reales de 1609 hablan de los “amautas filósofos”, como la Historia del origen y genealogía de los Reyes Incas del Perú de 1613 menciona a los “filósofos adivinos o Guacácue” y hace lo mismo La Nueva Crónica y buen gobierno de 1613, mencionando al sabio amauta Juan Yunpa. Obviamente que el tono argumentativo en todos ellos es enormemente diferente; mientras en Garcilaso la asociación entre “amautas incas” y “filósofos” persigue demostrar la existencia de la razón entre los incas civilizadores, en cambio Murúa se limita a la simple constatación descriptiva sin mayores avances teorizantes; y por su parte, Guamán Poma presenta al filósofo Juan Yunpa en medio de un plan de gobierno indígena, que señala a los españoles como raza corrupta, no cree en los incas sino en el mundo indígena. El telón de fondo de estas obras precursoras habían sido los 65 años que duró la Conquista de las Indias –de 1492 a 1557- a través del genocidio, la esclavitud y la servidumbre brutal que acabó con reinos y millares de vidas, que provocó en un alma caritativa como Bartolomé de las Casas el horror y la desesperación que lo llevaría hasta el propio emperador Fernando el Católico y luego ante Carlos V para defender la causa de los indios. Cuando Carlos V dispone que el fraile dominico discuta sus teorías ante Ginés de Sepúlveda en el Consejo de Indias en 1550-51, polémica que concluye con el triunfo de éste último, se inaugura el debate entre los esclavistas, favorables a la teoría de la servidumbre natural de los indios, y los antiesclavistas, favorables a la teoría de la igualdad cristiana. Esta lucha entre aristotélicos, defensores del derecho de dominio basado en la facultad racional del hombre, y escolásticos liberales, partidarios de la existencia en los indios de un ánima racional, sintetiza la concepción que presidió la justificación de la colonización y destrucción de otros pueblos. Así, la tendencia de la filosofía escolástica durante la Colonia durante los siglos XVI, XVII y XVIII fue favorecer la conciencia de vasallos, absolutista y teocrática. El vigor de la escolástica liberal se mantuvo atemperada, salvo el humanista José de Acosta, el jesuita criollo Peñafiel y el afamado Diego de Avendaño, quienes defendían la humanidad de los aborígenes. No obstante, y ya transcurridos varios siglos, el objetivo de la filosofía escolástica colonial no fue jamás cuestionar la dominación española, sino buscar eliminar sus abusos y excesos, pero esta lucha contra el esclavismo consolidaba el servilismo colonial; en cambio, el Inca Garcilaso promovía un cuestionamiento velado y sutil de la dominación española, a tal grado que su obra fue prohibida en 1782, porque los hombres de letras renovadores encontraban en la realidad social inca un modelo de renovación futura. En verdad, el legado garcilasino –de mayor impacto político que el de Guamán Poma- de reconocer la capacidad racional de los aborígenes no sólo llevaba hacia el reconocimiento de la capacidad para el gobierno propio –advertido por nuestro pensamiento ilustrado-, sino que guardaba celosamente en su seno el antiguo debate en torno a la filosofía prehispánica. Olvidado el debate tras varios siglos, nuestra filosofía romántica del ochocientos se mantuvo sujeta por el debate entre el trascendentalismo absolutista y el inmanentismo popular, mientras que la filosofía positivista de comienzos del novecientos se mantuvo absorbida en su integración con el imperialismo; en ambas etapas el filosofar nacional respondía a los cánones de lo que Salazar llamó la “cultura de la dominación”. El viraje se iniciará recién con la reacción espiritualista de estirpe bergsoniana, la cual expresará la preocupación de las capas medias por el forjamiento de un proyecto nacional. Pero en la generación de posguerra se producirá una diáspora de ismos filosóficos que reflejará la crisis del pensamiento y sociedad burguesa en el Perú. De este modo, la primera oleada que afirmó la existencia de una filosofía precolombina ocurrió en el siglo veinte, en la primera mitad de los años sesenta, con los estudiosos Antero Peralta Vásquez y José Tamayo Herrera, cuyos estudios fueron expuestos en 1965 durante el Coloquio sobre Cultura y Filosofía Inka, coincidiendo con un periodo político de agudas contradicciones socioeconómicas en medio de una crisis nacional que mostraba el agotamiento de la vía liberal de Leguía, Odría y Prado, y de la vía reformista civil de Billingursth, Bustamante y Belaunde, lo que potenciaba como alternativa sólo dos caminos: el reformismo militar y el revolucionarismo de izquierda. Esta radicalización se reflejaba también a nivel del pensamiento, era la hora de ensayos radicales y posiciones audaces


