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BOLETÍN 2017

1987 - 2017: 30 años generando Esperanza “Sois mis vitaminas diarias” “Os considero mi familia” “Sois el bálsamo para la

tristeza y el dolor que sentimos al llamar” “Encendéis una luz en mi oscuridad” “Parece que sois los únicos que me entendéis” “No sabéis el bien que hacéis” “Cómo son tan agradables ustedes en este teléfono” “Sois imborrables, os llevo

en mi corazón” “Cualquier cosa es menos difícil cuando me ayudan a liberar mis miedos” “Son ustedes como árboles de grandes copas con ramas y hojas

de fuego, unos nos proporcionan frutas, otros luz y otros luz y calor” “Sois los

únicos que me habéis ayudado” “Siempre os he querido y siempre os querré”


1987

Se funda en San Sebastián el Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa.

1997

Gracias a Cáritas, cambio de sede a la actual.

2006

Se produce el relevo de Junta Directiva y Dirección del servicio. Firma de Convenio con la Diputación Foral de Gipuzkoa para garantizar el funcionamiento interno del servicio.

2007

Instaraución de la línea gratuita para la ciudadanía 900 840 845. Reconocimiento del Gobierno Vasco como servicio de Utilidad Pública.

2008

Se alcanza la cifra de 40 voluntarios / as y más de 40.000 llamadas.

2011

Premio al Voluntariado de manos de la Diputación Foral de Gipuzkoa.

2012

El TEG celebra sus Bodas de Plata y alcanza las 50.000 llamadas.

2014

Medalla al Mérito Ciudadano, Ayuntamiento de San Sebastián. Concesión por parte del Gobierno Vasco de la autorización sanitaria de instalación y funcionamiento.

2015

Implantación del 5º servicio, “Transfórmate”, plataforma en formato red social para personas en soledad.

2017

El TEG conmemora su 30º Aniversario.

Colaboradores:


... y han pasado treinta años. Antes de morir el autor alemán Goethe pidió “más luz”, quizás porque el tránsito estaba oscureciendo su mente o porque buscaba respuestas que iluminaran sus dudas en ese transcendental momento. Pero no hace falta llegar a ese extremo para encontrar respuesta a nuestra dudas y angustias; decía el escritor Michel Montaigne que “la palabra es mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha”, y eso es lo que los voluntarios y voluntarias del TELEFONO DE LA ESPERANZA DE GIPUZKOA / GIPUZKOAKO ITXAROPEN TELEFONOA (TEG) han hecho durante estos treinta años, compartir la escucha y la palabra y sin duda, lo seguirán haciendo muchos más, porque como dice unos de nuestros fundadores, José Antonio Pagola, “escuchar es empezar a curar”. Un cálculo simple, en base a un promedio de tres mil quinientas llamadas anuales, nos lleva a alcanzar una cifra aproximada a las cien mil llamadas atendidas en todo este tiempo, durante los trescientos sesenta y cinco días de cada uno de todos estos años, compartiendo angustias, miedos, soledades, y aunque en menor medida, también alegrías. La Palabra y la Escucha, seguirán siendo nuestros principales argumentos para acercarnos, mediante el teléfono y las redes sociales, a las personas que sufren, cualquiera que sea la causa.

Este sufrimiento que nos provoca falta de seguridad, puede paliarse sólo por un sistema sustentado en la justicia social y en un bienestar accesible a todas las clases sociales, porque además una sociedad más igualitaria es más barata de mantener, por lo enormes costes añadidos, incluso los de carácter financiero, que suponen la enfermedad, el crimen, la mala salud, el estrés y todos los demás impactos negativos asociados. Menandro, dramaturgo de la antigua Grecia, afirmaba que “ante la adversidad la persona se salva por la esperanza”, entendiendo ésta como hacer posible lo que deseamos. Por eso los hombres y las mujeres del TEG han estado ahí para recomponer a la persona, hacerle llegar la Esperanza y aportar soluciones alternativas a problemas que no tienen marcha atrás, por ello, nuestro infinito agradecimiento a los fundadores del TEG, a sus Escuchas, a las distintas generaciones de personas que han formado y forman parte de la Junta Directiva, a nuestras personas socias y también, cómo no, a nuestras Instituciones y Autoridades por su apoyo, comprensión y soporte, y finalmente también nuestro agradecimiento a las personas que, superando sus miedos, dudas y angustias, nos llaman y por ello, sin conocerles, les admiramos; todos y todas ellas han hecho que sea más llevadera nuestra labor y nos permitirán seguir haciéndolo, así que pasen otros treinta años, porque un mundo basado en la Esperanza sí es posible. Juan Carlos Redondo Presidente del Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa


“El papel de la actitud en la persona ante su proceso de recuperación”

En todo proceso de recuperación es necesario un desaprendizaje de algo y el aprendizaje de algo nuevo, y no hay cambio sin motivación para cambiar. Por tanto, una de las tareas en el acompañamiento es la de motivar para introducir cambios. La resistencia al cambio es una conducta observable que puede aparecer en cualquier momento del proceso de cambio. Freeman señala las diversas razones de la resistencia: - La persona puede dudar de su capacidad de sobrevivir en esa nueva estructura o con esa nueva metodología: Es posible que al no tener suficientes datos y ante la incertidumbre de lo nuevo la persona dude sobre su capacidad de saber manejarse en esa nueva situación. - La persona puede sentirse incapaz de cambiar: Es posible que haya personas que por su falta de formación sientan el cambio como una amenaza al sentirse incapaces de aprender cosas nuevas. - El vínculo relacional entre el inductor de cambios no está lo suficientemente desarrollado. - El inductor de cambios puede carecer de habilidades: En ocasiones la falta de habilidad para la comunicación y el manejo de conflictos es lo que dificulta o entorpece los procesos de cambio. - Las personas pueden estar obteniendo beneficios secundarios: A veces las personas se resisten a determinados cambios, porque implicarían la pérdida de beneficios secundarios. - Las metas planteadas son poco realistas, poco claras o están mal formuladas.

De ahí la importancia de la motivación, es decir, la probabilidad de que una persona inicie, confirme y se comprometa con una estrategia específica para cambiar. Por tanto, si la persona no ha elaborado elementos motivadores que le lleven a iniciar un proceso de cambio no nos seguirá con nuestros planteamientos porque no verá el problema

y por eso no realizará esfuerzos, porque en definitiva necesitamos de la motivación para iniciar cualquier proceso de cambio. Miller y Rollnik en su libro «La entrevista motivacional» conciben esta como una manera concreta de ayudar a las personas para que reconozcan y se ocupen de sus

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problemas potenciales y presentes. Resulta particularmente útil con las personas que son reticentes a cambiar y que se muestran ambivalentes ante el cambio.

intervenir de manera específica. Ciertamente no es lo mismo trabajar con alguien que tiene un problema pero no reconoce la causa del mismo, que con aquel que ya reconoce la causa de su problema y desea introducir cambios, pero que a la vez necesita de nuestra ayuda puesto que esa persona sola no sabe introducir dichos cambios.

C. Rogers dice: «La creencia en la autodeterminación y en el poder personal del cliente suponen un distanciamiento radical con respecto a otros estilos de terapia que dependen de la autoridad del terapeuta y de su calidad de experto. Parte de un valor profundo y una filosofía que considera a las personas como las mejores expertas del mundo en sí mismas y más sabias en lo que se refiere a sus propias necesidades de lo que pueden ser otros».

Quizás sea importante considerar siempre que antes de iniciar cualquier proceso motivacional hemos de dejar espacio para curar las heridas, para poder mirar cara a cara el dolor, para dar nombre a todo lo que habita en el interior de la otra persona, con el fin de que la tristeza, el rencor y el resentimiento no se instalen en sus vidas. En todo este proceso nos serán de gran utilidad las actitudes y habilidades propias de la relación de ayuda.

Los teóricos del cambio suelen evocar diferentes etapas y diferentes estrategias a utilizar en cada una de ellas.

En primer lugar, tendríamos que pararnos a analizar en qué etapa del cambio se encuentra la persona que ayudamos para

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José Carlos Bermejo


ABORDAJE PSICOLÓGICO DE LA ANSIEDAD Y LA DEPRESIÓN Los síntomas ansioso-depresivos son muy frecuentes. Se calcula que por lo menos una de cada diez personas consulta en los Servicios Sanitarios por lo menos una vez en su vida porque se siente tensa, ansiosa, preocupada, deprimida…

Los problemas forman parte de la vida y lo habitual es que nos enfrentemos a diferentes dificultades: rupturas emocionales dolorosas, problemas laborales que nos tensionan, enfermedades graves o incapacitantes, problemas económicos, pérdidas de seres queridos, situaciones estresantes, e incluso acontecimientos traumáticos. En estas situaciones lo natural es tener una reacción emocional dolorosa. Lo que no hay que perder de vista es que el hecho de que sea una reacción dolorosa no la hace necesariamente patológica. De hecho, es el dolor emocional lo que nos permite reaccionar, afrontar y superar adecuadamente las dificultades.

