Page 1

Año 2, N° 13, MAYO de 2009, Magazine DE distribución gratuita,

Edición de Aniversario, México

Ilustración EvilEssence/ DeviantART / Foto Caligaris IMACO/F.

Desde

Córdoba

capital...


04

Editorial

12+1

T

angente: un año disparando letras, imágenes y colores en los pavorosos remolinos de polvo, renunciado a lo predecible y a balazos en anuncios. Un año de hacer desorden, de negarnos a guardar silencio con las estrellas del caos, de viajar entre lo kitch y el tiempo libre; entre un mezcal de maguey tripón y uno de maguey largo; entre las delicias de una mujer con corazón de hombre, el guiño de la vida y aquello que llamamos nostalgia. Un año de filias y fobias, de escuchar una voz que musicaliza la nostalgia del millo y el tambor, de amigos invisibles que cazan letras para recuperar el tiempo perdido o para olvidar. Un año de acumular noches gañoteras, bailoteando entre el dolor más rasposo, la euforia de beberecuas

y la lucidez etílica. Un año de jugar con la mixteca raza chilanga, de regocijarnos electroacústicamente, de meternos en espirales, de armar revoluciones, de caminar con gitanos westerns, de atenciones personalizadas, de prestar oídos a las voces que se mantienen fuera de los convencionalismos informativos. Un año de drogos y motorolos, de kilómetros recorridos, de casetas, de colchonetas, de memelitas y tlayudas, de pisar el acelerador, de condenarnos a oír. Un año fieles a la palabra, al asombro y al conocimiento, privilegiando la transformación y la continuidad de un mundo vital en el que se permite toda espontaneidad. Un año tocando tu vida: todo aquello que presuma ser completo, lo es Tangente.

directorio Rodolfo Villagómez P. Director general editorial rodolfo@tocatuvida.com Renato Galicia M. Director editorial renato@tocatuvida.com Fabián Aranda Calderón de la Barca COORDINADOR MUST fabian@tocatuvida.com María Lu Mendoza Arturo Ríos Alejo Harlen Vega Soria Rodrigo Villegas Ruster Giovanni Gómez Luis Manuel Ortiz Equipo editorial Abigail Matías O. Ilustración Carlos Salazar Director Financiero carlos@tocatuvida.com Raúl Jiménez Director de Arte y diseño raul@tocatuvida.com Javier Villagómez P. Dirección planning México javier@tocatuvida.com Integral Media Arts Comunication Dirección Internacional Información y ventas editorial@tocatuvida.com ventas@tocatuvida.com tocatuvida@hotmail.com Móvil: 951.155.72.84 / 951.141.47.65

www.tocatuvida.com Edición de Aniversario dedicada a: Rucus y Sugar

Ilustración: Abigail Matías O.

Año 2, N° 13, mayo 2009. Tangente toca tu vida® es una publicación mensual editada y distribuida por Imaginario Colectivo/ Agencia de Comunicación bajo la dirección internacional de Integral Media Arts Comunication para América Latina. Editor responsable Rodolfo Villagómez P. Reservas de derechos al uso exclusivo del título en trámite, Certificado de licitud de título en trámite, Certificado de licitud de contenido en trámite, ante la Comisión Calificadora de Publicaciones y revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. El contenido de los artículos firmados no refleja necesariamente la opinión del editor. Los artículos contenidos en esta publicación, con excepción de las imágenes, podrán ser reproducidas siempre y cuando se cite la fuente, solicitándolo previamente por escrito al editor. Impreso en Oaxaca, México, Formas Continuas España S.A. de C.V. Tangente toca tu vida® no realiza intercambios de publicidad, ni acepta cortesías a cambio de reportajes, garantizando un punto de vista independiente. Tangente toca tu vida® investiga sobre la seriedad de sus anunciantes, pero no se responsabiliza por las ofertas o informaciones expresadas por los mismos. www.tocatuvida.com


tocatuvida.com

mayo 2009

Pet Society

El mismísimo Diablo >> María Lu Mendoza

N

uestra realidad concreta desaparece envuelta en un juego aleatorio de símbolos y simulaciones. La masificación de la tecnología nos somete a nuevas reglas, subjetiva nuevas formas de convivencia, nuevos estilos de vida. Sobre todo los jóvenes nos sentimos cada vez más cómodos con la distancia, con la seguridad de lo lejano. Demandamos, buscamos y creemos en las imágenes. La prueba son las redes sociales y los sistemas de mensajería instantánea. Los paradigmas que se originan de estas nuevas formas de relación nos vuelven seres intangibles, menos reales, más acordes con algún sistema imaginario que opera en nuestros cerebros y que se alimenta de imágenes superpuestas e idealizadas: en la virtualidad somos lo que nos gustaría ser en la realidad.

Una mañana singular una amiga me incita a descubrir el Pet Society. Sólo dijo: “Tienes que entrar, es la onda”. Débil como soy, entré y aún no descubro la salida. La pregunta es por qué, por qué una vez más caemos en las trampas de la virtualidad. No nos basta con Facebook, Hi5, MySpace, Sónico, etc. El mundo salvaje del comercio no perdona, no descansa, nos necesita y se alimenta de nuestra falta de voluntad o fascinación instantánea ante los colores, las formas, en pocas palabras: ante la imagen. El caso del Pet Society es por demás interesante. Un juego creado como una droga, adictivo hasta para los más reacios. Básicamente funciona así: creas una mascota virtual que actúa como extensión de nuestra propia piel, la caracterizas según tu imaginación y posibilidades. Esa mascota vive en una villa, en ella se encuentran las casas de


