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V I : s e t n a v Cer

o i r a n e t n e c

Una vida de novela Nació Miguel de Cervantes en 1547 en Alcalá de Henares en el seno de una familia de vida azarosa y deambulante en la que abundaban los problemas. Esta vida itinerante tanto de su abuelo como de su padre, como luego del propio Miguel, se ha relacionado con el supuesto origen converso de la familia pero no hay sobre ello pruebas concluyentes. Sobre su infancia y juventud hay pocos datos confirmados. Sabemos que fue discípulo del escritor erasmista López de Hoyos, quien lo llama “caro y amado discípulo”. En 1570 marcha a Italia, donde queda impresionado por su arte, su literatura y su vida. Participa como soldado en la batalla de Lepanto y permanece como militar en diversos lugares italianos. A su vuelta a España en 1575 es apresado y conducido a Argel. Allí está cautivo durante cinco años, lo que le da ocasión de observar la nueva civilización que descubre. Sin duda, ello acentúa su espíritu tolerante. Probablemente durante su cautiverio empezaron a fraguarse sus novelas. Rescatado, vuelve a España. Escribe La Galatea, que publica en 1585. Las dificultades económicas propias y de su familia (padres ancianos, hermanas solteras) lo empujan a la composición de obras de teatro. De entonces datan sus primeras obras dramáticas. Entre tanto parece que tiene amores con una casada y de ellos una hija natural, Isabel Saavedra, aunque existe la sospecha de que esta fuera hija de una hermana soltera de Cervantes, a la que Miguel simplemente habría reconocido como suya para proteger el honor familiar. En 1584 se casa con Catalina de Salazar,

natural de Esquivias, donde vivirá durante tres años, pues en 1587 marcha de allí dejando a su mujer, sin que se conozcan las causas, e inicia su largo período de estancia en Andalucía como recaudador de impuestos. Esto le lleva a recorrer buena parte del territorio, acumulando problemas y sinsabores: fue excomulgado dos veces y encarcelado otras dos. Posiblemente en su última estancia en la cárcel de Sevilla, donde pasó unos meses, concibió el Quijote. Mientras se publica la primera parte de su gran novela, que tendrá un éxito fulgurante, marcha a vivir a Valladolid, donde residía la Corte, en compañía de su mujer, su hija, sus dos hermanas y la hija natural de una de ellas. Allí vuelve a conocer la prisión en compañía de toda su familia por un oscuro asunto relacionado con la muerte de un hombre en la puerta de su casa. La infundada acusación hace que sea puesto pronto en libertad, pero le hará incómoda su ya corta estancia en Valladolid. Sus años finales en Madrid también se complicaron por problemas familiares: muerte de varios de sus hermanos, desavenencias con su supuesta hija, muerte de una nieta, cambios de domicilio. A ello se añaden las dificultades económicas. Sin embargo, prosigue con éxito su tarea de escritor y es en estos últimos años de su vida cuando publica la mayor parte de sus obras. Murió en Madrid el 23 de abril de 1616.


Su creación literaria Aunque ha pasado a la historia de la literatura por su labor como novelista, no hay que olvidarse del Cervantes poeta ni del Cervantes dramaturgo. Cervantes debió de escribir bastantes poemas, pero muchos se han perdido. Aparte de algunos que se han conservado manuscritos y de otros que se encuentran insertos en sus dramas y novelas, solo publicó una obra en verso, El viaje del Parnaso (1614). En ella presenta en conflicto a los buenos y a los malos escritores. En general, como poeta Cervantes es un escritor culto empapado de la tradición clásica e italiana. Escribió numerosas obras de teatro, de las que conservamos hoy más de una decena, a las que hay que sumar los ocho entremeses que también conocemos. Sus comedias, de muy diversos temas, siguen, en general, las normas clásicas de verosimilitud y respeto a las reglas. Títulos de comedias cervantinas son Los baños de Argel, El rufián dichoso, Pedro de Urdemalas, La casa de los celos, etc. Notable es también su única tragedia conocida: La Numancia. Muy interesantes son sus entremeses ya que constituyen un certero retrato de las clases populares de la época. Entre los más famosos, figuran El retablo de las maravillas, La elección de los alcaldes de Daganzo, El viejo celoso, El rufián viudo… Es en el campo de la novela donde la figura de Cervantes descuella especialmente. Su tarea como narrador le llevó a experimentar con la mayor parte de los modelos narrativos previos y, por ello, será un autor clave en la renovación de los géneros literarios que se dará en el Barroco. Así, casi todas las formas narrativas del XVI son ensayadas por Cervantes: La Galatea es un libro pastoril; el Quijote es, a su modo, un libro de caballerías; Las novelas ejemplares, parten del molde las novelas cortas italianas, pero también se utilizan en los elementos de las novelas pastoriles, picarescas, bizantinas…; Los trabajos de Persiles y Sigismunda es una novela de aventuras o bizantina; en fin, el molde de los diálogos renacentistas, los relatos de tema morisca, las narraciones pastoriles y las sentimentales, están presentes en muchos momentos del Quijote. No obstante, Cervantes no se limita a recrear más o menos hábilmente todo el acervo literario de su tiempo, sino que acierta a convertir su cultura libresca en materia viva, lo que hace que sean fundamentales en su propia obra las relaciones entre vida y literatura. Su primera novela es La Galatea (1585). Sigue la estela de los libros pastoriles y, además de desarrollar el tema de los amores entre pastores, contiene, como es habitual en las

