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Mark Rothko 1903-1970

Mark Rothko, 1961

Marcus Rothkowitz nace en Dvinsk, Rusia, en el seno de una familia judía. A los 10 años emigra a Portland con su familia y será allí, en los Estados Unidos, donde pasará la mayor parte de su vida. Pertenece a una generación de artistas norteamericanos que cambiaron de raíz la naturaleza y la forma de la pintura abstracta, convirtiéndose en una piedra angular del Expresionismo Abstracto. Sus formatos grandes y el uso de bloques de color son parte del sentido místico que él otorgaba a sus pinturas. Yo pinto cuadros muy grandes. Soy consciente de que, históricamente hablando, la función de pintar cuadros grandes es algo grandioso y pomposo. Pero, sin embargo, la razón por la que los pinto es precisamente porque quiero que sean íntimos y humanos. Pintar un cuadro pequeño es colocarse fuera de la propia experiencia, es mirar una experiencia con un lente reductor. Pintes como pintes un cuadro grande, estás dentro de él. Está más allá de tu voluntad.

N.º 12, 1951 Colección de Christopher Rothko


Rothko

y el fin de una era

Con el Expresionismo Abstracto -el post painterly abstraction-, el arte creado para la contemplación llegaba a su fin. La estructura cúbica, rectangular, “minimal” en la que se habían convertido la galería y las salas del Museo de la Modernidad -la capilla en donde el espectador, en silencio, esperaría experimentar algo así como una epifanía, una revelación, o tendría la esperanza de hallar cierta paz de espíritu y, quizás, hasta de establecer una relación casi sacra, sobre todo con la pintura-, estaba a las puertas de una profunda transformación. Era el clímax de la modernidad que, sin embargo, poco tiempo después sería atacada por las revoluciones sociales y políticas, culturales y sexuales que supondrían el comienzo del fin de las Grandes Narrativas. Como es lógico, todos los grandes cambios paradigmáticos de la época se verían reflejados en el arte: la llegada a su fin de creencias inamovibles, de rotundas certezas, de verdades eternas. Rothko sería uno de los últimos íconos de la “edad” que acabaría con un arte y una era, que seguía aún creyendo en el progreso, en el “universo” de los Absolutos y las Absolutas Verdades. La época, que seguía manteniendo a la pintura como la “reina” de las artes visuales, de acuerdo con los grandes críticos como Clement Greenberg especialmente, vio que esta llegaba a su “mayoría de edad” con el arte abstracto de fines de los 50, el llamado Expresionismo Abstracto. La originalidad, el estilo, la pincelada, el sello personal eran todavía valores esenciales. Greenberg no dejó de alabarlos sobre todo en Pollock y en Rothko, además de hacerlo también con características más relevantes para él y su época, como la ausencia de anécdota, de narración y figuración, para dejar al desnudo lo real y esencialmente pictórico, que se entendería solo como el color, la línea, la superficie plana, la ausencia de profundidad de campo y perspectiva. Este era el fin de una época que habría empezado con el Impresionismo en el siglo XIX y que el Pop llevaría a su “muerte” definitiva, a pesar de que su valoración y relevancia llegarían hasta nuestros días.

Los Irascibles, 1951, de izq. a der. (fila de atrás): Willem de Kooning, Adolph Gottlieb, Ad Reindhart, Hedda Sterne; (al medio): Richard Pousette-Dart, William Baziotes, Jimmy Ernst, Jackson Pollock, James Brooks, Clyfford Still, Robert Motherwell, Bradley Walker Tomlin; (fila delantera): Theodoros Stamos, Barnett Newman, Mark Rothko. Foto: Nina Leen para Life Magazine


