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TERCERSECTOR SEPTIEMBRE-OCTUBRE2013

SUSTENTABILIDAD Hacer negocios, sí. Pero cuidando los recursos de todos. Con esa consigna, muchas empresas enfocan sus políticas de RSE en la preservación del medio ambiente, una variable que cada vez tiene mayor incidencia también entre los consumidores.

Ganar con compromiso ambiental

Emisiones de dióxido de carbono Uso racional del agua Eficiencia energética Gestión de residuos Políticas públicas


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Informe Especial

La era de la sustentabilidad TEXTO MARÍA GABRIELA ENSINCK

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asta entrados los años ’80, el modelo de producción y desarrollo no tomaba en cuenta los límites planetarios ni los impactos sociales. Fue a partir de desastres como el accidente de Chernobyl, el derrame de petróleo de Exxon Valdez o –aquí en Argentina– el que protagonizó Shell en 1999 en las aguas del Río de la Plata, que la sociedad empezó a reaccionar y a exigir una mayor responsabilidad empresaria en relación con el medio ambiente. Hoy, esa exigencia se traslada a las góndolas, cuando los consumidores premian y castigan a las marcas de acuerdo con su comportamiento social y ambiental. Según el monitor RSE 2013 de TNS Gallup, “más de la mitad de los consumidores argentinos eligió alguna vez productos social y ambientalmente responsables”. Sin embargo, destaca Ángeles Arano, una de las responsables de la encuesta, “aún queda camino por recorrer en Argentina a la hora de transformar al consumo responsable en un hábito arraigado”. En los últimos años, la sustentabilidad adquirió protagonismo en la agenda empresaria. Se trata de un concepto más abarcativo que el de la responsabilidad social, que coloca los objetivos económicos a la par de los ambientales y sociales, y compromete así a todas las áreas de las compañías y su estrategia global de negocios. De acuerdo con el informe titulado “10 años de RSE en la Argentina”, publicado en el 2012 por ComunicaRSE, “sustentabilidad es el término que elige el 70 por ciento de las empresas para aludir a su desempeño responsable, seguido con un 10 por ciento, que continúa usando el de RSE”. Esta transformación involucró, a su vez, otros aspectos vitales al incorporar como variables a la dimensión ética y de transparencia, y a las expectativas de los grupos de interés (consumidores, trabajadores, accionistas y comunidad).

Agenda ambiental

Según el estudio de ComunicaRSE, las cuestiones ambientales tendrán cada vez más preeminencia sobre lo social, que dominó en los últimos años. En este sentido, Ana Muro, coordinadora de Responsabilidad Social del Consejo Empresario para el Desarrollo Sostenible (Ceads), agrega: “Hasta ahora las empresas han sido reactivas, pero hoy se les demandará más proactividad. Las compañías líderes cada vez más exigen

a sus proveedores ser sustentables”. Así es que, ya sea forzadas por estos requerimientos o motorizadas por propia convicción, las pymes también comenzaron a transitar el camino de buenas prácticas. La difusión en la agenda global de problemáticas como el calentamiento global, la contaminación y reducción de los recursos naturales, y la extinción de especies, contribuyó, a su vez, a propiciar el clima para el desarrollo de una “conciencia ambiental empresaria”. Así lo apunta Carolina Quiróz, de MoveRSE, la entidad que desde el año pasado realiza en distintos puntos del país el llamado Foro Joven de Sostenibilidad. De hecho, al margen de la evolución experimentada en este sentido por compañías internacionales, en los últimos tiempos están surgiendo en el país ”emprendimientos que incorporan la sustentabilidad desde su origen”, consigna Quiróz. Se trata de las llamadas empresas B, creadas para generar valor social y ambiental y no solamente económico. Un exponente de esto es MamaGrande, un emprendimiento rosarino apoyado en la biotecnología, que se dedica a “transformar agua contaminada y gente sin trabajo, en agua limpia, gente con trabajo digno e inclusivo, etanol o plástico biodegradable, y alimento animal”, según aseguran. Arbusta, también, es otra empresa social, que en este caso brinda servicios de tecnología y, a la vez, capacita, e incluye a jóvenes y mujeres que se encontraban desempleados.

En los últimos años, la sustentabilidad adquirió protagonismo en la agenda empresaria. Se trata de un concepto más abarcativo que el de la RSE, al colocar los objetivos económicos a la par de los ambientales y sociales.


Las empresas se enfrentan al desafío de hacer negocios, contemplando a las necesidades del presente, pero sin comprometer las del futuro. La consigna es lograr el equilibrio entre generar ganancias y atender a los factores económico, social y ambiental.

Un pacto para vivir (mejor)

Uno de los hitos en la búsqueda de sustentabilidad fue el lanzamiento en 1999, en el marco de la Conferencia de Naciones Unidas para el Desarrollo, del llamado Pacto Global, suscripto hasta el momento por más de 6 mil empresas y organizaciones en 135 países. “Hasta entonces, se había trabajado con los gobiernos y, a partir del Pacto Global, se incluyó a las empresas y a las organizaciones educativas y de la sociedad civil”, describe Flavio Fuertes, coordinador del Pacto Global en Argentina. El documento consta de diez puntos: dos referidos a derechos humanos, cuatro a estándares laborales, uno a transparencia y anticorrupción, y tres a cuestiones ambientales. En este aspecto, postula que las empresas deberán “mantener un enfoque preventivo que favorezca el medio ambiente”, “ fomentar las iniciativas que promuevan una mayor responsabilidad ambiental” y “favorecer el desarrollo y la difusión de tecnologías respetuosas con el medio ambiente”. En el país, cerca de medio millar de empresas suscribió este pacto, que busca el cumplimiento de los Objetivos del Milenio, tendientes a la eliminación de la pobreza. “Un 60 por ciento son empresas y otro 40 por ciento son ONG, instituciones educativas y gobiernos locales, pero no hay todavía ningún sindicato”, detalla Fuertes, no obstante lo cual señala que “no todas los que firmaron el pacto participan activamente”.

