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 PUESTA DE SOL

Cada segundo

MIREIA MOLINS ÈRIC MARTÍNEZ VÍCTOR ARAUZO BERTA MOLINA


TODO EMPIEZA CON BUEN PIE Por fin ha llegado la hora, se han acabado las clases y es hora de ir al fútbol, el Toledo. F.C. He ido a casa, he merendado y me he cambiado para ir al entrenamiento –cómo me gusta jugar con mis amigos-. El entrenamiento de hoy ha sido muy táctico, ya que mi entrenador, Joe, nos ha explicado tácticas de cómo entrar en faltas y córneres en partido, y las hemos practicado -creo que con estas jugadas tan coordinadas meteremos muchos goles a nuestros rivales-. En el campeonato de fútbol escolar, vamos segundos de veinte equipos – ¡qué buenos somos! -. También hemos hecho un poco de físico, para mantener la forma. Después ha venido mi madre a recogerme, y me ha traído un bocata. Siempre salgo del fútbol hambriento, pero mi mamá, la mejor madre del mundo, me trae unos deliciosos bocatas de queso. Es una persona de estatura mediana, con los ojos marrones y con el pelo rizado de color castaño, muy delgada. Es muy guapa. Suele vestirse con mayas marrones o negras, junto con un vestido por encima de las rodillas. Es una persona alegre que siempre me apoya y me ayuda en todo, se preocupa mucho por mí y por Nerea, mi hermana.

Hoy he dormido muy poco por molestias en la espalda y me siento muy débil. Por suerte, a primera hora de la mañana tengo informática, que me encanta, ya que, de mayor quiero, ser informático técnico de alguna empresa. Después me ha tocado V.Y.P, visual y plástica, que también me gusta bastante. Dibujar y hacer manualidades es uno de mis aficiones que en mi tiempo libre, realizo. Hoy en clase hemos visto un reportaje sobre el Landart, una de las artes más originales y que muy poca gente sabe crear. –Me ha gustado mucho-. En el recreo de hoy, he tenido muy mala suerte, porque, mientras me comía mi buenísimo bocata de queso que me había hacho mi madre, una maldita pelota me ha tocado la mano y mi bocata ha volado por los aires. Lo he tenido que tirar. Suerte que mi querida amiga Edurne me ha dado un pedazo de su gran


bocadillo. Edurne es mi mejor amiga desde la infancia, en parvulario ya éramos inseparables. Tiene el pelo marrón castaño y un poco ondulado, las cejas pequeñas pero muy bonitas, las pestañas muy largas y los ojos de color verde pardo y muy grandes. Tiene un cuerpo perfecto; es muy guapa. Es una persona estupenda, muy divertida y sincera, además de ser muy lista e inteligente. He trabajado mucho en la clase de castellano, ya que he escrito gran parte del capítulo que me toca redactar en el trabajo cooperativo. En este trabajo, voy con mi mejor amigo, Rafael, un chico atractivo que tiene el pelo liso y pelirrojo. Sus grandes ojos marrones atraen a muchas chicas que le envuelven a todas horas. ¡No le dejan tranquilo! Es una persona muy adicta a los videojuegos de ordenador, como yo, y con su portátil va a todos los sitios. Tiene un gran problema, Rafael es una persona muy inocente, se lo cree todo y, a veces, se aprovechan de él, de la buena persona que es.

En la hora de Inglés, que no me gusta nada, hemos hecho una clase teórica del Present perfect. Soy bastante patoso, nunca me sé los verbos irregulares y a veces suspendo exámenes. Suerte que mi amiga Edurne, cuando puede, me hace unos breves resúmenes de los temas para entenderlo mejor y, así, no sacar tan malas notas. –Cada vez la quiero más, me ayuda mucho-.

Después de dormir toda la noche, me ha despertado mi madre, muy tarde, con una sonrisa de oreja a oreja, es sábado, y toda mi familia, incluido mi padre, estábamos en casa. Mi padre es un señor bajo y un poquitín rechoncho. Tiene una nariz un poco grande y una boca pequeña con unos dientes blancos como la nieve. Tiene unos ojos verdes muy bonitos y unas orejas un poco puntiagudas, como las de un elfo. Cuenta con unas largas patillas enlazadas con la barba. Tiene un carácter un poco fuerte, pero a mí me trata muy bien.


