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O. J SIMPSON BIOGRAFÍA Orenthal James Simpson nació en San Francisco (California) el 9 de julio de 1947. Sus padres, Eunice y Jimmy Lee Simpson, se separaron cuando él tenía cinco años. Hasta esa edad, llevó aparatos en las piernas a consecuencia del raquitismo que sufría. Se convirtió en una promesa del fútbol americano, tanto en el instituto como en la universidad, jugando en la posición de corredor. Entró en el equipo Junior College All-American y consiguió una beca deportiva para la Universidad de Southern California. Allí, batió varios récords de touchdowns anotados y yardas recorridas y, en 1969, fichó por los Buffalo Bills Los tres primeros años en los Buffalo Bills fueron bastante mediocres; por lo que más se lo recuerda es por su sensacional temporada de 1973, cuando se convirtió en el primer corredor en recorrer 2.000 yardas y anotar 12 touchdowns. Simpson fue el corredor líder de la liga los años 1972, 1973, 1975 y 1976. Fue nombrado Jugador del Año de la Conferencia Americana (AFC) por la United Press International en 1972, 1973 y 1976, y Jugador Ofensivo del Año de la liga de fútbol americano (NFL) en 1973, así como Jugador Más Valioso esa misma temporada. En 1978, lo traspasaron a los San Francisco 49ers, con los que jugó dos temporadas. En 1985, primer año que cumplía los requisitos para ser elegido, ingresó en el Salón de la Fama del Fútbol Americano Profesional Después de retirarse del fútbol profesional en 1979, se dedicó a desarrollar su carrera de actor en ciernes con intervenciones en la trilogía cómica Agárralo como puedas, protagonizada por Leslie Nielsen. Además, fundó una productora, Orenthal Productions, a la vez que era el rostro de multitud de productos y marcas, como la empresa de alquiler de vehículos Hertz y productos relacionados con la industria alimentaria


En 1967, se casó con Marguerite L. Whitley. La pareja tuvo tres hijos: Arnelle (1968), Jason (1970) y Aaren (1977). Aaren se ahogó en la piscina de la casa familiar cuando tenía dos años, en 1979; ese mismo año, Simpson y Marguerite se divorciaron. En 1985, contrajo matrimonio con Nicole Brown, con la que tuvo dos niños: Sydney, en 1985, y Justin, en 1988. Simpson y Nicole se divorciaron en 1992. Dos años después, Simpson fue acusado del asesinato de Nicole Brown y su amigo Ronald Goldman. Fue absuelto, aunque perdió una demanda interpuesta por Fred Goldman, el padre de Ronald, por la que Simpson fue condenado a pagarle una indemnización de 33,5 millones de dólares por daños. En 2007, Simpson atracó a punta de pistola a dos coleccionistas de objetos de interés histórico en una habitación de hotel. Fue sentenciado a 33 años de prisión en 2008 por secuestro y robo a mano armada. No puede optar a libertad condicional hasta pasados nueve años EL CRIMEM En torno a la medianoche del 13 de junio de 1994, un vecino que paseaba al perro descubrió los cadáveres de Ron Goldman y Nicole Brown en los alrededores del apartamento de Brown en Brentwood, Los Ángeles. El cuerpo de Brown, de 1,65 metros de altura y 58 kilos de peso, estaba cubierto de la sangre proveniente de un profundo corte en el cuello; tal era la profundidad de la herida, que se podría decir que casi la habían decapitado. Además, la habían apuñalado en el cuello y en la cabeza, y tenía las manos en posición defensiva, como si intentara rechazar el ataque. Goldman, de 1,75 metros y 77 kilos, yacía a tres metros de Brown; presentaba una cuchillada en el cuello y 19 puñaladas en total. Ambos tenían grandes contusiones en la parte posterior de la cabeza, lo que indicaba un traumatismo por objeto romo. La policía encontró cerca de los cuerpos un guante izquierdo de cuero marrón y una gorra de punto