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obras de Cervantes, digresiones de crítica literaria, juicios teóricos, etc. Su última obra, el Persiles, publicada póstuma en 1617, también sigue un molde narrativo conocido, el de la novela bizantina. Era en estas novelas de aventuras, en las que los enamorados protagonistas, tras peregrinar por los lugares más diversos y pasar las más variopintas peripecias, terminan felizmente su periplo. Cervantes sigue de cerca este modelo pero, fiel a la importancia literaria del principio de la verosimilitud, procura que los hechos narrados resulten creíbles. Si no hubiera escrito el Quijote, es muy posible que Cervantes hubiera pasado a la historia literaria como el autor de las Novelas ejemplares. En su prólogo dice Cervantes que con ellas es “el primero que ha novelado en lengua castellana”. Esto es cierto si entendemos novela en el sentido de relato corto, que es el que tiene el vocablo en italiano, lengua de la que procede. Aunque había habido algunos intentos anteriores, Cervantes es el primero que compone estos relatos al modo italiano con argumentos originales. El adjetivo ejemplares del título expresa su conexión con el género de los exempla medievales: se trata de presentar un ejemplo del que extraer una lección o moraleja. No obstante, no en todas estas novelitas es evidente esta ejemplaridad moral. Probablemente, Cervantes no separa en su idea de ejemplaridad lo ético y lo estético: los relatos no solo podrían ser ejemplares moralmente, sino que serían también ejemplos o modelos de creación literaria. Y, en efecto, la variedad es un rasgo de este conjunto de narraciones. Pese a ello, suele agrupárselas en dos conjuntos: en unas domina el tratamiento realista de personajes y ambientes, en tanto que en otras se caracterizan por un tono marcadamente idealista. Serían novelas realistas Rinconete y Cortadillo, El licenciado vidriera, El celoso extremeño, El casamiento engañoso y El coloquio de los perros. Idealistas podrían considerarse El amante liberal, La española inglesa, La fuerza de la sangre, Las dos doncellas y La señora Cornelia. Combinan rasgos de ambos grupos las dos restantes: La gitanilla y La ilustre fregona. CONTEMPORÁNEOS DE CERVANTES . Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 11 de julio de 1561­ 23 de mayo de 1627) fue un sacerdote, poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida como Culteranismo, que más tarde imitarían otros artistas. Aunque Góngora no publicó sus obras, estas pasaron de mano en mano en copias


Contemporáneos de Cervantes manuscritas que se coleccionaron, cancioneros, romanceros y antologías publicados con su permiso o sin él. Durante un tiempo se creyó que el manuscrito más autorizado era el llamado Manuscrito Chacón (copiado por Antonio Chacón, Señor de Polvoranca, para el Conde­ Duque de Olivares), ya que contiene aclaraciones del propio Góngora y la cronología de cada poema; pero este manuscrita, habida cuenta del alto personaje al que va destinado, prescinde de las obras satíricas y vulgares. . Félix Lope de Vega y Carpio (Madrid, 25 de noviembre de 1562­ Madrid, 27 de agosto de 1635) es uno de los más importantes poetas y dramaturgos del Siglo de Oro español y, por la extensión de su obra, uno de los más prolíficos autores de la literatura universal. El llamado por Miguel de Cervantes Fénix de los ingenios y Monstruo de la Naturaleza, renovó las fórmulas del teatro español en un momento en que el teatro comienza a ser un fenómeno cultural de de masas. Máximo exponente, junto a Tirso de Molina y Calderón de la Barca, del teatro barroco español, sus obras siguen representándose en la actualidad y constituyen una de las más altas cotas alcanzadas en la literatura y las artes españolas. Fue también uno de los grandes líricos de la lengua castellana y autor de unas cuantas novelas. Se le atribuyen unos 3.000 sonetos, tres novelas, cuatro novelas cortas, nueve epopeyas, tres poemas didácticos y varios centenares de comedias. . Francisco de Quevedo (Madrid, 17 de septiembre de 1580­ Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 8 de septiembre de 1645) fue un noble, político y escritor español del Siglo de Oro, uno de los más destacados de la Historia de España. Ostentó los títulos de Señor de la Torre de Juan Abad y Caballero de la Orden de Santiago. Lo más original de la obra literaria de Quevedo radica en el estilo, Conceptismo barroco, caracterizado por la concisión, la elipsis y el cortesano juego de ingenio. Amante de la retórica, ensayó a veces un estilo oratorio lleno de simetrías. De léxico muy abundante, creó además muchos neologismos por derivación y composición. En su sátira se acerca a veces a la estética del expresionismo al degradar a las personas mediante la cosificación y la animalización. La mayor parte de la producción poética de Quevedo es satírica, el cauce preferido para la abundante vena satírica de la que hizo gala. Abominó la estética del Culteranismo cuyo líder, Luis de Góngora, fue violentamente atacado por Quevedo en sátiras personales. Contra la pedantería y oscuridad que le imputaba se propuso también editar las obras de los poetas

renacentistas Francisco de la Torre y Fray Luis de León. La poesía amorosa de Quevedo, considerada la más importante del siglo XVII, es la producción más paradójica del autor: misántropo y misógino, fue, sin embargo, el gran cantor del amor y de la mujer. Su obra cumbre en este género es, sin duda, Amor constante más allá de la muerte. . Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 17 de enero de 1600­25 de mayo de 1681) fue un importante poeta y dramaturgo español. La obra teatral de Calderón de la Barca significa la culminación barroca del modelo teatral creado a finales del siglo XVI y comienzos del XVII por Lope de Vega. Según el recuento que él mismo hizo el año de su muerte, su producción dramática consta de ciento diez comedias y ochenta autos sacramentales, loas, entremeses y otras obras menores. Aunque es menos fecundo que su modelo, el genial Lope de Vega, resulta técnicamente mejor que aquel en el teatro y lleva a la perfección la fórmula dramática lopesca reduciendo el número de escenas y depurando las obras de elementos líricos y poco funcionales, convirtiendo su teatro en un pleno espectáculo barroco al que agrega además una especial sensibilidad para la escenografía y la música, elementos que para Lope de Vega tenían una menor importancia.