Las páginas de la historia

La expansión y la evolución de los reportes de sustentabilidad reflejan los progresos registrados en el ámbito empresario en Argentina. En la mayoría de los casos, son elaborados bajo el formato del Global Reporting Initiative, creado en 1997 dentro del Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas (Pnuma), y mejorado, actualizado y renovado periódicamente, al ritmo de los desafíos y cambios. De hecho, la última versión del GRI incorpora –entre otros aspectos– indicadores para la cadena de proveedores. Muchas empresas, también, utilizan las normas ISO 26000, que constituye una guía no certificable de buenas prácticas. En tanto, el Instituto Argentino de Responsabilidad Social (Iarse), con sede en Córdoba, lanzó una herramienta online de indicadores de responsabilidad social para pymes. Todas estas normas y guías son de uso voluntario y, por ende, no están sujetas a verificación por parte de ningún organismo, salvo el control social que se da hoy a través de internet y las redes sociales. “Con una comunidad conectada, informada y participativa, las empresas pueden pagar muy caro su engaño o su falta de responsabilidad. Grandes marcas han sufrido el boicot de los consumidores al enterarse de que contaminaban o empleaban trabajo esclavo”, destaca Muro, del Ceads. Según una encuesta de Price Waterhouse, en Argentina una de cada cuatro empresas presenta reportes de sustentabilidad y un 10 por ciento de ellas lo hace con verificación externa. Pese a lo aún incipiente de esta tendencia, los temas ambientales ganan, sin dudas, cada vez más espacio. Allí, las compañia se focalizan en cuatro áreas: la medición de la huella de carbono (esto es, qué volumen de gases de efecto invernadero se liberan a la atmósfera durante el proceso de fabricación, transporte y consumo de un producto o servicio); el uso racional del agua con la consiguiente medición de la denominada huella hídrica; la gestión de los residuos basada en la estrategia de la triple R (reducir, reutilizar y reciclar), y la eficiencia energética e inclusión de energías limpias. En este Suplemento Especial de Sustentabilidad, Tercer Sector ofrece un panorama de cuáles son las principales acciones que las empresas están llevando adelante en relación con cada una de estos ejes.

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Emisiones de dióxido de carbono

Un camino sin huella TEXTO JULIÁN BLEJMAR

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xiste una huella que puede conducir hacia un mundo imposible de habitar: es la denominada huella de carbono, aquella que representa la cantidad de emisiones de CO2, uno de los gases de efecto invernadero (GEI) que más contribuye al calentamiento global. Desde un tiempo a este parte, un amplio número de compañías de todo el mundo busca mitigarla, no sólo por el cuidado del medio ambiente, sino también por la sustentabilidad misma de la empresa, en un contexto de crecientes exigencias de gobiernos y consumidores, de difusión del marketing ecológico, y de alta competitividad de costos derivados de procesos productivos energéticamente eficientes.

En Argentina, el sector privado ya comenzó a transitar este camino. “El 90 por ciento de las empresas que respondieron nuestra tercera encuesta sobre Desarrollo Sostenible considera que el cambio climático es un aspecto importante a tener en cuenta en la planificación de su estrategia de sostenibilidad, por lo que es probable que la medición de las emisiones de una compañía tienda a ampliarse y consolidarse como instrumento de gestión”, señala Cecilia Morando, consultora de PwC Argentina. Tal como sucede en otras naciones en vías de de-

sarrollo, en el país la huella de carbono per cápita aún es relativamente baja: 5,71 toneladas anuales de dióxido de carbono por habitante frente a 11,81 toneladas del Reino Unido y 20 de los Estados Unidos. Si bien aún es “incipiente” la presión que ejercen organizaciones y consumidores argentinos en relación con la gestión del carbono en una compañía, “la creciente demanda en el mercado internacional de indicadores de sostenibilidad demuestra que es considerado un factor de diferenciación frente a competidores y productos sustitutos”, consigna Morando.

Primeros pasos

De todas formas, son muchas las empresas que ya están trabajando en el país en esta cuestión. El Banco Galicia fue uno de los pioneros. María Alejandra González, coordinadora de Estrategia Ambiental, detalla que la primera medida fue medir las emisiones generadas por la actividad de la torre corporativa y los edificios centrales. En tanto, desde el año pasado, la entidad lleva adelante un proyecto de ampliación de la medición de la huella, que incluye información referida a las emisiones directas e indirectas de toda la actividad del banco. Paralelamente, trabaja en la concientización, mediante el desarrollo de un calculador digital (www.medituhuella.com) a partir del cual “se invitó a los colaboradores a medir su huella y a conocer cómo reducirla”, precisa González. También la alimenticia Molinos Río de la Plata encaró un proceso de reformas tendiente a hacer más eficiente su ciclo productivo, fundamentalmente en lo que atañe a la fabricación y distribución de sus alimentos y envases. Así, entre el 2011 y el 2012 logró ahorrar casi un 10 por ciento de las toneladas de dióxido de carbono emitidas por cada kilo de producto fabricado. Para ello, llevó adelante un plan que contempló –entre otros aspectos– la relocalización de los productos destinados a hornos y heladeras con el fin


Cada vez más empresas argentinas se suman a la tendencia mundial de mitigar el impacto de los gases de efecto invernadero derivados de sus procesos de producción. Aquí, algunos casos de cómo están trabajando.

de ahorrar viajes; el reemplazo de gas natural por cáscara de arroz como combustible en la caldera; el diseño de circuitos de recuperación de agua para los equipos de mayor consumo; y una mejora de los envases a través de su achicamiento y de la modificación de materiales. Ambas empresas, nacidas en la Argentina, forman parte de una tendencia global que desde un tiempo a esta parte se está replicando en América latina, donde algunos Estados –como por ejemplo Chile y Brasil– comenzaron a implementar regulaciones para inducir a las compañías a mitigar su impacto en la generación de gases. Así es que, ya sea por propia iniciativa, por regulaciones internas o por la imposición de las casas matrices, en la región, el sector privado comenzó a dar pasos. En este marco, Telefónica se propuso para el período 2010-2020 reducir en un 30 por ciento las emisiones de carbono generadas por la energía que la compañía utiliza para cada uno de sus clientes de todo el mundo. Para cumplir este compromiso, fijó tres grandes líneas: la mejora de la eficiencia energética en la red, con proyectos para reducir el consumo de electricidad (de donde procede el 85 por ciento de las emisiones de CO2); la disminución del consumo de combustibles fósiles y su sustitución por fuentes de energía más eficientes y limpias, y la promoción de la autogeneración de energía renovable allí donde la electricidad sea de difícil acceso. También la automotriz Honda se fijó como meta bajar sus emisiones en un 30 por ciento para el 2020. Para eso, desde hace dos años realiza a nivel global un trabajo de concientización tanto interna como externa, y aplica programas de políticas de sostenibilidad en los procesos productivos, que incluyen la reducción de gases liberados a la atmósfera, la eficiencia energética,

