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Hace mucho tiempo que no escribo un diario durante una expedición, tan solo unas escuetas cronologías para recordar algunos nombres y fechas. No me lo pedía el cuerpo. Pero este año sí, este año me lo pide a gritos y he decidido hacerle caso. No siempre va a hacer uno lo contrario de lo que le pide el cuerpo. He decidido también hacer caso a los que me conocen y me quieren. De esta expedición habrá audiovisual, diario y todas aquellas cosas que hacían que nuestros viajes, fuesen polémicos, compartidos y disfrutados por muchos a nuestro alrededor. Entre todos volveremos a soñar. Comienzo este diario el día 4 de agosto de 2008, dentro de la tienda de campaña mientras fuera bajo la lluvia, Manu intenta, supongo que solo por entretenerse, desviar el río que tiene prisionero a nuestro vehículo. Luis y el conductor han salido esta mañana a las cinco en busca de ayuda, son las once y aún no sabemos nada…, no se me ocurre ningún sitio mejor para abandonarse a la introspección y la escritura.

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ÂżPor quĂŠ creeremos que cambiando el exterior vamos a modificar nuestro interior?

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Volamos rumbo a Estambul. Qué raro me encuentro sin la barba, el espejo me devuelve una cara que no es la mía. ¿Por qué creeremos que cambiando el exterior vamos a modificar nuestro interior? Dice mi amigo José Antonio que hay que construirse desde dentro, pero, qué difícil. No me gusta nada, a la vuelta volveré a tener barba. Todos estos pensamientos y un millón de tonterías más pasaban por mi cabeza mientras el avión, una vez más, me alejaba de Madrid camino de un destino incierto pero redentor. Y una vez más, cerrando los ojos y sintiendo como

el asiento se inclina por el despegue, deseaba como nunca que ese mismo avión me alejase de mi realidad madrileña lo más rápido y lo más lejos posible. El viaje como experiencia renovadora, como catarsis. Ya veremos. Después de una breve escala en Estambul, embarcamos rumbo a Dushanbe. Llegamos como a las tres de la madrugada. Visados en aeropuerto, taxi hasta el hotel Tayikistán.

...una vez más, me alejaba de Madrid camino de un destino incierto.

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Como los clásicos Bueno, estamos calentando los motores del avión. Pero antes de partir (anda, que ya sé que queréis saber qué cámara me llevo de expedición al final) os quería proponer un juego. Yo no soy muy viejo, pero un poco antiguo si que me gusta parecer. Por eso me resisto a prescindir de las diapos, de las Leicas, de las montañas sin nombre, de los amores imposibles… Vamos a jugar a que somos viajeros de otro tiempo, por ejemplo del siglo XIX, o si lo preferís un Graham Green o un reportero de la agencia Magnun cualquiera. Entonces las crónicas de los viajes no se enviaban por Internet, ni por fax. Se mandaban por correo o, en el mejor de los casos, por un precario teléfono que nunca funcionaba. Os propongo un salto al pasado para acompañarnos a nuestro viaje a Tayikistán (más pasado que ésto, es imposible). Yo no voy a mandaros ningún comentario desde este remoto territorio pero se encargará de contaros nuestras peripecias nuestra corresponsal en España, Estela Alonso. Durante estas semanas mi blog en Desnivel será para ella. Es una buena amiga de todos los que formamos esta expedición, guía de montaña en Picos de Europa, tiene la sensibilidad necesaria para entender lo que vamos a vivir y escribe como los mismos ángeles. Llevo años viajando y nada me pone de peor humor que esos cibercafés perdidos en el más allá, llenos de guiris con pinta de enteraos, o esos campamentos bases llenos de ordenadores portátiles poniendo al corriente de todo lo que pasa a medio mundo. Nosotros somos diferentes, somos antiguos, llamaremos de vez en cuando a Estela desde donde podamos (si podemos) y ella, como brillante reportera, os contará como son las cosas, los paisajes, los nervios, el esfuerzo, todo, pero sin estar allí. Auténtico ejercicio de literatura. Ahora que ya no se lleva nada lo literario, que todo es tecnología, inmediatez, vamos a vivir esta aventura entre todos, por las palabras, por el relato en estado puro, como se viven lo sueños, con el corazón. Suerte Estela, estaremos pendientes de ti.

