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Zombie Station: Rob Sacchetto Notas para una historia marginal del cine zombie: David Villalobos

Textos de: Aníbal Cristobo Eduardo Ribé Joao Quiróz Govea Agustín Abreu Cornelio Maximiliano Castillo Vega Colectivo Río Negro Washington Daniel Gorosito Mark Wallace Mariano F. Wlathe Ulises Varsovia Alfredo González Reynoso Alfonso López Raquel Castro

Magazine Digital de Literatura

Waste Land: Vik Muniz


w w w. ra d i a d o r m a ga z i n e . co m

No.15 ó de la ZOMBIFICACIÓN

- Magazine mensual de publicación digital -


No. 15

DIRECTORIO

Diciembre de 2012

°Editor en Jefe y Diseñador Daniel Malpica

°Curaduría Poética

Emmanuel Vizcaya

°Columna

Samuel González Contreras

°jaibasbibliopiratas

Sergio Ernesto Ríos

°Tracklist

Eduardo de Gortari

ÍNDICE Agustín Abreu Cornelio Maximiliano Castillo Vega Colectivo Río Negro Washington Daniel Gorosito Nueva Pestaña: Ciudad Nostalgia Zombie Station: Rob Sacchetto Nueva Pestaña: Zombies Ate My Neighbors Jaibasbibliopiratas: Sergio Ernesto Ríos Mark Wallace Mariano F. Wlathe Ulises Varsovia Alfredo González Reynoso Alfonso López Raquel Castro Notas para una historia marginal del cine zombie: David Villalobos Nueva Pestaña: Santos vs Tetona Mendoza Waste Land: Vik Muniz The Zombie Virus: Peta Aníbal Cristobo Eduardo Ribé Joao Quiróz Govea

............ [05] ............ [08] ............ [09] ............ [12] ............ [13] ............ [14] ............ [23] ............ [24] ............ [27] ............ [30] ............ [33] ............ [34] ............ [36] ............ [38] ............ [39] ............ [47] ............ [48] ............ [50] ............ [53] ............ [56] ............ [58]


E

La Zombificación

EDITORIAL

l mundo se acabó. Las paredes se cayeron demasiado rápido. Todo explotó demasiado rápido. El planeta se tragó a sí mismo con una velocidad increíble, como el flash de una fotografía que nadie se ha atrevido a revelar. No nos dimos cuenta pero aquí está el testimonio. La imagen de la propia ruina. Sesos, entrañas. Tierra zombie estancada entre limbos existenciales. El proceso de la muerte en pausa no tiene por qué ser silencioso e imperturbable. El punto después de la vida, anterior a la muerte, sigue haciendo ecos. El hilo del que pende la carne. El mundo como lo conocemos, con la diferencia de cierta podredumbre asomándose en la esquina. Olores rancios. Gruñidos y gemidos. Se aproxima la horda de los sobrevivientes. ¿Sobremurientes? La autodestrucción como autodescubrimiento. Arte zombie. Arte del más allá con una pierna en el acá. ¿O sólo la pierna ausente? Protejan sus apetitosas tripas… Emmanuel Vizcaya

Singles por Eduardo de Gortari The XX Chained:

http://www.youtube.com/watch?v=SeWxEH9tb0c


Beach House Myth:

http://www.youtube.com/watch?v=V2YLrayGMs4

Radiohead House of Cards:

http://www.youtube.com/watch?v=8nTFjVm9sTQ

Sigur Ros Varúo:

http://www.youtube.com/watch?v=t_NriRCUaXg

Tame impala Elephant: http://www.youtube.com/watch?v=LnKUD_OztRE

Arcade Fire We Used To Wait (video interactivo): http://www.youtube.com/watch?v=SYdJAi-BBrs www.thewildernessdowntown.com

Afterpop, Fernández & Fernández Las Máquinas:

http://www.youtube.com/watch?v=QLHYucpZLJo


//Distintas maneras de oxidarse Agustín Abreu Cornelio (Ciudad de México, 1980)

#incluir <humedad> Flotantes moho, espina; Dice {

moho = uno;

Pasar(lo) sobre ciego;

Desnudar cojeras;

Mientras espina == piedras

{ MostrarLo que del semáforo acongoja; Partir(la) rendición = 600 gramos; PreguntarDEL llanto EN TANTO los estigmas { caso 1: Son hormigas rojas deshauciadas Ejecutar ddt →; caso2: Son vejez intangible de mariposas Ejecutar aletazo →; caso3: Son saludables piojos en urinales Ejecutar detergente → }; Trasladar imanes SOBRE la peste;

cuerpo – peste = 0

};

NO Conmover(lo) oxidado

[05]


} Fin → objetoddt {

Raspar(la) esquina del ojo CON espinas;

Remover náuseas CON dedo índice;

moho = humo / uno;

Fijar(la) lengua CON varillas DE palabra (sombra, muerta);

canto(error!) } → objeto aletazo {

moho = aire sin puente;

Limitar honduras POR lo flaco [muerte a(sombra)da];

viaje = pureza en el abismo;

canto(error!) } → objeto detergente {

Hacer espuma CON el hígado (1,2,3)HASTA el ámbar;

Recordar(lo) semáforo, tirahule;

ambar = aroma de los piojos;

Si piojos >= amor extenso

{ Desentrañar piedras; Golpear; Golpear(se); Golpear despacio NUESTRO óxido; Plegar piernas; Golpear(se); [06]


} Sino Golpear(se); canto(error!) }

[07]


Nota #1 sobre el metro de Santiago, Chile César Maximiliano Castillo Vega (Chañaral, Chile, 1987)

Por ejemplo, iba en el metro y parecía que los aspersores de aire nos daban un trato individual. Pensaba que nos arrojaban saliva, nuestra saliva. Eso lo había oído en alguna parte. Y sin embargo no he pasado por esta estación hace como dos meses. ¿Cómo podrían conservar aún mi saliva? Imaginaba que soñábamos, que soñábamos despiertos o que íbamos sonámbulos. Como pingüinos caminando al suicidio ¿Son los pingüinos los que se suicidan? No sé, caminábamos cansados y eso era la neblina, los espectros evaporados de nuestros rendimientos. Nos trataban individualmente pero como se trata al ganado: haciéndole sus pequeñas correcciones. Cortarle la cola al perro para que crezca más grande o podar el árbol. Mi papá me contaba que en algunos edificios usan el calor que produce la gente de un piso para calefaccionar otro piso. Democracia de neblina, justicia en la repartición de rocío. Mis pies se seguían moviendo como pingüinos. Me preguntaba si alguien calcula la cantidad de agua-saliva que tienen que evaporar para enfriar a la masa. Sí, quizás en un cuarto oscuro, verduzco, con todas las pantallas de todas las cámaras de todas las estaciones del metro y un pequeño indicador, azul o celeste, que dice la regularidad de la temperatura corporal y sus relaciones con el mantenimiento y el flujo del líquido. Pingüinos que se suicidan o que van a tirarse piqueros. Por ejemplo, una historia que me contó la Camila, sobre el metro los Héroes y de que había tanta gente esperando, tratando de entrar al andén que empujaron a una señora a las vías del tren y todos le gritaban que corriera hasta la esquina para subir por la escalera de seguridad, pero el tren se escuchaba y se acercaba, y entonces las vías, las vías de metal que se electrifican para que la mecánica del metro funcione, las vías se electrificaron y agarraron a la señora mientras corría. Me dijo que se le reventó el cuerpo. La gente había salido cubierta de sangre. Pingüinos matando focas o al revés creo que era. En todo caso, es una historia que a ella le contó un amigo. Ahora me detengo y un letrero quiere borrarme cualquier mitología de aspersor sucio. Me informa -me dice- o me pastorea hasta la orilla cualquier fantasía, cualquier idiotez y usted vaya donde tiene que ir

