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Laura Gallego Exp贸sito Daniel Pe帽a Ant贸n

Narrado por Laura Gallego Exp贸sito Ilustrado por Daniel Pe帽a Ant贸n

Seis pequeñas historias, seis cuentos fantásticos totalmente ficticios y originales cuyo parecido con la realidad es pura coincidencia. En estas historias el príncipe no es el apuesto galán que desde nuestra niñez siempre ha sido imprescindible en todas las historias infantiles y que viene a rescatar a la princesa, de hecho no hay ningún príncipe azul entre estas historias, y es que la mujer ya no necesita de ningún valiente caballero que venga en su auxilio, se sabe cuidar sola perfectamente y seamos realistas, al final el príncipe siempre sale rana. Aquí dejo estos relatos para quien los quiera leer, que los disfrutéis tanto leyéndolos como yo lo he hecho escribiéndolos. (¡Que topicazo!, pero es verdad.)

LA PRINCESA Y EL MENDIGO La princesita Carlota vivía en la torre del castillo, siempre mirando por la ventana, teniendo dulces sueños de colores, ajena a lo que sucedía en el mundo. Un día la princesita descubrió Internet, y con él un montón de historias nuevas y emocionantes, y así fue como descubrió un nuevo género que nunca antes había entrado en su vida, el comic Manga. La princesita leía, leía y devoraba aquellas páginas en formato oriental y quiso introducirse más y más en ese mundo, zambullirse en él y conocer todos sus misterios. Así fue como la princesita decidió acudir puntualmente de año en año a una convección sobre comic manga que se celebraba en el reino vecino. Sus padres la dejaron partir, pero con una condición, nadie debería saber que era la princesa Carlota y debería ir disfrazada y cambiar su ropa, a la princesita mas que molestarla la hizo ilusión y cambio todas sus felices ropas de colores por tenebrosas vestimentas negras, parecidas a las de los protagonistas de sus comics preferidos, cuan si de una mendiga cualquiera se tratase.

En aquellas convecciones la princesa disfrutaba como una enana enfundada en sus ropas grises y raídas, allí era una más, se sentía al fin parte de algo, algo que le gustaba y con lo que podía compartir experiencias con otras personas y disfrazarse de sus personajes preferidos. En uno de aquellos viajes conoció a un pobre mendigo, un mendigo que quedo deslumbrado por su belleza y por sus conocimientos en Battle Royal, Death Note y otras historias fantásticas. Sin embargo, aquel mendigo vivía a muchos kilómetros de su palacio y la cosa no cuajo… Poco a poco la princesita se fue integrando en ese mundo hasta hacerse de un pequeño gremio aficionado a este género e instalado a pocos minutos de su palacio. Entre los miembros de aquel grupo se encontraba un apuesto mendigo, de botas de vértigo, que conocía el secreto de Carlota, sabía que en realidad no era una simple mendiga, sino la princesa del reino y quiso aprovecharse. Aquel hombre resulto ser tan descarado y atrevido que en pocas semanas consiguió salir con la princesa, presentarle a sus padres y que ella cenará en su casa. Para la princesa ya era tarde, pues ya había caído totalmente rendida a sus encantos. Sin embargo, con el paso del tiempo la naturaleza de él salió a la luz, egoísta y sin sentido, poco a poco la princesa fue descubriendo la verdad, por mucho cariño que se hubieran cogido, él solo quería una princesa que se ocupara de sus deseos y que le solucionara la vida.

Finalmente la princesa se cansó, mando a freír espárragos al mendigo para que engañara a otra, y a sus padres les dijo que se había artado de ser princesa, que le gustaba esa ropa y que le dieran el cargo a otra que ella se retiraba para hacerse jugadora profesional de rol y vivir feliz sin tener que esconder nunca más su verdadera identidad. A sus padres les pareció razonable todas aquellas peticiones así que la pagaron una carrera universitaria para que pudiera mantenerse por si misma, y la princesa (que ahora no lo era) escogió la de dar clase a niños pequeños, así, aunque fuera por pocos momentos al día, aprovecharía esas ropas tan coloridas de princesa que aún guardaba en el armario.