. Baltasar Gracián (Belmonte de Gracián, 1601­ Tarazona, 1658). Junto a Quevedo, el prosista español más importante de este período es el jesuita aragonés Baltasar Gracián. Con él llega a su cenit la principal tendencia estilística del Barroco español, el llamado Conceptismo, basado en las asociaciones ingeniosas de palabras o ideas. La vida de Gracián transcurrió íntegramente en los territorios de la corona de Aragón, donde fue profesor en diversos centros de su orden religiosa. Su actividad de escritor le acarreó numerosos problemas dentro de la Compañía de Jesús. Sufrió diversas sanciones y, en el último año de su vida, se le castigó con reprensión pública, ayuno a pan y agua, prohibición de escribir y encierro. Todos los libros de Gracián están escritos en prosa y tienen una intención didáctica y moral. Los títulos más destacados son El discreto (1646), Oráculo manual y arte de prudencia (1647) y El Criticón (tres partes: 1651,1653 y 1657) Lola Millán

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Siempre... Quijote Aunque es habitual afirmar que la riqueza de la sociedad española del Siglo de Oro está retratada en el Quijote, sólo debemos considerar las palabras del propio hidalgo para darnos cuenta de que hay muy poco Siglo de Oro en la novela. “Has de saber, dice don Quijote a Sancho, que yo nací en esta nuestra edad de hierro para resucitar en ella la de Oro, o la Dorada como suele llamarse”. Casi todos los fenómenos sociales del libro son la consecuencia de una sociedad corrupta que Quijote cree sentirse llamado a reformar. “Agora ya triunfa la pereza de la diligencia, la ociosidad del trabajo, el vicio de la virtud, la arrogancia de la valentía y la teórica de la práctica de las armas, que sólo vivieron y resplandecieron en las edades de oro y en los andantes caballeros”. Esa es por tanto la razón de ser de don Quijote: el caballero andante cuyo deber es enmendar el mal que hay en el mundo. Por eso, a lo largo de todo el libro, don Quijote sigue luchando contra las fuerzas de un siglo hostil, para poder recuperar la época ideal. Por eso, el libro se sitúa entre los que no dibujan un Siglo de Oro, la España que don Quijote ve no es de Oro, sino más bien todo lo contrario. Ofrece una visión de un mundo que se está desmoronando. El mismo Quijote proclama que su empeño es restaurar la caballería andante, es decir, volver atrás buscando los ideales que la nueva manera de hacer la guerra había destruido totalmente. Don Quijote no se vuelve loco por leer muchos libros de caballería, sino por su interés en encontrar sentido en ellos. “El Quijote” es también una muestra de la delgada línea que separa la cordura de la locura, ya que don Quijote puede acometer algunos actos de cuerdo (la defensa de Andrés, el muchacho al que azota su amo) sólo si está loco, y otros de loco (soltar a los galeotes) que deberían acometer los cuerdos.

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Con el regreso a la patria, la pequeña aldea donde el hidalgo Quijano leía novelas de caballería en busca de otras patrias, termina Cervantes su gran novela. Sancho exclama: “Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza tu hijo, si no muy rico, muy bien azotado. Abre los brazos, y recibe también tu hijo don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo; que según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse se puede...”. Don Quijote regresa de sus aventuras y muere con los ojos abiertos. Vencedor de sí mismo... En estas breves y claras palabras bulle toda la melancolía de aquella España del Siglo de Oro. Allí reside lo más profundo del héroe cervantino, lo más humano, aquello que más le une a sus contemporáneos, tan desangrados de aventuras y fantasías imperiales, tan desencantados de aquello que los triunfos militares les han forzado a soñar. Allí también reside su autor, siempre toreado por la vida, siempre huyendo de la mala suerte, de una existencia mediocre y la amargura de no alcanzar la gloria en el género príncipe de la literatura en aquella época, la poesía. “El Quijote” es una literatura que lleva a los límites los géneros de su tiempo, las expectativas de los lectores, y que se ha convertido en el centro de la novela contemporánea. Leer a Cervantes es leer el origen de la literatura contemporánea. Leer a Cervantes es diversión y entretenimiento; esa risa, esa ironía tan necesaria en la vida. Leer a Cervantes es la sorpresa de la ruptura de los límites entre la realidad y la ficción. Leer a Cervantes es adentrarse en un pensamiento, donde el diálogo, la comprensión del otro, de


quien es diferente, y el canto a la voluntad, son las piedras fundacionales de una nueva vida. Pese a que Cervantes consiguió vender numerosos ejemplares de El Quijote, no obtuvo ni los ingresos necesarios ni el reconocimiento de coetáneos como Lope de Vega; sin embargo, 400 años después de su

23 de abril, parece que en realidad murió el 22 de abril de 1616. ¿Qué mejor homenaje le podemos hacer a Cervantes que leer y releer sus obras y sumergirnos en ese universo quijotesco que tanto se parece al nuestro?

muerte, Miguel de Cervantes es, junto a Shakespeare, el autor más encumbrado de la Literatura Universal. Por cierto, pese a conmemorar su muerte el

F é lix B á g u e n a 2º Bto.

