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Narra la leyenda de esta calle, que en tiempos de

tiempo después de la Independencia Mexicana,

la Colonia, un hombre que vivía por esta calle,

esta hermandad desapareció y con ella la piadosa

temeroso de que la muerte lo molestara optó

costumbre de llevar esperanza hasta más allá de

por destruirle los brazos. La portada de ese lado

la vida. Ahora abre de cuando en cuando para

de la parroquia es una fantasía en ebullición, nos

que pase algún restaurador de edificios o algún

produce a la vez dos impresiones distintas: la de

curioso de las alturas que muestran las torres;

las cosas burlescas y la de las cosas trágicas. La

pero como ya no pasan bajo del Dintel los

composición del lugar resultó completa. Pues el

hermanos de la Cofradía de la Buena Muerte,

nicho que está en el ángulo saliente del rincón y

llevando sus haces de Flores, de esperanzas

el ojo de buey que en el mismo saliente luce

nunca marchitas, la puerta perdió su carácter,

estupendo trabajo de hierro. Estilización la Cruz

pues ya no es como antes la salida de un

de Calatrave. Viene a completar el ambiente de

cementerio de almas.

angustia de ahí reina. Una especie de eco, un Soliloquis Shakespeariano. El lugar en que se

Leyenda de Santa Prisca

encuentra, que es seguramente el punto en que el

Mártir En los venturosos años de mediados

artífice refugió toda su fantasía. Es un rincón doliente, vago y delicado a la vez, en donde el sol, por la orientación del muro, jamás baja sus rayos a dar vida y color , por lo que en manchas negruscas y en húmedos jarrados, se mira la huella de las lágrimas de las lluvias que ahí han azotado largos años. Hace muchos años, a fines

del siglo XVIII, cuando se empezó la construcción de la parroquia de Santa Prisca en 1751, muchos obreros y artesanos estaban dedicados a esculpir trivialidades finas para adornar corolas y erigir dos bellas torres gemelas. La parroquia enorme, alta, con el color natural de la cantera, envuelta en andamios de

del siglo XVIII, cuando la Iglesia estaba flamante,

postes delgados

por esa puerta salían con pasos sigilosos y

atados con ixtle,

rostros recatados, los viernes de cada mes los

parecía un tejido

hermanos de la "Cofradía de la buena Muerte".

que desafiaba al

Entonando cánticos penitenciarios que en el

cielo que

silencio de la noche se oían como rumor de apagado llegado de otro mundo y en cuyas estrofas se pedía paz y Pecado. gloria para el alma de los deudos muertos en pecado. Poco

comenzaba a oscurecer. El excelentísimo señor Borda había ido a México a tramitar la compra de unas minas en

REVISTA LEYENDAS DE TAXCO  
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