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ISSN: 1657-9690

DOSSIER

Memoria y presencia de Jaime

Jaime Tello, palabra crítica Jaime Tello, traductor Jaime Tello, poeta Año 9 Nº 12 Ibagué - Mayo 2010

Tello


Con la Secretaría de Cultura, Turismo y Comercio

La cultura y el arte al alcance de todos Los siguientes son algunos de los log ros alcanzados por la Secretaría de Cultura, Turismo y Comercio del municipio durante el 2009. • 3.364 Niños, Niñas y Adolescentes recibieron formación especializada dir ectamente en sus c omunas en ár eas como dibujo y pintura; música, ar tes escénicas, cultura audiovisual y danza. • Se crearon 3 nuevas bibliot ecas públicas, una en el barrio Gaitán, Comuna 13 (Guámbitos) y otra en la Ciudadela Comfenalco, en convenio con la Caja de Compensación Familiar Comfenalco. • Se dotar on 15 bibliot ecas c on c omputadoras y c onexión a internet. • Fortalecimiento del C onsejo de C ultura Municipal: S e reactivó el C onsejo y se facilit ó la elec ción de nuev os delegados o gest ores de los dif erentes sec tores culturales de la ciudad. • Muestra Audiovisual SIN TAQUILLA • Taller de Máscaras. • Realización del P rimer Encuentro de F olclor Infantil Fides. • Se diseñó , desarr olló e implement ó el Sist ema de I nformación Turística que cuenta c on tres componentes: un software que integra los atractivos turísticos, prestadores de ser vicios del sec tor, indicadores, una agenda turística; y un por tal web donde las personas pueden conocer toda la oferta turística y planear sus vacaciones y eventos. La dirección de esta pág ina es: w ww.vivetolima.com • Con la coordinación del Fondo de Promoción Turística 20 agentes de viajes conocieron la oferta turística de Ibagué.

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Capacitación y Elaboración de carrozas de la versión número 37 del desfile del San Juan. Se capacitó a 100 taxistas en sensibilización turística. Se log ró el r egistro de cuatr o pr ogramas educativ os, tres académic os y uno t écnico laboral para la Escuela de Formación Artística y Cultural, EFAC. Se legaliz ó el r egistro ant e la Superint endencia de I ndustria y Comercio de la M arca: Ibagué Capital Musical de Colombia.

Agenda Ibagué Capital Musical de Colombia •

Gracias a esta agenda se pr omovió el turismo cultural con la realización de los siguientes eventos: • Gran Concierto Nacional del 20 de julio • Festival Nacional de la Música Colombiana y XV Concurso Nacional de Duetos Príncipes de la Canción • Quinto S eminario I beroamericano de Guitarra Clásica Homenaje al maestro Leo Brouwer • Serenata a Ibagué • Festival Internacional de Piano. • Festival de Jazz • Concierto de Gala Ibagué 459 años • Cuarto festival de hip hop Ibagué 2009 • Trigésimo Séptimo Festival Folclórico Colombiano • VI Festival de Heavy Metal • IV Taller de Dirección Sinfónica • Na vidad Tolimense Mayores informes Biblioteca Soledad Rengifo. Teléfono 2611277.


Año 9 Nº 12 Ibagué - mayo 2010

Dirección: Pastor Polanía Nelson Romero Guzmán Diseño e impresión: León Gráficas Ltda. Calle 14 Nº 6-25 PBX 2630088 Ilustraciones: Pastor Polanía Caricatura de Jaime Tello: Manuel Antonio Bomilla Ramírez Cedida por Hernando Bonilla M.

Portada: Sin título. Acrílico. Eduardo Mogollón

TRAUMASUR TODO PARA FRACTURAS

IBAGUÉ: Calle 33 Nº 4A-49 - Tel. 2659800 Frente Hospital Federico Lleras Calle 60 Nº 6A-23 - Tel: 2659919 Frente Clínica Saludcoop NEIVA: Calle 11 Nº 7A-04 Tel: 8718448 traumasur@hotmal.com

Dirección: Calle 60 Nº 6A-25 Barrio EL Limonar Teléfonos: 2659800 - 2690838 tiempodepalabra-1@hotmail.com www.revistatiempodepalabra.com Los textos, traducciones e ilustraciones fueron especialmente cedidos por sus autores a la revista Tiempo de Palabra. Aceptamos colaboraciones para ser leidas y valoradas por el Comité Editorial sin ningún compromiso de publicación. Valor ejemplar: $10.000.oo


Contenido Memoria y presencia de Jaime Tello .............................................................................................3

Jaime Tello, palabra crítica Emily Dickinson ....................................................................................................................7 José Gorostiza ...................................................................................................................... 13 Villaurrutia y el sentimiento de la muerte ..................................................................... 17 Maruja Vieira ...................................................................................................................... 22 Hacia un nuevo concepto de la poesía ........................................................................... 24 Música y literatura .............................................................................................................. 26

Jaime Tello, traductor Poesía norteamericana ....................................................................................................... 29 Poesía brasileña ................................................................................................................... 36 Poesía japonesa .................................................................................................................... 43

Jaime Tello, poeta Teorema inicial .................................................................................................................... 51 Serie de fibonacci ................................................................................................................ 53 Modulor ............................................................................................................................... 54 Área del silencio .................................................................................................................. 55

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Liu Zhanqiu, un poeta en bicicleta ............................................................................................ 56

Reseñas Algunos cuentos de Luisa Valenzuela............................................................................. 59 La comunidad de los rockeros.......................................................................................... 61 Ofrendas, la memoria y su olvido ..................................................................................... 63

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Memoria y presencia de Jaime Tello

influencia de Mito; por otra parte, Tello se fue a vivir a Europa y finalmente se radicó en Venezuela, donde publicó la mayoría de sus libros, lo que hizo que su nombre se mencionara poco en la literatura colombiana de la segunda mitad del siglo XX. Con todo, su obra es digna de rescatarse para el enriquecimiento de nuestra literatura. Como poeta fue autor del libro Geometría del espacio (Bogotá, 1951). Reconocido traductor de T.S. Eliot, lo fue también de Stephen Spender, de la poesía norteamericana y brasileña, así como del haikú. Fruto de esa labor son sus libros Jaikais de Basho y sus discípulos (1941), Cien años de poesía norteamericana (1965) y Cuatro siglos de poesía brasileña (1986). En los años cuarentas y cincuentas, Tello intentaba romper con el letargo de la poesía colombiana

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Caricatura de Jaime Tello, por Manuel Antonio Bonilla R.

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aime Tello nació en el municipio tolimense de Espinal, en 1918. Murió en Bogotá en 1996. Su formación intelectual fue diversa, rigurosa y enriquecida por los viajes. Políglota, poeta, traductor, investigador, ensayista, crítico y humanista. Si bien se reconoce a la generación de Mito como la que protagonizó la ruptura con la tradición en Colombia y la apertura a la modernidad en arte y literatura, hay que reconocer a Tello como el escritor que se anticipa desde los años cuarenta e inicios de los cincuenta a dicha ruptura. Salvo que la postura crítica y el aporte renovador de sus ideas no tuvieron mucho eco en su época por varias razones: las revistas en que publicó sus ensayos y notas críticas seguían un tanto enclavadas en el provincialismo de las ideas, lo que no vino a ocurrir con la revista Mito a partir de 1955, que tuvo en sus colaboradores todo un programa de renovación en la forma de hacer y pensar del artista. Hoy por hoy, los aportes de Tello resultan significativos a la par de la


principalmente. Desde Londres enviaba sus escritos a las revistas bogotanas Bolívar, dirigida por Rafael Maya, Vida a cargo de Gerardo Valencia y Revista de América que dirigiera Eduardo Santos, entre otras. De esas fuentes se tomaron los ensayos para este dossier de rescate de Tello. Por el lado de la literatura latinoamericana, Jaime Tello tuvo relaciones en Londres con José Gorostiza, de quien escribió un ajustado comentario de su reciente libro Muerte sin fin, aparecido en “Lecturas Dominicales” de El Tiempo en 1953; igual se ocupó de Villarrutia, de Borges y del primer libro de Maruja Viera. Jaime Tello vivió en Londres entre 1945 a 1947. En el 48 residió en Norteamérica. Igual pasó una temporada en París. Entre 1949 y 1955 realizó una serie de charlas sobre poesía norteamericana en la Radiodifusora Nacional de Colombia; fue profesor de Literatura Norteamericana en la Universidad Nacional de Colombia y en la Central de Venezuela. Se radicó en Caracas desde 1971. Estudió Derecho y Ciencias Económicas (Universidad Javeriana) y Música en el Conservatorio Nacional de Bogotá. Fue profesor de la UCV y colaborador de la prensa venezolana. Editó la revista Zodíaco (Caracas). Entre sus estudios y ensayos están Jaikais de Bashó y sus discípulos (1941); El hombre y el paisaje colombiano (1959); Cerámicas venezolanas (1962); Un experimento joyceano (1964); 25 pintores de Venezuela (1965); La vida de Alexander Alexander escrita por él mismo (1978); Julio Pacheco Rivas: memoria de espejos= Amemory of mirrors (1989).

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De su obra compilatoria hacen parte los libros Stephen Spender Eight Poemas (edición bilingüe, 1962); 100 años de poesía norteamericana (1965); Poetas norteamericanos traducidos por poetas venezolanos (1976); Como crece la sombra: antología bolivariana de escritores y artistas colombianos (1980); Contemporary Venezuelan Poetry (1983); Cuatro siglos de poesía brasileña (1983); Los poetas a Bolívar (1983); Cortejo (1987). Su obra poética está representada en los títulos Geometría del espacio (1951); Homenaje a Juan Ramón (1965); Geometría del espacio y otros poemas (1971); Concreciones (1988). Como poeta, Tello supo asimilar en el lenguaje las tendencias novísimas de la vanguardia europea y latinoamericana, del surrealismo y el futurismo principalmente. Con la metáfora de las manos impregnó su poesía de extrañas imágenes, llenas de sorpresa e ironía, no exentas de una crítica soterrada, propia del inconformismo, que por eso no descuidan al poeta que supo ser. A través de la presente muestra representativa de la obra de Tello, podemos reconocer al escritor que “está en su tiempo y contra su tiempo”. Esa divisa es propia de la postura crítica de este autor, de sus lecturas y sus aportes en los más variados asuntos que atañen a un agudo intelectual y humanista. Por eso este número monográfico de la revista pretende ser un reconocimiento a esos autores un tanto olvidados o al margen de las imposturas. Nelson Romero Guzmán


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Jaime Tello, palabra crítica Emily Dickinson José Gorostiza Xavier Villarrutia Maruja Vieira Un nuevo concepto de poesía


Emily Dickinson

Emily Dickinson

Jaime Tello

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unque Emily Dickinson vivió en la época de Whitman (nació en 1830), ninguno de los dos se conoció, y por lo tanto no es el caso de contemplar la posibilidad de influencias. Emily Dickinson no se parece a nadie. Su originalidad es asombrosa, su modernidad deslumbrante. Durante su vida sólo vieron la luz cuatro poemas suyos. Y su fama sólo vino a lograrse totalmente en 1930, al cumplirse el primer centenario de su nacimiento; desde en-

tonces su influencia ha sido extraordinaria sobre la poesía norteamericana, y singularmente sobre las mujeres poetas. Nació Emily Dickinson en Amherst, Massachusetts, y desde los veintiséis años se mantuvo recluida en su elegante mansión. Su vida ha sido un misterio para todos. Han querido algunos descubrir el nombre del secreto amante, del enamorado imposible que inspirara tantas de sus estrofas.

