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medellín · Diciembre de 2012 · edición especial de aniversario

medellín · Diciembre de 2012 · edición especial de aniversario

quince años de vida, historias y personajes. quince años de ciudad


DEBATE

testimonio

crónica

crónica

M Publicación de Telemedellín © 2012 Alcalde Aníbal Gaviria Correa @anibalgaviria Gerente Waldir Ochoa @waldirochoa Directora de Mercadeo y Comunicaciones Verónica Valencia @verovalencia

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Andrés Burgos Escritor, cineasta y twittero (es la verdadera identidad de @pelucavieja).

Edición general Juan Diego Mejía @juandiegomej

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Dora Patiño Comunicadora social-periodista, especialista en Planificación Urbana. Realizadora de Telemedellín durante los quince años del canal.

20 Juan Diego Mejía Matemático. Escritor después de años de fuga. Ahora escribe novelas y trabaja en la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional.

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Juan Mosquera Escritor, guionista, realizador audiovisual. Opinador a destiempo y aprendiz de aprendiz. Ciudadano. @lluevelove

Coordinación editorial Catalina Trujillo @catalinapalmer Marcela Monge @marcemonge Comité editorial Juan Diego Mejía Catalina Trujillo Verónica Valencia Marcela Monge Federico Uribe Corrección de estilo Catalina Trujillo Diseño gráfico editorial Laura Durango Diseño imagen 15 años Juan Carlos Gallo Marcela Franco

56 Pascual Gaviria Abogado sin ejercicio, columnista, poeta en retiro, lector y escribidor de prensa, locutor vespertino. Fue presentador de 200 historias bicentenarias en Telemedellín. @rabodeajip

54 Luis Alirio Calle Periodista, escritor y columnista. Dirige La entrevista de la calle y realiza crónicas en Telemedellín. @luisaliriocalle

carta

32 Guillermo Cardona M, Escritor. Fue libretista, actor y músico de la Compañía de Humor Frivolidad. Es director de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. @gajcardona

Fotografías Adrián Franco Archivo Telemedellín Alcaldía de Medellín Producción fotográfica Camilo Quintero - Asistente Henry Duván Colorado - Luminotécnico Yuliana Ospina - Productora Victoria Flores - Productora Web 2.0 Émerson Gutiérrez Víctor Arias www.telemedellin.tv @telemedellin facebook.com/telemedellin.tv La celebración de 15 años es posible gracias a Alcaldía de Medellín Área Metropolitana del Valle de Aburrá Instituto Tecnológico Metropolitano Inder EEVVM Isvimed EPM Empresa de Desarrollo Urbano, EDU Empresa de Seguridad Urbana, ESU Colegio Mayor de Antioquia Metroplús Fundación EPM - Medellín Digital Terminales Medellín Las opiniones expresadas en los artículos son responsabilidad de sus autores y no comprometen a Telemedellín.

64 Marcela Monge Comunicadora de profesión, crossover por vocación. Escritora freelance y realizadora en pausa. Lleva tres temporadas en Telemedellín. @marcemonge

gerenteS

60 Ana María Cano P. Escritora, columnista y profesora. Realizó el programa Una ciudad para leer en Telemedellín. Actualmente dirige el Fondo Editorial EAFIT.

En esta edición

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Ana María Marín P. Comunicadora socialperiodista, Magíster en Ciencia Política y especialista en Periodismo Urbano. Fue directora de programación de Telemedellín dos veces.

38 Luis Miguel Rivas Escritor y realizador audiovisual. Fue realizador de ¿Qué tal Pascual? en Telemedellín. @luismiguelere

personaje

10 Waldir Ochoa Licenciado en Idiomas. Periodista en radio, prensa y televisión. Actualmente es gerente de Telemedellín. @waldirochoa

fotografías

68 Ómar Rincón Profesor Asociado de la Universidad de los Andes. Periodista, escritor y realizador de televisión.

70 Alejandro Hoyos Comediante, empresario y libretista. Creador e intérprete de Suso, el Paspi. @alegandrohoyos

46 Elkin Obregón Cronista, dibujante y caricaturista. Cultor de la música, la poesía y la conversación. Traductor.

M

recoge la historia de quince años del primer canal local público que se fundó en el país. Desde su nacimiento, Telemedellín unió su suerte a la de la ciudad de la cual tomó su nombre como el tatuaje de su propio destino. M reúne en sus páginas una variada presencia de hechos y opiniones. Nuestros lectores pueden disfrutar de las crónicas de autores con prestigio nacional que narran su visión de este tiempo en el que Telemedellín ha sido protagonista de la vida de la ciudad. En esta edición también encuentran artículos que generarán debate por las opiniones de escritores sobre el papel que juega la televisión en nuestra sociedad.

Personajes que han pasado por el canal dan su testimonio de cómo los ha marcado el oficio y su relación con la ciudad. M trae entrevistas con quienes tuvieron la misión de poner en marcha el canal y asesorarlo hace ya tres lustros. Y no estaría completa si esta publicación no incluyera en sus páginas a los colaboradores del canal que día a día diseñan, producen, emiten los programas que les llegan a nuestros televidentes. M es la síntesis de lo que ha sido esta primera etapa de la vida de Telemedellín. Es también una muestra del pensamiento de esta nueva sociedad antioqueña que sigue marcando el paso al desarrollo del país.


6 14 20 31 34 42 Historias para la vida

Recuerdos de un parto

El monje del Padre Amaya

El canal estuvo A unos pasos Construcción a punto de de la madurez de la nueva desaparecer Nación

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Un joven por la vida

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Fundación de Telemedellín

Éramos pura imaginación

En defensa de la televisión

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Más que dinero, ¡audacia!

las manitos moradas

El precio de la fama

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Cuando gerenciar era abrir caminos

Aquí te ves

46 53 56 63 66 73 Pequeñas historias

Logramos un nuevo aire

Televisión abierta

Telemedellín se volvió popular

El futuro desde ya

Una casa de puertas abiertas

48 54 58 64 68 76

Telemedellín 15 años

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I’m From Medellín City

A un corazón de distancia

“Oiga, ¿usté trabaja en Telemedellín?”

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Primero el público

Los feos también existen

Botero, el parce

70

El sueño continúa

Esta es la familia Telemedellín


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TELEMEDELLÍN · 15 AÑOS 7

En

por aníbal gaviria correa A lcalde de medellín

Historias para

la vida

Telemedellín, aquí te ves. Un eslogan que da cuenta de nuestro interés por hacer que esta ciudad sea la protagonista en la televisión pública, donde contamos las historias de su gente, de sus calles, de sus barrios… todos los momentos y películas de vida que se tejen en Medellín. Todo esto tiene un sentido, lo hacemos porque la vida nos importa, y por eso le damos rostro y valor a las noticias de nuestra ciudad. Desde nuestro canal buscamos contribuir a la formación de los ciudadanos, trabajamos para posicionar imaginarios colectivos con el fin de movilizar a la comunidad hacia propósitos comunes: hacer de Medellín una ciudad habitada por la vida y la equidad. Durante quince años Telemedellín ha sido el canal de la comunidad. Hoy es la ventana de nuestra ciudad, es la voz de quienes la habitan, es el medio que le da vida a los rostros de cada ciudadano y que busca siempre informar con responsabilidad y coherencia. Con orgullo podemos decir que somos un referente en la televisión pública del país. En esta trayectoria hemos sido testigos de grandes logros: innovamos en tecnología, ya contamos con señal en el satélite, somos pioneros en la implementación de estrategias comunicacionales en medios digitales, nuestros contenidos han trascendido a la televisión nacional y hemos obtenido diversos premios como un Simón Bolívar con el documental Valiente Valentina.

Somos conscientes de la trascendencia que tiene el canal y de ahí el compromiso para continuar fortaleciéndolo. Queremos que siga ahí como testigo de los logros de nuestra ciudad y que avance al mismo ritmo que lo hace Medellín. Por eso, hemos estructurado una propuesta televisiva basada en la participación y el diálogo ciudadano, procurando que cada uno de los espacios responda a las expectativas y las necesidades de la teleaudiencia, sin perder de vista que comunicar es también un acto de gobernar. Nuestra apuesta es que cada uno de los programas sea un escenario de información, aprendizaje y entretenimiento, con contenidos útiles para todos. Por eso, tenemos el reto de inventar cada día formas creativas de relacionarnos con los televidentes, contribuyendo a formar ciudadanos del mundo sin generar desarraigo frente a las culturas locales. Somos y seguiremos siendo una gran plataforma de contenidos locales para conectar a Medellín con el mundo. Seguiremos aportando a la construcción de ciudad, a la promoción de valores y principios. Las calles de nuestra ciudad son el mejor escenario porque Telemedellín significa la voz de las pequeñas historias, que para nosotros siempre serán las grandes historias que hacen de Medellín un hogar para la vida.


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TELEMEDELLÍN · 15 AÑOS 9

La ciudad escenario


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GERENTES

Un joven

por la vida El gerente de Telemedellín revisa desde su óptica el ciclo vital de este medio y plantea el reto de comunicar a los habitantes de la ciudad que: “Tu vida me importa”. P or waldir ochoa

El

canal nació en 1997. Era un bebé que llegaba a un hogar convulsionado. Acababa de pasar la época de dolor y muerte de quien debería ser para todos el innombrable, el narco que aún después de muerto le sigue haciendo daño a la ciudad. Comenzaba además a configurarse en la calles de la periferia un entramado de actores ilegales en conflicto: bandas, milicias, autodefensas y guerrillas. El niño empezó a gatear, a dar sus primeros pasos, a crecer en esa Medellín que, a pesar de la fragilidad social, tenía en su mente la obstinada idea de superar la violencia. Luego el canal niño fue a la escuela a absorber como una esponja todo el conocimiento que invitaba a promover la cultura ciudadana. El chico, como buen alumno, se entusiasmó y aprendió rápidamente de compromiso, convivencia, esperanza, y tal aprendizaje lo compartió desde su ventana con todos sus vecinos y amigos. Prontamente su cuerpo cambió de tamaño. La pubertad llegaba y comenzaba a moverse de otro modo, con el ritmo de una ciudad moderna en sus espacios, pero sobre todo en sus dinámicas culturales. Su hogar pasó de ser escenario del tango, el porro y demás músicas populares heredadas de los padres, a encontrar también la alegría en el rock, el rap, el hip hop y también en el grafiti. Pero a pesar de estos cambios, el mensaje que más recibió de la familia fue uno propio de su tradición: el valor de la solidaridad. Por eso empezó a decirles a sus amigos: En mí también te ves. AQUÍ TE VES.

...Será un actor más, un joven maduro y comprometido, pero sobre todo, servidor de sus conciudadanos y de la causa más noble en la que puede servir un ser humano: defender la vida en todas sus formas.

Hoy Telemedellín es un canal adolescente. Trata de encontrar su identidad definitiva, como también lo está haciendo la ciudad. Pero se enfrenta a dos grandes amenazas: La primera, la del consumismo a ultranza, que promueve en otras pantallas un ideal de juventud cuyo discurso es “¡Goza sin límite, es tu derecho!”. Ese discurso amplía los derechos de los jóvenes pero los exonera de deberes, además de incitarlos a hacer de la vida un nocivo consumo inútil. Pero el joven Telemedellín no caerá en esta trampa, es perspicaz y tiene claro que se debe a la gente y no a las lógicas del mercado, sabe que su esencia es servir a todos, ser público. Y el otro gran peligro: la muerte que asoma siempre como un fantasma, y que a pesar de todos los esfuerzos políticos y sociales, no ha querido salir. Y aquí el joven canal pregunta: ¿Cómo se explica que la ciudad que más inversión social ha hecho en el país en los últimos veinte años mantenga signos fuertes de violencia? Algo no se ha hecho bien en Medellín en este tiempo y de eso somos todos responsables, inclusive él. ¿No será que, alentados por esa dinámica consumista y escenificada en otras pantallas, en el grueso de la ciudad los héroes populares siguen siendo los delincuentes: el innombrable, El Capo, Rosario Tijeras y demás “dones” criminales? El joven canal tiene claro que la ciudad necesita nuevos relatos ciudadanos. La delincuencia y la viveza tienen que ser desterradas como formas de heroísmo y poder. Hay que dar paso a héroes de verdad, a la gente buena, humilde y comprometida que trabaja todos los días por hacer de Medellín un hogar para la vida, un hogar para el respeto, la solidaridad, la equidad. Esa es la meta que se le propone hoy a toda la ciudadanía, tan exigente como

aspiracional, no exenta de dificultades, pero sí la más profunda y humana que podamos tener. El joven canal se compromete ahora a ser luz de ese discurso, porque sabe que no puede seguir siendo la muerte la que defina los relatos de la ciudad. Medellín es más grande que su violencia. Y el joven debe, como parte de su esencia, rebelarse ante esta. Pero para lograr este cometido, Telemedellín tendrá que entender, como joven, que hay que ser creador. Y para crear es absolutamente necesario reconocer y dominar la tradición, lo ancestral. Tarea compleja cuando, como lo expresa el académico e investigador Carlos Mario González, el ideal de juventud se alimenta en el propio joven y no en su relación y deuda con el otro. Este joven deberá comprender que no se hizo solo, ni le sobra todo lo que le antecedió ni tampoco es irrelevante todo lo que la tradición representa. Por el contrario, es insumo fundamental para su nuevo propósito: pasar a un nivel más avanzado y profundo de solidaridad, servir al otro porque “TU VIDA ME IMPORTA”. Eso sí, hoy Telemedellín no será, como tradicionalmente se ha visto al joven, “el todo de las esperanzas de renovación” o “la causa de los problemas”. Será un actor más, un joven maduro y comprometido, pero sobre todo, servidor de sus conciudadanos y de la causa más noble en la que puede servir un ser humano: defender la vida en todas sus formas. Será entonces en esta nueva etapa, y mientras llega a la adultez, un joven por la vida. Y para cumplir ese empeño deberá recibir el apoyo ciudadano, el apoyo de todos los televidentes que han sido fundamentales en estos quince años y de todos los habitantes de la ciudad, que serán el bastión para hacer de la vida y la equidad valores supremos en Medellín.


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EL CANAL

La fundación de Telemedellín Habían pasado diez años desde la aparición de Teleantioquia, el primer canal regional que surgió en Colombia.

Los

antioqueños ya nos habíamos visto en televisión y nos estábamos acostumbrando a oír el acento de estas montañas a la misma hora en que antes solo se permitían voces neutras. Lo mismo podían venir de Chile que de México, del Caribe o de los Andes, porque la televisión no dejaba que se vieran las diferencias, todos debíamos hablar igual. Pero las cosas cambian cuando la gente quiere que cambien, y por eso entramos en una nueva época de la televisión en Colombia en la que las regiones tendrían un lugar en esa autopista por donde transitan las señales de televisión que viajan por el espacio colombiano y que en términos técnicos se llama “espectro electromagnético”. El paso hacia una televisión más diversa se dio con la Ley 182 de 1995, que se conoció como la Ley de Televisión. En ella se hablaba de la posibilidad de que existieran canales locales con fines comerciales o sin ánimo de lucro. Fue entonces cuando en la Alcaldía de Medellín empezaron a considerar la opción de crear un canal de televisión local que estuviera al servicio de la ciudad. Era una buena idea que en un principio no se entendió en su verdadero alcance, pues se pensó que con nuestro canal regional era suficiente para todo el departamento. No se trataba de una competencia para Teleantioquia sino de una propuesta que se centrara en la vida de la ciudad y de los municipios vecinos. Luego de que la recién creada Comisión Nacional de Televisión le otorgó la licencia de funcionamiento en septiembre de 1997, el canal se propuso salir al aire en diciembre de ese mismo año con la transmisión en directo del Desfile de Mitos y Leyendas. Era la etapa final de un período de preparación en el que se armó una empresa desde cero hasta convertirse en un equipo consolidado, capaz de llevar una nueva televisión a las casas escépticas de los habitantes del Valle del Aburrá. En términos jurídicos, el canal sería una asociación de entidades públicas en la que tendrían presencia EPM, el Inder, Empresas Varias, el ITM, el Área Metropolitana

del Valle de Aburrá. y la Alcaldía de Medellín. Luego, debido a que iba a incursionar en el mercado de la televisión por cable, EPM se retiró de la Asociación y quedó conformada por los otros cinco miembros. El alcance que podría tener la señal estaba limitado geográficamente desde Barbosa hasta La Estrella y desde Santa Elena hasta San Sebastián de Palmitas. Las características de canal local le imponían unas fronteras cercanas y así se limitaban también los contenidos de acuerdo con los intereses del público receptor. La tecnología con la que contaba el canal para iniciar labores no le permitía una producción masiva y los técnicos y realizadores debían hacer milagros con muy pocos recursos. Y los hicieron. Finalmente el 7 de diciembre de 1997 el primer canal local sin ánimo de lucro creado en el país salió al aire.

Es una marca que siempre promete cosas cada vez mejores. Este aliento vital contagia y nos hace soñar. Quince años después es una buena ocasión para recordar esos momentos en los que todo era ansiedad y agitación porque se aproximaba la hora cero. En la casa ubicada en El Poblado, al frente del Centro Automotriz, se planeó durante meses la programación con la que Telemedellín seduciría a los televidentes. Allí trabajaron con la mística de las aventuras nuevas que por fortuna per-

siste en el canal, unos cuantos realizadores, camarógrafos, editores, graficadores, periodistas y técnicos formados en más de una década de televisión regional. Cada producto se pensaba como una propuesta diferente. Se buscaba que tuviera el sabor de lo nuestro y la vitalidad de lo nuevo. Entonces la ciudad empezó a ver la unidad móvil de Telemedellín recorriendo las calles en busca de escenarios, personajes, historias. Y así, poco a poco se fue formando un nuevo relato de ciudad, que llegó a las casas para quedarse. El canal logró consolidarse gracias a varios factores entre los que se destaca ese espíritu joven e innovador que impulsa a todo el grupo desde sus inicios. Es una marca que se percibe en su programación y que siempre promete cosas cada vez mejores. Este aliento vital contagia y nos hace soñar.


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entrevista

Recuerdos de un parto Cuando nadie sabía qué era un canal local de televisión, en Medellín encomendaron a Ángela Suárez la misión de fundar la primera de estas estaciones en Colombia. Quince años después, recuerda cómo fue dar a luz este proyecto.

En

“Convocamos talento joven, nuevo, fresco, que fuera una alternativa estética y una propuesta de opinión diferencial. ¡Era el sueño de cualquier productor!”.

la década de los noventa muchas cosas eran nuevas en Colombia. Ya no éramos el país rural que vivió la llamada “Violencia” en los campos. Cruzábamos la oscuridad de la otra violencia del narcotráfico, aprendíamos a vivir con el conflicto armado que rodeaba las ciudades y estrenábamos una nueva constitución política que reemplazaba la promulgada cien años atrás. Habíamos vivido episodios de intensa transformación social y económica y esperábamos con ansias la llegada del siglo xxi. La gente tuvo que aprender a desempeñarse bajo las condiciones de la globalización del planeta que avanzaba con grandes pasos en materia de tecnología y de organización social. Este era el panorama en los momentos en que se sancionó la Ley de Televisión que permitía la creación de canales con un área de cubrimiento limitado a unos pocos municipios. A Ángela Suárez la conocen como “Pola” desde los tiempos del colegio por defender causas perdidas, como Policarpa Salavarrieta. Es Bachiller del colegio Jesús María y comunicadora de la Universidad Pontificia Bolivariana, además estudió fotografía en Estados Unidos y televisión en Brasil. Fue la primera gerente de Telemedellín y a pesar de que se ha desempeñado con éxito en Colombia y en Estados Unidos en otros cargos relacionados con la televisión, el periodismo y la diplomacia, todavía recuerda con cierta nostalgia los días de la fundación de Telemedellín. M: ¿Cómo fue tu vinculación a este proyecto? La vida es así. Después de que emitimos en el noticiero un informe sobre “Los dos Maquiavelos antioqueños: Pedro Juan Moreno y Luis Pérez”, este último me llamó a hablar a su despacho en la Secretaría de Educación. Yo no lo conocía y pensé que era para reclamarme, me dijo que si nos tomábamos un tinto, y era para eso. El Concejo le acababa de dar vía libre a la Secretaría de Educación y Cultura de Medellín para que proyectara un canal de televisión pública local, y necesitaba quién asumiera el proyecto para tramitarlo ante la Comisión Nacional de Televisión, CNTV, viabilizarlo y montarlo. M: ¿Y cuáles eran tus planes? Pensaba dejar el proyecto montado e irme a un sabático que tenía ya organizado en Nueva Orleans. Pensé que sería solo hacer el estudio, la solicitud y el plan de operación porque aún no sabíamos qué tipo de contenido podría tener. Cuando llegó la hora de irme me llamó el alcalde Sergio Naranjo a decirme que lo pensara, que quería nombrarme gerente, que no era la única oportunidad que tendría en la vida pero que era una oportunidad única.

