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OBSOLESCENCIA PROGRAMADA Se llama obsolescencia programada a la programación del fin de la vida útil de un objeto, de tal modo que después de un tiempo determinado el objeto deja de funcionar correctamente. El primer ejemplo de obsolescencia programada es la bombilla. En el año 1924 se creó el primer cartel mundial para controlar la producción de bombillas denominado Phoebus, que redujo la competencia en la industria de las lámparas incandescentes durante unos 15 años, y ha sido acusado de haber prevenido avances en la tecnología que podrían haber llevado a la producción de bombillas de una duración mayor. Redujo el tiempo de duración de la bombilla de 2500 horas a 1000 horas, teniendo una duración incluso inferior a la primera bombilla que inventó Thomas Alva Edison (1500h). El hecho de que la obsolescencia programada surgiera al mismo tiempo que la producción en masa no es una coincidencia, ya que con esta última los precios disminuyeron y los consumidores comenzaron a comprar por diversión, aunque no fuese estrictamente necesario. En realidad una bombilla puede llegar a durar muchos años, por ejemplo en Livermore (California-EEUU) se encuentra en funcionamiento, en el cuartel de bomberos de la ciudad, la bombilla más antigua del mundo. Una bombilla instalada en 1901 fabricada en Shelby (Ohio-EEUU) alrededor de 1895.

Bombillas LED Este tipo de bombillas, aparte de estar fabricada sin obsolescencia programada, utiliza los mejores materiales y eso repercute directamente en la calidad y prestaciones finales del producto. A continuación destacamos algunas de las características propias de estas bombillas: 1. Bajo consumo. 2. Mayor duración. 3. Sin deterioro por conmutación. 4. Luz de calidad. 5. Salud. 6. Ecológicas. 7. Producen poco calor.


Obsolescencia programada en las impresoras. De distinta manera, en el caso de estos equipos sabemos que por menos de 40 euros podemos adquirir uno, que sustituir esos cartuchos nos costara más del doble del importe pagado, por tanto mejor adquirir uno nuevo. Más sonado fue el caso de Epson hace años que introdujo en el mercado una impresora con un contador de páginas que literalmente se bloqueaba al llegar al número programado para desesperación del usuario.

Obsolescencia programada en la ropa. La ropa que compras en H&M o en Zara no es de la mejor calidad, es algo que si no sabes, no vives en este mundo. Es simple matemáticas: a peor calidad de materiales + mano de obra barata = precios más asequibles. En lo único que invierten estas marcas de ropa es en diseñadores para mantener las ventas. Es por marcas como H&M, Zara (o cualquiera del grupo Inditex) que la calidad de la ropa es cada vez peor. Tienes que comprar marcas realmente caras para tener una calidad de tela decente. Puedes preguntar a cualquier modista y te lo aclarará, si quieres ropa que dure no tienes que comprar ropa cara, tienes que comprar ropa hecha para que dure, no moda. Obsolescencia programada en los móviles. Los móviles y en general, todos los productos electrónicos duran cada vez menos. Te compras un móvil y en menos de un año lo tienes desactualizado, no te puedes bajar aplicaciones porque tu sistema operativo es demasiado antiguo y no lo puedes cambiar porque tu móvil es demasiado viejo y es mejor comprar uno nuevo. La cámara te parece mala comparada con las ultimas que han sacado al mercado que graban en HD y en 3D. Eso, si tienes suerte de que no se te haya roto o estropeado. Por desactualizarse, se quedan antiguas hasta las guías de social media que se venden. Para cuando están publicadas, Twitter y Facebook han cambiado su diseño y su funcionamiento. Se supone que la tecnología avanza y es verdad: la cámara de tu móvil de ahora seguramente supera a la cámara compacta que te compraste hace dos años. Pero ¿de qué sirve comprar para luego tener que tirar? Hay un complot entre las empresas para vendernos productos que en seguida se estropean o no sirven porque se han quedado antiguos. Tiramos cosas que todavía sirven.


