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Director Padre Enrique Castillo Corrales Consejo de Dirección Stella Gutiérrez Castañeda Luz Nancy Díaz Calderón Amparo González Martínez Elizabeth Mesa Pérez Carlos H. Martínez Ramírez Beatriz M. Restrepo Isaza Catalina Vergara Carulla La opinión oficial de esta revista queda expresada en su editorial Posiciones. Los colaboradores, dentro de la índole doctrinaria de esta publicación, tienen plena libertad para exponer sus ideas y son responsables de las mismas.

Pag. 1.POSICIONES Cuerpo del escrito - Amparo González Presentación artículos - Amparo González ——————————— 2. NUESTRO INSPIRADOR El Campo Escrito de Hernán Vergara Pensamientos acerca del campo ——————————— 3. MIRADA BÍBLICA En medio de las dificultades, fidelidad de Dios y confianza humana en Él Padre Ricardo Londoño. ——————————— 4. LA IGLESIA CATOLICA HOY Actualidad Eclesial: Integración o Dispersión en el Plan “E” Padre Enrique Castillo. ——————————— 5. RECORDANDO Recordando Catalina Vergara ——————————— 6. MARCANDO LA DIFERENCIA La construcción de un Plan de Evangelización Padre Henán Báez —————————— 7. MESA REDONDA Maria en Aparecida Letanias de Aparecida Padre Miguel Patiño ——————————— 8. A MODO DE APOYO Documentos de Hernán Vergara Delgado a. La Iglesia entre irremplazable y superflua b. Carta a Jorge Restrepo 3 Junio 1996 c. Carta del 8 de agosto de 1991 a la Comunidad en la Ronda

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Para

esta emisión de la Revista Testimonio, hemos escogido un tema al que hoy la Iglesia Católica le dedica gran parte de su tiempo. Se trata de repensar la evangelización en el mundo, necesidad mencionada ya desde el Concilio Vaticano II. El papa Benedicto XVI ha convocado, para octubre próximo, el Sínodo de Obispos que dará comienzo al Año de la Fe. Al Sínodo llegará el resultado del trabajo que se realice en las diferentes Diócesis del mundo con participación de todos los fieles, como aporte que ilumine a sus participantes, para renovar y actualizar la evangelización a la luz de los dramas y las necesidades de hoy. El Papa registra una “profunda crisis de fe”1, visto por sus lectores como proceso de marginación de la vida cristiana, que en consecuencia tiende a reducir el cristianismo a la vida privada. En realidad, razones válidas y a la vista de todos ha tenido el Papa para reconocer públicamente esta crisis y buscar caminos para “volver a proponer a todos el don de la fe en Cristo resucitado.”2 El arzobispo de Bogotá, Monseñor Rubén Salazar, ha concretado este propósito convocando a toda la Arquidiócesis de la ciudad de Bogotá, a “discernir y construir juntos”, el llamado Plan de Evangelización. El documento Número 1, de dicho Plan, titulado Convocación, nos presenta los trazos esenciales del proyecto, desde su concepción hasta sus planes a futuro. Uno de los puntos principales que visualiza en su análisis de la realidad, está expresado en decir

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que, “nuestros esfuerzos se encaminan, más que a tener un documento final, a vivir un verdadero proceso de conversión pastoral, personal y comunitario” (Subrayado nuestro). Éste último elemento, a mi modo de ver, es el eje clave del buen resultado de este propósito. La presencia del Espíritu en plenitud se vuelve real cuando puede vivir en una comunidad que se ama en nombre de Cristo crucificado y resucitado, como desde sus entrañas nos lo dijo San Pablo. Los cristianos hemos de constituir comunidades reales, donde se comparte la vida donde no hay pastor sin fieles ni fieles sin pastor, y donde la comunión trasciende las diferencias que la Iglesia ha vivido por siglos entre consagrados y simples fieles, que son perjudiciales tanto para unos como para otros, y que nada tienen que ver con la vida en comunión que compartió el Señor con sus discípulos, o con el amor y pertenecimiento mutuo que encontramos en las comunidades de San Pablo y San Ignacio de Antioquía. El documento “Convocación”, busca a su vez, ser un aporte “al bien común social y eclesial.” Aunque esta frase pareciera un lugar común o de muy obvia aceptación, creo que ante la realidad que atraviesa la Iglesia, está en primer lugar el que ella resuelva sus necesidades al interior de sí misma. Todas las alertas son pocas ante lo que se entiende por “bien común”, que no es precisamente lo que los católicos podemos aportar, como por ejemplo, matrimonios fieles e indisolubles aun en las dificultades, respeto irrestricto a cualquier vida concebida, una vida sexual sana no manipulada.

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entre sí produciendo un poder de cambio irresistible. Seamos fieles en fortalecer la identidad de la Iglesia, que los frutos vendrán por añadidura. Si la luz está encendida irradia para todos, no dejemos que se apague. Surgen cada día nuevas comunidades y personas con ansias de encontrar a Dios pero la perseverancia no se da sino cuando se superan las dificultades en el fortalecimiento concreto de vínculos en la fe y en el amor, que permiten la circulación del Espíritu y de la Gracia. *** Una luz nos la da el Arzobispo de Bogotá, al enviar la colecta de la Comunicación Cristiana de Bienes, recogida en la Diócesis de Bogotá en la Semana Santa que acaba de pasar, a la Diócesis de San José del Guaviare, como señal de presencia y comunión en tierras impregnadas de los problemas que agobian al país, y que son reflejados en la ciudad con las innumerables familias que han venido del campo huyendo de la guerra y del desamparo, es decir un campo gravemente afectado. La comunión de bienes que realizó Monseñor Salazar en este acto, nos evoca las palabras de Dom Helder Cámara, quien aseguraba que ante el crecimiento de grupos, y pequeñas o grandes comunidades de creyentes, llegaría el momento en el que el Espíritu, que las había suscitado, se encargaría de unirlas y comunicarlas

Nuestra Comunidad Humanae Vitae a la que pertenezco, desde su experiencia de evangelización en el campo, sustentada en la Antropología Bíblica, encuentra en él fuente inmejorable de crecimiento y oxígeno vital para nuestra vida espiritual. La Iglesia, que es una, vincula la ciudad al campo, esperando que los creyentes no tengamos que recibir el reproche de Jesús a Jerusalén: “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados. Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como una gallina reúne a sus pollos bajo sus alas, y no habéis querido!” (Mt 23, 37). Concluyo, diciendo que, la tarea fundamental de todo creyente, es producir en la vida concreta y diaria pequeñas comunidades al alcance de los sufrimientos y alegrías de todos, nutridas, acompañadas y fortalecidas por un pastor, quien a su vez, se acompaña y se alimenta de su comunidad. *** Notas: 1

Benedicto XVI, Discurso a Asamblea Plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, enero 27, 2012. 2

Ibid

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nuestro editorial. el doctor Hernán Vergara Delgado, de quien presentamos para esta revista su escrito “El Campo” en el que lo descubre como contexto de evangelización. el padre Enrique Castillo a partir de la necesidad de adelantar con eficacia el Plan de Evangelización en Bogotá, plantea su percepción sobre la necesidad que tiene la Diócesis de unir sus pastores por cuanto hay factores que históricamente lo han disgregado. el padre Ricardo Londoño en esta sección recoge el drama de Dios y el hombre cuando a éste último el don de la vida le resulta muy pesado, y el vínculo de Alianza de Dios hacia el hombre triunfa y rescata al ser humano de su debilidad. Catalina Vergara presenta su concepción de la Iglesia a partir de un diálogo que sostuvo en su juventud con una religiosa, concepción que, trasmitida por su padre, el doctor Hernán Vergara, la llevó a definir la Iglesia como una vocación. el padre Hernán Báez en la sección presenta entrañable y detalladamente el Plan de Evangelización que se lleva a cabo en la Arquidiócesis de Bogotá, en su directa vinculación a él. el padre Miguel Patiño, Misionero Monfortiano, para el mes de mayo nos ha regalado una síntesis mariológica del que nos invita a mantener la llama de la Evangelización con la presencia permanente de María. Recomendamos como documentos de consulta del doctor Hernán Vergara Delgado: La Iglesia entre irremplazable y superflua. Publicado en PRESENCIA, Nº 250, febrero-marzo 1978, pp. 11-14, Carta del 8 de agosto de 1991 a miembros de la comunidad Humanae Vitae en La Ronda, en la que considera de vital importancia el “Mutuo Acuerdo” para que se congregue una pequeña comunidad de fieles, Carta a Jorge Restrepo. Noviembre de 1996.

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Para mejorar la distribución de la población es preciso aumentar la habitabilidad del campo. No es sólo cuestión de que “El campo vuelva a ser negocio” como viene ofreciéndolo un slogan publicitario de la Caja de Crédito Agrario desde hace varios años, mientras el campo sigue bajando como rentabilidad respecto a otras actividades. Ciertamente, el trabajo y la inversión en el campo, en cuanto negocio, ha de volverse menos malo para que siga subsistiendo, pero esto no podrá lograrse con alicientes exclusivamente económicos. Antes que ser un buen negocio, el campo ha de ser un habitat deseable, y es mejorándose como habitat como podrá mejorarse en cuanto negocio. Los indígenas pudieron hacer de la selva su habitat igual que los animales silvestres, por la baja densidad de población y la limitación de sus aspiraciones, en cuanto a calidad de la vida, en un proceso dominado por el protagonismo de la naturaleza. La transformación del campo en habitat para el hombre moderno, requiere que el protagonismo de la naturaleza sea sustituido por el protagonismo del hombre, pero no cualquier protagonismo humano. Tiene que ser uno superior al que genera el crecimiento de las ciudades. Es aquí en donde las motivaciones naturales, civiles o psicológicas resultan inferiores a la necesidad de aminorar, ya que no es pensable invertir, la tendencia migratoria de los campesinos a las grandes ciudades. El simple espíritu cívico o de progreso no da para tanto. Se requiere la intervención de ese espíritu que “llevó a Cristo al desierto para ser tentado” (Mt 4, 1) y por el que Cristo venció las tentaciones del desierto. El mismo espíritu que ha poblado varias veces los desiertos y las soledades de los campos durante la historia del cristianismo, transformando lugares inhabitables en polos de habitabilidad. El simple espíritu de “superación” o de

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progreso produce “cerebros fugados” y una muestra de lo que ese espíritu significa en términos de solidaridad humana es lo ocurrido con el decreto que el presidente Betancur dictó pata estimular la repatriación de los “cerebros fugados”. Cientos o miles de éstos aprovecharon la oportunidad para introducir al país sin impuestos mercancías de prohibida importación o para vender sus cuotas de importación a residentes en el país. Una vez realizado el gran negocio, incluyendo un fraude con carros de lujo por valor de 1.100 millones de pesos, regresaron a sus sedes en el exterior. Tal premio a la migración hacia las metrópolis contrasta con el abandono a quienes han quedado en los campos.

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El desarrollo que el campo colombiano ha tenido ha sido en su mayor parte subsidiado con rentas obtenidas en otras actividades. Su mayor auge correspondió a un tiempo en que el impuesto a la renta estuvo gravando la totalidad de utilidades sobre inversiones distribuidas entre el campo y otras actividades. Con la adscripción de cada renta a su respectiva inversión quedó interrumpido ese traslado de utilidades a las inversiones no rentables o menos rentables del campo. Después han venido introduciéndose formas de subsidio estatal para las actividades agrarias siguiendo el modelo de países desarrollados. Esta necesidad de un subsidio económico es secundaria con relación a la necesidad de subsidio espiritual. La vida del campesino ha sido tradicionalmente sórdida, marcada por el asilamiento, la incomunicación, la desconfianza, el fatalismo frente a las enfermedades y a toda forma de adversidad. La civilidad aparece como un efecto del roce social obligado por la alta densidad demográfica de la ciudad. Cuando se piensa en la necesidad de un subsidio espiritual habría que pensar en la Iglesia. Así como se piensa en los bancos para conseguir dinero, habría que pensar en la Iglesia como banco de recursos espirituales. La tan mencionada “redención del campo” debe asegurar ante todo su transformación de hábitat para gentes aisladas, incomunicadas, desconfiadas, en lugar de vida comunitaria y fraternal. Para conseguirlo, se requiere un gran movimiento misionero, entendiéndolo como traslado de recursos espirituales de los centros desarrollados en donde se acumula espiritualidad (universidades, órdenes religiosas, movimientos eclesiales), a los lugares donde la vida es más sórdida. Un movimiento inverso al de los “cerebros fugados”, en contravía a las tendencias humanas de “superación”, inspirado en el movimiento de la encarnación de Dios que “se hizo hombre y hábito entre los hombres” (Jn 1, 14). Una inversión de vida espiritual en terrenos de vida sórdida que reproduzca el movimiento por el cual Dios ha invertido su divinidad en terreno de humanidad. Este tipo de misión encontraría a la Iglesia inhabilitada por su identificación con el culto. Llevar la Iglesia al campo sería entendido como levantar capillas en donde los ministros ordenados celebrarían la Eucaristía y administrarían los sacramentos. Esto se estuvo haciendo especialmente cuando hubo gran cantidad de vocaciones sacerdotales. De lo que se trata en esta peculiar misión es de redimir el modo de vida sórdida de los campesinos mediante modos de vida fraternal, comunitaria, o eclesial de quienes viven en el campo y viven del campo con su trabajo de campesinos. Redimir la vida campesina mostrando que puede ser una vida espiritual, cristiana, sin dejar de ser campesina. Esto no puede lograrse mientras la Iglesia se haga presente exclusivamente como proveedora de culto y de sacramentos.

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En el Antiguo Testamento, el culto aparece después de la historia de salvación relatada en el Éxodo, y referido a reiterar esa historia como recuerdo y como actualización de los hechos fundantes del pueblo de Dios. Historia salvífica y culto son dos momentos diferentes que se reciclan mutuamente: se va al culto por que se ha vivido una historia, y se vuelve a vivir una historia por que se ha ido al culto. Lo mismo ocurre en el Nuevo Testamento con la Eucaristía o la Cena del Señor. Cristo recapitula en esa cena su vida de estudio de las Sagradas Escrituras, de observancia de la Ley, de amor y de servicio a los hombres y de comunicación con su Padre, y parte de allí para protagonizar su pasión, su muerte, su resurrección, su retorno al Padre. La comunidad apostólica inscribe la celebración de la Eucaristía entre dos semanas de protagonismo histórico. El culto y la actuación como hombres que tienen que ganar su vida con el trabajo, se reciclan mutuamente. Si a poco de andar, la comunidad introduce diferenciaciones como la de los apóstoles “para la predicación y la oración” (Hch 6, 4) y a los diáconos “para la administración de los bienes” (cf. Hch 6,3), ni los que oran o predican, ni los que trabajan, se representan a sí mismos sino a la comunidad. La separación que hoy existe entre el culto con los ministros consagrados de una parte, y de otra el trabajo y la procreación con los laicos, ha separado el culto de la vida y ha profanado el trabajo y la vida sexual. Solamente la Iglesia puede asumir esa misión, pero ha de revisar, por quienes se sintieran llamados a hacerlo, aspecto claves de su actual configuración. A la cabeza de esa revisión yo podría el vínculo de la Iglesia con la producción agropecuaria, en cuanto que el problema del campo está determinando los procesos de más incidencia en el futuro. El punto contempla la relación del cristianismo con la producción en general, y con esta peculiar producción en particular, pero el cristianismo no funciona como instancia anónima sino apersonado por protagonistas bien identificados. En Colombia tenemos a la Iglesia católica y a las sectas. Excluyo la posibilidad de que la tarea contemplada pueda ser realizada por las sectas por razones que no vienen al caso mencionar, y me circunscribo a la Iglesia.

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De entrada encontraría la necesidad de cambiar la identidad de Jerarquía y clero que es la vigente en los medios de comunicación por una identidad comunidad unitaria o, en términos del Concilio, identidad del Pueblo de Dios. La Jerarquía y el clero, o los ministros ordenados, son identificados sociológicamente como clase no productiva, en contraposición a las clases productivas constituidas por los laicos.

bautismo de sus niños, dentro de un sentido mágico de rito protector contra enfermedades, maleficios y otros peligros; para el culto a sus difuntos y un poco, para sus matrimonios. Lo que menos valoran es la Eucaristía como acto fundante de vínculos fraternales y de unión con Dios. Si piden a los ministros celebración de misas es en relación a los difuntos o al matrimonio. Tal modalidad de vida católica es más un consumo de culto, una religión, que la promoción del amor espiritual entre los hombres, y tiene sus días contados por la extensión de la modernidad a los sectores iletrados.