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Sin embargo, nada se ha puesto en claro. Sólo que era una mujer tímida, retirada, silenciosa, siempre vestida de blanco. Es un caso perfecto de poder creador intuitivo. Sus estudios fueron escasos, pues no pudo soportar la vida de colegio. Sus relaciones con el mundo externo, nulas. Ella se fabricó su universo particular, y allí se puso en contacto con todas las cosas. Su intuición fue tan poderosa, que muchos decenios antes de que Ezra Pound y Amy Lowell lanzaran sus teorías imaginistas (que posteriormente estudiaremos), ya Emily Dickinson las había utilizado. Su modernidad es tan desconcertante que lo moderno de Archibald MacLeish aparece demodé junto a lo de Emily. MacLeish en su poema Ars Poética nos deslumbra con su tesis: La poesía no debe expresar nada Sino serSesenta años antes Emily Dickinson había dicho: La belleza no es causada, Es. Emily comenzó a quebrar ritmos, a distorsionar rimas, a jugar con la gramática. De repente encuentra uno la forma feliz en que evita la imagen inevitable dándole un giro inesperado; se ve a cada paso la eliminación de la frase fácil, del con-

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cepto pedestre, para ofrecernos en cambio un relámpago de visión, en esos versos suyos breves, supersintéticos. Elimina la puntuación -¡eso en 1870!- y solo quedan unos cuantos guiones para separar las ideas, y comienza a utilizar mayúsculas para todas las palabras importantes. Emily Dickinson en pleno siglo XIX era más moderna que muchos poetas actuales. Louis Untermeyer ha citado un par de versos de Hodgson para compararlos con versos similares de Emily Dickinson. Hodgson ha escrito recientemente: “Dios ama un ocioso arcoiris tanto como los activos mares”, y en algún otro sitio, “La razón tiene lunas, pero las lunas que no son suyas yacen reflejadas en el mar, confundiendo sus astrónomos, pero, ¡oh! Deleitándome”. Y Emily, tantos años antes había dicho: El arcoiris no me dice Que la tormenta se aproxima, Y sin embargo me convence Más que cualquier filosofía


Y no era desprecio por la filosofía, se apresura a afirmar Untermeyer y lo comprueba con una estrofa de Emily sobre la paradoja de la disciplina: La experiencia es la tortuosa vía Que la paradoja prefiere contra toda razón, Pues la razón supone Que nos levaría en sentido contrario. Qué complicada la disciplina humana, Que impulsa al hombre a escoger Su propio plan predestinado. Para comprender mejor la personalidad de esta misteriosa mujer, tan llena de imperfecciones en su obra y no obstante tan definitiva en sus poemas, leamos algunos de los mil doscientos que dejó inéditos, escondidos en cajones de tocador, escritos en pequeños trocitos de papel, atiborrados en variaciones posibles, de palabras sustituibles.

Gusto un licor no destilado Gusto un licor destilado, De un vaso engastado de perlas; Todos los tanques de Renania No destilan tal alcohol! Estoy embriagada de aire, Y seducida de rocío, Me tambaleo en el verano Al salir de tabernas de azul Cuando la abeja ebria arrojen Los amos del bar de una flor, Cuando la mariposa renuncie A beber, ¡yo beberé más!

Hasta que los serafines Se quiten sus gorros de nieve Y los santos corran a la ventana A ver a la pequeña ebria Recostada contra el sol! La poetisa se ha integrado con los elementos, con la belleza de la naturaleza, se ha embriagado de cuanto existe. Dejó Emily un precioso poema de delicioso irrespeto para con Dios, pero un irrespeto amable. Alguien ha comentado que Emily era como una niña un poco pícara sentada en las piernas de Dios, y tirándole las barbas con toda complacencia.

Nunca he perdido más del doble Nunca he perdido más del doble, En el césped lo perdí yo; Y dos veces como un mendigo He estado a las puertas de Dios! Los ángeles dos veces bajaron Y mi despensa se colmó. Ladrón, banquero, padre mío, Arruinada otra vez estoy! Parece que la pérdida ha sido la pérdida de la primavera –la pérdida de la primavera de la Naturaleza de la juventud. Pero los ángeles descienden y regresa la primavera. Dios da y quita, por eso ella lo llama “ladrón, banquero, padre”. A veces en pleno otoño, viene una ola de calor,

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y se vive un nuevo verano efímero, que se llama en Inglaterra y en los Estados unidos indian summer: verano indio. Sobre ese tema Emily nos ha dejado una delicada acuarela:

Indian summer Hoy son los días en que las aves Regresan sospechosas A echar una mirada al ayer. Hoy son los días cuando los cielos Se visten un traje de junio – Una mentira oro y azul. Fraude que no engaña a la abeja, Eres tan real que casi Llego a creer en tu verdad, Hasta que llueven las semillas Y a través del aire alterado Vuela una tímida hoja seca! Oh sacramento del verano Oh, última comunión en la niebla, Permíteme que asista A compartir los sacros emblemas A comer tu sagrado pan A gustar tú vino inmortal! Enamorada del misterio, en perpetuo trance de belleza, Emily vivía para las emociones del paisaje. Los más pequeños detalles de hermosura no pasaban inadvertidos para su temperamento finamente emotivo.

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Misterios El susurro de una abeja Me embrujó a mí. Si me preguntáis porqué, Más fácil sería morir Que decir. El rojo de la colina Me ha robado la voluntad; Y si alguien protestare, Cuidado, Dios está allá, Nada más. La primera luz del alba Me embelleció Si alguien preguntara cómo, El artista que me esculpió Debe decir! Emily Dickinson se anticipó a su tiempo en el arte y en el concepto de lo estético. Aquí y allá en su obra se observan toques de la manera surrealista. Su mundo es un mundo extraño, mundo de sueños, mundo de sensaciones. Tal vez de ello dependa la caoticidad que algunos críticos han querido ver en su obra. Singular ejemplo de esta manera poética de Emily es su poema:

Escuché una mosca zumbar cuando morí Escuché una mosca zumbar cuando morí La rigidez en torno a mi cuerpo Era cual la rigidez del aire Entre colinas de tormenta.


Los ojos se habían secado, Y se aglomeraban los hálitos Para el postrer suspiro, cuando el rey Se vea atestiguado de su poder y gloria. Doné mis regalos, obsequié Lo que de mi era obsequiable, E interpuse entonces una mosca Con su zumbido incierto, azul, desatinado, El tema de la muerte que aparece en este poema es casi omnipresente en la obra de Emily Dickinson. Quizás ella vivió en una muerte permanente, enclaustrada en su mansión de nueva Inglaterra, padeciendo la ausencia del amado imposible, antes que padecer la tortura del ostracismo social. El tema de la muerte aparece en este otro poema, cuyo título es el primer verso – como la mayoría.

Hay una cierta luz oblicua Hay una cierta luz oblicua En los crepúsculos de invierno, Que oprime como el peso De salmodia de catedral. Nos hiere dulcemente, Ni cicatriz hallar podemos, Pero hay algo dentro del alma Donde las cosas algo expresan. Nadie puede enseñarle nada, La desesperación es su sello, Una aflicción imperial Que nos llega desde el aire.

Cuando llega, el paisaje escucha. La sombra contiene el aliento; Cuando se va, es la distancia De la mirada de la muerte. Pero no es sólo la muerte de los seres, es la muerte de las cosas, la muerte de las flores, de todo lo pequeño, lo que la preocupa. Un poema mínimo sobre el tema nos da la clave de toda la crueldad de su sentimiento:

Al parecer sin que sorprenda Al parecer sin que sorprenda A ninguna flor jubilosa, El hielo cae y la destroza Con accidental poderío El rubio asesino pasa, El sol avanza inconmovido A medir otro nuevo día Para un dios que todo aprueba. Emily no puede comprender que Dios permita la muerte de una flor. Y recuerda uno el otro verso ya citado: “Ladrón, banquero, padre”, porque de esa flor descabezada por el hielo surgirán otras para deleite de los ojos. Hé aquí cómo el crítico norteamericano Louis Untermeyer ha juzgado la obra de Emily Dickinson: “Un juicio crítico no tiene que ser por fuerza condenatorio, sino que debe seguir un curso entre las ridiculizaciones (de que Emily Dickinson fue víctima al principio) y la exagerada adulación de hoy día. El indudable encanto de su poesía es

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claro que se extiende necesariamente a sus errores gramaticales, ni la precisión de sus epítetos logra disforzar sus frecuentes fracasos para diferenciar entre la imaginación y la fantasía. ¿Puede uno, necesita uno, aplaudir todas las excentricidades, las familiaridades, la desfachatez? Lo burlón puede ser refrescante, ¿pero son acaso siempre agradables sus travesuras con Dios? “Y sin embargo, sería un alma ruda y totalmente antipoética la que no sucumba eventualmente a su retórica, con todas sus irregularidades e imperfecciones. Su vivacidad cubre su afectación y oculta sus contradicciones. Sus raudas condensaciones –que ningún escritor ha logrado depasar nunca –ganan al más renuente. Se angustia uno ante la forma como ella empaca literalmente ideas gigantescas en una cuarteta explosiva (un poeta actual ha calificado sus versos de meteoros incombustibles), fascinados por una expresión tan paradójica, tan ingenua al parecer, pero en realidad tan metafísica. “…los obvios defectos y curiosas irregularidades han sido aceptados, tienen incluso un encanto propio. La brillantez de sus imágenes nos enceguece y no nos deja ver su demasiado frecuente timidez ni su exagerada autocompasión que le permitió llamarse a si misma “Emperatriz del calvario”. Pero quizás sea, creo yo, en estas imperfecciones en lo que radica precisamente la honda humanidad de Emily Dickinson. Como persona era

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imperfecta, frustrada, tal vez llena de pequeños rencores de solterona. Como poeta –así, en masculino- ella supo ser ella misma, y al serlo, es natural que todas sus imperfecciones, la totalidad de su abrumadora personalidad, saliera a flote en su poesía. Porque es fácil ser poeta perfecto e impecable cuando la poesía es una colcha de los mejores retazos de los mejores poetas. Pero cuando el poeta es fiel consigo mismo, cuando ve el mundo a través de sus propios ojos, algo más, cuando, como dice Emily Dickinson, la música del pájaro no está en su garganta ni en el árbol sino en los oídos de quien la escucha, entonces el poeta será por fuerza imperfecto. Pero el tiempo y la posteridad discriminan. Los grandes poetas que han logrado corona de inmortalidad son los poetas imperfectos. No que la imperfección les haga acreedores a la fama, sino que todo poeta autentico, por ser él mismo en todo trance, está plagado de las imperfecciones concomitantes a la naturaleza humana. Además, que las imperfecciones son generalmente de lenguaje, de forma, de vestidura externa. ¿Pero es que existe acaso un lenguaje apropiado para expresar las sensaciones, para expresar de manera precisa las ideas? Dejemos aquí esta breve charla sobre Emily Dickinson. Los poemas que hemos citado, a pesar de ser traducciones, pueden dar sin embargo una idea de su grandeza. Revista Bolívar, Bogotá, No. 3, Septiembre de 1951


José Gorostiza José Gorostiza Jaime Tello

El poema que encabeza este artículo pertenece a su primer libro, “Canción para Cantar en las Barcas”. A todo lo largo de este libro aparece una característica que, con el tiempo, deberá hacerse cada vez más definida y clara en Gorostiza. Su altísima calidad poética que lo coloca a nivel de los más grandes poetas del idioma en este siglo. A

José Gorostiza

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osé Gorostiza, a quien conocí en Londres en noviembre de 1945 tiene 52 años, es de talla mediana y maciza, su rostro ingenuo sonríe frecuente y francamente; sus cabellos han comenzado a tornarse de plata y tienen reflejos acerados. Es de una gran simpatía personal y un hombre por manera sencillo. Nació Gorostiza en México en 1901. Estudió allí mismo y bien pronto se inició en la carrera diplomática. A los 24 años publicó su primer libro de poemas “Canciones para Cantar en las Barcas”, y sólo en 1939 publicó su segundo volumen de verso, “Muerte sin Fin”. Sus cargos diplomáticos le han permitido viajar frecuentemente a Europa y a algunas de las Antillas. En 1927 estuvo por primera vez en Londres y ahora ha regresado como miembro de la comisión mexicana que preside el poeta Jaime Torres Bodet para representar a su país en la Conferencia Internacional de Ministros de Educación. El me cuenta que tiene alguna novela y nuevos poemas que, por ahora, no piensa publicar.

diferencia de otros poetas, Gorostiza, en este primer libro suyo, se muestra ya como un poeta formado. Los poemas de este libro no son simples promesas. Son logros estupendos. Pero claro que hay un progreso. Y ese progreso es la eliminación del truco y de la cosa anecdótica para dedicarse totalmente a la poesía universalizante que interpreta los fenómenos que en todos los tiempos y en todas las latitudes han inquietado al hombre.