LA DETENCIÓN Cuando la policía intentó ponerse en contacto con Simpson, descubrió que había abandonado su casa de la avenida North Rockingham a las 23.15 horas para tomar el vuelo de las 23.45 a Chicago para jugar al golf. Llegó al hotel O’Hare Plaza de Chicago a las 4.15 de la madrugada. Se le comunicaron las muertes a las 5.45. En ese momento abandonó el hotel y se preparó para coger el vuelo de las 7.41 de la mañana hacia Los Ángeles. En torno al mediodía, acudió voluntariamente a la comisaría para ser interrogado. Allí, se le tomaron las huellas, se le extrajo una muestra de sangre y fue fotografiado. Cuando le preguntaron por el vendaje que llevaba en el dedo corazón explicó que se había cortado con un cristal Mientras esperaba el regreso de Simpson a Los Ángeles, la policía registró los jardines de su vivienda. Los detectives encontraron un Ford Bronco blanco, propiedad de Hertz Corporation, empresa para la que Simpson trabajaba de portavoz. En el vehículo se hallaron varios paquetes con las palabras “Orenthal Products” y manchas de sangre en los tiradores de las puertas. Asimismo, encontraron un guante derecho de cuero marrón ensangrentado y un rastro de gotas de sangre que partía del Bronco y recorría el camino de entrada hasta la puerta principal. Más tarde esa mañana, la policía de Chicago registró la habitación de hotel que ocupó Simpson y allí encontraron rastros de sangre en el lavabo, un vaso roto y una toalla ensangrentada El 16 de junio, tuvo lugar en el condado de Orange el entierro de Nicole Brown, al que acudieron Simpson, su familia y amigos, aunque la noticia estrella de ese día fue que las pruebas preliminares de ADN confirmaron que la sangre del guante encontrado en la propiedad de Simpson pertenecía a este y a las dos víctimas. A esta prueba se sumó el testimonio de un testigo presencial que declaró haber visto a Simpson conduciendo el Ford Bronco en torno a las 23.00 horas. Al día siguiente, el 17 de junio de 1994, se emitió una orden de detención contra O. J. Simpson No se localizó de inmediato a Simpson, por lo que se inició la búsqueda del fugitivo. Su amigo y abogado Robert Kardashian hizo pública una nota de suicidio del ex futbolista. Pronto localizaron su coche mientras circulaba por la autopista.


Al Cowling, que acompañaba a O. J. en su fuga, telefoneó a la policía e informó de que el sospechoso poseía un arma y parecía tener intenciones suicidas. La lenta persecución atrajo la atención de los medios de comunicación; la cadena NBC incluso interrumpió la retransmisión de la final de la NBA de 1994 para cubrir el suceso. La gente se congregó en la carretera interestatal para ver el convoy liderado por el coche de Simpson, mientras los negociadores intentaban hablar con él. La persecución llegó a su fin cuando el equipo de negociación por fin consiguió convencer a Simpson para que aceptara ser detenido EL JUICIO El 23 de enero de 1995, O. J. Simpson fue juzgado por dos cargos de asesinato. Se declaró inocente de ambos y reunió a su propio Dream Team, un equipo de abogados implacables y que cobraban altísimos honorarios, entre ellos los legendarios defensores de pleitos civiles Alan Dershowitz, F. Lee Bailey, Robert Kardashian, Johnnie Cochran y Robert Shapiro, además de los abogados especialistas en pruebas de ADN Barry Scheck y Peter Neufeld. Su primera tarea fue obstruir la selección del jurado y asegurarse de que sus miembros les fueran favorables. Los abogados, con Cochran a la cabeza, determinaron desde el principio que la etnia y la raza constituirían factores cruciales a la hora de garantizar un veredicto de inocencia para Simpson. Finalmente, consiguieron ese jurado favorable a su causa, que estaba compuesto por ocho mujeres de raza negra, dos de raza blanca, un hombre de raza negra y un hispano. La defensa pensaba que las mujeres negras podrían mostrar más empatía por Simpson En el otro extremo de la sala, a la cabeza de la acusación pública, se encontraban la fiscal de distrito, Marcia Clark, y Christopher Darden, ayudante del fiscal. Clark tenía fama de ser una litigante dura y decidida, como consecuencia tanto de su traumático pasado (en su adolescencia sufrió una violación durante un viaje a Europa, y en su edad adulta sobrevivió a dos matrimonios en los que dominaban los abusos) como del periodo que pasó en la Unidad de Juicios Especiales.


Presidía la sala el juez Lance Ito, ciudadano estadounidense de origen japonés cuyos padres estuvieron recluidos durante la Segunda Guerra Mundial. Su nombramiento se percibió como una inteligente maniobra política, debido a su raza La teoría que presentaba la acusación era simple: Simpson mantuvo una relación abusiva con Brown mientras estuvieron casados; él sentía celos de la relación de su ex mujer con Goldman; además, no tenía coartada para el periodo de tiempo en que se habían producido los asesinatos. En el apartamento de Brown, el acusado dejó huellas de pisadas, una gorra con cabellos adheridos y, al menos, ocho gotas de su sangre. En el domicilio de Simpson se encontró un guante que coincidía con el hallado cerca de los cuerpos, y que además tenía restos de la sangre de Goldman. En su dormitorio, había un par de calcetines salpicados con la sangre de Nicole. En su Ford Bronco, se encontraron restos de sangre pertenecientes a Nicole y Goldman La versión de la defensa también era sencilla: Simpson era completamente inocente; la investigación que lo relacionaba con los crímenes era una farsa elaborada por los malintencionados policías y unos incompetentes técnicos de laboratorio. Simpson no era más que otra víctima negra del sistema judicial blanco, acusado solo por el color de su piel. La paliza a Rodney King en 1991, el juicio y absolución de los policías blancos, y los posteriores disturbios aún estaban frescos en la memoria común Por tanto, la segunda acción de la defensa fue cuestionar las motivaciones y convicciones personales de los policías implicados, en concreto, las del detective Mark Fuhrman, aduciendo que tenían puntos de vista y patrones de comportamiento racistas. Cochran incluso comparó a Fuhrman con Adolf Hitler. Además, alegaron que había colocado el guante en la propiedad de Simpson. Acto seguido, cuestionaron la legitimidad de la orden de búsqueda original. El juez Ito, aunque criticó la forma en que se había conseguido y emitido dicha orden, la ratificó y admitió las pruebas cuestionadas En tercer lugar, la defensa intentó tender una emboscada a la acusación llamando a testigos sorpresa. Según la legislación vigente en California, tanto la acusación como la defensa deben revelar a la parte contraria toda información relativa a los testigos que vayan a comparecer.


