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13 de junio de 2010 PARPADEO

PARPADEO

Revista estudiantil CCH Azcapotzalco LATL, vespertino número 2

2009.01.26 CCH Azcapotzalco

Las batallas Una incontenible hambre MOV - MATISS

“Oye Carlos, porqué tuviste que salirte de la escuela esta mañana, oye Carlos porqué tuviste que decirle que la amabas a Mariana” Acababa de cumplir doce años, cuando escuché por primera vez esta canción, resonó  en mi mente mucho tiempo, y la cantaba en todo momento, hasta el punto de fastidiar a todos. Un día, Janis llegó muy contenta a la escuela, y me dijo – mira lo que te compré- sacando de su mochila un pequeño libro amarillo, en cuya portada había una mujer muy bella con los ojos cubiertos por una franja negra, “José Emilio Pacheco,   Las batallas en el desierto”, decía con grandes letras negras. -La canción que tanto cantas, es acerca de este libro. Hasta entonces yo nunca h a b í a l e í d o u n l i b r o, inmediatamente lo abrí y comencé a leerlo, la forma en que se me presentaba esta historia no se parecía a las películas o telenovelas o caricaturas con la que hasta entonces me había

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entretenido, sin saber cómo, este libro me atrapó, comencé a leerlo antes de que iniciara con la primera clase, y poco a poco fui encontrando las relaciones con mi canción favorita de esos días, lo cual me entusiasmaba cada vez más, entendí porqué Carlos no debió salirse de la escuela y porqué no debió decirle a Mariana que la amaba, imaginé cómo se sentía Carlos, imaginé el rostro de la bella Mariana, y todas estas imágenes estaban en mi cabeza, no en una pantalla. Extasiada por esta nueva experiencia, perdí la noción del tiempo y del lugar en el que estaba, la clase ya había comenzado y tuve que guardar el libro, no entendí nada de lo que dijo el profesor, sólo pensaba en qué le ocurriría a Carlos después de que su familia y sus compañeros se enteraran de lo que hizo. Por fin   sonó la chicharra p a r a s a l i r a l r e c e s o, inmediatamente saqué el libro, y mientras mis amigas miraban al chico que les gustaba y le coqueteaban yo

estaba sumergida en la historia, las páginas daban vuelta con rapidez pues me intrigaba mucho el saber cómo terminaría esto, un sin fin de sentimientos se despertaban en mí con cada suceso en la vida de este niño enamorado. Mis amigas me hablaban, me contaban cómo aquel muchacho las miró, cómo les sonrió pero yo estaba ausente, no las escuchaba, solo oía las voces de los personajes, veía los rostros de todos ellos, la escuela de Carlos con su patio tan parecido a un desierto, donde jugaban a las batallas, la casa de Marianita tan ordenada siempre, y todo esto, dentro de mi cabeza.  Llegaba ya a las últimas páginas y cada suceso inesperado en la novela aumentaba mi emoción, Carlos terminó de contar su historia, y la veía tan lejana como yo, no quedaba nada tangible de ella, de hecho nunca lo hubo, lo único que  me quedaba entonces era la placentera sensación de  una incontenible hambre por repetir esta experiencia.

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de junio de 2010 PARPADEO 13 Curso de LATL CCH Azcapotzalco

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Abrazar al viento El fulgor del Sol por JMC

