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BOLETÍN Nº 23 - TELÉFONO DE LA ESPERANZA DE GIPUZKOA EDICIÓN ESPECIAL XXV ANIVERSARIO - NOVIEMBRE 2012 La primera vez que vi el número del Teléfono de la Esperanza, allá en su comienzo y si mal no lo recuerdo en un periódico, pensé que era exactamente lo que hubiera necesitado 1 o 2 años atrás, cuando tuve un bache en mi vida personal y no tenía con quién hablar. Anoté el número en la agenda que llevaba siempre en mi bolso, y aunque no hice nunca uso de él, el sólo hecho de tenerlo anotado me hacía sentir que no estaba sola. La soledad en compañía es mala soledad. Escuchas pero no te escuchan. No existes, no sientes, no piensas...... no sufres.

El TEG me aporta una CULTURA de la GRATUIDAD. El gran momento mágico es en el mismo instante en el que el escucha descuelga el auricular y dos voces anónimas se encuentran a través de la comunicación telefónica. Dos vidas con penas y alegrías que compartir; una habla, otra escucha y viceversa; ambas se necesitan.

Me permite poder ayudar a los demás por que ellos lo piden, tienden una mano pidiendo ayuda y yo la puedo coger. Y esa sensación de ser todos uno, no tiene precio!. Saber que, aunque sea por unos momentos una persona se ha sentido escuchada, acogida y comprendida me parece un milagro que se da por las dos partes. ¡Es algo tan enriquecedor!. Las escuchas son como los grandes guerreros, sus espadas son su gran corazón. Estoy inquieto..¿seré capaz de ayudar a la persona que voy a atender?......."Me siento contento, se va mejor de como entró.

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Estas frases son las reflexiones del maravilloso equipo de escuchas que hacen posible que el Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa continúe transmitiendo esperanza después de 25 años.

Qué bueno saber que hay un sitio donde recurrir en ciertos momentos.

Sin ellos y ellas nada hubiera

Es muy gratificante ver que con tu pequeña aportación la persona que llama queda más tranquila y encima te agradece haberle escuchado.

Este es el homenaje de todas

Calmarle de sus angustias, serenarle en sus inquietudes, consolarle en sus preocupaciones y sobre todo que vea que alguien le escucha y se preocupa por él.

sido posible.

y para todas las personas que han pasado por la Asociación y han regalado su tiempo a los demás.

Me siento mejor persona y a la vez muy gratificada. Es muy importante ESTAR, ESPERAR”, PREPARAR el CORAZÓN y ACOGER la posible LLAMADA, ya se dé o no. Mi afecto y compresión dirigidos a todos los ámbitos de mi vida han crecido y lógicamente este aumento me favorece, o sea que no solo ayudamos escuchando sino que recibimos "regalos”. Mi mayor motivación son las palabras de agradecimiento y el sentir que el escuchar y dar unas palabras de consuelo y ayuda, pueden poner algo de luz en los momentos más difíciles del ser humano. Preocuparse por los demás embellece la vida y ayuda a interesarse por cosas nuevas.

"Me ayuda a ser fiel con el estilo de vida que quiero llevar". Ser escucha, me permite salir de mí misma y tender una mano a los demás. CREO en el valor y en la fuerza de una ESCUCHA realizada desde el CORAZÓN.

Como escucha del Teléfono he aprendido a poner en práctica, en mi propio entorno, las pautas que transmitimos.

25 años transmitiendo Esperanza desde el corazón

Cuando todo parece que nos abandona, nos amarramos a la ESPERANZA. Con esa misma ESPERANZA nos llaman al TEG y con la FE de poder ayudarles, los escuchas ponemos nuestro voluntariado a su servicio.


Se funda en San Sebastián el Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa

Gracias a Cáritas, cambio de sede a la actual

Relevo de Junta Directiva y Dirección del servicio Firma de Convenio con la Diputación Foral de Gipuzkoa para garantizar el funcionamiento interno del servicio

Instaraución de la línea gratuita para la ciudadanía 900 840 845 Reconocimiento del Gobierno Vasco como servicio de Utilidad Pública

25 años transmitiendo Esperanza desde el corazón

En muchas ocasiones, lo que una persona necesita no es una mente brillante que le hable, sino un corazón paciente que le escuche.