la administración de residuos, el reciclaje y el uso racional del agua, entre otros aspectos. Asimismo, la filial argentina de Unilever fue otra de las que encaró acciones para aliviar su huella. En los últimos tres años, logró reducir en un 6 por ciento por consumidor la emisión de GEI. Y su objetivo es producir, en el 2020, la mitad del impacto ambiental por la fabricación y el uso de sus productos. Así, puso su mira en los procesos de manufactura y transportes; en la reducción de los viajes de sus empleados –para lo cual fomenta las teleconferencias–; en el descenso de consumo de energía y agua en las oficinas y en toda la cadena productiva, y en la reducción y reciclaje de los envases, entre otras iniciativas. También P&G Argentina emprendió un plan de reducción de su huella de carbono. En el 2007, se propuso, en un plazo de cinco años, disminuir una quinta parte sus emisiones y el consumo de energía por unidad de producto. El objetivo fue alcanzado con creces: la reducción fue del 25 por ciento en ese período. Para eso, señalan desde la empresa, fue clave la disminución del consumo de energía mediante la incorporación de las lámparas de bajo consumo y la instalación de sensores para apagado automático. Ahora, el objetivo de cara al 2020 es lograr un aumento del 30 por ciento en el uso de energía renovable en las plantas, así como también el reemplazo del 25 por ciento de materiales derivados del petróleo y la reducción en un 20 por ciento de los empaques. Todas estas acciones, fundamentales para la sustentabilidad de la compañía y del planeta, redundan además en menores costos de producción. La mitigación, entonces, se convierte en crecimiento, el de las potencialidades de la empresa. De lo que se trata, en definitiva, es de operar con responsabilidad y visión de futuro sobre el medio ambiente.

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Huella hídrica

Proteger el recurso vital TEXTO LUCIANA AGHAZARIAN

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o sólo al beber, bañarse, cocinar o lavar se utiliza a diario el agua; todos los bienes y servicios consumidos por la sociedad, en general, requieren un gasto de ese recurso. A eso se denomina huella hídrica. Y su medición permite a una empresa no sólo dimensionar el uso directo e indirecto del agua, sino también identificar fallas y posibles soluciones para un uso más eficiente del líquido en sus procesos internos y en los de su cadena de valor. El hecho de que sólo el 3 por ciento del agua del planeta sea dulce –apta para consumo humano– convierte esta realidad en un problema sobre el cual las grandes firmas parecen tomar cada día mayor conciencia, a juzgar por las acciones impulsadas en el marco de sus programas de RSE. De hecho, en Argentina existe una creciente tendencia a incorporar la variable de la huella hídrica en los reportes de sustentabilidad, lo que refleja el incremento de políticas activas en el sector privado tendientes a preservar y promover un uso eficiente de ese recurso vital. Mastellone Hermanos, dueña de la marca La Serenísima, es una de las empresas que asumió entre sus responsabilidades ambientales la medición de esta variable. En el Complejo Industrial de General Rodríguez, en la provincia de Buenos Aires, cada sector productivo gestiona mensualmente su propio índice de consumo de agua en relación con a la leche procesada, con el objetivo de racionalizar y optimizar su uso. Y el resultado fue contundente: en poco tiempo logró cubrir el 30 por ciento de su demanda con agua recuperada y reutilizada. También Acindar Grupo Arcelor Mittal logró reducir en un 98 por ciento el consumo de agua en su planta santafesina de aceros largos y alambres, en Villa Constitución. Carlos Vaccaro, gerente de Asuntos Externos, destaca el resultado como producto de “un proceso continuo de innovación y mejora que involucra los esfuerzos de distintas áreas de la compañía”, así como también “una importante

inversión”. Para llegar a este punto, trabajan desde el 2006 en un proceso de modernización que hoy atraviesa su última fase. Si bien reducir el consumo de agua implica una inversión económica inicial, las empresas conscientes de la escasez de este recurso a nivel global apuestan a minimizar los riesgos de desabastecimiento y priorizan tanto su uso eficiente como su reutilización. En este mismo sentido trabaja Unilever en Argentina. En su planta mendocina lograron un ahorro del 30 por ciento en el uso del agua en la producción agrícola, a través de la implementación del sistema de riego por goteo y una devolución del

agua utilizada al cauce público del 98 por ciento, con certificado de calidad del Departamento General de Irrigación de la provincia. Asimismo, desde el 2008 hasta el año pasado, la compañía consiguió reducir un 19 por ciento promedio el uso de agua por tonelada de producto fabricado. En el marco de su Plan de Vida Sustentable, la categoría de Lavado de la Ropa desarrolló el año pasado la propuesta Sumate al Ecolavado, que apuntó a crear conciencia ambiental entre los consumidores. En tanto, este año, lleva adelante la campaña en medios masivos y puntos de venta. Otro ejemplo de los beneficios incluso económicos que reportan al sector privado las políticas de


Las políticas empresarias orientadas al uso eficiente del agua en los procesos productivos y la cadena de valor es una tendencia creciente. Muchas de ellas ya se concentran en reducir el consumo y medir impactos en sus reportes.

sustentabilidad es el de Dow Argentina. A través de la aplicación de tecnologías de GE Water & Process Technologies (unidad de negocios de GE especializada en el tratamiento de aguas y procesos industriales), la compañía redujo en un año el consumo de 494 mil metros cúbicos de agua y 270 toneladas de productos para su tratamiento, lo que implicó un ahorro operativo anual de 203 mil dólares. Por esta significativa contribución, el equipo de Operaciones de las plantas de etileno de Dow fue distinguido con dos premios internacionales. Para Kimberly-Clark también es vital el uso eficiente del agua. En el marco de su programa global Visión 2015, la compañía ya redujo en un cuarto el

uso de agua en su planta de Bernal, provincia de Buenos Aires. Fernando Hofmann, director de Asuntos Legales y Corporativos, Región Austral y LAO Operaciones y Fem Care, sostiene: “Teniendo en cuenta la importancia del cuidado de los recursos naturales y su impacto sobre las generaciones futuras, implementamos esta estrategia, que tiene dentro de sus objetivos la mejora continua en la gestión del medio ambiente”. Con un programa integral que busca proteger los recursos hídricos y utilizarlos en armonía con los ecosistemas y las comunidades, Danone Argentina pone su foco en cuatro áreas: proteger el recurso, reducir el consumo, contribuir a restaurar el ciclo