Mi hermana Nerea ha cumplido cuatro años y hemos celebrado su cumpleaños. Estaba muy contenta y le hemos hecho algunos regalos: Unos patines en línea, ya que hace patinaje dos veces por semana, una muñeca Barbie y también le han regalado un kit de pintauñas de cuatro potes. Nerea, tiene el pelo rubio y liso, de media melena y con flequillo. Los ojos grandes, de un tono turquesa. Sus mofletes casi siempre están de un color rojizo y sus labios son pequeños pero muy rojos. Es muy tímida con la gente que no conoce, pero muy abierta con la gente que conoce. Su voz es muy fina, casi como el cristal, le gusta cantar, jugar con las muñecas y sobre todo jugar conmigo al escondite. Hemos hecho una tarta todos juntos, que después nos hemos comido mientras veíamos la película “La vida es bella”. Estoy triste y preocupado, mi gata Mixi, mientras estábamos viendo la película, ha comido un poco de pastel de limón, muy letal para los felinos y al acabar la hemos encontrado en su camita, muy débil. Corriendo, la hemos llevado al hospital veterinario y el doctor nos ha dicho que estaba muy grave y que se había de quedar al hospital toda la noche en observación.

Nos hemos levantado pronto todos, cerca de las nueve y hemos ido corriendo hacia la clínica veterinaria. Cuando hemos llegado, el doctor nos estaba esperando en la puerta de la clínica –me temía lo peor-. El doctor, después de comunicarnos que había muerto sin sufrir, nos ha entregado sus restos incinerados. Hemos ido a casa, y le hemos enterrado en el pequeño jardín, todos llorando de pena, sobretodo mi pequeña hermana. A la tarde, para olvidar todo lo ocurrido, hemos ido a pasear por Toledo, y hemos parado en un pequeño parque que había para que Nerea se entretuviera jugando con los columpios. Más tarde hemos ido a tomar un Cacaolat y unas patatas. Al acabar hemos ido a visitar la catedral. Me ha encantado y me lo he pasado muy bien entre muros y vitrales muy bonitos. Para finalizar, hemos alquilado una película en el videoclub de al lado de casa y la hemos visto mientras cenábamos


CAMBIOS Mi madre ha entrado por la puerta desesperada y muy nerviosa. He tenido que estar con ella y tranquilizarla porque no podía parar de llorar y de pensar cosas negativas. Mi madre me ha mandado a la habitación para que no piense en el estado en que está. Cuando se ha tranquilizado, hemos hablado de lo que le ha ocurrido. Estaba alterada porque se ha quedado en el paro. Eso quiere decir que viviremos del dinero de mi padre, que es poco para mantenernos. Me he sentido muy mal al ver a mi madre entrando por la puerta llorando, no quiero volver a verla en ese estado porque me pongo muy triste. Generalmente, es una persona muy alegre. A las nueve, ha llegado mi padre. Mi madre le ha explicado lo ocurrido y mi padre ha comenzado a gritar y a alterarse mucho. No entendía que mamá no tenía la culpa de nada, que ella no querría que pasara esto. Si la habían despedido, había sido porque la empresa iba mal. Ha empezado a dar gritos, diciendo que con su sueldo no llegaríamos a final de mes. Yo quería frenar a mi padre, pero no me atrevía a entrar al salón. He cerrado del todo la puerta de la habitación, ya que no querría oír nada más, pero la voz de mis padres traspasaba la puerta y las paredes, y llegaba a mis oídos. Mi hermana estaba conmigo. Estábamos sentados uno frente al otro, jugando con sus barriguitas, cosa que no me gustaba, pero mi madre me había dicho que me la llevara del salón.

Después de la discusión de mis padres, he bajado para ver cómo estaban los dos. Mi padre estaba muy enfadado por lo ocurrido, pero al final lo ha entendido y le ha pedido disculpas a mi madre. Se han perdonado. Mi padre le ha dicho que lo mejor que podrían hacer es ser positivos, ya que, tal y como está la situación, vale más pensar positivamente. Por la mañana he ido al colegio. Todo iba bien, pero, de repente, cuando ha sonado el timbre para salir a desayunar, me he empezado a marear y he ido a la enfermería. Allí me han hecho estirar, ya que no me aguantaba de pie. Cuando se me ha pasado el mareo he ido a la clase.


