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Revista de la elp

artefactos

ยกSchreber queer!

No. 4


artefactos 4

Oto単o 2013


artefactos 4

contextos clínicos, una revista de la elp

Otoño 2013 Director: Alberto Sladogna Comité de redacción: Eduardo Bernasconi, Flavio Meléndez Zermeño, Anthony Sampson, Alberto Sladogna, Claudia Weiner Comité de lecturas: Giorgio Agamben, Judith Butler, Germán García, Guy Le Gaufey, David Halperin, Mario Pujó, Peter Sloterdijk, José Steinsleger Nudos de artefactos: Ana Baños, Elizabeth Buitrón, Carmen Cuéllar Zavala, Alex Forster, Omar Rodríguez, Andrés Velázquez Ortega Edición: Rebeca González Rudo

Suscripciones: artefactos

Copilco 300 edif. 6 depto. 403 Colonia Copilco Universidad México DF 04360 52(55) 5658 9314 correo electrónico: artefactoselp@gmail.com No. de reserva al título: 04-2007-102416553800-12 No. de certificado de licitud de título: en trámite No. de certificado de licitud de contenido: en trámite Fotografía de portada: still de la película Memoirs of My Nervous Illness (2006) de Julian Hobbs / Retrato de Daniel Paul Schreber, anónimo Todos los artículos son responsabilidad de sus autores y no podrán ser reproducidos en su totalidad o en partes por ningún medio mecánico o de cualquier naturaleza sin la autorización previa de los editores.

ISSN: en trámite ISBN: en trámite Impreso en Argentina


artefactos 4 revista de la elp

¡Schreber queer!

Schreber Presidente. Considerando. Petitjean et al.

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Envío. Jean Allouch 9 Un comentario basado Claudia Weiner

en una película

“verdadera” 16

Memorias de mi malestar nervioso a la luz del cine José H. Mendoza

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Schreber el memorioso. El momento de lo femenino Leonardo Leibson

38

La

construcción maravillosa.

La

teoría, una in-g-erencia divina.

45

Alberto Sladogna

57

Profesor Paul Flechsig

74

Was wünsch das Weib? Alberto Carbajal

99

Para

Erick Vázquez

el tratamiento.

Una parcela no es un fragmento: Deleuze-Guattari-Schreber Alberto Sladogna 114 Locuras

con texto

Enseñanza de un testimonio (Segunda parte) Carmen Cuéllar Zavala 125


Notas. Tiberio Crivvelaro

168

Violencia

172

administrativa.

Edwin Sรกnchez

Letras M.T.B. Un

chiste real.

Adolfo Bergerot

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ยกSchreber queer!


¡Schreber queer!, tema monográfico del presente número, surgió a partir del film Memorias de mi malestar nervioso (2006) del director Julian Hobbs, cuyo argumento se escribió tomando como base las Memorias de un enfermo de nervios (1903) del doctor en jurisprudencia Daniel Paul Schreber. En su lanzamiento, dicha película fue exhibida en varios festivales de cine queer en los Estados Unidos (Nueva York, San Francisco) y Canadá (Quebec). En América Latina, gracias a la subtitulación efectuada por Osvel Eduardo Martínez, desde finales de 2012 a la fecha se han realizado varias tertulias en torno a la proyección de este film en Buenos Aires, Argentina (3), en Querétaro y Saltillo, México, así como en Santiago de Chile. En Europa se ha proyectado en Berlín, Malmo y París (subtítulos al francés por Guy LeGaufey). Han participado en la organización de dichos encuentros: el sabor saber, la Asociación Psicoanalítica Agentina y Hacer del decir. Participaron: Lorena Álvarez, Jean Allouch, Elizabeth Buitrón, Carmen Cuéllar, Julián Ceballos, Guy Le Gaufey, Leonardo Leibson, Osvel Mendoza, Héctor J. Mendoza, Luis Ángel Mendoza, Omar Rodríguez, Natalia Ximena Sladogna, Alberto Sladogna, Andrés Velázquez, Claudia Weiner.


CONSIDERANDO

C

ONSIDERANDO que Daniel Paul Schreber, doctor en jurisprudencia, nacido en Leipzig en julio de 1842 y retenido en contra de su voluntad bajo el imperio de la férula, ha soportado dignamente los peores suplicios del cautiverio, estima pertenecer de hecho a la inmensa genealogía de los excluidos, los recluidos, los proscriptos en la miseria, CONSIDERANDO que no hay nada más peligroso que un funcionario que se destaca y que un Presidente del tribunal de apelaciones que destruye los fundamentos del derecho con su cuerpo como sola arma, se revela el trásfuga jurídico más eficaz que exista, CONSIDERANDO que vapuleado en el correccional de un padre pseudodemiúrgico, el cuerpo maltrecho de Schreber no solo no se contentó con eliminar el corsé social que se le había asignado, sino que además definió una nueva subjetividad evitando la nomenclatura jurídica de su tiempo, a saber, un cuerpo inédito liberado de su envoltorio policíaco, la identidad, CONSIDERANDO que Daniel Paul Schreber de su combate heurístico con el malicioso Doctor Flechsig logró extraer una teoría de las relaciones simbióticas denominada almicidio, la cual se extiende desde la sugestión a todas las formas de telecontrol, y que analiza el funcionamiento objetivo de nuestro mundo multicameral con su cortejo de homúnculos tramoyeros, su machaconería debilitadora y su pensamiento volátil, fundando así una práctica de desencantamiento perpetuo capaz   El comité de redacción de artefactos agradece la autorización dada para editar este texto del colectivo: Actifs.Schreber Président obra editada con la dirección de Fabrice Petitjean, Adrian Smith y Pâcome Tiellement en las editions Image, Francia, 2006. Asímismo, agradecemos a Rogelio Fernández Couto, coordinador de la Fundación Centro Argentino de Psicoanálisis su colaboración y a su generoso equipo de traducción por este pasaje al castellano.




de poner fin a la pandemia del asesinado legal, CONSIDERANDO que Daniel Paul Schreber, cien codos por encima de todos los chupatintas autosimuladores, se ha rehusado a acatar a la policía del cerebro y a abjurar de su gesto ilícitamente poético, que todos los catecúmenos del Circo Psicoanálisis, desde los irradiantes mamamuchís Freud y Lacan hasta sus más oscuros mamelucos, hartos de la palabra escrita del peticionario, se han mofado de su posible acceso a las batas blancas, y que la contraofensiva llevada a cabo contra esa parva de Doctores Knock anquilosados en los peores juegos de palabras de doble sentido de los brindis de bodas se ha autoencorsetado en los absurdos ritornelos que distinguen al gentil revolucionario esquizo del malvado déspota paranoico, entonces, de hecho, las memorables visiones del solicitante deben ser consideradas como el manual de exfiltración y el Anarchist Cookbook [libro de cocina del anarquista] de las almas munificentes, CONSIDERANDO que es preciso que las cosas se regulen, que se prepare una cita misteriosa entre las generaciones difuntas y esta de la que nosotros formamos parte, que se ha probado históricamente la imposibilidad de hacer surgir una nueva propuesta de disipación sin el apoyo de una personalidad carismática supuestamente delirante, que es necesario por todos los medios que caiga este mundo cuyo dios es una basura, que la actinocracia sea derrocada, y que los médicos, los politiqueros, los indicadores de tendencias, los separatistas, los licuefaccionistas, emisionistas, stars mundiales y mirones sean devueltos a sus queridos estudios, CONSIDERANDO que pocas personas adivinarán cuánta tristeza se necesita para destruir a los pueblos Potemkin, Por estos motivos Decretamos   Mamamuchí: alto dignatario turco. Por oposición, los mamelucos: esclavos. [N. de la t.]   Lo opuesto a infiltración, expulsión de un infiltrado. [N. de la t.]   Del gr. aktís, rayo. [N. de la t.]




Envío Jean Allouch

Un hombre no debe convertirse nunca en una amenaza para Dios. Daniel Paul Schreber La libertad será total cuando sea indiferente vivir o morir. Jean-Luc Godard

U

na de las proposiciones de Lacan, que algunos juzgaron excesiva y que por mi parte considero crucial, hace de la sexualidad, al menos de la que despliega la experiencia analítica como un abanico, una defensa contra una cuestión propiamente espiritual. Espiritualidad: sí, porque ¿en qué otro registro ubicar el terreno que señalizan términos tan decisivos en Lacan como palabra, gran Otro, sujeto, falta de ser, Nombre del Padre, alienación, ética, verdad, cosa, etcétera, por no decir nada aquí del chiste que nadie ha soñado con denominar “palabra   El comité de redacción de artefactos agradece el gesto de Jean Allouch aceptando la publicación de este fragmento, así como la cálida facilitación de Edgardo Russo, director de la editorial El cuenco de plata, Buenos Aires, Argentina, que tiene los derechos de traducción y edición, con la traducción de Silvio Mattoni dará a conocer en castellano el texto de Jean Allouch, Schreber teólogo. Injerencia divina II, Beatitud, Voluptuosidad, Goce en marzo del año 2014. Asimismo queremos dejar constancia de la gran colaboración de Rogelio Fernández Couto, coordinador de la Fundación del Centro Argentino de Psicoanálisis y a su brillante equipo de traducción que hizo posible esta edición.  ����������������� Schreber, D. P., Mémoires…, p. 39. (trad. esp.: Memorias de un enfermo de nervios, México, Sexto Piso, 2003).   En su película Notre musique.   Lacan, Jacques, La logique du fantasme, 25 de enero de 1967 [trad. esp.: La lógica de la fantasía, Seminario oral de 1966-1967].




psíquica”? No se trata ni de medicina (en el sentido moderno de este término), ni de psicología, ni de filosofía. Veamos esta proposición: La sexualidad, tal como es vivida, tal como opera, es en este sentido en todo lo que localizamos en nuestra experiencia analítica algo que representa un defenderse de dar curso a la siguiente verdad: que no hay Otro.

Una cuestión de registros Dios todavía no llevó a cabo su exit. Jacques Lacan Los infortunios personales que soporté y la pérdida de la felicidad que padecí hasta el día de hoy podrán verse recompensados si a propósito de mi caso el conocimiento de las verdades religiosas se abriera a la humanidad de una sola vez, en una medida incomparablemente mayor de cuanto se ha abierto durante siglos o siempre por medio de la simple investigación científica […] Daniel Paul Schreber

Este segundo epígrafe expresa muy exactamente mi intención, al releer hoy y después de tantos otros, las Memorias de Daniel Paul Schreber. Dios es reconocido en la enfermedad, que lo lleva a intervenir entre los hombres, donde, en principio y en la práctica por otra parte, no tiene nada que hacer. Tal intervención se denomina “injerencia divina” (göttliche Einwirkung); en francés Einwirkung se puede traducir también como “influencia” o “acción”. Lo que se denomina sus infortunios personales, nos anuncia aquí Schreber, es portador de un saber inaccesible por vía científica. Describe sus infortunios, a los que no se refiere solo en sus Memorias, con el deseo de que un día cuya llegada cree posible se pueda recibir ese saber en tanto “fuente importante de conocimientos para la edificación de un sistema religioso completamente nuevo” (p.   Lacan, J., Encore, París, Le Seuil, 1975, p. 78.  ������������������ Schreber, D. P., op. cit., p. 65.

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158, nota 80), lo cual se mencionó de entrada y se repitió al final de las Memorias y muchas veces a lo largo de todos sus capítulos. Por otra parte, Schreber no se comprometerá en la empresa de fundar una nueva religión, no hace proselitismo, deja en libertad al lector. No nos resta entonces sino usar esa libertad para jugar el juego que él nos propone. ¿No es lo menos que podemos esperar del análisis? Se tratará entonces de sacar a la luz ese saber extrayéndolo de la copiosa obra que escribió durante esos años y que por su complejidad resulta de tan arduo acceso como, por ejemplo, la Crítica de la razón pura, que no menciono aquí al azar, como se verá. Jacques Lacan invitaba a tener en cuenta sus significantes, ya que, afirmaba, de otro modo no nos sería posible acceder a su decir. Salvando las distancias, esto vale en gran medida también en el caso de Daniel Paul Schreber y tanto más puesto que sus significantes aparecen más siniestros (Unheimliche, [infamilliers]) (Freud). No haremos aquí la lista de los numerosos nombres propios con los que tenemos que vérnosla al leerlo, pero ofreceremos en cambio la de algunos de los términos que él se encarga de definir: malicia (que podríamos verter también como “manipulación” o “maquinación”), rayo, asesinato del alma (ya en Lutero), fuerza de atracción, hombres hechos a la ligera (la traducción es más bien peyorativa: “hombres fabricados/producidos por poco tiempo”), lenguaje de los nervios, falsificación del pensamiento, emasculación, sistema de andar con rodeos, orden del universo, hombrecillos, tiempo sagrado, perturbación, desarreglo, fraccionamiento del alma, ley de renovación de los rayos, fijación, sujeción, sistema de registro, pasar por, rayo trazador, diablillos, máquina para comprimir la cabeza, concepción de las almas, textura nerviosa de la voluptuosidad,10 movimientos envolventes, pájaros milagrosos,11 etcétera. Estas definiciones   Ibíd., p. 371 (La observación la hace el tribunal de apelación de Dresde que el 14 de julio de 1902 emite, a su pedido, el levantamiento de la interdicción de la cual había sido hecho objeto el 13 de marzo de 1900).   Damos algunos ejemplos: “Partido del por ahora”, “von W. —putrefacción del abdomen—”, “Látigo von W.”, “Pequeño von W.-Schreber”, “Picus, el carpintero” (picus en caracteres latinos, lo que demuestra la atención que le consagra el autor a estas denominaciones), etcétera.   O “almicidio”. [N. de la t.] 10  O “nervios de la voluptuosidad”. [N. de la t.] 11  O “pájaros hechos o formados milagrosamente”. [N. de la t.]

