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When you were mine

Rebecca Serle

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Índice Índice ............................................................................................1 Acto 1 ............................................................................................3 Prólogo ............................................................................................. 4 Escena 1........................................................................................... 6 Escena 2......................................................................................... 17 Escena 3......................................................................................... 24 Escena 4......................................................................................... 30 Escena 5......................................................................................... 36 Escena 6......................................................................................... 42

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Acto 2 ..........................................................................................47 Escena 1......................................................................................... 48 Escena 2......................................................................................... 54 Escena 3......................................................................................... 72 Escena 4......................................................................................... 75 Escena 5......................................................................................... 85 Escena 6......................................................................................... 94 Acto 3 ........................................................................................ 105 Escena 1....................................................................................... 106 Escena 2....................................................................................... 116 Escena 3....................................................................................... 120 Escena 4....................................................................................... 121 Acto 4 ........................................................................................ 128 Escena 1....................................................................................... 129 Escena 2....................................................................................... 133 Escena 3....................................................................................... 156 Escena 4....................................................................................... 159 Escena 5....................................................................................... 164

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Escena 6....................................................................................... 169 Escena 7....................................................................................... 173 Acto 5 ........................................................................................ 182 Escena 1....................................................................................... 183 Escena 2....................................................................................... 188 Escena 3....................................................................................... 195 Escena 4....................................................................................... 202 EpĂ­logo ......................................................................................... 211

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Acto 1 Perfect Dream


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Prólogo Traducido por C2arol Corregido por Júlia

Shakespeare se equivocó. Su obra más famosa, y él perdió por completo la marca. Ustedes saben de lo que estoy hablando. Dos amantes. Malogrado romance. Desgarrada por la familia y las circunstancias. Es la historia de amor perfecto. Para tener a alguien que te ama tanto que en realidad iba a morir por ti.

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Pero lo que la gente nunca recuerda acerca de Romeo y Julieta es que no es una historia de amor, es un drama. De hecho, Romeo y Julieta no es ni siquiera el título original de la obra. Se llamaba La tragedia de Romeo y Julieta. La tragedia. Todo el mundo muere por este amor que, en mi opinión, no era tan sólido desde el primer momento. Quiero decir, sus familias se odiaban mutuamente, por lo que incluso si lo hacían sobrevivir, todos los días festivos y cumpleaños hasta el final de los tiempos sería un dolor real. Sin mencionar que ellos no tenían amigos en común, absolutamente ninguno, así que olvídate de las citas dobles. No, sería Romeo y Julieta solos, para siempre. Y tal vez, parezca romántica a los catorce años, o lo que sea, pero no es totalmente realista. Quiero decir, yo no puedo pensar en un final menos romántico de una historia. Y la verdad es que no iba a terminar de esa manera. Si ustedes leen con atención, se darán cuenta de que había alguien antes de que Julieta entrara en escena. Alguien a quien Romeo quería mucho. Su nombre era Rosaline. Y con quien Romeo fue a la fiesta esa primera noche, la noche donde todo comenzó, la vio. Todos siempre piensan en Romeo y Julieta como que estaban desamparados a su suerte, que estaban a merced de su amor por los demás. No es cierto. Julieta no era una chica dulce e inocente desgarrada por el destino. Ella sabía exactamente lo que estaba haciendo. El problema era que Shakespeare no lo sabía. Romeo no le pertenecía a Julieta, me pertenecía a mí. Se supone que estaríamos juntos para siempre, y así habría sido si ella no hubiera venido y se lo llevaba lejos. Tal vez

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entonces todo esto podría haberse evitado. Tal vez entonces todavía estaría viva. ¿Qué pasaría si la más grande historia de amor jamás contada fue la equivocada?

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Escena 1 Traducido por Júlia Corregido por Maia8

—No se suponía que esto fuera así. Abro un ojo y destapo mi cabeza de debajo de las sábanas. Charlie está de pie en frente de mi cama, con los brazos cruzados, una bolsa de peces suecos1 en una mano y una taza de Starbucks en la otra. Parpadeo y echo un vistazo al reloj en mi mesita de noche: 6:35. —Jesús. Estamos en mitad de la noche. Charlie deja escapar un suspiro dramático.

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—Por favor. Llego diez minutos antes. Me froto los ojos y me siento. Empieza a haber luz fuera, pero no es muy sorprendente, pues es agosto en el Sur de California. También hace calor, y la parte superior de mi top militar está empapada. No entiendo por qué, después de todos estos años, mis padres todavía no han puesto el aire acondicionado. Charlie me entrega la taza de Starbucks, dejándose caer a mi lado y metiéndose un caramelo en la boca mientras sigue parloteando. Charlie nunca bebe café, ya que piensa que frena el crecimiento, pero todavía me coge uno a mí por las mañana. Un capuchino grande con vainilla. Un sobre de azúcar. —¿Estás escuchándome? —pregunta ella, irritada. —¿Estás de broma, Charlotte? Estoy durmiendo. —Ya no —dice Charlie, tirando de mis sabanas—. Es el primer día de clase y no dejaré que me arrastres hacia abajo contigo. Es hora de levantarse y brillar, Sra. Caplet. Le frunzo el ceño, y ella sonríe. Charlie es hermosa. No como cualquier chica rubia de la escuela secundaria, sino de aspecto increíble. Tiene el pelo rojo fresa, rizado, unos ojos verdes claros y una imposible piel Peces suecos: (Swedish Fish en inglés) son golosinas, dulces, en forma de peces de diferentes colores. 1

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blanca traslúcida. A veces, es tan impresionante, que es chocante incluso para mí. Y yo soy su mejor amiga. Nos conocimos en el patio en primer grado. John Sussmann me había cogido mi sándwich de mantequilla de maní y jalea y tirado en la caja de arena. Charlie le derribó, quitándoselo, e incluso se comió la mitad sólo para demostrarle que no había ganado. Ahí lo tienes, eso es amistad verdadera. —De todos modos, escúchame —dice mientras columpio mis piernas fuera de mi cama y me dirijo al baño—. Ben y Olivia empezaron a salir. Me lo dijo Ben. —Ya era hora. —Meto el cepillo de dientes en mi boca y me pongo un poco de desodorante. Puedo decir por el parloteo impaciente de Charlie que no tengo tiempo para ducharme.

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—Eso es, como, un gran problema. Él es mi hermano. —En realidad, Ben es el gemelo de Charlie, pero no son nada parecidos. Él es alto, rubio y delgado, le gusta Inglés, una asignatura que Charlie cree que es frívola. Ella es una amante de la Historia: “¿Por qué leer sobre cosas que no sucedieron, cuando se puede leer de cosas que sucedieron? La vida real es mucho más interesante, de cualquier modo.” Olivia es nuestra otra mejor amiga. Ella ha estado con nosotras desde octavo grado, cuando se trasladó a San Bellardo. —Mira —digo, escupiendo—, han estado coqueteando durante décadas. Tenía que suceder. —¿Pero ahora ella va, como, qué? ¿Venir después de la escuela? Ella ya viene después de la escuela. —Sé porque estás tranquila incluso con esto —dice Charlie. —¿Por qué todavía estoy inconsciente? —No, porque Rob regresó anoche y vas a verlo hoy. —Ella se pone otro pez en la boca, triunfante. Han pasado ocho semanas, lo cual creo que es mucho tiempo, aunque me niegue a verlo así. En el esquema general de las cosas, son, ¿dos meses? Al igual que una milésima de segundo. Bueno, es el tiempo más largo que hemos estado separados, y sí, le he echado de menos, pero he conocido a Rob toda mi vida. No es realmente una gran cosa volver a verlo. Ha sido un verano muy ocupado, y no es como si Robert Monteg fuera mi novio o algo, dios, incluso el pensamiento de su nombre rondando en mi mente me da náuseas. No lo entiendo. No debería. Somos amigos. No es más que el vecino de al lado.

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—Vosotros seréis la nueva pareja de último año —dice Charlie—. Decidido. —Bueno, siempre y cuando lo decidas tú. —Me pongo de un tirón una falda azul y deslizo una camiseta blanca sobre mi cabeza. Charlie parece que acabe de venir de la peluquería, y me permito darme una miradita en el espejo. Tal como lo esperaba, pelo total de cama. Charlie me lanza un sujetador, que me golpea en la cara. —Gracias. —Oh, vamos —dice ella—. Es Rob. Finalmente, el año pasado os besasteis, y después él se va de consejero de campamento todo un tortuoso verano y te escribe todas esas cartas de amor que dicen lo mucho que se preocupa por ti, y tú crees que ahora que ha vuelto, ¿no vais a estar juntos? Por favor. Por supuesto, así es como Charlie lo ve. El problema es que no es exactamente así como sucedió. No está ni siquiera cerca. Déjame explicarme.

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El “beso” del que está hablando no fue realmente un beso. Y el hecho de que Rob y yo fuéramos juntos al baile de graduación carece de importancia. Somos mejores amigos, y ninguno de los dos tenía cita. Rob es guapo e inteligente, y no me costaría hacer una lista de las diez próximas chicas de último año que hubieran cambiado sus mochilas Gucci para ir al baile con Rob, pero creo que él tiene miedo a la especie femenina. Bueno, en realidad, Charlie cree eso. Es la única explicación, dice, a por qué todavía no ha tenido novia. La única explicación aparte del hecho de que me está esperando (sus palabras, no las mías). De todos modos, estábamos en la pista de baile y mi pelo se puso sobre mis ojos, así que Rob lo apartó y besó mi mejilla. Mi pelo siempre se mete en mis ojos, y mi padre siempre besa mi mejilla, por lo que no creo que eso cuente como una prueba. Eso pasó en público, con una canción lenta. ¿Y los correos? Definitivamente no son cartas de amor. Por ejemplo: Hola Rosie, Gracias por tu carta. Me alegra saber que Charlie sigue tan loca como siempre, y gracias por los chicles. Los estoy masticando ahora. El campamento está bien, pero echo de menos estar en casa. A veces pienso que fue una idea estúpida venir aquí, especialmente después de haber terminado la escuela y todo. Está bien, supongo. Estoy de vuelta en Bunk 13. ¿Recuerdas cuando estuvimos aquí juntos? Parece que fue hace mucho tiempo. Supongo que lo fue. De todos modos, realmente te

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echo de menos. Supongo que es lo que quise decir cuando dije que echaba de menos estar en casa. No es lo mismo aquí sin ti, anoche salí a los muelles y pensé en el momento en el que nos bañamos ahí después de apagar las luces. ¿Te acuerdas de eso? El agua estaba helada. Fue ese verano en el que nuestros padres tuvieron que enviar más camisetas. Da igual, estoy pensando en ti y espero que todo te vaya bien. Rob. Charlie peinó el correo electrónico y construyó uno nuevo, que básicamente decía: Te amo y lo siento mucho por haberme ido al campamento, mi corazón se está rompiendo por estar lejos de ti y estaremos el resto de la eternidad juntos cuando regrese. Con amor, Rob. Es lógico que le gustara la historia, ya que está constantemente reescribiéndola.

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Su fantasía es totalmente agradable, sólo que no es correcta. Son los típicos pensamientos que ponen en problemas a las chicas siempre. Y no sólo a Charlie. Por ejemplo, el año pasado cuando Olivia estaba saliendo con Taylor Simsburd (y por “saliendo” quiero decir que tuvieron dos citas y una vez se dejaron ver en público para el baile de invierno), él le dijo que se veía bien en amarillo, y ella le hizo a él una lista de reproducción a la que llamó “Aquí viene el Sol”. También empezó a llevar girasoles sin ninguna razón. No es el hecho de que las chicas sufran alucinaciones, per se2. Es sólo que tienen una habilidad sutil para transformar las circunstancias reales en algo distinto. Y si hay una cosa en la que estoy totalmente en contra es en hacer la vista gorda ante la realidad. ¿Cuál es el punto? Las cosas son como son, y lo mejor que podemos hacer es aceptar eso. Nadie ha muerto por tener mucha información. Sólo los malentendidos son problemas. Y hasta que Rob diga o me aclare lo contrario, no tengo ninguna razón para pensar que quiere algo más que una amistad. Excepto que sucedió una cosa antes de que se marchara. No se lo he contado a Charlie o a Olivia, porque no estoy segura de qué es lo que siento. Pero sigo dándole vueltas en mi cabeza. He estado haciéndolo durante los últimos dos meses. Estábamos sentados en el suelo de mi habitación mirando un viejo DVD de Friends3. Esta parte no es particularmente inusual. Lo hacemos siempre. A Rob le gusta escapar del caos que hay en su casa, donde tiene tres hermanos pequeños. Pero había algo diferente en él esa 2 3

Per se: expresión en inglés que se refiere a por uno mismo, por sí mismo. Friends: serie americana de comedia protagonizada, entre otros, por Jennifer Aniston.

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noche. Cuando Ross hizo una broma, Rob no río, lo que era una locura, porque Ross es su personaje favorito y Rob siempre se ríe. Tiene una risa varonil y profunda. Me recuerda a Santa Claus. Estábamos viendo el episodio en el que Rachel se muda del apartamento que comparte con Mónica, la escena en la que Rachel intenta robar el candelabro de Mónica. Bueno, Rachel está agarrando la caja, y de repente, la televisión se queda en modo pausa y Rob me está mirando tan intensamente como cuando ve un partido de baloncesto importante. —¿Qué pasa? —pregunté. Él no respondió. Él sólo me miraba. Tiene unos ojos enormes y marrones que parecen dos pequeñas tazas de chocolate caliente. Ey, sólo estoy tratando de describirlo con precisión. Él no dijo nada, se quedó sentado mirándome, y luego se acercó y tomó mi barbilla con su mano. Él nunca había hecho eso antes. Ningún chico me había tomado la barbilla antes. Y entonces, con mi barbilla en su mano, dijo—: Dios, eres hermosa. Así de fácil. “Dios, eres hermosa”. Lo que es una locura porque:

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(a) No es verdad. No es que no sea atractiva. Sólo que no luzco particularmente diferente a lo normal. Quiero decir, tengo los ojos marrones, el cabello castaño y lo que Charlie llama una nariz de botón, así que si alguien quisiera describirme, supongo que pensaría que me conoce y no me podría distinguir en la multitud. Excepto por le hecho de que me sonrojo como un tomate cuando tengo vergüenza, pero eso no me hace exactamente deseable. Por lo tanto, (a) “bella” realmente no encaja. (b) Es tan cursi. Así que me eche a reír, porque fue lo único aceptable que se me ocurrió, y él dejo caer la mano tras eso y reanudó Friends, y cuando nos despedimos, me abrazó igual que siempre lo hacía, y entonces, al día siguiente, se había ido. He estado pensando en esto desde entonces. Desde hace dos meses. —Da igual, ¿a qué hora entramos? —preguntó laboriosamente Charlie mientras bajábamos las escaleras. —No sé. Tarde. Quiero decirle: “Lo suficiente tarde para que pueda ver sus luces encenderse”, pero no lo hago. Charlie no sabe que a veces me inclino por la ventana de mi habitación para ver si la luz de Rob está encendida. Nuestras casas están separadas por una barrera de árboles, por lo que no se puede ver mucho, pero su cuarto está en diagonal con

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el mío y sé si está en casa por si tiene la luz encendida. La mayoría de las noches espero a que se encienda, para saber que está ahí. En la puerta de al lado. Creo que es una de las cosas que más he echado de menos mientras él no ha estado. Ver la luz encenderse. —Me sorprende que no viniera anoche. —Ella menea sus caderas y se ríe. Me encojo de hombros. —Él sólo me envió un mensaje. Ella se gira en las escaleras y me coge de ambos hombros. —¿Qué dijo exactamente? —¿He vuelto? —He vuelto —repite Charlie, pensativa. Entonces, pone una gran sonrisa sarcástica en su rostro—. He vuelto y estoy listo para la acción. —Honestamente —le digo—, es Rob. Estás creando algo de nada. —Tal vez si, tal vez no. —Ella une su brazo con el mío a medida que avanzamos hacia la cocina—. Pero sabes que prefiero equivocarme en cuanto a la precaución.

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—Drama —le corrijo—. Te gusta equivocarte por el camino del drama. Mi madre y mi padre están en la cocina bailando con un vaso de zumo de naranja, aún en sus albornoces. Ella lo tiene por encima de su cabeza, y él le está haciendo cosquillas. —Lo siento, chicas —dice mi madre, sonrojándose—. No os habíamos visto —Mi papá nos guiña el ojo. Asqueroso. Además, ninguno de ellos parece arrepentido. Ellos hacen esto siempre. Están constantemente en nuestra sala de estar y se dejan notas de amor en la nevera, “Guisantes para mi mujercita”, y ese tipo de cosas. Supongo que debería hacerme feliz, el hecho de que mis padre estén enamorados y todavía se tengan el uno al otro después de veinte años, pero en cierto modo me ponen los pelos de punta. —Definitivamente, siguen teniendo sexo —dice Charlie en voz baja, como si estuviera dando la solución en un debate. Confía en mí, no es algo que vayamos a discutir. De hecho es verdad: Lo hacen. Supongo que no sería tan grave si, ya sabes, lo hubiera hecho yo también. No es que me oponga a las relaciones sexuales ni nada. Quiero decir moralmente hablando. ¿Quieres saber mi problema, el de verdad? Es que yo no me siento especialmente moral en ese asunto. Es como esa chica que conocía, Sarah, quien nunca había comido carne. Literalmente, en toda su vida, nunca había comido una hamburguesa. Sus padres no comían carne, y ella fue criada de esa manera. Da igual,

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se ve que su padre volvió a comerla, y de repente, estaba en su casa y en su mesa, y la recuerdo diciéndome cuán extraño le parecía, cuán artificial. Así que de repente, se suponía que ella empezaría a comer carne y eso tendría que verse normal. Ella era vegetariana, por el amor de Dios. Le parecía tan raro empezar ahora. Era como cambiar algo fundamental de quién eres. Tal vez también tiene que ver el hecho de que nunca he estado cerca. Estuvo Jason Grove, con quien salí el año pasado. Nos acercamos un par de veces, siempre en la parte trasera del Audi de su padre o en su sótano. Estuvo bien, supongo, pero él no podía encontrar la manera de desabrochar mi sujetador, y después de varios intentos, nos dimos por vencidos. Charlie cree que es algo trágico. Mi virginidad y la de Olivia son como algo que está en contra de sus valores, o algo así. Eso sí, ella ya lo ha hecho con dos personas.

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El primero fue Matt Lester, su novio en segundo año. Lo hicieron después de regresar a casa de la escuela, y ella dijo que fue horrible y nunca volvió a hacerlo. Ahora está Jake, su ahora sí, ahora no, novio… y, como Charlie dice: “He perdido la cuenta”. Lo que se supone que significa que lo ha vuelto a hacer. No es como si tuvieras que seguir contando el número de veces que has tenido sexo. En un momento justo, simplemente se convierte en sexo, creo. —Este año es definitivamente tú año —me dijo Charlie la semana pasada—. No perderás tu virginidad en una residencia de estudiantes. No es una opción. —¿Cuáles son mis posibilidades? —Sólo una —dijo Charlie—. Rob. Están realmente destinados. Destinados. Estaría mintiendo si no dijera que nunca he pensado en esa frase en relación a Rob y a mí. Se me ha ocurrido que algo podría pasar entre nosotros dos. No le he admitido demasiadas cosas a Charlie, creo, que mayoritariamente porque reconozco que hay una verdadera posibilidad de que estos pensamientos sobre Rob pudiesen ser más por todos esos shows que ella me hace ver que por mis verdaderos sentimientos. Quiero decir, sí, me preocupo por él. Es mi mejor amigo. Por supuesto que le quiero. ¿Pero quiero besarle? ¿Quiere él besarme a mí? ¿Y estoy dispuesta a arriesgar nuestra amistad por la remota posibilidad de que este romance pudiera funcionar? Por no mencionar el hecho de que ni siquiera sé qué piensa él. Probablemente, se arrepiente de haberme dicho que era preciosa. Quiero decir, ha recorrido mitad del país durante todo el verano, y sólo porque yo no

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haya caído en los labios de alguien más durante estos dos meses no significa que él haya conseguido el mismo record. Mi madre aleja a mi padre de ella y deja el zumo. —Chicas, ¿listas para vuestro primer día? —Definitivamente –dice Charlie, guiñándome el ojo. —Bien, eso es bueno —dice ella. Rompe un par de huevos en un plato y se los entrega a mi padre—. ¿Rob ya está de vuelta?

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Mi madre tenía que preguntarlo. Por encima de todo, mis padres y sus padres son también mejores amigos. Han sido vecinos durante quince años. Mis padres se mudaron a San Bellardo unos meses antes de que yo naciera. La familia de Rob se mudó aquí dos años después. Mi madre era una actriz estrella en Los Ángeles. No juzgo ni nada, pero creo que ella hubiera seguido siéndolo si no hubiera conocido a mi papá. Él era un organizador comunitario con grandes planes para convertirse en senador y fue invitado a uno de los estrenos de una de sus películas. Era el estreno de El último desconocido, probablemente el mayor papel que ha tenido mi madre, y mi padre siempre dice que se enamoró de ella al instante, tan sólo al verla en la pantalla. Que ella era su última desconocida. Seis meses después se casaron y un año después ya me tenían. Mi padre nunca llego a ser senador (enseña Historia en nuestra universidad local), pero sí su hermano. Creo que aún es doloroso para mi padre el hecho de que su hermano consiguiese hacer realidad su sueño, pero él no. No han hablado durante años, y cada vez que su nombre está en los diarios, mi padre tira la página a la papelera de reciclaje. Mi madre sigue mirándome, esperando una respuesta sobre Rob, pero sólo me encojo de hombros y me llevo un trozo de tostada en la boca. Charlie inmediatamente me la arrebata. —El miércoles Bagel4 –dice ella, dejándola caer en el mostrador como si fuera algo radiactivo–. ¿Hola? Mi padre se golpea la palma de la mano contra la frente de manera dramática, y mi madre suspira. —Bien —dice ella—. Tened un buen día. —Oh, lo haremos —dice Charlie, lanzando mi mochila sobre su hombro—. No esperen despiertos. —Le envía a mi madre un beso y me empuja hacia fuera. Charlie tiene una vieja camioneta Jeep Cherokee5 a la que llamamos “Gran Rojo”6. No es tan elegante como el coche de Olivia, pero no 4

Bagel: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Plain—Bagel.jpg

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importa. Charlie se vería bien incluso en un triciclo. Subimos dentro, y me golpea el familiar olor del perfume de Charlie. Una combinación de lilas y plumería que ella misma mezcló el año pasado en Body Shop. Su coche siempre está lleno a más no poder, como si ella pudiera irse en cualquier momento y a cualquier lugar. Hay una bolsa gigantesca en el asiento trasero con un monograma con sus iniciales, CAK, que contiene absolutamente todo lo que puedes necesitar. Una vez, fuimos a la casa que tiene Olivia en la playa en Malibu, y un trozo de maíz se me quedó atrapado con tanta fuerza entre las encías que incluso empezó a sangrar. Charlie me subió en el Gran Rojo y me realizó una cirugía dental menor. Ella arranca el coche y da marcha atrás de mi plaza, aplicándose brillo de labios por el retrovisor al mismo tiempo. Corro el riesgo y doy una mirada hacia la casa de Rob, pero es difícil ver cualquier cosa entre tanto árbol. O ver si hay cualquier coche aparcado en el camino de entrada. Cojo su iPod y pongo Radiohead7.

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—Ew. –Me da una mirada descontenta y coge el iPod de mi mano. Pone Beyoncé y se vuelve hacia mí—. ¿Qué está mal contigo esta mañana? Es el primer día de clases. Tenemos que estar mentalizadas. A partir de ahora, sólo la nota correcta nos llevará al éxito. Esta es una de sus teorías. Charlie está llena de teorías. Tiene una teoría acerca de todo. Por ejemplo, cree firmemente que sólo puedes cambiar tu pelo cuando estás en la escuela secundaria. Olivia cayó en picado cuando rompió con Taylor, y Charlie le dijo que había agotado su reinvención. “Espero que valiera la pena”, recuerdo que dijo. —Estoy mentalizada. —Fuerzo una sonrisa en mi rostro y cojo el brillo de labios de debajo de sus dedos. Charlie suspira y vuelve a la carretera. —Vamos. Lo digo en serio. Tienes que estar mentalizada. Yo y Jake, y Rob, Olivia y Ben —Traga después de decir “Ben”, como si tuviera un mal sabor en la boca— vamos a arrasar en la escuela este año. Otra de las teorías de Charlie es que vivimos en una película sobre la escuela secundaria. Olivia parece creer que esto es cierto, también. Lo que quiero decir es que pueden decir cosas como: “Vamos a arrasar en la escuela” y no sentir la necesidad de añadir el sarcasmo. Supongo que somos muy populares. Charlie es formidable, su atractivo es de una Jeep Cherokee: http://www.vootar.com/a/Jeep—Cherokee En el original, “Big Red”. 7 Radiohead: es una banda inglesa de rock alternativo originaria de Abingdon, Inglaterra, formada en 1985. http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Radiohead.jpg?uselang=es 5 6

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manera que la hace temible y amada. Olivia, por otro lado, es la chica de secundaria soñada. Tetas grandes, pelo rubio, nariz linda, dulce y tranquila. Literalmente, no hay hombre en la escuela que no esté enamorado de ella. Además, sus padres tienen más dinero que Dios. Su padre hace algo relacionado con la industria de la música. Es productor o propietario de un sello discográfico. Creo que tal vez ambas. Para ser honesta, a veces no estoy segura de cómo acabe en este grupo. No debería ser popular. La sabiduría convencional está totalmente en mi contra. Supongo que es la razón por la que ser amiga de Rob siempre se ha sentido genial: él es popular, seguro, probablemente el más popular de la clase, pero también es sólo Rob. No tengo que fingir a su alrededor o pensar acerca de lo que tendré que decir a continuación. No es que lo haga con Charlie u Olivia, pero a veces se siente como si todas, nosotras tres, estuviésemos en algún tipo de juego. Igual que cuando tenemos que decir nuestras líneas correctamente. Como si toda la actuación dependiera de eso. —¿Has oído lo de Len Stephens? —pregunta Charlie—. Ya ha sido expulsado de la escuela.

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Len Stephens es el tipo de nuestra clase con el que nadie pasa el tiempo. Charlie lo llama “Toxico”, pero la mayoría de gente sólo lo llama gilipollas. Es sarcástico, y su cabello es demasiado largo y desordenado, como si se lo cortara él mismo o algo así. La escuela aún no ha empezado. Al parecer, hizo una broma antes. —¿Qué hizo? —Reorganizó el sistema en línea para que se borraran todos los expedientes académicos. —De ninguna manera. —Lo juro. —Charlie pone su mano sobre su corazón como si jurara lealtad. —¿Cómo es eso posible? Charlie se encoge de hombros. —Hackeó el sistema informático de la escuela. Lo único que realmente sé de Len es que solía tomar clases de piano antes que yo con esta mujer alemana llamada Frankie. Creo que lo dejé en sexto grado o por ahí, y creo que él igual. Ese fue el momento en el que todo el mundo se puso serio con el tema del deporte o la danza y se olvidaron de otras aficiones. Pensaba que él era bastante bueno, pero

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entonces también pensaba que los tops tubo8 eran lindos, así que, ¿qué sabía yo? —De cualquier modo —dice Charlie, avanzando—. Hablemos de Jake. —¿Así que estáis juntos de nuevo? —Miro por la ventana cómo los árboles pasan. No es que no me importe la vida amorosa de Charlie. Me importa, por supuesto. Es sólo que no hay ningún momento indicado sobre su relación en general. Si ella está con Jake hoy, no quiere decir que lo esté mañana. O incluso en el momento en el que lleguemos a la escuela, por eso. Ellos tienen una relación muy extraña. A Charlie le gusta actuar como si le hubieran roto el corazón y estuviera perturbada. Al igual que ellos no pueden estar juntos incluso cuando quieren. Sinceramente, yo no veo los obstáculos. A menos de que el hecho de que él siempre utilice gorras de béisbol y llame a todos “amigos” sean obstáculos. Lo cual, tal vez, lo es.

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Ellos rompieron porque él la llamó “hermano” en el baile del año pasado, y después no hablaron durante una semana. Han sido casuales durante el verano, pero una reunión oficial no es algo que me sorprenda. Mayormente, creo que han tenido tantos altibajos porque a Charlie le gusta inyectar drama. ¿Y que hay, realmente, más dramático que la angustia? —Así es —dice ella—. Vino ayer por la noche, y me dijo que quería que este año fuera diferente —Jake dijo que quería que las cosas sean diferentes unas cuarenta y dos veces durante el último año y medio, así que esto es como un grano de sal —Guay. —Lo digo en serio, Rose. Creo que funcionará esta vez. —La miro, y por su rostro parece que está decidida. Celebrándolo, incluso. Lo cual, si conoces a Charlie, tiene mucho sentido. La decisión de hacer algo y cumplirlo es básicamente la misma cosa en su mundo. —Eso es genial —digo—. Super. —Trato de mostrar emoción, pero Charlie ve a través de ello. —¿Cómo se supone que trabajaré contigo si este año va ser todo eso de angustiados y tristes ojos? —Me pasa la bolsa de maquillaje y le da la vuelta al espejo que hay en mi visera—. Aplícate, por favor. Necesito que te veas absolutamente bien cuando entremos en ese auditorio.

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Top tubo: http://catalogo.fashionfactory.org/productos/09abril066aa.jpg

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Escena 2 Traducido por lausodie Corregido por Maia8

Vivimos a siete minutes exactos del instituto, y cuando digo que nunca hemos llegado tarde, es verdad. Nunca hemos llegado tarde. Charlie ha estado llevándome desde octubre, cuando consiguió su coche, pero llevamos yendo juntas desde primaria. Primero con su madre, y luego, cuando su madre se puso enferma, con la mía.

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Charlie dice que con lo de ser popular no puedes arriesgarte. Es decir, puedes sacarle mucho provecho, pero debes saber que hay una línea que no se puede cruzar. Para nosotras, esa línea es llegar tarde, y nunca lo hemos hecho. Ni siquiera Olivia, a quien le cuesta unas cuatro horas arreglarse cada mañana. No creo que le preocupe especialmente lo de ser puntual, pero es mejor no discutir con ella. He tenido un registro de asistencia perfecto desde el primer año, con la única excepción del día en que Olivia se rompió el pie y tuve que ir con ella a urgencias. Cumplo la regla sobre la puntualidad porque planeo ir a Stanford el año que viene. No lo tengo demasiado difícil. Sólo necesito no perder de vista el objetivo en este primer trimestre. Lo que significa seguir la regla de nunca llegar tarde de Charlie, aunque sea por distintas razones. Charlie gira hacia la parte superior del parking, y por un segundo abro la boca para corregirla, pero luego recuerdo que estamos en nuestro último año y que ahora aparcamos aquí. Desde la parte superior, puedes ver todo el colegio a tus pies. San Bellardo fue nombrado el Campus más bonito a escala nacional el año pasado, y por un momento, sentada en el coche de Charlie, entiendo por qué. Antes era una finca, y Cooper House, el edificio principal de nuestro instituto, era la antigua mansión. Los despachos de los profesores eran habitaciones, y hay arañas victorianas colgando de muchas de las aulas. Jake quiere asaltar el vestuario de las chicas y colgar toda nuestra ropa interior, o algo así, de las arañas como broma de último año. Charlie intentó explicarle que la broma de último año no se gasta a los de último año, pero no creo que él lo pillase.

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El resto de los edificios del instituto eran casas de invitados y garajes convertidos, e incluso un establo de caballos. El edificio de detrás del patio es nuevo, pero lo construyeron para que fuese idéntico al Cooper House, así que no se nota. La hiedra crece por todos los edificios y si miras a través del campo de fútbol puedes ver el océano. Sería un sitio precioso para pasar el tiempo si no fuese el instituto. Olivia ya está allí cuando nosotras aparcamos, saliendo de su BMW SUV. Fue un regalo de su padrastro por su decimosexto cumpleaños. Es blanco y en la matrícula se lee OLIVE16. Los padres de Olivia a veces la llaman Olive. Ella dice que no lo soporta, pero yo creo que en el fondo le encanta. Su familia está bastante unida. Su madre tuvo dos hijos con su padrastro, y Olivia pasa un montón de tiempo con sus hermanos pequeños. —Holaaa —dice Olivia. Lleva básicamente lo mismo que Charlie: unos pitillo, bailarinas moradas y una camiseta de tirantes gris; la única diferencia es que Olivia lleva un cárdigan azul encima en vez de una sudadera. Lleva su rubio cabello recogido en una coleta alta. Parece recién salida de una caja de plástico. Una barbie perfecta.

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Lo que nadie sabe sobre Olivia es que Olivia era regordeta a finales de primaria. Perdió todo el peso que le sobraba el verano antes de octavo grado, cuando vino a vivir aquí. No la conocíamos entonces, pero hemos visto algunas fotos. Es raro pensar en Olivia teniendo una apariencia algo menos que perfecta. Pero hubo un momento en el que fue así. Olivia se estira, levantando los brazos por encima de la cabeza y haciendo que se le levante la camiseta, dejando al descubierto su abdomen. Charlie lo llamaría un movimiento de poder. Su teoría es que todos tenemos uno. Es lo que haces para alardear. Por ejemplo, a veces Beth Orden resalta su pecho porque sus tetas han estado por encima de la media desde segundo curso. —Buena suerte con eso —dice Charlie, señalando su ombligo—. A pesar de las apariencias, tenemos un código de vestimenta. Olivia bosteza, pone los ojos en blanco y abrocha uno de los botones de su cárdigan. —Vamos alláaa —dice. Olivia tiene la costumbre de alargar la última palabra de cualquier cosa que dice. Es molesto, pero al ser tan guapa en el instituto, tus hábitos molestos no importan. Igual que no importa si pides una Coca-Cola light o una normal con tu Big Mac. En este orden del universo, no cambia nada. Por eso Olivia arrastra las palabras. Es irrelevante, y aunque la gente se dé cuenta, la mayor parte del tiempo piensan que es gracioso.

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—Cálmate —dice bruscamente Charlie—. Todavía es pronto. ¿Has traído los panecillos? Olivia asiente y saca una bolsa del asiento del conductor. Grandma’s Coffeehouse. Todos los miércoles, Olivia tiene que llevar a su hermano pequeño, Drew, al colegio y pasa por la cafetería a comprarnos algo. Cada una pide una cosa, pero ya nos sabemos de memoria lo que le gusta a cada una de nosotras. Charlie pide un panecillo relleno de queso, Olivia lo pide de arándanos con mantequilla y mermelada de fresa, y yo pido uno con semillas de amapolas y queso y cebolleta. A veces Charlie y yo compartimos medio y medio, pero pocas veces. Charlie abre la bolsa y nos pasa nuestro pedido a cada una. Junto con mi bollo me pasa un chicle que saca del bolsillo de sus vaqueros. —Para Rob —dice, y me guiña un ojo. Aparto la mirada porque noto que mi cara empieza a arder. —¿Cómo está? —Olivia se cuelga la mochila al hombro y cierra la puerta. —¿Cómo está Ben? —contesta Charlie. Olivia traga saliva, pero Charlie le pasa el brazo por encima del hombro.

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—Tranquila. Está bien. De todas formas, Rose es la que tiene noticias románticas hoy. Cuéntale —dice mirándome. —¿Contarle qué? —Me coloco algo de pelo detrás de la oreja. Ni siquiera son las ocho de la mañana del primer día de clase y ya quiero irme. —Lo del mensaje. —Sólo me ha dicho que ha vuelto —digo bajito. —Oh, dios mío —chilla Olivia—. ¡Definitivamente, estáis juntos! Echo una mirada alrededor a ver si está el Volvo plateado de Rob, pero siempre llega tarde así que no esperaba ver nada, y no me equivocaba. Charlie simplemente sonríe y pone su otro brazo sobre mi hombro, y las tres caminamos así hacia el campus. Llegamos pronto, por supuesto, pero hoy hay una buena razón. Por fin podíamos aprovechar el salón de último año, o SP como lo llamamos, porque técnicamente es el salón de los padres (ellos financian las máquinas expendedoras), una sala de la Cooper House que se reserva sólo a los estudiantes de último año. Las tres habíamos pasado algo de tiempo allí ilegalmente el año pasado. De hecho, fue el primer sitio donde dejé a Jason intentar desabrocharme el sujetador, pero nunca se nos había permitido la entrada. Así que hoy es un día importante.

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Olivia balbucea sobre que su hermano pequeño le robó y escondió su mochila esta mañana y que su madre le prometió un nuevo bolso de Rod este año si aún no lo había conseguido. —¿No puedes conseguirlo tú misma? —pregunta Charlie molesta. —Esa no es la cuestión —dice Olivia y deja de hablar. Cuando llegamos al SP eran las diez y siete minutos, lo que significa que tenemos treinta minutos enteros antes de la asamblea. La SP tiene ventanas en tres de las paredes y una entrada que la conecta con lo que nosotros llamamos el pasadizo cubierto. Es una pasarela desde la Cooper House hasta el patio de abajo, donde, ya que estamos en California, solemos comer todo el año. Hay tres máquinas expendedoras en la cuarta pared. Una es de café, cappuccino y cosas así, otra tiene agua y zumo y la tercera tiene tentempiés. Charlie aprieta algunos números y nos pasa unas botellas de San Pellegrino. Charlie sólo bebe agua con gas. Es lo suyo.

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Otra de las teorías de Charlie es que es importante tener algo tuyo. Te hace destacar. Lo llama tu siete, porque es su número primo favorito. Lo cual quiere decir que no puede dividirse, igual que esa cosa que te hace tú y tú no pueden separarse. Por ejemplo, el siete de Olivia es que ella siempre lleva algo morado, aunque sea un llavero. Olivia quiere que su siete sea su pelo porque ama su pelo, pero Charlie dice que el morado es mucho más interesante. Mi siete es que no conduzco. Yo le dije a Charlie que eso es algo negativo, pero ella no me hizo caso. —Te hace destacar —dijo—. Es increíble. No me saqué el carnet hasta el día en que cumplí los diecisiete años, lo que quiere decir que también podía haber esperado hasta los cuarenta. No es que no me guste la responsabilidad. Me encanta la responsabilidad. Soy una buena estudiante. Soy organizada. Soy una buena amiga, la mayor parte del tiempo. Pero conducir me da miedo. Mucho miedo. La posibilidad de un accidente parece demasiado fácil. Quiero decir, ¿esos tanques enormes de metal zumbando por ahí intentando no chocar con los demás? No puedo quitarme la sensación de que al conducir tengo la vida de otras personas en mis manos. Así que nunca lo hago. Mis padres me compraron un coche de todas formas. Un viejo Camry blanco de un colega de mi padre que se mudaba. Creo que pensaron que podría suponer un incentivo para mí querer ponerme detrás de ese volante. No funcionó. Cada vez que me siento en asiento del conductor mis manos empiezan a sudar y mi corazón se acelera. Es raro, lo sé. Soy una adolescente, por el amor de dios. Conducir debería ser mi cosa

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favorita. Libertad, escapar, independencia. Lo sé, de verdad. Pero para mí es menos excitante y más terrorífico. Hay algunos estudiantes de último año en un banco cerca de las ventanas del lado derecho. Una chica llamada Dorothy a la que llaman Dorky desde sexto grado o así, y Len, lo cual es sorprendente. Creo que nunca había llegado a tiempo a clase. Además, ¿no se supone que lo habían expulsado? La fuente de rumores de Charlie no es siempre infalible, pero normalmente se basa en un diez por ciento de realidad. —Hola —saludo a Dorothy. Len me sonríe malignamente como si lo hubiese separado para dedicarle un saludo personal. —Es tan insoportable —me susurra Charlie. Entonces levanta la cabeza y dice—: Me sorprende que no te expulsaran. —¿A quién, a mí? —Len descruza los brazos. Los deja caer a los lados dejando ver una camiseta morada con un rayo amarillo en el pecho. Otra cosa sobre Len: él siempre lleva manga larga, incluso en verano. Es raro.

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Él inclina la cabeza y un rizo marrón cae sobre su frente. Su pelo es desastrosamente rizado, lo cual le hace parecer en parte un científico loco y en parte un chico que abandonó el instituto. Creo que lo único que le salva son sus ojos. Son grandes, azules y redondos, como gemas puestas ahí. —¿Por qué iban a expulsarme? —Porque eres la lepra —dice—. Es como si estuvieses infectando este lugar. Los ojos de Len pasan de Charlie a mí. —¿Tú qué piensas, Rosaline? No es que Len y yo hablemos normalmente, pero tiene la costumbre de llamarme por mi nombre completo. Es tan condescendiente. No puede ni siquiera dirigirse a alguien sin ser molesto. Ese es claramente su siete. —No tengo una opinión —digo—. Porque no me importa. Charlie y Len me miran, impresionados. —¿Holaaa? —Olivia menea su mano sobre la cabeza intentando llamar nuestra atención. Está hablando con Lauren, que está en el comité de actividades estudiantiles con nosotras, o CAS, como lo llamamos. Tuvimos inglés juntas el año pasado y vive unas casas más allá de Rob y yo. Me ofrecí a traerla al instituto el año pasado, pero Charlie dijo que no nos quedaba de camino. Lo cual es ridículo, por supuesto, pero no es sorprendente.

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—Se me ve el sujetador —grita Charlie, tendiendo su botella de agua con gas hacia nosotras para probarlo. Se asoma por debajo de su camiseta y Lauren se echa a un lado, probablemente en busca de un lugar mejor. No es una mala manera de empezar —dice Len. —Eres repugnante. —Charlie me agarra del codo y me lleva hacia Olivia—. Me hace sentir sucia —dice Charlie. Olivia levanta las cejas y Charlie aclara—: No en el buen sentido. Es como si me hubiese duchado en aceite de pescado. —Me vas a quitar el apetito —digo aunque aún no he pegado bocado. —Cuidado con eso d—ice Charlie alargándose a coger la tapa de la botella de Olivia—. ¿Qué es lo que pasa con vosotros dos? —¿Quién? —Olivia estira su camiseta. —¿Mi hermano? Olivia para, deja su camiseta y toma un trago enorme de agua con gas.

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—Tres meses —susurra mientras traga. Me sorprende. Me imaginaba que se habrían acercado más este verano, pero eso significa que ya estaban juntos antes de terminar el curso. Antes incluso de que Rob se fuese. —¿Tres meses? —La cara de Charlie empieza a ponerse roja. Puedes darte cuenta porque le salen esas pequeñas marcas donde no lleva tanta base de maquillaje. —Sí, pero eso fue en el verano —contesta Olivia—. Tampoco es que hablásemos tanto. —¿Qué quieres decir con que no hablábamos tanto? Íbamos juntas a la playa casi todos los días —dice Charlie. Olivia tuerce el labio y dice—: Me gusta. —Al menos sabemos que no se acuestan —comento. Olivia me da unos golpes en el hombro de broma e incluso Charlie no puede evitar sonreír. Olivia esperará hasta el matrimonio o hasta que pueda beber legalmente o algo. Su madre se volvió religiosa después de casarse con su padrastro. Van a misa todos los domingos. Nunca hemos hablado de por qué exactamente esperará, pero supongo que para ella tiene más sentido que para mí. La parte moral, claro. Hasta donde yo sé, ella sólo ha llegado a darse el lote. Apostaría lo que fuese a que es todo lo que ha hecho con Ben. Olivia empieza a ajustarse la camiseta mirándose en el cristal de la ventana. Yo me dejo caer en un asiento y abro mi agua con gas. Todavía

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no he tocado en panecillo. Cada vez que lo intento, mi estómago contraataca. Por lo visto me aterroriza completamente ver a Rob. Está arruinando mi mañana. Siento un cosquilleo en las manos y mis dedos están adormecidos. Esto me recuerda a cómo me sentía cuando estaba en El Cascanueces de pequeña. Completa y totalmente asustada. Veo que Len se va del SP y Lauren detrás. Él le dice algo sobre el hombro y Lauren se ríe. Probablemente de nosotras. —¿Vamos? —Charlie viene masticando un trozo de su panecillo de arándanos, así que sé que ella y Olivia han hecho las paces. Guardo mi panecillo en la mochila y me levanto. —Vamos allá —dice Olivia por detrás de nosotras, lo que hace que Charlie vuelva en sí. Coloca su pelo rojo sobre su hombro y se cuelga la mochila. —¿Creéis que deberíamos intentar que Len se uniese a SAC? — pregunta Olivia. Charlie le dedica una mirada de “ni se te ocurra pensarlo” y se gira sobre sus talones, con nosotras dos siguiéndola.

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—Estaba de coña —dice Olivia. Y me dice articulando para que le lea los labios “¡señor!” y pone los ojos en blanco, haciendo su mejor imitación de Charlie. Salimos del SP, cruzando el pasadizo cubierto hasta llegar a la asamblea. Lo único en lo que puedo pensar es que en el momento en el que crucemos la puerta, Rob estará ahí. Y que estoy completa y totalmente no preparada para verlo.

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Escena 3 Traducido por katiliz94 Corregido por Aldabarán

Si eres una senior, como nosotras, entonces te sientas en las sillas a mano derecha del auditorio durante la asamblea, en lugar de en las gradas. Al igual que para hacerlo en el último año has de ganar tu derecho a sentarte en una silla. Todo el asunto se convierte en algo increiblemente educado, con asientos de senior que terminan como las entradas de conciertos. Las sillas del extremo de la derecha y del frente son las más valiosas y estan reservadas para la gente popular. Los únicos en el fondo y a la izquierda son para todos los demás.

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Después están las Trincheras, las cuales estan en el otro lado de las gradas, donde las personas permanecen si llegan tarde. Las Trincheras son más para los niños como Corey Masner, John Susquich, y el ex de Charlie, Max Lester, quien siempre fuma antes de clase y apenas puede ser molestado. Se dice algo sobre ti si permaneces de pie en las Trincheras, que realmente no eres una parte de las cosas, o bien porque no puedes estar o porque eliges no estar. Y en el instituto, sinceramente, bien podrían ser las mismas cosas. Busco a Rob y finalmente le encuentro. Esta en la última fila de los asientos senior, pero a la derecha, sólidamente el territorio popular, su silla inclinada hacia atrás, hablando con Jake. La vista de él hace que mi corazón y estomago hagan algo muy divertido exactamente al mismo tiempo. Incluso de alguna manera se ve más lindo. Su pelo marrón es más largo, un poco peludo, y a pesar de que esta sentado, puedo decir que creció este verano. Y es alto. Probablemente desde, ya sabeís, todas las distinciones con los otros ardientes salvavidas en el muelle del barco. La imagen de Rob y alguna chica en biquini fijada en un abrazo destella en mi lóbul frontal, y niego con la cabeza, tratando de desplazar la imagen. —El amante se ve bien —dice Charlie—. ¿Quién sabía que era tan... varonil?

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Me vuelvo para decirle que baje la voz, pero en ese momento el levanta la mirada. Nuestros ojos se entrelazan, y ninguno de nosotros se mueve, ni siquiera un músculo facial. Pero entonces él sonríe e inclina la cabeza, señalando una asiento vacio a su lado. —¿A dónde vas? —susurra Charlie mientras hago un movimiento en dirección a él—. Estamos haciendo la fila de enfrente este año, ¿recuerdas? —Me voy a sentar con Rob. Charlie parece herida, pero sé que en realidad no lo esta. Sélo tiene esa teoría de que parecemos “visualmente poderosas” cuando estamos sentadas juntas. Vino con eso el año pasado. Lo recuerdo porque más tarde Olivia dijo: —Eso es totalmente verdad. Es la teoría de los colectivos ardientes. Una chica guapa sola esta bien visto, pero, como, cinco chicas guapas juntas, incluso si una de ellas no es tan guapa, se ve de manera caliente. Juro que me miró a mí cuando dijo “una de ellas.” —Me sentaré contigo mañana —le dije a Charlie—. No te preocupes.

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Charlie hace un alboroto de suspiros, pero me guiña un ojo mientras me alejo. Charlie y Olivia se dirigen hacia el frente, y yo rayo sobre las bolsas de libros y las mochilas. Casi tropiezo con la correa de la mochila de Megan Crayden, pero me corrijo justo a tiempo. Después, finalmente, llego a Rob, Jake me da un guiño y envia un beso. Veo a Charlie cogerlos dos filas por delante. 7:42, las cosas con Charlie y Jake continuan. —Hey —dice Rob. Endereza su silla, luego coge la mochila de mi hombro y la pone en el suelo. Luego me mira, y durante un segundo pienso que va a extener el brazo y tomar mi cara en sus manos de nuevo, esta mirandome tan fuerte. Pero en vez de eso sólo sonrie y se inclina en un abrazo—. Te extrañe Rosie. Tan pronto como nos tocamos, soy consciente de cuanto le he extrañado. Huele como a manzanas verdes y sopa, la mejor combinación, y sus brazos son fuertes y se aprietan a mi alrededor. Podía permenecer de esta manera para siempre, creo mientras me suelta. Me siento a su lado, y Jake se da la vuelta. —Yo, amigo, —me dice—. ¿Cómo estuvo tu verano? —Te vi este fin de semana.

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—Impresionante, ¿verdad? —Chasquea los dedos delante de la cara de Rob—. Tenemos que golpear las olas este fin de semana. Suponen que debemos estar fuera del anzuelo. —Cierto —dice Rob, sin despegar los ojos de los mios. Sonrie con sólo los bordes de la boca, como si somos las unicas dos personas con algún secreto. ¿Somos las únicas dos personas con un secreto? Imagino que si era lo que le gusta de mi, Charlie estaría también en esto, o no. Además, no le gusto. Somos amigos. Amigos. Llevo la palabra por mi cabeza como si estuviera en una cinta transportadora. Sólo amigos. Todos están envueltos en sus propios rituales del primer día. Las personas estan hablando, abrazandose y chillando. Los asesores estan repartiendo los calendarios a los niños que olvidaron que los suyas fueron enviadas por correo, y los novatos y dubitativos se sientan en las gradas, viendose con cara pálida y aterrorizada. —No puedo creer que seamos seniors —le digo a Rob. Suena tan poco convincente, ¿no es lo que todos dicen en el primer día de año senior¿, pero es verdad.

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—Me siento como si estuviera sólo ahí por nosotros —dice, asintiendo con la cabeza en la dirección de los novatos. Tres chicas en la fila del frente estan aferrando sus Trappe Keepers contra sus pechos como chalecos salvavidas. —Entonces mira lo que ocurre. —Rie y señala hacia Charlie y Olivia. Charlie esta hablando animadamente con nadie en particular, y Olivia se mantiene frunciendo y liberando los labios, como si estuviera practicando un beso, al aire. Ben esta al lado de ellas, y tiene un brazo sobre la espalda de la silla de Olivia, pero esta apartado de ella, hablando con Pattrick DeWitt, con quien Olivia fue al banquete de novatos. Todas las sillas frente a nosotras se sienten como pequeñas tiendas en una telaraña, y estoy sorprendida ante como todos estamos conectados, como el punto A lidera al punto B y luego todos los caminos hacia Z, cada uno de nosotros alargandose al infinito pero todavia unidos por las fiestas de cumpleaños y los bailes de borrachos. Besos y clases. Por un breve segundo se siente como si fuesemos todos parte de algo. Sacudo la cabeza, y Rob pone una mano sobre mi hombro. —¿Todo bien? —Oh, si —digo—. Sólo pienso. —¿De todas formas, cómo están? —gesticula Rob con la cabeza hacia Charlie y Olivia.

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—¿Realmente quieres saberlo? Me da esa bonita sonrisa de una esquina otra vez. —Es un cara o cruz. Tomo una profunda respiración. —Bueno, Charlie y Jake regresaron otra vez. Hoy. —Rob asiente con firmeza como si estuviese tomándose esto muy enserio—. Olivia y Ben han comenzado a conectar. —¿Y qué hay de ti? —¿Qué quieres decir? —¿Algunos romances de verano? —Mi estomago se afloja. Estababa en lo cierto. Esta preguntando para que pueda contarme todo sobre su ardiente socorrista. Probablemente es de aspecto similar al de Olivia, de LA o Nueva York o algún lugar donde ser hermosa no es gran cosa. Me encojo de hombros. —Estaba ocupada. —¿Es eso un no? Miro abajo hacia mi camiseta y jugueteo con el borde de esta, sin estar segura de que decir. ¿Exactamente que me esta preguntando, aquí? Aclara su garganta. —No vi a nadie. Si eso ayuda algo.