Y de primero... entremeses De primero...entremeses Bueno, como algunos ya sabréis, este año se cumplen 400 años de la muerte del escritor Miguel de Cervantes, al cual este instituto le hace un pequeño homenaje. Evidentemente sabréis que a Cervantes se le conoce sobre todo por su obra Don Quijote de la Mancha, pero, a veces, esta es la única obra a la que se homenajea cuando se habla de Cervantes. Así que, en esta ocasión, vamos a hablar sobre otra obra, concretamente sobre sus llamados Entremeses. Estos Entremeses son pequeñas obras que eran representadas entre los actos de las obras teatrales principales ; sin embargo, llegaron a adquirir semejante fama que muchas veces la gente pagaba la entrada de la obra solo por ver estas pequeñas interpretaciones. A raíz de todo esto, el Instituto organizó una actividad el dieciséis de febrero, para los alumnos de 3º de ESO y de 1º de Bachillerato, en la que fuimos a ver, en el teatro del colegio Salesianos de Zaragoza, una representación de dos de estos Entremeses; representados por una compañía de actores que, aunque agradables y con una gran pasión por el teatro, no consiguieron, en mi opinión, hacer una representación a la altura de estas obra. No me malentendáis, con esto no quiero decir que la obra no valiese la pena o fuera horrible; a lo que quiero llegar es a la dificultad de hacer que los Entremeses sean agradables de ver en estos días. Creo que cualquier compañía que intente representar a día de hoy obras tan antiguas, se enfrenta a un gran reto, ya que estamos hablando de hacer atractiva una obra escrita en torno al siglo XVI, con el lenguaje que esto acarrea, para un público joven del XXI. La compañía que fuimos a ver, intentó afrontar este problema usando expresiones un tanto anacrónicas como el uso de “tío”, o incluso llegando a versionar una canción de la obra en un "rap". Y este fue el único problema, el hecho de que esos elementos no terminen de encajar bien. Por lo demás, la obra fue representada ciertamente bien, con una buena actuación por parte de estos cuatro actores que conocimos y que, a pesar de lo dicho anteriormente, se las arreglaron para hacer una representación divertida y agradable. Jesús Garza 1º Bto.

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Contexto histórico­artístico Mi primera noticia sobre Miguel de Cervantes se debió, siendo niña, a un comentario de mi padre. Este, no siendo muy dado a anécdotas, contó que en algún momento de su adolescencia había leído Don Quijote de la Mancha. Lo había hecho en la panera de la casa, (así llamamos al desván que hace las veces de granero), ocultando, imagino, tan insólita actividad de la vista y oído de sus padres. Digo oído porque, según él recordaba, no había podido parar de reír ante las delirantes aventuras de aquel don Quijote. (El detalle del granero es importante: la clandestinidad necesaria para leer y no digamos para reírse leyendo). Teniendo en cuenta que a mi padre no se le veía mucho con un libro en las manos, mis expectativas eran muy altas cuando me tocó el turno y leímos algunos capítulos de dicha novela en el colegio, algo amargados por la impaciencia de nuestro severo profesor cuando no entendíamos el vocabulario. Si algo quedó en mi mente, entre reprimenda y reprimenda, fue la sensación de estupor ante un mundo de personajes y escenarios imposibles, como un cuadro del Bosco (de quien se celebra este año el quinto centenario). Confieso que lo leí con el corazón un poco encogido por las desdichas y desvaríos de aquel buen hombre, de aquel pobre loco. Se me ocurre que quizás el joven de la posguerra que fue mi padre estaba más cerca que yo de aquellos hombres del siglo XVII. O quizás que sólo entre la melancolía y la comicidad puede uno enfrentar la realidad humana de un modo lúcido y, a la vez, saludable. Para ubicarnos como corresponde, tomaremos las fechas del nacimiento y muerte de nuestro escritor: 1547­1616. En la segunda mitad del siglo XVI Felipe II gobernaba sobre el mayor imperio conocido hasta entonces: toda la Península Ibérica, buena parte de Italia y otros territorios europeos, plazas en el norte de África, las posesiones americanas y Filipinas. Le sucederá su hijo Felipe III hasta 1621. ¡Cómo una realidad tan amplia y compleja no iba a dar lugar a un catálogo interminable de conflictos, avatares y desastres! Cervantes vivió a caballo entre el Renacimiento y el Barroco (Siglo de Oro español), momentos de cambio, de crisis, que tal cosa significa esta palabra. Hombre de sangre caliente, tuvo una agitada biografía: Se cree que para escapar de una condena por una reyerta huyó a Roma, donde entraría en contacto con el Humanismo renacentista. Desde esta perspectiva, el hombre abandona el característico teocentrismo medieval y pasa a ser el centro de sus propias preocupaciones. No obstante, por estas fechas ya se tambalean el equilibrio y el idealismo renacentistas y en Italia impera el Manierismo, ejemplificado en la visión terrible del Juicio Final

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que había plasmado Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. En Toledo, el Greco pintará sus agitadas escenas de figuras alargadas y colores biliosos, bañadas por la luz fantástica de lo sobrenatural. Procede del mundo bizantino, tiene una personalísima visión y, sin embargo, su extraño misticismo sintoniza perfectamente con el de sus paisanos, parroquias y cofradías. Además, desde el punto de vista espiritual, Europa se ha roto y la mitad es católica y la otra mitad protestante. Esto determina una fuerte intolerancia religiosa: el Concilio de Trento clausurado en 1563 establece, entre otras cosas, un catálogo de libros prohibidos. Prohibido El Lazarillo de Tormes. Prohibida la obra de Erasmo, que desde el seno, un tanto incómodo, pero que no abandonó, de la Iglesia Católica, proponía un cristianismo más íntimo y auténtico. Prohibido Copérnico y su teoría heliocéntrica. En Ginebra, donde Calvino aplica su propia versión del protestantismo, el médico y teólogo aragonés Miguel Servet es quemado por hereje, por cuestionar el dogma de la Trinidad (desde luego tema farragoso donde los haya). La Contrarreforma busca afianzar el culto a la Virgen y los santos, dado que los protestantes habían optado por considerarlo accesorio. Las imágenes de apóstoles y mártires adoptan la forma de aquellos que los contemplan como en un espejo, acrecentándose así el fervor popular. Nadie hizo tal cosa mejor que el pintor llamado Caravaggio, que reprodujo en sus cuadros los rasgos propios de los personajes de los bajos fondos romanos que tan bien conocía. Así para su obra La muerte de la Virgen había tomado como modelo el cadáver de una famosa prostituta hallada ahogada en el Tíber, con el vientre hinchado y un ajado vestido rojo. ¡Qué curioso que se llegara a la esencia del mensaje evangélico de pobreza a través del marketing! Desde el Oriente acechaba el peligro musulmán. Cervantes fue soldado muchos años y luchó contra los turcos. Quedó lisiado en Lepanto. Fue cautivo en Argel durante más de cinco años y, siendo hombre peleón fueron muchas las veces que protagonizó fugas rocambolescas, hasta que le rescataron los Trinitarios, una orden militar que se dedicaba a eso,