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El tiempo, los sueños, las fuerzas elementales. En torno a esto gira su segundo y último libro, “Muerte Sin Fin”. Pero decía antes algo sobre la eliminación del truco. El poeta, en este largo poema, se nos da por entero desde el mundo del subconsciente. Y leyéndolo podemos hallar una posible definición de la poética contemporánea. El desbordamiento de las ideas colocadas en tal forma que produzcan la sensación de lo inesperado. Cosas tan inesperadas como los productos de la naturaleza -un río, un árbol, una flor, un hombre. Aunque es claro que lo más inesperado en un gran poeta es decir cosas triviales –como lo hace la naturaleza. La poesía de Gorostiza está llena de grandes naderías, de trivialidades magníficas. Pero hay algo que es un denominador común a todos los grandes poetas –dadaístas, creacionistas, surrealistasde este siglo: la asociación de ideas disímiles, de cosas heterogéneas. La transposición de sensaciones, o sinestesia, ya usada por Baudelaire en algunos poemas de “Las Flores del Mal”, y siglos atrás, por Góngora. He aquí, al azar, un ejemplo en un poema de Gorostiza: “la impúbera mente de boca helada”. Renuncio a la idea de querer explicar lo inexplicable, como no osaría explicar el azul del cielo o el flujo y reflujo de las ondas marinas –con lo cual le quitaría todo el encanto al fenómeno. En todo caso, creo que nada más perfecto y exacto como sensación pueda darse que eso de la “mente de boca helada”. Cuando yo pienso en “mente”, siento un hielo en la boca. Pero no es ello una característica de mi boca, sino de la boca de la mente. He aquí lo lógico de lo ilógico.

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Acabo de hablar de tres escuelas –mejor dicho movimientos poéticos- ya fenecidas, pero inmortales. Yo no sé qué tanto le guste a Gorostiza que yo lo quiera clasificar de surrealista, cuando yo mismo soy enemigo de las clasificaciones por grupos o escuelas en el arte. Pero hay un clima espiritual idéntico en Neruda y en Paul Eluard, en Alberti, en Huidobro, en Gorostiza y en Breton, como que son hijos de su tiempo, y como tales un tanto enigmáticos, y por eso mismo, descifrables. Ya lo dijo Mallarmé que el encanto de la poesía estaba en “ir adivinando poco a poco”. Espero que los lectores comiencen a adivinar poco a poco, mientras beben de este rico veneno de poesía que Gorostiza nos ofrece. Es preciso recalcar que en la nueva poesía –hablo de la buena poesía, que la otra no es poesía- cada palabra tiene su sentido y su razón de ser. No están en el poema puestas para rellenar. Todos los buenos poetas de ahora y de siempre hayan seguido el consejo que sólo en 1919 había de dar Huidobro: “Poeta, tienes ante ti un papel en blanco para llenarlo con todo lo que no esté de más”. En la poesía de Gorostiza nada sobra porque es natural, humana y sincera. Como nada sobra en la estructura de un cuerpo o de una piedra o de una rosa. En torno al fenómeno doméstico y cotidiano del vaso de agua, Gorostiza ha creado este largo poema inmortal –“Muerte Sin Fin”. Su cerebro portentoso ha descubierto en este pueril cuadro, visto –mejor dicho mirado sin ser visto- por miles de generaciones por millones de años, nuevas asociaciones de ideas, nunca descubiertas antes por otros poetas.


“No obstante –oh paradoja!- constreñida Por el rigor del vaso que la aclara, El agua toma forma. En él se asienta, ahonda y edifica, Cumple una edad amarga de silencios Y un reposo gentil de muerte niña, Sonriente, que desflora Un más allá de pájaros En desbandada. En la red de cristal que estrangula, Allí, como en el agua de un espejo, Se reconoce; Atada allí, gota con gota, Marchito el tropo de espuma en la garganta, Qué desnudez de agua tan intensa, Qué agua tan agua, Está en su orbe tornasolado soñando, Cantando ya una sed de hielo justo: También –mejor que un hecho- para el agua No es vaso el minuto incandescente De su maduración? Es el tiempo de Dios que aflora un día, Que cae, nada más, madura, ocurre, Para tornar mañana por sorpresa En un estéril repetirse inédito, Como el de esas eléctricas palabras -nunca aprendidas, Siempre nuestrasQue eluden el amor de la memoria, Desde sus claros huecos En nuestras propias frases despobladas”. Ahora entra a formar parte del poema otro elemento –el sueño. El sueño cuyos secretos insondables descifrará a medias Freud, pero que ya todos los grandes poetas, antes que él, habían

descubierto. Qué otra cosa sino un gran sueño son los “Cantos de Maldoror”, de Lautreamont? He aquí el sueño de Gorostiza, donde el mañana se da la mano con el ayer, sin darse cuenta de que está usando un puente –el momento actual. Pero no son sólo los sueños, no es el fenómeno onírico simplemente lo que Gorostiza canta. Es el sueño fisiológico, con sus redes de gelatina y sus nubes de pie. Y el sentido de la orientación perdido. Y el acallarse de todas las voces interiores. Y la ignorancia del cuerpo que yace a nuestro lado. “Mas en la médula de esta alegría, no ocurre nada, no; sólo un cándido sueño que recorre las estaciones todas de su ruta tan amorosamente que no elude seguirla a sus infiernos, ay!, y con qué miradas de atropina, tumefactas e inmóviles, escruta el curso de la luz, su instante fúlgido, en la piel de una gota de rocío; concibe el ojo y el intangible aceite que nutre de esbeltez a la mirada: gobierna el crecimiento de la uñas y en la raíz de la palabra esconde el frondoso discurso de ancha copa y el poema de diáfanas espigas. Pero el ritmo de su norma, el sólo paso, la sola marcha en círculo, sin ojos, así, aún de su cansancio extrae largas cintas de cintas de sorpresas que en un constante perecer enérgico, en un morir absorto,

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atrasan sin cesar su bella fábrica hasta que –hijo de su misma muertegestado en la aridez de sus escombrossiente que su fatiga se fatiga, se erige a descansar de su descanso y sueña que sus sueños se repiten, irresponsable, eterno, muerte sin fin de una obstinada muerte, sueño de garza anochecido a plomo que cambia sí de pie, más no es sueño que cambia sí la imagen, más no la doncellez de su osadía oh inteligencia, soledad en llamas! Que lo consume todo ¡hasta el silencio”. Y para terminar, otros cuantos versos de este poema que nos describen otro tremendo fenómeno, que de puro tremendo no lo observamos porque lo usamos a diario –el fenómeno simple y maravilloso del lenguaje, que a comenzado a apuntarse en los últimos versos de al cita anterior:

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“Porque el tambor rotundo y las ricas bengalas de los címbalos tremolan en la altura de los cantos, se anegan, ay, en un sabor de tierra amarga, cuando el hombre descubre en sus silencios que su hermoso lenguaje se le agosta, se le quema –confuso- en la garganta, exhausto, de sentido; ay, su aéreo lenguaje de colores, que así se jacta de matiz estricto en el humo aterrado de la sienes o en el sol de sus tibios bermellones; el que discurre en la ansiedad del labio como una lenta rosa enamorada; el que cincela sus celos de paloma y modula sus látigos feroces; que salta en sus caídas como un ruidoso síncope de espumas; que prolonga el insomnio de su brasa en las mustias cenizas del oído”. Periódico El Tiempo, edición del 23 de septiembre de 1953.


UN POETA DE MÉXICO

Villaurrutia Villaurrutia y el sentimiento de la muerte Jaime Tello

El 27 de diciembre de 1950 moría en la Villa de la Candelaria, cerca a Mérida, en México, Xavier Villaurrutia, uno de los más brillantes poetas americanos de este siglo.

Todos estos poetas, especialmente Gorostiza, Novo y Villaurrutia –los más jóvenes- siguieron los cauces de la poesía surrealista, justo en el momento en que dicha tendencia nacía en Francia bajo los auspicios de André Bretón y de Philippe Soupault, allá por 1924. Nació Xavier Villaurrutia en 1904, y se educó en México, y allí vivió la mayor parte de su vida. Su tránsito poético fue igual al de todos los poetas

Xavier Villaurrutia

Perteneció Villaurrutia a la generación llamada de 1920, por haber sido en aquellas años de revoluciones cuando afloró en México una de las más brillantes promociones estéticas que la tierra azteca haya producido desde los remotos días coloniales, cuando Sor Juana Inés de la Cruz conquistó para sí el título de la mayor poetisa de la lengua, y cuando Juan Ruiz de Alarcón hallaba para el teatro peninsular nuevos cauces y horizontes inesperados. Villaurrutia era el más joven de su generación, a la que pertenecen, entre otros, Jaime Torres Bodet y José Gorostiza, Salvador Novo y Carlos Pellicer. auténticos. Comenzó siendo habilidoso e inteligente, ingenioso y audaz. Luego vinieron la serenidad y los hallazgos poéticos, sin dejar del todo la ingeniosidad metafórica -a Villaurrutia le costaba un tremendo trabajo dejar de sentirse inteligente y brillante- y su obra culmina con el logro innegable de una poesía depurada- el hallazgo de la poesía pura, sin truco. Demos un paseo reflexivo por los predios poéticos de Villaurrutia y observemos, espigando aquí

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y allá de su producción, analizando lo escogido y veremos cuál ha sido su proceso evolutivo. En 1926 publica Reflejos, su primer libro poético. El título mismo es ya una advertencia. Es la inminencia del espejo, principio, medio y fin del Surrealismo. He dicho arriba que Villaurrutia fue el poeta brillante y tal vez jamás adjetivo alguno haya llegado tan oportunamente. En ese entonces Villaurrutia demostraba un afán por decir cosas inteligentes, por hallar algo nuevo, por epatar con metáforas brillantes. Leamos, por ejemplo “puzle”, que es, realmente, un acertijo, y como todos los acertijos, descifrable. Sólo se trata, no nos asustemos, de subirse a un árbol: un recuerdo de infancia: “Cuando subimos por sus rodillas Gruñó un poco: Su aliento silbó en su cabellera verde, Y tuvimos miedo………. Pero no cambió de postura. Cuando pisábamos su espalda Miramos hacia abajo: Absurdo: esa cabra, ese buey Los hombres hongos Y el espejito roto entre la lama…” En 1933 publica Nocturnos, en que la metáfora aparece más lograda y en que el poeta ya es dueño absoluto de su voz. Todavía hay restos de habilidosidad en estos poemas, pero evidentemente la mano que ha escrito Nocturna Rosa es la mano de un gran poeta –de un poeta, mejor dicho. Veamos, ante todo, una muestra fragmentaria de uno de esos poemas, en que el truco reaparece

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(y es lamentable, porque entonces ya Huidobro había logrado el súmmum de la habilidosidad calamburesca y la había superado): “…y en el juego angustioso de un espejo frente a otro Cae en mi voz Y mi voz que madura Y mi voz quemadura Y mi bosque madura Y mi voz quema dura Como el hielo de vidrio Como el grito de hielo Aquí en el caracol de la oreja El latido de un mar en el que no sé nada En el que no se nada Porque he dejado pies y brazos en la orilla….” Nocturno de la Estatua es un hermosísimo poema, desafortunadamente demasiado reminiscente de un poema de Supervielle: “Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera Y el grito de la estatua desdoblando la esquina Correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito, Querer tocar el grito y sólo hallar el eco; Querer asir el eco y encontrar sólo el muro Y correr hacia el muro y tocar un espejo. Hallar en el espejo la estatua asesinada, Sacarla de la sangre de su sombra, Vestirla en un cerrar de ojos, Acariciarla como a una hermana imprevista Y jugar con las fichas de sus dedos Y contar a su oreja cien veces cien, cien veces Hasta oírla decir: “Estoy muerta de sueño”. (Nostalgia de la muerte)


En Nocturnos había ya aparecido otra característica de la poesía de Villaurrutia –el sexo, como elemento trascendental de la poesía, no como simple cosa anecdótica. Nocturna Rosa, otro de los poemas de nostalgia de la Muerte, 1938, representa uno de los más gigantescos avances dentro de la poesía de Villaurrutia. Las imágenes siguen siendo brillantes, las metáforas audaces, pero ya metáforas e imágenes no son mas fines sino medios para la expresión poética. Yo también hablo de la rosa. Pero mi rosa no es la rosa fría Ni la de piel de niño, Ni la rosa que gira Tan lentamente que su movimiento Es una misteriosa forma de la quietud. No es la rosa sedienta, Ni la sangrante llaga, Ni la rosa coronada de espinas, Ni la rosa de la resurrección. No es la rosa veleta, Ni la úlcera secreta, Ni la rosa puntual que da la hora, Ni la brújula rosa marinera. No, no es la rosa Sino la rosa increada, La sumergida rosa, La nocturna, La rosa inmaterial, La rosa hueca. Es la rosa del tacto en las tinieblas, Es la rosa que avanza enardecida,

La rosa de rosadas uñas, La rosa yema de los dedos ávidos, La rosa digital, La rosa ciega. Es la rosa moldura del oído, La rosa oreja, La espiral del ruido, La rosa concha siempre abandonada En la más alta espuma de la almohada. Es la rosa encarnada de la boca, La rosa que habla despierta Como si estuviera dormida. Es la rosa entreabierta De la que mana sombra, La rosa extraña Que se pliega y expande Evocada, invocada, abocada, Es la rosa labial, La rosa herida. Es la rosa que abre los párpados, La rosa vigilante, desvelada, La rosa del insomnio deshojada. Es la rosa del humo, La rosa de ceniza, La negra rosa de carbón diamante Que silenciosa horada las tinieblas Y no ocupa lugar en el espacio. (Nostalgia de la muerte) Ya el poeta ha hallado su camino. Y ya no habrá de errarlo. Seguirá con paso firme hacia el nítido horizonte donde su otro yo –su verdadero yo- lo espera. Va a encontrarse consigo mismo. Pero es como morir el encontrarse a sí mismo.