Cuando le pregunté: “¿oportunidad de qué?”, me dijo: “de hacer lo que considera que debe ser la televisión local”. Y ahí desempaqué maletas. Era como dejar a Pinocho manejando el taller cuando Gepetto salía a hacer vueltas. M: ¿Quiénes fueron tus compañeros en esta etapa? Durante la etapa de trámite ante la CNTV, y antes de operar, busqué una asistente administrativa, un abogado y un ingeniero para armar toda la solicitud de licencia y obtener la frecuencia. Adriana Vélez, Patricia Cadavid y Carlos Duque. Mientras tanto conformé un grupo asesor para que pensara en el concepto de programación: Adriana Mejía, Héctor Abad, Juan Luis Mejía, Samuel Arango y el grupo asesor de la Secretaría de Educación y Cultura. M: ¿Recuerdas qué te tocó hacer? Fueron días en los que todos hacíamos de todo y tan pronto podía estar barriendo la sede como comprando un transmisor en Italia. Pero me concentré en contratar los estudios técnicos y jurídicos necesarios para que nos dieran la licencia y nos otorgaran una frecuencia en la CNTV. Nos arriesgamos mucho porque mientras todo eso seguía su trámite burocrático, empezamos a montar el canal para no perder tiempo. Ya en la Secretaría de Educación había una bodega llena con cajas de equipos de televisión que era necesario poner a trabajar. Cuando superamos lo administrativo, y todavía con lo jurídico pendiente, arrancamos con el diseño de franjas y programas. Convocamos talento joven, nuevo, fresco, que fuera una alternativa estética y una propuesta de opinión diferencial. ¡Era el sueño de cualquier productor! Diseñamos y contratamos la planta de personal. Hicimos la contratación de talento externo y ahí sí, a marchar, porque ya teníamos la autorización para una señal de prueba, que para el efecto era lo mis-

El primer espacio noticioso fue Metropolitanas. Hoy se llama Noticias Telemedellín, tiene emisión online y portal para dispositivos móviles.

mo que una licencia de funcionamiento, pues lo único que había que decir claramente era eso: “Señal de Prueba”. Y probando, probando fuimos armando programas para todos los gustos. M: ¿Cuál era la sede cuando empezaron? Al comienzo fue en la Secretaría de Educación. Luego encontré una casa en El Poblado que tenía la posibilidad de expansión con la de enfrente. ¡Ahí hicimos de todo! Creo que era una casa embrujada, se convertía en estudio, en sala de juntas, en centro de convenciones, en salón de capacitaciones, en background para directos y en dos o tres ocasiones en templo para Cupido… M: ¿Tenías suficiente presupuesto? ¡Total! Imagínate, además de un buen presupuesto de inversión inicial tenía a todos los socios calmando goma e invirtiendo en contenidos, en transmisiones, en campañas, en producciones bonitas, en himno nacional interpretado por Cantoalegre y, además, con las ganas y el entusiasmo de todos era muy fácil hacer florecer piedras y conseguir recursos en todas partes. M: ¿Qué pensabas de la televisión regional del momento? A Teleantioquia se le miraba como a un hermano muy mayor al que se le admira pero se siente distante. El parámetro eran otros regionales más jóvenes pero no por la frescura de los contenidos sino por su inexperiencia y novatada. Ya Teleantioquia pertenecía a las grandes ligas, así que no había parámetros de comparación con ellos. Programamos con la independencia que da la ingenuidad de la niñez y con la claridad de límites que no pensábamos en salir de las montañas ni con la señal ni con el contenido. Eso fue haciendo la diferencia… M: ¿Cómo viviste la primera emisión? De la peor manera, porque hubo un evento en directo. Y para un productor de televisión es una pesadilla ser funcionario público... 3, 2, 1 y discursos de rigor. Es como que el día del parto se tenga que oficiar de materna y partera simultáneamente… pero es pura deformación profesional y ganas de estar en el máster de emisión porque el equipo de trabajo garantizaba que todo saliera bien.


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entrevista

La ciudad, que hasta entonces solo se reconocía en la voz de los canales nacionales, tenía ahora un medio propio para narrar sus historias.

M: ¿A quiénes de tus colaboradores recuerdas de esa época? A muchos, ¡a todos! Sería una lista injusta de nombres. Por allí pasaron Selene Botero, Ana María Marín, Pilar Gómez, Carlos Duque, Claudia Moreno, Juan Carlos Gallo, Hidania Úsuga, Eliana Gallego y muchos otros nombres que harían interminable la lista. En cuanto a talentos, los primeros rostros de Telemedellín fueron María Adelaida Puyo, Andrea Duque, Andrea Marulanda, Ana Cristina Navarro, Sergio Fajardo, Alonso Salazar y una lista igualmente valiosa e imposible de terminar sin excluir a alguien. ¡Esta pregunta es muy maluca! M: ¿Cómo recibió la ciudad al canal? Como si la ciudad lo hubiera tenido en gestación desde siempre. Como si supiera que llegaría y que sería un espejo donde se miraría todas las mañanas. Lo reconoció como una gran apuesta de ciudad pero sin sorpresa, como que era lógico tenerlo, lo extraño sería lo contrario… No sabría explicarlo mejor, pero debe ser un poco ese merecimiento paisa, en esta ocasión desde buena óptica, sin la arrogancia que siempre nos sobra. M: ¿Cuándo te fuiste? Me fui detrás de otro reto. Diferente pero también grande. Al lanzamiento de RCN como canal privado. Fue duro desprederse de un niño que apenas caminaba pero ese espejito era muy grande y brillaba mucho.


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DEBATE

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DEBATE

Un monstruo alienante para algunos, para otros la televisión es compañía, identidad y una ventana para ver más allá.

P or A ndrés burgos

En defensa de la

televisión No

podría asegurar que nuestra relación empezó en ese entonces. Pero sí puedo afirmar que es el recuerdo entrañable más lejano en el tiempo que tengo de la televisión. Tal vez ese día las actividades en el preescolar estuvieron muy agitadas y fui incapaz de combatir el cansancio. Después de llegar a mi casa y descargar la lonchera en cualquier parte, me quedé profundamente dormido, cobijado en la tibieza de la tarde de ese Medellín que no era tan caliente como el actual pero ya tenía la fuerza suficiente para amodorrar a un niño indefenso de cuatro o cinco años. Desperté asustado, lleno de angustia, presa de la sensación agobiante de haber incumplido un deber. No, no podía ser verdad. Con la vana esperanza que da la negación de una tragedia inminente, acudí a un último acto de desesperación. El televisor Sharp, en blanco y negro, se tomaba su tiempo en mostrar imagen alguna en la pantalla después de que se le encendía. Fueron segundos eternos, de una incertidumbre cruel e innecesaria que de todas formas iba a desembocar en una noticia devastadora: me había perdido Plaza Sésamo.

El desmoronamiento ontológico de un niño no es fácil de comprender y lo fue mucho menos para la empleada de mi casa, una mujer recia, acostumbrada a los golpes concretos de la vida y completamente impermeable a las tribulaciones existenciales infantiles. Ella me confirmó que efectivamente ya había pasado la hora en que trasmitían mi programa favorito. Sin anestesia, respondió a mis preguntas ansiosas. No, no había nada más que hacer por hoy. No lo iban a pasar de nuevo en ningún otro horario. Y como si mis ilusiones ya no estuvieran suficientemente heridas de muerte, agregó con un tono que con los años he llegado a entender que estaba cargado de una saña enfermiza: “le guardé el almuerzo, es sopa de arracacha con jugo de curuba”. No había consuelo posible. Esa tarde quedó archivada y accesible para siempre,

en forma de trauma, en el rincón del pecho donde guardo las pérdidas que me marcaron. Inútil resultó que me dijera que al día siguiente lo volvían a emitir, tal cual lo habían emitido el día anterior. Yo eso lo sabía. Y también era consciente de que de la misma forma en que no hay nada nuevo bajo el sol, tampoco había nada nuevo en Plaza Sésamo: los capítulos se repetían una y otra vez. El problema no era ese. Se trataba de una cuestión de matices complejos, de un acompañamiento, de familiaridad, conceptos que la aproximación simplista de aquella mujer descartaba de plano. Esa situación se me viene a la mente cada vez que me enfrento a alguien que demoniza la televisión a priori. La televisión es un blanco fácil para muchos a la hora de encontrar un culpable a todos los males contemporáneos. Y si bien a menudo les doy la razón a quienes hacen señalamientos, también doy un paso al costado cuando veo que sus argumentos pretenden no tener fisuras y embisten con la ceguera de una masa que, antorchas en alto, no acepta ninguna otra opción que el linchamiento del monstruo. Las opiniones totalizantes suelen olvidar sectores que, aunque pequeños o poco relevantes a la luz de los grandes argumentos, no resultan de menor importancia. En este caso, por ejemplo, podría mencionar al vuelo que la televisión es en realidad muchas televisiones y que las motivaciones de la gente para acercarse a ella, a ellas, no son uniformes. Cuando miro las ciudades con algo de distancia y encuentro cientos de ventanas titilantes, mensajes de luz en código morse que manda la televisión para informar que habita un espacio, consigo entender los miedos de sus detractores cuando hablan del aletargamiento colectivo. Sin embargo, también entreveo allí un resquicio por donde la soledad de muchos se matiza, imágenes y sonidos que permiten llenar y hacer acogedor el ámbito vacío de gente cansada de lidiar consigo misma. La evasión es un

puente que permite el tránsito amable entre las cargas implacables de un día y las del siguiente. Eso, de por sí, ya justifica su existencia. Pero hay más, porque a la par del entretenimiento evasivo que predomina, hay otras televisiones, televisiones románticas si se quiere, que se empecinan también en abrir —a su modo— nuestro panorama de bípedos de corto vuelo. La caja mágica como única ventana para muchos e, incluso, como derrotero de aspiraciones sensatas —entre abundantes falacias— para otros tantos. La televisión local, más exactamente Telemedellín, jugó un papel determinante en mi rumbo profesional. Cuando salió al aire y vi en algunos programas la avidez de gente con ganas de contar historias de la mejor manera posible, sin bajar los brazos en la lucha permanente con las limitaciones de presupuesto, supe que eso era lo que quería hacer en la vida. Entendí que era posible. Quise emular a quienes, armados de lenguaje audiovisual, se propusieron sacudir el letargo de lo convencional. Para el realizador en ciernes que fui, se constituyeron en el primer referente local que quise imitar. Han transcurrido ya muchos años y el canal ha pasado por transformaciones, crisis de personalidad, maduraciones e incluso algo de esquizofrenia. He sido testigo de todas las facetas. Aunque llevo más de una década alejado de la ciudad, no he dejado de cumplir en cada retorno mi cita con Telemedellín. Una cita como televidente, porque ya sea para revivir la admiración que alguna vez sentí o para alimentar con frustración lo que veo en la pantalla, continúa siendo uno de los mejores termómetros para evaluar el estado de las relaciones entre la gente y sus administraciones. Nuestro canal local por excelencia se consolida como informante de excepción, voluntario o involuntario, pero siempre significativo. Esta es una razón suficiente para desearle una vida larga y saludable.


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crónica

El monje del

Padre Amaya Lejos de las luces de un estudio y de los personajes que salen en pantalla, habita el silencioso guardián de las antenas que reciben y transmiten la señal de televisión. por : J uan D iego M ejía

Hace

quince años tuve la oportunidad de conocer el cerro del Padre Amaya. Algunas universidades prestigiosas de Medellín querían crear un nuevo canal local de televisión que difundiera el pensamiento universitario y me encargaron la tarea de echarlo a andar. No solo debía definir sus contenidos sino hacer los arreglos necesarios para que funcionara técnicamente y la señal llegara a los televisores de todo el Valle del Aburrá. Era la época en que recientemente se había promulgado la Ley de Televisión que bendecía el nacimiento de canales con un alcance limitado a unos cuantos municipios conectados geográficamente. Telemedellín ya había iniciado operaciones y tenía una estación de transmisión en el cerro. Por esas cosas que caracterizan a esta región antioqueña, los dirigentes de Telemedellín le ofrecieron al nuevo canal, que apenas era una idea en el papel, hospedaje para el transmisor en su caseta de Padre Amaya. Era una propuesta generosa, pues en esta forma el canal universitario no tendría que hacer inversión en terreno, construcción y demás asuntos colaterales, sino pagar un alquiler por utilizar el espacio de Telemedellín. Recibí instrucciones de los rectores y me fui a conocer en persona las instalaciones en esas alturas míticas. Yo había visto las antenas desde mi casa en Medellín. Me gustaba pensar que allá lejos

era donde se concentraba todo lo que veíamos en la televisión. Era como si en ese lugar los actores de las películas y de las novelas hicieran fila para esperar la orden de entrar en escena. Lo que ocurría en ese cerro era un misterio. El viaje lo haría con el ingeniero del Canal Universitario, Óscar Raúl Ramírez y con su hijo Jean, un pichón de ingeniero que se destacaba en la UPB resolviendo ecuaciones diferenciales y opinando sobre el rumbo de la electrónica en el mundo moderno. Nos citamos a las cinco de la mañana en la esquina de Colpisos, en la avenida 80, ya en la salida hacia occidente. Allí nos recogería una camioneta 4x4 conducida por Jorge, un chofer sin miedo a las trochas ni a la acechanza de los delincuentes. Cuando me acomodé en el puesto del pasajero, vi cómo se sacó de la pretina del pantalón un arma. No me atrevo a decir si era una pistola o un revólver, a estas alturas de mi vida sigo sin distinguirlas, lo cierto es que me dijo, Permiso jefe, y la metió en la guantera, muy cerquita de mis rodillas. Jorge debió notar mi nerviosismo pues me dijo, a manera de tranquilizante, Yo fui sargento viceprimero, jefe, no se preocupe. Y funcionó. Desde ese momento no pensé más en las desgracias que traen marcadas las armas y me concentré en mirar el paisaje que ya empezaba a aclararse. Esto ocurrió a finales de los años noventa. Bin Laden no había tumbado las torres

El frío y el silencio marcaron la experiencia de Juan Diego Mejía en su visita a las antenas transmisoras.

gemelas, todavía no fracasaban las conversaciones en el Caguán y tampoco existía el Túnel de Occidente que hoy comunica a Medellín con San Jerónimo en pocos minutos. La carretera entonces estaba viva. Aún existían los negocios de frutas en la orilla, las legumbrerías que frecuentaban algunas familias de Medellín para apertrecharse para la semana y por ahí derecho darse un paseo familiar en la montaña fría. Jorge nos preguntó si queríamos aguapanela con almojábanas. Vi cómo se les hizo agua la boca a la dinastía de ingenieros. Paramos en el alto de Boquerón, dimos una corta caminada para estirar las piernas y acabar de despertar. Más adelante estaba la desviación hacia Padre Amaya. El mayor de los Ramírez sugirió que le lleváramos mecato al

transmisorista y que además compráramos carne y vitualla para un sancocho. Como el espíritu ya estaba alegre todos estuvimos de acuerdo en llevarle además de los ingredientes del almuerzo, una bolsa de almojábanas. La trocha hacia la cima tenía cráteres imposibles de superar por un carro que no tuviera las especificaciones de la camioneta de Jorge. Lo vi maniobrar con energía sin mostrar un solo gesto de preocupación. Cuando encontramos a los primeros soldados que salieron a seguirnos con la mirada, dijo: estos son los del batallón del cerro. Supe entonces que arriba había una base militar que cuidaba las torres de telecomunicaciones y proclamaba soberanía en ese territorio que además era una zona protegida con numerosas especies botánicas autóctonas. Jorge mantuvo el ritmo de la camioneta hasta que llegamos. Había pasado todos los controles saludando y sonriendo como si fuera un soldado más y tal vez por eso nadie le pidió que abriera la guantera y justificara la presencia del arma. La piel oscura de los soldados de ese campamento se les veía marchita por el frío. Hablaban costeño y se movían como en cámara lenta. Estamos a más de tres mil metros sobre el nivel del mar, dijo el Ramírez pequeño. Pensé que por eso evitaban caminar rápido y hacer esfuerzos grandes. Se les veía la nostalgia en todos sus gestos a pesar de que el paisaje sugería que allí se vivía en paz, lejos de los agites de la guerra. Era un terreno típico de tierra fría, con cedros negros, caunces, magnolios de monte, cedros de montaña y otras especies que ya han desaparecido de casi todo el país. Las torres de las antenas de comunicaciones parecían gigantes mitológicos. Y en un extremo de la meseta estaba la casa del transmisor que además era el hogar del transmisorista de Telemedellín. Cuando nos acercamos salió a encontrarnos. Era un muchacho que se reía apretando los labios como si no quisiera que le viéramos los dientes. Sin hablar recibió las

Y en un extremo de la meseta estaba la casa del transmisor y el hogar del transmisorista de Telemedellín. almojábanas y todo lo del sancocho. Apenas nos sonreía con los ojos y movía la cabeza en señal de aprobación. Venimos a ver la caseta pues tal vez compartamos el espacio, le dije. El transmisorista hablaba bajito y le entendí que había lugar suficiente para otro transmisor. Después de guiarnos por los metros escasos de la caseta se puso a pelar plátanos y papas. Nosotros salimos a

dar una vuelta por el páramo de las torres donde se percibían las diferencias del mercado de las comunicaciones. Inravisión en el centro. Teleantioquia por ahí, buscando su sombra. Los celulares merodeando como lobos. El viento silbaba. Jorge conversaba con unos soldados que acariciaban a un burrito peludo. Desde lejos los veíamos reírse agachados en cuclillas y fumar en un círculo. A esa hora ya empezaba a bajar la niebla y las siluetas parecían fantasmas. El frío golpeaba fuerte en la cara. Las manos se nos congelaban, casi no podíamos abrir la boca sin sentir hielo en las encías. Entonces volvimos a la caseta donde ya el transmisorista nos esperaba con unas tazas de café con aguapanela caliente. Vengan, caliéntense detrás del transmisor, nos dijo. Era el único lugar donde se podía estar


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crónica

T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 23

GERENTES

Éramos pura

imaginación

S elene B otero . G erente de T elemedellín julio de 1 9 9 8 · diciembre de 1 9 9 9

El Telemedellín de ese período Recuerdo el nacimiento de Telemedellín como una época maravillosa en la que nos inventábamos el alcance cultural y educativo que debía tener un canal de esta naturaleza. Buscábamos cómo diseñar una programación masiva con recursos del gobierno y que no fuera institucional. El logro de los primeros años es haber constituido un equipo humano que diseñó nuevas narrativas y encontró un camino para enamorar a una audiencia urbana que tampoco alcanzaba a entender muy bien el poder que tendría un canal local.