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Cadáver exquisito virtual Colectivo Río Negro

(Chile) www.colectivorionegro.cl

[[Nota sobre el procedimiento: Desde el Facebook del colectivo se llamó a intervenir un documento GoogleDocs que contenía el texto del cadáver exquisito N°6 (realizado con el mismo procedimiento), documento que permaneció abierto entre los horarios indicados en el título]]

Cuando vi aquellos cabellos rubios , que pareciera que ilumina más que el sol , comprendí que esha era para mi fui más que algo, sin tener que serlo todo. Es be, cri , BE por si se te olvida 1. Especialmente, dulcemente extraña. 2. Dulce, nada lugar del mundo. 3. Pero, especialmente no se me fue cerrar la ventana. 4. Nada, en la radio. 5. O tres puntos, me dice... 6. Entenderse con poesía O un escalofriorecorria el sol. Un escalofrío era la linfa secreta del sol. Un escalofrío explicaba la jaqueca del sol. Un escalofrío jugaba a ser vena en las sienes del sol. Escalofríos ante el sol, ternura frente a la luna Las escuelas están cerradas. La gente no acude a trabajar. Siguen al minuto las explosiones, mientras tratan de confirmar que los suyos están bien. Hay quienes el miedo o quizá la precaución les impide salir de casa. Otros se encierran en sótanos, a falta de refugios como los de los israelíes. Los hay que se atreven a salir durante el día. pero que cuando cae la noche ni se les ocurre pisar la calle. Viven a la espera de saber quién se impondrá en las próximas horas, si los tanques o las artes diplomáticas egipcia...O el que siga en la línea. entenderse con los truenos. para ellas no eres nada. Carne. Sin dirigirle la mirada

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Tan dulce y tan fría esa extraña mañana mientras procuramos enterrarles los dientes. Estudiar primigeneamente la dirección y fuerza del viento, para saber dónde y cómo colocarlas. Esa mañana no era más que una versión enferma de Visión enferma del gélido vacío que provoca la pátina de sus dientes al morder el cuerpo. The rain is not safe to drink, not here at least... Who hear hark loud as grackle’s incessant laugh battle after math’s ironic sum-

Putrefacto. huelelevemente. Lo mejor esta por venir. Noche de los mayas a punto de envolvernos Olvidar que mañana no existe más que en los calendarios. Eres demasiado atractiva para resistirme. Tus movimientos, tus cabellos, tus garras. Vagar por las palabras que hace tiempo se perdieron. ¿Qué habrá sido de aquellas? Pero por Dios estas locuras: He aquí mi acierto y mi descontento. Mejor no mirar el tiempo. Fumar un poco y ver rodar otro cuento. Los sanos se mueren muertos. Sólo un demente vive de sueños, arte y un poco de flores. ¿Algo? Nada más que algo... Alfonsina y el mar, entre olas me pierdo Un suspiro,

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Poemas robados o poemas prohibidos? Es tan frágil depender de todo Es tan fácil colorear las letras La sincronía universal me envuelve desatame, desgarrame, abúrreme.... un peldaño y el silencio lo consume. Otro peldaño y... cayó el florero, las flores afuera se liberaron para morir en la agonía privadas de su propio elixir, escrito en letras falsas. ¿Ustedes se satisfacen en letras que se cargan a si mismas? A todos nos llega el mismo silencio desde nuestra ventana rota. Me gusta destripar cometas y aviones desvelados. Dichosos los que tienen ventanas, porque de ellos será ese silencio. recortemos los silencios y otra vez comienza el día, él y sus duraznos Pero la luz no entra en la ventana rota, no la necesitaremos. se acabó

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México ciego

Washington Daniel Gorosito Pérez (Irapuato, México, 1961)

La voz se traga las palabras, retumba un grito agonizante. Sopla el viento de la muerte. Mientras, los viejos dioses dormitan a pesar de la fiesta delgrillerío. Nervios ocultos bajo la piel urbana, el moho cubre un pueblo entero. Las tumbas las lava el aguacero. Gotas de lluvia extraviadas, rimando mil tormentas en versos acuosos. El dolor corre por las mejillas. Mictlantecuhtli tiene mucho trabajo, los periódicos nos venden mentiras en un país que vive sin ojos. Los Zombies los leen

[12]


http://www.balamh.com/Nostalgia_City/See_the_Movie.html

La Zombificación

2008: Un Documental mexicano dirigido por Balam Herrera y producido por Luis Frías. Cuenta la historia de un desierto que se convirtió en promesa industrial para encausarse, con el paso de las décadas, a su destino de tierra baldía.


por

[14]


Leech


[17]


Meely Mouthed


Sludgecicle

Blue Lumpy


Vampire

Batman

Crawling Flesh

[20]


Ultra Gemini

Ghastly Wrinkle


Bloody Emergence

www.zomb

ieportriats.

[22]

com


La Zombificación

http://www.ssega.com/game.php?id=1963

Zombies Ate My Neighbors - Online -

[Este juego de acción fue desarrollado, en 1993, por LucasArts como un homenaje cómico a clásicas películas de terror entre las décadas de 1950 y 1980 para las consolas Sega Génesis y Super NES]


TIENE OREJAS LARGAS Y TRAÍA UN BURRO por Sergio Ernesto Ríos

H

ay noticias de que pronto será reeditado Caza de conejos, una alegoría profundísima y bizarra en que caben la dictadura, la domesticación de los espíritus como eternos gazapos decorativos en una masacre absurda, ahí donde persisten los mismos encantamientos de la enajenación, el amor, la violencia, la fatalidad, el erotismo o la alegría, el mundo entero, diríamos. ¿Voltaire fue el guionista de Mario Levrero? Los conejos podrían llamarse Cándidos pero también los cazadores son Cándidos y Cándidos los guardabosques, las primitas, el idiota y cada uno de los personajes, ubicuos, reversibles y familiarmente oníricos. Y el universo en su disfraz de cadalso, nos convence. Oh, ustedes, todas las bellas destrucciones. Aquí les cedo el gatillo:

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DESCÁRGALO

- Caza de Conejos -


[Favor de insertar al bur贸crata cultural de su preferencia]


El hombre sin ley (Fragmentos) Mark Wallace

(Estados Unidos) Traducción: Aurelio Meza

1. No había hombre sin ley. La historia de la que formas parte mostraba que sus senderos de pronto se desviaban para llegar ahí donde estabas mirando de pie, lo estabas, lejos o echándole un vistazo a alguien que no estaba ahí, si alguna vez hubiera estado. Acaso sabías quién estaba contigo o en tu contra, o por qué lo estaban, tu arma un símbolo cargado donde las palabras eran sólo una guerra. Las metáforas estaban viejas y si tú no lo estuvieras, esta aún sería una pregunta agitada sobre lo que no podrías perdonar. Has visto tanto de los Estados Unidos como para saber dónde encontrarlo en eventos y salas de estar o la portada de una revista que exhibe atrocidades. “Tú mismo” era un término del cuerpo de igual forma, casual o escondida, un límite como la tierra donde están tus pies para un pensamiento que, en primer lugar, era extraño. ¿Empezarías otra vez desde el principio? Cómo pudiste, cómo no, educado con un sentido tan estricto de las órdenes. Esa era, en cierto modo, tu realidad. No estaba ahí. Y acaso era confortante después de todo cuando el hombre sin ley

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alcanzaba al lado suyo aquello que no podías ver. Él no estaba ahí y eso era suficiente para alcanzar. ¿Comenzar? ¿Suficiente? No había hombre sin ley. 2. El hombre sin ley tenía dos pollos y un gato. Vivía en un furgón pero no le puso nombre. Era bien conocido en la comunidad, no querido, pero en esto no era distinto a los demás. A veces al hombre sin ley se le veía hablando con mujeres extrañas que llevaban puestas joyas y harapos extraños y le contaban historias, se decía, sobre otros mundos olvidados al otro lado de la frontera. El hombre sin ley nunca hablaba de ellas con nadie pero los veían ahí usualmente de noche, susurraban en la oscuridad un breve vistazo de sus ojos salvajes se mostraba a veces por un momento en el resplandor de una linterna. Se decía que habían cruzado ilegalmente. Pero cuando la policía llegaba a arrestar al hombre sin ley (hacían esto con regularidad) siempre lo encontraban solo excepto por los pollos y el gato. 3. Se decían muchas historias del hombre sin ley.