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indican que se trata de conceptos, no de significantes en el sentido de Lacan, es decir, de una materialidad que en cuanto tal opera fuera del sentido.12 El “captar” ahí donde él deseaba ser entendido, el leer desde el punto de vista teológico y filosófico desde el cual él deseaba ser leído,13 eso no lo han hecho los psicoanalistas.14 ¿Por qué motivo? Porque, en el mejor de los casos, queriendo aprender de él, de hecho hicimos sin vacilar la elección (e incluso sin siquiera darnos cuenta) de un registro en el cual suponíamos (y siempre, además) que debía estar alojado el saber que extraíamos de su obra como el metal precioso de una mina. Psiquiatría, psicoanálisis, es allí donde se lo ha recibido a partir de 1903, el año en que aparecieron sus Memorias (véase infra, nota 14), lo cual ya era algo, puesto que Pacôme Thiellement consideraba esta recepción como la satisfacción de una “psicofagia”.15 No era allí donde Schreber quería ser recibido. ¿Tuvo conocimiento de estas primeras aproximaciones psiquiátricas? Esta localización de sus proposiciones, ¿se debe a lo que llamamos su última recaída y luego su muerte en el asilo? Yo me esforzaría por no desplazar a Schreber a otro registro que el que él señala como propio. Engañarse es una estupidez, en cierto sentido; sin embargo, esto no ha sido considerado, ni deseado, ni intentado. Excepto, no obstante, un autor, Roberto Calasso, quien fue el primero en percibir claramente y hacer público en 1974 que las Memorias no trataban de otra cosa sino de la muerte de Dios. Calasso no es un psicoanalista, el “saber” psicoanalítico no lo ciega y su labor, a la vez muy informada y de orden ficcional, no pretende por cierto sustituir la de la psicopatología. También puede escribir, a propósito del asesinato de un 12  En Jacques le Sophiste. Lacan, logos et psychoanalyse, París, Epel, 2012, Barbara Cassin pone los puntos sobre las íes en relación con este punto. 13  “Planeo someter mis Memorias a expertos provenientes de otros horizontes de la experiencia, en particular a teólogos y filósofos.” (p. 328). 14  La única excepción que conozco es un texto de André Bolzinger (capítulo II de su obra Arcanes de la psychose, París, Campagne première, 2005) cuyo título “De la ingenuidad en teología” nos dice ya de las prevenciones con que su autor se refiere al pensamiento teológico de Schreber. ¿Qué hay de ingenuo, nos preguntamos, en la afirmación según la cual “la frontera entre lo divino y lo humano sigue la línea divisoria entre los vivos y los muertos”? (p. 91). 15 �������������������������������������������������������������� Petitjean, Fabrice, Adrian Smith y Pacôme Thiellement (eds.), Schreber Président, Lyon, Fage, 2006, p. 86.

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Un comentario basado en una película “verdadera” Claudia Weiner

Como no temo a la crítica ni me horroriza la autocrítica, tampoco tengo motivo alguno para evitar una semejanza que acaso perjudique a nuestra teoría de la libido en el juicio de muchos lectores. Los «rayos de Dios», de Schreber, compuestos por la condensación de rayos solares, haces nerviosos y espermatozoides, no son sino las investiduras libidinales figuradas como cosas y proyectadas hacia afuera, y prestan a su delirio una llamativa coincidencia con nuestra teoría. Que el mundo deba hundirse porque el yo del enfermo atraiga hacia sí todos los rayos; que luego, durante el proceso de reconstrucción, él deba cuidar angustiosamente que Dios no suelte la conexión de rayos con él: tales detalles y muchos otros, de la formación delirante de Schreber suenan casi como percepciones endopsíquicas de los procesos que yo he supuesto para fundar una elucidación de la paranoia. Sin embargo, puedo aducir el testimonio de un amigo y colega en el sentido de que yo he desarrollado la teoría de la paranoia antes de enterarme del contenido del libro de Schreber. Queda para el futuro decidir si la teoría contiene más delirio del que yo quisiera, o el delirio, más verdad de lo que otros hallan hoy creíble.

Sin duda Freud estaba interesado en la propiedad intelectual, tanto que no se detiene en señalar el parecido entre su teoría y el delirio de Schreber con tal de poder aclarar que él —Freud— la escribió primero. Su preocupación desconoce aquí un aspecto central de la teoría de Schreber: el saber se transmite de un modo que escapa al lenguaje hablado.   clawein@gmail.com  Freud, Sigmund. Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides) descrito autobiográficamente. (1911/1910). Infobase.

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El presente texto gira alrededor de la película Memorias de mi malestar nervioso un fragmento de saber que realiza una versión de las memorias escritas por Schreber. La categoría “versión” tiene la ventaja de dejar de lado el falso problema de la fidelidad al texto, y permite encontrar la novedad en lo que podría parecer lo mismo. A veces es esa novedad la que ilumina el pretendido original… perdido. Los estudios que ha despertado la “traducción” de la poesía china son ilustrativos al respecto. Octavio Paz comenta: ¿Los poemas de Pound se parecen a los originales? Vana pregunta: Pound inventó, como dice Eliot, la poesía china en inglés. El punto de partida fueron unos antiguos poemas chinos, revividos y cambiados por un gran poeta; el resultado fueron otros poemas. Otros: los mismos.

Otros los mismos, ¿no es acaso esa la médula de la singularidad en el análisis? ¿Cada sesión, cada encuentro? La película que nos ocupa, podría tomarse entonces como otro Schreber, quizás tanto como lo son las memorias respecto a una experiencia que sólo se puede intentar alcanzar. Las Memorias… y sus versiones han sido publicadas y citadas con distintos títulos, sin embargo en la película por primera vez aparece un pronombre en primera persona. Se trata de las memorias de “mi”malestar nervioso, un malestar particular de quien lo enuncia, de tal modo que con sólo mencionar ese título quedamos incluidos en él. Y es que tal vez el malestar de los nervios no es sólo de Schreber, sino del director, del lector y —cómo no— de quien escribe. Luego nos enteraremos que “nervioso”no es un simple eufemismo para indicar una enfermedad mental, los nervios son constitutivos de lo social. Según Schreber quienes nos ocupamos del tratamiento de enfermos mentales tenemos la capacidad de entender el lenguaje de los nervios. Razón de más para que nos demos por aludidos por ese malestar: nada mejor entonces que “una sumisión completa, aun cuando

 Película dirigida por Julian P. Hobbs. Con: Jefferson Mays, Robert Cucuzza, Joe Coleman, Lara Milian, 2006. EUA.  Octavio Paz; Variaciones chinas, Corriente alterna, en Obras completas, t.2. 1994, FCE, México.

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sea enterada, a las posiciones propiamente subjetivas de… la película, dicho de otro modo: dejarse llevar. Encontramos que se destaca una insistencia en la película: hay cosas que escapan al lenguaje hablado. La película construida con imágenes, acciones, música nos presenta un lenguaje de algo más que palabras. Memorias de mi malestar nervioso rescata las memorias del escrito. En un gesto topológico levanta la escritura del plano y erige a Schreber en una nueva dimensión. La pantalla en una maniobra mágica capta la puesta en juego de la tercera dimensión. Ya no somos meros lectores imaginando, ahora vemos los lugares, apreciamos las imágenes de los cuerpos acercándose y compartimos lo que brilla en la pantalla. En el discurso se inyecta otra dimensión y con ella aparece la cadencia de las miradas de los gestos y de los tonos de voz. Se trata de un lenguaje que muestra más de lo que dice: que enfoca y resuena. Desata a las memorias de la hoja tan bidimensional. Y es que la vida ocurre, como mínimo, en la tercera dimensión. Las voces, los olores y los movimientos de nuestros cuerpos no existen en el plano. La función de la palabra a veces opaca que vivimos en el campo de un lenguaje que la excede. Que la palabra se dice en un análisis, por lo menos, en esa dimensión. Memorias de mi malestar nervioso basada en una historia verdadera, verdadera: no por adecuarse a los hechos sino por la verdad que produce. He llegado más infinitamente más cerca de la verdad que aquellos que no recibieron la revelación divina.

El viaje comienza con una muerte: Daniel P. encuentra en el periódico su propio obituario. Con ese dato y conociendo el final, arriesgaríamos  Me permito aquí parafrasear un tramo de De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis. Jacques Lacan, Escritos 2. Infobase. Allí se lee: Digamos que semejante hallazgo no puede ser sino el precio de una sumisión completa, aun cuando sea enterada, a las posiciones propiamente subjetivas del enfermo, posiciones que son demasiado a menudo forzadas al reducirlas en el diálogo al proceso mórbido, reforzando entonces la dificultad de penetrarlas con una reticencia provocada no sin fundamento en el sujeto.  ¿Lo infinitamente pequeño?

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Memorias de mi malestar nervioso a la luz del cine

José Héctor Mendoza

¿Bajo qué circunstancias puede una persona ser considerada enfermo mental?... Ninguna interacción con un ser humano es del todo simple. Avance promocional de la película Memoirs of My Nervous Illness, Abject Films Ltd. Director Julian Hobbs, (2006).

Quizá resulte que la cinematografía, que en muchos sentidos nos recuerda el trabajo de los sueños, pueda también expresar algunos hechos y relaciones psicológicos –que a menudo el escritor es incapaz de describir con claridad verbal-, con imágenes tan claras y patentes, que faciliten nuestra comprensión de ellos. La película llama tanto nuestra atención, cuanto que hemos aprendido, en estudios similares, que muchas veces un tratamiento moderno consigue re-aproximarse, de manera intuitiva, al significado real de un antiguo tema que se ha vuelto ininteligible, o que se ha entendido mal en su paso por la tradición. Otto Rank, El Doble: un estudio psicoanalítico [1914]

L

a película Memorias de mi malestar nervioso (2006) dirigida por Julian Hobbs aborda la experiencia mística religiosa del juez Daniel Paul Schreber así como las condiciones que culminan con su publicación   El presente escrito está dedicado en especial a Claudia Weiner y Alberto Sladogna quienes, junto con los demás compañeros analistas que en tertulia vimos y comentamos este filme, influyeron estas reflexiones tanto en cercanía como a distancia.   Psicoanalista, miembro de Anemos, Clínica psicoanalítica.

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en 1903. La forma y el tratamiento de la historia que se presenta en esta cinta son de interés para el psicoanalista ya que reconoce en el escrito de Schreber, vía el arte, elementos importantes que se pierden en la tradición de pensarlo solo como el “caso Schreber”, llamado por algunos “el caso psiquiátrico más citado”. En su tratamiento artístico, Hobbs recupera, al narrar la historia resaltando el carácter de drama personal expuesto en el marco de un proceso judicial, el detalle que la nominación “caso Schreber” sea solo válida en términos jurídicos, donde alguien diagnosticado como enfermo mental paranoico logra exponer sus argumentos y en lugar de perder, ganar el juicio. Si bien es cierto que la relación entre el psicoanálisis y el cine se remonta a los días cercanos al nacimiento de ambos, esta relación ha sido cambiante llegando a extremos donde el análisis de las películas se convierte en la justificación de teorías “psi” al convertir las historias en casos ejemplares. Para el psicoanalista, el cine abre la ventana para el encuentro con otro tratamiento, con otra elaboración no tanto de un caso, sino de la trasmisión de una experiencia. El arte del cine permite al psicoanalista rechazar la imposición de la teoría y la designación diagnóstica psicopatológica, condenándolo de forma condescendiente al rubro de “gran paranoico”, al volver a dar la palabra a Schreber en su alegato judicial, donde el punto central es el rechazo a la designación de su experiencia como paranoia. En Memorias de mi malestar nervioso, Julian Hobbs da voz y cuerpo a Daniel Paul Schreber haciendo visible diversos aspectos de su malestar y su travesía a la emancipación. A través de los recursos creativos de la narración del cine, esta voz y cuerpo nos recuerdan que dicha experiencia culmina en su reconocimiento como sujeto jurídico a la vez de validar su discurso, invitando al psicoanálisis a la misma validación, haciendo una revisión de la Memorias en los documentos anexos que en muchas ocasiones no son leídos en “el caso Schreber”. Nos referimos a los documentos de Apelación y que tal parece sirven de sostén para la anécdota abyecta que le interesa presentar al cineasta Hobbs.   El término abyecto lo tomamos del nombre la compañía productora de la película que tal parece en su propuesta de temas que aborda nos enseña una forma de hacer de lo abyecto un sujeto.

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…hay dos puntos en los cuales tengo que oponerme decididamente a lo afirmado en la exposición de hechos… 1) Ya al comienzo de la exposición de hechos se dice, a propósito de un pasaje de la declaración escrita de mi abogado: “el querellante no cuestiona el estar mentalmente enfermo”. Esto no es exacto, cuestiono de la manera más terminante que yo esté mentalmente enfermo… no cuestiono la existencia de una enfermedad mental en el sentido de una enfermedad nerviosa, pero expresamente he señalado el significado diferente a la palabra “enfermo mental” para el médico y en el pensamiento jurídico… El dictamen del señor perito contiene, por lo tanto, al suponer en mi la existencia de la paranoia (locura), un bofetón en el rostro de la verdad.

La cita anterior corresponde al documento del Alegato de Apelación que revive la propuesta artística de la cinta. En el momento de la Apelación, Schreber despide a su abogado y presenta su propia defensa ganando el caso finalmente. Hobbs toma sin prejuicios el relato del proceso legal de Schreber lo que enfrenta al psicoanálisis a la siguiente premisa: para atender la experiencia del presidente Schreber es necesario escucharlo en su juicio, rechazando la premisa de la paranoia. Entre los recursos creativos que fomenta esta cinta se encuentra la traducción propuesta por el psicoanalista Alberto Sladogna de llamar en castellano a la cinta Memorias de mi malestar nervioso, siendo una más acorde a la experiencia de Daniel Paul Schreber y la versión del cineasta quien retoma la forma tradicional como se conoció en idioma inglés la obra de Schreber, Memoirs of My Nervous Illness. Este título es consistente con la propuesta de hablar en primera persona como se muestra desde la escena inaugural de la cinta tomada casi a la letra del libro. La primera persona se acerca al espectador y le habla de frente, en lugar de las traducciones al castellano como “Memorias de un enfermo de los nervios” o “Memorias de un neurópata” donde el lugar que surge es la de la persecución diagnóstica, el objeto de estudio o la condescendencia piadosa. Por otro lado tenemos ese illness que nos llevaría fácilmente al terreno de la enfermedad si de nuevo pasáramos por alto el manifiesto schreberiano. La palabra “malestar” nos parece adecuada al recordar  Schreber, D. P. Memorias de un enfermo de nervios. México, D.F., Sexto Piso, (1903 [2003]), pp. 441-442.

