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y pragmático se va adquiriendo con el tiempo y, por eso, soy de las que todavía apuesta porque los jóvenes se metan en la carrera que les atrae. No hablo de aquellos estudiantes que nunca lo han tenido claro, hablo sobre todo de aquellos que desde que tenían 12 años han hablado de ser filósofos o musicólogos. Hablo de no romper las ilusiones. Es cierto que no se puede vivir del aire y que las personas tienen que pensar en que “hay vida más allá de la universidad”. Es cierto que una vez obtengan el título tendrán que entrar en el mercado laboral, con toda su crudeza. Es obvio que se solicitan muchos ingenieros y raro es ver que se oferta una plaza para un historiador. Pero un joven que ha estudiado aquello que le motiva también trabajará duro por encontrar un empleo de lo suyo. Y no sólo eso, siempre será mejor que una persona verdaderamente ejerza su empleo porque le pondrá más ilusión que alguien que haya estudiado aquello para poder vivir. Quizá

la

edad

nos

de

más

pragmatismo, pero de momento apostemos por la vocación.

urado

?

Revista Postulando  
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Edición N°3