Una anécdota inolvidable sin temblar de frío. Afuera los huesos dolían. Entonces sentí que en ese momento éramos unos rehenes condenados a no separarnos de esas máquinas. Se me acababa de morir la fantasía que siempre había alimentado acerca del cerro de las antenas donde ocurría todo lo que veíamos en la televisión. Ya no era posible imaginar a los actores haciendo fila a la espera de su turno para entrar en escena. En cambio empecé a considerar la idea de que el transmisorista era un prófugo de la sociedad que había decidido esconderse en lo más alto de la cordillera. Ese día comimos con avidez. Cada cucharada nos pareció una bendición de ese

monje que se reía con los ojos y la recibimos como siervos que ansían la salvación. Jorge y los ingenieros repitieron. Yo me dediqué a conjeturar por qué este muchacho vivía en ese lugar, aislado de toda su familia, sin amigos, condenado a envejecer entre frailejones y soldados. Recordé uno de mis primeros cuentos en el que el protagonista lleva a su hermano retardado mental a una montaña donde había un monasterio en ruinas. Lo deja abandonado en ese territorio habitado por fantasmas de la Guerra de los Mil Días porque ambos sienten que es el único lugar en el que la sociedad no se burla de su limitación

mental. El protagonista regresa a la ciudad convencido de que cuando vuelva con comida para su hermano ya no lo va a encontrar con vida. Por fortuna esto último era ficción. Pero cuando nos despedimos y Jorge encaró el regreso con la misma tranquilidad de la subida, pensé que de alguna manera ese muchacho y mi personaje del cuento se parecían mucho. Después, cuando ya el nuevo canal universitario empezó a funcionar con el transmisor en la caseta de Telemedellín, estuve atento a cada comunicación de los ingenieros con el monje de Padre Amaya. Lo oía hablar a través del radio y pensaba, Todavía está vivo.

Todavía recuerdo cómo hicimos una transmisión en vivo en 1998, cuando no teníamos unidad móvil. Transmitimos el Desfile de Autos Clásicos y Antiguos con más imaginación que tecnología, y para lograrlo extendimos cables desde la sede del canal que quedaba en la avenida El Poblado hasta la calle. Cada vez que Telemedellín se ha arriesgado en sus formatos ha tenido épocas memorables con programas que han cumplido su función con la localidad.

El canal soñado Sueño a Telemedellín apoyado por el gobierno local y por la empresa privada, con la tranquilidad para explorar nuevos formatos y nuevas franjas de contenido multipantalla. Telemedellín debe continuar siendo un espacio para que el talento joven tenga en el canal un lugar para expresarse.

Telemedellín tuvo el reto de ofrecer una programación que, enmarcada en la educación y la cultura, fuera atractiva y cautivara la nueva audiencia.


TELEMEDELLÍN · 15 AÑOS

Una ventana a lo cotidiano


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EL CANAL

Carlos Duque es un ingeniero que todo el tiempo está hablando de sus hallazgos. Parece un buscador de tesoros que bucea por mares lejanos y cuando sale a la superficie quiere contar a los cuatro vientos lo que vieron sus ojos en las profundidades. Jaime Saldarriaga es su socio de aventuras tecnológicas desde 1997. Ellos se entienden en su propio lenguaje. Ambos saben que esa pasión es lo que le ha dado a Telemedellín la certeza de su plataforma sobre la cual ha evolucionado hasta ser lo que es hoy, el canal público local de mayor proyección en Colombia. Ahora Carlos sigue al frente de las decisiones técnicas y Jaime dirige la producción del canal. Junto a ellos recorrimos la historia del desarrollo tecnológico del canal.

Las decisiones en materia de tecnología y adquisición de equipos siempre se han tomado de forma racional, pensando en calidad, durabilidad y costos futuros.

empezar a producir

Más que dinero,

¡audacia! Las grandes inversiones que hacen los canales de televisión en el mundo llevan a pensar que es imposible competir en el universo de la pantalla si no se cuenta con un gran capital.

Casos

como el de Telemedellín plantean una nueva realidad para el mercado de la televisión. Con recursos limitados, pero con una enorme creatividad la ciudad pudo tener acceso a la tecnología más avanzada de la época y ofrecerle a los televidentes la mejor calidad que se puede garantizar en el planeta. ¿Cómo lo hicieron? ¿Quiénes fueron los orfebres que construyeron esta joya? Detrás de las imágenes que aparecen en la pantalla, hay una historia de pioneros que vale la pena conocer. A los ingenieros no los asustó el poder de la industria de la electrónica. En aquella primera sede donde se planeó el viaje al futuro de los medellinenses a bordo de su nuevo canal, cuando todo era tan nuevo que parecía un sueño, los ingenieros empezaron a explorar catálogos, a hacer diagramas y cálculos que la gerente debía aprobar después de consultar con los encargados de las finanzas. Y finalmente armaron la estructura, definieron el tipo de tecnología y trazaron el rumbo que tomaría esta empresa que es de toda la ciudad.

En el año de la fundación, 1997, la tecnología de video por componentes era la más popularizada y se empezaban a ver los primeros avances de video digital pero con unos costos supremamente altos. En ese entonces el canal contaba con un máster de emisión y el sistema era Betacam SP. Se hacía edición lineal y había solo un equipo de edición no lineal (Turbo Cube). Para hacer cosas que ahora son normales antes se necesitaba casi que un milagro. Los accidentes eran frecuentes. El más común era que una cinta con información valiosa se enredara. Las decisiones en materia de tecnología y adquisición de equipos siempre se tomaron de forma racional, pensando en calidad, durabilidad y costos futuros. Prueba de esto es que las cámaras de antes todavía están vivas, solo que frente a las nuevas opciones aquellas son más ciegas y poco portables.

un mundo que no da espera Con los años el canal vivió varias evoluciones tecnológicas. De la producción en Betacam SP con la que inició, continuó con DVCAM y en los últimos años adoptó el P2 y el XDCAM. El canal comenzó con video por componentes, pasó en 2005 a digitalizar todas sus señales con video SDI. En la actualidad se están cambiando a HD-SDI y 3G. Respecto a las cámaras, en 1997 el canal contaba con tres de reportería y tres de estudio, hoy tiene catorce y trece respectivamente.

en todo Medellín Como la señal se emitía por el canal 31 —frecuencia UHF— y en ese entonces la mayoría de usuarios solo tenían televisores con señal VHF —del 1 al 13—, Telemedellín le ofrecía a la gente las famosas antenitas redondas que ayudaban a sintonizaran la señal por aire. Incluso se realizaban brigadas para instalarlas una a una y ver que sí funcionaran adecuadamente.

Carlos Duque, director técnico, y Jaime Saldarriaga, director de Producción; 15 años en la orientación del desarrollo tecnológico del canal.


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EL CANAL

llegamos al satélite A comienzos del año 2008 se decidió que uno de los proyectos estratégicos sería llevar la señal del canal al satélite. A finales de ese año se alcanzó esta meta. En la implementación se usaron tecnologías de punta y Telemedellín fue el primer canal en Colombia en tener un uplink satelital en MPEG4/DVB-S2 que le permitió tener grandes ahorros en el costo del segmento satelital. El satélite le dio presencia al canal en el mundo e hizo de este una opción para más televidentes.

televisión con calidad HD En 2009, debido al aumento en las producciones del canal y teniendo en cuenta que en el año 2010 se realizarían los Juegos Suramericanos en la ciudad de Medellín, se decidió adquirir una unidad móvil de última tecnología. Luego de varios análisis y de evaluar el estado de la industria en la feria NAB del 2009 se decidió que la unidad móvil fuera 100% en alta definición. De esta forma, a finales de ese año, Telemedellín contaba con la unidad móvil más moderna de la ciudad y la primera en alta definición.

Siguen los retos Así como el canal fue pionero e innovador en la adquisición de nuevas tecnologías y propuestas de difusión como la unidad móvil HD, la señal en Mpeg4/DVB-S2, su estrategia Web 2.0, entre otros, ahora debe avanzar

en tener una señal en alta definición. También se espera la regulación por parte de la Autoridad Nacional de Televisión, ANTV, para la implementación de la televisión digital terrestre (TDT). La idea es que el canal siga creando contenidos que muestran la ciudad ante el mundo, y que pueden verse a cualquier hora y desde cualquier lugar.

tecno-ecológicA Ahora que el canal planea tener una nueva sede, piensa incorporar en su diseño, no solo los conceptos de vanguardia en tecnología, sino también lograr que esta se encuentre y relacione con el medio ambiente y su protección. De esa manera, los principales aspectos a tener en cuenta en su diseño son: • Una edificación amigable con el medio ambiente. Por eso se están haciendo todos los esfuerzos de tener certificación LEED. • Dos estudios de muy buen tamaño. • Áreas suficientes para albergar toda la capacidad operativa con que cuenta el canal actualmente. • Que sea un referente urbano enmarcado en un gran parque público. • Contar con lo último en tecnología, tanto en equipamiento de televisión, como en toda su infraestructura tecnológica y de seguridad. • Proveerla de un número importante de parqueaderos y áreas de bodegaje.

Unidad móvil HD Llegó a Telemedellín en 2009 y ha acompañado grandes transmisiones del canal, entre las que se cuentan: • Inauguración de los ix Juegos Suramericanos Medellín 2010 (transmisión a 18 cámaras). • Clausura de los ix Juegos Suramericanos Medellín 2010 (transmisión a 12 cámaras). • Desfile de Silleteros 2010, 2011 y 2012 (transmisión a 8 cámaras). • Clausura Cumbre de las Américas. • Partidos del Fútbol Profesional Colombiano.

Datos técnicos: • Camión: Chevrolet NPR Plus, con un largo de furgón de: 5.2 m. • Diseño y construcción: Seel • Número de entradas: 24 • Cámaras cableadas: 10 • Paneles externos: 3 (energía, video y audio) • Equipada con: switcher, cámaras, generador de caracteres, replay, equipo de monitoreo, intercom, videograbadoras, sonido, trípodes, sistema de conversores, entre otros equipos.


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GERENTES

El canal estuvo

a punto de desaparecer C arlos M ario G iraldo . G erente de T elemedellín diciembre de 1 9 9 9 · diciembre de 2 0 0 0

El Telemedellín de fin de milenio Emitíamos ocho horas diarias y la legislación no nos permitía comercializar. Tampoco teníamos acceso a los recursos del Fondo para el Desarrollo de la Televisión que manejaba la Comisión Nacional de Televisión. La Alcaldía, en algún momento, se cansó de trasladarle recursos y más recursos y más recursos, los cuales, por las propias necesidades logísticas, operativas, administrativas y laborales, llegaban y se iban, sin dejar liquidez para los días siguientes.

A las puertas de la liquidación Se dio la orden, por acta de la junta directiva, de “buscar” la liquidación del canal. Entonces configuramos un nuevo esquema que se quitó costos de encima y nos fuimos para la Alcaldía, donde nos habilitaron el segundo piso. Después de ese ajuste, el canal se reacomodó: pasamos de ocho horas diarias de emisión a veinticuatro horas ininterrumpidas. Hicimos negocios con otros canales internacionales y eso nos permitió mejorar las finanzas.

el futuro Sobre el modelo de canal que deseo para Telemedellín, pienso en un canal lleno de creatividad, como lo soñaba y tenía Ángela Suárez, moderno, ágil y como ha dicho su eslogan durante mucho tiempo, cercano a la gente.

Una M que recorre las calles. Que da cuenta del espíritu de un canal que ve en la ciudad un escenario y en sus ciudadanos los protagonistas.


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crónica

El precio de la

fama

Responder a todo tipo de preguntas y ser invitado al programa infantil, es un precio que vale la pena asumir para multiplicar un evento como la Fiesta del Libro y la Cultura. por G uillermo C ardona M arín

Dicho

Más que los grandes eventos de ciudad, nuestros protagonistas son las personas que los hacen posibles desde la planeación hasta el disfrute.

con toda franqueza yo no sé de rating, de sintonía, de cómo se puede saber cuántas personas están viendo un programa (a lo mejor el aparato está solo en la alcoba), o cómo diablos se mide la efectividad de la publicidad en la televisión. Pero sí puedo hablar de mi estacional y efímero paso por las cámaras de Telemedellín, cada vez que se avecina o se realiza la Fiesta del Libro y la Cultura de nuestra ciudad, un certamen que para mí es un honor dirigir y que Telemedellín acompaña desde su primera edición en el año 2007. Pero no voy a hablar de la Fiesta ni del Plan Municipal de Lectura. Voy a hablar de Telemedellín y de los encuentros y desencuentros que producen mis quince minutos anuales de fama fugaz ante las cámaras de nuestro canal local y, sobre todo, del precio de esa fama. Los expertos lo llaman free press, un indicador que convierte automáticamente en pauta las noticias sobre un evento o una persona, y según el cual cada participación en un programa de tv, cada reseña en la prensa escrita, cada entrevista en la radio, puede valorarse en términos comerciales según su extensión o duración. Es el plus de las comunicaciones. En otras palabras, si la valoración de mis apariciones en Telemedellín fueran en plata blanca, la Fiesta del Libro sencillamente no tendría con qué pagar. Ahora bien, con la autoridad que me confiere el ser antifotogénico, declaro sin el menor ánimo de figurar que a mí no me gusta salir en televisión, ni que me tomen fotos. Y estoy absolutamente convencido de que soy más pispo en persona. Pero como los deberes pesan más que nuestras contradictorias vanidades, pues me toca ir a programas, responder entrevistas, pasar por estaciones de maquillaje y cableado de microfonía inalámbrica, interrumpir reuniones, almuerzos e idas al baño, para atender a mis cronometrados colegas de la tele. Lo digo sin el menor ánimo de ofender. Es sabido que en televisión el tiempo no da espera. Antes agradezco que productores, periodistas y realizadores de Telemedellín, con todos los eventos y chicharrones que tienen que cubrir, nos den vitrina a los soñadores que pregonamos el amor por los libros y la lectura.

El free press de mis salidas por Telemedellín, que se multiplican durante la Fiesta, transforma por unos días mi vida cotidiana: los porteros del edificio donde vivo me saludan distinto y me entregan cumplidamente la correspondencia, como si de pronto les pareciera que estoy ganando más plata; y las vecinas me saludan de beso y aprovechan que bajan para llevarse en el ascensor el carrito del mercado que acabo de desocupar. Obviamente hay quienes me entregan hojas de vida o que abiertamente me piden un puesto, y uno que otro aprovecha la ocasión de tenerme a mano para despacharse contra mí como director, contra la Fiesta, la Alcaldía, el neoliberalismo, el mal gobierno y el universo mundo. Y no faltan los despistados que me felicitan efusivamente y cuando les pregunto por qué, responden sin titubear: pues porque lo vi en Telemedellín. Ahora bien, la peor experiencia la viví con un taxista que me reconoció por una nota del noticiero y que me agradeció durante toda la carrera entre la Casa Museo Pedro Nel Gómez y La Alpujarra mi labor como director de la Fiesta, y que era en verdad reconfortante saber que hubiese quienes invitaran a leer a las nuevas generaciones; una vez me bajé, le pagué y le dejé propina y un cuentico amarillo, cuando ya estaba acelerando para continuar con su trabajo, el taxista sacó la cabeza por la ventanilla y me gritó, antes de partir raudo, sin darme ocasión de replicar nada: —¡Y ¿sabe qué?! ¡Gracias a usted volví a leer a Paulo Cohelo!

la señora que vende aguacates en la esquina de El Palo con Maracaibo me rebajó mil pesos porque me vio en Capicúa. No me quejo. Por algo se empieza. Yo alguna vez leí a Richard Bach y no creo que eso me haya hecho mucho daño. Además, son más los que se acuerdan de la Fiesta, de los buenos libros y las buenas lecturas, de las actividades y los autores invitados. Son pero muchos miles más los que gracias a mi anual cantinela por los programas de Telemedellín, acudieron este año con sus familias al Par-

que Explora y al Jardín Botánico, los que compraron un libro, asistieron a una charla o se gozaron un concierto. Y con algunos pocos de ellos he tenido ocasión de toparme en mis correrías. Y en verdad es gratificante. Es decir, si bien la fama tiene su precio (que nunca tendremos cómo pagar), también tiene sus compensaciones. Así que para finalizar esta gacetilla en homenaje a los quince años de Telemedellín, y con el mismo rigor que cité los costos de la fama, quisiera mencionar también algunos de sus muchos otros beneficios, como la vez que la señora que vende aguacates en la esquina de El Palo con Maracaibo me rebajó mil pesos porque me vio en Capicúa; o el caso del señor de la tienda de la esquina, que apenas levantaba las cejas cuando llegaba por leche o cigarrillos, y que luego de una Entrevista de la calle, poco le falta para abrazarme cada vez que me ve entrar, y con una sonrisa de oreja a oreja ya tiene por costumbre decirme que cuando quiera, él con mucho gusto me fía. No lo he necesitado aún, pero el día que me toque, allá acudiré. Gracias hombre Luis Alirio.


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CARTA

15 años con vos

A unos pasos de la P or A na M aría M arín P ulgarín

Al Telemedellín quinceañero llegan mensajes de felicitación, como esta carta, escrita con la visión crítica que aporta la distancia de los años y con el cariño que produce haber hecho parte de este Canal como Directora de Programación en los períodos 1997 - 2000 y 2008 - 2009.

madurez Has

cumplido la promesa de subir a las lomas adonde otros medios solo llegan para registrar la muerte, con el ánimo de darles voz a tantas personas que con su arte, su oficio, su talento y solidaridad celebran la vida en convivencia pacífica. Insistes en la tarea de romper los muros imaginarios de una ciudad donde Norte y Sur se han mirado con recelo, donde oriente y occidente se han temido, pues al mostrarlos a todos en una misma pantalla conviertes los puntos cardinales en ejes de encuentro entre los ciudadanos. Te metes entre el gentío, escuchas lo que hablan las comadres; oyes lo que dicen en sus bancas los jubilados; prestas oído al clamor de los que protestan, a las demandas de los que trabajan, al testimonio de los dirigentes, al murmullo ciudadano. Con lo que oyes armas tu libreto para convertir las palabras de todos en una agenda común. Les ofreces participación, entretenimiento y conocimiento a los niños y adolescentes, grupos ignorados por los grandes canales porque no tienen capacidad de compra, porque el bolsillo no les da para consumir, porque no dan rating. Has tenido habilidad de encantador para mezclar en un mismo brebaje la dosis de seriedad, la pizca de desparpajo, la porción de rigor, el tris de picardía que se necesitan para atraer a personas que se sienten tan distintas entre sí, pero que resultan tan pa-

recidas al pasar por el colador de los valores sus costumbres y sus sueños. Por todo esto te felicito Telemedellín. Hiciste realidad el sueño de unos quijotes que te pensaron en el papel, plasmaron sus ideales de televisión pública en una programación, te sacaron al aire cuando no existía aún la televisión local en Colombia y te empujaron a andar cuando pocos daban un peso por tu trayectoria. Tu señal se inauguró con la transmisión del Desfile de Mitos y Leyendas, y no faltó quien con ironía te señalara como una quimera más del show. A todos les has demostrado que naciste para ser imprescindible porque tu mirada es distinta; y en lugar de competir, complementa. Mientras más oportunidades de elección tiene un televidente, más terreno gana la controversia, el debate, el diálogo. Lo que nutre la opinión pública es la pluralidad. Cuando irrumpiste en el espectro, nacieron casi paralelamente los canales privados de televisión y muchos pensaron que no tendrías el más mínimo impacto ante el derroche de tecnología y recursos del poder económico. Sin embargo, te hiciste a un lugar en los hábitos de muchas familias con una promesa sencilla: ser una alternativa. A quien no le interesan las noticias centralistas sobre la capital colombiana, te sintoniza para conocer lo que pasa en las calles de su propia ciudad; quien no sucumbe a la evasión de un dramatizado, busca tus do-

Te felicito por mostrar que somos

1997

1998

1999

2000

2001

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algo más que un carriel, que la tradición no solo la tejen los abuelos sino también los jóvenes cumentales o tus espacios de opinión sobre los temas que afectan su vida cotidiana. Y lo más importante, quien quiere expresarse encuentra en tus programas múltiples posibilidades de participación en vivo, oportunidad que no le ofrece ningún gran canal nacional. Te felicito por haber mostrado que la idiosincrasia es algo más que un carriel o una cabalgata, que la tradición no solo la tejen los abuelos sino también los jóvenes y que nuestra identidad no es una foto añeja estampada para siempre en la memoria colectiva sino una sucesión de imágenes plasmadas de generación en generación. Llegaste en el tren de la modernidad y sigues montado en el primer vagón. Como canal quinceañero mereces todas las celebraciones porque te has hecho querer. Solo te falta crecer un poco más para que al cumplir los dieciocho años y alcanzar la adultez puedas ostentar la cualidad más respetada, valorada y apreciada de la madurez que es: La Independencia. ¡Feliz cumpleaños!