A la hora de salir para ir a comer a casa, me he vuelto a marear. Me dolía mucho la cabeza y tenía una sensación muy extraña. Era semejante a una pesadilla, como si me estuviera pasando algo, pero realmente estaba despierto, no podía ser un sueño. Finalmente, he llegado a casa. Mi madre estaba al teléfono. Cuando ha terminado me ha preguntado cómo me había ido la escuela. Yo, al principio no le he contado nada de lo que me ha pasado, sólo le he dicho que habían faltado muchos profesores; pero más tarde, le he dicho que me había mareado a la hora del recreo y que había ido a la enfermería. Como de costumbre, se ha asustado y ha empezado a decir que deberíamos llamar al médico a ver si me pasaba algo. Finalmente, ha pedido hora para mañana a las cuatro de la tarde.

He salido antes del colegio. Mi madre me ha venido a buscar para ir al médico. Hemos llegado i hemos esperado una hora y media, ya que había mucha cola. Cuando he entrado, se ha extrañado al verme, ya que hacía mucho tiempo que no me hacía una revisión. Me ha preguntado qué me pasaba, ya que era un poco raro que me saltara la clase de educación física para ir al médico. No sabía cómo empezar, finalmente, le he contado todo lo que me ocurrió ayer, sin saltarme detalle. El médico me ha preguntado cuánto tiempo he estado con dolores. Le he dicho que me había pasado todo el día con ellos y él, sin ninguna preocupación, me ha dicho que debía de ser un resfriado. Me ha recetado unas pastillas para las molestias y me ha dicho que si tenía cualquier otro problema que volviera a pasar por la consulta.

Esta vez, en clase de sociales hemos empezado un tema nuevo, la edad media. Justo cuando la profesora ha empezado la clase he empezado a sentir náuseas. Me he tomado las pastillas, pero no me han hecho ningún efecto. La profesora me ha enviado a la sala de profesores. Desde allí han llamado a mi madre i me ha venido a buscar.


De regreso a casa, me ha empezado a sangrar la nariz. Al llegar a casa, me he estirado en la cama. Mi madre preocupada me ha dicho que mañana no iré al colegio.

Me he despertado a las doce del mediodía. He ido a la cocina y he desayunado. Luego mi madre me ha puesto una película para que descansara un poco más. Hacia el final de la película, mi nariz ha vuelto a sangrar. He ido al baño y he llamado a mi madre. Ella ha venido y me ha ayudado. Finalmente cuando ha parado, he vuelto hacia el sofá. Me he mareado y cuando me he levantado para ir al baño, me he desmayado. Mi madre me ha llevado al hospital y allí me han ingresado ya que me había dado un buen golpe al desmayarme. Me han hecho un diagnóstico sobre mi estado de salud, ya que no se sabe muy bien lo que tengo y las pastillas que me dio el médico no me ayudan. Mis amigos, Edurne y Rafael, me han venido a ver al hospital. No he podido hablar mucho con ellos ya que ha venido la enfermera a ver como estaba y los ha hecho fuera.

Hoy he salido del hospital. Dentro de dos semanas me darán del diagnóstico de mi salud. Cuando he llegado a casa, mi hermana me estaba esperando en la entrada. Se me ha lanzado a los brazos pero yo no he tenido fuerza para cogerla y ha ido de poco que no nos hemos caído al suelo. Ha llegado la noche, y me he metido en la cama. Justo en este instante he empezado a tener miedo de todo. No sabía lo que me estaba pasando, estaba asustado.


CUMPLEAÑOS FELIZ Hoy, día 6 de noviembre de 2012, he ido al hospital. He estado prácticamente dos horas sentado en la silla azul de la salita de espera, muy ansioso, ya que hoy me daban el diagnóstico de mi salud. Mi madre estaba a mi lado, nerviosa, pero sin decir nada. De repente, he oído mi nombre. Mi corazón latía cada vez más rápido, no me podía ni levantar de la silla. Mi madre se ha sobresaltado y ha ido corriendo hasta el doctor. En ese mismo instante, he sentido una sensación muy extraña. Me he levantado y he corrido hacia ellos. He oído lo que han dicho. Cuando he vuelto a casa no me lo podía creer, todo me pasa a mí. Al cabo de diez minutos, cuando lo he empezado a asimilar, me he puesto la tele y he empezado a pensar. Todo cambiará, nada será como antes. Mi madre sin trabajo y yo… Al pensarlo, me vienen escalofríos, aún no me lo creo, tengo cáncer. He oído como mi madre lloraba al contarle a mi padre la desastrosa noticia, pero mi hermana aún es un poco pequeña para entenderlo y por eso no le hemos hablado en profundidad sobre el tema.