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Quizás por eso, es ahora la muerte el signo que preside la poesía de Villaurrutia. Muerte no sólo en el título de sus libros sino en la esencia misma de su poesía. Premonición de la muerte en plena juventud. Es la muerte y el sueño y las ubicaciones oníricas de la memoria subterránea abriendo caminos imprevisibles. Cementerio en la Nieve representa un paso más hacia la sencillez, hacia la desnudez absoluta de todo truco, hacia la poesía pura: A nada puede compararse un cementerio en la nieve Que nombre dar a la blancura sobre lo blanco? El cielo ha dejado caer insensibles piedras de nieve Sobre las tumbas, Y ya no queda sino la nieve sobre la nieve Como la mano sobre si misma, eternamente posada. Porque no basta decir que un cementerio en la nieve Es como un sueño sin sueños Ni como unos ojos en blanco. Si algo tiene de un cuerpo insensible y dormido, De la caída de un silencio sobre otro Y de la blanca persistencia del olvido, A nada puede compararse un cementerio en la nieve! Porque la nieve es sobre todo silenciosa, Más silenciosa aún sobre las losas exangües: Labios que ya no pueden decir una palabra. (Nostalgia de la muerte)

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Luis Mongió, en su excelente ensayo “Poetas Post-Modernistas Mexicanos” (Revista Hispánica Moderna, Nueva York, 1946), define claramente la posición de ante la muerte “El sentimiento de la muerte es una obsesión en Villaurrutia y su poesía ha crecido con el desarrollo del tema. Villaurrutia empezó considerando a la muerte como una simple presencia al lado del hombre viviente, pero más tarde descubrió relaciones de mayor complejidad entre el hombre y su muerte que las de esa simple presencia; descubrió la necesidad de la existencia del hombre como ser vivo, como premisa indispensable a la existencia de una muerte con mayúscula, individual, independiente. Y en efecto, Villaurrutia continúa por este camino, hasta llegar, por un sistema de depuración constante de la forma, a la depuración perfecta de las ideas, hacia lo elemental, lo tremendamente elemental que hay en el tema da la muerte. En 1941 publica Décima Muerte en que logra el regreso a las formas clásicas, formando así un puente magnifico entre la brillante tradición mística española y una nueva manera de misticismo, muy personal si se quiere, pero cuyo hondo misterio y cuya serenidad afirmativa demuestran su sinceridad absoluta y que sabe, además, exactamente, lo que quiere. Es el típico caso de verter vino nuevo en odres viejos –ideas nuevas en moldes clásicos. Aquí el caso de derivación de los maestros clásicos de fines del siglo XV, es apenas superficial. La coincidencia está en el tema. Y parece que Villaurrutia buscara, en un alarde de brillantez muy suyo, dar versiones nuevas a afirmaciones clásicas, con voz personalísimas. He


aquí tres décimas de Décima Muerte: Que prueba de la existencia Habrá mayor que la suerte De estar viviendo sin verte Y muriendo en tu presencia! Esta lúcida conciencia De amar a lo nunca visto Y de esperar lo imprevisto; Este caer sin llegar Es la angustia de pensar Que puesto que muero existo. Y te acaricio y escondo; Si te llevo en mi prendida Si te alimento en el fondo De mi muerte te da vida Y goce mi frenesí, Qué será, Muerte. De ti Cuando al salir yo del mundo, Deshecho el nudo profundo, Tengas que salir de mí?

En vano amenazas, Muerte, Cerrar la boca a mi herida Y poner fin a mi vida Con una palabra inerte. Qué puedo pensar al verte, Si en mi angustia verdadera Tuve que violar la espera; Si en vista de tu tardanza Para llenar mí esperanza No hay hora en que yo no muera! La muerte vino a buscar tempranamente a este enamorado suyo, el único poeta de América que supo agotar ese tema, no porque lo sintiera superficial y literalmente, sino porque era la preocupación primordial de su estructuración mental. La Muerte era su problema Fundamental. A los 46 años de edad, la muerte vino a darle, en persona su solución irrevocable. Tomado de Universidad de América, Bogotá, No. 72, 1951

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Maruja Vieira Maruja Vieira Jaime Tello

Maruja Vieira

Los Poemas de Enero, Ediciones Espiral, Bogotá, 1951.

No hay nada ajeno en este pequeño volumen de poemas transidos y emocionados con toda la fuerza y toda la grandeza de un dolor auténtico. Maruja Vieira es un poeta ciento por ciento, con poesía que le nace de dentro de su cuerpo, no con emociones de segunda o tercera mano, tan comunes en nuestra poesía colombiana. El tema casi constante del libro es la muerte, y concretamente la muerte del padre. Pero es una poesía elegiaca sin alaridos. Es un dolor sereno el que preside la dulce facilidad del verso. Padre, lo que más duele de tu ausencia es no poder hablarte. Todo está igual en esta casa tuya y la música invade la mañana tranquila del domingo y la lluvia

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Hasta el nombre del niño pierde un poco de lumbre porque no está en sus letras tu voz dulce de abuelo. Y de pronto nos hiere, por tu rostro disperso, su rostro que te copia, dulcemente pequeño. En este poema se cumple la condición indispensable del conflicto entre dos ideas (la muerte y la vida en este caso), que es precisamente en lo que radica lo dramático en la poesía. Como en la primera estrofa citada aparece el conflicto del silencio: “lo que duele es no poder hablarte”, y del sonido: “y la música invade…” Porque no puede existir alta poesía sin que exista este conflicto, y tanto más alta será la poesía cuanto más abstracto sea el conflicto.


Pero tal vez el mejor poema del libro sea el que lleva por título una inscripción de losa sepulcral: “Álvaro Sanclemente – 1914-1949”, precisamente porque en este poema el conflicto es más abstracto y más hondo: es el conflicto del dolor por la muerte del padre, cuando apenas se está abrevando el dolor por la muerte del amigo, y el conflicto se engrandece cuando, en los dos versos finales, la memoria logra el triunfo sobre la muerte, ya que la vida es eterna en el recuerdo: Una pequeña línea Bajo tu nombre intacto Une tu nacimiento con tu muerte. Y un tiempo amargo, de incontables rocas, Amarga nuestra sangre a tu recuerdo.

Pero en aquella hora ciega y definitiva La muerte sola daba su palabra segura. Para decir a aquellos que no te conocieron Cómo era tu callada presencia en nuestra vida, Hay que hablar de la tierra donde carecen los árboles Y del color del viento que dobla las espigas. Fuiste sencillo y puro. No te borra la sombra Ni oscurecen tu rosto los dedos del silencio. Para pensar en ti no hay lágrimas inútiles. Basta decir “amigo” para sentirte cerca.

Sobre nuestro dolor, más profundo que el agua, Cayó la angustia nueva de tu adiós resignado. Y nos sentimos solos, más verdaderamente, Cuando al tender las nuestras no encontramos tus manos.

Con este pequeño volumen de versos, Maruja Vieira ha entrado al reino verdadero de la poesía, que apenas se esbozaba borroso en su primer volumen, Campanario de Lluvia. En este nuevo volumen ya su personalidad se afirma, se perfila claramente como la de una poetisa auténtica que sabe emocionarse eludiendo el espantoso melodramatismo en el que tan fácilmente caen los poetas que hablan de su dolor personal.

Confusos nos miramos, uno al otro, buscándote, Porque tú eras tan claro como el libro y la música.

Aparecido en Universidad de América, Bogotá, No. 72, 1951

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un nuevo concepto Hacia un nuevo concepto de la poesía Jaime Tello

Primacía del significado

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a mayoría de los críticos de hace algunos decenios sostenían (especialmente cuando eran poetas) la espaciosa tesis de que la parte más importante de la poesía era la forma, su música exterior (“De la musique avant toute chose”, dijo Verlaine), quizás porque eliminada la música verbal bien poco era lo que quedaba. A esta variante de la teoría parnasiana de “el arte por el arte”, que podría adaptarse en este caso a “la poesía por la poesía”, rindieron culto numerosos poetas que aún hoy pasan por famosos, unos son derecho, por haber expresado ideas poéticas importantes, y otros por mera consecuencia afortunada de las veleidades de la fama. En Colombia, concretamente, los poetas del grupo de “Piedra y Cielo” le rindieron tributo a este aforismo, ofreciendo una poesía del tipo Stephen Spender califica de “opaco”, ya que detrás de la brillantez de las imágenes y de la hermosura verbal no aparecen estructuración alguna de pensamiento ni significado poético alguno. En realidad, todos estos poetas y críticos preconizaban la peregrina idea de que la poesía debía ser ininteligible (vale decir, sin ideas, ya que toda idea, por abstrusa que sea, es comprensible), y debía ante todo sugerir, como en malhora quisiera Mallarmé. De allí surgieron dos teorías: la

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de la sugestión y la del sonido puro. La primera proclamaba que las palabras no debieran tener importancia por lo que expresaran en concreto sino por lo que sugieran. Bateson halla tares argumentos en contra de esta teoría. El primero es que “la connotación (es decir, la sugerencia) de una palabra es parte tan integrante de su significado como lo es su denotación” (es decir, lo que expresa directamente). El segundo es que “la connotación de una palabra es normalmente el producto de su denotación”. En otras palabras, si el lector ignora lo que una palabra denota, la sugerencia o connotación que para él implique dicha palabra no tiene validez, pues sería errada. *** l fin y al cabo, no hay que olvidar que la poesía se hace a base de palabras, y que las palabras tienen un significado primario, del cual es imposible deshacerse. Yo no puedo hacer que la palabra azul dé la sensación de negro, o de automóvil, o de corazón. Azul significará siempre un color, y por extensión naturalmente, el cielo. Para el que sepa inglés implicará asimismo un estado de alma melancólico, sugerido por los “blues” de los negros norteamericanos. Es tan absurdo acordar a la poesía, como cosa básica, el elemento musical, como acordar a la música, como elemento indispensable, el elemento literario. De ahí la mediocridad de la música de

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programa per se. No quiero decir que no la haya excelente. Pero Reflets dans l´Eau, de Debussy, será hermosa música aunque no conozcamos la glosa impertinente de Cortot, o aunque por todo nombre tuviera Opus 25 número 3. La belleza está en su estructura musical estricta, en las marchas armónicas, en las líneas melódicas. Como es grande la poesía de San Juan de la Cruz, traducida al inglés o al ruso, o la poesía de León de Greiff (un verbo-musicalista, si los hay) Traducida al inglés, perdiendo todos los elementos musicales de la riqueza verbal. ¿Por qué por la simple razón de que se trata de poetas auténticos que tienen un mensaje que dar al lector (en cualquier idioma en que se les presente). *** ero la gran poesía de todos los tiempos, no importa qué tanta música exterior tenga, y qué tan fácil parezca a primera vista, está llena de ideas hondas, está construida sobre una estructura organizada, y cuál más que la poesía del propio Verlaine, que hablaba de la primacía de la música! Por otra parte, la poesía comienza a adquirir un sentido de grandeza cuando la leemos lentamente, meditando cada verso, cada palabra, teniendo presente lo que alguna vez escribió Huidobro: “Poeta, tienes ante ti un papel en blanco para llenarlo con todo lo que no está de más”. Teniendo esto en cuenta, cada palabra entonces tiene importancia y está en el poema porque es insustituible. La poesía es arte noble y no puede abordarse a la ligera. De ahí que la poesía recitada no cumpla función alguna, pues mientras uno está pensando en algo que le llamó la atención en un verso, al volver a prestar aten-

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ción han pasado ya tres o cuatro versos, y a la estructura del poema le faltan tres o cuatro pisos intermedios. *** a lectura de la poesía no es diversión fácil y superficial. El significado de un poema no se entrega a quien primero pase. Es algo que hay que conquistar con devoción, entusiasmo y perseverancia. Yo soy un pésimo lector de poesía (en cuanto a cantidad), pero los pocos poemas que he leído los conozco a fondo, y los releo a menudo, y me producen cada vez nuevas emociones, y gracias a ellos descubro permanentemente nuevos horizontes, nuevas perspectivas de belleza. ¿Por qué no, amigos lectores, hacer la experiencia? ¿Por qué no lanzarse a la aventura maravillosa de escudriñar un poema, de profundizarlo? Para lograrlo es preciso tratar de ponerse en el sitio del poeta cuando lo escribió, es necesario utilizar la mente, escudriñar, indagar, con malicia e inteligencia. ¿Cuántas veces ha oído usted, lector amigo, recitar Preciosa y el Aire, de García Lorca? Y, sin embargo, podría usted estar seguro de haberlo comprendido a cabalidad? Y se trata de un poema bien simple, sin embargo. ¿Pero se ha detenido usted a averiguar por qué dice el poeta: Preciosa, corre, Preciosa, Que te coge el viento verde…?