TELEMEDELLÍN · 15 AÑOS

La vida nos importa


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crónica

Las manitos P or L uis M iguel R ivas

Entre los recuerdos de cómo era la televisión, aparece en la memoria del autor el día que Barney visitó Telemedellín.

moradas En

un tiempo muy lejano que transcurrió hace poco (quince años no son nada pero están muy lejos), al control remoto del televisor de mi casa le sobraban casi todos los números. En el barrio en el que crecí las antenas parabólicas tenían todavía algo de privilegio. Yo me demoraba seis segundos haciendo el zapping que era posible: el Canal A, donde un león (de los que nunca se han visto en las selvas colombianas) cruzaba la pantalla sobre un fondo plano y terminaba metido en un triste y soso triángulo isósceles; el Canal Uno, que era representado (muy imaginativamente) por un número “uno” metido en un círculo; y Teleantioquia, en cuyo logo resaltaba (obviamente), una letra “T”; esas eran mis tres ventanas al mundo, mis puntos de contacto con la “realidad”. De ellos, solo el canal regional mostraba cosas cercanas a la vida que yo veía todos los días, gente que hablaba como yo, lugares que hacían parte de mi historia personal; aunque todo organizado con la precaria narrativa del bajo presupuesto y la comodidad mental: planos medios de entrevistados pintados con eventuales imágenes de apoyo puestas de acuerdo con la metodología vaca-vaca (el narrador decía vaca y en la imagen aparecía una vaca) y el contrapunteo de un locutor que tenía la misma voz que se escuchaba en las emisoras de radio. Eso recuerdo. Por esa época me desplazaba muy a menudo entre Envigado y “el centro” por la avenida El Poblado y empecé a ver una valla grande que decía: “Telemedellín”. Luego me enteré de que muchas de las personas más talentosa y con ideas frescas del mundo audiovisual de la ciudad habían sido reclutadas para cranear y ejecutar el proyecto de un nuevo canal. Era oficial y creativo y los responsables tenían toda la intención de que los dos términos no fueran contradictorios. Cuando lo vi al aire pensé que alguien se estaba atreviendo a hacer algo oxigenante, distinto y propio. De eso me acuerdo: de un criterio diferente y de un atrevimiento. Años más tarde terminé trabajando allí. En ese tiempo el canal era muy distinto al de los inicios y funcionaba en otra sede. Pero el proyecto al que llegué tenía mucho de atrevido: una serie argumental de varios capítulos, con niños actores y con una historia de ciencia ficción. El programa se llamaba ¿Qué tal Pascual? y su personaje principal era un extraterrestre que venía a la tierra y se hacía amigo de unos niños con los que aprendía sobre los seres hu-

manos. Mi amigo David Ramírez y yo realizábamos VTR de tres minutos en los que la voz en off de una inteligencia superior le explicaba al extraterrestre las leyes físicas, las costumbres humanas y otros aspectos de la vida en la tierra. Una tarde, en una época de aguda tensión laboral, llegué descompuesto al canal por la pérdida de unos casetes fundamentales para los VTR que debíamos entregar al día siguiente… y por los estragos de una víspera desbarrancada que me había dejado el sistema muy nervioso y muy central. Trabajé unas dos horas en la sala de edición y salí hacia la cafetería en busca de un agua aromática y un poco de aire para la mente. El pasillo, generalmente atareado con el hormigueo de los empleados, estaba desierto. En la recepción, siempre en movimiento, no había un alma. Embrollado en el marasmo de mis nervios alborotados no me percaté de la extraña soledad del recinto; entré en la cafetería absorto en los enredos internos y me acerqué a la greca. Cuando levanté el rostro me quedé perplejo: frente a mí había un enano vestido de príncipe que fumaba cigarrillo con gesto aburrido mientras miraba hacia el vacío. Cerré y abrí los ojos. Volví a mirar y no solo no dejé de ver al enano sino que a su lado encontré a una princesa vestida de tul, tan alta y rechoncha como el príncipe, que vociferaba algo ininteligible. Serví la aromática, tomé un sorbo y miré en derredor con espanto: el local estaba lleno de enanos, casi todos malacarosos, sentados en sillas Rimax y balanceando sus pies en el aire. Recuerdo a un Robin Hood, a una bailarina, a un espadachín, a una reina, a un bufón y a varios pajes, todos visiblemente aburridos o disgustados. A ninguno pareció importarle mi presencia. Diría que más bien les repugnaba. En vez de ofenderme por la arrogante displicencia pensé: “debo dejar de beber”. Salí raudo sin saber si dirigirme a la sala de edición o a la EPS y en el camino encontré a mi compañero David, que venía tranquilo, indolen-

Junto a sus amigos, Barney, el dinosaurio morado, fue la sensación de una tarde, no solo para los niños, sino para todos los empleados del canal.

te. Mientras dudaba si contarle lo que creía haber visto, escuchamos varias voces infantiles que gritaban desde las afueras del canal: —¡Ahí viene! ¡Ahí viene! David vio la radical palidez de mi rostro y se apresuró a explicarme todo: Barney estaba en la sede. Su circo estaba visitando la ciudad y había sido invitado para grabar un programa de Telemedellín. Pero el dinosaurio era tan grande y tan pesado que fue imposible subirlo al área de las oficinas, donde quedaba el estudio. Conocida la verdad y vuelta el alma al cuerpo concentré mis precarias energías nerviosas en preocuparme por los casetes perdidos. Salimos prestos hacia el sótano del canal, donde quedaba la oficina de ¿Qué tal Pascual? A pesar de los inconvenientes yo estaba feliz de poder estar asustado por un problema real. Pero al llegar al sótano encontramos la amplia puerta metálica cerrada. No se podía pasar porque allí estaban vistiendo a Barney. Una turbamulta de niños, niñas, padres, madres, tíos y tías, se apiñaba al lado de la puerta en una atmósfera de expectante agitación. Mientras aguardábamos, un asistente de cámara nos explicó que los enanos de la cafetería conformaban el séquito del dinosaurio; que estaban malacarosos porque tenían problemas laborales con


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crónica

su jefe (al parecer el dinosaurio no les estaba pagando un salario justo y a tiempo) y que estaban aburridos porque llevaban mucho rato esperando a que acabaran de vestirlo. O más bien de armarlo, porque el vestido de Barney tenía un sistema de ventilación súper sofisticado y constaba de tres compartimentos, uno sobre el otro, en cada uno de los cuales se metía un enano (distintos a los de la cafetería). Suplicamos al vigilante hasta que nos dejó pasar a la oficina. Luego de rebujar con desespero comprobamos con angustia que los casetes no estaban. Salimos de nuevo y al cruzar el garaje nos encontramos con el batallón de niños ansiosos que se decepcionaron con la triste aparición de dos simples y estresados realizadores de televisión. Subimos las escaleras exteriores para entrar al edificio y nos dirigimos apresurados hacia la sala de edición. Pero el editor ya no estaba. También había salido a esperar a Barney. Todo el canal se había paralizado. No tuvimos otra opción que unirnos a los devotos. Bajé sin mucho entusiasmo porque siempre he intuido algo de malicioso en la gigantesca e inmutable sonrisa del dinosaurio y algo de maquinador en los movimientos de sus diminutas manos moradas. Luego de un largo rato Barney, por fin, apareció. Los niños gritaban y se ahogaban de júbilo y algunos se alcanzaron a intimidar con la imponente presencia del mamotrético monstruo en persona. Pero como nada es perfecto en el reino de la prehistoria, un asunto decepcionante rompió la magia del momento: por disposiciones del mánager, el dinosaurio no estaba autorizado para dejarse tomar fotos con la gente en ese momento. Solo el amor y la recursividad de los fans permitieron salvar el obstáculo. Un camarógrafo, que llevaba a su hijo en hombros como si fuera su instrumento de trabajo, se acercó a nosotros y le entregó una camarita digital a David. —Yo me le arrimo disimulado, pongo el niño al lado de Barney y vos tomás la foto de una —le dijo en voz baja. Dicho y hecho: el camarógrafo, como si la cosa no fuera con él, pasó por el lado de Barney levantando a su hijo por las axilas y cuando estaba a la altura de la barriga del dinosaurio estiró las manos y separó el cuerpo durante una fracción de segundo. David, siempre eficaz, disparó en el momento preciso. Hoy, en algún lugar de esa casa debe haber una fotografía enmarcada en la que aparece Barney indiferente al lado de un niño con cara de pánico sostenido en vilo por dos manos peludas cuyo

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GERENTES

Cuando gerenciar

era abrir caminos

L uis F ernando C alder ó n . G erente de T elemedellín febrero · junio de 2 0 0 1

Un académico al frente En la gerencia de Ángela Suárez fui invitado a hacer parte del comité de programación junto con Beatriz Restrepo y otros integrantes, y allí conocí de cerca el canal. Cuando llegué a la gerencia en 2001, el canal pasaba un momento particularmente difícil. Desde entonces estaba en la búsqueda de una sede propia. Además, la asociación se había debilitado por el retiro de EPM, uno de los socios.

Al finalizar la tarde la gente

Abrir caminos

del día, y todo volvió a la

En medio de todo, “gerenciar” se constituía, entonces, en tratar de guiar al canal, posicionarlo y abrir nuevos caminos, buscar su permanencia. La financiación, las relaciones con los socios, la búsqueda de convenios con otros entes descentralizados, el tema de la cobertura y el llamado rating durante mi gestión, se convirtieron en asuntos para empujar y para darle fortaleza al canal.

normalidad.

El futuro del Canal

se dispersó feliz de haber visto al ídolo de su vida y al héroe

origen se pierde en el borde de la foto. Varios padres hicieron lo mismo. Luego se llevó a cabo la grabación del programa. Al finalizar la tarde la gente se dispersó feliz de haber visto al ídolo de su vida y al héroe del día, y todo volvió a la normalidad. Nunca supe como fue la desvestida de Barney porque a esas alturas David y yo estábamos en la sala de edición inventándonos los VTR con un material que no teníamos. Cuando salí a respirar un poco ya había oscurecido y todo estaba desierto. Barney y sus enanos se habían ido quién sabe a dónde y quién sabe si resolvieron el problema laboral. Al día siguiente David y yo fuimos al lugar donde vistieron al dinosaurio y en medio de varios pedazos de tela encontramos los dos casetes desaparecidos. Sobre la superficie de una de las cajas me pareció ver unas huellas moradas. Ni David ni yo dijimos nunca nada sobre el asunto. Pero yo, aún hoy, conservo mis sospechas.

Está dado por los mismos desafíos que enfrenta la televisión en el mundo, entre ellos la televisión digital. Es preciso “enganchar” al espectador mediante la interactividad, competir con la Internet; renovarse; abrir nuevos mercados; producir nuevos contenidos y lenguajes; crear formatos y modelos de producción que involucren a los jóvenes realizadores; abrir los cauces para que lleguen ofertas privadas diversas, sin perder de vista la razón de ser de un canal estatal.

La idea de una televisión que llega hasta donde están las historias y sus protagonistas, ha sido un sello de Telemedellín desde sus inicios.


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T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 43

entrevista

Telemedellín es clave en la construcción de la

nueva Nación

“La constitución del 91 es la que [...] plantea que la nación es una sumatoria de identidades. Y en ese proceso estamos”. Juan Luis Mejía A.

Juan Luis Mejía es un nombre fundamental en la cultura colombiana, aunque después de leer esta entrevista debamos decir “culturas colombianas”, en plural.

Durante

una conversación con el ahora rector de la universidad EAFIT abordamos el tema de la construcción de nuestra nación y cómo ha cambiado la idea de que somos un todo homogéneo, con los mismos intereses, con la misma cosmogonía, sin detenernos a pensar en nuestras diferencias. En este proceso de autorreconocimiento, Telemedellín juega un papel protagónico, pues se convierte en el espejo en el cual nos vemos como sociedad en formación. M: ¿Cómo se entiende el concepto de Identidad en el siglo xxi? Desde los años 70 y 80 empieza a vislumbrarse en el país la crisis del Estado-Nación. Es la culminación del gran relato de nación. Habíamos pensado que Estado y Nación y Nación y Cultura eran un todo homogéneo. Y habíamos construido una idea de nación pensando que era homogénea, blanca, cristiana, que hablaba español. Y esa idea empieza a hacer agua en los años 70 y 80. Las ciencias sociales nos dicen: ojo, ese supuesto sobre el cual está construido este país es falso. M: ¿En qué contexto se empieza a dar ese cambio? Fue en los años 83, 84, después de la Conferencia de México del 82, cuando las políticas culturales estaban concentradas en dos grandes temas: uno era la “identidad nacional”, el otro era lo que ya se llamaba la “dimensión cultural del desarrollo”, es decir, cómo la cultura debía aportar al desarrollo. M: ¿Y qué pasó? Salimos a buscar esa identidad y encontramos que no existía. Ya las ciencias sociales nos habían dicho que ese relato de nación no existía y que ahora lo que había que hacer era relatos de regiones, o de sectores sociales, de los que quedaron excluidos de ese relato de nación: los indígenas, los negros, los movimientos sociales. M: ¿Todo se quedó en pensamiento? Lo interesante es que esto desemboca en la Constitución del 91. En su artículo séptimo reconoce la diversidad étnica y cultural de la nación colombiana. Es decir, reconoce la crisis del Estado-Nación y plantea que la nación es una sumatoria de identidades. Y en ese proceso estamos. Ahora tengo una especie de espinita que me quedó desde cuando era ministro de Cultura, pues creo que a esa cartera debimos nombrarla Ministerio de las Culturas Colombianas. Porque si estábamos en lo plural, en lo diverso, en lo múltiple, pues entonces debimos

haber sido acordes con eso, porque no es una cultura sino muchas culturas. M: En esa época adelantaron desde el Ministerio un programa llamado Diálogos de Nación. Sí. Consistía en poner a dialogar esa diversidad. Y esa es la misión de un ministerio de cultura, porque si no lo hace, se generan nichos, estancos, y terminamos como España. M: ¿Y qué se puede esperar de un diálogo en el que participen los excluidos? Cuando uno se reconoce diverso, el primer papel de un ente político es poner a dialogar esa diversidad. Entonces dentro de todo ese gran relato entran los canales locales. Son la gran apuesta que rompe ese gran relato de nación. Es empezar a narrar la nación desde lo regional y luego desde lo local. M: ¿Concretamente qué papel juegan los canales locales en todo esto? El papel de los canales locales y comunitarios es muy especial, porque sin ellos es imposible la construcción de esta nueva nación. Hay un verbo que me encanta: “reconocer”, que es, además, un palíndromo, una de esas palabras que se leen lo mismo al derecho y al revés. Y ese proceso de reconocer es lo que hacen los medios locales. Yo me reconozco en ellos. Son el espejo donde nos vemos. Y ahí empieza a jugar un papel fundamental Telemedellín. M: ¿El papel entonces es mostrar lo que somos? Hay una cosa que es muy importante en esto de la identidad. La identidad nunca es una foto. Puede ser una foto al pasado, pero no en el presente ni en el futuro. Felipe Herrera decía, “No somos, vamos siendo”. Solo

Hay un verbo que me ENCANTA: “RECONOCER”, QUE ES, ADEMÁS, UN PALÍNDROMO, una de esas palabras que se leen lo mismo al derecho y al revés. procesos de autorreconocimiento nos permiten reconocernos en ese “vamos siendo”, en ese “ir construyendo”. M: ¿Y qué papel juega el Estado? Estos procesos no pueden ser conducidos porque sería una cultura dirigida por el Estado. Este debe ser el que propicie las condiciones a través de un medio como Telemedellín en donde todas las voces puedan participar, en donde todos nos podamos ver, porque si no es así, entonces se da el “dirigismo estatal”, que es tan peligroso como la censura. M: ¿Cómo se puede dar en el país ese diálogo de particularidades? Yo me pregunto qué sería de la ciudad sin Telemedellín. Estamos conectados con las elecciones en Estados Unidos, con el congreso del Partido Comunista de China, pero no conocemos lo que pasa en la Comuna Ocho. Entonces saber que tenemos a Telemedellín es un valor inmenso. Pero queda un reto, que ya no depende de nosotros sino que son decisiones del Ministerio de Comunicaciones o del de Cultura, y es lograr que lo nuestro se vea en otras partes y nosotros veamos las particularidades del resto de la Nación. Ahí vamos siendo.


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testimonio

Aquí te ves La única realizadora que lleva quince años en el Canal, cambia el video por la palabra escrita para compartir lo que ha aprendido y sentido al contar la ciudad. por dora patiño

Una

frase que resume, un gesto que condensa. Eso es el Aquí te ves, el eslogan que se acompaña de un gesto simple y que, indefectiblemente, termina en sonrisa. Un lema que nació en 2008 y que se ha convertido en el saludo de la gente del común para recordar a Telemedellín. Un eslogan relativamente nuevo, pero que resume la política del canal desde siempre, desde que se soñaba en un escritorio solitario de la primera casa de Telemedellín en El Poblado. La esencia de esta filosofía se vio por primera vez en las pantallas el 7 de diciembre de 1997 con la transmisión del Desfile de Mitos y Leyendas. Telemedellín nació como un buen augurio al rodearse de la gente en una noche de algarabía, al son de las comparsas y al lado de la Madremonte y del Sombrerón. Y con una “M” como símbolo el canal se dedicó a recorrer, a vivir la ciudad. El pacto era llevar siempre una cámara y un periodista ávido de historias simples a lugares donde nunca antes había estado un medio de comunicación. Un compromiso de ser el espejo de Medellín, un reflejo que no siempre es bonito o dulce, pero que es nuestro. En los inicios, Operación ciudad fue un hito y, con el perdón de sus conductores, lo más importante no fue que al frente de la conversación estuvieran personajes de la talla de Alonso Salazar, Sergio Fajardo, Ana Cristina Navarro o el mismísimo Javier Darío Restrepo. Lo trascendental fue que se llegó a los barrios con la unidad móvil. Un carro lleno de equipos de televisión y de personas cargadas de cables, de cámaras, de luces cegadoras y de micrófonos abiertos para esas pequeñas historias, que una vez trasmitidas por televisión adquirieron magnificencia para sus protagonistas y la visibilización para el resto de la ciudad. Y con esas salidas Telemedellín se tomó las calles como escenario. Y es que

¿acaso puede existir un mejor fondo que el de la ciudad que lleva en su nombre? Todo lo anterior no implica pretensiones. Nunca ha pretendido ser el más grande, ni el más visto. Solo ha tenido un sueño: ser el más cercano, el que sepa a nuestro. Así, como la comida de la casa o la esquina del barrio que nos da la tranquilidad de estar en un lugar seguro. Como ese acento que es solo nuestro y ese “vos” que sabe a nosotros. Tres letras que nos recuerdan que somos de acá, que es más sencillo que un “tú” y más cercano que un “usted”. Con el vos en la boca y la M en el pecho Andrea, Silvia, Adrián, Juan David, Jaque, Mábel, Federico, Felipe… todos los que han sido parte del canal han recorrido la ciudad, buscando historias y dándoles un nombre y un rostro. Ratificando que cada persona es Medellín y que por eso su vida merece ser contada y conocida. En las calles más inclinadas, en esas que parecen empecinadas en tocar el cielo y donde antes parecía que solo los zapatos viejos atrapados en sus cables querían ser los testigos silentes de sus vidas, ha estado Telemedellín. Ah, y también en los grandes eventos, en esos en los que la ciudad ha sido protagonista: la inauguración de las grandes obras, la Asamblea de la OEA, los Juegos Suramericanos, la Asamblea del BID, los conciertos de Juanes, ¡Cómo olvidar su trasmisión! Es justamente eso, que todo lo que sucede en Medellín es importante.