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Schreber el memorioso

El momento de lo femenino Leonardo Leibson

El dictamen Un libro es las palabras que lo componen corre el albur de parecer un axioma insípido. Sin embargo, todos propendemos a creer que hay una forma separable del fondo y que diez minutos de diálogo con Henry James nos revelaría el “verdadero” argumento de Otra vuelta de tuerca. J. L. Borges

I. ¿Existe el “verdadero” Schreber? ¿Sería aquel de carne y hueso al que le acontecieron sucesos tan extraordinarios como penosos y que se dedicó, en un momento muy especial de su vida, a escribir, aunque ya no como lo hacía —llevado por sus obligaciones laborales— para terceros, sino por su propio interés y necesidad? ¿O solo existen las versiones de Schreber que podemos recorrer: tanto la del texto publicado bajo su nombre como los de tantos que se dedicaron a comentarlo, encomiarlo, analizarlo, parafrasearlo, citarlo, criticarlo? Sabemos, además, que a estas versiones siempre podrá agregarse otra y otra más, centuplicando los Schreber (todos de papel, o a lo sumo de celuloide) de los que disponemos. Así, llegaríamos a hacer un desfile incontable de esas versiones, desde las más cultas e ingeniosas hasta las más toscas y chabacanas. ¿Qué es lo que el nombre Schreber nombra entonces? 38


En verdad, de lo único que disponemos es de las Memorias… Al menos hasta nuevo aviso, la obra de Daniel Paul Schreber se agota allí. Leemos esas Memorias…, una y otra vez. Aunque nunca solos: cada vez que las leemos nos acompañan algunos (nunca podrían ser todos) de esa legión de comentadores tan memoriosos como el propio DPS. Leemos con Freud, con Lacan, con Ida McAlpine, con..., con cada nuevo lector-comentador que surge. Pero el texto de Schreber, el memorioso, sigue allí. Un texto del cual lo menos que podemos decir es que ha sido eficaz en más de un sentido. Porque no sólo le permitió convencer a los jueces que entendían en su caso, sino que ha persistido y sigue siendo leído, a través de estas lecturas de lecturas. Si Schreber quería que se supiera de lo que le acontecía, de lo que sus nervios padecían, es patente que lo ha logrado. ¿Pero qué fue lo que le pasó? Es curioso que las Memorias de alguien que afirma y argumenta que porque es un enfermo de los nervios, no es un psicótico (paranoico ni esquizofrénico), o más exactamente que no es un enfermo mental, terminen siendo el paradigma, al menos para el psicoanálisis, de un caso de psicosis. Paradigma en tanto permite definir y delimitar un campo no sólo de fenómenos sino principalmente de mecanismos (Freud) subjetivantes (Lacan). De un modo de subjetivar la imposición de una cosa Otra que se le presenta en cuerpo y alma al Dr. Schreber y le hace saber de su poder y sus intenciones. Con esa cosa Schreber debe trabajar, además de sufrir. A eso que se le impone y que lo quiere de determinada forma, él debe responder. No puede no hacerlo, está excluida la posibilidad de dejar de lado esa irrupción. Su cuerpo está tan comprometido como su habla y su alma, sus nervios alterados, hacen que toda su vida se trastorne y transforme. Schreber debe trabajar para restituir un orden que se ha perdido y que no es exclusivamente el de su propia y humilde existencia sino el del universo entero. Sabemos que, a su modo, logra restablecer algo de ese orden y con ello su vida se estabiliza, casi que se “normaliza”. Su vida, en todo caso, recupera un sentido que parecía totalmente perdido cuando los rayos, las voces, los pensamientos, estallaban y hacían saltar por los aires lo que hasta ese momento había sido su existencia. 39


A los psicoanalistas nos interesa discernir cómo y por qué se produce ese restablecimiento, dado que eso podría mostrarnos algo acerca de la forma del padecimiento y el saber que comporta. Partimos de que ese restablecimiento no es un proceso “natural”, no hay allí una “evolución natural favorable”. Lo que nos muestran las Memorias… es que Schreber desplegó un trabajo titánico, impar y desigual a lo largo de años para encontrarse con ese corolario. Sin saber de antemano que iba a llegar allí. Solamente tenía la pulsión de responder a lo que lo estaba amenazando y presionando, con los medios que podía encontrar en su no demasiado nutrido almacén: la escritura (su medio de subsistencia), la música (el piano, más exactamente); la capacidad de interrogar a esos “fenómenos sobrenaturales” que arreciaban sobre él, e incluso investigarlos con conocimientos o teorías que se sentía en la obligación de discutir y refutar (v.gr., la psiquiatría de Emil Kräpelin). El combate culmina con un esfuerzo didáctico de hacer saber a sus congéneres cómo se producen ciertas cosas. Y que tendrá su corolario glorioso en la investigación que otros podrán hacer en sus restos mortales, donde se describirán los correlatos anátomo-patológicos de su transformación. Un verdadero ejemplo de método científico.

II. Enamorarse es crear una religión cuyo dios es falible. J. L. Borges

El múltiple interés de este testimonio no concluye, de todos modos, en ese horizonte metodológico. Aquello en lo que la lectura de Freud innova es en ubicar que la pasión y resurrección del Senatspräsident encuentra su clave en los devenires de sus derivas libidinales. Tanto en lo que de su pulsión se volvió imposible de contener como en los conflictos que le generó la irrupción de personas y cosas que se ligaron a ese pulsionar irrefrenable. Lo que quiere decir, entre otras cosas, que Schreber, lejos de quedar tomado por una especie de gozar autístico, se enlazó con alguien, o sea, entró en transferencia. Y que 40


esa transferencia le permitió hacer lugar, darle forma (discursiva, se entiende) a lo que lo enloquecía. La transferencia, es notorio y Freud se encarga de explicitarlo, se estableció con “la persona del médico” (nunca más feliz esta expresión: es del médico por antonomasia que Flechsig encarna, y es con su persona/personaje que lo hace). El Dr. Flechsig, sobre el que reincide, según Freud, el complejo paterno, se convierte así en el personaje amado que deviene perseguidor y aquel, entonces, con quien Schreber entabla su titanomaquia salvadora. Nos interesa en esta ocasión comentar una particular lectura que hace hincapié en este enredo transferencial y de lo que este lazo implicó en su apareamiento y en su disparidad. Nos referimos a la que se plasma en una película: Memoirs of My Nervous Illness ( Julian Hobbs, 2006). Es interesante que esta lectura fílmica incurre en —y se sirve de— una serie de “alteraciones” de una serie de “alteraciones” de la historia, dado que, de toda la serie de eventos que le acontecieron a DPS, la evolución del paciente Schreber queda centrada en una suerte de combate con su médico Flechsig, caracterizado como el psiquiatra autoritario, soberbio y, en algún modo, profundamente ignorante que (tal vez) pudo haber sido. La película, en ese sentido, no deja de ser una versión particular de la locura schreberiana, donde se combinan una suerte de proclama antipsiquiátrica con cierta teoría de género (que parece afirmar que una   Sería correcto plantear que la transferencia con Flechsig fue lo que lo enloqueció. En todo caso algo que en principio no tenía más forma que la de algunos enunciados casi sin enunciación (“que hermoso sería ser una mujer en el momento de acoplamiento”), ni siquiera forma de locura, pudo adquirirlo a partir de ese enlace transferencial. Esa es la hipótesis de Freud, congruente con la idea de que el síntoma se constituye en transferencia.   El médico (y por qué no, el analista) en tanto incauto de la transferencia que sobre sí recae, siempre es “víctima” de su propio personaje en ese proceso.   Ocurre con esta película algo similar, a mi entender, a la relación entre el caso de las hermanas Papin y la pieza “Las criadas” de J. Genet. Una versión despojada de psicosis y cargada de locura, una locura que se atribuye al ejercicio despiadado y viciado de injusticia del poder de las clases dominantes. Pero que desconoce que el sujeto no es víctima y que si tiene algún sentido hablar de psicosis es porque eso nombra un modo de la normalidad, un modo de la subjetividad que implica una lógica y una dialéctica particular que no coincide con la norma neurótica, que fue lo que ocasionó el texto de Jacques Lacan “Motivos del crimen paranoico”.

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La construcción maravillosa Erick Vázquez, ensayista.

La totalidad del orden cósmico se manifiesta así como una “construcción maravillosa…”

L

as Memorias de un enfermo de nervios del presidente Schreber constituyen ante todo una experiencia en el sentido clásico del vocablo latino, es decir, una prueba. Creo que Schreber estaría conforme con esta nominación, por la doble acepción que permite, por un lado, en el ámbito científico, de un ensayo, un examen, un intento, y por el otro, en el ámbito legal, de una justificación de la verdad de los hechos controvertibles en un juicio. En tanto prueba de escritura, el experimento de Schreber fracasó durante largo tiempo, acaso debido a su fuerza, y tal vez era natural que así fuese. La experiencia de leer las Memorias difícilmente encuentra paralelo, por su extraordinaria disciplina y por su talento para hacerse entender, en el cual se encuentra mucho de su valor, porque esta fuerza se traduce en el recuento y descripción de una soledad concentrada en una voluntad de salir de sí misma, de una soledad en el sentido moderno, acaso la primera de que tengamos noticias, de alguien que no quiso ceder la propiedad de su experiencia al discurso psiquiátrico ni la garantía de su integridad a los poderes divinos. Daniel Paul Schreber, presidente de Sala en la Corte de Dresde, sufre, en sus propias palabras, de un “trastorno nervioso” y es internado en un hospital psiquiátrico, ahí tiene una serie de experiencias y revelaciones imposibles de resumir en unas cuantas líneas, pero, en la medida de lo posible, su verdad es la siguiente: el alma humana reside en los   Este ensayo se desprende de una invitación a comentar el filme de Julian Hobbs: Memorias de mi malestar nervioso, 2006.

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nervios del cuerpo, comparables a dibujos de damasco, y es indistinguible de los mismos. Dios sostiene su existencia a su vez en una urdimbre nerviosa finísima, cuya manifestación en la Tierra es a través de los rayos solares, y así Dios nada sabe de las vidas de los hombres, pues su comunicación con los humanos es sólo con aquellos que han muerto y entonces sus rayos se extienden hacia el residuo mortal para conocer lo que fue su vida y juzgar, y probar o invitar a compartir con Él en la antecámara celestial. De ordinario no tenía lugar una intervención directa de Dios en la suerte de los hombres y los pueblos individuales, tal era el estado acorde con el orden cósmico, pero he aquí que algo maravilloso vino a pasar, a mediados de marzo de 1894, alguien perpetró un almicidio, un crimen sin precedentes, haya sido con el fin de poner un alma a la merced de otra, o para que ésta obtuviera una vida terrenal más larga o para apropiarse de las fuerzas espirituales de aquella o para agenciarse una especie de inmortalidad personal o para cualquier otra ventaja especial, el caso es que se inculpó a Schreber del almicidio, y esto atrajo la atención de Dios sobre un ser viviente, desequilibrando el orden cósmico, poniendo en riesgo el balance de los asuntos humanos y las esferas celestes. Gracias a un almicidio, un crimen de naturaleza celestial, Dios se vio forzado a intervenir, Schreber entró en contacto directo con Dios, y este se encontró a su vez atraído al alma/sistema nervioso de Schreber, y he aquí que al entrar en contacto con él y residir en parte en su cuerpo Dios se puso en riesgo, se amarró de alguna manera a una condición mortal, y Dios debió defenderse si quería sobrevivir, intenta entonces emascular a Schreber, volverlo mujer; por otro lado, el eco de esta inmensa agitación celestial ha llamado la atención de una multitud de almas que desean volver, que entran en el cuerpo de Schreber para transformar su cuerpo, intentar destruirlo, para hacerse escuchar, para jugar con él. La de Schreber es una intriga cósmica que se traduce en años de dolor y de una lucha continua por preservar su integridad contra los ataques de hordas celestiales y del mismo Dios, como Jacob lo hiciera también, milenios antes que él. La mayor parte de las Memorias describen lo ocurrido durante su estadía en hospitales psiquiátricos, a lo largo siete años. Lo que Schre  Daniel Paul Schreber. Memorias de un enfermo de nervios, Sexto Piso, México, (1903 [2003]). p. 66.

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ber describe como trastorno nervioso en sus Memorias rara vez es claro, alguna vez menciona haber visto el rostro de un guardia del hospital completamente desfigurado, reconoce ver cosas de las que duda realmente hayan tenido lugar, lo acosan ideas de suicidio, pero en general su malestar es un tremendo desasosiego, Schreber se ve privado de lo que llama el derecho humano a no pensar, y esta violación de su derecho proviene del constante parloteo de las almas que lo invaden, de una polifonía monstruosa e infinita, un pensamiento incesante que lo consume, un asedio armado de múltiples voces ajenas. Schreber dice identificarse con el Manfred de Lord Byron. En la obra de Byron, Manfred es alguien que no puede dormir, alguien que se encuentra sometido a una irresistible continuance of enduring thought, un pensamiento incesante que lo pone a prueba. Manfred es una especie de poderoso sabio que con su saber arcano un día decide llamar a los siete espíritus de los aires, la tierra, las montañas, las aguas y las estrellas, y ellos, una vez en su presencia, le preguntan: Y bien, mortal, ¿qué quieres de nosotros? Manfred responde sencillamente: Forgetfulness, el olvido. Es una idea asombrosa, porque cuando los espíritus, sorprendidos ellos mismos, le interrogan: ¿de qué, de quién, porqué? Manfred, aún más enigmático, responde: de aquello que está en mí, léanlo ahí, ustedes saben qué es, pues yo no puedo decirlo. Los espíritus le responden que pueden ofrecerle dominio sobre la Tierra y poder sobre los hombres, incluso, dominio sobre los elementos naturales, acaso, pueden ofrecerle la dulce muerte —y tal vez la muerte, considera Manfred, podrá librarlo de sí— pero eso no, no el olvido de sí mismo, no eso. Es una posición típica de Byron, quien era a su vez un ángel y un demonio, el hastío de ser, pero es también una posición plenamente romántica, verse perseguido y atrapado por una infinitud, por una mismidad, ¿qué es eso que está dentro de Manfred que no puede ser nombrado por él, pero que los espíritus de Tierra y Cosmos conocen bien? Un exceso, algo que colma y sobrepasa, y lo mantiene sin poder salir de sí. Tal es la soledad romántica: lo inexpresable; la voluntad de decir lo indecible. Pero hasta aquí llega la similitud con Schreber, Manfred sólo desea librarse de sí mismo, lo que ningún hombre puede, y desvanecerse; el presidente Schreber no quería el desvanecimiento, él quería conservarse y vivir y compartir sus experiencias inauditas con el resto, y ese fue al parecer un deseo inaceptable. Su testimonio abundante en conceptos y visiones 47


sufrió de una reducción a un par de complejos en una tradición interpretativa iniciada por Freud, y continuada por una serie de psicoanalistas por casi medio siglo. La interpretación que Freud hace de las Memorias del presidente Schreber es un caso extraordinario dentro de la disciplina analítica. Todo lo que tuvo Freud a la mano para interpretar su caso eran las Memorias del autor, y el primer paso que toma, el argumento fundamental para su hipótesis es el siguiente: Del estudio de una serie de casos de delirio persecutorio, tanto yo como otros investigadores hemos recibido la impresión de que la relación del enfermo con su perseguidor se puede resolver mediante una fórmula simple […] Sostenemos que la intencionalidad del sentimiento es proyectada como un poder exterior, el tono del sentimiento es trastornado hacia lo contrario, y que la persona ahora odiada y temida a causa de su persecución es alguien que alguna vez fue amado y venerado. La persecución estatuida en el delirio, afirmamos, sirve sobre todo para justificar la mudanza del sentimiento en el interior del enfermo.