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Blog Desnivel 26/07/08 a las 06:07:47 pm


El encuentro con la ciudad es nostรกlgico y un poco triste.

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Dormimos hasta tarde. Salimos para gestionar otro permiso que necesitamos para la zona concreta de nuestra expedición. El encuentro con la ciudad es nostálgico y un poco triste. Otra triste ciudad de la era soviética. Pero ésta es aún más remota que otras que ya conozco. Los taxistas no conocen ninguna calle, por supuesto no hablan inglés, nunca han visto extranjeros por aquí, pero son muy voluntariosos. Damos vueltas y vueltas por la ciudad sin resultado.

Luis habla farsi que se supone es la lengua de todos estos pueblos centro asiáticos, pero aquí hablan una mezcla de ruso y farsi modificado que nos hace casi imposible comunicarnos. Hace mucho calor y estamos un poco agobiados. Al fin, por la tarde, conseguimos llegar a una oficina que parece que se puede encargar de los trámites. Necesitamos unas fotos, Manu y yo no hemos traído, parecemos novatos. Encontramos un estudio en la calle,

sabemos que lo es por el universal símbolo de la Kodak (y pensar que este icono mundial de la fotografía está a punto de cerrar), cosas de la globalización. Nos retrata un tipo con cara de pocos amigos sobre una cartulina blanca de fondo (¡cuántos recuerdos!), por supuesto con cámara digital. Mientras esperamos, nos enseña la pantalla de su ordenador y nos propone un cambio de imagen: nuestras sudadas camisetas se transforman en un traje con corbata de la guerra

Hace mucho calor y estamos un poco agobiados.

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28. 07 fría. Nos hace tanta gracia, que decidimos que sí, y de repente por obra del Adobe Paint, Manu y yo tenemos nuestras fotos con aspecto de ministros. ¡Cómo mola! Cuando llegamos a la oficina está cerrada. Regresamos al hotel y escribo en mi blog de Desnivel. Para mí es una experiencia nueva y resulta emocionante. Estás escribiendo tus sensaciones, tus experiencias, le das a un botón y ya está, en el ciberespacio, al alcance de no sabes quién, sin saber si lo lee alguien o no, sin posibilidad de arrepentirte de lo escrito, con parte de tu interior en un escaparate frente al que no sabes quien pasará. Después de las primeras dudas, decido desnudarme. Creo que para mí es terapéutico. Mis reflexiones sobre la ciudad, mi insomnio, mis depres, van pasando por el blog y hace que me sienta mejor, me serena.

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Después de las primeras dudas, decido desnudarme.


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Como Mis Marco los clásicos Polos Me han encargado escribir sobre unas montañas que desconozco, sobre una expedición que envidio por cuanto tiene de innovadora al buscar lo inexplorado, pero también escribir sobre unas personas a las que admiro y quiero por ser parte de mi vida, porque con ellos he compartido momentos inolvidables en la montaña. Escribir sobre Luis es encontrarse con la mesura hecha persona. Su disposición para enfrentarse con las situaciones y trabajos más comprometidos lo hacen un excelente compañero de cordada. Nunca pierde las formas, su talante es siempre alegre y si hay que encarar un largo “entretenido” ya nadie pregunta quien se atará al primer extremo de la cuerda. Javier es un caso aparte. Con él aprendí hace muchos años a distinguir los colores de la montaña, he “padecido” sus interminables charlitas frente a una buena copa de vino, y también he disfrutado de los mejores chuletones de todos los valles que nos han acogido tras la actividad realizada. Pero tras su incuestionable bagaje gastronómico y cultural, se encuentra un alpinista de los de quitarse el sombrero. Conserva ese espíritu del alpinismo clásico y romántico, tan poco frecuente en nuestros días en los que la competición aporta tan sólo una obsesiva búsqueda de la dificultad. A Manu no lo conozco personalmente, pero sólo he oído cosas buenas sobre él. Sé que es un gran alpinista, y no dudo que por lo que me cuentan, una gran persona. Los tres forman una cordada con un objetivo emocionante como es alcanzar una cumbre completamente inexplorada, pero además, sé que van a disfrutar de un país lleno de contrastes y sé que van a llenarse de sensaciones que intentaré transmitiros desde mis modestas montañas. Al igual que Marco Polo, recorrerán los valles de la Cordillera del Pamir en la búsqueda de un viaje donde los medios serán más importantes por intensos y emocionantes que el fin de la cima.