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Instantaneamente miro arriba, y se que estamos pensando en la misma cosa. Es como en las peliculas que hay estos clips de música cuando la verdad esta siendo revelada por lo que sólo sabes, sin que nadie te diga nada. Como si alguien en la esquina de este auditorio esta tocando nuestro tema musical. Lo cual, a proposito, es “Fly Me To the Moon” de Frank Sinatra. Rob realmente ama la música antigua. —De cualquier manera —digo, apartando la mirada—, nuevo año. — Estoy convencida de que mi corazón visiblemente esta latiendo fuera de mi pecho. —Absolutamente —dice. Pero esta sonriendo. Una sonrisa diferente. Una pequeña sonrisa divertida como si él fuese a reir. Como si estuviese contandose un chiste y la linea de fuerza esta viniendo. —¿Que haces esta noche? —pregunta. —No sé. ¿Tareas? —¿Quieres ir a cenar? —Si, claro. Venga. —No, me refiero a salir a cenar. Sé lo que diría Charlie aquí. Charle pondría su pelo sobre uno de sus hombros y cantaría, “¿Está pidiendome salir, Mr. Monteg?” Pero no tengo el nervio. O el talento para tales juegos. En lugar de eso digo:

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—Umm, claro. —Rob abre la boca para decir algo, pero Mr. Johnson, nuestro director viene al escenario, y todos paran de hablar. —¡Buenos días! —dice Mr. Johnson en esta retumbante voz falsa que usa para cada solitaria asamblea. Sé que es falso porque cuando vas a encontrarte con él durante las horas de oficina o para contarle que vas a salir de las aguas cristalinas en el PL (lo cual, debido a Charlie, siempre estamos), normalmente esta supertranquilo. Asimismo, se parece un poco a un roedor. Medio calvo, nariz puntiaguda y unos pequeños ojos brillantes que se ven perpetuamente asustados. ¿Pero quién soy yo para juzgar? Si yo fuese una directora, probablemente habría visto de la misma manera la mayor parte del tiempo. —¡Buenos días! —gritaron unas pocas chicas de segundo de regreso. Mr. Johnson parece encantado, y lo hace de nuevo. Esta vez unas pocas personas más se unen en la llamada de regreso pero obviamente no es bastante para ordenar una tercera vez, porque sólo sostiene en alto sus manos como en Silencio.

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—Es un nuevo año —comienza—, y en el transcurso del verano he estado pensando en cambios que puedo hacer aqui en San Bellaro asi que podemos continuar creciendo en las direcciones que queremos. He pensado en la manera de que estructuremos nuestros días aquí, como ocuparemos nuestro tiempo... Y entonces, como si estuviese completamente fuera de la zona, algo espectacular sucede. La rodilla de Rob roza la mia y no la mueve. Sólo la deja ahí, contra la mia, por lo que nuestras rodillas estan tocandose. Mi cara ha acabado de volverse del color de un tomate, asi que mantengo mis ojos fijos en Mr. Johnson, pero puedo sentir que Rob me mira fijamente. Después la mano de Rob se mueve por la espalda de mi silla. Nuestras rodillas están tocándose y la mano de Rob esta en la espalda de mi silla. Trato de recorda lo que el DVD de yoga de mi madre esta diciendo siempre sobre la hiperventilación. Que puede ser prevenido por la respiración profunda. Inhalo y exhalo. —Os veo como un bosque —esta diciendo Mr. Johnson—. Todos somos arboles, y componemos un gran área boscosa. Sin nosotros, no habría vida. Jake bosteza a nuestro lado. Luego cruza los brazos y cierra los ojos. En dos segundos esta respirando lentamente, con la boca abierta. La rodilla de Rob ha estado a mi lado durante un minuto entero, pienso. Tanto que mi pierna esta comenzando a sudar. Me conteneo en la silla, con cuidado de mantener mi rodilla estable. No quiero que Rob piense

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que estoy terminando a proposito nuestro contacto. Todas las cosas me recuerdan a los concursos de miradas fijas que solíamos tener en la escuela media. Viendo que podía estar más tiempo sin parpadear. Excepto que no quiero ganar estar partida. Quiero perder. Quiero que Rob mantenga su rodilla ahí para siempre. Pero justo entonces Jake ronca a nuestro lado, y Rob le golpea, desarmandonos. Jake se sienta, sobresaltado, y se limpia algo de baba de su boca. Es una cosa buena que Charlie no regresase aquí justo ahora. 7:59, definitivamente habrían roto. Mr. Johnson finaliza, y los estudiantes comienzan a aplaudir, a pesar de que la mayoria son novatos y unos pocos junior muy ansiosos que rapidamente son silenciados por sus amigos. Y Len, por supuesto. Aplaude unas pocas veces, de manera consciente, desde la esquina. Después el auditorio irrumpe en un sonoro estruendo de sonidos mientras todos cogen sus mochilas y se dirigen al primer periodo. Charlie esta agitando los brazos hacia mí y señalando su reloj. Rob ha tenido que perderse en la multitud, y me da una rapida y apologética ola, siguiendo a Jake fuera a la entrada lateral.

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—Es tan lindo —dice Charlie cuando la alcanzo—. Totalmente deberíamos tener una cita doble. Todavía me estoy recuperando del contacto cercano con Rob, y no le cuento a Charlie sobre nuestra cita de esta noche. Quiero mantenerlo en secreto sólo un poco más. Ben esta haciendo cosquillas a Olivia a nuestro lado, y ella esta riendo, su camiseta subiendose. Normalmente es del tipo linda, si entrecierras los ojos un poco. Charlie mira por encima y después declara, en voz alta: —Estoy lista para esto —tirandome antes, primero del brazo, fuera por las puertas dobles.

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Escena 4 Traducido por katiliz94 Corregido por Maia8

Todos nos encontramos en el patio para el almuerzo. Olivia y yo estamos llegando de cálculo, donde estoy muy segura que estaba flirteando con Mr. Stetzler. Quiero decir que está flirteando, definitivamente, pero por una parte no estoy segura de porqué. Mr. Stetzler es viejo. Como de cuarenta años. Me refiero a que, cuando flirtea con Mr. Davis, lo entiendo porque él enseña Educación física y es lo bastante joven para todavía llevar el pelo largo. ¿Pero Mr. Stetzler? ¿En serio?

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—Eres super —le dice antes de que dejemos la clase, lanzando el pelo sobre su hombro. Ni siquiera sé lo que se supone que significa, y aparentemente tampoco Mr. Stetzler porque sólo se quita las gafas y el tipo parpadea unas pocas veces en rápida sucesión. Cojo el brazo de Olivia y la arrastro hacia fuera, y se agita y menea los hombros de la manera en que lo hace con Ben. De la manera que solía hacer con el Belga. El Belga es ese chico de nuestra clase que se mudo aquí desde Bruselas. Esto sucedió en algún momento entorno a Septiembre del año pasado, y él y Olivia pasaron todo el otoño juntos. Comenzó a comer un montón de coles de bruselas y comer gofres belgas a donde quiera que saliésemos. Incluso las escogió por encima de las rosquillas, con lo que Charlie no estaba de acuerdo. Eso fue cuando Olivia y Taylor se tomaron un descanso, así que ella nunca había llamado al Belga su novio. Nunca siquiera le llamó Jhone, el cual era su verdadero nombre. El sólo era “el Belga”. Todavía es una locura para mí que Olivia consiguiese salir con tres chicos, Taylor, el Belga, y ahora Ben, y no fuera tan lejos con cualquiera de ellos. Creo que parte del motivo por lo que terminé las cosas con Jason es que temía que si alguna vez desabrochaba con éxito mi sujetador, tendríamos que seguir adelante. No es que piense que tengo que dormir con la persona que estás viendo, sólo parece el tipo de dificultad, después de un tiempo, para explicar porqué no lo haces. Especialmente si realmente no sabes el motivo.

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—Estas gravemente trastornada —digo a Olivia. —Dios, estoy como que suspendiendo —dice—. Dame un respiro. —Es el primer día de colegio —señalo—. Todavía no estás suspendiendo. Somos buenas estudiantes. —Lo somos, es verdad. Realmente no tengo una asignatura, estoy bien al igual que Len y Lauren, quienes son increíbles con la ciencia, o Charlie, quien es un estudiante estrella de historia. Parecer venir y hacer preguntas a mi padre sobre las guerras que nunca he escuchado. Así que ella es como es. Pero mi GPA es muy bueno. —Lo eres —dice Olivia—. Ni siquiera sé porque estoy en cálculo. Debería tener tomado estadísticas como hace un humano cuerdo.

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Subimos a la mesa donde Rob y Ben estaban sentado con Jake. Tres de ellos estaban muy cerca, aunque Ben es más una reciente adición. En realidad no se unió a nuestro grupo hasta el segundo año. Charlie hizo lo posible para mantenerlo muy alejado, pero él y Rob llegaron a ser supercercanos. Si me preguntas, Ben es ahora un auténtico hombre de pie. Charlie le da un tiempo difícil sobre ser un friki porque no surfea como Rob y Jake. Sospechaba que algo ocurriría en este verano, y no sospechaba que Olivia y Ben estuvieran juntos, pero el juego todavía es divertido. Siempre vi a Ben como uno de esos chicos que terminaría como un escritor viviendo en Nueva York, sentado en los cafés bebiendo café negro y siendo dueño de viejos ordenadores portátiles de Moleskine. Olivia bebe té Chai helado con leche y es dueña de un portafolio de Louis Vuitton con la palabra MIAMI deslumbrando en el frente. Así que puedo ver la desconexión ahí. Tiramos las mochilas cerca de ellos, y veo a Charlie; cuero marrón, gastado y clásico, totalmente su estilo. —¿Ella está dentro? —Asiento hacia Rob. Casual, cool. Mi corazón no está latiendo a tres millones de millas por minuto porque vamos a ir a una cita esta noche. —Si. —Inclina la cabeza a un lado y entrecierra los ojos hacia mi. Desde esta mañana todo lo que hace parece ser coquetear—. ¿Cómo estás? — pregunta, como si fuera la pregunta más importante en el mundo, como si estuviera preguntándome cómo desactivar una bomba nuclear. Me encojo de hombros, y él coge su sándwich, ofreciéndolo—. ¿Quieres un bocado? —Pavo y mayonesa. Sin tomate. Esta comiendo la misma cosa de la cafetería de la escuela desde que estábamos en primer año. —Claro. —Lo tomo y miro los alrededores del patio. Lauren esta sentada con Dorothy Spellor. John y Matt están en una esquina, jugando a Hacky Sack. Charlie está bien. Todo esta, imagino, en orden.

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—Otro año —dice Charlie, bailando detras de mí—, y aún no tienen bien la mantequilla de cacahuete. —Ella sonríe a Jake y se sienta a su lado. Olivia ha colapsado próxima a Ben y está quejándose sobre el hecho de que nadie se preocupa por la antigüedad en este colegio, lo cual básicamente termina siendo un argumento para el porqué se debería permitir cortar la linea en la cafetería. Ben pone un brazo entorno a sus hombros y le da un apretón cariñoso. —Estoy de acuerdo —dice Charlie, agitando una manzana por los alrededores—. Es totalmente absurdo que tengamos que esperar —¿Deberíamos siquiera molestarnos en conseguir comida? —pregunta Olivia. Está estirando la cabeza sobre mí para mirar hacia la cafetería.

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A veces pasamos el tiempo del almuerzo fuera del campus, lo cual es ilegal si eres un senior. Solíamos hacerlo también el último año Creo que los profesores lo sabían, pero no pueden estar seguros porque nunca fuimos capturado. Mr. Davis acostumbraba a hacer declaraciones realmente señaladas como “en realidad podría ir por un sándwich en el metro justo ahora,” después de que hubieramos acabado de tirar los envoltorios. La forma en que el almuerzo funciona el año de los senior es que puedes salir del campus durante el periodo libre o el almuerzo pero no en ambos, y si tu periodo libre resulta ser antes o después del almuerzo, así que llevan razón contra lo otro, puedes salir durante una hora y quince minutos. Resulta que esto pasara con todos una vez en la semana de la escuela, es justo, imagino, pero todavía no tiene sentido. ¿Por qué no conseguiríamos quitarnos dos periodos enteros? ¿Por qué nos niegan esos quince minutos extra? Esta es la cosa del instituto que no entiendo. Creo que desde que legalmente podemos hacerlo este año, posee menos atractivo, y nadie sale el primer día de colegio. El sándwich de Rob esta algo empapado, y cuando se lo tiendo de vuelta, un trozo de pavo cae sobre la mesa. Jake tiene a Charlie en un bloqueo de cabeza,y ella está gritando en voz alta, y Ben y Olivia parecen estar inmersos en una conversación, a pesar de que realmente no lo podría decir. Miro a Rob. Su engreñado pelo está cayendo en frente de su cara, y se ve tan terriblemente mono que sólo quiero poner los brazos a su alrededor justo aquí en el patio. —Me tengo que ir —dice—, pero ¿te veré esta noche?

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Asiento, y él sonríe. Se inclina, pero entonces Charlie y Jake se separan y nosotros también. ¿Iba a besarme? No es posible. De ninguna manera. No aquí. ¿Esta noche? —Después —dice Rob, y luego se despega hacia Cooper House. —Tío, la cala, después del colegio —chilla Jake detrás de él, y Rob se gira da un pequeño saludo. No está dirigido a Jake, pienso. Esta dirigido a mi. —En todo lo que los chicos piensan es surfear. —Charlie apoya su cabeza en el hombro de Jake y exagera un suspiro. —Hey, eso no es en todo lo que pensamos —dice Jake, haciéndole cosquillas. Todavía estoy zumbando porque Rob esté tan cerca y de la promesa de esta noche que me toma otro minuto darme cuenta de que realmente estoy hambrienta. —Vamos —digo a Olivia, y ambas nos ponemos de pie y comenzamos a caminar hacia la cafetería. —¿Pueden traernos agua mineral con gas? —dice Charlie, y le doy el pulgar hacia arriba sobre mi hombre.

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La cafetería es muy pequeña para un instituto del de nuestro tamaño. Hay alrededor de quince mesas, dando por hecho que todos, o al menos los de ultimo curso, comen fuera. Cuando esta lloviendo, solemos llevar la comida a Coope House o a PL. El interior de la cafetería es deprimente, y están básicamente todos los novatos. Taylor está en la fila, y Olivia se escabulle hacia él, contoneando las caderas entre él y Dan Jenkis por lo que ella está golpeando contra él. Taylor, quiero decir. Sin embargo, Dan lo nota y comienza a golpear suavemente a Steve Gesher en el hombro para conseguir que vea que las caderas de Olivia están tocando las caderas de Taylor. No es que realmente todo eso sorprenda. Aún flirtea mucho con Taylor. —Cogeme uno vegetal —digo a Olivia—. Voy a conseguir el agua. Olivia está ignorándome, y Taylor, casualmente esta haciendo la ensalada, aparentemente inmune a la histeria que está causando a su alrededor. Al menos salvó el problema esperando en la fila. Me giro y me dirijo hacia la maquina expendedora, donde paso a Brittany Fesner, a quien todos llaman Brittany Pudrida porque siempre ha tenido la piel más horrible. Creo que Charlie inició eso. Realmente espero que Brittany no lo sepa. Brittany medio me saluda, y medio me da la espalda, y después meto algunos dolares en la máquina y permanezco alrededor de las botellas, como San Pellegrino, que se desprenden y aterrizan con un ruido sordo.

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Las saco e intento balancearlas en mis brazos, pero hay seis de ellas y se mantienen deslizándose. —¿Necesitas algo de ayuda, Rosaline? —Me vuelvo, y las botellas se dispersan por el suelo. Son de plástico, así que no se rompen, pero todavía estoy molesta. Me agacho para recogerlas y entrecierro los ojos hacia arriba para ver quien esta hablándome. Es Len, por supuesto, y tiene esa estúpida sonrisa puesta. —¿Es tu objetivo hacer mi vida miserable? —¿Hago tu vida miserable? —Pone la mano sobre su corazón—. Estoy halagado. —No lo estás. —Es el primer día de colegio, Rosaline. ¿Cualquier cosa sucedió para un nuevo comienzo? —No estoy intentando comenzar contigo, Len. Se agacha y coge un agua mineral con gas, alineandolas junto con las otras dos como pequeños soldados de juguetes. —¿Porqué eres tan hostil? ¿Es por qué no estas obteniendo nada de ese novio tuyo?

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En una ráfaga de sublevación mi rostro destella rojo. —¿Novio? —Los dos se ven totalmente frustrados sexualmente. —Rob no es mi novio. —¿Así que hay de las miradas de constantemente están intercambiando?

cachorrito

de

perro

que

Coge otra botella y la lanza al aire, después la coge y me la tiende. Su pulgar esta cubriendo la etiqueta, y noto que su piel es roja. En realidad, carmesí. Una marca como de pintura derramada se desliza de su pulgar levantado hacia su muñeca y entonces desparece debajo la manga de su camisa. Ni siquiera recuerdo verlo antes. Tiene una carpeta escondida bajo el brazo. —¿Qué es eso? —pregunto. Menos porque me importa y más porque creo que sólo me pillo mirándole fijamente el pulgar. Parece divertido. —¿Qué? —¿La carpeta? —Hierba —dice, encogiéndose de hombros. —¿Hierba? —Un proyecto para la biología en los acantilados —dice—. Es por el primero del año, así que exactamente no es una prioridad.

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—¿Los acantilados? —Inmediatamente mi mente vuelve a Rob. Los acantilados siempre han sido un lugar al que no ir. Len me mira. —¿Corres ahí o algo? Muevo la cabeza, expulsando a Rob. —¿Qué? No. sólo estoy sorprendida de que tuvieses que hacer cualquier trabajo por tu propia voluntad. —Bravo. —Es inexpresivo—. Rosaline del año senior tiene algo de agallas. Tomo tres de las botellas por las tapas y pongo las otras contra mi pecho. Olivia está saludándome desde la puerta principal, informándome de que va a salir fuera. —Disculpame —digo. Se mueve a un lado, dejándome pasar. —Qué bien hacer negocios contigo, Rosaline, Me balanceo hacia fuera y sigo a Olivia de regreso al patio, donde vuelco las botellas de San Pellegrino en la mesa. —Chicos lo que me deben — digo—. Voy a necesitar terapia física de esa. Terapia regular también. —Pobre bebé —dice Charlie, aguantando su labio inferior.

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—¿Por qué se siente como que Len tiene algo que tratar conmigo este año? —Siempre esta tratando algo con nosotras —dice Charlie—. Él no es nadie. Nosotras somos populares. —Realmente Charlie tomará cualquier excusa para usar esa palabra. Olivia comienza masticando su ensalada, tendiéndome un sándwich. Abre una botella de agua mineral con gas, y toda la cosa explota sobre la mesa y por completo a Charlie. —¡Por el amor de Dios! decimocuarta vez hoy.

—grita

Charlie—.

Esto

es,

como,

la

—Segunda —corrige Olivia, agarrando las servilletas del plato de Ben. Comienza limpiando la camiseta de Charlie, y Charlie la aplasta, y después está lanzando servilletas atrás y adelante, con el agua volando por todos lados. Jean se reclina de camino en su silla y estudia la escena. —Maldición, amo el instituto, —anuncia. Charlie le da una mirada marchita y deja caer las servilletas en la mesa. —¿Qué tienes después del almuerzo? —me pregunta. —Bio —digo—. No tengo idea de porqué siquiera estoy en esa clase. Debería estar tomando física. —Como estadísticas frente a cálculo, todos saben que AP física es más fácil que AP en Biología. Mucho más

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porque es impartido por Mr. Dunfy, quien esta por los ochenta años y se olvida de aparecer en clase por media hora. Ha estado en San Bellaro como durante cincuenta años, así que no le van a despedir o algo así, pero el reparte As como caramelos. —Sí —dice Charlie—. Extraño movimiento. —Sin embargo, ¿chicos os veré en SAC? —¿Tenemos nuestro primer encuentro hoy? —lamenta Olivia—. Quería ver a Ben. Ben levanta la mirada de su bocadillo y sonríe. —Totalmente no puede vivir sin mí —se escapa antes de que Charlie le tire una servilleta empapada.

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Escena 5 Traducido por Júlia Corregido por Maia8

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Cuando llego a bio, la mayoría de las personas ya están en sus asientos. Ese es el punto de tomar clases AP. Te ves forzado a superar a todos los otros ultra competitivos chicos, de modo que incluso si llegas temprano, sigues llegando tarde. Solo el hecho de estar en esta clase me da urticaria, y ni siquiera hemos empezado. Lauren ya está ahí, y Jon Chote y Stacy Tempeski, quienes han hecho los SAT cada año desde décimo grado. Jon es, como, un músico prodigo y dirigido lo más seguro hacia Julliard el año que viene. Stacy ganó un concurso nacional de ensayos el año pasado y llego a pasar una semana en las Naciones Unidas de Suiza. Esos son los tipos con los que tratare aquí. La Señora Barch, nuestra maestra, es el tipo de mujer con el que no te gustaría meterte. Creo que en realidad era un médico de investigación. Es probable que en sus cuarenta y tantos años, por lo que alguien en la escuela haya descubierto, no tiene marido ni hijos ni nada. Así que se puede ver pro que la Biología es importante para ella. Si le gustas, estas dentro, no hay problema, pero si no lo haces, te hará la vida imposible. Y no creo que yo este exactamente en la parte superior de su lista. La he tenido antes, y no ha ido exactamente bien. Me siento junto a Lauren, que ya tiene su cuaderno abierto. Está lleno de cuadros y gráficos y cosas escritas en los bordes con bolígrafos de colores. —¿Eso son deberes? —le pregunto. Ella entrecierra los ojos hacia mí—. ¿Deberes? Señalo su libreta. —Oh —murmura Lauren—. No, solo trato de comenzar bien. —ella saca un bolígrafo y empieza a copiar el programa de la Sra. Barch colocado en la pizarra. —Hola, cariño. ¿Me has echado de menos? —levanto la mirada para ver a Len cayendo en el asiento junto al mío.

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—¿Qué haces, me acechas? —No te hagas ilusiones. —él coge su programa de estudio y apunta bio. — Ves, soy legal. —He oído que los has falsificado. —¿Falsificado? —O cambiado, lo que sea. Len levanta las cejas—. ¿Has estado preguntando por mí, eh? —Eres perverso. Suspira y saca un cuaderno en espiral—. ¿Tenemos que estar siempre peleando? —¿Siempre tienes que ser tan insoportable? Él parece hacerse más toxico con el paso de los años. No es que Len y yo hayamos sido amigos, pero por lo general no me elegiría para descargar en mi mucha tortura. Me preocupa que se esté obsesionando conmigo, pero no puedo imaginármelo preocupándose demasiado por algo.

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A la Sra. Barch le gusta empezar la clase con un aplauso. Lo recuerdo porque tuve química con ella en décimo grado. —Estas clases no son para el examen –comienza la Sra. Barch. —Sí, claro –murmuro. —Estamos aquí para aprender los conceptos avanzados de la biología, no para dominar una prueba de tres horas. Va a ser difícil, pero es algo que vale la pena. Espero que estéis aquí a tiempo y listos para trabajar. Jon y Stacy ya están garabateando furiosamente en sus cuadernos. Recojo mi bolígrafo, pero no tengo ni idea de que podría escribir. “¿No llegues tarde a clase?” ¿No es eso algo obvio? La Sra. Barch aplaude de nuevo y nos dice que quien quiera que esté sentado junto a nosotros será nuestro socio biológico durante el resto del año. Ella nos va agrupando, y yo termino con Len. Tiene que estar bromeando, pero creo que la Sra. Barch me envía una mirada de disculpa. Punto divertido: Incluso los profesores creen que Len es una sanguijuela. —Esto es una pesadilla —susurro. Len me sonríe y pone sus manos tras su cabeza—. ¿El qué? —Dice él—. Tendrás que hablar, Rosaline. —Nada. —Por mi parte, estoy entusiasmado con este acuerdo.

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—Estoy segura de eso. Empiezo a rellenar el folleto que Lauren me para. Es algo fácil, el nombre, el curso, etc. y me da la oportunidad para que mi mente divague. Bueno, en realidad no es por error. Es más parecido a un camino de energía. Una energía que camina en línea recta a Rob. Estoy tratando de elegir lo que debo usar esta noche, si debo recogerme el cabello o llevarlo suelto. Por lo general, no me complico demasiado. Olivia y Charlie son las que tienen todos los productos –lacas, espuma, y un polvo desconcertante- pero quiero que esta noche sea perfecta. —Hey, soñando despierta —dice Len. Este inclinado sobre mí, con una sonrisa molesta ladeada. Vuelvo a prestar atención y me doy cuenta de que no me he enterado de la primera mitad de lo que me ha pedido. Maldita sea. Ahora él pensará que soy una idiota, incluso más de lo que ya lo hace. No es que me importe. Simplemente no quiero añadir ningún tipo de combustible a su fuego, como mi padre dice. —¿Qué?

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—Problemas para adaptarse al primer día, ¿eh? —él inclina la cabeza hacia el lado y me da un guiño simpático. —¿Deberíamos solo dividirnos la tarea, o qué? Me entrega una hoja de papel, su pulgar rosado levantado hacia mí. —Es una marca de nacimiento –afirma. —No he preguntado. —No era necesario. —Da igual —digo—. ¿Cuál debo coger? —Por qué no haces tú los cinco primeros –dice Len, frunciendo el ceño y asintiendo con la cabeza—. Podemos discutirlos durante la clase de la mañana. —No sabía que fueras tan organizado. —Añádelo a la lista. —dice. Después ya ha salido por la puerta antes de que yo pueda pensar una respuesta de regreso. El comité de actividades estudiantil es solo para los sénior, pero Charlie ha estado dentro des de décimo grado. Olivia y yo votamos a final del año pasado, con Lauren, así que tuvimos solo unas cuantas sesiones en primavera y ya está. Supe que la cosa trabajaría por Lauren. Su hermana mayor se unió cuando Lauren era una novata, y Lauren ha estado tomando notas desde entonces. A pesar de que Charlie

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probablemente no estaría de acuerdo, Lauren es el punto de apoyo. Hacer que SAC funcione es definitivamente su nuevo siete. Estamos tratando de involucrarnos, supongo, pero es difícil hacer cualquier cosa cuando Olivia utiliza la hora para hablar con Charlie sobre su drama con Jake y si el Sr. Davis fue suspendido por coquetear con Darcy. Para que conste, creo que eso es definitivamente cierto. Sus tops son aún más pequeños que los de Olivia, y ella estaba constantemente diciéndole cosas a él como “¿Realmente es eso lo que quieres?” en respuesta a cuando él nos pedía que diéramos vueltas corriendo. —¿Podemos empezar? —pregunta Charlie. Estamos todos sentados en el PL, y son las tres y cuarto, lo que significa que vamos con diez minutos de retraso. Lo que significa que Charlie está irritada. —Mmmm —murmura Olivia. Ella esta con su teléfono, trabajando con el teclado, y no mira hacia arriba. —He pensado que podríamos hacer un baile de regreso a la escuela este viernes —dice Lauren—. Algo divertido.

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Olivia la mira. Ha perdido su chaqueta, y su ombligo está prácticamente saliendo de su camisa. Lauren se da cuenta y le da una mirada de “Por favor, mira abajo”. Olivia la ignora y saca una piruleta. Regaliz negro. Al igual que Charlie con los Peces Suecos, siempre lleva unas a mano. —Ya lo he hablado con el Sr. Johnson. Dijo que le parecía bien. —dice Lauren. —Creo que es una buena idea —dice Charlie—. Llamémoslo Baile de Otoño. —No lo entiendo –dice Olivia. Ella desliza la piruleta entre sus dientes, una cosa que sabe que molesta a Charlie. Aparentemente, Olivia está tratando de conseguir molestarla, probablemente por el escándalo que ha hecho esta mañana acerca de Ben. —¿Cómo el tiempo? —Charlie dice que, a pesar de que “Duh” es lo que quiere decir. Ella me envía una mirada de exasperación que Olivia no ve. La ignoro. Generalmente lo hago cuando Charlie me pone en medio de sus problemas con Olivia. Para ser sinceras, no estoy prestando mucha atención tampoco. Estoy pensando en la rodilla de Rob junto a la mía esta mañana. Cómo estar cerca de él, si incluso solo la idea de estarlo, hace que mis palmas comiencen a sudar y mi corazón parezca estar a punto de salir de mi pecho. ¿Qué hubiera pasado si solo hubiéramos estado nosotros dos en la sala esta mañana? ¿Si él se hubiera inclinado más cerca?

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—¿Hola, Rose? —dice Charlie—. ¿Qué piensas sobre Baile de Otoño? Parpadeó—. Me gusta, supongo. —¿Alguien sabe cuál es nuestro presupuesto? —Charlie resopla y murmura “Atención” en voz baja. Lauren saca una carpeta y se la da a Charlie, y empiezan a hablar sobre el dinero. —Entonces, ¿qué hay con Rob? —pregunta Olivia, bajando la voz para que Charlie no nos oiga. Ella desliza el teléfono dentro de su mochila y me mira de reojo. —No lo sé. Quiero decir, somos amigos. —Si –dice Olivia—. Pero parecíais demasiado amistosos esta mañana. Me encojo de hombros, intentando demostrar indiferencia. Pero puedo decir que mi indiferencia no está engañando a nadie. —Esto es una pesadilla. —anuncia Charlie, volviéndose nosotras— ¿Y por qué nadie me está ayudando con esto?

hacia

Olivia arruga la nariz—. Tengo hambre. No puedo pensar cuando tengo hambre.

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—Apenas son las tres, O. —Charlie mira el reloj para comprobarlo. —Lo sé, pero ni siquiera llegue a comerme la ensalada. Ben estuvo… Charlie ondea la mano en el aire y la corta—. Escuchad, chicos. Pensé que ser del SAC este año significaba que os tomaríais esto en serio. — Ella cruza sus brazos—. O le preguntaré a otra gente para que se apunte conmigo. —¿Sí? ¿Quién? —Olivia gira su piruleta y le da una sonrisa mordaz. —A quien sea. —Charlie le da la carpeta a Lauren—. Este viernes. Baile de Otoño. Os enviare un email dividiendo los suministros y le preguntaré al Sr. Johnson si a las ocho está bien. —Lauren le da a Charlie un pequeño saludo y puedo decir que está molesta con ella. Hace un gesto con la boca cuando está enfadada. Como saca la barbilla y fija la mandíbula. —Nos vemos mañana —dice Lauren. Ella pone su mochila sobre su hombro y nos da un rápido saludo, metiendo la carpeta de SAC bajo el brazo y desapareciendo por la puerta del PL. —Estuvo bien —Olivia lanza su piruleta en el bote de basura. Falla, y tiene que ir a recogerla a la alfombra. —¿En serio? —dice Charlie, mirándola—. ¿Podemos salir de aquí? —¿Qué he estaba diciendo? –Olivia me mira para confirmarlo.

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Las tres empezamos a subir hacia arriba. El estacionamiento está prácticamente vacío. La práctica de futbol aún no ha empezado. No hasta la semana que viene, así que Rob y Jake se saltaron el último periodo para ir a surfear. Pienso en mencionar la cena con Rob de esta noche, pero me echo atrás. Por algo más de tiempo, quiero guardármelo para mí. —¿Cal Block? —pregunta Charlie cuando llegamos a los coches. California Blockade es un restaurante cerca de la escuela al que hemos estado yendo des de séptimo grado. Es mejicano, el mejor de la ciudad, y tienen una inmersión de quesos que amamos. Lo llamamos “El especial S” aunque no recuerdo muy bien porque- creo que tenía algo que ver con “La siesta” pero podría estar equivocada. Las tres siempre pedimos lo mismo: Dos especial S y uno de guacamole. —Siii –dice Olivia. —Juro que si te casas con mi hermano, y nos convertimos en parientes, me convertiré en tu terapeuta. — Sigue así y yo llevo a Rose —le dispara de vuelta Olivia.

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Charlie se pone las manos en las caderas y me mira. Una de las reglas no escritas en nuestra amistad es que si las tres nos vamos juntas a algún sitio, yo siempre tengo que ir con Charlie. —Tal vez solo tenga que conducir yo —le digo. Charlie rueda los ojos—. Tal vez cuando los cerdos vuelen. —Dice ella—. Solo entra.

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Escena 6 Traducido por lausodie Corregido por Nepbell

Siempre nos sentamos en la esquina cerca de las ventanas y lejos del ventilador. Así tienes una buena vista del parking y el Cinema Screen que hay al lado, donde la gente de nuestro instituto a veces alquila películas. Una vez vimos a Dan Jenkins salir con Fuera de Onda. Charlie se pasó una semana riéndose de eso. La camarera se acerca y Charlie pide por nosotras. Charlie siempre es la que pide. —Y agua con gas, por favor —dice cuando ya había terminado.

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—¿Te refieres a agua carbonatada? —pregunta la camarera. La camarera siempre pregunta lo mismo, pero Charlie sigue pidiéndola de la misma forma. —Sí —dice Charlie, poniendo los ojos en blanco—. Lo que sea. —Aquí hace mucho frío. —Olivia se arrima a Charlie y empieza a rozar la nariz con su hombro. Olivia siempre tiene frío. Fuimos a esquiar a Whistler el año pasado y se negó a salir fuera siquiera. Se quedó en la sala de estar durante los cuatro días bebiendo chocolate caliente y coqueteando con los profesores de esquí que estaban descansando. —Oh, dios mío. ¿Habéis visto a Darcy Sugarman hoy? —pregunta Charlie—. Prácticamente estaba restregándose con Jake después de la tercera hora. — Charlie menea los hombros para que Olivia se aparte. —Eso es asqueroso —dice Olivia. —Es una guarra —dice Charlie. Darcy Sugarman es la chica que pensábamos que tuvo algo con el señor Davis. Charlie dice que hay una diferencia entre ser una guarra y comportarse como una. Piensa que Olivia se comportaba como una cuando se lió con el Belga, pero nunca la llamaría guarra. Su teoría es que esa distinción es la diferencia entre cómo actúas y cómo eres. Lo de Olivia fue una acción, mientras que lo de Darcy es una cualidad que la define.

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—¿Por qué todo el mundo quiere a mi novio? —gime Charlie, poniendo las manos sobre la cabeza como si se estuviese cayendo el techo. —¿Así que ahora utilizamos la palabra “novio”? —pregunto. —Te dije esta mañana que las cosas van bien. Y no te pongas celosa sólo porque vosotras tengáis que poneros al día. —Eres asquerosa —le digo. —Será mejor que lo aproveches, bonita. Puede que Rob no esté siempre ahí.

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Olivia sonríe con la comisura de los labios y Charlie gira el cuerpo como si estuviese intentando montarse a la mesa. Supongo que este es tan buen momento como cualquier otro para contarles lo de principios de verano y lo de esta mañana, pero cuando abro la boca, lo único que sale es una especie de gorjeo. No sé por qué dudo tanto si contárselo o no. Son mis mejores amigas. Deberían saberlo. Quiero decir, es importante. A menos que lo de esta mañana haya sido una fantasía mía. Quizás pensó que mi pierna era el borde de la silla. Es completamente posible. Puede que ni se haya dado cuenta de que nos estábamos tocando. O que haya intentado apartarse pero no quería ser descortés. ¿Y ese comentario sobre no haber visto a nadie este verano? Está claro que le he dado demasiada importancia. Me lo cuenta todo. Por supuesto que Rob me diría si ha salido con alguien este verano. Fui la primera a la que le contó que había besado a Tracy Constance jugando a la botella. Recuerdo que me dijo que sabía a periódico. —Entonces, ¿vas a contarnos lo de comerte la boca de mi hermano o no? —dice Charlie. Cruza los brazos y levanta una ceja mirando a Olivia. Olivia se muerde el labio de abajo. Está nerviosa, es obvio. Hace ballet y siempre se pone así antes de cada recital. Charlie y yo normalmente nos colamos en el backstage para verla, y siempre se está mordiendo las uñas y dando saltitos como si hubiese tomado demasiada cafeína. —Ya os lo he dicho esta mañana. ¿Qué más queréis saber? —Toma un pequeño sorbo de agua. —No te hagas la tonta —dice Charlie—. Todavía no nos has contado cómo empezó. Olivia mira hacia el techo y luego baja la mirada otra vez a su vaso. —¿De verdad quieres saberlo? —Sí. Y todavía no se me ha pasado. ¿Desde cuándo puedes guardar un secreto? ¿Durante dos meses? Olivia me dirige una mirada nerviosa, buscando ayuda.

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—No estábamos seguros de que fuese a llegar a algo. Sé que Charlie puede ser intimidante, pero creo que eso se deriva de lo mucho que se preocupa. Aunque es dura con Olivia. Especialmente porque esto no puede haber sido un shock total para ella. Quiero decir, yo misma los vi enrollarse muchas veces este verano. Estaba claro que estaban avanzando. No me creo que Charlie no lo viese venir. —No puedo creerme que te hayas liado con mi hermano —dice Charlie. —Besa bien. Los ojos de Charlie se abren y levanta la mano abierta como diciendo “para”. —He mentido. No tengo ningún interés en oírlo. Olivia se sonríe y le da un codazo, pero Charlie no cambia su expresión. —Sigo estando ofendida porque me hayas mentido, ¿eh?

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Olivia pone cara de cachorro abandonado, lo que significa que no le preocupa demasiado. A mí tampoco. De hecho, todavía recuerdo una cosa del baile de promoción de nuestro segundo año. Cuando Olivia fue con Taylor y tuvieron una gran pelea cuando estábamos allí porque él quería fumar y ella se cabreó, y Charlie dijo (lo recuerdo específicamente) “mi hermano nunca aparecería colocado.” —Tengo una cita con Rob esta noche —digo. Sus cabezas se giran para mirarme. A la vez, como en una película de miedo—. Eeeh, sí —digo—. Vamos a salir, o algo así. —¿Románticamente? —dice Olivia. —Sí, puede. No lo sé. —y entonces todo sale rápidamente. Lo de primavera y nuestra despedida y sus cartas. —Te lo dije —dice Charlie—. Te ha echado de menos. Y entonces, nuestras rodillas esta mañana. Olivia se emociona del todo. —Entonces, ¿ha dicho literalmente salir a cenar? —Sí —digo—. Ha sido bastante específico sobre esa parte. —¿A qué hora? —Supongo que se pasará. —No puede pasarse.—dice Charlie—. Si es una cita, debería recogerte... en un coche. No sólo cruzar por el césped y tocar en tu ventana. Me mira y levanta una ceja, dándose en la nariz con un dedo. Es lo que hacemos cuando las dos estamos pensando lo mismo. Ahora mismo sé que ella está pensando en aquella vez en sexto grado cuando Rob hizo un agujero en la valla metálica que separa nuestras casas para que no

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tuviésemos que ir hasta la puerta del otro. Era Halloween, y vino vestido con una máscara de psicópata. Apareció por el lado de la casa, y Charlie y yo gritamos como locas. Parecía muerto de verdad. Nuestra comida llega, y Olivia empieza a poner patatas en su servilleta. Siempre lo hace. Como si tuviese miedo de que nos las fuésemos a comer todas y dejarle sin. En su defensa diré que come muy despacio. —¿Vamos a ir a Malibú este fin de semana? —pregunto, intentando cambiar de tema. No estoy segura de cómo seguir hablando de ello. No es como hablar de una cita normal con un chico normal. Es Rob. Por suerte, Charlie y Olivia se distraen fácilmente hoy. Sospecho que las dos siguen pensando un poco en Ben. Me limpio las puntas de los dedos en la esquina de la servilleta. Las patatas son caseras y las hacen deliciosamente aceitosas. —¡Sí —dice Olivia—. Vayamos.

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Olivia tiene una casa de la playa en Malibú que sus padres nunca usan. Está a unos cuarenta y cinco minutos, pero siempre hacemos fiestas allí. Olivia ha sobornado siempre a su ama de llaves desde los quince años y solía llevarnos ilegalmente. Teníamos una complicada red telefónica preparada para asegurarnos de que nuestros padres nunca averiguasen que nos habíamos ido de San Bellaro. —Este fin de semana no podemos —dice Charlie, metiéndose una patata bañada en queso en la boca. —¿Por qué?—pregunta Olivia. —¿Hola? ¿El baile de Otoño? De verdad, ¿había alguien prestando atención ahí dentro? —hincha los mofletes y mira al techo. Hasta cierra los ojos un momento para añadir efecto. —¿Y el fin de semana que viene? —pregunta Olivia, ignorándola. —Ya veremos. —¿Tienes otros planes? —le doy un golpecito con el codo, y ella encoge los hombros. —Puede —a Charlie le encanta ser la que sugiere cosas. El año pasado tuvimos una fiesta de Nochevieja en la casa de Olivia y Charlie por casi no viene por no consultarle antes. Aunque estuvo, técnicamente, visitando a la familia hasta el treinta. Pero por supuesto que vino. Le encanta Malibú. —¿Por qué no lo dejamos en sí y vemos cómo va? Los chicos vendrán, ¿verdad? —Olivia se gira hacia mí.

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—Supongo —intento sonar lo más despreocupada posible. La verdad es que la idea de un fin de semana entero en Malibú con Rob me ha provocado cosquilleos. —Claro —dice Charlie—. Si Jake decide comportarse una semana más —saca su teléfono, lo mira y lo tira hacia atrás con una rabieta. —¿Estás bien? —pregunto—. Pareces de los nervios. —Estoy bien —suspira—. Sólo cansada. —Sólo es el primer día —le digo—. Las cosas se normalizarán. —Eso es exactamente lo que Ben me ha dicho hoy—dice Olivia—. Estaba súper alterado porque no tenemos cálculo juntos, y… Pero estoy mirando a Charlie, que ha dejado de escuchar y está señalando un periódico que hay en la mesa de al lado de la nuestra. Hace un amago de levantarse. —Cuidado —dice Olivia. —Son nuevos. Hello —señala sus zapatos. Unos Burberry planos con la marca en la parte inferior.

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Charlie la ignora y coge el periódico. Lo pone en nuestra mesa, tirando las patatas cuidadosamente amontonadas de Olivia. Es el periódico local, y Charlie apunta con el dedo a las palabras VUELVE EL SENADOR CAPLET. Y justo debajo del titular hay una foto de mi tío, su mujer y una chica que no he visto en diez años. —¿Es esa tu familia? —pregunta Charlie. —Sí —digo mirando fijamente. —“El senador y su familia vuelven a San Bellaro después de casi una década” —lee Charlie. Tiene los codos en la mesa y está inclinada sobre el diario, como una niña pequeña en la biblioteca—. “Los Caplet se mudaron a Beverly Hills hace nueve años levantando muchos rumores y especulaciones. Esta es la primera vez que vuelven a nuestro pueblo desde que se marcharon. Charlie mira hacia arriba. Olivia también me está mirando. —Es raro —digo, porque no estoy segura de qué decir. ¿Lo sabe mi padre? ¿Está molesto por ello? ¿A qué instituto va a ir ella? ¿Al mío? —“La única hija del senador” —continúa Charlie— “está encantada con la mudanza. «Estoy ansiosa por pasar mi último año en un sitio nuevo» dice. «Me muero de ganas de que San Bellaro sea mi hogar.» —¿Cómo se llama? —pregunta Olivia. —Juliet —contesto. Charlie observa el diario entrecerrando los ojos y me vuelve a mirar—. Su nombre es Juliet.

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¿Qué hay en un nombre, Shakespeare? Yo te lo diré: todo.

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Acto 2

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Escena 1 Traducido por Júlia Corregido por Afroday

—Puedes solo enseñarle el suéter a tu prima —dice mi madre—. No hace falta que te lo pongas. Es la víspera de Navidad y estoy sentada en el asiento trasero de nuestro coche con los brazos cruzados, las gotas de sudor rodando por mí frente a los siete años. Llevo mi nuevo suéter de renos, el que insistí en comprar para nuestro viaje a Los Ángeles. Es de lana y sarnoso, pero tiene cuernos y campanas en él. Campanas reales. Y por eso, creo que es espectacular.

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—Ella tiene que vérmelo puesto —digo por, probablemente, décima vez. Mi madre asiente con la cabeza y se da la vuelta al asiento delantero, mirando a mi padre. Esta agarrando el volante con fuerza, la mandíbula tensa. Hemos estado en el coche mucho rato y la tensión es muy alta. Miro por la ventana y veo la costa pasar. Estamos a noventa y cinco grados, lo más caluroso que ha habido en la historia durante las últimas décadas en diciembre. No me molesta, sin embargo. Solo he viajado a Los Ángeles un par de veces en mi corta vida y estoy muy emocionada. Sobre todo porque vamos a pasar la Nochebuena con mi prima, Juliet. Se fue de nuestra ciudad hace dos meses y no puedo esperar a verla. Somos mejores amigas. Juliet, Rob y yo hemos jugado juntos en nuestros patios traseros prácticamente desde que nacimos y aunque me gusta Rob y me estoy acostumbrando a las cosas, echo mucho de menos a Juliet. Subimos a casa de Juliet y mi mamá saca un trozo de papel con algunos números en él y se lo entrega a mi papá. El los teclea en un teclado. Enormes puertas se abren y conducimos camino arriba, alrededor de una carretera bordeada de rosales. Su casa es gigante. No se parece a la otra casa de Julieta. Se parece más a la biblioteca donde mi madre y yo vamos los sábados. Una con

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grandes columnas blancas y tantas salas que es imposible no perderse en el interior. Los jardines que la rodean están llenos de rosas y hay cerezos que pasan sobre ambos lados de la calzada. Es como entrar en un cuento de hadas y es cuando pienso en la suerte que tengo de que mi prima viva aquí. Ya que somos familia, es como si casi fuera mi casa también. Mi mamá hace un intento de arreglar mi ropa, cosa que nunca suele hacer. Me pide una vez más que me saque el suéter, pero niego con la cabeza. Lo hago en la puerta delantera de la casa de Juliet. Lo sigo llevando. Sé que a Juliet le encantará. Tocamos el timbre y nos responde Lucinda. La llaman un ama de casa, pero es como una gran abuela. Pongo mis brazos alrededor de ella y ella me abraza alrededor de mi cintura. La llamamos Lucy, pero no cuando está cerca la mamá de Juliet. A mi tía no le gusta.

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Lucy nos conduce a través de lo que parece un laberinto de mármol y cristal hasta llegar a una gran sala de estar. Hay enormes ventanas que van desde el suelo hasta el techo en tres paredes de la sala y un televisor que parece una pantalla de cine. Entonces la encuentro. Juliet está sentada en el suelo, jugando con una gigantesca colección de animales disecados. Deben ser nuevos. Nunca los había visto antes. Corro y tiro mis brazos alrededor de ella. Comienzo a balbucear acerca la ida y nuestra casa del árbol y como la he echado de menos. Me tiro lo suficiente hacia atrás para que pueda ver mi suéter de renos por debajo de su nariz. —Mira —declaro en voz alta. Juliet aparta su pelo castaño corto de su cara. Siempre fue un poco más baja que yo y ahora su pelo está más corto que el mío también. Sin embargo, no me importa. Apuesto a que todavía podríamos usar nuestros vestidos a juego y parecer gemelas. Lucy se va y la madre de Juliet se levanta del sofá. Ni siquiera la había visto ahí. Su vestido parece del mismo tejido que el sofá —Estoy tan contenta de que lo hicieras —dice. La madre de Juliet la llama, pero ella no va de inmediato. Me está mirando por encima, sus ojos fijos en las campanas de mi suéter. Ella no parece impresionada, sin embargo y de repente desearía no estar llevándolo. O que fuera gigante, así podría esconderme en él y desaparecer.

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Algo iba mal. —Juliet —dice su madre, un poco más fuerte—. Por favor, saluda a tu prima. Juliet hace el esfuerzo de levantarse, arrastrando un caballo con melena de peluche. Estamos cara a cara, pero ella todavía no se mueve para abrazarme. Ni siquiera sonríe. —Hola —le digo. —Hola —dice ella. —¿Puedo jugar contigo? —Pregunto. —He terminado. ¿Cómo puede Juliet haber terminado de jugar? Solíamos jugar durante horas. Fuera, dentro. En mi casa, en su casa, en casa de Rob. En nuestros caminos, en nuestras salas de estar.

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—Jules —intento— Vamos a jugar —. Ella gira su cabeza y no me mira —¿Joo Joo? —Todavía nada. Entonces pienso en ello: está enfadada conmigo. El problema es que no sé qué he hecho mal.

Para el momento en el que el padre de Juliet llega a casa me muero de hambre y mi estómago está haciendo fuertes sonidos guturales cuando nos sentamos a cenar. Nadie está realmente hablando. Me he dejado mi suéter puesto por que la casa está congelada. Está tan fría como la sección de helados de la tienda de comestibles. Después de la cena mi padre dice que deberíamos abrir un regalo esta noche. Es una tradición en nuestra casa. Un regalo en la víspera de Navidad, el resto en el Día de Navidad. Mi madre empieza a decir que no deberíamos, porque tenemos que conducir de vuelta esta noche y lo podemos hacer en casa, pero mi padre la convence —Vamos —dice—. Solo uno.

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Juliet coge el suyo de debajo del árbol. Ella escoge uno gigantesco. Una caja tan grande que ocupa todo el lado izquierdo del árbol. Entonces mi madre me coge de la mano y por la forma en la que está sonriendo sé que ella sabía durante todo este rato que abriríamos un regalo aquí. Es una caja pequeña, larga y el papel de regalo es brillante debajo de las luces blancas de Navidad. Se lo cojo a mi madre, con suavidad y le doy la vuelta. Juliet ya está rasgando el papel, extrayendo y tirando. Dentro hay una casa de muñecas. Es hermosa, como una copia pequeña de la casa en la que incluso están las columnas blancas iguales. Estoy tan encantada con ella, que casi me olvido de abrir mi propio regalo. Juliet, sin embargo, no parece impresionada de una forma remota. Ella echa un vistazo a la casa de muñecas y pone sus manos en la cadera —¿Dónde está mi Chica Americana? —exige saber. —Ya las tienes todas —le digo. —No la nueva —dice ella. Me mira como si oliera raro.

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—Tu turno —me susurra mi padre. Me quito el pelo de la cara y me centro en el regalo entre mis manos. Doblo las esquinas con cuidado del mismo modo que mamá lo hace, con cuidado de no romper nada. Ella siempre guarda el papel de envolver para más adelante. —Date prisa —se queja Juliet. Ella todavía tiene las manos en sus caderas y sus cejas están fruncidas. Cuando finalmente veo lo que hay en el interior, mi boca se abre. Es exactamente lo que yo esperaba que fuera: La Barbie Playera. La nueva versión. De la que todo el mundo en la escuela hablaba. De la que no puede entrar en cualquier tienda de juguetes antiguos y ser recogida. De la que se tiene que pedir especialmente. Empiezo a gritar y a rasgar la tapa. Mi padre pone su brazo alrededor de mi madre. Juliet no parece contenta. Ella está mirando la Barbie en mis manos, inclinándose hacia delante hasta el momento en el que se aguanta en un solo pie. —Déjamela ver —dice con firmeza. Estoy sosteniendo la muñeca en mis brazos y no quiero renunciar a ella, pero también quiero gustarle a Julieta de nuevo. Quiero que me lleve hasta su nueva habitación y me enseñe todas sus cosas. Quiero que juguemos en el suelo del mismo modo que solíamos hacerlo. Quiero

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que seamos mejores amigas, como solíamos serlo. Y puesto que el jersey de renos no ha conseguido el truco, la Barbie puede ser mi única opción. —Está bien —le digo—. Ten cuidado—. Es lo que mi madre dice siempre que me da algo que realmente le importa. Al igual que la buena vajilla para poner la mesa o el cepillo de mango de porcelana que conserva en su tocador. Juliet toma la muñeca y la mira. Entonces, con un movimiento rápido, ella arranca su cabeza. Pasa tan rápido, que ni siquiera estoy segura si debería estar triste. Ella solo toma la muñeca, la mira y la destroza en dos. Todo el mundo empieza a hablar a la vez. Mi padre está gritando y mi madre está murmurando algo y la madre de Juliet habla por encima de todos, diciendo que ella piensa que se puede arreglar. Yo no digo nada. No lloro, o trato de arrebatar el muñeco y alejarlo. Ni siquiera miro a la Barbie. En lugar de eso miro a Juliet. Ella me mira como si acabara de ganar un juego de etiqueta. Al igual que si me hubiera golpeado. Luego tira las dos mitades al suelo y sale de la habitación.

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El padre de Juliet la sigue, pero no antes de volverse hacia mi padre y decirle un montón de cosas, terminando con una palabra que nunca antes había oído. Traidor. Nos dirigimos de regreso a San Bellaro esa noche. Finjo dormir en el coche, pero no puedo. Todo lo que puedo ver es la cara de Juliet antes de salir de la habitación. Determinada. Enojada. Al igual que si yo le hubiera quitado algo, no al revés. Dejé la Barbie rota en el suelo donde Juliet la tiró. Mis padres me ofrecieron conseguirme otra, pero yo me negué. Ya no la quiero más.