Freud prosigue en su elaboración diciendo que no es difícil que la sensación de simpatía hacia el médico no viniera de un proceso de transferencia por el cual una investidura de sentimiento es, en el enfermo, trasladada de una persona para él sustantiva a la del médico, de suerte que este último aparece escogido como un sustituto de alguien mucho más próximo al enfermo: el médico le ha hecho recordar la esencia de su hermano o de su padre. ¿De dónde sacó Freud esto? Se trata de una suposición, desde que ha sido el caso en investigaciones anteriores, este debe ser el caso con Schreber también. Freud se satisface, según sus palabras, al tropezar al fin en las Memorias, tras larga búsqueda, con un pasaje en que el enfermo alumbra esa incertidumbre en la siguiente línea: “la memoria de mi padre y de mi hermano me es tan sagrada como…” Estas escuetas palabras acerca del padre y el hermano, para las que Freud tuvo que hacer una larga búsqueda, que no son demasiado significativas, fueron suficientes para que concluyera que el doctor encarnaba la esencia del padre o el hermano, hacia el que seguramente se ubica ahora como perseguidor porque tal vez antes lo amaba y admiraba y seguramente de alguna forma homosexual. No hay en las Memorias nada que nos indique que Schreber guardaba hacia Flechsig 48


Presidente Schreber: LA teoría una in-g-erencia divina Alberto Sladogna

Leer Schreber es cesar de asignar una identidad cualquiera al azar de las moléculas de las cuales somos el producto y de liberarnos de las fantasías de razas, de clases, de sexos y de partidos. Petitjean et al. El pensamiento de Jarry [Alfred, patafísica] es ante todo teoría del Signo: el signo no designa, ni identifica, pero muestra… Es lo mismo que la cosa, pero no le es idéntica, la muestra. Todo estriba en saber cómo y por qué el signo comprendido de este modo es… una concepción poética del lenguaje, y no técnica o científica. Gilles Deleuze La ciencia y la religión funcionan bien juntas ¡Es un D(io)lirio! Jacques Lacan

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l Presidente Schreber en Memorias de mi malestar nervioso (filme de Julian Hobbs, 2006) muestra como vivió las dificultades producidas por la muerte de Dios y el pasaje posible a otra forma de humanidad. Su testimonio permite localizar un síntoma inhibitorio que afecta al análisis: se trata de los efectos de injerencia indebida y de ingesta totémica de postulados teóricos tomados como LA teoría, una in-g-erencia divina. Ese estilo de in-g-erencia en alemán se trata de göttliche Einwirkung abriendo el horizonte para una “influencia” y/o una “ingesta”. Leer a Schreber   sladogna@gmail.com

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en estas Memorias… es , parafraseando a Petitjean y otros, hacer frente al hecho de que nuestro cuerpo puede quedar bajo la tutela de un saber referencial dotado de poderes emisores, de rayos y sus inútiles secuaces las suposiciones o creencias del amor transferencial. Veamos.

Condiciones La in-g-erencia en el análisis trata del saber referencial teórico; ellas llevan una serie de pre y perjuicios para la lectura de la teoría y en particular, provocan efectos de devastadores en la experiencia del análisis. Es un horizonte que vira de la inhibición al síntoma sin dejar de suscitar angustia. Esa in-g-erencia se presentó, en forma reiterada, en las diversas exhibiciones del filme Memorias de mi malestar nervioso. Ciertas condiciones permiten abordar la escritura de este texto: a. Un encuentro en internet con el grito del presidente Schreber en Memorias de mi malestar nervioso, filme dirigido por Julian Hobbs, ese grito tocó mi cuerpo y obligó a leer sus Memorias desde otra perspectiva. ¿Cuál? Aquella de su autor; b.- la lectura de dos textos de Jean Allouch que abordan los temas que formuló el Presidente Schreber; en uno de ellos desde el título: Prisioneros del Gran Otro. La injerencia divina, 1 el autor despliega los horizontes de la “injerencia” del Otro en la vida subjetiva de cada quien tomado por el análisis lanzado por Jacques Lacan, para colmo ese Otro es apodado en castellano como el “Gran Otro” (lo “mismo” ocurre en francés, ¿habrá un Otro más pequeño?); c.- hallazgo del texto de un colectivo de autores Actifs. Schreber Président, 2006 —citado por Jean Allouch— obra dirigida por Petitjean, Smith & Thiellement que reúne las actas de un encuentro acaecido en Francia en el año 2004. ¿Qué dicen en esas actas? Numerosos son aquellos que han creído hacer del Presidente Schreber (1842-1911) la carne de un nuevo sabor positivo sobre el humano. Ninguno lo ha logrado. Ninguno lo ha verdaderamente leído. Publicadas en 1903 en vida de su autor las Memorias de mi malestar nervioso han pasado instantáneamente a las posteridad por los tormentos del comentario tecno-médico haciéndolo el objeto de una exégesis dorada dispensando a

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cuatro generaciones sucesivas de leerlas por aquellos que ellas son: un breviario de intuiciones desnudas y conceptuales sobre nuestro mundo.

A partir de allí, junto con otros llevamos a cabo una serie de encuentros donde fue proyectado el filme que organiza el tema monográfico de este número de artefactos. Esas condiciones conformaron un gesto que dibujó, vez por vez, un diagrama a la manera de los nudos presentados mediante gestos por Jacques Lacan en sus seminarios. Esos gestos, esos diagramas, esos nudos de cada tertulia orientan este escrito. Las condiciones no están como algo ya dado o previo, no se trata de las condiciones históricas, para los eventos del análisis no hay condiciones previas, ellas se constituyen en acto, no se organizan, son por el contrario un evento inesperado, se dan o no se dan. El deseo se instala como una parte de las condiciones, así se logra hacer lo que ellas permiten. El humano, a veces, considera que él las debe propiciar o crear o forzar, quizás se trate de una confusión: las condiciones están en acto, al igual que cuando el león vive su hambre y vive su encuentro con el alimento, dadas las condiciones, si no salta se queda sin comer. Las condiciones permiten hacer algo y producir una mutación junto con ellas. Se pasa a otra cosa. En cada tertulia, en formas distintas y reiteradas se presentó un síntoma compartido: superponer al texto del filme las referencias de un saber ya constituido, de un saber que no estaba ni al pie de página del filme, ni en sus títulos finales. Esas referencia revelaban una inhibición organizada por el saber referencial (lo que ya había escrito Freud, lo que ya había dicho Lacan, añadimos: un saber previo que solo en el buscador Google está constituido por noventa y dos mil referencias) ¿Cómo se puede ver un filme superponiendo las referencias previas al acto de verlo? ¿Es posible desprenderse de tales referencias? Si lo fuese, ¿cómo?   Esas actividades fueron posibles gracias a que Eduardo Martínez, de Monterrey, Nuevo León, México, realizó la traducción del inglés al castellano e instaló los subtítulos en el filme “Memorias de mi malestar nervioso” de los que carecía la versión original, libre que está en YouTube como Memories of My Mental Illness, por cierto poco visitada. En el curso del año 2013 se efectuaron cinco tertulias en Buenos Aires, Argentina; y en México en las ciudades de Saltillo, Querétaro y Monterrey, una en cada localidad.   Si algo nos afecta, entonces… Un hecho semejante ocurre frente a una pintura, a una escultura, a una pieza de teatro, a una música. Esa afectación es semejante e igual a lo que permite que tal o cual experiencia de análisis se inicie, se despliegue y se concluya.

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El saber referencial tiene un orden esférico exterior al saber textual de la película, reduce tal o cual fragmento del filme para ubicarlo en una totalidad: la que la teoría de Freud o de Lacan han ya establecido respecto de las Memorias… El filme de Hobbs es una versión, tan buena o tan mala como otras, solo que esa versión no es virginal, no es inocente, no es pura, contiene un saber que la organiza, se trata de su saber textual. Conviene precisar no hay experiencia virginal, cada experiencia está organizada. No se trata de dejar fuera el saber referencial que como in-g-erencia divina constituye el “pensamiento” de aquellos que somos parte del vecindario del análisis y de sus vecinos. En las tertulias surgían los efectos de un saber referencial psicoanalítico transmitido a la cultura más allá del serrallo analítico (en México, D.F. y en Buenos Aires, Argentina en locales de periódicos venden una edición fascicular de los escritos de Sigmund Freud, en esos locales se hacen reservas pues sus diversos números suelen agotarse. Se añadió una versión en fascículos del Diccionario de Psicoanálisis de Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis, texto al que no fue ajeno el incentivo acordado por Jacques Lacan a sus autores). El saber referencial tiene una estructura esférica: están quienes lo tienen y quienes no; está ya previamente almacenado, es una estructura desde la cual se mira el filme o se abordan experiencias de análisis; ese saber separa el adentro del afuera. Deja fuera el cuerpo de quien se pone esos anteojos o antiparras referenciales; los anteojos se dicen son para leer y las antiparras para evitar ser tocado por la materialidad del filme. Ese cuerpo queda fuera de la posibilidad de ser afectado por el despliegue dramático que realizó Hobbs con lo cual el filme queda clausurado, encerrado y se torna inexpugnable, no enseña nada... nuevo, dado que “todo” ya está bajo el sol de los saberes previos. El saber referencial no encuentra el saber del filme solo busca su corroboración o peor aún, desde el saber referencial se indica tal o cual error del filme. Señalo un detalle, así con esas referencias no era fácil darle lugar de saber textual a que el filme lanza un signo: incorpora lo abyecto, más bien lo abyecto ha producido el filme. La productora del filme se llama Abject. Lacan no logró que J. A. Miller coloque en primer lugar del índice de términos de sus Escritos el término “abyecto”. ¿A qué se debió esa ausencia? ¿Lo abyecto no es una cualidad de los objetos que causan el deseo? 60


Periódico de Neurología No. 19

1O de Octubre de 1884

I. Comunicaciones originales Para el tratamiento ginecológico de la histeria (De la Clínica de alienados de la Universidad de Leipzig) por el Profesor Paul Flechsig

1) Histeria magna con intensas alteraciones psíquicas. Castración. Completa curación. 2) Psicosis con rasgos histéricos. Fibroma uteri. Amputatio uteri supravaginalis. Buen éxito. 3) Histero-epilepsia. Estenosis del orificio externo del útero. Dilatación con sangrado. Curación. 1) Histeria magna. Castración. A.L. 32 años de edad, soltera, tiene un lastre hereditario, ya que padre y madre han muerto de una afección cerebral (¿Apoplexia cerebri, dementia paralytica?). Ausencia de regla a los 19 años, por un período aproximado de un año; al mismo tiempo muy irritable y de carácter perturbado; por lo general, continuamente afecta a la constipación posterior a la menstruación irregular. A los 24 años “espasmos de pecho” los cuales duran unos meses. Desde los 28 años, cuando la madre muere, casi de manera continua presenta fatigas nerviosas y anomalías psíquicas: primero, fuertes estados persitentes de depresión, habla mu  Traducido del alemán por Alberto Adhemar Carvajal.   En lo sucesivo todas las operaciones citadas han sido propuestas y desarrolladas por el Señor catedrático no numerario Dr. M. Sänger, y por consiguiente corresponde a la parte esencial de los resultados obtenidos.