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Estaba la historia de que había matado a su hermano. Estaba la historia de que podía venderte extrañas pócimas que las mujeres extrañas le daban. Estaba la historia de que tenía una vista perfecta y la historia de que se estaba volviendo ciego. Estaba la historia de que tenía un millón de dólares escondidos y que algún día los iba a usar. A veces esto se contaba junto con la historia de que era el hijo de un hombre poderoso y habían peleado. Estaba la historia de que no le gustaban las mujeres y la historia de que le gustaban demasiado. Estaba la historia de que él pensaba que la forma en que vivía la gente no era la forma correcta o la única. Estaba la historia de que prefería la compañía de borrachos, o de prostitutas, o de gente que estaba loca. Estaba la historia de que estaba loco. Estaba la historia de que no tenía ley. Estaba la historia de que había un hombre sin ley

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Hasta los muertos votan Mariano F. Wlathe (Ciudad de México, 1986)

Una elección te dice cuantos de tus partidarios están vivos, y una guerra cuantos están dispuestos a morir Anónimo

— Les prometo que durante mi gobierno acabaré con la pobreza y la corrupción. Demóstenes apaga el radio, está cansado de escuchar las mismas promesas ridículas y mentiras cínicas de siempre. Para él, sólo una cosa vale la pena del proceso electoral: ser vigilante de casilla. Es la tercera vez que se ofrece, como voluntario. Las dos elecciones anteriores fueron entretenidas, pero está promete ser memorable. Se dice, que el candidato oficial, un joven apuesto y carismático, ha hecho un pacto con el diablo. El alma del país a cambio de la presidencia. En México, donde hasta los muertos votan, eso sólo puede significar una cosa. La tensión entre los grupos opositores y el gobierno crece al acercarse los comicios. Jóvenes protestan en las calles, pintan consignas y enfrentan a la policía. A pesar de las manifestaciones, Demóstenes llega a tiempo al punto de reunión. Los camiones casilla saldrán en un par de horas. Camiones blancos blindados, con el logo del IFE. — Esos chicos, afuera, no saben lo que hacen. Son niños jugando a la revolución, improvisados, ingenuos, vulnerables… Soy Abel, presidente de casilla. — Demóstenes, vigilante. — ¿De verdad cree que va a necesitar ese machete? — Sólo si se acaban las balas. Los camiones salen escoltados por grupos antimotines, eso no evita que sean pintarrajeados. Las mangueras de la policía abren paso a la caravana. Las unidades se dispersan por la ciudad abandonando el resguardo policiaco. El camión, donde viajan Demóstenes y Abel, se aleja de la ciudad hasta llegar a un páramo desierto. — ¡Qué hacemos aquí! — Grita Abel molesto — Nadie vendrá, tan lejos, a votar. Demóstenes lo mira despreocupado y dice — Vendrán, siempre vienen. Los funcionarios de casilla preparan todo, las cabinas, las urnas electrónicas, las listas. Demóstenes sube al techo del camión con un rifle cargado. Aún nada, montes, tierra y arbustos; todavía es temprano. La gente comienza a desesperarse — Nadie vendrá —. Dicen — ¡Esto es una tontería! Deberíamos irnos —. Todos piensan igual, menos Demóstenes que les responde — El camión no se moverá hasta la hora del cierre. Los bloquean vía satélite para evitar fraudes. — ¿Evitar fraudes? — Contesta riendo, Abel — Debes estar bromeando. Todo mundo sabe que estas elecciones son un fraude ¡Mira! —. Media docena de grafitis, con la palabra “fraude”, adornan el camión. — No, esto no es fraude — Dice Demóstenes —. Es una imposición. — Alguien viene — Grita emocionada la secretaria de casilla. A lo lejos, un hombre se aproxima muy despacio. Demóstenes levanta el rifle y le apunta. [30]


— ¿Qué está haciendo? — Pregunta Abel. — Mi trabajo. El disparo resuena entre los montes. La cabeza del hombre, a lo lejos, se sacude; cae al suelo. Todos en la casilla están horrorizados. — Descuiden — Los tranquiliza, Demóstenes —. Vendrán muchos más. El viento sopla levantando el polvo. No se puede ver nada, más allá de diez metros. De la tolvanera, sale una mujer mayor. Demóstenes está distraído apuntando a un joven que se acerca por el frente del camión. El viento aumenta. La señora desaparece entre el polvo. Un voluntario corre a ayudarla. Se escucha un disparo. El joven frente al camión cae al suelo. El voluntario grita pidiendo ayuda. Nadie puede verlo. Los gritos cesan. Otro disparo conmociona a todos, luego otro. — ¡Basta! — Exclama, Abel, furioso. Trata de subir al techo del camión para detener a Demóstenes, pero un grito de la secretaria lo detiene. Un hombre, alto y fornido, la está atacando. Abel forcejea, con él, hasta quitárselo de encima. Una bala destroza la cabeza del agresor. Abel tiembla, está en shock, apenas puede escuchar a la secretaria decir que el hombre la mordió. Al menos, veinte personas salen de la polvareda y atacan a los funcionarios de casilla. Demóstenes dispara, una y otra vez. El primer escrutador está rodeado, cae al suelo. Todos se abalanzan sobre él. Sus gritos se pierden entre el polvo levantado por el viento. — Son demasiados — Grita Demóstenes mientras salta del techo para golpear a una joven que se acerca, por detrás, a Abel —. Rápido, todos, adentro del camión. Resguardados, al interior del camión blindado, Abel le reclama a Demóstenes. — ¡Es tu culpa! Tú les disparaste primero. Ahora, quieren justicia. Decenas de manos golpean el camión desde afuera. — A ellos no les importa la justicia ni lo que hice o haré; sólo piensan en sí mismos y en lo que van a comer hoy. — Están golpeando la urnas electrónicas — Interrumpe la tercera escrutadora. — No, están votando — Aclara, Demóstenes. — ¿Votando? — Pregunta Abel, incrédulo. — Todas las elecciones es igual. Mandan a un grupo de novatos a los páramos para instalar una casilla. Entonces, ellos aparecen y toman el control. Las urnas los registran como votantes y todos los votos van para el mismo partido. No importa cual, puede ser cualquiera; el que ofrezca más, supongo. — No lo puedo creer ¿Por qué nadie dice nada? — Porque nadie lo sabe. — ¿Cómo puede ser eso posible? Demóstenes sonríe. — ¡Por dios! Matan a todos… No, no puede ser, es tú tercera elección ¿Cierto? Además, nos salvaste. — Soy vigilante de casilla, mi trabajo es recuperar las urnas, al final del día, y llevarlas de regreso. — No entiendo ¿Para qué nos necesitan? — Ya lo viste, allá afuera. Tienen hambre. — Somos… carnada. — No los salve. Sólo necesito con que distraerlos cuando salga a recuperar las urnas. Abel se arroja contra Demóstenes. Éste lo golpea con el rifle y lo deja inconsciente, luego [31]


