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EL VICIO Por Fernando Urrea 2004 Alfredo sale de su cuarto porque su tía política lo llama para cenar, atraviesa el pequeño pasillo con un solo paso y llega a las escaleras del apartamento duplex del oriente de la ciudad. Lo que encuentra en el plato no tiene nada de especial; solo es pasta carne y verduras. Eso lo piensa y no lo disimula por lo que Cecilia lo mira con ternura y le dice que fresco por que la otra semana cambia el menú. El sonríe con la esperanza que ella entienda la vergüenza que siente por ser evidente. - No te preocupes- le dice. Alfredo esta terminado el bachillerato y en dos meses se gradúa. Situación que más que alegrarlo lo enfrasca en muchas nuevas dudas. Al regresar al cuarto mira su pequeño escritorio con los libros que ha estudiado todo el día, los mira con desaliento para ignorarlos. Cierra la puerta, apaga la luz y se lanza a la cama para quedar profundo. Al regresar del colegio en la tarde llega a la casa y no encuentra a nadie. Aunque la soledad es en extremo extraña no le da importancia y luego de bañarse cambiarse de ropa busca en la cocina algo para almorzar pero no encuentra nada. La cocina esta limpia, organizada metódicamente por tamaño y formas. Encuentra un paquete de pan sobre el mesón de la cocina y lo lleva para su cuarto. El plan es estudiar toda la tarde y al final, cuando escuche el llamado de su tía, reclamarle el abandono de la tarde. Trabajo constante durante horas hasta que siente hambre y al levantar la cabeza se da cuenta que ya oscureció, mira en un reloj de la mesa de noche y se sorprende de lo tarde. En ese momento siente un escalofrió en el abdomen. Camina temeroso por los pasillos del apartamento como esperando que alguien le haga una broma pero no sucede nada. Al final del trayecto ha encendido todas las luces de la casa, empieza a sentir pánico. Entra a la cocina y prepara lo mas sencillo que puede. Mientras esta comiendo piensa llamar a Algemiro, un amigo de la familia, pero siente que lo que sucede puede ser menos grave de lo que parece. Alista sus cosas para el siguiente día y con el ánimo por el piso por la soledad se dirige a dormirse. La noche fue muy larga, sin embargo el día en el colegio fue el más corto. Llegó nuevamente a su casa y no encontró a nadie. Algemiro llego como a las cuatro de la tarde abandonando su trabajo preocupado por el muchacho. Revisaron la casa buscando respuestas y no encontraron nada, lo mismo le pasó a la policía. No había mucho que hacer solo esperar y hasta donde era posible seguir viviendo. Cuando el sol no estaba y las estrellas comenzaron a brillar; Algemiro se despidió con un abrazo. En estos instantes Alfredo se reprochó su actitud de ignorar a los vecinos porque apenas se valla el amigo, queda nuevamente solo.


El descubre, apenas cinco minutos después que su amigo se fue, un bulto en la grada del anden del frente. Mira en la calle alejarse el vehículo de su amigo, ya no lo puede llamar. Se acerca y descubre que el bulto es un hombre tirado. Corre a su casa y llama a la policía porque prefiere no mover a ese sujeto; ¿quién sabe si está vivo?. Un hombre blanco, sucio, con su rostro lavado por su vomito. Perdido de la borrachera que identifica como Alberto, el tío de Alfredo. Como no saben que le sucedido lo llevan a un hospital donde no se le despego el sobrino desde que subieron a la vagoneta de la policía. Le trataron varios rasguños, golpes y contusiones. Le lavaron el estomago y le inyectaron suero. Durmió dos días, solo le encontraron alcohol en una cantidad escandalosa, inexplicable porque no toma. Salió del hospital para permanecer, por orden medica, dos meses en permiso. Razón por la cual el muchacho tuvo que ir al trabajo y contar su historia, allí le prestaron todo el apoyo que no esperaba. Muchas personas en el hospital le contaron historias sobre las formas de robo en el cual drogan a las personas o los emborrachan con ayuda de muchachas bonitas. Esas historias podrían explicar muchas cosas, hasta la desaparición de la tía. ¿Que le pudo haber sucedido a ella? Pensar en eso duele y le provoca ahogo y llanto. Por lo menos ya tiene al tío en la casa, así no pronuncie palabra, así tenga que alimentarlo, bañarlo y cambiarlo. Al mes el tío Alberto ya se movía por la casa y había logrado la independencia de los adultos pero no hablaba ni salía de la casa. Al grado de bachiller solo fue el amigo de la casa y la alegría no fue lo que debía ser, de pronto un alivio, pero mas una angustia por que para el otro año no sabría que hacer. En su mente permanecía la esperanza de que su tío se restableciera y volviera a ser el que era. Además la tía tenia que estar bien, en algún lugar, pero bien. Al llegar a la casa a las cinco de la tarde no encontró a nadie, espero dos horas, llamó a Algemiro y el llegó una hora después para acompañarlo a buscarlo por las calles. Regresaron cinco horas después y lo encontraron durmiendo en el sofá borracho y con varias botellas desocupadas al rededor. Ambos están extrañados y desubicados cuando llega una patrulla de la policía. Los agentes les comunican que encontraron a la señora Cecilia. Como los agentes encargados del caso recibieron información del psicólogos del tío Alberto, sobre su negación y desconexión postraumática por ser victima o presenciar un hecho dramático que superó su capacidad, no lo ven a él como alguien capas de recibir la información que poseen. Por lo que le entregaron a Alfredo un grupo de papeles en los cuales se encuentra un acta de defunción y una fotocopia de registro de un hospital donde aparecen los nombres del tío y su esposa. También un acta judicial de levantamiento de un vehículo volcado e incendiado con algunas marcas de impactos de arma de fuego.