FZ10

07

tus amigos y varias tiendas. El juego te asigna una casa al principio pequeña con una sola habitación, mientras más avanzas, la casa se amplía hasta llegar a un máximo de nueve habitaciones. Hasta ahí todo resulta muy normal. La situación se complica al ver a tu mascota desnuda y sin muebles; es decir, pobre. El negocio del Pet es comprar, para ello tu mascota necesita dinero y hay varias formas de obtenerlo: visitar a las mascotas de tus amigos es la más fácil, por cada visita obtienes treinta monedas, así se multiplica tu dinero, dependiendo de tu popularidad; los paseos por la villa te traen ganancias, ya que de los árboles, contrariamente al dicho, literalmente cae dinero; otra es compitiendo en el “Estadio” de las mascotas o apostando; bañar, acariciar, jugar o alimentar a tu mascota también te da una buena cantidad de monedas. Lo singular de este juego es que se pueden comprar monedas por medio de tu tarjeta de crédito real. Al principio pensé que era una broma eso de que la gente gastara su dinero real en un juego; sin embargo, al visitar varios blogs y foros dedicados al Pet Society me di cuenta que era cierto. El Pet Society cuenta con más de 5.8 millones de usuarios en todo el mundo. Aunque en un principio pareciera un juego para chicas, ha superado esa barrera: hombres y mujeres lo juegan con la misma adicción. El juego se obtiene perteneciendo a alguna de las redes sociales más populares, como Facebook o MySpace. Se han reportado casos de grave adicción, algunos síntomas son el descuido de responsabilidades laborales o escolares, fuerte ansiedad, obsesión por alimentar a la mascota o ganar premios como una popo dorada, intenso placer y culpa al jugar, mentir en cuanto al tiempo que se dedica a ello y el gasto de dinero real para comprar muebles virtuales. Las nuevas formas de relación que configuran este tipo de juegos sobrepasan las fronteras y son altamente complejos en torno a las motivaciones y a las repercusiones en la vida privada de las personas. Nos enfrentamos entonces a un proceso mediante el cual un espacio virtual personifica las relaciones humanas ideales, donde las gratificaciones a nivel psicológico y emocional se desbordan, paliando y evadiendo la realidad en la que el consumo masivo de bienes está negado para más de la mitad del mundo. Ya no basta consumir en la realidad, ahora la satisfacción de consumir es llevada al límite virtual. Algunos autores de ciencia ficción plantearon el consumo virtual como un mero placebo espiritual, ahora es una realidad. Si se piensa fríamente es preferible consumir algo intangible que seguir devorando nuestra preciosa Tierra. Si no me cree, intente salir bien librado del Pet Society, intente salir de la marejada de deseo que le provocará comprar y comprar. O mejor manténgase a salvo y lejos del Pet Society. Ya lo dijo mi amiga: “Es el Diablo”. Fotos: Playfish Ltd.


tocatuvida.com

mayo 2009

Pan sin lo mismo

Paté de Fuá >> Fabián Aranda Calderón de la Barca

P

an con lo mismo. Una frase harto repetida que evidencia el aburrimiento. Pan con lo mismo: mermelada, mantequilla, mayonesa. Pan con lo mismo al leer el periódico o encender la radio. Pan con lo mismo en los cuartos de hotel. Pan con lo mismo las nuevas corrientes, sean éstas artísticas, políticas o eléctricas. Pan con lo mismo y lo mesmo de siempre bajo el sol que bosteza igualmente aburrido. Quizá el problema sean las etiquetas. Así o asado. Izquierda, derecha o centro. Elitista o popular. Las variantes son infinitas. La enorme paradoja democrática: diversidad vs homogeneización; pluralismo vs unificación. Aquí y allá se colocan etiquetas. Todo muy bien ordenado para no perderse en los matices. Todo minuciosamente acomodado para poder controlarlo, medirlo, manipularlo. Demostradísimo que a todo orden corresponde siempre una entropía que vendrá a partirle el alma en quién sabe cuántos trozos. Tanto más cuando se trata del arte y las mentiras que se cuenta. Tantísimo más cuando de música hablamos y una panda de fichas bravas se revela ante el tedio de colocarse una etiqueta. Fastidiados del mismo pan con lo mismo untado, suelen salir a luz propuestas que sacuden los oídos y refrescan la memoria con sonidos olvidados en el frenesí de lo inmediato. Congregaciones de profetas que plantean botar el tarro de la mermelada y explorar sabores desconocidos, redescubrir antaños o fundirlos entre sí, sin que la cosa acabe siendo arroz con mango. Mandemos de paseo a la mantequilla para untar en este pan un sabor sencillo: Paté de Fuá.

Mugidos nostálgicos Para los paladares conocedores, el foie gras es más que una delicia. Uno más de los excéntricos refinamientos de la gastronomía francesa, elaborado a base de hígado de pato o de oca. Y ya se sabe que acá siempre andamos Alexis Ruíz .

agenciándonos lo ajeno para darle nuestro singular toque: “El paté de fuá es la versión argentina del paté de foie gras, pero es una versión muy chafa que vale diez pesos la latita, yo creo que el paté de fuá argentino debe ser de hígado de vaca”, asegura Yayo González, voz y guitarra de esa agrupación que ha venido a renovar el escenario musical a punta de nostálgicos mugidos. Pero esta renovación mira al pasado. “Antes la música tenía otro desarrollo, era un poquitito más organizada. En la música más moderna o lo que se le llama ‘música moderna’ hay otras licencias, existen más facilidades, lo cual es otro camino, no es que esté demeritando nada. La música de Paté de Fuá está más ligada a lo arreglos, al desarrollo de una idea musical”, comenta Yayo. “Nosotros trabajamos más como una orquesta, tenemos influencias de músicas donde los conjuntos musicales trabajaban de manera diferente, en esa época no eran tan individualistas como la mayoría de los proyectos de la música de hoy en día. Paté vuelve a eso: donde cada músico o cada integrante trabaja como un engranaje en función de una pieza. Tratamos de priorizar que la estrella o el protagonista sea la pieza en sí. No son los músicos los que tienen un papel en la pieza, más bien son los instrumentos”. Cada canción de Paté de Fuá redescubre las posibilidades sonoras de los instrumentos. Un contrabajo que se ríe dentro de un armario; un vibráfono dando saltos de tejado en tejado; un acordeón que se bambolea como una ola; una trompeta abriendo las ventanas de un burdel; una batería que charla como los dedos de un fumador; una guitarra recorriendo la escamosa piel de una iguana. Súmele banjos, bandoneones, cavaquinhos, clarinetes, saxofones. Súmele también hambre viajera y entonces podrá aproximarse al sonido de Paté. Suena a demasiadas complicaciones, a artilugios retorcidos difíciles de digerir, pero lo cierto es que “de todo el material de Paté lo que más resalta es que es un intento de hacer un material claro, ya sea desde la letra o desde la música, lo cual no significa que sea simple, es muy complejo, muy pero muy complejo”. Gabriel Puentes tocando el llamado Chupófono.