Entre la multitud, el jugaba a abrazar al viento, miles de sueños e ilusiones plasmaban en sus manos, su rostro pintado de blanco, se estremecía a cada instante, con cada movimiento; sus ojos, eran la muestra más fiel de una sublime nobleza ¿Cómo podría entonces guardar tanta tristeza en su interior?. Sus manos esbozaban paredes invisibles, que nadie más que él, podría observar, barreras, conjuntos de cuerdas suspendidas de un techo incorpóreo, floreros tallados a la imaginación de su propia mente; y así, mientras la multitud lo observaba delinear imágenes en el cielo, el tiempo transcurría. Fue hermoso voltear y escapar de su propio orbe para percatarse de aquella dulce mirada que la observaba, entre la multitud, ella per manecía inmóvil, petrificada, siguiendo cada uno de sus movimientos; sus miradas se cruzaron en el momento adecuado, y sus ojos llenos de vergüenza se resignaron a voltear. Y así transcurrían los días, para encontrar de nuevo entre la muchedumbre, aquella dulce mirada, que hacía estremecer, cada fragmento de su alma. Las labores realizadas diarias, no eran suficientes para cubrir las necesidades de su hogar; su abuela, a pesar de consentirlo demasiado, denotaba en su rostro cansado, pesadez y melancolía. Ella se había dedicado a procurarlo durante los últimos 13 años, así que era ella, lo único que realmente tenía en la vida.  El creció más que sin ella para protegerlo, ya que su abuela se dio a la tarea de s o co r r e r l o d e s d e q u e s u s p a d r es fallecieron, y este hecho, lo atormentaba aún, día con día. Una tarde más, bajo el fulgor del Sol, sus manos se dedicaban nuevamente a dibujar en el aire, y así, la muchedumbre se desvaneció poco a poco, hasta que se encontró de nuevo sólo, frente aquella fuente que adornaba un hermoso jardín que por las tardes contemplaba caras de niños risueños. Algunas monedas se encontraban en el fondo del sombrero, se inclinó y lo recogió del suelo, quedó petrificado cuando al incorporarse se encontró de nuevo con aquella mirada, tan dulce, tan profunda, que lo observaba, así se quedaron algunos segundos hasta que ella rompió el silencio, diciendo tan solo: -“Me llamó   Norma”- Norma, era ella quién se había alojado en sus pensamientos desde hace algunos días, y ahora que estaba frente a ella, no podía hacer nada más que observarla y contemplar aquella sonrisa,

misma que se desvaneció, y así dejándolo inmóvil frente a la fuente, ella se marchó desconcertada al no observar en él, ninguna expresión, ni siquiera un sonido emitido de su boca. El abrió la puerta, en su mente, se encontraba el recuerdo de Norma, tan distante y borroso, las palabras de su abuela lo arrebataron de sus pensamientos, a pesar  de la tristeza que ella denotaba, era la persona más dulce y por ello, él la quería como a nada en el mundo; ese día su semblante era diferente, hasta cierto punto se veía feliz, el le sonrió y ella le comentó que tenían invitados en casa. Era una casa pequeña, así que no demoraron en llegar al comedor donde se encontraban dos mujeres, una de nos más de 50 años, que advertía en su rostro una sutil bondad y una joven sentada a su lado de mirada dulce que le sonreía, era esa misma sonrisa, ella era Norma. Desde hacía pocos días, ellas habían llegado al pueblo, para encontrar en él un nuevo lugar donde vivir. -Hola Luis- él asintió con la cabeza. Luis y Norma se dirigieron al pequeño patio de la casa, sentados en el pasto contemplaron las estrellas; avergonzada, Norma le pidió disculpas por huir aquella tarde, supuso que Luis no quería hablar con ella, pero ahora, comprendía todo: el impacto que Luis tuvo al fallecer sus padres, lo orilló a perder el habla. Luis podía palpar aquellas figuras invisibles, cada tarde, podía plasmar lo que sus pensamientos aunados a sus sentimientos le dictaban, y así irrumpir en un nuevo mundo, y también durante aquellas tardes, Nor ma lo seguía observando anonadada, esperando hasta que descendía el Sol para que juntos caminaran entre las calles, y Norma descubriera una forma más sencilla de hablar sin el habla. Durante esos días, Luis comenzaba asentirse completo. Aquella tarde Luis divisó la silueta de Norma, se percató de la discusión que mantenía con un hombre y él se acercó para socorrerla. Sus manos, se abalanzaron hacia el cuello de su playera, impulsando a L u i s , c o n f u e r z a a l p a v i m e n t o, advirtiéndole que no se acercara a Norma quién en ese momento, no podía contener su llanto; Luis se desvaneció.  Al abrir los ojos, Luis observó a su abuela que yacía a lado de su cama, el sin poderse contener, se levantó y salió corriendo de la casa sin escuchar las súplicas de su abuela. Norma abrazó a Luis, y en medio de sollozos le advirtió que no era prudente que se encontraran ahí, fuera de su casa. Así transcurrieron los días, y Luis no podía más que esperar el momento adecuado Sigue en la 5

