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Cosas de Alde Zaharra 15

Primer aterrizaje de un avión en Hondarribia Suele decirse que el primer avión que aterrizó en Hondarribia lo hizo el 24 de agosto de 1919. Aquel día el piloto Holstein, acompañado por Irazusta, Cruz López e Iribarren, aterrizó en el arenal de Playaundi para comprobar si era factible el proyecto de construir allí un aeródromo. Pero habría que decir que este fue el primer aterrizaje proyectado de antemano. Porque el primer aterrizaje se había llevado a cabo ocho años antes. Aunque ciertamente el piloto no tenía previsto aterrizar en Hondarribia. Fue sin querer. En mayo de 1911 se iba a celebrar un acontecimiento histórico. Por primera vez en el mundo se iba realizar una prueba internacional de aviación. El mayor acontecimiento deportivo de la época, organizado por Le Petit Parisien, reuniría a 28 pioneros de la aviación para recorrer los 1.170 kilómetros que separaban Paris de Madrid. El vencedor recibiría un premio de 200.000 francos. La carrera tendría tres etapas: Paris-Agoulême, Angoulême-San Sebastián y San Sebastián-Madrid Finalmente el 21 de mayo se presentaron en la salida, en Issy-Les-Moulineaux, ocho competidores. Pero la salida fue muy accidentada. Ante 200.000 espectadores despegaron los cuatro primeros pilotos. En quinto lugar despegó Train que, al observar que pasaría sobre un escuadrón de coraceros a caballo, giró bruscamente, entró en pérdida, y cayó sobre la tribuna ocupada por las autoridades. El accidente produjo muchos heridos, y el fallecimiento del Ministro francés de la Guerra. La salida quedó interrumpida. El accidente dio, si cabe, mayor importancia mediática a la carrera, y provocó que un piloto –Garros- terminara en solitario la primera etapa, porque no hubo forma de avisarle hasta que aterrizó en Angoulême.

Postal oficial de la participación de Garros en el Raid Paris-Madrid

La expectación provocada por la prueba era tan importante, que al día siguiente se dio nuevamente la salida para el resto de competidores. El recorrido, lleno de incidencias, produjo que sólo llegaran a Angoulême Gibert y Védrines. A los que se unía Garros, que había llegado el día anterior. La primera etapa había eliminado ya a cinco pilotos. El día 23 de mayo de 1911 se disputaba la segunda etapa entre Angoulême y San Sebastián, en la que se volaría una distancia de 335 kilómetros. Teniendo en cuenta los tiempos invertidos en la etapa anterior, la prensa nos relata que salieron “Garros á las 5 horas 13 minutos; Givert á las 5 horas 19 minutos; y Vedrines á las 7 horas 14 minutos”. La clasificación no era, por el momento, una sorpresa. Garros y Gibert ya eran veteranos. Todo lo “veteranos” que se podía ser entonces, ya que el primer avión capaz de superar los 100 kilómetros de distancia de vuelo continuado se había construido sólo dos años antes. Védrines era un novato que sólo llevaba seis meses volando en aquellos artefactos.

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Todo estaba preparado en la costa vasca para recibirles. Todos los puntos posibles de observación estaban ocupados por una muchedumbre de curiosos. De los puertos habían salido lanchas de la Cruz Roja, y entre Hondarribia y San Sebastián hacía guardia un viejo conocido nuestro, el cañonero Mac-Mahón. En el fuerte de Guadalupe la guarnición observaba el cielo, con la orden de disparar una salva de cañonazos en cuanto vieran acercarse a los aviones. A las nueve menos diez de la mañana se oyen los cañonazos disparados desde San Juan de Luz. Tienen al primer aviador a la vista. A las nueve en punto los observadores de Guadalupe ven acercarse el avión por el este. Los artilleros saltan hacia los cañones y disparan la salva ordenada para avisar del paso del aviador. Pero el avión no pasa de largo. Cada vez se acerca más y más. Y viene directo al fuerte de Guadalupe. Ante la sorpresa de todos, vira sobre el fuerte y aterriza limpiamente en una campa frente al puesto de carabineros, justo bajo el fuerte de Guadalupe. “Las personas que prestaban servicio en alta mar elogian la excelente maniobra que hizo Garros al aterrizar bajo el fuerte Guadalupe”.

Garros pasando la frontera ante la mirada de los aduaneros (Le Petit Parisien, 1911)