Se alcanza la cifra de 40 voluntarios / as y más de 40.000 llamadas

Premio al Voluntariado de manos de la Diputación Foral de Gipuzkoa

El TEG celebra sus Bodas de Plata y alcanza las 50.000 llamadas

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Nuestra ESPERANZA “Eskerrik asko!, gracias a todo el equipo que hacéis que otras personas puedan creer en que la vida sí tiene sentido y merece la pena vivirse.”

El diccionario de la RAE define la Esperanza como “el estado de ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos”. Ese debió de ser el objetivo que se plantearon hace veinticinco años aquellos hombres y mujeres cuando, un 19 de noviembre de 1987, decidieron fundar el Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa. Crear un caldo de cultivo en la sociedad guipuzcoana, que fuera capaz de convertir una crisis personal en un campo de posibilidades, para que muchas personas pudieran recuperar su Esperanza sin ser cuestionada su propia realidad y buscando un futuro. Pensamos, como decía Gandhi, que “nuestra recompensa está en el esfuerzo y no en el resultado”. Así que, sobre todo, creemos fundamentalmente en la PERSONA, en su capacidad de recuperación y discernimiento para que, utilizando sus propios recursos y con la ayuda del Teléfono, pueda iniciar la senda de su vuelta a una situación anímica estable que le permita superar su realidad de crisis, convirtiéndola en Esperanza. Si lo conseguimos, seremos generadores de esperanza. Y ese fue el testigo que cogimos hace ya siete años la actual Junta Directiva, testigo de aquellos valientes que creyeron en una idea y la desarrollaron hasta convertir el Teléfono en lo que hoy es, una entidad reconocida por el Gobierno Vasco como de Utilidad Pública y que recientemente ha sido merecedora del Premio al Voluntariado que la Diputación Foral de Gipuzkoa otorga anualmente.

Sin duda un reconocimiento público que trasladamos al equipo de Escuchas, voluntarios/as que día tras día y durante todos estos años, fieles al compromiso que asumieron, practican con profesionalidad, pero sobre todo con mucho cariño, y diría que hasta con generosidad, una escucha activa, para que la persona que ha entrado en crisis desbordada por su propio problema y es capaz de marcar el 900 840 845, pueda ir recuperando poco a poco el sentido de la vida y la esperanza de futuro, al sentir que es capaz de utilizar sus propios recursos para salir de la situación de bloqueo en la que se encuentra, reaccionando y enfrentándose a su deterioro personal con coraje y realismo. Por lo tanto, nuestro profundo y sincero agradecimiento a todas aquellas personas que, bien como Escuchas -piedra angular de nuestra existencia como Asociación-, como miembros de la Junta Directiva, Psicólogos/as, colaboradores/as, instituciones públicas y entidades que han trabajado con la Asociación durante todos estos años, han contribuido a consolidar una idea de empatía y solidaridad con la persona que sufre, haciéndolo con la garantía de confidencialidad y anonimato. Y por supuesto, nuestro agradecimiento también a las personas que llaman al Teléfono, ya que por paradójico que pueda parecer “da siempre más el que recibe, que el que da”. Gracias también a las personas asociadas que con suaportación económica contribuyen al sostenimiento del Teléfono, sin ellas nuestro funcionamiento sería más difícil. Juan Carlos Redondo - Presidente.


EL ARTE DE GENERAR ESPERANZA José Antonio Pagola - (Añorga, Gipuzkoa, 1937)

Fundador del Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa en noviembre de 1987.

Generar esperanza en las personas es siempre una tarea delicada. No es infundir en ellas ánimos pasajeros. Lo que necesita la persona es recuperar una fuerza interior duradera, una aceptación positiva de la situación, una confianza básica que le permita en adelante afrontar el futuro de manera lúcida, responsable y digna.

