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Relación de ayuda. Decimos que la relación de ayuda, es una experiencia humana privilegiada, que ofrece un marco adecuado para poder facilitar la expresión y el desarrollo de las capacidades bloqueadas de una persona que pide ayuda. Por lo tanto, en la relación de ayuda se quiere llegar a establecer una relación entre dos partes, en la que una de ellas intenta promover un cambio constructivo en la mentalidad y en el comportamiento de la otra parte: la idea central, es facilitar el crecimiento de las capacidades secuestradas de la persona en conflicto. El ayudante o el que pretende ayudar al otro, debe tener claro, que su tarea fundamental es estimular, liberar y reorganizar las funciones del aprendizaje en la otra persona, tratando de impulsar alternativas y posibilidades que hasta el momento están desatendidas por la otra persona. Nunca debe decirle directamente lo que tiene ni cómo lo tiene que hacer. De todas las metáforas usadas para representar la relación de ayuda, se utiliza como la más elocuente “Caminar juntos”: Expresa el lado arriesgado y la dimensión de confianza, de pacto y de gratuidad: Ambos caminan juntos hacia la búsqueda de signos indicadores de una buena dirección, comparten las ansias y las esperanzas. El ayudado, en esta relación espera que el ayudante comprenda ante todo, los sentimientos que está viviendo, que acepte su confusión, su incertidumbre, sus miedos, su inquietud. La comprensión de los sentimientos es fundamental, y es requisito imprescindible para que la relación de ayuda no sea vivida como moralizante, y termine siendo rechazada. Además, el ayudado espera que el ayudante participe, de alguna manera del sufrimiento que está experimentando, que se ponga en su lugar, con actitud empática. Se dice que el sufrimiento es menor si es compartido. Por otro lado, también necesita que en esta ayuda, el ayudante examine con él las dificultades y que le ayude a buscar el sentido de su problema, sin juzgar.


La relación de ayuda es un fenómeno general, ya que sabemos que los campos donde se puede llevar a cabo son innumerables: Pueden ser una madre cariñosa con su hijo enfermo, un maestro comprensivo, el voluntario de una ONG, la cuidadora comprensiva de un anciano, un funcionario de prisiones comprensivo y respetuoso, etc. Todos estos agentes de ayuda no son profesionales, pero sí están preparados para hacerlo y pueden prestar una ayuda más útil y necesaria que la que pueden ofrecer todos los terapeutas del mundo.

“El buen  orientador  es  el  que  comprende  en  profundidad  los  sentimientos  y  lo  que  quiere decir exactamente el cliente. Respeta a  la  persona  y su derecho a  la  libertad de  elección. Reconoce las cualidades favorables. La persona que ayuda no se pone máscara  de  profesionalidad.  Es  siempre  natural  en  su  relación  con  la  persona  con  la  que  se  encuentra  en  relación  de  ayuda,  y  no  se  enfada  ante  sus  provocaciones.  Al  contrario  utiliza esta provocación como base para un mayor conocimiento de la relación con él. El  buen orientador comprende que el que  llama suele comunicar defectuosamente debido  al bloqueo de sus comunicaciones internas. Comprende que la agresividad es una forma  de  defenderse  contra  la  angustia.  Que  con  el  que  habla  tiene  miedo  al  cambio  y  es  víctima de la ambigüedad, ambivalencia y contradicción. El buen orientador comprende  que  muchos  que  piden  consejo  lo  que  realmente  están  necesitando  es  compañía,  comprensión y amor”. C. Rogers.

Relación de ayuda  
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