del agua y favorecer su accesibilidad. El sistema de efluentes con pantanos secos artificiales implementado en el Centro de Distribución que tiene Logística La Serenísima, en Almirante Brown, es una de sus iniciativas más destacadas por su carácter innovador. Desde el 2009, la planta recrea un ecosistema con plantas nativas argentinas emulando los procesos físicos, químicos y biológicos de depuración naturales. Con esta tecnología, la empresa resuelve de forma sencilla el tratamiento de sus efluentes. En tanto, el trabajo de Aguas Danone Argentina en la Reserva Natural Villavicencio completa el compromiso medioambiental de la compañía: a partir de la medición de la tasa de uso de agua –sumada a otras acciones específicas–, logró ahorrar en los dos últimos años 450 millones de litros. Del mismo modo, los procesos de Cervecería y Maltería Quilmes se centran en la optimización del consumo de ese recurso durante el proceso de envasado, la creación de circuitos de reutilización para áreas de servicios, y la mejora en la calidad del agua de vertido debido a la reducción de parámetros como sólidos sedimentables, demanda biológica, y química de oxígeno y microorganismos. A eso sumó la adquisición de nuevos equipos para identificar, medir y reducir el consumo. De esta forma, desde el 2009 a esta parte, la compañía redujo su consumo hídrico en un tercio y, en un año, logró ahorrar 864 millones de litros. Según la organización Water Foot Print, que brinda una herramienta online para medir la huella hídrica de cada Nación, la Argentina utiliza 1.607.000 litros de agua por habitante al año para producir los bienes y servicios, cuando el promedio mundial es de 1.385.000 litros. Sin dudas, el camino a recorrer aún es mucho.

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Eficiencia energética

Menos por más TEXTO ROCÍO GALVÁN

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a cuestión energética es hoy uno de los pilares centrales de las políticas de RSE vinculadas con el cuidado del medio ambiente. En Argentina, avanza la tendencia de las compañías que implementan programas orientados tanto hacia la eficiencia energética –es decir, a la reducción de su uso–, como hacia la utilización de energías limpias –que no generan residuos– y de aquellas otras que son renovables, es decir, las obtenidas de fuentes naturales que se regeneran o son inagotables. De acuerdo con una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el decenio 20142024, que arranca en pocos meses, será la Década de la Energía Sostenible para Todos. De esta forma, los Estados, el sector privado y la sociedad civil son convocados a movilizar sus acciones en función de tres objetivos: proporcionar acceso universal a esos recursos y duplicar tanto la tasa de mejora de la eficiencia energética como la cuota de las energías renovables en el mix energético global. En el caso de Argentina, muchas empresas ya incorporaron la variable energética en sus acciones y políticas de sustentabilidad. Santander Río es una de ellas. Esta entidad lleva adelante diversas iniciativas con la mirada puesta en el ahorro. Vanesa Marignan, gerente de Responsabilidad Social, consigna que –entre otras medidas– en el 2009 iniciaron una campaña de renovación de los equipos de aire acondicionado tanto en las sucursales como en las oficinas centrales. “Se invirtieron más de 9,6 millones de pesos en la compra de equipos con compresores Scroll, que son más eficientes y, además de lograr un encendido paulatino para evitar picos de consumo eléctrico, utilizan gas ecológico”, detalla Marignan, y añade que además se controla electrónicamente el horario de encendido y apagado de la iluminación y “se realiza una precarga en el sistema de las horas necesarias para la limpieza de cada piso, evitando así el consumo innecesario de energía”. Por otro lado, en todas las sucursales y oficinas del Santander Río fueron instaladas lámparas de bajo consumo e invertidos 2 millones de pesos en marquesinas con luces de LED. El Banco Francés (BBVA) también se sumó a esta tendencia. Así lo refleja su Plan Global de Ecoeficiencia (PGE) 2013-2015. En Argentina, la entidad implementó distintas medidas tendientes al

ahorro energético. Entre ellas, el reemplazo de las canillas convencionales de los baños por grifos automáticos, que facilitan un consumo más racional del agua. Además, desde el 2005, aplica una política de control y uso de la energía, que incluyó la instalación de luminarias de bajo consumo y tecnología LED, la incorporación de aires acondicionados de tipo VRV (volumen variable) y la colocación de sistemas de control inteligentes para el encendido y apagado programado de los aires acondicionados y de la iluminación, según los horarios. El Grupo Sancor Seguros es otra de las firmas que decidió apostar por las energías alternativas, en este caso a través de la eólica (REC) y la compra de los llamados bonos de carbono, uno de los tres mecanismos propuestos por el Protocolo de Kyoto para promover la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. En tanto, su sede corporativa en Sunchales, provincia de Santa Fe, es un emblema en ese sentido. Se trata de un edificio inteligente, inaugurado en marzo del 2011, que se encuentra emplazado en el


El ahorro energético y el uso creciente de energías limpias y renovables son dos aspectos vitales de las políticas de RSE en materia de cuidado del medio ambiente. El camino recorrido por algunas empresas en el país exhibe ya resultados concretos.

kilómetro 257 de la ruta nacional 34. Allí, el grupo logró cubrir 1,6 millón de kilovatios-hora de consumo de electricidad con fuentes renovables en forma de Certificados de generación limpia de Energía Eólica Renovable. Al mismo tiempo y con esta compra, la sede corporativa compensó dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero equivalentes a 306 toneladas métricas, según consigna la compañía. El edificio –diseñado y construido bajo principios de sustentabilidad– posee un mecanismo de tratado de efluentes; una planta de ósmosis inversa que potabiliza agua y reduce así el consumo de agua potable, y un sistema denominado Building Management System (BMS), que regula automáticamente variables como la iluminación y el rendimiento de los equipos de climatización. Henkel, con su casa matriz en Alemania, es otra de las grandes empresas que incorporó el cuidado del medio ambiente en sus políticas. Así, se fijó como meta para el 2030 utilizar sólo una tercera parte de los insumos que actualmente emplea, por cada euro que genera. Ignacio Martínez Sabino, responsable de

Comunicación Corporativa y coordinador del Programa de Relaciones con la Comunidad en Argentina , destaca especialmente el proceso de tratamiento de residuos biosólidos basado en la lombricultura desarrollado en la planta de Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. “Empezó como prueba piloto en el 2006 y, en el 2008, se inició de manera operativa. Se reciclan todos los residuos que se procesan a partir de la producción de adhesivos a base de agua. En la fabricación se genera un lodo que, luego, es sometido a un tratamiento de afluentes y, así, volvemos a utilizar el agua y los lodos a través del uso de lombrices rojas o californianas. De este modo, producimos un compost utilizable como abono, que donamos a productores de la zona, escuelas o lo utilizamos en eventos de concientización ambiental”, detalla. De esta forma, la empresa logró ahorrar 2.800 metros cúbicos de agua el año pasado. Asimismo, Martínez Sabino añade que se impulsó la instalación de lámparas LED y se “está experimentando con el reciclado de agua de lluvia para los sectores de sanitarios”. Además, pensando en el ahorro de energía, Henkel procura producir adhesivos que “necesiten cada vez menos calor para su aplicación, lo que redunda en un ahorro de energía también para nuestros clientes, entre los que se encuentran P&G y Kimberly Clark”. Por su parte, Procter & Gamble Argentina logró superar dos metas de sustentabilidad entre el 2007 y el 2012: en ese período, redujo en una cuarta parte tanto las emisiones de dióxido de carbono como el consumo de energía por unidad de producto. Esto fue posible a partir de la inyección de inversiones y un fuerte cambio cultural en toda la organización de la empresa, destacan desde P&G. Las tres plantas de la compañía (dos de ellas ubicadas en la localidad bonaerense de Pilar, en el norte del conurbano, y otra en localidad puntana de Villa Mercedes) lograron reducir en los últimos cinco años el gasto de energía a través del uso de lámparas de bajo consumo, la instalación de sensores para encendido y apagado automático y otras acciones pequeñas e individuales. Sin dudas, el capítulo del medio ambiente y, en particular del sector energético, es ya uno de los aspectos vitales de las políticas de responsabilidad social corporativa en Argentina. Y no se trata de una mera tendencia, pasó a formar parte del corazón mismo de las compañías.