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Escena 2 Traducido por lausodie Corregido por Afroday

Rob podría llegar en cualquier momento para recogerme para nuestra cena y me encuentro mal. Estoy segura de que en parte tiene que ver con toda esa cantidad de queso que inhalé después de clase, pero en su mayor parte se debe al hecho de que mi mejor amigo está a punto de llevarme a una cita. Eso podría acabar en un beso. Rob. Beso. Necesito sentarme en la cama para evitar que mi cabeza explote.

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Quería preguntarles a mis padres por Julieta. Incluso llevé el periódico a casa para enseñárselo, pero no están aquí. Mi padre a veces da clases por la noche y el horario de las clases de yoga de mi madre es imposible de recordar, pero está bien. Ahora es suficiente pensar en Rob. Charlie y Olivia están por aquí, las dos tiradas en mi cama, mirando el anuario del año pasado. Es una tradición que tenemos, mirar el anuario del año pasado a principio del curso. Normalmente lo hacemos justo antes y decidimos quién habrá mejorado, quién empeorado, quién estará más elegante, quién habrá cambiado más, etc. —Creo que Jake está más mono —dice Charlie. Sus pies están colgando y ella está tumbada boca arriba, con el anuario en sus manos. Parece un bicho muerto, de los que encuentras boca arriba en el porche durante el verano. —Sí —dice Olivia—. Supongo que tiene buen cuerpo. —Surfea —Charlie se gira y levanta las cejas. Conozco esa mirada. Intenta decirme que Rob también tiene buen cuerpo. Me lanzo a mi armario ruborizada. —¿Dónde has puesto el blanco? —grito. —En la cama —dice Charlie—. Relájate.

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—Suenas como tu novio —dice Olivia, doblando una revista y dándole con ella en la cabeza—. Relájate, tío. Charlie pone los ojos en blanco. —Lo que tú digas. Me lanza el vestido y yo me lo pongo. Es un vestido sin espalda que me compró Charlie para mi último cumpleaños después de que me quejase de no tener ningún vestido de verano. Era un regalo irónico ya que mi cumpleaños es el uno de enero. Un vestido blanco en pleno invierno. Muy Charlie. Sólo el hecho de que Charlie y Olivia siempre estén para celebrar mi cumpleaños es muy importante. Quiero decir, nací el uno de enero, que es básicamente como el día nacional de la resaca. Es el día oficial de descanso de las vacaciones y todo el mundo está normalmente agotado, exhausto. No es que me importe. Nunca he sido una gran fan de los cumpleaños, pero igualmente, siempre es algo decepcionante. —¿Qué pensáis? —deslizo los brazos por mis lados para añadir efecto, y el vestido se mueve lentamente, como cuando las olas llegan a la orilla.

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—Que estás buena —dice levantando los pulgares.

Olivia. Charlie

muestra

su

acuerdo

—Tengo la cara hinchada —Hincho mis mejillas frente al espejo y les pongo algo de colorete, añadiendo rímel a mis pestañas. Miro a Olivia y Charlie sentadas en la cama, atractivas sin esfuerzo, y luego de nuevo al espejo. Él te llamó bonita, me recuerdo. A ti. A nadie más. —Tómate dos Tylenol y un poco de zumo de naranja —dice Olivia. Charlie le lanza una mirada como si hubiese sugerido que llevase rombos. Hay pocas cosas en este mundo que Charlie odie más que los cuadros escoceses. Una de ellas son los rombos. —¿Qué? —dice Olivia—. Funciona. Encuentro dos Tylenol y me los trago con un poco de agua del grifo del baño. Espero que sea suficiente. —Estás genial, en serio —dice Charlie—. Palabra de Scout. —Estoy de acuerdo —dice Olivia. Se pone de lado y me analiza— Estoy muy orgullosa.

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Se oye la bocina de un coche. Charlie y yo intercambiamos una mirada y al segundo estamos todas en la ventana, mirando al volvo plateado de Rob. Veo cómo se abre la puerta y me aparto de la ventana antes de que pueda verlo salir. Siento que por dentro de mí hay una carrera y los coches van a cientos de kilómetros por hora por mi estómago y mi pecho. —¡Está aquí! —chilla Olivia. Charlie me acerca a ella y pone la cara seria que utiliza en la clase de historia. —Me alegro mucho por ti —dice—. Este es un momento muy importante, Rob es el mejor y quiero que lo pases muy bien. —Momento kodak —Olivia sonríe y hace como que saca una foto. —Somos adorables —digo inexpresivamente, abrazando a Charlie. Me quedo así un minuto más de lo que pretendía. Supongo que estoy algo nerviosa. —De acuerdo, lapa —Charlie me separa de ella— Machácalos.

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—Estarás genial —dice Olivia— ¡No hagas nada que yo no haría! —O hazlo —dice Charlie—. Es mucho más divertido. Cojo la almohada de mi mesa y se la lanzo. —Adiós, hooligans. —Ciao —dicen las dos a la vez. Puedo oír a Charlie maldecir y a Olivia empezar a quejarse. Bajo las escaleras corriendo y me paro en la puerta, intentado recobrar el aliento. Sólo es Rob, me recuerdo a mí misma. Sólo una cita. Sólo Rob. Abro la puerta todavía intentando que mi pulso vuelva a la normalidad. Ya casi está en la puerta, y se detiene cuando me ve. Entonces sonríe y es como si su cara iluminase todo el camino de entrada. Yo me quedo ahí plantada, mirándolo como una idiota. —Estás guapísima —dice, lo que hace que mi corazón de un salto hasta casi salirse de mi pecho. No puedo creer que sea la segunda vez que me dice eso. Es como si pensase que es cierto o algo. —Tú también —él se ríe y yo me corrijo— ya sabes a lo que me refiero.

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—Lo sé —dice—¡Ah! estas son para ti —Saca un ramo de rosas de su espalda—Tus favoritas—dice—.Rosas para Rose. Respiro hondo y dejo que mis pies me lleven hasta él, que me da las flores y me abraza. Es breve, pero su olor es abrumador. Manzanas y jabón, como siempre. —Siento llegar tarde —dice. —No dijimos ninguna hora —contesto—. No puedes llegar tarde. —Supongo que quería verte antes. Dejo las flores dentro y cierro la puerta, después camino junto a él hasta el coche. Me abre la puerta del copiloto. Le cuesta un poco llegar al tirador y cuando lo hace se ríe nerviosamente. —Tengo que arreglar eso.

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Dentro de su coche huele a pino. Lleva oliendo así desde que fuimos a buscar uno las navidades pasadas. Por alguna razón, pensamos que sería buena idea meterlo en el asiento trasero en vez de atarlo encima del coche. Fuimos a ese sitio junto a la playa donde los venden. Los pinos, me refiero. Me sorprende que el olor haya aguantado todo el verano, aunque siguiésemos encontrando hojas en mayo. —¿Y cómo ha ido el primer día? —Bastante bien —le digo—. Lo normal. Excepto por Bio, que es ridículo—. Hago ademán de subir las rodillas al salpicadero pero me detengo. No estaría bien ser tan informal esta noche. —¿La Sra. Barch? —Ahá. —Al menos quedará bien en la solicitud para Stanford —separa una mano del volante y se la pasa por la frente. Stanford es el sueño de Rob también. Lo hemos planeado desde que éramos niños. —¿Incluso si cateo? Rob utiliza su mano libre para dar unas palmaditas en mi rodilla. —Tú nunca cateas. Eres Rosie. —Adivina quién ha vuelto —le digo al recordar que no le he contado a Rob lo del artículo del periódico.

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—¿Eminem? —Qué gracioso. No. Julieta. Rob frunce el ceño. —¿Tu prima? —Exacto. —Guau. ¿Y cómo es que han vuelto? —No lo sé. No les he preguntado a mis padres aún —digo encogiéndome de hombros. —¿No tuvieron tus padres una discusión con ellos? —Sí y no creo que haya visto a Julieta en una década. —Yo tampoco. —Bueno, obvio —le doy un pequeño codazo y los dos empezamos a reír. Hace que me relaje.

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Conducimos en silencio durante unos minutos. Me planteo la idea de coger su iPod, pero no lo hago. No quiero que esta sea como cualquier otra noche de miércoles. No quiero que sea sólo Rob y Rose pasando un rato. Esto es una cita. Tiene que ser diferente. E igual que no puedo apoyar mis piernas en el salpicadero, tampoco puedo ser la que ponga la música. —¿Quieres ir al Bernatelli’s? —pregunta rompiendo el silencio. Bernatelli’s es un restaurante italiano que hay junto a la playa y que les encanta a nuestros padres. Me sorprende que Rob quiera ir. Lo único que le he oído decir sobre él es que Domino’s Pizza es mejor. No se lo recuerdo, porque parece un buen sitio para ir en una cita y esta noche las cosas tienen que ser diferentes. —Claro —le digo. Él no dice nada y de repente me doy cuenta de que estamos los dos solos, juntos. Hemos estado solos cientos de veces antes. Miles, incluso. Pero esta es la primera vez que me he dado cuenta. Cedo y jugueteo nerviosa con su iPod hasta poner algo de música. Ni siquiera sé qué es lo que suena. Pero tampoco importa. Mis oídos siguen zumbando a su propio ritmo acorde a mi acelerado pulso. Abro la boca, pero no estoy segura de qué decir. No parece haber nada sin importancia que decir. Es como si en el momento en el que puso su

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rodilla junto a la mía esta mañana, o incluso antes de eso, quizás cuando puso sus manos en mi cara en mayo, hubiese aniquilado todo lo trivial. Todas las chorradas que formaban nuestra amistad, como si Jason besa bien o si Rob parecía tan ridículo como él mismo se sentía cuando llevaba camisas parecen temas imposibles ahora. Ya no somos dos amigos hablando de su día. Lo cual está bien, me alegra. Quiero esto. Solo que siento que estoy sentada al lado de un extraño. —sí que Ben y Olivia —dice Rob— ¿Cuándo ha pasado eso? —¡No lo sé! —digo prácticamente gritando. Estoy tan agradecida de que haya dicho algo que las palabras salen de mi boca aceleradas, casi frenéticas—. Este verano. En la playa, quizás. No lo sé. ¡No lo sé! Él ríe. Me hace calmarme un poco. El nudo de mi estómago empieza a aflojarse. —Creo que a ella le gusta de verdad. —Es mutuo —digo chillando— ¿Por qué nunca dijiste nada?

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—Es el código moral de los tíos —Aparta los ojos de la carretera y me mira—. Además, él nunca pensó que tuviese alguna oportunidad.

La discusión de Ben y Olivia nos acompaña todo el camino hasta el restaurante. Hay un pequeño inconveniente cuando Rob, vuelve a abrir la puerta y hago lo mismo, pero las cosas parecen estar mejorando a medida que camina.

—¿Recuerdas cuando solíamos pasar el rato en esa cosa? —dice Rob cuando estamos dentro. Él señala hacia el tanque de la langosta gigantesca, por el stand de anfitriones, donde la gente puede venir y elegir cuál desea para la cena.

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Rob y yo estábamos obsesionados con él cuando éramos más jóvenes. El padre de Rob siempre nos mandaba a "elegir la más grande". Hay un niño pequeño en frente de él ahora, golpeando en el cristal. Su madre está trás de él, tirando de su camiseta.

—Sí, —le digo—.Estábamos tan locos por esas cosas. —Ni siquiera me gusta la langosta. —Rob me da una sonrisa ladeada—. Debe haber sido todo tú. Nos sentamos en una mesa en la esquina trasera izquierda. Nunca me había fijado antes, pero es algo romántico. Hay velas e iluminación algo oscura.

—¿Está bien, verdad? —He pensado en lo que una cita con Rob sería. Mucho. Probablemente desde que la escuela secundaria comenzó, tal

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vez incluso antes. En realidad, nunca importó porque no creí que realmente fuera a suceder, pero tengo las fantasías. Incluso viene con los equipos pequeños, como si fuéramos pequeños muñecos de papel de recortes. Cuando no puedo dormir y estoy tumbada en la cama, me imagino a Rob y a mí en una de nuestras citas de fantasía. Solos, juntos. Ayuda a pensar en él. Siempre ha sido así. Algo sobre estar tan cerca de él me hace sentir tranquila. Es la única cosa en la vida en la que realmente puede confiar. Así que, en ningún orden en particular, mi sueño favorito de tres cita con Rob: 

Picnic en el Parque

Yo: vestido blanco, chaqueta amarilla Rob: pantalones vaqueros, camiseta blanca

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Diálogo: Rob: Siempre has sido tú. Yo: ¿Por qué te llevó tanto tiempo darte cuenta? Rob: Tenía miedo, éramos jóvenes. (Coge mi mano entre las suyas.) Rob: Quiero estar contigo. Siempre. Siempre que pueda respirar, sólo serás tú. 

Restaurante Romántico

Yo: vestido negro, mantón rojo Rob: vaqueros oscuros y camisa azul con botones. Diálogo:

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Rob: Estoy tan feliz de que termináramos aquí. Yo: No sé. Quiero decir, hemos sido amigos durante mucho tiempo... Rob: No tienes que saber. Lo sé. Por ahora es suficiente, y voy a hacer todo lo posible para convencerlo de que esto es correcto. (Coge mi cara entre sus manos. Me besa apasionadamente.) Yo: Creo que está funcionando. 

Escuela de Danza

Yo: vestido de plata, tacones Rob: traje negro Diálogo: Rob: Estoy tan loco por ti. Yo: ¿En serio?

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Rob: No puedo creer que estoy aquí bailando con Rosaline Caplet. Soy tan afortunado. Yo: ¿Estás seguro de que esto es lo correcto? Rob: No hay nadie más en el planeta para mí. Sólo tú. El Rob en mis fantasías nunca se pone nervioso. Él siempre está seguro de sí mismo. Pero el Rob sentado frente a mí parece un poco asustado. Pensé que habíamos trabajado todo esto en el coche antes, pero tan pronto como nos sentamos, él se acuerda de que estamos en una cita y se congela inmediatamente. Bebió un sorbo de agua y tosió. Rob se sobresalta, y me mira con esa mezcla de confusión y sorpresa. Genial. Esto no es lo que esperaba. Apuesto a que ni siquiera va a besarme ahora.

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Me voy a graduar de la escuela secundaria con Jason Grove aún en mis labios. Pero Rob llega a través de la mesa y pone sus dedos justo al lado de mi plato. Él me mira, mordiéndose el labio inferior, como si no estuviera seguro de que fuera la decisión correcta. En cierto modo apoyo mis dedos sobre la mesa, para animarlo, y luego me acerco. Esto es raro. Esto es raro, ¿no? Quiero decir, no están las manos de Rob, justo en frente de mí, y estoy tratando de averiguar dónde poner las mías, cómo sostener su dedo, si eso es lo que quiere. (Aunque, si no era lo que quería, ¿por qué iba a estar llegando a mi plato? ¿Por qué ha inclinado su rodilla contra la mía en la asamblea esta mañana? ¿Por qué deberíamos siquiera estar aquí?) Esto parece ridículo, tamborileo mis dedos. En mis fantasías siempre sólo coge mi mano con firmeza. No hay palmas sudorosas. No hay torpeza. Sin incertidumbre. Finalmente lleva el pulgar a la mano. De todos los dedos para agarrar, no habría sido el que yo habría elegido, pero lo que sea. Él simplemente

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me tiene entre su dedo pulgar y el índice. Lo cual, a decir verdad, no es muy sexy. Deberíamos haber actuado de manera diferente con todo esto. Quiero pedir un tiempo de espera y empezar de nuevo. Las primeras citas son importantes. Quiero conseguir que esta salga bien. —Entonces, ¿qué vas a pedir? —pregunto. Él todavía está sosteniendo mi pulgar y mi otra mano está tendida, así que lo utilizo para recoger mi vaso de agua.

—Pasta —dice. Está estudiando mi pulgar ahora. Me está mirando. Pasando dedo índice por el costado.

—Bien. —Pedirás la pizza Caprese, ¿no?

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—No sé. —Mi menú está debajo de la debacle general, y aunque por lo general quiero la pizza Caprese, aún así me gustaría verlo. Todo lo demás es diferente esta noche. No hay razón para que mi pedido no deba serlo también. Deja caer el pulgar y coge su vaso de agua. Parece orgulloso de sí mismo, lo que es desconcertante. ¿Cree que sólo ha ido bien? Me entierro en mi menú y pretendo considerar seriamente otra opción además de la pizza Caprese. No encuentro ninguna.

—¿Han decidido? —Me guiña el camarero, y por un segundo veo a Rob y a mí a través de sus ojos: una joven pareja enamorada. Tal vez un poco torpe, pero definitivamente no sólo amigos. Me lo llevo.

—¿Qué te gustaría? —pregunta Rob. —La Caprese.

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Rob se ríe y niega con la cabeza—. Gracias por darme un mal rato, Caplet.

—Tendrá la pasta boloñesa —disparo de nuevo. Rob abre la boca para protestar, pero lo corta el camarero con:— La cita tiene muy buen gusto. Rob sonríe y pone sus manos en alto—. No puedo discutir con eso. Cuando él se va, Rob vuelve a poner sus manos sobre la mesa, pero esta vez coge las mías entre las suyas en un movimiento limpio y rápido. No se parece incómodo, simplemente agradable. Creo que tal vez estamos mejorando en esto. La interacción con el camarero nos pareció dar cierta confianza.

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—Todavía no me has dicho sobre el verano. —Trato de mantener mi voz firme porque es una distracción, tener sus dedos sobre los míos. Pero una distracción en el buen sentido. Al igual que una canción realmente genial sonando cuando estás tratando de estudiar para un examen de Inglés.

—Fue bueno. —Se encoge de hombros—. Sabes Kwebec, no hay mucho que informar. Nunca cambia. Larry sigue ahí, y es tan loco como siempre. Larry es el director del campamento. Nadie sabe exactamente cuántos años tiene. A veces parece de ochenta, y a veces parece de cuarenta. Es la cosa más rara. No está casado, así que no es como si pudiera decirle a su esposa ni nada, y por lo que yo sé que no tiene hijos.

—Cool. —Llovió mucho. —se pausa Rob, considerándolo—. Sí, era un poco molesto, en realidad. Sólo pudimos estar en el interior, practicamente.

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El camarero se acerca con nuestro pan, pero Rob no suelta inmediatamente mis manos. En su lugar, les da la vuelta en la suya y dibuja pequeños círculos en mis palmas. Traza las líneas de mis venas como si fuera un adivino.

—¿Qué ves? —Miro en sus dedos. —Vas a vivir una larga vida, —dice con su mejor voz de Dumbledore. —¿Eso es todo? —¿Qué más se puede pedir? —Él me mira, su voz Rob de nuevo. —Es mi destino. Algo bueno. Aparto las manos y trato de alcanzar un pedazo de pan. Rob empieza a

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hablar de Jake y si su rutina de surf antes de la escuela va a funcionar este otoño o no.

—Creo que Jake, probablemente, se dirigirá a CC el próximo año — dice. CC es la universidad comunitaria aquí. Es diferente de la gran universidad de la ciudad, donde mi papá enseña. CC no es una gran universidad, pero

Jake tampoco es

exactamente un

estudiante

excepcional. Creo que esto realmente molesta a Charlie. Ella quiere ir a Middlebury en Vermont el año que viene y, a veces, en sus mejores momentos, quiere que él se vaya con ella.

—¿Cuando son nuestras solicitudes?. —Creo que finales de septiembre, —dice—. Se está solicitando temprano, ¿no?.

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—¿Hay que preguntar? —Él sonríe, se estira, y me aprieta la mano. Está empezando a sentirse normal ahora.

—¿Crees que esto va a funcionar, ¿no? —pregunto—. Quiero decir, es tan supercompetitivo estos días. Rob gira su mano para cerrar el comentario—. Estamos bien. A menos que Lauren decida renunciar a Harvard. Entonces estamos jodidos. Me río, pero puedo sentir el pan girando en mi estómago. Ni siquiera había pensado en la solicitud. ¿Qué está deteniendo Lauren o incluso Tempeski Stacy de estar en nuestro lugar?

—¿Crees que van a cogernos a los dos? —Parpadea durante medio segundo. Apenas registro que es duda, antes de que desaparezca—. No creo que tengamos nada de qué preocuparnos.

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Nuestra comida llega, y sigue la charla de Stanford. Rob quiere saber de mis padres y de si finalmente o no se va a construir la piscina de la que hemos estado hablando durante años—. Honestamente, creo que deberían invertir en el aire acondicionado primero. —Coge mis aceitunas, cojo sus cebollas. Para cuando la hora de la cena ha terminado, no estoy realmente nerviosa. Siento que estoy con Rob. Mi mejor amigo Rob, que sabe que odio los pimientos amarillos y que cada vez que perdía un diente solía dormir en su casa la noche siguiente porque pensaba que podía engañar al hada de los dientes. Compartimos un pastel de postre de chocolate con helado de vainilla y cuando la factura llega, Rob lo coge—. De ninguna manera —dice—. Esto es mío. Caminamos hacia el coche, y está un poco fuera de combate. No he traído un suéter, y rodeo mis brazos alrededor sobre mí. Rob me tira la

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camiseta de Stanford desde el asiento trasero. La cojo, y cuando me la pongo, él sonríe.

—¿Qué?. Niega con la cabeza—. Nada. Sólo se ve bonita en ti. El comentario hace que mi corazón se acelere y mis manos se adormezcan. —No me quiero ir a casa todavía—continúa. Él pone su mano suavemente sobre mi rodilla. Es cálida y seca, y la deja ahí. Es una sensación muy diferente a la de esta mañana. Más definitiva, porque no tengo más preguntas. Ahora lo sé. Rob y yo nos vamos a besar antes de esta noche haya terminado.

—Está bien.

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—¿Hay que ir a los acantilados? —Su mano todavía está en mi rodilla, y asiente

con

la

cabeza.

Empezamos

dejando

atrás

Grandma’s

Coffeehouse y la escuela hacia el agua. Los acantilados son el área de San Bellaro sobre el océano. Bastante explica por sí mismo excepto por el hecho de que hay un cementerio allí. Lo que aleja completamente a Olivia y deja fuera a Charlie. Siempre ha sido un lugar donde he ido con Rob. Nuestro lugar. Es tranquilo y pacífico, y todo lo que puedes oír, además del coche en movimiento, ocasionalmente, es el sonido de las olas al romper. He pasado toda mi vida viviendo en el agua, y aunque no navego y, sí, mi piel es más blanca que una hoja de papel, hay algo reconfortante en ese sonido. Es tan eterno. Al igual que Rob, una de esas cosas que sólo puedes contar. Puedo mantener mi ventana bajada, y cuando me mojo los labios, puedo saborear el aire salado. Rob y yo estamos tranquilos en el camino otra vez, pero es un buen momento tranquilo, un lugar tranquilo al que estamos acostumbrados. Ver películas, estudiar en mi mesa de la cocina. Ese tipo de silencio.

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Nos lleva cerca de diez minutos llegar allí, y todo el tiempo que está conduciendo con la ventana abajo, con la música reproduciéndose y el aire salado que se deposita en la piel, tiene su mano sobre mi rodilla. Está simplemente descansando allí, como cabe. Como si fueramos dos piezas rompecabezas que finalmente han sido agrupadas. Nos detenemos en el aparcamiento, y Rob apaga el motor. Está tranquilo, tan tranquilo que se puede oír el silbido del viento entre la hierba fuera. Rob sujeta su mano suavemente lejos y luego sale. Esta vez espero que venga, y cuando lo hace, me abre la puerta con facilidad, en el primer intento. Abrazo

la

camiseta

de

Stanford

más

cerca

sobre

mí.

—Vamos, —dice, cogiendo mi mano. Caminamos a través de la hierba a este lugar al final del cementerio,

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donde hay dos grandes rocas que están tan cerca del borde de los acantilados, siento como que está literalmente colgando sobre el agua. Siempre he tenido miedo a las alturas. Yo era ese niña que se negó a ir en las barras y a la gimnasia odiada. Todavía ni siquiera me gusta volar. Ser monstruos altos. Todo ese espacio. Toda esa posibilidad de una catástrofe completa y total. Un movimiento en falso, y todo cambia.

—Nada va a pasarte. —dice Rob. Es lo mismo que ha estado diciendo durante años. Cada vez que me acerco a las rocas, es un poco petrificada. No puedo evitarlo. Hay un largo camino hasta el agua. Si supiera algo acerca de las matemáticas o la geografía, probablemente sabría los metros.

—Lo sé. Sólo dame un minuto. —Está bien. —Se encuentra en una de las rocas, los brazos extendidos como si estuviera volando—. Mira, Rosie. Sin manos.

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—Por favor para. —Mi corazón se acelera y mi sangre está golpeando tan fuerte, que puedo escucharla en mis oídos. Siento como que va a golpear directamente de mi cuerpo. Entonces Rob camina, y está literalmente a unos centímetros del borde, su torso tan echado adelante que juro que va a caer. En un pequeño momento, y aterrorizada empiezo a gritar. Rob

se

echa

hacia

atrás—.

Relax,

Rosie.

No

hay

problema.

—Trata de coger mi mano, pero yo la retiro lejos. —No es gracioso. —Sé que suena petulante, como un niño pequeño, pero no puedo evitarlo—. No me gusta cuando haces eso.

—Está bien, está bien, —dice, ablandándose. Él trae una mano a mi cintura y pone la otra debajo de mi barbilla, inclinando mi cabeza hacia

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él—. Lo siento, —dice, y puedo advertir por la mirada en sus ojos que lo dice en serio. Yo me quejo— Está bien, —y dejo que me conduzca a la roca justo detrás de la que él estaba parado, donde nos quedamos al lado de la otra. Él señala hacia el cielo. Las estrellas son brillantes, tan específicas que es como que si lo intentara, podría contarlas. Y desde nuestro sitio, sobre la roca que parece que están a nuestro alrededor. Incluso debajo de nosotros. Como estamos en un universo compuesto en su totalidad de las estrellas.

—¿Qué es eso? —pregunto, señalando a una constelación circular. Rob se ha movido un poquito detrás de mí para que mi espalda esté apoyada medio en su pecho y medio en el hombro.

—No estoy seguro. Nunca fui demasiado bueno en la astronomía.

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—Yo tampoco. Pasa la mano por mi brazo y luego me rodea. Mi corazón comienza a acelerarse de nuevo, como un corredor en la última milla de una maratón. Justo cuando no creía que pudiera más, logro recuperarme.

—Esto es extraño, ¿eh? —dice. Se aclara la garganta—. Sólo quiero decir, tú y yo.

—¿Extraño?. —Bueno, no, no, extraño. Sólo diferente. —Bueno, sí. Quiero decir, por lo general no estamos sentados así. Hago un gesto con su brazo que todavía está descansando a mi lado.

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—No, por lo general no es así. —Él no quita su mano. En lugar de eso me presiona más cerca. Algo está burbujeando hacia arriba y fuera de mí, y aunque me desea mantenerlo dentro, descansar la cabeza sobre el pecho de Rob y simplemente disfrutar de lo bonito que se siente al estar cerca de él, sé que tengo que decir. Me doy la vuelta para mirarlo.

—Estoy preocupada, —le digo. —¿Sobre qué? —Sujeta su otra mano y aparta un poco el pelo de mi cara como lo hizo en la fiesta de graduación del año pasado.

—Eres mi mejor amigo, —le susurro—. ¿Y si esto no funciona? —¿Ya estás planeando nuestra muerte?

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—No es muerte. —Exhalo—. Estoy preocupada, es todo. Coge mi mano en la suya y presiona su pulgar en la palma de mi mano. Siento sus manos fuertes y suaves—. Lo sé —dice. Y luego, con el pulgar todavía en mi palma, añade—: Pero no siquiera te he besado todavía. Dejo que mis ojos desciendan a la peña, pero sé sin mirarle que está mirándome, y cuando suelta mi mano, pone las suyas en los lados de la cara y levanta mi cabeza, me va a besar. Se inclina lentamente. Así que poco a poco siento como si estuviéramos en cámara lenta. Y luego sus labios están en los míos. Son tan suaves y cálidos, y hasta que se retira suavemente no me doy cuenta de lo mucho que he querido que me besara. De cómo es realmente la única cosa que he querido.

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—Vamos a averiguarlo, Rosie, —dice, acariciando mi mejilla—. Te lo prometo. —Y entonces él me besa de nuevo, y me siento tan bien de estar cerca de él, con las manos en la espalda, sus labios sobre los míos, que no puedo creer que hubo un tiempo antes en el que no estábamos así.

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Escena 3 Traducido por Júls Corregido por Afroday

Cuando Rob me deja, nos estamos cogiendo la mano en el asiento delantero, la palma de mi mano suavemente apoyada sobre la suya. —¿Debería entrar? —pregunta.

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Miro desde nuestras manos entrelazadas a la puerta de mi casa —No — le digo—. ¿Por qué no reservamos esta conversación? Solo por un tiempo—.No habría nada extraño en que Rob entrara… Rob y yo hemos salido un montón de veces, y siempre se acerca después… pero no estoy segura de cuanto saben mis padres y de cuanto estoy dispuesta a decirles. Él sonríe y apaga el motor, liberando mi mano y apoyándose en su asiento. Besa mi sien, luego encima de mi nariz y luego uno suave sobre mis labios. —Está bien —dice— Dulces sueños, Rosie —es el mismo “buenas noches” que me ha estado dando desde que éramos niños, pero esta vez hace que mi corazón golpeé en mi pecho. —Dulces sueños —le susurro. Tropiezo fuera del coche y entro en mi casa, mareada por sus labios. La puerta principal se abre en la cocina. Mis padres siempre están ahí, bebiendo té y leyendo el diario en sus batas de baño hasta la medianoche. Juro que si no fuera por el hecho de que está oscuro fuera, uno pensaría que ya es de día. Hoy, en cambio, cuando entro dentro no están ahí. En su lugar, están en la sala de estar con los padres de Rob. Están hablando en voz tan alta que no me oyen entrar. —No sé qué decir —dice la madre de Rob. Ella está sentada en el brazo del sillón del padre de Rob. Tiene los codos en las rodillas y está sosteniendo su cabeza entre sus manos. Mi madre está de pie,

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sosteniendo un vaso, igual que mi padre, lo que es extraño, porque ellos nunca beben. Ni siquiera les gusta beber vino cuando estamos cenando. —¿Has hablado con ellos? —pregunta el padre de Rob. Mi padre niega con la cabeza —Le dejé un mensaje en la oficina, pero nadie me ha devuelto la llamada —él mira a mi madre— Ni siquiera tengo el teléfono de su casa. —¿Por qué llamar? —pide la madre de Rob— ¿No es mejor dejar las cosas como están? —Es un pueblo pequeño, Jackie. Lo sabes. Correremos hacia ellos tarde o temprano —dice mi papá. —Esto es una pesadilla —dice el padre de Rob. Parece enojado, lo que es nuevo en él. Tiene cuatro hijos y rara vez levanta la voz. Mi mamá toma un sorbo de su bebida —¿Por qué vuelven ahora? — dice.

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—¿No es obvio? —dice la madre de Rob. Todos la miran fijamente, con la espalda erguida—. Ellos quieren venganza. Las tablas del suelo eligen ese momento para crujir bajo mis pies, y cuatro cabezas se giran a mirarme en la puerta. —Rosie —dice mi mamá. Se da la vuelta y le debe enviar algún tipo de mirada a papá, porque justo después él deja el vaso sobre la mesa y se me acerca. —Siento el alboroto —dice él. —Hola —saludo a la familia de Rob. La madre de Rob sonríe débilmente y su padre se levanta —Hey chica. ¿Cómo estuvo la cena? Mis mejillas se ruborizan —Bien —digo—. Comimos italiano—. Todo el mundo asiente con la cabeza. —Suena delicioso —dice el padre de Rob. —¿Todo bien? —pregunto. Preguntarle a tus padres si todo está bien es un poco como preguntar al profesor de matemáticas si de verdad hará un examen sorpresa. Ya sabes la respuesta. —¡Oh, sí! —dice mi madre—. Solo política.

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Mi padre sonríe para secundar lo que ella ha dicho. —Bueno, me voy a dormir —digo—. Biologia por la mañana —. Les hecho una mirada de “Tipico”, pero nadie se da cuenta. —Buenas noches, galletita —dice mi papa. La sala estalla en un coro de buenas noches y me alejo de ellos, perpleja y subo las escaleras. No quiero pensar en la familia de Julieta o averiguar por qué los padres de Rob están involucrados en todo lo que fue mal. Esta noche es yo y Rob. Solo quiero dormirme recordando sus besos.

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Escena 4 Traducido por lausodie Corregido por Afroday

—Ya voy —grité. Charlie estaba tocando el claxon fuera, y yo corría frenéticamente por la cocina, cogiendo una tostada y diciendo adiós a mis padres. Los dos parecían un poco agotados esta mañana, y estaban encorvados sobre sus tazas, bebiendo a pequeños sorbos. —Ten un buen día —dijo mi madre entre un bostezo. Me planteé preguntarles por Juliet, pero no tenía tiempo, luego. Salí corriendo, con la tostada entre los dientes.

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—Hola, cosa bonita —dice Charlie—. ¿Te divertiste anoche? Puse los ojos en blanco y subí al coche. Olivia iba detrás, lo cual es novedad. Desde que Olivia tiene su OLIVE16 no hemos ido juntas a clase. —¿Qué está pasando? —pregunté. —Quiero oír lo de tu cita —comenta Olivia—. Además, Ben tiene mi coche. Charlie hacía un ruido de enfurruñamiento, pero Olivia no parecía darse cuenta. Ella rodeaba nuestros asientos con los brazos y se inclinó tan hacia adelante que podía oler su perfume de fresa. Olivia llevaba el mismo perfume desde que la conozco. Una vez estábamos comprando y ella fue a buscar más. Resulta que es un spray para la casa. Del tipo que se rocía en el sofá para cubrir el olor a perro mojado. Se lo dijimos a Olivia y lo encontramos graciosísimo, pero Olivia se negó a cambiarlo. —Eso es como usar Clorox como jabón de manos —dijo Charlie. —Me da igual —dijo Olivia—. Me gusta y voy a seguir usándolo.

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Esa es una de las cosas que me encantan de Olivia. Si es feliz, no le importa lo que la gente piense. Todavía sigue llevando los pijamas que tenía en quinto grado. Son demasiado cortos y demasiado anchos de cintura y tienen dibujos de caballos, pero ella dice que son suaves y le ayudan a dormir. Seguro que si Ben se quedase a dormir, ella los llevaría igualmente. —Entonces, ¿qué pasó? —preguntó Olivia—. Detalles. —Fuimos a cenar —miré hacia la casa de Rob mientras saliamos del camino de entrada de la mía, pero íbamos demasiado rápido para que pueda ver algo bien. —Aburriiiido —Charlie golpeó el volante con la mano como si estuviese contando—. Pasa a lo bueno. —Bueno, nos besamos. Olivia gimió, y Charlie empezó a dar bocinazos. Hacía como que perdía el control del coche y giró bruscamente a la derecha. Me tapé los oídos y

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me hundí en el asiento. —¿Podéis calmaros, por favor? Me vais a dejar sorda. Olivia siguió repitiendo “¡Oh, dios mío! ¡Oh, dios mío!” hasta que Charlie le dedicó una mirada por el retrovisor y entonces se calló. —¿Fue bueno? —preguntó Charlie. —Seh – me sonrojé y me giré. Cuando les hablaba sobre besar a Jason siempre era algo más o menos situacional. “Estábamos en una fiesta” o “Intentó chuparme el cuello.” (Caso real, por cierto. Fue horrible.) Nunca habíamos hablado de si me gustó o no. O lo que sentí. —¿”Seh”? —Charlie se puso las gafas de sol en la cabeza y me miró como si nunca hubiese estado tan decepcionada en su vida. —Es Rob —dije. —Lo sabemos —contestó Olivia—. Pero eso no responde a mi pregunta. —Estuvo bien, ¿vale? —apoyé las rodillas contra el salpicadero y mantuve la vista fija hacia adelante—, Fue increíble. —Lo sabía —chilló Olivia. —Obviamente —dijo Charlie—. Es decir, es Rob. Estaba claro que iba a serlo.

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—Me encanta esto —dijo Olivia. —Sí —dije—. Lo sé, pero ahora estoy algo preocupada. —Por un millón de cosas. Por ejemplo, ¿quiere decir esto que estamos juntos? ¿Debería preguntarle? ¿Va a besarme esta mañana? ¿Se lo ha dicho a sus amigos? —Está claro que le gustas —dijo Olivia—. ¿De qué hay que preocuparse? —Es mi mejor amigo —sonó peor de lo que pretendía, e inmediatamente noté que Olivia se echaba hacia atrás y Charlie me miraba fijamente—. Ya sabéis lo que quiero decir —añadí—. Mi mejor amigo, chico. Y desde hace más tiempo. —Los mejores romances surgen de la amistad —comentó Olivia. —Está bien, Hallmark. —Es verdad —dijo Charlie—. Quiero decir, míranos a Jake y a mí. No podemos soportarnos, y está claro que no somos amigos. Dios, Jake —

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golpeó la palma de su mano contra el volante. —¿No van bien las cosas esta mañana? —pregunté. —No —dijo—, es que no le importa —asintió y las gafas de sol volvieron a ocupar su lugar en la cara. —¿Qué ha pasado? —preguntó Olivia. Apoyó los codos en la guantera que hay entre nuestros asientos y me dedica una gran sonrisa. Tenía un trocito de arándano en uno de sus dientes y se lo comenté. —No lo sé —dice Charlie mientras Olivia sacó un espejito y empiezó a atacar su boca con un dedo rosado—. Tiene un humor tan cambiante… —Créeme, lo sé —dijo Olivia. Me giré y la miro mordazmente. Lo último que Charlie quería oír era una lista de quejas sobre lo mal novio que es su hermano. —Lo siento —articuló con los labios, con el dedo aún en la boca. —Tengo una idea – dijo Charlie, echando un vistazo por la ventana y girando a la derecha. —¿Cuál? —pregunto. —¿Por qué no vamos al Baile de Otoño juntas, nosotras tres?

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—¿Qué quieres decir? —preguntó Olivia. Tenía un poquito de saliva en la cara y se pasó el dorso de la mano por la boca. —Quiero decir que por qué no vamos sin los chicos —Charlie se giró e hizo sonar el claxon. Algunos estudiantes de primero se apartaron. Es ilegal pitar en los terrenos del instituto. Pero no es que eso la detenga alguna vez. —Yo quería ir con Ben —comentó Olivia haciendo sobresalir el labio inferior, pero Charlie no se giró—. Rose, ¿tú no quieres ir con Rob? —Sí, claro, pero no es como si él no fuese a estar allí. Además, vamos a tener que ir antes para prepararlo todo. —¿Qué? —preguntó Olivia. Sonando totalmente en shock. —¿SAC? ¿Hola? —dijo Charlie. Aparcó y apagó el motor, pero ninguna nos movimos. Charlie desabrochó el cinturón de seguridad y se giró—. Lo que digo es que tenemos que estar juntas. Porque hay una guerra ahí fuera, y los hombres están completamente locos.

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—¿Eso lo has leído en el libro? —preguntó Olivia. Parecía dudosa. Charlie nos compró a todas Por Qué Los Hombres Aman A Las Cabronas las últimas navidades. Dijo que así es como consiguió a Jake, aunque (1) no estoy segura de que eso sea un gran logro, y (2) francamente, si está siguiendo los consejos no está funcionando para nada. —No —dijo Charlie bruscamente—, lo digo en serio. Somos amigas, ¿no? Olivia se encogió de hombros. —Yo creo que es un gran plan —comenté. Estaba intentando acabar con la conversación porque acababa de ver a Rob. Estaba en la zona norte con Ben. El coche de Olivia estaba aparcado al lado del suyo, con las tablas de surf apiladas arriba, y Ben se estaba sacando la camiseta por la cabeza. Parecía que se iba a unir a hacer surf con Rob y Jake. Había algo en sus posturas que me hacía sentir segura. Como si todos fuésemos un grupo. Estaba a punto de sugerir que lo habláramos después cuando Olivia salió disparada del coche y atacó a Ben. Él la cogió en brazos en un abrazo gigante, levantándola del suelo. Recordaban a ese póster de la

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pareja besándose en París. Lo tenía en la pared desde hace tiempo, pero Charlie dijo que asustaría a los chicos y tuve que quitarlo. No es que ningún chico además de Rob hubiera estado nunca en mi habitación. Y él lo vio como un millón de veces y no pareció importarle. —Abominable —dijo Charlie mientras caminábamos hacia ellos y me rodeaba los hombros con su brazo—. Ve a decir hola. Rob no muerde. A menos que tengas suerte —contoneó su cadera como si estuviese moviendo un hula-hoop y puse los ojos en blanco. —¿Lo dices en serio? —Mucho —me lanzó un beso—. Te veo en español. —Eh, Kessler —dijo Rob. Le dedicó a Charlie una sonrisa torcida mientras me rodeaba la cintura con el brazo. No podía creer que me estuviera tocando así. En público. —Eh, tú. Yo me voy de aquí antes de que mi hermano le coma la boca —Charlie miró la mano de Rob en mi cintura y entonces a mí. Agradecí

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en silencio que lleve puestas las gafas de sol porque las expresiones faciales de Charlie no ocultan demasiado lo que está pensando. —Chica lista —Rob me acercó un poco más a él mientras Charlie desaparecía hacia la Cooper House. —Eh —dijo él. Su cara estaba a escasos centímetros de la mía, e imágenes de la noche anterior venían a mí como si fuesen petardos. Su cálida sudadera y mi cabeza en su pecho. Sus manos en mi cara. Sus labios en los míos. Hoy estaba monísimo con sus pantalones cortos de color caqui y la camiseta azul. Su pelo estaba todavía húmedo después de haber estado haciendo surf, y había algunas gotitas de agua en la parte de atrás de su camiseta. —¿Cómo has dormido? —preguntó. Me acerqué un poco más a él y farfullé: —Bien, ¿y tú? —Sí, también. Ahueccó su mano amoldándola a mi codo, y juntó aún más nuestros torsos. Su cara estaba justo sobre la mía y la estaba moviendo hacia

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abajo para que nuestros labios estuvieran sólo a un susurro de distancia. Cerré los ojos, preparándome para que me besara, pero justo entonces Olivia pasó pavoneándose. Rob apartó inmediatamente su mano de mi cintura, y yo debí parecer decepcionada porque Olivia se muestró avergonzada. —Siento interrumpir —dijo— pero Ben te necesita. —Tu novio es imposible —dijo Rob, pero sonrió. Esa es una de las cosas que me encantan de él. Nada le molesta durante mucho tiempo. —¡No lo es! —chilló Olivia, pero era obvio que estaba contenta. Nunca había llamado a nadie su novio, y no corrigió a Rob esta vez. —Sois adorables —dijo cuando se va—. En serio, perfectos. No dije nada, pero yo también estaba contenta. Las cosas iban bien. Todos estábamos en el lugar adecuado. Estar con Rob era lo que siempre me había faltado, lo que hace que mi vida, no sé, tenga sentido. —¿Quién es? —pregunta Olivia.

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—¿Quién? —Ahí —dijo señalando un Mercedes SUV blanco que acaba de aparcar junto al coche de Charlie. Demasiado cerca. Todo el mundo sabe que Charlie se pone histérica si alguien se acerca más de un metro a su Big Red. Y ese Mercedes no pertenece a ningún estudiante de último curso de nuestro instituto. Olivia tiene el mejor coche del campus. —Probablemente algún padre —dijo encogiendo los hombros, pero Olivia sacudió la cabeza. Había una chica saliendo de él. Lo primero que pude ver es que es rubia. Del tipo de rubio que Charlie llama “de receta”, lo cual quiere decir que necesitas ayuda química para conseguirlo. Lo segundo es que tanto sus gafas de sol como su bolso parecían mucho más grandes que ella. Olivia y yo nos miramos. Olivia dió un paso hacia mí. —Trasladada desde L.A. —comentó. —Obviamente.

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Ella cruzó los brazos y su asa cayó hasta su codo de manera que su bolso MIAMI queda colgando peligrosamente cerca del suelo. No parece demasiado feliz. La chica nueva, sea quien sea, será la competencia. —¿Quedaban nuevos estudiantes por llegar? —pregunté. Pero antes de que yo misma tenga tiempo de pensar en mi pregunta, me doy cuenta de quién es. La chica del periódico. Mi prima. Juliet. —¿Qué estás haciendo? —escupió Olivia, pero me siguió hasta el coche donde Juliet estaba ocupada cogiendo los libros. —Hola —no soy parte del habitual comité de bienvenida, de eso suele encargarse Charlie. Bueno, más bien lo que hace es aterrorizar a los nuevos. Charlie no es exactamente de las que te dicen “bienvenida a nuestro círculo”. Pero Juliet es mi prima. Sólo porque no hayamos sido amigas la última década no significa que no podamos empezar a serlo ahora. Es la única familia que tengo, además de mis padres. —Hola —contestó. Aunque llevaba gafas de sol puestas me di cuenta de

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que me estaba mirando de arriba abajo. Lentamente, eso sí, como si no intentase ocultarlo. Continué y se me escapó: —¿Sabes quién soy? —sacudí la cabeza—. No en ese sentido. Quiero decir, somos primas. ¿Rosaline Caplet? – me golpeé en el pecho como si llevase una etiqueta con mi nombre. Ella se apartó el pelo de los hombros. —Sí, lo sé. Me sentí aliviada, hasta que me di cuenta que ella no va a decir nada más. —Esta es Olivia —por decir algo. —Hola —dijo Olivia. Con un ojo puesto en mí y el otro en Juliet. Intenté ver lo que ella veía. Juliet es guapa. No guapa como Charlie, pero es atractiva. Siempre lo fue. —Creo que no te había visto por aquí desde que teníamos unos siete años — arrastré mi pie de atrás hacia adelante por el asfalto. De repente no quería mirarla. Me preguntaba si recordaría el incidente de la muñeca.

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—¿Todavía vive Rob aquí? —¿Qué? —contestó Olivia por mí. Juliet me miró. —¿Rob Monteg? Seguro que te acuerdas de él. Era tu mejor amigo. —Claro, sí. Todavía vive aquí —sentí los ojos de Olivia clavados en mí, pero no le daría más información. De todas formas, no sabía qué decir. ¿Qué Rob es mi novio ahora? ¿Es eso cierto acaso? —Ha pasado mucho tiempo —dijo, pero no tengo claro si me habla a mí o se lo recuerda a sí misma. —¿Así que os habéis mudado? —pregunté, evitando seguir con Rob como tema de conversación. Ella asiente. —¿Te lo han dicho tus padres? Yo niego con la cabeza. —En realidad, no. Lo vi en el periódico.

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Ella sonríe ligeramente y hace sonar un chasquido cuando cierra su coche. —Tiene sentido. —Esto es un poco raro —dije—. Han pasado siglos. —Sí —dijo, pero una vez más, eso es todo. Cuando era pequeña, solía pensar en este momento una y otra vez. Si alguna vez ella volvía, si alguna vez la veía de nuevo, qué le diría. La perdonaría o me disculparía o la abrazaría y le rogaría que jugase a las muñecas conmigo. Pero ahora tenemos diecisiete años, no siete, y no estoy segura de cómo debería actuar. A Rob se le dan mejor estas cosas. Puede hablar con cualquiera, de cualquier cosa. Una vez hicimos un viaje con nuestros padres a Colonial Williamsburg, y él habló con el zapatero durante una hora sobre el amor que ambos sentían por los Lakers. Yo ni siquiera sabía que la gente de las colonias veía la televisión, pero Rob lo averiguó. Su sonrisa es de esas que hace que la gente se ablande. Siempre acaban hablando. —¿Y dónde vais a vivir ahora? —preguntó Olivia. —En la misma casa de la playa —dijo—. Está bien.

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—Guay —Olivia me miró como diciendo “buena suerte con eso” y se giró para volver con Ben—. ¡Encantada de conocerte! —gritó por encima del hombro. Juliet sonrió, pero con una sonrisa falsa. Y ni siquiera le saludó con la mano. Es una sonrisa más de la chica que decapitó mi Barbie favorita que la que fue mi mejor amiga en la guardería. —¿Necesitas ayuda para encontrar las clases o algo? Los jueves no tenemos reunión, así que vamos directamente a la primera clase. —Necesito encontrar… —hurgó en su gigante bolso hasta sacar un trozo de papel—. Al señor Johnson —dijo. —Probablemente esté en su despacho en la Cooper House —dije—. Ven, te enseñaré el camino. Empezamos a andar. Rob, Ben y Olivia estaban bajando hacia la Cooper House por debajo de nosotras, pero decidí no llamarlos. —¿Y cómo es que empiezas hoy?

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—Ayer estábamos en Italia —dijo—. Mi padre no podía volver. Italia. Claro. Recuerdo cuando hacíamos pizzas en casa de Rob los tres juntos. Supongo que la vida es bastante diferente ahora. —Suena divertido. —Supongo —dijo rotundamente. —¿Y qué os trae de vuelta? —Mi madre quería un cambio. Los Angeles cansa después de un tiempo —se colocó bien el bolso. Es de Tod. Cuero blanco. Como el que Olivia quería para este año. —Apuesto a que sí. —¿Has vivido allí? —Oh, no. Pero, ya sabes, lo entiendo. —Por supuesto que nunca había vivido allí. La hubiese llamado. Hubiésemos sido amigas, ¿o no? Me dedicó una mirada que interpreté como que no lo entendía. Por suerte, estamos en el despacho del señor Johnson. Así que por ahora se acabó compartir tiempo con Juliet. —Esta es tu parada. Debería estar ahí —señalé a la izquierda, pasado el hall.

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—Gracias. —Normalmente almorzamos en el patio de fuera, por si quieres venir con nosotros. Y supongo que nuestras familias quedarán, así que ya te veré. La silueta de Rob y mis padres en nuestra sala de estar la noche anterior volvió a mi memoria. Algo me decía que ellos no estarían tan dispuestos a retomar la amistad como yo. Porque yo sí que lo estaba. Volver a verla me hacía pensar en lo cercanas que éramos, y lo mucho que la echaba de menos, incluso después de todos esos años. Quizás una vez que ella se instalara, bajaría la guardia. —Seguro —dijo Juliet. Sonreí y el gesto parecía genuino, o al menos lo más genuino hasta ahora. Miré mi reloj y ya llegaba un minuto tarde a español. Charlie me iba a matar. Abrí la boca para decir adiós, pero sólo encontré la puerta delante de mí. Ella ya se había ido.

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Escena 5 Traducido por Esther :) Corregido por Nepbell

—Así que le voy a decir a Jake que esto es ridículo. —estaba diciendo Charlie—. Quiero decir, ¿Quién acamparía fuera de un IHOP? No es como si fuera la apertura de Star Wars, o lo que sea. Es un restaurante veinticuatro horas. —Ese es el por qué quiero a Ben. —dice Olivia—. Él es totalmente inesperado. —¿Quieres? —Charlie estalla en carcajadas, y parte de su bocadillo iba

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volando a través de la mesa. —No, no amor. —dice Olivia, sonrojándose—. Sabes lo que quiero decir. —Solo no lo entiendo. —suspira Charlie—. ¿Le pido a Jake que planeé una actividad divertida de fin de semana y esto es lo que ocurre? —¿Quiere llevarte a acampar en un IHOP? —pregunto. Estoy echada sobre la mesa bebiendo una Coca-Cola. He renunciado a beber agua con gas hoy. Necesito la cafeína. —Sí. —dice Charlie—. Obviamente mi vida es una broma. Olivia asiente de acuerdo, y Charlie le empuja—. Solo estoy intentando ser solidaria —murmura Olivia—. De todos modos, Pensaba que íbamos a Malibú. —No podemos ir a Malibú. Tenemos un baile del colegio. Un baile que estamos planeando. —Charlie me mira, y estoy sorprendida de ver que sus ojos estaban brotando—. Solo que estoy tan harta de hacerlo todo yo misma. —No puedes dejar que te afecte así. —digo. No me puedo creer que esté de ese malestar por Jake. Quiero decir, es Jake. Sigue pensando que los

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chistes de pedos son graciosos y se refiere a sus padres por sus nombres de pila. Pero entonces me doy cuenta de que lo he pillado todo mal, y puedo prácticamente patearme por ser tan estúpida. No está pensando en Jake. Está pensando en su madre. Se presiona los dedos contra las sienes, y es todo lo que puedo hacer para no y apoyar mi cabeza en su hombro, y envolver mis brazos a su alrededor. No me dejaría, sin embargo. La hora de comer en el patio no es el sitio donde quiera hablar acerca de su madre muriendo. No es que a ella le guste hablar de ella en absoluto, en realidad. Creo que hemos tenido con exactitud dos conversaciones acerca de esto desde que su madre murió en séptimo grado. La primera fue cuando comenzamos el instituto. Mi madre nos llevó a comprar ropa para la vuelta al colegio, y Charlie empezó a llorar en los probadores, diciendo que no estaba segura de si debía comprar ese suéter negro porque su madre siempre decía que se veía mucho más

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guapa en color. La segunda vez fue cuando decidió acostarse con Matt. Sabía que su madre no lo aprobaría, y empezó a hacerme todas esas preguntas locas acerca de si creía en Dios y si la religión estaba en lo cierto y nosotras íbamos a ir al infierno. Porque en realidad, dijo ella, ¿Cómo podíamos saberlo? El comentario de Charlie nos silencio a las tres, y no estoy segura de si Olivia entendía por qué, pero de todos modos no dice nada. Cuando la madre de Charlie enfermó por primera vez, Charlie durmió en mi casa durante una semana. Se negaba a ir a casa. Ni siquiera quería hablar con su madre por teléfono. Recuerdo que me aterrorizaba. Creo que estaba más asustada de su reacción que lo que lo estuve cuando su madre murió. Hay algo en Charlie que es muy duro a veces. Tan establecido y determinado. Era como si no pudiera encontrar una teoría acerca de la muerte, y hasta que no lo hizo, no se fue a casa. —Si tuvieras que hacer un ranking de quien es el más mono de nuestra clase, ¿a quien pondrías entre los cinco primeros? —pregunta Olivia, pareciendo pensativa.

