Issuu on Google+

Comegato Por Joel Bulnes Estudiantes de la Compañía de Teatro del Instituto de Estudios Superiores de Artes Escénicas de Oaxaca presentaron recientemente la obra "Comegato" del dramaturgo venezolano Gustavo Ott, bajo la dirección de Tlacatecatl Cabrera, en la Casa de los Teatros. La dramaturgia de la obra está integrada por una ajustada constelación de personajes: David y su mujer, Natalia, y Rubén, hermano de David, también conocido como "Comegato" en el mundo del hampa en el que se mueve. De manera significativa para estos personajes marginales, sometidos a la contradicción originada por la pobreza y por las aspiraciones desmedidas, la acción se desarrolla en una "vieja estación gasolinera" (¿Venezuela?), es decir, en un lugar donde siempre existe el riesgo de que las cosas ardan (quizá por eso se eligió una escenografía y un vestuario en los que predomina el color rojo). La obra, escrita en 1996, coincide con el inicio del proceso de apertura petrolera de Venezuela, momento que, por estos días vive nuestro país. En la obra también hay una carrera de caballos que se transmite por televisión (en esta puesta en escena es por radio). David, en un juego de apuestas, ha acertado los nombres de los cinco caballos ganadores de las cinco carreras anteriores, y solamente debe atinarle al nombre del caballo que gane la sexta y última carrera para hacerse multimillonario. En este momento comienza la obra. Sin embargo, el destino es cruel con David y los millones con los que sueña no llegan nunca a su bolsillo a pesar de que acierta el nombre del caballo ganador. Tanto David como Natalia sueñan con salir del lugar en donde viven, aunque cada uno sabe que eso no será posible. Por su parte, Rubén parece haberse acomodado mejor al ambiente y no obtiene poco provecho de sus negocios chuecos. Los actores, tres jóvenes universitarios, llevan a cabo sus respectivos papeles con entusiasmo y razonablemente bien. Todos ellos muestran disposición y poseen gracia, además de que mantienen un buen nivel de energía en casi todo momento. Su disposición al juego del actor se refleja en buena medida en el acento norteño con el que hablan, y que logran sostener a lo largo de la obra, aunque este aspecto los acerque peligrosamente, para mí a una especie de costumbrismo difícil de manejar. En fin, la obra tiene efectivamente un sabor sinaloense.

David (Antonio Cruz) Natalia (Silem Ortiz) Rubén (Pablo Cruz) Foto: Teatro en Oaxaca

Por otro lado, hay atrevimiento y desfachatez en esta puesta en escena al colocar, a manera de trono, en un nivel superior (aunque no en el centro de la escenografía) un retrete colorado, es decir, un elemento escatológico por excelencia, al que los personajes acuden con toda naturalidad para hacer sus necesidades. Este elemento, altamente llamativo, logra, en un primer momento, incomodar al público, pero el afecto se agota rápidamente y acaba por perder relevancia. Algo similar sucede en esta puesta en escena cuando los actores hablan directamente al público e interactúan con él. Por ultimo, me parece que existe una falta de consecuencia en las relaciones que hay entre los personajes. En mi opinión, prevalece cierta impunidad, de manera que, en repetidas ocasiones, la acción de un personaje es ignorada por los otros personajes. Este tipo de falla dificulta la progresión dramática y, en última instancia, la comprensión de la obra. 25/02/2014


Comegato