A la hora de recordar programas de estos quince años, diría que son muchos. Cada quien tendrá su preferido o recordará aquel que mostró su barrio, en el que salió su hija bailando o gracias al cual se atrevió a traspasar las barreras de calles, estratos o comunas y que lo llevó a un lugar que lo sedujo para siempre. Bueno, y ahora me tomo la libertad de hablar en primera persona. Es imposible hablar de un canal que ha sido mi casa durante quince años como si fuese algo ajeno. La subjetividad suele ganarle a la profesión cuando de sentimientos se trata y lo que yo siento por Telemedellín es, a riesgo de parecer cursi, amor. Aquí he podido hacer lo que más me gusta: contar historias. Y en esa vida de recorrer y narrar he podido enamorarme más de mi ciudad, redescubrirla y a veces sufrirla. Trabajar en Telemedellín me ha dejado noches sin sueño por ver las huellas que dejan las balas en las paredes y la ausencia en los corazones. Pero, en honor a la verdad, han sido muchas, muchísimas más la que me he ido a la cama convencida de que estamos llenos de gente buena, de personas que cada día entregan más de lo que tienen y que al hacerlo se sienten completamente colmadas. Me ha dado la posibilidad de hablar, frente a frente, con las personas que toman los destinos de la ciudad, los que tienen en sus manos la posibilidad de tomar decisiones económicas, urbanísticas, de convivencia que afectan a toda la comunidad. Y con ellos he podido conversar tranquilamente, con respeto, pero otorgándoles la misma importancia que a los personajes que he entrevistado en la calles y, en honor a la verdad, los segundos me han aportado más alegrías y han ayudado a ensanchar un poco más mi corazón. Los nombres se confunden, pero sus obras

“Todos los que han sido parte del canal han recorrido la ciudad, Ratificando que cada persona es Medellín y que por eso su vida merece ser contada y conocida”. las conservo dentro de mí y las comparto cada vez que puedo, con un orgullo tal que a veces siento que hago una apropiación indebida. Es imposible no maravillarse con la historia de una mujer que con tres hijos y sin trabajo estable, comparte lo poco que tiene con otros cinco niños porque ella considera que tienen mucho menos. O con una familia en Bello que hace seis años les abrió sus puertas a unos desplazados provenientes del Nordeste. O con doña Mery, que abre su tienda del barrio La Divisa las veinticuatro horas del día, la mayoría de las ocasiones para fiar sin pensar cuándo le podrán pagar. O con el gringo que vino a Medellín de paso, se enamoró de la parte de la ciudad que no sale en los catálogos de turismo y ahora enseña inglés e informática en la invasión Regalo de Dios. Ese amor real, no el que se pronuncia, sino el que se evidencia en cada acto, es el que yo he podido conocer, gracias a Telemedellín. Nuestras cámaras han sido la ventana que permite conocer las historias que están a la vuelta de las esquina o en un lugar de Medellín que ni siquiera sabíamos que existía. Quizá sea por eso, que al pronunciar el Aquí te ves siempre se dibuja una sonrisa en el rostro. Debe ser la tranquilidad que da el deber cumplido.


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crónica

II - Telebolitos Recuerdo en especial tres espacios, entre mediados de los 50 y mediados de los 60: Telediacto, de Bernardo Romero Lozano, quien fue desde el comienzo el gran decano de nuestros teleteatros. Romero venía de dirigir el grupo de radioteatro de la Radiodifusora Nacional, y se adaptó de inmediato a ese nuevo lenguaje que, empíricamente, día a día se iba construyendo a sí mismo. Alternaba Romero Lozano su turno (una semana sí, y otra no) con Fausto Cabrera, declamador primero, actor después, finalmente director, el último rojo español —de los rojos de antes— que aún pisa la tierra. Pasaron por esos programas sin comerciales (y que se alargaban a placer, según la duración de cada obra, sin servidumbre de horarios) piezas de O’Neill, de Tennesee Williams, de Jean Anouilh, de Ugo Betti, de Bernard Shaw, de Noel Coward, de J. B. Priestley, y hasta algún auto sacramental de Calderón de la Barca; y hasta, en un alarde de ambición y de asumir retos, una versión en varios capítulos de El proceso, y otra de La montaña mágica.

Pequeñas historias,

entre paréntesis

Hace tiempos lo tengo decidido. Cuando me gane el Baloto, dedicaré parte de mi fortuna a patrocinar un espacio para el teleteatro, en alguno de los canales regionales (ni pensar siquiera en los privados, territorios inhóspitos por definición). Con este prologuito me tomo el pie para airear algunos paréntesis acerca de mejores momentos, más o menos libres de nostalgia.

P O R E l k in O breg ó n S .

I - General con BACKGROUND En 1954, el Teniente General Gustavo Rojas Pinilla trajo a Colombia la televisión, asesorado por Fernando Gómez Agudelo. Fue en eso, hay que reconocerlo, casi un pionero en Latinoamérica. Resumiendo (y simplificando), el general pedía para él la mitad del horario de transmisión, y en esa mitad se exhibía, presidiendo manifestaciones, diciendo discursos, cortando cintas o retozando en su finca de Melgar (cuando la imagen se interrumpía, cosa muy frecuente, aparecía su silueta, congelada, con un retrato de Bolívar al fondo). El resto del horario lo cedió sin aparentes contraprestaciones a Gómez Agudelo, y este a los creativos de la época, quienes se vieron de golpe y porrazo dueños de un espacio para sus desahogos. Músicos, animadores, folcloristas, pero sobre todo faranduleros (actores y radioactores en primerísimo lugar), entraron a saco roto en esa especie de oasis que la vida le brindaba a sus funambulismos. De política, por supuesto, ni hablar; ni falta que les hacía. Todos se aplicaron con entusiasmo a ventilar sus viejos atrezos y roperos, y con ellos al hombro se dieron un banquete de diez años.

III - Mi amado se hizo un barco de madera del Líbano Creo que esos programas se emitían los jueves. Los domingos eran para El gran teatro Coltejer, dirigido por Julio Echeverri Saavedra, alguien con gran sentido de la escenografía y una indomable afición por Alejandro Casona. Vimos así montajes de La dama del alba, de La barca sin pescador, de Otra vez el diablo, y de La sirena varada, donde la bella Irma Roy (ya casi vuelvo a ella, lector) recitaba con suave cadencia gaucha unos cuantos versos de El cantar de los cantares. Vuelvo pues a Irma, para mencionar, muy de paso, el fenómeno de aquellos actores ambulantes que recalaban por estas tierras como lo que en esencia eran, cómicos de la legua. Irma vino de Argentina con su marido, Eduardo Cuitiño. Como base de su trabajo, traían en sus faltriqueras un puñado de obras para dos voces; agotado ese repertorio, desaparecieron sin dejar rastro, tal vez en busca de otros puertos. Y, en fin, otra pareja, esta de españoles, José Caparrós y Mari Carmen Gordon; mucho aportaron a esas bambalinas recién nacidas, y luego, también, los devoró la selva. IV - La casa de Alba Es muy posible que Romero Lozano conociera, desde sus tiempos de la Radio Nacional, las dotes de Esther Sarmiento, la pintoresca doña Esthercita de Yo y tú, estupenda comedia costumbrista que dirigió durante décadas la española bogotanizada Alicia del Carpio. Solo así se explica que hubiera elegido como protagonista de su versión televisiva de La casa de Bernarda Alba, de García Lorca (una versión impecable, puedo jurarlo, con una inusual puesta en escena y un reparto de primera línea). Pero habérsela jugado con doña Esthercita para encarnar uno de los caracteres más intensos y sombríos del teatro español del siglo xx hace que uno se quite el

la pintoresca doña Esthercita de Yo y tú, estupenda comedia costumbrista que dirigió durante decadas la española bogotanizada Alicia del Carpio.

sombrero ante el viejo patriarca de los teledramatizados criollos. Ha visto este cronista varias versiones de esa obra, tres españolas, una argentina, tal vez otra colombiana (en uno de los montajes españoles, el director, en plena euforia del “destape”, decidió que aquel papel lo hiciera un hombre. Fue un desastroso “miss casting”, que el propio Federico, bien consciente de lo que se traía entre manos, hubiera visto con horror). Pero ninguna de esas Bernardas se arrima siquiera a la lograda por Esther Sarmiento, que debió ser para ella una especie de culminación (por cierto, también estuvo en el elenco la mismísima Alicia del Carpio —como La Porcia, vieja criada de la casa, la única que no teme a Bernarda—, quien recuperó así durante dos horas su voz nativa). (En 1965, Esther Sarmiento recibió el Nemqueteba de Oro —premio que otorgaba en esos años la televisión colombiana— por su actuación en esa obra). V - ÚlTima función (con final dantesco) Años después, el exgalán Julio César Luna dirigió, y muy bien, un espacio de teatro, que, por supuesto, duró poco. Recuerdo en especial una comedia del norteamericano Neil Simmon, Los alegres muchachos, con un conmovedor trabajo de Hugo Pérez y Luis Fernando Orozco. Fue, digamos, un canto del cisne. Luna y el teatro desaparecieron. Ya nos debatíamos en los tremedales de las telenovelas (recuerdo la primera, que muchos disfrutamos, sin comprender que teníamos ya el enemigo en casa), lugares a los que llegan los buenos actores para perder toda esperanza. VI - Se acabó el espacio Y cuánto. Muy otros son los tiempos de hogaño, y estas mínimas historias son agua llovida. Pensándolo bien, ni el Baloto podrá ayudarnos.


Se lanza el programa periodístico de

Se inaugura en Medellín, en el

debate y opinión: Operación ciudad. Grabación y emisión del primer

antiguo Palacio Municipal, el nuevo

Mención de honor premio Simón

concierto de Navidad de la Red de

Museo de Antioquia con la donación

Bolívar en la categoría Mejor crónica

Escuelas de Música de Medellín.

del Maestro Botero. Telemedellín

mas: Medellín no contado, Zoom In

transmitió el evento.

y Desde las terminales. Se celebran los 50 años del teatro

Conmeración de los 50 años del

o reportaje de televisión, por:

Machuca, un mes después. Nace Telemedellín. Primer canal local de televisión en Colombia.

Se estrenan los programas:

Telemedellín es una nota, Ciudad

Realización del documental:

Telemedellín transmite por primera

contada y Cancheros, y se realiza

Fernando Botero, el artista. Grabado

Nuevo eslogan: El Canal de la

Pablo Tobón Uribe, con transmisión

Estadio Atanasio Girardot y 10 años

en Italia.

Cultura Ciudadana.

en directo.

del Inder.

vez para televisión el Desfile de

La primera transmisión del canal fue

el documental Autogol, sobre el

Autos Clásicos y Antiguos y realiza

el Desfile de Mitos y Leyendas.

futbolista Andrés Escobar.

su primera emisión del Desfile de

Eslogan: Una nueva señal de progreso. Empieza a emitirse Metropolitanas, el espacio de noticias del canal.

1997

Comienzan a emitirse los progra-

Silleteros, edición 41.

Premio Asipra de España al documental

Telemedellín adquiere la primera

a Verdades de Otraparte.

Telemedellín estrena los programas:

Telemedellín cambia de sede. Se

Con otros ojos y Arte y parte.

traslada a la Alcaldía.

Detrás del Arco Iris y mención especial

Transmisión en directo de la inauguración del Metrocable de Santo Domingo. Inician los programas Ciudad al

derecho, Me suena y Titaramácara.

Estreno del programa Medellín

Noctámbulo.

unidad móvil para un canal en Antioquia.

1998

1999

2000

2001

2002

2003

2004

2009

2010

2011

2012

Estos son algunos de los hechos de nuestro canal y la ciudad en estos quince años

2005

2006

2007

2008

Telemedellín lleva su señal al

Se realiza en Medellín la Asamblea

Transmisión de los ix Juegos

Telemedellín transmite el xiii Con-

satélite.

del BID.

Suramericanos Medellín 2010.

churrías, Capicúa, Medellín, la más

greso de la Asociación de Academias

Telemedellín adquiere una unidad

Se registra el mayor rating en la

Telemedellín inaugura Canal Parque,

educada y Tiempo extra.

Nuevo eslogan “Aquí te ves”.

de la Lengua Española y la visita de

móvil con tecnología HD.

historia del canal con el programa

su sede alterna de puertas abiertas.

Se realiza en Medellín la Asamblea General de la OEA.

Sale al aire The Suso’s Show.

inauguraciones del Parque Bibliote-

Comienzan los programas De la

Se lanza la plataforma tecnológica

ca España y del Parque Explora.

calle, Área Silvestre y Altavoz.

Telemedellín 2.0.

En diciembre se realiza la

Premio CPB por De Machuca se

transmisión en directo del concierto

olvidaron hasta para pedir perdón.

Transmisiones especiales de las

celebración de los 330 años de Medellín, el concierto de Juanes y los 50 años de EPM.

documental Valiente Valentina.

Se estrenan los programas: Cazapi-

los Reyes de España.

Transmisión especial de la

Premios Simón Bolívar y CIPA por el

Comienza El cacharriadero.

gratuito de Juanes en la avenida Regional.

Premio CIPA por el programa Vos

Contás.

The Suso’s Show: 17.35 puntos.

Transmite en directo el concierto

Telemedellín realiza la primera

de Calle 13 en la celebración de los

producción en Colombia de fútbol

catorce años del canal.

con tecnología HD.

Telemedellín llega al millón de

Premio CPB Mejor Camarógrafo

televidentes en la primera ola del

por el documental Sainn Wayúu,

Estudio General de Medios, EGM.

Corazón Wayúu.

Inicia el Sistema Informativo Clima 24/7.

Estreno de los programas: Mañanas

con vos, Los Maestros y Taxi. Se presenta el nuevo diseño del portal móvil con más contenidos e interacción con los usuarios.


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I’m From Medellín City Quince documentales sobre medellinenses que se aventuraron a vivir en el exterior, sirvieron como excusa para ilustrar la importancia de hablar inglés y promover su aprendizaje en la ciudad.

El

frenético ritmo de vida en Estados Unidos, la increíble dinámica de una tribu nómada en pleno siglo xxi, la majestuosidad de la sabana africana y la diversidad cultural que se percibe al recorrer las calles de la capital inglesa, bien pueden ser imágenes reservadas a canales con altos presupuestos de producción, como Discovery o National Geographic. Sin embargo, en 2010, tres equipos de realización de Telemedellín viajaron hasta allí persiguiendo historias de protagonistas que tienen en común un acento de eses intensas y un pasaporte que indica a Medellín como su lugar de nacimiento. El resultado: once documentales grabados en tres continentes y dirigidos por Federico Uribe, quien viajo a África; Fabián Berrío, a Estados Unidos, y Ómar Mauricio Velásquez, a Inglaterra. Estas producciones fueron posibles gracias al programa Medellín City del Departamento Administrativo de Planeación Municipal de la Alcaldía, que busca promover el aprendizaje del inglés como segunda lengua. Por eso, en cada documental se aprecia cómo gracias al manejo de ese idioma, los protagonistas pudieron cumplir las metas que se han impuesto en el extranjero. El éxito de la serie permitió que en 2011 Adrián Franco y Federico Uribe viajaran para contar cuatro historias de medellinenses en Dubai, la capital de Emiratos Árabes Unidos.

Historias inspiradoras Entre los personajes que es posible conocer mediante los documentales, está Mego, un publicista que llegó a Londres persiguiendo el sueño de realizarse como

músico y productor, meta que alcanzó luego de trabajar algún tiempo como chef. En África, el misionero Jairo Gómez se comunica en inglés y en diferentes lenguas africanas con las personas más pobres de Nairobi y con los miembros de la tribu Simburu, para brindarles ayuda, alegría y toda su capacidad de servicio. En Boston, Estados Unidos, Ricardo cumplió su sueño de especializarse en ingeniería de sonido en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, una de las universidades más prestigiosas del mundo. Un grupo de bailarines del Ballet Nacional El Firulete, vive hace varios años en Dubai. Allí trabajan en espectáculos de hoteles y enseñan a bailar salsa o tango a los turistas.

Medellín, la ciudad de costumbres ancestrales encerrada entre las grandes montañas, comprendió que para ser competitiva en el contexto global, era necesario mirar más allá y promover el inglés como segunda lengua.


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GERENTES

T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 53

Logramos un

tan lejos, tan cerca

nuevo aire

Pero más allá de mostrar la importancia del inglés, para Telemedellín contar este tipo de historias propias, en contextos lejanos, permite tener otras miradas de lo local. “Estas historias dejan ver que afuera no todo es como lo pintan, aquí también se tienen grandes cosas que a veces no apreciamos”, afirma Fabian Berrío, realizador que contó cuatro historias de medellinenses en Estados Unidos, haciendo un paralelo con personas que realizaban su mismo trabajo en Medellín.

B erta L ucía G utiérre z , G erente de T elemedellín 1 de enero de 2 0 0 4 · 1 5 de enero de 2 0 0 8

financiación de programas Llegué al canal cuando empezaba a recuperarse después de que estuvo a punto de desaparecer. Logramos recursos de las transferencias directas del Municipio y además vinculamos a las secretarías y demás dependencias de la Alcaldía en la programación y por tanto en la financiación de los programas.

renovación total

Más internacional Al viajar a Dubai, “descubrí la importancia de que un canal local pueda aventurarse a un país distante, de alguna manera esto fue comprender que hay un punto de conexión entre Telemedellín y lo local, pero también entre el canal y el mundo, y los paisas que viven en él”, resalta Adrián Franco. Para Federico Uribe, además de la satisfacción personal de poder conocer otros países y culturas, estos viajes significaron la posibilidad de mostrar a los medellinenses que no somos menos que el resto del mundo, que incluso, hay gente igual a nosotros, de Medellín, haciendo cosas buenas y ayudando a otras personas, que son reconocidos por su entrega, su carisma y su profesionalismo y no por el estigma de violencia”. Para ver los documentales: escanea el código QR o ingresa a http://vimeo.com/channels/140131

Luego de comprender la importancia de conectar a Medellín con el mundo, el canal ha realizado varias grabaciones en el exterior. Realizó una historia con unos estudiantes de Medellín que participaron en una feria de la ciencia internacional, en Estados Unidos, acompañó en Irlanda y en Japón al equipo nacional de Ultimate -que tiene su base en talento local-. También se realizaron varias historias, como la del grupo de religiosos paisas que trabaja con los damnificados del terremoto de Haití en la recuperación del tejido social, y la del destacado papel que cumple la Policía colombiana por su experiencia en trabajo comunitario. Para cerrar el año, Telemedellín celebra la Navidad con los antioqueños que viven en: Buenos Aires (Argentina), San José (Costa Rica), San Cristóbal (Venezuela), Boston y Nueva York (Estados Unidos).

Donde más énfasis pusimos fue en el concepto de que Telemedellín no debería ser un canal institucional sino un canal público. Con todo el equipo directivo del canal diseñamos una nueva programación en la que los programas de la Alcaldía dejaron de ser una vitrina para darle lustre al funcionario de turno. Al mismo tiempo, recuperamos gran parte del sello que había caracterizado a Telemedellín en sus inicios que lo resumíamos en más calle y menos estudio; más programas en directo, para estimular la interacción con los televidentes; más crónicas y documentales que contaran historias cotidianas y vibrantes. Y no nos podíamos quedar solo con el concepto; por tanto, en 2005 empezamos el proceso de renovación tecnológica del canal, ya que la mayoría de los equipos estaban obsoletos o a punto de serlo. Hoy sueño con un canal que se mantenga fiel a que su papel como televisión pública no es ser oficial ni institucional.