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—¿Tienen que estar en orden? —pregunta Charlie. Parece agradecida por el cambio de tema. —Sí. Pero tiene que ser objetivo. Por ejemplo, no puedes poner a Jake el primero. —Bueno, ¿Qué pasa si pienso que Jake es el más mono? Olivia considera esto—. Eso esta bien, supongo. Entonces tenemos a Jale, Ben, obviamente, Rob. Definitivamente Matt… —Charlie parece revuelta ante la mención de su ex, pero Olivia continua—. Char, vamos. Es verdad. —¿A quién pondrías por debajo? —me pregunta Charlie. —Rob, supongo. Olivia

asiente,

escribiendo.

Ella

mira

hacia

arriba,

un

poco

avergonzada—. ¿Sabéis a quién más pondría? —¿Hmmm? —zumba Charlie, alejando su sándwich. —Len. —Olivia se muerde el labio y mira a Charlie

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—¿Len? —se resiste Charlie. —Estás bromeando —hago eco. Olivia mira de reojo a la entrada de la cafetería. Len está allí caminando hacia Dorothy Spellor. Me pregunto si están saliendo, pero lo dudo. De algún modo no parece ser exactamente como el tipo de novio. —Eso es nauseabundo —dice Charlie. —Simplemente no lo veo —digo—. Su pelo está grasiento —Exacto —dice Olivia, enarcando las cejas— Es sexi. —¿También te sientes atraída por el chico del servicio de automóviles del McDonalds? —pregunto. —Gracioso. —Olivia mira de vuelta hacia su lista—. Solo es que hay algo interesante acerca de él, ¿sabes? Igual que hay más de él que no conocemos a simple vista. Cosas sobre él que no sabemos. —Él es un idiota. —dice Charlie—. Eso es realmente todo lo que necesito saber. Miré otra vez hacia Len. Está haciendo malabarismos con dos manzanas, luego lanzando una a Dorothy. Ella sonríe. —Hey.

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Me doy la vuelta, y allí de pie está Juliet. Ella ha cambiado de traje desde que la vi por última vez, o quizá es solo que ahora tiene una brillante chaqueta de color rosa sobre su vestido blanco. Esta equilibrando una bandeja con un sándwich y una manzana. Me alegra que se haya unido a nosotras. Quizá sea un primer paso. —Aquí, siéntate —gesticulo hacia mi lado, y Olivia de mala gana se aparta. Charlie me lanza una mirada de reojo con una ceja enarcada, ¿Quién es esta chica?

Las únicas personas que alguna vez han comido con

nosotras son Jake y Ben y Rob, y quizá Lauren, pero generalmente solo si la reunión de SAC de por la tarde ha sido cancelada o si tenemos asuntos por discutir. Charlie diría que invitar a un extraño a sentarse con nosotras sin antes haberlo consultado con las demás no es un comportamiento apropiado. Pero Juliet no es un extraño. Ella es mi prima.

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—Hey. —dice Olivia. Levanta su mano sobre la mesa y le da una pequeña onda—. ¿Cómo esta yendo tu primer día? —Sus palabras son un poco arrastradas. Ella tiene su manzana del almuerzo atascada en la boca. Charlie se aclara la garganta, y yo interrumpo—. Lo siento. Esta es mi prima, Juliet. Juliet, esta es Charlie. —lanzo una mano de forma casual en la dirección de Olivia—. Vosotras os habéis conocido esta mañana. Charlie sonríe con frialdad—. ¿Eres de LA, verdad? —Sí.

—dice

Juliet.

No

preguntaa

para

que

quiere

Charlie

la

información, pero ¿por qué iba a hacerlo? Su traslado fue anunciado en la primera página del papel. Estoy segura de que esta acostumbrada a que extraños conozcan la historia de su vida. Ella juega con los bordes de la servilleta, y todo el mundo vuelve, más o menos, a comer. —Entonces ¿Cuál es el trato con los chicos de esta escuela? —pregunta Juliet. —¿Tienes un novio en casa? —pregunta Olivia.

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—En realidad no. Mis padres creen que sí. Alguien interno de la oficina de mi padre. —mueve su mano libre alrededor como si incluso la idea fuera ridícula—. Su nombre es Paris ¿Te imaginas? Olivia sonríe—. Una vez salí con un chico llamado Belgium. —Ese no era su nombre real. —le interrumpe Charlie—. De todos modos, los chicos aquí están bien. Los toleramos. Bueno, además de Rose. Charlie me guiña el ojo, y puedo sentir como mi cara se calienta. Por favor no digas su nombre. Por favor no digas su nombre. —¿Qué pasa contigo? —me pregunta Juliet. —Nada. —digo, miré hacia Charlie y busco su pierna por debajo de la mesa. —Está saliendo con el mejor chico del colegio. —dice Charlie, imperturbable—. Es totalmente injusto. Él es como, el único bueno. —¡Hey! —interviene Olivia.

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—Oh, por favor —Charlie pone los ojos en blanco—. Ben es mi hermano. Esta dentro de mis derechos llamarlo culo. —Hasta ahora solo he visto uno que piense que esta bastante bueno — dice Juliet. —¿Sí? —dice Charlie, inclinándose hacia mí— ¿Len? —mira hacia Olivia y le guiña un ojo. Juliet se encoje de hombros—. No sé su nombre. No nos hemos conocido. Guapo, sin embargo. Camiseta azul, shorts caqui. Cuerpo genial. Totalmente mi tipo —Trago. Con dificultad. Rob hoy lleva puesta una camiseta azul. Rob también lleva shorts caqui. ¿Es posible que no lo haya reconocido después de todos estos años? Charlie claramente no lo ha pillado, porque murmura algo sobre ponerlo fuera—. Eres guapa —dice, mirando a Juliet—. y los chicos de este colegio son idiotas. Lo harás bien. Charlie tiene una regla acerca de nuevos amigos. Es realmente simple: No los hace. No buenos, de cualquier modo. Dice que la lealtad es difícil de conseguir, y una vez la encuentras, te aferras a ella. No confía en

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gente nueva. Le tomo casi un año para llegar al punto de aceptar de verdad a Olivia. Sé que Charlie no está siendo increíblemente acogedora con Juliet, pero estoy impresionada de que este siendo amable. —¿Vas a venir mañana al baile? —pregunta Olivia. Juliet levanta la vista de su sándwich—. No sabía que había uno. Olivia asiente entusiasmada—. Fall Back. Nosotras lo planeamos. Estamos en el comité social. —Nosotras somos el comité social. —le corrige Charlie. Puedo decir que desea que Olivia pare de hablar Ambas podemos ver a donde está llevando esto. —Hemos decidido no traer citas, sin embargo. —dice Olivia. —¿Por qué? —Juliet parece desanimarse, pero es difícil decir si es simplemente su cara permanente. Todo parece como si la medio ofendiera. —¿Estamos pasando algún tiempo de chicas? —Olivia mira a Charlie

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para aclararlo. Charlie se limita a poner los ojos en blanco—. De todos modos —dice Olivia— estás invitada a venir con nosotras. —Gracias —Juliet mira a Taylor Simsburg mientras pasa. Olivia se da cuenta y abre la boca para objetar, o algo, pero Charlie lo hace primero. —Aquí vienen ahora los Tres Mosqueteros —dice Ben, Jake y Rob se dirigen hacia nosotras. Jake lleva una gorra de beisbol, así que se inmediatamente que se peleará con Charlie. Son ilegales en los terrenos de la escuela, y Charlie esta constantemente diciendo cosas como “¿Por qué no te metes en problemas por algo que valga la pena?” Rob, como yo pensaba, viste una camiseta azul y unos shorts caqui, y en el segundo que entra en nuestra vista, Juliet chilla— ¡Es él! —es lo más animada que la he visto por alguna cosa en todo el día. Italia incluida. —¿Quién? —dice Charlie. Ya está acusando. No hay una buena opción de las tres.

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—Camiseta azul —dice Juliet, claramente sin pillar el tono de Charlie. Saca un tubo de brillo de labios de su bolso Tod. Pongo mi sándwich abajo. De repente siento que voy a perder mi almuerzo. Charlie abre su boca de par en par y me mira, pero para cuando esta lista para decir algo, los chicos ya están en la mesa. Juliet se está secando delicadamente los bordes de la boca con la servilleta. Me pregunto que es su poder de movimiento. Sea lo que sea, tengo la sensación de que voy a verlo. Afortunadamente, Rob se acerca y se queda de pie justo delante de mí, colocando sus manos en mis hombros. Inclino mi cabeza sobre su estomago y cierro los ojos, brevemente. Es lo más adelantada que estoy con él en público, pero quiero hacer algo para enseñarle a Juliet que está cogido. Que es mío. —Esta es Juliet —dice Olivia a Ben, quien se ha deslizado junto a ella y está recuperando su plato.

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—No tienes modales —anuncia Charlie —Díselo a papá —dice Ben, guiñándole un ojo. Rob quita una de sus manos de mi hombre y la extiende hacia Juliet. —Ha sido una eternidad. —dice—. Es bueno volver a verte. —Oh Dios mío. ¿Rob? Rob se ríe—. Sí, ese soy yo. —Su voz es suave, y deja que su mano acaricie la parte posterior de mi brazo. Ella asiente con la cabeza y se muerde el labio inferior. Le estudia detenidamente. Tal vez era eso. La estrategia de poder, quiero decir. Es difícil de decir. Una gran parte de ella parece, bueno, planificada. Igual que si ella tuviera un plan. Una cosa que ella no parece sorprendida. No se sorprende de que Rob este claramente conmigo. Ni siquiera parece arrepentida de haberle llamado caliente. —¿Qué tal tu primer día? —pregunta él. —Bien, supongo —contesta ella, sin apartar la mirada de é—. Mejor ahora —ella mira rápidamente de Charlie a mí para demostrar que no va solo para Rob—. Oye, ¿vas a ir al baile mañana?

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Por un segundo no estoy segura de a quien se está dirigiendo, pero entonces Rob levanta su mano de mi pelo, y veo que Juliet le está mirando. —Eso creo —dice. —Se mi cita. No puedo haberlo oído bien. No acaba de invitar a Rob, mi Rob, para ser su cita en el baile escolar. Su mano está en mi hombro. Nos estamos tocando. —Oh, vamos Rose —dice Juliet—. Chicas, vosotras vais a ir juntas. Dejándolo fuera. No conozco a nadie más. Y sería bueno ponernos al día. —su tono de voz a cambiado. Me habla como si de hecho fuéramos primas. Como si nos conociéramos la una a la otra desde siempre y ella me estuviera pidiendo mi suéter gris. No a Rob. Miro a Charlie. Estoy desesperada por que diga algo, cualquier cosa, pero ella ha cogido la gorra de beisbol de la cabeza de Jake y la está

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moviendo a su alrededor. Podría haber estado haciendo cubículos de matemáticas y estaría igual de lejos. Olivia esta susurrando algo a Ben y sonriendo. Estoy sola aquí. Rob la rechazará. En cualquier momento dirá “lo siento, no creo” o “Deberías ir con las chicas”. Pero no dice nada de eso. Me arqueo a su alrededor, y el la está mirando. Su expresión ha cambiado. Parece confundido. Como si no supiera la respuesta. ¿Cómo podía ser posible que no conociera la respuesta? —Vamos —dice Juliet lentamente—. Es solo un baile —se muerde otra vez el labio. —Realmente deberías venir con nosotras. —intervengo—. Sera divertido, y nos prepararemos en casa de Olivia. Su casa es, como del tamaño de Texas. —Estoy sacando todas las paradas, pero la casa de Juliet está probablemente mejor abastecida que Olivia. Dudo que esto ni siquiera la tiente. —Quiero ir con Rob —dice Juliet. Aquí está la cosa acerca de mi. Nunca me ha gustado la confrontación. Desde que era pequeña, me ha aterrorizado molestar a la gente. Prefiero

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simplemente mantener la paz. Lo cual está bien, por lo general, pero también significa que no tengo ni idea de que hacer ahora. Charlie es la única que puede decirle a la gente que no, la que no tiene problemas para levantarse por si misma. ¿y yo? Bueno, yo estoy acostumbrada a estar de pie tras ella. Todavía estoy luchando con la forma de manejar esto cuando oigo hablar a Rob detrás de mí. Una palabra: Claro. ¿Claro? ¿Igual que sí? No puedo haber oído bien. Necesito algún tipo de aclaración. Alguien que me diga que no, que Rob no acaba de ponerse de acuerdo para acompañar a mi prima, Juliet, a Fall Back. Mi prima, Juliet, que piensa que tiene un cuerpo caliente. Mi prima, Juliet, a quien yo no podría importarle menos, o el hecho de que Rob y yo estamos un poco, como juntos. —Genial —dice Juliet—. Entonces esta todo arreglado. Tengo que

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correr. —Ella recoge su bandeja. No ha tocado nada de ella—. Ciao — dice a la mesa. Tengo la sensación de que es su salida estándar. Y la vamos a estar oyendo mucho. Charlie le ondea la mano de vuelta. Ella sigue gritando a Jake. —Hasta luego. —me dice Juliet. Y entonces, un poco más bajo—. Estoy contenta de haber vuelto. Creo que va a ser un gran año. Charlie dijo lo mismo ayer, y parece que haya sido hace una eternidad. Incluso aunque tengo a Rob y debería estar emocionada, no puedo dejar de temer que ambos podrían estar equivocados.

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Escena 6 Traducido por Nortia Corregido por Nepbell

—En serio, no puedo creer que estés de acuerdo con esto —estaba diciendo Charlie. Estamos todos en casa de Olivia preparándonos para el Baile de Otoño. Estamos en su cuarto, con ropa esparcida por todas partes, y páginas arrancadas de InStyle y Glamour en el suelo, de donde intentábamos recopilar ideas. Es un desastre, pero no importa. Diez minutos después de que nos vayamos, todo será ordenado.

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La casa de Olivia es más un hotel que una casa. Tiene su propia suite completa con baño de mármol, un armario enorme y sala de estar. Realmente podrías pasar un año en su casa sin tener que abandonarla nunca. Lo intentamos un fin de semana, una vez, pero Matt Lester acabó celebrando una fiesta el sábado por la noche, así que no lo conseguimos. La sala de estar de su cuarto siempre está llena de nuestros picoteos favoritos (fritos, chupa chups y pescado sueco), y tiene todos los canales de On Demand así que puedes ver cualquier película cuando quieras. No tenemos eso en nuestra casa. Ni siquiera tenemos HBO. A mis padres nunca les ha entusiasmado la televisión. Les costó hasta que tuve quince años hacerse con cable. Pero esta noche no hay tiempo de disfrutar de los Twizzlers. Vamos tarde. Se suponía que íbamos a estar allí hace media hora, y estoy experimentando mucha culpa por haber abandonado a Lauren. Puedo imaginarla en el patio poniendo las luces, buscando ayuda. La regla de Charlie de nunca llegar tarde no se aplica a funciones, pero esta noche de verdad deseaba que lo hiciera. Me está molestando e, ignorando el comentario de Charlie, pregunto, otra vez, si alguien le ha enviado un mensaje de texto. — ¿No lo hiciste tú? —Dice Olivia. Quién está en su mundo, poniendo morritos y mirándose en el espejo. Su pelo rubio está rizado, producto

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de setenta y cinco minutos de rizador. Charlie está a su lado, tratando de apartarla. El pelo de Charlie está listo, y unos pocos bucles caen con gracia sobre su cara. En los bordes del espejo hay fotos de nosotras desde el inicio de primer año. Hay una de nosotras haciendo una pirámide humana en el patio trasero de la casa de Charlie, de la vez que intentamos que San Bellaro creará un equipo de animadoras. Pero desechamos la idea tras una semana, cuando Charlie se negó a aceptar nuevos miembros. Hay un par de fotos de Malibú, y una de Olivia y Ben comiendo helado. Tiene que ser nueva. Me pregunto quien la tomó. Cojo mi teléfono y le envío un texto de disculpas a Lauren: "Vamos tan retrasadas. Lo siento. Estamos allí lo antes posible". Dejo el móvil e inmediatamente lo cojo para ver si ha respondido. No lo ha hecho. —Es cierto, sin embargo —dice Olivia—. Estás manejando esto realmente bien. Me encojo de hombros y les digo lo mismo que me dijo Rob ayer. — Es mi prima. Él sólo me está haciendo un favor.

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—Algún favor —dice Charlie, metiéndose en su vestido rojo. —Ellos también solían ser amigos. Además, ella no lo sabía —digo. —Lo que sea —dice Charlie—. No es bueno. —Ni siquiera la va a recoger —argumento—. Y además, no es mi novio— quiero añadir. No aún, de todos modos, pero no lo hago. —De alguna manera pensé que esta podría ser la noche— dice Charlie. —¿Qué noche? —La que tú y Rob, ya sabes. —Oooooh — dice Olivia—. ¿De verdad? —No —digo—. Vamos. Sólo nos hemos besado —La memoria de los labios de Rob sobre los míos me hace sonrojar. Se suponía que iba a venir anoche, pero se quedó atrapado ayudando a su padre a reparar un coche. Su padre está obsesionado con los coches antiguos, y él y Rob han estado arreglándolos juntos desde que éste era un niño. Es dulce, algo que hacen juntos, sólo ellos dos. Su padre los vende después. A veces vemos a alguien conducir uno por la ciudad, y Rob dice “Ahí va otro Monteg”. De todos modos, una vez terminaron, ya eran

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las nueve y tenía deberes que hacer. Sé que eso no significa necesariamente nada. Rob nunca deja los planes con su padre. Es algo que de verdad le respeto. Pero me gustaría saber un poco más sobre qué debería esperar esta noche. Especialmente porque no vamos a ir a este baile juntos y sólo nos hemos besado un par de veces en los acantilados. Aun así, no puedo dejar de pensar en lo que Charlie está diciendo. Tal vez no sea esta noche, pero ¿y si Rob y yo nos dirigimos a una relación real? Habría sexo, supongo. A veces nos imagino a Rob y a mí tumbados en la cama juntos, pero usualmente sólo me está abrazando, su mano en mi pelo. —¿Crees que a Ben le gustaría el azul o el amarillo? —pregunta Olivia. Se ha colocado frente a un espejo de cuerpo entero y está sosteniendo dos vestidos, alternándolos por encima de su cuerpo. —Azul —dice Charlie—. Tiene algo por el azul. ¿Has visto su cuarto? Hasta sus cortinas son...

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Para de hablar y se vuelve hacia el espejo. Olivia mira hacia otro lado, y puedo ver que se está sonrojando. —Me gusta el azul —ayudo. —¿Qué vas a vestir? —Pregunta Charlie. Hago un gesto hacia la cama de Olivia, donde he puesto mi vestido. Es plateado, algo que cogí con mi madre este verano en una de esas tiendas que siempre huelen a popurrí. —Necesitas tener este —había dicho mi madre, cogiéndolo del sitio y lanzándomelo. Mi madre siempre está comprando cosas para mí que son, bueno, un poco exageradas. No es que quiera que me vista como una puta, no creo. Siempre dice cosas como "Sólo eres joven una vez" o "Ese jersey parece demasiado viejo para tí". Charlie dice que soy afortunada. Ella solía tener que cambiarse de ropa en el colegio, en los baños. Pero eso era antes de que su madre se pusiera enferma. Ahora puede vestir lo que quiera. —Lo dudo —le dije a mi madre—. Es un poco... Llamativo. —Exacto —dijo, y me empujó hacia los probadores.

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Sabía que lo compraríamos antes incluso de ponérmelo. Es un palabra de honor y completamente descubierto por la espalda. Es corto pero no demasiado corto y con un tono plateado muy brillante. Me sentí fuera de lugar con él —ridícula, incluso— pero cuanto más me admiraban la vendedora y mi madre, más me sentía como si tal vez no luciera completamente ridícula. Después de llevármelo a casa esa noche me lo probé con unos tacones azul claro, y me sentí, no sé, guapa. Como si fuera alguien más. Alguien en una película, o una revista. Incluso Charlie u Olivia. Cuando me lo puse, me sentí el tipo de persona que se pone vestidos de ese tipo. Secretamente estoy esperando que tenga el mismo efecto esta noche. Y que Rob lo note. Me deslizo en él, y Charlie empieza a gritar. —¡Te ves totalmente sexy! — Chilla Olivia—. Rob va a perder la cabeza— . Pongo los ojos en blanco, pero por dentro estoy zumbando. Me siento llena de posibilidades. Esta noche se extiende ante mi como un océano. Me siento en expansión, sin límites. Como si pudiera flotar en él para siempre.

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—Tenemos que irnos— digo. Miro mi reloj. Ya vamos cuarenta y cinco minutos tarde, lo que significa que para cuando lleguemos allí, el baile ya habrá empezado. —Lo sabemos, lo sabemos —dice Olivia. Está corriendo alrededor de la habitación con un bolso diminuto, metiendo cosas dentro. Charlie sólo está ahí de pie, sonriéndome. —¿Qué? —digo—. ¿Qué estás mirando? —Nada —dice, fingiendo un nudo en la garganta—. Sólo estoy tan orgullosa. —Hecho —Dice Olivia, cerrando su bolso—. Vamos. Abandonamos su habitación y vamos al pasillo. Las escaleras de la casa de Olivia son gigantescas con una enorme araña de cristal colgando del techo justo en medio del vestíbulo. Es el tipo de escalera de la que imaginas bajar el día de tu boda. Charlie es algo escandalosa bajando, y luego seguimos a Olivia a la cocina, con los tacones resonando sobre el suelo de mármol. —He oído los pasos —dijo su padrastro. Él y la madre de Olivia están persiguiendo a los dos hermanos pequeños de Olivia en torno a la mesa. Su madre levanta la vista y nos dedica una sonrisa cansada. Uno de los hermanos pequeños de Olivia, Josh, carga contra ella.

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—¡Si me tocas, te mataré! —Grita Olivia, pero ella ya está inclinada abrazándole—. Sólo mantén las manos donde pueda verlas —dice, despeinando su pelo. —Chicas, lucís fantásticas —dijo la madre de Olivia—. Gabe, ¿dónde pusiste la cámara? —El padrastro de Olivia la coge de la encimera de la cocina y nos llama para que le acompañemos fuera de la cocina. La madre de Olivia nos posiciona en la puerta principal. —Uno, dos, tres —dice— ¡Sonríe! —Está extendiendo la pierna para prevenir que Drew se lance sobre nosotras, y su otro brazo está colocado en el hombro del padrastro de Olivia. Es un acto de equilibrio impresionante. Charlie coloca su mano en su cadera y saca su brazo, Olivia menea los hombros, y yo, como siempre, me quedo de pie en medio de ellas, sin saber exactamente qué hacer. A diferencia que ellas, yo no tengo una pose para las fotos. —Si pones la mano en tu cadera, te quitas más de dos kilos —dice Olivia entre dientes.

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Apenas tengo tiempo de registrar lo que está diciendo antes de que Charlie me arrastre por la puerta y todas estemos en Big Red, y la madre de Olivia grita "¡Divertíos! ¡Cuidaos!" tras nosotras. Todo el mundo está ya en el patio para cuando llegamos al colegio. Lauren no ha respondido mi mensaje, pero nos saluda, luciendo despreocupada. Está vestida con un vestido ajustado que enseña sus delgados hombros. Su pelo rubio arena está recogido en un moño. —Lo siento tanto —digo—. ¿Qué podemos hacer? Ella me calla con un movimiento de su mano. — Nada —dice—. En serio, no es grave. Estamos listos. Ha hecho un gran trabajo. El patio está rodeado de luces parpadeantes y lámparas de papel. Los árboles están rociados con oropel plata y dorado, y guirnaldas de flores cuelgan del pasadizo. Me recuerda a Sueño de una Noche de Verano, una obra que vi una vez con mi madre en L.A. Tenía diez años, y realmente no la entendí mucho, pero recuerdo que el conjunto parecía una especie de cuento de hadas. Como mágico.

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Estudiantes se arremolinan alrededor bebiendo sidra en copas de champán. No se percibe como otro baile de instituto. Sino como algo complaciente, importante, tal vez como si algo especial estuviera ocurriendo esta noche. Localizo a Jake, Ben y Rob en la mesa del ponche con Charlie y Olivia. Rob lleva una chaqueta de traje, lo que nunca hace. No deja de estirar las mangas. Es algo adorable, la verdad, lo incómodo que parece. No puedo ver a Juliet por ninguna parte. No debe de haber llegado aún. En el tiempo que me ha llevado hablar con Lauren, Charlie y Jake ya han empezado a discutir y Ben y Olivia están a punto de montárselo. Ella está usando su arma secreta —pecho fuera, estirado— y él tiene sus brazos alrededor de su espalda. Miro a Rob otra vez. Está tan mono en su chaqueta y sus pantalones grises. Debajo tiene puesta una camisa rosa y blanca a cuadros. Es una de mis favoritas, y él nunca la usa.

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Quiero ir y rodearle con mis brazos, pero entonces recuerdo que, técnicamente, ni siquiera está aquí conmigo. En realidad no me he dejado pensar mucho en eso. Simplemente espero que ella no aparezca. Mientras cruzo el patio, “Kokomo” de los Beach Boys empieza a sonar. —Sabes, creo que he estado en todos los lugares de esta canción— dice Olivia. Está contando con los dedos al mismo tiempo que suena la letra—. Sip, los siete. —Eres tan snob —dice Charlie. Sin embargo Ben parece haber encontrado su comentario adorable, porque coge la mano de Olivia con la suya y la besa. Ella ríe. Puedo sentir los ojos de Rob en mí, y me fuerzo a no mirarle. No aún. Sé que tan pronto como abra la boca, seré sólo Rosie, y me está gustando que un vestido hable por mi, sólo por un momento. —Wow— dice. Se acerca a mi lado y deja pasar una mano por mi brazo—. Estás impactante. —¿Te gusta? —Dejo caer mis manos en los costados y juego con la tela. Me siento sólo un poco mareada por la mano de Rob en mi brazo. Como si hubiera bebido o algo, a pesar de que estoy totalmente sobria. —Te ves genial— dice.

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—¿Así que dónde está Juliet? —Pregunto casualmente, pero puedo verle haciendo una mueca. —No lo sé —dice—. No he hablado con ella. — Oh. —Rosie, te dije que no era una gran cosa. Estoy haciendo esto por ti — me atrae hacia él de la forma en que lo hizo en los acantilados. Se siente bien, seguro. Hace que empiece a relajarme— ¿Estamos bien, verdad? —Sí —digo, inclinándome más cerca de él. —Bien, porque sin importar quien es técnicamente mi cita esta noche, quiero bailar contigo. —Cursi —digo—, pero lo tomaré. Se golpea en el pecho con la mano. —Sólo para ti.

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—De acuerdo, Romeo —dice Charlie—. ¿Vamos a bailar, o qué? La canción cambia, y “Walking on Sunshine” empieza a sonar. Charlie pensó que viejas canciones serían apropiadas para el tema de Fall Back. Como un retroceso, dijo. Siempre he adorado esta canción. Me recuerda al verano y ser joven, y cuando Rob coge mi mano y empieza a girarme en la sala de baile, todos los pensamientos acerca de Juliet se van volando. Fuera está oscuro, y mientras Rob me da vueltas, las lámparas de papel lanzan rayos de luz en zigzag a través de la habitación. Me siento como lo hago en las carreras de vueltas en Six Flags, como si el mundo fuera a un millón de kilómetros por minuto y aun así yo estuviera completamente perdida en un momento. Las cosas se mueven tan rápido que parece que están totalmente quietas. El mejor tipo de paradoja. Charlie y Jake están bien por el momento, y Olivia está pegada a Ben, bailando demasiado lento para esta canción. Me encuentro sonriendo tanto que me empiezo a reír. Es perfecto, este momento. Tan completamente maravilloso que quiero estar aquí para siempre. La canción termina, y Rob me gira por última vez.

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—Buenos movimientos, Rosie —dice. Ambos estamos un poco sin aliento. Mi vestido se ha bajado peligrosamente, mi pelo está húmedo, algo de este pegado a mi cuello. Ya me siento como una rata ahogada, y prácticamente acabamos de llegar. Necesito refrescarme. —Voy al baño —le digo a Rob. —Estaré esperando por ti —dice mientras me acerca a él y me besa una vez en la mejilla suavemente. Está un poco sudoroso, y el beso es húmedo, pero aun así me alejo con la mano cubriendo el punto donde sus labios acaban de estar. Es perfecto. Esta noche entera está resultando mejor de lo que podría haber imaginado. Un par de chicas de primer año están en el baño, y me miran y se apresuran a salir. Es divertido recordar sentirse de esa manera— pequeña e insegura. Entre este vestido y el beso de Rob, parecía hace tanto tiempo.

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Estoy sola en el baño, frente a los espejos. Me siento mareada, como si necesitara sentarme, excepto que estoy demasiado excitada como para incluso estar levantada. Eres hermosa, había dicho Rob, y estando aquí ahora, por primera vez desde que lo dijo, creo que puede ser cierto. Miro a esta chica con el vestido plateado sin espalda y me siento hermosa. Era tan tonta de creer que las cosas no podrían funcionar entre nosotros, o incluso dedicarle dos segundos a este asunto de Juliet. Es Rob. Y yo. Y cuando me besó, se sentía bien. Estaba tan cómoda estando cerca de él. Digo, Rob fue aquel que montó detrás de mí el día que me quité las ruedecillas de las bicicleta. Fue él quien, cuando me topé con un nido de avispas mientras plantaba tomates en el jardín de mi madre, me compró unas gafas de sol para cubrir lo hinchados que estaban mis ojos. Fue quien entrenó conmigo todo el día en la piscina del campamento de verano en quinto grado para que finalmente pudiera llegar al grupo de color naranja. Estaba ahí cuando nuestra perra, Sally, murió. Fue quien insistió en celebrar un funeral e incluso escribió un poema: “Sally no vive hoy. Sally murió hoy. Es triste de decir”. Fue quien me sostuvo cuando Charlie y yo tuvimos una gran pelea el año pasado, cuando pensé que tal vez no volveríamos a ser amigas. Fue quien sabía que todo estaría bien. Él sabe que los Twizzlers son mi tipo de dulce favorito y que hasta quinto grado pensaba que mi segundo nombre se escribía de diferente

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manera. Es Rob. Y el hecho de que le he conocido siempre y que él me conoce, realmente me conoce, es prueba de que siempre éramos nosotros. De que él es el elegido. Y lo que lo hace realmente remarcable es que ahora mismo él está ahí fuera, esperando por mí. Mi cuerpo está en ebullición con esta emoción silenciosa. Puedo sentirlo desde los dedos de los pies hasta en los de las manos. Tal vez esta es nuestra noche. No puedo pensar en nadie más con quien quisiera que sucediera, y estando aquí y ahora puedo ver mucho más que las manos de Rob en mi pelo. Charlie tiene razón. Este va a ser el mejor año. Y el año que viene Rob y yo estaremos en Stanford. De repente puedo ver el resto de mi vida formada extendida frente a mí como una alfombra roja. Todo lo que tengo que hacer es dar un paso hacia ella. Me aplico un poco más de brillo con un dedo tembloroso, aliso mi vestido, y salgo por la puerta. Me siento invencible. Como Beyoncé en un vídeo musical. Como si tuviera mi propia máquina de viento por delante.

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Puedo escuchar las notas de una canción lenta sonando. Es esa de la película Ghost. Esa que dice “Oh, my love, my darling”. Normalmente las canciones lentas me hacen sentir incómoda, pero ya estoy anticipando estar en los brazos de Rob, tener sus manos en mi espalda, dejar mi cabeza en su hombro. Estoy caminando tan rápidamente, que ni siquiera he notado que me he chocado con alguien. —Lo siento — digo sin mirar hacia arriba. —Espera —Len pone su mano en mi brazo, deteniéndome. —Umm, hey —digo, quitándomelo de encima. —En realidad, te estaba buscando —dice. —¿Se ha congelado el infierno? Él ladea la cabeza hacia un lado. —Sí —dice—. Pero en cierta manera es un buen cambio de esta sauna de verano. —¿Hay algo que necesites? —Pregunto, impaciente. Quiero volver con Rob. Para decirle que, absoluta y definitivamente, quiero estar con él. Len se encoge de hombros. —¿Necesitar? Nah. Sólo quería preguntarte que hay con tu hombre.

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—¿Mi hombre? —Deja de fingir, he visto como os sobabais. ¿No habíamos estado sobándonos, verdad? —No ha habido nada de eso. —Sabes, tienes razón. No era nada comparado con lo que está pasando ahí arriba — hace un gesto hacia arriba del patio. —¿Ahí arriba? —Mira, no digas que no te avise. Me dedica un saludo con dos dedos y luego se mete las manos en los bolsillos, alejándose marcha atrás. —¿De qué estás hablando? —Es un idiota —dice Len, girándose—. Lo oíste de mí primero.

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—¿Quién? —Murmuro estúpidamente, pero él ya está fuera del corredor, y si me ha escuchado, no responde. Echo un vistazo al patio. Charlie y Jake se están meciendo juntos, aunque parece como si Charlie estuviera liderando. Ben y Olivia están completamente enredados en una esquina. Es imposible ver qué miembros son de quién. No puedo encontrar a Rob, pero aún me siento mareada. Me está haciendo difícil concentrarme. La gente no deja de entrar y salir de la pista de baile. Parejas meciéndose. Matt y Lauren están abrazados, y me pregunto, brevemente, si están juntos. Cosas más extrañas han sucedido, supongo. Estoy de pie en medio de la pista de baile cuando instintivamente miro hacia arriba. Y tan pronto como lo hago, entiendo lo que Len quería decir. Hay un pequeño balcón sobre el corredor que era parte de la antigua mansión y que la escuela mantuvo, a pesar de que no tiene ninguna función práctica. Es pequeño, probablemente de dos metros por cuatro o algo así, y está cubierta de hiedra. Rob está allá arriba. Su pelo castaño cae ligeramente sobre sus ojos, y el cuello de su camisa está deshecho. Está moviéndose al compás de la música, justo como lo imaginaba. Se ve guapo, fuerte y encantador todo

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a la vez, y quiero más que nunca estar en sus brazos. El problema, sin embargo, es que ya hay alguien ahí. La está abrazando. Sus brazos están alrededor de su espalda y su cabeza está en su hombro, y están balanceándose lentamente, tan lentamente que parece que ni siquiera se están moviendo. La chica en sus brazos debería ser yo, pero no lo soy, ni de lejos. La chica con la que está balanceándose no es otra que Juliet. Hay algo en la forma en que la está sosteniendo que me hace parar en seco. No es amistoso y no es platónico. La está abrazando como si fuera una hoja, como si pudiera simplemente irse con viento en cualquier momento. Ella se ve como una bailarina en sus brazos, tan pequeña y delicada y frágil. Y entonces lo veo inclinarse y oler su pelo, y es como si alguien acabara de robarme el aliento. Yo estaba ahí de pie, boquiabierta. Ellos están tan juntos, que ni siquiera podías meter una pluma entre ellos. Parpadeo, pero ellos siguen allí. Ella no levanta la cabeza de su hombro. Él no se mueve las manos fuera de su espalda. Podrían ser una estatua, tan quietos están ahí juntos.

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¿Hay alguien más viendo esto? Olivia y Ben siguen asfixiándose, pero no veo a Charlie. De repente, no quiero que lo sepa con desesperación. No quiero que nadie lo sepa. Quiero recuperar las últimas cuarenta y ocho horas, para evitar esta humillación. Quiero correr tan lejos como pueda de aquí y nunca mirar atrás. Quiero volver en tiempo. Quiero hacer un millón de cosas antes que estar aquí, mirándolos. Por fin aparto la mirada de ellos, y veo la cara de Len. Está mirándome, y espero verle sonreír, poner los ojos en blanco, pero no hace nada. Simplemente mira hacia otro lado. Entonces Charlie está ahí. Su pelo rojo ha caído de su moño, y está colgando alrededor de su cara como ramas sobre un sauce llorón. Ella los ha visto también, y me está mirando, su expresión siendo un reflejo de la mía. Se acerca a mí en dos pasos, y la siento tomar mi mano entre las suyas. Ella la aprieta dos veces, de la forma en que lo hizo en nuestro primer día de escuela secundaria en el coche cuando estaba nerviosa. De la forma en que siempre lo hace cuando las cosas llegan a ser un poco demasiado. Es su forma de decir Estoy aquí. Y luego, aún sosteniendo mi mano, me lleva lejos. Fuera de la pista de baile, a través del corredor, más allá de Cooper House, y fuera del recinto, donde me abre la puerta y me ayuda a entrar en Big Red. Es

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s贸lo cuando estamos saliendo de la zona de estacionamiento que empiezo a llorar.

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Acto 3 Perfect Dream


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Escena 1 Traducido por Júls Corregido por Nepbell

Me levanto antes de la alarma. Toda la noche, toda la semana, no estoy realmente segura de que haya estado durmiendo. He estado dentro y fuera de la conciencia, deseando que algo cambiara pero sabiendo que no lo haría. Me duele el pecho, ¿o es mi corazón? Es difícil de decir. La gente siempre está diciendo el término “corazón roto”, pero esto es físicamente doloroso. Me quedo tumbada en mi cama, esperando a que suene la alarma, presionando mis manos contra mi corazón, como si al aplicar la suficiente presión, pudiera mantener las piezas sin separarse.

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—Charlie está aquí. —me llama mi madre. Terriblemente temprano, de nuevo. Excepto que cuando echo un vistazo al reloj, veo que son las 7:10. Llegamos tarde. No tengo ni idea si mi alarma sonó. Tal vez ni siquiera la puse. —Ya voy, —salto de la cama y me pongo los vaqueros de ayer. Me visto con una camiseta blanca y una chaqueta de punto azul que cuelga sobre la silla de mi escritorio. He estado evitando las llamadas y los mensajes de Charlie. También los de Olivia. No sé qué decirles realmente, y no me siento con ganas de escuchar que lo sienten por mí. Especialmente desde que no he tenido noticias de Rob. Él no ha llamado o ni pasado por aquí. Lo que me hace sentir que no se disculpará, porque lo que pasó el viernes es solo el principio de algo más. La peor parte es que ni siquiera estoy segura de si fue a su casa este fin de semana. Me quedé toda la noche del viernes, hasta casi la mañana, esperando a verlo entrar. Nunca lo hizo. Ningún neumático sobre la grava. Ninguna luz en su dormitorio. Nada. —¿Todo bien? —me pregunta mamá cuando entro en la cocina. Sé que probablemente me vea como un desastre. No me he lavado el pelo desde

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el viernes, y ni siquiera me molesté en intentar encontrar mi bolsa de maquillaje esta mañana. —Sí —le digo. —¿Está segura? Has estado muy silenciosa. —ella pone las manos en sus caderas y me enfrenta, como hace cuando sabe que no estoy diciendo toda la verdad. Me sorprende que incluso se haya dado cuenta. Ella y mi padre se han quedado susurrando en el estudio la mayor parte del fin de semana. Aclaro mi voz y le doy un rápido beso en la mejilla—. No te preocupes.

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—¿Qué soy yo, hígado picado?9 —mi padre está sentado en la mesa de la cocina, y golpea su mejilla con el dedo índice. Me acerco a él, y me atrae en un abrazo.— Destrózalos, galletita. —me susurra. No hay ninguna razón por la cual él dijera esto hoy, pero aun así no me sorprende. Él siempre sabe cuando hay algo que no va bien, y de qué forma hacerlo mejor. Y hoy, más que ningún otro momento, me gustaría volver a ser niña, cuando mi padre me llamaba galletita y todo se podía volver atrás y borrar lo que estaba mal. En su lugar pongo una sonrisa, robo un sorbo del café de mi padre, y salgo corriendo al coche de Charlie. Olivia se encuentra en la parte de atrás, los brazos rodeando el asiento delantero. Dos veces en una semana. Definitivamente hemos alcanzado un nuevo record. —Hey —saludo—. Siento llegar tarde. —deslizo el cinturón de seguridad y escucho el clic en su lugar. Tal vez si actúo normal, la gente me seguirá el juego. —¿Cómo estás? —pregunta Charlie. Ella se vuelve hacia mí con esa expresión grave, sus rasgos tensos. Esperaba que ella me regañara por no haber contestado los mensajes durante esta semana, o al menos por haber llegado tarde esta mañana, pero solo si fuera ella, y no está actuando como tal. —Um, bien. ¿Vamos? Charlie mira hacia Olivia. —Es un idiota. —dice Olivia. —Ella una perra. —dice Charlie. What am I, chopped liver? es una expresión que se utiliza para expresar frustración o enfado. Obviamente, en este contexto, es una frustración falsa. 9

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Me encojo de hombros. —Está bien. —No está bien. —dice Charlie. Ella tiene ese tono que usa con Jake cuando están a punto de entrar en una discusión. De pronto tengo el deseo intenso de aporrear el coche para salir. Para volver de nuevo a mí casa, acurrucarme bajo mis sabanas, y simplemente nunca salir. —No es como si fuera mi novio ni nada. —le digo. —¿Qué? —interviene Olivia—. Eso no lo hace justo. —Es verdad. —le digo—. No estábamos juntos, juntos. Y ella era su cita y eso… —mi voz se apaga y miro por la ventana. Estamos saliendo de mi camino de entrada. En el espejo retrovisor puedo ver a mis padres en la puerta delantera. Mantengo los ojos fijos en mi casa mientras nos alejamos. No miro a la izquierda, hacia la de Rob. —Quiero decir, pensé que era una perra por preguntar sobre ir con él — dice Olivia—. Pero esto ya es demasiado. ¿Besarle? Es tu prima. ¿Se besaron?

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—Somos conscientes. —dice Charlie. Puedo sentir su mirada en mí, pero yo mantengo los ojos pegados en los árboles que pasamos. Por supuesto que se besaron. Ellos estaban prácticamente pegados cuando nos fuimos. Pero el pensamiento de sus labios en los de ella me hace sentir como si alguien estuviera tratando de sacar mí estomago y empujarlo por mi garganta. —Está bien. —me fuerzo a decir—. De verdad. Ninguna de nosotras dice mucho más después de eso. Nos dirigimos en silencio, la música sonando de manera constante por el estéreo. Algo bajo y sordo que no reconozco. Cuando Charlie rompió con Matt, su novio de segundo año y el primer hombre con el que durmió, fue malo. Escuchó canciones cutres de amor de R&B en modo repetición durante una semana. Y ella ni siquiera le amó, no lo creo. Una vez, ella dijo que le gustaba que quisiera ser médico, pero esa fue la única vez que ella habló de algo más, aparte del hecho de cómo se veía en un suéter. La verdad es que me siento humillada y traicionada. ¿Cómo pudo Rob estar allí de pie, abrazándola, cuando solo un par de noches atrás me estaba sujetando? Toda la escuela los vio juntos, bailando y besándose, ¿y ahora yo qué? ¿La conexión de ayer? ¿La idiota que cree que su

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mejor amigo quería ser su novio? ¿Y quien confió en que su prima quería ser su amiga, en vez de una traidora? Cuando llegamos a la parte superior, me fuerzo por no mirar hacia el coche de Rob. No quiero verlo. Me temo que si lo hago, no solo voy a desmoronarme, sino rogarle que cambie de opinión, o decirle que le eliminaré de mi vida para siempre. Quiero que se vaya, pero también le quiero aquí. Esa es la peor parte. El hecho de que quiero que él haga esto mejor. Eso es lo que yo necesito para mejorar. Él es el único que puede arreglarlo. Siempre que hay un problema, Rob es el que lo soluciona. Le necesito para manejar esto también. Para llamarse a sí mismo idiota, tal vez incluso darse un puñetazo en la cara, y luego arrastrarse de nuevo hacia mí. Olivia hace un movimiento con la cabeza hacia Ben, que ha llevado su coche y ahora está esperando por ella, pero Charlie coge su mochila MIAMI y las tres hacemos nuestro camino hacia la asamblea con Ben siguiendo nuestros pasos.

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Pero llegamos tarde, por supuesto, por mi culpa, lo que significa que la asamblea ya ha empezado y no hay ningún sitio sénior para que consigamos. De hecho, tenemos que sentarnos en las gradas. Nunca hemos estado aquí, ni una vez, y todas las cosas que están mal se congelan sobre el hecho de que no tengo sitio. Que he sido expulsada de toda mi vida. Veo a Rob en su lugar habitual al otro lado, y mi estomago se retuerce, creo que voy a vomitar. Me odio a mi misma por seguir creyendo que es perfecto. Vaqueros y una camiseta verde, esa que tiene un árbol en ella que tanto me gusta, y por un segundo creo que tal vez se la ha puesto para mí, cuando él recogía la ropa esta mañana la vio y pensó en mí. Que él quería llevarla cuando me dijera que lo de la noche del viernes fue un error, que solo esta complaciendo a Juliet, y preguntaría donde desaparecí después del baile. Pero entonces se que nunca pasará, porque sentada a su lado, con una falda negra y una camiseta rosa caramelo, está Juliet. Charlie pone su brazo sobre mi hombro. Olivia está en el otro lado, con los brazos cruzados, y Ben detrás de ella. Me están flaqueando, como piezas de armadura humana. Rob no me puede ver desde este ángulo, lo que lo hace peor que si pudiera, porque eso significa que puedo mirarle fijamente durante tanto tiempo como quiera. Él le susurra algo a ella, y ella se ríe, poniendo un dedo sobre sus labios para mantenerlo callado. Pero es en ese modo tan tierno que tienen las chicas que indican a todo el mundo que no es

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realmente lo que quieren. Que ella quiere que él la moleste en cualquier momento. Ese es un movimiento definitivo. Está apoyado tan cerca de ella que me lleva todo mi esfuerzo no correr hacia ellos y apartarlos de un tirón. Y una parte de mi quiere. Una parte de mi quiere luchar. Decirle que me recoja. Suplicarle que deje de hacer lo que está haciendo, borrar los últimos tres días, y volver a empezar. Pero ya me estoy desvaneciendo en mi interior, como una casa en un espejo retrovisor. Puedo sentir como me vuelvo cada vez más pequeña, reduciéndome, de modo que cuando el Sr. Johnson dice—. Tened un buen día, para todo el mundo. —Creo que podría haber desaparecido. Y luego la asamblea ha terminado y los estudiantes cogen sus mochilas y bajan de las gradas. Empezamos a recibir pisotones y empujones. Olivia grita “¡Owww!” presionando la espalda contra la multitud, pero yo me dejo llevar. Me siento como una piedra en un río, pequeña, suave y hundiéndose. Ni siquiera tengo la fuerza suficiente para mantenerme, sin embargo. Me dejo llevar adelante por la gravedad.

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Alguien pone su mano sobre mi hombro, y me doy la vuelta. Es Charlie, quien hunde su barbilla en mi pelo y me susurra—. Ella se ha rebajado mucho. No te preocupes. —Me gustaría que realmente pudiéramos hacer algo para solucionar esto. Ese destierro de Juliet los mantendrá apartados de alguna forma. Más que eso, sin embargo, me gustaría que esto no estuviera sucediendo. De que ella nunca lo hubiera invitado. De que él nunca hubiera dicho sí. Y que no me hubiera llevado tanto tiempo darme cuenta que yo era con quien él quería estar. —Está bien. —digo. —No está bien. —dice Charlie de nuevo. —Escucha, voy a llegar tarde a cálculo. —Me alejo de su sujeción—. ¿Te busco en el almuerzo? —Está bien. —Dice Charlie, pero ella ha entrecerrado los ojos hacia mí, intentando leer mi cara—. Y, Rosie —dice ella. El sonido de mi apodo me sobresalta. Rob es el único que normalmente me llama así. —¿Si? —Va a estar bien. —lo dice con firmeza, como si estuviera tratando de convencerse a sí misma a la vez que a mí.

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—Lo sé. —digo, pero no es cierto. Por primera vez siento que nada va a estar bien. Como si algo fuera muy, muy mal. Que el curso de las cosas, el orden natural, ha sido manipulado. Al andar hacia clase de mates, no puedo dejar de pensar, que no se suponía que esto fuera así. El día transcurre dolorosamente lento, como si estuviera arrastrándose por los talones. Todo parece pasar a cámara lenta, como si yo estuviera cayendo de espaldas, excepto que nunca me caigo al suelo. Me pregunto si así es como será de ahora en adelante. Si estaré atascada en la escuela secundaria para siempre. Biología es incluso peor que la semana pasada. La Sra. Barch nos hace un examen sorpresa al comienzo del trimestre de algo que no me he leído porque he estado deprimida en mi habitación todo el fin de semana como si alguien hubiera muerto.

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Literalmente, no se la respuesta ni de una sola de estas preguntas. Estoy sentada entre Lauren, que se inclina con atención, escribiendo metódicamente las respuestas, y Len, que está escribiendo animadamente, como si estuviera tratando de molestarme. Me siento más allá que patética. Incluso el joker de la clase está manejando esta cosa. Lo peor de todo es que después de que hayamos terminado, la Sra. Barch nos hace realizar otros exámenes mientras corre hacer un recado. Como es una clase aplicativa, se supone que debemos “usar nuestro sentido de la responsabilidad” mientras ella está fuera. Por supuesto, ya que mi compañero de laboratorio es Len, tenemos que cambiar los exámenes. Él me da una sonrisa torcida y se frota las manos—. Entrégalo, Rosaline. Me arroja el suyo, como si fuera Charlie pasándome una botella de agua con gas en el almuerzo. Lo reviso. Estoy sorprendida al ver que tiene una letra clara y limpia y que sus problemas parecen estar bastante organizados. —¿Desde cuándo levantándolo.

demuestras

tal

iniciativa?

—le

pregunto,

Se encoge de hombros—. Me apetecía estudiar este fin de semana. —Así es. Claro. Simplemente te apetecía. Él sonríe—. ¿Por qué tan triste?

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—La Sra. Barch está arruinando mi vida —murmuro. —No está tan mal —dice él, golpeándome la espalda—. ¿Sabes que dirige Drama? —¿Por qué eso es relevante? Él hace una mueca como de, ¡Caramba!, y levanta sus manos—. Obtienes puntos extra si ayudas en una de sus obras. —¿Para bio? Len asiente—. Entonces, ¿vas a darme esa cosa? —hace un gesto hacia la prueba que sigo escondiendo cuidadosamente debajo de mi codo. —Yo no… —empiezo, pero no estoy segura de que decir, así que me doy por vencida y se la doy. Silba—. No sabía que tuvieras esto en ti. —¿Me estas tomando el pelo? —siseó—. No pude responder ni a una pregunta.

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—Lo veo. —dice—. Valiente. —Nada valiente. Incompetente. —Relájate. —dice—. Solo es una prueba, no los malditos SAT. —¿Relajarme? —Le digo, mi cara roja por la frustración—. ¿Sabes que estas pruebas son el 20% de nuestra nota? Si obtengo una F en este, significa que incluso si saco A en el resto, eso significa que incluso si tiro incluso como el resto, las posibilidades de conseguir solo un B incluso con el esfuerzo por el resto del trimestre es muy probable. Y un B es un 3.0. ¿Sabes la media de entrada en Stanford? Un 4,3. —Respira. Exhalo y doblo la cabeza hacia abajo sobre mi mesa, golpeando la madera con mi frente. Cuando miro hacia arriba, Len está sonriendo. —Eres tan dramática. —dice—. A mi modo de ver, no es una gran cosa. Pero si significa tanto para ti, está bien. Coge su examen de mi mano y borra su nombre, poniendo el mío en su lugar. Luego coge mi examen, borrando el mío y escribiendo el suyo. —¿Podrías enfriar ya la histeria? —dice—. Porque este ataque de pánico ha estropeado mi Lunes.