En el caso de la sintomatología ansiosa estamos hablando, por ejemplo, de Técnicas de control de la activación o Técnicas de exposición con prevención de respuesta. En el caso de la sintomatología depresiva señalaremos la Terapia cognitiva de Beck, la Terapia interpersonal o las Técnicas de activación conductual. Hay que reseñar que estas terapias están recogidas en Guías de práctica clínica a disposición de los profesionales.

Sin embargo, si esta respuesta emocional es demasiado intensa, desproporcionada, o se prolonga en el tiempo de forma excesiva, puede resultar muy desagradable y dificultar un afrontamiento eficaz de la situación. De facto, en estos casos, la reacción emocional se convierte en el principal problema a resolver. Es entonces cuando se puede precisar un tratamiento psicológico especializado. El desarrollo de la investigación científica en el campo de la psicología clínica nos ha permitido identificar técnicas eficaces para abordar los trastornos psicológicos más frecuentes. Las terapias que han demostrado mayores niveles de evidencia han sido las de corte cognitivo-conductual.

Además, el nivel de precisión actual permite protocolizar las sesiones de tratamiento, tanto en formato individual como grupal, con lo que su aplicación clínica es mucho más sencilla.

Una de las evidencias generales contrastadas es que, independientemente de qué terapia estemos valorando, su eficacia depende de que la aplique un psicoterapeuta experimentado y debidamente entrenado. Es por ello que resulta también de vital importancia que aquellos profesionales que tienen que decidir sobre qué tipo de ayuda psicológica puede precisar una persona tengan una formación adecuada para poder discriminar entre las reacciones dolorosas, pero normales, ante los problemas de la vida y aquellas reacciones que sí precisan de tratamiento psicológico especializado. Kontxi Báez. Doctora en psicología. Centro de Salud Mental de Ondarreta.

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El papel de la relación de ayuda y la importancia de la actitud en la persona que ayuda: ESCUCHA ACTIVA Y COMUNICACIÓN EMPÁTICA Hoy se habla mucho –aún insuficientemente- de relación de ayuda y counselling. Quizás se hable más aún de coaching, que se ha venido a convertir en una moda. Estas formas de ayuda insisten mucho en técnicas para acompañar a las personas a conseguir sus metas y desarrollar sus potencialidades.

Cada maestrillo tiene su librillo, dice la sabiduría popular, y por lo mismo, cada persona habrá de encontrar el modo de desarrollarse genuinamente, para no caer en el fingimiento de poseer algunas técnicas y repetir cual papagayo algunas reformulaciones encontradas en manuales que pueden reducir la técnica a una mera caricatura de formas de responder que fomentan la eficacia en la autonomía de las personas ayudadas. Aprender a ayudar pasa necesariamente por mirarse por dentro y hacerse experto en vulnerabilidad. Estamos hechos de la misma madera los seres humanos. Tomos todos distintos, pero la comprensión de los dinamismos internos y de nuestras “sombras”, será siempre un recurso inestimable para ayudar a otras personas en el abordaje de situaciones que generan sufrimiento.

En efecto, no basta con haber oído sobre la importancia de la empatía, de la consideración positiva y de la autenticidad como trípode fundamental (tríada rogeriana) para el counselling. Las actitudes requieren un proceso de exploración de sus implicaciones desde el punto de vista teórico. Bien es sabido que la palabra empatía sufre una gran inflación, y es confuso el significado de la aceptación incondicional de la persona si no se explora y matiza, como es complejo el concepto de autenticidad sin trabajarlo conceptualmente. Mientras no se haga un trabajo teórico sobre estas actitudes y sus implicaciones y límites (definir: delimitar), la formación en counselling tendrá algo pendiente. Son demasiados los autores, artículos y en ocasiones libros, que manejan de manera confusa estos conceptos. Quizás nos encontremos en un bosque conceptual que reclama luz y confrontación entre tendencias complementarias y, a veces, divergentes. Pero la formación en las actitudes clave para desarrollar las competencias del counsellor, tiene que pasar también por el adiestramiento en la dimensión comportamental de las actitudes. De ahí la necesidad de las prácticas. No se aprende espontáneamente a desplegar la empatía en situaciones tan divergentes como uno se puede encontrar en el counselling, en particular en el teléfono de la esperanza. Ni se aprende a validar sentimientos igualmente cuando estamos ante una persona triste o cuando estamos ante una persona agresiva, en los diferentes momentos de la curva de la hostilidad…