LA BELLA DURMIENTE Érase una vez, hace mucho mucho tiempo, por lo menos 22 años, que Raquel fue maldecida con un hechizo por una bruja malvada que la condenó a un terrible destino, cuando cumpliera 18 años elegiría una ingeniería como carrera universitaria que nunca podría terminar y no contenta con aquello, la perversa bruja la maldijo a que tras conocer al amor de su vida se quedaría dormida en cualquier sitio, y no podría hacer vida normal después de las 5 de la mañana. De esta manera la bruja se aseguraba que Raquel nunca llegaría a ser nada en la vida y se vengaba de su familia por no haberla invitado al bautizo. Aterrorizada por aquel cruel destino Raquel puso todo de su parte para que no se cumpliera, eligió un bachillerato de artes, del que ingenuamente creyó nunca tendría salidas a una ingeniería, y solo ligó con hombres de dudosa inteligencia de los que estaba segura que no se podría enamorar. Sin embargo en las vísperas de su décimo octavo cumpleaños el destino se volvió en su contra, se pinchó con la rueca de querer ser diseñadora y, para su desgracia, la única especialidad que se daba en su reino era la de ingeniera de diseño industrial, abatida por no poder luchar contra su propio destino, Raquel se dio a las caricaturas callejera y así fue como conoció a un dibujante con el que no solo compartía el placer de dibujar, sino que también disfrutaban juntos de las historias de ciencia ficción y fantasía medieval. Poco a poco la bella Raquel se dio cuenta de que tampoco podría luchar contra los sentimientos de su corazón y comenzó una relación con el apuesto dibujante. Tal y como la malvada bruja predijo, en pocos meses tras su cumpleaños, empezó a padecer los males típicos de una ingeniería y la falta de sueño y descanso la dejaba tan agotada que los fines de semana se quedaba dormida en cualquier sitio, sin posibilidad de hacer nada para remediarlo.

Tampoco podía estudiar todo lo que quisiera porque se quedaba dormida encima de los apuntes, sin embargo, ella nunca perdió las ganas de seguir dibujando, cosa que la apasionaba tanto que mientras lo hacía nunca se quedaba dormida. Por otro lado, el apuesto dibujante permaneció a su lado en los peores momentos y la llevaba a casa cuando ella se quedaba dormida de repente; así Raquel tubo el apoyo y amor necesario para conseguir terminar la carrera y todo lo que se propusiera. La perversa bruja al fin había sido vencida, pues ella no había contado con que el amor entre Raquel y el apuesto dibujante y la pasión que Raquel ponía en su sueño de ser diseñadora pudieran terminar con su oscuro maleficio.

CAPERUCITA ROJA La pequeña y dulce niña caperucita salía muchos días sola al bosque camino de casa de su abuelita, a caperucita la gustaba mucho salir a dar paseos por el bosque, mirar los frondosos árboles, cantar con el dulce trino de los pajaritos y de su ipod y escribir en su cuaderno. Sabía que no debía apartarse nunca del camino marcado porque en el interior del bosque había innumerables peligros o por lo menos eso le decía su madre. Un día, mientras caminaba alegremente hacia casa de la abuelita, notó que alguien la observaba detenidamente entre los arbusto. Se quedo quieta y de repente le salió al paso un hombre muy alto y apuesto. Aunque en seguida se dio cuenta de que aquel hombre era algo extraño y que escondía algo, caperucita no perdió su amabilidad y se paró a hablar con él. El hombre la preguntó: -¿A dónde vas caperucita? Y la pequeña caperucita contestó que a casa de su abuelita. Entonces el hombre le dijo con su peculiar voz: -Podrías ir por el camino que se interna en el bosque, todo el mundo piensa que es peor, pero en realidad es un atajo, se llega antes y además es más bonito. Caperucita, que tenía muchas ganas de conocer aquel nuevo camino y de ver aquel bosque precioso en todo su esplendor, no lo dudo mucho e hizo caso a aquel hombre. Mientras, aquel hombre corrió hasta la casa de la abuelita, llamó a la puerta y con el pretexto de que iba a instalar internet en el domicilio, se internó en la casa. Cuando menos se lo esperaba la abuelita, se quitó el disfraz que llevaba y descubrió sus pelajes y sus horribles dientes feroces. ¡ERA EL LOBO!, se comió a la abuelita y lo preparó todo para la llegada de caperucita, la cual sabía que aún tardaría, pues la había enviado por un camino largo y dificultoso.