Contexto histórico­artístico a rescatar cautivos. Se pensaba también que el enemigo estaba en casa, así que, alegando su complicidad con los turcos, se decretó la expulsión de los moriscos en 1609, algo que supondrá una pérdida del 4% de la población española, una sangría demográfica en momentos en los que tan necesaria era esta mano de obra, sobre todo en la agricultura, la actividad económica más importante. Años atrás se había expulsado a los judíos que no se habían convertido. La lucha por la uniformidad religiosa era implacable. En aquella época, se creía que el poder de los reyes procedía de Dios y en esto encontraba la monarquía absoluta su justificación. Absoluta, sin otros vínculos que supuestamente los divinos ni traba alguna a su autoridad. Esta construcción busca su fortaleza en la homogeneidad. No se trataba sólo de mantener un sistema político sino, sobre todo, una estructura económica y social. La miseria empujó a Cervantes al penoso oficio de recaudador del rey en Andalucía. Se trataba de la sociedad del privilegio en la que paradójicamente los más ricos, los que tenían acceso a la propiedad, eran los que estaban exentos de pagar impuestos (nobleza y clero), siendo el pueblo llano, desposeído, el que contribuye. De sus andanzas esos años atesoraría un auténtico catálogo de tipos humanos que desfilarán por sus páginas. Problemas y disputas lo llevarán a la cárcel varias veces. Siempre anheló Cervantes sumarse a la gran empresa americana y, estando la emigración al continente regulada a través de licencias, él las solicitó repetidamente y repetidamente le fueron denegadas. El hombre renacentista había buscado el autoconocimiento y prolongado ese afán al mundo tangible, visible que le rodeaba. Magallanes había dado la vuelta al mundo en 1520. Por primera vez se tendrá una imagen más ajustada de nuestro planeta, realidad que ahora había que dominar y someter. Así pues, frustradas sus aspiraciones en el nuevo continente, se establecerá el escritor en la más próxima ciudad de Valladolid. Vivirá allí con las mujeres de su familia. En aquella época, la mujer honrada solo podía serlo en el matrimonio o en el convento. Dos de sus hermanas, Andrea y Constanza, decidieron escapar de este destino. Siendo nominalmente costureras, serán, sin embargo, las aventuras galantes las que les permitan subsistir con cierto desahogo. Una de ellas tuvo una hija, Magdalena. El propio Cervantes tuvo otra, Isabel, su única descendiente, con la mujer de un tabernero. Con ellas y su esposa Catalina (con la que volvió

después de pasar años distanciado), amén de primas y sirvientas, convivirá el escritor. Eran llamadas despectivamente “Las Cervantas” y tenían una fama dudosa. En su obra vemos un Cervantes prefeminista: sus potentes personajes femeninos optan por la soltería, como Marcela, la pastora que libre nació y libre quiere morir o Preciosa, la indómita gitanilla, a la que ningún varón va a doblegar. Esto en una sociedad en la que la mujer no estaba emancipada y corría graves riesgos si se pasaba de excéntrica. Así en 1610, treinta y nueve aldeanas de Zugarramurdi fueron procesadas por brujería, siendo doce quemadas en la hoguera. Una contemporánea de Cervantes, Teresa de Jesús, hoy santa y doctora de la Iglesia, estuvo estrechamente vigilada por La Inquisición. Con el perfil de una mujer de negocios actual, fue reformadora del Carmelo, habilísima pedigüeña y grandísima literata. De la contradicción entre su naturaleza apasionada, su inmensa talla intelectual y las restricciones propias de la época, nacerá su arrebatada personalidad mística. Aquí va mi pequeño homenaje porque siempre le he tenido gran devoción. Fracasado Miguel de Cervantes en todo lo que emprendía, apostó finalmente por vivir de la literatura, pero a pesar de su empeño, no pudo superar a Lope de Vega como autor teatral. Mil vicisitudes para el escritor, no sabemos si necesarias para el inventor de la novela moderna. Si don Quijote fue de los libros a su ficticia realidad para conocer el escarnio y la aflicción, su creador siguió el proceso inverso: fue del mundo, que lo vapuleó a conciencia, a la literatura, donde encontró la fama, aunque no la fortuna. Don Quijote de la Mancha fue un auténtico best­seller en su momento, pero generó pocos derechos de autor. Así pues, este envejeció en la miseria, sin ahorros, viviendo en habitaciones alquiladas. Tuvo entierro de pobre, sus huesos en una tosca caja, con las iniciales M C trazadas con unas tachuelas de tapicero en la tapa. No dejó herencia, más que sus palabras, palabras que relatan grandeza y miseria, palabras tocadas por el dedo de Dios hasta en su último aliento: Puesto ya el pie en el estribo, con las ansias de la muerte, Gran Señor ésta te escribo. Ayer me dieron la extremaunción, y hov escribo ésta; el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y con todo esto llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir. Merche Pérez