Los programas se convirtieron en espacios educativos, para formar ciudadanía, para garantizar el derecho a la información y a la participación.


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testimonio

“Oiga, ¿usté trabaja

en Telemedellín?” Este reconocido periodista antioqueño recuerda cómo llegó a la conclusión de que Telemedellín más que un medio es un parche local, y por eso mismo, un punto universal. P or L uis A lirio C alle

“Este

no es un canal de televisión. Y si no es un canal de televisión, yo necesito que ustedes me digan qué es, qué somos”, dijo Mauricio Mosquera, entonces el gerente. Todos nos miramos, como bobos. “Mis amores, me traen la respuesta en la tarde”, agregó, se rió a carcajadas y salió. Nadie dijo nada; todos salimos de la Gerencia como si nos hubieran echado una carga al hombro. Pensé que nos estaba tomando el pelo, pero luego supe que era en serio; en serio era todo lo que decía a las carcajadas Mauricio, llamado Chocorramo a cuenta del color de su piel, como la torta de tienda con tal designación. Tuve la certeza de que el hombre no nos contaba cosas que decidía sino que contaba con nosotros para decidir cosas; no éramos solo trabajadores de una empresa sino parte del pensamiento de la empresa. Ello me hacía sentir, desde luego, con mayor compromiso y la pregunta que hizo, cuya respuesta no olvidaría pedir más tarde, me envolvía. Suponía que los otros seis o siete, entre realizadores, reporteros y responsables de departamento, estaban en la misma, llamémosla retadora, zozobra de encontrar una respuesta acertada. ¿Si no es un canal de televisión, Telemedellín qué es? ¡Carajo, parecía de veras una tomadura de pelo! Una hora más tarde conversaba durante el almuerzo con Fabián Berrío sobre el sentido del trabajo en Telemedellín, sin telenovelas, sin series policíacas, sin reality shows pero con televisión de la realidad. No un camino por recorrer veíamos, sino un camino por hacer, ya empezado, sí, pero con todo por explorar. “Es la ventaja de ser joven”, decíamos, y joven no por corta edad ni por

cortedad en su condición de joven; tampoco, aunque sí, por la cantidad de jóvenes que constituyen casi el 80 por ciento del personal del canal. Joven en el sentido de que todo está por experimentar sin miedo a perder por equivocarse. Me di cuenta de que trabajo en una televisión en la que equivocarse puede ser tomado más como oportunidad que como error, sin que signifique, por supuesto, que aquí el trabajo consiste en cometer errores. Mas ello no me redime, porque siendo el más viejo, soy sin embargo el que más equivocaciones comete. Durante la sobremesa estábamos detenidos en el ejercicio de reunir pequeñas frases, casi palabras: “canal público”, “canal joven”, “canal local”. Fabián no había estado en la reunión con Chocorramo y yo me estaba aprovechando de él para armar una respuesta para llevarle al jefe por la tarde. “Telemedellín es como el parche”, me había dicho hacía tiempos un parcero en el barrio donde acabábamos de terminar la transmisión de Camino al barrio.

Luis Alirio dirigió las noticias y programas especiales del canal. Ahora realiza crónicas y pregunta en La entrevista de la calle. Hace poco le dio por usar sombreros.

“Telemedellín no es un canal sino un espacio de ciudad, una plaza pública tal vez más nutrida, y más nutriente, que Plaza Mayor y que los parques Bolívar y Berrío…”.

Un canal que trasciende la idea de televisión y se asume como una casa de puertas abiertas. Un lugar para el encuentro de los medellinenses.

“¡Luis, eso no se lo han dicho nunca a ningún canal de televisión!”, exclamó Fabián. “Ni a ninguna emisora, ni a ningún periódico”, repliqué. Dijo que eso era posible porque Telemedellín es televisión pública: no depende de la gran publicidad comercial y por eso puede darse el lujo (pocas veces el deber es un lujo) de hacer programas en los parches del barrio sin tener que mostrar bala, sangre, sexo y chismes para que le crean que es televisión. “Y es posible”, repliqué, “porque Telemedellín es local: todo lo que es local acerca mucho más porque en ello, lo local, es menos posible mentir, y porque, en cualquier parte del mundo, lo local es el punto universal”. “¿Sabés?, no hace mucho el gerente dijo que Telemedellín no tiene estudio porque el estudio de este canal es Medellín”, recordó Fabián con la certeza de quien teniendo una revelación espera a que el otro la adivine. Respondí que algo de eso había oído, y que, claro, Telemedellín no es un canal sino un espacio de ciudad, una plaza pública tal vez más nutrida, y más nutriente, que Plaza Mayor y que los parques Bolívar y Berrío, “Telemedellín es el parche mayor de la ciudad”, expliqué. Me miró como al que acaba de resolver un acertijo. “Hombre Fabián, más que para trabajar, hacer parte de Telemedellín es nuestra manera de ser ciudadanos”, le dije.


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DEBATE

Televisión por P ascual gaviria

Libre del ego de los mandatarios de turno y del poder del rating, la televisión pública permite a los ciudadanos verse y reconocerse en lo cotidiano, compartir sueños y construir democracia.

abierta Cada

día el eco de los indignados de turno refuerza la desconfianza contra los poderes que alguien llamó “el establecimiento”. El Estado en todas sus manifestaciones y los grandes medios de comunicación en todas sus frecuencias, están entre los principales blancos de repudio. Solo los bancos les disputan el lugar principal para los agravios y las rabias de todos los días. En medio de lo que parece una encrucijada imposible, donde el Estado carga con el recelo que generan los políticos y la tiranía del rating impone reglas y rutas ya marcadas, los canales públicos de televisión tienen oportunidades singulares. No se trata de peleas ideológicas por la primacía de la burocracia y sus clanes sobre los privados y sus mañas. Es la simple posibilidad de presentar desde las oficinas públicas una versión más opaca y más honda, sin los brillos obligados de la publicidad, más reposada y más atenta, menos susceptible frente al balance comercial y más cercana a los afanes cotidianos de la mayoría. Las tiendas, las familias con maquinaria en la plancha, las empresas de subsistencia, los artistas y los artesanos de barrio, acostumbran guardar el recorte de prensa que alguna vez dio cuenta de cómo empezaron y cómo siguen. Es una muestra del valor que puede tomar el simple papel periódico. Casi nunca se trata de un alarde. Es solo la alegría de verse enaltecido por la mirada del otro, por la posibilidad de contar una historia y unas destrezas propias más allá del círculo de vecinos y amigos. Esa es una de las tareas de los canales públicos: contar las historias que a simple vista no parecen excepcionales, buscar detrás de lo que se nos ha hecho corriente a fuerza de costumbre. La gente frente a la televisión siempre se detendrá al ver las imágenes de una casa que se parece a la suya, de un hombre que habla del trabajo de sus tíos, de un barrio que le trae recuerdos de infancia. Esa geografía menor, esa crónica de oficios detrás de los tornos y las freidoras es el tesoro que los canales públicos han comenzado a descubrir. No en vano la mirada sin pretensiones de cronistas como Ro-

bert Arlt en Argentina o como Luis Tejada en Colombia, marcó por años el temperamento social de sus ciudades persiguiendo mecánicos, emboladores o cocineras. La propaganda política será siempre el gran peligro de los canales oficiales. Cuando los candidatos elegidos ceden a la tentación de apuntar las cámaras hacia su ego y sus intereses el canal deja de ser público. Nadie más allá de la clientela se asomará a los actos de campaña en la televisión. Claro que se podrán reseñar programas y ejecutorias para reforzar la confianza sobre lo público. Pero esa debe ser siempre una función subsidiaria. Lo primordial será mirar la ciudad sin la lógica estricta del funcionario y el escudero político. Nadie espera en su programación el gran periodismo investigativo ni los encantos del melodrama ni el juego soso de los realities. Cuando los canales privados juegan sus estrategias en el espejo permanente del rating, los canales públicos son los encargados de arriesgar. El debate informado y lejano al sectarismo, los recorridos a pie, la historia —que todo el mundo intuye y desconoce—, la vida universitaria, las respuestas a la curiosidad popular deben marcar las pautas sobre lo que se busca y lo que se muestra. Con los años, Telemedellín ha logrado “construir” una imagen de la ciudad según preocupaciones y miradas propias. Una televisión menos protocolaria y envarada, donde las cámaras han dejado de ser un acontecimiento misterioso y se han convertido en un reflector público para que la gente revolotee a su alrededor, con menos libreto y más naturalidad. El reto es que la gente se haya acostumbrado tanto a sus maneras abiertas y francas que sea capaz de exigir, como derecho ciudadano, una televisión pública que mire más a la ciudad que al palacio municipal.


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crónica

A un corazón de distancia He conocido gente que con sus manos hizo un barrio, madres que cuidan como suyos los hijos de otros, héroes armados de canciones empuñando un micrófono.

¿Cuántas

ciudades hay adentro de una misma ciudad? Medellín es una palabra distinta según la voz que la pronuncia. Un sitio del que te sientes orgulloso y también del que te puedes avergonzar. Un lugar que amas con todo el odio del que sos capaz y un lugar que odias con todo el amor que puedes dar. Una misma calle es tantas calles a la vez: distinta para el tendero que ve la vida pasar frente al mostrador, distinta para el niño que cada día la cruza camino a estudiar, distinta para el que en la esquina dio su primer beso, distinta para el que ayer se tuvo que mudar, distinta para el que ha pasado toda su vida en la misma casa, distinta para el que nunca ha ido y le contaron historias sobre cómo es la vida por allá. Esta ciudad ha sido mi hogar y caminar sus calles, de alguna manera, es lo que otros llamarían ir a la oficina. Es aquí donde aprendí a ser y contar. Recuerdo que hace años salir a grabar era también salir a vencer prejuicios: una cámara no es un detector de crímenes aunque el periodista, tantas veces, sea un detective. Los niños nos veían llegar a su barrio y pensaban que algo malo había pasado porque la última vez que habían visto micrófonos cerca era porque el noticiero venía de la mano de la Policía. Ese fue el asunto que debíamos cambiar: demostrar que estábamos allí para escuchar la voz de la vida y no solo las noticias de la muerte. Una clase de geografía distinta a la que nos dictan las tragedias también se puede contar en televisión. Es necesario. He conocido gente que con sus manos hizo un barrio. He conocido madres que cuidan como suyos los hijos de otros. He conocido maestros que enseñan más con el abrazo y el consejo que con su rastro en el tablero. He conocido también al que tiene todos los motivos para no levantarse de su cama y sale a la vida y sonríe. He conocido campeones mundiales de deportes que nadie nombra con el orgullo intacto. He conocido asombrosos bailarines a los que nadie les quita lo bailado. He conocido literatos que jamás han publicado una página y escritores que nos ponen un espejo frente a nosotros con sus libros. He conocido héroes armados de canciones empuñando un micrófono.

Caminar Medellín también es recorrer el borde de una herida. Caminar Medellín también es acariciar una cicatriz. La ciudad no es una isla y hace parte de este continente que hoy llamaré país. Los problemas de Colombia, todos, están aquí. Pero también la semilla para solucionarlos, estoy convencido. Y lo digo porque lo he visto incluso cuando la cámara se apaga y sigue la conversación en casa de alguien que te trata ya como parte de la familia. Como cualquiera he sentido miedo. También he sentido confianza, como cualquiera.

Las cámaras me llevaron a mí y a los televidentes a lugares que jamás hubiéramos conocido si no hubiéramos estado juntos. Y puedo decir que esos lugares de mí no se han ido. Andar esta ciudad también es una aventura parecida a recorrer el lado oscuro de la luna. Incluso el paisaje es el mismo y el frío también. Es posible sentir que todo está por construirse en ciertas esquinas de este valle: lugares altos que tienen al frente una panorámica preciosa sucesión de edificios distantes como promesa de lo que nunca van a alcanzar. Las manos de ellos construyen muchos de esos sitios a los que nunca regresan. Estás aquí, cuentas una crónica, y sabes que este lugar está lleno de causas perdidas por ganar: la primera es contra la inequidad. Así aprendí que la cámara debe estar a la altura de los ojos, ser la mirada del otro, para contar su historia con dignidad. Las cámaras me llevaron a mí y a los televidentes a lugares que jamás hubiéramos conocido si no hubiéramos estado juntos. Y puedo decir que esos lugares de mí no se han ido. Ese efecto tiene esta ciudad. Las puertas se fueron abriendo, igual las ventanas de casas modestas y salas privilegiadas, hasta las cocinas han sido lugar de visita. Igual en pisos altos, estratos altos o barrios altos que en callejones bajos, estratos bajos y las necesidades básicas serán las mismas: necesitamos motivos para la alegría. Tiene razón aquel que dijo que la sonrisa es nuestro idioma universal. En Planeación Municipal tienen un mapa con un número de barrios. Y tienen razón sus datos como la tienen las oficinas según la ló-

P or J uan M osquera

gica y el reloj de las oficinas. Otro mapa tiene el que vive en un barrio que sin planeación de por medio y sin reloj ha visto levantar un barrio para decir dos días después “esto eran mangas”. Comprendí, cámara en mano, que vivimos adentro de un ser vivo y cada uno de nosotros es una célula de esta Medellín que respira como respiramos vos y yo. Aquí siempre será posible el asombro: una biblioteca comunitaria adentro de la casa de un hombre que no puede salir por una discapacidad pero que sale al mundo con cada libro que comparte, el restaurante comunitario de una mujer que no tiene nada en su nevera y decide alimentar a los niños de los demás, la creatividad de las chicas que diseñan cuadernos para zurdos, una cárcel que en un momento se la juega entera por la noviolencia y lo logran por largo tiempo, el arriendo de lavadoras a domicilio llevadas en moto, una urbanización con moneda propia, un barrio que después de existir veinte años se bautiza en votaciones hechas por televisión… es usual escuchar a los académicos decir que esta ciudad es un laboratorio, cabe la pregunta: ¿hemos sabido contar el experimento? Medellín no es el cielo pero aquí he conocido a un coro de ángeles, de gente valiente, que nunca ha perdido la voz. Que pronuncia sus sueños en voz alta. Y con su trabajo lo hace realidad. Para eso me ha servido una cámara: para ser su testigo. Porque delante de ella dicen: Yo existo. También pierdo mis letras para escribir un silencio por los que no están. Por las madres sin hijos. Por los hijos sin padres. Por los hermanos sin hermanos. Porque ese silencio se tiene que escuchar hasta aturdirnos y no olvidarlos. Una cámara en Medellín sirve y es necesaria también para que la ausencia pueda hablar. Antes de ser periodista siempre seré ciudadano, urbanícola que aquí aprendió a caminar, las historias que aquí he vivido están en mi manera de hablar. Mi acento está pleno de rostros. Cierro los ojos para verlos una vez más. Tantas cosas suceden a un corazón de distancia…


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DEBATE

Primero el público Cuando los medios funcionan gracias a los dineros públicos, la responsabilidad de auditarlos recae sobre los ciudadanos. P or A na M aría C ano

Poder

ser un canal local público para cumplir una tarea de identidad cultural urbana, es el propósito con que ha persistido Telemedellín durante sus quince años al aire. No obstante ha tenido que capotear embates económicos y también otro asunto más complejo, el de suscribirse a gobiernos locales con distintas concepciones que imponen sobre el canal su propia noción del uso de la audiencia que suponen cautiva. Y es allí donde se abre la fisura entre el deber ser para el que fue concebido el canal, de mostrar una identidad cultural ciudadana de Medellín y ser útil también como conducto público para propiciar el diálogo entre las distintas maneras de vivir que se agrupan en este territorio del Valle del Aburrá, en contraste con lo que ha sido Telemedellín durante sus quince años y lo que llega a ser en este momento, de cara al porvenir. Un canal que cabalga sobre la promesa de Aquí te ves, como una función de mostrar a cada ciudadano, así sea un minuto dentro de su programación, para justificar su existencia. Y la pregunta es si un público que está saturado de opciones televisivas y digitales donde el énfasis comercial y/o narcisista-individualista es común denominador, está esperando de un canal alternativo que funcione como un espejo, como una cámara que muestre personas, vox populi, como si fuera un video familiar. O si resulta escasa esta promesa.

Los canales regionales y locales han crecido en Colombia desde hace 30 años para servir de contrapunto a la televisión comercial e izan esta bandera, pero su misión se enturbia con quienes toman sus espectros para alcanzar beneficios temporales, con intereses institucionales o políticos de turno, sin consideración al mandato que han recibido estos canales desde su creación. Y se contestará que es imposible no sacar partido a un canal público y a una audiencia, pero hay que recordar siempre que el origen de la financiación de estos medios de comunicación alternativos que buscan ser independientes de la corriente general, son los impuestos que pagamos los ciudadanos, por lo cual su auditoría en cuanto a la función que cumplen, debería estar por completo en nuestras manos. Es bueno resaltar que canales públicos locales son la BBC en la Gran Bretaña, la CBC en Canadá, la Televisión Española, por citar ejemplos, de cuya calidad hemos sido testigos a través del implacable satélite: ese recurso global nos pone en capacidad de compararnos, y nos muestra también el deplorable uso peruano de la televisión miserabilista; o del bochornosamente gobiernista en Venezuela o en Argentina; o por contraste, los canales financiados a través de fundaciones internacionales o privadas que con sus impuestos contribuyen a producir una televisión de escala humana, de

órbita mundial. Televisión impecable que, si además logra un potente contenido local, se convierte en contenido de interés para esta era que con razón se ha llamado glocal, porque suma al contenido global, el cercano. Y puede ser adquirida en el mundo por otros países. Y de regreso a Telemedellín, que inscribe su filosofía dentro de la urgente tarea cultural de promover la identidad de la ciudad, ser el archivo natural que guarda la memoria visual de los acontecimientos que aquí ocurren y dar voz a las distintas concepciones que promueven la democracia participativa en la que creemos estar enmarcados. Este es el punto de partida. Su propósito original es ser canal alternativo e independiente, tanto en lo económico como en lo político, para poder cumplir su misión. Pero aquí se encuentra con la contradicción de reconocerse como canal público que tiene un dueño al que tiene que ajustarse y que no le permite optar por su mejor postor, su público, al que se debe por completo como existencia y representación, porque es su sintonía, la que justifica la inversión pública que se hace de los impuestos privados. Vale recalcar que es en el punto de la financiación donde está la otra clave de la atadura que entorpece en Telemedellín el cumplir su tarea de canal alternativo: haber dejado que sea el patrocinio de los entes gubernamentales de la localidad y entregar

Como canal público, Telemedellín debe ser un medio alternativo, presentar las dinámicas de la ciudad y al mismo tiempo, guardarlas en la memoria.

a cada uno programas, con esto se sujeta temáticamente a un rango de ciudad oficial que deja por fuera el enorme contenido de interés científico, social y cultural, producido por un territorio urbano reverberante de vida. Medellín es cantera de personajes y tendencias que tendrían que estar reflejadas en su canal local alternativo y para hacerlo requeriría independencia en su concepción y ejecución. De realizadores con capacidad de reflexión y ejecución, libres de presiones. Y en el caso del huevo o la gallina, qué es primero, en los casos de medios alternativos —y de todos los medios— primero es la audiencia y luego llega la sostenibilidad. Pero cuando se ata el medio a los patroci-

nios, entrega un valioso patrimonio: la credibilidad. Invisible pero definitivo lente que determina el interés y la confianza; a quién se le cree y por qué o a quién se le descarta. Mucho más en épocas en las que a través de redes inmediatas se tiene información de primera mano y de personas conocidas sobre lo que ocurre, con lo que el poder de verificación es ahora mucho mayor que antes, en manos de cualquier ciudadano. El espacio que queda para un canal público local cultural como Telemedellín es potencialmente enorme porque los conglomerados de entretenimiento a los que están hipotecados los canales privados los hacen menos versátiles para dar cuenta de una sociedad cambiante y diversa. Canales comerciales tendrán que obedecer cada vez más intereses de empresas que representan, y sus contenidos aparecen petrificados o “vendidos”. Esta es la gran oportunidad para los medios alternativos, tomar el espacio que han dejado expósito los medios comerciales. Como dice el analista Maxwell McCombs, “la imposición de una agenda es la última consideración ética del periodismo. El recurso más grande es la atención del público. La agenda de temas presentada por un medio —que debe depender exclusivamente de la reflexión y la decisión del periodista— puede comprometer a los ciudadanos a la acción o solo producir su curiosidad”. Por esto la escogencia temática y de enfoque es el activo más valioso en un medio, el que marca su diferencia y el que hace al público buscar y reconocer un estilo de comunicación determinado. Por otra parte, la frase de Umberto Eco, “ver sentidos donde otros solo ven hechos”, para hacer un ejercicio de revisión necesario a la hora de madurar una propuesta televisiva como esta de Medellín que quiere ser fresca y útil. Este análisis puede desentrañar al canal local a la luz de si es real que produzca gobernabilidad el someter la programación a una visión oficial de las cosas y ajustar a ella la producción de contenidos en Telemedellín.