Rothko representó además valores que se irían corroyendo en décadas futuras, como la división entre el arte culto y el popular, la horizontalidad y democratización en la valoración del quehacer artístico o la pureza de género, y nunca terminó por aceptar únicamente las ideas e ideales que Greenberg viera en él. Si para el crítico el signo abstracto cuya referencia era él mismo o era inexistente y la forma era suficiente en sí misma, el sensible e izquierdista, el refinado e inconformista Rothko veía en su arte la “representación” de preocupaciones existenciales y espirituales más básicas y esenciales, como la nostalgia por la unidad emocional, filosófica, social en un mundo egoísta y fragmentado; y, además, la llegada de la pintura a una etapa definitiva de la historia del arte, tras grandes experimentaciones y un largo recorrido. El también cínico y amargado artista veía y resentía la falta de reconocimiento hacia su arte, la nostalgia por valores de la antigüedad, la unidad, la visión del mundo, el lugar del artista en civilizaciones o etapas del pasado, como la época clásica o el Renacimiento. El sensible y humano Rothko, que se quitara la vida a los 67 años tras dos matrimonios e innumerables viajes a los países de civilizaciones que estudió y veneró, que entendiera el arte como un quehacer con un propósito social, dejando de pintar en una de sus etapas difíciles, escribió “The Artist’s Reality”, un manuscrito con varios borradores acerca de su propia filosofía del arte, que sus hijos Kate y, sobre todo, Christopher -a quienes dejase huérfanos a los 19 y 6 años ya que su madre, Mell, moriría seis meses más tarde- publicaron mucho después de su muerte. El inseguro y depresivo artista que pasara por la figuración y el Surrealismo hasta llegar a la abstracción, parecía convencido de que el cuadro abstracto era un objeto del mundo, creado sin referente real, “libre de asociaciones humanas” pero manteniendo las características del arte táctil y tangible y “representando”, con el lenguaje de la época, todo el recorrido del arte a la vez que información sobre la naturaleza humana

y su inconsciente. Su arte, como sostendría Greenberg, no se “acababa” para el artista solamente en un hallazgo y experimentación formal que podría volvernos al origen, a la esencia de nuestra estructura y naturaleza, sino que hablaba de lo más humano, lo más profundo y connatural al ser. Y más allá del Rothko leyenda e ícono, queda su producción que, aun debiendo su origen a cierto momento de la Historia, y habiendo sido vituperada como la plástica de una cierta etapa del capitalismo y de la producción burguesa, sigue tocando ciertas fibras de lo humano en sus aspectos más complejos y exquisitos, o quizás más primitivos, que nos confrontan con la ilusión de la imagen de la materia, de la percepción del color, el matiz, la composición, que solo nuestra naturaleza es capaz de captar en sus dimensiones más poéticas e intelectuales como biológicas e instintivas.

Ana María Rodrigo Prado Febrero, 2012


Rembrandt y Matisse

Rembrandt y El festín de Baltasar

Matisse y el Estudio rojo

Esta obra, de composición asimétrica y pincelada suelta y pastosa, pintada en 1635, afecta a Rothko casi tanto como al rey del cuadro ante las palabras que han aparecido de forma misteriosa, amenazante, y que solo el profeta Daniel supo descifrar. El texto, que reza “Has sido pesado en la balanza y no das la talla…”, es una especie de sombra, de recordatorio del temor y la sorpresa que Rothko sintiera siempre ante el fracaso, la destrucción y la muerte.

Estudio rojo, 1911

El uso del color en Matisse influyó en muchos artistas. Este lienzo en particular, pintado en 1911 tras un viaje del artista a España, que lo expuso a la riqueza y el colorido del arte islámico, supuso en Rothko un hito en el desarrollo y la concepción de su pintura. El color intenso y reluciente, rico en matices, lo hacía sentirse dentro del espacio de la obra, como diría el artista, como sucede con la música. Matisse en esta obra no solo redujo los objetos casi a siluetas sino que alteró y combinó perspectivas, además de obviar la ilusión de profundidad. Logró un “collage” de perspectivas, pero fue sobre todo el color lo que “saturaba” y envolvía a Rothko. El festín de Baltasar, 1635