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cho mientras duerme, al mismo tiempo fatigas locales (principalmente con dolor) de parte de los órganos sexuales internos, por lo cual busca ahora a menudo ayuda médica. Ella toma en esto una predilección en ser tratada por médicos jóvenes que, sin embargo no establece ninguna grave correspondencia; en lo sucesivo devendrá ostentosamente cariñosa para con sus parientes masculinos, sin embargo sin rebasar los límites de la decencia. Alrededor de los 29 años presenta grandes accesos convulsivos de histeria (cfr. supra), con pequeñas interrupciones hasta su internamiento de regreso en la clínica. Por ello, es hospitalizada en un centro diácono, sin que allí encuentre ninguna mejoría. Ella regresa de allí (8 meses de internamiento en la clínica) con sus parientes y esta vez consulta de nuevo, sobre todo ginecológicamente, no obstante sin éxito. En una de las últimas constató un considerable flujo de exsudado paramétrico (aspecto no especificado). Ahora se presenta muy frecuentemente junto con las convulsiones generales, también locales, en particular trismus, singultus, globus, además risa y espasmos de llanto, vómitos, tympanites, retentio urinae con micciones dolorosas, gran dolor en la región hipogástrica, particularmente en la menstruación que se ha incrementado hasta hacerse insufrible, dolor de cabeza, de vez en cuando hemianestesia izquierda (de tal suerte que creyó que había perdido brazo y pierna), sensación de pesadez con “debilidad de parálisis formal” similar a la afasia de las extremidades izquierdas, hemorragia en nariz y oídos. En los últimos años antes de su entrada a la clínica se intensificaron las anomalías psíquicas en diversidad y duración. Sospechaba actos obscenos si se acercaban personas masculinas (médicos, parientes, etc.), y también intenta tenerlos, sin contar además con otras ideas de persecución; está mayormente deprimida, quiere morirse, quiere quitarse la vida, hace algún intento, pero sin energía; más tarde se une por ello, a ideas religiosas, habla bastante que Jesús la sanará de su enfermedad. Por algún tiempo está violenta, agitada, grita y canta fuerte, tanto que los vecinos reclaman su alejamiento. Esta loca agitación se funda en parte en alucinaciones: ella ve animales salvajes a su alrededor, hombres con cuchillos de los que logra desprenderse, escucha correr agua, habla también de “lobos” que están delante de su puerta y ella los mata; la conciencia aquí aparece esencialmente mermada. A veces realiza actos sin sentido, por ejemplo, se recorta el cabello y se alegra entonces de que “su hermana haya sacrificado lo que 75


ella debía hacer”. La energía intelectual y su capacidad para emplearse en alguna ocupación menguó más y más. Ya no trabaja en definitiva en nada (una vez dejó la cama y todas las mañanas se interesó enérgicamente en los quehaceres domésticos sobre la base de una alucinación, como de una ilusión onírica; ella pretende haber visto una forma blanca sentada sobre su cama, a la cual evoca, muéstrase ahora sana, sólo el placer del trabajo la anima unas pocas horas). La memoria de la enferma se debilita, particularmente la del pasado reciente, aparenta juicio debilitado, el contenido de su habla es mayormente un desatino banal y sin sentido. A consecuencia del incremento de los interecurrentes estados de agitación con gritos, cantos, etc., fue conducida el 3 de abril de 1883 a la clínica de alienados. Estado actual: Persona de estatura mediana, de estado alimenticio promedio. Exceptuando los órganos sexuales (cfr. supra), los demás en conjunto están sanos menos los pulmones, los cuales parecen agrandados (cubierto el lado izquierdo del corazón, a la derecha, extendido hasta la 7a región intercostal). La región hipogástrica izquierda, altamente sensible a la presión, sonido timpanizado a la percusión sobre todo el abultado abdómen. La comisura izquierda de los labios se encuentra más profunda que la derecha; la lengua desviada a la izquierda; el hombro izquierdo algo más inclinado, el brazo izquierdo algo parético. Ninguna contractura en los pies en decúbito en plantaflexión. Flexión tendinosa elevada en alto grado en las extremidades inferiores; a un suave golpeteo en un tendón patelar surgen intensos e intermitentes temblores en ambas extemidades inferiores, a golpes intensos se presentan también convulsiones en los brazos y, un tremor particular y generalizado. La sensibilidad cutánea sin observable molestia; sólo la sensibilidad dolorosa de la izquierda es mayor que la de la derecha. A la derecha, del fondo de ojo se presenta staphyloma posticum de la magnitud de tres pupilas, en otras ocasiones en proporciones normales. Psíquicamente se distingue un leve grado de debilidad mental, mientras la paciente se desvía en el habla ligeramente y relata diversas cosas insignificantes con risas infantiles en lenguaje tardo y torpe. En los siguientes días habla bastante de atentados sexuales que en ella fueron perpetrados; de Cristo, quien la redimirá de su enfermedad y cosas semejantes. Convulsión de tres cuartos de hora de duración hacia 76


la noche del tercer día. Se desploma repentinamente, ambos brazos están horizontalmente extendidos (posición de crucifixión) y se abandona a sí misma con el uso de una gran fuerza, sin doblarlos, trismus, ojos bien abiertos y parecen fijados en las personas circundantes, conjuntiva y reflejo de iris conservados. Posterior a esto ambos brazos hacia abajo con el dorso de las manos vueltos el uno contra el otro, estirados hacia adelante en forma horizontal, la cabeza lanzada hacia atrás y sostenida durante un tiempo en esta situación. Durante una media hora se alternan las contracciones tetánicas con espasmos en la misma zona de los músculos: de la masticación, de la nuca y de las extremidades, los cuales generalmente se presentan tan pronto como el tendón patelar es golpeado. En esto particularmente llama la atención que generalmente al golpear el tendón patelar izquierdo suceden convulsiones en el pectoral derecho. Durante todo el rapto, el pulso cardiaco acelerado sin importancia, por lo general en 84 aproximadamente; respiración cerca de 24. La sensibilidad al dolor reducida, no totalmente extinguida. Al finalizar la convulsión inicia a hablar con su entorno en tono afectado y alemán quebrantado. “Yo no he hecho nada malo, le conozco, parece tener otro aspecto” y más cosas semejantes. Más tarde nuevamente una convulsión sólo en la zona de la cabeza: fuertes torceduras hacia afuera de la comisura derecha de la boca, orificio espasmódico de la boca con el maxilar inferior dilatado, colgante, el cual continuamente de nuevo regresa a esta posición con gran fuerza, en cuanto se levanta contra el maxilar superior, por último violentas convulsiones generalizadas tónico clónicas y después de algunos minutos entra en sueño, el cual dura toda la noche. Se despierta con la sensación de un gran agotamiento y un fuerte dolor de cabeza, presunta amnesia para la mayoría de los acontecimientos durante el rapto. De la misma manera se repiten raptos semejantes en la serie de pausas a menudo cortas y largas. Los estados convulsivos se alternan en la medida que participan algunas veces sólo los músculos de la cara y de la masticación. Entre ellos se presenta raptos repetidos, donde la paciente palidece mucho, muestra un pulso levemente acelerado, se queja de violentos dolores corporales y gritando aquí y allá, da vueltas; de cuando en cuando, haciendo ésto se desmaya (nunca, sin embargo, asfixiada, antes de la operación, cfr. abajo). Con respecto a lo psíquico la enferma presenta durante los primeros meses en la clínica una permanente intensidad alternante del 77


Was wünsch das Weib?

Alberto Carvajal

Introducción Texto pensado hace algunos años, cuando me encontré por primera vez con el artículo de Flechsig (1884), sin embargo, resultaba ante la polémica que en él se traba, en un texto vacío. Me conminaba a escribirlo el simple hecho de haberlo leído una y otra vez para hacer ese intento siempre fallido de una traducción. La conminación se hizo efectiva a través de una invitación simplemente a escribirlo. Escribir en el vacío del vacío que me produjo la lectura del artículo en cuestión. Es tal el grado de descripción técnica que el texto resulta vacío… de persona. La intervención quirúrgica queda lograda porque lo que se extrae es lo que de persona tienen esos cuerpos. Se trata de tres casos de quienes uno se entera poco. Lo que dicen y hacen queda extirpado… la salud: ese silencio de los órganos, es de lo que se destaca en tanto cura… más aún, se trata la cura de la historia, el silencio. Por el contrario, la experiencia del Presidente Schreber, para el que Freud exigiera: “¡Deberían de haberlo hecho profesor de psiquiatría!”, es radicalmente sonora. Es por esta vía, la del sonido que ahora se impone un texto cuyo tejido recupera varios puntos dispersos. Unos, planteados socarronamente en el mismo artículo en cuestión, en su intento de privilegiar la intervención médica a expensas de cualquier intento firmado por el campo psi, no es sino una muestra de aquello que está en la palestra de la época y, que aún no deja de estarlo en nuestros días. Otros, entresacados de la obra   carvajalberto@gmail.com

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freudiana de la última década del siglo xix, lo que le procura más aun, el carácter radical de los escritos, digamos así, preanalíticos. Unos más, de la inspiración de El loco impuro, de Calasso (2003) que nos orientan, apoyados en las Memorias, hacia aquello que sostiene la controversia de la que Flechsig intenta salir adelante a través de la castración, la voluptuosidad que se desataba a propósito de la intervención en la magna histeria, cuyo tinte médico-jurídico parecía definir y sancionar lo femenino. Con Berta, quedamos ahora advertidos, que la intervención propuesta por el Profesor de Leipzig, conviene otorgarle, o bien, incorporar otra dimensión, no para destrabar lo que él discute, sino para leer en el silencio donde este médico parece encontrar la cura, no otra cosa que el fondo que permitiría, la reedición final, analítica, de un grito, un aullido quizás, y el desenlace en una carcajada.

Spiritus animalis residet in substantia cerebri Se plantea a raíz de ésto, ante todo, la pregunta si se puede considerar a la enfermedad de los órganos sexuales como el punto de partida de las anomalías nerviosas. Flechsig El Profesor advertía la acción real de los llamados “órganos sexuales” en las afecciones psíquicas, la herramienta de la que disponía, la que tenía a la mano para efectuar una intervención, un corte en esa serie… era un bisturí De ahí que la terapia tuvo que ver, desde un principio con una doble tarea: la eliminación de la fuente patológica estimulante (…) Sobre el fundamento de esta situación se procedió el 10 de julio [1883] a la castración (…) En una sesión personal, en julio de 1884, produjo en todos los sentidos, una impresión totalmente normal, en particular, en relación a su energía intelectual, discernimiento, y cosas semejantes. Periódicamente da cuenta de esta situación, en la cual ella destaca en reiteradas ocasiones que se siente “como vuelta a nacer”, prueba que hasta ahora (2ª mitad de septiembre de 1884) nunca ha vuelto a mostrar síntomas histéricos. (Primer caso descrito en el artículo en cuestión). 100


¿La intervención quirúrgica tiene digamos, efecto psíquico, o, ella misma ha sido de hecho, la causa material más esencial, por la que fueron eliminados todos los síntomas de la enfermedad? Al final de su estudio confirma... No dudo que tenga buen resultado la indicación para la castración como medio contra la neurosis y la psicosis, a través de esa acuidad a desarrollar en presencia de una de ellas, a pesar de todos los avances técnicos, de todos modos no es inofensivo presentar a la operación como imprescindible. Y culmina... Una parte de los mismos tiene mi convencimiento de una relación cierta de la enfermedad con los órganos sexuales de manera que, aún cuando en forma diferente, concierne a una conocida categoría de estos casos la utilidad de un tratamiento práctico, que aquí sólo ha merecido una prueba empíríca. “[la psicología] a pesar de todos sus esfuerzos, no ha logrado elevarse al rango de ciencia exacta… se ha convertido en la arena de ocurrencias extravagantes de cualquier tipo” (Flechsig, 1896:7 citado por Calasso). Freud (1988) advertido de esta polémica le escribe a Fliess “…me encuentro tan atollado en la “Psicología para neurólogos” que me consume por completo (Carta 23) (…) ¿Y qué saldrá de todo esto?” “Esa psicología me ha hecho desde tiempos inmemoriales su lejano y cautivante llamado, pero ahora, desde que di con las neurosis, se ha tornado mucho más próxima. Dos ambiciones me atormentan: primero, averiguar qué forma cobrará la teoría del funcionamiento psíquico si se introduce en ella un enfoque cuantitativo, una especie de economía de la energía nerviosa, y segundo, extraer de la psicopatología aquello que pueda ser útil para la psicología normal” (Carta 24 [1895]) (Freud, 1988:326). “Órganos sexuales… una especie de economía de la energía nerviosa” son los elementos que podemos decantar de una y otra postura. Sin dejar de tomar en cuenta la diferencias, podríamos decir que ambas se orientan por la máxima del médico pontificio del siglo xvi Constantino Varoli (citado por Calasso): Spiritus animalis residet in substantia cerebri, a la que Freud atenderá... 101


“La psicología es realmente un calvario para mí; jugar a los bolos o juntar hongos en el campo son, por cierto, cosas mucho más sanas. Después de todo, yo solo pretendía explicar la defensa, pero hallé que eso me llevaba a explicar algo que pertenece al núcleo de la naturaleza…” (id., 1988:326-7). Cinco años después confiesa Freud su convocatoria a los dioses del averno, al hablar de la herencia filogenética y las zagas que habitan en los sueños de los hombres, de cuya fuerza no deja de abrevar el mundo pulsional. Planteamiento, éste último, que comparte el Profesor de Leipzig al otorgar un “trabajo inconsciente” a las neuronas centrales “había procesos psíquicos inconscientes de alta dignidad, que no están subordinados sino que están por encima de los procesos conscientes” (Calasso, 2003:22). Argumento que para ambos les confirmaba en su postura que, se tocaban en un punto, justo en aquel que los distanciaba.

Lo femenino, voluptuosidad y la fantasía Así, en la base de esta discusión entre una intervención desde el campo psi, o bien, desde la causa material está un real del cuerpo: los órganos sexuales que en la tradición schreberiana tienen un lugar, la corrupción, la salida, su dominio, la saneación, base del Orden del Mundo. Aquello que era campo del anatomista “nombrar esas partes [sexuales], describirlas e incluso mostrarlas sin correr el riesgo de cometer impudor.” “…en esas partes se muestra la “admirable estructura” en el cadáver, oprobio en el cuerpo viviente, y la “sabiduría del Creador”. Calasso nos alerta que la distinción en el blasón de la familia Schreber no era otro que “sanear el universo, extirpando el ‘mal placer’ que desciende por corrupción filológica de Tobías, 8, 9, es la misión de los margraves de Tuscia y Tasmania” (2003:13). El padre del Presidente implacable asestaba contra las “silenciosas aberraciones”: “El hombre puede hundirse hasta convertirse en un verdadero horror, si se pierde por vías antinaturales en el intento de satisfacer su placer sexual, como sucede precisamente con el espantoso vicio de la profanación de sí mismo, ya que nada cobra venganza de modo tan seguro y terrible como la naturaleza violada” (id., 2003:15). Schreber, nos advierte el autor citado, sabe que el enemigo está en el 102


La parcela no es un fragmento Alberto Sladogna

No lo estudies así, corta un pedazo de una página y trata de inventar algo. Felix Guattari, ocurrencia al autografiar un ejemplar de El Antiedipo.