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Mi boca cuelga abierta mientras pone “cien” en un cuestionario y “cero” en el otro, y coloca los dos en las manos de Lauren para que los pase hacia delante. —¿Qué has hecho? Él pone su mano en mi hombro—. Ayudar a un compañero de clase. Revolucionario, lo sé. —Acabas de hacer trampas. Mira detrás de él—. No puedo tomarme un descanso por aquí. —Obtendrás una F. —¿Y? —¿No te importa? —No realmente. —Ese es tu problema —le digo, la ira hirviendo en mi garganta.

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—¿Mi problema? —No te importa nada. —Corrección. No me importa nada que no sea importante. —Pero te acabo de explicar… Len levanta la mano—. Estas nerviosa por Stanford, o lo que sea. Todo lo que digo es que en la vida hay más que obsesionarse con pruebas. —Entiendo. Soy tonta. Solo una de aquellas personas de A con las que tienes que trabajar. Simplemente no puedo creer que hayas ido tan lejos para demostrarlo. Len se ríe—. Debes haber tenido un fin de semana muy difícil. Suenas como una loca. Inhalo—. Lo tuve. —Mira, ese tipo es un idiota. —¿Rob? —No, Espartaco. Claro que Rob. Parpadeo. No estoy segura de que decir. Afortunadamente, la campana suena antes de que tenga que responder.

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—No te preocupes por el examen. —dice Len, guardando su cuaderno en su mochila vacía—. Nos vemos mañana. Estoy soplando mi nariz, dejando Bio, cuando Rob me agarra del codo. —Tengo que hablar contigo. Len está delante de mí y por un breve momento le veo echar un vistazo a la mano de Rob en mi brazo. Pero entonces el empieza a andar hacia clase de Matemáticas. Estoy tan derrotada por el examen y sorprendida por la presencia de Rob que lo dejo arrastrarme hacia la Cooper House. Hasta que estamos frente a frente, solos, no me alejo. —Mira —dice un par de veces, luego suspira, y vuelve a empezar de nuevo—. La cosa es que… —dice— no esperaba que esto sucediera. —¿Qué? —pregunto. Los dos sabemos el que, pero es importante aclararlo. —Ella —dice—. Ya sabes, Juliet.

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—No me importa —le digo. No quiero que él vea que estoy molesta. Me muerdo el labio inferior y fuerzo a mi voz a sonar firme. —Si importa. La cosa es que yo no esperaba enamorarme de ella. Pero hay algo en ella. Me siento bien. No digo nada, porque el hecho de que el dijera “enamorarme” en vez de “conocerla” ha enviado a mi corazón romperse. Es como si alguien hubiera clavado la punta del lápiz en el centro. —Es como el destino, o la suerte, o algo así. —continua. —No crees en el destino. Rob inspira y me mira—. Me preocupo por ti, Rosie. Sabes que lo hago. Somos amigos. Mejores amigos. El sonido de la palabra me hace caer. Amigos. Eso es lo que me he estado diciendo por años, lo que he estado tratando de convencerme durante estos meses. Él fue el que me dijo que yo era hermosa, quien me invito a salir, quien me besó. Él fue el que puso esto en marcha, y ahora que estoy aquí, realmente quería estar con él, quería volver a atrás. —¿Lo somos? Eso es nuevo para mí. —Parece sorprendido. Incluso dolido. Bien, que lo esté—. En lo que a mí respecta ya no somos amigos.

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—Pero… —él mueve los brazos alrededor y se agarra los codos—. ¿Rosie? —Lo digo en serio. —le digo. Estoy luchando por contener las lágrimas. Sé que tengo que salir antes de perder la calma—. Has hecho tu elección. Vive con ella. Me doy la vuelta y me marcho. Camino hasta el punto en el que empiezo a correr. Y corro hasta que ya hago un sprint. Paso la Cooper House, las clases de matemáticas y todo el campo de fútbol. No me detengo hasta que estoy al borde del campus. Entonces me siento y por lo que parece la millonésima vez en las últimas horas, me permito llorar.

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Escena 2 Traducido por Júls Corregido por Aldebarám

―Así que vamos a ir a Malibú este fin de semana ―dice Charlie. Ella tiene la carpeta de tres anillos de Lauren, los que utiliza para SAC, y los está girando. Estamos en la habitación de Olivia, con una gigantesca caja de Twizzlers10 entre nosotras. Después de que me sobrepuse de post-bio y haberles contado lo que había sucedido, Charlie sugirió saltarnos el sexto y séptimo periodo e irnos temprano. Por lo general, no estaría dentro de esto, dado el plan Stanford, pero hoy parece tener sentido.

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Olivia, de costumbre, no fue difícil de convencer. Ella no está preocupada por la universidad el próximo año, principalmente, debido a que su padrastro ha hecho algún trato con la USC, donde él les dona un edificio y ella consigue entrar. No es que Olivia sea una mala estudiante, es sólo que la escuela no es realmente su prioridad. No tiene por qué serlo. Olivia está de pie frente a su espejo probándose un top que consiguió el último fin de semana. Es morado con rayas blancas y marca sus pechos. ―Lindo ―digo. ―¿Charlie? ―Olivia pregunta. Ella se da la vuelta hacia un lado y mira seductoramente al espejo. ―Mmmm ―dice Charlie, sin mirar―. Chicas, en serio, creo que tenemos que ir.

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Twizzlers es una marca popular de caramelos con sabor a fruta en los Estados Unidos y en Canadá(muchas veces llamado caramelo de orozuz o regaliz). Son un producto de Y&S Candies, Inc., de Lancaster, Pensilvania, ahora subsidiario de The Hershey Company.

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―Le diré a Ben ―dice Olivia. Levanta su camisa por encima de su cabeza y se queda en sujetador. Es de color rosa y marrón con un arco en el centro. Estoy bastante segura de que su ropa interior coincide. Olivia siempre compra los conjuntos. Es lo suyo. Al igual que un niño de siete años, pero únicamente Charlie y yo lo sabemos. Y tal vez algunas chicas de la clase de gimnasia. ¿Ben? Charlie deja caer su carpeta y mira a Olivia. ―No creo que entiendas lo que está pasando aquí. ―¿Qué? ―pregunta Olivia. Sus manos están es sus caderas desnudas. ―Ben va a querer traer a Rob ―dice Charlie. Olivia menea la nariz y suspira. ―Vamos a decirle que no. ―No ―digo―. No quiero que piense que eso es un problema. No quiero que piense nada. Olivia sacude la cabeza. Charlie asiente con la cabeza.

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―Está bien. ―dice Charlie. Está hablando despacio ahora―. Se te permite sentirte totalmente estafada. ―Mira, no tenemos que hablar de esto. Como he dicho, nunca fue mi novio. Tuvimos una cita, eso es todo. ―Está bien ―dice Charlie, pero puedo asegurar que no está convencida. Charlie tiene un impecable detector de BS. Una vez ella pillo a Olivia abandonando nuestros planes de ir a ver “La chica de rosa” al Cine Independiente en el centro de la ciudad. Olivia dijo que tenía que ir al dentista, pero Charlie la pillo haciéndolo con el belga en su casa. Ella en realidad nos había hecho conducir hasta allí, para comprobarlo. Hablando en términos realistas, todo el mundo irá a Malibú de todos modos. Todo el mundo se entera de las fiestas de Olivia. Inevitablemente Jake se lo contara a John y Matt, que se lo dirán a Darcy, quien se lo contara a todo el mundo. Creo que fuimos como setenta y un juniors al final en su casa el año pasado. No creo que esta fiesta sea tan tranquila como aquella, pero Rob lo descubrirá de cualquier modo. La pregunta es si él realmente aparecerá o no. ―¿Crees que la traerá? ―pregunta Olivia. ―No lo sé ―dice Charlie―. ¿Están juntos?

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―Si ―digo―. Supongo que sí. ―Rob uso la palabra “destino”. Estoy bastante segura de que eso significa que se están planteando hacerlo oficial. Deslizo un Twizzler fuera de la envoltura y lo coloco en el extremo de mis dientes. ―Necesitamos nuevos trajes de baño ―dice Olivia, como si este fuera nuestro verdadero problema. El año pasado, los padres de Olivia nos llevaron a nosotras tres a Acapulco con su familia para las vacaciones de primavera. Ella se había ido de compras antes de nuestro viaje y fue armada con cinco trajes de baño nuevos de Lilly Pulitzer11. Del tipo de sobrecarga sensorial con el rosa neón. Cuando llegamos a casa, ella se lamentaba de cómo no lo había hecho con nadie durante todo aquel tiempo a pesar de que había un montón de chicos guapos en el hotel. ―Tal vez porque tenías elefantes verde eléctrico por todo el cuerpo ―había dicho Charlie. Olivia había fingido estar ofendida, pero no creo que esa fuera la razón, de todas formas. Creo que ella ya sentía algo por Ben.

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―Está bien ―dice Charlie―, pero creo que deberíamos centrarnos en el verdadero problema. ―Necesito un bikini negro nuevo ―Olivia esta revolviendo sus cajones ahora, cosas volando por todas partes. ―¿Lo cual es? ―pregunto. ―Que vamos a hacer con Julieta ―termina Charlie. ―Podríamos tirar papel higiénico por su casa ―dice Olivia. Está apoyada sobre sus manos y sus rodillas, pescando un bikini violeta de la parte inferior de su tocador. ―No tenemos doce años ―dice Charlie. Ella rueda los ojos hacia mí, y coge un Twizzler entre sus manos―. Tenemos que sacarla de aquí. ―¿Cómo hacer que deje la escuela? ―pregunta Olivia. ―Como hacer que se traslade de nuevo a Los Ángeles. Si ella no estuviera aquí, esto definitivamente no sería un problema. ―Tal vez ella dormiría con el Sr. Davis ―ofrece Olivia.

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―Acaban de despedirlo ―digo. No quiero seguir teniendo esta conversación, porque hacer regresar a Julieta no ayudara. No solucionara nada. ―Es cierto ―dice Charlie―. Pero en serio, Rose, déjalo ir. Esto no está bien. Tú no estás bien. ―Ella lanza un Twizzler hacia mí, y entonces se anima―. ¿Te acuerdas de cuando Fester empezó la escuela? ―¿Brittany? ―pregunta Olivia. Ella salta sobre la cama, y Charlie le da una mirada molesta. ―Sí. Se trasladó a mitad de segundo año y de inmediato probo en teatro ―dice Charlie. ―La Sra. Barch dirige drama ahora ―digo. Charlie me mira como si no tuviera ni idea de por qué lo sé, o por qué lo he dicho. ―De todos modos ―dice ella―. Se enamoró de Matt, ¿te acuerdas? Él estaba haciendo ese papel de Julia Roberts ―ella mueve su mano como si no lo recordara bien. ―¿Mi bella dama? ―pregunto.

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―Exacto. ―Ese no es de Julia Roberts ―dice Olivia. ―¿En serio? ―le pregunta Charlie. Olivia le da un codazo, y Charlie se encoge de hombros. ―De todos modos, él no estaba con ella. Nosotros estabamos saliendo. ―Ella nos mira a cada una para confirmar la información. Asentimos―. Ella se vino abajo por completo y casi deja la escuela ―dice ella, como si eso fuera un punto irrelevante ahora―. Sólo lo estoy diciendo. ―Sin embargo, a Rob le gusta Julieta. ―Olivia se muerde el labio y me mira―. No es lo mismo, ¿verdad? ―¿Y? ¿Crees que Rob tiene alguna idea de lo que está haciendo? Esta cegado por su pelo o algo así ―escupe Charlie. Instintivamente tiro mi cola de caballo por encima de mi hombro y paso mi mano a través de esta. No quiero que Julieta se desmorone, pero tampoco quiero que Rob este con ella. No quiero nada de esto. ―¿Sabes lo que quiero decir? ―dice Charlie en voz baja.

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―¿Qué sólo necesitamos conseguir que Rob rompa con ella? ―Las cejas de Olivia se fruncen, y está mirando a Charlie con una mezcla de confusión y algo más. Tristeza, tal vez, pero es difícil de decir.

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Escena 3 Traducido por Júls y lausodie Corregido por Nepbell

Para el viernes estoy de algún modo en las alas del auditorio con Len, ajustando bombillas. El miércoles, la Sra. Barch nos volvió a hacer un examen sorpresa y no dejé que Len cambiara nuestros exámenes. Obtuve un 68, por lo que en este momento necesito todos los puntos extras que pueda conseguir.

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Están interpretando Macbeth. Y estoy escondiéndome aquí con todos los frikis del teatro. Resulta que, además de ser la nueva novia de Rob, mi prima también es una actriz talentosa. Ella consiguió el papel de Lady MacBeth. La noticia de que ella solía ser actriz en Los Ángeles se difundió por toda la escuela rápidamente. Nada importante, solo algún primer capítulo y algún anuncio, pero si lo suficiente como para justificar una seria presencia en Internet. Charlie estaba convencida de que Juliet es la chica de las toallas de papel—. La que hace anuncios con un perro —dice ella. Olivia y yo sacudimos la cabeza—. Por dios, ¿nunca veis la tele, chicas? Lo buscamos. Charlie tiene razón. Juliet no solo es la chica de las toallitas de papel, si no que también es la chica Súper Soaker y la de la alergia. Gracias a un golpe de suerte, mi prima actriz y yo no compartimos ninguna clase juntas, por lo menos solo la veo entre clases y en el almuerzo. Y parece que ella y Rob comen fuera del campus la mayoría de veces, por lo que no ha sido un gran problema. Verla en escena me hace sentir cómoda. Como si estuviera vigilando. Igual es que por lo menos se, que en ese momento no está con Rob. El Belga también esta aquí. Él hace de Macbeth, lo que tiene sentido, por que la Sra. Barch esta obsesionada con el Belga. Creo que es porque, básicamente, él es lo más parecido a un británico que conseguirá alguna vez. Desde mi lugar en las alas puedo verla poniéndose sobre él, preguntándole si quiere un poco de agua y

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haciendo que Lucy Stern, su asistente estudiante de segundo año, fuera a buscarla para él. Ahora mismo, Juliet y el Belga se pasean por el escenario, dando vueltas alrededor de la Sra. Barch, quien sigue mirando su portapapeles y gritando cosas como “¡A la derecha!”. No sé mucho sobre la Sra. Barch fuera de la ciencia, pero estoy segura que ella no tiene experiencias anteriores en el teatro real. Lo cual es probablemente la razón por la que todo esto parece más una parodia que una obra de teatro real. —Hey, ¿un poco de ayuda por aquí? —Len está a mi lado, rebuscando en una caja de grapas grandes y mecánicas. —Lo siento. ¿Qué pasa? Me entrega una pinza y me da instrucciones para seguir manteniendo la luz encendida—. Ahí mismo. Bien.

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Él lo clava en su lugar y luego mueve la cabeza para que lo deje ir. Está oscuro en los lados y hace un poco de frío a pesar de que estamos a ochenta grados fuera y apenas es septiembre. Entrelazo mis brazos sobre mi pecho y miro como Len trabaja, con el ceño fruncido. —¿Por qué estás aquí? —pregunto. Él responde sin mirarme—. Porque gracias a ese examen tuyo, actualmente estoy tirando de una D en bio. Necesito también puntos. —Si, pero pensé que no te importaban las notas. Se endereza—. ¿Por qué no me dices por qué estoy aquí? Estoy seguro de que tu respuesta es mejor. Miro hacia abajo en el escenario—. Solo enséñame que hago. —He estado aquí un tiempo —dice—. Lo tengo. Me dejo caer en una silla de plástico y le miro—. Así que cuando no estás recibiendo balas en bio o tocando el piano, ¿eres parte del equipo del escenario? —¿Tocar el piano? Gracias a dios que está oscuro, por que mi cara se enrojece al instante. Puedo sentir el calor arrastrarse hasta mi cuello como si fuera agua que se levanta de la bañera. —Um, si. ¿No solías dar clases o algo así?

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Len se cruza de brazos. Esta oscuro pero puedo ver los bordes de una sonrisa—. Siguiéndome la pista, ¿Rosaline? —Ya quisieras. —No te preocupes, lo recuerdo. —dice y me entrega una cartulina roja— Toma eso. —¿En serio? —Puede ser. ¿Cómo me llamas tú? ¿Detestable? Pero no soy un idiota. —Veo pasar algo por su rostro. Como el fantasma de una sonrisa. —No quería decir… Quiero decir, no he dicho eso. Len parece estar divirtiéndose— ¿No? Debe haber sido alguna de tus secuaces —Coge la grapadora de metal y luego la vuelve a dejar—. Entonces, ¿qué paso? —pregunta. —No lo se. Simplemente dejé de tocar. Estaba ocupada con la escuela, y se me hizo difícil encontrar tiempo para tocar. Len niega con la cabeza—. No. No con el piano, con él.

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—Oh. —Me entretengo con la lente roja. Bajo la mano. Parece como si estuviera distorsionada, como si estuviera bajo uno de esos microscopios gigantes con los que acostumbraba a jugar cuando era pequeña, para ver los fallos—. No sé. —Aquí —Pone la lente fuera de mis manos y la desliza en las luces. Después las enciende. Inmediatamente, un espacio en el escenario se ilumina. Juliet se sobresalta, y maldice, mirando hacia arriba. —Es como jugar un poco a ser Dios. —le digo. —Así es. —me da una diapositiva verde y me ayuda a colocarla. Juliet vuelve a saltar. —Me gusta —digo. —Lo puedo ver. Lo tienes contra Lady Macbeth, ¿eh? Me encojo de hombros—. Es mi prima. Mueve de un tirón el foco amarillo cegador, y Juliet alza las manos en el aire—. En realidad no has respondido a mi pregunta,

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Len se queda inmóvil, mirándome. Se le ve diferente cuando no está ocupado molestándome. Me recuerda a una de esas esculturas de mármol que siempre estamos leyendo en clase de historia. Incluso su pelo se parece un poco al de David. ¿Quién hubiera imaginado que Len es de algún modo guapo? Encorvo los hombros y suelto un poco de aire por mis labios, haciendo tiempo—. Ella está bien —digo. —Convincente —dice Len, pero no se mueve. En el fondo, el Belga parece aburrido y da pequeños saltos como si estuviese escuchando música. En realidad lo está. Veo una pequeña serpiente de cable blanco que sube hasta sus orejas. Lleva puestos los auriculares de su iPod y cada vez que Mrs. Barch les grita algo, él mira a Juliet. Lo cual es una buena opción, porque ella parece estar tomándose esto increíblemente en serio. —Esto no parece auténtico —dice Juliet con las manos en sus caderas. —Estoy de acuerdo —dice Mrs. Barch. —Necesito más de ti.

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—¿De mí? —Sí —dice Mrs. Barch asintiendo. —No lo sientes. —Lo siento —dice bruscamente Juliet. —Ya he hecho este papel. Dos veces. —Bueno, nuestras producciones se acercan más al teatro comunitario que a una obra de instituto. —El teatro comunitario ni siquiera es bueno —dice Juliet, —esta es una obra de instituto. Yo he hecho anuncios. Mrs. Barch tiene una mirada en su cara que ya he visto antes. Es el peor tipo de déjà vu. En segundo año, cuando los estudiantes llegaban tarde a la clase de química, nos cerraba las puertas. Los laboratorios tienen puertas correderas de cristal, así que ella simplemente se quedaba allí, al otro lado, mirando a los estudiantes que llegaban tarde. Daba tanto miedo que las pocas veces que sabía que no llegaría a tiempo, directamente no iba. Juliet, sin embargo, le devuelve la mirada. Parece que se estén mandando rayos morales a través de los ojos. Sinceramente creo que están a punto de empezar una pelea de gatas allí mismo, en el

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auditorio, pero entonces Juliet parpadea y aparta la mirada. Rob acaba de entrar. Corre hacia él y le rodea el cuello con los brazos. Mrs. Barch parece aturullada y se acerca al Belga, que afirma y sonríe a lo que quiera que ella esté diciendo en voz baja. Sin embargo, ella no parece preocupada por su respuesta. Quizás cree que hay una barrera lingüística. Olivia estaba convencida de que él no sabía inglés durante las dos semanas que estuvieron saliendo. Cuando Charlie le preguntó cómo era posible que no lo supiese, ella simplemente se encogió de hombros y dijo: —En realidad no hablamos demasiado. Pero me gusta tanto su pelo… Dirijo una mirada a Rob y Juliet. Él la agarra como lo hacía en el Fall Back el viernes. Con delicadeza, pero firmeza a la vez. Como si ella fuese algo que puede romperse o escaparse. —Vale, Banquo. ¿Estás listo? —pregunta Mrs. Barch. —Sip —dice Rob, soltando a Juliet.

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—¿Banquo? —le susurró a Len, que sigue ahí de pie. - ¿Quién es Banquo? Él coge un guión del suelo y lo hojea. Entonces me lo pasa y señala un nombre. Genial, ¿así que él también está en la obra? Justo lo que necesitaba, verlos a los dos en el escenario durante dos meses. Mrs. Barch los ha colocado en sus posiciones, pero Rob no está prestando atención. Está mirando a Juliet. Parece incrédulo, suponiendo que acertase la palabra en los SAT. Como si no se creyese que ella esté ahí. Con él. Cuando Rob y yo estábamos en tercer grado, solíamos jugar a guerras de pulgares en el coche. Sus manos eran más grandes que las mías, así que siempre acababa ganando, pero solíamos discutir sobre si iba contra las reglas esconderse o no. Es decir, ¿tenía permitido doblar el pulgar hacia abajo, por detrás de mis dedos, para que él no pudiese atraparme? Los debates sobre el tema solían acabar con la madre de Rob comprándonos helado. Pero ahora mismo, sobre él, escondida en las alas, no podía evitar sentirme un poco como mi pulgar. Como si me estuviese escondiendo porque sé que en el momento en el que muestre, perderé. Y no estoy preparada para eso. —Eh, —dice Len —¿sigues aquí conmigo? Me vendría bien una mano.

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Parpadeo y lo miro. Están encendiendo las luces y es más fácil ver ahora, lo cual, afortunadamente para mí, le ayuda a darse cuenta de las lágrimas que se deslizan por mis mejillas. —Sí —digo, pasándome el reverso de la mano por la cara. Len aparta la mirada y la dirige hacia abajo, al escenario, como si me estuviese dando privacidad. —¿Qué pasa? —pregunta después de un minuto. No aparta los ojos de Rob y Juliet, pero algo en su pregunta me hizo sentir que estaba mirándome fijamente. Como si no pudiese mentirle porque ya había visto la verdad. —Tuvimos algo breve —susurro. — No funcionó. — Esperaba que la confesión me hiciese sentir peor, pero no es así. En realidad me hace sentir un pelín mejor. Como si me hubiese quitado un pequeño peso de encima. —Entonces él no era tu chico, —dice Len. Dirijo la mirada hacia él. Su mandíbula está fija, y él parece a gusto. Incluso un poco enfadado. Es inquietante.

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—Supongo —digo. Len sacude la cabeza. —No lo entiendes, —dice. —Si él se apartó de ti, y se fue hacia ella, entonces no era para ti. —¿Cómo lo sabes? —digo. —¿Y si lo era y todo se estropeó? Len sonrió con suficiencia. —No funciona así. —¿En serio? —digo. — ¿Cómo funciona entonces? Ilumíname. Len suspira, como si estuviese frustrado. —Mira, no sé cómo decirlo de otra forma. Tú no tienes que preocuparte por algún tonto enamorándose de ti. Tú eres tú. —Exacto, —digo. Yo soy yo. Rose Caplet. Pelo castaño y liso, ojos marrones, e hija de un profesor de historia, no de un senador. No salgo en las portadas de las revistas, y no hago anuncios sobre la alergia. Ni siquiera conduzco.

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Len se gira hacia mí, y me está mirando tan intensamente que creo que me ha succionado todo el aire de los pulmones. De repente siento que no puedo respirar. —A veces —empieza, —la parte más difícil de dejar ir a alguien es darse cuenta de que no era para ti. Sus palabras se quedaron suspendidas en el aire mientras Mrs. Barch deja salir a los actores abajo. Les advierte que revisen sus actos antes del próximo ensayo. Juliet parece irritada. El Belga simplemente encoge los hombros. Rob no parece oír nada, simplemente mira a Juliet. Yo mientras pienso en lo que Len acaba de decir, en que se equivoca completamente. Rob y yo estábamos hechos el uno para el otro. No se trataba de dejarlo ir, sino de volver a poner las cosas en su sitio. De arreglar lo que quiera que se estropeó completamente cuando Juliet puso un pie en este campus. Entonces, como si no tuviese ninguna importancia, Len se estira.

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—Parece que nuestro trabajo aquí se ha acabado. —Mira hacia abajo por donde Rob y Juliet salen del auditorio, cogidos de la mano. — ¿Algún plan para el fin de semana? — me pregunta. —No —miento. Vamos a ir a Malibú. De hecho, nuestras cosas están ya preparadas y nos vamos en cuanto acabe el ensayo, pero no puedo decírselo a Len. Charlie me mataría si lo invitase. Tampoco creo que él quisiese ir. Además de Dorothy y Brittany, no estoy segura de con quién va, pero algo me dice que pasar el fin de semana con Charlie, Olivia y conmigo no es una prioridad en su lista. —Deberías hacer alguno. —Coge su mochila por el asa. —No dejes que un tío se ponga en el camino. Un tío. Claro. Pienso en explicárselo a Len. Que Rob no es un tío. Que no soy el tipo de chica que llora por los chicos. Que esto es distinto. Que él era el único. Pero eso suena ridículo incluso en mi cabeza, así que sé cómo sonará cuando salga de mi boca. Al decírselo a Len. —Nos vemos, —dice, y entonces se cuelga la mochila al hombro y se dirige hacia las escaleras antes de que pueda decir adiós. —¿Dónde has estaaado? —pregunta Olivia cuando me reúno con ellas. Ella está apoyada contra el coche y Charlie está dentro, en el asiento delantero.

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Charlie lleva las gafas de sol puestas aunque esté completamente nublado. La pista de que está enfadada y preocupada por algo. Probablemente porque llego tarde. He ido a dejar mis libros en la taquilla después del ensayo, pero no me he retrasado más de cinco minutos, y les avisé de que posiblemente tendríamos ensayo. —Olivia resopla, y yo me siento en el asiento de atrás. —Hola, —le digo a Olivia, dándole un toquecito en el hombro. —Jake lleva a Big Red, —dice. —Se reunirán con nosotros cuando vuelvan de surfear. —Se gira y se levanta las gafas. Lleva la cara llena de manchas. —He visto a Rob irse con ellos. Olivia por lo visto no ha oído nada de esto, porque se gira y me pone la mano en la rodilla, justo donde me tocó Rob la otra noche después de cenar. Me hace saltar en el asiento. —Lo siento, —dice Charlie. —Estoy tan enfadada con él, joder.

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Charlie casi nunca dice palabrotas. Una de sus teorías es que la gente te respeta menos si dices palabrotas. Además, razona, de esta forma cuando usas una palabrota, ¡bam!, es como un disparo. Todo el mundo escucha. A Charlie le encanta que todo el mundo le escuche. —Al menos Juliet no estará allí —susurro entre dientes. —Eso mismo pensaba yo, —dice Charlie. Se le está yendo el rojo del cuello, y mira a Olivia y deja salir un largo suspiro. —También podríamos llamar a Jake y cancelarlo, pero puede que Rob necesite algo de tiempo con nosotras para darse cuenta de que es un idiota. Y podemos llevar a cabo el Proyecto Librarse de Juliet. —Los chicos con estúpidos —dice Olivia, como si su contribución fuese una gran revelación. —Rob te echa de menos. Estoy segura. Puede que lo de Juliet sea sólo una fase. Como cuando Jake decidió que le gustaba la franela, —dice Charlie. Olivia arruga la nariz y arranca el coche. —¿Deberíamos pasar a por unos bagels por el camino? —pregunta Charlie. —Me he adelantado. —Olivia estira el brazo hacia atrás y coge una bolsa de Grandma’s. La menea delante de la cara de Charlie.

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—Olivia Diamond, te adoro, —dice Charlie, arrancándosela de las manos. Yo me echo hacia atrás cuando el coche sale del parking. ¿Y si Charlie tiene razón? Quiero decir, es una posibilidad remota, y lo sé. Pero ¿y si un tiempo alejados es lo que necesita para darse cuenta de su error? Nosotros tenemos una historia importante. No puedes tirar todo eso a la basura por un capricho. Y debe echarme de menos. Sé que lo hace. Yo sigo abriendo mi móvil para mandarle un mensaje o entrando al correo cuando pasa algo gracioso. Es como si el mundo entero estuviese compuesto de nuestras bromas internas. Todo me recuerda a él. Incluso simplemente ver el buzón esta mañana me ha hecho pensar en cuando, en sexto grado, nos escabullimos en medio de la noche para cambiar nuestros buzones. Pensamos que sería una broma para nuestros padres. Sin embargo, acabamos rompiendo los dos, y tuvimos que usar cuatro meses de nuestras pagas para comprar unos nuevos.

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El queso a la plancha me recuerda a aquella vez que intentamos hacer un poco con mi plancha del pelo. Las clases de matemáticas me hacen pensar en la primavera pasada, cuando Rob juró que había ayudado a Mr. Stetzler a elegir unas Converse en Foot Locker. Mi habitación me recuerda a ver DVDs juntos. Incluso mis padres me recuerdan a Rob. Como si todo el mundo me reflejase su imagen en cada superficie. Él también debe estar viéndome… ¿Cómo podría no hacerlo? —Música, por favor, —dice Charlie, colocando la palma de su mano hacia arriba como si estuviese esperando a que le chocase los cinco. Veo el iPod de Olivia en el asiento al lado de mí y se lo paso. Pone “Stop! In the name of love”, y empezamos a cantar en voz alta. Cuando éramos más pequeñas, Juliet y yo preparábamos actuaciones en el salón para nuestros padres. Nos poníamos los vestidos de cóctel de mi padre, los viejos de sus días en Hollywood, y los reuníamos a todos. A mí siempre me acababa entrando la vergüenza justo antes y a Juliet le tocaba cantar todo sola. Al pensar ahora en eso, parece que sea una persona distinta. La Juliet que conocía no está aquí ahora. Ella nunca haría esto. —¿Puedo contaros algo? —pregunta Olivia. Baja el volumen de la música y Charlie hace un sonido como si se ahogase en incredulidad. —Calma, querida, —dice Charlie. —Ha quitado el volumen cuando sonaban The Supremes. Olivia frunce el ceño y Charlie levanta las manos.

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—Vale, vale —dice como disculpándose. —¿Qué es lo que pasa? —Me gusta mucho Ben. —Mira a Charlie, que pone los ojos en blanco. —Ya lo sabemos, —dice Charlie. —Estás loca por mi inmensamente patético hermano. ¿Y qué? —¿Podrías fingir que no es tu hermano un segundo? —¿Cómo crees que sobrevivo cada día? Olivia me mira como si no estuviese segura de si Charlie está bromeando. —Está bien, — digo. —Suéltalo. —Creo que estoy lista, —dice Olivia. — No este fin de semana ni nada. Pero quiero hacerlo con él. Charlie muestra su oposición en el asiento delantero, levantándose las gafas y colocándolas en su cabeza. —¿En serio?

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—Sí, —dice Olivia. La mira un poco orgullosa de sí misma. —Sé lo que dije sobre la universidad y todo eso. —Olvida la universidad, —dice Charlie, sacudiendo la mano con gesto despectivo. Sólo digo que Ben es virgen por algo. —Charlie se gira para mirarme. —El tío se ha leído Moby Dick entero, como, cuatro veces. —Es tan raro… - dice Olivia. —Nunca pensé que sería él. —Suena soñadora y distante, como si no estuviese hablándonos a nosotras en concreto. No puedo creer lo ridículo que es que hace una semana yo pensase que estaba lista, que Rob era el único. Parece casi imposible, todo ha cambiado mucho. —Vale, —dice Charlie levantando las cejas. —Mira, él te gusta. Yo te quiero. Así que me parece bien. Pero no te voy a dar pistas. Eso es asqueroso. —¡Pero tienes que hacerlo! —dice Olivia. Sale de su estado y le da una cachetada a Charlie, que está en el asiento de al lado. —¿A quién más le voy a preguntar? Tiene razón, por supuesto, pero algo en su forma de decirlo me hace echarme hacia atrás en mi asiento. No estoy celosa exactamente. No

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quiero estar con Ben, y sé que Olivia ha estado esperando a la persona adecuada y todo eso. Me alegro por ella. Es mi amiga y la quiero. Por supuesto que me alegro por ella. Pero es otra cosa que Charlie y Olivia tendrán y yo no. Ellas ya son asquerosamente guapas, y tienen novios que no se van corriendo detrás de otras chicas. ¿Es mucho pedir que no me dejen atrás en esto también? Parece que esté en el campo opuesto a todos los demás, y cuanto más tiempo pasa, más grande es la distancia entre nosotros, como si fuésemos icebergs distanciándose en el polo norte. No puedo dejar de pensar en ese capítulo súper deprimente de Planeta Tierra con los osos polares. En el que el hielo se parte y el pobre oso se queda solo en el mar. Es suficiente para hacerme querer llorar en el deportivo de Olivia. —¿Recuerdas esos libros de Elige Tu Propia Aventura? —dice Olivia. —No te pongas metafórica ahora, O. Es sólo sexo. Usa tus palabras, — dice Charlie. —Noooo,—dice Olvia arrastrando la o. — No es eso lo que quiero decir.

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—Lo que tú digas, —contesta Charlie. —¿Podemos, por favor, volver a poner la música? —Se inclina hacia delante y el cinturón le da un golpe en la espalda. —Eso es el karma, —dice Olivia, sonriéndole. —Yo los leía, —digo. Y me inclino hacia adelante. —Pero siempre los saltaba hasta el final. —Todo el mundo los saltaba hasta el final, —dice Charlie mientras se pelea con la correa sacudiendo los brazos. —Yo no, —dice Olivia. —Me daba pena terminarlos porque entonces no había más sorpresas. —Niña rara, —dice Charlie. Al final consigue liberarse. —Pero ya no puedo escuchar más viejos éxitos. Olivia gira la mano diciendo “como quieras”, y Charlie conecta su propio iPod. —El caso es que estaba pensando en esos libros porque le estaba leyendo uno a Drew. Y es más o menos como la vida, ¿sabéis? Una decisión que te lleva a un capítulo completamente distinto. —Eso es muy profundo, —dice Charlie.

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—Cállate, —dice Olivia, dando golpes al volante con el puño. —Lo digo en serio. —Te entiendo, —digo. —Es completamente cierto. Un momento puede cambiarlo todo. Charlie me dedica una sonrisa incómoda y mueve la nariz. —Si pudieseis saber cómo será vuestra vida entera ahora, es decir, si pudieseis saltar hasta el final, ¿lo haríais? —Olivia mira a Charlie y luego a mí. —Claro que no —dice Charlie. —Me angustiaría saber que Jake nunca se espabilará. Además, ¿y si no entro a Middlebury? Preferiría esperar. —Yo creo que elegiría saberlo —digo. —Me gustaría estar preparada. Olivia asiente y la canción acaba.

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Me gustaría saberlo. Quiero saberlo. Si lo supiese, quizás podría hacer que pasase antes. Si tuviese alguna idea de lo que está pasando en la cabeza de Rob y cómo acabará todo, podría actuar en consecuencia. Podría pasar página, o esperar. No estaría atrapada en medio, sintiéndome tan completamente inútil. El resto del viaje transcurre sin incidentes. Charlie habla sobre si queremos o no, quedarnos el sábado por la noche también, pero no nos ponemos de acuerdo. La casa de Olivia está justo al lado del agua. Es parte del Malibú Colony, esta comunidad súper exclusiva que está llena de estrellas de cine. Sus vecinos eran Zac y Vanessa antes de que rompiesen. Hay una piscina en la parte trasera, en una plataforma que da a parar a la playa. Todo el sitio está decorado en un millón de tonos de blanco y beige, y hay fotos en blanco y negro de Olivia y sus hermanos pequeños en las pareces, y grandes bols de cristal de conchas en las mesas de café. Su casa parece el “después” de uno de esos programas que arreglan casas. Somos las primeras en llegar. Los chicos probablemente pararon en un In-N-Out Burger de camino, después del surf. Me alivia que no vayan a estar aquí por un tiempo. Sólo pensar en ver a Rob fuera del instituto hace que se me encoja el estómago. No sé cómo será cuando ocurra de verdad. La casa está llena de brisa del mar, fresca y salada; casi se puede saborear. Charlie y yo nos descalzamos y corremos hacia la arena. El

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tramo de playa de Olivia es largo, y algunos de mis recuerdos favoritos de los últimos cuatro años son despertar, todavía ligeramente adormiladas, y pasear con un suéter y tazas de café humeantes por la orilla. —¡Esperadme! – grita Olivia. Ya se ha puesto su traje de baño, un bikini negro con caballos de polo de colores. Las tres bajamos hasta la arena de la playa. La niebla se ha levantado y ahora está soleado. Cierro los ojos y me echo sobre la espalda. La calidez es agradable y por primera vez desde el viernes pasado pienso que quizás las cosas se arreglen. El entorno familiar y la promesa de todos pasando tiempo juntos me tranquilizan. Rob entrará en razón. Lo arreglaremos. Ese tiene que ser el final de la historia.

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Escena 4 Traducido por Maia8 Corregido por Neptbel

Charlie está borracha. Hemos estado tomando chupitos de vodka en la piscina de Olivia durante la última hora, bajándolos con Coca—Cola Light caliente con limón.

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Yo pondría el recuento de Charlie y de Olivia en algún lugar alrededor de las cinco. He estado demasiado nerviosa para tomar más de dos tragos, uno y medio si se cuenta el hecho de que que tiré la mayor parte del segundo cuando nadie estaba mirando. Sé que técnicamente el alcohol te relaja, pero no quiero estar tonto para cuando Rob llegue. Si hemos de tener una conversación seria, quiero ser capaz de tenerla. Coherentemente. Charlie lleva una camiseta sin mangas blanca, una falda vaquera y dorados aretes que pidió prestados del baño de la mamá de Olivia. La familia de Olivia tiene armarios completos allí, aunque Olivia dice que no puede recordar la última vez que sus familiares bajaron. Olivia se encueuentra todavía en su bikini, pero tiene un pañuelo de color púrpura sobre él. Yo uso pareo desde que estaba en séptimo grado. Es uno de esos de algodón de American Eagle Outfitters que Charlie odia.Ella no dijo nada esta noche cuando me lo puse, sin embargo. Ella apludió mi cabello. Olivia está vagando por ahí con el vodka, vertiéndolo al azar por los laterales. —¿Para quiénes son esos? —pregunta Charlie y estalla en risas. Ella está tratando de sacar un flotador de la piscina y se tambalea en sus cuñas de plataforma, su chapoteando sobre el lateral de la taza. —Eres una centímetro de la catástrofe —le digo, pero ella no me escucha.

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Olivia se acerca y me tiende la botella de vodka, vertiendo una taza llena. —Hay que beber más —me informa, y luego golpea su reloj—. En cualquier momento. Su teléfono suena. Ella responde con rapidez. —Teee lo dijee —dice ella en el teléfono, y luego repite algunos números, probablemente el código de la puerta y cuelga—Están viniendo —dice. Charlie asiente, pero su cabeza no hace todo el camino hacia arriba. C Mi corazón se acelera, y tomo sorbos pequeños de mi vodka. Quema, y hago una mueca de dolor . Mis manos no sienten nada, y aprieto y suelto mi puño y luego el otro, cambiando la copa mientras las tres nos dirigimos hacia el interior. Puedo oír portazos y coches aparcando. Veo a John y Jake Susquich primero. Están entonces en la despensa, sacando Doritos. Charlie va hacia ellos.. —Hola, nena —dice Jake, llenándose la boca con una patata y tratando de darle un beso al mismo tiempo. —Te extrañé —suelta ella.

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John se va con la bolsa, y Jake coloca los brazos alrededor de Charlie. —Hueles como una hamburguesa —le oigo decir, antes de que comiencen a besarse. Ben está aquí también, y acepta una bebida de Olivia, con la mano en la parte posterior de su cuello. ¿Dónde está Rob? —Hola, Caplet. Me giro, pero son sólo Matt Lester y Lauren. Probablemente traídos por John. Lauren siempre está invitada, pero creo que ha llegado solo una vez en los últimos cuatro años. Y fue entonces cuando su familia estaba en Los Angeles para el fin de semana y la dejó en dos y la recogió a las cinco. —Hola —digo, saludándola. Ella parece estar envuelta en algo que Matt está diciendo. —¿Qué, están como coqueteando? —Charlie está detrás de mí, respirando en mi oído. Me encojo de hombros. —Supongo. —¿Están juntos?

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—¿Matt y Lauren? Lo dudo. —Excepto que no lo hago. Tan pronto como ella lo dice, me doy cuenta de que es exactamente lo questá pasando. Matt tiene la misma mirada con la que solía mirar a Charlie, y su mano se acerca peligrosamente a la espalda de Lauren. Ella es linda de una manera suave y natural. Ellos realmente hacen una linda pareja. —Lo que sea —dice Charlie—. A quién le importa. Se aparta, presumiblemente en busca de Jake, y estira el cuello para comprobar la entrada de Olivia. —¿Dónde está Rob? —pregunta Olivia, de repente y sin dirigirse a nadie en particular. Jake y Ben se miran el uno al otro, y habla Ben primero. —En el aparcamiento.

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Olivia parece aceptar esto, pero algo no se siente bien para mí. Sólo me hace falta otro medio segundo darme cuenta de por qué. Ni siquiera tengo que dar la vuelta y verlo para confirmar mi sospecha. Él ha traído a Juliet. Ella lleva sus gafas de sol de firma y su bolso gigante. Todo en ella es igual que durante la última semana, a excepción de una diferencia evidente. En lugar de sus vestidos de tops ceñidos y sin mangas, está usando una sudadera. Uno que se traga su pequeño cuerpo por lo que apenas se pueden ver los pantalones cortos de mezclilla que sobresalen por debajo. Y una bordada a través de la parte frontal del algodón gris desgastado está la palabra de Stanford. Charlie levanta sus cejas hacia mí, pero está demasiado borracha para sostener la presión, y en cambio decide desviar su irritación ante la llegada de Juliet sobre Jake. Olivia vacila y luego se va a su encuentro, siendo una buena anfitriona y pasando dos bebidas. Juliet mantiene sus gafas de sol, y están tan polarizadas que es imposible ver sus ojos debajo, o su expresión. Ella toma el vaso de Olivia, sonríe y dice: —¡Gracias!—, pero se mantiene pegada a Rob, su brazo con el de él. Rob parece incómodo, pero sólo un poco. Si no lo conocieras, podrías pensar que sólo está acomodándose a la fiesta, mezclándose.

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Pero conozco que Rob mejor que eso. Él está nervioso. Se ve de la misma manera en que lo hicimos en nuestra cita o la cena, o como quieras llamarlo, la semana pasada. No me mira, pero se acerca a Jake, que se ve confundido en cuanto a qué hacer. Charlie pisa fuera en un arranque de genio, así como tipo de Jake mira detrás de ella. El único que no parece remotamente preocupada por esta escena es Juliet. Ella está sonriendo y alegre y se ve como en casa en la casa de Olivia. Y en camiseta de Rob. —Rose —llama ella—. ¡Hey! Cruza la habitación en tres zancadas y me da un abrazo. Es el contacto más físico que he tenido con ella desde que se rompió la cabeza de mi muñeca de hace una década.

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—Hola —digo. No estoy segura de qué hacer. Si yo fuera Charlie, probablemente me tiraría una copa en la cara o correría a la salida, pero no hay tiempo suficiente para averiguar cómo. No es hasta que ella me suelta que me doy cuenta de que sólo ganó. Al ser amable conmigo, ella está completamente destruuendo sus posibilidades de ser percibida como el mal. —Esto es taaan bonito —dice ella, deslizando sus gafas de sol en la parte superior de su cabeza—. ¿Has estado en la parte de atrás? Qué quiere decir: —¿He estado en la parte de atrás?— Esta es la casa de mi mejor amiga. He estado viniendo aquí desde que tenía trece años. Por supuesto que he estado en la —parte de atrás—. —Cariño —llama ella, y Rob mira hacia arriba. Ese movimiento es como un cuchillo en el costado. —Mis padres tenían una casa en la Colonia—dice ella mientras él se acerca—, pero la vendieron cuando las cosas se pusieron demasiado bulliciosas. Ahora tenemos que bajar y utilizar el —Pitts—. Rob se detiene a unos pasos de nosotros y hace como si estuviera mirando la fotografía que cuelga sobre el sofá de Olivia. Es una foto del hermano pequeño de Olivia, Drew en un cubo de estaño, así que sé que no puede estar tan interesado. Juliet está parloteando acerca de la participación de Brad en la caridad de su padre cuando se detiene, me mira y dice: —Tus padres no tienen una casa aquí, ¿no? —No. —Teniendo en cuenta que el hogar promedio en la colonia cuesta aproximadamente quince millones, yo diría que definitivamente nunca la tendrán. —La playa no es realmente lo suyo.

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—¿Qué es, entonces?— Juliet se ve divertida. Ella me mira hacia arriba y hacia abajo, lentamente, como si estuviera haciendo un inventario. —¿Umm, senderismo? Ella medio se ríe y luego deja caer su voz baja, por lo que sólo yo puedo oírlo. —¿En serio? Pensé que ustedes eran sólo de puñaladas por la espalda. —Lo siento, ¿qué? —Inclino mi cabeza hacia adelante, convencida de que lo que escuché es erróneo. Juliet se cruza de brazos y me mira directamente a los ojos. —Ya me has oído. —¿De qué estás hablando?—Mi voz se eleva hasta el extremo, y Rob se desplaza incómodamente por el marco del bebé en el cubo. —Oh, pobre, pequeña y delicadoa Rosie. Apartada de todas las tragedias de la vida por su amada familia. —¿Has perdido el juicio? —susurro.

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—Tal vez —dice ella, cuadrando los hombros—. Estoy enamorada, ya sabes. He oído que te vuelve loco. —Sus ojos tiemblan ligeramente, y reconozco algo en ellos, algo primitivo. Y es aterrador. Juliet sonríe, sacude la melena por la espalda, y se da la vuelta, acercándose a Rob. Ella le hace participe de un beso largo, mientras serpentea a sus brazos alrededor de su cuello y hasta en el pelo. Creo que voy a vomitar. Voy fuera y trato de aspirar un poco de aire fresco. Además, de robarme a Rob, ahora está atacando a mi familia. Quiero decir, sé que nuestros padres tuvieron un altercado hace mucho tiempo, pero mi mamá y mi papá no son traidores. ¿Y cómo se atreve ella a llamar a nadie traidor? Sólo hay que verla a ella. Pero hay algo que me molesta, otra cosa. La mamá de Rob sentada en nuestra sala de estar y lo que dijo acerca de la familia de Juliet. Que quería venganza. ¿Por qué? ¿Es esta la venganza de Juliet? Las únicas otras personas fuera son Lauren y Matt, y están en una esquina, hablando en voz baja. Me siento en una de las tumbonas de rayas gigantes y miro hacia el cielo. Se está poniendo oscuro. Pronto Olivia va a proponer que todo el mundo que vayan a nadar desnudos, excepto que ella convenientemente se deja puesto su traje de baño. Lo mismo sucedió la última vez que estuvimos aquí hace un mes. Rob

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estaba todavía en el campamento, pero vinieron Jake y Ben. Olivia había calentado la piscina por accidente, así que me sentí como en una tina caliente, y seguimos entrando y saliendo, tumbándonos en las sillas de jardín y refrescándonos. Recuerdo haber pensado acerca de Rob. Desear que estuviera aquí. Preguntarme si cuando regresara estaríamos acurrucados juntos, compartiendo una toalla, con los pies colgando en el agua. Veo a Olivia y Charlie en el interior. Están de pie con Ben y Jake, y Rob y Julieta están ahí. El lado de ellos. De repente veo que todo el año se extendía ante mí como un rollo de película, y no se trate de vengarse de Juliet en absoluto. Esto es lo que va a suceder: Charlie y Olivia la llamarán una puta por un tiempo, le guardarán rencor contra porque — robó— a Rob. Entonces van a empezar a pasar más tiempo con ella, y cada vez será más difícil evitar a esa perra. Se van a cansar. Van a empezar a olvidar por qué la odio tanto. Ella es la novia de Rob, después de todo.

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Entonces todo se convertirá en una película. Juliet hará comentarios sobre lo mucho que le gusta la diadema de Olivia, y Olivia le dirá dónde la consiguió. Juliet le sugerirá un viaje de compras, tal vez incluso la limusina de su padre. Olivia echará una mirada nerviosa a Charlie antes de aceptar. Me van a invitar. Fue hace meses, pensarán, todos deberíamos seguir adelante. Iremos. Juliet hablará de Rob, pero no mucho. Ella va a hacer referencia a Jake y los viajes de surf de Rob. Charlie va a poner los ojos en blanco. Comparten algo ahora. Después iremos a casa de la abuela y comeremos bagels, y los chicos se reunirán con nosotros allí. Todo el mundo se emparejará. Todo el mundo, es decir, menos yo. —Es manzana, no una uva —dice Olivia, vagando afuera. Ella sostiene la tapa de un brick de zumo en una mano y una toalla en otra. Charlie se arrastra detrás de ella, la mirada fija en la taza roja como si estuviera buscando algo. —Ya está —dice Olivia. Ella deja el jugo y se sienta en el borde de la silla, tirando la toalla hacia abajo sobre mis piernas. Ella tira de ella y la arroja al suelo. Niego con la cabeza. —No,— dice Charlie, expresando mi pensamiento: —Yo no quiero ir a nadar desnuda—. Ella sostiene su mano para detener a Olivia de decir cualquier cosa y se mete en mi silla, estirando su cuerpo fjunto al mío y reposando su cabeza en mi clavícula. —No puedo creer que incluso apareció —dice Charlie. Su aliento huele a

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vodka, y me doy la vuelta, mirando hacia el océano. La luna está bastante llena, y el agua se ve plateada debajo de ella. Recuerdo que una vez escuché que la única razón por la que el océano es azul es porque refleja el cielo. Si pudieras ver el agua en la noche, tal vez sólo se vería clara. Tal vez se podría ver todo el camino hasta el fondo. —¿Quieres que yo la patee? —pregunta Olivia. No contesto, y Charlie murmura algo contra mi pecho. Sea lo que sea, no es inflexible. En parte, porque está borracha, por supuesto, pero en parte porque ya están recibiendo por esto. Lo sepan o no, sus protestas tienen bordes redondeados ahora. La picadura de esta traición se está desvaneciendo, y sus comentarios están empezando a sonar repetitivos y aburridos. ¿Cuántas veces me dicen que soy más bonita que ella o que Rob es un estúpido? Los está usando, y es obvio. Tan evidente, en efecto, que cuando Olivia anuncia: —Ella es una puta—, Charlie apenas asiente con la cabeza en acuerdo.

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Hay tantos pensamientos compitiendo flotando en mi cabeza ahora mismo. Mi ira contra Julieta, mi confusión acerca de su comentario de puñaladas por la espalda, mis sentimientos por Rob. Y ese es el problema, que todavía me preocupo por él. Todavía lo quiero de vuelta. No puedo creer que pueda girar la cabeza y mirarle y al mismo tiempo no ser capaz de hablar con él. Me conformaría con sólo su amistad ahora, pero eso se acabó también. Me gustaría que nunca hubiéramos compartido ese beso, que nunca nos hubiéramos dicho esas cosas. Tal vez entonces podría volver. Tal vez entonces no lo echaría de menos cuando está de pie justo aquí. —¿Quién va al agua? Inclino mi cabeza y abro la boca para contestar Olivia de nuevo, pero no es Olivia la que está haciendo la sugerencia. Es Juliet, y está de pie junto a nosotros, en un bikini de color rosa claro colocado fuertemente sobre el pecho. Ella sonríe, sus dientes blancos radiante. Atrás han quedado sus dientes sucios. Por supuesto, hay otras personas alrededor. Olivia se levanta y salta ligeramente sobre los talones. —Yo iba a ir de todos modos—dice a Charlie y a mí. Charlie la despide con una mano y se mantiene acariciando mi pecho. Olivia vacila, pero luego coge su toalla. Ella y Julieta bajan las escaleras hacia el océano, con sus cabellos rubios indistinguibles a la luz de la luna, por lo que después de unos pocos metros, es imposible saber quién es quién.