Desde tierra, localizaron la posición del aparato por la estampida de un rebaño de ovejas asustadas. “Unos caseros fueron los primeros que acudieron en su auxilio, pero no se podían entender con el aviador”; bajaron después dos artilleros del fuerte, que no pudieron entender por sus gestos que lo que necesitaba era gasolina para continuar su viaje. Así que viendo que se aproximaba una lancha de la Cruz Roja, Garros bajó a las rocas más cercanas al agua y pidió combustible. “El aviador oía perfectamente las voces de los individuos de la embarcación, pero éstos no oían las del piloto por el ruido de la rompiente de las olas, ni pudieron salir á tierra porque les era imposible acercarse á la orilla”. Afortunadamente, “llegó el vicario del convento de Capuchinos y sirvió de intérprete, para que unos artilleros bajaran á Fuenterrabía á por gasolina”. Pero, ante la desesperación de Garros, el tiempo fue pasando. Miraba al horizonte por si veía llegar a sus competidores. Gibert no llegaba. Aunque Garros no lo sabía, Gibert había aterrizado en Bayona con una avería en la magneto de su motor. Pero tanto pasó el tiempo que el que acabó por pasar frente a él fue Védrines. Los artilleros de Guadalupe dispararon la salva de rigor, y Garros “al ver pasar por aquel punto al aviador Vedrines, volando majestuosamente, se lanzó instintivamente sobre su aparato como para echar á volar, pero no tenía gasolina y el aparato no podía moverse”. Finalmente llegaron los artilleros con la gasolina, y “después de dos horas y pico de estancia y de llenar las pilas con aquel líquido, echó a volar despidiéndose con señas de todos los circunstantes”. Pero si espectacular había sido su aterrizaje, más espectacular y arriesgado fue su despegue. Según Le Petit Parisien, disponía de una estrecha y corta plataforma “situada a unos cincuenta metros de altura. Puso su motor en marcha, y se lanzó al vacío. Cualquier pequeñez, cualquier ligero fallo en el encendido del motor, y hubiera sido su salto final”.

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Los cañones de Guadalupe volvieron a disparar para avisar que Garros estaba nuevamente en vuelo, y pocos minutos después la muchedumbre que le esperaba en San Sebastián le vio llegar a la bahía. Aterrizó en Ondarreta a las 11:30. Garros había salido con dos horas de ventaja de Angoulême pero, el tiempo perdido en Jaizkibel, le hacía estar ahora cincuenta y ocho minutos por detrás de Védrines. A su llegada a Ondarreta se le veía visiblemente disgustado,“por la falta de tres o cuatro litros, una miseria, no he podido renovar mi victoria de Angoulême. Y sin embargo estaba seguro, lo oye bien, absolutamente seguro, de que aun así ganaría. ¡Qué mala suerte!”. No quería hablar con nadie, lloró, tiró al suelo su pasamontañas blanco, y se fue a dormir sin querer comer nada. Tuvo que conformarse con ganar el premio que ofrecía el Círculo Mercantil de San Sebastián al primer aviador que tomara tierra en la península. Gibert, ya prácticamente fuera de la competición, llegó casi a las siete de la tarde.

Garros sobrevolando Jaizkibel en 1911 (El Diario Vasco, 2008)

Garros aterrizando en Ondarreta (Novedades, 1911)

El día 24 descansaron los tres aviadores. Y el día 25 tomaron nuevamente la salida para la última etapa: San SebastiánMadrid (Getafe). Garros sabía que tenía que arriesgar al máximo, y lo hizo. Decidió cruzar las zonas de montaña pegado al terreno para ganar tiempo. Algo enormemente peligroso para cualquier piloto y, mucho más, con los aviones que entonces existían. Además, su motor había dado problemas ya antes de la salida. Su primer accidente fue el impacto con un poste eléctrico pocos minutos después en Usurbil. Reparó lo que pudo del aparato, y consiguió despegar. Para volver a caer después al río Leizaran. Allí se había acabado todo. Gibert cayó en Olazagutia. Un águila empezó a dar vueltas en torno a él. Intentó ahuyentarla disparándole con su pistola. Pero finalmente impactó con ella y el aparato quedó inutilizado en el aterrizaje. Ya sólo quedaba Védrines. Sin oposición, se tomó las cosas con calma, y se hizo con los 200.000 francos del premio llegando en solitario a Getafe el 26 de mayo de 1911.

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Garros siendo ayudado a sacar su avión del río Leizaran (Novedades, 1911)

Garros murió en un combate aéreo en la Primera Guerra Mundial sin haber cumplido los 30 años. Piloto de aviones y piloto de coches de carreras, su nombre es –paradojas de la vida- internacionalmente conocido por una actividad deportiva que para él era sólo una afición. En su homenaje, el más importante estadio de tenis francés y el más famoso torneo de tenis que se celebra en Francia, llevan su nombre. El piloto del primer avión que aterrizó en Hondarribia en el “aeródromo de Jaizkibel” era…Roland Garros.

Nota: Se afirma que un aeródromo es un terreno llano apto para el aterrizaje, despegue y servicio a las aeronaves. La campa bajo el fuerte de Guadalupe no era muy llana, y era corta y estrecha; pero Garros aterrizó, cargó combustible y volvió a despegar. Así que –conscientes de que forzamos un poquito el argumento- podríamos considerar que, en 1911 y durante dos horas y media, el aeródromo de Jaizkibel existió.

Tetxu HARRESI, 26 de noviembre de 2012

Fuentes: • • • • •

ABC de Madrid (1911), 24 y 26 de mayo de 1911 La Constancia (1911), 24 de mayo de 1911 Le Petit Parisien (1911), 24, 25 y 26 de mayo de 1911 Novedades (1911), 28 de mayo de 1911 Utrilla, L. y otros (2005), Historia de los aeropuertos de San Sebastián, Aena, Madrid Sada, J. (2008), Roland Garros en San Sebastián, El Diario Vasco, 22 de junio de 2008

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15 Primer aterrizaje en Hondarribia