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PenĂŠlope no sabe jugar Gatinos I


Agrimbau, Diego - Tao777 Gatinos I - Penélope no sabe Jugar Buenos Aires Galore Editora, 2006 60 páginas, 15 x 21 cm.

Gatinos I - Penélope no sabe Jugar @ Diego Agrimbau - Tao777 Galore Editora Buenos Aires, Argentina Impresión artesanal sobre demanda @ 2006 www.diegoagrimbau.com.ar tao777.blogspot.com


PenĂŠlope no sabe jugar Gatinos I Textos: Diego Agrimbau / Ilustraciones: Tao777


En la ciudad de Gatondia los perros están prohibidos. Pero por una buena razón. ¡Los habitantes de Gatondia son todos gatos! Chiquitos, grandes, peludos, pelados, lindos o feos, todos los gatinos (como les gusta llamarse a sí mismos) viven muy contentos en Gatondia. Aquí tienen todo lo que necesitan, escuelas, quioscos, hospitales, parques, plazas. Todo está hecho a la medida de sus necesidades. ¡Es el paraíso para cualquier gato!


Cada habitante de Gatondia tiene su propia historia para contar. Esta vez vamos a conocer la historia de Penélope, una bella gatina que tenía un gran problema: ¡No sabía jugar!

Penélope vivía con sus padres en una bella casa en las afueras de Gatondia. Ellos la querían muchísimo y siempre cuidaban de que no le faltara nada a su hijita.


Pero un buen día se dieron cuenta que su hija tenía un grave problema: ¡No sabía jugar! 10

Los juguetes de Penélope siempre estaban limpios y nuevos, porque ella jamás los usaba. Apenas los sacaba de sus cajas, iban a parar al armario, y nunca más salían de allí. ¡Era como un cementerio de juguetes!


- ¡Esto no puede ser! ¡A todos los gatinos les gusta jugar! – exclamaba su padre. - Algo tenemos que hacer, querido. ¡Pobre Penélope! Sus papás estaban decididos a resolver el problema sí o sí. 12

Entonces idearon un plan para que Penélope aprenda a jugar.


Un día, Penélope entró a su cuarto y no pudo creer lo que vio. ¡Su padre y su madre estaban jugando con sus juguetes en el medio de la habitación! 14

-¡Vení Penélope! ¡Vamos a jugar todos juntos! – le dijo su padre alegremente. -¡Juguemos a la maestra, a la mamá, o a lo que vos quieras! - exclamó su madre.


Pero de nada sirvió, Penélope les dijo que si querían jugar con sus muñecas, se las regalaba. Ella prefería leer un libro sentada en su ventana. Los padres se miraron sin entender nada. Entonces su padre tomó coraje y le preguntó:

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-Penélope, hijita, ¿te puedo hacer una pregunta? -Sí, claro, papi. –le contestó ella muy sonriente. -¿Por qué nunca jugás con tus juguetes? -No me gusta jugar. Me aburro – dijo Penélope volviendo a su libro. -¡Pero hija! ¡A todos los gatinos les gusta jugar! - ¡A mí no!


Y no hubo caso, PenĂŠlope no querĂ­a jugar. Pero entonces, su madre tuvo otra idea.


Al otro día, despertaron bien temprano a Penélope y le dijeron que tenían una gran sorpresa para ella. Salieron a caminar y luego de recorrer varias calles de la ciudad, llegaron a la juguetería más grande de Gatondia. Una vez allí, le revelaron cual era su plan. 18

-¡Mirá Penélope! ¡Podés elegir todos los juguetes que quieras! –le dijo su padre. -¡No importa el precio! Compraremos todos los que más te gusten continuó su madre. El vendedor se acariciaba las manos, pensando que iba a poder hacer una gran venta, pero Penélope no parecía muy entusiasmada. Caminó por los pasillos de la juguetería mirando todos esos maravillosos juguetes. Elefantes de peluche gigantes, autos de carrera con motor y todo, muñecas que sabían tejer y bailar rock..


ÂĄTodo eso podĂ­a ser para ella!


Sin embargo, Penélope dijo: -Gracias papis, pero no quiero nada. No me gustan los juguetes. 20

Los padres se miraron entre ellos, decepcionados. Sin dar el brazo a torcer, el padre decidió que ellos mismos elegirían los juguetes. Con el tiempo, seguramente Penélope aprendería a quererlos. Y los compraron nomás. Pero a Penélope no le importaba.