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—Me encanta estar aquí —murmura Charlie, y aunque se aprieta contra mí, me siento más lejos de ella que nunca antes.

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Acto 4 Perfect Dream


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Escena 1 Traducido por Júls Corregido por ladypandora

Es cierto que no hay estaciones en la costa este de California, pero hay algo en el otoño de San Bellaro que me encanta. No, los árboles no cambian y nuestra escuela no parece una tarjeta postal con amarillos, rojos y naranjas, pero el aire es fresco y frio, y está esa sensación de novedad. Como si quizás un cambio fuera posible, incluso sin poder verlo. Y las cosas han cambiado.

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—Creo que la Sra. Barch lo resolverá por mí —digo. Estamos sentadas en el patio, terminando de almorzar. Para el momento en el que octubre llega a San Bellaro, algunos chicos deciden apalancarse en la cafetería hasta la primavera. Nosotras no. “Somos Troupers” como a Charlie le gusta decir. Llevamos jerséis y nos quedamos fuera. —¿Hmm? —murmura Charlie. Está mirando a Jake, que está de pie en el pasillo. Rompieron la semana pasada, en lo que Charlie considera un “fin de semana de deserción”. Jake decidió ir a un concierto con John Susquich y la dejo sola un sábado por la noche. Ella aún no se ha recuperado y todavía no se hablan. —Sigo sin poder creer que no estés en física con nosotras —dice Olivia—. Ayer el Sr. Dunfy trajo pastelitos. Estuvimos comiéndolos durante toda la clase. —Ella mira a Ben buscando su confirmación y este asiente. —Es verdad —dice él—. La clase entera. La verdad es que todo esto de Biología en realidad es un problema. Presenté la solicitud pronto para Stanford, pero van a querer ver mis clasificaciones del primer trimestre y ahora mismo estoy tirando de apenas un B-. —¿Quién es tu pareja de bio? —pregunta Olivia.

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—Len. —¿Stephens? Charlie sacude la cabeza y nos mira. —¿De qué estamos hablando? —De cómo estoy fallando en bio. —Deberías haber cogido física —dice Charlie—. ¿Sabes que tuvimos…? —Pastelitos durante toda la clase. Lo sé. Olivia coge su manzana. Le da un bocado sin entusiasmo y la deja. Una mirada que conozco bien cruza la cara de Charlie y levanto la mirada para ver a Rob y a Juliet junto a él, de la mano. Juliet mira hacia nuestra mesa y a la vez tira hacia atrás el pelo de Rob. Ella le acaricia la cabeza acercándolo y mantiene un ojo en mí mientras él pone su brazo alrededor de su espalda.

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Ha sido así durante más de un mes, pero cada vez que los veo juntos, me pilla por sorpresa. Como si todavía esperara que Rob viniera por detrás, me tapara los ojos con las manos y me preguntara quien era. Charlie dice que es normal lamentarse por alguien durante un tiempo, como cuando su madre murió y ella seguía esperando verla todos los días durante un año. Sin embargo, Rob no está muerto. Este justo aquí. —Bien podría estar muerto —dice Charlie, leyendo mi mente—. Ni siquiera le dices hola. Olivia tiene Inglés con Juliet y Rob y me ha informado que no hacen nada salvo hablar el uno con el otro. También dice que, básicamente, Rob ha dejado de salir con Ben. —Ni siquiera va a surfear —añade Charlie—. Y he oído que ha discutido con su familia. —No puede ser —le digo—. Rob y sus padres están muy unidos. Pues es así —confirma Olivia—. Josh me lo dijo. —Josh tiene seis años. —Sí, y es el mejor amigo de Mathew. —Mathew es el hermano de Rob, el más pequeño de cuatro chicos. —¿Y por qué han discutido?

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Olivia se encoge de hombros. —No lo sé. Pero no me sorprendería que tuviera algo que ver con ella. A mí tampoco. —Mira, ahora mismo bio es lo más importante. Estoy jodida —digo, apoyando la frente sobre la mesa. —Tal vez que no termines en Stanford sea la peor cosa del mundo — dice Charlie—. ¿Qué quieres? ¿Pasar cuatro años más con un tipo como ese? —Hace un gesto por encima del hombro hacia donde Rob y Juliet están desapareciendo en la cafetería. —Ni siquiera sé si se inscribió pronto —digo. —¿Pero no era ese el plan? —pregunta Olivia. —Muchas cosas formaban parte del plan —le digo. Arrastro mi libro de bio fuera de la mesa y me pongo de pie para ir al laboratorio. Charlie se queja.

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—¿A dónde vas? Pero no aparta sus ojos de Jake. Todavía tengo diez minutos hasta que empiece la clase, pero tengo que volver a leer el último capítulo. Cada vez que miro el libro de texto, siento como si las palabras estuvieran en otro idioma. Como si hubiera comprado la edición en árabe o algo así. Len ya está ahí. Está sentado delante de un ordenador en la parte trasera, con esa ligera camisa lila. Un rizo largo reposa en su frente y tengo la urgencia repentina e intensa de tirar de él y observar cómo vuelve a su lugar. —Llegas temprano. —La clase se ha cancelado —dice sin levantar la vista. —¿Sí? Señala por encima de su hombro hacia la pizarra. Leo las palabras “La Sra. Barch está fuera. Las tareas para acabar de terminar con sus parejas están en mi escritorio.” —No está —digo. Len asiente.

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—Sí. Probablemente por el juego. Quiero decir, todos esos malos actos también están empezando a revolverme el estómago. —Él se da la vuelta y sonríe—. ¿Qué pasa, Rosaline? —¿Deberíamos empezar la tarea? Agita una mano con despecho. —Más tarde. Coge una silla. —Agarra una de plástico y la desliza al lado de la suya, rozándola. Dejo caer mi bolso y me siento, estirando el cuello para ver la pantalla de su ordenador. —¿Un poco de privacidad? —Por favor. Como si eso te importará. Len suelta un bufido y gira la pantalla entre nosotros. Inmediatamente veo una foto de la familia de Juliet. —¿Qué es eso? —pregunto.

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—¿Las noticias? Contrario a la creencia popular, sé, de hecho, leer. ¡Hey! —Len dice eso mientras le doy la vuelta a la pantalla y busco el artículo. Es algo acerca de la reforma educativa y el compromiso del Senador Caplet hacia la familia—. Su política apesta —dice Len. —¿Sigues su carrera? Len sopla un poco de aire por sus labios entreabiertos. —Soy un ciudadano informado —dice. Se acerca más a mí para coger el ratón, pero me da unas palmaditas en la mano. Se me ocurre una idea. Mis dedos ya están en el teclado. Tecleo “Richard Caplet” en la página de búsqueda de las noticias de San Bellaro y un millar de artículos aparecen. —¿Demasiado obsesionada? —pregunta Len, divertido. Hago clics metódicamente, moviéndome atrás en el tiempo. Dos años, tres años, cuatro, cinco, explorando los titulares entre los que estoy buscando. Cuando llego a la última sección, ahí está, en letra grande, en negrita, la fecha data de hace diez años. Pero el título es algo que no esperaba. Leo las palabras una vez, dos veces y entonces miro a Len para ver si él está leyendo lo mismo. Hago clic para abrir el artículo. Hay una foto de mi padre y del padre de Juliet, y escrito sobre la foto están las palabras TRAICIONADO POR SU PROPIO HERMANO.

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Escena 2 Traducido por Júls Corregido por ladypandora

La campaña de Richard Caplet tuvo una interrupción sorpresa el martes por la noche. En los talones de anuncio de Steve Monteg, quien sería el oponente del señor Caplet en las elecciones a alcalde, el señor Caplet recibió la noticia de que su hermano y exdirector de su campaña, Paul Caplet, apoyaría a la candidatura del Señor Monteg.

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Los dos hermanos han sido cercanos hasta este punto, y no está claro qué ha hecho que Paul Caplet cambie su rumbo. Paul Caplet es profesor de la universidad local en la que muchos anticipan que tiene sus propias aspiraciones políticas. Cuando se le preguntó por su aprobación, el profesor contestó: —Steve Monteg es el hombre adecuado para nuestra ciudad y nuestro estado. Pongo toca mi confianza y fe en su capacidad de liderazgo. Len termina de leer y se sienta en su silla. Los estudiantes han empezado a entrar al laboratorio, recogiendo sus tareas y tomando sus asientos. Ninguno de los dos nos movemos. —No lo entiendo —le digo. —La gente hace cosas extrañas por poder —dice Len. —No mi padre. No sé. Es maestro. Len asiente. —Lo entiendo —dice—. Pero todo esto sucedió hace mucho tiempo. —Esta es la razón por la que Juliet llama a mis padres traidores. —Me siento y golpeo la silla con un golpe seco—. Ella tenía razón. —Él debe haber tenido sus razones —dice Len en voz baja. Tan suavemente, que de hecho, me giro para asegurarme de que es él quien habla. Sí.

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—No importa —digo—. Mis padres todavía le dieron la espalda a su familia. —¿Lo hicieron? Lanzo mis brazos hacia arriba y señalo a la pantalla. —¡Lo acabas de leer! Len toma una respiración profunda y habla despacio, como si estuviera explicándome aritmética. —Creo que hay muchas definiciones de “familia”, eso es todo. Tal vez los Monteg lo eran para tus padres. —Simplemente no tiene sentido. Conozco a mis padres. Prefieren ser neutrales como Suiza a coger un bando. —Ser Suiza tiene sus propios defectos —dice Len—. Mal tiempo, por ejemplo.

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—¿Y por qué nunca me hablaron de esto? ¿Fue esa la razón por la que la familia de Juliet se fue de la ciudad? —Len se queda callado—. Ganó, ya sabes —digo—. El padre de Rob fue alcalde durante cuatro años cuando éramos pequeños. —Lo sé. Me acuerdo. —Len me mira—. Así que la familia de Juliet se fue con el rabo entre las piernas, ¿no? —Honestamente —digo—, no lo recuerdo. Apenas tenía siete años. —Parece que muchas cosas han cambiado. —Todo lo que sé es que éramos como hermanas, y luego se mudó y se volvió en mi contra. Estoy segura de que su familia nos odiaba. Juliet tuvo que haberlo sentido. Miro la cara de mi padre en la pantalla, fresco, joven y emocionado. Está de pie con el brazo alrededor de su hermano, y los dos están sonriendo. Se ven casi gemelos con sus chaquetas, cuellos de camisa, cortes de pelo recortado y hoyuelos a juego. —Lo siento —digo—. No es tu problema. Len se ríe. —¿Eres siempre tan neurótica? Abro un ojo cerrado y lo miro.

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—Probablemente. —¡Mira! —Len mira alrededor y se fija en el reloj—. Sólo tenemos, digamos, quince minutos de clase, y como sé que vas a obligarme a hacer esta tarea de todos modos, ¿quieres simplemente hacerlo después de la escuela? ¿Len se está presentando voluntario para pasar tiempo conmigo en un entorno no académico? Chocante. —Um, claro. ¿Aunque hay alguna posibilidad de que vengas conmigo? Ha sido un día largo, del tipo de sólo quiero salir de aquí. —Giro mi dedo en el aire en señal de locura. —No hay problema. Pongo mi bolso sobre la mesa al lado del ordenador y saco un bolígrafo. —Aquí. Deja que te dé mi dirección. Arranco un trozo de papel de mi libreta y estoy tocándolo con la pluma cuando Len cubre mi mano con la suya. Su toque me sobresalta.

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—Está bien. —dice—. La recuerdo. —Nunca has estado antes —digo. No hago fiestas y las únicas personas que realmente pasan el tiempo en mi casa somos nosotros seis. A veces Lauren o John, pero podría contar el número de veces con una mano. —Sí, lo hice. —Veo el reconocimiento en su cara por un momento, pero se ha ido antes de que tenga la oportunidad de darme cuenta de lo que es—. Mi madre se olvidó de recoger a Frankie una vez. Tu madre me dejo esperar en tu casa. No es gran cosa. —Oh. Él mira su libro de texto. —Siempre estabas fuera cuando la lección finalizaba. —Él mira hacia arriba y sonríe—. Lo siento mucho, por cierto. Probablemente entonces era terrible. Niego con la cabeza —Eras genial. Escucharte jugar era mi parte preferida de la clase. — Puedo sentir mis mejillas enrojecerse. No tengo ni idea de por qué he dicho esto. Aparte del hecho de que es verdad. Sin embargo, no parece procesarlo. Sólo me mira y dice claramente.

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—Gracias. Ese momento se extiende, y es tiempo suficiente para darme cuenta de que ninguno está hablando. —¿Hay que salir de aquí? —Pensé que nunca lo preguntarías. —Apaga la pantalla y desaparece la cara de mi padre. Recogemos nuestras cosas y salimos por la puerta doble del laboratorio. Len comienza a imitar a la señora Barch dirigiendo al belga. Es muy gracioso. En realidad, es bastante divertido, aunque nunca admitiría eso a Charlie, pero estoy empezando a ver lo que Olivia quiso decir. Sobre que él es lindo, quiero decir. No sólo llamativo, sino un poco adorable. Sí, su pelo es largo y es una especie de vago, pero tiene confianza. Como si simplemente no le importara lo que piensen de él. —Necesito hablar contigo.

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Ahogo una carcajada y veo a Rob allí. Se ve agotado, descuidado, como si no estuviera seguro de lo que está haciendo por sí mismo. Ben también está ahí, y me mira con disculpa. Acabo de mirar a Rob. Estas son las primeras palabras que me dirige en las últimas semanas. —Bueno —dice Len—. Me voy a inglés. ¿Nos vemos después de la escuela? Rob frunce el ceño y mira a Len. —¿Qué estáis haciendo, chicos? Esa sonrisa tan familiar se arrastra de nuevo en la cara de Len, él mueve la cabeza lentamente y murmura algo en voz baja. —Dije que necesitaba hablar contigo —dice Rob. Su mandíbula se estremece ligeramente. —Hey —dice Ben. Pone una mano sobre el hombro de Rob—. Vamos a llegar tarde. Rob le sacude, y Ben me mira. Es la misma mirada que veo que le da a Olivia cuando ella está detallando un fracaso comercial. Como si realmente le importara, pero no estuviera seguro de cómo ayudar. La verdad es, que yo tampoco lo estoy. Esto es territorio extraño. En todos nuestros años de amistad nunca he visto a Rob realmente, realmente

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enojado. El Rob que yo conocía era dulce, amable y nunca se enfrentaba directamente. Ese no es el que está aquí, de pie. Supongo que Juliet lo ha puesto en mi contra. —Mira —dice Len—, tal vez deberías irte. —Él ofrece la sugerencia casualmente, como si le ofreciera a Rob si quiere una soda. —No me digas qué hacer. —dice Rob. Se gira hacia Len y agarra su mochila. Ben vuelve a alcanzar el hombro de Rob, pero Rob lo golpea de nuevo. —¿Estás loco? —le digo, tratando de ponerme entre ellos—. Déjalo ir. —¿Ahora lucharas de su parte? —Rob enseña los dientes como si fuera una especie de animal salvaje. Sus ojos están ardiendo, y fríos. Como si hubiera estado congelado fuera de su propio cuerpo. —No estoy luchando por nadie —digo—. No estoy peleando para nada. —Está bien, hombre —dice Len—. Relájate. Puedo ver al señor Davis dirigiéndose hacia nosotros.

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—Sólo tienes que parar —digo—. En serio. Para. Pero Rob no me escucha. Y no dejará que Ben se acerque. Ha pasado de la mochila de Len y ahora lo está sosteniendo por el cuello de la camisa. —No me digas que me relaje —le escupe a Len—. No sabes nada de mí. Ni de ella. —Entonces, en un golpe limpio, Rob usa su mano libre para enviar un claro puñetazo en la cara de Len. Len tropieza hacia atrás, y Rob sólo mira detrás suyo. Mira su mano, luego a Len y después a mí—. Yo lo… —Comienza, pero es demasiado tarde. El señor Davis lo ha visto todo, y está sobre Rob antes de que pueda decir una segunda palabra. —¿Qué está pasando aquí? —demanda el señor Davis. Ben trata de intervenir y decir algo, pero Davis le despide, rondando sobre Rob y Len. —A la oficina del señor Johnson. Los dos. Ahora. Gira a Rob y empieza a hacerlo andar empujando sus hombros. —¿Estás bien? —le susurro a Len—. Lo siento mucho. —Sí —dice—. No es para tanto. —Sonríe como si tratará de tranquilizarme—. Coge los deberes, ¿sí? Nos olvidamos de coger las copias.

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—Claro —digo—. ¿Pero seguro que estás bien? —Viviré. —Sonríe, me da un pequeño saludo, y sigue a Davis, que ya está a medio camino de la casa Cooper, con las manos sobre los hombros hundidos de Rob.

—No soporto a esa chica —dice Olivia—. Ha sido problemática. Desde el primer dia. Estamos en cálculo, nuestra última clase del día, y acabo de contarle a Olivia lo de la pelea. La mayoría en la esquina de mi libreta, porque el señor Stetzer es una especie de purista sobre el tema de hablar. —Bueno, esta vez tenemos que centrarnos en Rob —susurro.

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—Como sea. Todo vuelve a ella. Rob estaba totalmente cuerdo hasta que ella llegó. Ahora, ¿él está buscando peleas, abandonando a sus amigos, y sin hablar con sus padres? —Olivia mantiene un ojo sobre Mr. Stetzer, y el otro sobre el belga, quien está sentado a nuestra izquierda. No suele presentarse a clase, pero cuando lo hace, es suficiente para hacer caer a Olivia en picado. Matt tiene el mismo efecto sobre Charlie. Tal vez uno nunca consigue superar a las personas con las que alguna vez salió, o le importaron. —Probablemente quiere salir llegado este punto —continúa Olivia—. Estoy segura que se ha dado cuenta de que ella es totalmente psicótica y cara de mantener. Pero no hay nada que él ya pueda hacer. —No están casados —digo—. No está bajo ningún contrato. —Estoy dibujando perezosamente en mi cuaderno, dándole vueltas a nuestra conversación. Siempre hace calor en la clase de matemáticas, sin importar la época del año, lo que hace muy difícil la concentración. Stetzer también tiene una intensa y súper profunda voz, como en una película, que es de algún modo hipnótico. No de una manera que me den ganas de coquetear con él como le dan a Olivia. Sólo de una manera que me dan ganas de quedarme dormida boca abajo sobre mis exámenes. —Sí, ¿pero él querrá sentir esa culpa sobre sí mismo? —¿Qué culpa? Olivia mete un mechón de pelo detrás de sus orejas. —Ella lo amenazó con suicidarse.

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Hago un sonido entre tos y un estornudo, y Stetzer me mira con el ceño fruncido. —Eso es un rumor —le digo. La clase de último año ha estado susurrando todo el día sobre Juliet teniendo una sobredosis de pastillas o algo así. Sin embargo, puesto que nadie puede precisar el momento en este momento o la razón, se hace difícil creerlo—. ¿Qué razón tendría para quitarse la vida? Su vida es perfecta. —¿Qué su novio sigue enamorado de su ex? —Olivia levanta las cejas y frunce los labios. Le doy un golpe con el codo y doblo la espalda sobre nuestra asignación. Me gustaría creer que tiene razón. —¿Sabes qué más? —susurra Olivia—.me robó mis sandalias. Las nuevas de Tory Burch. Ella fue y se las dieron antes de salir a la venta. —¿Juliet? Olivia me está dando una mirada que parece decir, Por favor entiéndelo rápido.

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—Obviamente —dice—.¿Quién más podría hacer eso en esta escuela? — Me mira y se muerde el labio—. ¿Sabes lo que quiero decir? —Sí —digo. Stetzer lanza una mirada significativa en nuestra dirección, y ambas hacemos ver que estamos muy ocupadas con un problema de nuestras libretas. Cuando él vuelve a empezar la explicación, Olivia se inclina. —Sé que se supone que no debo hablar contigo sobre ella. Charlie me hizo jurar… —El belga suelta un eructo, y todo el mundo se echa a reír. Olivia arruga la nariz y me mira. —¿Qué te hizo prometer Charlie? —Simplemente no queremos que estés triste —dice Olivia suavemente— . Tan sólo te queremos. Y queremos que estés bien. —Estoy bien —digo—. He estado bien durante semanas. Olivia juega con la punta de su lápiz. Está mordido, igual que sus uñas. Le gusta morder cosas cuando está nerviosa. —Sigue siendo difícil perder a un amigo —dice. Me mira con sus grandes ojos azules.

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—Me estabas hablando de Juliet —digo, apartando la mirada, porque de repente creo que está hablando de perderme a mí. Por el hecho de que no he estado cerca últimamente. No realmente, de cualquier modo. —Sí —dice, inhalando bruscamente—. Ella es bastante astuta, quiero decir, ¿Quién va a Barneys, mira por algo que yo he encargado, y se cuela en la lista delante de mí? ¿Es eso legal? Nunca he entendido la obsesión de Olivia por las compras. Quiero decir, me gusta la ropa, supongo, pero nunca he sido el tipo de chica que se pasa todo el día en el centro comercial. Para Olivia comprar es una profesión. Es increíblemente talentosa, así que puedo ver como alguien ganándola en su propio juego puede realmente cabrearla. —Es como si estuviera intentando coger todo lo nuestro —dice Olivia—. Robarte a Rob no es simplemente suficiente. Stetzer está repartiendo los deberes, y cuando llega a mí, no puedo entender ni un simple problema de la lista. Siempre trabajamos la mitad en clase, así tenemos “algunos modelos” para poder hacerlos, pero hoy no he tomado notas.

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—No he escuchado ni una palabra de esta clase —digo. —Como sea —dice Olivia, cogiendo el folleto—.¿Queso en Cal Block? —No puedo. —Todos están agrupándose en la parte trasera, y Olivia y yo los seguimos—. Tengo una sesión de estudio. —¿Para qué?— —Biología —digo—. Len va venir a ayudarme. A menos que Johnson lo ponga en detención o algo parecido. —Len, ¿eh? —Olivia levanta sus cejas y contonea sus hombros—. Habéis estado pasando mucho rato juntos. Mis mejillas tienen un rubor rosado. —Somos compañeros de laboratorio —digo, mirando a lo lejos—. Si fallo, lo hace parecer horrible a él también. —¿Desde cuándo le importan las calificaciones? Y la obra de teatro… — El Belga pasa por el lado y Olivia arquea la espalda para que se pueda ver un pequeño tramo de su estómago. No creo que él se lo haya perdido. Mira hacia atrás, pero Olivia se encuentra inmersa en nuestra conversación. O al menos lo aparenta.

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—Creo que protestas demasiado —dice Olivia, soltando risitas. —Estás loca. —Te lo dije —dice Olivia mientras nos abrimos paso hacia abajo por las escaleras—. Siempre he pensado que era muy mono. —Él es muy sarcástico. —¿Y? —dice Olivia—. Es algo sexy. Es como un rebelde. —Bueno, estas invitada a tenerlo. Olivia pone los ojos en blanco. —Me gusta Ben. —Se muerde el labio y deja de hablar—. En realidad, le quiero. También me detengo. Podría habérmelo planteado, pero realmente nunca esperaría que Olivia se atrapara en eso. Pero ahora me está mirando como si hubiera más. —¿Qué pasa? —pregunto, cambiando de hombro mi mochila.

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—Nosotros… —Ella exhala y patea un poco de tierra con su zapato—. Lo hicimos. —¿Lo sabe Charlie? —No estoy segura de por qué esta es mi primera pregunta, pero parece importante. —Sí —dice—. Se lo dije esta mañana. —Bueno, ¿Cómo te sientes? —No estoy muy segura de qué decir. Me había imaginado que cuando llegara el momento, yo sabría más sobre el tema completo del sexo. Equivocada, de nuevo. Olivia se encoge de hombros. —No muy diferente, supongo. —Bien. —¿Aunque sabes qué? —dice, su voz bajando un poco—. Realmente me gustó. —Bien, eso es bueno, ¿cierto? ¿No es ese el propósito? —No, no eso. No es eso lo que quería decir. —Ella frunce el ceño y se cruza de brazos—. Me refiero a que realmente me gustó estar tan cerca de alguien. Realmente me gustó estar cerca de él.

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Sé que Olivia nos da un rato duro haciendo el tonto y pareciendo descuidada, pero sé que en lo más profundo, también tiene algunos miedos. Que se toma algunas cosas en serio. Sé que quería esto, y de algún modo, creo, estoy algo orgullosa de que haya ido a por ello. Y que haya tomado la decisión por sí misma. —De todos modos —dice—, volvamos a Len. Sólo digo que tienes mi apoyo. Eso es todo. —Bueno, aprecio tu voto —digo—. Gracias. Charlie nos está esperando en la parte superior, apoyada en Big Red. Lleva sus gafas de sol, y su pelo está reflejando la luz del sol haciéndolo parecer de un imposible color naranja. Translúcido, de algún modo. Como las alas de una mariposa. —Tenemos que hablar —dice cuando nos ve—.¿Cal Block? —En realidad —dice Olivia—, creo que tengo una cita caliente con tu hermano. —Ella me guiña un ojo y se sube a su coche.

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—Sabía que lo estaban haciendo —dice Charlie, mirándola partir—. Ha estado extrañamente feliz. —Subimos al interior—. ¿Y tú? —me pregunta—. Ben me contó un poco lo de la pelea, pero necesito más detalles. ¿Has escuchado lo de la historia del suicidio? —Tengo una sesión de estudio con Len —digo—. Suponiendo que viniese, tengo que estar en casa. Los ojos de Charlie me miran a medida que se va retirando del aparcamiento y entra en la carretera. —¿Qué está pasando ahí? —¿Dónde? —Vamos. No te hagas la tímida conmigo. Dos chicos entran en una pelea en la escuela, ¿y tú tratas de decirme que Rob no estaba celoso? —¿Celoso? Incluso si Len y yo nos estuviéramos viendo, lo que no estamos haciendo, no hay razón para que a Rob le importe. ¿Necesito recordarte que tiene novia? —Algo pasa —dice Charlie, chasqueando su lengua sobre su paladar—. Simplemente es raro.

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—Eso es porque es raro. Rob se volvió un avispón verde, y Juliet una suicida, aparentemente, y yo acabo de descubrir un escándalo político familiar. —Explícate, por favor —pide Charlie, deslizando sus gafas por su nariz. Le cuento a Charlie mi descubrimiento de hoy, con Len. —Bueno, de alguna manera tiene sentido —dice—. El por qué te tiene rencor. —Supongo. Sigo sin entender realmente por qué me odia de ese modo. Y no puedo creer que mi padre le hiciera daño a su hermano sin una razón, ¿sabes? Está tan fuera de lugar. Charlie se encoge de hombros. —Tal vez el padre de Rob realmente era un mejor candidato. Quiero decir, tus padres siempre fueron cercanos a los padres de Rob. Quizá sólo era política, no personal.

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Charlie se detiene en mi entrada y el coche de la madre de Rob está aparcado al lado del de mi madre. Normalmente ella sólo anda hasta aquí, pero supongo que hoy vendría de algún lado. Lleva puesta la pegatina de PRESIDENTA SOCIAL DE SAN BELLARO en la ventana trasera, donde Rob y yo la pusimos dos años atrás para su cumpleaños. Saco mi mochila del coche. —Buena suerte con… —Charlie agita su mano en el aire como si estuviera buscando la palabra. —Len —digo. —Cierto, biología. —Ella tira hacia abajo sus gafas de sol y las empaña con un beso—. Llámame mañana. Creo que tal vez tendremos que acechar a Jake este fin de semana. —Había olvidado completamente que es viernes. —Sí. De repente hace parecer una sesión de estudio como una cita, ¿eh? —Ella me guiña un ojo y retrocede saliendo por el camino, diciendo: —Ciao, bella.

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Saludo con la mano y entro en casa. La madre de Rob y la mía están en el mostrador de la cocina, hablando. Me recuerda al millón de veces que he venido a casa y he visto lo mismo. Horneando galletas de Navidad en nuestra cocina. Las cenas de verano en el patio. La vez que la madre de Rob y la mía nos dejaron compartir un vaso de vino con ellas en el mostrador. Me hace echar de menos locamente a Rob. —Hola —digo, entrando en la cocina—. ¿Conversación secreta? La madre de Rob sonríe. Tiene los mismos ojos chocolate líquido que Rob, y por un segundo tengo que reprimir algo un poco caliente en la garganta. Me saluda con la mano. —Hola, preciosa —dice—. ¿Cómo estás? —Bien —digo. —¿La escuela va bien? Asiento con la cabeza.

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—Biología me está matando. —La urgencia de preguntar por Rob es súbitamente abrumadora. El impulso es tan fuerte, que tengo que morderme la lengua para dejar de hablar. Tampoco es necesario, sin embargo, porque al siguiente respiro mi madre dice. —Jackie me estaba hablando de Rob. ¿Sabías que hoy ha sido suspendido? —Sí —murmuro—. Es decir, no sabía que había sido suspendido, pero imaginaba que pasaría algo así. La madre de Rob niega con la cabeza. —Es esa chica. Juliet. Lo siento —dice, mirando a mi madre—. Pero no es el mismo desde que ella vino. De repente se está metiendo en peleas e inscribiéndose para la USC. Su padre piensa que tenemos que prohibirle verla, pero… —¿No se ha inscrito para Stanford? —Mi voz se quiebra, y mi madre y la de Rob intercambian una mirada. —Lo siento, cariño— dice la madre de Rob, pero está tranquila—. No sé qué pasó. Todos sabemos lo que pasó. USC es la escuela perfecta para Juliet. Ella vuelve a Los Angeles para estudiar arte dramático y dedicarse a la

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actuación al mismo tiempo. Rob quiere estar con ella, así que se inscribió para seguirla ahí. Ahora está agarrándose al sueño de ella. Stanford ya ha caducado. —Un amigo viene a estudiar —digo—. Me voy arriba. —¿Las chicas? —pregunta la madre de Rob. Le encanta referirse a Charlie y a Olivia como “las chicas”. Cuando éramos más pequeñas, nos llevó a Charlie y a mí a Los Angeles por un día de “viaje de compras de chicas”. Pensando en eso y estando ahí de pie con ella, me doy cuenta de lo mucho que los echo a todos de menos. A la familia de Rob, me refiero. —No, un chico, Len —digo. —¿Len Stephens? —pregunta mi madre. Levanta la cabeza de su taza de café. —¿No es el chico que Rob…? —La madre de Rob golpea la mesa. —Sí —Trago saliva—. En realidad no fue culpa de nadie. Las cosas sólo se les fueron de las manos.

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—¿Rob pegó a Len Stephens? —pregunta mi madre, con los ojos muy abiertos—. Era un chico tan dulce. Solía tener clases justo antes que tú en Famke’s, ¿recuerdas? Tenía mucho talento. —Lo sigue teniendo —digo. No se siquiera si es cierto, pero siento que tengo la necesidad de decir algo en su defensa. Y es más fácil apoyarlo por su talento que por su dulzura. La madre de Rob entrecierra los ojos y pasa su dedo medio hacia delante y atrás sobre su frente. —Rob admitió que era su culpa, ¿sabes? —dice ella, sus ojos cerrados— . Ni siquiera trato de discutirlo. —Es un buen chico —dice mi madre suavemente, poniendo su mano sobre su hombro. —Creo que te echa de menos —dice, mirándome—. Y esa Juliet… —Su voz se apaga, se limpia los ojos y se endereza—. Lo siento —dice—. Sé que esto no es fácil para ti. Estabais tan unidos. Suena el timbre de la puerta y lo uso como estrategia de salida. —Me alegro de verte —le digo—. Mamá, estaremos en mi habitación. —¿Queréis algunas manzanas?

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—No hemos quedado para jugar. —Lo sé —dice ella, poniéndose de pie y acercándose a mí—. Déjame cuidarte mientras aún pueda. Pongo los ojos en blanco y miro la puerta. —Trata de detenerte —le digo, dándole un abrazo rápido—. Estaremos arriba. Len está de pie en la puerta, su mano contra el panel lateral. Tiene un moretón morado oscuro alrededor de su ojo derecho. —Vaya —digo—. Estás hecho un desastre. —Gracias —dice—. Tú no estás tan mal. —¿Quieres un poco de hielo?— —Estaré bien. —Lo sé, pero esa cosa se ve bastante mal.

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—¿Puedo sólo entrar? —Por supuesto —digo, dando un paso al lado—. Lo siento. Mi habitación está arriba. —Directa al grano —dice—. ¿Sin visita guiada? —Más tarde —digo—. Ahora tenemos que trabajar. lleva una bolsa de caramelos en su mano, y su mochila está desaparecida. —¿Dónde están tu materiales para estudiar? Él levanta la bolsa. —Eso son dulces. —Tus favoritos, nada menos. Me detengo. —¿Cómo lo sabes? —¡Date prisa! —dice, empujándome y empezando escaleras—. No me los hagas comer sólo a mí.

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subir

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—Pero tenemos que estudiar —digo, caminando detrás de él.

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—Vamos sólo a tomarnos un segundo —dice—. El doctor dijo que en realidad debería estar descansando. Se detiene en la parte superior de la escalera y coloca su mano suavemente sobre su mejilla. —Estás mintiendo —digo—. Pero vale. —¿Cuál es la tuya? —dice, moviendo su mano en todas direcciones. —La de la izquierda. Nos acomodamos en el suelo de mi dormitorio, con los caramelos entre nosotros. Abre la bolsa y me ofrece uno. Lo cojo. —Así que, ¿qué ha pasado? —pregunto. Len suspira y saca un caramelo entre sus manos. —Nada, realmente. Rob asumió la culpa. Me dejaron ir, pero he oído que ha sido suspendido. —Me mira para ver mi reacción. —Mhm, yo también. Debes estar tranquilo.

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Len se encoge de hombros. —Oh, cierto. Lo había olvidado. La suspensión es como unas vacaciones pagadas para esos que les desinteresa la escuela. Él me mira de reojo, y apoya los codos sobre sus rodillas casualmente. —¿Es eso lo que piensas? —Sí —digo. Mi voz se calla. De repente me está poniendo nerviosa—. Quiero decir, nunca haces los deberes y siempre les haces pasar un mal rato a los profesores. ¿Acaso te has inscrito para la universidad? Cojo otro caramelo de la bolsa y me entretengo rompiéndolo como si fuera un palito de queso. —No sabía que me prestabas tanta atención, Rosaline. —Inclina la cabeza hacia un lado y me da una media sonrisa. —Abro mi boca para hablar, pero él levanta su dedo—. Para que conste, hago mis deberes. Estoy aquí, ¿no? Y no les hago pasar un mal rato a los profesores, sólo a los que puedan utilizarlo. ¿Y sobre la universidad? —Levanta sus cejas—. Ya entré. —Pero las primeras decisiones de admisión no llegan, al menos, hasta el mes que viene.

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—Entré el año pasado —dice. Deja caer sus rodillas en el suelo y coge la bolsa de caramelos. —Estábamos en primero. —Mhm —dice, masticando—. Buen punto. —No puedes echar la solicitud a la universidad en primero. —Sí —dice—. Todo cierto. —¿Entonces qué es? ¿Cursos de educación continua? Tener que repetir el instituto no cuenta como universidad. —Gracias por tu preocupación —dice—. Pero en realidad, no. Julliard. Mi mandíbula cae tan lejos que creo que tendré que cogerla a mano del suelo. Cuando al final empiezo a hablar, sale como un sonido a vomito: —¿Qué? ¿Me estas tomando el pelo? ¿Por qué? Len se ríe.

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—La sorpresa puedo soportarla, pero ese “Porque” es un poco duro. —Lo siento, ¿pero estás hablando en serio? —¿Quieres ver la carta de admisión? Lo miro de cerca. Es imposible, pero tampoco sé por qué mentiría al respecto. Parece más el tipo de cosas que le gusta guardar en silencio, en realidad. ¿Pero Julliard? —¿No es una escuela para prodigios? —Prodigio —dice, dándose golpecitos en su pecho—. Aquí mismo. —¿En qué? —Vale. —Cruza sus brazos sobre su pecho—. Piano. Ahora tiene mucho sentido. Por qué es tan inteligente pero no se preocupa por la escuela. —Seguiste tocando —digo. Me levanto y extiendo mi mano hacia él. Él me da una mirada curiosa, pero me permite ayudarlo a levantar. Lo hago andar, del mismo modo que Davis le hizo a Rob esta tarde, bajando las escaleras y hacia el estudio. Mi madre y la de Rob han desaparecido de la cocina, probablemente fuera. Cuando él ve el piano, empieza a reír.

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—Lo guardaste —dice. —Sí, mis padres siempre pensaron que tal vez volvería a tocarlo. —Me siento en el banco y lo miro cara a cara—. ¿Tocarás algo para mí? Él entrelaza sus dedos y gira los pulgares, como si lo estuviera considerando. —Sí —dice—, pero sólo si tú tocas algo para mí primero. —Yo no soy la que acaba de entrar en Julliard. —En realidad —dice—. Entré el año pasado. Así que ha pasado un tiempo. —Gracioso. —Vamos —dice—. Creo que recuerdas más de lo que piensas.

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Respiro hondo y levanto la tapa. Después pongo mis manos sobre las teclas. Trato de recordar una pieza que amaba, Fleur de Lis. Las primeras pocas notas y medidas suenan oxidadas, como los sonidos de una rueda sin engrasar. Pero a medida que avanzo, empiezan a aflojarse un poco. Es más difícil de lo que recordaba, y me quedo sin aliento en sólo unos segundos, pero aun así se sentía maravilloso. Como mover finalmente mis piernas después de un largo viaje en avión. Paro después de un minuto y me doy cuenta de que casi estoy jadeando. —No está mal —dice Len—. Necesitas volver a tocar. Lo necesito. Había olvidado lo viva que me hacía sentir el piano. La música manda a mis células hilarse, como la alta adrenalina que se obtiene después de una larga carrera. Len se desliza a mi lado y pasa sus manos sobre las teclas, y me doy cuenta de nuevo de la marca de nacimiento en su pulgar. Es roja, de un burdeos profundo, y cuando la sigo, veo que sigue a lo largo de su brazo, o por lo menos hasta donde tiene las mangas de su camisa arremangadas. Parece como un mapa, la forma en que se extiende y se mueve y recorre como si hubieran continentes y países y ríos en su piel. Es realmente hermoso, nada grosero, y ahora que lo veo, no puedo creer que no me diera cuenta todos estos años. La respiración de Len se relaja a mi lado y sus ojos caen cerrados, y me doy cuenta de que yo también estoy conteniendo la respiración, como toda la habitación. Se siente como en el momento antes de la tormenta,

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el cielo pesado y denso, la humedad tan espesa que puedes sentirla. Y después primero caen las gotas, frescas, precisas y silenciosas. Van construyéndose poco a poco hasta el momento en que el cielo se abre y las vierte. Reconozco inmediatamente la melodía. Es de Frédéric Chopin y se llama, si lo puedes creer, Gotas de lluvia. Famke solía tocármela. A veces, si estaba siendo terca o estaba cansada o sólo desconectada, ella me sentaba en el borde de la mesa y me dejaba escucharla, para variar. Si fuera posible, Len la toca mejor que ella. Sus dedos se deslizan sobre las teclas como el viento bailando en la playa. Levantando la arena, dándole vueltas, pidiendo jugar. Aparto los ojos de sus manos y miro su cara. Sus ojos ya no están cerrados pero siguen tranquilos, concentrados. Se detiene, y la sala queda en silencio. Pero el silencio se tensa, y se estira, como si la habitación en sí, el sofá y las sillas, e incluso las cortinas en las ventanas, se estuvieran estirando para romper en aplausos.

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Len levanta sus dedos de las teclas, lentamente, y las devuelve a su regazo. Entonces me mira, y es como si no lo hubiera visto antes. Porque esta persona junto a mí, no es el tipo que le da labia a los profesores. No es sarcástico, pero es divertido; y no es grosero, pero es ingenioso; y su pelo no es un desastre, es, bueno, de algún modo sexy. Pasa su mano por él y sonríe a las teclas. Luego cierra la tapa igual que yo, y por un momento nuestros dedos se tocan, en el aire. Inmediatamente algo me choca, y los separo. —Electricidad estática —dice Len, señalando su camiseta. Sacudo la cabeza para decir que no es gran cosa, pero hay algo más que la descarga eléctrica persistiendo en mi mano. Y eso me hace mirar a otro lado, porque estoy bastante segura de que mis mejillas están empezando a hablar por mí. Asi que me centro en la marca de su pulgar. —Se llama un hemangioma plano —dice. No está mirando su mano, sino a mí. —Oh —digo—. Lo siento. No quería mirar. —No pasa nada —dice, levantando el brazo—. Lo he tenido desde que nací—. Empuja más hacia arriba sus mangas, y veo que la marca de

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nacimiento recorre todo un camino hasta su hombro, incluso más lejos de lo que ya había pensado antes. Instintivamente, tiendo la mano y lo toco, trazando el contorno, y cuando lo hago, él sonríe. Su piel es caliente y suave. —Es hermoso —le digo antes de darme cuenta de que estoy hablando—. Nunca me he dado cuenta de lo genial que es antes. —Siempre ha estado aquí; sólo que tú no mirabas —dice, dejándome girar su brazo. —¿Es por eso que siempre utilizas camisetas de manga larga? —Se ríe, y yo internamente me pego—. Lo siento. No es de mi incumbencia. —Está bien —dice—. No importa. —Echa su brazo atrás y tira hacia abajo la manga—. Al principio, cuando era un niño, supongo que sí, era un poco tímido al respecto. Pero ya no. Ahora como que me gusta un poco. Es diferente. —Él se encoge de hombros—. Supongo que es lo que pasa con la edad. Te das cuenta de que ser diferente puede ser una algo bueno. No sólo malo. Pero las mangas largas, digamos, que quedan bien—.

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La habitación sigue tarareando en el sueño de su música. —Entonces, si entraste a Julliard el año pasado, ¿Por qué no te has ido ya? —pregunto. Levanto la vista hacia él, y me está mirando con una mezcla de calma y confusión. Como si estuviera tratando de averiguar qué decir, pero no estuviera demasiado preocupado acerca de cuánto tiempo le tomara descubrirlo. —Supongo que no había terminado aquí —dice. —¿Con San Bellaro? Sigue mirándome. Se siente como lo hizo en las vigas del auditorio. igual que si él pudiera ver a través de mí. —La escuela no es tan mala como piensas —dice. —Supongo, pero en realidad no parece mucho tu escenario. Además, es Julliard. —Dejo que mis dedos vaguen por las teclas. Están frías, ligeras y suaves. Cuando presiono hacia abajo, apenas hace un sonido. —Julliard seguirá ahí el año que viene —dice—. Algunas cosas que valen la pena siguen esperando. —Puedo sentir su mirada en mí, y es caliente, de alguna manera, fuerte, como la lente de un microscopio

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capaz de iluminar una hoja de papel en llamas sólo con centrarse en este. Len se levanta y pasa la mano por las fotos de la familia apoyadas en la cornisa del piano. Una foto de mis padres y yo en la playa de Maui durante las vacaciones de verano de primer año. Tengo una flor rosa en el pelo, y estamos de pie en frente una cascada. Recuerdo haber tenido tantas picaduras de insectos ese día que tuve que bañarme en una bañera de loción de calamina cuando regresamos al hotel. Len coge la siguiente foto. Es de Rob y yo en el baile del año pasado. Es la única que me he permitido no guardar, más que nada porque mis padres se darían cuenta de que no estaba. En ella me está agarrando como si estuviéramos bailando, y yo tengo una pierna extendida hacia el techo. Estoy mirándolo con esa cara de adoración. Del mismo modo que mi madre me mira en mis fotos de cuando era un bebé. Él está mirando a la cámara con esa sonrisa tonta en la cara. Levanto la mano y cojo la foto. —Esto ni siquiera debería estar aquí—digo.

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Len asiente. —A veces los viejos hábitos son difíciles de romper. —Hace un gesto hacia su camiseta. Él toma la foto de mis manos y la pone abajo. Sus dedos rozan los míos, e incluso sin electricidad estática sigo sintiendo una carga entre nosotros. Él me mira, y un rizo cae sobre su frente. Quiero tocarlo, cepillarlo lejos. No tirar de él, sólo ponerlo a un lado. —Cuéntame algo —dice en voz baja. Está apoyado tan cerca de mí, que puedo oler su perfume. Es embriagadora. La electricidad no sólo está ahora en mis manos, sino en todo mi cuerpo. Empieza a subir por mis pies a través de mi columna vertebral hasta mi cabeza, donde se detiene, provocándome mareos. —Está bien —digo, tratando de mantener la voz firme—.¿Qué quieres saber?— —¿Alguna vez quieres que nos veamos sin la excusa de una sesión de estudio?

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Él me mira, directo al grano, y mi estómago se retuerce tan rápido, que prometo que lo he escuchado dar un golpe. Mis manos se sienten entumecidas y mi corazón está latiendo rápido. Me está poniendo totalmente nerviosa. Y sigue demasiado cerca, nuestras frentes casi tocándose. —¿Cómo una cita? —susurro. —Algo así —dice, echándose sólo un poco atrás. Me está mirando de nuevo con la misma expresión intensa que me hace sentir asustada pero viva a la vez. Como si estuviera viendo algo en mí que no estaba antes. Y de pronto quiero decir que sí. La idea de pasar toda una noche a solas con Len es intrigante. Quiero estar cerca de él, con él inclinado hacia mí del mismo modo que lo está ahora, y cepillarlo con mis dedos e incluso tal vez…. Pero no digo nada. Sólo muevo mi gran pie hacia atrás y adelante en la alfombra debajo del piano, porque de repente en todo lo que puedo pensar es en la madre de Rob fuera. Se siente como traición de alguna forma, estando aquí con Len, aceptando.

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—¿No te apuntas? —dice—. ¿He metido la pata? —No eres tú —le digo. —Entonces, ¿Qué es? —dice. Se sienta de nuevo, pero esta vez atraviesa la banqueta, enfrentándome. Respiro hondo. —No lo sé. —¿Qué parte? —¿Qué? —¿Qué parte no sabes? Niego con la cabeza. —Simplemente no lo sé. Estoy nerviosa por cómo explicarle esto, pero quiero hacerlo. Necesito hacerlo. Hay algo en Len que me hace sentir comprendida. Como si realmente me viera. No solo como Rosie, ni la chica de la puerta de al lado o algo así. Algo más. Parece como si cualquier cosa que pueda decir él sería

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capaz de manejarla. Sentada junto a él ahora mismo, me siento como si pudiera decir cualquier cosa y no me juzgara. Ni siquiera parpadeara. —Ha sido un semestre complicado, eso es todo. No estoy segura de ser la mejor cita ahora mismo. —Entiendo —dice Len—. Erais amigos desde hacía mucho tiempo. Asiente hacia la foto de Rob y yo. —No es sólo eso —digo. Quiero explicarle que en realidad nunca pensé en estar con otra persona, nunca se me ocurrió que pudiera haber alguien más. Quiero decirle que cuando estoy cerca de él, siento cosas que nunca me pasaron con Rob y eso me da miedo. Que me siento como si estuviera traicionando de alguna manera el curso de mi vida por el simple hecho de estar aquí con él. Quiero hacerlo, pero no estoy lista para decirlo en voz alta. —Creo que sólo necesito un poco más de tiempo —digo. Parece divertido y levanta las cejas.

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—¿Eso es todo? —¿Qué esperabas? —Es sólo que, ya sabes, la paciencia es una de mis mejores cualidades. Es como brisa para mí. —Entrelaza sus dedos y los empuja hacia delante. También bosteza, aunque sospecho que era sólo para darle efecto. —Al parecer tienes muchas buenas cualidades —digo, señalando el piano. —Es curioso —dice, sonriéndome—. Estaba pensando lo mismo de ti. Puedo sentir como mis mejillas vuelven a ponerse de un color rosado. Es frustrante ser alguien que se sonroja fácilmente. Es como si todo lo que pienso y siento se proyectara justo en mi cara. No hay privacidad. —Tiempo de estudiar. —Choco mis manos. —¿Ya? —dice—. Está bien, pero necesito mis caramelos. Él sonríe con esa sonrisa torcida suya. —Pensé que eran para mí.

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—¿Estos? —dice. Saca una bolsa de su bolsilla, colgándola fuera como si fuera mi cebo—. De ninguna manera. —Entonces se inclina cerca de mí, tan cerca que puedo sentir su aliento en mi oído—. Me olvidé de decírtelo —susurra, sus palabras bailando en mi cuello—. También son mis favoritos.

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Escena 3 Traducido por Júls Corregido por ladypandora

Después de salir con Len, encuentro a mi madre en la cocina, bebiendo té de una taza roja en la que pone LA CURIOSIDAD MATÓ A LA COPA. El logotipo nunca ha tenido mucho sentido para mí, pero a ella le encanta. La compró en Portland cuando fuimos de viaje el verano antes de que empezara la escuela secundaria. Cada vez que no se encuentra bien, papá le hace chocolate caliente en la que él llama «la taza divertida». Siempre le hace sonreír.

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—¿Cómo ha ido? —dice cuando me ve. Baja su taza, y yo apoyo los codos en el mostrador. —Bien —le digo. Tan pronto como la palabra sale, mi boca forma una sonrisa. Esa sonrisa ridícula que estoy segura que me hace ver como una psicótica o algo así. Mi madre, como siempre, está sonriendo junto a mí. —¿Qué? —le digo, tratando de bajar las esquinas de mi boca. —Nada —dice, tomando un sorbo, pero manteniendo los ojos fijos sobre mí—. Sólo es que sonabas muy bien tocando, eso es todo. —Oh, sí. —Me enderezo y me paso una mano por el pelo—. Me alegra que lo guardáramos. —A mí también. Tengo que preguntarle por el artículo, y estoy intentando averiguar cual es la mejor forma de hacerlo, pero no creo que haya un buen momento para preguntarle a tu madre si tu padre es un traidor, así que allá vamos. —Oye, ¿puedo preguntarte algo? —Por supuesto. —Sus cejas se unen.

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—Hoy he leído algo en la escuela. —Muevo mis labios de un lado a otro, tratando de encontrar la manera de seguir—. Y necesito saber si es una historia real. —Está bien —dice—. – ¿Quieres preguntarme? Tomo una respiración profunda y coloco las manos sobre el mostrador. —¿Qué pasó con el tío Richard? Con su familia, quiero decir. ¿Por qué papá escogió a los Montegs? Mi madre suspira y dobla sus manos alrededor de la taza. —Sabía que todo eso se removería en cuanto volvieran. Se lo dije a tu padre. —¿Mamá? Ella asiente con la cabeza como diciendo «lo sé». —¿Cómo te enteraste? —Internet. —No quiero decirlo en un tono tan sarcástico, pero lo hace.

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—Las cosas se complicaron —dice ella—. Tu padre y el padre de Rob han estado siempre unidos. —No es eso —le digo—. No tiene sentido. No explica por qué la familia de Juliet nos odia, o por qué tuvieron que salir de la ciudad. Mamá me mira, y por primera vez en toda mi vida, me doy cuenta de que ella parece más mayor. Que no siempre se ha visto así. Que hace no mucho su piel no tenía ni una sola arruga. Que le han sucedido un millón de cosas, incluso cuando yo ni había nacido aún. Y quizá es por eso que cuando dice lo siguiente, le creo. —Tuvieron una aventura —dice—. La madre de Rob y tu tío Richard. Fue gran desastre, y tu padre y yo nos quedamos de alguna forma atrapados en el medio. Tu padre eligió a su mejor amigo. Pensó que era lo que le correspondía. —Ella se levanta de la mesa y se acerca a mí. Pone un brazo alrededor de mi cintura y me abraza, quedándonos cara a cara. – Cariño, la gente comete errores. Nosotros cometimos este. A veces se pueden arreglar y a veces no. Los padres de Rob han arreglado las cosas. Tienen cuatro hermosos hijos. Por desgracia, tu padre no pudo arreglar la discusión con su hermano. Asiento con la cabeza, captándolo. —¿Crees que alguna vez lo harán?