Al fin llegó caperucita, cansada y dolorida por las varias caídas que había sufrido por el camino lo último que esperaba era que abriera la puerta aquel extraño hombre que había encontrado en el camino. -Me he confundido de casa, perdón.-dijo caperucita y se dio media vuelta. -No pequeña- dijo el lobo- lo que pasa es que me he adelantado un poco para poder prepararte esta sorpresa. Caperucita entro en la casa y se quedo asombrada, había un montón de pétalos de rosa en el suelo, una mesa preparada con una cena de ensueño, ¡con el hambre que tenía!, vino y el disco de Luis Ramiro sonando de fondo. -¿Y la abuelita?- preguntó caperucita extrañada. -No te preocupes, la abuelita esta al corriente, ha decidido que se va a pasar su jubilación a Benidorm. Caperucita que estaba cansada y hambrienta decidió creer lo que la contaba el lobo, comió hasta que se hartó, y cuando hubo terminado el lobo la invitó a tomar un relajante baño espumoso con agua caliente. Sin discutirle pues estaba dolorida por los tropiezos del viaje entro en el jacuzzi donde se quedo placidamente dormida. De repente caperucita se despertó sobresaltada, ¡cuanto calor tenía!, ¡señor, señor!, llamo a voces. Y él extraño hombre apareció al instante: -¿Qué pasa caperucita? -¿no está este agua muy caliente?- preguntó la ingenua caperucita, -Es para que te relajes mejor- contestó el Lobo, -¿Y por que huele de repente como a especias? -Es para que huelas mejor -¡¿Y porque hay verduras dentro del Jacuzzi?!

-¡Es para digerirte mejor!-contestó el Lobo, cansado de las constantes preguntas de la niña se abalanzó sobre ella sin pensárselo dos veces para devorarla. Caperuzita, al descubrir el engaño, puso en práctica todo lo aprendido en sus clases de defensa personal y le dio una patada en los huevos al Lobo, de lo fuerte que le dio, el Lobo escupió a la abuelita y después salió escopetado de la casa con el rabo entre las piernas. -¡A mi no me come cualquiera!- le gritaba a el Lobo a través de la ventana. Caperuzita decidió entonces independizarse y quedarse en la casa de la abuelita, la cual puso en práctica la sugerencia del Lobo de pasar su jubilación en Benidorm. Salió con el leñador, pero era demasiado cortante. También salió con el juglar de la comarca, pero era demasiado risueño. Y salió con el cochero de la reina Mercedes, pero era demasiado veloz. Últimamente caperucita ha decidido volver a casa de su madre, que la echaba de menos, y anda escribiendo sus memorias, las que seguro serán un éxito rotundo de ventas.

LA SIRENITA Marina vivía en las dulces aguas del mar como sirena, era feliz, salía de marcha todos los fines de semana que podía, conocía gente interesante, otros seres marinos por supuesto, y nunca decía que no a un chupito gratis o descuentos en copas. Junto con sus amigos Marina disfrutaba de la vida en el mar, aunque sentía curiosidad por la vida en la superficie. Un día su padre, el rey del mar, la mandó llamar: -Marina hija, hoy es un día importante, has de saber que hace muchos años te prometimos con uno de tus amigos. Un sireno de muy buena familia. Has de casarte para en un futuro convertirte en la reina de los mares y continuar mi legado. Marina, que aún estaba de resaca por la fiesta del día anterior, tardo unos segundos en reaccionar: -¡¡¡Pero padre!!! Aún soy muy joven para desposarme, todavía tengo mucho que aprender y ni siquiera he estado nunca en la superficie. Su padre valoró aquella réplica y pensó que quizá no la viniera mal aprender algo del mundo terrestre; una futura reina debía estar preparada para cualquier cosa. Así que la mandó a estudiar los árboles y las plantas, los paisajes y los relieves, y todo aquello que tuviera que ver con el exterior donde se respiraba aire. Con una poción secreta, que a Marina le recordó al Bourbon-Cola, en un segundo le salieron piernas y cambió las branquias por pulmones.