Por mas preguntas que les hicieron o recibieron no lograron aclarar detalles exactos ni a concluir un motivo o las circunstancias, pero en ultimo lo único claro era que Alfredo tenía que ponerse bien amarrados los pantalones por que ya le habían avisado de la empresa del tío que le habían conseguido reemplazo. Al siguiente día visitó la tumba de Cecilia, le lloró y le pidió ayuda para ir a presentarse en la empresa donde trabajaba el tío. Parece que la primer vuelta resultó útil para concluir la segunda donde los dueños de la empresa entendiendo el drama del muchacho le ofrecieron trabajo. Esa noche de nuevo no encontró a su tío, comió algo con calma, trasegó taciturno por los rincones mas conocidos de la casa hablando con cada electrodoméstico y descubrió que tenia que ir a buscarlo. Camino horas, casi sin intención de encontrarse a nadie y se hallo perdido en callejones tristes atiborrados de basura útil para la gente que la recolecta o la colecciona o la consume. Encontró los harapientos placidos en los mas intimo de su traba en las felicidades silenciosas de hombres y mujeres que descubren con lo dedos la superficie de las paredes o ven constelaciones profundas llenas de momentos felices con sus familias. Allá lo encontró orinando la fogata reducida a escombros negros de cenizas urbanas y miro al sobrino para acercarse nervioso soltando las palabras - veámonos que esta noche tampoco me muero-. Alfredo vio tomar la delantera a su tío a ritmo militar mientras en sus dedos cargaba un cachito. Se acostó juiciosos, durmió profundo desconectado de tantas urgencias por las que corre el sobrino para sobrevivir a la vida que por segunda vez le desbarajusta la familia. Alfredo acepto la rutina del trabajo diario y las fugas nocturnas de su tío que lo obligaba toda las noches a buscarlo cada vez mas profundo en una ciudad desconocida, triste donde se pierden los sueños y se encuentra paso a paso el infierno. Una noche no tubo que buscarlo, lo vio salir sacando con toda tranquilidad el micro ondas bajo el brazo. Lo siguió a la distancia mientras ingresaban de nuevo a ese mundo de lo perdido y lo robado. Vio cuando negocio con desespero el articulo que le brindo una alegría nerviosa que se consumió en profundas bocanadas mientras que corría y se daba a topes con todos y con todos. Llego a una zona donde las casas no tenían puertas y algunas ni techo. Lo siguió asta un lugar que parecía almacenes con cajas y mallas donde el tío se acerco a un grupo de personas estaban recostados contra un muro. Cuando se acerco lo suficiente pudo ver que todos estaban comiendo carne y al lado de la pared debajo de la ventana enmallada un vagabundo barbado rasgaba la piel de un cuerpo humano mutilado que estaba en el suelo en medio de un charco de sangre. Alfredo esta espantado y no soporta el mareo, trasboca mientras busca no ser descubierto por el grupo de gente que parece aumentar. Luego no se sabe en que momento del cuerpo no queda nada y todos están silenciosos en medio de su mundo de inmersión y ojos rojos. Alguien se cae vomitando sangre, el grupo se mueve con inquietud respecto al hombre caído. Un hombre feo da el primer paso sobre el caído y


le rasga un trozo de piel en una tira larga de su espalda. Uno en uno continúan el rito macabro en que los trozos de piel son mas grandes. El muchacho se siente muy mal y decide irse de ese lugar de una manera complicada a punto de perder la conciencia. Despierta parado frente a un armario de ropas de los empleados de la plaza de mercado, toma conciencia de si mientras esta sacando de un gabinete del cual el tiene la llave un trozo de piel gruesa y tiesa. La acerca a su rostro para olerla y le parece que esta bien. Recuerda que tiene que ir a trabajar y se dirige rápidamente para su casa. Al principio camina lo mas normal y ágil que puede, pero merma su paso al encontrarse con un grupo de soldados que lo detienen. Uno de ellos lo requisa y al ver el trozo de piel el joven uniformado da un paso a tras y le dice -no estará haciendo cochinadas mientras le hacia la señal con la mano de continuar. Fin Derechos reservados de autor

VICIO  

Cuento sobre una familia que se enfrenta a la muerte.