John Logan el autor

A principios del 2007, John Logan se encontraba en Londres filmando Sweeney Todd, la película de Tim Burton basada en la obra de Stephen Sondheim que él había adaptado al cine. Una tarde, deambulando por las calles londinenses, llegó hasta la sala del Tate Modern donde se exponía la serie de Mark Rothko que conforma los Murales Seagram. Tiempo después, en una entrevista para el diario canadiense The Sun, el autor recordaría: No podía respirar. Era como si alguien me hubiera golpeado en el estómago. Había algo tan irresistible y asombroso en ellas que no me podía despegar. En el minuto en que vi las pinturas, todo cambió. Me acerqué a la pared para ver la reseña y leí la historia de cómo fueron creadas. En ese momento supe que tenía que hacerla. Tenía que escribir sobre ese hombre intenso y obsesivo y sobre esas pinturas en donde hay tragedia en cada brochazo. Pero la idea me la guardé y siguió dando vueltas en mi cabeza durante mi tiempo en Londres. Aunque Logan empezó como un joven dramaturgo en Chicago, donde estrenó sus obras Nunca culpable (1986), Hauptmann (1987) y Música de un cuarto cerrado (1988), en los últimos años se había dedicado a escribir guiones cinematográficos como Gladiador o El aviador, por los que fue nominado al Oscar. Pero decidió que la historia de Rothko tenía que ser una obra de teatro porque él se encontraba en Londres, inspirado por el mejor teatro del mundo. No es coincidencia que Rojo se estrenara en esa ciudad dos años más tarde, en el reconocido teatro Donmar Warehouse, en una aclamada producción dirigida por Michael Grandage y con la actuación de Alfred Molina y Eddie Redmayne. Esta misma producción se trasladó a Broadway tres meses después y ganó seis Premios Tony, incluido el de Obra del Año.

Luego de Rojo sus últimos proyectos han sido los guiones de Skyfall, la nueva película de James Bond dirigida por Sam Mendes, y Lincoln, para Steven Spielberg. Además escribió el guión de Hugo, la más reciente película de Martin Scorsese, por la que ha sido nominado al Oscar por tercera vez. También está escribiendo una nueva obra de teatro, aunque aún se desconocen el tema y el título. Rojo es, en estos momentos, la obra norteamericana más representada en los Estados Unidos y una de las más producidas en el mundo. El estreno en Lima marca su primera producción en Sudamérica.


Juan Carlos Fisher el director

Rojo es una obra que me apasionó desde el instante en que la leí. Habla sobre la atormentada y compleja conexión entre un artista y su obra, y sobre aquella delgada línea que separa el arte del comercio. Pero sobre todo habla de la relación alumnomaestro. Por lo tanto, no solo me conmovió el viaje de los personajes -sus dudas y cuestionamientos-, sino que fue muy fácil relacionarla con mi experiencia como creador y alumno. Y es que desde que leí la obra no pude dejar de pensar en mi propia experiencia con mi maestra, Chela De Ferrari. Como los verdaderos maestros, su influencia no la ha ejercido solo en el escenario sino también en la vida. Siento que soy mejor director, pero sobre todo mejor persona, gracias a ella. Desde que me conoció hace 14 años, me dio la seguridad que tanto necesitaba para confiar en mí mismo y hacerle caso a mi intuición; y ahora, más que nunca, me enseña a ver la vida y a agradecerla. Por lo tanto, esta obra es un pequeño homenaje a ella.

Además, Rojo es un proyecto muy especial porque he tenido el placer de gozar en petit comité a dos actores extraordinarios que me han deslumbrado en cada ensayo: Alberto Isola, con quien llevábamos años buscando un proyecto para hacer juntos; y Rómulo Assereto, socio, compañero y hermano de la vida. Ser el primer espectador de su talento ha sido un placer. Y junto a Urpi Gibbons y Luis Alberto León, han logrado crear, estas cuatro personas, gracias a su compromiso e inteligencia, un pequeño universo lleno de confianza, riesgo y apertura emocional que hace que el hacer teatro tenga sentido para mí. No puedo terminar sin dejar de agradecer a mis otros maestros, aquellos que me han nutrido en todos estos años: Aristóteles Picho, Luis Peirano, Bertha Pancorvo, Marisol Palacios y Coco Chiarella. A todos ellos, gracias por sus palabras… siguen resonando en mí, a pesar del tiempo.