La habitación se había llenado de cientos de juguetes que eran la envidia de todos los gatinos del barrio. 22

Sin embargo Penélope estaba más interesada en hacer muñequitos de papel con los envoltorios que en jugar con sus juguetes nuevos. Fue entonces cuando los padres decidieron que ya era momento de pedir ayuda un profesional.


Los padres entonces decidieron pedir ayuda a un famoso médico infatil, el Doctor Mirabochos. 24

Seguramente él sabría encontrar una solución para el problema de Penélope. El doctor le revisó las orejas, la boca y los ojos. Le hizo decir “AHHHH” y le pidió que sacara la lengua.


Luego de meditar varios minutos, el Doctor Mirabochos llegó a una conclusión:

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-Penélope es una gatina muy solitaria –dijo el doctor con su voz de aserrín - Su problema es que no tiene hermanos ni amigos con quienes jugar. -¡Sí que tengo amigos! – exclamó Penélope muy enojada. Y era verdad. Penélope tenía montones de amigas. Con ellas siempre estudiaba, pintaba cuadros, leía cuentos y miraba películas. Pero nunca jugaba.


Al otro día, por recomendación del Doctor Mirabochos, los padres invitaron a las mejores amigas de Penélope. Apenas llegaron, todas las gatinas se abalanzaron sobre aquellos juguetes relucientes, desparramados por el jardín de la casa.

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Carina jugaba con la Mariposa Robot que volaba y prendía sus ojos luminosos, Natalia y Azul jugaban a las carreras de kartings, todo eso mientras Iris se entretenía con las maravillosas muñecas que bailaban salsa y hacían jugos de frutas. Penélope estaba muy contenta al ver a sus amigas tan felices. Sin embargo.. ¡Penélope prefería regar las plantas con la manguera!


-¡Esto no puede ser! - decía el padre. -¡Esta gatina no es normal! - se enfurecía la madre.


El Dr Mirabochos dijo entonces: -El caso es más grave de lo que pensé. Penélope tiene que venir a mi laboratorio para que yo le haga muchos estudios. Allí seguramente encontraremos la solución. Un día después, los padres llevaron a Penélope al laboratorio del Dr Mirabochos.

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¡Penélope no entendía nada! Las enfermeras le pusieron un casco con cables en la cabeza, le mostraron dibujos extraños, le hicieron un montón de preguntas y quien sabe cuántas cosas más. -¿Qué ves aquí? – le preguntó el doctor mientras le mostraba un dibujo extraño que parecía una cucaracha aplastada por un tractor. -Una bella mancha de tintatinta respondió Penélope.


-¿Nada más? –prosiguió – el doctor-- ¡Fijate bien! ¿No ves dos conejitos? ¿Una murciélago? ¿Un sombrero? -No, solo veo una mancha de tinta. ¿Qué tienen de malo las manchas de tinta? - preguntó Penélope.

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Luego de varios estudios, el Doctor Mirabochos llegó a una conclusión y llamó a los padres: -Tengo una mala noticia -les dijo muy seriamente, con su voz de hojas secas. - Penélope no sabe jugar porque no tiene imaginación. -¡Sí que tengo imaginación! - exclamó muy enojada Penélope. Y claro que tenía imaginación. Sólo bastaba con ver sus fantásticos dibujos. A Penélope no le gustaba jugar.. ¡Pero le encantaba dibujar y hacer animalitos de papel!


En su casa había pilas y pilas de sus increíbles dibujos llenos de fantasía: libélulas vendedoras de panchos, sifones policías, sacacorchos bailarines, un escarabajo que jugaba al golf, y muchísimas cosas más. Pero el Dr Mirabochos no se daría por vencido tan fácilmente. 34

¡Penélope aprendería a jugar a como dé lugar! Era el momento de usar su arma secreta: LA MÁQUINA DE JUGAR. ¡Era la última esperanza!


El Doctor Mirabochos quizo sentar a Penélope en una gran máquina de aspecto tenebroso, con muchos brazos mecánicos, engranajes y correas. ¡Penélope no quería ni acercarse a ella! Pero la convencieron dándole chocolates y chupetines. A Penélope no le gustaban los juguetes pero adoraba las golosinas.