La Iglesia y la Reforma Agraria

Esta identificación de clase productiva desidentifica a los laicos católicos en cuanto a Iglesia. La Iglesia tendría que trabajar simultáneamente por adquirir una identidad sociológica integrable entre “las fuerzas productivas” y por adquirir una identidad sociológica comunitaria, sin división de clases en su interior, lo que equivale a abandonar las identidades tradicionales de clero y laicado, ya sea como aditivas o aún como complementarias. Menciono la índole sociológica de las identidades para destacar el aspecto histórico por cuanto la Iglesia, doctrinariamente, en su ser teológico, es una comunidad, el pueblo de Dios, y nada más que una comunidad. Por lo demás, los dos objetivos son convergentes, pues la Iglesia sólo puede llegar a identificarse históricamente como una fuerza productiva en la forma de comunidad productiva Es, como se dice popularmente, “hacer una ida y dos mandados”. En esta doble configuración o identidad de comunidad productiva es posible recuperar el sentido original y dinámico del culto, su función en la génesis de vida cristiana, su referencia a lo cotidiano. En el estado actual de cosas, los ministros consagrados se ven buscados por los campesinos para el

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La Iglesia católica de Colombia se dejó meter en el tema de la reforma agraria durante al campaña para la presidencia de la República en que estuvieron enfrentados como candidatos rivales del partido liberal el doctor Lleras Restrepo y el doctor López Michelsen. López, que despegó su campaña aliado al comunista Juan de la Cruz Valera, líder guerrillero, empezaba a flirtear con el ofrecimiento de la reforma agraria, a lo que respondió Lleras nombrando un pomposo “Comité de Reforma Agraria” en el que puso al arzobispo de Bogotá, el cardenal Luis Concha Córdoba. López, que no se regala, y que en un programa de reforma agraria con socio comunista no tenía más perspectivas que la del ser el satélite, y se deshizo del socio y arrió la bandera, dejándole libre ese campo a Lleras, quien supo sacarle buenos dividendos electorales. Digo que la Iglesia “se dejó meter” en ese tema porque la reforma agraria ha sido entre nosotros un anzuelo electoral más que un programa científicamente elaborado, y porque aún tomado en serio, es un tipo de problema en el que ni el arzobispo de Bogotá ni los demás obispos tenían competencia. En cuanto a los católicos “laicos” viven homogeneizados mayoritariamente con el capitalismo o, minoritariamente, con veleidades socialistas y revolucionarias. La reforma agraria ha sido un incinerador de políticos en cualquier país latinoamericano en donde ha sido propuesta. Cuando ha parecido constituir un triunfo, como en el caso del General Velasco Alvarado en el Perú, lo que se ha quemado es la producción agrícola. La modesta reforma agraria de López Pumarejo, en 1936, disparó el proceso de migración campesina a las ciudades y la disminución vertical del productos “de pan coger”. La sorpresiva disminución de votos por el doctor Galán Sarmiento puede estar relacionada con un anuncio hecho durante su campaña de “repartir las tierras”. El campo es ya un negocio suficientemente malo en el estado actual de propiedad de la tierra y cualquier agitación sobre cambio en la tenencia de la tierra sólo incide sobre desestímulo de la inversión y de la tecnificación para la producción agropecuaria.

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El campo colombiano está afectado por el economismo al igual que todas las actividades pero con la desventaja de ser el peor negocio entre las distintas actividades. Todo mundo piensa que “hay que hacer algo” con relación al campo, pero como a nadie se le ocurre algo que no sea responder al economismo de los campesinos sin tierra con programas de hacerlos propietarios, y todos los políticos temen quemarse en ese polvorín, las cosas siguen igual, con mala conciencia de las clases propietarias y resentimiento de los campesinos sin tierra. El tema termina dando para revolucionarios de escritorio, para campesinos reclutados por las guerrillas, y para disminución de productos indispensables a la vida. Lo que haya de hacerse, para que sea factible y además provechoso para la comunidad, ha de ser pensado sobre el postulado de que “nada cambie para que todo cambie”, o sea a contracorriente de la política. El problema está en que el hombre moderno se ha politizado a tal punto que ni los cristianos piensan que se pueda hacer algo que no sea nadando en la dirección de las corrientes políticas. Las certezas y hasta los dogmatismos están del lado del economismo y del poder. El cristianismo, que es primacía del amor sobre la economía y sobre el poder ha quedado sin espacio, ha dejado de ser creíble. La respuesta al problema comienza por creer en el cristianismo y llegar a hacerlo creíble. Si esa tarea no es la tarea de la Iglesia, ¿de quién podría ser?

Poder y el Amor El cristianismo ha sido un gran hecho histórico sin que lo haya sido como una de las fuerzas productivas, en el sentido en que hoy entendemos eso, pero lo ha sido en otras circunstancias, en otros tiempos. La producción es hoy el gran “signo de los tiempos”. El capitalismo y el comunismo le han tomado la ventaja, lo han desplazado a franjas marginales después de haber sido la vigencia en Occidente, por la referencia de ambos a la producción y el

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desligamiento de las Iglesias con la producción. La respuesta del cristianismo a este tiempo de capitalismo, de comunismo y de guerra entre los dos, no puede ser otra que la de una producción cristiana. La Iglesia sigue siendo en Colombia la mayor protagonista en cuanto asistencia a los pobres en las varias formas de “misericordia corporal”, pero hay que tener en cuenta que la asistencia ha pasado a la franja marginal desde que la modernidad se ha identificado con la justicia. Hay que tenerlo en cuenta sobre todo, porque la identificación de la modernidad con la justicia se ha producido en el contexto polémico del “¡No queremos caridad, sino justicia!” No se quiere tanto la justicia cuanto la descalificación de la caridad. Es en el interior de este movimiento donde se ha producido la sobrevaloración de la política y de los políticos contra la infravaloración del cristianismo y de las “personas consagradas”.

La conciencia cristiana, y las personas que se identifican en esta conciencia, podrían aceptar la situación de marginalidad. De hecho, la mayoría de las personas “eclesiásticas” (sacerdotes, religiosos, laicos piadosos) existen como marginales sin siquiera tomar nota de ello, o aceptándolo a pesar de saberlo. Sin embargo, sea o no tarea de la Iglesia intervenir en política, es cosa de todos los días que aparezcan obispos interviniendo en política, como ininterrumpidamente han venido haciéndolo para decir explícitamente que el voto es un deber moral, para apoyar, aunque sea en la forma negativa de indicar por quiénes no se debe votar, a determinados candidatos de los partidos políticos. La política ejerce tal atracción sobre miembros del clero, que muchos de los sacerdotes que se han retirado de su ministerio lo han hecho para poder intervenir sin ambages ni limitaciones en la política partidista, y en el pasado de muchos revolucionarios, como es el caso del recientemente abatido Carlos Fayad, comandante del M19, se registra el paso por algún seminario. Desde Camilo

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la acción pastoral, o de que sean leídos como único signo de eficacia en la acción. En política todo se pierde y nada se gana cuando se pierde el poder o cuando no se gana, mientras en la acción del cristiano todo se pierde y nada se gana cuando se pierde el amor o no se gana el amor.

La producción cristiana

Torres, no son pocos los que han pasado directamente a la subversión armada. Si tal es la situación de hecho, mejor es revisarla que ignorarla. Revisarla empezando por pensar que tales derivaciones desde el ámbito eclesial hacia el político no se deben a falta de verdadera vocación religiosa sino a una verdadera vocación. La clave del equívoco puede estar en las prioridades; en lo que es primero y lo que es después; en lo que se asegura y lo que se deja en riesgo. La propuesta evangélica del “Buscad primero el reino de Dios y su justicia, que lo demás se os dará por añadidura” (Mt 6, 33) no propone excluir las tareas propias a la existencia temporal y terrenal sino pasarlas al lugar de lo secundario, de lo que puede venir o no venir como ocurre con la “ñapa” o el “vendaje” en las compras, de lo que se deja en riesgo para atender a lo absolutamente necesario, a “lo único necesario”. Nadie pondría en duda que la intervención de Dios relatada en el Éxodo es una intervención con efectos políticos. Como tal ha sido invocada por la teología de la liberación para legitimar la intervención de los teólogos en política. Sin embargo, esta lectura pasa por alto la diferencia que hay entre intervenir para preservar la vida desde el amor e intervenir para salvarla desde el poder. El amor es lo propio de Dios, lo exclusivo de Dios, mientras el poder es lo propio de los hombres y lo exclusivo de los hombres. Sin duda, en el Éxodo se produce un efecto político, la liberación de los israelitas del yugo egipcio pero por sobre este efecto político se produce la Alianza por amor de Dios con los israelitas. La Iglesia no ha de temer que su acción produzca efectos políticos. Lo que desvía al cristiano es que, para buscar efectos políticos, renuncie a la vía del amor y se entregue a la del poder. “Ama y haz lo que quieras”, decía San Agustín. Obrando con amor, no importa el obtener efectos políticos favorables a la convivencia humana, a condición de que la producción de los mismos no condicione

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El hallazgo que habría de inmortalizar a Marx y a Engels y marcar un giro en la historia del Occidente fue un hallazgo de sus encuestas sobre la producción industrial en la Inglaterra de mediados del siglo pasado. Fue el hallazgo de que la industria producía simultáneamente más utilidades que la artesanía y menos justicia en la distribución de los beneficios. Pío XI recogió este descubrimiento con la sentencia: “Mientras la materia sale dignificada de la fábrica, el obrero sale degradado” (Quadragesimo anno (15-V-1931)). Con la gran fábrica, el hombre daba un mejor tratamiento a la materia, una distribución más amplia a las mercancías, pero un trato a los hombres menos conforme a la condición de semejantes o prójimos. La producción socialista no cambió lo que era el fondo de esa falta contra la dignidad del hombre y contra su condición de semejante, pues aunque cambió la distribución de los beneficios hacia la nivelación, acentúo la desemejanza de los hombres y su desigualdad en cuanto al poder. Una producción cristiana estará caracterizada por la simultánea producción de bienes necesarios a la vida y de relaciones de semejantes o de prójimos entre las fuerzas productivas. El enfrentamiento antagónico entre las fuerzas productivas como sujetos de derecho y de poder de la producción política es sustituido en la producción cristiana por el diálogo entre semejantes. Diálogo que no se propone como alternativa a los derechos y a las leyes que los objetivan (eso sería sustituir la convivencia civil por la fraternidad eclesial), sino por encima del reconocimiento de los derechos y la observancia de las leyes. “Si te quitan la capa, entrega también el saco” (Lc 6, 29). Si tu prójimo desconoce tu derecho quitándote la capa que te pertenece, agrégale más de ese derecho entregándole el saco que también te pertenece. Por encima de tu derecho o del de tu semejante esta el amor de Dios a ti y a tu semejante. Nota: Vergara Delgado, Hernán. El Campo. Documento inédito. Archivo No. 209 Centro de Documentación, Bogotá, marzo de 1984.

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PENSAMIENTOS ACERCA DE LA VIDA EN EL CAMPO Hernán Vergara

La transformación del campo en habitat para el hombre moderno, requiere que el protagonismo de la naturaleza sea sustituido por el protagonismo del hombre, pero no cualquier protagonismo humano.

El simple espíritu cívico o de progreso no da para tanto. Se requiere la intervención de ese espíritu que “llevó a Cristo al desierto para ser tentado” (Mt 4, 1) y por el que Cristo venció las tentaciones del desierto.

El mismo Espíritu ha poblado varias veces los desiertos y las soledades de los campos durante la historia del cristianismo, transformando lugares inhabitables en polos de habitabilidad.

La tan mencionada “redención del campo” debe asegurar ante todo su transformación de hábitat para gentes aisladas, incomunicadas, desconfiadas, en lugar de vida comunitaria y fraternal.

Una inversión de vida espiritual en terrenos de vida sórdida que reproduzca el movimiento por el cual Dios ha invertido su divinidad en terreno de humanidad.

Historia salvífica y culto son dos momentos diferentes que se reciclan mutuamente: se va al culto porque se ha vivido una historia, y se vuelve a vivir una historia porque se ha ido al culto.

La separación que hoy existe entre el culto con los ministros consagrados de una parte, y de otra el trabajo y la procreación con los laicos, ha separado el culto de la vida y ha profanado el trabajo y la vida sexual.

El amor es lo propio de Dios, lo exclusivo de Dios, mientras el poder es lo propio de los hombres y lo exclusivo de los hombres.

En política todo se pierde y nada se gana cuando se pierde el poder o cuando no se gana, mientras en la acción del cristiano todo se pierde y nada se gana cuando se pierde el amor o no se gana el amor.

Una producción cristiana estará caracterizada por la simultánea producción de bienes necesarios a la vida y de relaciones de semejantes o de prójimos entre las fuerzas productivas.

Por encima de tu derecho o del de tu semejante esta el amor de Dios a ti y a tu semejante.

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Ricardo Londoño Pbro. Comunidad Tihamér Tóth

Cuando contemplamos la Revelación de Dios interpretada y vivida por el pueblo de los descendientes de Abraham y recogida en los textos de la Sagrada Escritura, podemos encontrar la manera de reconocer por parte de ese pueblo la acción salvadora de Dios. Los creyentes de Israel fueron capaces de encontrar a un Dios presente y actuante en su propia historia. Para ellos, Dios no era ni un concepto, ni una energía, ni una sola trascendencia. Era presencia creadora y recreadora que por medio de los acontecimientos, de las personas y de las palabras se hacía vivo y operante. Por esa razón, para ellos, nada se escapaba de la Providencia. El nombre mismo de Dios (YHWH, Yavé, Yahvéh, Yahwéh) es percibido como nombre de eficacia. Según diversos autores puede significar: “el que es”, “el existente”, “el que existe por sí mismo”, “el que actúa”, “el que causa el ser”, “el que hace posible”, “el que causa la existencia”, “el que cumple”, etc. Para comprender la relación con Dios en la vida y en la experiencia del pueblo de Israel es importante tener presente el término “alianza”. El concepto de Alianza nos remite a los pactos y convenios, a acuerdos y promesas por los cuales los hombres establecían un compromiso mutuo a favor de la convivencia. En Israel, muy pronto pasará a ser la expresión de la relación entre Dios y el Pueblo. La Alianza se mirará como compromiso (exigencia y promesa) de mutua fidelidad.

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En la concepción original de la Alianza, que es el eje transversal de la comprensión de la historia y de la acción de Dios, Yahvéh, el Dios de los patriarcas, se comprometía a cuidar de los suyos, a velar por su prosperidad, su crecimiento, su defensa. Y ellos, Su Pueblo, se comprometían con una vida adecuada al cumplimiento de la Ley c o m o expresión de la voluntad de Dios para ellos. Conocemos este tipo de Alianza como bilateral. Cada uno de los pactantes asume un compromiso y se dispone a su cum-plimiento. Es frecuente, a lo largo de la historia de Israel, y lo encontramos en las narraciones bíblicas, que los descendientes de Abraham se olvidaran por temporadas de vivir según el querer de Dios. En esas situaciones y circunstancias, caían en manos enemigas o eran saqueados y las injusticias que vivían clamaban al cielo. (El libro de Jueces es una expresa sucesión de: olvido de Dios, caída en manos enemigas, conciencia del pecado, clamor a Dios por auxilio, acción de Dios en alguna persona que lideraba, liberación. Se repite una y otra vez.) Pero hay un momento en la historia del Pueblo en la que pareciera que todo se viene abajo. Los ejércitos de Nabucodonosor invaden el territorio, saquean y destruyen la ciudad de Jerusalén, incendian y destruyen el Templo, se llevan cautivos a Babilonia al rey y a su familia con los notables del Pueblo y los más útiles para el Imperio. Todo parecía ya finalizado. Como no habían vivido según la Ley de Yahveh, entonces Él no tenía ya compromiso con ellos. Surgen, entonces, las voces de los profetas, especialmente Jeremías y Ezequiel. Y nace un replanteamiento nuevo. Nos dirá Jeremías en 31, 31-34: “He aquí que días vienen - oráculo de Yahveh - en que yo pactaré con la casa de Israel (y con la casa de Judá) una nueva alianza; no como la alianza que pacté con sus padres, cuando les tomé de la mano para sacarles de Egipto; que ellos rompieron mi alianza, y yo hice estrago en ellos -oráculo de Yahveh-. Sino que esta será

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la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días - oráculo de Yahveh -: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano, diciendo: «Conoce a Yahveh», pues todos ellos me conocerán del más chico al más grande - oráculo de Yahveh - cuando perdone su culpa, y de su pecado no vuelva a acordarme.” Y Ezequiel, el profeta del exilio, tiene también bellas páginas que complementan la idea de esa Nueva Alianza. Nos dice en 36,24-28 “Os tomaré de entre las naciones, os recogeré de todos los países y os llevaré a vuestro suelo. Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificaré. Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas. Habitaréis la tierra que yo di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.” A partir de estos pocos textos (podríamos citar muchos otros) podemos encontrar una novedad: ya no se trata de una alianza simétrica, sino que ahora se anuncia una alianza gratuita, respecto de Dios, en donde él asume ante sí, por el honor de su nombre, los compromisos. Él vendrá al corazón de los seres humanos para transformar desde el interior. Él dará la capacidad de cumplir los mandamientos. Él estará en cada uno que ya no tendrá necesidad de adoctrinamiento. Él purificará y perdonará los pecados. Se trata de la transformación que Dios obra en quien está dispuesto a acogerlo. Si el rompimiento se ha dado por la fragilidad y debilidad humanas que impiden la respuesta plena, ahora Dios se hace presente para “completar” Él mismo lo que falta; para eliminar el pecado que causa destrucción y muerte y para ofrecer vida nueva y plena. Es la obra creadora que continúa; es la re-creación que Dios opera. (Es bueno tener presente que el verbo “crear” es, en la Sagrada Escritura, casi exclusivamente para

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expresar el obrar de Dios con la creatura humana). Por supuesto que no significa pasividad humana. El ser humano está llamado a dar respuesta, a entrar en diálogo. Dios actúa pero no anula la libertad del hombre que está llamado a darle una respuesta. Será más tarde, en la acción salvadora de Jesús y en la fuerza de Su Espíritu, cuando el anuncio profético alcance su plena realización. Jesús nos dirá que su Cuerpo entregado y su Sangre derramada son la realización de la Nueva Alianza para el perdón de los pecados. Y, una vez resucitado, infundirá su Espíritu a los discípulos y lo enviará para que perdonen los pecados y con su fuerza y luz genere la comunidad nacida de la unión con Él. La acción de Dios cubre (sepulta, perdona, purifica) lo que el mal uso de la libertad humana realiza (pecado). Acción que supone la aceptación, la acogida por parte del hombre que, llamado a entrar en relación y vínculo con Dios, le responde con su vida. Y, en esta respuesta, el hombre discípulo de Jesucristo, está invitado a hacerse Cuerpo con otros discípulos, sus hermanos. La respuesta a la invitación de Dios en Jesús, el Cristo, es la respuesta del hombre que se sabe perteneciente a la comunidad de los oyentes de Jesús. Y por esto, frente a situaciones lamentables, dolorosas, trágicas, en las que se va perdiendo la esperanza y las personas corren el riesgo de sumirse en la angustia, la tristeza, la desesperación, tener delante la fidelidad de Dios que no abandona la obra de sus manos, es esperanzador. La confianza está no en las fuerzas humanas, no en la capacidad o aparente grandeza de los hombres, sino en la fidelidad de Dios y en su compromiso con la criatura por Él querida como su interlocutor y semejante. Si la invitación a ser imagen de Dios y llegar a ser semejantes a Él está garantizada por la fuerza que el mismo Dios da para la respuesta, entonces, cuando tenemos que enfrentar situaciones que nos superan, que nos desbordan y en las que sentimos que ya no hay nada para hacer, es bueno no olvidar que la obra de Dios es de Dios; que su fidelidad y nuestra confianza harán que pueda volverse al camino hacia la plenitud. No se trata de dejarlo todo en Sus manos y cruzarnos de brazos. No. Se trata de hacer todo lo que está a nuestro alcance pero con la profunda confianza de que todo está en las manos del Creador.