capaces de reivindicar la identidad y dignidad nacional. Augusto Salazar Bondy, que venía de una frustrada experiencia electoral en 1962 dentro del Movimiento Social Progresista, todavía no había formulado su filosofía de la liberación aunque ya se encontraba inserto en una nueva etapa que lo llevaría a su formulación junto con la experiencia política en el Gobierno Militar del General Juan Velasco Alvarado como mentor de la Reforma Educativa. El pensamiento salazariano aún se encontraba cautivado por el estudio de las Historia de las Ideas, aunque dentro de su venidera etapa creadora liberacionista nunca llegó a admitir la posibilidad de la existencia de la Filosofía antes de la Conquista. Con acierto señaló que la filosofía en el Perú fue durante mucho tiempo la historia de la filosofía occidental, la de otra identidad cultural, ajena a la autóctona realidad nacional y que siempre fue a remolque del pensar político de las clases dominantes, sin embargo jamás formuló un nuevo criterio del filosofar distinto al occidental. Salazar, sin duda, había aportado criterios cruciales en torno a nuestra filosofía imitativa, pero en el debate de la filosofía prehispánica las cosas estaban por afrontarse. Antero Peralta con ambigüedad sostiene en 1965 que las Vetas filosóficas en el pensamiento Inca son efectivamente filosofía, mientras que Tamayo Herrera afirma taxativamente y sin ambages que los principales aportes filosóficos de los Incas se encuentran en el terreno social, de la historia y la política. Pero todavía se tratan de afirmaciones bastantes escrupulosas, modosas y circunspectas sobre la filosofía precolombina debido a los 350 años de colonialismo mental ejercido por el magisterio eurocéntrico. La segunda oleada afirmativa de una filosofía precolombina acontece entre la primera y segunda mitad de los años noventa con Juvenal Pacheco Farfán, Víctor Mazzi Huaycucho y Víctor Díaz Guzmán, coincidiendo con la caída del socialismo real, la ofensiva global del neoliberalismo y la lucha antiterrorista en el país; condiciones que avivaban la discusión sobre la crisis de la disolución del Estado-nación. Nuevamente la discusión sobre la filosofía prehispánica encontró protagonismo como una forma de responder a la seria crisis nacional del momento. A dos décadas de distancia del mensaje liberacionista del último Salazar, tirios y troyanos reivindicaban sus planteamientos tanto para combatir como para defender la existencia de una filosofía precolombina. Para los discípulos nacionales de la filosofía de la liberación, en lo que atañe a lo precolombino, sólo es pertinente hablar de pensamiento más no de filosofía, porque el término “filosofía” es una forma de pensar surgida en las colonias griegas de Jonia; a lo sumo sólo cabe hablar de filosofía andina como una posibilidad futura escrita el lengua vernácula, pero de ninguna manera como algo que haya existido en el pasado precolombino. Pero esta identificación de la filosofía con una forma propia del hombre occidental obedece a una docilidad acrítica con el magisterio europeo y deviene en un eurocentrismo vergonzante que traiciona los propios principios de la filosofía de la liberación. La pesquisa sobre una estructura de pensamiento genuina y original, no filosófica, deviene en retórica eurocéntrica camuflada de liberacionista. Este eurocentrismo camuflado no comprende que no se trata de hacer entrar el pensamiento incaico en el cuadro de desenvolvimiento de la filosofía occidental, sino de distinguir la esencia de la filosofía de su manifestación cultural concreta. Los únicos que quedan atrapados en el círculo hermenéutico de dominación de la filosofía occidental son aquellos que han resultado incapaces de ponerse a la altura del contenido creativo de la propia filosofía de la liberación -que conduce hacia la indagación de una forma de filosofar no occidental- y que no han podido superar la definición monocultural de filosofía. La búsqueda de otra forma de filosofar, en otra identidad cultural no occidental, sería el auténtico desafío que se deriva de los presupuestos de la filosofía de la liberación –atascada en una analéctica infecunda, un historicismo inmanentista y un ontologismo ateo-, pero esto se convertiría en la tarea de la siguiente generación de intelectuales. Una tercera oleada de pensadores a favor de la filosofía antes de la Conquista sobreviene a fines de los noventa y se extiende sobre la primera década del nuevo siglo, recoge creativamente las críticas de la filosofía postestructuralista al logocentrismo y conceptolatría de Occidente, rebasa el campo académico y tiene lugar con filósofos independientes: Luis Enrique Alvizuri, Odilón Guillén Fuentes, Gustavo Flores Quelopana, los educadores Nelson Paucca, Rusbel Rafayle y Roberto Rojas, el médico Máximo Grillo Annunziata, y el profesor sanmarquino Ladislao Cuéllar. Su reflexión coincide