Así, Marina salió a la superficie, conoció el mundo terrestre y la universidad, aprendió mucho sobre plantas y bichos, sobre matrículas en segunda convocatoria y exámenes de prácticas. Y también aprendió mucho sobre fiestas universitarias, botellones y cómo viajar gratis de casa rural. Sin embargo, Marina de vez en cuando echaba de menos a sus amigos del mar, se acercaba a la orilla para hablar con ellos pero no era lo mismo, a veces pensaba en volver, pero también había conocido mucha gente importante en la superficie de la que no se quería despedir. Marina tenía un problema, ahora pertenecía a dos mundos totalmente distintos pero ya tenia claro cómo iba a hacer para dividirse. Llegaron las vacaciones y Marina volvió al mar, el sireno con el que se iba a desposar se había indignado al no haberle aceptado en un principio, así que Marina tubo que explicárselo todo. “Las vacaciones las pasare aquí, en el mar, junto a mi familia y amigos, y las horas de curso y fiestas de mi facultad, las pasaré en la superficie” El sireno, finalmente, tuvo que fastidiarse y aceptar las condiciones de Marina, tendría que pasar la mitad del tiempo en la superficie y la otra mitad en el reino del mar si quería estar con ella. Marina sabía que en cuanto saliera a la superficie y lo probara, le encantaría tanto o mas que a ella, y ya no le pondría pegas al trato. Y así fue, y pudieron vivir felices del mar a la tierra, de fiesta en fiesta, y siempre rodeados de buenos amigos.

NATALIA Y LOS 40 LADRONES Erase una vez, en un lugar muy muy lejano, del lejano oriente, donde Natalia trabajaba como guía turística mostrando las increíbles dunas y rocas del desierto arábigo a los excursionistas y enseñándoles a no perderse. Una noche, mientras los extranjeros dormían, Natalia, que no podía conciliar el sueño, escuchó en la lejanía un grupo que cabalgaba a caballo. Sabía que por aquellas tierras viajaban ladrones y maleantes, quiso cerciorarse de que estos pasaban de largo y se acercó un poco a observarles. Para su sorpresa, el grupo que iba armado hasta los dientes, se había parado en seco delante de una inmensa roca. Uno de ellos pronunció en voz alta “¡Ábrete, Sésamo!” y la roca se desplazo unos pocos metros para dejar pasar a los hombres, lo menos 40 contó Natalia. Al poco rato observó que el grupo salía de su escondrijo y la roca se desplazó a su posición inicial tras de ellos. Natalia, decidió investigar que era lo que guardaban aquellos hombres en la cueva y saliendo de su escondite se colocó frente a la gran roca, pronunció las palabras que había escuchado “¡Ábrete Sésamo!” y al instante la roca se desplazó. Natalia se internó en la oscuridad de la cueva, tras pasar al interior, la roca que ocultaba el escondite se desplazó taponando la salida. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, pudo vislumbrar que el interior de la cueva estaba repleto de riquezas y tesoros, más de los que Natalia había visto en su vida. Sin pensárselo dos veces, Natalia salió de la cueva utilizando las palabras mágicas, corrió en busca de un par de maletas que llenar con los tesoros, y cuando hubo terminado montó en su camello huyendo hasta su casa en un poblado cercano.

Allí le esperaba su marido, Ali Baba, que al verla llegar tan cargada, no paró de preguntar: -¿Qué traes?-preguntó extrañado -Es muy importante que no cuentes nada de esto a nadie, y que escondamos estas riquezas para que nadie las encuentre. Natalia le contó todo a su marido, el cuál sin hacer caso de sus advertencias cogió parte de la fortuna y se fue de fiesta. Y así repitió durante varias noches, hasta que en una de estas estaba tan borracho que se le escapó que podría disponer de la mayor fortuna del mundo. El resto de hombres, no creyendo lo que Ali les contaba, le retaron “a que no hay huevos a traer aquí un cofre lleno de rubíes, ¡qué digo uno, diez!”. Alí, que estaba en juego su honor, no lo dudó un instante, montó en su camello y siguiendo las indicaciones de la historia que le había contado su esposa se plantó delante de la gran roca. “¡Ábrete, sésamo!” recordó a duras penas Alí cual era la contraseña, se internó en la cueva y comenzó a recopilar todo lo que pillaba a su camino. Cuando hubo terminado de cargar el camello se dispuso a salir, pero no recordando bien las palabras mágicas por los persistentes efectos del alcohol, así que comenzó a probar contraseñas: ¡Cebada, ábrete!, ¡Ábrete, trigo!... ¡Ábrete, centeno!, ¿Maiz?... Alí se quedó encerrado en la cueva, finalmente los ladrones llegaron con su botín de aquella noche y lo encontraron tirado en el suelo medio dormido. -¿Cómo has llegado aquí?- le preguntaron a Alí, despertándole de su modorra. Alí les contó que su mujer les había descubierto, y suplicó por su vida, sin embargo los ladrones no se apiadaron y le cortaron la cabeza.