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Obispo de Sonsón-Rionegro me permitió volver a la Javeriana para terminar la Teología y pasados otros años, me permitió estudiar en la misma Facultad de la Javeriana la Maestría en Teología, de la cual lamentablemente no me gradúe; aunque puedo decir con cierto orgullo que soy de “formación jesuítica” o “deformación” jesuítica. Durante 7 años fui Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología y enseñé diversas materias en cuatro universidades: Santo Tomás, San Buenaventura, La Salle y Jorge Tadeo Lozano. Mi obispo me permitió trabajar en el Secretariado Nacional de Pastoral Social y luego en el Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM; y desde hace 15 años sirvo en la Arquidiócesis de Bogotá en tres parroquias: Santa Bárbara, en el centro histórico, San Ricardo Pampuri, en el “cercano” sur, y desde hace más de 8 años en San Jorge, frente a la Escuela Militar de Cadetes; así que he estado en tres de las cinco Zonas Pastorales en las que se divide la Arquidiócesis: la Inmaculada Concepción, San José y ahora Cristo Sacerdote. Como Director de El Catolicismo procuré conocer toda la Arquidiócesis y ayudé a la redacción del reglamento del Diaconado Permanente.

Enrique Castillo Corrales, Pbro. La Arquidiócesis de Bogotá está inmersa en un complejo proceso de elaboración o de “construcción” del llamado Plan “E” (Plan de Evangelización), con un método prospectivo estratégico que nos invita a mirar a lo lejos, analizando el futuro, para poder tomar decisiones y actuar en el presente. Dentro de ese criterio me atrevo a formular un interrogante en mi doble situación: ser bogotano de nacimiento y formación, y pertenecer jurídicamente a la Diócesis de Sonsón-Rionegro, que generosamente me ha permitido ejercer mi ministerio sacerdotal al servicio de la Arquidiócesis de Bogotá. Para los que no me conocen, debo contarles que soy “chapineruno” y hasta hace muy poco mi familia, aunque cambió varias veces de casa, nunca salió de la Parroquia de Nuestra Señora de Lourdes; ahora no pertenecemos a ella, porque cambiaron los límites y los pusieron por la Avenida Caracas y antes estaban por la carrera 15. Fui ordenado sacerdote en mi querida Parroquia, porque mi obispo acostumbraba a ordenar en el sitio de origen de cada uno; y he pedido que, cuando muera, mis exequias sean en ese mismo templo y no en Cristo Rey. Espero que esta voluntad la cumplan mis deudos. Estudié la primaria en el Colegio del Niño Jesús, de las inolvidables señoritas Esguerra Robles; hice mi bachillerato en el Colegio de San Bartolomé La Merced y mi carrera completa de Derecho en la Pontificia Universidad Javeriana, en donde también cursé la carrera de Derecho Canónico, recibiendo la Licenciatura. Años después, mi

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UN INTERROGANTE EN DOS PERSPECTIVAS DIFERENTES: La Arquidiócesis de Bogotá, en su configuración como Iglesia Particular que peregrina en parte de la capital de Colombia, puede ser analizada desde la perspectiva de sus fieles o desde la perspectiva de su clero. El interrogante que planteo es el siguiente: ¿Cómo lograr la necesaria unidad pastoral con elementos sociológicos tan dispares en su población y en su clero? ¿Cómo el Plan de Evangelización puede aglutinar elementos tan variados en una necesaria unidad pastoral? Porque desde el ángulo de sus fieles, éstos están formados por un grupo pequeño de bogotanos “cachacos” legítimos; por un grupo, ese sí muy numeroso, de bogotanos de nacimiento, pero de padres o abuelos que vinieron de otros lugares de la Patria. Entre ellos el grupo mayoritario es de origen cundiboyacense, pero dentro del cual hay categorías: un grupo pequeño, denominado tradicionalmente de los “orejones” o gente de la Sabana de Bogotá, y un grupo inmenso de origen campesino, o como llamaban antes, “provinciano”. Por otra parte, hay una fuerte emigración “paisa”, de antioqueños, del Eje Cafetero y de zonas aledañas de Tolima y Valle, algunos de los cuales, llevan “siglos” “protestando” en Bogotá contra el “centralismo”. Así mismo, utilizando un lenguaje de arraigo popular, hay colonias numerosas de “costeños”, incluyendo algunos bien “corronchos”; de afrodescendientes tanto caribeños

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como del litoral pacífico; de santadereanos del Sur y del Norte; de llaneros, “opitas” y “calentanos”; de indígenas de diferentes etnias y las colonias de origen “extranjero”, entre las cuales hay unas poderosas, económicamente hablando, como las de los mal llamados “turcos”, término confuso que encierra desde los católicos maronitas de origen libanés, hasta los musulmanes árabes; y los judíos, tanto en su variante sefardita, a veces incluida también entre los “turcos”, como en su variante asquenazi, los cuales son llamados despectivamente “polacos”. Por otra parte, el clero que trabaja pastoralmente en la Arquidiócesis puede dividirse en cuatro categorías diferentes: el clero incardinado, el clero extradiocesano, el clero religioso y los diáconos permanentes. En cada categoría hay que hacer distinciones. Veamos: 1.) CLERO INCARDINADO o DIOCESANO: El clero incardinado no es homogéneo: un grupo mayoritario está formado por sacerdotes formados íntegramente en el Seminario Mayor, pero no con la misma orientación formadora y en donde el período a cargo de la comunidad sulpiciana, marca un amplio paréntesis entre los dos grandes períodos de formación a cargo del mismo clero bogotano. ¿Esto influye? Creo que si y es algo que debe tenerse en cuenta. Por otra parte, dentro de ese grupo, en otro tiempo había una sutil distinción entre los que procedían de la “ciudad” y los que eran del “campo”, o de la “provincia”, que con la creación de las diferentes diócesis de Cundinamarca y el establecimiento de Seminarios Mayores, como los de Z ipaquirá y Girardot, quedó ahora reducida a la “provincia” de Oriente, con capital en Cáqueza, provincia que ciertamente es como la del Guavio, “levítica”, es decir, de donde brotan numerosas vocaciones. En este momento existe otro factor que ayuda a la heterogeneidad clerical y es la existencia de un grupo, en este momento minoritario, pero con tendencia a crecer más rápidamente, que está constituido por los sacerdotes del Camino Neocatecumenal, quienes, aunque ahora estudian también en el Seminario Mayor, tienen su propio Seminario Redemptoris Mater, con un estilo, una formación específica y unas características muy definidas e internacionales, que no son del agrado para muchos del grupo anterior. Existe además en la Arquidiócesis una entidad formada por sacerdotes diocesanos que tienen su propia organización y es el Instituto de Jesús

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Adolescente, a la cual pertenece Monseñor José Roberto Ospina Leongómez, recién nombrado IV Obispo de Buga y, por varios años, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis; así como un selecto grupo de sacerdotes entre los cuales está el Rector del Seminario Mayor, un canónigo del Capítulo Metropolitano y un antiguo Vicario Episcopal. También en la Arquidiócesis hay algún sacerdote perteneciente al Instituto del Prado, con la rica espiritualidad del Beato Antonio Chevrier, y ya está la presencia de la Fraternidad Sacerdotal San Juan de Ávila. Además, entre los incardinados en la Arquidiócesis hay un grupo “salpicón”, conformado por quienes antes pertenecían a otras jurisdicciones eclesiásticas, o a comunidades religiosas o sociedades de vida apostólica, y a quienes la Arquidiócesis ha ido, después de un proceso de conocimiento y discernimiento, concediendo la incardinación. 2.)

CLERO EXTRADIOCESANO:

Por su naturaleza, procede de diversas jurisdicciones eclesiásticas, y por lo mismo viene con diferentes formaciones: un grupo está en calidad de préstamo y otro con licencia de sus respectivos obispos. Ambos han recibido la generosa acogida por parte de la Arquidiócesis; algunos están temporalmente por causa de estudio o por oficios eclesiásticos con sede en Bogotá, como fue mi caso mientras trabajé en el Secretariado Nacional de Pastoral Social o en el Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM; y es actualmente la situación de los que trabajan en el Secretariado Permanente del Episcopado, en la Nunciatura Apostólica, en el Tribunal Eclesiástico Único de Apelación, en el Seminario Intermisional San Luis Beltrán, en el CELAM, en las Obras Misionales Pontificias, en la Pastoral Penitenciaria etc.etc. Dentro de este grupo hay algunos con problemáticas que los han alejado de sus jurisdicciones de origen y en muchos casos carecen de licencias ministeriales en Bogotá; así por ejemplo, de los 31 presbíteros sin licencia que figuran en el Directorio 2011-2012 de la Arquidiócesis de Bogotá, en las páginas 298 y 299, 19 de ellos son extradiocesanos y 2 son del clero de Bogotá; los otros 10 son religiosos. Constituyen, evidentemente, un porcentaje mínimo, en comparación con la totalidad del clero que desempeña sus funciones en la Arquidiócesis. También en este grupo del clero extradiocesano se pueden distinguir aquellos del clero castrense que trabajan en Bogotá y que atienden pastoralmente las guarniciones militares, pero que también atienden a los feligreses de la Arquidiócesis que se acercan a sus templos, como es el caso del amplio culto de la Catedral

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Castrense. Los sacerdotes del Ordinariato Militar tienen su propio Seminario Mayor Castrense Jesucristo Redentor, aunque académicamente también asisten al Seminario Mayor de San José. Varios sacerdotes castrenses, al “jubilarse” en las Fuerzas Armadas, continúan ayudando en parroquias de la Arquidiócesis. Así mismo, en este grupo están los sacerdotes alemanes de la Parroquia de San Miguel Arcángel y estuvo el primer párroco de la Parroquia Maronita de Nuestra Señora del Líbano, los cuales, en ambos casos, son religiosos y por lo mismo pertenecen a la categoría siguiente. Por otra parte están los sacerdotes de las tres diócesis urbanas de Fontibón, Soacha y Engativá, quienes guardan una vinculación sentimental de orígen con la Arquidiócesis y deben guardar, de acuerdo con la voluntad de la Santa Sede al crearlas en el 2003, una serie de líneas pastorales consensuadas por los cuatro obispos, para mantener una cierta unidad en toda la gran ciudad de Bogotá. Habría que releer con detenimiento el Estatuto para las diócesis Urbanas de Bogotá, que está publicado en la Revista La Iglesia, en el tomo correspondiente al año 2003, páginas 81-86. Los sacerdotes de la Prelatura de la Santa Cruz y del Opus Dei, ciertamente son en sí mismos clero diocesano, pero por trabajar pastoralmente muchas veces dentro de la Arquidiócesis, deben ser considerados por ésta, a mi entender, como clero extradiocesano y no como clero religioso. 3.)

CLERO RELIGIOSO o ASIMILADO A ÉSTE:

Bogotá tiene la riqueza de contar con un numeroso clero procedente de las diferentes categorías de la vida consagrada, con la casi total ausencia de los llamados canónigos regulares, salvo la presencia de unos pocos Canónigos Regulares de la Santa Cruz; y con la presencia exigua de religiosos de vida contemplativa, conformada por los benedictinos de orígen norteamericano del Monasterio de Tibatí, quienes atienden el Colegio de San Carlos, ya que los benedictinos catalanes de Montserrat, que tuvieron monasterio en Usme, se retiraron cuando la ciudad los rodeó por completo, para establecerse en Guatapé, en mi Diócesis de SonsónRionegro. Gran importancia pastoral tienen las Órdenes Mendicantes, que llegaron en su mayoría durante la Colonia, como lo señala la existencia de los templos de San Francisco, San Agustín, Nuestra Señora de La Candelaria, San José de la Capuchina, San Juan de Dios y el en mala hora destruido templo de Santo Domingo. Hoy las Órdenes Mendicantes presentes en la Arquidiócesis están conformadas en orden alfabético por los frailes Agustinos, Agustinos Recoletos,

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Capuchinos, Carmelitas Descalzos, Carmelitas Calzados, Dominicos, Franciscanos, Franciscanos Conventuales, Hospitalarios de San Juan de Dios, Mercedarios y Mínimos. A éstos se unen los miembros de las Órdenes Regulares compuestas actualmente en Bogotá por la Compañía de Jesús o Jesuitas, presentes desde la Colonia en el templo de San Ignacio y en el Colegio de San Bartolomé, aunque también en la misma Colonia fueron expulsados por orden de Carlos III; modernamente están otras tres Órdenes Regulares: la de los Clérigos Regulares de la Somasca, la de los Ministros de los Enfermos o Camilianos y la de los Clérigos de la Madre de Dios de las Escuelas Pías o Escolapios. Una categoría muy ampliamente representada en la Arquidiócesis es la de las Congregaciones Religiosas Clericales, compuesta, en orden de su fundación: por los Pasionistas, los Redentoristas, los Marianistas, los Monfortianos, los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, los de la Escuela de la Caridad o Padres Cavanis, los Basilianos, los Viatorianos, los Hijos de María Inmaculada o Pavonianos, los Agustinianos Asuncionistas, los Sacramentinos, los Misioneros Hijos del Corazón Inmaculado de María o Claretianos, los Salesianos de San Juan Bosco, los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, los Hijos de la Sagrada Familia, los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, los Verbitas, los Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores, los Salvatorianos, los Misioneros de San Carlos o Scalabrinianos, los Consolatos, los Misioneros del Espíritu Santo, los Paulinos, los de la Fraternidad Sacerdotal y los Legionarios de Cristo, a los cuales se les pueden agregar los Misioneros Javerianos de Yarumal, los Misioneros Oblatos de los Santísimos Corazones de Jesús y María y los miembros de los Sagrados Corazones de Jesús y María de la Adoración Perpetua. También tienen presencia en la Arquidiócesis las Sociedades de Vida Apostólica como la Congregación de Jesús y María o Eudistas, los Filipenses u Oratorianos, los Misioneros de los Santos Apóstoles, los Misioneros de la Preciosa Sangre, los Sulpicianos y los Vicentinos o Lazaristas o Congregación de la Misión, a los cuales se unen los sacerdotes de la Confraternidad Sacerdotal de Operarios del Reino de Cristo, del Sodalicio Christianæ Vitæ, de la rama masculina de los Heraldos del Evangelio, del Instituto del Buen Pastor, de los Misioneros Contemplativos Javerianos, de los Misioneros Identes y de la Unión Sacerdotal Lumen Dei. Los sacerdotes religiosos, además de sus casas provinciales y de sus casas de formación, cuando las tienen, conservan dentro de la Arquidiócesis una riquísima presencia, cada uno de acuerdo con su propio carisma fundacional y, lo que más incide en la pastoral, están a cargo de numerosas e importantes parroquias. Para que

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penetrar, y con éxito, la Pastoral Funeraria y se han empezado a sentir en la Pastoral Penitenciaria, en la Pastoral Sanitaria, en la multiforme Pastoral Administrativa y en la Pastoral Educativa.

se aprecie el contraste, en mi Diócesis de SonsónRionegro sólo hay una parroquia a cargo de religiosos y es la de Nuestra Señora del Carmen en Sonsón a cargo de los Carmelitas Descalzos; las demás parroquias todas están a cargo del clero diocesano. En orden alfabético, en cambio, hay 57 parroquias de la Arquidiócesis, sin contar con algunas de las recién creadas, que están encomendadas a religiosos: Las Aguas, San Alberto Hurtado, San Alfonso María de Ligorio, Las Angustias, la Asunción, Santa Bárbara de Usaquén, San Bartolomé, Belén, San Bernabé, San Calixto, la Candelaria, el Carmen o Santa Teresita, Chipaque, Chiquinquirá, San Cipriano, la Consolata, el Consuelo, Corpus Christi, Cristo de la Paz, el Divino Salvador, Fátima, San Francisco Javier, San Gerardo Mayela, Guadalupe, Beato Guillermo José Chaminade, Santa Inés, San Isidoro de Sevilla, San Jerónimo Emiliani, Jesucristo Luz del Mundo, Jesucristo Liberador, Jesucristo Obrero, Jesucristo Señor de la Vida, Jesús y María, Hospital de San José, San Josemaría Escrivá, San Juan Bosco, San Juan María Vianney, San León Magno, San Luis de Tolosa, Madre del Salvador, María Madre de Jesús, María Reina, San Mario, San Martín de la Caridad, Nuestra Señora de las Mercedes, Santa Mónica, San Nicolás, Las Nieves, el Niño Jesús, San Pedro Julián Eymard, San Pedro Nolasco, San Policarpo, la Porciúncula, Quetame, la Sagrada Pasión, el Voto Nacional, y Une. A estas parroquias se agregan los templos rectorales de San Agustín, la Candelaria, el Carmen, la Concepción, San Francisco, San Ignacio y la Tercera. Por tanto, un Plan de Evangelización que no logre integrar plenamente esta inmensa fuerza pastoral, si no está condenado al fracaso, al menos asegura un alto porcentaje de ineficiencia. 4.)