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Cervantes y la influencia grecorromana Uno de los motivos que me llevaron a estudiar Filología Clásica fue el deseo de conocer el inicio de todo: las palabras, nuestras ideas, el origen de los géneros literarios, la escultura, la arquitectura, etc. Y ese camino sólo me podía dirigir a un destino, la antigüedad grecolatina. Y el arte, ¿de dónde surge el arte? ¿cuál es su función primera? Según escribió Aristóteles en su primer libro de la Poética, que trata sobre la tragedia ( todos los que han leído El Nombre de la Rosa de Umberto Eco saben del peligro que encierra leer ciertos libros), el arte surge como imitación a la Naturaleza, entendida ésta en su sentido más amplio, que incluye a la naturaleza humana. Pero cuando las primeras formas artísticas ya se han producido y ya existe la mímesis artística, ¿cuál es entonces la función del arte? Entonces el arte imita al arte y cada obra trata de superar los modelos anteriores. Digamos que toda obra literaria sirve como modelo para las obras posteriores, influye en las obras de los continuadores. Para un espectador de teatro de la Atenas del s.V era imposible no conocer de antemano el argumento de la obra que iba a ver. Se lo habían contado en innumerables ocasiones desde que era un niño y lo había visto representado en las obras de otros trágicos anteriores. Ellos iban al teatro para ver si la Electra de Eurípides superaba o no a la de Sófocles, en qué puntos divergian ambas obras y en qué había superado el segundo al primero. Para ellos el concepto de lo que nosotros conocemos hoy en día como plagio o copia artística era algo absurdo, no se le pedía a ningún autor originalidad en las tramas sino maestría a la hora de superar el modelo anterior. En el s. XX se denominó a esta relación que un texto escrito mantiene con los anteriores o incluso con los contemporáneos, Intertextualidad y ha sido el principal argumento esgrimido por los abogados defensores en casos de plagio. Pero el asunto llega aún más allá. El crítico literario norteamericano Harold Bloom llegó a acuñar el termino Ansiedad por la Influencia, mediante el cual un autor parte de un principio muy básico. El acto de creación literaria es ante todo un acto de lectura. Los autores continuamente están haciendo referencia velada a textos anteriores. Esto significa que el lector crítico debe encontrar los nexos de

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unión que van de un texto a otro texto. La Ansiedad por la Influencia sería aquella por la que un escritor se rebela contra toda la tradición literaria anterior a él e intenta abrirse un lugar en ella. Pero se da la paradoja de que al negar el pasado, al contradecir la tradición los escritores más recientes, no se libran de la influencia de sus precursores sino que la están afirmando con mucha más fuerza. Cervantes era un hombre muy culto y además un lector sin comparación. Y en aquella época, ser un hombre culto y leído suponía serlo sobre los autores grecolatinos. Hay numerosos estudios que cifran hasta en 40 los autores grecolatinos que han ejercido su influencia sobre el Quijote, aunque especialmente siempre se cita a Virgilio, con sus Bucolicas, a Ovidio, con su mito de las Cuatro Edades, a Hesíodo, a Homero. Cuarenta autores son muchos, seguramente Cervantes no debió sentir mucha Ansiedad por la Influencia al tratarse de ellos o, si la tuvo,no pudo vencerla. Ilustraré lo que estoy diciendo con un ejemplo del historiador griego Herodoto de Halicarnaso, el conocido como Padre de la Historia, que no era otra cosa que un profesional de la Literatura, (en Grecia la historiografía era un género literario más) y que debía animar sus relatos con historias que hiciesen más llevadera la lectura de sus obras, aunque no dejasen de ser cuentos que él mismo había escuchado como tales. En su libro I de Los nueve libros de Historia, Herodoto narra la historia de Giges y Candaules. Este último es un rey de Lidia que tiene la absurda idea de que su mejor amigo observe a escondidas a su esposa desnuda para que pueda hacerse una idea de la belleza real de su mujer. Giges accede obligado, pero la reina se da cuenta y obliga a Giges a matar a su esposo por haberla expuesto contra su voluntad. Con posterioridad, la reina se casa con Giges que llega a ser el nuevo rey de Lidia. Esta historia, que seguramente no sería inventada por Herodóto sino que pertenecería ya a una tradición literaria anterior, llegaría a Cervantes tanto por la vía directa como por la tradición literaria en la que aparecía, generalmente a través de autores italianos para los que fue fuente de varias obras. El caso es que Cervantes, en el Libro I de El Quijote, inserta la historia del Curioso Impertinente. En ella, Anselmo, presa de una impertinente curiosidad,


pide a su amigo Lotario que corteje a su esposa Camila para saber si esta le es fiel. A pesar de que está rechaza a Lotario, Anselmo insiste y al final consigue que ambos se conviertan en amantes, muriendo al final Anselmo de pena por la traición. Como dice la expresión latina Nihil novum sub sole. La cultura actual y la de todos los tiempos,

incluidos los de Cervantes, proviene de una tradición anterior que es necesario conocer, apreciar y transmitir para que siga existiendo la Literatura. Alberto García

Cervantes, Don Quijote y la música “…­Haga vuesa merced, señora, que se me ponga un laúd esta noche en mi aposento; que yo consolaré lo mejor que pudiere a esta lastimada doncella; que en los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser remedios calificados…” La música siempre ha tenido presencia importante en las obras cervantinas y, por supuesto, en "El Quijote" . Muchos expertos defienden que dichas referencias de canciones populares nacen de la experiencia directa del escritor, pero otros estudiosos plantean hipótesis diferentes que no viene al caso explicar ahora. Sin embargo, es necesario señalar que el Siglo de Oro literario fue también una brillante edad de oro musical en nuestro país. Será en este momento cuando nombres tan importantes para la historia de la música como Tomás Luis de Victoria, Antonio de Cabezón, Cristóbal de Morales o Francisco Guerrero desarrollen su labor creadora, aunque justo es mencionar que no aparecen reflejados en la obra cervantina. Tampoco aparece noticia alguna acerca de destacados vihuelistas como Luis de Narváez o Luis Milán pero, en cambio, sí aparecen numerosas citas ( como la que abre este escrito) musicales a lo largo de su novela, lo que da cuenta de la importancia que Cervantes atribuía a la música, aunque sean en su mayoría relativas al ámbito de la música popular. Por otro lado, la figura del hidalgo don Quijote ha sido fuente de inspiración para