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La primera lectura Y tienes tanta hambre por VHNA

Todos creemos que la primera lectura es la mejor, pero no siempre sucede así bueno, ese no es mi caso, porque a diferencia de todos yo no  recuerdo si mi mamá o papá me leían, algunas historias comunes, ya sabes de   princesas, dragones y aventuras fantásticas que en la vida real sabemos que no existen, pero en esa edad todo lo creemos. Quisiéramos que todo lo recordáramos porque podría ser que la primer lectura que nos hicieron fue la mejor que en ese momento pudo pasar, pero la que yo recuerdo no fue hace mucho y creo que en algún momento nos empieza a interesar la lectura, al principio será muy hostigante y cansado leer una buena lectura, por que no todo es lectura buena, hay lecturas que sólo te divierten pero no aprendes nada de ellas, no tienen algún significado, lo entiendes tan fácilmente que crees que así son todas las demás lecturas, pero no, cuando lees algo bueno, realmente bueno, todo pasa, te imaginas todo lo que pasa, aunque también te pone a pensar. Inicié mi primera lectura, como la mayoría de nosotros lo hacemos; por deber, las tareas que profesores nos dejan. No tenía planeado hacer esa lectura, por que el aburrimiento era tan grande que no quería aburrirme más. Pero son deberes que se hacen lo quieras o no. Así que empecé leyendo con muy pocas esperanzas de que fuera algo muy interesante, pero al no entender varias palabras di por terminada mi lectura y me fui a hacer otras cosas. Pero el deber ahí estaba y se tenía que hacer, así que a los 15 minutos volví a intentar pero ahora si no entendía una palabra, trataba de entenderla y si no entendía toda la oración la buscaba, en todas las lecturas habrá palabras nuevas, que

luego irás agregando a tu vocabulario.  No terminé ni el primer capítulo ese día y no esperaba que fuera mañana para continuar leyéndola, porque cada descripción que hacían era tan clara, tan real que no era difícil imaginarse los personajes y los lugares en donde ocurría  y no podía esperar a mañana para continuar leyendo. Al día siguiente lo primero que hice es seguir leyendo, encerrándome en mi cuarto, por que a mí me molesta el ruido y cualquier ruido puede distraerme y si en algún momento te distraes -bueno no creo que le ocurra a todos pero habrá a quien sí- te pierdes en la historia y eso es algo grave. Pero si no escuchas nada, hasta puede pasar que tú seas un personaje que interviene, algo ficticio que sabes que nunca ocurrirá. Pasaron 3 días para que pudiera terminar la novela, pero al terminarla quedé satisfecha, no sabría decir cómo pero esa fue la primera sensación que se presentó. Y lo único que quieres hacer es seguir leyendo, es como si en una semana no comieras, y tienes tanta hambre que quieres seguir comiendo, lo mismo pasa con las lecturas, cuando empiezas sigues y sigues, puede que en algún momento no quieras leer pero esa sensación se quedará y regresará. Todas las lecturas que hagas serán las primeras porque todas son diferentes, lo verás como algo nuevo.