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Como Mis Marco los clásicos Polos Las comunicaciones por Internet y satélite han destruido el aislamiento, una de las mayores atracciones de la escalada en las grandes montañas, pero esta expedición, por su planteamiento como viaje a la antigua usanza, pondrá ese toque romántico que tanto les gusta a sus componentes. Espero saber haceros llegar todas sus vivencias de una forma amena y cercana, lejos de las grandes ampulosidades que tantas veces rodean los relatos de montaña. Como este espacio es abierto y bidireccional, comentadme todas las imprecisiones, sugerencias o correcciones que consideréis oportunas. Y a mis valientes Marco Polos, mucha suerte.

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Como los clásicos Tayikistan Este desconocido Tras dos días intentando hablar con Javier (los que lo conozcáis sabréis a que me refiero porque es una auténtica locura lograr estar más de dos minutos seguidos con él al teléfono) para conseguir una pequeña descripción de la zona a la que se dirigen, detalles prácticos de la aproximación y la escalada, al final me he tenido que conformar con un breve pero intenso relato de Luis desde el aeropuerto a última hora (menos mal que el líder es el líder, y se nota quien lleva las riendas del equipo…). Ayer partían de Madrid a mediodía con destino a Estambul, para tras una breve escala volar a Dushanbe, capital de Tayikistán. Tras realizar las compras necesarias para aprovisionarse, tomarán rumbo al sur para dirigirse a Khorough, última población importante antes de adentrarse en los valles altos del Pamir. Aquí comenzará con seguridad la auténtica aventura, ya que tendrán que recorrer un territorio sin apenas infraestructuras aprovechando los poblados de pastores existentes en el camino. Con los medios de los que éstos dispongan (camellos, caballos), irán aproximándose a la base de las montañas que forman parte de la Cordillera del Pamir, objetivo de este viaje. Hasta que reciba noticias frescas intentaré contaros algo del país al que se dirigen para poneros en situación. La República de Tayikistán está ubicada en Asia central, cercada por Kirguizistán al norte, China al este, Afganistán al sur y Uzbekistán al oeste. Formó parte de la antigua Unión Soviética con el nombre de República Socialista Soviética de Tayikistán hasta que logró su independencia el 25 de diciembre de 1.991. Con una superficie de 143.000 km2 y una población de 6.500.000 habitantes, sus idiomas oficiales son el persa y el tayiko, algo que no supondrá ningún problema para nuestros exploradores porque Luis se defiende con soltura con el primero de ellos. Tras la independencia, el país ha sufrido una incruenta guerra civil durante seis años entre distintas milicias representantes de diferentes regiones del país. La población no-musulmana (particularmente y judíos) tuvo que abandonar el país debido a las persecuciones y al incremento de la pobreza. El conflicto y sus secuelas provocaron la muerte de más de 50.000

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Como los clásicos Tayikistan Este desconocido personas y obligaron a 1.2 millones de personas a convertirse en refugiados. Actualmente es el único país de Asia central con un partido islamista con presencia en el Gobierno y el Parlamento. Tayikistán es el país más pobre de Asia Central, lo que ha motivado que sea el que más ayuda recibe de la Unión Europea. Sólo el 6 por ciento de la tierra es cultivable, siendo el algodón su principal producción agrícola. Los recursos minerales son bastantes ricos: carbón, plomo, cinc, mineral de hierro, petróleo, gas natural y antimonio. El país posee considerables reservas de oro y presume de tener uno de los yacimientos de plata más grandes del mundo. Es también un gran productor de energía hidroeléctrica, parte de la cual abastece a la industria del aluminio. En el próximo episodio os describiré la Cordillera del Pamir para no saturaros en éste con demasiados datos. Quizá también ya tengamos alguna noticia de nuestros intrépidos Marco Polos.

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...en esta expedición y en este país nada será fácil.

