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SU NOMBRE ES TASHTEGO


Hoy quiero contaros cómo elegí el nombre de mi barco. Tengo que confesar que Moby Dick me aburrió

la primera vez. Llegué exhausto al final. Años después le di otra oportunidad. Empezó mejor de lo que recordaba, pero caí fulminado antes de llegar a la mitad. Sin embargo, casi desde el principio, Moby Dick me pareció una poderosa máquina de generar nombres para un barco. A partir de un determinado momento me inventé el aliciente de la búsqueda de “El nombre perfecto”. Elegir nombre para un barco en Moby Dick me pareció defendible. Es la novela náutica más leída de todos los tiempos. Quiero que esta historia os guste. Para ello os tendréis que situar en una fría noche de 1850, en un puerto ballenero. En una oscura pensión.


Moby Dick quedó descartado como nombre por su falta de originalidad. Además sólo alguien que no haya leído Moby Dick llamaría así a su barco. Todo empezó con Nantucket (1): en principio una localidad cualquiera que decía poco. Se trataba, sin embargo, del lugar de nacimiento del protagonista, Ishmael. Hoy es sólo una isla de veraneo ocupada por balnearios. En el momento de la novela, 1850, era el centro ballenero por excelencia. Sus habitantes presumían de ser los mejores balleneros de todos los mares. Los ingleses los miraban como si fuesen unos “despreciables paletos”. Es una ciudad protagonista en el libro y tiene una sugerente carga marinera y pescadora. Está en Maine, muy cerca del Cabo Cod y no demasiado lejos de la Isla del Sable, aquella de la Tormenta Perfecta en la que se vieron flotando por primera vez los bidones de gasoil del Andrea Gail cuando los suyos todavía albergaban esperanzas de que regresara a su puerto en Gloucester.


La primera vibración de la búsqueda vino con el Grampus (2). Es posible que como nombre no resulte bonito. O quizás sí si se pronuncia en inglés. Se nos cuenta de él que es un barco que regresa de un viaje de tres años por el mar. Imposible no sentir algo ante aquello. Es el hecho de que regrese lo que le otorga su dimensión sobrecogedora. Pensé que el Grampus merecía estar entre los elegidos al menos en primera ronda. Su nombre me sonaba a sucesión de grandes olas oscuras. Quizás demasiado grandes y demasiado oscuras.


Pronto aparece Queequeg (3), el gran arponero y accidental compañero de cama del protagonista la noche que se conocen. De él volveré a hablar en otras dos ocasiones. Por sí mismo Queequeg ya generaba uno de los nombres más valiosos de la lista. Provoca, además, otros dos en primera instancia y otros dos más tarde. Kokovoco (4), nombre de su ficticia y lejana isla “hacia el Oeste y el Sur”. Yojo (5) el muñeco/ídolo ante quien se agacha en sus oraciones y que tanto pánico provocara en Ishmael aquella primera, oscura y fría noche.


A continuación incluí uno por proximidad. Tarsis (6). Aparece en el apoteósico discurso del padre Mapple en la capilla de los balleneros. Imposible dejarlo pasar. Hablaba sobre Jonás y su episodio con la ballena. Parece que Tarsis es por donde pasó Jonás en su largo viaje para escapar de Dios. Es, según cuenta el libro, la actual Cádiz. En la época de Jonás se trataba del antiguo reino de Tartessos. Creo que incluía también lo que hoy son Sevilla y Huelva.


El conjunto de ternas que venían por delante fue inmenso. Antes de ellas, apareció como nexo el Moss (7). Como el Grampus, nadie lo recordará. Se trata de una pequeña goleta que siendo de Nantucket, se encuentra en New Bedford. Exactamente igual que Ishmael. Pretendía regresar a su lugar de origen. A pesar de las mínimas referencias que de ella nos da el libro, merecía entrar en la lista. Aunque sólo fuese por pequeña y por goleta.


Cuando hablo de “ternas” me refiero a los cuatro grupos de tres que aparecieron a partir del momento en que Ishmael empieza a elegir el barco ballenero en que iba a embarcarse durante tres años. Su única condición era que fuese de Nantucket.


La primera terna es la de los barcos que estudia Ishmael antes de su elección: El Devildam (8). Algo así como “la compuerta del diablo”. Sería difícil que alguien lo recordase tras una única lectura, pero fue el primero que analizó y me pareció apropiado para un barco grande, marinero, de color oscuro y de una cierta edad. No iba a ser mi caso pero me gustó. El Tilbit (9). Una especie de golosina que analiza en segundo lugar. Lo vi apropiado para un barco pequeño, nervioso y vivaracho. Se parecía más a lo que yo buscaba.