DIACONADO PERMANENTE:

Por otra parte, en estos años el crecimiento del número de Diáconos Permanentes es más alto que el de Diáconos Transitorios, y por lo mismo de Presbíteros; lo cual, si la tendencia no se corrige, como ha ayudado a hacerlo, en parte, la incorporación de los sacerdotes del Camino Neocatecumenal, dentro de un cierto tiempo puede suceder que la mayoría del “Clero” de la Arquidiócesis esté constituido por los Diáconos Permanentes. Pongo un ejemplo: hace unos pocos años presenté dos candidatos para el sacerdocio, uno era una vocación adulta, de profesión arquitecto, el cual no duró sino un solo año en el seminario, y el otro, después de un año del proceso de selección, fue aplazado, lo cual significó el ser llamado al servicio militar y luego seguir una carrera profesional; en total, no pude llevar a nadie al seminario. En cambio, ya de la parroquia ha salido un Diácono Permanente, que ejerce su ministerio en el sur de la ciudad; acaba de recibir el ministerio del acolitado otro; hay un tercero que está avanzando y tengo en remojo dos candidatos más. DILEMA PASTORAL:

Una de las obras que hizo el Cardenal Don Pedro Rubiano Sáenz durante su pontificado en Bogotá, fue la de restablecer el Diaconado Permanente, decisión que anunció el día de su posesión, el 11 de febrero de 1995, y cuya reglamentación promulgó en la Solemnidad de Pentecostés, el 11 de junio del Año Jubilar 2000, con ocasión de la ordenación de la primera promoción de Diáconos Permanentes. Al ser los Diáconos Permanentes miembros del Clero de la Arquidiócesis, se presentan diferentes problemas pastorales de distinta índole; siendo uno de ellos su integración con el presbiterio, dentro del cual despiertan reacciones, algunas de las cuales son de diferente grado de rechazo. Por otra parte, aunque han podido posicionarse en algunas áreas pastorales, todavía no han empezado a asumir los retos que presenta la Pastoral en lo Político, lo Cultural y lo Económico. No se han formado Diáconos que puedan asumir el liderazgo en estos sectores. Han logrado

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Todavía se ve, en mi opinión, una tendencia a reducir su papel al de meros sacristanes y no se ve en algunos ambientes clericales el que sean reconocidos como lo que son, una institución de origen apostólico, necesaria para la Iglesia.

Estos cuatro factores que forzosamente van a incidir en quienes tendrán la misión de dirigir pastoralmente la ejecución del Plan “E”, conducen al siguiente dilema pastoral: ¿Frente a la problemática planteada, se logrará la necesaria y perentoria unidad que se necesita para que tenga éxito el Plan “E”? o ¿Este Plan, como se anotó al hablar de los religiosos, inexorablemente, está condenado al fracaso? Si los cuatro factores se logran integrar, la potencialidad pastoral de la Arquidiócesis y su riqueza en carismas y talentos, puede apuntar ciertamente a una Nueva Evangelización, realmente nueva en el ardor, nueva en los métodos, nueva en las expresiones; y eso es lo que deseamos de corazón todos los que amamos a esta maravillosa ciudad, que el Señor nos ha puesto como el campo de nuestro apostolado. No quiero ni pensar en la posibilidad contraria, que siempre existe dada la debilidad humana.

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Catalina Vergara

Hernán Vergara

Tenía catorce años cuando conversaba con una religiosa española perteneciente a una comunidad que dirigía un colegio en Bogotá, y su conversación me permitía recorrer con el pensamiento diversas maneras de proyectarme hacía mi futuro de creyente de la Iglesia Católica. Las posibilidades incluían, desde la misma comunidad a la que ella pertenecía, dedicada a la docencia de nivel primario y secundario, hasta la de la vida contemplativa de quienes permanecen en el interior de una comunidad, en un único lugar hasta la muerte, y cuyas actividades, además de las propias de la subsistencia, están organizadas para la oración y la meditación. Ante esta diversidad de posibilidades apareció en mí, como la más comprometedora y precisa, la certeza de que mi padre, Hernán Vergara, contaba con una visión de la Iglesia de Cristo, que me resultaba una vocación. Que la Iglesia sea una vocación no resulta tan evidente para algunos que piensan y viven bajo la inspiración cristiana. Creyentes de la profundidad de Von Balthazar afirman que la Iglesia no se ha pensado por largo tiempo a sí misma. “Ni siquiera en Tomás de Aquino se encuentra un tratado «sobre la Iglesia»”1. El cristianismo llega a nuestra época como una vocación individual por medio de la cual el creyente establece una relación interpersonal con Jesús. Con sorpresa caemos en cuenta que detrás de esa realidad, estaría oculta la respuesta plena al mensaje de Jesús cuando convoca a sus oyentes a vivir en relaciones de comunión sin ningún individualismo, a la manera como lo hacen quienes se aman, construyendo un nosotros, congregados en Iglesia, herederos del amor del Padre, hermanos de Jesús. El asunto no es nada fácil porque el cristianismo de hoy acumula junto con el Evangelio los impactos que ha recibido en el transcurso de su historia. En el caso de hoy, por ejemplo, la incursión de la política al interior de la Iglesia ha generado su connivencia con las

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estructuras del poder. La política cuenta con su propia lógica que, es obvio, no corresponde a la de la comunión fraternal. La lógica política es realismo para la negociación y correlación de fuerzas. Nos alerta Jesús, “¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil?”. (Lc 14, 31) La lógica de la alternativa que propone Jesús lleva en su esencia la construcción de la Iglesia como un ámbito nacido de la petición que le hacemos al Padre, por sugerencia de Él, “venga a nosotros tu reino”. (Mt 6, 10). San Pablo actuando bajo la inspiración del Espíritu de Jesús, convoca a la Iglesia naciente a construirse como cuerpo social que es soportado en una vocación. “Todo comportamiento que genera cohesión y construye la ekklesía de Dios es propio del creyente; por el contrario, todo comportamiento que rompe la unidad o genera división es impropio del creyente. Para todo ello, Pablo utiliza una legitimación teológica: el creyente debe reflejar en todo momento que la ekklesía es “cuerpo de Cristo” (1Cor 10,16; 12,27) y, por tanto, su comportamiento compromete la identidad teológica del cuerpo social”2 …”Parece lógico, por tanto, concluir que Pablo cambia las fronteras físicas por fronteras éticas”...”La definición de la comunidad y el establecimiento de fronteras es la tarea más importante para la creación de la ekklesía”3.

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“Pablo aplica la imagen de la construcción, no a la conversión o al aprovechamiento particular de un fiel, sino a la construcción colectiva, como es la fundación, instrucción y perfeccionamiento de una Iglesia, y en general la propagación de la fe en todo el mundo”4. Hernán Vergara pensaba permanentemente en la Iglesia. ¿Cómo hacerla confiable? Analizaba cuidadosamente el pensamiento del Magisterio, el actuar de los fieles y el mutuo pertenecimiento entre éstos y sus pastores; se preguntaba ¿cómo pensó Cristo su Iglesia? ¿Cómo ésta ha sido fiel a su Evangelio? y ¿cómo se ha desdibujado en el transcurso de la historia? En una palabra, todo lo pensaba en la perspectiva de la construcción permanente de la Iglesia. Para muchos hoy la crisis de la Iglesia y del mundo es un momento desfavorable. Los efectos de la tecnología y de la autonomía humana superan los cálculos de la razón y sobrecogen al creyente por el sinnúmero de cuestiones éticas y espirituales que son comprometidas en el desarrollo de dichos campos. Para la Iglesia esta crisis es una oportunidad y un riesgo a la vez. Una oportunidad porque ciertamente la crisis de la Iglesia no ha empezado ahora; es ahora que se hace evidente. Notificarse de lo que no era visible para la Iglesia misma, es un bien que permite estar en camino de alternativas. Una crisis que le permita a la Iglesia reubicarse ante la tecnología, la autonomía humana y los estados, la hará más congruente y más cercana al Espíritu. Hace muchos siglos que la Iglesia en Europa abandonó su condición de ser la instancia exclusiva de confianza, al unirse al poder público, con todo el entusiasmo que esta unión produjo; hasta el día que fue puesta en cuestión por San francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán, quienes con su vida de austera pobreza y la de quienes los siguieron, desmontaron psicológica, afectiva y conceptualmente esa alianza injustificada a los ojos de Jesús. Jesús, en efecto, dio a los suyos el mandato de diferenciarse del poder:

Jesús nos ha dejado toda una tarea que no termina aún. En Latinoamérica un hombre como Monseñor Leonidas Proaño (1910-1988), obispo de Riobamba (Ecuador), junto con otros creyentes, simples fieles, en su mayoría indígenas, sacerdotes y misioneros, intuye y descubre la dimensión de la vida comunitaria como expresión cierta de los vínculos cristianos propuestos por Jesús. Recogemos aquí el momento espiritual de Monseñor Proaño: “Era muy claro y concreto. Pretendíamos el nacimiento y crecimiento de una Iglesia comunitaria. Pero si teníamos claro y concreto el objetivo, no se nos presentaba claro el camino que debíamos seguir, sino todo lo contrario: el camino no estaba hecho. Teníamos que abrirlo, con los consiguientes riesgos y posibles fracasos”.5

La Iglesia de Riobamba resultó formando parte de un gran movimiento en Latinoamérica que fue bautizado como “Teología de la Liberación”. Esta se caracterizó por la falta de diferenciación de los procesos propios del crecimiento del Evangelio de los procesos propios del crecimiento del poder. La Iglesia Latinoamericana es heredera de la confusión que generó en el cristianismo europeo el haber actuado como instancia de poder y no exclusivamente como instancia de confianza, lo que hizo que la inspiración de Monseñor Proaño, a favor de la recuperación de la vocación de la Iglesia, sacramento por excelencia,

“Los reyes de los paganos los tienen sometidos y los que imponen su autoridad llevan el título de bienhechores. Vosotros no seáis así; antes bien, el más importante entre vosotros sea como el más joven y el que manda como el que sirve. ¿Quién es mayor?, ¿el que está a la mesa o el que sirve?, ¿no lo es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como quien sirve. Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en las pruebas, y yo os encomiendo el reino como mi Padre me lo encomendó…”. (Lc 22, 24-29; Mc 10, 43-44; Mt 20, 25-28)

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Monseñor Proaño

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que se reserva el mismo Dios, el cual, según la figura empleada por Cristo, cuando enciende una luz no la pone debajo de un embudo sino en un candelero. Esta irradiación es no solamente probable. Nunca ha faltado y hasta es fuente de las dificultades que estamos contemplando. Los actos espirituales pasan al ámbito de la sociedad y una vez constituidos en hechos sociales pasan espontáneamente a ser leyes del Estado.7

cayera en la confusión con lo político. Para leer un signo de los tiempos, dentro de los protagonistas y partícipes de la Teología de la Liberación, hoy no hay apóstatas, como respuesta al ejercicio de la autoridad con que la Iglesia de Roma actuó ante el movimiento eclesial, y permanecen miles y miles de comunidades que aun hoy hacen presente la Iglesia viva en a lo largo de América Latina. La nueva evangelización, concepto que forjó Juan Pablo II, es una alternativa que ha encontrado la Iglesia que la acerca a su vocación, hoy propuesta por el Papa no solo para Latinoamérica, sino para Europa y el mundo, creando el Consejo Pontificio de la Nueva Evangelización (2011), organizando el Sínodo en octubre 2012 con el tema de la Nueva Evangelización y proponiendo un año de la Fe (octubre 11, 2012 a noviembre 24, 2013).6 Esta convocación a constituir comunidades como contexto esencial a la fe cristiana, ekklesias de acuerdo con San Pablo, es un avance muy grande por parte del Magisterio católico a favor de la vocación de Iglesia. Sin embargo, el pensamiento católico, en muchas ocasiones, no reposa en este redescubrimiento. Como la diferenciación entre lo eclesial y lo político no solo afecta al ámbito eclesial sino también al ámbito político desestabilizándolo. Este efecto no ha sido suficientemente pensado a favor de la Iglesia.

La crisis actual no es sólo de la Iglesia sino también de los estados democráticos. Es crisis de una civilización. La Iglesia tiene en los recursos propios la forma de proteger al ser humano y proteger a los confiados en ella, en el Evangelio y en Cristo, e impedir ser llevada por el pánico o por la anarquía a su aniquilación. Para quienes, como yo, tenemos la suerte de vivir en “Iglesia”, en la Iglesia como una vocación, contamos con varios tesoros escondidos: Un modo de pensar que integra en el diálogo humano la presencia innegable del Espíritu. Un norte inequívoco en el ambiguo campo de la sexualidad, en la inspiración que tuvo Pablo VI al no ceder ante la efervescencia de la tecnología y asumir que la anticoncepción, en el ser humano, es fuente de degradación y no de crecimiento y desarrollo. Una ética que permite la construcción de comunidades de confianza y no el fomento del individualismo megalómano. Tesoros como la fidelidad, el servicio, la hermandad enriquecen los recursos del Espíritu. La Iglesia tiene su fuerza en la apertura al Espíritu no parcial sino total.

“La salida es necesariamente dialéctica como la es toda verdadera salida a toda verdadera contradicción y está indicada en la enseñanza evangélica: “Buscad primero el reino de Dios y todo lo demás lo obtendréis por añadidura”. Traducido a lenguaje común significa que para ejercer influencia sobre el universo social hay que aplicarse a la acción en lo oculto. En efecto, la verdadera operatividad de la Iglesia está en cada acto de santidad personal que es realizado ante la sola mirada de Dios. La irradiación al ámbito social es la parte

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Recordando, comparto este bello texto. El punto en que se concentra lo cuestionable de mi pensamiento está en mi afirmación de que Dios es el creador de todo menos del poder político, y que éste es un artificio humano. Más propiamente, un artificio con el que el hombre responde a las condiciones creadas por su ruptura con Dios para sobrevivir, y al que Dios consciente, como a un mal menor, para que el hombre viviendo, pueda convertirse a Dios. Mi pensamiento es cuestionable no solamente para una mentalidad antropocéntrica y atea sino para una tradición de la Iglesia que desde su contubernio con el Poder Público, bajo el Emperador Constantino, se ha visto apremiada a legitimar teológicamente y filosóficamente el poder político.

embargo, para Jesús no es un milagro, ni lo es para el centurión romano. Es algo tan racional como la obediencia de los soldados a su centurión. No hay aquí contradicción entre racionalidad y fe. Lo que hay es distancia entre la racionalidad del hombre, afectada por el pecado, y la racionalidad de Jesús, distancia que aquí es colmada por la fe del centurión.8 Notas: 1

Von Urs Balthazar. ¿ Por qué soy todavía cristiano? Ediciones Sígueme, Salamanca, 1974 . Alfa

2

Aguirre, Rafael, Así empezó el cristianismo, Ed. Verbo Divino. Pamplona, Pg 180 3

4

Batiffol, Pedro. Pg. 71

5

Rosero del Hierro, Sofía. Una vida sencilla para los sencillos. Equipo Misionero Itinerante, Riobamba 1998. Pg 44 6

Desde Santo Tomás el hombre occidental aprendió a ver la realidad como dividida como dos órdenes primordiales: el de la razón y el de la fe. Desde entonces la política ha venido aumentando su hegemonía como personera de la realidad en tanto que la fe ha venido declinando como referencia a lo real hasta desaparecer como ilusión, deseo o temor.

Ibid . Pg 182

http://youtu.be/4naVMZExtn4

7

Vergara, Hernán. La Iglesia entre irremplazable y superflua. Publicado en PRESENCIA, Nº 250, febrero-marzo 1978, pp. 11-14 8

Vergara, Hernán. Carta a Jorge Restrepo. Junio 3 de 1996.