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Hoy madrugamos más. Yo no logro dormir bien, paso las noches dando vueltas en la cama sin lograr conciliar el sueño y con pensamientos oscuros y obsesivos. Espero que poco a poco las montañas sean ese bálsamo que siempre han sido. Llevamos las elegantes fotos a la oficina pero no nos aseguran cuando estará el visado. Dedicaremos el día a intentar conseguir un transporte hasta nuestro próximo punto, Korok. Teniendo en cuenta que es una ciudad importante no debería ser mucho problema, pero comenzamos a intuir que en esta expedición y en este país nada será fácil. Viajar con Luis a estos países siempre es garantía, además de un placer, con su farsi y nuestros gestos logramos apalabrar un vehículo para Korok. Volvemos al hotel que es el único sitio de Dushanbe donde hace menos de cuarenta grados. El hotel es bastante lujoso, ni que decir tiene que estamos aquí por equivocación. En una guía figuraba como “medio”, pero parece que la guía no estaba muy actualizada. El hotel había sufrido una remodelación que le había añadido una estrella y ya que estábamos…, en fin, que se está estupendamente. Malas noticias. Nuestro visado no estará para mañana sino para pasado. Tenemos un momento de tensión pero al final siempre nos hacemos la misma reflexión: viajar “por libre” a países sin apenas turismo, a zonas desconocidas, tiene estas cosas. No se puede nadar y guardar la ropa. También estas peripecias burocráticas forman parte de la aventura.

A veces parecemos totalmente gilipollas.

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Ahora que escribo estas reflexiones desde la tienda montada junto al coche atrapado en el río esperando el regreso de Luis y el conductor con ayuda, que salieron hace casi ocho horas, me da un poco de congoja. Siempre me viene a la cabeza otros destinos inciertos de nuestras expediciones, como el Fairweather en Alaska, donde no logramos llegar ni al campo base después de uno de los meses más duros que recuerdo. O cuando en Groenlandia, después de buscar inútilmente un depósito con pulkas, decidimos atravesar parte del islandis con unos espantosos macutos que prácticamente nos ponían los hombros en carne viva para llegar después de días de sufrimiento a un pico en mitad de la nada y realizar la primera ascensión. Cuando la aventura es total, es TOTAL. A veces parecemos totalmente gilipollas. A ver como salimos de ésta. Vuelvo a mi blog de Desnivel y a mi insomnio. Mañana visitaremos unas ruinas cercanas a la capital.


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Como los Desde Dushanbe clásicos Ahora tengo un rato y en el hotel tenemos internet (dónde quedaron aquellos garitos infernales de Nairobi, de Lima, de Leh…). Haré lo que pueda, que no será mucho con un teclado que comparte los caracteres en cirílico. Vosotros, hábiles e inteligentes lectores de este blog, decidme, cuanto tiempo se tarda en desconectar de nuestro mundo rutinario y de limpiar tu cabeza y tu corazón para enfrentarte a un viaje como éste (no encuentro el signo de interrogación, tampoco los acentos). Podemos dejar atrás en tan solo unas horas y unos miles de kilómetros, nuestras rutinas, nuestras miserias, nuestras obsesiones y enfrentarnos con la mirada limpia a esta nueva realidad (aquí va una interrogación que no encuentro en cirílico). Quizás este un poco preocupado porque esta misma mañana, desde el mismísimo culo del mundo, he hablado con mi banco, con mi gestor, con mi estudio, y no lo he hecho con más gente que no debo por pura disciplina y no por falta de ganas. Lástima de lobotomía que nos ampute del cerebro la parte que tenemos de gente corriente y nos deje limpios para empezar de cero. Pero ya sabemos lo que tiene viajar deprisa, casi nunca coincide el lugar donde está nuestro cuerpo y nuestro corazón. Hace mucho tiempo me contaron que uno de los primeros exploradores occidentales que viajó con los indios de Norte América en sus migraciones a lo largo de las praderas, en una ocasión preguntó al Jefe de la tribu por el motivo de las frecuentes paradas que, sin justificación alguna, realizaban con frecuencia y les tenían acampados durante días. El Jefe respondió que tenían que esperar a sus almas. El ritmo de los caballos era demasiado rápido y la única manera de viajar juntos, cuerpo y espíritu, era acompasando el paso y esperando de vez en cuando para reunirse cuando el cuerpo iba demasiado deprisa. Me gustaría escuchar su opinión sobre mi conversación de esta mañana con el director de mi sucursal de La Caixa desde Tayikistán, a miles de kilómetros de distancia, recorridos en apenas dos días. Se supone que soy fotógrafo y debería escribir sobre fotos pero esto que os cuento es también una imagen, una imagen de dentro, pero una imagen al fin y al cabo (decían los pintores románticos que la mejor manera de mirar un paisaje era cerrar los ojos, probadlo alguna vez ya veréis que sorpresa). Estamos a la espera del permiso y creo que pasaremos horas de aburrimiento en el hotel. Os prometo una fotografía más física del lugar remoto donde estamos, siempre con el permiso de Estela. Salud

