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BOLETÍN DE ANIMACIÓN PASTORAL DE LA PARROQUIA DEL SANTO CRISTO MILAGROSO RESPONSABLE: P. ARMANDO FLORES NAVARRO

6 DE FEBRERO DE 2011 TERCERA EPOCA No. 491

NI LAICISMO NI FUNDAMENTALISMO Felipe Arizmendi Esquivel Obispo de San Cristóbal de Las Casas

VER Siguen las incomprensiones tendenciosas. La publicación de un partido político se atreve a afirmar que la jerarquía católica “pretende que el Estado ponga en práctica acciones que violen el respeto de los derechos humanos y adopte como práctica la discriminación y la persecución por motivos de diversidad sexual”. Uno de sus líderes dice que no aceptarán ni tolerarán “la intentona de una iglesia que pretende imponerle a los mexicanos su visión única sobre la forma de organización social, política y religiosa”. Acusan a las autoridades religiosas de violar “flagrantemente el artículo 130 constitucional, la convivencia pacífica y la vida democrática. La Iglesia católica mexicana pretende imponer una visión integrista que tiende a convertir los dogmas propios en obligaciones sociales para todos, exigiendo que las leyes se amolden a sus posiciones doctrinales, a través de la coacción y el uso indebido del credo”. ¡No han entendido lo que pedimos: sólo el derecho a ser escuchados y que se revisen algunas leyes, violatorias de derechos humanos! El artículo 130 de nuestra Carta Magna indica que los ministros de culto “no podrán en reunión pública, en actos de culto o de propaganda religiosa, ni de carácter religioso, oponerse a las leyes del país o a sus instituciones”. Depende qué se entienda por oponerse. Nosotros no tenemos facultades para impedir que se cumpla una ley, aunque nos parezca inmoral e injusta. Oponerse sería, en este caso, impedir que se cumpla la ley. Eso no lo podemos hacer. Pero si oponerse implica que no podamos expresar nuestra opinión sobre esa ley, esto violaría nuestro derecho a la libertad de expresión, consagrado también en la Constitución. Es lo que afirma el líder de otro partido político: “La laicidad del Estado no significa callar las voces disidentes a lo que dice el gobierno en turno; la laicidad del Estado es precisamente que todos puedan expresarse sin cortapisas, sin más límites que el mantenimiento del orden público”.

JUZGAR Dijo el Papa Benedicto XVI, en el Angelus del 1 de enero: “Hoy asistimos a tos tendencias opuestas, dos extremos igualmente negativos: por una parte el laicismo, que a menudo solapadamente margina la religión para confinarla a la esfera privada; y por otra el fundamentalismo, que en cambio quisiera imponerla a todos con la fuerza. En realidad, Dios llama a sí a la humanidad con un designio de amor que, implicando a toda la persona en su dimensión natural y espiritual, reclama una correspondencia en términos de libertad y responsabilidad, con todo el corazón y el propio ser, individual y comunitario. Donde se reconoce de forma efectiva la libertad religiosa, se respeta en su raíz la dignidad de la persona y, a través de una búsqueda sincera de la verdad y del bien, se consolida la conciencia moral y se refuerzan las instituciones y la convivencia civil. Por eso la libertad religiosa es el camino privilegiado para construir la paz… La paz no se alcanza con las armas, ni con el poder económico, político, cultural y mediático. La paz es obra de conciencias que se abren a la verdad y al amor”.

ACTUAR ¡Es tiempo de escucharnos en forma civilizada! La democracia se basa en la verdad, la justicia y la libertad. Nunca intentaremos imponer nuestro credo a quien no lo acepte. Imponer una religión, la que sea, sería violatorio de derechos humanos; sería fundamentalismo, que reprobamos, aquí y en países asiáticos y africanos que castigan con pena de muerte la disidencia religiosa. Si en tiempos de la Inquisición eso se hizo, ya pasaron siglos de ello y fueron los gobiernos quienes usaron causales religiosas para impedir la democracia y la libertad. Hoy sólo exigimos que se reconozca el derecho de los ministros de culto, de cualquier denominación, a expresar nuestras creencias, sin las cortapisas que mantienen algunas leyes. No se nos debe callar por el hecho de ser ministros de culto. Somos tan mexicanos como cualquiera, y no es justo que se nos restrinjan derechos fundamentales, como es el derecho a la plena libertad religiosa, que no se reduce a la libertad de culto y de creencia.