Chapulín

Yayo González. Fotos: IMACO /F. Bien podría decirse que la música de Paté de Fuá más que un viaje es un medio de transporte. A veces un tren cargado de alegría, en ocasiones la proa de un barco extraviado o un camión repleto de rostros ajenos. El destino no interesa demasiado, ese es responsabilidad del escucha. ¿A dónde nos lleva la música de Paté de Fuá? A ningún sitio en especial. Cada pieza tiene un toque particular que lleva a crear y recrear parajes multiformes. Cada historia posee una invitación a cantar y decantar la memoria.

Gillermo Peralta y Víctor Madariaga. sobre todo un manojo de sentimientos desbordantes conforman el sonido de Paté de Fuá. Un exhorto al sueño, un homenaje a la memoria, una invitación a seguir viajando. Un pan sin lo mismo de siempre. Un delicioso pan con paté.

Sello de casa “Paté es una banda que es muy fácil de identificar, porque es bien distinta a todo lo demás, eso no le guste a quien no le guste. También creo que todo el mundo está un poquitito cansado de escuchar siempre lo mismo; el horizonte musical es muy estrecho”, comenta Yayo. Por eso no asombra que la música de una banda tan singular florezca en el corazón de la gente. Como tampoco asombra el silencio de los grandes difusores. Al final es un asunto sin importancia, pues la música de Paté de Fuá ha sabido buscar su camino en el boca a boca. Como en los viejos tiempos, las canciones han tomado su propio andar y probablemente pueda vérseles en caminos inhóspitos o en hoteles de lujo. Caminando siempre con un ojo puesto en el horizonte y el otro en el pasado, en la nostalgia, con una sonrisa tatuada en el rostro. Y es que “la nostalgia es uno de los sentimientos más nobles que hay a nivel artístico. Lo más fácil es extrañar algo que pasó. Del sufrimiento sale todo pero no significa que estemos sufriendo”, comparte la voz de Paté. Claridad, entusiasmo, añoranza, un toque de locura, una cucharada de rigor, hartas pizcas de imaginación y

09

Música Moderna Paté de Fuá 2007 Ramillete de flores variopintas: margaritas tangueriles con aroma arrabalero; tulipanes dixie de colores sepia; gladiolas foxtroteras caprichosamente engarzadas; azucenas musette com pétalos aterciopelados; amapolas pasodoble de efectos suculentos. Ideal para conquistar y/o despotricar a/en contra de cualquier voluptuosa dama o en su defecto para acompañar las ausencias con un vaso de su etílica bebida predilecta.


tocatuvida.com

mayo 2009

Preparen, apunten…

Enemigos íntimos >> Arturo Ríos Alejo

P

resas hay muchas. ¿Quién no intentó de niño --acaso de adulto-- contener una pequeña corriente de agua con una obra maestra de la ingeniería de arena, a pesar de las hormigas y las cochinillas desplazadas? Eso es una cosa, porque otra muy distinta es la construcción de enormes presas que sepultan iglesias, escuelas, panaderías, balcones, plazas. El cura, los maestros y los niños, el panadero y la guapa que va por el pan, los ancianos no suelen ser inundados, basta con que tomen sus cachivaches y sus recuerdos y se los lleven para otro lado. La escritora india Arundhati Roy ha sido en buena medida la vocera de los desplazados de su país que, a causa de las presas y en particular de la presa Sardar Sarovar, han sido echados de su tierra sin merecer la imaginación de nadie. En la película Balzac y la joven costurera china asistimos al momento en que los rincones de un viejo pueblo jamás podrán volver a ser visitados --a no ser que se practique el buceo o al menos se esnorquelee--. En México esta Valle de Bravo, que exporta toda la energía que produce a la Ciudad de México; La Parota, que tuvo una encarnizada defensa de parte de los pobladores. Según Juan Villoro, en la famosa presa de Necaxa resuenan las campa-

nas de la vieja iglesia cada vez que ganan los Rayos, lo que no es demasiado frecuente. Por cierto, ¿eso es Necaxa?, ¿el recuerdo de los goles de Ivo Basay y Aguinaga?, ¿un pueblo inundado?, ¿una presa? En la presa Vicente Guerrero hay pesca divertida. En el tierno sitio de “México armado”, por ejemplo, uno puede entrar en contacto con otros cazadores para saber en qué temporada es bueno tomarse unas vacaciones e ir a pescar. Es curioso, o más que curioso interesante el nombre de la presa. Todos sabemos quién es Vicente Guerrero, el de las monedas de 20 viejos pesos. Ése, el de abracitos en Acatempan con Iturbide, cuyo perfil, por su parte, jamás ha estado en ninguna moneda. Prácticamente todo el tiempo enemigo de Guerrero, cuentan que sólo al final y de mala gana Iturbide quiso darle un abrazo a aquél. Pero al parecer esto jamás sucedió. Como quiera que sea, fueron, digamos, un ejemplo más de enemigos íntimos. La Sacrosanta Historia Oficial nos enseña que Iturbide, primer emperador de pacotilla, es de pacotilla y no tan bueno como Vicente Guerrero, indómito insurgente que, él sí, concluyó la independencia de México. Es más, hace como ochenta años, para ser imprecisos, cuando se discutía mucho de historia en el Congreso, el diputado Antonio Díaz Soto y Gama,

Foto: Panorámica Escuela en presa Vicente Guerrero by Roberto.