He oído el despertador, no me he podido levantar. Finalmente, mi madre ha venido para decirme que hoy ya había avisado a la escuela diciendo que no estaba en condiciones de ir. He estado el resto de la mañana en la cama, hasta la hora de comer. Durante la comida, he hablado con mi madre y le he comentado que me gustaría hablar con Edurne y Rafael, para explicarles lo que me pasaba. Después he subido otra vez a mi habitación y he visto La vida es bella. Es una de mis películas favoritas, me relaja y hace que me centre en la película, y no en otras cosas, pero me da mucha pena y cada vez que la miro empiezo a llorar. A las seis de la tarde he tenido una visita, cosa muy inesperada, ya que no querría ver a nadie en especial de la familia. He pensado que mamá había llamado a mis tíos o cualquier familiar, y yo no querría. Pero cuando he llegado al comedor, me he dado una sorpresa aún mayor. ¡Allí, de pie, esperando, estaban Edurne y Rafael!


Me he muerto de vergüenza, ya que, yo todavía llevaba el pijama, las zapatillas… En cambio, Edurne ha venido con unos tejanos azules y una camiseta de manga larga que le quedaba muy bien. Sus ojos verdes pardo me han mirado y se le ha visto mucha ilusión de volver a verme. Su pelo ondulado estaba luciendo como cuando sales de la peluquería y su típica sonrisa. Rafael ha venido con unos tejanos que le iban cuatro tallas grandes, su pelo me ha parecido sucio y con su inseparable ordenador en las manos. Además, su sonrisa ha sido alegre. Nos hemos quedado en el comedor, ya que es más grande que mi habitación. Al principio no he sabido cómo empezar; finalmente, Edurne ha sido la primera en hablar. Les he contado todo lo que me había pasado el día anterior, lo que me había dicho el doctor… Mi madre, mientras tanto, se ha ido a comprar, ya que no había podido salir en todo el día. Hemos estado hablando durante unas dos horas, hasta las ocho de la noche. Luego nos hemos despedido, aún no les he podido decir si mañana iré al colegio o no, ya que serán mis padres los que decidirán.

Me he despertado a las tres y media de la madrugada, he tenido una pesadilla y he llamado a mamá ya que no conseguía volver a dormirme. Finalmente me he vuelto a quedar dormido. Esta vez he vuelto a tener una pesadilla semejante a la anterior. En ella he visto una habitación de un hospital, y luego yo estirado en la cama. Tenía flores a los lados y mis padres y amigos llorando a mí alrededor. Yo no me movía, ya no tenía pelo y mis ojos estaban cerrados. La máquina del corazón no se movía, de repente he descubierto que me había muerto. Ha sido entonces cuando me he vuelto a despertar. Estaba sudando. He bajado a la cocina y me he tomado un vaso de agua para tranquilizarme, luego me he metido en la cama otra vez, y me he vuelto a dormido. Finalmente me he despertado a las nueve de la mañana. Mis padres no me han dejado ir a la escuela. Me he vuelto pasar el día en casa. Pero hoy he salido a pasear con mi madre.


Mañana tengo que volver al hospital para que me hagan una revisión, por ver cómo voy. Tengo un poco de miedo, ya que no sé lo que me dirán. Además conoceré a un nuevo doctor, que será el que me tratará.

Hoy he pasado mejor noche, me he levantado a las diez, y a las doce he ido al médico. Se llama Dr. Sánchez, es uno de los mejores médicos especializado en oncología infantil de España. Tiene los ojos marrones miel y el pelo corto como la hierba, de color rubio dorado. Debajo de su nariz tiene un perfecto bigote en el que, siempre, al tomar café se le queda la espumilla. Tiene la piel morena bronceada con un par de pecas en la cara que le dan un toque interesante. Me ha dicho que mi enfermedad está muy avanzada, y que debo empezar la quimioterapia lo antes posible. Pero aquí, en España es muy cara y mis padres no se lo pueden permitir. No sé qué hacer. He estado en el sofá prácticamente durante una hora. Mi hermana pequeña ve que algo está pasando, pero no le da mucha importancia. Me he ido a dormir a las ocho y media ya que no tenía hambre y no he cenado. He estado en mi habitación, tumbado en la cama, sin hacer nada, solo pensando, he oído que mi madre le comentaba algo a mi padre sobre Estados Unidos, pero no he entendido nada. Finalmente me he dormido.