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Gestión de residuos

Futuro se escribe con R TEXTO FLORENCIA TUCHIN

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as actividades relacionadas con la sociedad de consumo trajeron consigo un problema ambiental difícil de manejar: la acumulación de residuos. ¿Qué se hace con la basura? Desde hace años, distintas políticas públicas buscan dar respuesta a esta situación e, incluso, Organizaciones de la Sociedad Civil se sumaron a la cruzada por difundir la separación en origen, que permite diferenciar y rescatar aquellos desechos que pueden ser reciclados y reutilizados. En esa misma línea, el sector privado sumó su parte. Hoy, la gestión de residuos es uno de los pilares fundamentales de las políticas de responsabilidad social corporativa. “Reciclar trae a la empresa importantes beneficios: hacia adentro, pueden reutilizar los materiales en su cadena de producción para disminuir los costos de los insumos; hacia afuera, funciona para mejorar la imagen que se da a la sociedad; y también se genera un menor impacto en el planeta”, explica María Lorena Otano, licenciada en Ciencias Ambientales con especialización en Responsabilidad Social. Eduardo Kronberg, gerente de Relaciones Públicas, RSE y Comunidad de Toyota Argentina destaca la importancia de la “regla de las tres R” (por reducir, reutilizar y reciclar) y cuenta la experiencia de la compañía: “El éxito se basa en la separación de residuos, dado que cada material exige un tipo de tratamiento diferente. Para realizar esta tarea de manera eficiente, se disponen cestos a lo largo de todo el predio industrial, identificados con un código cromático diferenciado para cada tipo de residuo. En el área de Acumulación Temporal de Residuos, son pesados y registrados para obtener un control de la cantidad y el tipo de desperdicios que genera cada área de la compañía”. La intención de muchos proyectos es inspirar a la gente a adquirir una conciencia ambiental cada vez mayor. “La vida es un encadenamiento de relaciones. Nada en el universo existe por sí solo. Todo es interdependiente”. Esta creencia guía las acciones de la empresa Natura. En este marco, con su iniciativa Ecofamilias, apunta a crear una comunidad donde se promuevan pequeños y grandes cambios que colaboren con el cuidado del medio ambiente. “Indudablemente, el consumidor actual es cada vez más consciente de la necesidad de generar nuevos valores y actitudes solidarias para con el medio en el que se desenvuelve. Por lo tanto, exige actitudes responsa-

bles de parte de las empresas. Para lograr este objetivo, es muy importante ser persistentes en las campañas porque son prácticas que muestran sus resultados en el largo plazo. El cambio de conductas define un objetivo difícil de alcanzar, pero sus resultados y beneficios finales significarán un aporte muy valioso al bienestar de todos’’, afirma Javier Di Biase, gerente de RSE del Grupo Sancor Seguros. Las alianzas entre OSC, empresas y sector público resultan fundamentales para ampliar el alcance de los programas. Carrefour, Unilever y la Fundación Reci-


Reducir, reutilizar y reciclar. Ésa es la consigna que abrazan muchas compañías para sus prácticas ambientalmente responsables. Buscan promover cambios de hábito y acciones concretas tanto entre los empleados como puertas afuera de las empresas.

duca se unieron en el 2011 para crear el proyecto La posta del reciclado. De esta forma, lograron recolectar 8 mil kilos de plástico, papel y cartón que los vecinos de Vicente López hacían llegar a unos contenedores ubicados en el estacionamiento del hipermercado que la compañía tiene en esa localidad bonaerense. Bajo el lema Transformá un envase vacío en un aula llena, Reciduca transfirió los fondos generados por el reciclado en oportunidades laborales y educativas para jóvenes en situación de vulnerabilidad.

Hacia adentro

Las empresas no sólo llevan adelante campañas para concientizar a la sociedad en general sino que, además, procuran promover cambios de hábitos y buenas prácticas puertas adentro. En el comedor de Unilever eliminaron el uso de papeles blonda de las bandejas y de bolsas plásticas para los cubiertos. Además, reemplazaron los vasos descartables por otros de acrílico y distribuyeron tazas de cerámica a los empleados para evitar el uso de descartables a la hora del café. A su vez, con los residuos orgánicos generados por el comedor, comenzaron a producir compost (abono orgánico para la tierra). En tanto, otros de los pequeños cambios pasaron por instalar secadores de mano eléctricos en los baños y por establecer como norma interna de la compañía la impresión en doble faz. Carrefour es otra de las empresas que cree que una gestión económica exitosa requiere de una producción responsable y consciente de los recursos. Es así que, en el marco de sus políticas de RSE, promueve entre sus clientes el uso de una bolsa reutilizable elaborada con material rígido durable, que es fabricado por una pyme local. “La gente cada día usa más bolsas reutilizables o changuitos. Para las tiendas que no entregan bolsas plásticas, buscamos medios de transporte alternativos. Para eso, ponemos a disposición cajas de cartón para que la gente pueda trasladar la mercadería”, cuenta Candela Arias, gerente de Sustentabilidad y RSE de esta cadena. A su vez, con el fin de propiciar la reutilización, el Banco Hipotecario hizo 149 donaciones de sillas, armarios, televisores, monitores, uniformes, notebooks y mesas a más de una veintena de OSC de Chubut, Córdoba, Santa Fe, San Juan, Buenos Aires, Río Negro. Además, donó 1 mil monitores en desuso a la ONG María de las Cárceles que, en el marco de su proyecto Segunda Posibilidad, capacita a internos de cárceles en la reparación de