C´est

furibundo, estuvo a punto de romper la bandera mexicana, de colores insoportablemente iturbidistas. Y lo hubiera hecho de no haber vivido empistolados tiempos en que se cortaba cartucho por mucho menos. Iturbide y Guerrero: ni en la muerte hay tregua para ellos. “Nos vemos en el infierno o en los libros de texto”, que para el caso es lo mismo, podrían haberse dicho estos formidables enemigos. Iturbide fue fusilado en un rincón de la plaza de Padilla. O viejo Padilla. Viejo porque no existe más, en 1971 sus habitantes fueron definitivamente desalojados para que vieran cómo se inundaba su pueblo virreinal a fin de formar un maravilloso lugar vacacional y de pesca recreativa, la presa que llevaría el nombre, por qué no, del héroe Vicente Guerrero. Ahora existe Nuevo Padilla. En México Desconocido, Homero Adame entrevista a don Eulalio, viejo poblador del más olvidado Padilla: “Cuando Iturbide fue fusilado, Padilla murió con él. El destino estaba escrito como una maldición que se cumplió. La gente vivía feliz, pero el fantasma de un asesinato nunca lo dejó descansar. Y luego nos cambiaron a Nuevo Padilla. Pero la vida ya no es la mesma. Nuestro pueblo se acabó”. Yes, don Eulalio, c’est fini… pero qué sabrosas historias de pesca deportiva no se urdirán en la Vicente Guerrero.

11

Foto: Viejo Padilla by smbiosis.

Foto: Atardecer en presa Vicente Guerrero by Daniel Covarrubias.


tocatuvida.com

mayo 2009

Leyendas urbanas

La Risa

del Tigre

Parroquianos y barra de la pulquería La Risa, Mesones 71, Centro Histórico, México, D.F. Fotos: IMACO/J


Chido

>> Renato Galicia Miguel Es una tradición que se ha vuelto moda: se llamaba Centzontotochti o “Cuatrocientos Conejos”, es decir, 400 maneras de ser borracho, nos dice fray Bernardino de Sahagún, y era vino de dioses, sacerdotes y guerreros sagrados; ahora se le conoce como pulque o, ya poco, neutle. Siempre ha sido bebida de todo tipo de ebrios y teporochos en las pulquerías en vías de extinción de la Ciudad de México, pero de un tiempo para acá se ha vuelto furor entre jóvenes estudiantes: como en La Risa legendaria o en esa especie de estanco insólito que se llama y es El Tigre.

La Risa

“Q

ué tal un curadito de piña, güey, con estos 30 grados de mayo, sale, papas, vamos a la pulquería La Risa, la del Centro, en el 71 de Mesones: las clases pueden esperar, de Popotla, donde están las escuelas del Poli, al metro Isabel la Católica, caminamos; aquí es, pero todavía no son las once, hora que abren, esperemos, veamos la mañanera vida callejera: órale, mira, el de la bici le grita al teporocho medio pirado, ‘prepárala , prepárala ya’, y él saca la anforita, le vacía un pegue al refresco de toronja… sale, ya estuvo. La Risa es centenaria, imagínate, nació hace 105 años: por dentro es igualita a las de antes, las de teporochos, los de “tres por ocho”, con mesas y bancas austeras, mingitorio a la vista y W.C. con llave, pero ahora los de cajón son puro chaval, aunque todavía se cuela uno que otro viejón. ¿Qué toman?: ¿qué hay?; curados de piña, guayaba, avena, limón y jitomate: piña. ¿Botana? Frijoles negros con arroz y tortillitas. Va, ponte”. Don Jesús Juárez Dávila tiene 73 años. Es el encargado de La Risa, antes lo fue de El Gorjeo, en Mixcoac, y más antes de Los Chupamirtos, en La Merced. A los 16 años emigró de su natal Santa Mónica, estado de Hidalgo, donde allá por 1950 “había mucho pulque, mucho tinacal, no como hoy, cuando ya nadie lo hace ahí”, ahora “nos surten de Nanacamilpa, Tlaxcala”. Eran tiempos en que en el Distrito Federal existían mil 400 pulquerías y el pulque llegaba por ferrocarril a San Lázaro, Buenavista, Peralvillo y Tlatelolco. Vino con su hermano Lino, quien ya murió, empezó como mesero en la pulquería Los Perros, luego, a los 20, se hizo responsable de una y después de otra y así. Lleva 15 años en La Risa, donde vende entre 100 y 200 litros diarios a casi puro estudiante: hay “mucho joven que quiere que siga la tradición del pulque”, platica... --¡Quiubo tú, “Chilaquila”!, ¿no que ya te habías muerto? –grita don Jesús a una mujer que pasa a saludarlo. --Quien se había muerto eras tú, porque vine a ver y ya estaba clausurado aquí. --Sí… me la clausuraron. “Fue una jalada, primero cerraron La Hija del Apache y luego La Risa. Si el pulque es vida; ahora a dónde va a tomar la banda de la ENEP… Panchita no obligaba a nadie a fumar, incluso te mandaba a la gaver si te veía fumando, lo firmo y lo confirmo: fui uno de ésos que la Pancha corrió, pero en fin, otra vez abrieron La Risa, sólo que ya no está Panchita y no dejan entrar pubertos’, parla el personal en Internet, mientras, adentro de la pulquería de leyenda las súper ultra mega jóvenes Sabina y Daniela, futuras ingenieras del IPN, precocísimas retro fans lo mismo de Nirvana que de Janis o Led Zeppelin, degustan al mediodía de san lunes un pulque curado de piña, porque ‘tiene una textura única y es muy diferente al tequila o al vodka’, en tanto que César y Jesús, que van para biólogos, cantan al son del karaoke: ‘Y llegaste tuuú’… mientras la jarra de curado de avena reposa en la mesa.”