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Este humilde personaje La portada roja por CCCA ¿Qué cual ha sido mi primera lectura?, en verdad no lo había pensado antes, creo que tal vez lo primero que leí fue un enunciado en algún pizarrón o alguna lectura de un libro de texto de primaria, pero eso sí, el primero libro que tuve en mis manos y lo acabé, fue uno de superación personal del tan famoso Carlos Cuauhtémoc, creo que cuando terminé ese primer libro que del título no recuerdo mucho, me creí por algún tiempo alguien superior, tenía la tonta idea de que ese libro me abría un gran futuro, pero ahora creo que hubiera sido mejor leer al mago Harry Potter, pero sí tal vez en un universo paralelo, sí creo que me gusta la idea, donde yo elija cada paso con mi experiencia (la cual no es mucha), yo estoy seguro que leería al buen Roberto Bolaño y su libro “Los detectives salvajes” y bueno tal vez ni siquiera existiera este texto en este mundo paralelo, pero como es mi historia supongamos que sí. Veamos, creo que camino en medio de la carretera de algún tipo de cerro y a cada 500 metros hay diferentes puestos, en los cuales hay un libro especifico, mientras camino y quiero decidir cual comprar, aparece un carro, sí, un deportivo que acelera y acelera y justo cuando me va a golpear, salto y caigo enfrente de uno de estos puestos y poso mis ojos en el ejemplar rojo con unos tipos que visten formales en

la portada y lo tomo, ahora corro, sí corro muy rápido, huyendo del vendedor de libros y en ese momento aparece uno de esos animales (si es que se les puede llamar así) representativos de esa zona, la piel de los cuales está llena de escamas en forma de letras y números y cualquier signo conocido, creo que los llaman “ideas” y este ser como apareció en un instante se desvanece rápidamente y justo cuando volteo no hay absolutamente nada atrás y sólo tengo mi libro rojo en mis manos. De alguna forma llegué a mi casa, una casa sencilla, de madera bastante gastada y podrida por la humedad, solo tengo una mesa pequeña, es de vidrio y es lo único que decora esta vacía casa, me pongo de rodillas para poder posar el libro sobre la mesa mientras permanezco en esta posición y comienzo a devorar las hojas, y no estoy hablando literalmente, cada vez que acabo de leer una página la arranco y la devoro. No se cuánto tardé en acabar el libro pues aquí no hay calendarios y mucho menos relojes, de hecho aquí todo aparenta ser real, pero no lo es, ahora solo tengo la portada roja de aquel libro tan bonito, mi primera lectura me ha mostrado bastante, cuenta la historia de alguien como yo que puede desaparecer después del punto final, pero es genial ser así, no te puedes arrepentir de lo que hagas a menos que este escrito, pero bueno creo que es todo y es tiempo de q u e d e s a p a re z c a e s t e humilde personaje. 

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Sigue de la 2 Abrazar al viento

para ver a Norma, sin ser vistos por nadie. Una tarde, Luis se percató de que Norma se encontraba como antes, entre la multitud, observándolo,  y sus ganas de querer estar con ella aumentaron, no podía esperar de nuevo a que cayera la tarde para encontrarse con ella, así que corrió hasta donde se encontraba y la abrazó como nunca la haría de nuevo. Se escuchó un grito, y después un vehemente silencio, ahí estaba él, aquél hombre que durante día y noche perseguía incesantemente a Norma, y en un momento de histeria avanzó hacia ellos, los ojos de Norma no podían expresar más que un profundo horror; Luis apartó a Norma, en espera de aquel hombre; entre golpes y agudos chillidos, Norma se acercó para apartarlos, pero solo pudo divisar en sus ojos una acrecentada furia, y después todo en su interior se tornó oscuro, quizá en ese momento, quizá para siempre. Aquél hombre la había empujado con tanta fuerza que fue inevitable que Norma se estrellara contra la fuente; se quedó perplejo al ver lo que sucedía, mientras Luis corría hacia ella implorándole que despertara, que abriera aquellos ojos que muchas veces observó, pero ya nada podían hacer, Norma estaba muerta. En medio de su habitación, Luis contemplaba la oscuridad, la melancolía, y en medio de un susurro, pudo percibir aquella dulce voz que lo llamaba, incesante, una y otra vez, y retirándose las lágrimas de los ojos pudo observar en medio de la nada, a su amada Norma que le sonreía, si era ella. Su felicidad era tan grande y no pudo más que despojarse de su tristeza y correr a abrazarla; podía tenerla entre sus brazos de nuevo, y sentir su cálida piel entre sus dedos, y en medio de su fascinación, le pedía con la mirada que no lo abandonara de nuevo. La puerta se abrió  y Luis pudo distinguir entre la penumbra una silueta que se