La defensa hizo caso omiso a esta ley, y el juez Ito, oídos sordos a las peticiones de la acusación, que tuvo que hacer frente a 26 testigos inesperados En cuarto lugar, la defensa desacreditó las pruebas físicas reunidas por la fiscalía, aduciendo presuntas deficiencias procedimentales que planteaban dudas acerca de la fiabilidad de las pruebas. Por ejemplo, la muestra de sangre que Simpson proporcionó en su visita a la policía había sido transportada durante horas en lugar de entregada de inmediato al laboratorio. Como consecuencia, se extravió parte de la muestra, que supuestamente se empleó para contaminar la escena del crimen e inculpar a Simpson Por último, la defensa intentó desacreditar las pruebas de ADN de la fiscalía. Scheck y Neufeld llevaron a cabo el ataque principal. Se trataba de dos científicos y abogados de derechos civiles con gran experiencia, fundadores de la organización sin ánimo de lucro Innocence Project (Proyecto Inocencia), que emplea las pruebas de ADN para liberar a gente que ha sido condenada de forma errónea. Para empezar, acusaron al equipo forense de premeditación en la alteración de pruebas; y después, de ser incompetente. Una de sus ofensivas principales se centró en el hecho de que la recogida de las muestras de sangre la llevó a cabo de forma descuidada un miembro del equipo de reciente incorporación sin la supervisión de alguien con mayor experiencia Los complejos detalles técnicos de la recogida y estudio del ADN no eran fácilmente comprensibles para los miembros del jurado, de lo cual se aprovecharon tanto Scheck como Neufeld. Incluso a pesar de que los peritos de la acusación insistieron en que la probabilidad de que la sangre encontrada cerca de los cuerpos no perteneciese a Simpson eran de uno entre 170 millones, Scheck y Neufeld expusieron una serie de complicadas cuestiones hipotéticas que, si ya lograron confundir a los propios peritos, ni que decir tiene que también al jurado. La cuestión fundamental era sembrar la duda sobre la integridad de las pruebas de ADN; además, los expertos de la acusación contribuyeron a perder al jurado en un laberinto de terminología científica El colmo fue cuando la acusación pidió a Simpson que se probara el guante: le estaba pequeño. A pesar de que la acusación intentó argumentar que la prenda había encogido al estar empapada de sangre, haber sido congelada y descongelada, y sometida a multitud de pruebas, el daño estaba hecho. El 3 de octubre de 1995, el jurado declaró a O. J. Simpson inocente


LAS CONSECUENCIAS Un año después, Simpson volvió a ser juzgado en un proceso civil interpuesto por el padre de Ron Goldman. En esta ocasión perdió, y fue condenado a pagar una indemnización de 33,5 millones de dólares por daños y perjuicios. Este fallo se debió al hecho de que, en un juicio civil, el demandado no puede acogerse a la quinta enmienda y negarse a testificar. Además, la carga de las prueba en una demanda civil es mucho menor que en las causas penales Simpson abonó un exiguo porcentaje de la indemnización. Recuperó su casa y la vendió, pero se encontró prácticamente en la ruina a causa de las minutas de sus abogados, los impuestos atrasados y los pagos de la hipoteca. Su pensión de la NFL, sin embargo, no pudo ser embargada por el juzgado. Además, Simpson decidió mudarse a Florida, donde las leyes le beneficiaban, pues allí sus ingresos tampoco podían embargarse para pagar la indemnización fijada en el juicio civil El juicio a O. J. Simpson es el perfecto ejemplo que demuestra cómo los medios de comunicación han influido en el desenlace de ciertos procesos judiciales en Estados Unidos. Casos como los de Von Bülow y O. J. Simpson destacan la importancia de contar con un abogado no solo astuto y versado en leyes y en el mecanismo del sistema judicial, sino también hábil a la hora de manipular a los medios de comunicación. El equipo defensor cumplió su cometido, a la vez que ingresó una ingente cantidad de dinero. Sembraron la duda sobre las pruebas de la acusación, y lucharon con uñas y dientes para confundir a un jurado que prácticamente habían seleccionado para que fuera lo más favorable posible a su cliente. Las actuaciones de Cochran, el carácter incisivo de Dershowitz y la astuta erudición de Neufeld y Scheck contribuyeron a salvar a Simpson de años de prisión a pesar de enfrentarse a unas pruebas forenses abrumadoras


Revista Diplomado Forense Caso O. J. Simpson  

Caso O. J. Simpson