con los acontecimientos del desgaste de la globalización neoliberal, la búsqueda de una nueva izquierda, el apogeo del fundamentalismo islámico religioso, la difusión de la filosofía inculturada, el debate comunitarista, los desafíos de la interculturalidad, la crisis de la razón universalista y el auge de la nihilista filosofía hermenéutica posmoderna. En esta etapa se abre paso lentamente la concepción no occidental de la filosofía, su enunciación multívoca, el rechazo de su definición monocultural, la reconceptualización de lo andino, el criterio mitocrático como alternativo al logocrático y la posibilidad de revitalizar la filosofía de la liberación para que éste cumpla con su itinerario y derrotero filosófico de conectar la filosofía con la realidad histórica peruana. En realidad el debate reabierto en 1965 con Antero Peralta y Tamayo Herrera, y con ellos todo el movimiento nativista en adelante, no sólo resulta recogiendo la tesis de la teoría de la igualdad cristiana de la escolástica liberal –quienes eran partidarios de la existencia en los indios de un ánima racional-, sino que además, asumen el legado garcilasista de que la capacidad racional del indiano conduce hacia el reconocimiento de tener una filosofía propia. No obstante, es erróneo y falso creer que la filosofía andina deba todo su impulso a la idea aristotélica del reconocimiento en los hombres de un ánima racional. Por el contrario, –como lo testimonian las corrientes comunitaristas y culturalistas- las posiciones favorables a la existencia de una filosofía precolombina han trascendido los presupuestos aristotélicos para fundarse en una reconceptualización de: lo andino, el mito y el logos humano. Ahora estos nuevos conceptos sintetizan la concepción que preside la justificación favorable a la teoría de una filosofía precolombina. Por ello, aquí se abordan las corrientes nativistas, culturalistas y comunitaristas del filosofar andino, y se deja intactas las posiciones eurocéntricas, que tienen en el debate un papel periférico y dependiente de la filosofía occidental. Comenzamos con la filosofía andina universitaria de la primera mitad de los años 90, porque ella -desde el IV Congreso Nacional de Filosofía realizado en Arequipa en 1991- reabre el debate pendiente desde 1965, y de ella resurgen los primeros abordamientos y publicaciones. Y finalizamos con los desarrollos más nuevos y creadores de la filosofía andina independiente, que expresa una firme voluntad de investigación original y meditación autónoma. De esta forma tenemos: Filosofía Andina Universitaria El nativismo dialéctico Juvenal Pacheco Farfán El nativismo individualizador de Mazzi Huaycucho El nativismo cosmogónico de Víctor Díaz Guzmán El nativismo liberacionista de Ladislao Cuéllar Filosofía Andina Independiente El comunitarismo antioccidental de Luis E. Alvizuri El comunitarismo idiomático de Odilón Guillén Fuentes El culturalismo perifilosófico de Gustavo Flores Quelopana El culturalismo intercultural de Paucca, Rafayle y Rojas El nativismo ecológico de Máximo Grillo