…para mí, la fe incluye toda la realidad y que por esa razón, Jesús pudo al mismo tiempo ser el perfecto revelador de Dios como Amor y dominar la naturaleza a la manera como un centurión romano dominaba sobre su centuria de soldados. (Lc 7, 2-10 Mt , 8, 5 Jn 4, 43 a 54). El centurión le pide a Jesús un acto médico, acto de un científico y Jesús lo realiza como la cosa más natural. Un milagro, decimos los hombres. Algo que no puede hacer la ciencia. Sin

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escuchar-ver, discernir-juzgar y responder o actuar; pero con una herramienta nueva y a la vez muy antigua: el método Prospectivo Estratégico, que ayuda para buscar y construir un futuro de Iglesia, de sociedad y de modelo evangelizador ideal, desde los anhelos comunes de los fieles, para revisar la realidad actual; contrastarlos y definir un camino que lleve a construir el futuro anhelado con las decisiones y acciones del presente. Esta metodología Prospectiva-estratégica, hunde sus raíces en la historia de la salvación, en las promesas que Dios hizo a un pueblo (Vida Eterna, tierra prometida, Mesías, Salvación, Reino de Dios, nueva alianza, cielo nuevo y tierra nueva), por las cuales éste ha vivido su identidad por cerca de 5000 años y que se narran en las Sagradas Escrituras. Por eso esta herramienta metodológica es nueva y muy antigua…

Padre Hernán Báez

Catedral en la Plaza de Bolívar de Bogotá

En

Bogotá, se está construyendo un Plan de Evangelización. Convocados por el Señor Arzobispo todos los que formamos parte de este redil a trabajar por nuestra Iglesia tanto en el contexto urbano como también en el sector rural; pues la Arquidiócesis de Bogotá la conforman 254 parroquias de las cuales hacen parte once parroquias rurales. El “Duc in altum” (Rema mar adentro), de Jesús a Simón Pedro, con lo que le manifiesta su confianza al haberse subido a su barca y luego a adentrarse en una experiencia que será recordada por el evangelista Lucas (Lc. 5, 4) y en la que le invita adentrarse en la aventura de echar nuevamente las redes para pescar, aunque lo había estado intentando toda la noche, sin mayores resultados, es justamente el texto con el cual Monseñor Rubén Salazar Gómez, nos invita a continuar respondiendo a esta misión de Iglesia; como él lo dice: “estas palabras con las que Jesús se dirigió un día al apóstol Pedro, resuenan también hoy para nosotros y nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro” . El pasado 15 de marzo del 2011 fuimos convocados por Monseñor Salazar a tomar parte activa en la construcción de un Plan de Evangelización bajo el lema: “Construyamos la Iglesia que Dios quiere y nuestra ciudad necesita” y nos invitó a todos los bautizados laicos, religiosos, diáconos permanentes, estudiantes, seminaristas, miembros de movimientos y asociaciones de fieles y sacerdotes de toda Bogotá y las parroquias rurales a conformar equipos de trabajo y a unirnos en este objetivo. Siguiendo la pedagogía que el Sínodo nos dejó para interpretar los signos de los tiempos presentes:

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Desde que el Señor Arzobispo nos convocó, hemos estado caminando juntos y apoyados en la oración de muchos. Se integró un Equipo de trabajo: C O M I S I Ó N ARQUIDIOCESANA DE EVANGELIZACIÓN, que coordinado por el Vicario de Evangelización, Monseñor Jaime Mancera, y en comunión con los Vicarios Episcopales de las cinco zonas pastorales en las que está organizada la Arquidiócesis, se conformó un Equipo Animador que involucra a todas las parroquias y a toda la comunidad: a todos los creyentes. Construir el Plan E, representa para la Arquidiócesis de Bogotá, más que tener un documento final, vivir un proceso de conversión pastoral, personal y comunitario, que nos forme para asumir los desafíos que plantean las nuevas circunstancias de la ciudad, renovándonos en la vivencia de un verdadero espíritu de comunión y participación. Y esto también marca la diferencia con otros métodos y quizá con otras épocas. De ahí que todo el proceso se ha ido encaminado a lograr la inclusión de la mayor cantidad de personas, pertenecientes a los diferentes campos y ambientes donde la Iglesia tiene presencia en esta ciudad, y en nuestros campos y veredas de los pueblos cercanos, con el fin de incrementar el nivel de compromiso y sentido de pertenencia a la Iglesia, como

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hecho memoria histórica de su desarrollo, se ha atrevido a soñar con un futuro mejor para su acción evangelizadora y sobre todo ha ido encontrando signos del Reino, signos de la acción de Dios en el devenir de ésta sociedad y ha ido generando procesos de conversión, de unión, de pertenencia a nivel personal, comunitario y pastoral. No es la opción más fácil, ni tampoco queremos reencauchar otras metodologías, sino que entre todos vamos entretejiendo esta gran trama divino humano y esto es complejo, pero para ello tenemos la posibilidad de ser y sentirnos familia, comunidad creyente, es una opción más exigente y nos reta a estudiar juntos, colaborarnos en un auténtico espíritu evangélico. Pero dónde vamos en esta construcción?

Monseñor Rubén Salazar, Arzobispo de Bogotá y el padre Rafael Savoia, misionero comboniano. una comunidad viva, que se interpela, escucha y responde a las necesidades que la gente de la ciudad y el campo le plantean. Este proceso de construcción del nuevo Plan de Evangelización para la Arquidiócesis de Bogotá, ha sido un verdadero tiempo de Gracia, donde hemos hecho la experiencia de releer nuestra historia, y es aquí donde se descubre la Historia de Salvación, el actuar de Dios siempre presente, y también nuestra respuesta a su voluntad. Quizá este es el tema que más nos exige oración, discernimiento y compromiso: descubrir cuál es la verdadera Voluntad de Dios para nuestra ciudad y para nuestros campos, ¿cómo responderle en las circunstancia que nos ha correspondido vivir?, ¿cómo construimos un futuro de mayor esperanza, aunque nuestros contextos han hecho opciones de vida sin Dios o indiferentes a su voz y a su presencia… Otros lo buscan porque en la Iglesia no lo reconocen, unos más lo tratan de encontrar en las muchas propuestas que se ofrecen en otras formas de creer, de vivir, de comprometerse.

Después de todos aquellos primeros talleres de escucha donde se recogieron las impresiones del presente en la Iglesia y en la Ciudad o municipio, y de soñar con el futuro que anhelábamos, nos dispusimos a hacer un discernimiento juicioso de todo lo que Dios va mostrando en ese sentir. “El discernimiento evangélico toma de la situación histórica y de sus vicisitudes y circunstancias no un simple «dato», que hay que registrar con precisión y frente al cual se puede permanecer indiferentes o pasivos, sino un «deber», un reto a la libertad responsable, tanto de la persona individual como de la comunidad. Es un «reto» vinculado a una «llamada» que Dios hace oír en una situación histórica determinada; en ella y por medio de ella Dios llama al creyente; pero antes aún llama a la Iglesia.” PDV 10

Este ejercicio que se ha ido haciendo apoyados en la confianza que el Señor Arzobispo ha querido depositar en nosotros: sacerdotes, religiosos y en todos los bautizados y aún más allá en los hombres y mujeres de buena voluntad que viven en esta región y porción del rebaño que junto con él hemos emprendido esta necesaria misión; así nos hemos podido descubrir como una realidad y la realidad en la cual se desenvuelve, ha 1

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Se identificaron treinta y dos temas que, sin perder de vista una visión de conjunto, tanto de la realidad social como de la Iglesia, revisten un gran valor frente a la evangelización en la Arquidiócesis de Bogotá, tanto por los anhelos que despiertan hacia el futuro, como por la fuerza y el valor que tienen en el presente. Posteriormente, estos treinta y dos temas fueron analizados en sus múltiples relaciones e interacciones, positivas o negativas, dentro del dinamismo de la evangelización, reconociendo las influencias, las dependencias, las posibilidades, o las dificultades que generan; pero sobretodo, reconociendo en una mirada de conjunto todos los aspectos que entran en juego a la hora de llevar a cabo la acción evangelizadora y la manera como algunos de ellos, tienen más posibilidades, en la medida en que sepamos actuar sobre ellos, de ayudarnos a darle un nuevo rumbo a la evangelización en nuestra Iglesia particular. Como fruto de estos análisis el Espíritu fue mostrando que debíamos mirarlos no individualmente sino en pequeños grupos temáticos dentro de los cuales se aglutinan estos 32 temas, y que nos remiten a pensar cómo la tarea de evangelización es una acción compleja, pero integral. Los núcleos temáticos que se definieron son: el contexto, los espacios de comunión, los sujetos evangelizadores (discípulos misioneros), los procesos evangelizadores y la cultura de planeación, los organismos y estructuras al servicio de la evangelización. Aquí me remito a un documento de trabajo que el padre Jaime Mancera ha elaborado para ayudar a comprender mejor este camino:

democrática, pero donde no siempre prima el bien común. Pluralidad, por la convivencia simultánea de estratos culturales tradicionales, modernos y “posmodernos”, fruto del particular proceso de desarrollo del país y de nuestra ciudad y municipios. Un contexto donde el desarrollo económico no ha estado siempre al servicio de la dignidad humana, de la justicia, de la equidad, del desarrollo integral sostenible y de la solidaridad; y, por tanto, así como ha generado posibilidades de emprendimiento, de empleo y de riqueza, también ha generado, y con mayor fuerza, más pobreza, injusticia social, inequidad, y conflicto social (2). Y a esto se suma la violencia generalizada, en sus distintas formas, y especialmente el drama del desplazamiento forzado (3), como consecuencia entre otras cosas, del conflicto armado, también presente de alguna forma en la ciudad. Circunstancias todas que muchos ciudadanos vemos con indiferencia. Un contexto, por tanto, marcado por muchas víctimas y heridos. Contexto en el cual va creciendo, por la implementación de la Constitución del 91, una mayor conciencia de ciudadanía y participación democrática (4), que va generando más participación en la construcción del tejido social; a pesar de la crisis de la gestión pública (5), que vivimos y que lleva a una incorrecta comprensión de la política y de sus fines y a un rechazo y desconfianza frente a todos los actores políticos.

Procesión de Santa Librada en Colombia EL CONTEXTO Dentro de este núcleo temático ubicamos los temas que señalan las características más significativas de la realidad sociocultural de nuestra ciudad; características que además están influyendo de múltiples formas sobre la vida de los demás municipios que están bajo la jurisdicción de la Arquidiócesis; y que de alguna forma configuran el proceso de cambio que está viviendo toda nuestra sociedad y dentro de ella, nuestra comunidad eclesial arquidiocesana.

Contexto donde la experiencia religiosa vive una transformación, tanto por el pluralismo (6) de expresiones y de confesiones, que reclama una mejor

En primer lugar reconocemos un contexto de pluralidad (1), como es propio de las grandes ciudades y de toda su región de influencia circunvecina. Pluralidad de culturas, de formas de pensamiento, de costumbres, de expresiones, de criterios, que intentan convivir en un mismo lugar y conformar una sociedad

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convivencia y un diálogo, como por el desarrollo de una religiosidad popular y en el caso católico, de una piedad popular (7), con rasgos específicos en nuestra cultura urbano-rural, que requiere un ejercicio de discernimiento evangélico. Contexto que ha generado una profunda transformación de la familia y de su misión (8) frente

a la formación de las personas y a la sociedad; con las implicaciones que de allí se desprenden al ser la familia el espacio fundamental y primero del desarrollo humano y social; y la primera casa y escuela de la fe y de la comunión.

ESPACIOS Y ESPIRITUALIDAD DE LA COMUNIÓN ECLESIAL Un segundo grupo de temas hace referencia a la vida de comunión en la Iglesia y a la espiritualidad que le es propia y que encuentran su fundamento en el mandamiento del amor. Se anhela una mayor vida y experiencia de comunión, un trato fraterno,(13) un auténtico sentido de comunión, y de reconocimiento de la presencia de Dios Trinidad en el hermano, de apoyo mutuo y real entre todos los bautizados. Se reconoce que hace falta una mayor unidad en la vida eclesial y en los criterios de vida y acción. Se valora lo que hay, pero se espera mucho más de la vida parroquial (14), de las experiencias comunitarias que puede desarrollar, de las iniciativas y la participación que puede y debe promover. Se reconoce el valor y la fuerza de la Eucaristía y de las demás celebraciones (15) de la Iglesia, pero se reclama una celebración más viva, más conectada con la vida de la gente, con una homilía bien preparada. También se habla de la corresponsabilidad de toda la comunidad eclesial en la financiación y sostenimiento de la Iglesia, así como de su manejo transparente (16).

SUJETOS EVANGELIZADORES Contexto marcado por la mediación y el desarrollo de las tecnologías de la comunicación (9); por las posibilidades de relaciones que generan, así como por los condicionamientos que se suscitan en la vida personal y social. Contexto donde las transformaciones culturales y sociales desafían los procesos de educación formal (10), desde la escuela hasta la universidad; donde todos esperamos mucho de dichos procesos, y los distintos intereses que entran en juego no siempre coinciden con la búsqueda del desarrollo integral de los estudiantes.

(discípulos-misioneros)

En cuanto a los sujetos evangelizadores, considerados tanto en conjunto (Iglesia Arquidiocesana), como en los distintos miembros (laicos, ministros ordenados, consagrados), hay un gran clamor en toda la consulta por la fidelidad a Jesucristo, a su Reino y a su Iglesia, y por tanto una petición de testimonio y coherencia (17); que

Contexto donde la cultura ecológica (11) ha adquirido una fuerte presencia, por la conciencia de los graves daños que se han causado en el medioambiente y la promoción de un sentido de responsabilidad común que tenemos frente al cuidado de nuestro planeta. Contexto marcado también negativamente por el consumismo y el individualismo (12), que generan relaciones de competencia, de manipulación, de utilización de unos sobre los otros, donde la dignidad humana no se respeta ni se promueve; donde los derechos humanos no son vividos por todos.

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actuemos conforme a lo que profesamos desde nuestra fe; que haya coherencia entre lo que creemos, decimos y hacemos, cada uno y en conjunto. Se espera de todos los discípulos de Jesucristo una actitud misericordiosa y solidaria (18) frente a los demás ciudadanos y a los graves problemas sociales que marcan la vida de la ciudad y los municipios, como aspecto esencial de la identidad cristiana. Y junto a este tema está el llamado al cultivo de la espiritualidad y de la vida de oración (19). Particularmente resuena el reclamo por una mayor participación de los laicos (20), por un mayor compromiso y presencia de ellos tanto en la vida eclesial como en su labor en las cosas del mundo. También se hace referencia a los ministros ordenados (21): obispos, presbíteros y diáconos permanentes, de quienes existen grandes expectativas sobre su pastoreo, su cercanía y acompañamiento, su coherencia, sus habilidades pastorales, su criterio para saber administrar los asuntos dando la prioridad a la evangelización, y también sobre su lenguaje y claridad para comunicarse y predicar. Se reconoce y valora la presencia de la vida consagrada (22) en la Arquidiócesis, dada la diversidad de campos de servicio en los cuales se hacen presentes y sirve al Reino. Pero también se reclama una mayor comunicación e integración mutuas con la vida entera de la Iglesia particular. En relación con lo anterior, aparece también el desafío, el reclamo de la formación en la fe (23) (procesual, integral, comunitaria, desde la Palabra de Dios y desde experiencias fundantes), en sus distintas etapas

(despertar el interés por Cristo – acción misionera-, iniciarse en Cristo – acción catequística- , perseverar y dar frutos en Cristo – acción pastoral). Y también se reconoce la necesidad de cuidar mucho y contextualizar la formación inicial y permanente de los ministros ordenados (24).

LOS PROCESOS EVANGELIZADORES Un cuarto grupo de temas se refieren a los procesos de evangelización, desde distintos aspectos: la necesidad de implementar pedagogías y didácticas actuales (25), la ausencia de acciones específicamente misioneras (26), la preocupación por la gran masa de bautizados no convertidos (27). También se habla de la diversidad de respuestas que hay frente a la propuesta moral cristiana (28) y de la importancia del trabajo evangelizador que la Iglesia hace en ambientes o sectores específicos (29). Es grande la preocupación por la evangelización de los jóvenes (30) y por los procesos de la pastoral y cultura vocacional (31).