Por otra parte, y no menos significativa, analizar el lenguaje del canal: si hablar de vos (la famosa tercera persona usada en el lenguaje oral coloquial) establece por sí mismo y mágicamente una cercanía con el público. O si puede lucir como manierismo a la hora de unificar todos los enunciados del canal.

Decir con convicción en próximos años, Aquí te ves, como una parábola de la ciudad toda y de su imaginario que ha logrado abrirse y reconocerse con independencia. Preguntarse además si la mejor manera de consolidar un público visible es acudir llanamente a un festival de música con un arrastre de audiencia cautiva. Y por último, y a manera de símbolo, poner un momento en duda si la gran adquisición de reconocimiento está sustentado en un personaje que desdobla las palabras con una letra de más y encarna un desguarnecido miembro del pueblo (recordar personajes mexicanos que ya hicieron este populismo), sea la manera de dar cuenta de la cultura popular. O si caricaturizar el eterno vividor paisa no es más que el desfogue de una tensión interna a la que le falta añadir dramaturgia, expresión, trabajo con el lenguaje, que son los ingredientes de una cultura urbana necesitada de ser vista y oída. Decir con convicción en próximos años, Aquí te ves, como una parábola de la ciudad toda y de su imaginario que ha logrado abrirse y reconocerse con independencia.


GERENTES

Telemedellín se volvió R ó ger V éle z , G erente de T elemedellín

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popular

septiembre de 2 0 0 1 · diciembre de 2 0 0 3

posicionar el canal Me propuse sacarlo de la crisis con la ayuda de todo el equipo administrativo y de producción. Hubo gran esfuerzo de parte de todos, especialmente del equipo misional. Finalmente, el Canal empezó a salir del fondo: empezó a costar menos, a obtener más ingresos, a verse más y a ganar más credibilidad. El siguiente logro fue posicionarlo, empezar a meterlo en la mente de la gente. “Telemedellín, el canal de la cultura ciudadana” se convirtió en top of mind de los usuarios de la televisión regional y local.

El Telemedellín que sueña Una mezcla perfecta de canal con programación cultural y educativa, sin que soslaye los géneros informativos y de opinión, a sabiendas de que ayudar a entender los acontecimientos de actualidad, es un derecho que a veces le negamos al televidente, para que aprenda a tomar decisiones acertadas sobre su vida cotidiana. Sueño con la independencia. Que sea un canal tan serio, responsable y decente, que no oculte o sobredimensione las acciones administrativas. Que sea consecuente con la verdad y el bien colectivo, porque solo así le prestará un mejor servicio a la sociedad y a la misma administración municipal. Un canal competitivo con la oferta nacional e internacional. Para eso tiene que ser verdaderamente local, tomándole el pulso a la Ciudad Metropolitana en absolutamente todas las áreas, para que se convierta en el espejo de la comunidad y en el medio de satisfacciones y soluciones.

Cámara en mano, Telemedellín ha recorrido toda la ciudad para darle voz y rostro a sus historias.


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crónica

Botero,

el parce Danilo por marcela mon G e

El pintor recibió en Pietra Santa a Telemedellín. A manteles, el maestro prefirió la conversación despreocupada del camarógrafo y el luminotécnico del canal en lugar de las preguntas de los periodistas. Momentos inolvidables al lado de un grande.

y Pocho, de quien solo supe su nombre real —Jesús— en la entrevista para hacer este relato sobre su vueltón por el otro lado del charco, tuvieron la oportunidad de ir a Italia en el año 2000, en compañía del entonces gerente del canal, Carlos Mario Giraldo, y el realizador Pedro Adrián Zuluaga, para realizar un documental sobre Roma y otro sobre Fernando Botero, el pintor vivo más importante del mundo. Botero había donado una notable cantidad de sus obras y parte de su colección privada al Museo de Antioquia. Para lograr que más personas conocieran sobre su arte y comprendieran la dimensión de semejante regalo a la ciudad, se planeó la realización de un documental que mostrara a los habitantes de Medellín y del mundo cómo plasma el maestro las figuras regordetas en el lienzo y cómo da forma a seres humanos y objetos con curvas pronunciadas y, al mismo tiempo, presentar algo más de ese personaje de cara seria pero con corazón, talento y obras enormes. Con esta gran tarea, llegaron a Pietra Santa. Nuestros enviados especiales no olvidan la vez que lo vieron llegar a la primera cita para la grabación. A lo lejos, zigzageaba por las calles adoquinadas sobre una moto de bajo cilindraje y se detuvo frente a ellos y a la puerta de su taller. “Fue impresionante ver a un personaje tan importante como él, en esa moto tan pequeña”, recuerda Pocho. “Es que en Colombia uno lo ve siempre rodeado de cincuenta, cien personas. Y allá él puede entrar a un café sin causar alboroto”. Y puede recibir de los transeúntes saludos como “buenos días, maestro”, sin que esto los lleve —inevitablemente— a pedirle un autógrafo. En las grandes bodegas que conforman su taller, grabaron los moldes en que se hicieron las obras que adornan hoy la Plazoleta de las Esculturas, justo al lado del Museo de Antioquia. Solo podían capturar las imágenes que el maestro les indicaba. Pocho y Danilo cumplieron la voluntad del maestro, pero sus acompañantes no. Movieron algunas piezas de menor tamaño para ubicarlas en un lugar con un fondo más digno de una obra de arte y por eso, se ganaron un regaño del artista. Esa misma noche, el pintor y escultor les tenía preparada una cena de bienvenida, a la que también asistieron otros periodistas colombianos y la historiadora Diana Uribe. “Cuando llegamos, se levantó de la mesa y nos indicó que nos sentáramos a su lado”, recuerda Danilo. Así fueron recompensados por su buen comportamiento el camarógrafo y el luminotécnico, quienes mientras

“Nos dijo que no creía todo lo que los medios decían y nos pidió que le contáramos de qué barrio éramos, cómo eran las cosas allá y qué pensábamos de todo eso”. se ubicaban en las sillas correspondientes, sufrían por dentro anhelando no meter las patas si el maestro les conversaba y pensando en cómo salir airosos del juego de cubiertos y buenas maneras en la mesa. ¿Y qué hicieron? “¡Pues fácil!”, cuenta Pocho. “Cuando llegó el mesero con la carta le dije: maestro yo como lo que usted coma”. Entre las seis entradas que disfrutaron y el plato fuerte, comieron por primera vez y sin dificultad, pez espada y búfalo. Y todo con vino de cosechas especiales que le daban a probar al maestro, algo nuevo para Pocho que por primera vez cenaba con la bebida de Baco y que para Danilo significó probar una bebida de calidad muy superior al único vino que había tomado: Tres Patadas. Botero quería estar con ellos y no con los periodistas, porque le interesaba lo que podían contarle de primera mano, sobre esa ciudad en la que nació y que tanto le duele cuando aparece en los titulares de periódicos a causa de la violencia y la miseria. “Nos dijo que no creía todo lo que los medios decían y nos pidió que le contáramos de qué barrio éramos, cómo eran las cosas allá y qué pensábamos de todo eso”. En ese momento, Danilo vivía en el barrio Caicedo, que para sorpresa de él, el maestro conocía desde cuando habitó una casa en la calle Mon y Velarde. “Quería saber de los bares de La Toma, como El Bambú, que él visitaba hace muchos años. También le conté que aunque había problemas con combos y violencia, la gente no perdía la alegría”. En cambio, al barrio de Pocho —Popular—, no lo conocía. Así que para orientarlo, le indicó que “queda subiendo por Lovaina, un sector que usted sí conoce”. Botero se rió con picardía, y después de contestar preguntas y dar señas, los dos técnicos de nuestro canal intuyeron la falta que Medellín y sus barrios le hacen al

maestro y luego lo confirmaron: “La alegría de Medellín son sus barrios”, dijo el artista mientras suspiraba. “No se estrese, parce”, le dijo Pocho para consolarlo mientras le pasaba el brazo detrás del hombro y lo apretaba un poco. Ante lo que para muchos puede ser una imprudencia descomunal, el maestro no dio asomos de incomodidad y su esposa, Sofía, respondió a la escena con una mirada cómplice y una sonrisa en los labios. El día de la inauguración del Museo de Antioquia, Danilo y Pocho trabajaron en la transmisión especial que hizo el canal. Desde su puesto de honor, Botero los reconoció y levantó su mano para saludarlos. Luego, durante el recorrido para la prensa, el maestro señaló con una mueca al luminotécnico. Pilar Velilla, directora del Museo en ese momento, se acercó con emoción y exclamó: “¡Con qué vos sos el famoso Pocho!. ¿Y dónde está el otro?”.


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GERENTES

El futuro

desde ya Mauricio Mosquera, exgerente del canal, habla sobre la transformación en plataforma de creación de contenidos.

El

“Privilegiamos los exteriores sobre el estudio bajo el entendido de que la mejor escenografía que podemos tener es la ciudad misma”.

desempeño de los gerentes de Telemedellín es la expresión del concepto de comunicación pública que han tenido los alcaldes en cada momento de su historia. Es un compromiso complejo el que reciben los directores del canal cuando asumen el cargo pues no se trata solo de mantener encendidos los equipos. En Telemedellín han encontrado una ocasión brillante para aportarle a la convivencia, al optimismo, al conocimiento y al desarrollo espiritual de la ciudad y de los municipios a los cuales llega la señal. Los primeros quince años de vida encuentran a nuestro canal local lleno de vitalidad y con un futuro promisorio. A esto han contribuido todos los gerentes y sus equipos directivos, apoyados en el inagotable talento y la calidad profesional de los colaboradores del canal. Y como los aniversarios son propicios para hacer balances y diseñar el porvenir, aprovechamos para que Mauricio Mosquera, gerente durante el período 2008-2012, nos haga un panorama del canal. M: Hemos oído hablar mucho en los últimos años de un salto tecnológico en Telemedellín. ¿En qué consistió la modernización del canal? Lo principal en ese sentido es entender a Telemedellín como una empresa de contenidos, más allá de la plataforma televisiva. En esa medida, Telemedellín se considera y actúa como multiplataforma de contenidos de Medellín, apoyados principalmente por la

convergencia digital y las posibilidades que las redes sociales y la movilidad ofrecen. Para este cambio de pensamiento del canal, se requirió entonces un rompimiento con la historia previa, el cual se materializó en un cambio en la imagen gráfica y en una nueva promesa de canal. M: ¿Podrías precisar estos cambios iniciales? El cambio de imagen de Telemedellín buscó, en ese momento, “desinstitucionalizar” al canal y volverlo parte de la oferta cotidiana de medios de nuestro entorno; debido a esa idea se dio el cambio en colores, la primacía de la “M” de Medellín y la disminución en tamaño e importancia del prefijo “tele”. Queríamos expresar con esto que lo importante es la ciudad y el resto es solo una herramienta. Al mismo tiempo cambiamos el eslogan a “Aquí te ves” tratando de que esta frase más que una promesa publicitaria, fuera un manifiesto de identidad del canal, en el que el protagonismo del ciudadano es manifiesto, que declara que no se requiere ser estrella para “salir en tv” y que nos ubica como un vehículo de imágenes y noticias y no como protagonistas de ellas. En el caso de los programas, se trató de enfatizar en géneros como la crónica y en brindar al máximo espacios de participación a los ciudadanos, ya fuera haciendo parte de los programas en directo, o como protagonistas de las historias pregrabadas. Privilegiamos los exteriores sobre el estudio bajo el entendido

de que la mejor escenografía que podemos tener es la ciudad misma. M: ¿Cómo respondió el grupo ante estos cambios? El grupo humano de Telemedellín respondió inmediatamente a la premisa de “Aquí te ves”, la mejor respuesta que pudimos tener fue la explosión de creatividad que logramos en la gente del canal, los realizadores y técnicos dieron todo de sí para hacer realidad la promesa y esto inmediatamente se vio reflejado en un producto televisivo y de otras plataformas más moderno, respetuoso de la ciudad como escenario, más lleno de caras de gente común. M: ¿Cómo se expresó el cambio en la creación de nuevos proyectos ? Gran parte de la parrilla con que entregué el canal hace unos meses ha estado en constante evolución. Franjas como Altavoz y Capicúa han sabido reinventarse continuamente. Espacios insignias en sus épocas como Urbano, Medellín City (la serie documental), el cubrimiento a los grandes eventos de ciudad como Juegos Suramericanos, el fortalecimiento de nuestra parrilla en Feria de las Flores y Navidad, documentales ganadores de premios a nivel nacional como Valiente Valentina, series innovadoras como El diván rojo, Start Up, Olimpiadas del Conocimiento, El gran premio, son solo una muestra de que se logró un buen matrimonio entre los objetivos institucionales de la Alcaldía y su expresión como productos entretenidos y atractivos para la audiencia. M: ¿Cómo manejaste el tema institucional? Un canal público tiene muchos matices, entre ellos el institucional. Nuestro camino fue tratar de imprimirle creatividad a los productos institucionales y proponerles a los secretarios dueños de los proyectos otras formas de presentar lo que querían. Por otra parte nos “adelantamos” tratando de entender muy bien el plan de desarrollo y traduciéndolo en productos audiovisuales de calidad.

Picasso, Choco y Sasha acompañan de lunes a domingo a todos los que pasan por el Canal Parque de Telemedellín. Aquí con Mauricio Mosquera R.

M: ¿Cuál es el programa que caracteriza a esta nueva época? Para empezar, fue Urbano, que puso de manifiesto un estilo visual del Canal. Como ejemplo de interacción con el público Altavoz marcó un hito importante. Como tv institucional bien “traducida” a la audiencia están Olimpiadas del Conocimiento, Área silvestre, El diván rojo, Sexo a lo bien. M: ¿Cuál es el futuro de Telemedellín? Cuando uno sale pierde el derecho a marcar el norte; sin embargo, me imagino un canal interactivo en todo sentido, conectado con la ciudad y con el mundo, acompañante de procesos sociales y protagonista de los grandes eventos. Un canal que sepa cubrir y explicar nuestros momentos duros y tristes y que privilegie en todo debate la expresión de todos los puntos de vista comprometidos en la discusión. M: ¿Cómo se explica el fenómeno de Suso? Es un fenómeno irrepetible, que conjuga el inmenso talento de Dany Hoyos y su visión con el personaje que interpreta, con un canal sin miedo a arriesgar en formatos. Para mí, el éxito de Suso radica en que el per-

sonaje es completamente “Aquí te ves”, es un vehículo para que mucha gente se exprese, que utiliza su fama para poner sobre el tapete todo tipo de temas. Es un producto innovador en la tv pública que logró saltar a otras esferas sin perder su esencia. En mi opinión, es un artista que va a mantener su éxito muchos años. M: ¿Qué papel jugó Telemedellín en Altavoz? Altavoz logró convertirse en la materialización de la Política Pública de Juventud de Medellín. En sus inicios logró juntar a muchas tribus urbanas alrededor de la música para ponerle temas de ciudad en discusión. Como la juventud es tan dinámica, Altavoz tiene el reto permanente de mantener la conexión con un público de condiciones cambiantes, duro en su opinión y fiel a muy pocos productos. El éxito o fracaso de Altavoz dependerá de que desde la Alcaldía y el equipo del programa se entienda que no es “un programa de rock” sino un espacio plural que se vale de la música para amplificar la expresión de los jóvenes de Medellín. Eso requiere de un ejercicio constante de humildad y reconocimiento de las diferencias.


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T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 69

DEBATE

Si queremos hacer televisión pública que le sirva a la gente, debemos recuperar con

La televisión es el nuevo popular:

Los feos

admiración y dignidad a la gente y sus estéticas: ponerla en pantalla, celebrarla en sus modos de ilusión, contar sus expectativas, aumentar su autoestima,

también existen

P or ó mar rinc ó n

Lo popular está de moda, otra vez. Los presidentes lo nombran, los intelectuales lo piensan, los políticos lo abusan, la industria cultural lo goza. El pueblo tiene la razón, lo dicen todos. “Calma pueblo que aquí estoy yo”, canta Calle 13 y sueña un señor. “Todo bien, todo bien”, diría el Pibe y su melena popular.

Cuando

el pueblo llega a la televisión y busca reconocerse, identificarse, encontrarse en la pantalla… todo mal: ahí sí no gusta lo popular, eso es de mal gusto. Entonces, “hay que subirle el gusto a la gente” dijo un cineasta, “hay que educar al soberano” afirmó un intelectual, “hay que ponerle lujo” saboreó el artista, y es que “los pobres ensucian las pantallas” se atrevió una señora de apellido bien. La paradoja es que con lo popular se gobierna, con lo popular se artistea, con los popular se filosofa pero no vale para la televisión, menos para la pública que debe ser educativa-ilustrada-artística. El popular es bueno para todos, menos cuando llega a la televisión. Y la cruel verdad es que la televisión es lo popular y con-forma el nuevo popular: ese de significados-estéticas-narrativas-gustos más comunes: y de ahí sale que somos habitantes de dos culturas populares: la mundializada USA (familia, valores religiosos, éxito individual, cuento de hadas, melodrama) y la localizada loquesomos.com (humor, músicas, personajes, modos de hablar, estéticas, historias). Y ambas culturas vienen adobadas con emociones simples pero intensas, relatos de referencia comprensibles y estéticas de la repetición: por eso, lo popular es la escena en la cual se celebra la inteligencia de la gente del común. La buena televisión es la que se toma en serio a lo popular: produce reconocimientos, promueve reencantamientos, celebra los gustos y saberes de la gente, promete sueños deseables de amor, venganza, ascenso social y éxito. Lo popular es, entonces, soñar que todo puede ser mejor: esa es la cotidianidad del pobre: soñar que se puede ser distinto.

Re-conocer lo popular televisivo Lo popular televisivo está hecho de simplificaciones, pero es que la narrativa televisiva se hace para cuando uno quiere relajarse, desconectar el disco duro del aprender y asumir el goce simple-emocional como valioso en sí mismo. Algunas claves simplificadas acerca de lo popular: 1. Produce reconocimientos más que conocimientos, luego identificaciones más que aprendizajes: uno va a lo popular a encontrarse con uno mismo, no a ilustrarse. 2. Practica las estéticas de la repetición más que de la innovación, luego en lo popular se goza un placer conocido y para lo distinto se va al museo.

hacerla protagonista de sus historias.