Juvenal Pacheco Farfán –nació en el Cusco en 1946-, educador, lingüista y abogado, profesor de la Universidad San Antonio de Abad y autor sobre la temática andina de los libros: Categorías Histórico –Culturales para la Sistematización de la Filosofía Inka (1993), Filosofía Inka y su Proyección al Futuro (1994) y Lingüística y Quechua Inka (2006). En Filosofía Inka y su Proyección

al Futuro, combinando la visión marxista con la reconstrucción del pensamiento incaico, nuestro autor intenta demostrar que sí hubo filosofía inka en una doble vertiente materialista e idealista. El libro está dividido en tres capítulos; el primero persigue determinar la naturaleza propia del filosofar, el segundo aborda las categorías histórico-culturales de la filosofía inka y el tercero señala las concepciones, categorías, disciplinas y carácter dialéctico de la filosofía andino-inka. Para


comprender a Pacheco Farfán filósofo, hay que recordar que se trata de un profundo amador del Cusco imperial, orgulloso de su estirpe quechua e inka, un decidido émulo del marxismo oficial divulgado con Afanasiev y Rosental, un continuador de César Guardia Mayorga, uno de los corifeos del análisis clasista y dialéctico, de Virgilio Roel, ardiente indigenista, de Brehier, historiador de la filosofía que admite su origen oriental, y de distinguidos historiadores peruanistas. Aunque en principio materialista dialéctico, es de hecho el reanimador de la filosofía que afirma la existencia del pensar filosófico en el Perú incaico. Su filosofía inka, afirmado dentro de un nativismo dialéctico, preludia el nativismo individualizador de Mazzi, el nativismo cosmogónico de Díaz Guzmán y el nativismo liberacionista de Cuéllar. Dogmático en su fe del marxismo oficial, es el precursor de todos ellos, por la distinción clara y absoluta que establece entre filosofía griega y filosofía como quehacer inmanente a la naturaleza misma del hombre. Por eso, tras la letra marxista, late en él Aristóteles y su idea del reconocimiento en los hombres de un ánima racional.

Víctor Mazzi Huaycucho –nacido en Chosica en 1960-, profesor de la Universidad La Cantuta, escribió en 1994 un singular y breve libro, muy citado, denominado Presentación de Juan Yunpa. El libro se compone de tres grandes secciones: la primera está dedicada a las citas de la crónica de Guamán Poma y Cóndor Chaua, la segunda se aboca a la interpretación personal y la tercera contiene los anexos. En su texto el verdadero protagonista no es Juan Yunpa, sino Guamán Poma de Ayala, el cual resulta convertido en indiscutible mentor de una filosofía de la indianidad. Con ello se hace notoria la posición antigarcilasista de Mazzi y su predilección por la crónica indígena y no mestiza. Guamán Poma resulta ser un cronista que lo cautiva y conlleva su franca admiración, lo que incide en su modo peculiar de justificar la autenticidad de su interpretación. El mérito del nativismo individualizador de Víctor Mazzi comparada con el nativismo dialéctico de Pacheco Farfán, consiste en haber comprendido que la racionalidad filosófica no estuvo sólo al alcance de los inkas, sino que se extiende a toda la cultura indiana preincaica. Afirmar una figura filosófica concreta e individual y un cronista que denostó a los inkas, es mostrar que la filosofía indiana no se limitó a los amautas del incario.