Hace una semana que estoy aquí en los Estados Unidos de América. Es como una nueva experiencia. Todo es muy diferente de cómo me lo había imaginado. Las calles muy transitadas, muchísima gente en ellas…

Hoy a las nueve de la mañana mi madre me ha levantado, ya que teníamos hora con el doctor. Cuando hemos llegado al hospital, me he quedado impresionado de lo grande que era. Una mujer muy simpática nos ha acompañado hasta el doctor. A simple vista, me ha parecido un hombre de


negocios, alto y delgado. Tiene una expresión bastante tensa y cara de pocos amigos. Es un especialista en oncología infantil y trata a muchos niños enfermos. Tiene una pierna más corta que la otra y por eso necesita un bastón para caminar correctamente. Me ha parecido como si a veces fuera un poco borde, pero me han dicho que es buen médico. Me ha hecho la revisión y me ha dado una mala noticia. Debo empezar ya con la “quimio”, ya que mi cáncer está muy avanzado y debo empezar la semana que viene. Cuando he llegado a casa he ido a la habitación a llorar, ¿por qué esto me pasa a mí? Mi madre, entre lágrimas, se lo ha contado a mi padre.

Hace ya una semana y un día que hemos llegado aquí, a Estados Unidos de América. Hoy, el día de mi cumpleaños, empiezo la quimioterapia. Hemos ido en coche hasta el hospital. Una vez allí, mi madre me ha llevado a la cuarta planta, la de oncología infantil. La planta parecía animada, con dibujos para niños pequeños, a mí me parecía un poco ridículo, pero mejor esto que no una sala blanca. Cuando el doctor me ha visto, en seguida me ha reconocido e inmediatamente me ha dicho que pase a la sala “C”. Una vez en la sala, me han puesto la primera vía en la parte superior de la mano, en esta circulaba un líquido naranja. Los médicos dicen que este líquido hará que pierda todo el cabello de mi cuerpo. Cuando ya llevaba diez minutos, me han puesto la segunda vía en el cuello, porque así va directamente a la vena aorta. Luego, me han puesto dos tubos en la vía del cuello, con dos líquidos trasparentes. Mi madre ha entrado cuando ya llevaba media hora en la sala, porque los médicos dicen que la primera media hora tengo que estar tranquilo. Mi madre se ha puesto un poco nerviosa al verme con tantos tubos y líquidos en el cuerpo. Yo le he sonreído y ella me ha devuelto la sonrisa de manera un poco falsa. He visto que me estaba escondiendo algo. Cuando me lo ha enseñado me he llevado una gran sorpresa. Era un pastelito pequeño, pero muy original. Estaba cubierto de chocolate, con una pequeña familia de chocolate también. Llevaba virutas de azúcar de muchos colores por encima. La pena ha sido que en este momento no me lo podía comer.


Detrás de madre, estaba Rafael, que ha venido a Seattle acompañando a su padre. Me ha hecho mucha ilusión verle. Las horas siguientes no se han hecho tan eternas como la primera media hora. Cuando he llegado a casa, he dado un respiro, ya que no tenía que volver al hospital hasta la semana siguiente. He jugado un poco con Nerea, ya que hacía mucho tiempo que no jugábamos juntos. También he llamado a Edurne, pero nadie ha contestado al teléfono. Me siento mal porque ella me había prometido que vendría.


