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Todos permanecían observando el monitor. El camino de Adam estaba grabado milímetro a milímetro, dado que eran parte del gobierno no les supuso mucho esfuerzo el poner cámaras en las calles, y más en esta ciudad donde toda tecnología parecía destruida. Hizo falta algo de camuflaje, pero no les resultó para nada complicado. Jazz estaba nervioso, no sabía si realmente lo haría o no, él estaba totalmente en contra de lo qué fuera esta absurda misión. Así que esperó, esperó como todos a ver su resultado, y luego ya quedaría tiempo para juzgar a quién fuese, pero de momento debía esperar. Desde que Adam y Jazz se separaron, este último había conseguido subir muchos escalones en su vida. Ambos eran simples ciudadanos, y está claro que a Jazz le tocó la mejor parte, pues se involucró en la guerra de la mejor manera que pudo, y también de la mejor que sabía: desde fuera. Tenía cierto don para la palabra, era muy persuasivo, así que poco a poco logró meterse en esto. Aunque esta misión realmente no era nada del otro mundo, tanto si salía bien como si fallaba, nadie tenía la plena seguridad de que el plan resultaría efectivo. Que es justamente lo que le habían hecho creer a Adam, que él sería la salvación a un nuevo conflicto inminente. Ciertamente la parte del conflicto era verdadera, cuando la guerra acabó y se firmó la tregua, ambos bandos sabían que sólo era temporal, ya que gobierno e Iglesia no pueden coexistir en este mismo tiempo. No desde que la Nueva Iglesia se formó y recaudó tantísimos millones de fieles, que por primera vez no rezaban a nadie, sino que oraban por ellos mismos. Y esto realmente no era malo, la Nueva Iglesia había permitido muchos avances, pero quería el control total, y lo quería ahora mismo. Por supuesto, el gobierno no estaba dispuesto. Finalmente todos vieron como Adam entró en la casa. Este era el momento que todos esperaban, si salía bien suponía que ahora había un cambio muy significativo. Pero de momento no ocurría como ellos deseaban. Adam estaba dudando. Este ser sin sentimientos ni corazón, realmente estaba dudando de arrebatar una vida, ¿acaso no habían hecho bien su trabajo? ¿No se dijo que se realizó el proceso por completo con un notable éxito? ¿O es que él todavía seguía allí? Sí, eso fue lo que pensó Jazz. <<Después de todo —se dijo Jazz a él mismo—, no puede. No han conseguido cambiar lo que era, después de toda esa fachada y su mirada desafiante, sigue siendo el mismo. Incapaz de robarle la vida a un niño, aunque cada átomo de su cuerpo le indique lo contrario>>.


Todo este pensamiento se desvaneció cuando Adam apretó el gatillo y la sangre le salpicó salvajemente su rostro. No pasó absolutamente nada. Adam seguía de píe, pasmado ante el cadaver del niño, sin decir nada, probablemente tampoco sentía nada. A continuación Adam gritó, gritó mucho y gritó tan fuerte como no lo había hecho en su vida. ¿Rabia? ¿Impotencia? No, no era nada de eso. Se sentía frustrado, incluso se daba asco a sí mismo, ¿pero por qué? Porque era incapaz de sentir, acababa de matar a un niño inocente, y no sentía nada. Ni siquiera sentía pena por él, solamente se compadecía de lo monstruoso que había sido, y sin embargo seguía sin sentir por su victima. Jazz quedó horrorizado. Todos los demás sonrieron, sobre todo su jefe, el coronel Trebor. Era muy gracioso que un ex coronel ahora trabajara para el gobierno como político, pero después del nombrado conflicto, esto ya era bastante común con los puestos más altos. Simplemente había cambiado su traje de camuflaje por una americana. Jazz no pudo soportarlo, Adam había sido su amigo, y ahora sólo era una bestia. No era más humano que un perro. —¿Hacía falta? ¿De verdad hacía falta? —preguntó Jazz a Trebor—. No entiendo porqué sonreís todos. Y sobre todo usted ex coronel, que tanto debería valorar las vidas, que tanto llora por sus guerreros caídos en el campo de batalla. Es un completo hipócrita. —Lo entiendo. Entiendo que para ti todo esto es muy difícil, pero sabes que si todo sale bien será uno de nuestros planes más efectivos. Me preocupan excesivamente las bajas, y si por dos únicas vidas puedes salvar las de miles o quizás millones, ¿no lo haría usted, Jazz? También habían matado al padre. —Me está pidiendo demasiado ex coronel. ¿Quiere que entienda que acabamos de matar a un niño sólo para comprobar un maldito experimento? —Así es. —¡Pues no! ¡No lo entiendo! Desde el principio, dije que este plan no iba a suponer nada, tanto si fallaba como si acertaba, esto no va a servir y lo sabe perfectamente.