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Blog Desnivel 26/07/08 a las 06:07:47 pm


...aquellos recuerdos de muchos años atrás habían venido a mí como la Magdalena de Proust.

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Visitamos Hisstar. Es una antigua ciudad por donde transcurría una de las variantes de la ruta de la seda. Todas estas ciudades y edificaciones tienen más de evocadoras que de monumentales. Realmente, comparadas con otras similares, no son de gran valor, pero si uno deja volar su imaginación y las sitúa en la época en la que caravanas de cientos de camellos y caballos llenaban sus calles, caravanas que partían desde miles de kilómetros en Oriente y Occidente cargados con

“cosas” que la mayoría de la gente no sospechaba ni que existían, entonces todas estas construcciones comienzan a revelar su encanto. Antes incluso que la ruta de la seda, Alejandro Magno anduvo por aquí. Cuando estamos recorriendo la fortificación, aparecen varios coches haciendo sonar estrepitosamente sus bocinas: es una boda.

En el momento que sale la novia del coche se me dispara como un resorte interior y salgo corriendo a hacerle fotos. Luis con el video también. Después aparece otra novia más, ésta un poco menos occidental, digamos. Yo estoy en medio del sarao disparando mi cámara de fotos, nervioso y acelerado. Cuando acabo me viene a la cabeza, pero sobre todo al corazón, tantos recuerdos... Yo empecé en la profesión de fotógrafo haciendo fotos de bodas. Fotos de bodas y fotos de carnet en la puerta de mi facultad de sociología para pagarme la carrera. Ahora, en Tayikistán, en dos días, aquellos recuerdos de muchos años atrás habían venido a mí como la Magdalena de Proust. Las miles de fotos de novias y novios que había hecho durante los primeros años de profesión, me dejaron algunas cosas ya para siempre dentro de mí. Me enseñaron que, primero, una boda, incluida la propia, nunca es lo que parece. Y no digo más, a buen entendedor con pocas palabras basta. Y segundo, me enseñaron a valorar mi trabajo, a creerme mi profesión. Cuando eres muy joven y por las imágenes que salen de tu cámara alguien está dispuesto a pagar cifras nada despreciables, se produce algo mágico: empiezas a pensar que eres fotógrafo profesional. Después vendrá ser un “buen fotógrafo”, pero para ti, como una gran revelación, el gran salto ha llegado. Todos los fotógrafos que aún siendo buenos se quedarán por el camino, saben de lo que hablo. Hablo de vivir de tu cámara, de hacer realidad una ilusión, un sueño. Y a mí,

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eso me lo enseñó la fotografía de bodas, lo que se llama el reporte social (BBC: bodas, bautizos y comuniones). Luego, un día, decidí que no volvería a hacer nunca más fotos de bodas y si podía evitarlo tampoco asistiría a ninguna, por mi equilibrio psicológico (quizás, algún día asistiré a la mía). También hice miles de fotos de carnet sobre una cartulina blanca (hasta la Infanta Cristina en su periplo universitario pasó por

delante de mi objetivo) igual que el fotógrafo de Dushanbe, pero sin cámara digital y sin posibilidad de retoque. Éramos un grupo de amigos que nos considerábamos guerrilleros de la fotografía, lo mismo hacíamos unas fotos de escalada que estábamos fotografiando niños con los Reyes Magos en la puerta de Galerías