TELÉFONO DE LA ESPERANZA DE GIPUZKOA: ASÍ NACIÓ

En aquel entonces yo era Vicario General. A mi despacho acudían personas con problemas muy dolorosos y de difícil solución. Nos pedían ayuda de Cáritas. Necesitaban apoyo, acogida y fuerza para enfrentarse a su situación. Yo había oído hablar de los Teléfonos de la Esperanza, pero no los conocía. Contacté con algunas mujeres inquietas, dispuestas a ponerlo en marcha y un día nos fuimos en mi coche hasta Granollers, a un Congreso de TE de Cataluña. Desde el comienzo quisimos evitar todo protagonismo individual. Teníamos muy claro que el TEG sería un trabajo solidario de todos/as. Queríamos cuidar, antes que nada, la calidad de la escucha y la atención eficaz a cada persona. Con ese espíritu nació y con ese espíritu ha crecido. Mi mayor alegría ha sido ver a tantas personas que, de manera callada y gratuita, han colaborado durante estos 25 años en esa tarea tan necesaria de sembrar esperanza: escuchas, psicólogos/as, variedad de colaboradores/as en trabajos de formación, organización, difusión... A ellos/as hemos de agradecer lo que hoy es el Teléfono.

En el recorrido de nuestra vida nos vamos encontrando, tarde o temprano, con hechos y experiencias que ponen en peligro nuestra esperanza y nos la pueden, incluso, arrebatar. ¿Qué hacer cuando nos diagnostican una enfermedad grave, o nos quedamos sin trabajo, o nos enteramos de la infidelidad de nuestro cónyuge? Lo primero que percibimos es que nuestra vida no podrá ser ya tan dichosa, segura y serena como ha sido hasta ahora. Nos sentimos sin fuerza interior para afrontar la nueva situación. Todo se nos tambalea. No sabemos qué hacer ni a quién acudir. Vamos perdiendo la confianza en nosotros/as mismos/as y en los demás. Nos estamos quedando sin esperanza. Cuando se apaga la fuerza interior de la esperanza, nos quedamos sin caminos para seguir viviendo. Nos quedamos sin horizonte. Surgen entonces en nuestro interior, toda clase de sentimientos y actitudes negativas. Vacíos de esperanza, podemos hundirnos en la tristeza, la pasividad o la depresión: "ya nada será como antes". Podemos dejarnos llevar por la ansiedad y el miedo encerrándonos en el aislamiento y la incomunicación: "nadie me puede entender". Podemos caer en el desconcierto y la exasperación:"¿por qué me tiene que ocurrir esto a mí?".

Una buena noticia ... La esperanza se puede recuperar, incluso, aunque no podamos resolver nuestro problema como hubiéramos querido. A veces, es la misma persona la que, poco a poco, reacciona y supera su primer desconcierto, acierta a valerse de sus recursos y encuentra nuevos caminos para vivir con paz y esperanza. En otras, recuperar el contacto con otras personas que la escuchan y le ayudan ver las cosas con más realismo y menos angustia le impulsa a dar pequeños pasos hasta poder afrontar la situación con más esperanza.


Si alguna vez tienes la oportunidad de ayudar a alguien sin esperanza no lo dudes, ¡HAZLO! Para generar esperanza en quienes se encuentran desbordados por un problema grave y sin fuerzas para enfrentarse a su vida hay tres caminos básicos.

Acogida sincera y respetuosa La acogida sincera despierta esperanza. La persona en crisis se siente más segura y fuerte cuando se siente acogida. Por muy grave que sea su situación, por muy hundida que se encuentre, si percibe que no está sola, que puede contar con alguien que se interesa de verdad por ella, en esa personas es más posible que brote la esperanza.

La acogida es la primera actitud que hemos de practicar en este arte de generar esperanza. Acoger quiere decir acercarnos a la persona para estar junto a ella frente al problema. Tiene que sentir que queremos y buscamos su bien, sólo su bien. No hemos de abandonar nunca esta actitud, aunque en algún momento esa persona nos irrite, nos engañe o manipule.