15


tocatuvida.com

mayo 2009

Carretera libre a Cuernavaca, Km 31, cabaña El Tigre, después de la curva. Fotos: IMACO/J

El Tigre “A

hora vamos con el ‘Tigre’, a echarnos un pulquito, ahí sí, de a ‘jodido’, o al natural, pues. En un lugar insólito que transpira puritita vida. Nos subimos al coche, jalamos para Topilejo, todavía en la delegación Tlalpan, paramos exactamente en el kilómetro 31 de la carretera libre a Cuernavaca, en un tendajón donde venden elotes, quesadillas, tacos y, el manjar de la casa, pulque de Huitzilac, Morelos. Cuando se conoce al ‘Tigre’ ni se imagina uno el personaje del que se trata: paradójicamente su figura bonachona y su carácter bondadoso no le dicen a uno todo lo que es. Pero se intuye. Tanto que la primera vez que estuve ahí después de un rato, un tanto en broma, un tanto en serio, le solté: ‘A mí no me engaña, usted es chamán nagual, un tigre chamán nagual’. Je, je, sonrió nada más, con ese estilo misterioso que es su sello. Seguro que estábamos ante uno de esos viejos de los que sencillamente se piensa: ‘Es un cabrón”. Ni siquiera necesitó que le buscaran apodo, nació “Tigre”: “Soy Cándido Hernández

Pérez, ora sí que Pérez, je,je,je, nací merito en Chapa de Mota, Estado de México, en 1940. A los seis años me quedé huérfano de padre. Fue entonces cuando venimos a ver a Topilejo a mi hermano Juan, el mayor y el único hermano, porque nada más fuimos dos, y me quedé. A mi madre aquí la tuve y aquí la enterré. Crecí, empecé a agarrar la yunta y a sembrar elote, le trabajé a mi patrón Eulalio Olmos como cincuenta hectáreas un tiempo, hasta que murió. Los terrenos los compró un español y con él estuve como 30 años. Al pulque lo agarré desde chamaco, como a los doce años empecé a tomar, también muy joven comencé a raspar el maguey, luego que me junté, como a los 20, con mi mujer Marcelina, porque mi suegro Nazario Olmos tenía magueyeras por allá y por acá, no como ahora que ya sólo uno que otro raspa en Topilejo. Primero comencé a vender dentro del pueblo, en Cuauhtémoc 6, y aquí en el 31 llevo como 20 años. Vendo elotes, quesadillas, tacos, y antes también vendía barbacoa, pero desde que me enfermé de la gota ya no, porque es una friega. Pero ya qué, tuve siete hi-

jos, jugué futbol 30 años, bebía pulque todo el día si quería, era bueno para los chingadazos… Que por qué el ‘Tigre’. Sólo recuerdo que desde siempre me han dicho así”. --“Tigre” para el futbol, el pulque, los chingadazos, ¿las mujeres también o nada más una? --Pa´todo. Era yo bueno pa’todo, pa’qué voy a decir que no. Nunca es bueno mentir. El “Tigre” va y viene de Huitzilac, Morelos, cada tercer día o diario por 80 o cien litros de pulque, según como se acabe. A las nueve de la mañana toma rumbo en su vieja Dodge y a las 11 regresa, cuando ya lo están esperando en su puesto, lo mismo don Francisco Hernández Chávez, uno de esos personajes que de verdad conoció mundo, o Pablo, un huasteco hidalguense de esos que se defienden donde sea y donde sea rolan; y en el transcurso del día van llegando todo tipo de personajes inverosímiles y bragados que con su sola presencia confiesan que han vivido, así como los clientes habituales camino de carretera. Y todo porque aquí todavía vive y reina un “Tigre”.


Must

17

Porque de Córdoba son...

ces a mi arriba l de gallina varias ve pie la so pu e m e >> “S exicanos hacia no el cariño de los m ó pr m co se o del escenario por gord un saxofonista y el sotros. Nos faltaba tín Pampiglioar M ”: xo sa r dia tu es a zó pe em y un saxo ne, voz y guitarra.


tocatuvida.com

mayo 2009

Caligari, Cara A La leyenda lo relata italiano, y en muchos circos aún se cuenta: un payaso como cualquiera, adicto a las carcajadas del público, con los colores desbordando en el rostro y extrayendo de sus gestos las locuras más inesperadas. Un payaso entregado, desbaratándose en sonrisas y llantos fingidos sobre la tarima. Un show tras otro hasta el mismísimo final, uno que llegó con el reflector en pleno y sin anuncio: un infarto ponía el punto sin retorno a la vida de aquel Caligari.