Consecuencias medioambientales de la obsolescencia programada. El objetivo de la obsolescencia programada es el lucro económico inmediato, por lo que el cuidado y respeto del aire, agua, medio ambiente y por ende del ser humano, pasa a un segundo plano de prioridades. Cada producto que se vuelve obsoleto, supone contaminación. Es un evidente problema del actual sistema de producción y económico: no se ajusta en absoluto a la armonía y equilibrio de la naturaleza en la que vivimos. El procedimiento suele ser el siguiente: uno de los aparatos electrónicos de uso habitual falla y cuando el dueño lo lleva a reparar, en el servicio técnico le dicen que le sale más rentable comprarse uno nuevo que arreglarlo. Usualmente, el precio de la mano de obra, las piezas estropeadas y el montaje suele costar un poco menos que adquirir uno nuevo, por ello normalmente el usuario suele desechar el producto averiado y comprarse uno nuevo. El problema se basa en la gran cantidad de residuos que se originan actualmente al realizarse este fenómeno y otra vez, cada día, en todo el mundo. Somos casi 6.500 millones de habitantes en este planeta, y el número sigue creciendo, ya que hay un aumento poblacional de 210.000 personas por día. Lo difícil es que producimos 1 kg de basura diaria, por lo que se generan alrededor de 6.500.000 toneladas de desechos en tan sólo un día. De éstos un amplio número de residuos no son biodegradables y el tiempo que transcurre hasta que podemos hablar de una descomposición, al menos parcial, puede ser muy prolongado, además de que muchas veces los residuos son altamente contaminantes; lo que infiere en la permanencia de la madre naturaleza como en la salud de sus habitantes. Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) contienen materiales que pueden ser recuperados, evitando la explotación de nuevos recursos naturales, y otras que pueden ser contaminantes, de manera que, si no son tratadas adecuadamente, pueden resultar dañinas para el medio ambiente. Los elementos electrónicos de los que estamos hablando contienen materiales tan contaminantes como el plástico, polipropileno, baterías de plomo, etc. El plástico es el más rebelde a la hora de transformarse, de 100 a 1.000 años. Al aire libre pierde


su tonicidad, se fragmenta y se dispersa. Enterrado, dura más. La mayoría está hecho de tereftalato de polietileno (PETE), un material duro de roer: los microorganismos no tienen mecanismos para atacarlos. El polipropileno tarda 1.000 años en descomponerse, contamina menos que el poliestireno pero también tarda. El plástico queda reducido a moléculas sintéticas; invisibles pero siempre presentes. Una de las partes más preocupantes son las baterías de plomo, un invento que remonta a 1889, que representa un grave peligro para el ser humano y para el medio ambiente debido a su elevado contenido en plomo. Respirar el polvo o las emanaciones de vapor del plomo puede provocar graves perturbaciones para la salud, incluida la muerte, además de perjudicar el medio ambiente, advierte el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente). Según los cálculos del PNUMA, de los 2,5 millones de toneladas de plomo que se producen anualmente en todo el mundo, tres cuartas partes sirven para la fabricación de baterías que se utilizan en los automóviles, los teléfonos y computadoras portátiles o en las industrias. Comprar, tirar, comprar, tirar. La obsolescencia programada y la publicidad que nos invita a consumir productos que en realidad no necesitamos son la base sobre la que es apoya la economía mundial actual. Pero lo que pasa es que este sistema no es sustentable en el tiempo porque la tierra tiene recursos finitos. La otra cara de este lucro económico inmediato de las empresas son las consecuencias medio ambientales que esto genera. Pensemos en la cantidad de teléfonos, televisores, electrodomésticos, computadoras, etc. que son reemplazados cada año. Este sistema de producción contamina aire, suelos, agua y todo eso nos termina afectando a nosotros. De ahí surge la preocupación por los RAEE, residuos de aparatos electrónicos y eléctricos. Greenpeace está hace unos años luchando por la correcta gestión de la basura electrónica. Tiene una campaña dedicada a eso y un proyecto de ley. La idea es que las empresas reciclen, reutilicen y recuperen materiales bajo el principio de la responsabilidad extendida del productor. Esto significa que el fabricante es el responsable legal y financiero de estos productos durante el ciclo de vida completo, desde que se fabrica hasta que se vuelve obsoleto.

Obsolescencia programada  
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