CULTURA DE LA PLANEACIÓN, ORGANISMOS Y ESTRUCTURAS DE LA EVANGELIZACIÓN También aparece el tema de la falta de unos criterios pastorales comunes, de una acción evangelizadora más articulada, y en general de una verdadera cultura de la planeación, que junto con los organismos y estructuras adecuadas nos conduzca hacia una evangelización más integral, eficaz, conjunta, inculturada.(32)

Y qué sigue? El desafío de leer e interpretar qué nos está mostrando Dios y a dónde nos encamina en la tarea evangelizadora que responda a lo que debe ser nuestro compromiso actual de Iglesia. Como dice el padre Mancera: “Aunque confesamos la presencia de Dios en la ciudad y en su cultura, y de muchas maneras intentamos ponernos a su servicio, nos ha costado trabajo entender, discernir y afrontar los cambios profundos y globales que caracterizan nuestra época, leer en medio de ellos los signos de la presencia de Dios y de sus planes, y, por lo mismo, encontrar la

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comprensión adecuada de lo que significa ser discípulos misioneros, y vivir la comunión y la misión evangelizadora en medio de estas circunstancias y los desafíos que nos presentan. Si en el pasado Sínodo veíamos que caminábamos paralelos a la vida de la ciudad y su cultura, el discernimiento actual nos está haciendo ver que además desconocemos los actuales cambios, su impacto en nosotros y existe el riesgo de la pérdida de nuestra identidad. Cada uno de los temas señalados en el contexto influye de múltiples maneras sobre la vida de comunión, sobre los sujetos y procesos evangelizadores, como sobre las estructuras y organismos; y se hace necesario discernir esa influencia, en sus luces y sombras, y la manera como nos afecta en nuestra identidad y nos desafía en nuestra acción evangelizadora. Esta situación aumenta en su complejidad por la presencia misma del pecado, personal y social, que endurece los corazones y ensombrece el juicio sobre las cosas, obstaculizando la búsqueda de la verdad y del sentido auténtico de las situaciones. No queremos decir, como lo advirtió muy bien el documento de Aparecida N. 14, que sean las circunstancias dramáticas de la vida, los desafíos de la sociedad, los que nos definan, puesto que nuestra identidad nos viene del amor recibido del Padre, por Jesucristo, en el Espíritu Santo, y del mandato recibido del Señor para ir, promover y formar, como comunidad eclesial, discípulos misioneros, que vivan la experiencia del encuentro con Cristo; en Él, vivan relaciones de comunión, y participen en la transformación evangélica de la historia humana, hasta la venida de la Jerusalén celestial (Cf. NMI 29). Pero sí queremos reconocer la necesidad de discernir mucho más, en medio de estas circunstancias cambiantes de nuestra sociedad bogotana y de nuestros municipios, la interacción que se está dando entre la cultura urbano-rural, y los elementos nucleares de nuestra evangelización, para identificar aquello que debe permanecer y aquello que debe cambiar; los paradigmas y criterios que debemos seguir cultivando y los que debemos dejar, para ser fieles al Señor y a los hombres de nuestro tiempo, para revitalizar nuestro modo de ser católico y nuestra presencia eclesial como sacramento de salvación en medio del mundo.

propósito de renovar nuestra misión desde un nuevo plan de Evangelización; así como nos sentimos desafiados por los sentimientos de malestar, de desbordamiento y desfase en muchas de nuestras acciones pastorales, a ponernos en camino de construcción de un nuevo modelo de evangelización que responda a dichas inquietudes manifestadas por el pueblo de Dios.” (Documento de trabajo) Después de hacer todo este discernimiento, pretendemos llegar a identificar un horizonte común, para reconocer qué es lo que debemos hacer para llevar a cabo la misión evangelizadora en la Arquidiócesis de Bogotá… encontrar en consenso cuáles sean esos objetivos comunes que orienten nuestro camino de respuesta a nuestra realidad existencial y a la Voluntad de Dios para nosotros; luego, entrar a una etapa de programación y de planificación, que inicialmente será del primer año, que nos permita caminar con pasos concretos hacia el futuro posible y anhelado que hemos discernido. Fortalecido con el aporte de los distintos Equipos de trabajo y análisis y el sentir mismo de la comunidad, de las parroquias y de todos los que sumándose a esta obra de construcción vamos aportando con nuestra oración y trabajo. Confiamos con gran esperanza que los años por venir serán tiempos de cosecha, de conversión y compromiso con el Dios dueño de la viña, pues hoy nos llama a trabajar con Él y por Él, en nuestra Iglesia Arquidiocesana. Lectores de Testimonio, sintámonos llamados a esta tarea y a unirnos a este discernimiento y elaboración de nuestro Plan de acción en comunión con la Iglesia para seguir respondiendo a lo que Dios quiere de nosotros en el aquí y en el ahora de la historia y de nuestro mundo. ¡Manos a la obra! Notas: 1 Monseñor Rubén Salazar, Arzobispo de Bogotá y padre Rafael Saboya

Existen muchos signos de esperanza, anhelos de cambio, deseos de compromiso con una nueva evangelización, que nos animan a seguir en este

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misterio de la anunciación y encarnación. Que nos enseñe a salir de nosotros mismos en camino de sacrificio, amor y servicio, como lo hizo en la visitación a su prima Isabel, para que, peregrinos en el camino, cantemos las maravillas que Dios ha hecho en n o s ot r o s conforme a su promesa.

M IGUEL PATIÑO P BRO . MISIONERO

MONFORTIANO

Guiados por María, fijamos los ojos en Jesucristo, autor y consumador de la fe…

En Aparecida la figura de María atraviesa todo el documento. Es mencionada desde el principio hasta el fin y sobre todo en las orientaciones fundamentales para formar hoy discípulos misioneros de Cristo y para que la Iglesia esté en misión permanente. Aparecida no sólo ratifica el lema montfortiano “A Jesús por María”, sino que también añade: “A la Iglesia por María y con María”. En la introducción del documento Aparecida (DA), los señores Obispos dicen:

Enmarcados en estos dos textos encontramos muchos otros que expresan la importancia de María para la configuración de los discípulos misioneros con Jesucristo: Imagen espléndida de configuración al proyecto trinitario que se cumple en Cristo, es la Virgen María. Desde su Concepción Inmaculada hasta su Asunción nos recuerda que la belleza del ser humano está toda en el vínculo de amor con la Trinidad, y que la plenitud de nuestra libertad está en la respuesta positiva que le damos.

María, Madre de Jesucristo y de sus discípulos, ha estado muy cerca de nosotros, nos ha acogido, ha cuidado nuestras personas y trabajos, cobijándonos, como a Juan Diego y a nuestros pueblos, en el pliegue de su manto, bajo su maternal protección. Le hemos pedido, como madre, perfecta discípula y pedagoga de la evangelización, que nos enseñe a ser hijos en su Hijo y a hacer ‘lo que Él les diga’, Jn 2, 5, DA 1. El documento, finaliza con una súplica a María que introduce una súplica al Señor: Nos ayude la compañía siempre cercana, llena de comprensión y ternura, de María Santísima. Que nos muestre el fruto bendito de su vientre y nos enseñe a responder como ella lo hizo en el

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Con ella, providencialmente unida a la plenitud de los tiempos, cf. Gal 4, 4, llega a cumplimiento la esperanza de los pobres y el deseo de salvación. La Virgen de Nazaret tuvo papel único en la historia de salvación, concibiendo, educando y acompañado a su hijo hasta su sacrificio definitivo. Desde la cruz Jesucristo confió a sus discípulos, representados por Juan, el don de la maternidad de María, que brota directamente de la hora pascual de Cristo: “Y desde aquel momento el discípulo la recibió como suya”, Jn 19, 27. Perseverando junto a los apóstoles a la espera del Espíritu, cf. Hch. 1, 13-14, cooperó con el nacimiento de la Iglesia

Bajo el subtítulo 6.1.5 María, discípula y misionera, encontramos la más riquísima y existencial síntesis mariológica que manifiesta hasta la evidencia la función imprescindible de María en la formación hoy en la Iglesia de los discípulos misioneros de Cristo. –Y no olvidemos que la opción prioritaria de Aparecida es esta formación: La máxima realización de la existencia cristiana como un vivir trinitario de “hijos en el Hijo” nos es dada en la Virgen María quien por su fe, cf. Lc 1, 45, y obediencia a la voluntad de Dios, cf. Lc 1, 38, así como por su constante meditación de la Palabra y de las acciones de Jesús, cf. Lc 2, 19.51, es la discípula más perfecta del Señor 1 . Interlocutora del Padre en su proyecto de enviar su Verbo al mundo para la salvación humana, María con su fe llega a ser el primer miembro de la comunidad de los creyentes en Cristo, y también se hace colaboradora en el renacimiento espiritual de los discípulos. Del Evangelio emerge su figura de mujer libre y fuerte, conscientemente orientada al verdadero seguimiento de Cristo. Ella ha vivido por entero toda la peregrinación de la fe como madre de Cristo y luego de los discípulos, sin que le fuera ahorrada la incomprensión y la búsqueda constante del proyecto del Padre. Alcanzó así a estar al pie de la cruz en una comunión profunda, para entrar plenamente en el misterio de la Alianza.

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misionera, imprimiéndole un sello mariano que la identifica hondamente. Como madre de tantos, fortalece los vínculos fraternos entre todos, alienta a la reconciliación y el perdón, y ayuda a que los discípulos de Jesucristo se experimenten una familia, la familia de Dios. Como en la familia humana, la Iglesia-familia se genera en torno a una madre, quien confiere “alma” y ternura a la convivencia familiar2. María, Madre de la Iglesia, además de modelo y paradigma de humanidad, es artífice de comunión. Uno de los eventos fundamentales de la Iglesia es cuando el “sí” brotó de María. Ella atrae multitudes a la comunión con Jesús y su Iglesia, como experimentamos a menudo en los santuarios marianos. Por eso la Iglesia, como la Virgen María, es madre. Esta visión mariana de la Iglesia es el mejor remedio para una Iglesia meramente funcional o burocrática. María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros. Ella, así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el Evangelio a nuestra América. En el acontecimiento guadalupano, presidió junto al humilde Juan Diego el Pentecostés que nos abrió a los dones del Espíritu. Desde entonces son incontables las comunidades que han encontrado en ella la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús. Con gozo constatamos que se ha hecho parte del caminar de cada uno de nuestros pueblos, entrando profundamente en el tejido de su historia y acogiendo los rasgos más nobles y significativos de su gente. Las diversas advocaciones y los santuarios esparcidos a lo largo y ancho del Continente testimonian la presencia cercana de María a la gente y, al mismo tiempo,

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manifiestan la fe y la confianza que los devotos sienten por ella. Ella les pertenece y ellos la sienten como madre y hermana. Hoy, cuando en nuestro Continente latinoamericano y caribeño se quiere enfatizar el discipulado y la misión, es ella quien brilla ante nuestros ojos como imagen acabada y fidelísima del seguimiento de Cristo. Esta es la hora de la seguidora más radical de Cristo, de su magisterio discipular y misionero al que nos envía el Papa Benedicto XVI: “Maria Santísima, la Virgen pura y sin mancha es para nosotros escuela de fe destinada a conducirnos y a fortalecernos en el camino que lleva al encuentro con el Creador del cielo y de la tierra. El Papa vino a Aparecida con viva alegría para decirnos en primer lugar: “Permanezcan en la escuela de María. Inspírense en sus enseñanzas. Procuren acoger y guardar dentro del corazón las luces que ella, por mandato divino, les envía desde lo alto”3. Ella, que “conservaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón”, Lc 2, 19; cf. 2, 51, nos enseña el primado de la escucha de la Palabra en la vida del discípulo y misionero. El Magnificat “está enteramente tejido por los hilos de la Sagrada Escritura, los hilos tomados de la Palabra de Dios. Así se revela que en Ella la Palabra de Dios se encuentra de verdad en su casa, de donde sale y entra con naturalidad. Ella habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se le hace su palabra, y su palabra nace de la Palabra de Dios. Además así se revela que sus pensamientos están en sintonía con los pensamientos de Dios, que su querer es un querer junto con Dios. Estando íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, Ella puede llegar a ser madre de la Palabra encarnada”4. Esta familiaridad con el misterio de Jesús es facilitada por el rezo del Rosario, donde: “el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la madre del Redentor”5. Con los ojos puestos en sus hijos y en sus necesidades, como en Caná de Galilea, María ayuda a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, deentrega y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de su Hijo. Indica, además, cuál es la pedagogía para que los pobres, en cada comunidad cristiana, “se sientan como en su casa”6. Crea comunión y educa a un estilo de vida compartida y solidaria, en fraternidad, en atención y acogida del otro, especialmente si es pobre o necesitado. En nuestras comunidades, su fuerte presencia ha enriquecido y seguirá enriqueciendo la dimensión materna de la Iglesia y su actitud acogedora, que la convierte en “casa y escuela de la comunión”7, y en espacio espiritual que prepara para la misión.

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Si queremos ahondar en la presencia de María en Aparecida y en su importancia para formar apóstoles de la nueva Evangelización, o como dice Montfort, ‘Apóstoles de los últimos tiempos’, vale la pena consultar estos números marianos del DA: Nos. 1 , 4, 7, 25, 43, 141, 265, 266-272: tratado mariano en la mitad del documento, 280b, 300, 320, 374, 451, 553, 554. Notas: 1

cf. LG 53

2

cf. DP 295

3

S.S. Benedicto XVI, Alocución durante el Santo Rosario el 13/05/2007

4

DCE 41

5

RVM 1

6

NMI 50

7

Ibid. 43

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Señor, ten piedad Cristo, ten piedad Señor, ten piedad

Señor, ten piedad Cristo, ten piedad Señor, ten piedad

Dios Padre, Creador del universo, Dios Hijo, Redentor del mundo, Dios Espíritu Santo, Santificador, Trinidad Santa, que eres el Dios verdadero,

ten ten ten ten

Santa María, Madre de Jesucristo, María, Madre de los discípulos de Jesús María, que nos has acogido en la Cruz, María, que nos cobijas con tu santo manto, María, que nos acoges con tu maternal protección, María, perfecta discípula del Señor, María, pedagoga de la evangelización, María, que nos enseñas a ser verdaderos hijos, María, que nos invitas a hacer lo que tu Hijo nos diga, María, que te has manifestado en Guadalupe a Juan Diego, María, signo de la inculturación de la fe en nuestros pueblos, María, nuestra Señora de Guadalupe, María, nuestra Señora de Aparecida, María, María, María, María, María, María,

piedad piedad piedad piedad

ruega por nosotros ruega por nosotros ruega por nosotros ruega por nosotros ruega por nosotros ruega por nosotros ruega por nosotros ruega por nosotros ruega por nosotros ruega por nosotros ruega por nosotros ruega por nosotros ruega por nosotros

nuestra Señora de América Latina y el Caribe, ruega por nosotros estrella de la evangelización renovada, ruega por nosotros primera discípula del Señor, ruega por nosotros primera gran misionera de nuestros pueblos, ruega por nosotros historia compartida de nuestros pueblos, ruega por nosotros imagen espléndida de configuración del proyecto trinitario que se realiza en Cristo, ruega por nosotros

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María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María, María,

Madre inmaculada, ruega por nosotros Madre gloriosa en tu asunción, ruega por nosotros rostro de la ternura y el amor de Dios, ruega por nosotros reflejo del mensaje esencial del Evangelio, ruega por nosotros que nos haces echarlas redes en el mundo, ruega por nosotros que reúnes a tus hijos en torno a tu Hijo, ruega por nosotros modelo de la fe y la obediencia a la voluntad de Dios, ruega por nosotros constante en la meditación de la palabra y acciones de Jesús, ruega por nosotros interlocutora del Padre en su proyecto salvífico, ruega por nosotros primer miembro de la comunidad de los creyentes en Cristo, ruega por nosotros colaboradora en el renacimiento espiritual de los discípulos, ruega por nosotros mujer libre y fuerte, ruega por nosotros mujer conscientemente orientada al verdadero seguimiento de Cristo, ruega por nosotros peregrina de la fe como Madre de Jesucristo y de los discípulos, ruega por nosotros que estuviste al pie de la Cruz en comunión profunda, ruega por nosotros que has entrado plenamente en el misterio de la Alianza, a la plenitud de los tiempos, ruega por nosotros en quien llega a cumplimiento la esperanza de los pobres y el deseo de salvación, ruega por nosotros Virgen de Nazaret, que tuviste una misión única en la historia de la salvación, ruega por nosotros que has concebido, educado y acompañado a tu Hijo hasta el sacrificio definitivo, ruega por nosotros que en la Cruz has sido confiada a tus discípulos como Madre, ruega por nosotros que has perseverado junto a los Apóstoles a la espera del Espíritu Santo, ruega por nosotros que has cooperado con el nacimiento de la Iglesia misionera, ruega por nosotros que has impreso en la Iglesia el sello mariano que la identifica hondamente, ruega por nosotros que fortaleces los vínculos fraternos entre todos, ruega por nosotros que alientas a la reconciliación y el perdón, entre nosotros, ruega por nosotros que ayudas a que los discípulos se experimenten como una familia, la familia de Dios, ruega por nosotros en quien nos encontramos con Cristo, con el Padre y con el Espíritu Santo, ruega por nosotros en quien nos encontramos con los hermanos, ruega por nosotros que confieres “alma” y ternura a la convivencia familiar, ruega por nosotros Madre de la Iglesia, ruega por nosotros modelo y paradigma de la humanidad, ruega por nosotros artífice de la comunión, ruega por nosotros que en tu “sí” abres el camino de la Iglesia, ruega por nosotros que atraes a las multitudes a la comunión con Jesús y su Iglesia, ruega por nosotros que haces de la Iglesia, madre, ruega por nosotros continuadora de la misión de Jesús, ruega por nosotros formadora de misioneros, ruega por nosotros que diste a luz al Salvador de mundo, ruega por nosotros

María, que has traído el Evangelio a nuestra América, ruega por nosotros María, que en Guadalupe has presidido el Pentecostés que nos abrió a los dones del Espíritu Santo, ruega por nosotros María, inspiración de las comunidades para aprender a ser discípulos y misioneros de Jesús, ruega por nosotros María, Madre cercana a todos los pueblos y personas, ruega por nosotros María que perteneces a las gentes y eres Madre y Hermana, ruega por nosotros María, imagen acabada y fidelísima del seguimiento de Cristo, ruega por nosotros María, la seguidora más radical de Cristo, ruega por nosotros María, Virgen pura y sin mancha, ruega por nosotros