Rojo

el proceso


Mark Rothko Alberto Isola Ken Rómulo Assereto

El estudio de Mark Rothko 222 Bowery, Nueva York 1958 – 1959 Obra en un acto Duración: 90 minutos


Equipo creativo

Dirección Juan Carlos Fisher Asistente de dirección Urpi Gibbons Diseño de escenografía Luis Alberto León Diseño de iluminación Mario Bassino Asesoría artística Chela De Ferrari Curaduría Ana María Rodrigo Fotografía Hans Stoll

Producción ejecutiva Natalia Urrutia

Gerencia general Beatriz Orbegoso

Producción de montaje Jane Yogi

Finanzas Diana Fernández

Asistencia en producción Jordana Cova

RR.PP. y coordinación de prensa Lois Távara

Realización de vestuario Emilio Lévano

Prensa FRS

Realización de escenografía Alejandro Espinoza

Publicidad y márketing Lucía De María

Tratamiento de escenografía y reproducción de cuadros Sandra Estela Romero

Relaciones corporativas Luis Manuel Pereyra

Apoyo en escenografía Manuel Costy, Mario Trevejo, Humberto Alfaro, Daniel Paredes , Rubén Sánchez, Héctor Quintanilla, Yony Loli

Diseño gráfico Jessie Laura

Operador de sonido Nelson Morales

Traducción Rómulo Assereto y Juan Carlos Fisher

Operador de luces Jesús Reyes Apoyo en iluminación Abel Loli, Alfredo Portal

Contabilidad Juan Rodríguez


En BanBif es fundamental para nuestra gestión apoyar la difusión de la cultura en el país. Por ello año a año renovamos nuestra alianza con el Teatro La Plaza, con el objetivo de seguir contribuyendo a la producción de actividades culturales en nuestra sociedad.

Agradecimientos

Es un placer invitarlos a disfrutar de Rojo, escrita por John Logan y bajo la dirección del reconocido director Juan Carlos Fisher. La obra nos presenta un mundo donde se confronta el arte con la complejidad humana.

Bruno Ascenzo, Rómulo y Pocha Assereto, Ligier Cáceres, Rafael Cisneros, Hilke Engelbrecht, Juan Carlos Fisher Tudela, Valeria Ghezzi, Paola Isola Kapetanakis, El Pez Limpiapeceras, Rocío Molina, Kike Saco Vertiz Monge, Simon Schama, Cecilia Soto, Patricia Soto, Nishme Súmar, Gonzalo Tello, Sergio Urrutia, Paloma Valdeavellano,

Quiero aprovechar para comentarles que estamos celebrando nuestro 21° aniversario y que este año tendrán muchas novedades de BanBif, reafirmando nuestro compromiso de brindar excelencia en el servicio a nuestros clientes.

Un agradecimiento especial a Ramiro Llona.

Juan Ignacio de la Vega Vicepresidente y Gerente General

Juan Ignacio de la Vega, Javier Bustamante

Nuestro equipo Chela De Ferrari, Marian Gubbins, Els Vandell, Beatriz Orbegoso, Natalia Urrutia, Juan Carlos Fisher, Lois Távara, Lucía De María, Luis Manuel Pereyra, Ricardo Velásquez, Nelson Morales, Alejandro Espinoza, Juan Rodríguez, Diana Fernández, Jane Yogi, Jordana Cova, Ysela Castañeda, Gloria Farfán, Jessie Laura, Ana María Orbegoso, Abel Loli, Paula Castillo, Richard Aliaga, Zoila Castro, Jordan Ruiz, Jano Clavier, Selene Ludeña, Pablo Antonio De los Ríos, María Pía Desulovich, Javier Montoya, Claudia Acuña, Vera Pérez-Luna, Sergio Pérez-Luna, Susan Green, María Teresa Davelouis, Oscar Kid Huapaya, Rayza Revilla, Érika Rodríguez. Outsourcing contable: Pricewaterhouse Coopers. Asesoría legal: Muñiz Ramírez Pérez Taiman & Olaya Abogados. Rojo se estrenó en el Donmar Warehouse (Michael Grandage, director artístico), en Londres, el 3 de diciembre de 2009. El mismo montaje se estrenó en Broadway, Nueva York, el 1 de abril de 2010, producido por Arielle Tepper Madover, Stephanie P. McClelland, Matthew Bryam Shaw, Neal Street Productions, Fox Theatricals, Ruth Hendel / Barbara Whitman, Philip Hagemann / Murray Rosenthal y el Donmar Warehouse. Rojo (Red), de John Logan, se presenta en Lima, Perú, gracias a un acuerdo exclusivo con Creative Artists Agency, Nueva York.


Teatro La Plaza, Larcomar. Informes: 620 6400 / 6206404. www.teatrolaplaza.com


Nuestro material grรกfico estรก enteramente elaborado en papel 100% reciclado

Rojo  

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