numerosas e importantes obras del repertorio clásico mundial. Dado que no es posible mencionar todas, justo será dejar reflejo de alguna de ellas en razón de su calidad e interés: ­ Purcell, música de la obra de teatro Comical History of Don Quixote. ­ Esteve y Grimau, 1ª ópera basada en episodios del Quijote, las bodas de Camacho. ­ Falla, maravillosa obra cumbre de la historia de la música ópera de títeres titulada, el retablo de maese Pedro. ­ Massenet, ópera Don Quichotte, Halffter, opera del mismo título que la anterior. ­ Strauss, poema sinfónico Don Quijote. Algunas de estas obras las podéis ver en las direcciones que se citan a continuación: https://www.youtube.com/watch?v=IM28Rp3tTaE https://www.youtube.com/watch?v=5BAB9eodo5E https://www.youtube.com/watch?v=XT2rFcJnBjc https://www.google.com/?trackid=sp­006 https://www.youtube.com/watch?v=0ocs1eBJ7uM https://www.youtube.com/watch?v=uvSlaHsIxlc

M a r t ín S a n z

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El molino de viento quijotesco FUNCIONAMIENTO DE UN MOLINO DE VIENTO Y ENERGÍA DEL VIENTO. Ves allí, amigo San Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes... Técnicamente, ¿qué es un molino? Un molino es una máquina. Una máquina lo que hace es convertir un tipo de energía en otra. Eso es lo que hace exactamente un molino, convertir una determinada forma de energía (viento, agua, etc.) en energía mecánica, capaz de mover un mecanismo que produce un trabajo útil para el hombre. Desde tiempos remotos, el hombre ha utilizado distintas fuentes de energía para realizar las tareas relacionadas con el trabajo diario. Los primeros molinos fueron de agua, asentados junto a ríos y canales. Hasta entonces, el hombre había triturado el grano en molinos de mano, sirviéndose de dos piedras pulidas: una llana donde se depositaba y otra redonda que lo rompía. Pero si no había agua o en épocas de sequía, la energía que se utilizaba era el viento. El molino de viento clásico consiste en una estructura de piedra de forma cilíndrica o troncocónica, de base circular, en cuya parte superior hay unas aspas que transforman la energía del viento en mecánica (movimiento). Esta parte superior también sirve para orientar las aspas según la dirección del viento, mediante un largo madero exterior al edificio, que se amarra a unos hitos sujetos al suelo. Las aspas mueven una rueda casi vertical (catalina) que, mediante otro engranaje (linterna), transmite el movimiento del eje de las aspas a un eje vertical, que mueve la voladera. Sobre las aspas se disponían unas lonas para recibir el viento, que se retiraban cuando no era necesario el movimiento, con lo que aumentaba la duración de los mecanismos. El viento, como todos sabemos, no es otra cosa que el aire en movimiento. Pues bien, todos los cuerpos o masas en movimiento, tienen una energía, llamada energía cinética, y por tanto son capaces de desarrollar un trabajo. Cuanto mayor es la masa en movimiento (m) y su velocidad (v), mayor es la energía de que se dispone. Energía Cinética=1/2 mv^2 La energía cinética del aire, desde el punto de vista de la masa, es mayor con altas presiones y bajas temperatura y humedad.

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Por otra parte, en la fórmula también interviene la velocidad del viento con mayor influencia que la masa. El viento es consecuencia de la energía que el sol envía con sus radiaciones a la tierra. La mayor parte de esa potencia, alrededor de un 45 %, se convierte en calor, al ser absorbida por la atmósfera; otra buena parte, un 30%, es reflejada y devuelta al espacio; y el resto, del orden del 25% es la que influye, de una u otra manera, en la naturaleza de nuestro planeta. De esta última parte “solo” entre el 1 y el 2% se convierte en eólica. Visto esto, el fenómeno en muy simple: el calentamiento de la superficie del planeta hace que se caliente el aire que está en contacto con ella y, al calentarse el aire, su densidad disminuye y asciende. La potencia máxima que un molino podría aprovechar es la que transporta el viento que atraviesa la circunferencia que trazan sus aspas, esto es Potencia= 1/2 ρv^3 πr^2 Siendo ρ la densidad del aire, v su velocidad, r la longitud de las aspas y π=3,1416. Pero según demostró el físico alemán Albert Betz en 1919, no es posible aprovechar toda esta potencia, solo puede llegarse al 59,2 %. La causa fundamental de esta enorme pérdida es que la potencia se obtiene frenando al viento, aprovechando esta frenada para mover las aspas. Para poder extraer toda la potencia que el viento transporta habría que frenarlo completamente, dejándolo con velocidad cero, lo cual es imposible. Actualmente, se ha producido un nuevo auge del aprovechamiento del viento, pero esta vez no para su uso en una economía productiva, sino para la generación de electricidad. Esta se produce en los aerogeneradores. Estos últimos son muy parecidos a los molinos de viento de don Quijote. Y realmente estos sí que podrían considerarse como auténticos gigantes, puesto que algunos de ellos alcanzan los 90 m de altura hasta el buje o rotor y pueden tener hasta 120 m de distancia entre extremos de las palas. Luis Aragüés