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¿Por qué viento “verde”, y no azul, o amarillo? Lorca imagina el viento que juguetea con las faldas de la muchacha como a un viejo “verde”, de ahí el adjetivo tan exacto. Revista Bolívar, Bogotá, No. 37, 1955

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Música y literatura Música y literatura Jaime Tello

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s muy común oír decir al común de las gentes: “Yo a Bach no lo entiendo”. Es algo que siempre me ha llamado la atención; pues yo, que pasé muchos años estudiando música, y otros tantos escuchándola, poco entiendo a Bach –por la misma razón que no hay nada que entenderle-. Sin embargo, esas mismas gentes no dicen: “Yo no entiendo el Agua de Colonia Yardley”. Ni “no entiendo esta rosa”. El problema radica en que las oligarquías de todos los tiempos eran las únicas que podían darse el lujo de tener buena música, buena pintura, buena escultura a domicilio. Y para mantener su alta posición en todos los campos de la actividad humana se dieron a diseminar la noción de que las artes eran “pasto duro para la boca del asno”. Las gentes humildes –la actual clase media- aceptaron con pavor dicha afirmación, y la idea de la inaccesibilidad del arte, se ha hecho un reflejo condicionado hereditario de las multitudes. En el occidente, ante la impopularidad de la música seria los compositores recurrieron al expediente de “ponerle letra” a la música, subrayando una obra con una leyenda, un cuento o un relato, con moraleja, de donde surgió; primero, la Comedia del Arte italiana (origen director de la ópera), la zarzuela en España, la opereta en Viena (la degeneración artística iba en crescendo), y posteriormente surgió en Alemania el llamado

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“Poema Sinfónico”, que es un relato con música al fondo, listo para que lo decore con monos animados Walt Disney. No que la ópera italiana sea de baja calidad. De lo que no hay duda es que los mejores fragmentos de toda ópera son los interludios orquestales, sin alaridos de prima donna, ni eructos musicales de bajos profundos. El origen de las artes no tiene misterio alguno. El hombre, deseaba recrear sus sentidos en un momento dado. No podía ver una puesta de sol siempre que lo deseaba, y quiso entonces perpetuar la escena. O admiraba la gracia de los renos en la época aurignaciense, y entonces produjo para eterna recordación los dibujos admirables de la cueva de Altamira. O quería imitar a las aves en su canto, y entonces copió sus ritmos primeros, y melodías elementales luego, con lo que inventó la música.


Jaime Tello, traductor

Poesía norteamericana | Poesía brasileña | Poesía japonesa Vachel lindsay T.S. Eliot Archibald Macleish Langston Hughes Jorge de Lima Cassiano Ricardo Mauricio Quintana Domingo Carvalho da silva Basho Ransetsu Kikakú Kyorai


Poesía norteamericana Jaime Tello es uno de los pocos (¡muy pocos!) traductores contemporáneos que poseen la profundidad de comprensión de las entidades culturales en lengua inglesa y en lengua española para lograr efectuar esta dual transformación cultural en su totalidad. (…) Este volumen, que es apenas una selección de la inmensa cantidad de poemas norteamericanos que Don Jaime ha traducido al español, abarca el periodo entre 1855 y 1955. Hugh Fox, Ph. D. (University of Illinois) Caracas, noviembre de 1965. Mi interés por la poesía norteamericana data de 1938, cuando el Maestro Baldomero Sanín Cano –que era el más joven escritor colombiano de entonces, a pesar de sus 77 años, y quien fue mi mentor intelectual, y quien me lanzó por los vericuetos de la literatura con exceso de amistad y generosidad increíble- me prestó una antología de poetas norteamericanos en su idioma original, y me sugirió me dedicara a traducirlos y a darlos a conocer. De entonces acá son varios centenares los poemas que he traducido. Esta es una breve muestra de veinticinco años de dedicación a este ingrato menester de traducir. Jaime Tello Caracas, diciembre de 1965.

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Vachel Lindsay (1879-1931)

Poesía norteamericana

Abraham Lincoln pasea a media noche

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Es portentoso, y una cuestión de estado Que aquí, a media noche, en nuestra aldea Una figura enlutada pasea, y no descansa Cerca a la vieja casa judicial, caminando de un lado a otro. O cerca a su casa, a los patios sombríos, Se detiene, donde sus hijos acostumbran jugar, O pasea por el mercado, o se sienta sobre las gastadas piedras Hasta que las estrellas del alba se desvanecen. Un hombre flaco, de bronce! Su negro vestido viejo, Un famoso sombrero de copa y una bufanda simplemente llevada, Lo hacen la extraña figura que los hombres aman, El abogado de la pradera, y el amo de todos nosotros. No puede dormir ya sobre esta colina. Está entre nosotros, como en los viejos tiempos! Y quienes nos mantenemos alerta largo tiempo Suspiramos hondo, y nos asustamos al verlo pasar por la puerta. Su cabeza está inclinada. Piensa en hombres y reyes. Sí, mientras el mundo enfermo llora, ¿cómo podría él dormir?


No podrá descansar mientras no llegue una aurora del espíritu; La brillante esperanza de Europa liberada; La liga de las gentes que no beben, la Tierra de los Trabajadores Aportando la paz a los trigales, montañas y mares. Le parte el corazón que los reyes deban seguir matando, Que todas las horas que él gastó trabajando por los hombres Parezcan haber sido en vano. Y ¿quién traerá la blanca paz Para que él pueda dormir de nuevo sobre su colina?

T.S. Eliot (1888-1965)

Histeria Mientras ella reía tuve conciencia de verme envuelto en su risa y de ser parte de ella, hasta que sus dientes eran sólo estrellas accidentales con un talento especial para ejercicios militares. Fui absorbido por breves boqueadas, inhalado en cada recuperación momentánea, perdido finalmente en las oscuras cavernas de su garganta, magullado por la agitación de músculos invisibles. Un anciano criado de manos temblorosas estaba extendiendo apresurado un mantel a cuadros blancos y rosados sobre la oxidada mesa verde de hierro, diciendo: “Si la señora y el caballero quieren tomar su té en el jardín, si la señora y el caballero quieren tomar su té en el jardín…” Yo decidí que si pudiera detenerse el sacudimiento de sus senos, podrían recogerse algunos de los fragmentos de la tarde, y concentré mi atención con cuidadosa sutileza para este propósito.

Poesía norteamericana

Demasiados campesinos luchan, y no saben por qué, Demasiados hogares lloran de negro terror.

(Oxford, 1915)

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Archibald Macleish (1892- )

Poesía norteamericana

Ars poética Un poema ha de ser palpable y mudo Como un redondo fruto Latente Como los viejos medallones al tacto; Silente, como la piedra de los alféizares donde ha crecido el musgo, y ya gastada por las mangas. Un poema ha de ser sin palabras Como vuelo de pájaros. Un poema ha de ser inmóvil en el tiempo Como asciende la luna Dejando, como la luna deja, Rama por rama, los árboles intrincados por la noche Abandonando, como la luna tras el invierno deja Recuerdo tras recuerdo, el pensamiento. Un poema ha de ser inmóvil en el tiempo Como asciende la luna. Un poema ha de ser igual a: Lo falso. Para toda la historia de la angustia Una puerta vacía y una hoja de arce Para el amor Las yerbas marchitas y dos luces sobre el mar Un poema no debe expresar nada Sino ser.

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Langston Hughes (1902- )

Tocad esa pieza, Jazz band! Tocadla para los lores y ladies, Para los duques y condes Para las prostitutas y los gigolos, Para los millonarios americanos, Y para las maestras de escuela Emparrandadas. Tocadla, Jazz band! ¿Sabéis? Esa melodía Que ríe y llora al mismo tiempo. Vosotros la sabéis. May I? Mais oui Mein Gott! Parece una rumba. Tocadla, Jazz band ! Podéis hablar en siete idiomas Y tal vez otros más Aunque vengáis de Georgia ¿Puedo acompañarte, linda? Claro que sí.

Poesía norteamericana

Jazz Band en un cabaret parisiense

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Countee Cullen (1903 - )

Poesía norteamericana

Tres epitafios

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A mi Abuela Esta linda flor cayó al suelo Para germinar bajo el solSedle leves, soles y lluviasElla convencida murió De que otra vez florecería. A Una Doncella Por cuarenta años desprecié La lujuria de mi carne: Mas la Muerte fue tan amante Que al fin me dejé convencer. A Una Dama Que Conozco Ella piensa que hasta en el cielo Su clase duerme tarde y ronca, Mientras que querubines negros Se levantan bien tempranito A los quehaceres celestiales.

Delmore Schwartz (1913 - )

Para aquel que quería tomar en sus manos la vida del hombre EL Tigre Cristo desenvainó su espada, La arrojó al suelo, hízose cordero. Rápido escupió sobre las especies, Mas tuvo afecto para dos mujeres. Sansón que fue tan fuerte cual la muerte


No puedes sentarte en las bayonetas, Ni puedes comer entre los muertos. Cuando todos hayan sido muertos, tú estarás solo, Un vacío llega a donde el odio se nutría. El fruto del asesinato es la piedra silenciosa, El cañón aumenta la pobreza. ¿Con qué brillan todos estos ejemplos? El soldados se inclinó a las chicas y al vino. El amor es el tacto de todo bien, El único calor, la única paz. “¿Qué he dicho?”, preguntó Sócrates, “Afirmé excesos, grité sí y no, Tomando todas las partes, me negué a mí mismo, Elogié las caricias, enaltecí el golpe, Soldado y amante del todo trastornados Hasta que sus movimientos sean cambiados. -¿Qué muestran todos los ejemplos? ¿Qué puede cualquier actor saber? La contradicción en cada acto, La infinita tarea del corazón humano.

Poesía norteamericana

Pagó su fuerza por besar una prostituta. Otelo ese fuerte guerrero Fue quebrantado por el corazón de una mujer. Troya ardió por un impuesto marítimo, y también Por la posesión de una encantadora prostituta. ¿Qué demuestran todos los ejemplos? ¿Qué debe saber el asesino acabado?

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Poesía brasileña Es evidente que la gran mayoría de los escritores brasileños tratan fundamentalmente temas brasileños auténticos. El tono de universalidad que ofrecen las literaturas poéticas del resto de América Latina no es común en la poesía brasileña, aunque el tema localista no le resta calidad de universalidad, como es obvio (…) Esta ANTOLOGIA es el resultado de casi cuarenta años de trabajo inicialmente esporádico. Sólo en los últimos años he dedicado muchos días y muchas noches a traducir estos poetas. Fue en 1938 cuando el escritor Silvio Julio, delegado del Brasil al Festival del Libro con que Bogotá celebró su cuarto centenario, quien me descubrió el rico venero de la poesía brasileña. Ya entonces traduje algunos poemas de Bilac, de Goncalves Dias, de algún otro. En esta antología se incluyen poetas de cuatro siglos, desde los primeros días coloniales hasta los más jóvenes poetas de hoy. Jaime Tello Caracas, marzo de 1983

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Jorge de Lima (1893-1953)

Veo sangre en el aire, veo al piloto que lleva una flor para la novia, abrazado a la hélice. Y el violinista en quien la muerte acentuó la palidez, despeñarse con su cabellera negra y su Stradivaritus. Hay manos y piernas de bailarinas desprendidas por la explosión, cuerpos irreconocibles identificados por el Gran Reconocedor. Veo sangre en el aire, veo lluvia de sangre cayendo de las nubes bautizadas por la sangre de los poetas mártires. Veo a la bellísima nadadora, en su último salto de bañista, más rápida porque viene sin vida. Veo tres niñas cayendo rápidas, henchidas de orgullo, como si danzasen todavía. Y veo a la loca abrazada al ramillete de rosas que ella pensó era un paracaídas, y a la prima –donna con la larga cola de lentejuelas cruzando el cielo como un cometa. Y la campana, que iba para una capilla del Oeste, dobla por los pobres muertos. Presumo que la chica adormecida en la cabina aún viene durmiendo, ¡tan tranquila y ciega! Oh, amigos, el paralítico viene con rapidez extrema, viene como una estrella fugaz, viene con las piernas del viento. Llueve sangre sobre las nubes de Dios. Y hay poetas miopes que creemos que es el arrebol.

