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Fotos: CortesĂ­a Paulina Lavista


Rodrigo Martínez Baracs

libros Crecer entre

Hace unas semanas se abrió al público el Fondo José Luis Martínez en la Biblioteca de México José Vasconcelos. Rodrigo Martínez Baracs hace un recuento de aquellos años en que aprendió a vivir entre los libros de su padre, y a respetar y admirar la que es, sin duda, la mejor biblioteca de literatura mexicana.

T

endría tal vez que psicoanalizarme para entender el significado de haber vivido en una casa rodeada de libros. Hasta los seis años vivimos en nuestra casita rentada en la calle de Euclides 10, colonia Anzures, y en esa época no vivía rodeado de libros. Una pieza era la biblioteca, pero yo debí haber ido poco, y, ya lo conté, una vez mi padre me pegó por andar sacando los libros de los anaqueles inferiores. Recuerdo que mi abuela materna, húngara, que llamábamos Mutti, vio un libro para niños que me regalaron, era una versión de Gulliver en el país de los gigantes, y me dijo que Jonathan Swift era bueno. También mi padre me regalaba versiones resumidas de

Moby Dick. Enfrente de nosotros vivían Pehua y Max Aub, y a veces los saludábamos y llegué a entrar a su casa llena de libros, en los pasillos, la sala, el estudio y los cuartos. Pero después nos fuimos en 1960 al Perú, y en 1962 a París, donde los libros de mi padre, que se quedaron en su mayor parte en México, no eran una presencia invasora. Pero sí estaba presente el gusto por los libros. En Francia mi padre leía con gran admiración la Chanson de Roland. Yo leía a Astérix le Gaulois y las historias del Petit Nicolas, y recibía la revista Tintin. Cuando regresamos a México y mis padres compraron en 1961 la casa de la calle Rousseau 53, esta vez sí, por primera vez, cobré conciencia de la omnipresencia 43


Crecer entre libros / Rodrigo Martínez Baracs

de los libros en nuestra casa. Pero no fue más bochornosas y lamentables a la histouna conciencia que sintiera que nos indiria de la historia de la literatura nacional, y vidualizaba demasiado, pues durante mula confieso aquí no sin pudor. cho tiempo sentí que era lo normal. Qué Mi padre nunca intentó demasiado ser más bello que un cuadro en la pared haya mi maestro de literatura. Algo, o mucho sido una pared forrada de libros en bellos me transmitía, pero dejó que su enseñanza libreros barnizados; que el verdadero cafuera natural, espontánea, por el ejemplo y lor de hogar lo daba una superficie llena la sensibilidad. Recuerdo que al entrar a la de libros; que sin ellos las paredes estaban adolescencia tuve por primera vez conciendesnudas. Me sorprendía un poco con las cia de mi gran incultura y de sus posibles casas de algunos amigos que no tenían causas. Nuestro salón en el Liceo tenía una muchos volúmenes, pero tener la casa pequeña biblioteca y una amiga me conllena de ellos fue lo normal. Los padres tó frente a ella de los varios libros que ya de mis amigos, Alberto Davidoff y Jorge había leído. Yo nunca había sacado, creo, Soní, Alfonso García Roninguno, y recuerdo que le bles y Julio César Rubello, Algunos libros dije: “Como en casa tenetenían buenas bibliotecas, eran míos, pero mos tantos libros y mi padre y frecuentemente íbamos a ha leído tantos, como que no mi padre los casa de Alí Chumacero o de siento la necesidad de leerconsideraba Joaquín Díez-Canedo, relos yo también”. A partir de suyos, como pletas de libros, así como las ese momento hice un mayor los Peanuts, de de mi abuelo Gabriel Makay, esfuerzo por aprovechar los Charlie Brown húngaro, y mi tío Jan Knilibros de la biblioteca de mi zek, checo. Pero eso no hizo padre, pero con retraso y esde mí un ser libresco, al contrario, fui en casas luces, y hasta la fecha acarreo terrimucho un producto de lo más comercial bles lagunas culturales que procuro ocultar de los años cincuenta y sesenta, y más que en lo posible. Cómo quisiera leer más, y leer libros veía la tele y leía cómics, cusmás rápido y con mayor intensidad, para todiado por mi nana. En París, gracias a disfrutar más de la riqueza escrita que nos mis padres, mi hermana y yo oíamos buehan legado los hombres más esclarecidos. na música: los Beatles, Georges Brassens, En los años siguientes, pues, no sólo sentí Jeanne Moreau, pero de regreso a México la necesidad de leer más, sino también de ir nos dejamos agarrar por lo peor de la radio teniendo mis propios libros, pero sobre todo, y de la tele, oíamos a Creedence, pero conde contribuir a la tarea familiar de cuidar, resfieso que también a los Monkees, y cuando petar, acrecentar, ordenar los ejemplares de la mi padre escribió su estudio sobre “Nueva biblioteca de mi padre, quien me enseñó a literatura, nueva sensibilidad” y me pidió abrir los volúmenes intonsos, sin rasgar el letras de canciones de rock, le pasé algún papel, y la manera de sacar los libros demadisco de los Monkees en lugar de algo siado apretados de los libreros, empujando de los Beatles, los Rolling Stones o Bob los dos libros de los lados, sin correr el riesgo Dylan. Ésta es una de mis contribuciones de arrancarles la parte superior del lomo. 44