Visita la página web de nuestra parroquia: www.parroquia-tanhuato.net


EN CAMINO HACIA LA MADUREZ La madurez afectiva y sexual es alcanzar el máximo desarrollo que puede alcanzar una persona en cuanto a emociones y relaciones humanas, es decir, es desarrollar nuestra capacidad de amar y de ser amados. Pero para poder amar a los demás, necesitamos tener una correcta autoestima por lo cual es necesario primero: Saber aceptarse: 1) Acepta tu cuerpo y tu forma de ser Acéptate como eres; todo tu cuerpo, tal vez tengas alguna cicatriz o haya alguna parte que no te resulte muy atractiva, pero todo tu cuerpo es valioso, cada parte es bella e importante. Acepta tu carácter, todo lo que sientes y piensas es lo que te hace ser quien eres. Acepta tus enfermedades, aprendiendo a vivir con ellas para que se vuelvan más llevaderas. Ama la vida y la naturaleza humana, ya que en ella podemos ver a Dios. Acepta tu inteligencia para que no llegue el resentimiento y la autocompasión. 2) Acepta tus tristezas Piensa esto: hay un fin para todo y también para el sufrimiento y la tristeza. Toma en tus manos tu personalidad, tal como es, con todos sus defectos y colócala en manos del Padre Dios. La Sagrada Escritura dice: "Él (Dios) sabe de qué barro estamos hechos". Dile confiadamente: "Yo acepto mi personalidad y mi modo de ser, porque todo esto es expresión de tu voluntad, y yo amo tu santa voluntad porque tú eres mi Padre y todo lo permites para mi mayor bien". 3) Acepta tu historia Todo lo que has vivido, incluso aquello de lo que ya no quisieras acordarte, ha sido necesario para que seas hoy la persona que eres, así que acéptalo, aprende de ello, reconoce que aún en las peores circunstancias Dios ha estado ahí, recuerda algo, Él es el Señor de la historia, y cuando tú aceptes tu historia personal, invítalo a que Él sea el Señor de tu historia. 4) Acepta tu familia Nadie tuvo la oportunidad de escoger a su familia, podemos escoger con quién casarnos, amigos, trabajo, comunidad religiosa, etc. Pero jamás podremos escoger a nuestro padre, madre, hijos, hermanos y demás familiares, así que en lugar de querer cambiar a los que nos rodean, ¿por qué no los amas?, ¿por qué no aceptarlos tal y como son? Cuando realmente aceptas ser quien eres, es el momento en el que puedes empezar a recorrer el camino hacia la madurez.

DUELO ¿QUÉ HACER? Cuando a una persona se le muere un ser querido o cuando se produce la ruptura matrimonial por separación, divorcio, etc., qué es lo conveniente decir y hacer y qué es mejor no decir ni hacer... Lo que debemos o no debemos hacer 1. No hay que decirle a una persona que desempeñe un papel de desconsolada mujer, o padre destrozado... Cada persona debe poder expresar sus sentimientos como quiera, aunque nos desconcierte algo su postura. Sí le podemos preguntar: ¿Cómo estás hoy? He estado pensando en ti ¿Cómo te va? 2. No debes de decirle a la persona que ha perdido a un ser querido lo que tiene que hacer. Sí debes dedicar más tiempo a oír que hablar. Dedica el 80% de tu tiempo a oír y el 20% a hablarle. 3. No debes de decir "Llámame si necesitas algo"... Sí puedes ofrecer ayudas concretas. Llámale con frecuencia interesándote por lo que puedes hacer por esa persona. 4. No debes decir: El tiempo cura todas las heridas... Sí puedes decir que vendrán momentos difíciles en el futuro, pero que se superarán sin duda alguna. 5. No debes hacer que sean otros quienes presten la ayuda. Sí debes estar cercano a la persona que ha perdido de la forma que sea a ese ser querido. Debes acompañar sin interferir en la intimidad personal o de la vida diaria. 6. No debes de decirle "Sé cómo te sientes..." Sí podemos hablar con mucha serenidad de nuestros sentimientos y cómo fuimos superando nuestra pérdida. 7. No debes utilizar frases hechas: "La vida sigue...", "Otros han pasado por cosas peores..." Sí podemos establecer un contacto físico adecuado, poniendo el brazo sobre el hombro del otro o dándole un abrazo cuando falten las palabras. 8. No debes intentar que la persona se dé prisa en superar el dolor. Sí debes tener paciencia con la persona que ha perdido a su ser querido y permitirle compartir los recuerdos del ser querido. 9. No debes dar falsas esperanzas. Sí tienes que ser realista. Explicarle que el dolor por la pérdida siempre estará ahí, pero que lo vamos encajando para que podamos vivir con él. Hay que poner el dolor en el lugar exacto de nuestra vida que menos no afecte. 10. No debes recurrir al esoterismo (videntes, espiritistas, etc.) como consuelo. Sí puedes ofrecer tu más sincera amistad en diálogo y trabajo por la persona herida. Dios puede dar respuestas en la vida que nosotros ni tan siquiera imaginamos...