Poesía brasileña

El gran desastre aéreo de ayer

(A túnica Inconsútil)

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Cassiano Ricardo (1895 - )

Poesía brasileña

1ª balada ultravioleta Ni de lejos supones Que alguien te esté espiando Por un vacío de luna A esta hora, en tu cuarto. Estás desnuda, y sola, Sin que nadie te mire Y así te falsifique. Pues solo eres sincera Cuando desnuda, y sola. Estás siendo sincera De tan creer que estás Donde tú solo sabes, En tu intimidad. Ese raro minuto De secreto absoluto. Pero principalmente Porque tú ni imaginas Que alguien –ocultamenteEntre dos hemisferios Está viendo lo que haces. Las diminutas fases De la metamorfosis En que tú te transformas De una mujer diurna En la mujer nocturna. Hasta quedar desnuda Como un objeto blanco Delante de un espejo. Estoy ahora viendo Los dos picos rosados Por donde el ave doble Del futuro gorjea. (A Face Perdida)

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Mario Quintana (1906 - )

Ibamos de paseo. El santo y yo. Se decía en aquel tiempo: Íbamos de peregrinaje… Y eso explicaba todo, porque largo, Largo era el viaje… Ibamos, pues, el santo, yo, y otros. El era un santo tan fútil Que vivía haciendo milagros. Yo, nada… Resucitó una flor marchita y a un niño muerto Y transformó una piedra, a orillas del camino, En flor de loto. (¿Por qué flor de loto?) Un día llegamos al fin de la peregrinación. Dios, entonces, Resolvió demostrar que también Sabía hacer milagros: ¡El santo desapareció! ¿Pero cómo? ¡No sé! ¡Desapareció, allí, Ante nuestros ojos, Que la tierra ya comió! Y nosotros nos postramos en tierra Y adoramos al Señor Dios Todopodeoso Y fuenos concedida la vida eterna: ¡esto! Dios es así.

Poesía brasileña

El peregrino descontento

(Inédito)

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Domingos Carvalho da Silva (1914- )

Lirismo

Poesía brasileña

Ella subió a la montaña con una rosa en la mano.

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Contempló el mundo a distancia con una rosa en la mano. Después se arrojó al abismo con una rosa en la mano. Y ayer fue sepultada con una rosa en la mano. (Praia Oculta)

Homero Homem (1925- )

Telex de loa Poeta CDA mi lado más discreto Me dice que en octubre 31 (tu fecha) Mañana he releerte y mantenerme quieto. Mas, buen amigo Drummond, Mi lado extrovertido, Herencia de mi padre, y población de afecto Me dice –besa el rostro, la frente aliso-clara Que no veo donde estoy; mas escucho el secreto Fluir del moscatel, lázuli pleamar De vida & poesía, preclaro trade-mark En el campo de la pupila De Carlos el Concreto.


Por eso rey Drummond te envío este télex En loa de una fecha que diré espacial Sin consultar pudor o tu poder de veto: HACENDADO DEL AIRE RECIBA MI SALUDO POETA CDA ANOTE MI AFECTO.

Moarcy Félix (1926 )

Dialéctica Con una naranja Con una naranja en la mano Con una naranja en la mano, el negro Desde lo alto del camión Saludaba el día. Y sonreía. En la sonrisa del hombre Negra negra negra (y él no lo sabía…) Es donde moraba la certeza Bella bella bella De lo que en él sonreía: Del tamaño del mundo La naranja sería En su mano de negro Como el sol un día.

Poesía brasileña

C.D.A. Carlos Drummond de Andrade

Como el cachorro y el caballo Que lo miraban, también acostumbrados; Como Pedro, el hijo mío En cuyo porvenir se aclaraba

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Poesía brasileña

Mi sombra de pie sobre la calle Donde él, el negro, cual flor de mi pueblo, pasaba Casi apenas un animal Casi apenas un niño Casi apenas una fuerza Natural Perpleja de esperanzas, Con una naranja en la mano, el negro Saludaba el día, saludaba todos los días.

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(Un Poeta na Cidade e no Tempo)


Poesía japonesa La belleza y el valor del jaikai residen en la simplicidad de su estrecho marco y en las ideas condensadas, simbólicas e intuitivas. Mientras más simple sea, más debe contener sin artificio, una cierta “longitud de resonancia prolongada”, (jibiki) perfumes invisibles y concentrados (nioi), y con palabras escogidas y combinadas, lazos de unión matizados y ricos que van hasta lo infinito (utsuri). Sobre estos puntos vitales del jaikai, -necesidad de dar en un cuadro muy limitado las imágenes más variadas, ideas profundas y aun sugerencias, -Báshó y sus discípulos fueron los maestros y su arte influenció los siglos siguientes. KUNI MATSUO, en la edición de Jaikais de Báshó y sus discípulos. Trad. del francés al castellano por JAIME TELLO, 1941. Desde luego, que no presumo que mis traducciones sean perfectas, ni mucho menos, sobre todo en cuanto al ritmo, el cual he tenido que abandonar repetidas veces, en obsequio a la idea. Es por otra parte muy explicable el que me haya tomado estas libertades, si se tiene en cuenta que el japonés es un idioma supercondensado, al paso que el español es bastante “palabroso”. Lo importante es producir la emoción estética y no defraudar la idea del poeta. Pido pues, mil perdones a los lectores que hallen estas pequeñas “gaffes” en esta obra, que no tiene más pretensiones que dar a conocer la obra maravillosa de Báshó y sus discípulos. Jaime Tello, 1941.

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Báshó (1644-1694)

Poesía japonesa

Espantosa la voz de faisán cuando se sabe que come serpientes!* *El encantador faisán se torna repulsivo cuando se piensa en sus costumbres. Este jaikai puede presentar también un sentido simbólico, por ejemplo: la belleza de un ser causa horror cuando se piensa en sus vicios. Las ilusiones del mundo exterior son vanas: sólo el corazón cuenta.

La hora del adiós. Con el alma angustiada, he cogido una espiga de trigo… Hasta un caballo viejo es bello en la mañana, sobre la nieve deslumbrante. La roja flor de Hagi tiembla sin perturbar el rayo de luna. Sin una rama vive lejos del mundo el nenúfar. En Fukagawa, Barrio Pobre. El comprador de arroz a guisa de saco, tiende su sombrero cubierto de nieve. * * Estando su talega repleta de nieve, por delicadeza, el comprador de arroz no osa servirse de ella, y tiende en cambio su sombrero.

La cigarra. Nada revela en su canto que pronto ha de morir.

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Una barca aborda. Al frente, en la ribera, un durazno en flor.

Noche de nieve. Y no obstante, se piensa en el hijo pródigo. El cucú, volado en torno al prado, hace dar vueltas al caballo.* *Sobre el fondo verde del prado, un caballo. Y sobre él, contra el cielo, describiendo círculos, el cucú. El caballo levanta la cabeza y, encantado, parece querer seguir al cucú. Esto divierte al buen Báshó.

Rescoldo, y sobre el muro la sombra de mi amigo.

Ransetsu (1654-1707) Monte de Higashi, como un cadáver bajo un manto.

Poesía japonesa

Un año más que pasa y llevo aún mis sandalias y mi sombrero de peregrino.

El día del año con cielo claro y gorriones charladores.* *Simple recuerdo de los días radiantes en que hasta los pájaros están de fiesta.

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Kikakú (1661-1707) Importado por los “Peli-rojos”

Poesía japonesa

Ante un kiri en flor, este loro extranjero que no sabe ni una palabra de japonés.*

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*Jaikai irónico. Los Holandeses que antaño eran llamados en el Japón “peli-rojos”, importaban toda clase de mercancías exóticas, desconocidas. El poeta anota lo cómico de esta pequeña escena: un loro, verdadero extranjero, viendo por vez primera un kiri, árbol de pura esencia japonesa. (Kiri: Pualonia).

Kyorai (1651-1704) Oh! este guerrero con un inmenso sable en la Fiesta de las Flores.* *Pasearse armado bajo los cerezos en flor, durante la fiesta, qué falta de tacto!

“Ya abro”, le gritan. Pero el hombre continúa llamando. La nieve ensordece.* *Notación de una pequeña escena por manera cómica, pero poetizada por la nieve que todo lo ha borrado y que cae sin cesar.

No quiero amigos, y menos cuando admiro las bellas flores!


Shyko (1665-1731)

*Encantador para los poetas, pues este monte está cubierto de flores, pero recuerdo doloroso para los patriotas. El Monte Yoshino recuerda una de las más tristes páginas en la historia del viejo Japón: la separación entre el Imperio del Norte y el Imperio del Sur. Fue asimismo en el Monte Yoshino donde el emperador GoDaigo (1288-1339), expulsado de la capital, hizo vida de exilio.

Estaba ya cansado de sus amores engañosos? El gato se ha ido a buscar qué robar.

Yózó (1662-1704) La cigarra de otoño muere al lado de su cascarón vacío.* *En otoño, ya lo anotamos, la cigarra despójase de su caparazón.

Jokushi (1657-1718) Mi casa se ha quemado. Así he visto a las flores abrirse y marchitarse.*

Poesía japonesa

Oh monte de Yoshino!... poético, sin duda, pero tan doloroso en los libros de guerra.*

*La casa de Hokushi había sido reducida a cenizas por un incendio. Sus amigos, tardíamente prevenidos, habiendo venido a averiguar el suceso, encontraron al poeta sonriente. Este habíase consolado mirando en su jardín, como cada año, la magia de las flores que se abren, se marchitan y mueren.

Casa de té. Las peonías del jardín están también prisioneras?

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Yaja (1663-1740) El cormorán, de noche, picotea una estrella en el mar.

Poesía japonesa

Kyokusui

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(¿-1717) Aunque muerta la caña del junco lleva una flor de oro. Chist!...No nos movamos. Una luciérnaga se ha posado en mi manga.

Otsuyu (1675-1739) Al fin, todo no es más que un esqueleto de abanico cuando sopla el viento de otoño.


Jaime Tello, poeta

GeometrĂ­a del espacio


Teorema inicial Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos. Calderón de la Barca He that a fool doth very wisely hit Doth very foolishly, although he smart, Not to seem senseless ofe the bob; if not, The wise mans folly is anatomiz d Even by the squandering glances of the fool. Shakespeare

Aquí me tenéis de nuevo Soy el mismo de siempre El mismo niño grande un poco tonto y un mucho ambicioso Resucitado de entre los vivos que se mueren de tedio O muerto una vez más entre los muertos Que siguen soportando el paso del gusano Aguardando una vida de carne verdadera que será sólo polvo Os diré francamente que yo ignoro Todavía hoy -¡qué gran sabiduría! El uso de todos esos hondos suspiros Sin destino ni objeto adivinables Yo sólo sé cómo mi corazón está vacío Muerto definitivamente Hay más vida en la sombra que se retira a nuestro cuerpo Metiéndosenos por entre los talones Cuando el sol se coloca sobre nuestras cabezas Que en todo este surgir de la loca primavera Tan cómicamente exhibicionista Que se trepa de súbito a los árboles Y comienza a gritarnos entre risas Cual una niña de doce años trepada en una rama “Miradme bien Contemplad ahora que aún es tiempo Todo cuanto he de perder dentro de poco!” Y los viejos árboles crujen de vergüenza y de tedio Ante tanto despliegue de cinismo de aroma de colores Y los tontos contemplan a la niña-primavera Y se admiran de que tanta belleza sea todavía posible 51


Y hallan una respuesta a su turbia mirada inquisidora ¡Dios existe! Llegó luego el verano y hallan maravilloso Sudar los propios huesos a través de los poros Y el corazón se les sale del pecho Cuando el sol brilla y salpica de pecas tal una burbujeante cafetera Los rostros calcinados de todas las muchachas Y ¡Dios existe! Después es el otoño Los árboles se desnudan Para efectuar el connubio con la muerte blanca Y ¡Dios existe! Luego el invierno empieza a probar el filo de sus cuchillas En las mejillas y en las orejas enrojecidas de los transeúntes Y los árboles yerguen sus cabelleras erizadas por el frío Y todos los tontos padecen un resfriado y maldicen del tiempo Y el Ejército de Salvación toca desapacibles marchas militares Y la gente los mira con una mezcla de admiración y tristeza irremediable Y es el momento entonces de una pipa junto al fuego Y de la Cena Navideña Y se agarran al menor pretexto para sentirse alegres ¡Todo esto hacen los tontos Y yo tan sumamente inteligente Ni siquiera eso hago!