>> Fabián Aranda Calderón de la Barca

C

órdoba Capital. La segunda urbe más poblada de la hermana República Argentina. Ceñida por la orillas del río Suquía y situada en plena llanura pampeana, esta ciudad posee ciertas cualidades que la convierten en un atractivo destino turístico. Nombrada en dos ocasiones como capital provisional del país, sus calles se engalanan con la histórica presencia de edificios coloniales, desde la Manzana Jesuítica hasta el Arco de Ingreso de la Ruta Nacional 9. Córdoba es, además, uno de los centros culturales más importantes de Argentina. Su Universidad, fundada en 1613 por los jesuitas, es la cuarta más antigua de la región latinoamericana. Cuenta también con diversos espacios de recreación como el Teatro del Libertador San Martín, el Teatro Real y el Municipal Comedia, clausurado después de un trágico incendio. Detalles más, detalles menos, Córdoba Capital resultaría todo un paraíso para el visitante extranjero ávido de paz y hambriento de alta cultura, sino fuera porque en sus calles y barriadas se destila una locura sin par, marcada en el rostro de los boliches y las bailantas. A la voz de cuartetazo, el ilustre hombre de cultura saldrá ipso facto de esta metrópolis, pues para carnaval y alegría Córdoba se pinta sola. Entre Rodrigo, la Mona, Cachumba, la Barra y demás cuartetos, se encargan de pintarrajear divertidas muecas en la cara cordobesa. Y si de pintarrajear se trata, qué mejor que los payasos. Exportado su nombre de dos figuras de feria europeas (el payaso Caligari y el Dr. Caligari), la banda que pluraliza sus demencias colorea la música argentina, abrevando en sus discos de dos fuentes populacheras y contagiosas: por un lado, el cuartetazo, ese ritmo tanto tiempo denostado que naciera en los cuarenta y que alcanzara gran popularidad cincuenta años después. Por el otro, las mezclas de rock, ska, reggae y demás que acompañan a las hinchadas pamboleras.

ténticos seamos los mini Au >> “Puede ser que porque , por edad no’más Decadentes, pero b, voz le Ta s es”: Juan Carlo somos más jóven y guitarra.

Desde Córdoba Capital para toda la gente, Señoras y Señores, Niños y Niñas, con ustedes… Los Caligaris.

Tantos bagartos, tantas princesas “Empezamos el grupo como un divertimento de jóvenes, de quince años más o menos, nos conocíamos del barrio residencial América, la colonia donde todavía habitamos en Córdoba Capital, y comenzamos todo como un hobby obviamente: compañeros de escuela, de cursos de inglés, compartimos muchas cosas, hasta las mismas novias hemos compartido… hasta el día de hoy. No venimos de otros grupos sino que desde el principio formamos Caligaris, una banda de amigos que es la banda que sigue siendo hasta la actualidad, con su ritmo festivo y dicharachero”, comparte para Tangente Diego Pampiglione, baterista Caligari. Armados con la mejor de las vibras y las ganas de provocar emociones, un grupo de bagartos emprendía la aventura musical. “Todo fue así, por casualidad, porque éramos malos para jugar al fútbol y entonces nos juntábamos a hacer un poco de ruido”, confiesa Martín Pampiglione, una de las voces de la banda. “Cuando empezamos hace doce años casi, lo hicimos con covers de bandas como Cadillacs, Los Decadentes, Los Pericos, de montón de bandas argentinas. La cuestión es que si nos comparan o nos dicen que nos parecemos a Los Decadentes, para nosotros es un halago más que un castigo”, continúa. Y es que en el fondo, Los Caligaris se han ido convirtiendo en los legítimos herederos de toda una generación de grupos que redefinieron el sonido del rock latino, al caer la oleada del llamado “Rock en tu Idioma”. Bandas como Bersuit Vergarabat, en Argentina; Los Tres, en Chile; Café Tacuba, en México y Ska-P, en España. Aquellos que buscaban integrar en su música el sabor de los ritmos populares, ajenos ya a la línea de rock tradicional y sumamente acartonado que empezaba a producirse.

Ilustración EvilEssence/ DeviantART / Fotos Caligaris IMACO/F.


Must

19

Caligari, Cara B La maligna criatura de Robert Wiene. El doctor Caligari, en cuyo gabinete se escondía el sonámbulo Cesare, obedeciendo las criminales ideas de su amo. Un Caligari sin escrúpulos, que se dedicaba a timar al público presumiendo dotes adivinatorias. Premoniciones oscuras que se verían realizadas por su títere nocturno. Figurín de feria pueblerina rondando las provincias alemanas, cometiendo crímenes a cuatro manos con el único fin de robarle al público sus aplausos.

Una historia diferente Una que incluye camas elásticas sobre el escenario, dicharachos que oscilan entre el lunfardo, el caliche y todas las derivaciones populares del español. Una que incluye, también, el bendito ánimo de tomarse la vida con una sonrisa, así sea ésta un balde llenecito de amargor. Pero sobre todo, una historia que nada tiene que ver con la hipocresía ni el negocio de la protesta política. La historia que cuentan Los Caligaris es la del día a día. “¿A quién no le ha pasado alguna vez un desengaño amoroso, que una novia lo deje, que una noche de alcohol, que el amigo no funcione? Nosotros aportamos desde el humor y la ironía en las letras, creemos que el rock no se hace tan serio y tan duro, que es una forma de dosificar tanta alegría”, comenta Diego. Pero cuidado con tomar a la ligera su propuesta lírica y musical, pues bandas como ésta resultan toda una revelación. Por un lado, el compromiso de Caligaris apuesta por el ensalzado de lo popular. En su música puede recrearse la peculiar manía latinoamericana (que varía en matices según el cinismo de cada región) de hacerse un mar de carcajadas frente a un futuro cada vez más incierto. Esa manía que puede rastrearse en miles de rolas, desde “El costo de la vida”, de Juan Luis Guerra, hasta el “Desahucio”, de Rubén Blades. Y como toda historia posee personajes, ésta no es la excepción: enanos que abandonan su circo; jubilados que declaran su amor; vendedores de lapiceras en colectivos; adictos a los videojuegos para sanar de ausencias; herederos de Fiats 600 que se descubren tras las rejas; lombrices con casinos; fanáticos de Leonardo Favio; pescadazos que buitrean amores; negrazos a los que les falla la gravedad; feísimos sinvergüenzas que ocultan el anillo y un catálogo por el estilacho, digno de feria pueblerina, pueblan las canciones de Los Caligaris, sembrando sonrisas descaradas en los escuchas que no pueden sino sentirse identificados con tanto absurdo.