AUTOCONFIANZA: ¿CONFÍAS EN TI MISMO? mucho mejor realizar pocas tareas con convencimiento que muchas con inseguridad. 2.- Saber estar en cada situación. No podemos dejarnos llevar por la presión de las personas que estén en ese momento a nuestro alrededor. Tenemos que aprender a manejar nuestros sentimientos para que no nos hieran. Hay que saber también digerir la presión que los demás ejercen sobre nosotros. Si la presión que ejercen los otros es mayor que nuestra autoconfianza entonces nos encontraremos perdidos. ¿Cómo vas a confiar en los demás si no confías en ti mismo? ¿Te pones nervioso cuando tienes que hacer algo, por ejemplo: cuando tienes que hablar en público, cuando tienes que ir a hablar con alguien importante, etc. ¿Eres capaz de expresar tu opinión libremente delante de quien sea? - ¿Por qué se produce la inseguridad en muchas personas? En muchos casos se debe a la falta de confianza en sí mismas. Estás inseguro porque no confías en ti mismo ni en tus propias posibilidades. Nuestra inseguridad la detectan las demás personas. Cuando nos encargan un trabajo y lo hacemos poco convencidos de los resultados los demás notan nuestra falta de autenticidad y poco a poco dejan de confiar en nosotros. ¿Le encargarías tú un trabajo de responsabilidad a una persona que no confíe en sí misma ni en sus posibilidades? - ¿Cómo se puede ir creciendo en la autoconfianza? Para lograr confianza en nosotros mismos tenemos que tener bien claro dos bases fundamentales: 1.- Tenemos que tener los saberes y destrezas para hacer algo. Nunca tenemos que meternos a hacer algo que no dominamos bien, ya que si no logramos hacerlo bien lo que va a ocurrir es que empecemos a desconfiar de nosotros mismos. Es mejor hacer poco y bien que mucho y mal. Es

De la vida Parroquial Bautismos

El día 30 de enero 2011, por el Sacramento del Bautismo administrado por el P. Armando Flores Navarro, se incorporo al Pueblo de Dios: Vianney, hija de Carlos Alberto López Cortes y Andrea Montejano Ávalos, vecinos de El Calvario, Mich. Diego Gerardo, hijo de Gerardo Cortez Arce y Miriam Rafaela Guillen García, vecinos de Tarimoro, Mich.

La primera condición que se necesita para ganar confianza en uno mismo es querer crecer en la confianza personal. Si no estás convencido de esto todo lo que hagas será ineficaz. - Examina tu falta de confianza: ¿Por qué se produce esa falta de confianza en ti mismo? Si se debe a que no sabes hacer las cosas, a carencias de madurez técnica, lo mejor es la formación. Hay que aprender y desarrollar nuestros conocimientos y habilidades. ¿Te pones “nervioso” o te puede el miedo o las personas que están en ese momento? Entonces esto es un tema de inmadurez psicológica. Ante esto podemos hacer varias cosas que de seguro nos ayudarán: - Ensaya las situaciones que te ponen nervioso. Imagínate que de verdad estás nervioso. Mira cómo sudas, cómo tiemblas... Esto te ayudará a irte “vacunando” ante las situaciones reales. - Aprende a controlarte como si estuvieras viviendo de verdad la situación que tanto te atormenta. Imagina por un momento que tienes que realizar el control de una situación concreta. ¿Cómo lo harías? ¿Qué aspectos tienes que dominar? ¿Cómo puedes controlar tu pensamiento? En la medida que vayas desarrollando los remedios entonces empezarás a ir dominando tus faltas de autoconfianza, no antes.

Obituario

El día 29 de enero de 2010, falleció el Sr. Carlos Segura, vecino de Tanhuato, Mich., el día 29 se celebró la misa exequial en el Santuario del Santo Cristo Milagroso y fue sepultado en el panteón municipal El día 30 de enero de 2011, falleció el Joven Marcos Israel Valladolid Gil, vecino de Tanhuato, Mich., el día 2 se celebró la misa exequial en el Santuario del Santo Cristo Milagroso y fue sepultado en el panteón municipal.