Y el Pequod (10). Al parecer era el nombre de una tribu de indios de Massachussetts. Lo importante es que, contra todo pronóstico, es el que elige. Adquiere un protagonismo trascendental a partir de ese instante.

“Por más embarcaciones raras que hayáis visto en toda vuestra vida: lugares de alta popa, gigantescos juncos japoneses, galeotas como latas de mantequilla, y todo lo demás, podéis creerme que no visteis nunca embarcación tan rara como este viejo Pequod” Según continua contando, era un barco de antigua escuela. Más bien pequeño y “con un anticuado aire de mueble con patas de garra”.


Muy pronto tiene nuestro protagonista que empezar a negociar su contrato y sus condiciones de embarque. Y también enseguida aparece la segunda terna, la de los capitanes del Pequod. A todos ellos los vi con el “capitán” por delante del nombre. Capitán Peleg (11). Con él tuvo que negociar duramente su enrolamiento. Ya estaba solo en condición de coarmador, pero fue uno de los antiguos comandantes del Pequod. Quizás fue, además, quien más lo personalizó: “Había aumentado su primitiva rareza llenándolo por todas partes de dibujos y relieves grotescos, comparables únicamente a los del escudo tallado de Thorkill-Hake. Estaba adornado como cualquier emperador etíope con el cuello cargado de colgantes de marfil pulido” La definición me pareció apasionante. El libro me empezaba a fascinar. Capitán Bildad (12). Como el anterior, más armador que capitán, pero a mayor distancia. Del barco y de los demás.


Y el grandísimo, carismático, obsesivo e insustituible Capitán Ahab (13). El auténtico capitán del barco y quien esconde secretamente la auténtica historia negra y truculenta de Moby Dick. Es el alma de todo lo que la historia simboliza. Es imposible comprender la historia de Moby Dick sin comprender antes al Capitán Ahab Lástima que como nombre hubiera perdido toda originalidad.


AquĂ­ viene la segunda vez que me voy a referir a Queequeg. A partir de este instante genera indirectamente los otros dos nombres. Cinco en total.


Cuando Ishmael cierra su acuerdo de embarque con el Capitán Peleg, intenta que también contraten a Queequeg. Cuando se lo presenta al capitán, ve que es “oscuro, pagano, caníbal y con el cuerpo tatuado”. Primero le llama Quohog (14), que es una especie de almeja local. Luego, le llama Hedgelog (15), que significa erizo en inglés. Me pareció que los dos eran nombres de primer orden para cualquier barco marinero que se precie. La historia al explicarlos sería bonita. Este penúltimo párrafo, junto con el siguiente, me pareció un pequeño cuento para explicar de dónde vendría el nombre de mi barco. A Queequeg (todavía Quohog o Hedgelog), en un intento de ser contratado cuando ve todo perdido, se le ocurre demostrar su habilidad ante el capitán lanzando su arpón a una lejana mancha que divisa en el mar. Por supuesto la atraviesa con limpieza. El capitán Peleg queda tan impresionado que su contrato será mucho mejor que el de Ishmael. A partir de ese instante, siempre lo llamó Queequeg.


La penúltima terna es la de los oficiales del Capitán Ahab. Starbuck (16). Primer oficial. Stubb (17) Segundo oficial. Flask (18) Tercero. Devoto de los chuletones de ballena muy poco hechos. Le cae una bronca muy seria al cocinero por haberlos hecho solo un poco más de la cuenta en una ocasión. Conozco una definición anglosajona del “martini perfecto”: “ginebra helada con una mirada a la botella de martini”. Tras mi segunda lectura de Moby Dick, confirmo que está directamente inspirada en la definición que Flask hace del chuletón de ballena perfecto: “cortar un buen chuletón y echar una mirada a la parrilla”. Antes de eso la definición del martini perfecto me gustaba. Ya no.


La última terna, de incalculable valor, fue la de los arponeros. Queequeg, arponero de Starbuck a quien ya conocemos. Tashtego (19): Fantástico, increíble y valiosísimo nombre el del gran arponero indio de Stubb. Dormido revela, una noche, un secreto que le había contado otro barco ballenero. Daggoo (20): Nombre del arponero africano de Flask. Se constituía como otra preciosa perla, en este caso negra. Todos los nombres guardaban bonitas historias, que es de lo que se trataba. De ellos, entre mis tres finalistas, habría elegido cualquiera para cualquier barco. Pero para el mío solo tenía uno en mi cabeza. De mis tres finalistas, dos fueron arponeros. Después, aunque tenía favorito desde el principio, aún lo reduje a dos. Y después a uno. Tengo un barco de vela. Su nombre es Tashtego

Tashtego. Capítulo III  
Tashtego. Capítulo III  
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