apunta al resto de los funcionarios. La secretaria se convulsiona hasta desmayarse. Los dos escrutadores tratan de ayudarla, ha perdido mucha sangre. — ¡Está muerta! — Dice llorando la tercera escrutadora. — No sabes la suerte que tiene — Asegura Demóstenes. — Maldito… — Riñe el segundo escrutador, pero se detiene cuando Demóstenes le apunta con el rifle. — Tranquilo. No me hagas dispararte. Ellos prefieren la carne fresca. La hora de cerrar la casilla se acerca. Abel y los dos escrutadores están de pie frente a la puerta. La secretaria yace muerta al fondo del camión. En medio, Demóstenes apunta con el rifle a los funcionarios. — Ya es hora. Fue un gusto trabajar con ustedes. Demóstenes le dispara a Abel en la pierna y patea al segundo escrutador, contra la puerta que se abre. Los votantes los sujetan, los arrastran y muerden. Demóstenes empuja a la tercera escrutadora. La gente se abalanza contra ella. Luego, salta por encima de las personas que se arremolinan sobre los funcionarios de casilla que gritan desesperados, se abre paso con el machete hasta las urnas, toma las memorias y regresa al camión. Tras las puertas aseguradas, escucha los últimos gritos de Abel y los escrutadores. El piloto automático del camión se enciende e inicia el regreso a la ciudad. Por la ventana, Demóstenes observa a más de cien personas pelear por los restos de los funcionarios de casilla. Está cansado, cierra los ojos para dormir una siesta, pero un dolor agudo en el brazo lo despierta. Es la secretaria, lo ha mordido y se lanza contra él. Demóstenes logra quitársela de encima, destrozándole el cráneo con el machete. Agitado, se recarga contra la pared y se sienta en el piso del camión hasta quedarse, de nuevo, dormido. — Hoy por la mañana el presidente agradeció a la población por su excelente comportamiento durante las elecciones de ayer. El mandatario aseguro que gracias a la madurez de los ciudadanos pudimos disfrutar de unas elecciones limpias y pacificas. También se tomó un minuto para felicitar al ganador, por amplio margen, el licenciado…

[32]


Curiosa criatura Ulises Varsovia

Curiosa criatura el bípedo, afanado desde la infancia en forzar claves y cerrojos, siempre a la búsqueda del rastro de sus raíces por las edades, de cabeza en el laboratorio. Único entre los seres terrestres cuya sabiduría el fruto de largas hileras de cruces sobre los campos de batalla. Miradle revisar el átomo, miradle inclinarse, ceñudo, sobre el embrión de la mies desnuda, o irrumpir, altivo, en la antesala del quid de las claves genéticas, maravillado de su valía. Ya en las cavernas indagó tinieblas, y revestido de su traje argénteo con lúdicas places tintineantes, danzó emitiendo salmos agrestes, atrapando con mágicos ritos el ser animal en las paredes. Pequeño dios del follaje cósmico, cuando el arúspice inspeccionando el hígado de las víctimas, o abismado en las constelaciones, allí ya el fatídico inicio de las expediciones planetarias. ¿Hasta cuándo descenderá el ojo para mirarse íntegro por dentro? ¿Qué hallaremos cuando el microscopio salve los últimos obstáculos? ¿Y qué sentido tiene el dolor humano? Curiosa criatura el bípedo [33]


Escatologías urbanas

Alfredo González Reynoso (Tijuana, 1986)

Al poeta cada vez que quería nombrar la ciudad lo callaba un zombie, terrible, sublime. Un manifiesto celebra al cerebro: la horda corre. Entonces, la seducción del grito, la vanguardia de la primera mordida, la belleza del desfile de intestinos. Entonces, el giro irremediable a la onomatopeya gutural, al hipérbaton de la desarticulación anatómica, al pleonasmo del cuerpo descompuesto. Entonces, el lenguaje-virus y su semiótica post-mortem. Entonces. Al sociólogo cada vez que quería estudiar la ciudad se le atravesaba un zombie, impertinente y absurdo. Sus lógicas internas: destripadas. Virus globalizados, cabezas sueltas clasificadas por variables estadísticas, fétida putrefacción del tejido comunitario. Toda trémula hermenéutica cultural: disgregada. Toda ósea estructura social: dislocada. Al esteta cada vez que quería sentir la ciudad se le metía un zombie, subrepticiamente, enajenadamente. Flâneur sin extremidades tras epidemia neurálgica. Política. Un adiós fúnebre a los sentidos, anestesiados todos ellos (el del humor, encima de todos). Y así, sin psicogeografía, no hay situación. Mera imagen. Espectáculo. Al arquitecto cada vez que quería construir la ciudad lo derrumbaba un zombie, imprevisto, fuera del plano. Fachadas decrépitas e invasión de terrenos (vivientes). La casa, en pleno paisaje del escombro, de máquina de habitar a fortaleza post-apocalíptica. Mordidas y balas como estrategias de territorialización. Espacios en conflicto: pasillos, living rooms, sótanos, áticos —y la carne-muro. Urbes en ocupación: parques, bulevares, plazas públicas, calles —y la sangre-capital. Al músico cada vez que quería interpretar la ciudad lo distorsionaba un zombie, a gritos, a escupitajos al aire, borracho e insoportable. Sonidos frustrados. Mordidas desafinadas. Cantos de desencantos, de sueños en corrupción. Y una horda que mueve sus mandíbulas al ritmo de los tambores. Así el desconcierto generalizado. Como descubrir a un contagiado en la banda. Como sentir sus dientes sobre tu cabeza en la última nota de la canción. Como lanzarte sobre los brazos del público que te desgarra la piel con sus uñas. Como. Al nostálgico cada vez que quería rememorar la ciudad lo acechaba un zombie, resurecto y agresivo. Con lodo y sangre en el rostro y la quijada en estado trampolín. Culpemos al cometa que atravesó la noche infame. Que olvidó el olvido. Que encarnó los fantasmas. Que enrareció la ensoñación. Innecesario ya el cerrar los ojos e invocar la memoria. Las luces neón iluminan la presencia del pasado y su lento, persistente caminar. Y la cosa, vista así, no es, ay, como se recordaba. Al foráneo cada vez que descubría la ciudad lo ofuscaba un zombie, con luz cegadora, con un [34]


nuevo velo. Y entonces: la insalvable distancia de nuevo. Y así: el Otro exótico de nuevo. Y ya: la mirada en su sitio de nuevo. Embelesada y hastiada en sus propias imágenes. Y las fotografías enseñan el banquete de los cuerpos vaciados. Y las crónicas narran el goce de la sobrevivencia cotidiana. Y los videos muestran la fiesta del día final. Pero la epidemia se escapa al registro. Y la vida-muerte sigue, como si nada. Al criminal cada vez que asaltaba la ciudad lo cazaba un zombie, vigilante, cómplice, traidor. Su empresa: frustrada. Caerán cabezas, dirá el periódico. Pero la sangre corre desde hace tiempo, lavando dinero, de balazo en balazo, de mordida en mordida. Daños colaterales de nuestra pandemia: la corrupción generalizada. Esa catástrofe que desentraña lo peor de nosotros y vuelve hipérbole a nuestras lógicas más absurdas. ¡Carajo! ¿O entonces qué es un narco sino un neocon corriendo amok en medio de la horda? Al religioso cada vez que quería bendecir la ciudad lo profanaba un zombie, sacrílego, impío. El viejo de Patmos advierte: el más allá está aquí. Justo cuando el más acá ha tomado una pistola y se ha volado, sin titubear, los deseados sesos. Y los sucesos en infomercial de fondo, anunciando el fin. Y los rituales alejando la epidemia, que no respeta límites. Y la carne, de pronto, hebefrénica, asintáctica, esporádicamente extática y superficialmente culpígena. Y el zombie, pues, acecha. Y el zombie, pues, interrumpe, estorba. Y el zombie, pues, ataca, araña, entierra sus dientes. Ignorarlo parece lo sensato, pero sus bruscas tarascadas insisten. Imitarlo parece lo audaz, pero su sutil olfato reconoce. Enfrentarlo parece lo inevitable, pero su subrepticio andar esquiva. Y la ciudad, entonces, se desarticula, se agrieta, se cae a pedazos. Y la ciudad, entonces, se revela vacua, se revienta. Y la ciudad, entonces, se reinventa