computadoras que luego son donadas a escuelas de bajos recursos. “En Santander Río sabemos que proteger el medio ambiente y promover hábitos responsables de consumo en nuestro equipo y en nuestros clientes no es una opción sino una necesidad. Sólo mediante el ejemplo y la implementación de buenas prácticas podemos fortalecer la difusión de estos mensajes’’, postula Vanesa Marignan, gerente de RSE de la entidad. Uno de los ejes centrales del trabajo en este sentido es la campaña que lleva adelante el banco con el objetivo de persuadir a los clientes para que opten por recibir el resumen de cuenta online en vez de en papel. En esa misma línea, Tetrapak promueve el reciclaje de los envases post-consumo para que se conviertan en cajas de cartón o papel para oficinas. En tanto, el Banco Francés (BBVA) lleva adelante el Plan Global de Ecoeficiencia 2013-2015, que –entre otros aspectos– propone la digitalización de la documentación, la instalación de sistemas de climatización e iluminación inteligentes, la gestión energética de edificios y oficinas y la colocación de instalaciones específicas que permitan reducir el consumo de agua. En su mayoría, las áreas de RSE de estas empresas establecen objetivos a largo plazo, que permiten fijar una meta y, a la vez, evaluar su consecución año a año. Si bien la apuesta tiene un horizonte lejano, lo cierto es que ese futuro se construye día a día, a partir de acciones muchas veces sencillas y al alcance de la mano.

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Políticas públicas

Cuestión de Estado TEXTO ROLY VILLANI

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on la Reforma Constitucional de 1994, la Argentina consagró expresamente en su Carta Magna la protección del medio ambiente. De hecho, el artículo 41 establece que “el daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley”, y que “las autoridades proveerán a la protección de este derecho a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales”. Con este marco, está claro que el Estado es un actor principal en la generación de políticas medioambientales más allá de las observaciones que unos y otros hagan sobre una gestión. “Dentro de los lineamientos nacionales, un segmento al que se le dio prioridad absoluta es la recolección de residuos sólidos urbanos, en el marco del cual hay 1.477 obras en proceso”, detalla Ariel López, subsecretario de Coordinación de Políticas Ambientales de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, encabezada por Juan José Mussi. “Hasta el año pasado, se pensaba el saneamiento habitacional con dos patas, red de agua y red de cloacas, pero la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dispuso que hay que incorporar el tema de la basura como tercera pata y, en ese sentido, el presupuesto del área se incrementó en un 300 por ciento entre el 2011 y el 2013”, consigna López en diálogo con Tercer Sector. Según el funcionario, desde el 2010 a esta parte fueron erradicados 185 basurales por un volumen total retirado de 298.215 metros cúbicos, equivalentes a 19.881 camiones de basura completos. “Las obras surgen en la mayoría de los casos por el interés de las comunidades de solucionar la cuestión de la basura domiciliaria y, desde la Secretaría, se les da apoyo financiero a través de tres líneas: el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Interamericano de Reconstrucción y fondos del Tesoro Nacional”, asegura López. Con los dos primeros organismos se financian las políticas provinciales y los estudios; y los fondos propios, los alambrados perimetrales y los acondicionamientos de los predios para la disposición final de los residuos. Llegado este punto, la pregunta es, ¿qué rol le da el Estado Nacional a la generación de esas políticas ambientales? “La clave es la participación: cada obra que impulsamos tiene una unidad educativa, vehículo

para el cambio cultural. Si nosotros no insistimos en el cambio cultural y sólo les damos plata para que hagan obras, en poco tiempo estamos igual que antes”, postula el funcionario. Uno de los ejemplos de movilización social a partir de estas propuestas es el llamado Programa de Pequeñas Donaciones (PPD) del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (Fmam). La iniciativa –que ya lleva más de 20 años de existencia– busca demostrar que pequeñas iniciativas comunitarias pueden tener un impacto positivo en los problemas ambientales globales. El programa es financiado por el Fmam, implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y administrado por la Oficina de Proyectos de las Naciones Unidas (Unops). En Argentina, este año fue aplicado en el NEA. Allí, fueron seleccionadas 30 iniciativas sobre un total de 120 presentadas. “Miramos este proceso desde una perspectiva múltiple; por un lado, tratamos de que la gente reduzca los niveles de basura que tira; por otro, le damos disposiciones finales amigables con el ambiente; y, por último, nos encargamos de la inclusión social de las personas que trabajan en esos lugares, que pasan a tener salario y se dignifica su vida”, precisa López, de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sostenible.


El cuidado del medio ambiente no sólo involucra a empresas y ciudadanos. También los gobiernos cumplen un rol determinante. Más allá de marcos normativos, la voluntad política y la acción concreta resultan cruciales.

El caso porteño

Si bien la Nación está desarrollando algunas plantas de tratamiento de residuos en Mar del Plata y Mendoza, lo cierto es que la dinámica de las ciudades chicas permite acabar con los basurales a cielo abierto de una manera más rápida, porque resulta más sencillo movilizar a una comunidad tras un objetivo palpable. En los distritos con más de un millón de habitantes la cuestión se complejiza. Pero, ¿qué hace la ciudad más grande del país? La Ley 1.854 de Basura Cero, promulgada en enero de 2006 y reglamentada en mayo de 2007, reconoce que el tema es muy complejo –por ejemplo, la Ciudad de Buenos Aires está dividida en seis zonas, cada una de las cuales tiene una empresa que se encarga de la recolección domiciliaria– y establece plazos sucesivos para la eliminación progresiva de los rellenos sanitarios. Diego Santilli, ministro de Ambiente y Espacio Público porteño, asegura que la Ciudad trabaja en el tema ambiental “como una cuestión de Estado”. “Desde el comienzo de nuestra gestión nos hemos propuesto que tanto el cuidado de los espacios verdes, la reducción de residuos, la mitigación del cambio climático, como la lucha contra la contaminación atmosférica, hídrica, sonora y del suelo sean elementos centrales de la agenda de