E

l texto de Gilles Deleuze y Felix Guattari, El Anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia (Nueva edición ampliada, Paidós, 1973) fue catalogada como una obra “desordenada” en una actividad. Al recibir eso el público reaccionó en forma diversa: para unos “¡fue una crítica demoledora!”; para otros “se colocó un límite a los puntos exteriores a la obra de Jacques Lacan”, más allá de cual habrá sido el objetivo de quien la pronuncio —eso lo sabrá él y solo él— llama la atención que no se haya registrado el componente de reconocimiento y admiración que esa calificación transporta. ¿Cómo? ¿Por qué reconocimiento, admiración? Gracias al desorden de los textos de Sigmund Freud, desorden que rompe y constituye la apariencia de sus llamadas “Obras completas”, esos textos se transmiten y tienen en tal o cual parcela vigencia, vigor, actualidad de cuestionar. Gracias a ese desorden, Jacques Lacan tomó apoyo para darle, según creyeron algunos, un “orden simbólico” al texto freudiano (¿requerían más simbólico?). Lacan estableció un orden desordenado a partir de apoyarse en parcelas tomadas de Freud, señalo una: retroactividad, retroactivo, retroactivamente, a posteriori (Nachträglichkeit; nachträligch) a su vez, hoy más que ayer, pese a sus discípulos “directos”(¡¡¿¿…?!!) y a la “erudición lacaniana”(¡¡¿..?!!), los textos de Jacques Lacan desde sus escritos hasta el conjunto de sus seminarios orales muestran su componente parcial, parcelado. ¿Cómo se muestran?  

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sladogna@gmail.com


Solo se muestran al leerlos. Cuando se lee no es el conjunto o la totalidad que nos toca, suele ocurrir que tal o cual parcela nos convoca a desplegar ese tema o tal pregunta respecto de la parcela. Allí en ocasiones se encuentran, se produce algo del orden de un invento. La parcela no remite a una totalidad, solo el fragmento es constitutivo de tal o cual totalidad, ¡Qué casualidad!, quedamos afectados por una parcela que pone en marcha la máquina de dar vida a una frase o una palabra o una serie de hojas que estaban mudas, quizás que estaban muertas. Si, la parcela no es un fragmento, ella no persigue ni reclama integrarse a una unidad superior o total. Aquí algunos fragmentos de ese texto de 1973 de Gilles Deleuze y Felix Guattari.

Máquinas deseantes El seno es una máquina que producen leche, y la boca, una máquina acoplada a aquélla. La boca del anoréxico vacila entre una máquina de comer, una maquinaria, una máquina hablar, una máquina respirar (crisis de asma). De este modo, todos bricoleurs; cada cual sus pequeñas máquinas… Algo se produce: efectos de máquina, pero no metáforas. Por completo diferente de los momentos en que Lenz se encuentra en casa de su buen pastor, que lo obliga orientarse socialmente, respecto al dios de la religión, respecto al padre, a la madre. En el paseo, por el contrario, están las montañas, bajo la nieve, con otros dioses o sin ningún dios, sin familia, sin padre y mi madre, con la naturaleza “¿Qué quiere decir mi padre? ¿ puede darme algo mejor? Imposible. Dejádme en paz.” Lenz se colocó más allá de la distinción hombre-naturaleza, más allá de todos los puntos de referencia que esta distinción condiciona. No vivió la naturaleza como naturaleza, sino como proceso de producción. Ya no existe ni hombre ni naturaleza, únicamente el proceso que los produce a uno dentro del otro y acopla las máquinas.   En los textos Escritos de Lacan se encuentra el término morcelé, parcela y el término fragment/s, fragmento/s. Cada uno de esos significantes no envían ni muestran el mismo signo, no hacen cadena.

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Por ello, la producción deseante es la categoría efectiva de una psiquiatría materialista que enuncia y trata al esquizo como Homo natura. No obstante, con una condición que constituye el tercer sentido en proceso: no hay que tomarlo por una finalidad, un fin, ni hay que confundirlo con su propia continuación hasta el infinito. El fin del proceso, o su continuación, hasta el infinito, que es estrictamente lo mismo que su detención brutal y prematura, es la causa del esquizofrénico artificial, tal como lo vemos en el hospital, andrajo autistizado producido como entidad. Lawrence dice del amor: “Hemos convertido un proceso en una finalidad; el fin de todo proceso no radica en su propia continuación hasta el infinito, sino en su realización… El proceso de tender a su realización, pero no acierta horrible intensificación, acierta horrible extremidad en la que el cuerpo y el alma acaban por perecer”. El deseo no cesa de efectuar el acoplamiento de flujos continuos y objetos parciales esencialmente parcelarios en y parcelados… todo “objeto” supone la continuidad un flujo, todo flujo, la parcelación del objeto. Cuando Lévi-Strauss define el ”bricolage” , propone un conjunto de caracteres bien engarzados: la posesión de un stock con un código múltiple, heteróclito y sin embargo limitado; la capacidad introducir las parcelas en parcelación es siempre nueva; de lo que se desprende una indiferencia del producir y del producto, el conjunto instrumental y del conjunto a realizar. La satisfacción del “bricoleur” cuando acopla algo a una conducción eléctrica, cuando desde un conducto de agua, no podría explicarse mediante un juego de “papá -mamá” y en un placer de transgresión. La regla de producir siempre producir, incorpora el producir al producto, es la característica de las máquinas de si antes o de la producción primaria: producción de producción. El cuerpo no sin órganos en lo improductivo, lo estéril, lo engendrado, lo consumible. Antonin Artaud lo descubrió, allí donde estaba, sin forma y sin rostro… El presidente Schreber “durante largo tiempo vivió sin estómago, si mi destino, casi sin pulmones, el esófago desgarrado, sin vejiga, las costillas molidas; a veces se había comido parte de su propia laringe…” el cuerpo sin órganos es lo improductivo; y sin embargo, es producido en el lugar adecuado y a su hora en la síntesis colectiva, 116


como la identidad del producir y del producto (la mesa esquizofrénica es un cuerpo sin órgano). El cuerpo sin órganos no es el testimonio de una nada original, como tampoco es el resto una totalidad perdida. Sobre todo, no es una proyección; no tiene nada que ver con el cuerpo propio o con una imagen del cuerpo. Es el cuerpo sin imagen. El, lo improductivo, existe allí donde es producido, en el tercer tiempo de la serie binaria-lineal. La máquina paranoica es en sí un avatar de las máquinas recientes: es el resultado de la relación de la máquina de si antes con el cuerpo sin órganos, en tanto que éste ya no puede soportarlas. Lo que ocurre, simplemente, es que la forma de producción social también implican una pausa improductiva; inercia generada, un elemento de anti producción acoplado al proceso, un cuerpo lleno determinado como socius. Éste puede ser el cuerpo en la tierra o el cuerpo despótico o incluso el capital. De él dice Marx: no es el producto del trabajo sino que aparece como su presupuesto natural o divino. El capital es el cuerpo sin órgano del capitalista o más bien del ser capitalista. Pero como tal, no es sólo sustancia fluida y petrificada del dinero, en lo que va a proporcionar a la esterilidad del dinero la forma bajo la cual éste produce a su vez dinero. Produce la plusvalía, como el cuerpo sin órganos se reproduce asimismo, brota y se extiende hasta los confines del universo. Carga la máquina de fabricar con una plusvalía relativa, a la vez que se encarna en ella como capital fijo. De ahí las extrañas relaciones que Schreber mantiene con Dios; al que pregunta: ¿cree usted en Dios?, debemos responder de un modo estrictamente kantiano o schreberiano: seguro, pero solo como señor del silogismo discontinuo, como principio a priori de este silogismo (Dios define la Omnitudo realitatis revela que todas las realidades derivadas surgen por división). Freud señaló con insistencia la importancia de esta síntesis disyuntivas en el delirio de Schreber en particular, pero también en el delirio general. “Una división de este tipo es por completo característica de las 117


Enseñanza de un testimonio (segunda parte) Carmen Cuéllar Zavala

2.2 El problema de la nominación. ¿Depresión? ¿Melancolía? ¿Enfermedad? ¿Locura? Nos parece necesario iniciar este apartado con la protesta y el cuestionamiento que Styron hace al uso del término “depresión”. Hay en ello un rechazo explícito en tanto que para él se trata de un sustantivo “de tonalidad blanda y carente de toda presencia magisterial”(p. 39). Se trata, nos dice, de un término que se usa indistintamente para describir, ya sea un descenso en la economía o bien una inclinación en un terreno (otro de sus usos, agregamos nosotros, es para referirse al estado climático, así por ejemplo se habla de “depresión tropical”). Hay una cierta ironía cuando hace mención del psiquiatra Adolf Meyer, “científico y miembro venerado” de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, a quien le atribuye la responsabilidad de haber difundido en nuestra época la palabra depresión, diciéndonos que no fue consciente del daño semántico que produjo cuando propuso el sustantivo “depresión” para describir “tan horrible y devastador mal”. Argumentando que “ (…) la palabra se deslizó de modo inocuo por el idioma como una babosa, dejando escasa huella de su malevolencia intrínseca e impidiendo, por su misma insipidez, un conocimiento generalizado de la espantosa intensidad de la enfermedad cuando está fuera de control” (p. 40). Subrayamos, un daño semántico que tiene una repercusión directa, en este caso, en un desconocimiento generalizado sobre la enfermedad. Nosotros únicamente agregaríamos que el problema se complica aún más, cuando dicho desconocimiento repercute necesariamente en el diseño y operación de los distintos modos de abordaje clínico. Esta observación, sobre las implicaciones reales y fácticas resultantes del modo en cómo nombramos ciertos fenómenos, hechos o 125


experiencias, nos parece realmente esclarecedora en cuanto señala la degradación que se produce en nuestra relación con el lenguaje cuando reducimos la diversidad de sus significados y nos conformamos con signos asépticos que propone el campo médico-psiquiátrico con la justificación de que se ajustan a criterios supuestamente científicos. Styron localiza cómo el silencioso deslizamiento de la palabra repercute y tiene efectos directos en el modo de pensar, conceptualizar y, nosotros agregamos, sobre todo en el tipo de acercamiento clínico al fenómeno que la palabra ciñe. La palabra “depresión” tiene el carácter de un cliché vacío de sentido, pero al mismo tiempo, todo el mundo la usa y cree saber de qué se trata. Ante esta situación Styron se irrita y protesta poniendo en evidencia el absurdo de la respuesta generalizada que se produce cuando un sujeto quiere trasmitir a otro la propia vivencia depresiva: “Ya saldrás de ello… todos tenemos días malos” como si se tratara de un simple resfriado. Creo que no nos cuesta trabajo localizar en nuestro entorno inmediato este tipo de respuestas, a las que agregaría: “Tal vez estás muy tenso o estresado”, “descansa y relájate”, “Para qué sufres, hay un medicamento maravilloso”, medicamentos que sabemos se venden a la vuelta de cualquier esquina desconociendo radicalmente —tanto el que lo consume, como el que lo prescribe— sus desastrosos efectos a corto, mediano y largo plazo. Esta respuesta generalizada, señalada por nuestro autor, está en relación directa con lo que venimos comentando; la banalización que se va produciendo en nuestra relación con el lenguaje; la promoción de que es posible, que una palabra, una sigla o un número, por sí mismo, es capaz de nombrar y resumir la experiencia y el universo de sentidos implicados en un sujeto cuando ve su vida sumergida en una experiencia como la depresión o cualquier otra, sea de orden emocional o físico. También nos parece importante el señalamiento que hace Styron sobre la respuesta de indiferencia que es común que se produzca frente a la depresión del otro: de lo que le ocurre al otro, no podemos o no queremos saber. Como si el abrirse a escuchar la angustia del otro tocara fibras propias que, en tanto desconocidas, nos resultan insoportables provocando un alejamiento o distancia automática. Styron nos confiesa que a él mismo le ocurrió mostrarse de forma indiferente frente a la   Este asunto lo abordaremos más adelante en el apartado intitulado “La medicación. Problematización del lugar y función del psiquiatra y la psiquiatría”.

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angustia de Romain Gary, uno de sus amigos, que después de años de experimentar la angustia, en 1980 se dio un tiro en la cabeza. Styron nos relata su encuentro durante un almuerzo en el que Gary le comentó el modo en que su depresión lo arrastraba al punto de la invalidez: “Pero ni siquiera entonces fui capaz de comprender la naturaleza de su angustia. Recordé que le temblaban las manos y, aunque no era fácil tomarlo por un anciano —mediaba los sesenta— su voz tenía el tono resollante de la edad avanzada, que ahora entiendo que era, o podía ser la voz de la depresión” (ver p. 32). El que Stryron cuestione el uso de la palabra “depresión” para referirse a la experiencia que pretende nombrar y describir, no implica, sin embargo, que la borre de su vocabulario. Así nos habla tanto del mal de la depresión, como de la melancolía, término que habiendo sido usurpado por el sustantivo “depresión”, le resulta más adecuado y evocador para hablar de su experiencia. Junto a estas distintas denominaciones encontramos también la palabra locura, término que desde su perspectiva nombra de mejor manera esa forma extrema de la depresión a la que él se vio sometido (p. 46). Queremos hacer una anotación sobre éste último aspecto, pues nos parece necesario esclarecer una confusión que se produce cuando Styron habla sobre el término de “locura”. Nos dice: “La locura resulta de un proceso bioquímico aberrante. Se ha establecido con razonable certeza (tras una fuerte resistencia por parte de muchos psiquiatras y no hace mucho) que tal locura es inducida químicamente entre los neurotransmisores del cerebro, probablemente como resultado de un estrés sistémico, que por razones desconocidas causa un agotamiento de los factores químicos norepinefrina y serotonina, y el incremento de una hormona, el cortisol” (p. 46). No nos sorprende encontrar en nuestro autor esta tesis neurobioquímica sobre la locura; tesis generalizada y de gran auge, sobre todo a partir de los años 50, con la aparición en el mercado de los psicofármacos propuestos por los grandes laboratorios farmacéuticos y su rápida expansión entre la población. Es una tesis promovida por el discurso de la ciencia vigente que se expande y que, tomando por nuestra cuenta la observación de Styron sobre la palabra “depresión”, también se desliza como una babosa en el lenguaje cuando nos enfrentamos al sinnúmero   Romain Gary (1914-1980) Escritor y diplomático francés. Combatió como piloto en las Fuerzas Armadas de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, siendo merecedor con la “Cruz de Guerra” por su valor. Dos veces ganador del premio Goncourt: “Las raíces del cielo” (1956), “La vie devant soi” (1975).   Este tema lo comentaremos con más detalle en el siguiente apartado: “La medicación. Problematización del lugar y función del psiquiatra y la psiquiatría”.