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Sopa Zombi Alfonso López (Ciudad Juárez, 1982)

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Los vegetales zombis que surgieron del ombligo Raquel Castro

(Ciudad de México, 1976)

Cuando era niña, mi mamá me decía que hay que lavarse bien el ombligo: que si no, se llena de tierrita y entonces se podría sembrar ahí un frijol o un chícharo. La verdad, a mí me daba muchísima curiosidad y moría de ganas de juntar tierra suficiente para sembrar el chícharo o el frijol; porque las flores de estas dos plantas me gustan mucho. Me imaginaba que el frijol creciera, un tallo largo y verde, florecitas blancas, y luego… pues claro, vainas llenas de frijoles, mi independencia al vivir de mi huerta ombligal, fama y fortuna. Claro, se corre el riesgo de que la raíz del frijol (o el chícharo) se meta profundo en el ombligo, cree redes bajo la piel, se alimente de la sangre y llegue el momento en que frijoles vampíricos crezcan por las orejas o, más erotic-gore, de la vulva. O, simplemente gore, de las cuencas de los ojos (luego de empujar a presión los globos oculares, con mucha sangre y gritos y desmayos). Elijamos por esta vez las orejas. Sale la plantita alimentada por la sangre y yo, convertida en una empresaria sin escrúpulos, vendo los frijolines igual que los del ombligo, sin hacer caso del color escarlata y los pequeños colmillos. Es más: los vendo más caros, diciendo que están ‘enriquecidos’ (?). Entonces, la gente los guisa, prepara molletes de inigualable sabor… y de inigualable peligro: quien los come, se contagia y nuevas vainas le salen de las orejas y el ombligo. Como yo fui precavida y patenté el frijol enriquecido, y como en otros seres la plantita provoca muerte cerebral (no me pregunten por qué: no entiendo esa exigencia de que el guionista fundamente todo lo que pasa), me encuentro dueña de un plantío de zombis vampirizados, que en lugar de chupar sangre comen enfrijoladas enriquecidas y que se dejan cosechar pacíficamente (mientras no les falte su alimento). Mis ganancias aumentan tanto que me vuelvo líder de los empresarios mexicanos (todos son, en realidad, nuevos zombis, por lo que sus votos me salen increíblemente baratos). Pero un día, el frijol de mi ombligo se marchita, y de tan triste que me pongo, dono todas mis ganancias a un invernadero y me voy a meditar a la punta del Cerro del Tepozteco. Ahí, alejada de los negocios, me lavo todos los días el ombligo, hasta que baja un ovni y un extraterrestre de color anaranjado me regala una semillita muy parecida a una lenteja…

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por David Villalobos Puente


P

utrefacción. Resurrección de la carne. Canibalismo. Invasión. Noches, amaneceres y días de asedio. Multitudes incontrolables. Una disolución del orden social burgués que termina revelando sus vicios y taras. Apocalipsis. Esos son algunos de los elementos del cine de zombies. La figura central de este subgénero parece ser el opuesto exacto a la del fantasma, mientras que éste es un ánima desencarnada, el zombie es un cuerpo sin alma, gobernado por los instintos más básicos: hambre, gregarismo, irritabilidad, agresividad. Es conocida la historia de este subgénero, tras una prehistoria casi subterránea en los albores del cine de terror es inaugurado en 1968 con Night of the Living Dead, y desde

entonces ha surgido en diversas oleadas hasta lograr su actual omnipresencia y saturación. Creo que también es deseable ensayar una historia diferente en alguna manera, una especie de autopsia de cortes oblicuos, marginales, personales, que muestre las entrañas secretas, la fauna cadavérica, secciones inusuales de ese cuerpo fílmico que camina aún con una vida que no es vida.

PRIMER CORTE: “TODOS LOS QUE DUERMEN SE LEVANTARÁN SONÁMBULOS.” La cita es de Fando y Lis, una película que se estrenó el mismo año que NotLD. Fando y Lis no es una película de zombies, pero hay en ella una escena que merecería un lugar marginal en la historia de este cine. Es una escena en la que hay resurrección, tumbas abiertas, muertos vivientes. Ocurre cuando Fando y Lis, siguiendo su búsqueda de Tar a través de las montañas, se encuentran con un ermitaño barbudo y con atuendo eclesiástico. El viejo (una mujer, en realidad, Tamara Garina, que también interpretaría a la tía Susana en


Más negro que la noche) llama la atención de la pareja, arroja una estatua de Venus que termina quebrándose sobre las rocas, los interpela con un extraño discurso, les muestra una tumbas abiertas de antiguos combatientes y de los escombros de la estatua de Venus surge una mujer desnuda, está embarazada. El ermitaño se recuesta junto a ella y entonces termina su discurso con la frase que he citado. Aquí una pausa para un comentario aparte. La interpretación que da Jodorowsky1 de lo que va de esta escena es que el anciano Papa representa la decadencia de la iglesia católica, destruye a Venus que es la sensualidad, la mujer embarazada es la Madre Tierra. Pero hay una interpretación alternativa. Una leyenda croata sobre San Juan Crisóstomo2 relata un episodio que parece encajar perfectamente: el santo vivía como ermitaño en el desierto, una tarde una princesa se aproxima pidiéndole asilo en su cueva, teme que la bestias la devoren por la noche; el santo la recibe con recelos y, fatalmente, el espíritu de la fornicación los visita por la noche, la princesa queda embarazada y para ocultar su pecado el “santo” la arroja a un precipicio. La culpa resulta insoportable, San Juan Crisóstomo jura no caminar como hombre hasta que sus pecados sean expiados y anda a cuatro patas alimentándose de raíces. Al paso de los años, el santo repta al fondo del precipicio, donde, entre las rocas, encuentra a la princesa, la muerta está viva, con el cuerpo reconstituido, y amamanta a su hijo. “…y entonces todos los que duermen se levantarán sonámbulos.” Pronunciada la frase, comienza el portento. La tierra de las tumbas se vuelve lodosa, y de ese pantano comienzan a levantarse los muertos, Fando y Lis se refocilan en el lodo junto a ellos. [41] Jodorowsky recalca que esto fue filmado


antes de Night of the Living Dead, para él estos muertos reanimados representan la vida sin alma de los que viven apegados a las necesidades materiales y se regocijan en ello. Imagen significativa para lo que tal vez sea la primera aparición de los muertos vivientes en el cine mexicano.

SEGUNDO CORTE: “DI MI VIDA POR USTEDES, ¿POR QUÉ NO REGRESAR EL FAVOR?”