—Dígame entonces: ¿por qué, después de la efectividad de nuestro plan, no va a servir de nada? —¡Porque escapará! ¡Escapará hasta el lugar más remoto, y no volveremos a verle hasta que vuelva a morir! ¿A quién se le ocurre resucitar a un muerto? Un chico también con traje intervino en la conversación. —Sabe usted, Jazz, que aquí no hemos resucitado a nadie. El proceso es mucho más complejo, no se trata de coger el cadáver y esperar un milagro, fabricamos un cuerpo que huésped que pudiera albergar... —¡No me venga con su jerga, Doctor! —le interrumpió Jazz—. Lo que hemos hecho va totalmente en contra de la naturaleza, y en contra del ser humano, hemos transformado a un pacifista en una máquina de matar. —Ese era el objetivo —añadió Trebor, con lo que cerró la conversación. Esta ultima frase daba por acabada toda la charla. Es bien cierto que Jazz tenía toda la razón del mundo, ¿pero a qué venía todo esto ahora? Él había aceptado todo este procedimiento, incluso se presentó voluntario para estar en primera fila y poder observarlo todo, ¿acaso esperaba volver a ver a su amigo tal y como era antes? Sin duda, de eso se trata. Pensaba que esta sería una magnífica oportunidad para volver a conversar con su amigo, para volver a estar con él, lo que él quería era revivir un recuerdo. Y mantenía la idea de que fuera igual que en su mente. Pero por suerte o por desgracia, ahora Adam no era ese joven, ahora sólo era un cuerpo, un recipiente vacío, un claro psicópata. Adam salió de aquella casa tal y como había entrado. Claro que antes se limpió la cara. Miró de nuevo las calles de Progredis, sin duda algo había pasado, pero no se percibía cambio alguno. Todo estaba igual de aburrido que antes. Pensó que no iba a volver al transbordador, que no quería volver a verlos en su vida, quería ser libre y estaba claro que ellos no le darían la libertad que tanto ansiaba. Un niño no suponía nada, y esto era por supuesto una trampa. No parecía ser que acabara de matar a un viajero en el tiempo. Así que empezó a escapar. Lo hizo muy lentamente, se fue alejando del callejón a donde tenía que ir poco a poco, de calle en calle, a veces hacía como que se perdía o


como que había visto algo, pero cada vez estaba más lejos. Sin duda, esta escapada sería muy tranquila, pues raramente había gente en las calles. Entonces se dio cuenta de que le seguían, todo el rato le estaban siguiendo, un grupo no muy numeroso de cuatro o cinco personas, junto con todas las cámaras que habían sido colocadas por la ciudad. Esto le hacía confirmar sus sospechas. Cuando ya llevaba una media hora caminando, el grupo salió corriendo hacia él, y este también echó a correr. Sin duda, estaban en una persecución, pero nadie podía alcanzar a Adam, que ni siquiera sabía hacia donde iba. El camino empezó a hacerse largo, no tenía ningún destino fijado, así que algunas veces sólo se dedicaba a dar vueltas. En medio de su carrera, logró ver un cartel que publicitaba un puerto espacial. Ya sabía a donde tenía que ir. Progredis no tenía una gran población, pero la enorme chatarra que había en esta colonia hacía que numerosas naves de comercio acudieran a ella, así que supuso que lograría colarse en alguna. Una voz llamó a Jazz. —Se dirige hacia el puerto espacial, alcanzale antes de que llegue. Se puso manos a la obra sin rechistar, ya lo había hecho demasiado por hoy. El grupo dejó de seguirlo y pronto ya vio el puerto. Se puso en uno de los extremos, junto a una barra metálica de precaución, por donde cerca pasaban las naves. Aunque ellos lograran ver la nave donde se colaría, la mayoría de ellas ni siquiera estaban registradas, pues se dedicaban al chatarrería y no era un negocio muy conocido oficialmente, así que era una escapada bastante segura. Miró hacia abajo para ver si alguna nave se acercaba. Entonces escuchó el motor de una moto acercándose. Era muy extraño, ya que en toda su estancia aquí no había visto ni una sola moto funcional. Vio que era Jazz, y se preparó para charlar un poco con él. Jazz se quedó a escasos cinco metros de Adam. —¿Te vas? —preguntó Jazz. —Me voy —respondió Adam.


—No creo que debas hacerlo. Nosotros velaremos por tu seguridad, es peligroso estar solo ahí afuera. —No sé de qué va esto, Jazz. Sólo sé que he matado a un niño y no me ha importado lo más mínimo. Tampoco ha cambiado nada, pero lo peor es que me da igual. —Adam... —casi no podía articular palabra—. Yo no... no quiero que te vayas otra vez. —Yo no me fui. Vosotros me encarcelasteis y me volvisteis a sacar para esta mierda. ¡Vosotros me habéis jodido la vida! —Eso no es cierto. —¿Entonces dime? ¿Qué es cierto? Ya no sé lo que es verdad y lo que es mentira, ¡ni siquiera me conozco! ¡Y todo es culpa vuestra! Estaba realmente desesperado. —Cálmate, yo... —¡Calla! —le gritó Adam—. ¡Te juro que te mataré! ¡Os mataré a todos! —le dijo señalándolo con el dedo indice de su mano derecha. Acto seguido Adam saltó la barandilla. Jazz fue corriendo a ver qué le había pasado, y vio como había aterrizado sobre el extremo derecho de una nave, y ahora trepaba por ella para meterse por una de sus ventanas. Antes de hacerlo Adam hizo un gesto de despedida, poniendo su mano derecha en su frente, cual soldado en el ejercito, y después la nave saltó al espacio cerrando ya sus ventanas. La verdad es que a Adam no le importaba mucho lo que acaba de decir, más bien lo hizo para salir del paso, porque ni siquiera sentía odio hacia ellos. Se puso a pensar si había sido así toda la vida, y no pudo contestarse esa pregunta, en su cabeza sus recuerdos cada vez se tornaban más borrosos. Pronto se dio cuenta de que no se conocía, no sabía qué sentir, o qué creer. Lo único que sabía firmemente es que él y Jazz volverían a encontrarse. Y así sería, ¿verdad?


THE END?


ALPHA #6 Cárcel (IV)  

Escrito número seis de Memoria correspondiente al universo Alpha.

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