Cervantes y el vino " S é te m pl a do e n e l be be r , c o n s i de r a n do qu e e l v i n o de m a s i a do , n i gu a r da s e c r e to n i c u m pl e pa l a br a " Don Quijote se ha convertido hoy también en el símbolo de La Mancha y por todos sus rincones podemos encontrar referencias a don Quijote, el vino no escapa de esta asociación y, sin ir más lejos, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen La Mancha incluye en su logotipo la imagen de don Quijote. Siendo España el país con mayor superficie de viñedo del mundo y el tercer productor mundial de vino, no es de extrañar que en la obra más célebre de Miguel de Cervantes aparezcan numerosas alusiones al vino y se convierta casi en otro protagonista más de El Quijote. Según nos explicaba Cervantes, no era costumbre de los caballeros andantes el beber vino, siguiendo las estrictas leyes de caballería; no obstante, podemos encontrarnos cómo en su primera salida y a la llegada a la venta en la que entró como Alonso Quijano y salió armado caballero por el ventero en la forma de don Quijote, éste es ayudado a beber por medio de una pajita por la que le daban el vino las mozas que allí servían, sin quitarle el casco de su armadura, que se le había atascado y resultaba imposible de soltar. Otras menciones al vino célebres fueron, al menos, la de la Cueva de Montesinos en la que se encontró con la Reina Ginebra y su dueña Quintañona, escanciando el vino a Lanzarote, o la de la aventura de los odres o pellejos de vino que Don Quijote ensartó sin ningún miramiento, creyéndolos desaforados gigantes y además enemigos. También se hace notar la habilidad de algunos personajes para conocer la calidad de los caldos de la tierra, como se pone de manifiesto en la historia de los catadores que disputaban cuál de ambos era mejor y más acertado en el diagnóstico de la calidad de los vinos y a los que dieron a probar el vino de una misma cuba y, el uno con la punta de la lengua, y el otro sólo oliéndolo, dijeron que tenía sabor a hierro, el uno, y que sabía a cordobán, el otro. Limpiaron la cuba al terminar el vino y encontraron en ella una pequeña llave pendiente de una correa de cordobán. Pero, probablemente, la referencia más célebre al vino aparece en el CAPÍTULO XLIII De los consejos segundos que dio Don Quijote a Sancho Panza: "Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado, ni guarda secreto ni cumple palabra". Este es un sabio mensaje, que hoy en día sigue vigente y que nos viene a decir que el consumo de vino debe ser responsable y con moderación. J o s é M a n u e l G r a n de D o m i n go Profesor de Vitivinicultura y declarado amante de los buenos vinos

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Shakespeare, también centenario B I OG R A F Í A William Shakespeare nació en 1564 en Stratford­upon­Avon (Reino Unido). Hijo de un comerciante local, se casó a los dieciocho años con Anne Hathaway, con la que tuvo tres hijos. Hacia 1590 se asentó con su familia en Londres, donde alcanzó renombre como actor, dramaturgo y empresario de su propia compañía, que se instaló en el Teatro del Globo en 1599. En 1611, tras el estreno de La tempestad, su última obra, se retiró a su pueblo natal, donde murió el 23 de abril de 1616. Los escasísimos documentos privados o administrativos que se conservan referentes a su vida apenas permiten reconstruir de manera inequívoca su biografía. Esto ha dado pie a diversas leyendas­al parecer infundadas­ sobre la verdadera autoría de sus obras, que se han atribuido también al filósofo Francis Bacon, a Edward de Vere (conde de Oxford) o a Christopher Marlowe. OB R A El poeta y dramaturgo británico William Shakespeare es el máximo representante del teatro isabelino, y una de las cimas­ junto con su contemporáneo, el español Miguel de Cervantes­ de la literatura universal. Su figura ha eclipsado a otros notables dramaturgos isabelinos. Es el caso de Christopher Marlowe (1564­1593), autor de Doctor Fausto y de Ben Jonson (1572­1637), autor de Volpone. Su obra lírica se compone de ciento cincuenta sonetos, que se apartan de las convenciones de los cancioneros petrarquistas. Presentan un doble destinatario: la mayor parte de ellos se dirige a un hombre bello y joven, y una treintena, a una mujer morena, muy distinta de la amada idealizada propia del Renacimiento. Los temas recurrentes son la poesía y el amor, que se oponen al paso del tiempo. Su obra dramática se puede clasificar en tres grandes grupos: dramas históricos, comedias y tragedias. Los dramas históricos shakesperianos toman sus argumentos y personajes de la historia reciente de Inglaterra, desde que Enrique IV usurpa el trono a Ricardo II en 1399,

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instaurando la casa de los Lancaster, hasta que, tras la Guerra de las Dos Rosas, el trono recae en Enrique VII, primer rey de la dinastía Tudor y abuelo de Isabel I, reina en tiempos del autor. Los títulos principales son Ricardo II, Enrique IV, Enrique V (en dos partes), Enrique VI (en tres partes) y Ricardo III. En ellos se retrata la decadencia de Inglaterra durante el siglo XV, sumida en el caos a causa de sus gobernantes. Solo Enrique V presenta una visión positiva del rey, con un tono marcadamente patriótico. En las comedias predominan los enredos amorosos. Algunas presentan motivos o procedimientos usados ya en el teatro de Plauto como fuente de equívocos: el disfraz (Los dos hidalgos de Verona, Como gustéis) o el parecido entre gemelos (La comedia de los errores, Noche de Reyes), otras incorporan elementos mágicos o sobrenaturales (El sueño de una noche de verano, Cuento de invierno, La tempestad). Forman un grupo aparte las comedias sombrías El mercader de Venecia y Medida por medida, protagonizadas por sendos villanos: el ambiguo Shylock y el hipócrita Angelo, un juez lujurioso tremendamente implacable en la aplicación de las leyes. La indagación en las pasiones humanas (el amor, la venganza, los celos, la ambición...) y la hondura y complejidad de los personajes alcanza en las tragedias de Shakespeare su máxima expresión. Con respecto a la tragedia clásica, los personajes no son víctimas del destino, sino de sus propios errores. Las tragedias pueden dividirse en dos bloques: las inspiradas en episodios de la historia de Roma (Julio César, Antonio y Cleopatra) y las grandes tragedias (Romeo y Julieta, Hamlet, Otelo, Macbeth y El rey Lear). Se puede considerar que Shakespeare es el dramaturgo total, que refleja en sus obras todos los temas, conflictos y pulsiones humanas. En su obra predomina una visión pesimista, desengañada, de la realidad y de la condición humana. L o la M illá n

Suplemento nº 9 Tinta de Mazuela-Cervantes  

Revista del I.E.S. Joaquín Costa de Cariñena

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