Una pareja estadounidense se encuentra cenando, recordando a su hijo Andy, que está combatiendo en Vietnam, los acompaña la novia de su hijo. Un militar llama a la puerta: Andy ha muerto. La noticia resulta devastadora para los tres, pero sobre todo para la madre que permanece despierta en la noche, sin poder aceptar la muerte de su hijo, deseando su regreso. Su deseo se cumple, Andy vuelve, la notica de su muerte debe haber sido un error. Pero Andy no es el mismo, es taciturno y silencioso, le gusta permanecer afuera en las noches mirando la obscuridad, es irritable, en un arranque de furia estrangula al perro de la familia, y alrededor del vecindario ocurren un par de brutales asesinatos. Al deterioro mental de joven veterano se agrega la corrupción de su carne, su palidez inicial se va transformando en una decadencia generalizada, arrugas y llagas van cubriendo su piel y oculta sus ojos tras lentes oscuros. El padre, veterano de guerra también, sospecha de su hijo desde su llegada, pero la madre está con él hasta el final. La historia llega a su clímax de putrefacción y homicidio en un autocinema y termina de una manera desoladora y sombría en un cementerio. Se trata de Deathdream (1972), una película canadiense lenta y atmosférica, alejada del carnaval de vísceras común en este género. Es notable por varias razones. Su director, Bob


Clark, que ya había ingresado antes en el subgénero con Children Shouldn’t Play with Dead Things, una película de zombies un tanto más convencional, dirigiría después Black Christmas, una de las primeras películas slasher. Es también del debut de Tom Savini, maestro del maquillaje terrorífico, cuya historia se refleja en cierta manera en la película. Aficionado al arte del maquillaje desde su niñez (con Lon Chaney como santo patrón e inspiración), Tom Savini es también un veterano de Vietnam. Su experiencia como fotógrafo del ejército3 , lo puso en contacto con verdadero gore: soldados mutilados, trozos de víctimas de explosiones de granadas, recuerda especialmente un brazo cercenado aferrado al suelo. Su mente comenzó a protegerse mediante un proceso de alienación emocional, la lente de su cámara le servía para distanciarse del horror real de la guerra y verlo como si se tratara de efectos especiales. El problema es que este bloqueo emocional perduró al volver de la guerra y una de las maneras que encontró para romperlo fue la creación de un estilo de maquillaje extremadamente gráfico que lo hizo famoso en películas como Dawn of the Dead, Friday the 13th y su propio remake de NotLD. Muchas veces resulta forzado o especulativo el buscar un comentario social

en este tipo de películas, pero Deathdream es claramente un lacónico y legítimo comentario sobre el horror de la guerra.

TERCER CORTE: “DESCANSEN EN PAZ, TODOS USTEDES.” Un ejemplo temprano de la presencia de los zombies en la televisión es un episodio de The Twilight Zone (La Dimensión Desconocida) titulado Mr. Garrity and the Graves. Transmitido originalmente durante la última temporada de la serie, en 1964, la historia se sitúa en el Viejo Oeste, en el pueblo de Happiness, Arizona, e inicia con la llegada de un hombre de extraños talentos, Mr. Garrity, un autoproclamado “resucitador [43]


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de muertos.” Garrity acaba con la incredulidad de los lugareños “resucitando” a un perro que acaba de ser “arrollado” y promete que, a la medianoche, traerá de nuevo a la vida a todos los residentes del cementerio local. El problema es que, de los 128 muertos, sólo uno de ellos murió por causas naturales, y los habitantes del pueblo no ven con buenos ojos el retorno de unos seres queridos que lo único que hicieron en vida fue atormentarlos. Para evitarse la pena, todos pagan generosamente a Mr. Garrity para que deje a sus muertos descansar en paz. A la medianoche, Mr. Garrity, se reúne con su perro y con su involuntario “asesino,” en realidad cómplices en una elaborada estafa, y se marcha del pueblo despidiéndose de los muertos y pidiéndoles disculpas por haberlos dejado prisioneros de sus tumbas. Pero, con un giro clásico de The Twilight Zone (y es recomendable que quien no hay visto el episodio en cuestión, se salte el resto de este párrafo), Mr. Garrity ha subestimado sus “poderes,” y, en una secuencia genuinamente tenebrosa llena de zoom ins, de las tumbas comienzan a salir los muertos vivientes,

entusiasmados ante la perspectiva de volver con sus “seres queridos.” Es un antecedente lejano de la presencia avasalladora de los zombies en la televisión actual. Otro ejemplo notable lo realizó Guillermo Del Toro en un episodio de La Hora Marcada de 1988, titulado Con todo para llevar, en el cual se descubre un secreto nauseabundo detrás de las botargas de los empleados de una cadena de hamburguesas, y en la carne de la que están hechas…

SUTURA: UNA METÁFORA DE SÍ MISMO. ¿Por qué ha tenido un éxito tan avasallador este tipo de cine? Desde luego que un fenómeno mundial tan complejo no puede tener una respuesta sencilla. Tal vez por el hecho de que por un descuido inadvertido, George Romero no pudo registrar los derechos de su película, esto ha permitido que sea plagiada hasta la saciedad, Tal vez por que su estructura misma le permite saltar entre diversos géneros (terror, aventura, drama,


comedia, videojuegos) y atraer a una audiencia muy diversa. Tal vez porque ha servido como metáfora para muy variados terrores y aspecto de las sociedades actuales: el temor a un levantamiento de las masas y a la destrucción de las estructuras económicas y políticas, una metáfora del consumismo caníbal, de la muerte espiritual de una vida limitada a los impulsos más primitivos, terrores biológicos, religiosos etc, etc, etc, En más de 40 años de cine de zombies, la figura del muerto viviente se ha explorado hasta tal vez agotarla: los zombies han sido amenazas apocalípticas, reflejo de nuestros vicios, amigos, amantes, mascotas, bufones, nuestra propia comida y cualquier otro rol imaginable. El desvanecimiento de sus fronteras, su uso como símbolo universal puede ser uno de los signos de la crisis y decadencia de un género. La decadencia

Juan de los Muertos

-------------Cuba-España 2010 Dirección: Alejandro Burgués

Shaun of the dead

-------------Reino Unido 2004 Dirección: Edgar Wright

Santo contra los zombies -------------México 1961 Dirección: Benito Alazraki


de los monstruos clásicos de la primera época del cine de terror, empezó cuando comenzaron a canibalizarse y fusionarse entre sí en películas autorreferenciales como Frankenstein Meets the Werewolf o House of Frankenstein, y culminó cuando estos monstruos dejaron de causar miedo y se convirtieron en materia de risa (Abbott and Costello Meet Frankenstein). Esto se está cumpliendo desde hace unos años en las películas de zombies, al mismo tiempo que en otro medio, los cómics, el género está siendo explorado hasta sus límites en la serie The Walking Dead. Tal vez el cine de zombies ha terminado siendo una metáfora de sí mismo, un subgénero que sigue andando a pesar de que la vida ya lo ha abandonado. O tal vez sea el preludio a un pequeño apocalipsis que se avecina, Grant Morrison, en The Invisibles Vol. 2, #14, hace a su personaje el Coronel Friday, un militar fascista con apariencia humana venido de otra dimensión, decir lo siguiente: “¿No te preguntas por qué los niños en Estados Unidos están tan obsesionados con la muerte? ¿Por qué grupos de rock que lucen como cadáveres y superhéroes zombies son tan populares aquí? Por la misma razón por la que los ingleses victorianos adoraban sus tumbas y sesiones espiritistas y En el comentario al DVD editado por Fantoma Films, 2003. 2 Leí la historia en El salvaje en el espejo de Roger Bartra (Era, 1998) 3 Esto lo cuenta el mismo Savini en el prefacio a su libro Grande Illusions (Morris, 1994) 1

sus asesinatos. El Imperio Americano está MUERTO y no lo sabe. Como el Imperio Británico antes de él, sólo puede ver la verdad en sueños.”