Víctor Díaz Guzmán –nacido en Casma en 1938- enseñó Filosofía en la Universidad Federico Villarreal, en 1991 publicó Filosofía en el Antiguo Perú y en 1998 Filosofía y Ciencia en el Antiguo Perú, una versión bastante ampliada del primero –la que en adelante examinaremos-. Su primer

libro coincidió con el IV Congreso Nacional de Filosofía que debatió la racionalidad en los andes y por ello, aun cuando sus investigaciones se prolongan hasta la segunda mitad de los años noventa, forma parte de la segunda rompiente de pensadores que aborda positivamente la filosofía precolombina. Su vía demostrativa es distinta a la de Mazzi, pues en vez de dedicarse a identificar en las crónicas a los amautas filósofos, opta por encontrar en la religión las claves para penetrar en la filosofía del antiguo hombre peruano. El contraste de Mazzi y Díaz es aun más marcado en comparación con la generación del 65, cuando se hablaba de vetas o indicios con Antero Peralta o de filosofía sólo en el terreno social, político y moral con Tamayo Herrera. La generación de la primera mitad de los años noventa ahora ubica los nombres de los runas amautas con Mazzi o describe el contenido filosófico a partir de lo religioso con Díaz Guzmán; no obstante, en ellos todavía está en ciernes la indagación de un criterio no occidental de filosofía, ésta sería la tarea de la generación que vendría casi inmediatamente a continuación. El nativismo cosmogónico de Díaz Guzmán –combatido por los eurocéntricos en nombre del origen griego de la filosofía- contiene dos rasgos esenciales que le diferencian de Pacheco y de Mazzi: primero, señala directamente una metafísica religiosa como contenido de la filosofía del Perú antiguo, y en segundo lugar, la existencia de la filosofía se deriva de la existencia de una ciencia prehispánica muy avanzada. Pero además dejó indicada una dirección importante en la investigación, porque ahora sería preciso ahondar en la naturaleza epistémica y gnoseológica del mito, buscar nuevos paradigmas que pudiesen explicar un filosofar distinto al occidental, la relación que guardaría la filosofía con la religión en un contexto cultural diferente al griego, y esclarecer lo que debe entenderse por filosofía, su esencia, significación multívoca y diferente manifestación cultural. Para salir del impasse se tenía que avanzar en dos direcciones, a saber, una explicación evolutiva del pensar


filosófico, que como necesidad radical humana no siempre aparece de la misma forma a lo largo de la historia; y ensayar una nueva interpretación que guardase su distancia tanto con el reivindicativo nativismo y del anatópico eurocentrismo. Para ello se requeriría superar el supuesto aristotélico de la universalidad de razón y proceder a comprender la dinámica del logos humano como aquello que se mueve entre el logos de la ratio y el logos del mito.

Ladislao Cuéllar –nacido en Barranca en 1934-, profesor de filosofía de la Universidad de San

Marcos, autor de numerosas obras de la especialidad, en el debate de la filosofía prehispánica ha participado con dos libros: ¡Sí ha existido y existe una filosofía del Perú y América Latina! (1997) y Las dos vertientes del filosofar latinoamericano (2006). Esta segunda obra es más extensa y compendia la primera –escrita cuando ya se había difundido desde 1998 la obra intercultural del alemán Josef Estermann La Filosofía Andina-, es la que rastrearemos. Para Ladislao Cuéllar la razón es universal y en América hubo filosofía tanto en la etapa prehispánica como en la etapa occidental; se tratan de dos vertientes distintas, pero que señalan que la filosofía latinoamericana actual no podrá ser tal sin el espíritu de nuestra propia cultura. Sólo recuperando liberadoramente nuestra razón, negada desde la Conquista, surgirá una filosofía no eurocéntrica. Influido principalmente por la filosofía de la liberación de Salazar Bondy y menos comprometido con el magisterio eurocéntrico, advierte la necesidad de llevar el pensamiento salazariano hacia posiciones más firmes y consecuentes respecto a la racionalidad y filosofía del Perú antiguo. El nativismo liberacionista de Cuéllar es la culminación del nativismo aristotélico universitario, que pone a la vertiente autóctona en el centro del debate por edificar una auténtica filosofía latinoamericana. Dentro de la cultura occidental sólo nos queda una filosofía excéntrica y hermenéutica. La tarea será saber fusionar la vertiente autóctona con la vertiente occidental, para hallar nuestro verdadero sino. Un buen comienzo resulta siendo la definición no monocultural de la filosofía.

