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SEGUNDA OPORTUNIDAD.

Tarea grupal 4. Grupo: Don Juan Tenorio.


SEGUNDA OPORTUNIDAD.

Se quedó mirando la pantalla del ordenador recién apagado, había hecho más que cerrarse Windows mientras miraba con asombro su sonrisa y ojos de admiración reflejados en el cristal de la pantalla del monitor; por fin lo había conseguido. Nico que así se llamaba, se levantó muy temprano ese día, ya que los nervios debido a la prueba presencial no le dejó conciliar el sueño, estaba preparado pero, el miedo al fracaso a suspender el examen le bloqueaba y sentía por ello que el corazón se le escapaba debido a la rapidez con que le latía. De repente sintió un gran pánico, los conceptos que tanto le habían costado estudiar se desvanecían. Recordaba a su padre que en reiteradas veces le decía – Hijo mío no te preocupes verás como todo sale bien, has realizado mucho esfuerzo y comprobarás como por ello serás recompensado.

Sonó el timbre de la puerta, Nico dejó a un lado sus pensamientos volviendo en sí, rápido se levantó de la mesa del estudio y apagó por completo el ordenador, se apresuró a abrir la puerta. Era su padre, volvía de hacer el turno de noche. Nico al abrir la puerta se le quedó mirando paralizado a los ojos de su padre y le dijo - papá creo que voy a suspender este examen, no me acuerdo de nada. Su padre lo abrazó y le dijo – confío en ti, no pierdas nunca la fe en ti mismo y tus conocimientos adquiridos saldrán reflejados en ese examen. Nico por un momento empezó a sentirse mucho mejor y el corazón le latía más despacio. Desayunaron juntos en la cocina hablando sombre el examen de lenguaje, la última asignatura que le quedaba para adquirir el título, conversaban y conversaban – lo conseguiré, ese título es mío.

De camino al examen Nico no paraba de recordar las palabras que su padre le había dicho, y al hacer el examen así lo hizo.

Cuando se sentó en aquella aula, se emocionó al recordar lo que su padre le había dicho, -Confío en ti-, que palabras tan alentadoras. Al tener delante de sí el examen y el folio en blanco, pensó, yo también confío en mi mismo. Ahí estaba todo lo aprendido, le parecía increíble. El esfuerzo que había hecho en los últimos meses, merecía la pena. Miró a su alrededor, y se percató que no estaba solo, estaban sus compañeros, todos tenían una historia que contar. Habían llegado hasta allí por diferentes motivos, pero todos estaban de acuerdo en algo, “nunca es tarde para continuar lo que se dejó a medias”. Así poco a poco los conocimientos adquiridos se plasmaban lentamente en aquel papel en blanco... Salió bastante contento del resultado obtenido, sabía que lo había hecho lo mejor posible, le había puesto el interés necesario. Se sentó en un banco del centro escolar donde se realizaban los exámenes y mientras esperaba a un compañero comenzó a pensar en su padre y la razón que tenía en sus palabras, su mente se trasladó a un tiempo ya lejano...


Era marzo, el mes en que la vida en la calle empieza a despertar tras un largo invierno. Nico se disponía a salir a respirar el aire primaveral, intentando despistar a su madre para que esta no le diera la charla una vez más, pero... no pudo ser, y tuvo que pararse y escucharla, aunque para él las palabras de su madre por aquel entonces no tenían ningún significado. Ella le dijo que no se fuera, que estudiara, que así podría encontrar un trabajo mejor. Pero él no estaba de acuerdo, había escuchado de sus amigos que no hacía falta formación para algunos trabajos, por ejemplo para trabajar de peón de albañil, que ganaría mucho dinero, unos 2500 € al mes.

Era consciente que su hermana mayor había hecho un gran esfuerzo estudiado la carrera de derecho y ahora trabajaba en un bufete de abogados como pasante y tan solo le daban las dietas unos 400 € al mes ¿Cuánto tiempo pasaría para que ella llegara a ganar 2500 €? Demasiado esfuerzo para tan poca recompensa, pensaba Nico. Así se lo dijo a su madre y salió a la calle a disfrutar de ese día primaveral, lo tenía decidido iba a dejar los estudios y se pondría a trabajar. Esa misma noche se lo comunicó a su padre, este le dijo –Creo que te equivocas hijo, como dice el refrán el trabajo de peón de albañil es: “Pan para hoy y hambre para mañana”. Algún día te darás cuenta, solo espero que no sea demasiado tarde. Nunca te he pedido que sea más que nadie, ni te he comparado con este o el otro. Solo sé que tienes capacidad para estudiar, y solo te pido una cosa, que recapacites-. A Nico por aquel entonces todo le sonaba a charla, y pensaba que “su viejo” como él lo llamaba, no hacía nada más que darle la vara.

Qué lejos quedaba todo aquello en el recuerdo, pero que lástima no darse cuenta antes que su madre y su padre tenían razón. Pero Nico sabía que rectificar era de sabios y siempre hay una segunda oportunidad, esta vez no la dejaría escapar.

En medio de ese mar de recuerdos llegó Pedro, el amigo de Nico. Este le preguntó a Nico - ¿te he visto muy pensativo al salir, algún problema en el examen?-. Nico esbozó una amplia sonrisa, y dijo -para nada, me ha salido genialentonces le contó la historia que estaba recordando hace un instante y cómo lo que un día sus padres le dijeron parecía una premonición. Ahora lo sabía, los padres quieren lo mejor para los hijos, tienen más experiencia y por ello aconsejan cuando ven que se están equivocando. Pedro le dio la razón. Luego ambos comentaron que tal les había salido el examen, las preguntas, y las respuestas. Las posibilidades que les abriría el tener esta titulación e incluso estaban pensando en estudiar una carrera. Los dos coincidían en algo, deseaban tener en sus manos el título de Bachillerato.

Tras un rato de charla llegaron a sus respectivas casas, Nico entró muy contento a su casa, transmitiendo así lo bien que le había salido la prueba. Todos en su casa se sintieron orgullosos de los esfuerzos que estaba haciendo, y de los frutos que estos estaban dando.

Después de chalar distendidamente con su familia sobre todos los entresijos de aquel día, se retiró a su habitación. Se volvió a sentar frente a la pantalla del ordenador, la miró detenidamente, el reflejo le devolvía otra vez la misma cara sonriente, pero esta vez con un halo de orgullo y tranquilidad. Ya había pasado todo, sintió orgullo de sí mismo, de cómo se había enfrentado al examen con ayuda de las palabras de su padre. Unas pequeñas lágrimas de emoción asomaron a sus ojos, todo se puede lograr con empeño, nunca es tarde. Entonces pensó que no estaba solo, recordó a todos sus compañeros, cada uno con una historia diferente, pero todos con un objetivo común, mejorar, rectificar y aprender que la vida siempre te da una segunda oportunidad.

Participantes: Comunicación: Antonio Llamas Moreno de Cisneros. Coordinadora: Verónica Moreno Guerrero. Revisora de estilo: María José Quesada Coeto. Editor: Francisco Javier García López.


Segunda oportunidad