http://www.youtube.com/watch?v=I0VCWiV6YeM

La Zombificaci贸n

El Santos vs la Tetona Mendoza - Trailer -

[2012 / Una pel铆cula animada de Jis y Trino]


Vik Muniz: Los objetos y sus distintos propósitos

D

e origen brazileño, Vicente José de Oliveira Muniz nos muestra resignificar las obras y los objetos. Realizando sus propias ver con material de desecho y alimentos, o dibujando nubes en el ciel muestra de las ilimitadas posibilidades que nos depara el s.xxi. [Radiador] Magazine les comparte para este número especial de la desolación zombie un documental y una entrevista de este personaje


a otras posibilidades para rsiones de obras can贸nicas lo; Vik Muniz es una clara

Waste Land Vik Muniz - 2010 Documental

Ted Talks Vik Muniz: Arte con cable, azucar, chocolate e hilo.

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Los Abisnautas:

Universitarios del Universo

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Cómo nacen los héroes Aníbal Cristobo (Buenos Aires, 1971)

a Rafael Espinosa

Alguna vez, durante la transmisión de un deshielo, un crepitar sinfónico, amplificado por el escenario austral, se podría entender como el residuo de una tradición oral- algo acoplado ahí por su carácter holográfico, como la historia inservible de una estirpe de maras, o mapuches -unos restos de chozas y bolsas plásticas, botellas en el barro escarchado, reformulado por las expediciones de bulldozers para la arquitectura del silencio: la habitación vacía donde un plasma repetirá las imágenes que primero anuló, o unas sobras centrifugadas largamente que permanecen girando al fondo del desagüe, sin acabar de irse, pese al esfuerzo de la depuradora municipal. En una escena así, alguien podrá garantizar su aparición retroactiva, interviniendo el tour desde una posición equidistante, psíquica: alguna vez, entonces, parecerá que su flamante vida de reality show, construida sobre picos de audiencia; y acompañada por una banda de sonido imaginaria podría durar algo más que la grieta en el hielo, o incluso restaurarse a un punto anterior por medio de un error de edición. Ese ranking nos hará olvidar que forma parte de la misma leyenda, y que ha sido criado, como nosotros mismos,

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por las patrullas antimigratorias, educado en una mitología contraria al canje: el que haya sido un niño será usado indistintamente por razones opuestas; y el que era él, deberá perderse, pixelarse en una fase previa para que su avatar se quite ahora los binoculares y dialogue con los ingenieros.

Siempre pensaremos que está en otro sitio, que únicamente busca un mapa geodésico, un bosque para hacer tropezar su cuerpo contra el olvido, o alerces -y encuentra una cláusula del seguro, y otra fonémica: ambas han sido aisladas entre dos pausas, y radiografiadas ahí, chequeadas; y ambas lo desafían a que recuerde: cada deseo desactivado por una nueva narración infantil, animales fantásticos, surgidos desde una zoología del control, que se insertaban como enmiendas constantes, hasta que el bloque de hielo desapareciera por completo y sólo quedara la psicrofilia, los temblores nocturnos, el charco de la culpa cuando se descongela: la postal del futuro clavada sobre un panel de corcho en la oscuridad y abandonada ahí. Cuando no esté haciendo eso, habrá una reacción física haciéndolo por él; algo que no acabará de dejarlo adherirse, ni soltarse -un deslizamiento contra la superficie del vidrio donde sueña que es él, y no puede entenderlo. O si no, alguien puede toser: tose, y comprende su error -pero el efecto significa aquello que lo anula, por

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contraposición con la caída de la masa total del glaciar- y sólo se registra como provocación, y se gestiona como comment; asentimiento de un modo general. Una historia como esa, descongelándose, podría producir una enseñanza: que uno para persistir, lo haga en forma de acrónimo, o esparcido en un texto más amplio -un tratado sobre las diferencias entre persecución, razzia y exilio voluntario- de donde deberá ser rastreado, escaneado hasta su análisis sistémico y su distribución definitiva.

Mientras esto no ocurra, de todos modos habrá alguien para producirlo, y otro que no podrá escucharlo, mientras echa un vistazo a los sucesos del día, en diagonal: hay un eclipse proyectando su campo magnético sobre la superficie del vaso de agua sobre su escritorio, y otro que no puede sentirlo, ni su propia piel crispada bajo la camisa. +++++++++++++++++++Y así nacen los héroes.-

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Pormenores Eduardo Ribé

(Saltillo, Coahuila, 1981)

‹‹el embobamiento sistematizado y obligado›› brindo parte de ser este ente sociable y comprometido a proseguir con cada tendencia que me dicte equis silueta televisiva o caricatura y en el trayecto olvidar ser parte de una estadística malsana / ser apenas nada / carne / ganado / y sobre todo olvidar preguntar de dónde este gusto sin culpa por todo lo que huela a deshecho ‹‹el embobamiento sistematizado y obligado›› presa y víctima de cada y toda moda / ecléctico hasta el tuétano / ya lo dijo San Lennon: twist and shout / y no fue el único / de haber hay un chingo / un prestidigitador más para la era de la digitalización / uno de tantos que me sangraron las orejas desde morrillo por lo tanto las narices / por lo tanto el juguete de una voluntad ajena ‹‹el embobamiento sistematizado y obligado›› distribuido libremente en cupones de descuento y luego no cachar las advertencias / las señales me queman las sienes / y sin embargo soy censurado por un aparato del que no soy más que engrane ‹‹el embobamiento sistematizado y obligado›› todo es perfecto desde el reflejo acá de la pantalla / no logro descifrar que haya quien la haga de pedo / si todo es perfecto (el embobamiento) / las hojas secas / la fauna empetrolada / las cuarenta principales / la cumbre de los ocho / la piel de foca lactante / first person shooter / el orden natural de las cosas / las estrellas sin grasa ni talento / la sangre en la banqueta / el lavado de eso que fue mi cerebro ‹‹el embobamiento sistematizado y obligado›› pienso de milagro en lo que soy / lo que se espera de mí / esta bella persona insaciable de porquería, a saber: contra y tele y cultura apestan lo mismo / tú la traes compadrito / tú la pegas / hechos que habrá que ir aceptando / peladito y a la boca cierto mojón en ciernes / ah el empache a dosis espeluznantes pero qué hacer con esta escasez de miras / skibitty bop / quién pompó / po po po poker face / mmmbop / cuatro cuartos atonales / wob bop a lupa a a lop bam bum/ ritmos gratis / but you can give them to the birds and bees / independientemente del idioma o jerga ‹‹el embobamiento sistematizado y obligado›› represento un embutido de saberes condensados baladís / ah pero cómo me divierto / ligero cual pasón de ketamina en sala de cine / inimpresionable como niño en prozac / pero soy “libre” y estoy vivo y me expreso / monotomizado sorbo las libidinosas mieles de nuestra

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época y silbo sin culpa: qué rica mierda me sabe sabrosa quiero más a mí me gusta a mí me encanta la mierda

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Al otro lado del cerro Joao Quiróz Govea (Ciudad de Panamá, 1986)