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de interrogantes sobre aquello que desencadena o causa la locura. Sin embargo afirmamos que una lectura atenta y pausada del testimonio de Styron nos muestra que dicha tesis no se sostiene, en el sentido de que no se ajusta a las explicaciones y revelaciones a las que Styron arribó y que le permitieron un giro de salida a su locura. Por lo menos, frente a su locura, como lo veremos más adelante, la tesis neurobioquímica y sus fármacos no le proporcionaron, ni alivio, ni mucho menos una resolución al ahogo y desesperación de su angustia. Ya sea que Styron denomine a su experiencia valiéndose de la palabra depresión, melancolía o locura, lo cierto es que el hueso duro, lacerante y agónico de su vivencia es la angustia que lo consume, que trastoca su mundo, las relaciones con los otros, con su cuerpo y con su intelecto. Angustia que lo condujo a enfrentarse al terrible absoluto de la autodestrucción, y que a diferencia del destino de muchos hombres y mujeres mencionados en su testimonio, él pudo responder con una negativa, producir un gesto de rechazo y optar por continuar su vida. El aspecto ya señalado en párrafos anteriores en relación a la observación de lo insoportable que resulta enfrentarse a la angustia del otro, y la consecuente distancia que comúnmente se genera frente a ella, es un problema que la clínica psicoanalítica, en distintos momentos y por distintos costados, ha abordado y atendido. Un ejemplo de ello son los trabajos de Piera Aulagnier —psicoanalista que durante la mayor parte de su vida se dedicó al trabajo con sujetos diagnosticados con psicosis— en los que encontramos señalamientos clínicos de suma importancia en relación a los efectos que la angustia produce, no solamente en quien la padece, sino también en aquel, que por diferentes razones y circunstancias, se encuentra en posición de recibirla, escucharla, acogerla o bien soportarla. Nos referimos específicamente a un trabajo titulado Angustia e identificación en el que, entre otros aspectos importantes, nos señala que no hay afecto que soportemos de peor manera en el otro que la angustia. Es decir, frente a la angustia del otro, está de manera omnipresente el riesgo de responder de forma paralela. Nos dice que por ejemplo en el sadismo, la agresividad puede suscitar en el partenaire una reacción inversa o contraria, ya sea   Este asunto será tratado en el inciso 2.4.   Trabajo con el que Piera Aulagnier intervino en el Seminario de Jacques Lacan sobre La Identificación realizado entre 1961 y 1962. Seminario establecido en su versión crítica por Ricardo E. Rodríguez Ponte.

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Notas Tiberio Crivvelaro

Cierro estas notas para los pocos indómitos que han llegado a leer tantas extravaganzas, escritas en prosa con algún rebuscado neologismo. A ellos les propongo, más adelante, una reflexión acerca de algunos fragmentos significativos extraídos del texto “Filosofía teorética” de Carlo Sini (Ediciones Jaca Book, Milán, 1992). Y ahora bien, las referencias (en mi recopilación) a la existencia de tantos “canallas”, no sólo epistemológicos, están hechas intencionalmente. Ninguna coincidencia involuntaria entre las varias in-humanas “areton” que se respiran entre líneas. Por lo cual espero que alguno de los muchos pusilánimes se sienta “tocado” aun cuando sine nómine. Tengo la vana esperanza de que algún vil sabio se muestre. Aunque sólo fuera por Justitia hacia tantos estudiantes modelo y sin embargo cautivos, aprendiendo de malos maestros. Como canallas disfrazados no sólo de “titulares de cátedra”, sino también de “opinionistas” considerados eruditos intelectuales; trátese de poetas, científicos o periodistas que obedecen al poder, a las persuasiones ocultas. Por cualquier tipo de interés personal. Espero, además, que las notas extraídas de “Filosofía Teorética” de Carlo Sini sean exploradas como re-construcción de una Civis así que puedan empezar a deshacer la feliz Babel en Una isla que no existe…

Hegel: (…) por un lado la filosofía es una expresión del devenir histórico-social de la humanidad europea, por el otro la filosofía es la comprensión universal y final de ese mismo devenir filosófico-histórico e incluso de la historia como proceso general de toda la realidad (…)

La filosofía “absoluta” hegeliana es el propio espíritu que deviene en la realidad que se conoce y que, por así decirlo, se ilumina a sí mismo como realidad racional completa y desplegada. 166


Voluntad de verdad es, de por sí, voluntad y experiencia de la nada, cuya búsqueda milenaria no puede al final más que conducir a la revelación desplegada de la nada de esa misma voluntad. La pregunta acerca del sentido, siendo en su radicalidad filosófica reducción metódica al no-sentido, no puede, repitiéndose, más que producir aquel sinsentido que la constituye (…) El que huye cree abandonar el pensamiento, sus estériles paradojas y sus inquietantes peligros (…), pero en realidad no hace más que reafirmarlos llevándolos consigo. En efecto él piensa encontrar la verdad en otra parte… (…) La verdad eterna del ser (…) es la senda de todos los libros, de todos los tratados que los filósofos de Occidente han escrito y luego parcialmente transcrito, comentado y vuelto a escribir por siglos y siglos, entre los muros de los conventos y sucesivamente de las universidades, encerrados en los cubículos renacentistas, en las aulas de las academias y de las bibliotecas, mientras afuera y alrededor estallaban guerras, epidemias y revoluciones. Siempre buscando la verdad de la razón, de la universal voz persuasiva del logos y de sus signos lógicos. (El filósofo es realmente el “funcionario de la humanidad”, como dijo Husserl, es decir el fundador de un hombre ideal, trascendental y extra-sensible… aquella voz que en silencio habla al alma y que Sócrates fue el primero en escuchar: ¿voz verdadera que a su vez transcribe una visión panorámica infinita, misma que contempla al mundo sub specie aeternitatis? (Ésta es una pregunta que formularía a Sini filósofo) —El fracaso de este proyecto filosófico milenario está ante la mirada de todos hace por lo menos dos siglos— me contestaría probablemente Carlo Sini. En lugar de asumir inconscientemente la pregunta, de considerarla como “obvia” (que es justamente lo que Sócrates, es decir la filosofía griega, enseña, enseña a no hacer…) nosotros preguntamos acerca de la pregunta misma (…) El sabio es quien mira las cosa desde arriba, es decir que asume un punto de vista pan-orámico (no el mío, el tuyo, el suyo —dirá Peirce) (…) Heráclito y Parménides, cada uno a su manera, piden a los hombres que sean “racionales”, dejando de lado sus patéticas iniciaciones y sus oscuras simbologías culturales (…). Sin embargo, el hombre no puede elevarse hasta el pensamiento puro, no puede siquiera concebir167


lo (…) si no es como su praxis y sobre todo su práctica lingüística (…) El hacer del discurso, su poiesis, está en este sentido estrechamente unido con el hacer emocional poético, es decir con la palabra poética (…) en un choque decisivo de universos culturales, o mejor dicho, de universos de “sentido”, con el fin de restablecer, en contra de la tradición poética, la paieia y la episteme filosófica. El filósofo teorético se da cuenta también que el acabarse, el palidecer y extinguirse de su figura entre las demás figuras autorizadas y públicas del saber, obedece a razones profundas, que no se agotan en el hecho, ciertamente verdadero, de que su voluntad, su instinto de conocimiento filosófico, su alma de hombre del conocimiento teorético no pueden encontrar realización y cumplimiento adecuados (…) La razón de su desconcierto es más radical, en cuanto lo pone frente no a una eclipsis histórica, sino a una contradicción estructural, es decir frente a una crisis radical del sentido de nuestra civilización (…) El filósofo teorético se percata hoy nítidamente de que “alma” y “pensamiento”, “lógica” y “verdad”, “humanidad” y “mundo natural”, y así sucesivamente, no son las realidades universales y absolutas que él siempre había creído(…). Es como si el fracaso de ese milenario proyecto filosófico no estuviese ante los ojos de todos desde hace dos siglos (como ya en este sentido he comentado más arriba). (…) O, por último, a las varias especializaciones que, entre todas, se han inventado una nueva super ciencia, bajo el nombre de bioética, en grado de establecer los límites y las finalidades de la práctica científica. (…) La crisis de la filosofía teorética es entonces mucho más que un episodio marginal de la cultura mendigable, sino que concierne, por el contrario, el sentido de la vida de todos (…) Naturalmente, entre las renuncias pesimistas está también la de seguir pensando. (…) El filósofo teorético se “especializa” en algún sector (desde la epistemología a la hermenéutica; desde la lógica, cuyos símbolos matemáticos confieren una garantía o por lo menos una apariencia de competencia científica, a la politología, que permite hacer manifiestos nobles sentimientos morales y sociales en defensa de la libertad y del bien); y, finalmente, juega el papel del “experto” en los medios de comunicación, partiendo para el pueblo el pan del “declino del ser”, ecuménicamente condimentado con ética simplona y con optimismo sociológico (…) Los más atentos y creativos pasan la frontera e invaden el territorio de la literatura, de la 168


poesía, de la religión, gnóstica o no (…) En todo caso, “todo va bien”, puesto que ya no se puede seguir (solo) pensando (…) La palabra “ética” no indica naturalmente una teoría moral o una doctrina de valores (…) Ética (ethos) indica, en este caso, el hábito, la disposición, el habitar. De tal forma que “ética del pensamiento” significa disponerse a habitar el pensamiento (…) La ética del pensamiento no puede escaparse del nihilismo a través de algún subterfugio ilusorio. Sólo puede profundizar el destino de aquél exponiéndose al mismo por completo (…) La ética de la escritura es ella misma symbolon, práctica del signo dirigida a su evento symbálico, así que su escritura es cada vez un ejercicio que coloca al mundo en una hoja-mundo (para usar una expresión de los diagramas existenciales de Peirce) (…) La ética del pensamiento como ética de la escritura es necesariamente un ejercicio de escritura (…) Y así, la filosofía teorética, prácticamente excluida, o cuando mucho tolerada y en modo efímero, con respecto a la enciclopedia de las ciencias y de la universitas studiorum, ciegamente concentradas en su proyecto performativo y especializado y en su ideología tecnológica, (la filosofía teorética) es moribunda (?) (…) Esta sombra evanescente e ilusión del pasado (…) corre el riesgo de configurarse como el signo propiciador de una gran e inevitable transformación, que desbarata los castillos de naipes de nuestra cultura y derriba las paredes de los saberes divididos y de las praxis enloquecidas (…)

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Violencia administrativa Erwin Sánchez

L

a Técnica de Revisión y Evaluación de Programas (Program Evaluation and Review Technique), abreviada como PERT, es un modelo para la administración y gestión de procesos generado en 1958 por la Oficina de Proyectos Especiales de la Marina de Guerra del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Fue la respuesta necesaria de eficiencia requerida ante la amenaza que generó el suceso del Sputnik, el submarino de la todavía existente URSS, con capacidad de lanzar misiles atómicos. El contexto del Programa de evaluación y revisión técnica PERT se conoció como el proyecto “polaris”. Tras los sucesos del Sputnik este mismo modelo sirvió de base para la “administración científica”, fundada por el fordismo y el taylorismo. A pesar de que cada compañía fue especializándose en su propio modelo administrativo, actualmente todos utilizan el fundamento PERT. Este sistema pasó luego a ser utilizado en las instituciones educativas privadas de numerosos países, para evitar la libertad de cátedra. Es el modelo corregido que utilizan las universidades privadas en México ahora copropiedad de los consorcios de inversionistas en universidades —es el caso de Laureate— para lograr nada menos que la modernización educativa. Es también el modelo que se intenta aplicar a la SEP de manera paulatina y ante la cual la líder sindical Elba Esther Gordillo era uno más de los obstáculos.

El orden carnicero Los poderes de los regímenes militares en América Latina y otras partes del mundo gustan de la metáfora anatómico quirúrgica de la “cirugía” para referirse a la represión persecutoria y las acciones de extirpación asesina de los tumores malignos que afectan el tejido de insubordinación 170


social, encarcelando, desapareciendo, eliminando, exterminando. Extirpar el cáncer social dicen. La disciplina militar se hace extensiva en todo momento a los cuerpos de los ciudadanos para hacerlos obedientes y ordenados. En estos escenarios el miedo es un recurso para reforzar las medidas intimidatorias sobre jóvenes, niños y adultos, en las escuelas y otras prestigiadas instituciones como la iglesia y la familia. La maquinaria burocrática permite a quienes dan las órdenes no involucrarse directamente en contacto con los procesos de la aniquilación. Los mismos ejecutores saben que forman parte de una maquinaria que también puede eliminarlos a ellos si no actúan conforme el sistema lo determina. Una pretendida exigencia homologadora del sistema eficiente que busca lograr el management del proyecto de civilización industrial.

Guerra y tecnología Uno de los escenarios predilectos del cercenamiento corporal para los cirujanos en continuo avance tecnológico y científico es la guerra. Gracias a los soldados estadounidenses que no murieron en una invasión derrotada, sus heridos, perdieron cantidad de extremidades por explosiones mutiladoras en el territorio de Irak. La población del país invadido y devastado contraataca y las técnicas de tortura del ejército norteamericanos avanzaron con su democratización. Pero los médicos lograron una impresionante mejoría en la atención de heridos y el implante de prótesis y las prótesis mismas son de una notable calidad: brazos, manos, piernas, pies, con fines reconstructivos promueven la aplicación de los avances de los laboratorios de guerra, con un sentido típicamente pragmatista. A los marines suicidas después de su paso por la guerra, o aquellos que regresaron e ingresaron a las clínicas psiquiátricas, no les alcanzo el tiempo de esperar los años que se requerirá para el avance en las técnicas curativas del psiquismo destruido, desubjetivado.

Vasija con partes Son los monos gramáticos en el escenario de nuestras sociedades neoliberales, con sus singularidades y su folclórica globalización, sus forclu171


siones del origen y su identidad servida en una gran vasija con partes. Cabezas cortadas que antes de servirse al festín de los medios, se pueden observar como fotografiadas en los periódicos, pedazos de manos cortadas de sus brazos, orejas (recuérdese al mochaorejas), narinas olfatorias, lenguas sin su boca, cuerpos de narcotraficantes fotografiados en los periódicos que chorrean sangre.