Fotos: Conaculta, 2011

Fondo José Luis Martínez en la Biblioteca de México José Vasconcelos. Mi descubrimiento de la ciudad de México en el Juárez-Loreto, otros camiones y largas caminatas, me llevó a conocerla a partir de sus librerías de viejo, y llevaba a mi padre cuando descubría alguna. Algunos libros eran míos, pero mi padre los consideraba suyos, como los Peanuts, de Charlie Brown. Los Petits Nicolas, de Sempé y Goscinny, y Le Pétomane sí fueron míos míos. O a propósito de mis aficiones mi padre me regalaba ejemplares que se volvían series, como la de las partituras de música clásica de la benemérita editorial neoyorkina Dover: tal vez el mejor regalo de mi vida fue cuando mi padre me trajo de la librería Dalis en la Zona Rosa las partituras de la música para te-

clado de Bach, los cuartetos de Beethoven y las sinfonías de Brahms. Cuando las colecciones crecían y desbordaban los libreros, los nuevos libreros pasaban a recibir libros de varias colecciones, la disposición de los libros o el derecho de tal o cual para estar allí eran objeto de vivas discusiones. No recuerdo si ya conté que en sus últimos años le sugerí que un tomo enorme con las memorias de un ex presidente no tenía derecho a estar en el nuevo librero del fondo del invernadero, en lugar de Manuel Gamio, y que había que ponerlo en el garaje (donde se guardaban series de documentos oficiales o libros menores); mi padre se enojó y creo que por primera vez por poco me dice una grosería. 45


Fotos tomadas del libro La biblioteca de mi padre, dgp, 2010

Crecer entre libros / Rodrigo Martínez Baracs

Vista de la habitación de Rodrigo Martínez Baracs.

La Biblioteca en la casa de Rosseau 53. Supongo que tenía conciencia de que “lo que hoy es noticia mañana es historia”. La biblioteca de nuestro padre se había convertido en un culto familiar. Las bibliotecas mexicanas para México En el caso particular de la biblioteca de mi padre me parece muy importante que haya permanecido en México porque es una gran colección, una de más de sesenta mil volúmenes, en su mayor parte dedicados a todos los aspectos de la vida de México (li46

teratura, historia, cultura, arte, ciencia, economía, humor, política) y todo lo que un mexicano culto debe conocer para entender el mundo en el que vive y disfrutarlo. En México, como Fondo José Luis Martínez de la Biblioteca de México José Vasconcelos, en la Ciudadela, es donde va a encontrar la mayor cantidad posible de lectores ideales, que la puedan aprovechar plenamente. Esto vale hasta por las lenguas de los libros de la colección, en su mayor parte en español, pero también con muchos textos en sus versiones originales en francés o inglés, y


algunos pocos en otras lenguas como latín, las de literatura mexicana de los siglo xix y griego, alemán, italiano, portugués, lenguas xx, y los de cultura y arte, son únicos e irrepeamerindias, entre otras. tibles. Hay muchas otras cosas importantes, Es imposible saber qué efectos va a tepero antes hay que hacer una investigación ner el establecimiento del Fondo José Luis sobre si esas series, no propiamente únicas, Martínez en la Biblioteca de México José están siendo reproducidas en otra parte. Vasconcelos sobre los estudios literarios y Por cierto, hay que tener en cuenta la culturales. Es tan bajo el nivel de lectura en diferencia entre las ediciones digitales y las nuestro país, que bien podría suceder que revistas o libros verdaderos. Para tomar un muy poca gente venga a aprovecharlo. Ojaejemplo, el formato de una revista como lá no sea así. Lo importante, como lo reLetras Libres en Internet es totalmente dicalcó Gabriel Zaid, es el carácter deliberaferente del formato de esa revista en papel, do de la biblioteca de mi padre: es posible y además variando según la edición mexique haya bibliotecas públicas que tengan cana y la española. De modo que en este más libros que mi padre, y caso sí valdría la pena hacer que sobre varios temas tenuna reproducción digital de El gran gan más. Pero lo importanalguna de las colecciones en peligro es la te es que los libros que José papel de Letras Libres. privatización Luis Martínez fue juntando Para el momento en el que de un bien, la siempre fueron discriminavivimos, me parece muy imdebe ser cultura dos por su importancia, por portante que existan copias de todos, como su calidad, por su belleza, digitales de todos los libros el aire, el agua por su carácter documental. que se han producido y que Nunca, aun en los casos de se seguirán produciendo en y la vida los muchos libros que llegael planeta. Este gran fondo ban automáticamente a la casa, sobre todo bibliográfico universal debe de ser de acpredominaba la importancia de los libros y ceso irrestricto y gratuito, no se puede prilas series a las que pertenecía. Por ejemplo, vatizar, y debe ser gratuito o con un precio aunque mi padre durante un tiempo combajo, tan sólo necesario para garantizar la pró la revista Playboy, que yo manoseaba continuación del trabajo de digitalización. febrilmente de adolescente, nunca formó El gran peligro, que advirtió Darnton es una colección con ella, y me llamó la atenla privatización de un bien, la cultura, que ción ver en casa de un amigo mío mirar en debe ser absolutamente común, de todos, la biblioteca de su padre que él tenía sus como el aire, el agua y la vida. Otro gran Playboy encuadernados. peligro es que la digitalización pretenda suplantar los originales. Es muy imporHacia el soporte digital tante que existan varias bibliotecas que Me parece que vale la pena replicar electróniconserven, cuiden y den acceso a los libros camente solamente lo mejor de la biblioteca y revistas de papel originales, para evitar el de mi padre, lo cual ya de por sí es mucho. peligro de que se pierda el referente origiMuchas series de libros y revistas, sobre todo nal de las ediciones digitales. 47


Tierra Adentro 169 - Crecer entre libros