gobierno, haciendo que el Estado asuma un rol de promotor y facilitador de prácticas orientadas hacia el cambio sustentable”, afirma. Para cumplir estos objetivos, están en marcha distintos proyectos tendientes a movilizar conciencias y facilitar el proceso a los vecinos. En este marco, hace un año abrió sus puertas el primer Centro Verde Móvil (CVM) gestionado por la Agencia de Protección Ambiental porteña, con el fin de aplicar la Responsabilidad Extendida del Productor y fomentar la participación ciudadana y el cambio de hábitos en relación con la gestión de residuos. El proyecto supone la ampliación de puntos estratégicos de la Ciudad en los que se encuentran los CVM, porque, llevar los residuos a ese lugar implica una toma de conciencia que, a la vez, es estimulada con sorteos: el vecino acerca sus materiales al CVM, los pesa y deposita en los cestos correspondientes. En el momento, recibe un ticket en el que consta el peso de lo depositado y un cupón para participar de un sorteo mensual de bicicletas. A diferencia de los containers que se colocan con objetivos específicos, el CVM es un centro de recolección multipropósito: se pueden llevar celulares y sus accesorios, envases plásticos de productos de limpieza, bolsas y envoltorios plásticos, telgopor, vidrio, latas, tapitas, llaves de bronce y envases Tetra Pack. Allí, los materiales recolectados toman diferentes caminos para su recuperación: los envases de productos de limpieza, bolsas y envoltorios plásticos, telgopor, vidrio, latas y envases de Tetra Pak son retirados por las cooperativas de recuperadores urbanos; las llaves de bronce y las tapitas son llevadas por la Fundación Garrahan, que se encarga de su tratamiento; y los celulares y sus accesorios son retirados por la empresa Scrap y Rezagos. La primera evaluación del Centro Verde Móvil arrojó resultados alentadores: se recibieron 2.454 kilos de materiales depositados por 1.816 vecinos en un promedio de 1,35 kilo cada uno. El centro estuvo en cuatro puntos de la Ciudad, y el que más vecinos y kilos de basura movilizó fue el instalado en Belgrano, en la avenida Juramento en su intersección con la calle Vuelta de Obligado. Tanto a nivel nacional como porteño se viene dando un proceso de consolidación de las prácticas vinculadas al manejo de los residuos, pero este proceso demanda que se redoble la participación de la sociedad civil, con propuestas y acciones concretas.

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Empresas y comunidad Menos chatarra El Banco Hipotecario informó que en todas sus sucursales logró recolectar 65 kilos de pilas y baterías y 900 kilos de basura electrónica, que fueron entregados a las organización Va de Vuelta. La empresa también destinó 1.000 monitores para la ONG María Madre de las Cárceles, para sus proyectos de reciclado a cargo de internos de las unidades 33 y 48, de Florencio Varela. También se recolectaron más de 10 mil envases de plástico, que fueron destinados a la Fundación Banco de Bosques y 50 mil kilos de papel para la Casa Garrahan.

Por el redondeo solidario Banco Galicia informó que los fondos que se obtendrán por la IX Campaña de Redondeo Solidario 2013-2014 serán destinados a la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (Asdra), la Red Argentina de Bancos de Alimentos, la Fundación de Endocrinología Infantil y Médicos del Mundo-Argentina. A través de esta iniciativa, los clientes del Galicia pueden indicar que de sus resúmenes de tarjetas de crédito a pagar, la diferencia entre la cifra original y el redondeo se destine a proyectos sociales. Por su lado, el banco contribuye con el mismo monto que el aportado por los clientes hasta alcanzar la suma de 200 mil pesos.

Deporte y salud El Grupo Sancor Seguros, en el marco de su programa Preveniños, continúa con el desarrollo, en conjunto con la Asociación Latinoamericana de Salud y Actividad Física SportSalut, de un ciclo de talleres educativos en escuelas aseguradas que contribuyen a generar hábitos saludables en los niños. La capacitación está dirigida a alumnos de 4° y 5° grado. En cada taller se presenta el contenido del libro “La receta de los campeones” y un video en el que participan los deportistas Lionel Messi, Emanuel Ginóbili, Felipe Contepomi y Magdalena Aicega.

tos prácticos sobre cálculo financiero, productos bancarios y orientación comercial.

Ayuda a estudiantes BBVA Banco Francés, junto a la Federación Económica de Tucumán y autoridades locales, entregaron el 20 de septiembre pasado 20 becas a jóvenes tucumanos de las escuelas Alfonsina Storni y Gabriela Mistral, con el objetivo de contribuir a que los alumnos finalicen sus estudios de nivel secundario, fortalecer la educación financiera y ejercitar los valores fundamentales de la persona. Las becas, de 400 pesos mensuales, llegan directamente al beneficiario a través de una tarjeta recargable BBVA Francés. Además, el alumno cuenta con el acompañamiento de un tutor. El Programa, que transita su séptimo año, ya permitió beneficiar de manera directa a 5.553 alumnos.

Una mano para las escuelas Más de 50 empleados de Toyota Argentina participaron de una actividad solidaria que consistió en el acondicionamiento y pintura de nueve escuelas de las ciudades de Zárate y Campana. Como resultado de esa acción, más de mil chicos encontraron sus aulas pintadas tras las vacaciones de invierno. “El desarrollo de estas jornadas fue altamente satisfactorio para todo el personal de la compañía y para los directivos de las escuelas. Fueron 5 días en los que pudimos observar las realidades y necesidades de cada institución, y nos dieron la posibilidad de colaborar junto a las escuelas y sus comunidades”, comentó Daniel Padilla, gerente de Recursos Humanos de Toyota Argentina.

Grupo de Fundaciones Capacitación financiera El Banco Santander Río anunció la conclusión del primer ciclo del Programa de Introducción a la Banca que realizó junto a la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA) y con la colaboración de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Morón. La capacitación permitió a los participantes conocer para qué sirve y cómo funciona un banco, analizar la situación actual del sector y evaluar su desarrollo futuro. Además, se ofrecieron conocimien-

Más de 150 personas, en su mayoría representantes de empresas y fundaciones donantes participaron de la XI Jornada Anual del Grupo de Fundaciones y Empresas (Gdfe), realizada el 27 de agosto en el Auditorio Fundación YPF, bajo el título “la inversión social en transición: nuevos actores, estrategias y contextos”. En esa ocasión, Constanza Gorleri, presidenta del Gdfe, resaltó la importancia de agudizar la gestión en “una promoción social cada vez más estratégica” que tenga en cuenta “el dinamismo y la transformación que son permanentes en esta etapa de transición”.


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Una llamada global La Fundación Telefónica celebró el pasado 4 de octubre el Día Internacional del Voluntario Telefónica, en el que empleados de la compañía realizaron actividades solidarias en forma simultánea en 25 países. En Argentina se llevaron a cabo 35 iniciativas en distintas localidades, donde intervinieron más de 600 empleados de Telefónica. Una de ella se realizó en el Colegio María Guadalupe de Pacheco, y contó con la presencia de Agustina Catone, directora de la Fundación, y de José Luis Rodríguez Zarco, director general de Relaciones Institucionales y Comunicación e Imagen del Grupo Telefónica.