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Preciados. Igual hacíamos un bodegón con detergentes que una entrega de diplomas en el salón de la facultad. Solo había una constante, la cámara. Todo valía si era fotografía. Y así, entre los sudores de las tardes de junio embutido en un traje de mi padre (entonces los fotógrafos de bodas teníamos que llevar traje y corbata), riéndole las gracias a los invitados bolingas de las bodas que siempre la toman con el fotógrafo y entre las noches sin dormir pasadas en los laboratorios (que entonces revelaban de noche), entre cámaras bloqueadas por el frío por encima de 6000 m. y entre tiritonas para poder fotografiar el amanecer desde un vivac, fuimos aprendiendo el oficio. Fuimos aprendiendo lo que es la fotografía y lo que es ganarse la vida con ella. Después de tanto, ¿cómo no voy a saber de fotos?, ¿cómo no voy a ser un poco “listillo”?. Todas estas cosas me pasaban por la cabeza cuando veía a las novias marcharse en su coche lleno de floridos adornos y recordaba el estudio de fotos de carnet del día anterior. También para eso sirven las expediciones, para charlar un rato con “el hombre que siempre va conmigo”.

¿cómo no voy a ser un poco “listillo”? 20

Manu tiene una fuerte diarrea. Hace un calor agobiante y mientras esperamos un transporte que nos devuelva a la capital, buscamos ansiosos una cerveza fría. Este es un país musulmán y aunque moderado (son ismaelitas), encontrar una cerveza por la calle a veces no resulta tan fácil como nos gustaría. Por fin encontramos una especie de terraza oculta por unas lonas, donde nos sirven unas jarras de cerveza y unos pinchos morunos que aquí se llaman sheak kebab. Manu pasa de las dos cosas, su cara es un poema, pero como las desgracias nunca vienen solas, se le cuelga, literalmente, el típico bolinga que forma parte del paisaje universal de los bares del mundo. Según se va poniendo más pesado, Manu va sacando la mala leche. Luis elabora una bonita teoría que mantiene que la percepción de la pesadez del prójimo depende de la ingesta alcohólica propia. Como yo también lo suscribo, comenzamos a tomar jarras de cerveza a buen ritmo, mientras el pobre Manu, que por su diarrea no puede sumarse, tiene que salir huyendo para no llegar a las manos con su nuevo “amiguito”. Luis y yo nos incorporamos a la fauna local y podemos comprobar la proverbial hospitalidad tayika.


30. 07 Ene cervezas después, y no sin dificultad, logramos librarnos de nuestros compañeros tayikos, menos del amiguito de Manu que se empeña en acompañarnos para despedirse. Es difícil describir la cara de Manu, que está al borde de la deshidratación esperando en lo que parece ser la estación de autobuses, cuando nos vio aparecer con el susodicho. Sin comentarios.

Volvemos a Dushanbe. Hablo con Estela que está llevando la heroica tarea de mantener activo el blog en nuestra ausencia. Pienso en el marrón que le he colocado. Pienso en su valentía. Intento escribir o leer hasta tarde para que las noches sean breves y no darle mucha cancha al insomnio.

...podemos comprobar la proverbial hospitalidad tayika.

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ComoFoto Una los clásicos desde Dushanbe Continúo con este maldito insomnio que me persigue desde hace unos meses y como mis proveedores habituales (camellos) de Lexatin no han venido a la expedición, me dedico a darle vueltas a los recuerdos, a las historias para contaros…, además de intentar usar como somnífero alguna que otra cerveza y algún que otro vodka. Hablando de Vodka, anoche cuando volvíamos al hotel tuve una alucinación recorriendo la ciudad y pensé que igual podía estar en Ulam Bator, en Petropaulot, en Bisquet o en las afueras de Moscú. Ahora no os puedo contar más porque tenemos al taxista que nos lleva a Hissar esperando en la puerta. El permiso se retrasa dos días y tendré más tiempo para acabar esta foto de la ciudad esta tarde a mi regreso. Esperarme.