El counselling se centra mucho en el poder de las actitudes, con su dimensión cognitiva, afectiva y conductual. La introspección es una puerta al progreso y transformación personal, es central en términos de nuestro desarrollo personal y espiritual. Sin la capacidad de asimilar lo que aprendemos y de reflexionar profundamente sobre lo que somos, lo que sentimos, lo que vamos aprendiendo de nosotros mismos y sobre los principios del conocimiento espiritual no podemos desarrollarnos como ayudantes efectivos. Podemos pensar y hablar de desarrollo personal del consejero, pero este pasará siempre por el desarrollo espiritual, por la autoobservación en silencio, por el discernimiento. La introspección es la base de nuestra estabilidad personal, especialmente frente a las adversidades y también es la posibilidad de hacer cambios y explorar formas más profundas de nuestro ser. Imprescindible en el aprendizaje del counselling.

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José Carlos Bermejo


EL ARTE DE GENERAR ESPERANZA ¿Cómo se pierde la esperanza?

La esperanza se pierde cuando por causas diversas la persona ve en peligro su futuro y al mismo tiempo se siente sin fuerzas para afrontar la vida. La pérdida de esperanza es fácil de detectar: Atrapada por su problema, la persona va cayendo en una visión negativa de su vida; pierde la confianza en sus resortes y posibilidades; el pesimismo, la amargura y la impotencia se apoderan de ella.

La esperanza se puede recuperar.

Acoger La persona se siente más segura y con más fuerzas y recursos cuando se siente acogida. Si percibe que no está sola y puede contar con alguien que solo busca su bien, en ella se empieza a despertar la esperanza. De ahí la necesidad de cuidar bien esta acogida: sin prejuicios ni recelos; con respeto total; empatizando con su situación; siempre en actitud positiva y creadora; buscando solo el bien de la persona en crisis...

Para ello es necesario reavivar y reforzar los resortes, energías y capacidades para afrontar el futuro. Esto exige a veces un esfuerzo paciente. Por ello, la persona necesita con frecuencia el apoyo de otras personas.

Ante los problemas sin solución.

Ante un problema, lo primero es buscar cuanto antes una solución aunque sea parcial, provisional y no completamente satisfactoria. Esto contribuye a generar esperanza. Cuando la situación problemática no admite solución objetiva la persona puede caer en la desesperanza: rebelión ante lo inevitable, ansiedad, agresividad, autodestrucción... Es entonces cuando no hay que olvidar esta ley básica: cuando el problema no puede ser resuelto, la persona puede cambiar su modo de vivirlo.

Escuchar La escucha libera a la persona en crisis de la soledad, la incomunicación y el aislamiento. La ayuda también a poner nombre a sus problemas rescatándola de la confusión interior. Suaviza sus heridas. Contribuye a que recupere la dignidad cuando está perdida o maltratada. De ahí la necesidad de cuidar bien la escucha: creando un clima de confianza y confidencialidad; en actitud siempre activa y atenta; sin hacer preguntas solo por curiosidad; buscando siempre de manera creativa y concreta lo que puede restaurar a la persona...

El paso de una actitud negativa a otra más positiva. La persona atrapada por un problema insoluble necesita un cambio básico: en lugar de vivir toda su vida desde su problema, necesita aprender a vivir el problema desde lo que es el conjunto de su vida donde hay sin duda experiencias, factores, expectativas, relaciones... de carácter positivo. Lo importante es ayudar a esa persona en diversas áreas: transformar su visión del problema; liberar su mente de pensamientos negativos y dañosos; despertar sentimientos más serenos y pacificadores; reducir reacciones duras e implacables contra sí misma y contra los demás; reforzar decisiones más positivas y liberadoras.

Acompañar El problema es importante pero más importante aún es la persona que lo está sufriendo y que nos está pidiendo de mucha maneras ser acompañada de cerca. Acompañar es evitar siempre la discusión o el enfrentamiento; no adoptar nunca una actitud autoritaria o impositiva; no emitir juicios negativos; mantener siempre una empatía sana que sintoniza con el sufrimiento y la impotencia de la persona pero sin dejarnos desbordar o confundir por el sufrimiento o la ansiedad que nos transmite.

José Antonio Pagola

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