Acoger quiere decir respeto total. Esa persona en crisis es portadora de valores, cualidades y resortes que nosotros desconocemos. Ahora la vemos rota, pero tiene heridas y miedos, aspiraciones y anhelos que ignoramos. No la hemos de juzgar, menos aún condenar. La acogemos tal como se nos ofrece: necesitada de esperanza.

Escucha activa y confidencial Antes que nada, la acogida libera de la confusión y el desconcierto. Al desahogarse, la persona en crisis va poniendo nombre a su problema y sus sentimientos, y comienza a comprenderse mejor a sí misma. Escuchar es comenzar a poner luz en el problema.

La escucha alivia el sufrimiento y suaviza las heridas. La persona rota necesita casi siempre llorar, desahogarse, expresar su rabia, su dolor o impotencia. Si se siente escuchada hasta el fondo, puede empezar a recuperar la paz y la fuerza interior.

Acompañamiento amistoso La persona en crisis no busca sólo la solución de su problema. Busca que la comprendamos, que compartamos su sufrimiento, que la acompañemos a buscar soluciones... Nos está pidiendo que la acompañemos a recuperar la esperanza. No la podemos defraudar. Para acompañarla de manera

Desde el comienzo quisimos evitar todo protagonismo individual. Teníamos muy claro que el TEG sería un trabajo solidario de todos/as.

La escucha hace crecer la dignidad perdida o maltratada. Ayuda a rescatar la autoestima pues quien está en crisis descubre que su problema es importante para alguien. No está sola. Hay alguien que comprende sus miedos, errores y desesperanza.

sanadora hemos de tener en cuenta algunos aspectos. Antes que nada, hemos de evitar actitudes dogmáticas que harán a la personas sentirse más frágil e insegura; consejos fáciles que no le ayudarán a encontrar su propio camino; preguntas innecesarias nacidas de nuestra curiosidad. Además, hemos de crear un clima de

cercanía y confidencia mutua; respetar el ritmo de la persona que se nos está comunicando;comprender su dificultad para mostrarse tal como es; estimular la búsqueda de caminos para afrontar los problemas y de recursos para encontrar soluciones pensando solo en lo mejor para la persona...

A veces hay que olvidarse de todo y seguir adelante. Mirar atrás es la mejor manera de no evolucionar.

La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada. Y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo.


REFLEXIONES DE UN ESCUCHA A la reflexión: “¿Qué te aporta el voluntariado del TEG? ¿Qué pretendes conseguir para con el llamante?”. Yo añadiría: ¿Cómo vivir en medio de las crisis individuales que nos rodean (en el dolor o la inconsciencia propia y ajena), y hacerlo de forma solidaria, constructiva y apasionante? ¿Cómo convertir nuestro universo personal en algo auténtico, único e intransferible? ¿Cómo ser permeables a la vida y capaces de enfrentarnos a las crisis? ¿Cómo vivir “plenamente”? … Y mi respuesta sería: compartiendo dicha vida, biografía y universo con los demás, activamente … , por ejemplo, a través de la ATENCIÓN TELEFÓNICA QUE PRESTA EL TELEFONO DE LA ESPERANZA DE GIPUZKOA . Tras siglos de materialismo, hoy necesitamos imperiosamente una nueva sensibilidad; una espiritualidad sencilla y sólida, basada en la percepción de las maravillas y los misterios del universo y del ser humano. Una ética de la responsabilidad, de la solidaridad y de la compasión, basada en el cuidado, en el valor intrínseco de cada cosa, en el trabajo bien hecho, en la competencia, en la honradez y en la transparencia de intenciones. En resumen, necesitamos una nueva actitud de TERNURA. Esa ternura irrumpe en nuestro interior a través de nuestra “escucha”, cuando nos descentramos de nosotros/as mismos/as, saliendo en dirección a la otra persona, sintiéndola, dejándonos tocar por la historia de su vida. Permanecemos en ella por amor, pues apreciamos su diferencia, valoramos su vida, sus logros, sus dificultades. Este tipo de relación no busca ventajas ni dominación, solo busca sinceramente compartir caminos. De esa ternura nace la delicadeza que no solo piensa y razona, sino que va más allá: añade al razonamiento sensibilidad, intuición y capacidad de unión. Y, por último, de todo ello nace el mundo de las excelencias, de los grandes significados, de los valores y compromisos por los que vale vivir y luchar. Un modo de ser y escuchar que es calidad y fuente de vida, alegría y felicidad para quien lo aporta y para quien lo recibe. Así nuestra ternura se convierte en caricia. Una caricia que es “algo más” que una mera experiencia física pues se transforma en actitud, en un “modo de ser”, que nos ennoblece y da sentido a la existencia. Para mejor entenderlo, pensemos en una madre que acaricia a su niñito/a. Sus gestos, su cuidado y su cariño, transmiten al “peque” una confianza fundamental en la bondad de la realidad y del universo. El niño o niña experimenta que, en el fondo, todo tiene sentido; que es acogido/a, que puede confiar en el futuro.

El Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa presta servicio atendiendo a los siguientes rasgos de identidad


En el TEG, ese peque, no es otro que la persona que llama y, al igual que la ternura, esa caricia es nuestra manifestación de cercanía y autenticidad. De afecto. Y será la calidad de esa caricia la que impida que el afecto sea mentiroso, falso o dudoso. Nunca hay caricia cuando se invade la intimidad de la otra persona. De ahí que busquemos que la caricia sea “como una mano cubierta de paciencia, que toca sin herir y abierta para dar”. Así podríamos definir nuestra “escucha activa”. En conclusión, el voluntariado del TEG me aporta las resonancias de las palabras cuidado y ternura. Hace revivir en mi un sinfín de experiencias de amor, valores, misterio, solidaridad, responsabilidad, competencia, transparencia, honradez, delicadeza, sensibilidad, caricia, amabilidad, intuición, convivencia, unión, compasión, misericordia, ... Y al hacérmelas revivir, me posibilita poder ofrecerlas … me permite convertir las ideas en acción. En otras palabras, el TEG, al enseñarme a escuchar y a acompañar, da sentido a mi “cuidado y ternura” al convertirlos en acción y experiencia.

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Los y las “escuchas”, nos enfrentamos a problemas de todo tipo, casi siempre acompañados de una profunda crisis de “valores”. Crisis que afecta a nuestros interlocutores dejándoles indefensos ante la vida, los problemas, la enfermedad o la muerte. Procuramos acompañarles desde un nivel de pensamiento más sereno y profundo, conscientes de qué sólo desde su propia realidad (por cruda que sea), podrán volver a vivir como enamorados/as, esperanzados/as y confiados/as.

¿Qué valores nos aporta nuestra “escucha”? y ¿qué podemos aportar a quienes nos llaman? Simplificando, yo diría que a través de la escucha estimulamos nuestros valores de Cuidado y Ternura, proyectándolos hacia los demás. Me explico: El mundo virtual en que vivimos ha creado un nuevo hábitat que se caracteriza por la falta de toque, de tacto, de “con-tacto” humano. Una “irrealidad” que afecta a nuestra vida en lo que tiene de más fundamental: el cuidado, la compasión, la ternura. Necesitamos salir del difuso malestar de esta civilización que se nos manifiesta bajo el signo del descuido, la indiferencia y el abandono (cuando no de la mala fe). Hoy hay indiferencia por las dimensiones espirituales. Falta ternura por cuanto existe y vive. No interesan la delicadeza, lo imaginario, lo que se obtiene con esfuerzo.

Los medios de comunicación nos muestran sin pudor todo tipo de violencia y de excesos. Con pretexto de informar, nos desinforman y ensucian la vida. ... Y, sin embargo, exceptuando la muerte, ¿hay algo peor para la vida que el que ésta pierda su brillo?

