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Epílogo Epílogo

Son Palabras de Adiós

Son Palabras de Adiós

EL MAR (fragmento) Desde la Piedra del Cocuy la tierra venezolana se levanta y abre como un ánfora para recibir las aguas caribes del Océano Atlántico, cuyas olas, mensajeras de los Alisios, nos traen, con la música de los caracoles, la blanca invitación de las velas para salir a bogar, mar adentro, donde se fortalece el carácter y se afianza la voluntad de ser. Al mar donde están el destino, la aventura, la magia de los desconocido y el secreto del futuro. Al mar donde nos guía el eterno deseo de ir más allá, hacia el horizonte incansable para sentir, pensar y crear. Espacio para desarrollar el drama de la vida que es la lucha de la voluntad, la pasión y el amor en contra del miedo, el odio y la muerte. Mar adentro, donde todavía el hombre puede soñar. Mar adentro, donde el hombre percibe el impulso jocundo de la naturaleza. La fuerzas requeridas para romper las amarras y quemar las naves. Donde el hombre encuentra punto para otro comienzo, empieza a vivir y llega a ser auténtico. Mar adentro. Espacio sin límites. Día de la creación. Inicio de la historia. Mar adentro. Sentirse magnífico y mínimo. Encontrar que todo y nada se puede. Conocer que es posible ir a la estrella sin desplazarse de la tierra. Y estar así por una eternidad. Mar adentro. Fecunda plenitud del ser. Rotunda concepción de todo lo creado. Mar de Miranda. Mar de Bolívar. De la Carta de Jamaica. De Brión y la Legión Británica. Mar de donde viene la cal de mis huesos, el fósforo de mi cerebro y la sustancia de mi sangre. Ahora has de ser nuestro.

Francisco Tamayo (1902 - 1985)

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SONETO DEL MAR Heredero final de grandes ríos y de las nubes lentas, desiguales. Picapedrero de los litorales. Pastor de tiburones y navíos. Alquimista, que estrellas y metales trueca en delfines de destellos fríos. Agricultor de campos labrantíos donde las algas crecen, los corales. Este es el mar, el gran salón del agua donde el herrero eterno templa y fragua metales para el canto más profundo. Es necesario no escuchar al viento y llegar hasta el mar con paso atento para aprender la música del mundo.

Ney Himiob (1908 - 1993)

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PAISAJE CON PRESENCIAS

Este mar ya no quiere que lo oigan. Este mar ya no quiere que lo vean. Este mar ya no quiere que lo sientan y quiere continuar un mar distante. Este Este Este Este

mar mar mar mar

ya no quiere ni el sonido. que no tiene ni la ola. sin olor, quieto y ausente. crucifica su silencio.

Este mar, este mar y su naufragio. Este mar sin sonido y sin confianza de amar y de esperar sin desespero y volver otra vez hacia lo triste que es no tener mĂĄs nada sino un canto, que es no tener sino un silencio largo y un llanto.

EfraĂ­n Subero (1931)

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DESPEDIDA DEL PUERTO Qué haré para despedirme si no quisiera ausentarme, quisiera quedarme e irme, quisiera irme y quedarme. Ya me asomó el adiós por la puerta del silencio, y surge en el aquerencio el llanto que oculto yo. Se resquebraja la voz ahora cuando debo irme, cuando la voz ya no es firme y es lúgubre la canción, pregunto a mi corazón: ¿Qué haré para despedirme? No sé si podré olvidarte ahora que tanto te quiero, que si de amor no me muero es porque puedo mirarte. Es angustioso este amarte teniendo un día que marcharme; pero si quiero quedarme me empuja a partir la ausencia, no sé a quién pedir clemencia si no quisiera ausentarme. Es en esta duda incierta donde gasto la razón y es triste la inspiración y el alma queda desierta; pero en esta tierra yerta tu amor me apuntó de firme y no logro escabullirme del dolor conque me afliges, y hacerme dudar consigues: Quisiera quedarme e irme. Pero no, no es esta duda capaz de causar naufragio, soy marino en el presagio y al tiempo amarré la driza. Fuiste de mi amor nodriza, lo pienso y no he de marcharme; zumbo el ancla en el desarme, cambia la brújula ciega; más, cuando la duda llega,, Quisiera irme y quedarme. Efraín Subero (1931)

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EPILOGO