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Una Foto desde Dushanbe 2 Ya estamos de vuelta de nuestra excursión a 45 grados, pero eso ya os lo contaré otro DÍA. Como os decía anoche tuve una especie de visión y de repente pasaron delante de mi todas las calles de las ciudades de la órbita de la antigua Unión Soviética que he visitado. Esas ciudades grises por el color del cemento de los edificios, homogéneas y lineales, con grandes avenidas para contener el tráfico que seguramente nunca tendrán, con edificios de viviendas que se repiten uno detrás de otro para cumplir el lema del antiguo sistema socialista, cada familia una vivienda. Ciudades monótonas salpicadas de tanto en tanto por monumentos y edificios singulares que parecen sacados de un cómic de ciencia ficción americano de los cincuenta. Es el modelo socialista que se repite igual en Mongolia, en Tayikistán, en Siberia, o a las afueras de Moscú. Racional, sobrio y efectivo, consigue que no existan prácticamente cinturones de pobreza en las ciudades, que no existan barrios de chabolas como en América Latina o en Asia. Pero realmente son tristes, y de alguna manera consiguen transmitir esa tristeza. Ya lo dijo mi amigo Cristóbal en nuestra primera expedición por estas tierras, qué triste es Rusia (igual el vodka que llevaba en el cuerpo también influye). Pues sí Cristóbal, son tristes y sobre todo en las ciudades, uno no puede dejar de tener la sensación de estar de paso, y creo que incluso sus propios habitantes, sobre todo en Rusia, también tienen esa sensación de provisionalidad y esa sombra de tristeza, sobre todo en la mirada. El sistema socialista creó el segundo mundo con todos estos países y los colocó en la pista de despegue (además de muchas otras cosas, da gusto ver en Mongolia o en los pueblos de la península de Kamchaztka como las mujeres trabajan en una razonable igualdad y están presentes y visibles en sus sociedades o como la mayoría sabe quien es Chojov. Ya quisieran muchos de los países que tuvieron que soportar otros sistemas), ahora

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Una Foto desde Dushanbe 2 depende de ellos quitarse de encima esa tristeza, esa dependencia emocional y estética de lo que fue la tremenda apisonadora socialista. Ahora tendrán que llenar de colores unas sociedades que aún están en blanco y negro, porque como decía el slogan de la Kodak, el mundo es en color. Nosotros, por ahora, tendremos que aguantar los coletazos de la burocracia de antes y esperar mientras nuestro permiso va de despacho en despacho a la espera de algún sello oficial, antes de poder salir para las montanas. Menuda charlita (que diría Estela) sociológica os acabo de meter. Claro que yo no tengo otra cosa en la que emplear el tiempo, pero vosotros, no tenéis otra cosa que hacer que estar leyendo las tonterías que escribo desde el culo del mundo (aquí viene la interrogación que el teclado cirílico no tiene). En fin, vosotros sabréis en que empleáis vuestro tiempo que ya sois mayorcitos. Como lo más seguro es que el insomnio vuelva a visitarme (benditos camellos, cómo os echo de menos), la próxima historieta que os contaré será de fotografía, pero no de la literaria, de la otra (¡ah! pero hay dos…). Paciencia que todo pasa.

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Hoy por fin parece que salimos hacia nuestro destino: El Pamir

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31. 07 Hoy por fin parece que salimos hacia nuestro destino: el Pamir. A las 11 h. se presentó el chofer con el que habíamos concertado el viaje, pero ni el conductor será él, ni el coche el que apalabramos. El vehículo es un pequeño Lada Niva donde apenas entramos con nuestro equipaje. Pero atención: ¡quiere colarnos un quinto pasajero! Y por supuesto, al final, nos lo coló. Por fin estamos en ruta, cinco en un Lada, con el equipaje entre las piernas y con un conductor que tiene cara de loco, pero por fin en el camino. Desde luego este no es un país para nerviosos, ni para gente que guste de una planificación milimétrica. Después de múltiples paradas (calentones del coche, de los ocupantes, comidas, bebidas), llegamos a las

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tres de la madrugada a Kala-i-Khum después de 15 horas de coche desde nuestra salida de Dushanbe. El viaje nos pareció épico (claro que aún no sabíamos lo que nos esperaba después), la carretera casi toda sin asfaltar, un calor agobiante, polvo, pinchazos, paradas para arreglar las ruedas pinchadas, etc., etc. y todo para acabar en un “hotel” del que prefiero ahorrarme los detalles, pero en el que nos planteamos seriamente dormir en la calle en lugar de la habitación. Yo, simplemente no dormí ni una hora. Eso sí, fue muy barato, menos de un euro por persona y creo que la temperatura en la habitación no bajó de treinta grados.


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...ni

el conductor serĂĄ ĂŠl, ni el coche el que apalabramos.

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Diario de Tayikistán