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Mi madre suspira. —No lo sé, pero espero que sí. Lo deseo todos los días. —¿La madre de Rob…? —Trago saliva, sin saber cómo preguntar esto—. ¿Lo amaba? Mi madre parece pensarlo durante un minuto. Agarra un mechón de mi pelo y lo pone detrás de mí oreja, como solía hacer cuando era pequeña. —Sí —me responde—. Pero amaba más a su marido. Hace seis meses hubiera dicho que era imposible amar a dos personas a la vez. Sentimentalmente, quiero decir. Y creo que una parte de mí siempre amará a Rob. Pero, realmente, eso no impide que tenga sentimientos por otras personas. No impide que sonría como una idiota en el banco del piano con Len. Por primera vez, me alegro de que Rob y yo no nos hablemos. No quiero tener que ocultarle esto. Ni ser quien se lo diga. —Cariño —dice mi madre—. ¿Te puedo preguntar algo?

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—Dispara. —¿Por qué no nos contaste lo de Rob? Paso los dedos por el frío granito de la encimera, jugando con las ranuras. —¿Qué puedo decir? —Me encojo de hombros—. Ya no estará cerca como antes. Mi madre asiente con la cabeza, pero ese es el gesto que hace cuando sabe que no le estoy contando toda la verdad. El gesto que dice, no te voy a presionar, pero estoy sobre ti. —Tengo que terminar bio —le digo—. Gracias por ser honesta conmigo. Ella sonríe y me planta un beso en la parte superior de la cabeza. —Hazme un favor, ¿Quieres? Asiento con la cabeza. —Claro. —No sigas los pasos de tu padre. No te aferres a algo demasiado tiempo, se endurece. Y con eso me libera, toma su taza, y se marcha de la habitación.

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Escena 4 Traducido por Júls Corregido por ladypandora

Uno de los talentos secretos de mi madre es que puede anticipar las cosas. Cuando yo era pequeña, ella siempre sabía cuando guardar un bocadillo de más en mi mochila, que día me gustaría usar mi camisa verde y una vez, cuando estaba de campamento, se las arregló para hacer una visita improvisada del ratoncito Pérez. En otras palabras, no era realmente una gran sorpresa que invitara a cenar a la familia de Juliet el domingo.

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Sé que mi madre está tratando de suavizar las cosas, pero cenar parece una manera demasiado intensa para empezar. ¡Quizás tanto como el hecho de invitar a la familia de Rob! Excepto que cuando yo sugiero eso, me mira severamente y me pide que siga poniendo la mesa. Estoy a favor de dejar que el pasado sea el pasado, pero esto parece un poco exagerado. No puedo creer que incluso estén de acuerdo en venir. No sirve de nada explicarle a mi madre lo doloroso que será pasar una noche entera sentada al lado de la chica que me robó a Rob de entre mis brazos. Trato de fingir un proyecto con Charlie, pero de alguna manera nos encontramos los seis sentados alrededor de la mesa, sirviéndonos pasta primavera. La madre de Juliet trajo rosas y mi madre sigue comentando lo bonitas que son. Creo que ya lo ha dicho cuatro veces en los últimos cinco minutos, pero nadie dice nada y, bueno, se está haciendo incomodo. —Entonces, Juliet —dice mi padre—. ¿Cómo va la escuela? —Genial —chilla Julieta—. Quiero decir, las clases están bien. Dirijo la obra escolar. Y tengo novio, ya sabes. Eso me quita un monton de tiempo. Mira a mi padre y sonríe. Lo sabemos. TODOS lo sabemos.

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Los ojos de la madre de Juliet se clavan en su marido ante la palabra “novio” y mi madre le echa un vistazo a mi padre, tomando un buen trago de agua. Vale la pena señalar que mi padre accedió a esta reunión. Lo que es una locura, por supuesto, pero probablemente lo ha hecho más por amor a mi madre que por interés en su propia reconciliación. Juliet apenas me ha dicho dos palabras, algo que me va genial. No tengo mucho que decirle, aparte de, ya sabes, gracias por robarme a mi mejor amigo. —Richard ha estado tan ocupado con el trabajo —dice la madre de Juliet—. Casi nunca estas en casa, ¿verdad, cariño? —Sorprendente —dice mi padre y prácticamente puedo sentir las patadas que le da mi madre por debajo de la mesa, a pesar de que estoy sentada a dos asientos de distancia. —Ha ido y vuelto de Washington DC constantemente.

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Miro a Juliet, realmente mirándola. Pienso en los rumores que hay en la escuela, se supone que está loca y es suicida. Pero no parece ninguna de esas dos cosas. Sólo se ve hermosa y presumida. —Come, cariño —le dice la madre de Juliet— No has tocado la pasta. Mira a mi madre y le sonríe como diciendo, ya sabes, niños. Mi madre esta girando sus espaguetis, pero se detiene y me guiña un ojo. El guiño parece decir, está bien, somos una familia, y esta noche no durará eternamente. Es como el apretón de manos de Charlie. Estoy aquí. Juliet está sentada frente a mí, al lado de mi madre y la veo pillando el guiño. Entrecierra los ojos hacia mí. —Entonces, ¿qué te mantiene tan ocupado, Tío Richard? —pregunto. —Hum —dice. Muerde bruscamente un bocado de pan en su boca, hasta que se ahoga y escupe, bebiendo sorbos de agua repitiendo mismo—.Estamos en medio de algunos… —Mira a su esposa—. Asuntos. La madre de Juliet le da un golpecito en el hombro. —Ahora no es el momento —dice ella. —¿Por qué no? Aquí no hay secretos.

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Mi tía se pellizca el puente de la nariz con los dos dedos. Juliet empuja su silla y se va hacia la cocina. Su madre trata de agarrarla y detenerla, pero Juliet la sacude. —Ella se lo tomó muy mal —dice mi tía—. Creo que especialmente con Rob y todo eso. —Mira a mi madre, explicándose—. Pero teníamos que decírselo. No queríamos que ella se enterara por las noticias. Y la gente ha estado husmeando. Creemos que Richard va a tener que hacer público el asunto. Mi madre asiente con la cabeza. Mi padre no dice nada. Sé que está pensando, como yo, en los Montegs. Sobre lo que esto significará para la familia de Rob. Para sus hermanos pequeños. —¿Cuándo? —pregunta mi madre. —En una semana como mucho —dice mi tío Richard—. Probablemente ni eso.

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Mi madre le pone más pasta al padre de Juliet. Él la toma ruidosamente. Mi padre se ha levantado a servirse una copa en la sala de estar. Coge la botella que hay debajo del armario de nuestro televisor, un escondite que no sabía que teníamos. Poco a poco me pongo de pie y doy la vuelta a la esquina de la cocina. Espero ver a Juliet furiosa frente a la nevera, o pasando en estampida sobre mí, pero la encuentro fundida en un rincón, con la cabeza entre sus rodillas, llorando en silencio. Verla así, de esa manera, tan pequeña y humana, me hace parar en seco. Aunque no antes de que me vea. —¿Qué quieres? —dice, su tono es amargo y lleno de ira. —¿Estás bien? —Me inclino hacia donde está y me sorprendo de que no ponga más distancia. —¿Por qué te importa? —dice a través de sus manos. —¿La verdad? —digo, deslizándome a su lado—. No lo sé. —Por una vez, alguien es honesto en esta familia. Es tan ridículo, que casi me hace reír. —Quiero decir, ¿tú no lo harías? —¿Estar sentada en el suelo a tu lado? —dice Juliet—. Definitivamente no.

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Tengo que preguntárselo. Puedo sentir las palabras impulsarse hacia arriba y salir y sé que si no lo digo ahora, nunca lo haré. —¿Por qué lo hiciste? Levanta la cabeza y sus ojos están rojos y las mejillas llenas de lágrimas. —Vamos, Rose, ¿no es obvio? —No —digo—. O no estaría preguntándotelo. Pone sus manos sobre las sienes y las presiona. —Siempre has tenido todo lo que yo quería –dice—. Esta genial y encantadora familia. Unos padres que se preocupaban por ti. Y Rob siempre fue tu mejor amigo. —Sacude la cabeza, las lágrimas frescas ruedan por sus mejillas—. Quería tener algo tuyo. Quería vengarme de ti. —¿Por qué? –le digo—. Nunca te hice nada.

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—Sí, lo hiciste —dice—. Nunca me llamaste después de que me fuera, ni una sola vez. Ni viniste a visitarme hasta que pasaron dos meses. —Tenía siete años —respondo—. No es que pudiera conducir, exactamente. No es que ahora sepa, pero da igual. —Tu madre te hubiera llevado —dice ella—. En el mismo segundo en el que se lo hubieras propuesto. Pero no lo hiciste. Ni tampoco cuando creciste. Estuviste de acuerdo con todo. Ser imparcial no te hace inocente, Rose. Me vuelvo a sentar contra el mueble. Ni siquiera vale la pena decirle lo equivocada que está. El pasado está fuera de lugar. —No ha sido así —digo. —Ha sido así durante mucho tiempo. Sólo estamos aquí por que mi padre se metió en problemas en Los Ángeles. Lo mismo. —Hace un gesto hacia el comedor—. No sabes lo que es tener unos padres que apenas se hablan. —Podrías haberme pedido ayuda —le digo—. Cuando llegasteis. En vez de hacer lo que hiciste. Ella se burla.

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—¿Y me la hubieras dado? Tomo una respiración profunda y la miro, y por un momento veo a la chica que solía conocer. La que solía arrastrarse a mi cama durante nuestras quedadas para dormir y se quedaba dormida con su cabeza en mi hombro y siento que la he perdido, que he sido una estúpida todos estos años por pensar que se había ido. —Todavía lo haría. Sostiene mi mirada. —No se lo digas a Rob. —¿No lo sabe? —No le he dicho nada —responde. Y entonces se endereza—. Y tú tampoco lo harás. —Ya no nos hablamos —digo—. Por si no te habías dado cuenta. —Él se preocupa por ti —dice ella.

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Casi me dan ganas de reír. —Eso no significa mucho, viniendo de ti. —Prométeme que no se lo dirás. – ahora hay algo más en su voz. Algo como desesperación—. Prométeme que no le dirás nada. —No le diré nada —digo—. Pero por lo que tus padres van diciendo por ahí, podría enterarse muy pronto de todos modos. Ella mira sus manos y veo que las está moviendo. —Él sigue pensando que tiene una familia perfecta —dice—. No quiero quitarle eso. Me mira y vuelvo a ver lágrimas en sus ojos, pero no son amargas ni enojadas. Están llenas de algo completamente diferente. Algo como amor. Y creo que, por primera vez en diez años, tal vez podamos ser iguales después de todo.

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Escena 5 Traducido por Maia8 Corregido por ladypandora

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Nos reunimos todos en la PL el lunes por la mañana, con cara de sueño y de mal humor. Cuando Juliet y sus padres nos dejaron ayer por la noche, me quedé escuchando a mis padres susurrar. Incluso después de que se fueran a la cama, tarde, no pude dormir. Sólo podía pensar en las palabras de Juliet, ser imparcial no te hace inocente, y la expresión de su cara cuando me pidió que no se lo dijera a Rob. Olivia y Charlie están discutiendo sobre quién descubrió la marca especial de vaqueros que llevaban, y el resto de los estudiantes de último año están dando vueltas por ahí bastante tranquilos, susurrando en pequeños grupos o buscando por Internet. —Rose, tú estaba allí —dice Olivia, sin mirarme—. Fuimos a Bloomingdales, ¿no? Díselo. Lauren y Dorothy están en una esquina, desplazándose a través de algo en el iPhone de Lauren, levantan la vista y me miran. Sonrío y suelto alguna versión mascullada de “No lo sé” en la dirección de Olivia. Entonces John Susquich entra con las noticias de San Bellaro en la mano, y me mira antes de sentarse. —Maldita sea, Caplet —dice, y luego da la vuelta a la hoja. Y entonces mi estómago cae como un ascensor estropeado. Porque sé lo que está leyendo y no puedo creer que no lo haya visto antes. Todos los ojos están sobre mí, lanzándose como rayos láser. No tengo que ver el título sacudido por el escándalo o las fotografías antiguas del padre de Juliet y la madre de Rob besándose en un coche y fuera de un hotel, o las fotos de tío Richard buscando a alguna mujer fuera del Capitolio. Yo ya sé lo que hay allí. Supongo que el tío Richard no tenía que anunciarlo, después de todo. —Jesucristo. —Charlie retira la hoja de John y la empuja en mi cara—, ¿has visto esto? ¿Estás viendo esto? —Ella pasa las solapas salvajemente por lo que las imágenes salen borrosas. —Sí. —Este es enorme. ¿Rob lo sabe? ¡Rosaline! —Charlie toca la parte de

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atrás de mi cabeza, mi respuesta por fin aparece ante ella—. ¿Lo sabías? Juliet entra en el PL, sus gafas de sol aseguradas firmemente a la cara. Toda la habitación se gira, mira embobada y cae en silencio. Una cosa es que esto sea por tu tío. Pero es completamente peor que sea por tu padre. Ella parece empequeñecerse, o podría ser que simplemente está sola. Han pasado semanas desde que la he visto en la escuela sin Rob succionado a su lado. Pero Rob ahora está suspendido y su familia es objeto de un escándalo sexual. Lo siento por ella. Especialmente después de anoche. —De ninguna manera —dice Charlie, como si estuviera teniendo una conversación con mis pensamientos—. No vayas allí. Se lo merece. El karma es una perra.

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—Sí. —Y ha sido una perra para todos nosotros. Perdí a mi mejor amigo y a mi prima, ella perdió a sus padres y en algún lugar nos perdimos la una a la otra. Eso es lo que pasa con el libre albedrío: Cada decisión que tomamos es una decisión en contra de algo tanto como lo es para otra cosa. Juliet se vuelve hacia nosotras brevemente, y luego se vuelve por donde ha venido. —Vamos a llegar tarde —dice Olivia. Charlie se mete el diario bajo el brazo y me tira del codo. —Rose, vamos. —Espera. —Hago un movimiento para seguir los pasos de Juliet, pero Olivia se mete por delante de mí. —No —dice ella. —¿El qué? Mira a Charlie, que asiente con la cabeza como si estuviera dando su permiso para algo. —Que eres rápida para perdonar —dice Olivia—. Siempre lo has sido. Perdonaste a Charlie cuando se olvidó de tu cumpleaños hace dos años. —Charlie baja la vista a sus pies, rodando su agua con gas en sus manos—. Me perdonaste cuando decidí que el belga era más significativo que el concierto de piano al que querías ir. Y esa es una de las mejores cosas de ti, porque estás dispuesta a olvidar las cosas del

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pasado y darle a la gente una segunda oportunidad. Pero Rose, la cosa es, que algunas personas no lo merecen. —Tiene razón —dice Charlie. —Ella es de la familia —digo. —¿Quién lo dice? —dice Olivia—. ¿Así que compartís un apellido? ¡Caray! Tu familia son las personas que conoces, las personas que están a tu disposición. Rose, somos tu familia. No Juliet. Pienso en todo lo que sucedió, de que no hubo la elección correcta. Y hay una cosa que no puedo dejar, independientemente de la elección que haga, porque ya no depende de mí. —Rob va a enterarse —digo. —Sí —dice Charlie. Ella pone el brazo alrededor de mi hombro mientras me lleva fuera de la PL—. Pero no es un problema con el que debas de tratar tú. Todo esto… —Mueve el papel en el aire—, es la historia de otra persona.

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—No veo por qué no renuncias simplemente —dice Charlie esa misma tarde. Estamos sentadas en el patio, a pesar de que ha estado lloviznando desde esta mañana y estamos hablando de la obra de la escuela. Charlie tiene una botella de esmalte de uñas en la palma de la mano, y se aplica una capa dura de en las puntas de sus dedos, un color grisáceo y negro que consiguió en el centro comercial la semana pasada. Ella hace una mueca ante un grupo de estudiantes de primer año que nos está comiendo con los ojos, y que se dirigen hacia Cooper House, corriendo. —Porque toda mi nota de biología está dependiendo de esto. —No es que a Stanford le importe biología —dice Charlie. Ella levanta una mano y sopla sus uñas—. Y estoy segura de que el decano entendería plenamente si le dijeras que el precio de la admisión era estar observando a tu malvado primo hacer cabriolas en el escenario con tu ex. —Rob está suspendido —le corrijo. —Por ahora —dice. Echo un vistazo a Len a través del patio, y es como que estoy de vuelta en el taburete del piano con él. Todo mi cuerpo se ilumina, electrificado. Está hablando con Dorothy y lleva una camisa de manga corta. No

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puedo recordar la última vez que lo vi así. Una vez, en octavo grado, me encontré con Charlie y él en la playa, pero ni siquiera creí que tuviera una entonces. —Lindo, ¿eh? —dice Olivia. Después me mira. —¿Quién? —pregunto, fingiendo ignorancia. Olivia pone los ojos en blanco, pero está sonriendo. —Ve a hablar con él —dice, dándome un codazo en las costillas. Charlie está golpeando con fuerza los dedos en el aire como si estuviera tratando de deshacerse de los mosquitos, cuando digo: —Ya vuelvo. Olivia me enseña el pequeño pulgar hacia arriba y Charlie simplemente asiente. Poco a poco cruzo el patio, pero cuando estoy a mitad de camino, Len me mira, sonríe y se mueve hacia mí. Dorothy me saluda un poco y se apresura a la cafetería.

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—Mira quién está en manga corta —digo, haciendo mi mejor esfuerzo para sentirme bien cuando mi cuerpo entero se siente como si estuviera en llamas. Su ojo morado se ha desvanecido y sólo puedo distinguir pequeñas marcas de color amarillento, las huellas dactilares en su carita. —Estoy tratando de estar al nivel de la gente —dice Len, haciendo un alboroto alrededor gesticulando. Él sonríe, y me hace mirar hacia otro lado. Yo estoy pensando en estar en mi casa sola y juntos, a pesar del hecho consumado de que todo el mundo está mirando, parte de mí quiere alcanzarle y tocarle, pasar mis dedos por su pelo y poner mis manos a ambos lados de su cara. Tomo una respiración profunda. Quiero traer a colación esa cita, decirle que creo que puede que quiera ir, pero no estoy segura de cómo. —¿Vas a estar en el ensayo de hoy? —pregunto en cambio. Len mete las manos en los bolsillos. —No tengo otra opción —dice—. Sin mí, no hay equipo de iluminación. Sin ánimo de ofender ni nada. —Él me mira bajo sus pestañas—. Apesta. Me río nerviosamente. —Tristemente, es verdad.

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Levanta las manos. —Entonces, ¿cómo estuvo el resto del fin de semana? —Lleno de sucesos. —Interesante. —¿Has leído el periódico? —Te dije que estaba informado políticamente —dice. —¿Así que no vas a decir nada? —¿Cómo qué? —¿Cómo que tu familia está realmente jodida? Se ríe, sacudiendo la cabeza. —Que graciosa eres, Rosaline, ¿lo sabías?

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Me encojo de hombros. —Eso es algo. —Tu tío es una especie de misógino. Y por otra parte tus padres tuvieron una decisión difícil que tomar. Pero, ¿y qué? Mis padres se divorciaron cuando tenía cinco años, y ahora mi madre vive con un tipo que ha estado en la cárcel dos veces y esta mañana mi hermana de doce años se rompió el brazo en la parte posterior de la motocicleta de su novio. El hecho de que un periódico no escriba artículos acerca de nosotros no significa que no estemos totalmente jodidos. —Lo siento —digo—. No lo sabía. —Esta es la vida —dice—. Hay que tomarla como viene, a pesar de que algunas cosas sean realmente una mierda, hay muchas cosas realmente geniales. —Por un momento, sus cejas se juntan. Pero no es un ceño fruncido. Es esa mirada intensa que tiene. La mirada que vi cuando él estaba tocando el piano. La que pone cuando realmente le preocupa algo. Y ahora mismo me está mirando.

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Escena 6 Traducido por Maia8 Corregido por ladypandora

Acababa de golpearme el dedo gordo del pie, y estaba tratando de no gritar, pero el esfuerzo provocaba que me sudasen hasta las alas. Juliet y el belga están coqueteando por el escenario. Creo que han mejorado bastante, pero es difícil de decir. El belga aún sigue pronunciando mal las cosas, y sólo estamos a una semana de la noche de estreno. —¿Puedes darme el guión? —susurra Len.

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He estado sentada encima de él, y cuando me levanto de la silla, la primera página se adhiere tercamente a mi pierna. Me arqueo e intento quitarla de un tirón, y cuando lo hago, veo a Len mirándome con esa brillante risa en sus ojos. —Muy acorde con esta actuación, ¿eh? —Muy divertido. El señor Barch nos llama para el descanso intermedio, y Juliet colapsa en un asiento y coge una botella de agua, como si fuera una atleta marginada. Len está jugueteando con algo de la decoración, pero las palabras salen antes de que tenga oportunidad de filtrarlas. —Sobre esa cita —suelto, todo de repente. Len entorna los ojos hacia mí, peor no dice nada—. Ya sabes, lo que dijiste el viernes por la noche, en el piano. Len se endereza. —No lo he olvidado —susurra—. Pero, ¿recuerdas que dije que la paciencia es una virtud? —Está sonriendo, las esquinas de su boca, estrafalariamente, se inclinan hacia arriba de sus comisuras. —Creo que está sobrevalorada.

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—¿Oh sí? —pregunta Len, levantando las cejas—. ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? Tengo que pensar bien antes de hablar, construir oraciones coherentes y sensatas, porque estar tan cerca de él está haciendo que todas las palabras salgan corriendo de mi cabeza como el agua vuelve al océano en un gran zumbido arrollador. —Llevas una camiseta. —En cierto modo me explico. —Es por mis bíceps —dice—. No puedo dejar que salgan con mucha frecuencia. Demasiada gente quiere entradas para el espectáculo de las armas. —Aparta los rizos de su cara ojos y me mira—. Así que… — dice—, ¿eso quiere decir que puedo salir contigo esta noche? —¿Esta noche? —Has dicho que la paciencia está sobrevalorada. Pone su mano sobre la mía, e instantáneamente lo siento de nuevo, esa descarga eléctrica. Excepto que esta vez no se va.

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Hace que me acerque más. Su mano sigue sobre la mía, y está enviando una corriente a través de mi brazo y en mi pecho. —No mantienes fuertemente tus creencias —dijo. —No las que necesitan cambiar. —Me mira, anhelante. Eso hace que mi respiración se atore en mi garganta, y tengo que soltar de alguna manera el aire y empezar todo de nuevo. —De acuerdo —digo—. ¿Me recoges a las seis? —Estaré allí —dice. Eleva mi mano y toca con ella su mejilla—. Enseguida vuelvo. Tengo que coger algo de Cooper House. Le observo irse, con una sonrisa gigante plasmada en mi cara. Como si estuviese llevando ese juego de labios de cera que Rob y yo solíamos tener cuando éramos más pequeños. Y no hay nada que pueda hacer al respecto. No hay nada que quiera hacer. De hecho, estoy tan pillada por Len que tardo otro minuto en darme cuenta de que alguien está gritando. Rob se ha subido al escenario con una pelota de tenis, y está de pie, delante de Juliet, con las manos apretadas en puños a los lados. El belga ha desaparecido y también el señor Barch. Aparte de unos pocos miembros del reparto, dispersos por los laterales del auditorio, son los únicos a la vista.

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—¿Sabías esto? —pregunta él. Gritos. —Se supone que no debes estar aquí —dice Juliet. Su voz es silenciosa, cansada y todavía está sentada. —¿Sabías esto? —grita de nuevo. Juliet cubre su cara con las manos, de la misma manera en que lo hizo en el suelo de mi cocina la otra noche. Quiero correr hacia ellos, abrazarla y protegerlos el uno del otro. —Contesta —brama Rob. Puedo ver como sobresalen las venas de su cuello. Tiene una de esas venas por la oreja izquierda que se hincha cuando se enfada. Sólo la he visto una vez, cuando tuvimos una discusión sobre si el blanco era o no un color primario. Completamente estúpido, pero se enfadó tanto por eso, que la vena prácticamente se desacopló. Eso casi hace que me asuste por ella. —Lo siento —dice Juliet. Es casi un susurro, pero este auditorio es tan silencioso que puedes oír como cae un alfiler.

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—Debería haberlo sabido —dice—. Pensaba que podía confiar en ti. Creía en lo nuestro, a pesar de lo que toda la gente decía. Pero tenían razón. No eres más que una loca mentirosa. Juliet exhala, levantando la cabeza. —Hablemos de esto —dice. —¿De qué quieres hablar? Me has traicionado. —Estaba intentando protegerte. —¿De qué? ¿De la verdad? —Da un paso atrás y se sujeta la cabeza con la mano derecha. —Tu familia... —empieza Juliet, pero Rob la interrumpe. —No hagas eso. No hablas de mi familia como si los conocieras. —Su cara se retuerce con fuerza, como que si le dejase seguir, se desvelara por completo. Y entonces Juliet se levanta, e incluso aunque sé que es unos treinta centímetros más baja que él, desde aquí parecen estar cara a cara. —Lo siento —dice ella—. Lo siento, no conozco mejor a tu familia. Lo siento, no puedo estar allí para ti de la forma en que tú lo necesitas. Lo siento, no soy ella.

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—Esto no es sobre ella —dice Rob—. Ahora parece un poco cohibido, y echa un vistazo al auditorio. —Por supuesto que es sobre ella —dice Juliet, su voz elevándose—. Aún estás enamorado. Hay un millón de pensamientos apelotonándose en mi cabeza de repente. Juliet está hablando de mí, lo sé, pero también me ha dado cuenta de algo más. Rob está enamorado de Juliet. Está enfadado y dolido porque realmente se preocupa. Si ella no puede ver eso, quizás de verdad esté loca. —No sigas usando esto como una excusa para de nuevo hacer algo estúpido —dice Rob a través de sus dientes apretados. Los ojos de Juliet se amplían y da un paso atrás. Rob la alcanza y la agarra del hombro. —No puedes simplemente irte. Juliet está mirando hacia delante, y cuando la mano de Rob alcanza su hombro, veo que cierra los ojos, brevemente.

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—Déjame ir —dice ella, y luego se va, con los pies aumentando la velocidad mientras corre fuera de la sala. Rob se desploma en un asiento, con la cara entre las manos. Algunos de los chicos de los grados inferiores comienzan a reírse, tratando de calmar la tensión que acaba de arrasar la habitación. Parecen pequeños muñecos con cabezas abombadas en las alas. Diferentes cabezas, mismos cuerpos. Como si todos ellos fueran intercambiables. Como si todo el elenco se pudiera ser cambiado y nadie se daría cuenta. Entonces Rob levanta la vista. Parece que nuestros ojos se encontraran, aunque sé que aquí estoy perdida entre las sombras y las luces hacen que le sea imposible verme. Rob, simplemente, sigue mirando hacia arriba, hacia mí, casi como si estuviese enviando una plegaria. Entonces se levanta, lanzándose sobre la silla de Julieta, y se escabulle de la sala detrás de ella.

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Escena 7 Traducido por lausodie Corregido por Neptbell

—Sé que estás triste por lo de Rob, y envuelta en el último circo de Juliet —dice Charlie—, pero no creo que andar por ahí con el payaso de la clase sea la solución—. Me está acercando a casa mientras gestualiza exageradamente. Me inclino y le doy un apretón al brazo que agita. —¿Andar por ahí? ¿En serio? —bromeo.

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—El cariño no me hará cambiar de opinión —dice, haciendo un intento poco entusiasta por apartarme con un golpe. —Pero puedo intentarlo. Ella levanta la barbilla y frunce el ceño. —Podrían romper por esto, ¿sabes? —Puede. —Sólo digo que es algo importante. No se arregla tan fácilmente. —Sí —digo— lo sé. Pero sigo sin creer que vaya a pasar. A él le importa de verdad. —Pienso en Juliet en el auditorio, tan pequeña y casi indefensa. No puedo evitar sentirme mal por ella. No es que tenga amigos con los que hablar. Han sido Rob y ella contra el mundo desde que llegó aquí. —Como sea, —dice Charlie—. Podría. ¿Y entonces qué? —También podría nevar en Navidad —digo—, pero no veo que nadie vaya corriendo a comprar un trineo. Charlie aparca en la entrada de mi casa y apaga el motor del coche. Se apoya en el asiento, pero sigue mirando hacia adelante.

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—Puede. No lo sé. Pero parece que todo está cambiando. —Suspira y dirige su mirada hacia mí—. ¿Alguna vez te has sentido así? ¿Que un minuto crees que lo entiendes todo y resulta que estabas completamente equivocada sobre todo? —¿No me conoces? —pregunto—. Esa es la historia de mi vida. Charlie se encoge de hombros. —Yo antes pensaba que sabía lo que estaba haciendo. —Su labio inferior empieza a temblar, y lo muerde para mantenerlo quieto. —¿Hablas de Jake? Charlie sacude la cabeza, pero el movimiento parece aumentar sus lágrimas y empiezan a rodar por sus mejillas, dejando marcas en su camiseta. Me desabrocho el cinturón de seguridad y me inclino hacia adelante, rodeándola con mis brazos. —Es que la echo de menos —dice contra mi hombro, que amortigua sus palabras.

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—Lo sé —digo. Siempre doy por hecho la fortaleza de Charlie. A veces olvido que ella también siente dolor. A veces incluso más que el resto de nosotros. Se echa hacia atrás y pasa el dorso de la mano por las mejillas. —No se hace más fácil. A veces siento que estoy en el mismo sitio donde empecé. —Pero no lo estás. Eres mucho más fuerte. Charlie pone los ojos en blanco y rodea su pecho con los brazos. —Quizá —dice—. ¿Quién se acuerda? —Yo. —Me sorprende lo intensas que suenan mis palabras, pero ahí están, saliendo de mi boca—. Estuve allí y recuerdo lo duro que fue y lo desastre que eras. Y ya no es así, para nada. Te tropiezas y caes, por supuesto. Pero ahora te levantas tú sola. Lo llevas hacienda un tiempo. Y a veces me levantas a mí también. —Gracias. —Se estira hacia atrás y saca el gran bolso de CAK. Hay un Kleenex en un bolsillo del bolso, y se limpia la nariz con él. —Lo digo en serio, —digo—. Supongo que es mi trabajo como tu mejor amiga. Recordarte que las cosas no son como eran antes.

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Me mira y sonríe. Hasta cuando tiene la cara roja y llena de manchas, es irracionalmente guapa. —Si necesitas que te lo recuerde, llámame, —digo—. Siempre estoy aquí. —Entonces le cojo la mano y se la aprieto. Dos veces. —¿Sabes quién me puso el mote de Charlie? —me pregunta. —No —digo, moviendo la cabeza—. Nunca había pensado en ello. —Fue ella. —Charlie sonríe y mira a lo lejos a través del parabrisas, como si prestase mucha más atención a lo que pasa dentro de su cabeza que fuera—. Así era como quería llamarme en un principio. Decía que si podía llevarlo con estilo, sería algo espectacular. —Bueno, pues lo haces —digo—, de eso no hay ninguna duda. —Lo sé —dice, con ese tono de nuevo en su voz. Parpadea rápidamente unas cuantas veces y se vuelve a centrar en mí—. Gracias a dios. Las dos nos echamos a reír de manera que se sacuden nuestros hombros, hasta que nos tenemos que agarrar los costados.

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—Pero es más o menos mi nombre real —dice Charlie entre jadeos—, si lo piensas. —Como Rosaline. —Un pensamiento me viene a la cabeza brevemente, pero se va con una risa entre hipidos. —Te llamaré como quieras —dice—, mientras no me hagas llamarte la novia de Len. —¡Eh! —digo—, estoy haciendo progresos. Pasando página. —No creo que salir con Len sea progresar —dice Charlie. Y entonces suspira, lanzando el bolso por encima del asiento—. Pero si insistes en hacerlo, al menos haz que se corte el pelo. La casa está tranquila cuando llego, y vacía. Dejo mi bolso al lado de la puerta y deambulo hasta la sala de estar y, sin pensarlo demasiado, me siento al piano. Hubo un tiempo en el que venía aquí cada día después de clase. Cuando mis padres me traían a casa yo corría dentro, me plantaba aquí y tocaba. Era como darse una ducha. Mis músculos se relajaban y mi cabeza se despejaba y la música se llevase el día por delante. Elijo una pieza de memoria. Es algo de Tchaikovsky que siempre me ha encantado. Una tema sobre el amor. Estoy oxidada y empiezo despacio,

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pero mis dedos la recuerdan mejor que yo, y pronto estoy volando, deslizándome sobre las teclas. Lo que siempre he adorado de tocar era que no había espacio para nada más. Desde el momento en que mis dedos tocaban las teclas, éramos sólo yo y el piano. Éramos lo único que existía en todo el universo. De hecho, son casi las seis cuando me aparto, lo que significa que he pasado casi dos horas aquí. Cuando me echo para atrás, casi espero que Len esté sentado junto a mí, sonriendo de modo alentador. Y entonces me levanto, porque Len llegará en cualquier momento y todavía tengo que arreglarme. Lo que tiene vivir en Carolina del Sur es que más o menos llevas lo mismo todo el año. A parte de la posible adición de un cárdigan o un pañuelo en invierno, el vestuario es bastante parecido.

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Cuando subo a mi habitación, abro el armario. Huele a lavanda por esas bolsitas de flores secas aromáticas que mi madre pone en los cajones donde guardo mis calcetines y las camisetas, y respiro profundamente, disfrutando la calma momentánea. Después de un momento me siento más tranquila y considero las posibles elecciones de vestuario para la cita. Saco algunas prendas y miro mis opciones. Está el vestido que compré y llevé al 40 cumpleaños de la madre de Rob, el que me puse cuando fuimos a ver El Fantasma de la Ópera en Nueva York. Está el vestido de verano que llevé cuando fuimos en bici juntos el año pasado, y el que todavía tiene una mancha de helado de cuando se le cayó el cucurucho de chocolate hace dos veranos. Cada vestido parece contar alguna historia sobre Rob. Vuelvo a mirar, decidida a hacerlo mejor. Hay un vestido azul escondido detrás que mi madre y yo compramos la primavera pasada. Es de algodón azul y más bien ancho con mangas casquillo y un dobladillo que queda justo por encima de la rodilla. Nunca antes lo he llevado, y me lo pongo. Es cómodo, y creo que me hace parecer algo más mayor. Escojo un par de pendientes en forma de gota que Charlie me regaló en mi 16 cumpleaños y me pongo algo de colorete y rimel. No es tan impresionante como el vestido que llevé al baile de otoño, pero creo que este me hace parecer más yo. El timbre suena justo a las seis. No esperaba que fuese el tipo de chico que aparece justo a la hora, pero Len sigue sorprendiéndome. Echo algo de dinero que hay en la cómoda al bolso y echo una última mirada al

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espejo. Estoy entusiasmada. Saber que Len está abajo que me hace feliz. No como en un sueño, sino mejor. Real. Estoy ansiosa por coger su mano esta noche y quizás hasta que me bese. Estoy ansiosa por averiguar cuál es su color favorito y lo que quería decir sobre no haber acabado en Julliard. Quiero saber más sobre su hermana y si se lleva bien con su padre. Quiero saber si prefiere comida tailandesa o japonesa, y cuál es su película favorita. El futuro parece mejor que el pasado, más grande y más vivo, y mientras bajo las escaleras a toda prisa, lo único en lo que pienso es en lo emocionada que estoy por lo que queda por venir. Abro la puerta un poco jadeante, pero no es Len el que está al otro lado. Es alguien en tejanos y una camiseta verde que me es familiar. Es Rob. Su cara está roja y respira entrecortadamente, como si hubiese estado corriendo. Su respiración es entrecortada y se dobla sobre sí mismo, con las manos en las rodillas. Y apesta. —¿Qué haces? —suelto. Dejo la puerta entreabierta, con la mano todavía en el picaporte.

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—¿Puedo pasar? — frunce el ceño y mira detrás de mí—. Sólo un minuto. —No. Mis padres están en casa —miento—. ¿Qué está pasando? Sacude la cabeza. —Tenía que verte, —masculla. —¿Estás borracho? —Un poco. —Eres un desastre – digo. —Mi vida es un desastre. Me mira y veo que sus ojos están rojos. Ha estado llorando. —Mi madre mintió, Juliet mintió, todos mis amigos son unos mentirosos. Tú eres la única que alguna vez… —se mira a los pies—. Tú eres la única que alguna vez tuvo sentido. —Rob… —Te echo de menos.

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Es todo lo que quería oír. Durante meses lo único que quería era que volviese a aparecer en mi puerta y me dijese que todo había sido un error, que yo era la única con la que de verdad quería estar. Pero ahora, mirándolo, borracho y hecho un desastre, no quería lanzarme a sus brazos. —Es un poco tarde para eso, ¿no crees? Él parpadea y me mira. —Yo… no sé —tartamudea—. Creo que cometí un error. —se pasa la mano por el pelo. —Mira, Rob, —digo— no sé qué es lo que quieres de mí. —Te quiero a ti —dice suavemente—. Te quiero de vuelta. Te echo de menos. ¿No lo ves? Me mira con esos ojos de color chocolate. Los ojos que me han visto dormir y han visto mis recitales de piano y miraron firmes cuando aprendí a montar en bici.

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—¿Y Juliet? La vena de su cuello se tensa. —No lo sé. Ni siquiera puedo confiar en ella. Lo que digo nos sorprende a los dos. —No fue su culpa, ¿sabes? No deberías hacerla responsable. Parece que lo he cogido desprevenido, y se toma un momento para responder. —Aun así mintió —consigue decir. Está apoyado contra el marco de la puerta, con los brazos caídos. —No mintió. Simplemente hubo algo que no te contó. No quería hacerte daño —lo que no le digo es que, sin importar quién fuese responsable al principio, todos tenemos nuestra parte de culpa. —¿Qué? —me mira con los ojos entrecerrados, como si intentase concentrarse en juntar las palabras, pero al final sacude la cabeza y se rinde—. ¿Me has oído? He dicho que te hecho de menos. Cruzo los brazos. Sigo esperando que mi ritmo cardiaco acelere, que mis manos empiecen a sudar, pero no es así. La verdad es que me siento sorprendentemente calmada.

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—Eso ya lo has dicho. —No quiero a Juliet —suspira y se mira los pies—. No es tú. Nunca ha sido tú. Le he dicho que iba a venir aquí y ni siquiera ha intentado discutirlo. —¿Se lo has dicho? —Sí, —dice. Parece sentirse culpable. —No deberías estar aquí, - digo—. Vosotros deberíais —trago saliva— arreglar las cosas. – Ahora mi corazón se acelera. De repente recuerdo las palabras de Rob por la tarde en el auditorio. No hagas algo estúpido. Otra vez. —¿Qué? No. —Se echa hacia adelante, pero yo me echo hacia atrás—. Quiero estar contigo. Somos amigos desde siempre, Rosie. Te conozco de toda la vida. —Las cosas cambian. —Nosotros nunca deberíamos haberlo hecho.

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—Así es la vida —digo—. Estas cosas pasan. —La cagué —dice—. Pensé que era algo que no era, y lo perdí todo. Quiero recompensarte. Haré lo que haga falta. —Hace un gesto extenso, como si englobase todo el mundo—. Eres tú, Rosie. Por favor. En un movimiento rápido, pero deshonesto, coge mi mano con la suya. Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que hablamos que había olvidado cómo era simplemente estar con él. —Por favor. —vuelve a decir. Lo miro, sus ojos humedecidos y su frente sudorosa. Es Rob. El único Rob que habrá nunca. Nadie nunca será tan natural o recordará mi vida como sólo él puede. Quizás valga la pena darle otra oportunidad. Aunque sea sólo para ver si podemos volver a ser amigos. Pero entonces pienso en Len. En biología , la obra, el piano, sus manos en las mías, en comer twizzlers en mi habitación y en cómo mi cabeza parece zumbar cuando él está cerca. —Necesito pensar en ello —digo. Suelta mi mano. —Lo entiendo —dice, pero parece decepcionado—. ¿Y ahora qué?

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—Creo que deberías ir a ver a Juliet —digo—. Debéis arreglar las cosas. Él asiente. —¿No me puedo quedar un poco más? Podríamos ver una película o algo. —No ahora —digo—. Deberías ir a casa. —No puedo ir a casa —dice triste—. Ni siquiera sé cuál es mi casa ya. — Rob se aprieta el puente de la nariz con el pulgar y el índice. Parece cansado, y me dijo en los círculos oscuros bajo sus ojos, de color del carbón. Alargo la mano y la pongo en su brazo, me estira hacia él y me abraza. Pero ya no es como solía ser. No me hace sentir feliz o emocionada o consolada, siquiera. No me hace sentir nada en absoluto.

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Me aparto de sus brazos y cierro la puerta, me siento en el suelo cuando vuelvo a estar dentro. Lo oigo bajar las escaleras, y luego todo está en silencio, tanto que puedo escuchar mi propia respiración. Cuando era más pequeña, me daba pavor estar sola. Me convencía a mí misma de que algo horrible les había pasado a mis padres, que habían tenido un accidente de coche o algo y que nunca volverían. Me sentaba en una esquina de la cocina, aterrorizada y con los puños apretados, y esperaba hasta que aparcaban en la entrada. Pero ahora mismo quería estar sola. Quería todo el tiempo del mundo para pensar en lo que acababa de decir Rob y lo que debía hacer. ¿Podía volver a haber un “nosotros”? El timbre vuelve a sonar. Me levanto de un susto, irritada. No me puedo creer que haya vuelto. Le acabo de decir que necesito espacio. No tiene paciencia, nunca la tuvo. Abro la puerta de un tirón, ya hablando, pero, por supuesto, no es Rob. Es Len. Lleva unos tejanos y una camisa de botones, y está adorablemente sexy. Sólo quiero saltar a sus brazos en ese mismo momento. De su lado cuelga un ramo de violetas, con las flores apuntando hacia el suelo. Son mis flores favoritas. Solía cogerlas en los jardines Famke y llevárselas a casa a mi madre. Rob piensa que me gustan más las rosas, y nunca le he corregido porque es muy mono cuando dice “rosas para Rosie.” Aunque en realidad mi nombre no es Rosie, y no me gustan las rosas. No me gustan desde que me pinché con una espina cuando tenía ocho años.

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—Hola —empiezo, pero Len sacude la cabeza. Me mira como si cualquier cosa que yo fuese a decir, él ya lo supiese. —¿Tienes que pensarlo? – dice. Su coche está aparcado en mi entrada, justo al otro lado de la casa. Ha estado ahí todo el rato. Lo ha oído todo. Al darme cuenta, me quedo sin respiración. —Lo siento —digo—. Por favor, entiéndelo, es complicado. Quiero decirle lo mucho que lo siento. Que Rob es una fuerza en mi vida, una a la que no le puedo dar la espalda. Quiero decirle que es confuso, especialmente ahora. Que siempre pensé que sería Rob, pero estando aquí, con Len, me hace olvidar todo eso. Olvidar todo el pasado. El problema es que no tengo claro cómo hacerlo.

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—En realidad no lo es —dice. Inhala y me mira. Con aspereza—. La cosa es así. Me importas. Siempre me has importado. Veo quién eres. Esa chica increíble que es lista, guapa, inteligente, talentosa y a la que le importa demasiado lo que los demás piensan. Has pasado de mí durante años, y entonces este año ocurrió este milagro y me has prestado atención. ¿Sabes por qué? Porque por un puto minuto no estabas pensando en Rob. —Sus ojos se entrecierran, pero no para. Su voz es fuerte y fuerte, pero no de enfado, simplemente firme—. Soy una persona paciente. Te he esperado durante lo que parece una eternidad. Pero no voy a quedarme aquí a ver cómo vuelves a elegir a la persona equivocada otra vez. Así que, Rosaline, la cosa no es tan complicada. Cuando lo piensas, es bastante simple. Me da las flores y camina hacia su coche. Quiero llamarlo, decirle que se quede, pero me he quedado paralizada. En vez de eso, me quedo plantada en las escaleras de la entrada, aguantando sus violetas, mis violetas, pensando en lo que acaba de decir mientras lo veo marcharse. Hasta que se ha ido y estoy sola no me doy cuenta de que esta vez no es eso lo que quiero.

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Acto 5

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Escena 1 Traducido por Júls Corregido por Neptbell

—Espera —digo. Estoy moviendo mis brazos y mis piernas impetuosamente, pero él es mucho más rápido que yo, así que me siento como si no me moviera, más bien como si solo me mantuviera a flote. —Date prisa, tortuga —girándose sobre su espalda y dando patadas altas, como los nadadores sincronizados de los Juegos Olímpicos. —No es justo —le digo—. Has entrado de cabeza.

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—¡El primer pájaro consigue al gusano! —dice, pero suena como “worrr” porque se ha hundido y se le ha llenado la boca de agua. Esta tosiendo y ahogándose, y yo vuelvo a moverme, un poco alarmada, pero cuando llego ahí, sus mejillas están hinchadas y me escupe, tirándome agua a los ojos y por toda mi cara. —¡Para! —le grito, y entonces él está alejándose de mí en línea recta, pataleando con tanta fuerza que le estoy perdiendo. —Ven a buscarme—–dice Rob, y luego desaparece debajo del agua.

He escuchado a gente decir que cuando algo verdaderamente grande sucede, todo el mundo se detiene y quedas congelado en el momento, pero esto no es lo que me ocurrió a mí. En lugar de eso, estoy siendo catapultado en el tiempo, de un impulso desde el centro, y atrás, atrás, atrás hasta antes de que todo esto empezara. Lo único en lo que puedo pensar es en el verano, en el Campamento Kwebec. En Rob y yo chapoteando con nuestros trajes de baño. En el sol y la prometida limonada y su voz debajo del agua. Ven a buscarme. Lo supe antes de que mis padres me lo dijeran. Lo supe en el segundo en el que entraron a mi habitación a despertarme. Tal vez lo soñé. Tal vez tenga algo que ver con el hecho de que Rob estuvo aquí anoche,

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pidiendo estar conmigo, y que cuando dije que no lo sabía, cambié el curso de las cosas. Sea lo que sea, no estoy sorprendida. No luché con ellos del modo que esperaban. Ni siquiera grité “No” o “¿Por qué?” o cualquier otra cosa que suele hacer la gente en las películas. En lugar de eso, solo me quede ahí quieta. Estaba siendo rescatada de la piscina. Tan lejos, de hecho, que sus palabras son mitigadas y sus rostros se ven distorsionados. Como si los estuviera viendo debajo del agua. Rob se ha ido, me dicen. Pero no de la manera en la que se fue ayer. No del mismo modo. Esta vez se ha ido para siempre. Un accidente de coche. Alcohol. Los acantilados. Las palabras vienen a mi como pequeñas linternas perforando la oscuridad, cegantes y brillantes. No miro la cara ahogada en lágrimas de mi madre, ni la expresión sombría de mi padre. En lugar de eso miro mi techo.

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Está lleno de estrellas, del tipo adhesivas que brillan en la oscuridad, al ser las cinco de la mañana en el exterior no hay luz, por lo que brillan ahí arriba. Rob y yo solíamos recolectarlas cuando éramos pequeños de la máquina expendedora fuera de nuestro supermercado local. Mi techo no es extraordinariamente alto ni nada, pero entonces solo podíamos llegar a él si nos poníamos de pie en la cama, por lo que lo utilizábamos para saltar, con la estrella por el lado pegajoso en nuestras manos. De esa manera las pusimos todas ahí. Debe haber cientos. Imágenes de Rob vienen a mí con un detalle cristalino. Mi memoria perfectamente clara; es con el presente con el que tengo problemas. Veo a Rob de pie en mi camino de entrada, gritándome que coja las ruedas de entrenar de mi bicicleta. Rob y yo en el porche de atrás, haciendo s’mores. Rob y yo de pie en línea en el mostrador de Macy, tratando de colar joyas falsas en la compra de mi madre. —Vamos a ir a casa los Montegs, para estar con sus padres —dice mi madre. De repente todo encaja y me despierto. Julieta. ¿Quién la ha llamado? ¿Cómo está tomando esto? —¿Dónde está Juliet? —pregunto finalmente. Pero luego me doy cuenta de cómo mi madre me está mirando y me doy cuenta… Ella también se ha ido. Julieta estaba en el coche con Rob. Los dos están muertos. Por alguna razón la fuerza de la noticia me hace sentarme, recta. Mi madre está sentada, y mi padre está de pie frente a nosotros. El reloj marca las 5:25. Nací a las 5:25, y mi mamá dice que durante los

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primeros diez años de mi vida siempre me despertaba a esa hora, como si fuera la hora en la que debía volver a incorporarme al mundo. Ni Rob ni Julieta volverán a entrar en mi mundo. Él nunca se dejará ver en mis escalones de la entrada. Él nunca va a ver una película conmigo ni me sostendrá cerca de él. Ella nunca será mi amiga. Ella nunca me perdonará. Recuerdo haber pensado en septiembre, en la fiesta de Olivia, cuando él también podría haber muerto, y la muerte podría haber sido más sencilla, porque yo no tendría que volver a verlo. Estaba equivocada. La muerte es completamente diferente, el final de cierta manera que no se puede comprender del todo. Rob no está en ninguna parte del planeta. No está en Italia con sus padres o se ha ido al campamento de verano o esta incluso con Julieta. Él ya no existe, y nunca volverá. —¿Quieres venir con nosotros? —oigo a mi madre preguntar.

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—¿Puedo llamar a Charlie? —me siento como un niño pequeño, pidiendo permiso para ir a comprar un helado, pero no estoy segura de que tengo que hacer. ¿Cuál es el protocolo adecuado para esto? Cuando tu mejor amigo y tu prima mueren, ¿qué se supone que tienes que hacer? —Por supuesto —dice mamá—. Lo que tú quieras. Pero esto no es lo que quiero. Lo que quiero es que el día de hoy se desarrolle como se suponía. Para nosotros, estar en la escuela. Hoy se suponía que deberíamos tener el ensayo general de la obra. Rob y Julieta se supone que estarían en el escenario, y Len y yo se supone que estaríamos arriba, ajustando las bombillas. Puedo sentir algo que roza a la pena, avanzando por su camino lentamente hasta que está justo en mi pecho, rozando mi corazón. Es la culpa, por lo que gran parte de ésta llega a mi garganta y me dificulta respirar. Nunca debería haber accedido a esa cita con Len. Debería haberle dicho que si a Rob. Tendría que haberle obligado a entrar, llevarlo a la ducha y consolarle, decirle que estaba allí. Estaba borracho y herido. ¿Cómo podría haberle dado la espalda? Busco a tientas el teléfono en mi mesilla de noche y con furia marco el número de Charlie. Ella lo coge al primer pitido. Esto es lo que me encanta de ella. Siempre tiene su teléfono. Nunca en silencio, vibración o apagado. Siempre en pleno fragor. Una vez nos

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echaron mientras veíamos una película de chicas porque su teléfono no dejaba de sonar a todo volumen – Jake seguía llamando y ella no iba a apagarlo. Ella estaba disponible. No importa la hora que sea por la noche o por la mañana, y por un segundo estoy más agradecida de lo que he estado en toda mi vida. —Hola, cariño —dice ella, como si no estuviera durmiendo. Como si no estuviera cansada. —¿Puedes venir? —Duh —dice ella— ¿Crees que te abandonaría a tu forma de conducir? No es una opción. —¿Puedes venir antes? —pregunto. Mi madre me toca la pierna bajo las sabanas, y yo parpadeo para alejar las lágrimas. El sonido de la voz de Charlie y el tacto de mi madre a la vez parecen demasiado.- Por favor. —Si —dice ella, y puedo ver como asiente la cabeza, ya fuera de la cama- ¿Qué ha pasado? —Solo ven.

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Charlie y yo nos hicimos amigas en el cajón de arena en primer grado, pero nos conocíamos de antes. Sin embargo, no lo supimos hasta el año pasado. Estábamos buscando en los viejos álbumes de fotos en su casa, y había una foto de nosotras cuando éramos pequeñas vestidas con trajes de baño en la playa con nuestras madres. Había más gente, también. Estaba Asara Dool, quien se había mudado antes de empezar la secundaria, y algunos más, por lo que quedaba claro que no era una cita para jugar solo nosotras dos, pero ahí estábamos, juntas en una foto. Charlie hizo una segunda copia y me la dio en un marco el año pasado. Ella había escrito en la parte trasera en Oro Sharpie una palabra: "evidencia". Pienso en esto ahora. Acerca de su vestido colgando en mi armario y mis pendientes es su cajón, y los Peces Suecos en mi escritorio y el millón de pequeñas cosas que nos recuerdan que hemos sido amigas des de antes de que podamos recordar, que ella estaba aquí desde antes que supiera quien era. —Ella está viniendo —le digo a mi madre cuando cuelgo. Lo digo con firmeza, deliberadamente, como si eso de alguna manera fuera a cambiar las cosas. Como si todo lo que tuviera que pasar es que Charlie deba saberlo.

