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SU ORIGEN Si la sociedad no se educa, si no trasciende en sus derechos, si cada mortal no conoce lo que puede obtener, lo que vale y lo que debe hacer, nuevos espejismos sobrevendrán a los anteriores y será tal vez nuestra suerte, sólo cambiar de opresores, pero sin destruir la opresión. A la luz de lo anterior, con el corazón en la mano, y tapándome sólo un ojo igual que todos, he llegado a la certeza absoluta que apelando a una gran cantidad de humanidad y los nobles sentidos de un niño, podremos dar un significado humano al combate del que nos haremos cargo a lo largo de nuestras vidas. Sin ninguna duda, les aseguro que no existe peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia, por esa razón en el reino de los ignorantes el corrupto es sabio, pero en el de los cobardes es sabio y es libre… Confío en toda la gente menos en el Diablo que llevan dentro, eso le dijo Isidro Tamarín, con escueta vehemencia y poco interés de profundizar en esta tremenda frase, a sus tres únicos amigos y seguidores. Amigos sin restricción en las estúpidas y pobres fechorías juveniles de poca monta con que acostumbraban matar los aburridísimos días de Carrizalillo, el poblado que para mala cueva de ellos los parió. -Poca importancia le daba realmente a todos aquellos que quedaban lelos con su verborrea que a veces latigueaba como serpiente ponzoñosa. -Isidro Tamarín un joven interesante de escuchar y con un don único, manipuló toda su vida para torcer la mano del destino y pasar a ser alguien a quien cualquiera podría reconocer, cualquiera. Voy a permitirme una libertad brutal en la descripción del pueblo donde nace la historia de este libro y por sobre todo del origen de Isidro, un joven que lo único que tenía claro era que su vida comenzaría en serio en el mismo momento que abandonara el pueblo que lo había parido y que lograría reconocimiento en algo. -El era un elegido, eso según una convicción propia e inexpugnable. -En algún momento de su vida, el sería la parte clave de algo aunque partiera desde atrás, aunque lo pusieron en el último lugar de la repartija, al final, en la cola hedionda del perro, el igual llegaría a abrazar su destino. -Es posible, y hasta probable, que la barriada rural real sea mucho más hermosa, e inmensamente menos aburrida, que como la percibía Isidro, lo que importa, en todo caso, es que su historia de vida se impone como tal y la razón o la explicación de los acontecimientos que sucederán a medida que camine por el sendero que él mismo se encargó de construir, no son un vehículo al que necesariamente debamos subirnos para comprender la esencia de este personaje enérgico, duro, brutal y ciegamente convencido de sus cualidades superiores por sobre el resto, pero por sobre todo creyente en Dios y convencido hasta la médula de una dispensa especial para poder ejercer el único talento que le fue concedido, el que lo vuelve un bendito inmune a las pedestres y estructuradas leyes del hombre. -En efecto, él siempre sintió una especie de inmunidad a lo que los hombres llamaban castigo o más aún, responsabilidad social.


-Nacido en un pequeño pueblo sin ningún destino ni razón de ser, en uno de esos pueblos que parecen tencas, que no salen ni en el mapa y que nadie sabe para qué podrían servir a parte de volver más pobre al país, Isidro Tamarín tenía plena conciencia de su diferencia entre la pueblerina gente que lo rodeaba en las polvorientas calles de una no menos polvorienta vida. Hijo de dos pueblerinos, ambos nacidos en esa misma tierra seca, Isidro tenía un padre un poco bruto, pero no tanto, sin estudios básicos completos pero muy arrogante y machista y por madre le tocó una devota y abnegada mujer protectora, la que jamás soñó con salir de la cocina y a la que sus pasos presurosos entre el pueblo, la mercería y la chanchera, lo que sin duda la ajó a temprana edad, apuraron bastante su paso al más allá. -Dentro de su sencillez y precaria capacidad para defenderse del bruto que tenía por marido, esta mujer se las arregló para que su único hijo, la acompañara todos los domingos a la iglesia del pueblo, y por si fuera poco, también logró que el Rosario fuera una de las compañías predilectas de su hijo a la hora de saludarse con la soledad, sobre todo en los días interminablemente aburridos de Carrizalillo, mejor conocido como la tenca del Diablo. Hoyo del que nadie salía, más que al Cementerio con el terno de palo. La tierra era dura en Carrizalillo, tosca de secano le decían. Tan dura era la tierra que los únicos dos panteoneros no oficiales, pero eso sí, los borrachos oficiales del poblado, cuando sabían de un enfermo grave que ya tenía olor a ciprés, a esos que los gladiolos ya le hacían reverencias, empezaban una semana antes a hacer el hoyo, porque sino el finado tenía que quedar encargado detrás de unas matas por varias días hasta que los famélicos panteoneros podían darle una profundidad aceptable al hueco, el que a veces no pasaba del metro y en invierno se asomaban los cajones podridos por el relave de la tierra que ahí sí se ponía blanda. -Como les cuento, el pueblo era una verdadera porquería, es más, según lugareños era el único cementerio con puras flores plásticas y eso tenía un motivo fundamental y práctico. -El único pozo estaba a media hora de camino y nadie era tan gil para poner flores que no durarían ni 3 días. -En Carrizalillo nadie se moría tranquilo, no por el miedo a la muerte, sino porque no se sabía si los restos de uno tendrían el privilegio de quedar en un hoyo medianamente apropiado en ese desordenado y poco atractivo cementerio, y por si fuera poco, lo único que se ponía era un cruz de madera con los datos del difunto, nombres apellidos, año de nacimiento, y año de defunción. -Eso fue así desde que se murió el maestro marmolero porque nadie heredó el oficio, si ni siquiera el pobre finado tuvo la ocurrencia de dejar hecha su lápida, así que los difuntos quedan desde hace más de 60 años con pura tosca y piedras encima, nada más. Para no explayarme más en el asunto y dejar clarito el modelito de campo santo, puedo asegurar que si existiera un concurso mundial para elegir el cementerio más feo, el Cementerio de Carrizalillo lo perdería por demasiado feo. A propósito de lo mismo, se dice por ahí, que corría el año 1977 y que una vieja moribunda le pagó 40 lucas, a uno de los panteoneros, el que por casualidad era vecino de ella, toda una fortuna para la época, y esa pequeña fortuna tenía por objeto asegurarse 3 metros de hoyo, todo un privilegio para ese pueblo. -Cuando murió, el panteonero que tenía esa sagrada misión, le pagó 3 lucas al otro colega y se fue a tomar y putear por 14 días a Pemuco. –La pobre vieja quedó a un metro de la superficie y más encima le robaron los zapatos, los que le quedaron exactos a la suegra del que hizo la porquería de hoyo.


Otra historia que trascendió pero que no me consta qué tan verdadera sea, pero que se da por hecha, dice que algunos cabros chicos cuando estaban aburridos de jugar a la pelota en las polvorientas calles de tosca, se las daban de paleontólogos y se iban al cementerio a buscar huesos y no era raro verlos después jugando con manos enteras, cráneos y otras menudencias, en la calle central del poblado, las que después de un rato quedaban tiradas en cualquier parte. -Así son los niños, todos iguales, unos desordenados que dejan todas las cosas desparramadas. -Por ese mismo motivo y obedeciendo a un deber no escrito, era casi una costumbre que cada cierto tiempo, los enterradores no oficiales, recorrieran las calles recogiendo huesos y echándolos en una bolsa, para luego meterlos en cualquier hoyo del cementerio, total nadie iba a alegar y la idea es que estuvieran enterrados, no importando donde.


CAPITAN CORNETA