Después de saborear todos esos riquísimos chocolates, Penélope aceptó probar la Máquina de Jugar. ¡Capaz que esa era la solución! 36

La máquina comenzó a funcionar y Penélope se moría de risa. ¡El doctor lo había logrado! La Máquina podía jugar por ella, moviendo sus brazos y piernas. Pero algo raro estaba pasando.


En cuanto la máquina dejó de andar, el Dr Mirabochos le dijo:

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-¡Viste Penélope que jugar es muy divertido! -¡Ja! ¡Ja! ¡Nada que ver!ver! le contestó Penélope. -Esta máquina me da muchas cosquillas. ¡Por eso me reía! El último intento del Dr Mirabochos había fracasado. Muy desalentados, los padres volvieron a su casa, tristes y cabizbajos. La única que estaba contenta era Penélope, quien la había pasado muy bien entre tantas golosinas y cosquillas.


Al llegar a casa, su madre se puso a llorar desconsoladamente. Entre lágrima y lágrima se lamentaba por la suerte de su pobre hija: 40

-¡Pobrecita Penélope! ¡Nunca podrá ser como una gatina normal! -Tranquila, querida – la consolaba el padre. -Tal vez cuando sea más grande... Entonces Penélope se puso muy triste. Por su culpa su papás estaban sufriendo.


-Ellos quieren lo mejor para mí, y yo solo los hago llorar. ¡Soy muy mala! -pensó Penélope. Entonces, a la mañana siguiente,mientras los padres desayunaban, un extraño ruido surgió desde el cuarto de Penélope. Los padres corrieron de inmediato a ver qué estaba pasando. ¡Era increíble! ¡Penélope estaba jugando con sus muñecas! 42


¡Sus padres no lo podían creer! ¡Penélope se había curado! Todos parecían muy felices, ahora que Penélope era una gatina normal.


Penélope estaba muy feliz por sus padres. Ya nunca más llorarían por su culpa. Ella solo tendría que jugar un ratito cada día, y listo. Aunque fuera terriblemente aburrido, era un sacrificio que debía hacer para complacer a sus queridos papis.

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Pero la madre de Penélope no era ninguna tonta. Algo sospechaba. Al otro día aguardó tras la puerta de la habitación de Penélope para espiarla mientras jugaba. Y entonces supo la verdad. ¡Penélope estaba fingiendo!


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-¡Hijita mía! –le dijo la madre. –¿Por qué nos mentiste? Penélope entonces se puso a llorar, ya no podía seguir con su mentira piadosa.


-¡Buaaah! ¡Perdón mami! Es que ustedes se ponen tan tristes si yo no juego, que... que... que... ¡Buaaah!

Entonces la madre entendió todo. Penélope era una hija muy buena, tan buena que era capaz de sacrificarse por sus papás.


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Los días pasaron y todo volvió a la normalidad. Penélope seguía sin tocar sus juguetes, como siempre. Pero una tarde, los padres estaban lavando los platos cuando escucharon unos ruidos muy raros que venían desde el cuarto de Penélope. De inmediato, los padres corrieron a ver qué pasaba.


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¡Penélope estaba rompiendo todos los juguetes a martillazos! -¡Penélope! ¡Muy mal! - la retó su madre. - Que no te gusten los juguetes no quiere decir que los puedas destrozar! -¡Sos una gatina muy mala!mala! le dijo su padre - ¡Ahora vas a estar castigada!


- ¡No entendés, Mami! ¡Estoy haciendo un regalo para ustedes! ¡Vengan miren! Penélope llevó a sus padres hasta el jardín. 52


54 ¡No podían creer en sus ojos! ¡Por todos lados se veían unas increíbles esculturas que Penélope había hecho con los pedazos de sus juguetes! Y no estaba sola, todas sus amigas habían ido hasta su casa para ayudarla. -¿Ven? Esto es mejor que tirarlos a la basura. ¿No? Ese día, Penélope, se divirtió como nunca y todos la ayudaron a hacer su Jardín de Esculturas.


Desde ese día, Penélope es conocida como una de las mejores escultoras de Gatondia. Sus esculturas pueden verse en plazas y museos. ¡Y hasta le regaló una al Doctor Mirabochos para que alegre la sala de espera! A partir de ese día, a nadie le importa si Penélope no quiere jugar. Ella es feliz igual.


Penelope no sabe jugar  

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