Desregulación económica La desregulación para la teoría económica se refiere de manera genérica a la eliminación de todo tipo de restricciones u obstáculos legales, normativos (implícitamente éticos), relacionados con las actividades empresariales y de los negocios, facilitados por el gobierno al servicio de los agentes económicos potenciales pero principalmente al servicio de los empresarios. Supuestamente se liberan así las fuerzas competitivas y productivas, donde no es deseable que intervenga ninguna otra instancia normativa, ni frenos culturales, religiosos o ideológicos, o simbólicos para el mundo de la producción y el consumo. De una economía de mercado pasamos a una sociedad de mercado. Está claro que la economía era desde el principio un tema psicopolítico en el cual el gasto, el ahorro, la prosperidad, el derroche, la avaricia, la ambición ilimitada, la fetichización de la mercancía, ocupan un lugar en las representaciones psicopolíticas de la versión neoliberal del capitalismo.

Pepsicología Para la optimización del cambio de una economía de mercado capitalista a la sociedad de mercado neoliberal, se requería un dispositivo afinado para complementar la desubjetivación y desmantelar los referentes simbólicos del sujeto expuesto al discurso de la mercancía. Se requería de un instrumento para desmantelar al sujeto, despojarlo de sus referencias y del Otro. Pues bien, existe un instrumento académico para coadyuvar la administración de las relaciones humanas, ahí donde se eliminan los intercambios de la cultura y los administradores sustituyen las funciones de lo público y se privatiza el pacto 172


social. Se trata de la psicología académica, es decir, la psicología norteamericana. Un auténtico laboratorio del desmontaje desconstructor de lo humano y la desimbolización requerida para administrar empresarialmente las relaciones humanas. La decisión de instituir la disciplina llamada psicología para lanzarla al mercado y la oferta de licenciaturas confeccionadas a modo, no solo fue uno de los resultados secundarios de dos guerras mundiales, sino una proeza mercantil. En esta criatura típica y representativa se enseñoreo el pragmatismo estadounidense que gestó una forma de pensamiento coherente con el dominio tecnocrático auxiliado por el poder de la biologización y su respectiva forclusión del sujeto y la cultura. Se trata, nos dicen de genética. Desimbolizar militarizando.

Underground Muchas regiones del mundo a la cuales el poder no hizo llegar la “modernidad” para mejor dominar, donde apenas y se comprende el concepto de ciudadanía y cosmopolitismo, sin haber dejado del todo el discurso del colonialismo, se hallan ya en plena “postmodernización”. El filme de Kusturica, Underground, puede claramente mostrar lo que ha implicado este cambio desregulador que va de la precariedad educativa y la opresión, a la violencia. En el sótano de aquella comunidad esclavizada representa a toda una nación convencida de sus valores y sus logros revolucionarios sin saber que vivían sosteniendo con su trabajo, su miseria y su opresión, la próspera vida de sus dominadores. Sin calcularlo un accidente genera un boquete de salida al exterior y a la intemperie de lo real. ¿Cómo no pensar en el México posrevolucionario posterior al PRI? Al salir de aquel confinamiento ideológico y material y encarar la nueva realidad, nos encontramos con el real descarnado de la guerra sangrienta, las desapariciones, los homicidios, la vorágine de todos contra todos, la prosperidad y avance del crimen organizado. En la película referida el hijo recién salido de su prisión nacionalista nunca ha visto la luz del día, emocionado dice: “mira es el sol”, el padre corrige, “no, eso es la luna”.

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M.T.B. Un chiste real

No, no te conviertas en lo que eres. Lo que individualiza es el nombre propio, es decir el lenguaje donde este nombre toma lugar, es decir el control social a través de la voz interiorizada, es decir la servidumbre sin fin. No te conviertas en el esclavo de los tuyos por el patronímico que te dieron en esa lengua colectiva que te enseñaron. Si no actúas así, el nombre que te han dado tomará el lugar de tu carne. Pascal Quignard, La barca silenciosa Yace aquí quien tanto huía, que recién ahora escaparía. Samuel Beckett, Primer amor

…no, miento, fue en el 2011 cuando confirmé que Lacan era mi abuelo y empezó todo esto. Bueno, todo es un poco mucho. Cuando digo todo, me refiero a descubrir que la abuela paterna que nunca conocí, fue la primera amante de Lacan, y que el hijo que tuvieron, oculto, secreto hasta ese momento, era mi padre. Y lo que empezó fue una reconstrucción. En 1994 es cuando leí la biografía de Lacan hecha por Roudinesco, y entonces me enteré de su existencia, de su nombre completo, ya que hasta ese momento, solo era unas iniciales: M. T. B. Antes, en el 89, las encontré por primera vez en la tesis doctoral sobre el caso Aimée, como destinataria de la dedicatoria que Lacan le hace, y allí escribe sus iniciales: a M.T.B. seguida de una frase en griego, hς μh παροnσης γeμοi οnχ aν eγενoμην οιος γεγeνημai que traducida, dice más o menos así: No sería el que soy, sin su ayuda. ¿Quién sería ese/a al que Lacan, reservando, ocultando su nombre con tres iniciales, y esa frase, le otorgaba el privilegio de encabezar la dedicatoria al publicar su tesis?, ¿Por qué ese homenaje velado?... ¿y en griego?   De la psicosis paranoica y sus relaciones con la personalidad: J. Lacan; Siglo Editores; 3ª edición, 1984.

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Es en la biografía, Lacan, esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento cuando esas iniciales me develan su secreto, ofreciéndome su nombre: Marie-Thérèse Bergerot. Era un buen comienzo. Un nombre. Y por eso lo ubiqué así al principio. Es cierto que en el relato había algo más. Basta con ir a leer la biografía para saber quién es, quien era, por fin, M.T.B., cual es su nombre, y las razones de Lacan al otorgarle ese primer lugar en la dedicatoria de su tesis. Y por qué lo ocultó. Les ahorro ir a buscarlo. A fin de cuentas, es mi trabajo. Transcribo todas las referencias que hay de M.T.B. en esa biografía: Interno en el hospital Sainte-Anne, Lacan vivía en un modesto departamento amueblado, feo y oscuro, situado en la planta baja de un edificio de la Rue de la Pompe, a dos pasos del Bois de Boulogne. En esa época era amante de Marie Thérèse Bergerot, una viuda austera que tenía quince años mas que él. Con ella descubrió las obras de Platón e hizo varios viajes de estudio. En Marruecos, en 1928, la llevó a visitar las tumbas de la dinastía saadiana anotando escrupulosamente el encadenamiento de las genealogías. Fue la primera manifestación de un gran deseo del Oriente que lo llevará después a Egipto y a Japón. Hacia 1929, Jacques-Marie se enamoró de Olesia Sienkiewicz, segunda mujer de su amigo Pierre Drieu la Rochelle, que acababa de abandonarla para conquistar a la brillante Victoria Ocampo. (…)(Lacan) Oficialmente, residía en la Rue de la Pompe, pero en sus tarjetas seguía indicando la dirección de sus padres, en Boulogne. La mayor parte del tiempo dormía en el hospital, donde Olesia iba a encontrarlo, al mismo tiempo que proseguía con Marie-Thérèse una relación de la que solo su hermano estaba verdaderamente informado. En junio de 1932, Lacan pidió a Olesia que copiara a máquina su tesis. El 7 de septiembre el trabajo de redacción estuvo terminado. Olesia concluyó entonces la mecanografía de las últimas páginas a fin de que Lacan pudiera dar el manuscrito a Le François, editor especializado en la publicación de obras médicas. Por su lado Marie-Thérèse Bergerot aportó una importante contribución financiera a la impresión del texto.

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Mencionada por sus iniciales M.T.B. como destinataria de la obra y como figura emblemática de una Bildung privada. La tesis estaba dedicada a ella en una página entera con ayuda de una cita redactada en griego: “No estaría ante lo que estoy, sin su asistencia.” La defensa de tesis para la obtención del doctorado en medicina se desarrolló sin incidentes, durante una tarde de noviembre, en una de las salas de la facultad de medicina. Durante una hora, Lacan se burló ante un jurado presidido por Henri Claude. Daba la espalda a un público compuesto de alrededor de ochenta personas, entre ellas Olesia y MarieTherese. No se habían conocido nunca e ignoraban cada una la presencia de la otra. Sin embargo las dos habían frecuentado a los camaradas de Sainte-Anne que se encontraban allí para escuchar la presentación del que encarnaba la vanguardia de la nueva psiquiatría. Ellos habían visto a menudo llegar a Olesia por la tarde a la sala de guardia, y le habían puesto el apodo de “Agua fresca”, por referencia a una obra de teatro de Drieu la Rochelle montada por Louis Jouvet. En cuanto a Marie-Therese, la llamaban “la Princesa”. Nunca dormía en el hospital, pero a veces mandaba a su protegido una botella de leche fresca para las mañanas difíciles. A fines de agosto de 1933, Lacan abandonó a Olesia en París para tomarse unas vacaciones de unos quince días con Marie-Therese. El viaje se desarrolló en tren, de Saint-Jean de Luz a Madrid, pasando por Salamanca, Burgos y Valladolid. Finalmente, en Madrid, visitó el Prado y comprobó que ya no experimentaba, ante la pintura de Velázquez, la misma emoción que antes. En cambio, Goya lo hizo llorar por su inteligencia”.

Antes de entrar de lleno en el relato de un linaje silenciado, (…nada nuevo bajo el sol, una novela familiar más, solo hay que contarla para que se conozca) sigo con el tercero, y fundante, de los hitos que me orientaron en éste curso… En julio del 2011 asistí a un seminario impartido por Jean Allouch: “Muerte de Dios, emergencia del psicoanálisis”, que, según recuerdo, se desarrolló en torno a esta cuestión: las consecuencias fantasmáticas que produjo la declaración de la muerte de Dios. Por un lado, posibilitando la emergencia del psicoanálisis, pero a su vez, con el riesgo de   Roudinesco, E., Lacan. Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento, F.C.E., México, 1994.

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colocar en el lugar del Dios depuesto al Otro, completo, sin falta, el A como un fantasma de Dios. Por ahí… Sacar a Dios por la puerta, y que vuelva por la ventana. ¿Hay algo que pueda evitar este retorno? El vaciamiento de Dios del lugar del Otro. El Otro sexo. Además del recorrido teórico que hizo por varios textos, escritos, seminarios, otros autores, abrió el juego a una pregunta que intentaría ubicar en qué momento del derrotero existencial de Lacan se habrá producido ese quiebre, esa encrucijada con la muerte del Dios Padre, y el encuentro con una mujer. Y cuales fueron sus consecuencias. La ruptura de Lacan con el catolicismo, y el encuentro con una mujer. Como material de trabajo del seminario, repartió un docu-mento, que incluía una reproducción de un soneto manuscrito por Lacan, en el año 1929, titulado “Panta Rhei”; y otra copia del mismo poema, ésta vez publicado, en una revista de literatura, Le phare de Neully en 1933, con algunas modificaciones y bajo el título con el que fue conocido: “Hiatus irrationalis”. Señalando que su valor estaba en que era el primer poema publicado por Lacan, y que además daba cuenta de la relación con una mujer, de un primer encuentro, o al menos, muy importante. ¿Es esta la mujer que ocupará el lugar de A? El soneto será testimonio de esa relación. Allouch fue desplegando algunas cuestiones en relación al soneto, además de señalar las diferencias entre el manuscrito y el publicado, citó al pasar un artículo que analizaba el poema, hasta que se detuvo en una frase, que aparece únicamente en el soneto manuscrito, abajo al final, antes de la firma de Lacan, escrita en latín: Melancholía Tibi Bellae, y dijo que la frase, además de encerrar algún sentido para la destinataria del poema, en las mayúsculas de cada palabra de la dedicatoria, se resaltaban las iniciales del nombre de una mujer. En cuanto leí las tres iniciales mayúsculas: M. T. B, vi y reconocí, las mismas que había leído por primera vez, en el 89, en la dedicatoria de la tesis, y que no eran otras que las de Marié-Thérèse Bergerot, tal como lo había sabido, al leer en el 94 la biografía. Impulsado por el entusiasmo al reconocer un nombre propio, tan propio como el mío, en una de esas epifanías raras, que sorprenden, y hacen vacilar por un instante la identidad, casi como un alumno apli182


Choses que coule en vous la sueur ou la sève, Formes, que vous naissiez de la forge ou du sang, Votre torrent n’est pas plus dense que mon rêve, Et si je ne vous bats d’un désir incessant, Je traverse votre eau, je tombe vers la grève Où m’attire le poids de mon démon pensant; Seul il heurte au sol dur sur quoi l’être s’élève, Le mal aveugle et sourd, le dieu privé de sens. Mais, sitôt que tout verbe a péri dans ma gorge, Choses qui jaillissez du sang ou de la forge, Nature–, je me perds au flux d’un élément: Celui qui couve en moi, le même vous soulève, Formes que coule en vous la sueur ou la sève, C’est le feu qui me fait votre immortel amant. Melancholiae Tibi Bellae. Hardelot. 6 août 1929 Signé: J. Lacan

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Schreber queer Petitjean et al.•Schreber Presidente. Considerando Jean Allouch • Envío Claudia Weiner • Un comentario basado en una película “verdadera” José H. Mendoza • Memorias de mi malestar nervioso a la luz del cine Leonardo Leibson • Schreber el memorioso. El momento de lo femenino Erik Vázquez • La construcción maravillosa Alberto Sladogna • La teoría, una in-g-rencia divina Profesor Paul Flechsig • Para el tratamiento Alberto Carbajal • Was wünsch das Weib? Alberto Sladogna •Una parcela no es un fragmento: Deleuze-Guattari-Schreber Locuras con texto Carmen Cuéllar Zavala • Enseñanza de un testimonio. II Tiberio Crivvelaro • Notas Edwin Sánchez • Violencia administrativa Letras Adolfo Bergerot • M.T. B. Un chiste real

Artefactos 04 extractos  

Extractos del nuevo ejemplar de Artefactos, el número 4, ¡no dejes de adquirirlo!

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