Luis Enrique Alvizuri García-Naranjo –nacido en Lima en 1955- estudió Psicología en la

Universidad Ricardo Palma, destacado publicista y locutor, acreditado compositor e intérprete, en el 2004 fundó la Sociedad Internacional de Filosofía Andina y ha publicado Pachacuti: el modelo de desarrollo andino (2005), Andinia: la resurgencia de las naciones andinas (2004), Hacia un nuevo mundo o acerca del posible destino de la Humanidad (CD Rom 2005) los poemarios El Cancionero del Presbítero (1997), Desde la Barrera (2002) y entre los artículos más importantes están: La mirada de la filosofía y la civilización andina como promesa (2006) y La Reconceptualización de lo andino (2007). El pensamiento de Alvizuri culmina en una filosofía de la historia, donde la historia no puede enfocarse en un sentido occidental, sino universal, en función de otras civilizaciones emergentes como la andina. Nosotros, dice, no pertenecemos a la cultura occidental, sino a la cultura andina. El motor de la historia no es el desafío-respuesta de Toynbee, es más bien la Promesa. La promesa de la civilización occidental se hunde precipitadamente, está determinada a morir –como sostuvieron en su momento O. Spengler y W. Schubart-; mientras que emerge la Promesa de la civilización andina. Su propuesta es delinear sin cortapisas una política, una economía y una vida espiritual-religiosa netamente andina. Es posible que nuestro autor defienda exageradamente a la cultura andina –dentro de un comunitarismo antioccidental- y no reconozca la capacidad de autocrítica de Occidente, pero en todo caso su obra se convierte en un profundo catalizador para el propio dinamismo de la cultura andina. El comunitarismo antioccidental profesado por Alvizuri se vincula, tant0 a la Escuela de Francfort de Adorno y Horkheimer, en su crítica de la racionalidad de la Ilustración, el historicismo progresista y el positivismo cientificista, como a la crítica postestructuralista del logocentrismo occidental. Pero del primero no recoge la capacidad de autocrítica de Occidente, y del segundo no incide en el examen del concepto de Diferencia en todas sus facetas. En definitiva, para Alvizuri lo decisivo no es que existió una filosofía precolombina –aunque admita su existencia-, sino que podamos edificar una sociedad andina, donde pueda brotar una filosofía nacional andina.


Gustavo Flores Quelopana –nacido en Lima en 1959- estudió Filosofía en la Universidad de San

Marcos; se considera a sí mismo como un filósofo autodidacta, Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía, entre su producción que atañen a la temática andina encontramos: Eurocentrismo y Filosofía Prehispánica (1998), Metafísica de la Racionalidad Filosófica Precolombina (1999), Racionalidad Filosófica en el Perú Antiguo (2000), Miseria del Culturalismo (2002), La encrucijada de la condición andina (2005), La metafísica de la Luz en el primer filósofo mestizo Inca Garcilaso (2005), Los Amautas filósofos (2006), Filosofía Mitocrática Andina (2007). El pensamiento de Flores Quelopana, en lo que atañe al movimiento prehispánico, converge no hacia una Etnofilosofía o reflexión sobre el filosofar de una etnia, sino hacia una Metafilosofía o reflexión de la filosofía sobre sí misma, y una Perifilosofía o análisis sobre las diferentes formas de filosofar. Respecto al problema de si hay tantas formas de verdad como formas de pensamiento, Flores rechaza enérgicamente toda pretensión filosófica a una verdad relativa. Si bien el logos del mito es más rico que el logos de la ratio, esto ocurre a base del sacrificio de la precisión de la expresión. Desde este ángulo, “la verdad” no es lo mismo a “lo que es la verdad”, uno es el problema metafísico y el otro es el problema gnoseológico. Por otra parte, coloca previo al debate del comunitarismo andino, la cuestión de la determinación de las formas de filosofar, y sin lo cual dicha discusión quedaría desarmada de uno de sus más centrales elementos. Lejos de asumir una postura antioccidental, reconoce que Occidente debe ser superado, pero apropiándose de su esencia humanista y cristiana (El placer del mal, 2004). En otros términos, sus desarrollos ahondan en la naturaleza epistémica y gnoseológica del mito, plantea nuevos paradigmas explicatorios de un filosofar distinto al occidental, establece una nueva relación que guardaría la filosofía con la religión en un contexto cultural diferente al griego, y desenmaraña lo que debe entenderse por filosofía, su esencia, significación multívoca dentro de una diferente manifestación cultural. En suma, Flores avanzó hacia una explicación evolutiva del pensar filosófico, y ensayó una nueva interpretación basada en la superación del supuesto aristotélico de la universalidad de razón, para pasar a comprender la dinámica del logos humano como aquello que se conmueve entre el logos de la ratio y el logos del mito.