acercaba a ellos, al estar lo suficientemente cerca se percató de que era él, aquel hombre que le había quitado toda ilusión, pero esta vez no, no lo permitiría de nuevo, Norma se encontraba ahí y no se arriesgaría a que se la arrebataran de sus brazos, así que se acercó a él y lo tomó de la cabeza, la mirada de aquel hombre pasó de furia a terror, pero esto no doblegó a Luis, así que comenzó a estrellar su cabeza contra el tocador de madera que tenía en el cuarto, mientras que en su cabeza se mezclaban las imágenes, las risas y todas aquellas personas que lo lastimaron, la sangre que recorría entre sus manos, sólo acrecentó su furia, y los agudos gritos de dolor incrementaron su placer, como si con ello pudiera borrar todo dolor de su pasado. Su semblante cambió cuando observó al pie de la habitación a la madre de Norma, suplicándole que ya no prosiguiera que dejará a la mujer que torturaba, primero fueron gritos, que se ahogaban poco a poco en su interior, y luego ya no pudo escuchar nada, ahí estaba ella, entre sus manos, aquella dulce anciana que le procuró su amor y que ahora estaba muerta, era su abuela. El fulgor del Sol que se escurría entre los barrotes de  la ventana, lo obligó a abrir los o j o s, l a h a b i ta ci ó n er a completamente blanca, intentó estirar sus brazos y con sorpresa observó que aquella prenda lo inmovilizaba, en medio de la desesperación  se retorció en el piso; una suave mano lo acarició, y al virar la mirada, la encontró de nuevo, era Norma que lo observaba con la misma dulzura de siempre y que tenía la virtud de poder calmar sus ansias, así que se quedó perplejo ante ella recostado en el piso, mientras esbozaba figuras amorfas y abrazaba de nuevo al viento, y así inmerso en sus pensamientos, Luis permaneció entre cuatro paredes.

Reprobé una materia "¿cómo te fue en la escuela?"

por L. S. M. R. Mi primer fracaso escolar fue cuando tenía 12 años y cursaba mi primer año de secundaria. Reprobé una materia y eso era castigo seguro, acompañado de un terrible regaño que helaba hasta los huesos, por que he de reconocer que cuando mis padres se molestaban no había ser que soportara los reclamos, amenazas y miradas de ira y decepción repartidos a diestra y siniestra. Recuerdo que cuando supe que había reprobado lo primero que se me vino a la mente fue cómo lo tomarían mis papás, ese día lloré y lloré desconsoladamente, temiendo a que llegara el día de la firma de boletas. Cuando llegó el día yo estaba tomando una clase, y cuando concluyó  nos llevaron al salón donde se llevó a cabo la junta de firma de boletas. Yo aún no llegaba a él cuando vi salir a mi madre, estaba echa un felino montes, casi hirviendo en su propio coraje, yo la verdad no entendía el porqué, reaccionaba así conmigo siempre, creí que me exigían más de lo que apoyaban pero igual me sirvió para ser más independiente con mis deberes, no me dio tiempo ni de explicarle o inventar algo, decirle porqué había reprobado, cuando ya tenía la cara volteada y torcida por el golpe que me había propiciado mi divina madre... Desde entonces he vivido ocultándole a mis padres mi vida estudiantil y me he dedicado a limitar un "¿cómo te fue en la escuela?" a un simple "bien".