CADA SEGUNDO Hoy me ha costado despertarme. Cada vez me siento más débil y con poca autoestima. Lo primero que he hecho ha sido ir a la cocina a comerme la naranja que mi madre me ha preparado. Desde mi punto de vista, la naranja estaba un poquito pasada, así que como sólo me he comido dos gajos, me he preparado unas tostadas con mantequilla de cacahuete juntamente con un vaso de leche con cola-cao. A las diez de la mañana, mi madre y yo hemos ido al hospital para recibir la tercera sesión de quimioterapia. Hoy, también me ha acompañado Rafael. Me gusta cuando viene mi amigo, porque la sesión se me hace más corta y la habitación blanca, las dos sillas de plástico y el sofá azul me parecen de color. Él le da vida a mí alrededor; cuando estoy con él me olvido de todo, de que tengo una enfermedad, de que en mi cabeza no hay ni un solo pelo, de que mis padres no tienen mucho dinero…Él me hace feliz. Esta vez no me he quedado a comer en el hospital así que, he salido a la una del mediodía y me he ido a comer con Rafael al bar de la esquina en la avenida Pennsylvania. No cae muy lejos del hospital, pero para llegar tienes que andar un poquito. Me he pedido un bocadillo de jamón y un vasito de agua, me habría gustado pedirme un Frankfurt o un triple bocadillo, pero los médicos no me dejan comer mucho después de la “quimio”, porque podría vomitar, y esto no va demasiado bien durante el tratamiento. Rafael se ha pedido una hamburguesa con doble porción de salsa juntamente con unas patatas fritas y una lata de Coca-Cola de 325ml. La espera se nos ha hecho eterna, ya que los dos nos moríamos de hambre. Cuando la camarera alta y rubia, con su faldita azul que le llegaba por encima de las rodillas, no ha traído los platos, Rafael, directamente sin pensárselo dos veces, le ha pegado un bocado a su hamburguesa, con doble ración de salsa. La salsa se le escurría por el lado de la boca. Me moría de ganas por comerme esa hamburguesa…


A las siete y media de la tarde, me he empezado a marear, así que nos hemos ido a casa, ya que allí me he podido estirar en mi cama. Rafael ha ido a jugar con los vecinos de enfrente al fútbol. Mi madre no ha llegado hasta las ocho y media de la noche, ha ido a comprar la cena. Mi padre ha pasado todo el día con Nerea han ido a visitar la casa blanca, y sobre las nueve de la noche han vuelto. Cuando mi madre ha entrado por la puerta y ha dicho su frase mítica: “Ya estoy en casa”, he empezado a sudar, la vista se me ha empezado a nublar, ya no tenía fuerza para contestar a mi madre. Cuando me ha visto, se ha asustado. Estaba blanco como la nieve, pero con las mejillas muy rojas. Tenía las manos congeladas. Me ha llevado a urgencias en el hospital. Han tardado en atenderme, ya que había mucha cola. Cuando el médico me ha visitado, me ha dicho que me tenían que ingresar. Ha sido un momento de silencio. Me estaba mareando, no tenía fuerzas, y todo lo de mí alrededor daba vueltas. De repente he vomitado bilis.

Cuando me he despertado, estaba ingresado en la planta de oncología infantil. Tenía tubos por todas partes, y una mascarilla para poder respirar. Mi madre estaba durmiendo en el sofá de la habitación. He mirado el reloj y eran las tres de la madrugada. Media hora después ha entrado la enfermera del turno de noche. Me ha cambiado el suero, y me ha inyectado el sedante. No sé porque me tenían tan atontado. Nadie me explicaba nada, mi madre se hacía la distraída.

Me he despertado varias veces esta noche, no estoy acostumbrado a dormir con tantos tubos, o básicamente a dormir en el hospital.

A las diez de la

mañana, mi madre se ha despertado del sofá de al lado de la cama de la


habitación. Tenía unas ojeras muy grandes debajo de sus ojos. Me ha dado la sensación de que algo pasaba, pero no sé qué.

Rafael hoy no me ha venido a ver en el hospital. Mi madre le ha prohibido que me vea hasta que no mejore. A la hora de comer, mi madre cuidadosamente me ha contado todo lo que me pasa. Mi enfermedad ha empeorado, y me va a costar ponerme bien. En el momento que mi madre me ha dicho esta horrorosa noticia, mis piernas han empezado a temblar, y han perdido la sensibilidad por completo. No sé qué hacer, me estoy muriendo, tengo toda una vida por delante, no se puede acabar aquí. Debo luchar por lo que me queda, y disfrutar cada segundo. Finalmente, mi madre ha dejado que Rafael me vea solo diez minutos. Los médicos dicen que mis sentimientos, en esta etapa de mi enfermedad podrían afectarla. Los diez minutos con Rafael, se me han pasado volando, no querría que se acabaran nuca. Cuando se ha tenido que marchar, algo dentro de mí se ha revuelto, notaba como si alguna parte de mi me faltara. Han pasado dos horas, y las enfermeras no han venido a cambiarme el suero, los médicos ya no me inyectaban la dosis, definitivamente, esto ha acabado. Durante toda la tarde, he estado en mi habitación, parecía que me encontraba mejor, pero solo era mi ilusión.

