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homenaje

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sábado 17 de agosto de 2019

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Nació al sur de Guárico en 1790

Juan José Rondón: el Aquiles del Llano

E

Fue tal su entrega que Bolívar lo designó Jefe de la Guardia Presidencial

ntre 1810 y 1823 las fuerzas republicanas de Venezuela se batieron en cruentas batallas contra el ejército realista. En este proceso, la llanura, “bella y terrible a la vezdonde caben holgadamente hermosa vida y muerte atroz”, como diría el maestro Gallegos, fue escenario de múltiples enfrentamientos para alcanzar la independencia. El historiador Acosta Saignes destaca el valor de la condición económica–social de los Llanos para la gesta, y afirma: “(…) en Venezuela fueron las sabanas el teatro de la contienda libertadora contra los ejércitos colonialistas. Sirvieron para fundamentar una producción adecuada para la defensa y el ataque (…)”. En tanto, en los Llanos existía una cultura pastoril y de cazadores, donde había ganado para el consumo de la provincia y comercio al exterior; así como caballos, mulas y otras bestias para el trabajo. Ventajas que en tiempos de guerra significaron alimento para los ejércitos, piel para indumentaria, y bestias para las tropas. El Llano se configuró también como espacio etnocultural, conformado por pobladores originarios, colonizadores y esclavos. Mucho cimarronaje llegó a esta región, de donde también brotaron miles de zambos. Humboldt recorrió la sabana y describió a las gentes de estas tierras, a quienes llamó llaneros, como “(…) Hombres desnudos hasta la cintura y armados con una lanza recorren a caballo las sabanas (…)”. A su vez, Gustav Hippisley, quien junto a las tropas llaneras las describió así: “Estaba compuesta de gentes de todas clases y tamaños, (…) montados tanto en caballos como en mulos (…) Algunos usaban frenos, cabezadas y riendas; otros mecate, atado con freno en la boca del caballo. Unos tenían pistolas viejas colgadas del arzón de la montura (…) Eran hombres que iban de los 16 a los 30 y 40 años, negros, morenos, cetrinos (…) Gentes de aspecto feroz y salvaje (…) Montados en bestias famélicas (…) Sujetan las riendas con la mano izquierda y en la diestra llevan una vara de ocho o diez pies de largo con una lanza de hierro muy afilada en la punta y los bordes (…) Son valientes al exceso (…)”. Allí la imagen de fiereza, de valor y arrojo, totalmente masculina por supuesto, que pasó a ser sello descriptivo. Entre muchos valientes dedicaremos estas líneas a Juan José Rondón.

De Guárico profundo Nació en Santa Rita de Manapire al sur de Guárico en 1790 y cuentan que “(…) era pardo (…). De estatura algo más que regular y de formas atléticas (…) de carácter comunicativo (…) No tenia vicios, ni había recibido ninguna clase de instrucción, pero si era de vivacidad extraordinaria (…)”. Aprendió los oficios del Llano y se dedicó a la cría de ganado, búsqueda y domesticación de bestias y su posterior venta a un comerciante asturiano llamado José Tomás Boves, quien emprendió su propia venganza contra los blancos, convocando a los negros, indios, zambos y mestizos con la promesa de tierras y riquezas. Como muchos llaneros, Rondón se unió a la legión infernal, destacándose como lancero a caballo, e incluso alcanzó el grado de Coronel en el ejército realista. Tras la muerte de Boves por la lanza de Zaraza, se incorporó en la gesta republicana. Fue tal su entrega que Bolívar lo designó Jefe de la Guardia Presidencial y también formó parte del Estado Mayor. Se inició en la Batalla de La Hogaza, en diciembre de 1817, luego

a la Campaña del Centro en 1818. Estuvo al mando de Páez, en las Queseras del Medio el 2 de abril de 1819. De allí a la Batalla del Pantano de Vargas, el 25 de julio de 1819. Así contó el Libertador: “(…) Apenas el ejército patriota culminó el asombroso paso de los Andes (…) muy cerca del Pantano de Vargas, fuimos atacados por los realistas (…)”. Todo parecía perdido y Bolívar pidió retroceder, pero Rondón le dijo “General no hemos perdido la batalla aún, Rondón todavía no ha peleado” y, Bolívar, exclamó: “Coronel Rondón, salve usted la patria”. Rondón alzó su espada y gritó: ¡Qué los valientes me sigan!Y terminó en victoria. En Carabobo, destacó como Comandante del primer regimiento de Caballería de la Guardia, pero en la Batalla de Naguanagua, en 1922, sufrió una herida en un talón y días después, el 23 de agosto, murió el Aquiles del Llano. Su espíritu anda regado en el pueblo. Lorena Almarza / Caracas Ilustración: L.A.

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