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María, fortaleza en el camino al encuentro con el Creador del cielo y de la tierra, ruega por nosotros María, que en tu escuela nos educas en la fe, ruega por nosotros María, casa de la Palabra de Dios, ruega por nosotros María, cuyos pensamientos están en sintonía con los pensamientos de Dios,

ruega María, cuyo querer es un querer junto con Dios, ruega María, Madre de la Palabra encarnada, ruega María, en quien contemplamos la belleza del rostro de Cristo, ruega María en quien experimentamos la profundidad del amor de Cristo, ruega María, que tienes tus ojos puestos en tus hijos y sus necesidades, ruega María, que ayudas a mantener vivas las actitudes de servicio, entrega y gratuidad, ruega María, que creas comunión, ruega María, que educas en un estilo de vida compartida y solidaria, ruega María, que educas en fraternidad, en atención y acogida del otro, ruega María, que nos llevas a acoger al pobre y al necesitado, ruega

por por por por por por

nosotros nosotros nosotros nosotros nosotros nosotros

por por por por por

nosotros nosotros nosotros nosotros nosotros

María que enriqueces la maternidad y acogida de la Iglesia en nuestras comunidades, ruega por nosotros María, casa y escuela de comunión, ruega por nosotros María, espacio espiritual que prepara para la misión, ruega por nosotros María, que haces posible la adhesión de corazón por la fe a los caminos gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos del Señor y Maestro, ruega por nosotros María, por quien nos asemejamos más a Jesucristo, ruega por nosotros María, en quien aprendemos y nos apropiamos progresivamente las actitudes de Jesucristo, ruega por nosotros María, Madre que fortaleces y das esperanza y aliento a los servidores del Señor, ruega por nosotros María, identidad de todas las mujeres, ruega por nosotros María, que dignificas a la mujer, ruega por nosotros María, mujer capaz de comprometerse con su realidad, ruega por nosotros María, mujer con voz profética ante la realidad, ruega por nosotros María, compañía cercana, llena de comprensión y ternura, ruega por nosotros María, que nos muestras el fruto bendito de tu vientre, ruega por nosotros María, que nos enseñas a responder al misterio de la Anunciación y Encarnación, ruega por nosotros María, que nos enseñas a salir de nosotros mismos, ruega por nosotros María, que en el camino del salir de nosotros mismos nos enseñas el sacrificio, el amor y el servicio, ruega por nosotros María, que nos enseñas a cantar las maravillas que Dios ha hecho en nosotros, ruega por nosotros María, por quien fijamos los ojos en Jesucristo, autor y consumador de la fe, ruega por nosotros María, que nos ayuda a decir al Señor “quédate con nosotros”, ruega por nosotros Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Oh, María, Quédate con nosotros y acompáñanos. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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posibilidad de vehicular sus tesis de oposición. Las malas condiciones de vida civil de las mayorías, que persisten cuando no se empeoran, han pasado a servir de argumento a un nuevo antagonismo y a un nuevo cruce de inculpaciones y de denuncias: el de la Iglesia y las dictaduras militares.

La Iglesia entre irremplazable y superflua1 Hernán Vergara En el continente latinoamericano, existe hoy el consenso de que ni los gobiernos ni la Iglesia están respondiendo adecuadamente a las necesidades de las mayorías pobres e iletradas. Este modo de pensar presenta una novedad. Desde el origen de los Estados latinoamericanos existió antagonismo entre la conciencia creyente y la conciencia civil. El liberalismo primero y después el marxismo han acusado a la Iglesia de ser la culpable de las malas condiciones de vida civil de las mayorías, ya por mantenerlas en la ignorancia y la superstición, según el liberalismo, ya, según el marxismo, por añadir a lo anterior el ser la Iglesia aliada de las clases ricas. Últimamente, y ésta es la novedad, la mala situación de las mayorías ha pasado a ser argumento de la lucha por el poder entre el liberalismo y el marxismo, lo cual ha aflojado la presión culpabilizadora contra la Iglesia. Más aún, la burguesía liberal ha visto en la jerarquía eclesiástica un buen aliado contra los movimientos revolucionarios, en tanto que los intelectuales de izquierda han visto la posibilidad de movilizar el sentimiento religioso popular y el llamado “bajo clero” en favor de la revolución. En Brasil y en Chile se presenta una situación peculiar. Esos países están siendo gobernados por militares que se tomaron el poder en la idea de ser la alternativa salvadora frente al fracaso de la democracia liberal y el peligro comunista. Esos gobiernos quieren evitar a toda costa el enfrentamiento con la jerarquía eclesiástica pero se apoyan para lo ideológico en la doctrina de la seguridad nacional que ha sido elaborada sin consultar al magisterio eclesiástico y que incluye tesis no aceptables por éste. La índole dictatorial de esos gobiernos ha dejado sin juego a los movimientos políticos, los cuales ven en la jerarquía eclesiástica, en cuanto es aún “la voz de los que no tienen voz”, la

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Las inculpaciones y las denuncias no les han servido a las mayorías para redimir sus malas condiciones de vida civil. Sus miserias han proporcionado argumento a las luchas que libran alrededor del poder las clases instaladas y las emergentes. A las mayorías se les ha dado la oportunidad de participar en esas luchas poniendo los votos, cuando no han de poner los asesinos los muertos como ocurrió en “la violencia” colombiana. Toda persona honesta, deseosa de eficacia, debe reconsiderar esta pasión culpabilizante que ha determinado los grandes pasos de la historia latinoamericana. La conciencia dominada por esa pasión no se plantea remediar los males, cuanto encontrar culpables y chivos expiatorios. Es pasión que la Biblia identifica como demoníaca, pues en ella el demonio es llamado, “El acusador de nuestros hermanos”. El evangelio irradia en todas sus páginas una clara conciencia de la presencia y la actividad del mal pero plantea sus proyectos de vida personal y social de modo que pudieran realizarse. Las inculpaciones y denuncias, al constituirse en actividad primordial de la conciencia civil y de la conciencia eclesial, distraen la atención de los dirigentes con perjuicio de sus respectivas tareas. La vida civil y la evangelización de las gentes de abajo se deterioran simultáneamente mientras en lo alto, los notables alternan según las circunstancias, las alianzas y complicidades con las inculpaciones y denuncias.

Ineficacia y monismo moral La ineficacia crónica, institucionalizada, de la Iglesia y del Estado frente a las necesidades vitales de las mayorías es consecuencia inevitable del continuum moral creado por las dos instituciones. En esa estructura, la Iglesia y el Estado comparten necesariamente algunos de sus fines y de sus medios, sin otro resultado que paralelizarse y bloquearse mutuamente. La raíz del problema está en dar por probado que una misma es la moral que ha de presidir la vida civil y la vida espiritual.

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El Estado no puede ser autónomo y eficaz mientras su moral sea la misma que propone la Iglesia, y ésta no puede hacer creíbles y practicables las enseñanzas de Cristo mientras se sienta obligada a hacerse obedecer por el universo de la comunidad civil. Dentro de este monismo moral que es la trama del continuum Iglesia-Estado, las leyes resultan demasiado espirituales para ser cumplidas por la totalidad de la comunidad civil en tanto que los ideales del evangelio aparecerán como no practicables ni creíbles. El paso de la ineficacia a la eficacia requiere el cambio de expectativas morales. El monismo moral ha de ser reemplazado por la visualización de dos clases de moral: la que ha de ser impuesta coercitivamente desde el Estado en el interior de cada nación o Estado y la que ha de ser propuesta por la Iglesia a cualquier persona de cualquier nación o Estado, en la libertad de que sea aceptada o rehusada. Este cambio de expectativas morales conlleva tan profundos cambios en la concepción y la praxis del Estado y de la Iglesia, que uno está tentado a desistir de la empresa antes de intentarla.

Cambio de prioridad La conciencia creyente está hoy apremiada a considerar la construcción de la Iglesia en total autonomía respecto al Estado, tal como saliera de las manos de su divino Fundador. Las circunstancias están coaligándose contra la Iglesia en forma que ésta sólo podrá sobrevivir planteándose a contracorriente de las circunstancias. Pienso concretamente en dos líneas de hechos: de una parte, en el Congreso Mundial de Población reunido en Bucarest en 1974, los representantes de todos los gobiernos del mundo firmaron un documento que el representante del Vaticano se abstuvo de suscribir por cuanto autorizaba el control natal artificial. Dicho documento era lo único que podía esperarse de una política de derrota, para la que cualquier aumento de población es previsto como aumento de su incapacidad para propiciar la vida humana. La opinión católica no parece haber pesado debidamente la trascendencia de esta ruptura entre la Iglesia y la totalidad de los gobiernos contemporáneos. Muchas son las sirenas que adormecen a los católicos moviendo la posibilidad de que el próximo Papa retire la prohibición de la anticoncepción artificial, creándole con ello mejores condiciones a la combinación Iglesia-Estado.

Jesús ante la pregunta del tributo al César proclamación de la dignidad humana que la Iglesia pueda presentar como propio. Hay quienes se alegran de esto pues lo toman por el lado de que la Iglesia ha logrado infiltrar el sentido cristiano del hombre y de la sociedad en la vida civil, pero otros vemos tal cosa como el mayor peligro que haya podido enfrentar la Iglesia: el de ser innecesaria. En favor de esta lectura está el hecho de qué la Iglesia, en vez de dejar que la conciencia civil ensaye su humanismo laico o su cristianismo sin Cristo, ha venido acogiendo con retraso, los programas de la conciencia civil no creyente. Primero fue la adhesión a los programas liberales y después la aceptación progresiva de postulados socialistas. La Iglesia da con esto la imagen de estar más interesada en sobrevivir a favor de la tolerancia y aceptación del mundo moderno que de ver en él ese “mundo corrompido que marcha hacia su fin” de que habla San Pablo y que, por razón de su propia indigencia moral, necesita ser salvado por la Iglesia. La realidad es que el Evangelio resulta igualmente novedoso, e inaudito, en un mundo como es el nuestro, poblado de plagios y secularizaciones del mismo, que cuando fue presentado por vez primera a los contemporáneos del Señor. Para la conciencia creyente y, por tanto para la Iglesia, es cuestión de vida o muerte encontrar en qué es insustituible para la humanidad de hoy. En esto están su razón de ser y su posibilidad de ofrecer alternativas al fracaso humano. Las cosas se deshacen como se hacen y, puesto que la integración del mundo de la fe y el del poder en un solo universo, introdujo la confusión, la claridad sólo puede lograrse mediante el desmonte de la estructura de cristiandad. Sólo así podrá saberse qué es lo que ha de ser devuelto al César y qué ha de ser devuelto a Dios, reasumiendo una vez más el incancelable mandato

No hay duda de que en la elección del próximo Papa jugará papel principal la encíclica Humanæ Vitæ. Para el Espíritu sólo cuenta el presente o sea la encíclica. El segundo orden de hechos es que hoy no existe un soloTESTIMONIO programa de justicia social algunaJunio 2012 REVISTA No.o75

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de Cristo. Así podrá saberse cuáles son los aspectos en que el Estado moderno se configura como la Iglesia de Cristo y cuáles los aspectos en que la Iglesia se configura como un Estado. Así podrá saberse por qué en América Latina el Estado y la Iglesia ofrecen lo que no pueden cumplir, se han hecho convictos de ineficacia y han dejado de ser creíbles. La conciencia creyente ha de clarificarse no sólo sobre la superioridad intrínseca del Evangelio respecto a la filosofía, la política y la economía científicas sino sobre las condiciones en que es creíble y practicable. Nada ha desprestigiado tanto al Evangelio como las versiones politizadas del mismo. La fe es para la fe, escribió Heidegger. Las propuestas que salen de la fe son prácticas y practicables dentro del universo de la fe. Fuera de este universo, en el de la comunidad civil, por ejemplo, son en el mejor de los casos, utopías. Eso en el mejor de los casos, pues de ordinario operan como ideologías encubridoras de las peores acciones, tal como lo han denunciado Nietzsche, Marx y Freud.

El peso de una herencia Dentro del universo religioso-político que es peculiar de América Latina, la Iglesia está afectada por un lastre que consume valiosísimas energías. Es el gigantismo o el triunfalismo sociales, heredados de la cristiandad medioeval, cuando todo un mundo era movido desde el solio pontificio y el trono del emperador. Esta herencia, que en lo profundo del inconsciente es nostalgia de influencia social, se expresa como politización, o sea como el imperativo de vehicular, la fe en las leyes del Estado. La politización ha dividido el cuerpo de la Iglesia en bandos o partidos que se tienen a sí mismos como encarnaciones de la correcta lectura del Evangelio. La verdad es que un partido político es una agrupación identificada por su peculiar capacidad de presionar el poder estatal. Dentro de esta realidad, nada tan saludable como reconocer la pluralidad de focos del poder con miras a los arreglos para distribuirlo en cuotas bien proporcionadas. El envolvimiento de la conciencia creyente en esta estructura religioso-política ha llevado a muchos guías de la Iglesia a adoptar el pluralismo como un bien de la Iglesia, lo que es aceptar el descuartizamiento del cuerpo social de Cristo, antes que deslindar el universo de la fe del universo del poder. Encontramos también la nostalgia de la influencia social en las invocaciones al “Pueblo de Dios”. Detrás de esta expresión, cuyo sentido legítimo es el de la

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comunidad de cristianos, en cuanto diferenciada de los no creyentes, hay la ilusión de que de los 20, o de los 30, o de los 50 o de los 80 millones de habitantes de cada uno de estos países, son miembros vivos del Pueblo de Dios. Hay en esta clase de llamamientos y de mensajes un diálogo cruzado destinado inevitablemente a quedar en palabras. El “Pueblo de Dios”, en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, es una comunidad de personas confiadas. El profeta Malaquías dice que “El inocente, por confiarse, vivirá” (Mal 1, 4) lo cual es repetido por San Pablo: “El justo vive de la fe”. Esta clase de justos, esta clase de pueblo, han de ser distinguidos rigurosamente del ciudadano y de la comunidad civil porque éstos no se identifican como relacionados con Dios sino con el Estado y, lo que la Sagrada Escritura indica para esta relación es precisamente la desconfianza. Santo Tomás de Aquino enseña que el argumento de autoridad que es el más válido para la fe es el peor para la ciencia; así mismo, la confianza, el fiarse, la fe, que es la sustancia de la vida espiritual, es lo último en la vida política cuya ley es la misma que la de la guerra: la desconfianza. En tales llamamientos no es raro que se hablen a las supuestas ovejas de los derechos que han de exigir o que les son negados. El derecho es categoría exclusiva de la relación civil en tanto que lo propio de la relación en la fe es la gratuidad. El ciudadano exige, denuncia, protesta, amenaza; el creyente suplica, confía, espera, agradece y alaba. ¿Cómo puede una misma persona ser al mismo tiempo ciudadano y creyente miembro de la comunidad civil y del pueblo de Dios? ¿Cómo pueden diferenciarse la Iglesia y el Estado cuando, de hecho, muchas son las personas que viven las dos condiciones de ciudadano y de feligrés? Estas preguntas o problemas son estrictamente especulativos y no resisten el primer contacto con la práctica. Lo único que indican es la ausencia de una práctica eclesial suficientemente identificada para no ser confundida con una práctica política y viceversa. El verdadero interrogante está en cómo cumplir dos mandatos del Evangelio aparentemente contradictorios: el de obrar tan en lo oculto para las miradas humanas que ni la propia mano izquierda sepa lo que hace la derecha y el de ser luz del mundo y sal de la tierra. Lo primero exige total intimidad, lo segundo total publicidad. La contradicción pide una salida con especial urgencia en este tiempo en que la conciencia cristiana se empeña en reconocerse obligada a ejercer su influencia a niveles nacionales e internacionales.