Es la espiritualidad del diálogo positivo la que une, liga, religa e integra. Frente a la “esperanza olvidada” (desesperanza), deberíamos proponer una gran “Esperanza y Confianza” en nosotros/as y en cuantas personas nos rodean. Pero no lo hacemos. Aún no nos hemos dado cuenta de que lo visible es parte de lo invisible; que existe un vínculo indestructible entre la realidad y el observador, entre el escucha y el escuchado/a. La falta de cuidado nos lleva a la perdida de conexión con los demás, con la curiosidad, con el misterio, con la ilusión.


UNA NUEVA MIRADA ANTE LA POBREZA Jose Ramón Trebiño (Eibar, Gipuzkoa , 1951) Sacerdote, Ex Delegado Episcopal de Cáritas Diocesana y miembro de la Junta Directiva del Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa.

La persona es mucho más que “estomago satisfecho, pura ansia de tener” (Erick Fromm), o “un perfil de hombre unidimensional” (Marcuse); es, en suma, alguien abierto a los valores que ayudan a construir una vida con sentido.

Todavía no hemos explorado suficiente en la capacidad que tenemos todos los seres humanos en aprender a escuchar y acoger al otro. Muchas pobrezas requieren tacto y finura en el factor humano.

La pobreza es no tener vivienda o no tener que llevarse a la boca, pero la pobreza también es no tener con quien hablar, con quien compartir, no tener a quien abrazar.

Necesitamos poner corazón en la mirada. Benedetti decía que “todo es del color del amor con el que se mira”. Es cierto y mucho más cuando hablamos de la pobreza. Si no ponemos corazón y luz en la mirada predominarán la indiferencia, el cálculo egoísta o la frialdad de la estadística. Poner corazón en la mirada de la pobreza supone antes de nada dejarnos mirar e interpelar por la persona del pobre. Supone también bajar la guardia de las resistencias que nos impiden dar el salto del riesgo solidario. Implica hacer un camino más arriesgando en la entrega desde la complicidad afectiva y el compromiso transformador. No se trata de paternalismo . La mirada compasiva mueve las manos para la acción. Es una mirada profunda que sabe reconocer con respeto el sufrimiento ajeno y busca las raíces para poner remedio al mal. Hablamos de una mirada lúcida y crítica que va al fondo de las injusticias que provocan la pobreza y la desigualdad. Cuando se mira con unos ojos lavados con el colirio de la bondad y la dignidad humana se llega a ver y a leer con respeto y profundidad el drama humano de la pobreza. No olvidemos que cada vez más la pobreza aparece como algo invisibilizado y atomizado. La pobreza tiene nombre de exclusión social porque arroja a las personas al terreno de los márgenes de la irrelevancia y la “muerte social”. Muchos califican esta crisis como crisis global y sistémica, crisis antropológica y cultural que está demandando otro paradigma humano para construir una civilización basada en la justicia y los derechos humanos, en la dignidad humana y no en los principios mercantilistas del neoliberalismo. Es preciso cambiar la mirada y acercarse al hermano malherido como hizo el buen samaritano para transitar juntos por nuevos caminos de humanización. Como afirma García Roca, “la contracultura de la solidaridad nos ubica en el horizonte del futuro”.

Bajo la máxima de que ninguna persona se

encuentre en soledad ante un problema que pone en crisis su esperanza, el Teléfono de la Esperanza

de Gipuzkoa presta los siguientes servicios ESCUCHA TELEFÓNICA www.telesgi.org

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CORREO ELECTRÓNICO

ATENCIÓN PERSONAL EN SEDE ASISTENCIA PSICOLÓGICA


Todos los rostros de la pobreza están afectados por el sufrimiento. Hablamos de pobreza humana entendida como carencia que hace difícil y a veces casi imposible una vida digna a las personas.

La pobreza material La pobreza material nos recuerda que las necesidades básicas de la vida están comprometidas. Sin pan no hay vida ni futuro. El paro actualmente existente hace muy vulnerable a una gran parte de la población. El empleo precario sitúa a muchas personas en el umbral de la pobreza. El miedo es la expresión de ese peligro más que real. Hay pobreza y sufrimiento en el desarraigo y la desprotección del inmigrante, hay pobreza y sufrimiento en la familia que sufre el desahucio de la vivienda.