3. Se significa desde la referencia a relatos conocidos, esos que vienen de Las mil y una noches, masificados por Disney y convertidos en paradigma de sueño mundializado: cenicientas, príncipes, castillos y finales felices. 4. Cuento prioritario en el género de melodrama porque así fue como el hombre ingresó a la vida pública: desde su exceso ético y sentimentalidad expresiva. 5. Valores en clave de sentido común y pobreza material pero riqueza moral, luego religión, familia y tradición. 6. Disfrute de gustos corporales, luego claves de música y humor porque como le escuché a Piscitelli: se aprende sobre todo con el cuerpo más que con la cabeza. 7. Posibilidad de soñar queriéndose a uno mismo, luego relatos para la autoestima cultural localizada: una pantalla como página social de los deseos de pobre. Si queremos hacer televisión pública que le sirva a la gente, debemos recuperar con admiración y dignidad a la gente y sus estéticas: ponerla en pantalla, celebrarla en sus modos de ilusión, contar sus expectativas, aumentar su autoestima, hacerla protagonista de sus historias. Pero, ¿eso lo hace la televisión privada? Sí, pero ellos no celebran ni dignifican lo popular, buscan burlarse, rebajarlo y utilizarlo sin densidad de mestizajes. La diferencia estaría en que la televisión pública le pondría dignidad y buscaría reconocimientos más que conformaciones. (¡Bueno, eso no ha sido posible porque la televisión pública quiere educar y subir el gusto a la gente, le da pena el pueblo!). Y en este contexto Telemedellín, en sus quince años, algo ha logrado porque se ha convertido en patrimonio de la ciudad y en un nuevo espacio público a donde la gente, a veces, la dejan ir a divertirse/verse/contarse;

La gente, sus estéticas y su cultura deben ser las protagonistas de la televisión pública. Verse y reconocerse en ella como son en realidad.

porque, de vez en cuando, en su pantalla caben muchas formas de ser paisa. A Telemedellín le espera ser una real televisión pública popular donde quepan todas las formas de ser de por aquí: y es que los feos también existen, y los otros gustos también, y todos tienen derecho a la pantalla: menos silicona y más verdad, menos palabra ilustrada y mas imágenes de la gente, amén.


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T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 71

personajes

El sueño continúa

Como en la película de Woody Allen, La rosa púrpura de El Cairo, un personaje se salió de las pantallas y se quedó con los televidentes de Telemedellín. Se llama Suso, y es interpretado por Alejandro Hoyos, quien nos cuenta que los sueños pueden alcanzarse. POR ALEJANDRO HOYOS

Desde

que era pequeño tenía varios sueños: actuar, viajar, comprar un VHS y tener un programa de televisión. Actuar dependía de mí; como mis abuelos maternos son de Ituango viajar ya estaba listo, ocho horas montado en un bus por carretera destapada es viajar, y mucho; el VHS lo compré con mi primer sueldo y me sirvió para grabar todos los capítulos de Friends. Faltaba el programa de televisión, ese sueño se lo debo a Telemedellín. Para jugarle un poco a la realidad soy humorista, pero más que eso soy un soñador bien intencionado. Un gran soñador, de los que les gusta cumplir los sueños. En Telemedellín encontré cómplices, uno de ellos fue Mauricio Mosquera, el Negro, Mauro o Chocorramo como es conocido popularmente gracias al mueco. Lo conocí por Germán Carvajal que lo definió como: “un hombre muy respetuoso del talento, que sabe lo que vale”. Es cierto, si algo sabe el Negro es detectar talentos con una intuición que le hace ver un poco más allá, un visionario que llaman. Los dos, conversando en una fiesta, decidimos hacer un programa para la gente, un programa divertido donde pasáramos bueno. Un proyecto sin muchas pretensiones pero con mucho futuro. Sabíamos que sería exitoso. Entonces comenzamos un grupo de locos optimistas con un sueño llamado The Suso’s Show, aunque algunos escépticos y pseudointelectuales, que creen que sentarse a idolatrar lo foráneo los hace más inteligentes, dijeran que estaba destinado al fracaso por su contenido local. “Eso de ‘¡Qué caja!’ no lo entienden sino acá”, decían. La ignorancia es ciega, pero la soberbia que a veces da la sabiduría, lo es aún más.

“Mi amor por Telemedellin es proporcional a mi aversión por Arjona”.

Muchos personajes, hasta un mico Telemedellín recién cumplía doce añitos, cuando el 9 de diciembre salió al aire el primer programa con seis personas en el público; al segundo programa ya teníamos cuarenta inscritos, al cuarto la lista era de diecisiete mil. ¡Qué tal, ah! Cada vez necesitábamos un teatro más grande, hasta llegar al que estamos ahora, donde cada ocho días tenemos mil personas, formando una triada perfecta, invitado, público y Suso, en la que los tres son protagonistas. La gente ha respondido con sonrisas y rating, más de cien programas lo demuestran en los que hemos tenido músicos, cantantes, actores, humoristas, políticos y deportistas. Joe Arroyo, Willie Colón, Antanas Mockus,


72

personajes

Sergio Fajardo, Gina Parodi, José José, Luz Amparo Álvarez, Gilberto Santa Rosa, Mariana Pajón, René Higuita, Leonel Álvarez, Victor Manuel y muchos otros invitados que más de uno quisiera tener. No todo ha sido fácil, recuerdo que una noche, cuando hacíamos el programa los miércoles en vivo y en directo, nuestro invitado Ricardo Henao, periodista de RCN, tuvo problemas con el vuelo y no sabíamos si alcanzaba a llegar. ¡Acción! ¡Estamos al aire! El público aplaude, sonríe, el corazón late más rápido; el sueño debe continuar o mejor dicho, empezar. Mientras hacía el monólogo me iban narrando por el apuntador: ya viene bajando Las Palmas, ya llegó a San Diego, ya viene por la treinta. Mandé a comerciales, llegó Ricardo, el programa se hizo y todo siguió su curso. En otra ocasión, en el estreno de nuestra segunda temporada, invitamos a Carlos Donoso, famoso comediante y ventrílocuo venezolano. El programa comenzó bien pero cuál sería mi sorpresa cuando el latoso muñeco Kini, comenzó a hacer chistes vulgares a pesar haberle advertido que el programa era familiar y con público infantil. Ese día sufrimos todos el alter ego del comediante venezolano que estaba más fastidioso que su presidente. La gente que me encontraba después en la calle me decía: “Oiga, sufrí con ese mico”. Creo que a la molesta patología muscular que a veces nos da en el cuello y que nos impide movernos con facilidad la llaman mico en honor a Kini. Como estas anécdotas hay muchas, pero ni ustedes tienen el tiempo para leer ni yo memoria para contarlas.

Telemedellín, un gran cómplice Ahora, ¿este proyecto lo hubiera podido hacer en cualquier otro canal? no creo. Uno debe entender los mensajes que le da la vida, los planetas se alinean para que logres el éxito. Decidí aceptar el lla-

T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 73

EL CANAL

mado de un canal joven, que de manera moderna, a nuestro estilo, muestra la calle, la casa y la esquina de esta loca y fascinante ciudad que se resiste a quedarse quieta. Telemedellín no solo impulsó mi carrera sino que con él aprendí a hacer televisión pública divertida con creatividad y ganas. Nietzsche decía: “A algunos para simular profundidad les gusta enturbiar el agua”. Telemedellín es simple y directo sin dejar de ser profundo. Su estilo hace parte de ese mundo imaginario donde todo es posible, donde como dicen las mamás: se le ve el cariño.

“Solo queda decirles

Telemedellín: Una casa de

¡Dios les pague! Por

puertas abiertas

cada carcajada, por cada mensaje, por cada aplauso, por dejarnos

En 2010 Telemedellín recibe una casa en El Poblado para usarla como sede alterna. En 2011 pasamos la hoja de los malos recuerdos y abrimos las puertas del bosque de la vida a todas las miradas.

entrar en sus casas y hacernos sentir como

Esta

si fuéramos familia”. Espero seguir haciéndole cosquillas al corazón de los televidentes con este amigo y cómplice que me ha dado la libertad y el amor que se necesitan para crear. Deseo continuar con la idea de transformar nuestra realidad desde un escenario; buscando contar lo que somos, tal vez con un poco de inocencia, pero con franqueza; reconocernos a través de un lente cóncavo y convexo cuyo zoom tiene posibilidades infinitas, pues como lo decía Tolstoi: “Describe tu aldea y serás universal”. Nuestra aldea es Medellín y nosotros sus románticos aldeanos.

Dejar de ser Alejandro Hoyos y convertirse en Suso, el Paspi, es una difícil tarea de maquillaje que este personaje realiza por cada sonrisa.

finca, llamada Montecasino, fue construida en 1950 por el arquitecto Hernán Rodríguez para una familia de grandes empresarios antioqueños. Pasó a manos de paramilitares en la década de los 80, quienes le anexaron dos predios aledaños para un total de 33 mil metros cuadrados, dejando el recuerdo de una época para no repetir y como aprendizaje de que no se debe olvidar. Desde 2010, cuando llega el canal, esta casa se convierte en un espacio para todos, reafirmando que Telemedellín es mucho más que televisión, es la ventana de la ciudad al mundo, un lugar público, ese espacio donde se confirma el: Aquí te ves. La casa, que aparece en el libro de las cien mansiones de la época de los cincuenta en Medellín, es un espacio abierto para que los ciudadanos visiten. Toda el área hace parte de la escenografía de diversos programas del canal y es también sede de salas de edición y oficinas de comunicadores. Es así como Telemedellín ha transformado los recuerdos tristes de una época de dolor. Donde había un rastro de violencia, por donde caminaba la soledad, hoy pasan cientos de personas que, con el colorido de sus sonrisas y su diversidad, llenan de vida el Canal Parque.


TELEMEDELLÍN · 15 AÑOS

La ciudad que nos hace soñar


TELEMEDELLÍN · 15 AÑOS

Como a toda quinceañera nos llegó la hora de posar


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T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 79

Aquí vos sos el protagonista

Esta es la

familia Telemedellín

Aquí trabajamos para hacer de Medellín, un hogar para la vida

15 años

John William Fernández

Giovanni Ospina

Jaime García

15 años

15 años

Liliana Londoño

Janet Castillo

Gloria Ramírez

15 años

15 años

15 años

15 años

Juan Diego Hernández

Carlos Duque

Juan Carlos Gallo

Sergio Ochoa

15 años

15 años

15 años

Dora Patiño

Adriana Cadavid

Wilman Ortiz

Jesús María Álvarez

15 años

15 años

15 años

15 años

Jaime Saldarriaga

Gustavo Henao

John Jairo Agudelo

Hernán Marín

15 años

15 años

12 años

11 años

Henry Hincapié

Jairo Fuentes

Eliana Lopera

David Vélez

15 años

14 años

11 años

11 años

Danilo Zuluaga

Jaqueline Hurtado

Alonso Manrique

Viviana López

15 años

13 años

11 años

11 años

Gloria Pabón

Rubén Uribe

15 años

12 años

11 años

Margarita Monsalve

Álex Acosta

11 años


80

T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 81

Aquí vos sos el protagonista

Óscar Tobón

Federico Uribe

Juan Felipe Mejía

Juan Camilo Alzate

11 años

10 años

10 años

9 años

Mauricio Galeano

11 años

10 años

Carlos Andrés Vélez

Fabián Berrío

9 años

9 años

Juan Guillermo Moreno

Fabio Muñoz

10 años

10 años

Édgar Ovidio Zapata

Ómar Escobar

David Jiménez

9 años

9 años

Alfredo Laserna

10 años

10 años

Juan Fernando Castro

Andrés Muñoz

Wílber Raíllo

9 años

9 años

Sergio Córdoba

John Jairo Zapata

José Zuluaga

Alicia Henríquez

9 años

9 años

8 años

8 años

Miguel Ángel Villa

Felipe Aramburo

Adriana Montoya

Juan Carlos Rodríguez

9 años

9 años

8 años

8 años

Natalia Ardila

Edwin Londoño

Jhon Jairo Vélez

Jorge Iván Hincapié

9 años

8 años

8 años

8 años

Luis Eduardo Montoya

Lina Marcela Pérez

Ángela Rojas

Mauricio Betancur

9 años

8 años

8 años

8 años


82

T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 83

Aquí vos sos el protagonista

Jorge Zuluaga

Adrián Torres

María Adelaida Puyo

8 años

7 años

7 años

7 años

Juan Fernando Foronda

Luis Alirio Calle

Mónica Londoño

8 años

7 años

7 años

Carlos Alberto Sánchez

Alexandra Salamanca

7 años

Jaime Giraldo

Jaime Toro

Juliana Ríos

Nelson Usquiano

8 años

7 años

7 años

7 años

Nora Gómez

Luisa Quintero

Andrés Rengifo

Gladys Mesa

8 años

7 años

7 años

7 años

Viviana Bustamante

Erika Cataño

Juan Pablo Ortiz

Lina Tapias

7 años

6 años

5 años

5 años

Alexánder Ruidiaz

Giovanni Vargas

Dalia Zuleta

Edwin Cardona

6 años

6 años

5 años

5 años

6 años

Mariana González

6 años

Diana Gallo

David Mora

5 años

María Camila Mojica

5 años

Diana Correa

Luis Fernando López

María Camila Rivas

Diego Marulanda

6 años

5 años

5 años

5 años


84

85

AQUÍ VOS SOS EL PROTAGONISTA

Víctor Rico

Janeth Londoño

Lina Álvarez

Olga Patricia Álvarez

5 años

5 años

4 años

4 años

Marcela Restrepo

Juan Osorio

Federico Ardila

Alejandro Polling

5 años

5 años

4 años

4 años

5 años

Mauricio Alejandro Gómez

Luz Zapata

Sebastián Regino

Ana Marly Orrego

4 años

4 años

4 años

Lina Pulgarín

Andrés Arango

Paulina Gallego

Juan Carlos Castaño

5 años

4 años

4 años

4 años

Gustavo Ospina

Celmira López

Fabio Velásquez

Iván Darío Loaiza

4 años

4 años

4 años

4 años

Yuliet Osorio

César Ríos

4 años

4 años

4 años

María Alejandra Cardona

Yuliana Ospina

3 años

Cristian Arango

Paula Díaz

Nelson Arroyave

Esteban Agudelo

4 años

4 años

4 años

3 años

Verónica Valencia

Jhonatan López

Mónica Parra

Marcela Franco

4 años

4 años

4 años

3 años


86

T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 87

Aquí vos sos el protagonista

Gloria Lainez

Arley Palacio

Yésica Bravo

Olga Ramírez

3 años

3 años

3 años

3 años

José Jairo Zapata

Tatiana Villada

Nicolás Sierra

Mauricio Escobar

3 años

3 años

3 años

3 años

Beatriz Montoya

Jonhatan Acevedo

Leidy Torres

Lina Penagos

3 años

3 años

3 años

2 años

3 años

Ana Zuleta

3 años

Diana Robledo

Juan Guillermo Gaviria

Diego Caicedo

3 años

2 años

Gustavo Blanco

Giovanny Rendón

Vicente Zuluaga

Nelly Vallejo

2 años

2 años

2 años

2 años

Daniel Uribe

Juan José Ramírez

Melissa Gutiérrez

Daniel Montoya

2 años

2 años

2 años

2 años

Juliana Zuluaga

María Uribe

Carlos Mario Valencia

Maribel Ramírez

2 años

2 años

2 años

2 años

Jaime Moreno

Jorge Luis Hernández

Verónica Villa

Jhonny Ortiz

2 años

2 años

2 años

2 años


88

T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 89

Aquí vos sos el protagonista

Ángela Salazar

Frank Franco

Richard Bermúdez

María Teresa Marín

2 años

2 años

2 años

2 años

Juan Carlos Yepes

Juliana Ospina

Inés Díaz

Andrés Cano

2 años

2 años

2 años

2 años

Manuel Gallego

Gilberto Posada

Julián Serna

María Cecilia Restrepo

2 años

2 años

2 años

2 años

Amaro Pérez

2 años

2 años

Ángela María Monsalve

Esteban Santa

Giovany Román

2 años

2 años

David Barreto

Róbinson Gómez

Juan Esteban Morales

Sergio Gaviria

2 años

2 años

1 año

1 año

Marcela Monge

Elizabeth Restrepo

Sandra Ospina

Émerson Gutiérrez

2 años

1 año

1 año

1 año

Adrián Franco

Steban Martínez

Yohan Gómez

Tomás Molina

2 años

1 año

1 año

1 año

Alejandro Tangarife

2 años

Yerman Álvarez

Verónica Guzmán

Nelson de Jesús Arango

1 año

1 año

1 año


90

T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 91

Aquí vos sos el protagonista

Lina María Pérez

Iván Roa

Laura Arango

Juan Carlos Restrepo

1 año

1 año

1 año

1 año

Juan López

Sandra Castaño

Sebastián Misas

Duván Colorado

1 año

1 año

1año

1 año

Paola Rueda

Julio Ceballos

Elkin Naranjo

Mauricio García

1 año

1 año

1 año

1 año

Guillermo Gil

Lina Arango

Gabriel Muñoz

Alejandro Córdoba

1 año

1 año

1 año

1 año

1 año

Jorge López

11 meses

Lina Marcela Zapata

Paula Jaramillo

Juan Carmona

10 meses

9 meses

Juan Miguel Calvo

1 año

11 meses

Giovani Marulanda

Gregorio Benavides

Diana Salinas

9 meses

9 meses

Andrea Tobón

Jhon Gil

Ana María Vélez

Javier Arboleda

1 año

11 meses

9 meses

9 meses

Juan David Agudelo

Mónica Prada

Catalina Trujillo

Paola Arias

1 año

11 meses

9 meses

8 meses


92

T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 93

Aquí vos sos el protagonista

Paula Restrepo

Edilberto Torres

8 meses

8 meses

8 meses

Juan Manuel Vargas

Laura Echandía

7 meses

Héctor Franco

Lina Ríos

Diana Montoya

Lina Quiceno

8 meses

8 meses

7 meses

7 meses

8 meses

Irene Rengifo Guisado

8 meses

Nelson de Jesús Gallego

Diana Restrepo

Sandra Lopera

7 meses

7 meses

Alejandro Noreña

Luis Franco

Darío Palacio

Cristian Marín

8 meses

8 meses

7 meses

6 meses

Vanessa Reyes

Cristina Torres

Camilo Gutiérrez

Juan Pablo Patiño

6 meses

6 meses

5 meses

5 meses

Santiago Londoño

Camilo Arango

Andrés Upegui

Laura Melissa Sierra

6 meses

5 meses

5 meses

5 meses

Viviana Serna

Melina Garzón

Laura Vargas

Camilo Quintero

6 meses

5 meses

5 meses

5 meses

Víctor Arias

Mauricio Abad

Daniel Orozco

Henry Bustamante

6 meses

5 meses

5 meses

5 meses


94

T E L E M E D E L L Í N · 1 5 A Ñ O S 95

Aquí vos sos el protagonista

Daniela Cortés

Yonier Pacheco

Claribel Escudero

Sara Gómez

5 meses

4 meses

4 meses

4 meses

Santiago Villegas

María Pareja

Andrés Pulgarín

Bryan Gómez

5 meses

4 meses

4 meses

4 meses

Lina Henao

4 meses

4 meses

Juan Camilo Aristizábal

Paula González

Beatriz Burgos

4 meses

4 meses

4 meses

Marco Fidel Márquez

Juliana Pulgarín

Efraín Villanueva

Alba López

4 meses

4 meses

3 meses

Catalina Gómez

David Gutiérrez

Juan Felipe Upegui

Stivens Álvarez

3 meses

3 meses

3 meses

2 meses

3 meses

Brayan Stiven Racinis

Yulieth López

Francisco Pineda

Ana María Marín

3 meses

3 meses

1 mes

Liliana Bedoya

Andrés Blanco

Alejandro Bedoya

Santiago Ramírez

3 meses

3 meses

2 meses

1 mes

David Ramírez

Gladys Molina

Waldir Ochoa

Victoria Flórez

3 meses

3 meses

2 meses

1 mes


96

Aquí vos sos el protagonista

Daniela Espinosa

1 mes

Jairo Esteban Calderón

1 mes

Juan Camilo Ramírez

1 mes

¡Feliz cumpleaños!


Revista m - Telemedellín  

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