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Miro a mi padre. Él ha estado tranquilo, con la mano en la frente y su brazo sobre el pecho. Por lo general, cuando las cosas se ponen tensas hace alguna broma. Mi madre dice que siempre se puede contar con él para mejorar el estado de ánimo, incluso cuando ella no quiere mejorarlo, pero hoy no tiene absolutamente nada que decir para mejorar las cosas. Nuestro teléfono suena, y por un segundo creo que es Charlie, pero yo aún no lo he puesto siquiera en el receptor. El tiempo está haciendo algo divertido. Doblándose de modo que es difícil saber cuándo han sucedido las cosas. Siento como si mis padres hubieran estado sentados en mi cama por años, como si no hubiera un antes de que Rob muriera. Lo cual quiere decir, y yo ni siquiera puedo creer que esté diciendo esto: que nunca hubo un momento en el que estuviera vivo. Al mismo tiempo, espero que el venga y cruce mi puerta. Para sugerir que pasemos este último día y vayamos a ver una película.

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Mi madre se levanta y por primera vez me doy cuenta que ella está vestida. Completamente vestida. Lleva unos pantalones negros y un suéter color crema e incluso, lleva perlas, que nunca usa. Me la imagino vistiéndose esta mañana, eligiendo un traje que la ayude a soportar cualquier cosa que le traiga el día. No parece ella misma, y sé que se puso esta ropa después de saber la noticia. Que se tomó su tiempo para estar presentable, que necesitaba calmarse para mirar hacia abajo en el momento en que me causara el dolor. Antes de venir aquí y decirme que Rob había muerto. —Entendido —dice ella, y mira a mi padre. Pone una mano en su hombro y lo aprieta, y él se pone de pie. —Voy contigo —dice. Mi padre me mira a mí, luego a mi padre, y puedo decir que está nerviosa por dejarme sola. —Voy a vestirme —digo—. Después bajare. Mi madre parece aliviada, pero no mucho, y besa mi mejilla antes de desaparecer con mi padre por el pasillo. Cuando estoy sola, empiezo a hundirme, derrumbándose todo sobre mí, sintiendo como si estuviera sofocándome, ahogándome. Una vez leí en alguna parte que si se encuentra un edificio en llamas, uno debe tirarse sobre sus manos y rodillas, porque el aire es limpio ahí abajo, o algo

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así. Lo hago ahora. Estoy en el suelo de mi habitación, tosiendo y farfullando, cuando Charlie entra dentro. —Oh, Dios —dice ella en mi puerta, y entonces está en el suelo a mi lado, envolviéndome entre sus brazos.

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Escena 2 Traducido por Júls Corregido por Aldebarán

Los funerales tienen lugar tres días después. Rob por la mañana, Juliet por la tarde. No nos invitaron al de Juliet. Mi tío llamó y le dijo a mi padre que no lo quiere ahí. Culpan a la familia de Rob del accidente. Y, por asociación, a la mía.

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Los padres de Juliet son los únicos que piensan que fue culpa de Rob, sin embargo. Hay marcas de los neumáticos de Rob que marcan un deslizamiento por la carretera hacia los acantilados, y no hay marcas de un tráfico próximo. Los rumores en la escuela son que Juliet cogió el volante y los sacó de la carretera, tirándolos al agua. Amor atormentado, trágico. O al menos, eso dijo Olivia. Lo peor es que el rumor sigue construyéndose sobre sí mismo, recogiendo los granos minúsculos de la verdad y centrifugándolos de una forma irreconocible. Juliet no podía soportar que Rob sintiera algo por mí. Se entero que nos estábamos viendo. Si ella no podía tenerlo, nadie podría… Charlie me ayuda a escoger un vestido. Es uno negro de Macy’s que se siente como plástico cuando me lo pongo. Apretado, caliente y pegajosos. ─Te ves bien ─dice Charlie con una sonrisa triste. Ella ha vivido básicamente en mi casa desde que vino el otro día por la mañana. Creo que sólo se ha ido para coger un cepillo de dientes y un cambio de ropa, pero ya está. ─Gracias. ─Sonrió débilmente. Me pregunto si a Rob le gustara el vestido, y luego presiono el pensamiento fuera. No puedo pensar en eso. No puedo pensar en nada. ***** Cuando llegamos a la iglesia, ya está todo el mundo sentado. Mis padres están al frente. Están detrás de los padres de Rob, y puedo ver como mi madre tiene sus brazos alrededor de los hombros de la madre

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de Rob. La misma forma en la que me sentaría yo con Charlie. Me pregunto qué piensan mis padres. Si sospechan que también se suicido. Los hermanos pequeños de Rob se sientan junto a ellos, con sus manos sobre su regazo y sus rostros en blanco. Le propongo a Charlie quedarnos en el último banco, y ella lo hace. No pregunta por qué no quiero moverme más adelante, y no sugiere hacerlo. Sólo se sienta. Unos segundos después Olivia se sienta con nosotras.

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Todo el mundo está vestido de negro y gris, y es imposible destacar a alguien. Sé que en algún lugar por aquí están John Susquich y Matt Lester. Probablemente Lauren también este aquí, y Dorothy Spellor e incluso tal vez Brittany Fesner. Sé que Becky Handon estará por aquí, y Taylor también, e incluso probablemente Jason. El Sr. Davis, la Sra. Barch y el Sr. Johnson. Pero no podría decir a nadie más. Me recuerda a la primera mañana de colegio, sentada en la parte trasera de los seniors con Rob y mirando a todo el mundo, y dándome cuenta como todos nosotros conectamos. Excepto que nadie se siente conectado aquí. No estamos en una telaraña, ni de cerca. Somos solamente partículas de polvo anónimo a la deriva más allá de nosotros, hacia la oscuridad. Tenemos suerte de que alguna vez incluso nos tocáramos entre nosotros. El servicio es bastante agradable. Jake se levanta y dice algunas cosas. Estoy realmente sorprendida de lo bien que habla. Es como si fuera una persona diferente ahí arriba, y me pregunto por qué no actúa así siempre. Por lo general el llena sus frases con muchas palabras que no significan absolutamente nada. Pero a lo mejor se necesita algo como la muerte para hacer despertar a alguien. Mamá me pregunto si querría decir algo hoy. Asumo que los padres de Rob lo sugirieron, pero tal vez lo pensó ella por su cuenta, no lo sé. De cualquier modo, le dije que no. No es que no tenga nada que decir. Es que no sé que compartir. Que historias, quiero decir. Supongo que no estoy segura de cómo lo recuerdo. ¿Fue Rob mi mejor amigo o el tipo que me rompió el corazón? ¿Era mi novio o el chico de la puerta de al lado? Quiero subir ahí y decir como él fue el primero, la persona con la que se suponía que pasaría el resto de mi vida. Pero no puedo hacer eso. Ellos murieron juntos; siempre serán recordados juntos. Esta decidido, de una vez por todas. Él era de ella. Los rumores no importaban, desaparecerán. La gente puede recordar que fue un suicidio, pero mi nombre no está adjuntado. Serán sólo dos amantes, fusionados para siempre. Sentada en la iglesia, escuchando a Jake hablar sobre Rob, no puedo ayudar de otra forma que seguir

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preguntándome a mi misma esto: ¿Cómo se puede llorar por algo que realmente nunca te perteneció? Sentí como Charlie buscaba mi mano, pero la metí debajo de mi pierna. No quería sentirme cerca de nadie en este momento. La idea de ella apretándome la mano dos veces me hacía sentir terriblemente enojada. Estaba bien cuando hablábamos sobre cosas como los corazones rotos o las bolsas de libros, pero esa tradición no debería aplicarse a algo tan serio. Ninguna de nuestras teorías se aplican a la muerte… ¿No fue ella la primera en decirlo? ─Estuvo bien ─dijo Charlie cuando salimos. Es un día soleado, demasiado soleado para un funeral. Todo el mundo lleva gafas de sol, como si estuviera en la playa o algo así. Olivia esta reconfortando a Ben, somos sólo dos de nosotros aquí de pie. ─¿Bonito? ─No quise sonar tan fría, pero tan pronto como lo hago, me doy cuenta de que no me arrepiento. Todo el mundo está actuando de manera tan fría, tan trágica. Nadie ha dicho lo malo que es esto. Como nunca debería haber ocurrido.

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─Sólo quiero decir ─empieza Charlie─, que a Rob le habría gustado. ─Era su funeral ─disparo de vuelta─. No creo que fuera tan previsor. Charlie, curiosamente, no lleva gafas de sol, y me mira de reojo sobre el sol. ─No quería decir eso ─susurra─. Únicamente estoy tratando de decir… ─Déjalo. ***** Estamos de pie en el borde del cementerio de los acantilados. Si miro por encima de mi hombro izquierdo, puedo ver dos rocas que sobresalen del océano. Las rocas donde Rob y yo habíamos pasado tantas noches. Las rocas dónde me beso. Las rocas dónde murió. Por un segundo quiero ir hacia ellas y saltar, lanzar mi cuerpo por ese acantilado también. Tenía razón al estar asustada de caer. Hay un millón de cosas en este mundo que pueden darte fin, en un pequeño segundo arrastrar esa vida por la que tan duro has trabajado por sobrevivir. Nuestras vidas están estructuradas con el objetivo de no morir. Comer, dormir, mirar a ambos lados de la calle. Es todo, todo eso, lo hacemos para mantenernos a salvo de la cosa que sabemos que se nos llevara de cualquier modo. No tiene ningún sentido, si lo piensas.

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Es la broma más grande del mundo. Toda nuestra vida se basa en no morir, sabiendo que con el tiempo no podremos evitarlo. Pero la muerte no debería haber venido tan pronto. La única cosa que podría haber hecho para salvar a Rob, no la hice. Podría haberle invitado a entrar. Podría haberle escuchado cuando me dijo que me echaba de menos. Podría haber prestado atención a los rumores acerca de Juliet. Podría haber conseguido ayuda. Tal vez así ellos no habrían estado en el coche esa noche. No habría estado conduciendo ebrio. No estaría muerto. ─Esto no es tu culpa ─dice Charlie a mi lado. Sus brazos están cruzados sobre su cuerpo, y puedo ver su piel pálida y pecosa de gallina─. No me importa que pasó en el coche esa noche ni que tenía que ver contigo. No es tu culpa. ─¿Cómo demonios sabes tú eso? Charlie retrocede como si acabara de abofetearla, pero no dice nada al principio. Sólo mira la hierba bajo nosotras y niega con la cabeza.

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─¿Crees que podríamos haber evitado esto? ¿Qué podrías haber tirado de los hilos? ─Me mira, duramente, y por un momento me recuerda a la Charlie que quiero. La fiera, poderosa, la Charlie no-sacare-la-mierdade nadie. Tal vez es por eso que le digo. ─Él vino a mí. Ella no se ve sorprendida. Ni siquiera descruza los brazos. ─¿Y? ─¿Y? ─Puedo sentir mi voz. Algo en el fondo de mi garganta se está rompiendo. Como una cuerda de guitarra que termina bruscamente─. Él me pidió estar juntos, y dije que no. Tendría que haber estado en mi casa esa noche. No tendría que haber estado conduciendo. Charlie niega con la cabeza, pero el movimiento es casi impredecible, leve. ─No habría importado ─dice ella. ─¿Porque Juliet cogió el volante? ─la enfrento. ─Ni de cerca. ─¿Entonces por qué no lo crees? Has escuchado que estaba enamorado de mi, ¿verdad? ¿Qué eso la llevo a ella ha tomar la vida de los dos? ─Ahora estoy silbando, escupiendo veneno─. ¿Por qué no me explicas

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como no fue mi culpa? Por la forma en la que iba esto, podría haberle dicho que se quedara. Ella parpadea, y mira a la iglesia, y luego a mí. ─Mira, crees que me gusta la historia porque estoy fascinada con las posibilidades, con lo que podría haber sucedido, pero te equivocas. Me gusta porque es lo único que sabemos en la vida. El pasado es la única cosa con la que podemos contar. ¿El presente? ¿El futuro? Ellos son una incógnita. ─¿Cuál es tu punto? ─Mi punto es que hay algunas cosas fuera de nuestro control. Hay cosas que simplemente tienen que suceder. No podemos detenerlas. No hay nada que podamos hacer. ─Tenemos la oportunidad ─le digo. Pruebo mi palabra en mi lengua de nuevo y la repito─. Oportunidad. ─No la suerte o el destino, sino el libre albedrio. ─Si ─dice Charlie─, pero no del todo.

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─¿Sobre qué, entonces? ─No estoy mirando a Charlie ya. El nudo en la parte posterior de mi garganta esta burbujeando, y puedo sentir como las lagrimas calientes pican en mis ojos. No voy a llorar, al menos, no aquí. He llorado delante de Charlie cientos de veces, así que si lo hago aquí ahora, ella estará bien. Si lloro, admitiré que se ha ido. ─Tú puedes elegir ser feliz ─dice Charlie. Ella me ofrece las palabras con firmeza, como si estuviera ofreciéndome su mano─. Me lo recordaste esta semana. La felicidad es una elección, Rose. Pienso en cuando estábamos sentadas en su coche el lunes temprano por la mañana, hablando sobre su madre. Pueden haber pasado años desde eso. ─Creo que también puedes elegir no culparte demasiado. ─Hola ─dice Olivia. Ella y Ben han aparecido detrás de nosotros. Él tiene su brazo alrededor de ella, aguantándola con firmeza a su lado, y la cabeza de ella está en su hombro. Ella tiene el mismo vestido negro que llevaba para el baile del año pasado. Sé que tiene un problema con la cremallera desde el momento en que no podía levantarla y Taylor la tiraba con mucho entusiasmo.

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El labio inferior de Charlie se estremece, y Ben suelta a Olivia, y agarra a Charlie en un fuerte abrazo. Se quedan así un rato. A veces me olvido que están relacionados. Que todo lo que pasó con la madre de Charlie, también le pasó a la madre de Ben. Es abrumador, y por un momento la magnitud de eso, el hecho de que la muerte nos haya tocado a todos, es casi imposible de soportar. ─¿Queréis ir al Cal Block? ─pregunta Olivia. Espero que Charlie se dé la vuelta y le diga que está siendo una insensible. Que no hay ninguna posibilidad de que pidamos un especial S como si todo fuera lo mismo, cuando Rob y Juliet están muertos, pero ella le sonríe a Olivia. ─Suena perfecto ─dice─. ¿Rose? Pero yo ya no los estoy mirando o pensando en queso. Estoy mirando a alguien que acaba de salir de la iglesia. Él tiene puesto un traje negro y una corbata azul, y está de pie junto a las puertas, que se mantienen abiertas para que la gente salga de dentro.

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Len también me ve, y por un momento los pliegues del mundo desaparecen y el suelo debajo de nosotros parece una cremallera de modo que sólo somos nosotros los que existen en el universo entero. Pero él no hace ningún movimiento para venir a mí. Ni una señal. En su lugar, solamente mueve un poco la cabeza. Y uno de sus rizos cae sobre su frente. Entonces se da la vuelta y camina hacia el aparcamiento lleno. Me pregunto si tengo que sentir algo, pero es como si todo tipo de emoción hubiera desaparecido dentro de mí. Me siento vacía. Aprieto los ojos cerrados, y cuando los abro de nuevo, Charlie me está mirando. ─¿Qué te parece? ─pregunta amablemente─. ¿Cal Block? Me encojo de hombros para decir: Claro, como sea, me da igual. Nada importa. Ni siquiera existe más. Pero no estoy segura de si mis hombros están trabajando. No estoy segura de si aún respiro. ─Vamos. ─Charlie pone sus manos sobre mis hombros y me empuja hacia delante, hacia los coches. Mis padres están a unos pasos de distancia, hablando con los padres de Rob. Mi padre tiene su mano sobre la espalda del padre de Rob, y están asintiendo con la cabeza, sus rostros demacrados y tensos. Quiero irme de aquí. Quiero irme lo más lejos posible de todo esto. Del cuerpo de Rob y mis padres y mi prima muerta e incluso Charlie y

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Olivia. Pero dejo que Charlie me lleve al Big Red. Como siempre. Subo al asiento delantero, y Olivia y Ben entran en su coche. Al igual que siempre. Nos dirigimos a Cal Block, nos sentamos en la cabina de la esquina y pedimos un especial S. al igual que siempre. Olivia apila sus patatas y se queja del aire acondicionado. Charlie rueda sus ojos y pide más agua con gas. Al igual que siempre. ─Jake dijo que quería estar en el agua ─Charlie se agacha y absorbe a través de su paja─. Me estoy encontrando con él más tarde. ─Tiene sentido ─suspira Olivia, y me mira─. ¿Cómo estás? ─Bien. Olivia mira a Charlie, y luego a mí. ─Lo siento mucho ─dice─. Para que conste, creo que no es asunto de nadie más hablar de esto. Todos sabemos que Juliet estaba loca, pero…

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Algo sobre el modo en el que Charlie se ve, como si estuviera pidiendo permiso o algo, me hace ponerme furiosa. La sangre caliente late con tanta fuerza en mis oídos que se me hace imposible seguir escuchando. He pasado el día con sus miradas de cachorrito y sus lagrimas y la sensibilidad y las teorías, cada rutina apilándose encima de la otra y así se supone que estará todo bien. Al igual que si dicen lo correcto, nos ponemos lo correcto para el funeral y apretamos las manos dos veces y damos un toque en la nariz e iremos a los mismos restaurantes y continuamos con nuestras tradiciones, será como si nada hubiera pasado. Como si Rob nunca murió. Excepto que él lo ha hecho, y ninguna cantidad de especial S arreglará eso. ─No tengo hambre ─digo─. Me voy. ─¿Podemos terminar? ─Charlie señala el plato enfrente de ella con una mano y el coche fuera con la otra. ─No te estoy pidiendo que me lleves. Ella se recuesta contra la cabina. ─Está bien. Olivia de muerde las uñas. ─Me voy. ─Les anuncio a los dos. Me pongo de pie, y Charlie me detiene con la mano. Se pone encima de mí como una roca cubierta de papel.

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─Va a ir bien ─dice. Mis ojos comienzan a llenarse de agua mientras me voy, y ahora me gustaría, más que nunca, poder creerlo.

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Escena 3 Traducido por Maia8 Corregido por Neptbell

Cuando dejó el edificio de Cal, caminó todo el camino de regreso a la iglesia. Sé que es donde me voy antes de empezar. No luché lo suficientemente duro por nuestra amistad cuando éramos niños, y me perdí diez años con ella. No me esforcé lo suficiente cuando ella estaba aquí, ahora no habrá otra oportunidad. Lo menos que puedo hacer es decirle adiós yo misma.

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Llego polvorienta y sudorosa. El estacionamiento está lleno, y hay fotógrafos fuera, tratando de recuperar una instantánea de la familia en duelo. Me deslizó hasta la entrada y me empujó hacia el frente, donde un guardia de seguridad me pide mi nombre. —Rosaline —digo. —¿Rosaline qué? —Caplet. Yo soy su prima. Comprueba la lista y niega con la cabeza. —Lo siento, señorita, no hay ninguna Rosaline aquí. —Pero yo soy su prima—digo. —Sólo sigo órdenes —dice—. A nadie fuera de esta lista se le permite entrar. Me tropiezo hacia atrás, aturdida. En el interior, mujeres de gafas de sol grandes y negros trajes de corte bajo están acurrucadas, agarrando sus bolsos de Chanel cerca de sus corazones como niñas. Estas personas ni siquiera la conocen. Pero entonces, yo tampoco. Saco mi teléfono celular, pensando en llamar a Charlie, con el rabo entre las piernas, cuando veo a mi padre de pie fuera. Está por un árbol de unos tres metros desde la iglesia, y está apoyado contra él, entornando los ojos hacia el sol.

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—¿Papá? Él me ve y sonríe. —Las grandes mentes piensan igual. —Siento que no te dejen entrar —digo. Mi padre niega con la cabeza. —Está bien. No lo merezco. —Sí, así es. Tú quieres estar allí. —A veces, galleta, eso no es suficiente—. Él pone su brazo alrededor de mí, e inclino mi cabeza en su hombro—. Lo siento, sobre todo esto — dice—. ¿Cómo lo llevas? —Bien. —Esa es mi chica. —Yo ni siquiera creo que me di cuenta todavía. Simplemente no puedo creer que se haya ido.

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—Lo sé —dice—.Yo tampoco. Pienso en el padre de Rob. —Se aclara la garganta—. Nadie debería tener que perder un hijo. —La gente piensa Juliet los mató, ya sabes. Que fue un suicidio. Mi padre se detiene. —¿Y qué te parece? Entonces me doy cuenta, lo he estado pensando desde aquella noche sentada el suelo de mi cocina con Juliet. Y cuando las palabras brotan y forman, sé que son verdad. —Fue un accidente. Ella nunca haría nada para hacerle daño. Ella lo amaba. Mi padre asiente con la cabeza, luego mira a la iglesia. Los fotógrafos se han colocado, y las puertas están cerradas. Nos quedamos de esa manera, con su brazo alrededor de mí, mirando al frente, hasta que los primeros dolientes salen. —Duerme dulce —susurró mientras tanto, a nuestra propia manera, tratar de decir adiós. Los días se convierten en semanas, y todavía no me siento como si el tiempo comenzara de nuevo. Voy a la escuela, voy a mis clases. Asiento con la cabeza y sonrío y digo hola, pero realmente no estoy sintiendo nada. Estoy cayendo, y sé que debo sacar la mano, debo tratar de agarrarme a algo y detenerme, pero es que no puedo ver. No estoy ciega, exactamente. Más bien mis ojos están cerrados. Pero no importa cuánto lo intente, me parece que no puedo encontrar la manera de abrirlos. Nada ayuda excepto la música. Es lo único que me hace sentir que estoy viva, sentada al piano después de la escuela.

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Aunque la casa está muy tranquila y mis padres están fuera en el trabajo o haciendo mandados, me puedo perder. Las notas me llevan lejos de aquí. No retrocedo en el tiempo, sino a algún lugar completamente distinto. Me siento cómoda aquí. Completa. Como sino me faltara nada. Charlie y Olivia vienen armadas con juegos de mesa y café con leche de vainilla y bolsas y bolsas de Twizzlers. Se quedan despiertas hasta tarde y llegan temprano. A veces, Charlie llega y me escucha tocar. Ella piensa que no sé que se sienta en el porche y me espera hasta el final, pero yo la escucho al segundo que llega. Ella todavía golpea las puertas del coche y tintinea sus llaves. Nunca ha sido una persona discreta. Mezclarse no es lo suyo. Nosotras no hablamos de lo que dice la gente en la escuela. Los murmullos en el baño, los susurros cuando paso por los pasillos. Está cada vez más tranquilo, pero lentamente casi temo el día que la gente deje de hablar. Al igual que el oscuro desvanecimiento a negro donde Rob no se verá nunca más. O recordará. No deseo la oscuridad.

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—¿Por qué no salimos? —dice Olivia. Hoy ella está tumbada en mi cama junto a mí hojeando una revista que trajo. Charlie está sentada en el suelo, estirandose. —¿Rose? —murmura Charlie. —Realmente no tengo ganas. —Vamos. Apenas has salido de casa en semanas. —Charlie aparece desde el suelo y se catapulta en la cama a nuestro lado. —Esto no es como una ruptura —digo—. No hace falta ir a emborracharse para superarlo. —¿Quién dijo algo de beber? —dice Olivia—. Yo sólo quería decir comida. Una película. Algo. —Lo que sea —añade Charlie. —Bien, una película. Nada de comida. —¿Ni siquiera las palomitas de maíz? —pregunta Olivia, pero puedo decir que está bromeando, y aún tengo que sonreír. —Si son sintéticas, no tenemos problema. —¿Qué están emitiendo? —pregunta Charlie mientras vamos escaleras abajo.

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—A quien le importa. Mis padres están en la cocina tomando café. —La levantamos —le dice Charlie a mi mamá—. ¿Dónde está nuestra medalla? Mi mamá se acerca y me coge por un abrazo. Algo que ella ha hecho bastante últimamente. Como si agarrándome con fuerza consiguiera mantenerme en pie. —Bueno, me alegro —dice ella, tratando de no mostrar su dolor ante mi distanciamiento—. Que se diviertan.

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Mi padre levanta su taza como si estuviera brindando, pero parece cansado. Y está triste. Creo que esto ha sido muy difícil para él. Charlie intenta sostener mi mano en el coche, pero sigo con mis palmas plantadas firmemente en mi regazo. Ella enciende su iPod, y a todos nos invade especie de tranquilidad. Algunas veces Olivia intenta jugar al — ¿Recuerdas cuando?—, pero todas nuestras historias sólo nos recuerdan a Rob, y nos damos por vencidas rápidamente. El cine está al lado de Grandma’s Coffeehouse, y aparca justo en frente, de la manera en que Olivia siempre lo hace cuando aparca los miércoles por la mañana. Hemos estado en el café todos juntos un par de veces, sobre todo cuando teníamos fiesta de pijamas la noche anterior, pero no creo que hubiera una este año. La misma mujer sigue estando por detrás del mostrador, y mientras atravesamos las puertas y caminamos hasta el teatro, me doy cuenta de que no sé su nombre. Hemos estado viniendo aquí durante probablemente diez años, y nunca me he molestado en preguntarlo. Olivia nos compra las entradas para alguna película con la chica rubia de esa serie de vampiros con la que está obsesionada. Charlie pide las palomitas de maíz y dos tipos diferentes de dulces, y tomamos asiento en la parte trasera en el lado izquierdo. Es donde he estado sentado desde séptimo grado, cuando empezamos a ir al cine juntas y solas, sin nuestros padres. Meto mi mano en las palomitas de maíz y pongo unos cuantos granos en la boca, pero saben a cartón. El dulce no tiene sabor tampoco. Incluso la película parece oscura. Como es en blanco y negro en lugar de en color. Me encojo en mi asiento bajo y dejo que la pantalla me lleve, me calme, por lo menos durante las próximas dos horas, soy sólo medio consciente. Cuando la película termina, le digo a Charlie y Olivia que voy a esperarlas fuera. Uso el baño y salpico un poco de agua sobre la cara. No debería reconocerme. Ya han pasado semanas desde que me miré en el espejo y aún más tiempo desde que he tenido una ducha normal, pero aquí estoy. Rosaline, como siempre. Incluso la muerte de Rob no podía hacerme desaparecer.

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Estoy saliendo del baño cuando les veo comprando billetes. Len y Dorothy. Ella se ríe y sonríe, y él está pagando. ¿Están en una cita? Ella sostiene una bolsa de palomitas de maíz, y él se mete una en la boca, la lengua primero, y hasta el núcleo. Mi parte racional sabe que son sólo amigos, pero mi otra parte…la parte que confiaba en él, es un hervidero de enojo. Ni siquiera ha dicho que lo sentía. Ni siquiera llamó después de que Rob muriera. Ni siquiera me preguntó si estaba bien. Apenas hemos hablado durante bio, haciendo las actividades como extraños, y no hemos hablado de lo que pasó en mi casa. Él apenas percibía mi existencia. Él me ve, pero inmediatamente mira hacia otro lado. Genial, por lo que me está ignorando de nuevo. Al igual que lo hizo en el funeral. Me está tratando como todos los demás en la escuela. Sólo que yo pensaba que Len era diferente. Confiaba en él. Y ha resultado ser exactamente como todos los demás. Los asalto y agarro su brazo. Fuerte. —Hola —digo.

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—Hola—, dice, mirando de mi mano a mi cara y hacia abajo de nuevo. —¿Ibas a decir hola? ¿U os fuisteis sólo para ignorarme? Dorothy se ríe nerviosamente junto a él, pero él no la mira. Él sólo sigue mirando mi mano sobre su brazo. —Yo pensé que éramos amigos —continúo—. Pensé que te importa. Levanta la vista y sus ojos para buscar los míos. —Sí, lo somos—dice. —Bueno, mi amigo acaba de morir. Mi prima acaba de morir. —Toso las palabras como si estuvieran podridas. —Lo sé —dice—. Estuve allí. —Oh, ¿te refieres al funeral? Podrías haberme engañado. Ni siquiera dijiste hola. Len sacude su brazo de mi mano. —Honestamente —dice—, pensé que sería la última persona de la que te gustaría tener noticias. Su voz es tranquila, y sostiene su brazo cerca de su pecho. —Es por eso que no he dicho nada. Ni en la escuela. No pensé que quisieras que lo hiciera.

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—Bueno, pensaste mal —digo. Y luego, antes de subir al coche, agrego—: No es que ya importe de todos modos. —¿Quieres que vayamos dentro? —pregunta Charlie. Niego con la cabeza. —Está bien. Estoy cansada. Charlie asiente con la cabeza, y Olivia me aprieta el hombro del asiento trasero. —Estamos aquí —dice—. Te queremos. —Sí. —A veces hay que dejar que nos ayuden —dice Charlie—. Por favor. —Gracias —digo—. Hablamos mañana. Me desabrocho el cinturón de seguridad y agarro mi bolso. Me deslizo fuera del coche y cierro la puerta. —Voy a perder la práctica de hoy,—grita Charlie a través de la ventana.

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Ella sonríe, con su pelo rojo capturando los últimos rayos perdidos de sol. —Eres una acosadora —digo. —Y tú eres realmente buena, Rosie. Ya sabes que no me sentaría a escuchar a alguien carente de talento. —Sus labios soplan besos mientras se balancea fuera de la calzada, llevando a Olivia a casa. Veo una carta en el porche cuando me acerco. Mi madre ha ordenado el correo y lo dejó fuera. Lo recojo y camino al interior. No hay dirección de remitente, pero la letra es familiar. Me siento en la escalera e hilo mi dedo bajo la solapa del sobre, moviéndola de lado a lado hasta que la separo. Una foto se desliza hacia afuera. Está en la parte posterior, y la esquina está desgarrada, como si hubiera sido arrancada de un álbum. Es una foto de dos niños, un niño y una niña, sentados ante un piano. Están sentados en el banco, de espaldas al instrumento. Ella lleva un vestido de color rosa y blanco y tiene pantalones de color caqui y una camisa con cuello. Ninguno de los dos está mirando a la cámara, sino el uno al otro, absortos, en su propia conversación. Y cada uno tiene un Twizzler colgando fuera de la boca. La niña soy yo y el niño es Len. Es una foto de un recital en Famke's. Doy vuelta a la foto, y hay una nota en la parte de atrás, garabateada con la misma letra que ahora conozco tan bien. De las horas pasadas en el laboratorio de biología, los deberes y correcciones de preguntas. Rosaline,

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Siento aquellas cosa que dije. Sí algunas de ellas, pero no todas. Aún me preocupo por ti. Estoy aquí, para cuando quieras. Siempre, Len Tomo la foto y me pongo de pie. Luego subo las escaleras, camino por el pasillo y entro en mi habitación. Hasta que estoy en la cama no percibo que tengo la imagen pegada a mi corazón.

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Escena 4 Traducido por Maia8 Corregido por Neptbell

Mi cumpleaños este año llega demasiado rápido. Es Enero antes de que el calendario pueda corregirse tras el fin de Navidad. La mañana comienza usualmente con mi mamá haciendo panqueques en la cocina. Chips de plátano y chocolate. Hemos estado haciendo esto desde antes de que recuerdo. Ella hace cacao caliente con café expreso y todos nos sentamos alrededor con nuestras batas y fingimos que nieva afuera, lo cual nunca pasa.

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—Por una vez, me gustaría tener una navidad blanca —dice mi papá cada año—, pero seria igual de feliz si apareciera en tu cumpleaños. Así es como me siento respecto a Rob. Medio esperaba que viniera para navidad. Normalmente me despiero antes de las seis. Es uno de esos hábitos que tengo desde la niñez. Emocionada de ver qué me han traído y qué tipo de regalos hay bajo el árbol. Bajo las escaleras y me quedo en la sala de estar, mirando a nuestro jardín a través de las puertas dobles de cristal de nuestra casa. Me quedo allí durante horas, hasta que mi mamá llega y me envuelve con una manta y me obliga a volver al sofá. Estaba convencida, de alguna manera, de que si miraba el tiempo suficiente, lo vería. Que si esperaba lo suficiente, el universo se cansaría y lo dejaría caer de vuelta a mi. Tengo la costumbre de levantarme temprano para mi cumpleaños también, pero hoy me levanto a las nueve. Mi habitación está oscura, y si no fuera por el reloj en mi mesa de noche, no tendría la menor idea de qué hora es. Mi teléfono está parpadeando en el suelo debajo de mí, con tres mensajes de texto nuevos. Dos don de Olivia. Escribió el texto de una carta de cumpleaños y luego cortó. El tercero, sabia antes de leerlo que me lo enviaba Charlie. Ella siempre me envía el mismo mensaje cada cumpleaños en la mañana. Feliz cumpleaños, perra. Hora de fiesta.

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La familiaridad del mensaje me hizo volver directamente a mis almohadas. Mis anteriores cumpleaños vienen a mí como hojas barridas por el viento. Imágenes y recuerdos giran a mi alrededor. El mensaje de Charlie y la visita de Rob, siempre a tiempo para los panqueques. Chocolate caliente con mi familia. Presencias y risas y siempre la promesa de más. Jugar con nuestros regalos de navidad de la semana anterior y dar vueltas con el estómago lleno. Cenar juntos y a veces incluso dolerme la cabeza levemente por el champán de la víspera de Año Nuevo, por la noche anterior. Un nuevo semestre de clases. Momentos que siempre me parecieron eternos. En ese momento parecía como un paseo en la playa con Olivia en Malibu: casual y sin apuros.

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El año pasado en mi cumpleaños, Rob vino para el desayuno. Mi mamá hizo sus tradicionales panqueques, y todos nos sentamos alrededor y bromeamos sobre cuánto tiempo le iba a tomar a mi papá para instalar el nuevo DVD que mi mamá le había comprado para navidad. Después mis padres empezaron a cocinar una elaborada cena de cumpleaños, y Rob y yo fuimos a casa de Olivia. Charlie y Ben estaban allí, y Jake, también, y los seis nos pasamos la tarde horneando bizcochos de chocolate y viendo Casablanca. Terminamos de quemar el primer grupo de bizcochos porque se nos olvidó que estaban en el horno, pero la casa olió a chocolate durante el resto del día. Recuerdo haberme tumbado en el sofá de Olivia y pensado que no había otro lugar en el mundo en el que quisiera estar. Fue perfecto. Mi mamá golpea suavemente mi puerta y entra. Se sienta en el borde de mi cama y luego se mueve más cerca, poniendo su mano en mi frente. —Feliz cumpleaños, cariño. ¿Vas a venir abajo? —Empieza a correr su mano por mi pelo como solía hacerlo cuando era pequeña y estaba enferma. —Sí —digo—. Justo lo pesaba. Ella asiente e hace un movimiento para que me quede sentada. Me deslizo hasta que mi espalda está apoyada contra la cabecera. —Mira, Rosaline. —Por lo general mi mamá sólo usa mi nombre completo cuando está enojada conmigo, pero es mi cumpleaños, y algo en la forma en que me lo dice me hace pensar en Len. —Tú nunca me llamas así. Mi mamá baja su mentón y me besa en la frente. —Es tu nombre, cariño. Es quien realmente eres. —Se alisa el pelo con el dorso de la

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mano—. A veces pasan cosas en la vida que no entendemos. Son excesivamente crueles. —Se detiene y me toca la mejilla. Sus manos están caliente. Probablemente ya ha empezado a cocinar—. Pero eso no significa que puedas acurrucarte y rendirte. ¿Me entiendes? Parpadeo para que mis lágrimas no caigan, y ella se levanta, yendo hacia mi ventana. Tira de las persianas hacia atrás y las luz entra, vertiéndose en mi dormitorio. —Aún quedan algunas sorpresas —dice—. Ven a ver —¿Que? Ella no responde, sólo sigue mirando hacia a fuera. Muevo hacia atrás mis colchas y me doy cuenta de que mi habitación está un poco fría. Me envuelvo en mi bata y voy a pararme detrás de ella. Cuando llego, jadeo. En todo nuestro césped abajo, cubriendo los muebles de afuera y delineando nuestra terraza, un delicado mando de nieve. —Es hermoso —le digo.

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—Así como tú —dice mamá. Pone sus brazos alrededor mio, y en ese momento la dejo. Inclino mi cabeza en su hombro. Estoy tan cerca de ella como no lo había estado con nadie desde que Charlie me recogió de mi piso haces semanas, y tal vez porque me siento protegida, por un momento, luego me suelto. —Fue mi culpa —le susurro. Estoy parpadeando para adaptar mis ojos a la luz—. Sé que Juliet no condujo. Fue Rob. Estaba borracho. Vino a verme, y yo lo eché. Él nunca debería haber estado en el coche. Fue mi culpa que se muriera. —¿Eso es lo que piensas? —Mi mamá saca sus brazos de mi y los cruza sobre su pecho. —Es sólo la verdad —digo—. Él debería haber estado conmigo. Yo pude haber parado eso. —No —dice mi mamá—. No funciona así. —Se aleja de la ventana y vuelve a mi escritorio. Toma una foto y le da la vuelta—. Me doy cuenta que no sé exactamente cómo funcionaban las cosas entre ustedes dos. Y había todas esas cosas con Juliet... —Ella riza su dedo en el aire unas veces como si estuviera tratando de apurarse—. Pero una cosa si sé, y es que no podemos elegir el momento de dejar este mundo. Y no nos dan a elegir cuando los otros lo van a dejar

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Ella deja caer sus manos a sus costados y suspira. —Cariño, piensa en tu papá. Él no HA hablado con su hermano por diez años. —Cierra los ojos como si tratara de encontrar las palabras correctas—. Esa fue su opción —dice—. Y se perdió haber conocido a su sobrina. Todos lo hicimos. —Sólo que no pensé que iba a suceder así. —Lo sé cariño —dice—. Pero así es la vida. No la podemos planear, sólo sucede. La única cosa que podemos elegir es cómo vamos a reaccionar. Pensé en Charlie y lo que me dijo. Podemos elegir ser felices. Puedes elegir no culparte. Ahora lo entiendo. Y hay una cosa más que pienso que podemos elegir. Tomo mi teléfono y le mando un mensaje. ¿Cena en mi casa? Te quiero. Me responde inmediatamente. Sí. T kero. Rosebud. —¿Entonces te vas a unir a nosotros abajo por tu cumpleaños? — pregunta mi mamá.

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—En unos minutos. Primero hay algo que tengo que hacer. —Ella asiente y sonríe a mi padre, que acaba de llegar. Sostiene un gran sobre blanco. —Feliz Cumpleaños , galletita —dice—. En medio de todo, se nos olvidó darte esto. Se miran el uno al otro y luego a mí mientras papá desliza el sobre en la cama. En el relieve del frente estaba el logo de Stanford. Por supuesto. Me había olvidado de comprobarlo online. —Adelante —dice mi papá—. Mira lo que hay dentro. Lo tomo y le doy vuelta. He estado esperando este momento por diez años. Incluso más. Siempre me había imaginado cómo sería. Llamaría a Rob, emocionada y sin aliento, y él vendría. Nos sentaríamos en el suelo de mi habitación y pondría mis manos sobre mis ojos y le entregaría el sobre. —No puedo hacerlo —le diría—. Sólo dime. Él lo abriría y lo leería con cara seria, asintiendo con seriedad. Entonces me miraría con una expresión en blanco y diría—: Rosie, escucha. — Habría una pausa, y mi corazón estaría latiendo fuera de mi pecho. Entonces su rostro se rompería en una sonrisa gigante y diría—: Estás dentro. —Empujaría el papel en mis manos, y lo leería completamente con dedos temblorosos, la carta aleteando por todas partes.

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Pero ahora sólo estamos el sobre y yo. No Rob. Ni siquiera lo nervios. La doy vuelta en mis manos , sólo sosteniéndolo, y luego lo dejo de vuelta en mi cama. Mi papa frunce el ceño y me mira, pero mi mama sonríe ligeramente, esa pequeña sonrisa dice que sólo ella lo sabe. —Bueno vamos a estar aquí cuando estés lista —dice y acompaña a mi papá fuera. Algo va a volver, un poco de fuerza de la vida que ha estado desaparecida desde la muerte de Rob, quizás incluso antes. Probablemente antes, en realidad, porque se siente como si toda mi vida hubiera estado flotando, anticipando una cosa y luego otra, como si mi vida fuera una lista de verificación y siguiera corriendo. Yo pensaba que eso era seguro, confortable. Como si nada malo pudiera suceder si me apegaba a la lista. Ahora me doy cuenta de que estaba francamente equivocada. No quiero vivir como si supiera lo que va a venir. Me lanzo a mi cuarto de baño, me paso el cepillo del pelo en mi cabello e hago gárgaras con un enjuague bucal. Me he visto mejor, pero da igual. Estoy zumbando ahora, tarareando de la emoción de lo que voy hacer.

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Salto sobre mis vaqueros y me deslizo una camisa de manga larga por mi cabeza. Luego me tiro un suéter encima. Después de todo está nevando afuera. Por primera vez puedo entender de lo que mi mamá estaba hablando. Es mi cumpleaños y empieza un nuevo año. Es genial, realmente, que tenga la posibilidad de hacer cosas diferentes. Este día, este momento, puede marcar el comienzo de todo tipo de cambio. Mis padres están pasando el rato en la cocina cuando llego. En realidad fueron a la casa de los papas de Juliet la otra noche. No sé si fueron a arreglar las cosas, pero creo que han empezado a tratarlo, y por ahora estoy agradecida por el hecho de que a veces las cosas no salen como deben ser, e incluso si lo impensable sucede, no es bueno dejarlo pasar. Los feudos se terminan. Las familias se reúnen. Los amigos pueden cambiar y crecer, a veces incluso contigo. Las posibilidades de la vida son desconocidas e infinitas, y la realidad sorprende por eso. Cómo muchas cosas cambian en un momento, de repente parece menos terrorífico y lleno de esperanza. Abrumador, pero teñido de emoción. Como los bordes que no retroceden en el olvido, extendiéndose por siempre, pero en un momento se prende el fuego. Energizando, de alguna manera. Como que la vida no es algo que nos pasa a nosotros pero sí a través de nosotros y por nosotros. Como que somos parte de algo. Como tenemos elección. Porque tener un plan es genial, pero a

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veces te das cuenta de que lo que realmente quieres se te olvida escribirlo. —Volveré más tarde —digo y grito adiós. Me pongo mis botas y me deslizo fuera. Mi auto está estacionado en el garaje, donde siempre lo está, y por un segundo un miedo familiar se apodera de mi garganta, pero hoy lo voy a empujar hacia un lado. Es ahora o nunca, y no quiero esperar más. Toco mi licencia no utilizada en la palma de mi mano mientras subo dentro y pongo las llaves en el encendido. Cuando el coche se enciende, sigo diciéndome que puedo hacerlo, que ya no tengo miedo, que todo va a salir bien.

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Y así es, tan pronto como empiezo a manejar el miedo empieza a derretirse. Mis manos se relajan en el volante y estaba cruzando bajo la carretera. Sin esfuerzo. Pase la casa de mi abuela y la de Charlie y la escuela y el lugar donde me caí el año pasado en bicicleta con Olivia y me desollé la rodilla, y donde Jake y Rob solían surfear en la ensenada. Y con sólo eso, necesito un nuevo siete. Porque no manejar no es una cosa que me define. Y no estoy tan segura de que haya solo una cosa que nos defina. Porque el hecho de que Lauren sea Sac o que a Olivia le guste el violeta o que Charlie tenga Big Red en realidad no dice nada acerca de nosotros. O si lo hace, no nos dice lo suficiente. El siete debe ser que Lauren recoja cualquier responsabilidad, sin pedir incluso ningún reconocimiento, y que Olivia se preocupe por sus amigos cuando realmente importa, y que Charlie sea resistente y fuerte y te sostenga cuando no lo puedes hacer tú. Esas son las cosas que nos definen. La manera en que amamos a las personas que nos rodean, y las elecciones que hacemos para demostrarlo. Eso nos hace ser quienes somos. Mientras sigo conduciendo, es como si una enorme fuerza de gravedad estuviera tirando de mí por mi estómago hacia los acantilados, tirando de mis más cerca y más cerca, debe ser lo que casi se siente como un piloto automático. No necesito pensar. Algo más, algo más grande que yo, lo está haciendo por mí. Cuando me arrastro hasta el estacionamiento, que esta vacío. Por un momento me siento decepcionada, preguntándome si tal vez me equivoqué, pero luego veo una figura a un lado, por las rocas. Golpeo la puerta y camino acercándome. Él se ve como justo pensé que lo haría. Camiseta y vaqueros, familiar y estimulante. Me acerco por detrás. Está agachado, ocupado por algo, lo estudio. Quiero ir y poner mis brazos alrededor de él, enterrar mi cabeza en su hombro y decirle que sabía que lo encontraría aquí. Que si estaba en cualquier parte, estaría

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aquí, por supuesto. Conmigo. Y que hay algo realmente que necesito decirle. —Hey —le digo. Él deja de hacer lo que estaba haciendo, pero no inmediatamente se da vuelta. Se endereza, se pasa la mano por la frente—. Sabía que ibas a estar aquí—le digo. Entonces Len se gira, lentamente, y cuando lo hace, me acuerdo de todas las veces que he estado aquí antes. ¿Cuánto ha sucedido en este punto exacto? Y en el tiempo que le toma mirarme a la cara, me doy cuenta lo feliz que soy de estar aquí, ahora, así. Que estoy eligiendo ser feliz. Y que esta elección es lo mejor que he hecho en mi vida. —Hola —dice—. ¿Cómo sabías dónde encontrarme? —Frunce su ceño. Pensé que estaba sonriendo. Pensé que con sólo verme lo entendería. —Prado —murmuro, porque es lo único que se me ocurre—. Estabas haciendo un proyecto sobre la hierba. Su rostro se suaviza—. ¿Has venido aquí hablar del prado? —No —digo—. Quiero decirte algo.

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—¿Sí? —dice. Cruza sus brazos y me mira. —Yo... yo —tartamudeo—. Ahora lo entiendo. Tenías razón. —¿Sobre qué? —me pregunta. Se acerca a mí, y puedo sentir el calor de él. Quiero presionarme cerca de él, tener sus brazos alrededor de mí, pero me obligo a quedarme donde estoy y terminar lo que tengo que decirle. —Dijiste algo hace meses atrás. Algo acerca de dejarlo ir. Len descruza sus brazos, y cuando lo hace, arruga su frente. Esta vez no me detengo. Esta vez llego mas lejos y arrastro todo, y al mismo tiempo le digo—: Tenías razón. Él no era para mí. Y no sólo porque ya no está aquí. Pude sentir a Len inhalar, mi mano aún en su frente. Dejo que mi mano suba hasta su pelo. Es suave, como los suéteres de cachemira de mi mamá que guardaba envueltos en papel de seda en su armario. — Pero estabas equivocado en algo. —¿Ah, sí? —dice. Se acerca a centímetros de mí también, y una de sus manos llega hasta tocarme mi brazo. El contacto envía bengalas hacia mi espina dorsal. A pesar de que está nevando, no lleva chaqueta, y pone mi mano en su brazo tambien, y poco a poco sigo arrastrando mis

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manos a su marca de nacimiento, a lo largo de una de las muchas cosas maravillosas que lo hacen ser él. —Sí. —¿Qué es? —susurra. Sus labios están a unos centímetros de los míos, y tengo que morder mi labio para no extender la mano y tirar de su boca hacia abajo en ese instante. —No es la parte más difícil dejarlo ir. Lo más difícil es simplemente tomar la decisión de hacerlo. Todo después de eso es fácil. Len asiente. —Entonces, ¿es eso lo que has hecho? —Si —digo. —¿Y qué has elegido? —Su voz es baja y profunda, y cuando habla, se siente, como que las vibraciones de sus palabras están zumbando a través de mí como música. —Tú.

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No estoy segura de quién se mueve primero, pero de pronto nuestros labios se encontran, y cuando lo hacen, es como si el mundo entero se hubiera apagado debido a que toda la luz del universo existe entre nosotros. Al igual que los fuegos artificiales del cuatro de julio. Es tanta luz que incluso puedes escucharla. Cuando nos separamos, los dos estamos respirando fuerte. Len mantiene un brazo alrededor mío, y con el otro hace señas al cielo. —¿Has visto eso? —digo. —No hay nada allí —susurro—. Sólo nubes. Len sacude su cabeza. —Es Andrómeda —digo—. Una princesa de una leyenda griega. Fue encadenada a una roca en el mar para morir, y Perseo la salvó. Es una galaxia espiral, como la Vía Láctea. —Pero no es noche todavía —le digo—. Las estrellas no salen aún. —Por supuesto que sí. —Sonríe y tira de mí más cerca—. Sólo porque no puedes ver las cosas algunas veces no quiere decir que no están allí. Pienso en las cosas que no he visto. Cuánto ha cambiado. Cómo en seis meses atrás pensé que tenía todo calculado. Estaba segura de cómo iban las cosas a desarrollarse. Pienso en Len diciendo que él no habría terminado la escuela secundaria, sin embargo, y creo que sé lo que quiere decir ahora, porque yo tampoco lo sé.

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—Tengo mi carta de Stanford. Sonríe. —¿Te becarán para que vayas? —No lo sé, no la he abierto. Ni siquiera sé si es lo que quiero. Len considera eso, pasando sus manos suavemente por mi pelo. —Ya sabes. La Universidad de Nueva York tiene una escuela de música —dice—. Y no es demasiado tarde para aplicar. Me inclino hacia atrás y lo miro. —Esto no tendría nada que ver con el hecho de que Juilliard está en Nueva York ¿verdad? Se ríe y pone los ojos en blanco. —Por favor —dice—. Tengo mejores cosas que hacer que sentarme y pensar en nosotros pasando nuestros años de universidad juntos, escuchando música, sentados en cafeterías... —Probablemente ni siquiera nos veríamos —digo bromeando—. Estoy segura de que estaríamos muy ocupados.

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—Además, esta esa chica de los tatuajes con la que necesito salir para poder rebelarme apropiadamente —ríe—. Aun así, creo que podríamos hacerlo funcionar. —¿Sí? Mira hacia abajo, a mí y toca con su frente la mía. —Estamos aquí. ¿Cierto? Aquí. El lugar donde ha visto un inicio y un final y ahora un principio otra vez. El tira de mi hacia él, y cuando nuestros labios se encuentran, la posibilidad de la vida comienza a estallar hacia afuera y la energía asombrosa del universo, nieve blanca y precaria, me hace sonreír contra sus labios. —Entones, ¿qué pasa ahora? Besa mi nariz, y puedo ver el baile de sus hoyuelos. —Lo que quieras Rosaline —dice—. Absolutamente todo.

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Epílogo Traducido por Júls Corregido por Neptbell

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Olivia tenía razón. El objetivo del libro "Escoge tu Propia Aventura" era sólo ese: la elección. No se trata de cómo terminas, sino de las decisiones que tomas para llegar hasta ahí. Y no quiero evitar el final nunca más. Porque en la vida real no hay ningún modo de saberlo todo. De cualquier modo no hay garantías. Uno puede empezar a recorrer un camino y descubrir durante el trayecto que no es el que quiere seguir. O podrías tomar atajos para más tarde darte cuenta que este te lleva al mismo camino que el anterior. Y, ahí, es donde entra en juego la elección, porque uno no sabe como terminara, puede, que lo descubras en el último acto, cuando ya se ha alterado el curso que has tomado. Puedes oscilar por la izquierda, derecha, y encontrarte en un lugar en el que nunca esperabas estar. Supongo que me he dado cuenta que la suerte y el destino solo te alejan. Porque deciden el comienzo, no el final. El destino puede dejarte en alguna parte, pero es tu trabajo decidir hacia dónde ir, decidir tu propio final, en qué momento escoges cerrar la cortina. Así que supongo que Shakespeare no se equivocaba, después de todo. La verdad tiene diferentes finales de la misma historia. Esta es la mía.

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Rebecca Serle Rebecca Serle es una escritora a tiempo completo, lo que significa que puede llevar pijamas para trabajar. Fue a la Universidad del Sur de California, después consiguió su MFA12 en la Escuela de Nueva York. (Le gusta Nueva York mucho más que Los Angeles, pero no se lo digas a nadie.) Rebecca ama el pelo brillante, el café, el yoga y pretender ser británica. Ella, también, empezó su experiencia con este libro. When You Were Mine es su primera novela.

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12

MFA: Máster en Bellas Artes.

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Staff MODERADORA Júls

TRADUCTORES Júls

Esther:)

lausodie

Katiliz94

Gadea Martin

Maia8

C2aroll

Nortia

electr@

CORRECTORES

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Nepbell

Alderbarán Afroday

ladypandora Maia8

RECOPILACIÓN Y REVISIÓN Júls

DISEÑO Gaz

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Traducido, corregido y diseñado en:

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