Nelson Paucca Gonzales, Rusbel Jhon Cuadra y Roberto Rojas Franco se graduaron de licenciados en educación a fines del 2006 en la Universidad La Cantuta con la tesis “La Racionalidad Filosófica del pensamiento Andino o la concepción tetrádica del universo ”. El pensamiento de

Paucca, Rafayle y Rojas, los dos primeros de papel protagónico en la tesis, representa la variante de un culturalismo intercultural. Culturalismo porque asumen el paradigma de lo mitocrático para dar cuenta de la racionalidad andina, tomando distancia del enfoque nativista y del eurocéntrico; e intercultural porque rechazan la visión monocultural de la filosofía y defienden la existencia de su sentido multívoco. El aspecto intercultural de su enfoque responde a su postura a favor de la existencia de filosofías regionales, contextuales y hasta etnofilosofías; todo lo cual se ha visto estimulado por las corrientes de la filosofía liberacionista e inculturada. El riesgo que existe en la visión intercultural asumida, se hace evidente en cuanto que toma la filosofía como la filosofía viva, la experiencia vivencial, la cosmovisión, lo preconceptual o la weltanschaunng; lo cual pondría en cuestión la existencia de una ordenación de conceptos.

Máximo Grillo Annunziata es médico endocrinólogo de profesión y entre otras publicaciones ha escrito el breve y difundido folleto “Filosofía andina prehispánica” (2002). El pensamiento de

Máximo Grillo representa la variante de un nativismo ecologista, porque atribuye el pensar filosófico a la cultura propia basado en el argumento de la universalidad de la razón, aderezándola con un carácter ecológico. Su sintética exposición es sugerente, aunque las cinco poderosas réplicas pierden fuerza por la brevedad y el apresuramiento argumentativo. De cualquier forma, el planteamiento de Máximo Grillo se mantiene dentro del horizonte nativista al partir del presupuesto aristotélico de la universalidad de la razón. Se trata de una respuesta que supera los tanteos reivindicativos de Tamayo Vargas y Antero Peralta, esto es, del nativismo de los años 65, y que se aúna a los conatos dialécticos, cosmogónicos, individualizadores y liberacionistas del nativismo de comienzo de los años 90 de Pacheco Farfán, Mazzi, Díaz Guzmán y Ladislao Cuéllar. Su distancia


teórica con el comunitarismo antioccidental de Alvizuri, el comunitarismo idiomático de Guillén, el culturalismo perifilosófico de Flores Quelopana, el culturalismo intercultural de Paucca, Rafayle y Rojas, no es tanto si se tiene en cuenta su énfasis ecológico, pero es notorio cuando advertimos que no comparte la problematización del logos humano, la reconceptualización del mito y lo andino de estos últimos pensadores. La filosofía andina que rompe con la definición monocultural de filosofía de Occidente, constituye una aurora y señala una superación en el seno de la propia filosofía nacional. El nativismo inicial de la filosofía andina se ha visto enriquecida últimamente con las corrientes comunitaristas, culturalistas e interculturales, las cuales han trascendido los presupuestos aristotélicos nativistas para fundarse en una reconceptualización de lo andino, el mito y el logos humano. Ahora, son estos nuevos conceptos los que sintetizan las novísimas concepciones que presiden la justificación favorable a la teoría de una filosofía precolombina.


Filos  

filosofia peruana

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