A Atenas

Era la onomatopeya bofa de los jadeos de los monstruos lo que más diversión les causaba,se internaban en el monte previa provocación; golpeaban los troncos de los árboles, tiraban piedras a lo profundo del follaje, gritaban incomprensiblemente o llamaban directamente a los desgraciados, que con la carga de sus cuerpos autómatas, iban apareciendo perezosamente entre la baja vegetación en búsqueda de las localizaciones de los ruidos y como producto de ello, para encontrar algo de comer. Cualquier objeto se tornaba proyectil que podría o no dar con el cráneo de algún monstruo pudiendo o no romperlo, dependiendo todo de la fuerza con que hubiese sido lanzado y además, la contundencia del objeto. Cada quien procuraba llevar la cuenta de los cráneos destrozados para su satisfacción propia, pero para la mara sólo contaba cuando el francotirador enseñaba una astilla del cráneo o los ojos que eran amputados de las órbitas con la reglamentaria cuchilla después del desplome de la bestia, las pelotitas pútridasvalían más puntos por el procedimiento requerido para sacarlas y era considerable la cantidad de muchachos que las conservaban como medallas en el primer recipiente que encontraran para guardarlas, pero estos juegos no causaban ninguna gracia en los mayores, que se limitaban a machetear a los monstruos solamente en caso de defensa y eso cuando entraban en el perímetro de la aldea. Andrés disfrutaba su momento de liderazgo. Hecho el macho alfa de los jovenzuelos cazazombis luego de aplastarles el cráneo a cuatro monstruos en una sola jornada, propuso a sus compañeros ir de expedición al otro lado del cerro, varios concienzudos se sublevaron rápidamente invocando toda la mitología aldeana relativa a la violación de las fronteras del territorio conocido, pero fueron llamados cobardes en el acto y al final sólo dos de siete se decidieron a acatar las órdenes del jefe, se abastecieron de agua y enfilaron de prisa para evitar que los que habían decidido quedarse, sabotearan los planes comentando a los mayores acerca de la aventura. Nadie de la aldea se había adentrado –desde hace mucho tiempo– por aquellos lares de la selva, ya en ese momento, los muchachos habían profanado tierras vedadas para quienes conservan el alma, las leyendas de los ancianos hablaban de monstruos más ágiles, ya en esas latitudes –muy probablemente– no serían los autómatas de movimientos torpes a los que era fácil acertarles un buen palazo en el cráneo y al recordar estos detalles, a los muchachos les fue entrando un temor inquietante, pero con la sucesión de los pasos el contorno fue cambiando, haciéndose para los pioneros muy fascinante el cambio perceptible en la flora e incluso en los insectos. Llegaron a la carretera, otrora vía de transporte para las poblaciones de la sierra, había

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degenerado en un camino poco penetrable, cercado por una vegetación hostilmente agreste, pero la superficie firme del asfalto tapizado de musgo les servía de seña para no perder el rumbo. En un momento de confusión se sintieron desorientados y fue entonces que comenzaron a escuchar extraños ruidos que parecían surgir desde atrás del mato, los tres quedaron paralizados al ver a un monstruo que se movía ayudándose de los brazos entre los pies de los árboles, las ramas y las hojas podridas pegadas al suelo, no tenía pies y sus piernas habían sido reducidas a muñones en los que se podían ver los coágulos llenos demugre de vieja data, del rostro esquelético sobresalían los ojos endemoniados que ya habían entrado en el trance de la carne humana, los monótonos y guturales jadeos del desgraciado mientras se iba arrastrando considerablemente rápido hacia los muchachos, estos le observaban –también– como si hubieran entrado en una especie de embrujo sin resolver entre la defensa o el escape, fuecomo si nunca hubiesen visto a un engendro similar pero Andrés le acertó enérgicamente el machete en el hueso frontal, reprochando luego la actitud pusilánime de los compañeros. Varios quilómetros después, el paisaje natural se tornó abruptamente urbano, y así aquellos jóvenes que ya abandonaban la pubertad, vieron por primera vez un edificio totalmente construido de cemento, estructura de la cual tenían como única referencia los relatos orales de los abuelos que vivieron aquel tiempo de grandes poblacionesen grandes ciudades, antes de que la plaga del automatismo diezmara núcleos metropolitanos gigantescos en cuestión de semanas, obligando a las comunidades a volver a las formas más primitivas de supervivencia. Vislumbrados los muchachos, cada quien siguió el camino que sus pies le dejaron seguir para rodear y recorrer los interiores de los edificios, el parque industrial, los jardines artificiales, en la abstracción más profunda, tal y como cualquier turista que entra por vez primera a tierra extraña; este ya no era el claustro aldeano cercado por la selvaque conocían al dedillo. En algún espacio de la ciudad desolada Andrés pudo ver lo que de lejos parecía a una criatura semejante a él. Al irse acercando le pareció la creación humana más hermosa que hubiera visto en su vida y apresuró el paso para plantarse frente a ella y tomarla de las manos, ella le esperaba y fluía con los movimientos del nuevo compañero dejándose tomar por la cintura, Andrés fue subiendo suavemente su mano izquierda,acariciando con los dedos índice y corazón todo el lomo de ella hasta que pudo tocar sus cabellos rojos poco más abajo de los hombros, la miró con toda la profundidad a sus ojos verdes pero no había en ellos brillo alguno, era como si su alma estuviera lejos de allí, pero en realidad era sed y hambre que serían saciadas con la esencia humana que Andrés irradiaba, sin darse cuenta que ya estaba siendo devorado por la civilización misma

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Marvel Zombies: fue una serie en c贸mic, editada entre 2005 y 2006, de cinco numeros de edici贸n limitada. Escrita por Robert Kirkman, ilustrada por Sean Phillips y portadas a cargo de Arthur Suydam.


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Estela del rey Asurbanipal (668-631 a.C.)

[...] Ciudad Irreal, bajo la parda niebla del amanecer invernal, una muchedumbre fluía sobre el puente de Londres ¡eran tantos! Nunca hubiera yo creído que la muerte se llevara a tantos. Exhalaban cortos y rápidos suspiros y cada hombre clavaba su mirada delante de sus pies. Cuesta arriba y después calle King William abajo hacia donde Santa María Woolnoth cuenta las horas con un repique sordo al final de la novena campanada. Allí encontré un conocido y le detuve gritando: «¡Stetson!, ¡tú, que estuviste contigo en los barcos de Mylae! ¿Aquel cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín, ha empezado a germinar? ¿Florecerá este año? ¿No turba su lecho la súbita escarcha? ¡Oh, saca de allí al Perro, que es amigo de los hombres, pues si no lo desenterrará de nuevo con sus uñas! Tú, hypocrite lecteur! — mon semblable — mon frère!» [...] Una mujer se soltó la larga cabellera negra y suscitó una susurrante música con esas cuerdas y murciélagos de rostros infantiles silbaban en la luz violeta, y batían sus alas y con cabeza hacia abajo se deslizaron por el negro muro y de volteadas torres en el aire caía un redoblar de campanas reminiscentes, que daban la hora y se oían cantos dentro de cisternas vacías y agotados pozos. En esta arruinada cavidad en medio de las montañas bajo la mortecina claridad de la luna la hierba canta sobre las desplomadas tumbas alrededor de la capilla allí esta la desierta capilla donde sólo habita el viento. No tiene ventanas y la puerta se balancea, los huesos secos a nadie pueden dañar. Sólo un gallo se alzaba en la cumbrera co co rico co co rico a la claridad de un relámpago. Luego vino una racha húmeda trayendo lluvia [...] Me senté en la orilla a pescar, con la árida llanura a mi espalda ¿Pondré por lo menos orden en mis tierras? El Puente de Londres está cayendo cayendo cayendo T.S. Eliot Tierra Baldía


[Radiador] No.15