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Mi primera lectura Mi pasión por escribir por Nikte Shiordia

Recuerdo que mis primeras lecturas las llevé a cabo con l a a y u d a d e m i m a d re . Contaba yo con cinco años de edad, etapa en la que precisamente, ya me enseñaban a leer en el colegio. Mi padre, para ayudarme con mi entrenamiento, optó por comprarme un libro titulado Un tesoro de cuento de hadas, que, como su nombre lo indica, era una colección de los cuentos más famosos de los hermanos Grimm,

Hans Christian Andersen, Charles Perrault, Las mil y una noches, entre otros que eran menos conocidos. Aquel libro contenía ilustraciones, y su volumen era un poco más inferior al de la Biblia: su lomo medía cuatro centímetros de grosor, aproximadamente. Al principio, mi mamá fue la que se encargó de leérmelos antes de que me durmiera, para ver si de esa manera me interesaba en ellos y los leía por mi propia cuenta. El primer cuento que oí de sus labios –y de hecho, el primero que contenía aquel libro –fue el de Caperucita Roja; le siguieron Cenicienta, El Chícharo y la Princesa, Blanca Nieves y Rosa Roja, La niña de los cerillos, El gato con botas, Rapunzel y Vasilissa la Hermosa.

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Más o menos por esos mismos días, había en algún rincón de nuestra casa, un pequeño libro de pasta color mostaza que se titulaba Mi libro de Historias Bíblicas, que mi papá adquirió cuando pertenecía al grupo de los testigos de Jehová y que, al igual que el libro de cuentos, también poseía ilustraciones. Mamá comenzó a leérmelo no tanto porque yo se lo pidiera, sino porque a esa edad, se me presentaron muchas dudas respecto de cómo era y de dónde provenía Dios. Con las historias que mi madre me relataba, comencé a interesarme por terminar de leer aquellos libros por cuenta propia. El problema del libro bíblico fue que sus letras eran muy pequeñitas, lo cual me hizo abandonar mi objetivo de concluirlo y preferí terminar solamente el libro de cuentos de hadas. Y es que, al contrario de aquel pequeño libro de educación religiosa, mi libro de cuentos, aunque voluminoso, poseía letra grande, separada y legible, lo cual hacía menos pesado mi entrenamiento, sin mencionar que sus ilustraciones se me hacían más atractivas que las del libro bíblico. ¿Y cómo no iba a ser así?, si mientras en el primero me mostraban la imagen de una hermosa princesa que asistía a un baile real, en el segundo se me exponía el dibujo de Adán y Eva sufriendo por haber

devorado el fruto prohibido. Y durante aquella etapa de entrenamiento, esos fueron los libros que leí, especialmente el de cuentos de hadas. Sin embargo, las lecturas que hice las llevé a cabo siempre con la ayuda de mis padres. Además, algo que me sirvió de apoyo para comprender mejor el contenido de aquellas lecturas fue precisamente la televisión: durante aquella época, había un programa semanal que se encargaba de representar, con personas reales, los cuentos como Rapunzel o Cenicienta, y, durante las mañanas, se emitía una caricatura titulada La Biblia para niños.

Básicamente, en eso se basó mi educación literaria de aquellos años. Todas mis lecturas las realicé en mi casa, a veces sin la compañía o ayuda de nadie. Tal vez, de manera un poco indirecta, fue precisamente gracias a las Tabla de Contenido historias que leía, que descubrí mi pasión por Las batallas 1 escribir, puesto que desde entonces, yo hacía mis Abrazar el viento 2y5 propios cuentos de La primera lectura 3 princesas. Por lo tanto, concluyo que leer tales Este personaje humilde 4 cuentos fue, sin duda, un suceso significativo en mi Reprobé una materia 5 vida, no sólo porque fueron mis libros entrenadores, sino Mi primera lectura 6 porque prácticamente fue gracias a ellos que descubrí mi vocación.

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