Ya han pasado tres días, y me tienen aquí, en la habitación ciento dos de la planta de oncología infantil. No me hacen quimio, no me inyectan calmantes, solo llevo el suero. Ha venido a verme Nerea, tenía muchas ganas de verla, ya que hacía tres días que no la veía. Ella solo tiene cinco años, no es consciente de lo que me pasa, pero aún y así, se la ve afectada. Ha comido conmigo en el hospital. Luego, me


ha explicado su cuento de hadas favorito. Dice que no entiende la lengua que hablan las personas de aquí, Seattle.

Mi madre se ha pasado todo el día llamando a mis familiares. No han podido venir a verme, ya que no tienen suficiente dinero para poderse pagar el vuelo de Madrid a Seattle. Ella les ha dicho que no pasaba nada, que ella les informaba por teléfono. De repente, me he empezado a ahogar, me faltaba la respiración. La sangre de mi nariz caía como el agua de un río. Mi madre ha llamado a las enfermeras. El corazón me ha dejado de palpitar, me han intentado reanimar, pero ya no tenía fuerzas, el cáncer se ha apoderado de todo mi cuerpo. De repente he abierto los ojos, parecía que mejoraba, pero solo por un momento. Las enfermeras no podían reanimarme. Entonces he cerrado los ojos para siempre. Me habría gustado pasar toda mi vida a tu lado, en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, te quiero Rafael.


Tomi, un chico que cada día queda con sus amigos, va cada domingo va casa de sus abuelos y ayuda a su hermana a hacer los deberes. Su vida transcurre de forma tranquila hasta que le cambia en unos segundos. A Tomi, con solo quince años, le detectan un cáncer; a partir de ese momento, nada será como antes. Lo que los médicos no saben es si se lo han detectado a tiempo. Por eso, Tomi debe disfrutar al máximo cada segundo. No sabemos cómo se lo tomará su hermana pequeña, que no es consciente de la situación de Tomi. Además, su familia no tiene mucho dinero, eso supondrá un problema en el tratamiento. El protagonista está enamorado de una persona muy cercana y especial para él, ¿tendrá tiempo Tomi para decirle que la quiere?

BIOGRAFÍAS

VÍCTOR ARAUZO Nació el 23 de septiembre del 1999, tiene 13 años. Estudia segundo de ESO en el colegio Vedruna Gràcia de Barcelona. Es hijo único. Sus hobbies son, jugar a fútbol, deporte que practica en el Club Esportiu Europa y los videojuegos. Sus planes de futuro son llegar a ser arquitecto.

 PUESTA DE SOL

ÉRIC MARTÍNEZ Nació el 5 de Octubre de 1999, vive en un pequeño piso de Barcelona en el distrito de Gracia. Se está sacando la Secundaria en el colegio Escola Vedruna Gràcia. Juega al fútbol en el Club Esportiu Terra Negra en el nivel Infantil A. Su mayor afición son los coches. Es el pequeño de la casa, tiene una hermana de 16 años. Su familia es bastante extensa y está repartida por Córdova, Sevilla y Granada. Con solo catorce años ha escrito su primer libro; “Cada segundo”. Sus intenciones de futuro es ser diseñador de coches, ya que es su mejor afición. BERTA MOLINA Tiene catorce años. Nació el ocho de enero de 1999 en Barcelona; tiene un hermano mellizo y una hermana mayor de diecisiete años. Estudia segundo de ESO en la Escuela Verdruna Gracia. Su nivel académico es alto. Sus mayores aficiones son jugar al baloncesto, pasárselo bien, bailar y cantar en su habitación. No tolera la gente pesada y con malas formas. Sus planes de futuro son llegar a ser una buena cardióloga, ir a África como médico sin fronteras, tener tres hijos, y ser muy feliz. MIREIA MOLINS La segunda de tres hermanas, Mireia Molins Colomer, creció en una bonita casa del barrio de Gràcia, en Barcelona. Es una buena estudiante. Con solo 13 años, ha escrito su primera novela titulada “Cada segundo”, que narra la vida de un niño con leucemia. A parte de escribir, le encanta tocar la guitarra junto a sus dos hermanas, también músicas.


Cada segundo