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La salida es necesariamente dialéctica como la es toda verdadera salida a toda verdadera contradicción y está indicada en la enseñanza evangélica: Buscad primero el reino de Dios y todo lo demás lo obtendréis por añadidura (Mt 6, 33). Traducido a lenguaje común significa que para ejercer influencia sobre el universo social hay que aplicarse a la acción en lo oculto. En efecto, la verdadera operatividad de la Iglesia está en cada acto de santidad personal que es realizado ante la sola mirada de Dios. La irradiación al ámbito social es la parte que se reserva el mismo Dios, el cual, según la figura empleada por Cristo, cuando enciende una luz no la pone debajo de un embudo sino en un candelero. Esta irradiación es no solamente probable. Nunca ha faltado y hasta es fuente de las dificultades que estamos contemplando. Los actos espirituales pasan al ámbito de la sociedad y una vez constituidos en hechos sociales pasan espontáneamente a ser leyes del Estado. El Estado cristiano fue un resultado indirecto, no buscado, de la productividad espiritual de la Iglesia y está necesariamente en el porvenir de la vida civil. Sólo que, cuando el cristiano busca directamente los bienes que le están prometidos como añadidura, pierde juntamente el Reino y las añadiduras. En esta clase de postración o de ineficacia en lo espiritual y en lo temporal ha entrado la Iglesia desde que se ha dado como objetivo propio y directo la influencia en el universo de las comunidades civiles. La Iglesia, afortunadamente, no es solamente la Iglesia de los periodistas y de los medios de comunicación de masas. Es también la que no hace noticia. Esta, sí está actuando con gran productividad pero no mediante las comunidades gigantescas. La Iglesia no está siendo operativa ni aún en la amplitud relativamente pequeña de la diócesis. Su operatividad está, como lo señalan muchos hoy en día, en comunidades pequeñísimas o eclesiolas en las que se hace posible esa acción de presencia que es lo propio del espíritu. Las diócesis de San Ignacio de Antioquía y de San Policarpo no debieron ser mayores que cualquiera de estas eclesiolas, pues según los documentos estos gigantes del episcopado conocían, a todos sus fieles por sus nombres y se comunicaban con cada uno de ellos personalmente, cuando esto no era posible, por cartas, o por enviados especiales. La circunscripción de la operatividad de la Iglesia a estas pequeñas comunidades no impidió el que su envergadura abarcara la totalidad del mundo conocido. San Agustín, que mantiene la equivalencia

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entre el obispo y un pastor efectivo de ovejas reales, explica la ecumenicidad de la Iglesia así: “Nuestra madre, la Iglesia católica, ha dado a luz a todos los fieles cristianos esparcidos por todo el orbe. . . Nuestra madre, la Iglesia católica, y el pastor que en ella mora, van buscando por todas partes a las ovejas descarriadas y perdidas, fortalecen a las débiles, curan a las enfermas, vendan las heridas por medio de diversos pastores, los cuales, aunque se desconozcan mutuamente, son de la Iglesia, pues ella con todos está identificada” (Sermón 46, 18-19.; CCL 41). Desde que, por contaminación con el Imperio al que se vio asociada la Iglesia, los obispos tomaron la figura de príncipes, quedó abolida la figura de pastores. Un príncipe, si lo es de verdad, no lo es de una aldea sino de un gran territorio sembrado de ciudades; un pastor; si lo es de verdad no es de una inmensa masa de ovejas esparcidas en un gran territorio sino del rebaño que alcanzan a abarcar sus ojos y al que puede rodear con sus pasos. La Iglesia tiene evidentemente una acción masiva en la que la menor de las comunidades es la parroquia, con su población oscilante entre los 10.000 y los 30.000 feligreses. Esta acción, sin embargo, está siendo fuertemente cuestionada por sus cualidades de burocracia y administración. El mayor quebradero de cabezas para obispos, sacerdotes y pastoralistas de América Latina está en conjugar la respuesta a las expectativas de la masa habituada a consumir este tipo de administración y de burocracia religiosa con las exigencias de una Iglesia dinamizada por el Espíritu Santo. Dom Hélder Câmara decía en el sermón de siete palabras pronunciado el viernes santo del año antepasado, que el Espíritu Santo está suscitando una intensa vida cristiana en pequeñas comunidades que hoy se ignoran mutuamente. En su estado de comunidades que se viven como si fueran únicas, poca es la influencia que pueden tener sobre el mundo actual; pero cuando el mismo Espíritu que las suscita las comunique entre sí, constituirán un poder de cambio irresistible. Al pensar así, Dom Hélder aplica a la lectura del presente y del futuro algo aprendido en las huellas o vestigios que ha venido dejando el Espíritu en la historia humana. Nota: 1 Publicado en PRESENCIA , Nº 250, febrero-marzo 1978, pp. 11-14

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Santafé de Bogotá, junio 3, 1996 Señor Jorge Restrepo El Tiempo L.C. Muy estimado Jorge: Quise responder inmediatamente a sus notas que están muy lejos de ser boberías improvisadas, pedantes y anodinas. Por el contrario, me son muy útiles. Lo menos que puedo decir es que recogen lo fundamental de un pensamiento que, si bien es el de nuestros días, empezó a fraguarse desde San Agustín, o sea desde que un cristiano capacitado para pensar empezó a reflexionar sobre lo ocurrido y desde lo ocurrido un siglo antes. Quise responder de inmediato pero el hombre propone y Dios dispone. Esta clínica atrae y convoca una multitud de quehaceres que no dan tregua porque tienen que ver con la vida. El pensamiento que he tratado de verter en ese libro es, efectivamente, arcaico en el sentido de que intenta reactualizar la situación en que estuvieron desarrollándose las relaciones entre la fe-Iglesia y el poder-Estado hasta fines del siglo III. En principio, no me ha movido el interés de convencer o debatir. Sólo he querido ponerle un orden a mis pensamientos de manera que puedan servirme para realizar una vida ordenada. Mi entrada conciente y deliberada en la fe coincidió con mi entrada en la facultad de medicina, donde encontré la creencia unánime de que la ciencia y la fe eran incompatibles. Como mi vocación a creer no era inferior a mi vocación por la medicina, y como tampoco podía instalarme en la esquizofrenia de un hombre dividido en el creyente y el médico, no he cesado durante más de medio siglo en buscar mi unidad y, con ésta, la de la fe y la ciencia. La fe cristiana y la ciencia médica convergen en el punto de que el amor es la última razón de ser de ambas. La fe me decía que el amor a Dios es inseparable del amor al hombre, y esto me ha dado la certeza de que la contradicción entre la fe y la ciencia, al menos en el campo médico, no puede ser sino producto de un artificio humano. El asunto es demostrar la realidad de esa intuición. El punto en que voy es que efectivamente la fe y la ciencia fueron separadas por el poder político, y que éste es un artificio humano. Usted escribe que “el poder es el problema que tal vez importa más al pensamiento actual”. Esto es tan evidente que yo lo suscribo pero suprimiéndole el “tal vez”. Esta convicción me pone fuera de la posibilidad de persuadir a una mentalidad moderna y hasta de la posibilidad de debatir con ella. Es comprensible e inevitable que dé la impresión de “un tono sectario, fundamentalista y chocante al espíritu moderno”. Las dos grandes civilizaciones que están en el origen del cristianismo, la greco-romana y la israelita, pueden ser identificadas, como usted lo hace, como antropocéntrica y teocéntrica respectivamente pero yo no suscribiría estas identificaciones sin precisar que ambas tienden hacia el origen del que proceden. Si la una es antropocéntrica es porque ha sido originada en el hombre y si la otra es teocéntrica, es porque ha sido originada en Dios. Y si esta dualidad se ha dado como un hecho es porque en la una, Dios es un producido del hombre tal como lúcidamente lo pensaron Feurbach, Freud y otros, mientras que en la otra, el hombre es un producido de Dios como lo afirma la Biblia. El punto en que se concentra lo cuestionable de mi pensamiento está en mi afirmación de que Dios es el Creador de todo, menos del poder político y que éste es un artificio humano. Más propiamente, un artificio con el que el hombre responde a las condiciones creadas por su ruptura con Dios para sobrevivir, y al que Dios consiente, como a un mal menor, para que el hombre, viviendo, pueda convertirse a Dios. Mi pensamiento es cuestionable no solamente para una mentalidad antropocéntrica y atea sino para una tradición de la Iglesia que, desde su contubernio con el Poder Público bajo el emperador Constantino, se ha visto apremiada a legitimar teológica y filosóficamente el poder político. “Quien cree que Dios hizo de este mundo parte de su reino...” escribe usted. Este mundo no es sólo una parte del reino de Dios; es el lugar único de su reino porque este es el reino en el que Dios es reconocido por los hombres como único Señor. La muerte de los hombres, decidida no por Dios sino por el pecado, es el único obstáculo para que este mundo sea el único lugar donde se realiza el reino de Dios porque “Dios no es un Dios de muertos sino de vivos” (Mt 22, 32). Para levantar ese obstáculo vino Jesús, el Hijo y la Palabra de Dios. Jesús resucitado con el cuerpo de que se vistió en este mundo, establece la continuidad entre la tierra y el cielo. Los hombres morimos y también morirá el planeta Tierra pero Dios seguirá siendo el rey de una nueva tierra que tendrá como nombre “Jerusalén” porque ella continuará, vestida de incorrupción, la misma tierra que hoy existe en la condición de perecible. - 39 REVISTA TESTIMONIO No. 75 Junio 2012 Virtual No. 3


San Agustín, viviendo la vida corruptible como ciudadano de un régimen político que se identificaba como el imperio cristiano, fue lo suficientemente cristiano para darse cuenta de que el Poder Público era algo pecaminoso. Siglos más tarde, Maquiavelo mostraría sin ambajes ni rodeos esa realidad. Sin embargo, para decisiones prácticas como lo era la represión de los herejes donatistas, no dudó en recurrir al poder imperial. Humberto Eco dice que San Agustín enseñó a pensar al Occidente, y eso significa que, cualquiera que sea el pensamiento que uno tenga como teólogo o como filósofo, a la hora de las decisiones prácticas acude al Poder como a la última palabra. En ese sentido, San Agustín inaugura el pensamiento moderno. La posición de San Agustín entrañaba una contradicción que tarde o temprano sería rechazada por la razón. Cuando el asunto llega a Tomás de Aquino, éste se hallaba enfrentado al pensamiento islámico que, por entonces abanderaba la primacía de la racionalidad sobre la fe apoyándose en Aristóteles. La situación no era propicia para revisar el contubernio del cristianismo con el Poder Público, o sea, la teocracia cristiana. Santo Tomás apenas alcanza a visualizar la aberración vigente de que los sacerdotes ejercían el oficio de gobernantes políticos, o sea, la hierocracia. La teocracia no era el problema pero la doctrina de San Agustín mostraba de modo estridente que la unión de la Iglesia con el Poder Público era el contubernio de la Iglesia santa con el Estado pecador. Para levantar ese escándalo acude a Aristóteles, con lo que mataría dos pájaros de un tiro: legitimaría el poder cristiano y se apropiaría de la racionalidad como de un bien de la cristiandad. Aristóteles enseña que el Estado es el mayor bien que la Naturaleza, en su versión de ley natural, haya dado a los hombres. La solución al pesimismo político agustiniano estaba en el reconocimiento de dos órdenes primordiales: el sobrenatural al que pertenecería la fe y a cuya cabeza estaría el Dios dador de la gracia, y el Natural, al que pertenecería la racionalidad filosófica, a cuya cabeza estaría la ley natural. Santo Tomás, no sé si esto lo dice también H. Eco, ha sido el segundo de los cristianos que han enseñado a pensar al Occidente. Desde Santo Tomás el hombre occidental aprendió a ver la realidad como dividida en dos órdenes primordiales: el de la razón y el de la fe. Desde entonces, la política, libre de cualquier connotación de pecado, ha venido aumentando su hegemonía como personera de la realidad en tanto que la fe ha venido declinando como referencia a lo real hasta desaperecer como ilusión, deseo o temor. Pienso que puedo ponerle fin a este comentario sobre sus comentarios, diciéndole que para mí, la fe incluye toda la realidad. Que por esta razón, Jesús pudo al mismo tiempo ser el perfecto revelador de Dios como Amor y dominar la naturaleza a la manera como un centurión romano dominaba sobre su centuria de soldados: Vivía allí un oficial del ejército romano, cuyo asistente, al que él estimaba mucho, estaba muriéndose. Este oficial oyó hablar de Jesús, y le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que fuera a curar a su asistente. Los enviados fueron, pues, a Jesús y le suplicaron con insistencia: - Este hombre merece que le ayudes porque ama de veras a nuestro pueblo. Incluso ha hecho construir a sus expensas una sinagoga para nosotros. Jesús fue con ellos. Estaba ya cerca de la casa, cuando salieron a su encuentro unos amigos del oficial, a quien él había enviado con este mensaje: - Señor, no te molestes por mí. Yo no soy digno de que entres en mi casa. Ni siquiera me he atrevido a salir a buscarte yo mismo. Pero di tú una palabra y mi asistente quedará curado. Porque yo también estoy sujeto a la autoridad de mis superiores, y a la vez tengo soldados a mi mando. Si a uno de ellos le digo: “Vete”, va; y si le digo a otro: “Ven”, viene; y si a mi asistente le digo: “Haz esto”, lo hace. Al oír esto, Jesús se quedó admirado de él. Y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: - Os aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande como ésta. Y cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron curado al asistente (Lc. 7, 2-10). El centurión le pide a Jesús un acto médico, acto de un científico, y Jesús lo realiza como la cosa más natural. Un milagro, decimos los hombres. Algo que no puede hacer la ciencia. Sin embargo, ni para Jesús, ni para el centurión romano es un milagro. Es algo tan racional como la obediencia de los soldados a su centurión. No hay aquí contradicción entre racionalidad y fe. Lo que hay es distancia entre la racionalidad del hombre, afectada por el pecado, y la racionalidad de Jesús, distancia que aquí es colmada por la fe del centurión. Los demás problemas mencionados en sus comentarios pueden ser resueltos a la luz de lo anterior.

Su afectísimo, Hernán Vergara

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Bogotá, 8 de agosto de 1991

Para Martín y los que se han de reunir el 17 del presente mes:

En las conversaciones que hemos adelantado respecto al proyecto de” La Esperanza” tuvimos que aceptar el compromiso de reunirnos el 16 del presente en el Fresno porque es el día en que podía asistir el Procurador Agrario. Como pensamos ir Catalina, Amparo y yo, (aun no sabemos si es factible que vaya Martín) podría estar ninguno de nosotros en la reunión proyectada para el 17, y nos parece que deben cumplirla aun sin alguien de acá.

El primer punto no es tan problemático porque es el que ha practicado el INCORA. La parcela que el Incora entrega a un campesino es para el uso de la tierra pero no se le da la escritura; no es una propiedad comercializable. La mayor dificultad está en el segundo punto. Por lo que Amparo nos contó la idea fue perfectamente entendida y queda totalmente recogida en lo que dijeron Vitelio y Argemira: “Si no hay acuerdo, no hay proyecto”. La pregunta es: ¿Qué pasa cuando alguien que estuvo en el acuerdo y después de trabajar un tiempo, pasa a desacuerdo y decide retirarse? ¿Se le reconoce algún derecho?

Donde hay acuerdo no hay lugar para el derecho y donde hay derecho no hay lugar para el acuerdo. La sociedad civil es un modo de convivencia basado en la existencia del conflicto, del desacuerdo y por eso requiere leyes, jueces, política y notarios. El derecho es inseparable de la propiedad privada y esta es inseparable del derecho, de las escrituras ante notarios, de la policía y de los jueces. Un proyecto para vivir de acuerdo es la única posibilidad de no tener propiedad privada y con todas las consecuencias de esta.

Como en un proyecto de propiedad comunitaria hay tantos puntos atrayentes, hay que pensar en los que han salido como puntos no superables en otras veces y especialmente en el de La Esperanza. Estos puntos son dos: I)

El proyecto no promete para el futuro la propiedad privada de alguna parte de la tierra.

II) El proyecto debe dejar en libertad de retirarse a quienes así les parezca así como en libertad de que otros se vinculen después.

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Nosotros estamos seguros de que si hay acuerdo entre algunos de ustedes encontraremos la persona o la institución que adquiera la tierra y la entregue en usufructo. Lo importante es que no haya dudas ni imprevistos para el caso del punto II.

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Es preciso que el vivir de acuerdo no genere derecho alguno del individuo respecto a la comunidad. Que si se va se vaya sin sentimiento alguno de que la comunidad le queda debiendo algo. Vivir de acuerdo varias personas es el mayor bien que se puede encontrar en la vida. Es cada uno quien le queda debiendo agradecimiento a la comunidad por haberle permitido vivir en ella y por las enseñanzas que esa convivencia le ha dejado. El vivir de acuerdo es la única base segura para trabajar de acuerdo, y el trabajar de acuerdo da los frutos más seguros para la vida. Con ello se asegura no solamente el vivir del trabajo, honradamente como viven muchas personas de bien sino el convivir en paz lo que sólo llegan a lograrlo algunas personas. El proyecto podría llamarse “mutuo acuerdo” para que quede bien claro cual es el bien primero que se busca con el. En tal proyecto lo primero es el acuerdo, la paz y los bienes que se consigan con el trabajo, aunque son muy importantes, no son mas que la añadidura.

Un lugar de mutuo acuerdo es un lugar en donde los fuertes vean por los débiles, los sanos vean por los enfermos, los mayores vean por los menores, los que pueden trabajar vean por los que no pueden trabajar, los que se han establecido vean por los recién llegados y por los que van de paso. Un lugar así, es una comunidad tal como Cristo ha querido que sea su Iglesia. Tendrá la protección de Dios pero no estará cubierta de infidelidades como no lo estuvo Cristo mismo y como no lo ha estado su Iglesia, a lo largo de la historia. Desde los primeros días de la Iglesia hubo especiales dificultades con los que gustan hablar pero no trabajar, y con los que gustan aparentar mas que hacer su propia tarea y con los lujuriosos. Sobre esos puntos el grupo ha de tener total claridad tanto para las relaciones entre lo miembros del grupo con en las relaciones con quienes no están vinculados con el grupo. Hernán Vergara Agosto 8 de 1991. (Memoria de Santo Domingo) Centro de Documentación Hernán Vergara. Archivo. Email: cdhernanvergara99@gmail.com

Un pr oyect o de mut uo acuer do coincide necesariamente con el cristianismo porque lo que vino a fundar y a establecer Cristo con el nombre de “su Iglesia” fue un vivir de acuerdo. Un lugar de mutuo acuerdo es no solo para solventar necesidades transitorias por un tiempo mientras se encuentra lo que sería el verdadero lugar en donde se ha de vivir. Un lugar de mutuo acuerdo es para crecer, envejecer y morir como es el mejor lugar para vivir.

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