El obvio resultado de exportar a tierras como éstas a dos singulares personajes aparentemente diferentes. Los Caligaris, el doctor y el payaso, unidos tan sólo por el nombre y el hambre de aplauso, entregados a su público hasta la muerte y el asesinato. Los Caligaris, los cordobeses: once fulanos desternillándose sobre tarima al ritmo de circo, de cuarteto y de cualquier cosa que les venga en gana. Sin Cara A ni Cara B, sino con una sola mueca de alegría, aderezada con fernet y alfajores.

No Es Lo Que Parece Los Caligaris 2008 O sea que parece un disco, pero uno nunca sabe. Oda a la demencia de estar vivo, a pesar de las macabras bromas del destino. Relación pormenorizada de sinsabores y exaltación de las suculentas minucias que los subsanan. Véase también: fernet y sus consecuencias.

Para ver la entrevista con los Los Caligaris, pícale a TV Neta, www.tocatuvida.com


tocatuvida.com

mayo 2009

Fernando Eimbcke

Prohibido aburrirse en blanco y negro >> Rodolfo Villagómez Peñaloza

F

ernando Eimbcke nació a principios de los años setenta en esta noble y por fortuna ya no leal Ciudad de México. Como todo adolescente se aburrió de sobremanera: perdió el tiempo pensando qué hacer, no iba a las canchas amarillas de la unidad habitacional a jugar futbol porque no las conocía, estudiaba lo necesario, no esperaba a Godot y desafortunadamente, no tuvo domingos con Rita ni pastel de mota que lo pusiera en las nubes. No, nada de eso. Su divertimento era una mesa pong, adelanto tecnológico de los años Discos tú que le permitían acercarse al mundo de los pixeles con sólo conectar su atari a una mesa, pero ni así su tedio disminuyó. Eso sí, y como todo adolescente, digo, para caer en el lugar común que tanto le gusta a la escritura, sabía qué no hacer, tenía una personalidad y manera de pensar propios, sumados a la preocupación de por qué los patos vuelan en V. Cual personaje de Nick Hornby en “Alta fidelidad”, Eimbcke vio todo lo que pudo de cine, lo sigue haciendo, claro está, y logró ingresar al Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, de donde salió para realizar, hasta el momento, una decena de cortometrajes, videos musicales de corte MTV, con Molotov, Jumbo, Plastilina Mosh, entre otros, y dos largometrajes alejados del escándalo charolastra: Temporada de patos (2004) y Lake Tahoe (2008). Sobra mencionar que ha obtenido numerosos “Arieles”, otorgados por la Academia Mexicana de Cine, también llamados los “Óskares” mexicanos, así con k, como Moko, per-

Para ver la entrevista a Fernando Eimbcke, pícale a TV Neta, www.tocatuvida.com

sonaje de Eimbcke que prefiere a las rubias y logra dar cuarenta cabezazos a una pared.

La ciudad es un departamento Todo es minúsculo en la ciudad: comprar una torta gigante, la famosa muertorta, representa comérsela en los columpios de la unidad, en el cajón de estacionamiento o bien sacar a toda la familia del departamento para devorar el quesillo y la milanesa sin estorbo alguno. Como si se tratara de una minificción, terminaremos por sentarnos uno sobre el regazo del otro, olvidando cuán cómodas son las sillas. Tantos conflictos sentimentales por metro cuadrado han vuelto esquizoide a la ciudad, hasta los automóviles se deprimen si no son doble cero. Pero todo se agrava cuando la urbe se queda sin luz. Ahí sí que nadie sabe qué hacer, los nervios afloran, todos intercambian miradas, algunos risas, pero sólo eso. Todo es murmullo, revisar los fusibles, mirar las demás casas para comprobar que efectivamente nadie tiene luz y entonces alegrarse, volver al sillón y esperar su regreso. Basta con meter la ciudad al departamento para que el domingo sin luz se vuelva productivo. No importa lo mal hablada que sea, o lo nostálgica y divertida que resulte, con un buen pastel de cannabis, la ciudad todo lo resuelve. Hasta los cuadros que siempre has visto y que nunca te han dicho nada se confesarán de inmediato. Si puedes encargar una pizza y que tu vecina pase la tarde contigo, sabrás que un domingo sin luz, además de resultar blanco y negro, es alucinante.


Plató

Temporada de patos Rodada en 35mm, cámara fija y blanco y negro, Temporada de patos es temporada de libertad, de empujarse al agua y ponerse a nadar, cuac, cuac, de rechazar lo establecido, de hacer a un lado las recetas de la vida cotidiana y atender a las formas geométricas dibujadas por las sombras. Moko y Flama son dos amigos que viven en la unidad habitacional Tlatelolco y se disponen a pasar un domingo de videojuegos y pizza. La súbita aparición de Rita con propósitos de hornear un pastel, el llamado a un repartidor de pizza y el corte a la luz eléctrica hacen que los planes se desmoronen. Es entonces cuando el flujo interno de pensamientos de cada uno de ellos se manifiesta dando a conocer la constante necesidad de búsqueda y los elementos que integran su vida cotidiana. Cuatro personajes metidos en un departamento, que irremediablemente tendrán que pasar el resto del

21

domingo acompañándose, sólo pueden tolerarse mediante el delirio y la solidaridad colectiva que brinda la dulzura de un pastel de mota. Las experiencias intimistas de los adolescentes hacen que la cotidianidad se vuelva verosímil y llevadera. Y si las tres culturas no bastan, pues ahí está la soledad, la crisis existencial, el apego familiar, las dudas sexuales y hasta la confesión de que John Lennon era mujer. Sin elementos distractores que permiten concentrarse en el guión, logrados fundamentalmente por la fotografía en blanco y negro, con planos fijos que aligeran la expresión corporal y verbal de los personajes y transiciones de tiempo suaves que imposibilitan saber qué cantidad de minutos han pasado. El largometraje es un cuadro de patos que incentivan a la libertad, a olvidarse de los empleos informales destinados a la sobrevivencia, a evadir el desapego sentimental y familiar volando como los patos, en formación V, para ayudarse mutuamente, cortando el aire para evitar el cansancio.