La pobreza afectivo - emocional El ser humano necesita de afecto y reconocimiento. Uno de los aspectos más significativos de la pobreza actual es la pérdida de vínculo afectivo. Sin red social el ser humano se convierte en un náufrago, huérfano de hogar. Se le llama pobreza descalificadora y vergonzante, al contrario de una pobreza relativa e integrada hasta ahora, más común en nuestros pueblos debido a la fortaleza de la estructura familiar. En los países nórdicos están más al abrigo de la pobreza material, entendida como carencia de recursos, pero sin embargo se encuentran muchos más expuestos al drama humano de la soledad.


CICLO DE CONFERENCIAS En el año 2006 comenzamos lo que denominamos CICLO DE CONFERENCIAS. Cada año ofrecemos un par de charlas sobre temas de actualidad y referentes a nuestro “mundo”. Por la Sala Kutxa de la calle Andía (a quién agradecemos su colaboración) han pasado grandes conferenciantes, pero sobre todo grandes personas que han aceptado prestar su conocimiento a todos los gipuzkoanos y gipuzkaonas a través del Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa de manera absolutamente altruista. A todos ¡GRACIAS!. Aquí están los testimonios de algunos de ellos. Pero también nos gustaría dar las gracias a Pedro García Aguado, Enrique Rojas, Wilson Astudillo y Pedro Nuñez Morgades. A todos, de corazón, ¡GRACIAS!. Pedro Luis Uriarte: Presidente de Economía, Empresa, Estrategia.

Son ya 25 años escuchando y buscando soluciones. Son más de tres mil salvavidas anuales, para ayudar a llegar a la orilla a personas verdaderamente solas y necesitadas. Una labor inmensa, titánica y muy valiosa de voluntarios / as que se preocupan y ocupan desinteresadamente por los demás, y sin embargo declaran recibir más de lo que dan. Enrique Echeburúa: Catedrático de Psicología Clínica en la Facultad de Psicología de la UPV.

Ser solidarios con los demás hace a las personas ser éticamente mejores y sentirse mejor psicológicamente. Aportar lo que cada uno pueda y sepa a quienes se encuentran más desvalidos dignifica a los seres humanos como personas y les vertebra como una sociedad cohesionada.

Leila Navarro y José María Gasalla: Conferenciantes de ROAD SHOW: La confianza

“Esperanza es iluminar el presente creando un futuro que anime a seguir viviendo la vida”.

Javier López Arguedas: director de APMA (Asociación Parados Mayores Activos).

“Vendemos” lo mismo, ESPERANZA, por crear un mundo mejor, por tener más calidad de vida, por evitar la soledad, en un mundo competitivo, donde cada vez hay más egoísmo, mayor interés y desconfianza, entidades como el Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa o como la nuestra dicen a gritos: “ NO ESTA TODO PERDIDO, HAY ESPERANZA EN EL SER HUMANO”. J.A.Pagola: Ex vicario de Diócesis de San Sebastián y fundador del TEG.

El arte de generar esperanza es un arte que solo lo conocen quienes saben acoger, escuchar y acompañar a quienes se encuentran sin fuerzas para afrontar sus problemas. Así lo vienen haciendo desde hace 25 años un grupo de voluntarias y voluntarios desde el Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa. ZORIONAK Imanol Apalategi: Presidente de la Fundación Etiopia - Utopia.

Esperanza, optimismo, ánimo, ………….. cuantos agujeros tenéis. Gracias a todo el equipo voluntario que está al otro lado del teléfono, que da lo más importante que tiene, su tiempo, a la espera de la llamada que necesita su apoyo y su comprensión a través de la palabra. Sois todos y todas unos artistas de la reconstrucción de las personas.

Los vídeos de las conferencias estarán próximamente visibles en nuestra nueva página web: www.telesgi.org

Boletin 2012: Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa  

Publicación especial conmemorativa XXV aniversario del Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa

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