Patrimonio cultural LAN Argentina realizó durante septiembre último una nueva etapa del programa Cuido Mi Destino en la ciudad de Salta, cuyo objetivo es consolidar y contribuir al fortalecimiento del turismo sostenible y el cuidado del medio ambiente, poniendo en valor un patrimonio turístico y cultural de relevancia. Durante cuatro días de trabajo, más de 60 alumnos de la Escuela Técnica 3117 de Salta, alumnos de intercambio reconocidos en el Programa Cuido Mi Destino realizado en Quito, Ecuador, y voluntarios de LAN realizaron la restauración y creación de una mirada museológica en el interior y exterior del Mercado Artesanal salteño.

La pintura de San Pedro La marca Alba intervino 18 edificaciones ubicadas en el casco urbano de la ciudad bonaerense de San Pedro, para crear un “Camino del color”, con el fin de generar un impacto positivo en las personas a partir del cambio de colores de las fachadas. Además del aporte de 3 mil litros de pintura, la firma ofreció asesoramiento sobre las paletas a emplear en cada espacio. La iniciativa se enmarca dentro del programa global “Vení al color”, de Akzonobel.

Compras y experiencias Kimberly-Clark, la empresa líder mundial en el desarrollo de productos descartables para la salud, la higiene y el cuidado personal presentó La Usina el primer centro de innovación en shopper de la compañía en Latinoamérica, cuya propuesta diferencial permite a los

clientes convertirse en socios para diseñar en conjunto el futuro de las categorías de consumo masivo. La Usina, según la empresa, representa una nueva manera de trabajar con los clientes, un espacio de reunión para desarrollar soluciones que eliminen las barreras de compra, y un área de experimentación para conocer y mejorar la experiencia de compra del consumidor. Allí se realizarán seminarios de innovación, charlas y focus groups.

Abonar el futuro La empresa Basf, junto a la municipalidad de la ciudad brasileña de Mogi Mirim y empresas como Romapack, Inambi, Construrban y Visafertil, iniciaron un proyecto piloto para la recolección y compostaje de residuos sólidos orgánicos en esa zona. La materia prima utilizada en la elaboración de las bolsas para la recolección selectiva será el ecovio de Basf, polímero compostable certificado con contenido parcialmente renovable. El proyecto durará tres meses y se estima que generará cerca de 240 toneladas de residuos orgánicos, que se transformarán en unas 120 toneladas de abono rico en nutrientes esenciales para plantas.

Igualdad laboral ManpowerGroup Argentina selló un acuerdo de colaboración con el Ministerio de Trabajo bonaerense, con el objetivo de realizar actividades de capacitación y promoción del empleo para personas con discapacidad. Desde 2004, ManpowerGroup Argentina desarrolla el programa Oportunidades para Todos, una iniciativa de promoción de la diversidad e inclusión en el mundo del trabajo, con énfasis en la inserción de personas con necesidades especiales. Como resultado de esta labor, más de 900 personas con discapacidad ya consiguieron un empleo.

Educación digital Grupo Newsan, la compañía líder en Argentina en la fabricación y comercialización de productos de electrónica y artículos para el hogar, presentó la primera edición de su Programa denominado “+Tecnología +Oportunidades”, a través del cual fomentará la inclusión y educación digital en escuelas públicas y privadas de la ciudad de Ushuaia como parte de su compromiso de generar valor en las comunidades en las que opera. A lo largo de la iniciativa, los estudiantes experimentarán espacios de reflexión y de relación con las nuevas tecnologías a través del juego y del trabajo con distintos equipos tecnológicos.


El especialista

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a incorporación del cuidado del medio ambiente en la actividad empresarial es cuestión instalada y una demanda social creciente. En la medida en que la sociedad se educa y forma su opinión, exige al sector privado que cumpla con nuevos parámetros e indicadores que den garantías tanto de la calidad de sus productos como de la forma en la que se producen. En ese sentido, las empresas deben acompañar las demandas sociales; el conocimiento científico y tecnológico, contribuir a una producción más eficiente, y las políticas públicas, regular las actividades. Hoy en día, el horizonte es “producir más con menos”. Se trata de una tendencia mundial, sobre todo en países desarrollados. En este contexto, algunos hablan de apostar al llamado Factor 5, es decir, llegar a producir lo mismo que en la actualidad pero usando un quinto de los recursos. Quizá parezca alocado pero, en algunos casos de usos eficientes de energía, agua y reciclaje de materiales, se está buscando eso. Por ejemplo, en países como Japón y los Estados Unidos, empresas de gaseosas y cervezas avanzan en el camino de un ahorro creciente de recursos. Desde el Panel Internacional de Recursos de las Naciones Unidas planteamos la idea del “desacople”, es decir de “divorciar” lo máximo posible la producción de bienes del consumo de los recursos naturales y de sus impactos ambientales. Los empresarios van a tener que ajustarse a las condiciones que el ambiente impone y no al revés. Hoy, las consecuencias del cambio climático no pueden ser obviadas por ninguna compañía. Antes, el agua no se estimaba, y a futuro, cada empresa tendrá que contemplar cada una de las huellas que genera en su proceso de producción (la de carbono, la hídrica, la de materiales, la de las mochilas ecológicas). Habrá que pensar, entonces, metabólicamente, todos y cada uno de los procesos, lo que entra y lo que sale, pero no bajo una premisa sólo de costos sino de manejo eficiente de los materiales. Hasta una manzana tendrá calculada sus huellas en su proceso productivo y se comprarán más o menos por eso. Puede ser que algunos empresarios vean el compromiso con el medio ambiente como una moda, pero lo importante es el resultado y, si éste mejora la performance, le viene bien a la sociedad. En particular, en el caso de Argentina, la prioridad a discutir es la minería, porque estamos pasando de un formato artesanal a uno industrial, una gigantominería, que es una actividad muy degradante del medio ambiente. Luego, está el uso de agroquímicos y fertilizantes, que debería tener una regulación mucho más estricta. En tanto, después se ubica el tema de las curtiembres y de ciertos sectores de la industria de autopartes, que actualmente se encuentran lejos de los estándares internacionales de cuidado del medio ambiente. En términos generales, las empresas deberían preocuparse tanto por la autorización estatal para funcionar como por su “licencia social”, que implica el consenso o la aprobación social en la comunidad en la que van a operar. Cuando las compañías no logran esa “licencia”, tienen que esperar o desplazarse hacia otra zona.Y dejar de presionar, pues los gobiernos cambian, pero los impactos quedan. Igualmente, y más allá del mercado, que claramente tiene una responsabilidad, también está el Estado. Un Estado permisivo puede ayudar a destruir la base de recursos de un país que, incluso, puede considerarse rico en ellos.

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En clave de futuro Por Walter Pengue *

✱ Doctor en Agroecología, ingeniero agrónomo y miembro del Panel Internacional de los Recursos, Naciones Unidas.

Suplemento RSE 93  
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