tocatuvida.com

Lake Tahoe Los pobretones casinos millonarios arropados por la Sierra Nevada de Los Estados Unidos, con todo y su lago Tahoe, su centro esquí y sus cursos de verano son del total desconocimiento de Juan y también de Fernando Eimbcke. El único referente que tienen del lugar es una calcomanía, regalo de la tía Martha, que viaja pegada en la cajuela del coche, anunciando, al menos en la estampa, que el lugar es paradisíaco, aunque al conductor siempre le haya cagado, desde que la pegaron, traerla de un lado a otro en Puerto Progreso. Juan estrella el auto familiar. En busca de una refacción se encuentra con un mecánico llamado don Heber, dormilón y aletargado dueño de Sica, una perra fiel y obediente; Lucía, madre soltera entusiasmada por asistir a un concierto de rock, y David, admirador de Bruce Lee y todo lo que tenga que ver con las artes marciales. Abrumado por la muerte de su padre sale en busca de perderse, de no estar, de la última risa de su infancia. La relación pasajera que lleva con cada uno de los personajes le va dando forma a su maduración sentimental, es así como pasa del silencio a la furia y del placer sexual al llanto. Con una sucesión de planos fijos y cortes abruptos en negro, que dejan el sonido colgado entre dos tomas (la escena más significativa de esto es cuando vemos sin ver la película Operación dragón), el largometraje es una invitación a la mirada abierta, en full shot, para utilizar la jerga cinematográfica, donde puedes abarcar desde la llanta de un coche hasta la fachada deslucida de un taller en un solo plano, logrando que los personajes y el filme no caigan en el tedio visual de un pueblo en donde no pasa nada, un lugar en donde sólo es posible huir para volver a casa.

Fotos: Agencias.

mayo 2009

Admirador del cine de Jim Jarmusch y Yasujiro Ozu, Fernando Eimbcke dice y no se equivoca, “que siempre se acaba haciendo la misma película; no existen tantos temas de importancia y universalidad como el amor o la pérdida”. Huir. Caminar de un lado a otro. No cansarse, llamar para saber cómo están las cosas. Huir a toda prisa. Chocar, bajarse del coche, buscar la refacción que lo vuelva a la vida. Huir, sólo eso, no regresar, no preguntarse nada, no estar en ningún lugar. Huir. Calmar las ansias con el llanto, con una calcomanía, una tienda de campaña, partes eléctricas automotrices, doctrinas artemarcialistas, perros perdidos, mecánicos olvidados. Huir. Caminar hasta el hartazgo, hasta la vuelta, hasta cumplir con el círculo. Huir, Lake Tahoe es huir, saber que siempre se llega al mismo punto pero no de la misma manera, quizá más nostálgico, menos infante, más susceptible.

Instrucciones para llegar a Puerto Progreso >> Comprar una caja de colores, se pueden encontrar en cualquier papelería de la esquina, no olvide el sacapuntas. >> Hablar a la central de autobuses, pedir descuento para estudiantes y terminar pagando el boleto completo por no ser temporada vacacional, ni siquiera de patos. >> Una vez que se tenga el ticket requerido para Mérida, en el guajoloyet de su preferencia, cierre su casa muy bien, no vaya a ser que la influenza quiera dormir en casa y luego martirizarlo con que no hay medicina que lo alivie. Si vive en un multifamiliar será más fácil porque nadie cuidará de su vivienda, también conocida como departamento o cajita de fósforo. >> Después de tomar maletas y taxi prepárese

para medio día de líneas blancas, árboles, curvas y señores roncando el sueño de los justos. Vaya preparando sus colores, no tire la basura en el suelo y haga caso al video promocional que claramente le indica que no se levante de su asiento, aunque le ande del baño. >> Una vez que todos los colores presumen de su punta afilada, duérmase, cuando despierte estará en Mérida, descanse bien porque una vez ahí, tendrá que caminar 36 kilómetros hacia el norte y si durante el camino ve un automóvil chocado en un poste, ignórelo, el dueño ya busca la refacción que le hace falta para echarlo a andar. >> Ya en Puerto Progreso, saque su caja de colores, ilumine las fachadas y las calles deterioradas por el aire salobre, dedíquese a contemplar el paisaje, escuchar a Los Parientes de Playa Vicente, un son hermano, con toque de inspiración, de melancolía llanaera y pregúntese: ¿dónde carajos estaba?

Apagón Se fueron la luz y las miradas. Silencio. Todo en silencio. No pasa nada. Dicen que en la oscuridad no pasa nada, pero sucede todo: el asombro, la duda, la risa, las palabras, el ¿ahora qué hacemos? Prohibido aburrirse en blanco y negro. Que no se desprestigie el vértigo horizontal de las calles salitrosas, ni los pasos iluminados por una vela o por una cortina que corre para alumbrar la alumbra lumbre de alumbre sobre la podredumbre. Que nadie se levante, todos quietos, ¿regresará la luz? No importa. Es domingo, preparemos un pastel de cannabis o salgamos en busca de algún filtro, bujía, banda o condensador que nos ayude a descifrar por qué los pájaros vuelan en formación V, por qué los pasos van de un lado a otro sin avanzar.


tangente13  

capital... Edición dE AnivErsArio, México Año 2, N° 13, MAYo de 2009, MAgAziNe de distribucióN grAtuitA, ilustración evilessence/ deviantArt...

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you