Luego salieron en busca de Natalia, y para internarse en el pueblo sin llamar la atención se escondieron dentro de unas tinajas de aceite y se hicieron pasar por mercaderes. Finalmente llegaron casa de Natalia, la contaron que habían matado a su marido, lo cual a Natalia más que entristecerla la quitó un peso de encima, pues ya estaba harta de él, y la amenazaron con hacerla lo mismo a ella. Sin embargo, Natalia que era más lista que ellos y una gran vendedora de viajes programados, les propuso un trato. Con todas las riquezas que tenían había calculado que podrían pasar una agradable vida en el caribe con todos los gastos pagados, buffet y barra libre incluidos, acceso a spa, hidromasaje y tratamiento de belleza, con la única condición de que la dejaran ir con ellos. Los ladrones contentos con el trato corrieron a llenar sus maletas con menos de 20 kilos en oro y fortunas, para preparar su viaje en bussines class. Y así Natalia fue feliz, de fiesta con los cuarenta ladrones por el caribe.

RAPUNZEL La pobre Rapunzel pasaba la vida encerrada en una torre en mitad del bosque. Abandonada de la mano de dios, Rapunzel miraba el mundo desde su pequeña ventana ajena a él y sin enterarse nunca de nada, se pasaba las horas intentando domar su larga melena fosca y encrespada sin resultado evidente. Cansada de pasar el tiempo sin hacer nada de provecho, decide finalmente utilizar sus largos cabellos para algo útil y escapar de la torre donde la malvada bruja la tenía encerrada. Aprovechando lo tosco de su melena, se hace un paracaídas y se tira desde su séptimo piso. Así, Rapunzel empieza a viajar por el mundo, se va de Erasmus a Francia donde conoce nuevas formas de vida, y empieza a descubrir que no todo se reduce a su lóbrega y apartada torre. Conoce un montón de sitios, pero cuando empezaba a disfrutar de su recién estrenada libertad, la malvada bruja la encuentra, y la vuelve a encerrar en lo más alto de la torre, con mayor seguridad para que Rapunzel no se vuelva a escapar. La pobre Rapunzel, inconsolable por haber perdido toda aquella libertad, se da a la bebida, y durante toda esa noche se la pasa, cantando bebiendo y llorando junto a una polilla medio muerta, y un par de arañas patudas. Era tal el escándalo que estaba montando que el guardabosques de la zona se sobresaltó al pensar que habría un pobre animal agonizando de dolor en alguna parte, y corrió en su auxilio inmediatamente.

Cual fue su sorpresa que cuando llegó hasta donde se encontraba Rapunzel, no encontró ningún animal mal herido, sino una chica medio borracha intentando saltar desde la torre. -¿Qué haces insensata?-le gritó desde el suelo el alegre guardabosques. Rapunzel le explicó su infeliz tragedia y el guardabosques prometió ayudarla. -¡Aunque tenga que quemar el bosque entero, terminaré con esa bruja!- le prometió a la pequeña, esta empezó a saltar de alegría de tal manera que se dio contra la cama y calló redonda al suelo, donde ya sea por cansancio o por la borrachera ya no se pudo levantar. Al día siguiente cando Rapunzel se despertó, observó atónita que debajo de su torre ya no se encontraba aquel maravilloso bosque verde, sino un montón de escombros que apartaban los servicios de emergencia, uno de aquellos hombres la ayudó a bajar de la torre montada en una grúa: -¡Menuda suerte que la torre se encontrara tan elevada, señorita; si no, no lo habría contado!- aquel hombre ¡Era el guardabosques! -¿Habéis hecho vos este destrozo?-pregunto Rapunzel algo contrariada. -Os dije que terminaría con la bruja aunque tuviera que quemar todo el bosque, bien pues así ha sido. Después de aquello Rapunzel y el guardabosques empezaron una bonita relación, además Rapunzel se compró unas planchas para el pelo, protector contra puntas abiertas y se lo cortaba regularmente, con lo cual el estado de su cabello mejoró mucho. Así que finalmente vivieron felices y comieron perdices, pero a la plancha, que el guardabosques no comía nada con grasa.


Maldito Príncipe