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*** ¡Yo era un tonto y lo que he visto Me ha hecho dos tontos! Alguien ha afirmado sabiamente Y otro lo ha repetido tontamente Y yo lo digo aún y eso me hace Seis tontos que caminan sin rumbo definido Sobre dos largas piernas fatigadas Londres, 1946

Serie de fibonacci V *** Guardaos de vuestras manos Creédmelo Creédmelo Yo sé por qué caminos puede escaparse al aire y sé encontrar los cauces tortuosos de la sangre Las manos han sido las desgracia de las vírgenes necias de los poetas tontos de los malos pintores de los escultores idiotas de los cajeros de banco de los ases del automovilismo Y tened presente Nadie ha de perdonaros un gesto evasivo ni un suspiro a destiempo ni un bostezo mal disimulado Por eso cuando salgáis a la calle dejad las manos en Casa guardadas en los bolsillos de un abrigo de invierno Y cuando estéis en casa dejadlas sobre el manubrio de una puerta cualquiera O mejor conservadlas siempre en un frasco de alcohol impotable (así no habréis de bebéroslas) Recordad cómo Cervantes pudo hacerse famoso por faltarle una mano Porque los tontos hallan admirable que una manco haya Podido escribir sus libros estupendos

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(En Lourdes hace poco un mutilado de la guerra Hundió en la fuente milagrosa sus brazos en muñones Y los sacó luego -¡oh prodigio!- con dos hermosas botas alemanas Bien colocadas cual si fueran guantes) París, 1946

Modulor La realidad de las cosas anheladas, La substancia de lo nunca visto. San Pablo

*** El hombre está solo consigo mismo Sin más compañía que su soledad sin remedios Solo sin esperanza como el último latido de un corazón cansado El hombre había creído haber conquistado un lugar apacible en algún rincón del universo En cambio sólo ha tratado de hallar –inútilmenteel sentido de lo desconocido ¿Y para qué? Inventó Dios a su propia imagen y la estatua tenía pies de barro Inventó el Amor y el odio y el hastío fueron las Respuestas de su criatura Inventó la Esperanza y su respuesta fue una soga colgada de un árbol con un buitre posado en una rama Inventó el Alma y hubo de crear un infierno para ella Engendró un hijo y sólo obtuvo la amargura de pensar en el momento de perderlo Una mujer llegó a su lado y se frustró su gozo ante la perspectiva de la separación inevitable

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Inventó el tiempo y los relojes no cumplieron la cita Creó el espacio y la quietud absoluta fue su sola respuesta Descubrió la mente y con ella venía un diván de psiquiatra Inventó el sentimiento y sólo halló un inmenso vacío Dentro de sí y en torno suyo He aquí el Hombre creación de Sí mismo Sólo El es verdadero Mas cuando estaba a punto de encontrarse Hiroshima le envió la respuesta Ahora será preciso recomenzar y formularse de nuevo la pregunta Y a la primera pregunta El se responderá con otra pregunta Y así eternamente Y lo único permanente en su horizonte es la duda la angustia el anhelo el deseo el tedio y la cobardía y una negra rúbrica a todoLa Muerte Nueva York, 1948

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Liu Zhanqiu, un poeta en bicicleta Carlos A. Castrillón Universidad del Quindío

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uentan quienes lo conocen que Liu Zhanqiu (1935), empujado por un incansable aliento poético, recorre todos los días en su bicicleta las atestadas calles de Beijing. Amante de Lorca, Mérimée, Tagore y Ba Jin, Liu Zhanqiu es traductor profesional, trabaja en la redacción de la revista Poesía, la más importante de su género en China, y comenzó a publicar en los años sesenta. En un principio, su trabajo fue disminuido por las patéticas exigencias de la Revolución Cultural, pero a partir de 1978, cuando empieza el resurgimiento de la literatura china, la publicación de sus libros más recientes sorprendió por la expresión sutil y depurada que da cuenta de los anhelos individuales y por su mirada amorosa al mundo. La introspección amarga que caracterizó el periodo de la “literatura herida”, que floreció inmediatamente después de la caída de la Revolución Cultural, ha dado paso a un regreso al lirismo y a la ironía en la poesía china. Según Zhang Zhong, “la creatividad ha sido reivindicada, y el imperativo político ha sido abandonado; la literatura vuelve a ser arte, y no un mero instrumento

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de educación”1. Como rasgo general, la nueva poesía china defiende con vigor el compromiso del autor consigo mismo. Liu Zaifu, uno de los principales estudiosos de la literatura actual, anota que ésta es, sobre todo, “el producto de la negación, el fruto de la disolución de las barreras conceptuales que impedían su desarrollo”2. Esta evolución ha llevado a Liu Zhanqiu a una forma de poesía que integra las preocupaciones contemporáneas, en un movimiento que va desde el aislamiento emocional hasta la apertura de “nuevas ventanas” para captar una visión humanista que en China, después de la apertura, era necesario volver a codificar. Como otros poetas de su generación, Liu Zhanqiu prestó especial atención a la belleza del transcurrir del hombre en el mundo en su forma elemental. En él los sentimientos se diluyen en el símil casi totalmente externo, en el cual la subjetividad queda opacada o reducida a unos pocos versos del conjunto del poema: Vivo y espero que otros vivan mejor Los frutos maduros no interfieren unos con otros En el crepúsculo y en la madrugada la suave melodía de la mandolina acaricia la hierba herida como la niebla 1 Zhang Zhong. “The transformation of Contemporary Chinese Literature”. Chinese Literature, Beijing, Summer 1987; p. 185. 2 Liu Zaifu. “Chinese Literature in the past ten years: Spirit and direction”. Chinese Literature, Beijing, Autumn 1989; p. 152.


Su poesía suele girar en torno a una obsesión por la armonía en todas sus formas, con especial atención a los simbolismos cristalizados que llenan de sentido el espacio en que se mueve el hombre. Por eso sus mujeres nunca dejan de ser doncellas de sonrosadas mejillas y manos frágiles, y sus versos nos repiten siempre los mismos asombros con parecidas palabras. Liu Zhanqiu siente y vive la tragedia escénica del poeta de un modo que puede parecer ingenuo a nuestra percepción, pero que en su obra está bellamente anclado a su estética: Tú, Musa mía, tierna doncella, déjame la calidez del beso y el frío de la lágrima.

que actualiza la voz del autor: La belleza germina en lo profundo del corazón Sólo las caras feas son innatas No hay fealdad innata en el alma Por su trabajo como editor, Liu Zhanqiu se ha convertido en una especie de maestro de los poetas jóvenes. Liu Zaifu, al narrar su experiencia de lector de la poesía de Liu Zhanqiu, destaca “la sonrisa que llega a mi espíritu, la sinceridad innegable, el encanto que impregna sus poemas, todo lo que constituye la esencia misma de su amor”. Liu Zhanqiu es un romántico que ama la música y la poesía, que se alimenta con lo que el día ofrece y que da ejemplo del gozo de vivir:

El simbolismo es simple como en los poetas clásicos, con la presencia frecuente de oposiciones inéditas, pero esconde una imagen distanciadora

Ser comprendido es una bendición y es una bendición comprender a los otros

Poemas de Liu Zhanqiu (Versiones de Carlos A. Castrillón, según traducción al inglés de Qiu Yiming)

La enredadera Alaba el día de verano Detiene la brisa de la tarde en su trompeta lila Como los labios de una doncella como el cristal de las uvas embriaga la vida

Trepa y se ensancha caprichosamente por la espinosa cerca sin lastimarse nunca

El cielo Azul como un límpido sueño Profundo como unos ojos insondables Tú, cielo indolente, eres como el hoyuelo en la sonrisa de una doncella

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Allí el viento corre irrefrenable Las nubes flotan desnudas, en múltiples figuras El trueno y el relámpago construyen palacios refulgentes La lluvia baja tierna y demorada, temerosa de caer. Hielo y nieve, arena, humareda y polvo, hacen la sosegada ronda de los años, y tú sigues solitario, sin flores ni verde hierba Nada de penas ni dulzuras del amor Como patitos a la deriva las estrellas parpadean con ojos nocturnos mirando la voluble belleza del mundo de los hombres en impenetrable perplejidad

Poema para pagar una deuda a Liu Zhanqiu Hoy el agua vino a conocerme, vino a conocerme el tedio, la luz quiso conocerme, me di a conocer al viento con mi labio desflecado, y mostré mis heridas a la tarde a pesar del agua. Hoy el agua, mañana el agua, con su transparencia inútil, con su frío de costado. Hoy me di a conocer al mundo con mi labio de agua, y vi multiplicarse los colores en la inútil transparencia. Carlos A. Castrillón

La noche tranquila Carlos A. Castrillón La noche está tranquila, resplandeciente el estrellado cielo La camelia respira en su espacio cautivante La marea besa aún las arenas El viento de los peñascos ruega por la seguridad de los barcos en el mar He dejado atrás mis huellas teñidas de luz de luna y he lanzado una red al océano de los corazones para pescar comprensión y alegría para pescar compañía para pescar las perdidas y encantadas escenas de la primavera

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(Armenia, 1962)

Poeta y ensayista. Ganador del premio nacional de poesía del “Festival Mundial de la Juventud” (1985). Ha publicado los siguientes libros de poesía: El rostro de los objetos (1990), Diccionario de humana anatomía (en coautoría con Juan Aurelio García, 1998) y Compendio de virtudes y alabanza (2003). Es profesor de literatura en la Universidad del Quindío y en la Maestría en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira.


Reseñas Una memoria innombrable

Algunos cuentos de Luisa Valenzuela* Por Rigoberto Gil Montoya**

P

or lo cruel, por lo extraña y violenta, existe en los relatos de Luisa Valenzuela una realidad que se elude, pero que sin embargo se narra de otro modo, a lo sumo sin explicaciones ni escenificaciones directas, pero eso sí, con un lirismo que se pliega a los sobreentendidos y silencios, cuando se asiste, por virtud de la palabra misma, a la memoria de unos personajes que parecieran tan perturbados como el lector mismo o como la voz de los relatos que guía sus sentimientos y temores hacia un mundo ordenado por la fuerza y la opresión. 3

¿Cómo hacer frente a esa realidad, a ese mundo en que la incomunicación toma la forma de la relación de pareja o la de la lucha de contrarios? ¿Cómo permanecer vivos en medio de un adentro que se desmorona ante el contacto con el otro y de un afuera que deja escuchar las sirenas del horror y de la muerte? Me atrevo a pensar que sólo existe un camino movedizo para seguir en pie: la escritura, la necesidad de contar a un “otro” externo al texto aquello que es difícil de nombrar y por eso todo resulta incierto, incluso las palabras: “una imagen nítida a pesar de lo * “Cambio de armas”, “De noche soy tu caballo”, “Ceremonias de rechazo”, “La palabra asesino”, “Cuarta versión”. Tomados del libro de Luisa Valenzuela Cuentos completos y uno más. México: Alfaguara, 1989. ** Escritor. Doctor en literatura. Profesor Universidad Tecnológica de Pereira.

poco nítida que puede ser una simple palabra” (p.158); “Creo que nunca les había tenido demasiada confianza a las palabras” (p.180). Y sin embargo, las palabras son las únicas que pueden descifrar la complejidad de sus mundos internos, que pueden llenar sus vacíos, para comprobar una circunstancia nada ajena al mundo de ficción: “el hecho por demás literario de estar viva” (p.192).