El evangelio del domingo

SAL Y LUZ

Si los discípulos viven las bienaventuranzas, su vida tendrá una proyección social. Es Jesús mismo quien se lo dice empleando dos metáforas inolvidables. Aunque parecen un grupo insignificante en medio de aquel poderoso imperio controlado por Roma, serán «sal de la tierra» y «luz del mundo». ¿No es una pretensión ridícula? Jesús les explica cómo será posible. La sal no parece gran cosa, pero comienza a producir sus efectos, precisamente, cuando se mezcla con los alimentos y parece que ha desaparecido. Lo mismo sucede cuando se enciende una luz: sólo puede iluminar cuando la ponemos en medio de las tinieblas. Jesús no está pensando en una Iglesia separada del mundo, escondida tras sus ritos y doctrinas, encerrada en sí misma y en sus problemas. Jesús quiere introducir en la historia humana un grupo de seguidores, capaces de transformar la vida viviendo las bienaventuranzas. Todos sabemos para qué sirve la sal. Por una parte, no deja que los alimentos se corrompan. Por otra, les da sabor y permite que los podamos saborear mejor. Los alimentos son buenos, pero se pueden corromper; tienen sabor, pero nos pueden resultar insípidos.

Es necesaria la sal.

El mundo no es malo, pero lo podemos echar a perder. La vida tiene sabor, pero nos puede resultar insulsa y desabrida. Una Iglesia que vive las bienaventuranzas contribuye a que la sociedad no se corrompa y deshumanice más. Unos discípulos de Jesús que viven su evangelio ayudan a descubrir el verdadero sentido de la vida. Hay un problema y Jesús se lo advierte a sus seguidores. Si la sal se vuelve sosa, ya no sirve para nada. Si los discípulos pierden su identidad evangélica, ya no producen los efectos queridos por Jesús. El cristianismo se echa a perder. La Iglesia queda anulada. Los cristianos están de sobra en la sociedad. Lo mismo sucede con la luz. Todos sabemos que sirve para dar claridad. Los discípulos iluminan el sentido más hondo de la vida, si la gente puede ver en ellos «las obras» de las bienaventuranzas. Por eso, no han de esconderse. Tampoco han de actuar para ser vistos. Con su vida han de aportar claridad para que en la sociedad se pueda descubrir el verdadero rostro del Padre del cielo. No nos está permitido servirnos de la Iglesia para satisfacer nuestros gustos y preferencias. Jesús la ha querido para ser sal y luz. Evangelizar no es combatir la secularización moderna con estrategias mundanas. Menos aún hacer de la Iglesia una "contrasociedad". Sólo una Iglesia que vive el Evangelio puede responder al deseo original de Jesús.

EL CORAJE DE NO SER PERFECTOS Los seres humanos tendemos a aparecer ante los demás como más inteligentes, más buenos, más nobles de lo que realmente somos. Nos pasamos la vida tratando de ocultar nuestros defectos para aparentar ante los demás y ante nosotros mismos una perfección que no poseemos. Los sicólogos dicen que esta tendencia se debe, sobre todo, al deseo de afirmarnos ante nosotros mismos y ante los otros para defendernos así de su posible superioridad. Falta en nosotros la verdad de «las buenas obras» y llenamos nuestra vida de palabrería y de toda clase de disquisiciones. No somos capaces de dar al hijo un ejemplo de vida digna, y nos pasamos los días adoctrinándolo y exigiéndole lo que nosotros no vivimos. No somos coherentes con nuestra fe cristiana, y tratamos de justificarnos criticando a quienes han abandonado la práctica religiosa. No somos testigos del evangelio, y nos dedicamos a predicarlo a otros. Tal vez, hayamos de comenzar por reconocer pacientemente nuestras limitaciones e incoherencias, para poder presentar a los

demás sólo la verdad de nuestra vida. Si tenemos el coraje de aceptar nuestra mediocridad, nos abriremos más fácilmente a la acción de ese Dios que puede transformar todavía nuestra vida. Jesús habla del peligro de que «la sal pierda su sabor». San Juan de la Cruz lo dice de otra manera: «Dios los libre que se comience a envanecer la sal, que aunque más parezca que hace algo por fuera, en substancia no será nada, cuando está cierto que las buenas obras no se pueden hacer sino en virtud de Dios». Para ser «sal de la tierra», lo importante no es el activismo, la agitación, el protagonismo superficial, sino «las buenas obras» que nacen del amor a ese Dios que actúa en nosotros. Con qué atención deberíamos escuchar hoy en el interior de la Iglesia estas palabras del mismo Juan de la Cruz: «Adviertan, pues, aquí los que son muy activos y piensan ceñir el mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios... si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración». De lo contrario, según el místico doctor, «todo es martillear y hacer poco más que nada, y a veces nada, y aun a veces daño». En medio de tanta actividad y agitación, ¿dónde están nuestras «buenas obras»?


Boletin Camino