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Reseñas Ese estar viva, mientras se defiende una causa como a la que se entregara Laura para conspirar contra el militar que ahora la sojuzga y maltrata. Un estar viva para seguir siendo la más pura abnegación, aferrada todavía a un cuerpo, el de Beto, “Flotando en el río” (p.182). Un estar viva para alimentar el ritual de la espera, deseosa como está Amanda de que suene el teléfono y con él, la voz de su “conspirador clandestino”(p.184), de su Coyote, del que de pronto desaparece porque tiene que enfrentar “problemas políticos” (p.188). Un estar viva para acercarse al amor y al misterio, para sentir el vértigo de un sentimiento que la ata a un hombre y a su pasado, a un asesino que quizá busca que “ella lo escriba”(p.202). Y ese estar viva, digo, anuncia su propio lenguaje, perfila su propio cuerpo, como el de Bella o Bel/ la, esa actriz un poco de fábula que pareciera sacada de un cinematógrafo o fuera propiedad de las imágenes caras al universo de Manuel Puig, y pienso en especial en El beso de la mujer araña y en aquellas historias donde las espías, parientes de Mata Hari, seducen con su cuerpo para salvar a los suyos, a los que deambulan “por las calles de esa ciudad en esos tiempos de violencia” (p.212). Si bien el lenguaje brota haciéndose imagen, deseo, espera o ensoñación, no existen palabras que logren devolver a la vida algo de paz o de esa armonía que surge de repente en los territorios del sueño y del deseo. Pues todo se torna confuso, las versiones se multiplican, alguien oculta algo, la historia más importante jamás será narrada: “No hay autor y ahora la autora soy yo, apropiándome de este material que genera la desesperación de la escritura” (p.217). Y el lector comprende

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la angustia de quien escribe, porque al hacerlo se expone, se arriesga al peligro de contar lo que hace parte de una conjura inenarrable, por lo cruel, por lo extraña y violenta. Al sentimiento de sentirse vivas, las voces femeninas de Valenzuela le agregan un cuerpo: “un texto que vamos escribiendo con el cuerpo como una invitación”(p.206), son las reflexiones de una voz consciente frente a la escritura, pero insegura al sopesar las varias versiones que tejen lo que, a falta de un mejor nombre, se denomina realidad. Un texto que se escribe con el cuerpo, he ahí lo más cruel, lo innombrado. Porque no se trata de un cuerpo complacido y complaciente, ajeno al horror de la tortura o extraño al temor del miedo. Más bien es un cuerpo como el de Laura, “sin memoria” (p.157), pero con un pasado que la hace estremecer y la regresa indefensa al momento en que su hombre, su cómplice, cayera abatido por las fuerzas enemigas, las mismas que ahora toman el cuerpo de un coronel que la ultraja y la reduce a una simple “puta” o “perra”, expresiones con las que el hombre de armas quisiera marcar una diferencia que el amor se encarga de borrar. Más bien es un cuerpo como el de la mujer de Beto, un revolucionario, un hombre de acción. El cuerpo de la mujer que se entrega a su hombre en el lugar del sueño, quizá el único territorio que ahora le pertenece y al cual se aferra para soportar el tiempo en prisión. ¡Qué tragedia! Sólo puede encontrarse con su hombre en los meandros del sueño y qué importa si una voz por el teléfono le hace dudar de ese encuentro. Para ella es real y con eso basta. El sueño como una reali-


Reseñas dad más tolerable, como la extensión de un deseo que marca las diferencias con el enemigo, pues “los sueños no conciernen a la cana”(p.182). Ya lo expresaba Marcelo Maggi en Respiración artificial: “Los muertos y los amigos (vos entre ellos) se me aparecen en los sueños. Así son las cosas en esta época: para encontrarse con la gente que uno quiere hay que dormir”4 Lenguaje, cuerpo, violencia. Y en esta tríada, el lector, dueño de su propia memoria, es decir, de su propio miedo. Porque la realidad que le es dada no es inocente, como no son inocentes las palabras “asilados políticos”(p.217), “salvoconducto” (p.221) instituciones, “es decir hospitales, re-

formatorios, cárceles, el ejército” (p.194); como tampoco es inocente la “llamada puerta”(p.157) que separa a Laura de un afuera que quizá piense en ella en términos eufemísticos como el de “desaparecida”. En fin, un lenguaje que a lo mejor se niega a expresar lo que el lector intuye y prescribe, de súbito, en palabras como indagarse, dio la orden, Uno y Dos, aguantadero, organización, torturas. Lo demás es una memoria compartida y entonces resulta innecesario nombrar el país o la ciudad donde los personajes de Valenzuela acuden al viejo arte de narrar, para salvar, como Scherezada, por un “instante su insalvable vida”, como diría el poeta colombiano Raúl Gómez Jatttin, a propósito de una mujer que se enfrenta con sus relatos “al verdugo cada madrugada”.

4 Piglia, Ricardo. Respiración artificial. Santafé de Bogotá: Tercer Mundo Editores, 1993, p. 77.

La comunidad de los rockeros Por Nelson Romero Guzmán

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l libro de poemas Manicomio Rock (Editorial Universidad Nacional de Colombia, 2009) de Jorge Ladino Gaitán encierra una clave en la vida del rockero Charly García: la leyenda de sus pasos constantes por los hospitales psiquiátricos, pero que igualmente puede leerse sin ese prejuicio, pues el libro de poemas como tal no asume al ídolo en la tarima, en el tragaluz del espectáculo, sino que a través de imágenes poéticas que aventuran el delirio, la enfermedad y el desarraigo, nos develan al artista del rock en su lucha interior con la música y sus propias composiciones (Tu vicio o Me tiré por vos), en diálogo con otros elegidos de su estirpe ( Janis Joplin,

Kurt Cobain, Jimi Hendrix, Angus Young y Michael Young), así como el propio músico expresa su rabia frente al mundo desde la literatura, o más exactamente permitiendo el encuentro entre música y literatura. La música, la vida del músico, conforman la materia bruta del libro; la forma como expresa esa intimidad, las imágenes alucinatorias que lo configuran, definen su poética y el mayor atractivo en la lectura. El libro está subtitulado en tres partes significativas: Puertas adentro, Puertas afuera y Cadena perpetua. Rastreados en su lectura esos tres apartados, el poemario alude a un adentro (la

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Reseñas intimidad, los sueños con sus pesadillas, el yo en permanente hastío, la soledad), a un afuera (el mundo en descomposición, el tedio de los minutos, la realidad exaltada por los sentidos, lo fantasmagórico) y a una ironía de la prisión (la conquista de la libertad encadenada a través de la literatura: Borges, José Emilio Pacheco, Alejandra Pizarnik, Amado Nervo, Joyce, Homero, Sófocles). El rock alude a una expresión cultural de la libertad cercana al desarreglo de los sentidos, que excita a la juventud a una expresión de su mudo sin prejuicios, simbolizado en el golpeteo rítmico del metal y demás instrumentos fusionados en la orquesta, así como las letras de las composiciones. Esos componentes, más una manera propia de asumirlo socialmente desde la moda y el espectáculo, produce la imagen de un caos, de un manicomio. Aprovechando esa confusión, más la figura de Charly García que lo asume desde su experiencia interior, llevan al lector, poema tras poema, al encuentro con una pequeña “temporada en el infierno” que evoca a Rimbaud, o el ambiente delirante de “Las cantinas” en Maicol Lowry. Jorge Ladino se vale para expresar la locura del rock (de su interioridad o carnalidad) a través del recurso poético de la imagen de contenido fuerte, espeluznante, a veces desde el yo despersonalizado en Charly García, o a partir de la confesión de otros roqueros que son testigos a través de la música de un mundo polvoriento, en el cual el artista asume la suciedad, la enfermedad, la locura y sus delirios: “Pueden llamarme Dios o Charly”. Imágenes del libro rastreadas en varios poemas, como: la música funda la tormen-

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ta, creo en el infierno que soy, país de cristal para feriarlo a los ciegos, ¡soy leño de mi propio infierno!, mi cuerpo es hospicio de fantasmas, le otorgan a la expresión un tono contestatario como las letras de las canciones de Charly, pero cargadas de sentido poético. Entre los méritos de Manicmio Rock tenemos la capacidad del lenguaje para transfigurar la expresión del rock como materia poética, para lo cual Jorge Ladino no exalta la figura de Charly García como uno de los mejores representantes de esta música en español, sino que la sondea en lo oculto, en su propio desgarramiento frente a la realidad que oscila entre un adentro y un afuera con múltiples presencias, intuiciones y sorpresas en el mundo interior del artista; es a ese submun-


Reseñas do del alma del cantante a donde viaja la palabra de Ladino, para extraernos ricas imágenes y confesiones no de un yo confesional, sino de una historia personal que involucra el instante de encuentro entre el rock (ahora hechos poesía), con su comunidad de adeptos: Réquiem Es la memoria (bosque en llamas). Atrapa tu nombre entre sus labios. El silencio apunta con sus ojos de siempre: ¿Cuántas muertes en tu ojo izquierdo?

¿Cuánto olvido en tu ojo derecho? Caía la ciudad y sus pétalos de sombra. Siempre ajenos el grito y la herida. Hoy la culpa estalla en pájaros. Es tarde para la tregua. Un árbol cruje y un poema arde en su vuelo. Este es el libro de un admirador del rock instalado en la poesía, que une las líneas que parecen separar la música y la literatura. Con Manicomio Rock, Jorge Ladino resultó ser primer finalista en el Concurso Nacional de Poesía María Mercedes Carranza (2006).

Ofrendas, la memoria y su olvido Marco Alejandro Rico Salas

S

e dice de la poesía que es conocimiento, vaticinio, sensibilidad, salvación, poder, abandono, reconciliación, liberación, revelación; pero además de otra muchas definiciones, también se dice que es un absurdo, pues ante la realidad, ante los problemas del mundo es inocua, es como todo arte, un ejercicio subjetivo para las grandes minorías, o si se quiere, como decía Adorno, refiriéndose a la construcción humana: “ Lo único que puede darse por sentado, es no poder darse por sentado nada, ni siquiera el derecho del arte a existir”. Pero se reconoce que en esa enumeración de los elementos, el otro; en el lector, está la resonancia, la complementariedad, es decir, sin comunidad el arte (la poesía) carece-

ría de significado. Según Aurelio Arturo: “Nos rodea la palabra”, y para la sociedad occidental, es un logro común, decir que primero fue el verbo y así el poeta nos confiesa en su poema - Lienzo “…Que tiene la palabra para construir el mundo”, yo diría, lo recrea, reconoce su flujo temporal, su dialéctica vida-muerte permanente; su estructura redonda, como nuestra cabeza, según Picabia, para que el pensamiento pueda cambiar de dirección, a pesar de que la palabra es limitada, así ante el tiempo, ese fenómeno relativo, se vale del símbolo pues la palabra es insuficiente, de esa manera dice en su poema –Infinito- que el tiempo es “Un aliento blanco en el cosmos oscuro”, o de imágenes, para hermanarse con la idea

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Reseñas de Heráclito de que nadie se baña dos veces en el mismo río, dice: “Los que fueron dueños del tiempo, lo sintieron en la piel del agua”. Otras veces reflexiona por nuestra condición fragmentada, sus máscaras, sus dioses, su temporalidad, su huella fugaz, la memoria y su olvido, reflexiona sobre la conciencia ontológica, acerca de la materia y de los procesos, que la transforma, sobre la naturaleza, la infancia, el origen, el bosque, el suelo, el eterno retorno, aquella tierra que desde siempre nos espera, aquí en el poema -Achiote- se refiere a “Una lagartija tierramarrón/ descansa sobre una piedra-caliza” y nos recuerda un verso de Enrique Molina que habla de una lagartija que trota sobre un suelo que a la vez es su cara. El poeta Ebroul Triana, aborda ese misterio, que llamamos espíritu, a veces, con imágenes sublimes que lo evoca con símbolos más pedestres, otras con algo de sarcasmo por ejemplo, en la imagen de un ojo que nos mira, aludiendo a ese dios dólar, en otras intentando una imagen espejo, reflejo de su ser, del cual refiere que cuando se hizo popular, cuando se desencantó o se desengaño, tuvo miedo de él, de esta temática dan cuenta poemas centrales como petroglifo 2, cúpula, con la imagen de unas alas pegadas que no quieren irse; oraciones, ofrendas.

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De esta manera, con base en este tejido de elementos que señalo, que hacen de este libro jugoso su contenido, complejo, así como la imagen que nos dio Borges, en el hacedor, donde dice él, que un hombre intentó hacer el mapa del mundo, construye los océanos, las montañas, los desiertos, las lagunas, los abismos, y en la maraña del dibujo, en las muchas líneas que tenía, terminó viéndose el mismo, su rostro, otra máscara.


Banco de la República Biblioteca Darío Echandía


Caricatura de Jaime Tello por Manuel Antonio Bonilla R.

Jaime Tello,

redescubrimiento de una obra renovadora Libertad y Orden

Ministerio de Cultura RepĂşblica de Colombia

Evento concertado con el Ministerio de Cultura

Revista Tiempo de Palabra No. 12  

Memoria y Presecia de Jaime Tello